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Camiña Geografia - Andina

Zona norte

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FERNANDO SALINAS
Derechos de autor
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Temas abordados

  • Cultura indígena,
  • Identidad regional,
  • Comunidades aymaras,
  • Sistemas de riego,
  • Relación con la naturaleza,
  • Memoria ancestral,
  • Cultura del agua,
  • Identidad tarapaqueña,
  • Ganadería,
  • Fiestas de la Pachamama
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Camiña Geografia - Andina

Zona norte

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Temas abordados

  • Cultura indígena,
  • Identidad regional,
  • Comunidades aymaras,
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  • Relación con la naturaleza,
  • Memoria ancestral,
  • Cultura del agua,
  • Identidad tarapaqueña,
  • Ganadería,
  • Fiestas de la Pachamama

Geografías Andinas del Tamarugal

Geografías

Andinas

del Tamarugal
Geografías Andinas del Tamarugal

Ediciones Universidad de Tarapacá© Derechos Reservados


ISBN: 978-956-6028-19-2
Regsitro de propiedad intelectual: 2020-A-10039

Editores: Alberto Díaz Araya, Juan Carlos Araya González, Álvaro Espinoza Collao.
Producción Editorial: Nicole Cortes Aliaga, Mijaíla Brkovic Leighton, Diego Yampara, Cristían Arias.
Fotografías: Juan Gálvez, Cristían Arias, Patricio Santos, Marco Orozco, Marianne Fuentealba, Vania Fernández, Alexis Gajardo, Andrea Molina, Daniel Castillo,
Erick Godoy, Genaro Llanes, Juan Carlos Araya, Juan Jofré, Nicole Cortés, Oscar Corvacho, Patricio Arriaza, Rodomiro Huanca, Alberto Díaz, Erick Espinoza.
Diseño: Carlos Bravo

Impresión: Andros Impresores


Primera edición: 500 ejemplares.
Diciembre de 2020
Índice

Presentación................................................................................................................................................................................9

Prólogo........................................................................................................................................................................................ 11

Introducción.............................................................................................................................................................................. 13

Altiplano..................................................................................................................................................................................... 23

Precordillera.............................................................................................................................................................................. 53

Pampa-Oasis......................................................................................................................................................................... 107
Pampa tarapaqueña. Fotografía: Juan Gálvez.

6
Dedicado a las abuelas y abuelos de los Andes

7
Cerro Unita, Gigante de Tarapacá, Fotografía: Patricio Santos.

8
Presentación
Geografías Andinas del Tamarugal es el resultado de un va- territorio, un lazo que surge a través de la historia y de la
lioso trabajo de investigación etnoterritorial, elaborado en forma en que han interactuado con los espacios dados por
conjunto entre las comunidades del Área de Desarrollo In- su entorno natural. Así es como cerros, vertientes, bodefa-
dígena (ADI) Jiwasa Oraje; la Universidad de Tarapacá (UTA) les, salares o pampa han construido un paisaje cargado de
y la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (CONA- identidad, propia de la población tarapaqueña, donde cada
DI) Subdirección Norte. En este sentido, el presente libro lugar guarda un relato cargado de significado.
representa un impulso más, de parte del Estado, para la
promoción del reconocimiento y desarrollo social de las
personas y comunidades originarias de Chile, asuntos que De esta manera, se comprende el territorio como un es-
forman parte del compromiso que tenemos como institu- pacio de articulación para el desarrollo, en todos los sen-
ción. tidos, de las comunidades que en él interactúan y es el 9

resultado de una acción social que, de forma concreta y


Este libro que hoy tenemos la alegría de estar presentan- abstracta, se apropia de un espacio tanto de forma física
do, busca instalar –a través de imágenes e ilustraciones como simbólica. En esta situación, el territorio se consi-
correspondientes al altiplano y precordillera de nuestra re- dera como un compendio de relaciones socio-culturales,
gión– en la memoria colectiva de la ciudadanía, aquellos representadas por expresiones valóricas con significación
espacios intemporales gestados por la memoria ancestral para los grupos humanos.
indígena, a la vez que aporta con antecedentes de incal-
culable valor patrimonial. En esa línea, estamos seguros Es aquí donde radica la trascendencia de este libro: re-
que con esta publicación estamos brindando un producto conocer, plasmar y difundir los territorios indígenas es
cercano y accesible, que llegará a diversos sectores de la reconocer también los derechos que tienen estos grupos
sociedad de manera transversal. sobre aquellos espacios, que forman parte de su tradición
y su memoria ancestral.
Asimismo, la importancia de establecer un registro sobre
territorio es fundamental a la hora de poner en valor toda la Eleodoro Moscoso Esteban
cultura e historia de la población ancestral. Como sabemos, Subdirector Nacional Norte
existe una íntima relación entre las comunidades indígenas Corporación Nacional de Desarrollo Indígena
–aymaras y quechuas, principalmente en Tarapacá –y su Iquique, 2020
Cóndor sobrevuela quebrada de Huasquiña. Fotografía: Cristián Arias

10
Prólogo
La Universidad de Tarapacá ha mantenido un firme com- inclusión, el respeto y la promoción de la diversidad cul-
promiso, sostenido en el tiempo, con los territorios de la tural, que son también los pilares del Modelo Educativo
Macro Región Centro Sur Andina. Altiplano, precordillera, Institucional de la UTA.
pampa y costa son los escenarios donde se ha ido de-
sarrollando gran parte del conocimiento –humanístico y En esa línea, el aporte de este libro es fundamental, ya
científico– de calidad, que otorga identidad y da el sello que permite difundir conocimientos desde una primera
local a nuestra institución educativa. Por esto, estamos fuente de información, a la vez que contribuye al recono-
orgullosos de presentar Geografías Andinas del Tamarugal, cimiento de los derechos de los pueblos originarios me-
libro que representa el epítome de una serie de investi- diante el soporte de una institución universitaria.
gaciones transdisciplinarias realizadas por profesionales
11
de nuestra casa de estudios en convenio con CONADI y Finalmente, no queda más que dar las gracias a todas y
que confirma, una vez más, nuestra misión como centro todos aquellos quienes participaron, de una u otra forma,
de educación superior intercultural. en esta publicación. Sobre todo, a las comunidades que
abrieron las puertas de sus casas para relatarnos las his-
En este sentido, el presente volumen ofrece un registro torias de sus abuelos y abuelas. A ellos dedicamos estas
de imágenes y antecedentes etnohistóricos, sin perder páginas.
de vista el filtro de la cosmovisión y memoria oral de
los pueblos indígenas locales. Para lograrlo, se realizó Dr. Emilio Rodríguez Ponce
un largo trabajo en conjunto a comunidades aymaras y Rector Universidad de Tarapacá
quechuas del Tamarugal, siempre bajo los valores de la Arica, noviembre 2020
Apacheta blanca y un hito que demarcan la ruta desde el Alto de Chusmiza hacia los territorios del altiplano tarapaqueño.
Fotografía: Juan Jofré.

12
Introducción
El presente texto tiene como propósito difundir–median- En esta visión de mundo, los cerros mallkus emergen en
te imágenes y fragmentos de documentación etnohistó- el paisaje andino como estimulantes de la memoria so-
rica– la diversidad de ecologías y territorios indígenas ta- cial, que se actualiza en la toponimia. Los cerros, campos
rapaqueños, bajo una perspectiva que ilustra al altiplano, de cultivo o pastoreo, son fuerzas antinómicas que están
la precordillera y la pampa-oasis, siguiendo el legendario en permanente relación con la ‘sociedad humana’ y, por
desplazamiento de mujeres y hombres en su recorrido de eso, se le ofrecen diversos dones como reciprocidad. Así,
la cordillera al mar. Al respecto, este libro divulga a la so- las comunidades andinas no están exentan a estos sis-
ciedad regional el valor patrimonial que poseen el medio temas de creencias, pues interactúan con el paisaje me-
ambiente andino. diante sus prácticas socioculturales (Galdames, Choque y
Díaz 2016; Van Kessel 1992; Martínez 1989).
13
Sabemos que mucho antes de la llegada de los conquis-
tadores españoles, las comunidades andinas estable- La memoria, las deidades andinas como Tunupa y los
cieron fuertes vínculos con la geografía que los albergó, saberes locales sobre el paisaje grabado en petroglifos,
construyendo asentamientos, complejos sistemas de re- geoglifos y pictografías, también quedaron registrados
gadío y senderos que interconectaron lejanas tierras de en los quipus que custodiaban los sabios quipucamayoc
la puna, con las profundas quebradas y el inhóspito de- del Inka durante el Tawantinsuyu, quienes junto a los ji-
sierto, entre identidades y símbolos desplegados en los lakatas mostraron al encomendero español Lucas Martí-
territorios. nez en el pueblo de Tarapacá en el año 1565:

La topografía regional, caracterizada por diversos acci- “…visto por sus quipus y examinado con sus indios
dentes orográficos, cerros y valles mesotermos que es- y quipucamayos… doy fe que a mi presencia el dio
curren al occidente de los Andes, situación que permitió don Joan y don Pedro Lucuma y don Martín Lucay y
articular verticalmente pisos ecológicos bajo los princi- otro Martín Lucay [caciques] dela dicho pueblo [Ta-
pios de reciprocidad, redistribución y complementariedad rapacá] vieron los dichos quipus y declararon lo que
en paisajes andinos multiétnicos e interdigitados. dicho tienen…”
Archivo General de la Nación, Colonia, 1565.
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La deidad frontal con báculos presente en


Tamentica, Ariquilda, Cerro Unita, Chusmiza,
etc., comparten atributos en común y poseen
cierta relación icónica con Tunupa y Tarapacá,
Tawapaca, Tarapacac o Taapac.
(Chacama y Espinoza 1999).

Petroglifos de Tamentica, quebrada de Huatacondo


Fotografías: Juan Gálvez.
En este contexto, desde el tiempo del Inka, la memoria
se entreteje con la geografía de Tarapacá, donde el terri-
torio puede actuar como un texto o como contenedor de
memorias al igual que los quipus. En dicho escenario an-
dino, las acumulaciones de piedras están localizadas en
lugares definidos como sagrados, obedeciendo a la idea
del espacio hierático, reconocibles en una territorialidad
concreta que posee múltiples significados como paisajes
culturales (Galdames y Díaz 2015). Así, la división, amo-
jonamiento o acumulación de piedras cumple una lógica
de índole ritual y espacial, asociada a los principios de an-
tiguos etnoterritorios.

En el paisaje, las apachetas o montículos de piedras


cumplen un rol demarcador del espacio social, productivo Personaje Inka en la pictografía de Tambillo, Pica. Fotografías: Juan Gálvez.

y cultural, determinando desde tiempos precolombinos


o coloniales, los deslindes y perímetros de los diversos La topografía regional con llanuras, manantiales, porte-
ayllus o parcialidades y sus identidades étnicas. Parale- zuelos, cumbres han servido como dispositivos para la
15
lamente, la existencia de hitos o ‘mojones’ se asocian de organización socio-espacial. Al respecto, las wakas como
límites en los caminos troperos, al cambio de espacios deidades pueden ser consideradas como un referente
liminales o simbólicos. mítico fundacional que otorgaba pertenencia territorial.
Durante el Tawantinsuyu, el “amojonamiento” o saywas
fue una estrategia para imponer las wakas del inka en
los territorios conquistados, incorporando a su vez a las
wakas locales, consideradas como antepasados de los
ayllus (Sanhueza 2008).

“Mandó Topa Inga Yupanqui que los los indios de la


sierra fuesen a lo caliente, llegasen al apacheta. En ello
adorasenal Pacha Camac y por señal amontonasen
piedra; cada qual llevase una piedra y lo echasen en
ella y por señal dejasen flores o paja. Hasta oy lo ha-
cen los indios deste rreyno uicio de apacheta”,
Guaman Poma de Ayala, año 1613.

Apacheta y saywas en Huasquiña. Fotografía: Cristián Arias


Las saywas, hitos o “mojones” son columnas de una pie-
dra o una estructura que responde a la planificación es-
tatal asociándose al qhapaq ñan (camino del inka), ubi-
cándose en las inmediaciones del Cusco como también
en los parajes del norte chileno. En lengua quechua y ay-
mara, de acuerdo a los primeros diccionarios que se ela-
boraron en los Andes, podemos encontrar las siguientes
definiciones:

“Sayhuani, sayhuacuni: amojonar tierras, hacer linderos.


Cequeni o sayuani: deslindar heredad o diuidirla con lindero”
(Santo Tomás 1951 [1560]; González Holguín1952 [1608]).

“Chutatha, sayhuatha: Ponerle y señalar las leguas de camino,


como hazían en tiempo del Inca”
(Bertonio 1984 [1612]: 319, 288).
Saywas del camino Inka, Altos de Pica. Fotografía: Juan Gálvez

Sin perjuicio de lo anterior, el término saywa también se


vincula a la posición del sol en el cielo. En otros términos,
16
las saywa respondían al distribuirse en el territorio como
un marcador donde se “asentaba”, en determinadas fe-
chas, la divinidad solar (Sanhueza 2017). El concepto de
tinuc o saywa, se traduce del quechua como: “El zenit o
punto de la mitad del cielo. Intim ticnurayan. El sol está
en el zenit. Intim ticnuy cumun. El sol passa de mediodía o
abaxa” González Holguín [1608].

La imposición de la territorialidad colonial generó cam-


bios sustantivos en los parajes andinos, sobre todo con
los símbolos cristianos que pugnaron con los emblemas
de los pueblos originarios. Hay lugares en la precordille-
ra y el altiplano con saywas o estructuras que pasaron
a relacionarse con Calvarios dispuestos en las cumbres
de cerros mallkus o sitios ceremoniales, como asimismo,
las apachetas fueron revestidas con la cruz, integrando
tradiciones indígenas en los ritos de cosecha, libaciones
Saywas o marcador solar, sector los Altos de Laonzana con el deslinde de Coscaya.
Fotografía: Alberto Díaz, (2005). y ofrendas de coca.
Calvario en el cerro ceremonial de Cariquima. Fotografía: Juan Gálvez

17
En este contexto, los artefactos y las estructuras simbó-
licas que se ubican en colinas, caminos y cerros consti-
tuyen significantes importantes en la memoria colectiva
y la liturgia de las poblaciones indígenas, otorgándoles
nuevos significados, funciones y atributos.

Actualmente, se utilizan de manera selectiva ciertas apa-


chetas y adoratorios con cruces de mayo, e incluso, en
ciertos parajes con las chacras o terrazas de cultivos hay
cruces en cerros cercanos o son visitadas con las imá-
genes por los santos patronos durante las festividades
pueblerinas, sacralizando la territorialidad (Galdames,
Choque y Díaz 2016) Apacheta de Sipiza. Fotografía: Alberto Díaz.

Como hemos visto, históricamente las comunidades in-


dígenas han modelado la geografía con un repertorio de
atributos que les permiten reconocer en el paisaje andino
los contenedores de una memoria comunitaria ritualiza-
18 da. Pese a la fragmentación de las antiguas territorialida-
des debido a las acciones del Estado colonial y el levan-
tamiento de cartografías, mapa de doctrinas y fronteras
republicanas, perviven relatos donde los ayllus se imbri-
can con su entorno y sus cerros mallkus.

Es así como la visión acerca del territorio andino, se ha


mantenido por los siglos, pese a los periodos de fricción
ocasionados por los Estados, la guerra del Pacífico, el ci-
clo salitrero, la chilenización y la acción del Estado chileno
a través de la escuela fiscal.

Del mismo modo, el territorio no ha estado ajeno a los


cambios políticos y administrativos generados por la chi- Mapa Colonial de la doctrina de Pica, Archivo Histórico de Límites, Perú año 1799.

lenización, que afectaron las concepciones ideológicas y


culturales indígenas acerca de los artefactos y los signifi-
cados de las apachetas, cruces y los territorios.
En cuanto al contexto jurídico de la territorialidad, es rele-
vante recordar que a la aplicación de políticas coloniales,
así como la reducción de la población indígena a pueblos
y la asignación de espacios repartibles al “común de in-
dios”, en Tarapacá se sumaron las políticas republicanas
aplicadas por los gobiernos liberales peruanos y chilenos
destinados a establecer medidas de regulación jurídica
sobre la tierra indígena.

Desde una perspectiva fiscal, la representación de las


tierras comunales como “disponibles” o “repartibles” se
inició tempranamente en el régimen peruano. Esta situa-
ción fue agudizándose hacia mediados del siglo XIX, mo-
mento en el que los proyectos liberales peruanos esbo-
zaron la apertura de un mercado de tierras, característica
que, si bien no se logró estructurar en esta etapa, se con-
solidó bajo la posterior administración chilena post-gue-
rra del Pacífico.
19

En este sentido, al momento de la incorporación de la


actual área altiplánica y los poblados circundantes a la
soberanía de Chile (1880), la legislación chilena no po-
seía una política destinada al tratamiento de tierras co-
lectivas a los segmentos. Una de las modificaciones más Documento de la comunidad de Isluga, año 1918.

importantes destinadas a regular la propiedad fue la im-


plementación de un sistema de registro de propiedad so-
bre la base del otorgamiento de títulos que certificaban el
Con el auxilio de los Cariquimas y especialmente de
dominio de un bien.
Nicolas Amaro y Tomas Moscoso, reconocimos des-
pués todos los linderos que nos interesaba conocer.
El Código Civil chileno definió como única forma de fi-
El 10 de febrero regresamos a Escapiña y el 11 de
jar propiedad la inscripción de dominio en los registros
febrero nos trasladamos a Isluga.
de Conservadores de Bienes Raíces, procedimiento que
Completadas aquí las estaciones de Cabaray, em-
gravitó en el tinte positivista en la comprobación de la
prendimos viaje de regreso a Camiña donde llega-
propiedad de un bien “documento en mano”, así como
mos el 16 de febrero.
también generó la apertura de un potencial y progresivo
Riso-Patrón 1910 .
mercado de tierras en la precordillera andina y altiplano.
De esta manera, existe una relación profunda entre las
comunidades indígenas y su territorio, una conexión que
se genera a lo largo de la historia y que en cierta manera,
ha motivado una resistencia cultural caracterizada por la
la identidad en torno al territorio.

El conocimiento de los paisajes andinos heredados de


sus ancestros, brinda a la comunidad la posibilidad de
apropiarse de significados y transmitir aquello que faci-
lita el desarrollo de la población, y por tanto, debe consi-
derarse a la hora de decidir y fomentar acciones políticas
y sociales.

Cada territorio desde un trazado cultural, está determina-


do por significaciones que los grupos étnicos comparten
y establecen formas de comunicación, de interrelación de
costumbres y normas que se transmiten en el entorno. El
medio ambiente habitado y recorrido se constituye en un
20 espacio en la superficie considerado como propio y al que
se le asignan atributos y funciones a lo largo del tiempo.
El mapa en tal entramado, sintetiza el “lugar de la cul-
tura”, como un espacio vivido, re-producido y ordenado
en el perímetro territorial, siguiendo los patrones de la Reunión de comunidades aymaras en Ancuaque, comuna de Colchane. Fotografía: Juan Carlos Araya

cosmovisión comunitaria.

Geoglifos de Tiliviche. Fotografía: Juan Gálvez


ADI Jiwasa Oraje
El Área de Desarrollo Indígena (ADI) Jiwasa Oraje fue
creada en 2001 mediante Decreto Supremo e integra
parte del territorio de las comunas de Colchane, Huara,
Camiña, Pica, y Pozo Almonte, en la provincia de Iquique
y del Tamarugal, primera región de Tarapacá.

Asimismo, está subdivida en diez ecozonas: Tarapacá


Bajo, Tarapacá Alto, Camiña Alto, Camiña Bajo, Cariqui-
ma, Mamiña-Macaya, Isluga, Parca, Matilla y Pica.

Por el norte, el área ADI Jiwasa Oraje limita con la que-


brada de Suca o Nama en la cota de 1.266 metros sobre
el nivel del mar, por la sierra de Uscana, hasta la frontera
con Bolivia. Hacia el este, limita con Bolivia. Por el sur,
limite con Carcañol Diablo Marca, por las quebradas de
Sotcoya de Cuevitas y de Noasa. Hacia el oeste, el tra-
zado cruza por la oficina Mapocho cota 1130 y Río Seco. 21

Área de Desarrollo Indígena Jiwasa Oraje.

Llamas en bofedal de Enquelga. Fotografía: Juan Gálvez


Llamo frente a cordillera del Salar del Huasco. Fotografía: Mijaíla Brkovic.

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Altiplano

23

El Altiplano o Puna corresponde geográficamente a medos, que en el caso de este último se desarrolla entre
una extensa meseta con una altura promedio de 4.000 los meses de diciembre a marzo.
m.s.n.m, en la cual emergen las cumbres cordilleranas
andinas y volcanes incluso sobre los 6.000 m.s.n.m. Es regado por ríos que drenan hacia cuencas endorrei-
cas que tienen por base de equilibrio grandes salares. En
En la región de Tarapacá, esta unidad territorial se consi- general, la disponibilidad estacional del recurso hídrico
dera con el inicio de la meseta en los Andes presentan- da vida a bofedales y vertientes activadas por diversos
do elevados niveles de radiación, ligados a su topografía, acuíferos.
posición latitudinal y menor capacidad de absorción con
respecto al escaso espesor atmosférico. La delimitación del área altiplánica de la región de Ta-
rapacá abarca, de forma transversal, dos comunas: Col-
El clima en el área altiplánica corresponde a uno de tipo chane y Pica. La comuna de Colchane abarca una super-
frío de tundra de altura, constituyendo una amplia va- ficie de 4.015,6 km2. Su capital comunal homónima se
riabilidad estacional, caracterizado por lluvias con alta ubica en una planicie altoandina a 3.800 m.s.n.m., colin-
irregularidad, con alternancias de periodos secos y hú- dando con Bolivia.
Feria de Colchane, década de 1970. Fotografía: María Ester Grebe.

Sector de Usiga, Ancovinto. Fotografías: Cristián Arias.

Los asentamientos altiplánicos se ubican principalmente


24
en los poblados de Isluga, Colchane, Cariquima y Canco-
sa, con una serie de estancias y caseríos donde habitan
históricamente comunidades Aymaras.

La actividad económica del altiplano es principalmente


la ganadería autóctona de camélidos, en particular: lla-
mas (Lama glama) y alpacas (Lama paco), e intrusiva de
ovinos; a esto es necesario agregar un tipo de agricultu-
ra de tierras altas (puna), donde la quínoa (chenopodium
quinoa) y la papa (Solanum tuberosum) forman parte de Sector de cultivos, Chulluncane. Fotografías: Marco Orozco.

la tradición andina destinada al autoconsumo o a la ven-


En el sector fronterizo de Colchane, se realiza una feria
ta en ferias de la región como Iquique, Alto Hospicio o
que permite la articulación en las comunidades altipláni-
Pozo Almonte.
cas de Chile y Bolivia, donde existe venta e intercambio
tradicional de productos agrícolas, carne, charqui, qui-
noa, abarrotes, y desde mediados de la década de 1970,
la venta de productos provenientes de la Zona Franca
de Iquique.
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Riachuelo congelados en el altiplano tarapaqueño. Fotografía: Juan Carlos Araya.

Poblado de Mauque, sector de Isluga, comuna de Colchane. Fotografía: Juan Gálvez.


Isluga “Los cientos que están adelante, su pueblo se llama Isluga…
entre ellos hay algunos niños bautizados…”
fray Bartolomé Álvarez, año 1588.

Iglesia de Isluga. Fotografía: Juan Gálvez.


27
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Casa en Ancuyo, sector Isluga. Fotografía: Juan Gálvez.

Isluga, es un área de la comuna de Colchane con una mar- estancias y caseríos. Los ayllus de Isluga son ach’a, isk’a,
ka o pueblo principal homónimo, con diferentes sectores San Juan y Kollana (Martínez 1989) y las respectivas es-
y asentamientos tradicionalmente divididos por mitades tancias son: Parajalla, Mauque, Arabilla, Caraguano, En-
o sayas según los patrones culturales andinos: Arajj saya quelga, Chapicollo, Pisiga Choque, Cotasaya, Escapiña,
(parcialidad de arriba) y Manqha saya (parcialidad de aba- Citani, Achauta y Pisiga Centro, etc. Las y los comune-
jo). Existen a su vez cuatro ayllus, dos en cada mitad con ros residen principalmente en las estancias y caseríos
29

Camélidos en bofedales, sector Isluga Fotografía: Juan Gálvez.

dedicados a la ganadería de camélidos y a la agricultura También, cada ayllu posee aun un altar en una esquina en
de autoconsumo, congregándose en el pueblo ceremo- el exterior de la iglesia. El ayllu se define como una unidad
nial de Isluga para la fiesta Patronal o para la Anata. dentro de la organización socioespacial andina, unida por
lazos de parentesco y, a la vez, caracterizada por poseer
Para la década de 1970, cada parcialidad elegía anual- sus propios terrenos de pastoreo y cultivos. El cargo de
mente un cacique y cada ayllu elegía un mayordomo. mayordomo corresponde a quienes organizaban la fiesta
a los Santos Patronos. Asimismo, el rol del cacique esta-
ba vinculado a la toma de decisiones y la aplicación de la
justicia a nivel comunitario, además de participar en las
ceremonias (Díaz, Martínez y Ponce 2014).

El paisaje cultural del altiplano andino está constituido


por Mallkus, cerros protectores de las comunidades ay-
maras reconocidos como Uywiris, entidades o espíritus
de los cerros que dan vida y custodian a los ayllus, al ga-
nado y a los cultivos. En Isluga están los Uywiri del volcán
Pasantes de Arajjsaya dirigen a su pandilla con banderas en alto en Carnaval de
Isluga. Imagen: Andrea Molina. Isluga (Laram Qhawani) y Pukar Qollu.

Entre las rogativas a los cerros Mallku, a sus ancestros, el


respeto a las chullpas (torres funerarias precolombinas),
están las celebraciones a Santo Tomás (21 de diciembre)
y el Carnaval, conocido también San Matías o de Anata,
momento en el cual se realizan bailes, se interpretan co-
plas y ceremonias ancestrales, como la Wilancha, ofrenda
30
de sangre de llamo a un Mallku.

Hombres de la pandilla de Enquelga en las entradas de Carnaval, visita a la Iglesia


de Isluga. Portan un quepe cargado atados de plantas, una honda de la que cuelgan
culebrillas, un sombrero azul y serpentinas. Fotografía: Andrea Molina.

“… a los ganados hacen un floreamiento, la fiesta, en-


tonces con esa cuchara, con ese le botaban sangre así.
Ese plato también ocupaba... estos son para la sangre,
cuando en la fiesta, en el Carnaval, pasan así. Dicen
para que reciban los cerros, dicen. Los mallkus reci-
ben de eso... son para la Wilancha, para los mallkus”
Francisco Mamani

Mujeres de la pandilla de Enquelga en Carnaval de Isluga durante el año 2018.


Fotografía: Andrea Molina.
Chullpa en el paisaje sagrado de Citani, Isluga. Fotografía: Juan Gálvez.

31
32

Juana Mamani enseña sus tejidos en Ancuyo, sector de Isluga. Fotografía: Juan Gálvez.

Desde tiempos precolombinos, se mantienen en el en- quínoa; en las talegas se llevan las semillas de papa. Los
tramado de los textiles, la cosmovisión andina. En Isluga, costales van y vienen de las chacras transportando las
las bolsas destinadas al almacenaje y a la agricultura, cosechas. Lo mismo sucede en las ofrendas ceremonia-
como las talegas, wayuñas y costales sirven de apoyo a les: las talegas aparecen siempre con su carga de papas,
los trabajos de la tierra. Llevan las semillas a la chacra y mientras las wayuñas contienen la quínoa. Y en las bo-
se encuentra con esa carga en las ofrendas ceremoniales. degas y cocinas las tres bolsas se usan para almacenar
los víveres y repartirlos para que duren hasta la próxima
Durante la siembra, las wayuñas -prendidas con un alfi- cosecha. Conforman, así, una familia textil dedicada al
ler a la altura del pecho- sirven para llevar semilla de la alimento humano (Cereceda 2010).
Siembra de quinoa en las inmediaciones de Enquelga, comuna de Colchane. Fotografía: Juan Gálvez.

33

Fortunato Vilches y Juana Mamani hilando en Ancuyo, sector Isluga. Fotografía: Juan Gálvez.
34

Caraguano. Fotografías: Alexis Gajardo.

Sobre la construcción terminada de las armaduras


cuelgan desde abajo dos objetos, especies de amu-
letos, consistentes siempre de un cuadrito de lana
de colores sobre una cruz pequeña de dos pedacitos
de madera, bajo de la cual está pendiendo en un
caso una papa y en el otro un espigón de maíz. Es-
tos amuletos se llaman sasiyu y están destinados a
traer suerte y abundancia para la casa”.
Václav šolc, 1975.

Caraguano. Fotografías: Alexis Gajardo.


Vivienda tradicional y horno de barro enel sector de Isluga.
Fotografía: Juan Gálvez.

35
Cariquima

“En en el ayllu de Cariquima bauticé, puse olio y


chrisma a Andrés Canaxagua hijo lejitimo de Diego
Mamani y de Ysabel Caiuma”.
fray Juan de Butrón, año 1655

36
Cerro Mama Huanapa. Fotografía: Juan Gálvez.

37
Imagen 35. Janko Apacheta en sector de Cariquima. Fotografía: Juan Jofré.

Cariquima desde el cerro ceremonial. Fotografía: Juan Gálvez.

Cariquima, es una marka o pueblo principal, cuyos orí- El pueblo Cariquima, Jach’a Marka, posee residencias de
38
genes corresponden a la época colonial, el cual posee las y los diferentes comuneros, permite la congregación
los patrones andinos de organización del territorio, al de ambas sayas para las fiestas patronales como San
dividirse en sayas (mitades) en las cuales se localizan Juan (24 de noviembre), Anata y carnaval o actividades
estancias y caseríos. cívico-sociales respectivamente. Para las ceremonias,
en el pasado había autoridades comunitarias como los
caciques o mallku; cargo rotativo cuya duración era pre-
cisamente un año; las festividades también posibilita-
ron los cargos religiosos tradicionales como mayordo-
mos y alférez (pasiri y katuriri).
“Las comunidades de Arajj saya (parcialidad de arri-
ba) son Quebe, Ancuaque, Haitane, Chulluncane y
Los cerros protectores del territorio de Cariquima son
Chipiña; mientras que en Manqha saya (parcialidad
Mama Huanapa y Sillaguay, y extensos bofedales, ver-
de abajo) se encuentran Villablanca, Ancovinto, Chijo
tientes y sectores como de Templanza, Churuyo, Lupe,
y Panavinto”
Quitane, Chuwallani, Añaguani, Chipiña, Yarina, Tucupa,
Antonio Moscoso.
entre otros.
Campos de quinoa en los alrededores de Cariquima. Fotografía: Nicole Cortés. Pastora en sector de Cariquima. Fotografía: Juan Gálvez.

Las actividades productivas de la zona andina de Cariqui- 39

ma, son principalmente la ganadería y la agricultura.

La ganadería está orientada a la crianza de camélidos


(llamas y alpacas), con un sistema de pastoreo, actividad
que produce ingresos familiares, siendo complementada
con el comercio. Además, se desarrolla la venta de char-
qui, la lana, el cuero y la artesanía textil.

La producción agrícola está orientada al autoconsumo


primordialmente, siendo los cultivos principales: papa y
quinua para la alimentación de la familia; mientras que la
alfalfa es la base de la alimentación del ganado.

La principal producción en Cariquima es de quinoa. Fotografía: Juan Gálvez.


Descenso de ceremonia ritual en Cariquima. Fotografía: Juan Gálvez.

A lo largo del calendario festivo andino del sector de Ca-


“El Machaq Mara es para pedir por la bendición, por
riquima, también se suma una importante cantidad de
salud, trabajo y ganado. Eso más que todo. Y los si-
celebraciones que reconectan un pasado prehispánico y
kuris tocamos dale que dale, toda la noche, esa es la
colonial con el actual. Ofrendas a la Pachamama, a los
costumbre”
cerros, ríos y montañas, actos que los conectan con sus
Nicolás Mamani.
antepasados dando vida a las identidades andinas.
40

“ En Yungullo había una iglesia mucho más antes fun-


dada ya; entonces, mediante un yatiri, uno que indi-
caba por sueños, uno que indicaba por hojas de coca...
decían que había que ir a Yunguyo... a pedir la lluvia,
a pedir la buena siembra; había que mandar misa... a
los patronos de Cariquima. Cuando había un acuer-
do de ese tipo, iban los caciques para allí. Entonces
decían... -Mire, Cariquima viene aquí a solicitarle
para este año una buena lluvia-... allí había patrono de
Yunguyo, San Santiago- y si San Santiago le concedie-
ra lluvia para ese sector de Cariquima”
Eugenio Challapa.

Celebración de fiesta patronal en Cariquima. Fotografía: Juan Galvez.


41

“Cuentan los abuelos que en tiempos lejanos los ce-


rros se casaban. Así, el Tata Sabaya se enamoró de la
Mama Huanapa…”

Cerro Mama Huanapa. Fotografía: Marco Orozco.


42

Alrededores de Cariquima. Fotografía: Cristian Arias.

El territorio de Cariquima es recorrido durante las cele-


braciones de la Anata, trasladándose los comuneros en
su recorrido hacia las vertientes y bofedales, ritualizando
el paisaje cultural del altiplano. Del mismo modo, para el
munti wayñu o floreos del ganado, se visitan los lugares
donde los animales beben agua o se alimentan.

Los sitios ceremoniales constituyen una parte significa-


tiva de la geografía andina, debido a que son lugares he-
redados de sus ancestros, como los calvarios y las mesas
ceremoniales, localizados en las laderas de los mallku y
de las t’alla.

Llamos con adornos por “floreo”. Fotografía: Mijaíla Brkovic.


43

En los alrededores de Cariquima existen canchas o co-


rrales con muros de pirca y piedras levantados en épocas
pasadas, lugares sagrados donde antiguamente se reali-
zaban los floreos.

También está la presencia de los munay pata, sitios donde


se “asienta” la rueda de carnaval o el sikuri, para ofrendar
a la pachamama y compartir en comunidad.

Vista de Villablanca. Fotografía: Cristian Arias.


Altos de Pica

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Altos de Pica. Fotografía: Vania Fernández.


45

Corral en “Altos de Pica”. Fotografía: Vania Fernández.

La comuna de Pica abarca un territorio que va desde los


“Lirima es tal vez una de las localidades más jóvenes
oaisis hasta el altiplano. En este apartado, nos referire-
de todo el altiplano. Está a 4 mil metros de altura. En
mos a su sector andino, que se caracteriza por su compo-
la zona del altiplano, en Pica. Es una comunidad ne-
sición aymara y la presencia de comunidades dedicadas
tamente ganadera. Las localidades vecinas más próxi-
a la ganadería. Los principales sectores son Coposa, Can-
mas son Collacagua, después Cancosa, próximo lado
cosa, Lirima y Huasco.
es Cultane. Frecuentemente nos comunicamos con
Poroma y Coscaya, hacia abajo”.
Javier Vilca.
Floreo en Lirima, 1974. Archivo Histórico UTA, IECTA.
46

Lirima
El pueblo de Lirima –que en lengua aymara quiere decir
“donde toma agua el zorro”– es uno de los más nuevos
del altiplano de Tarapacá. Fue fundado hacia la segunda
mitad del siglo XX por un grupo de familias aymaras y se
ubica a los pies del cerro Lirima. Cuenta con una impor-
tante tradición aymara cultivada por sus habitantes, así
como atractivos tales como termas y bofedales.

La principal actividad de la comunidad es la ganadería,


principalmente de llamos y alpacas. A pesar de las difi-
cultades que puedan surgir, es una actividad productiva
Floreo en pueblo de Lirima. Archivo Histórico UTA, IECTA.
que persiste.
Laguna de Huasco, comuna de Pica. Fotografía: Mijaíla Brkovic.
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Salar del Huasco


Ubicado a 4.000 metros de altura, el Salar del Huasco
está considero como Santuario de la Naturaleza por de-
creto ministerial. En su vegetación se pueden encontrar
bofedales, tolares, pajonales, queñoas, llaretales y entre
su su fauna, flamencos, alpacas, llamos, zorros, entre
otros.
A nivel cultural, el Salar del Huasco tiene un valor de alto
alcance para la cultura aymara y diversos sitios de inte-
rés arqueológico se pueden encontrar en los alrededores
del lugar. Asimismo, existen cerros ceremoniales donde
se realizan rogativas ancestrales, como el Charcollo.
Sector del Huasco. Fotografía: Mijaíla Brkovic.
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Jachu Coposa. Fotografía: Juan Carlos Araya.

Coposa
En el sector de Coposa habitan especialmente diversas ganso andino; el playero de Baird y el chorlo de la puna.
especies de aves silvestres, entre las que se cuentan los Algunos de estos se pueden observar especialmente en
tres tipos de flamencos que existen en nuestro país: el el Salar de Coposa y en el humedal y vertiente Jachucopo-
chileno, andino y James; así como los patos juarjual, puna sa, considerados verdaderos santuarios de la naturaleza.
y el jergón chico; la tagua, el zumbador, la gaviota y el
Bofedal con camélifos en Cancosa. Fotografía: Vania Fernández.

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Casa tradicional en Cancosa. Fotografía: Vania Fernández.

Cancosa
“Las “mamas t’allas” se ve en Cancosa, antiguamente era en todos los pueblos así… es que es el momento en que se jun-
tan. Es un momento en que traspasa… es un momento íntimo que viven las mujeres en la mesa. Eso viene desde mucho
tiempo y nosotros lo conservamos…”
Maximiliano Mamani.
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Salar de Coposa. Fotografía: Juan Carlos Araya.

51
52

Terrazas de cultivos de Chiapa. Fotografía: Patricio Santos.


Precordillera
Corresponde a un piso ecológico altitudinal que es una demarcó las reducción a pueblos bajo la política del vi-
franja que se ubica entre la pampa y la cordillera andina. rrey Toledo y el establecimiento de los límites del Co-
La precordillera es una unidad geográfica y social, con una rregimiento de Arica, pasando de un sistema de control
serie de quebradas ubicadas de norte a sur entre los 2.000 vertical de variadas ecologías a un tipo de economías
m.s.n.m. hasta los 3.500 m.s.n.m aproximadamente. campesinas, que mediante diversos tipos de relaciones
y rearticulaciones de intercambio, refundarán la antigua
Desde épocas prehispánicas, se han establecido asenta- complementariedad (González y Gundermann 1998).
mientos de población originaria cuyas principales activida-
des ha sido la agricultura. La mayor parte de ellos cuentan La creación de pueblos precordilleranos, la evangeliza-
con caudal de agua permanente desde su nacimiento en ción de los indígenas con capillas y el levantamiento de
ríos o vertientes hasta, posibilitando según las condicio- cruces sobre cerros y antiguas apachetas, wakas o sitios
53
nes climáticas e históricas, el cultivo de maíz (zea mayz) y con petroglifos, fueron transformando las costumbres
papas (solanum tuberosum), tomates (lycopersicum escu- y el milenario paisaje andino. Las principales parroquias
lentum), trigo, orégano, ajo, habas, cebollines, zanahorias, durante la Colonia fueron San Lorenzo de Tarapacá y
peras, membrillos, uvas y diversidad de frutas, etc. desti- Santo Tomás de Camiña.
nadas en la actualidad al autoconsumo y en mayor medida
a los mercados regionales. Sus anexos con capillas y sectores de cultivos, en el caso
de Tarapacá, incluía a los pueblos de San Juan Bautista
En lugares abruptos de las quebradas tarapaqueñas, se de Huaviña, San Marcos de Mamiña, San José de Laon-
construyeron andenerías y terrazas para el cultivo, con una zana, Santa Lucía de Noasa, Santa Cruz de Macaya, San
compleja red de acequias empedradas, bocatomas, des- Pedro de Coscaya, el puerto de Iquique y el mineral San
agües y “pongos” en los desniveles; obras de ingeniería Agustín de Huantajaya; y en Camiña, San Juan de Cari-
hidráulica para el riego en la precordillera (Álvarez 2014). quima, Santo Tomás de Isluga, Santa María Magdalena
de Chiapa, San Pedro y San Pablo de Sotoca, San Martín
Durante la época colonial, la zona de Arica y Tarapacá de Miñimiñi, Nuestra Señora de las Nieves de Pisagua,
hasta el río Loa fueron asignadas al encomendero Lucas San Antonio de Mocha, San Nicolás Tolentino de Sibaya,
Martínez en 1540, con un territorio dependiente del Cus- Santa Rosa de Usmagama, San Andrés de Guasquiña y
co y posteriormente de Arequipa. La imposición hispana San Gerónimo de Sipiza (Díaz y Ponce 2013).
54

Precordillera tarapaqueña. Fotografía Juan Gálvez:


Vizcacha en Sotoca. Fotografía: Patricio Santos.

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Petroglifos de Parcollo. Fotografía: Patricio Santos.


Camiña

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Cosecha en el valle de Camiña. Fotografía: Juan Gálvez.


Agricultores de la quebrada de Camiña. Fotografía: Juan Gálvez.

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Chacras en Camiña. Fotografía: Juan Gálvez.


Ubicada a una altura de entre 2.000 y 3.000 m.s.n.m. Ca-
miña limita al este con Colchane y al norte, oeste y sur
con Huara. Sus localidades son Calatambo, Pacagua,
Francia, Compi, Chillayza, Moquella, Saiña, Quistagama,
Cuisama, Chapiquilta, Yala-Yala, Apamilca, Altuza, Nama,
Berenguela y Camiña donde la producción es la agricul-
tura de verduras y hortalizas, además de mantener tra-
diciones religiosas andinas.

Para la siembra se juntaban como en una faena, ¡hoy


día yo soy Patrón! Decía ¡Vamos todos a la siembra¡.
Y después al otro día otro, y así. Después de eso se
hacía comida, hacían chicha, para la siembra de maíz,
llevaban chicha, hacían picante, la comida, toda la
gente comían, algunos hacían su vilancha, eso, se ha-
cían su asado, costumbres y tradiciones. Algunos para
comenzar las siembras hacían rogativas a la tierra, a la
58 Pachamama, para que la planta sea mejor, para que el
producto sea mejor, costumbres que tienen los abue-
los antiguos.
Emiliano Chamaca

El año 1802, en su paso por Camiña, el cura Martín


Norberto Zalayeta, expuso:

“El valle de Camiña contiene más sembrios de maizes,


y trigos como el de papas que se regulan, los primeros
en mil seiscientas cincuenta fanegas. Los segundos
en tres mil fanegas y las papas en trescientos costales,
inclusive sus anexos que son Chiapa, Sotoca, Ysluga,
Cariquima, y Miñimiñi, aquí se agrega el Puerto de
Pisagua, que no tiene otra producción que la pesca-
dería”.
Archivo Histórico de Límites, 1802, f.54.

Cruz en Chapiquilta, sector Camiña. Fotografía: Juan Gálvez. Cruz de Mayo en Camiña. Fotografía: Alberto Díaz
Lichiwayus de Chapiquilta, bajando hacia la quebrada. Fotografía: Erick Espinoza 59

Terrazas de cultivos en Nama. Fotografía: Alexis Gajardo


Aroma

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“Ustedes…, son los que Thunupa Tarapaca, al que llaman criador de Viracocha creador del mundo aborreció” Pachacuti, año 1613.
Petroglifos en Aroma, sector de Ariquilda. Fotografía: Marco Orozco.

Ubicada en la comuna de Huara, la quebrada de Aroma La quebrada de Aroma abarca la depresión intermedia y
–palabra que en lengua aymara podría significar “agua la precordillera, geografía andina donde se localizan So-
amarga”– obtiene su afluente a partir de las lluvias es- toca, Jaiña, Soga, Illalla, Misticsa y Chiapa, pueblos que
tivales que permiten la irrigación de una serie de terra- mantienen una serie de costumbres en torno a las cha-
zas de cultivos, alimentando acequias y terrazas de los cras, las cruces, calvarios, arte rupestre, sitios patrimo-
pueblos andinos de la precordillera a lo largo de su reco- niales, fiestas patronales, carnavales y ritos ancestrales
rrido, hasta llegar a la pampa del Tamarugal. a la tierra y al Tata Jachura, el cerro Mallku protector.
“la quebrada de Aroma que nace en las faldas del
Huanca y del Chinchura… los arroyos más importan-
tes, son el Ulmaya, el Puchultisa y el Pingallere, que
confluyen con los demás al pie del cerro de Oscana,
formando, desde allí, el río Aroma que va a terminar
en la pampa del Tamarugal, en el pequeño estanque
de Curaña…”
Guillermo Billinghurst, año 1886

61

Curaña, desembocadura del río Aroma,. Fotografía: Marco Orozco.


Sotoca

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Registro del Matrimonio entre Tomas Guacuano con Josefa Taucari, Indigenas de Sotoca.
Fuente: Archivo Obispado de Iquique, Parroquia Santo Tomás de Camiña, 1804-1845.

Sotoca es un poblado tarapaqueño de origen colonial En las inmediaciones del poblado se encontraban “el
el cual se encuentra localizado en la precordillera, en el cerro Pukara, Papastana, así hablaban los viejitos, al-
curso de una pequeña quebrada, a una altura aproxima- gunos hablaban con los Cariquima, Isluga, que se en-
damente a unos 3.000 m.s.n.m. antiguamente “se sem- tendían y hacían trueques por frutas y por sal, cuero”
braba maíz, papa, la oca, el trigo y otras cosas más frutas Emilia Tiayna.
como durazno, membrillo, tumbo y la gente los trans-
portaba en burro al pueblo de Chusmiza y eso lo bajaban
para venderlo en Huara” Domingo Lucay.
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Áreas del poblado de Sotoca. Fotografía: Cristian Arias.

“Esto se hace para mantener los canales limpios, el alcalde tiene que organizar la gente y limpiar los canales y cada perso-
na limpia por el derecho de cuantas mitas tiene, si tiene 5 tiene que contratar 2 personas. Cada persona. Se juntan entre
25 a 20 personas para hacer la limpia. Cada año se elige un alcalde, yo pase el 2000 y el 98`,depuès se da el cargo a otra
persona. Se repiten por ser tan pocos. Antes esta fiesta se hacía corrida de gallos, se bailaba Compalelo. Esto me lo contó
el abuelito Epifanio Castro. Se hacía como una fiesta, ahora no porque se hace una fiesta pero muy chica. La virlancha es
sagrada es un llamito blanco y macho.”
Roberto Mamani
“de la quebrada para arriba son de Chiapa, para
abajo son de los sotocas, de esta misma palca coje
para la lomada al dar al cerro Patactaña, pam-
pa de Quitana, Infanta [mina del Inka], Ingacota
[laguna Inka]”, Doc. año 1612. (Paz Soldán 1878).

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Atardecer en los altos de Sotoca. Fotografía: Juan Gálvez.


65
Sipiza

Procesión en Sipiza Fotografía: Genaro Llanes Procesión en Sipiza Fotografía: Genaro Llanes

Sipiza se ubica a 179 km de la ciudad de Iquique capital Una Yglecia de piedra bruta de treintaiciete varas de
Regional de Tarapacá y aproximadamente a unos 103 longitud poco mas o menos y ocho de latitud techada
km al noreste de Huara, alcanzando una altitud de 3.040 con madera de lunsa corriente, estera de petato de caña
66
m.s.n.m. Es un poblado de origen colonial, con extensos y tumbadillo de bayeta por el interior y exterior con paja
sectores destinados a los cultivos, el cual a partir del y barro el segundo cuerpo, y el primero con tejo y cal a
siglo XVIII se posiciona como el principal el santuario espensas de Don Francisco Lucay y Don Rufino Taucare
de toda la región, al cual acudían miles de peregrinos a el año de 1860 y con ayuda de la comunidad”
venerar al Señor de Sipiza. Con la actividad salitrera en Archivo Arzobispal de Arequipa, Inventarios, 1865
los albores del siglo XX y los procesos migratorios, fue
perdiendo paulatinamente vigencia en comparación con “El pueblo de Sipiza tiene varias vertientes que llegan
otros santuarios como la Tirana y Tarapacá, aunque se hasta un caserío, que se llama Umaga, allí hay una ver-
mantiene aún la celebración en la fiesta de Pentecostes. tiente que es agua termal ese es más abajo. Harta gente
tiene su casita allá, la gente va a regar su chacra y viene,
“Ymbentario de la santa Yglecia del Santuario de Sipisa que
otra vertiente es agua Milagro y Peñablanca. La princi-
forma el cura propio Don Narciso Leon a presencia de las
pal es Umaga, pasando primero por Totorane, Umaga se
autoridades de este pueblo que lo son el Síndico Don Ma-
junta las quebradas que vienen de Sotoca, son cultivos
riano Taucare el Jues de Paz Don Ygnacio Amache teniente
frutales, mucha gente tiene sus casas allí, también dicen
Governador Don Rufino Taucare y testigos que fuese se ha-
que hay minerales de oro y cobre”
llaron de la plata labrada, ornamentos y demás utiles perte-
Eleodoro Llanes
necientes a esta santa Yglecia es como sigue.
Alto Sipiza. Fotografía: Alexis Gajardo

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“Tata Jachura, es la autoridad mayor, es
nuestra deidad perfecta. De ahí surge
nuestra historia y nuestra identidad”.
Aurora Cayo,

68

Cerro Mallku Tata Jachura visto desde el calvario de Vilquihuano. Fotografía: Juan Gálvez
69
Antiguo pueblo de Chiapa. Archivo Histórico UTA.

La localidad de Chiapa se ubica a unos 3.200 m.s.n.m. la cual por genera-


ciones ha mantenido tradiciones y ceremoniales ancestrales. Dentro de sus
principales características destaca la relevancia que mantiene un eje entre
70 los poblados de Jaiña, Illaya y Chiapa, al regular y establecer mecanismos
antiquísimos en torno al uso y gestión del agua proveniente de los faldeos
del Tata Jachura, principal cerro Mallku que custodia la precordillera. Así,
Chiapa destaca en el cuidado de las terrazas de cultivo, donde se siembran
principalmente especias como alfalfa y orégano, además de una compleja
red de acequias y canales para administrar los recursos hídricos.

“Había un alcalde del agua, que se dedicaba a la repartición de agua…


una vez al año se elige a la autoridad para que resuelva todos los pro-
blemas que puedan surgir respecto del agua. Los intercambios que se
puedan hacer porque muchas veces hay alguien que necesita más agua
que otro… cuando se generaban conflictos, el alcalde de agua era quien
resolvía los problemas y se llegaba a un consenso. Alrededor de Chiapa
hay varios ayllus familiares. Porque todos se fueron formando en grupos
familias y hay tantas cruces porque cada uno, por grupo familiares, van
celebrando” Aurora Cayo.

Contraste entre terrazas de cultivo y construcciones actuales en Chiapa.


Fotografía: Juan Gálvez
Terrazas de cultivo en Chiapa. Fotografía: Juan Gálvez.

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Vegetación en el sector de Illalla. Fotografía: Patricio Santos


Jaiña

72

Terrazas de cultivos en Jaiña. Fotografía: Juan Gálvez


73

Pueblo de Jaiña. Fotografía: Patricio Santos

Jaiña está ubicado a 2.950 metros de altura, a 7 kilóme-


tros al noroestre de Chiapa y de Illaya. Los cultivos prin-
cipales de estas tres localidades –que poseen sistema
de riego por inundación mediante terrazas de cultivo– se
diferencian según destino: para la venta y para autocon-
sumo. Para lo primero, se extrae ajo, orégano, locoto y
zapallo; y para lo segundo, papa y maíz.

La agricultura en Jaiña es la actividad productiva más relevante. Fotografía: Juan Gálvez


74

“Antiguamente no había huella en Huasquiña. Todo se hacía con animales por senderos: caballo, mula y burro. La gente salía con la mercadería en la noche con granadas, peras,
membrillos, verduras para llevarla a la pampa o a otros pueblos”. Benjamín Ramírez
Antiguo sendero entre Huasquiña y Chusmiza. Fotografía: Cristián Arias.
75

“Sibaya está enclavado entremedio de dos cerros. En su planicie hay un vergel muy lindo y un riachuelo también muy lindo. En el tiempo en que nosotros vivíamos en el pueblo era muy
distinto, había más abundancia, esto porque el pueblo tenía más gente y recuerdo que se cultivaban el maíz, la papa y se criaban animales como el vacuno…” Wilfredo Chacama.
Pueblo de Sibaya, en el sector alto de la quebrada de Tarapacá. Fuente: Cristian Arias
Chusmiza

Vista aérea socavón Chusmiza. Fotografía: Cristian Arias.

Cultivos de Chusmiza y sector enbotelladora. Fotografía: Juan Gálvez

76
Chusmiza se localiza en la precordillera en las laderas de propiedad ancestral sobre las aguas de la vertiente de-
la quebrada de Ocharaza a una altura de 3.200msnm. La nominada socavón. A partir de 1996 se inauguró un labe-
principal actividad productiva es la agricultura, , desarro- rinto de alegatos interpuestos por la comunidad en con-
llando cultivos de alfalfa, maíz, ajo y habas. Posee zonas tra de la empresa; acciones judiciales financiadas por los
de pastales para el ganado camélido en los sectores de indígenas mediante la realización de actividades sociales
Antuta, Antijire, Pampa Grande, Casire y Apacheta Blan- como venta de comidas tradicionales como kalapurka y
ca. El Chapire es el mallku, donde escurren los riachuelos el aporte de los comuneros bajo los principios del ayni,
de Huarcaza y Chapire. permitiendo costear los gastos en abogados.

Sin embargo, la tradición se vió alterada cuando una em- Por cerca de 14 años, entre alegatos y manifestaciones
presa accedió a los derechos de las aguas comunitarias a públicas de los indígenas en Iquique y Santiago, en 2009
mediados de la década de 1990, originando un conflicto la Corte Suprema reconoció finalmente los derechos co-
judicial entre la comunidad Chusmiza - Usmagama en munitarios sobre sus aguas ancestrales. Desde 2006, la
contra una empresa Agua Mineral Chusmiza S.A.I.C.A. comunidad formuló una denuncia a la Comisión Interame-
Los fundamentos de su defensa argumentaban una pre- ricana de Derechos Humanos (CIDH), mediada en la cual
sunta vulneración de derechos; ya que se había privado se generó un acuerdo de solución amistosa (Espinoza,
a la comunidad de la posesión material y del derecho de Araya y Díaz 2020).
77

“por 14 años luchamos para que la justicia reconociera que las aguas nos pertenecen... y vamos a seguir luchando... yo soy un guerrero”
Luis Humberto Carvajal Pérez, antiguo dirigente de la comunidad indígena en el socavón de Chusmiza.
Fotografía: Juan Gálvez
78

Imagen aérea de Huarcasa, centro ceremonial con mesa ritual en el Alto Chusmiza. Fotografía: Óscar Corvacho
79

Imagen aérea del camino a Usmagama y antiguas terrazas


de cultivo en sector Poroma. Fotografía: Óscar Corvacho
Usmagama

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Pueblo de Usmagama, 1977 Fotografía: Rodomiro Huanca

Usmagama, se localiza en una ladera de la quebrada de


“... a los 22 dias del mes de Diciembre de 1862 ante mí el
Ocharaza a 2.750 m.s.n.m, y es un poblado con una serie
juez de paz pareció Doña Maria Callpa natural del pue-
de casas antiguas construidas de piedras y que mantiene
blo de Usmagama mayor de hedad, de estado casada con
una serie de celebraciones religiosas, como la celebración
Santos Callpa, de ejercicio agricultora, dijo: que ha obte-
a San Santiago, Santa Rosa y al Señor Exaltación. Posee
nido por herencia de su finado padre don Blas Callpa un
terrazas de cultivos y acequias en diferentes sectores a
tributo sitio una parte en el pago nombrado “Poroma” en
lo largo de la quebrada y senderos que vinculan al po-
la quebrada de Usmagama y el entero de Chusmisa pago
blado con Chusmiza, Limaxiña, Sibaya, Huaviña, Mocha,
nombrado “Pargnana” ambos de semilla de trigo, el mis-
Sipiza, entre otros lugares. En los documentos históricos
mo que posee de dicho año 1855 en que falleció su padre
es posible encontrar referencias sobre los trabajos en las
quien igualmente lo ha poseido desde el año 1822”
chacras y los sistemas de turnos o mita tradicionales en
Archivo Nacional, 1862
los territorios precordilleranos.
81

Pueblo de Usmagama, 2013. Fotografía: Alberto Díaz

“Usmagama es un pueblo muy antiguo, donde la ma- “…antiguamente había una persona que se sembra-
yoría hablaba castellano, pero también aymara… mis ba de aquí hasta poroma, entonces se nombraba a un
padres estaban dedicados a la agricultura y ganade- propietario como alcalde de agua, que estaba a cargo
ría… cultivaban papa, maíz, ajo, trigo y habas, pero del agua… el trabajo de ese alcalde era cuidar el agua,
hoy en día no puede continuar con todas estas pro- llevar el agua a destino donde se regaba, y todos espe-
ducciones debido a la escases de agua, solo pueden raban cuando le tocaba, había un orden”
cultivar algunas. Hoy ya no queda gente en el pueblo, Julio Ilaja.
solo las casitas y la iglesia”
Salvador Cayo.
82

La “entrega” del cargo de alférez en la mesa ritual durante la fiesta de la Asunta de Sibaya. Fotografía: Alberto Díaz, año 2007
Sibaya
Sibaya, es uno de los principales pueblos de la precordi-
llera en los altos de la quebrada de Tarapacá. Durante la
época colonial fue un Curato y capital distrital de la pre-
cordillera, con la presencia de alcalde de indios, caciques,
jilakacas, un sacerdote y comuneros que trabajaban sus
cultivos en chacras, eras, terrazas, ganadería de caméli-
dos e incluso labores en la mina de Paguanta. Fue fun-
damental durante el periodo salitrero, porque permitió
que cultivara alfalfa, verduras y la crianza de vacunos en
todo el sector. La comunidad ha mantenido el legado pa-
trimonial de sus antepasados, con diversar costumbres
como la “entrega”, wilancha, fiestas de cruces, las fiestas
patronales a San Nicolás y a la Virgen Asunta, entre otras
Cruz en el pueblo de Sibaya. Fotografía: Nicole Cortés
celebraciones y limpia de canales.

“Sibaya es también conocido como el lugar ‘donde las


83
mulas paren’ y ‘las campanas son grandes´, porque
cuenta la historia que una vez una mula llamada Molli-
na parió ahí y por las campanas enormes que caracte-
rizan el pueblo”
Vigna Pérez

“Luego ascendimos un poco a la ribera derecha i pa-


sando la ladera por entre árboles i cultivos se llega ala
ranchería de Limacsiña i diez minutos después al pue-
blecito de Sibaya. Este es el lugar mas abundante de
pasto en toda la quebrada de Tarapacá i hai tambien
legumbres, corderos, víveres de primera necesidad
en sus almacencitos. El ensanche de la quebrada que
constituye el pequeño campo de Sibaya con su corres-
pondiente caserío en la falda derecha del pequeño va-
lle”
Luís Riso-Patrón (1910)
Campanas de Sibaya. Fotografía: Nicole Cortés
Limaxiña

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Imagen aérea de Limaxiña, Fotografía: Cristián Arias


“un pueblesito nombrado Limacciña compuesto de ciento sinquenta y tantas almas…
poseen una Yglecia dedicada al Salbador en la fiesta de la Tracfiguracion”
Gregorio Morales, año 1816

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Huaviña

86

Pueblo de Huaviña Fotografía: Cristian Arias.


Huaviña, es un poblado que se ubica en la quebrada de
Tarapacá a una altura de 2.800 m.s.n.m., cuya principal
actividad es la agricultura de frutas (peras, membrillos) y
hortalizas en chacras en diferentes sectores y la crianza
de animales domésticos.

Mantiene varias festividades religiosas en honor a San


Juan, Virgen Candelaria, San Santiago, fiesta de pastores,
entre otras, donde están presentes el culto a sus antepa-
sados andinos como la devoción a los santos patronos,
incluso con eras y fincas a nombres de aquellos santos.
Es un pueblo de data colonial, pero que posee un patri-
monio arqueológico e histórico de gran significación para
la comunidad.

“Antes llovía desde noviembre a marzo. Los cerros que


ahora son todo roca, tenían gruesas capas de greda,
haciendo crecer todo tipo de vegetales… ahí entre los
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cerros Mancahuaviña y Duque había unos cactus que
daban flores muy lindas y se les llamó Mancahuaviña,
palabra del idioma incaico significa Flor de Altura.

Torre de la Iglesia de Huaviña. Fotografía: Alexis Gajardo


Cuando llegaron los españoles, se encontraron acá a
gente que dominaban la alfarería, tejidos y sobre todo
el riego en terrazas. En esta época se forma el nuevo
pueblo… lo que se conservó fue el nombre Huaviña,
que significa Linda Flor”,
Pedro Castro.

Entrada de la Fiesta de San Juan de Huaviña,. Fotografía: Alberto Díaz, año 2006.
“Los lugares que en Tarapacá necesitan de interprete
en lengua aimara, son: el Anejo de Guaviña que dista
10 leguas”
Estanislao Oviedo, año 1778.

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Procesión de la Virgen Candelaria en Huaviña. Fotografía: Alberto Díaz.


Mocha

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Vista del pueblo de Mocha. Fotografía: Alexis Gajardo

Mocha, es un centro poblado localizado en la quebrada


de Tarapacá cercana al sector de angostura en su cur-
so medio. Posee cultivos de frutales, verduras y crian-
za de animales. El pueblo fue consagrado a San Antonio
durante la Colonia, pero posee evidencias precolombinas
en toda el área, que dan cuenta de un terriotrio indígena
con una profunda historia local.

“Mocha está a las quatro leguas de Sibaya, tiene Ygle-


cia con Pila Bautismal, y es el pueblo de mejor tempe-
ramento de esta Doctrina... están divididos en ocho
Ayllos, que son Sibaya, Camiña, Sotoca, Tarapacá,
Chiapa, Pica, Sipiza, y Puchurca, hallándose este últi-
Iglesia de Mocha. Fotografía: Alexis Gajardo
mo a media legua del pueblo”
Archivo Histórico de Límites, año 1814.
Laonzana

Sectores de cultivo de Puchurca - Laonzana. Fotografía: Cristián Arias.

Laonzana, se ubica en una pequeña explanada en la ban-


da sur de la quebrada de Tarapacá, aproximadamente a
1.700 m.s.n.m. Los sectores con chacras son: la chacra
de Cholele, Mulli Mulli, Chacane, Mage, Angostura de
Mage, el Molino, la Isla, la Poroma, Concacha, Pueblo, la
Tabla, Hacienda, Huerto, Cambaye, Huaquiña, Barranco,
90
Cala-Cala, Tributo, etc. Se cultiva alfalfa, se cebollas, za-
nahorias, choclos, ajos y peras.

Desde la época colonial celebran al Señor de Laonzana


(Espíritu Santo), la fiesta del Niño Jesús (25 de diciembre)
y de Reyes o Pascua de los Negros (6 de enero), donde
danzan bailes de pastores.

Mapa de Antonio O´Brien, año 1766. Vista aérea de Laonzana. Fotografía: Cristián Arias.
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Apacheta en los altos Laonzana. Fotografía: Alberto Díaz, 2005

“… si me acuerdo de todos los que vivían en Laonza- “el agua para beber se extrae de la vertiente “Aracaire
na, ahí vivía don Manuel Molina, don Roberto Cal- grande” y solo el agua de riego se extrae desde el río.
derón, don Bartolo Callo, don Pacífico Zamora, más Se va agotando el agua de la vertiente… va quedando
abajo Joaquín Rámirez, mi papá Domingo Barreda, poca… antiguamente en Aracaire caía el agua como
Francisco Callpa, Eusebio Callpa, Ernesto Peñaranda, una especie de cascada”
Juan Peñaranda, Máximo Guacucano, Aurelio Loza- Gumercindo Ramírez.
no, Arsenio Pacha, y después, me olvidé el nombre,
los Chacama, todas esas personas vivían allá, todos
tenían familia”
Sergio López.
Pachica

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Carora, sector de cultivo en Pachica Bajo. Fotografía: Alberto Díaz


“Las obras verdaderamente importantes son: la construci6n de 10 canales colectores de los gcyzeres de Quiguata, y la
construcci6n del canal que debe unir las quebradas de Piga, Guantija, Quiguata y Tucuruma, para juntar todas esas
aguas y cncauzarlas en la quebrada de Quiguata, a fin de hacerlas descender a la quebrada de Coscaya…

El proyecto iniciado el año 1845 consistía en recolectar todas estas aguas y conducirlas, por uno o más canales, a la que-
brada de Coscaya, la cual, como se sabe, es una bifurcación de la de Tarapacá”
Guillermo Billinghurst,1893
Tilivilca, Tarapacá. Fotografía: Erick Godoy

Tarapacá
El pueblo de Tarapacá, con una significativa historia que a la hacienda de Huarasiña. Ha sido el eje de la historia
lo ha vinculado al Tawantinsuyu, a las autoridades inkas nortina, como provincia, tenientazgo, corregimiento, in-
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y a caciques locales, asumiendo protagonismo desde el tendencia, departamento y santuario consagrado a San
siglo XVI al ser el punto neurálgico que dio atributos de Lorenzo.
identidad a toda la región. Fue centro de la encomienda
de Lucas Martínez en 1540 y una de las primeras doc- “Tarapacá, agosto de 1787.

trinas coloniales; albergó a los indígenas, herederos de Razón de las tierras que comprende la Doctrina de

los pobladores de Caserones y Pircas en la de «Tarapacá San Lorenzo de Tarapacá según los cálculos hechos

Viejo» (al frente del actual cementerio), sitio que ya era por Sebastian Talledo, alcalde ordinario del pueblo y

habitado cuando Diego de Almagro recorre la zona, y que el licenciado Juan de Bargas, cura de dicha doctrina

después de 1570 opera bajo la lógica de la reducción a por orden de la Real Junta del Obispado.

pueblo del virrey Toledo.


Comprende los pagos de Munaypata, Guarasina, Ti-

Fue determinante en los inicios de la explotación minera libilca, Tarapacá, Calacala, Chillagua, Quillaguasa,

de Lucas Martínez, el cual instala un molino, articulán- Chaxuay, Caygua, Pasaquiña, Chillispaya, Carora,

dose con el mineral de Huantajaya. Dos siglos después Amalo, Texeña, Pachica, Quicana, Yngayapo, Cura-

(1717), este lugar es abandonado debido a epidemias o guacta, Panxaxha, Chañaral, Payta, Capiña, Ygueral y

aluviones, y trasladado a la ribera norte del río originan- Mulli, Maxes, Molino”

do el actual pueblo, cercano a la azoguería de Tilivilca y Archivo Arzobispal de Arequipa, Vicaría, año 1787.
Procesión de la imagen de San Lorenzo por las
calles del pueblo de Tarapacá .
Fotografía: Juan Gálvez

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Tarapacá a fines del siglo XIX. Archivo Histórico UTA.

“En el asiento y puerto de Arica a cinco días del mes de


abril de mil e quinientos cincuenta e siete años en presen-
cia de mi el escribano y testigos de yuso escripto pare-
cieron por mi testigo Lucas Martínez Vegaso vecino de la
ciudad de Arequipa e Antón Gonzáles carpintero y dijeron
que ellos son concertados en esta manera, que el dicho
Antón Gonzáles de obliga de hacer en los valles de Tarapa-
cá donde hubiere agua y el dicho Lucas Martínez quisiere
un molino moliente y corriente de nueva obra. Dándole
yo el dicho Lucas Martínez todo el recaudo de hierro para
el dicho molino y treinta indios que le ayuden cada día y
cuatro carpinteros indios si los hubiese que le ayuden y se
obliga el dicho Antón Gonzáles de lo dar hecho moliente y
corriente como dicho es dentro de cuatro meses primeros
siguientes de la fecha de esta por lo que yo el dicho Lucas
Martínez se obliga de dar el dicho recaudo como dicho es
e por su trabajo e industria e hacer el dicho molino dos-
cientos y un cuarto pesos de plata ensayada e marcada y
cada un mes una fanega de trigo y dos fanegas de maíz y
un puerco para comer para el cumplimiento de ello de lo
que dicho uno ha lo hacer y el otro a lo pagar obligamos
nuestras personas y presentes a lo cumplir como dicho es
so pena de que el que no cumpliere y el dicho Lucas Mar-
tínez no le diere el recaudo como dicho es excepto en lo
del hierro le pagara por cada un día que falta de lo demás
se ocupare. Un marco de plata y el dicho Antón Gonzáles
si para el dicho tiempo no lo hubiere hecho como dicho
es pagará todas las costas y daños que hubieren(roto) re-
creado en la dicha obra y firmaron los (roto) y porque el
dicho Antón Gonzáles dijo...”

Molino en Tarapacá, Lucas Martínez. Fuente: Archivo General de la Nación, Notariales, Siglo XVI. Lucas Martínez Vegaso, año 1557,
texto in extenso.
“declaro que tengo en el valle de Tarapacá una
chacra que llaman Guarasiña. Mando que se re-
partan entre ellos yanaconas míos que tengo en
el valle de Tarapacá”
Lucas Martínez, año1565.

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Huarasiña, antigua hacienda de Tarapaca. Fotografía: Juan Gálvez


98

Perspectiva hacia la desembocadura de la quebrada de Tarapacá. Fotografía: Juan Gálvez


“Esta quebrada, que desemboca en la Pampa, o Valle
que llaman de Yluga, corre al Nordeste, tiene serca de
treinta, y tres leguas de largo”.
Antonio O’ Brien, año 1765

99
Mamiña

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Pueblo de Mamiña. Fotografía: Marianne Fuentealba


Iglesia de Mamiña, 1969. Archivo Histórico UTA. Camino tropero de Mamiña a Quipisca, 1990. Archivo Histórico UTA.

San Marcos de Mamiña, es una comunidad que desde


tiempos precolombinos habitan los diferentes sectores
precordilleranos, a una altura promedio de 2.700 m.s.n.m.
Para la segunda mitad del siglo XVI se erige el poblado y
un pequeño oratorio. Para 1632 se levanta un templo que
permitió congregar a las mujeres y hombres para las fes-
tividades religiosas. Durante las fiestas patronales o la
“Rueda”, las imágenes sagradas son trasladas hacia los 101

sectores de cultivos, sacralizando el paisaje cultural y los


diferentes sembradíos de hortalizas y cereales andinos
como el maíz. Posee aguas termales y es cuna de grandes
músicos que recorren los territorios andinos.

“Corresponden á la iglesia de Mamiña las fincas del


Santísimo, de Nª.Sª. del Rosario, de Nª. Señora de la
Candelaria de S. José, la del Señor Crucificada, la de
Nª.Sª. del Rosario, la de S. Marcos Evangelista, la de
Animas… en la iglesia de Parca la finca del Santísimo
situada en Noaza, la de Santa Lucía, la de Nª. Señora
de la Candelaria la de S. Pedro apóstol, y la de Santa
Barbara, situada en Iquiuca… Los cinco derechos de Campanas de Parca, 1969. Archivo Histórico UTA.

agua ó mitas de Macaya son para Candelaria, el Após-


tol Santiago, Santa Rosa y las Animas”
Archivo Obispado de Iquique, Vicario, año 1899
Iquiuca

102 Iquiuca, sector Chacra grande. Fotografía: Patricio Arriaza.

Pueblo de Iquiuca. Fotografía: Patricio Arriaza.


Macaya

Chacras y cultivos de Macaya. Fotografía: Cristián Arias. 103

Quebrada de Macaya. Fotografía: Cristián Arias.


104

Sitio Angostura, la casa de los Gentiles. Fotografía: Cristián Arias.


Quipisca

Sector Quipisca antiguo. Fotografía: Cristián Arias.

“La Quebrada de Quipisca, de que va hecho mensión “Dejo en Quipisca un pedasso de chacra, en la que
en su lugar, compraron al Rey los Indios de Mamiña, entran dos collos de mais de semilla, en la parte nom-
según parece del titúlo que conservan, y hoy se halla brada el Puquio, y confronta con las Tierras de Tomas
reducido al corto sembrio que en su lugar se nota, por Torbalay por la parte de arriba, por el otro costado
haber escaseado de muchos años a esta parte el agua Yzquierdo con el Cerro, y por el Rio. Declarolo para
105
para su cultivo”. que conste; y dos Higueras”, Juan Ramos.
“Padrón de los indios tributarios”, 1787. Archivo Obispado de Iquique, Testamento, 1798.

Sector La Capilla o Quipisca antiguo. Fotografía: Cristián Arias.


106

Geoglifos de Cerros Pintados. Fotografía: Juan Gálvez.


Pampa-Oasis

“hay gran cantidad de crecidos Arboles que llaman


Tamarugos, Algarrobos, y Molles, muchas, y crecidas
retamas con un espeso e intrincado bosque de Monte
bajo, que en parte lo hazen impenetrable”
Antonio O´Brien, año 1765.

107

El área denominada Pampa del Tamarugal y Oasis abar- La Pampa del Tamarugal se caracteriza por ser una unidad
ca transversalmente las partes bajas de las comunas de de gran relevancia en términos de conservación de recur-
Pozo Almonte, Huara y Pica. Los poblados que integra sos naturales en una de las zonas más áridas del mun-
son La Tirana, La Huayca, Huatacondo, Cumiñalla, San- do: el Desierto de Atacama. La presencia de tamarugos,
ta Rosa del Valle de Quisma, San Antonio de Matilla, San algarrobos y bosques nativos –del género Prosopis– y
Andrés de Pica, exoficinas salitreras, entre otros. la existencia de los oasis naturales de Matilla y Pica, han
permitido que en este territorio se hayan desarrollado –a
En el marco del espacio territorial determinado por el lo largo de la historia y hasta la actualidad–, actividades
Plan Director Área de Desarrollo Indígena (ADI) Jiwasa económicas de relevancia, principalmente agrícolas y mi-
Oraje, de la región de Tarapacá, las asociaciones indíge- neras. De esta manera, las actividades propias de la zona
nas correspondientes a este piso ecológico son las de la han perfilado como un destacado nodo de relaciones
Pica, Matilla, Quisma, Alto Matilla y Bajo Matilla. Fue con interregionales e internacionales, a partir del periodo pre-
estos grupos con quienes se trabajó a fin de realizar la incaico hasta el presente.
investigación multidisciplinaria que, hoy en día, permite
hacer realidad este libro.
108

Geoglifos de Cerros Pintados, ubicados en la Cordillera de la Costa, al oeste de la pampa del Tamarugal. Fotografía: Juan Gálvez.
“el paisaje de nuestra pampa, permitió articular la
creación de geosímbolos, como parte de los ritos e
imaginarios de los caravaneros del desierto”
Luis Briones Morales

109
110

Dos tamarugos de ayer y hoy en La Huayca. Fotografía: Juan Gálvez.


111
“Cerca de La Tirana existe un monte de tamarugos bastante grande habiéndose prohibido el corte bajo pena de una multa porque de otro modo no habría al presente existido un solo
árbol cortándose para hacer leña y venderla a las oficinas del salitre” Raimondi año 1853.
112 Ruinas del siglo XIX en los alrededores de la Tirana en la Pampa del Tamarugal. Fotografía: Cristián Arias

Explanada del santuario de La Tirana durante la fiesta de la Virgen del Carmen Fotografía: Cristián Arias.
“Estos terrenos son conocidos con el nombre de Canchones. Ofrecen la positiva, la inapreciable ventaja de no necesitar de riego. La misma tierra conserva una humedad tal, que es
bastante para las plantas. El modo como se hace el trabajo en los establecimientos del “Gobierno”, con sembríos de alfalfa, melones y algarrobos”, periódico El Peruano, 1874. 113
Antiguos canchones de cultivo en la pampa y ruinas de el gobierno en el sector de la Huayca. Fotografía: Cristián Arias.

Iglesia San Isidro de La Huayca. Fotografía: Juan Gálvez.


Matilla

114

Iglesia de San Antonio de Matilla. Fotografía: Juan Gálvez.

“... cuando se llevaron el agua para Iquique, de Chintaguay, poco a poco se fueron secando los viñedos y ahora hay muy
poquito. Se ha ocupado la gente especialmente en limones, naranjas, mangos y verduras. Aquí en Matilla se cultiva todo,
pues. Verdura, de todo: zanahorias, cebolla, repollo, coles, cilantro, perejil, todo se cultiva. Flores es lo mejor aquí: claveles,
rosas, amapolas, diamelas, pensamientos, violetas, geranios, y así, tantísimas ... y reinas que llaman; caranguitas; pajari-
llas... Ahora, los árboles que están en las chacras, son naranjos, limones, cidras, limones dulces, chirimoyos, guayabos -que
eso es lo más que hay aquí, guayabos-, perales, granados, membrillos”.
Máximo Salazar, 1978.
Pica

115

Iglesia de San Andrés de Pica. Fotografía: Juan Gálvez.

“Entonces a mi papá le tocaba en Pica el agua una vez al mes, en invierno un poquito más temprano, 20 días, en verano al
mes, un mes dos días. Cuando, del Resbaladero, de la cocha, esa agua tenía que llegar hasta el final, a las chacras. Entonces
el agua venía de la cocha de las ánimas, la comunidad tenía agua toda la semana, de lunes a viernes, era una semana com-
pleta. Juntaba el agua de la cocha grande para que el agua tener fuerza. Si alguien vendía su chacra, con usos y costumbres,
el agua era igual para todos. Mitas le decían al riego, le tocaba la mita decían. Antes se celebraba la limpieza de canales, era
obligación limpiar”
Nelly Almonte, 1987
116

Vista del Oasis de Matilla. Fotografía: Juan Gálvez.


117

“…don Joan Amastaca, cacique del pueblo de Pica


bajo juramento que tiene hecho, traiga y exhiba
ante mí el quipu de las cosas de Lucas Martínez
Lucas Martínez, año 1565
Vivienda tradicional en la aldea de Cumiñalla, pampa del Tamarugal. Fotografía: Patricio Santos.

118

Vista aérea de la aldea colonial de Cumiñalla, pampa del Tamarugal. Fotografía: Patricio Santos.
“En el pueblo de Guatacondo, y ayllo de este
nombre tiene diez y seis yndios, en dicho pue-
blo el ayllo de Chipana tiene diez, y ocho… en
dicho pueblo el ayllo de Capuna”,
Cajas Reales de Arica, 1753

119

Vivienda tradicional en la quebrada de Huatacondo. Fotografía: Daniel Castillo


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The book aims to recognize, document, and disseminate the indigenous territories, highlighting their cultural and historical significance. It integrates etnohistorical documents and images to preserve the ancestral memory of the Andean indigenous communities. By bringing forward such narratives and visual representations, it emphasizes the socio-cultural connections and the rights of indigenous groups over these territories, contributing to cultural diversity and promoting respect for these communities .

Sibaya reflects adaptation through its sustained agricultural and pastoral activities, supporting camelid husbandry and crop cultivation. Historically, it served as a mining hub and later an agrarian support during the nitrate boom. Over time, Sibaya has preserved its cultural heritage through ongoing religious celebrations and the maintenance of terraced farming despite external economic pressures. The community sustained its identity and adapted to economic changes by integrating historical practices into new contexts, such as leveraging its agricultural output for wider market interactions .

Territories serve as a foundational socio-political platform for indigenous communities, encapsulating both historical heritage and present socio-cultural dynamics. These areas are seen as compendiums of socio-cultural relations and are vital for articulating the development chores of the communities, both physically and symbolically. The connection between communities and land informs their customs, governance (such as the election of community leaders), and pursuit of rights, reflecting a blend of environmental resource use and cultural expression .

'Territorial identity' in the Andes is deeply intertwined with social and environmental dynamics, serving as a point of cultural reference and socio-economic interaction. The book details how geographical landmarks and traditional territories are repositories of communal memory and identity, reflecting both historical narratives and ongoing cultural practices. This identity shapes community interactions with natural resources, underlines the importance of maintaining ecological integrity, and supports indigenous claims to land and self-governance. Thus, territorial identity encapsulates the symbiotic relationship between people and their environment, fostering societal resilience and heritage preservation .

Local indigenous languages, such as Aymara and Quechua, play a crucial role in preserving cultural and historical narratives by providing a medium for oral history, traditional knowledge, and cultural expressions. As highlighted, these languages help maintain the integrity and continuity of indigenous cultural identity, facilitating the transmission of ancestry and practices across generations. The use of these languages in community interactions and rituals preserves the nuanced understanding of cultural values and land-specific knowledge, crucial for the continuity of cultural heritage .

In Isluga, the integration of cultural practices with territorial management is evident through its division into ayllus, which are socio-spatial units with distinct cultivation and pastoral territories. Each ayllu elects a mayordomo to organize cultural events like the festa Patronal, signifying a governance system rooted in cultural traditions. The division into Arajj saya and Manqha saya shows a structured cultural property management that interlinks domestic use with communal obligations and religious observances, reflecting an integration of societal roles and territorial stewardship .

Contemporary celebrations in Huaviña, such as those honoring San Juan and the Virgen Candelaria, integrate historical devotions to patron saints with Andean ancestral rites, illustrating a blend of Catholic and indigenous traditions. The practice of using agricultural eras in ceremonies underscores a historical reliance on and reverence for land management. Despite the changes over centuries, these festivities maintain elements of historic Aymara and Quechua culture, cultivating community identity and cohesion by reaffirming cultural continuity in a modern context .

The main economic activity in the altiplano region is the traditional livestock farming of camelids, notably llamas and alpacas, along with intrusive sheep farming. Additionally, there is highland agriculture involving quinoa and potatoes aimed at self-consumption or selling at local markets. This integration includes the traditional barter system at fairs, such as in Colchane, where Chilean and Bolivian communities exchange agricultural products and groceries, combining economic practices with cultural traditions .

The communities in Usmagama currently face challenges such as severe water scarcity, which limits agricultural practices that were once robust, including the cultivation of potatoes, corn, garlic, wheat, and beans. Historically, the area was known for its productive capacity and organized water usage under a traditional system of water rights and community roles, like the 'alcalde de agua' . Today, the significantly reduced availability of water restricts the variety and volume of crops that can be sustainably cultivated .

The terraces and water systems in Huaviña hold historical significance as remnants of Incan and pre-Incan agricultural innovation, which facilitated irrigation and cultivation in arid highland conditions. These systems reflect sophisticated engineering knowledge adapted to local geography and environmental conditions. Present-day agricultural practices continue to rely on these ancient infrastructures, although diminishing water availability challenges their efficacy. The terraces illustrate a long-standing tradition of landscape modification that supports both past and contemporary agricultural production .

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