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El documento describe el arte bizantino entre los siglos VI y VIII d.C., conocido como la Edad de Oro bizantina. Durante este periodo, el emperador Justiniano I promovió grandes proyectos arquitectónicos como la basílica de Santa Sofía en Constantinopla, que combinaba plantas basilicales y centralizadas. La arquitectura bizantina se caracterizaba por cúpulas, bóvedas y semicúpulas que creaban espacios amplios e interconectados. Sin embargo, la era de esplendor llegó a su fin con

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El documento describe el arte bizantino entre los siglos VI y VIII d.C., conocido como la Edad de Oro bizantina. Durante este periodo, el emperador Justiniano I promovió grandes proyectos arquitectónicos como la basílica de Santa Sofía en Constantinopla, que combinaba plantas basilicales y centralizadas. La arquitectura bizantina se caracterizaba por cúpulas, bóvedas y semicúpulas que creaban espacios amplios e interconectados. Sin embargo, la era de esplendor llegó a su fin con

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Arte Cristiano y Arte Islámico en Época Medieval

ARTE CRISTIANO Y ARTE ISLÁMICO EN ÉPOCA MEDIEVAL

TEMA 2. EL ARTE BIZANTINO DE LA EDAD DE ORO: DE LA ÉPOCA DE


JUSTINIANO A LA CRISIS ICONOCLASTA (s.VI - VIII)
Esquema de contenidos:

1. Imperio Bizantino de los siglos VI y VIII: Introducción Histórica

2. La arquitectura bizantina de la “Edad de Oro” (s.VI – s.VIII)

2.1. La arquitectura en la época de Justiniano en Constantinopla

2.2. La arquitectura de la época de Justiniano fuera de Constantinopla

3. La imagen en el Imperio Bizantino anterior a la Crisis Iconoclasta

3.1. El mosaico y la pintura: imagen monumental


3.2. Pintura en pequeño formato: los iconos y la ilustración de manuscritos
3.3. Artes del metal y obras en marfil
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1. Imperio Bizantino de los siglos VI y VIII: Introducción Histórica


La crisis del Imperio Romano en el s.III d.C. acabó dividiendo el Imperio en dos, el Imperio
Romano de Oriente y el de Occidente. Existían diferencias notables entre ambas partes del Imperio,
la región oriental estaba más enfocada en una economía urbana, industrial y comercial; mientras
que en la región occidental estaba más enfocada en una economía rural y agraria. Sin embargo, en el
año 476 se produce la caída del Imperio Romano Occidental a manos de los pueblos germánicos,
pero se mantiene firme en Oriente.
El emperador Constantino trasladó la capital del imperio a la antigua ciudad griega de
Bizancio y le cambió el nombre a Constantinopla, no podemos olvidar que esta ciudad ocupa un
lugar privilegiado geográficamente hablando, ya que es el enlace a través de Asia y Europa. De esta
manera, el Imperio Oriental (llamándose por estos motivos Imperio Bizantino) inició un largo
proceso de esplendor de casi mil años.
El Imperio Bizantino, fue la herencia directa de la grecolatinidad existiendo una completa
continuidad entre los ámbitos culturales y políticos, adoptando progresivamente características
propias que la diferencian de los anteriores.
La primera Edad de Oro Imperio es en la época de Justiniano I (s.VI) y quizá el momento de
mayor esplendor político y artístico de toda su historia. Se produce una gran expansión del
territorio, las topas imperiales consiguen entonces dominar todas las tierras bañadas por el
Mediterráneo: La Península Itálica, el norte de África e incluso llegando al sur de la Península
Ibérica. Su reinado estuvo marcado por un proyecto de renovación del Antiguo Imperio Romano,
que incluía un plan de renovación de los antiguos territorios y la iniciativa de compilar el derecho
romano. Una epidemia de peste negra asoló el Imperio en 540, mermando las aspiraciones de
Justiniano, el segundo tercio del s.VI es una de las etapas más brillantes del cristianismo oriental.
El s.VII se produce un retroceso en las fronteras bizantinas debido a la expansión islámica,
que ocupa territorios clave en el mundo cristiano como Egipto, Siria o Tierra Santa. Helenización
del imperio y se mezclan las culturas romanas, griegas y cristianas.
El s.VIII está marcado por la Crisis Iconoclasta una guerra civil surgida entre dos facciones
religiosas que inician una disputa entorno al uso de la imagen, el emperador León III (s.VIII) quien
va a desencadenar este proceso con la promulgación de un edicto contra las imágenes, tras descubrir
una estatua de Cristo situada frente al palacio imperial en el 726 d.C.
- Los iconoclastas se declararon enemigos del uso de imágenes sagradas, rechazándolas
como medio de llegar a Dios por considerar que inducían a la idolatría. Una imagen no era capaz de
obrar milagros ni de ser tenida por divinidad, y solo la eucaristía podía ser considerada como la
imagen del Dios hecho hombre.
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- Los iconódulos eran aquellos defensores de las imágenes.


Durante más de un siglo estuvieron estos dos grupos enfrentados y se perpetró una
destrucción sistemática de las representaciones sagradas que acabó con la mayoría de las obras
figurativas de carácter religioso, especialmente en la capital. El periodo iconoclasta duró hasta el
s.IX. Las pérdidas para el patrimonio histórico y artístico que supuso la destrucción de la
decoración interior de las iglesias son incontables, pero por otra parte, demuestra la enorme
transcendencia que adquieren las imágenes en el mundo bizantino, no solo en el plano espiritual,
sino también en el político y social, ya que fueron objeto de disputa oficial y pública llegando a
desencadenar una guerra civil.
Las características del arte bizantino son:
- Se establece una mezcla entre las distintas culturas de las que emana, con una fuerte
tendencia al carácter religioso y de adoración a Dios enlaza con la tradición helenística y la visión
oriental.
- Expresión de la autoridad absoluta a través de rasgos formales como son la frontalidad,
jerarquización y luminosidad.
- Como función tiene exaltar la grandeza sobrenatural del emperador y de la iglesia.
- El arte tiene un componente trascendente, el esplendor y la opulencia son deslumbrantes
hacia los súbditos y fieles.
- Responde a las normas del cristianismo ortodoxo y a las exigencias de los clientes:
emperador, Iglesia o la aristocracia.
- Durante su evolución destacamos la llamada “Edad de Oro” en la época de Justiniano (s.VI
d.C.)
- Destacan dos centros artísticos principales: Constantinopla y Rávena.

2. La arquitectura bizantina de la “Edad de Oro” (s.VI – s.VIII)


La “Edad de Oro” es el periodo emprendido en el Imperio Bizantino previo a la Crisis
Iconoclasta, debido principalmente al auge constructivo y al esplendor artístico alcanzado en la
época de Justiniano. Bajo el directo mecenazgo y la iniciativa del emperador Justiniano se
levantaron basílicas imponentes que combinan las grandes dimensiones con el carácter innovador
de su estructura. Aunque tradicionalmente se consideraba que la arquitectura bizantina era
exponente de influencias orientales, hoy sabemos que es heredera directa de la romana, viéndose,
no obstante algunas modificaciones como una gran cúpula central y diversas semicúpulas que
conducen progresivamente al predominio de la planta centralizada.
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Es un periodo marcado por la experimentación arquitectónica en la que conviven tipologías


y esquemas de transición entre las plantas basilicales y las centralizadas, propias del primer arte
cristiano. De esta manera, Justiniano lo que quería era buscar la exaltación del poder imperial
mediante la erección de templos imponentes; con estos edificios se fascinaba e impresionaban a los
fieles, como resultado de la unión del poder eclesiástico y civil en la figura del basileus
(emperador), un modelo de estado inaugurado por Justiniano llamado Cesaropapismo.
En la arquitectura bizantina, el sistema constructivo, cuyas principales aportaciones fueron
el desarrollo de soluciones arquitectónicas romanas y las cubiertas de amplios espacios mediante
bóvedas y cúpulas sobre pechinas. Arquitectura abovedada con el empleo sistemático de bóvedas y
cúpulas. Además permite contrarrestar los empujes de las cúpulas mediante los siguientes recursos:
- La oposición de los empujes de las cúpulas, semicúpulas y bóvedas, creando un juego de
cubiertas abovedadas interrelacionadas que unifican el espacio.
- Gruesos pilares que reciben las presiones verticales de las cúpulas.
- Gruesos muros y contrafuertes exteriores: la sensación exterior que provoca es de pesadez
y macicez, sin embargo, completamente opuesta a la sensación interior, de ligereza y etérea.
- Empleo de materiales constructivos que permiten aligerar el peso de la cúpula.
La planta que predomina es centralizada, de cruz griega o poligonal. La basílica bizantina
mantiene elementos constructivos de la basílica paleocristiana, los modifica e introduce otros
nuevos.
La columna y el capitel: como soporte se mantiene la columna con función constructiva,
sobre la cual cargan directamente los arcos. A esta estructura formada por el arco y la columna
deben los interiores la sensación de ligereza y los bellos efectos de la perspectiva. Dentro de los
capiteles destacan dos modalidades: Destaca la variación del orden corintio con motivos vegetales
de hojas tratadas con la técnica del trepano que produce movimiento, profundidad y claroscuro. Y el
orden geométrico, cúbico o con forma de tronco de pirámide invertida, con gran cimacio decorado
con motivos vegetales muy geométricos y estilizados.
Destacan las construcciones levantadas en el reinado del emperador Justiniano, en el s.VI
d.C. en la llamada Primera Edad de Oro del arte bizantino, se localizan en dos focos fundamentales:
Constantinopla y Rávena.

2.1. La arquitectura en la época de Justiniano en Constantinopla


La basílica de Santa Sofía en Constantinopla (s.VI, 532-537). El emperador Justiniano
decidió hacer una basílica de nueva planta que se convertiría en la más grande de la cristiandad y en
una de las estructuras más audaces jamás construidas desde el punto de vista técnico. La basílica
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transmite a los visitantes la inmensidad espacial y la misteriosa atmósfera de su interior. Construida


por los arquitectos con altos conocimientos en geometría y física, Antemio de Tralles e Isidoro de
Mileto; expresaron un gran dominio de la cinética, creando sensación de movimiento en los
espacios y la estática, aplicada a la perfección las leyes del equilibrio. El resultado de esta obra fue
una síntesis perfecta de todos los elementos arquitectónicos conocidos. Se tardó cinco años en
acabar de construir y el día de su consagración, Justiniano pronunció la célebre frase “Salomón, te
he vencido”, en referencia al templo de Salomón.
El ladrillo y el cemento fueron los materiales básicos de la construcción. Su planta no es
comparable a otro edificio existente previamente, pues fusiona el sistema longitudinal con el
central. La basílica se divide en tres naves longitudinales, siendo la del medio el doble de ancha que
las otras dos. Sin embargo, en el interior se contempla un espacio central con una cúpula central
gallonada, dividida por 40 nervios. En cada plemento que divide los nervios de la cúpula
encontramos en la base de la cúpula unas ventanas que le otorgan una sensación de ligereza, como
si se sustentara debido a la luz. Se trata de una arquitectura puramente ilusionista, creada a partir de
dos formas geométricas básicas, el círculo y el cuadrado, con las que se buscaban simbolizar la
fusión entre lo divino y lo palpable en el interior de esta iglesia. La bóveda imita al cielo.
En el sentido norte-sur vemos dos grandes muros planos que proyectan de manera vertical
los empujes hacia el suelo. Las tribunas se abren al espacio central mediante arcos sobre columnas.
Tanto estas, situadas en un segundo piso, como las naves laterales del piso interior que están
cubiertas por bóvedas de arista.
A los pies de la basílica cuenta con un doble nártex, uno interior de dos alturas (esonártex),
el cual se abre al espacio central en sus dos pisos, de la misma manera que las naves laterales; de
hecho, el segundo piso conecta con las tribunas. Y otro exterior (exonártex).
Santa Sofía de Constantinopla fue un edificio emblemático en todo el orbe cristiano, modelo
para las demás iglesias bizantinas y lugar de coronación de los basileus.
La iglesia de los Santos Sergio y Baco: Hoy es una mezquita de Estambul. Conocida como
la “pequeña Santa Sofía” y fue un proyecto personal de Justiniano y su esposa Teodora, situada
cerca de su palacio. Es inmediatamente anterior a la catedral de Santa Sofía, s.VI, y algunos
estudiosos consideran que sirvió como experimento arquitectónico para crear la gran basílica, pues
posee una concepción espacial parecida, aunque presenta algunas diferencias. La planta resulta
plenamente centralizada, con un perímetro cuadrado, el nártex se sitúa al oeste y el ábside al este,
curvo al interior y poligonal al exterior.
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La cúpula se apoya en cocho gruesos pilares que forman un octógono dentro de un


cuadrado, estos pilares se unen por arcos y tramos que, en planta, son alternativamente curvos y
rectos. Es gallonada y presenta vanos que se alternan con los paños macizos.
El alzado interior cuenta con dos plantas, el piso bajo y la tribuna, que siguen el mismo
esquema y actúan como un deambulatorio alrededor del espacio central, al que se abren por medio
de arcadas. La alternancia de tramos curvos y rectos, compuestos cada uno por tres arcos y dos
columnas, permite generar un juego de volúmenes interior que favorece la sensación de amplitud.
La iglesia de Santa Irene: Fue mandada a construir por Justiniano en 546 d.C. con materiales
básicos, ladrillo y cemento. Había servido como sede del emperador hasta que Santa Sofía fue
construida. Su planta está precedida por un enorme atrio, tratándose del único edificio cristiano que
presenta este elemento en la capital. Estructura completamente longitudinal, de cruz latina con tres
naves separadas entre sí por columnas y pilares. De cualquier manera, es la iglesia de
Constantinopla más parecida a la basílica romana del siglo anterior, aunque podemos reconocer el
aspecto bizantino gracias a la gran cúpula de 15 metros de diámetro que precede al ábside en la
nave central.
Iglesia de los Santos Apóstoles: Situada en Constantinopla, de la cual ya no nos queda nada,
aunque fue uno de los edificios más relevantes e influyentes del arte cristiano medieval. Diseñada
por los mismos arquitectos que la basílica de Santa Sofía Antemio de Tralles e Isidro de Mileto. Con
una planta de cruz griega con el brazo oeste ligeramente más largo por la existencia de un nártex, y
en el este un ábside poligonal. Cubierta por cinco cúpulas, cuatro en cada brazo y una en el centro, a
un nivel más elevado. Era un martyrium apostólico que albergaba reliquias de los mismos.

Podemos decir que durante los primeros siglos medievales, Constantinopla se convirtió en el
nuevo centro del cosmos cristiano, residencia del patriarca de la antigua Iglesia ortodoxa y sede
también del emperador como representante de Dios. Hay que señalar que no se conservan en la
ciudad edificios importantes levantados tras la muerte de Justiniano y durante la crisis iconoclasta,
siendo las iglesias de este periodo las más duraderas e influyentes en la arquitectura bizantina
posterior.

2.2. La arquitectura de la época de Justiniano fuera de Constantinopla


También llamada la “Primera Edad de Oro” del Imperio Bizantino. El emperador Justiniano
no limitó la construcción de edificios monumentales a la capital, Constantinopla, sino que dejó un
legado en otras regiones como Éfeso y Rávena.
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De entre las principales construcciones encontramos la Iglesia de San Vital en Rávena, es el


principal edificio de esta ciudad. La construcción de esta Iglesia fue llevada a cabo en época del
obispo Ecclesio, entre 532 y 544 d.C., el ladrillo y el cemento sirven como principales materiales
constructivos, con una estructura centralizada. Los patrones decorativos que destacan son un sobrio
exterior con un interior muy decorado.
La planta está formada por dos cuerpos principales: el central, cubierto con una gran cúpula,
y el deambulatorio que la rodea, de dos plantas y con un perímetro centralizado octogonal. A los
pies, de manera descentrada, encontramos un nártex, mientras al este destaca el gran presbiterio que
precede al ábside, la zona más importante de la iglesia desde el punto de vista litúrgico, ya que ahí
se situaba el altar. El ábside se rodea de dos pequeñas capillas de planta circular, que al exterior se
proyectan de forma poligonal, como el resto de los volúmenes del edificio.
El alzado cuenta con dos pisos dispuestos en torno al espacio central, como un doble
deambulatorio, mientras que la cúpula se alza en un nivel superior. Dicha cúpula descansa sobre un
tambor octogonal horado por ventanas, se asienta sobre ocho pilares, separados entre sí por arcos.
Los dos pisos se abren al espacio central por medio de arcos sobre columnas, como si fueran
especie de balcones. El presbiterio se cubre mediante una bóveda de arista y ha conservado toda su
decoración original en mosaico, lo mismo en el ábside.
Tanto la cúpula central como el deambulatorio han perdido sus mosaicos originales y se
decoran actualmente con pinturas barrocas.

3. La imagen en el Imperio Bizantino anterior a la Crisis Iconoclasta


Iconos y estatuas a los que se atribuían poderes milagrosos, similares a los de las reliquias,
existe abundante documentación sobre el poder de la imagen en Constantinopla, donde la pintura y
el mosaico, además, jugaron un papel propagandístico determinante. La querella iconoclasta acabó
con la mayoría de las imágenes realizadas en el entorno de la capital, pero se conservan algunos
iconos y mosaicos de las provincias periféricas como la península itálica o Egipto.

3.1. El mosaico y la pintura: imagen monumental


Los principales ejemplos que se conservan de esta época de imagen y mosaico tiene la
características fundamental de la monumentalidad, sin embargo, se encuentran en las zonas más
periféricas del territorio alejadas de la capital. Aunque la Crisis Iconoclasta afectó unicamente a las
obras sacras, por lo que las representaciones del emperador siguieron.
La iconografía bizantina sienta las bases de las representaciones medievales de temática
sacra y bíblica, que ejercieron una especial influencia en el arte occidental. Se observa una
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continuidad respecto al primer arte cristiano, aunque el uso de la imagen experimenta una evolución
hacia un arte cada vez menos narrativo, más propagandístico y simbólico, desarrollándose un
lenguaje visual codificado. Entre los temas iconográficos más importantes del momento destacan:
Cristo acompañado de la Virgen y San Juan Bautista; representación del Trono vacío de Cristo en
referencia a su Segunda Aparición al final de los Tiempos (y todo lo que ello implica, en cuanto a la
condena y salvación de la humanidad); y diversos tipos iconográficos de Virgen de Theotokos
(como madre de Dios), repertorio que ofrece distinto matices de relación materno-filial, se verá
ampliado en el periodo bizantino Medio. Estas imágenes serán fuente de inspiración iconográfica
para el arte románico y gótico.
Existe un importante apogeo de la imagen inmaterial, donde se ve representado el tema de la
Oblatio: donación de una iglesia o edificio a un santo por parte de la pareja imperial.
Los mosaicos: Se consolidan como la decoración más prestigiosa y apreciada en el arte
bizantino, realizados con una combinación de técnicas procedentes del arte del clasicismo romano.
La composición pictórica mediante teselas (piezas cúbicas con las que se componían los mosaicos)
supone una dificultad añadida para lograr una representación naturalista, pero ofrece, en cambio,
una gran resistencia y nuevas posibilidades en cuanto a los efectos de luz y color. Las teselas
estaban realizadas tanto en piedras de distintos colores como en terracota vidriada. La combinación
del opus tesselatum (técnica que consiste en la disposición de teselas del mismo tamaño igualadas
en superficie), con el opus vermiculatum (que implica el uso de teselas de longitud desigual)
permitió remarcar en relieve los contornos de la figura y determinados elementos. Esta técnica fue
usada también en los fondos dorados, donde la disposición de teselas a distinta altura permitió
generar destellos de luz, convirtiendo esos fondos dotados en superficies vibrantes y cambiantes a
lo largo del día según la posición del sol. Esto hizo posible que los mosaicos fueran capaces de
evocar el mundo trascendente transmitiendo una cierta sensación de irrealidad.
El Pantócrator: Es uno de los temas más reiterados en el arte medieval de Oriente y
Occidente, se trata de una representación de Cristo-Dios entronizado, sentado sobre el orbe terrestre
como Señor del Universo y Dios creador, haciendo honor al origen etimológico del nombre
Pantócrator que significa “Todopoderoso” en griego. A partir del siglo IX la esfera celeste
desaparece de esta representación y hablamos de Pantócrator cuando encontramos a Cristo o Dios
bendiciendo con la derecha y con el libro de las Escrituras en la izquierda en busto o de cuerpo
entero. Se trata de una figura imponente, inexpresiva y barbada, que en el arte románico se referirá
al Juicio Final, por lo que aparece rodeado por el Tetramorfos. De esta manera, la denominación
Pantócrator se convierte en genérica, pero conviene tener en cuenta que procede en origen de la idea
de Dios como Sr. del Universo sentado sobre una esfera.
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Maiestas Domini: Representación de Cristo o Dios en majestad.


Agnus Dei: Representación del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, una
representación simbólica de Jesús descrito como el cordero degollado pero en pie en el Apocalipsis.
Santa Sofía de Constantinopla no conservamos mosaicos de aquella época, pero las
fuentes históricas hablan de un ciclo cristológico, un Pantócrator en la gran cúpula y una Virgen con
el niño en el ábside central.
La iglesia de San Vital de Rávena: presenta un extraordinario conjunto musivo realizado
en época del obispo Maximiano, entre 546 y 556. El amplio presbiterio y el espacio del ábside
conservan su decoración musiva original. En el cascarón del ábside, en forma de bóveda de horno,
encontramos un mosaico presidido por un Cristo Pantócrator de tipo apolíneo o imberbe, con
vestiduras color púrpura que son propias del emperador, se encuentra sentado sobre el globo
terrestre y aparece flanqueado por dos arcángeles al modo de la guarida imperial. La figura del
obispo Ecclesio, que porta la maqueta de la propia iglesia de Sal Vital, ofreciéndole al santo y señor.
El fondo dorado y los tituli (inscripciones identificativas de los santos) evidencian que estamos ante
una escena que se desarrolla en un plano trascendente y celestial, los detalles paisajísticos situados a
los pies, como flores, vegetación y formas montañosas, poseen un carácter simbólico relacionado
con la evocación del Edén Celeste, donde asoman cuatro lenguas de agua que representan los Ríos
del Paraíso.
En la parte curva del tambor absidal, ambos lados del Pantócrator aunque a un nivel inferior
encontramos los 36 Paneles de Justiniano y Teodora: Se trata de un tema romano donde aparecen
las donaciones realizadas por el emperador y la emperatriz a la iglesia de San Vital, representan la
ceremonia religiosa de ofrenda ritual, con los vasos sagrados y los ornamentos que servirían
después como objetos litúrgicos en la iglesia. El panel de Justiniano se ubica en el lado norte del
ábside, en el centro vemos una representación del emperador acompañado por sus altos dignatarios
como reflejo fiel de la propia organización del Imperio. A la izquierda, los militares portan lanzas y
sostienen un gran escudo decorado con orfebrería y esmaltes, presidido por un Crismón. Este es un
símbolo de Cristo creado por el arte romano del siglo IV, que reúne en un anagrama circular las dos
primeras letras del nombre de Cristo en griego, la X y la P. al lado de los soldados encontramos a
los altos dignatarios civiles, mientras a la derecha están las jerarquías eclesiásticas. Destaca el
obispo Maximiano por su mayor tamaño, su cercanía a Justiniano. Las ropas litúrgicas con la cruz,
el misal y el incendiario sacralizan los rituales de la liturgia bizantina, la indumentaria purpúrea del
emperador, su corona o diadema y el nimbo que la rodea. El nimbo sirve en el primer arte bizantino
para resaltar la dignidad social de la figura y no solo su sacralidad, pero más adelante será un
atributo exclusivo de lo santos. Las figuras de este mosaico destacan por su falta de plasticidad y de
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volúmenes, no existe interés por crear profundidad en la escena, ni por dotar de peso y corporeidad
a las figuras.
El presbiterio de la Iglesia de San Vital está completamente revestido de mosaicos. La gran
bóveda de arista aparece presidida por el Agnus Dei en un medallón cenital convertido en una
corona de laurel sustentada por cuatro ángeles. Esta pequeña imagen anuncia la iconografía que se
despliega en los muros de este espacio del presbiterio, relaciona con el ritual de la Eucaristía que se
celebra precisamente aquí. La Eucaristía conmemora precisamente este sacrificio, administrándose
de manera simbólica el cuerpo y la sangre de Cristo para “limpiar” los pecados. Los motivos
vegetales de la bóveda de arista, constituyen una representación abreviada de la Pastoral Celeste: el
Paraíso sobrevenido tras la salvación. A los costados donde se asienta la bóveda presenta distintas
escenas del Antiguo Testamento que prefiguran y anuncian el sacrificio de Cristo:
En el lado norte o septentrional encontramos la escena de 37 La Hospitalidad de Abraham,
donde él mismo da de comer a tres desconocidos que resultan ser ángeles y le anuncian que tendrá
una larga descendencia a pesar de su edad. A la izquierda, su esposa Sara aparece en la puerta de su
casa se lleva la mano a la boca para indicar su hilaridad incrédula ante semejante anuncio. El
descendiente de Abraham se equipara a Cristo, es el padre de Jacob y por tanto, origen de las 12
tribus de Israel.
38 En el lado sur o meridional vemos la escena de las Ofrendas de Abel y Melquisedec,estos
dos personajes aparecen en momentos diferentes del Génesis haciendo ofrendas a Dios. La
presentación de estos dones en un altar, con un cáliz y dos patenas, revela la clara intención de
relacionar estos episodios con la liturgia eucarística que tenía lugar en este mismo espacio del
presbiterio. La bóveda de arista con sus laterales actúa como una especie de baldaquino
arquitectónico consagrado al oficio de la misa. En esta época, el altar solía estar cubierto por un
ciborio de madera para resaltar su sacralidad, la parte superior del muro se completa con dos
profetas (Moisés e Isaías) y dos evangelistas (Mateo y Marcos), que contribuyen a articular el
discurso teológico planteado en todo este espacio.

Iglesia de San Apolinar el Nuevo de Rávena: Erguida por Teodoro el Grande (siglo V).
esta basílica fue decorada con mosaicos que aún permanecen entre las ventanas de la nave central.
39 La procesión de santos: se trata de representan sendas procesiones de santas vírgenes y santos
mártires en los lados norte y sur respectivamente. Dispuestos de manera ordenada y regular sobre
fondo dorado y separados por palmas de martirio, aparecen en la misma postura y a una misma
altura (isocefalia) de una manera fuertemente estereotipada. Portan las coronas de laurel que indicen
el triunfo y la salvación conquistada por su martirio, es recibida por el espacio más cercano al altar.
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Sus pues reposan en un escabel, ya que el contacto con el suelo se consideraba como algo
degradante y alejado de Dios o el emperador. A sus pies florecen plantas que evocan el Edén
celestial en un plano ideal y trascendente.
40 La Procesión de Vírgenes: muestra falta de individualidad en las figuras, que presentan
una asombrosa semejanza en su postura, indumentaria, peinado y aspecto general. Los artistas
ponen más esmero en reflejar los matices cromáticos y los detalles de la indumentaria que en
plasmar la volumetría de las santas. Sus lujosos ropajes tiene de nuevo un sentido trascendente, lo
mismo que el fondo dorado las palmeras y las coronas.
40 Detalle de los tres reyes magos: la representación de los Tres Reyes Magos es famosa por
su belleza y riqueza cromática, los reyes aparecen con una indumentaria exótica que denota su
origen, y el ofrecen sus tres dones destinados: en oro, en calidad de rey; el incienso, en calidad de
Dios; y la mirra en calidad de hombre. Estas figuras representan también las tres edades. Se observa
un marcado hieratismo y una rigidez.
41 San Apolinar en Classe es otra de las iglesias dedicada a San Apolinar, construida
también en época tardoantigua. Hacia el 547, mediados del siglo VI. Sobre la bóveda de horno, en
el arco triunfal encontramos el cascarón del ábside que se divide en dos zonas. En la superior
encontramos una cruz gemada (compuesta por gemas) sobre un fondo estrellado y decorada con un
medallón en su centro que contiene un busto de Cristo. A los lados, en el cielo, aparecen Moisés y
Elías de medio cuerpo y debajo tres corderos que miran hacia la Cruz. En el centro aparece un
Cristo bendiciendo, rodeado por los símbolos del Tetramorfos. Debajo aparecen las ciudades de
Jerusalén y Belén, de donde salen seis corderos de cada una de ellas, que simbolizan a los apóstoles.
El Cristo transfigurado aparecen aquí bajo la figura de la cruz y los discípulos como tres mansos
corderos. En el registro inferior del ábside encontramos representando al patrón de Rávena, San
Apolinar, ataviado con ropas litúrgicas episcopales, en postura orante; este hecho permitía vincular
a los clérigos de la época con los referentes espirituales de los fieles. El santo aparece acompañado
por el colegio apostólico, representado de manera simbólica como el rebaño del Jesús por medio de
los 12 corderos que lo flanquean. El fondo de la escena está constituido por un paisaje irreal. La
vegetación (árboles, flores, piedras) presenta una disposición ordenada y rítmica donde nos estamos
ante un lenguaje completamente simbólico, cada árbol representa un bosque y cada piedra una
montaña, tratándose de elementos completamente metafóricos. La ausencia de un fondo dorado no
impide mostrar las figuras en un plano trascendente.
También se conservan pinturas murales anteriores a la crisis iconoclasta en Egipto como el
42 Monasterio de Santa Catalina en el monte Sinaí, en Egipto, fundado por Justiniano hacia 548,
mediados del siglo VI. El monasterio se sitúa en el monte donde Moisés había recibido las Tablas de
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la ley y vió la zarza ardiendo. La iglesia conserva intacto el famoso mosaico de ábside con la
Transfiguración de Cristo. El fondo dorado y los rayos que salen de Cristo, el cual bendice inserto
en una mandorla, evocar el resplandor emanado por su figura, los apóstoles aparecen retorciéndose
deslumbrados y sorprendidos. Los dos profetas, Elías y Moisés, aparecen de cuerpo entero en
actitud solemne, con venerables barbas y una indumentaria que les confiere dignidad. En resumidas
cuentas, la finalidad es revindicar a Jesús como el Mesías anunciado. La calidad del cromatismo de
las teselas y la delicadeza en su disposición ha hecho suponer que estamos ante un taller venido de
la capital y se trata, de una fuente indirecta que permite conocer los mosaicos de Constantinopla.

3.2. Pintura en pequeño formato: los iconos y la ilustración de manuscritos


Los iconos o pintura sobre tabla: adquirieron una importancia en los territorios bizantinos
similar a la de las reliquias en Occidente. Numerosos relatos de esta época se refieren a imágenes
que hablaban, lloraban y sangraban, dando testimonio de los poderes milagrosos que se atribuía a
los iconos. La adoración de estas tablas por los fieles y la invención de milagros obrados por ellas,
llevó a la crítica y la desviación que suponía respecto a la verdadera concepción de Dios; los fieles
realizaban peregrinaciones para contemplar estos iconos.
El monasterio de Santa Catalina del Sinaí es un complejo atesora una gran cantidad de
imágenes anteriores y posteriores a la crisis iconoclasta, procedente de la misma Constantinopla y
de Chipre, representa un verdadero tesoro de la pintura sobre tabla bizantina. Una de las tablas más
destacadas del siglo VI que se encuentra en este monasterio es el 43 Icono de Cristo o Pantócrator
del Sinaí en el monasterio de Santa Catalina que recibió un enorme culto y sirvió durante siglos
como imagen canónica de Jesús, modelo para artistas romanos y orientales. Se trata de un Cristo
barbado que bendice con dos dedos de la mano derecha mientras porta las santas Escrituras a su
izquierda. El rostro destaca por su enorme realismo y donde el esquematismo persigue precisamente
evitar cualquier concepción material de la divinidad. Aquí, sin embargo, encontramos una figura
que parece viva por su mirada vibrare y profunda.
También Roma se convirtió en un lugar de exilio para las imágenes milagrosas y los más
venerados iconos procedentes e Constantinopla. Algunos estudiosos han señalado que el 44 famoso
Icono Salus Populi Romano, venerado hoy en la basílica de Santa María la Mayor en Roma,
podría ser una de estas piezas y fecharse hacia 590. Este icono ha sido considerado tradicionalmente
como un verdadero relato de la Virgen María con el niño, ejecutado por el evangelista San Lucas
sobre una tabla procedente de la mesa de la Ultima Cena. El tipo iconográfico resulta, sin embargo,
frecuente ya en el primer periodo bizantino: “La Virgen Odighitria: aquella que muestra el camino”,
que generalmente señala al Niño mientras este lleva un libro en la mano izquierda.
Arte Cristiano y Arte Islámico en Época Medieval

Los manuscritos ilustrados representan un género pictórico bien diferenciado de los Iconos,
pues no estaban destinados a los fieles iletrados sino a los círculos instruidos de la corte y a las
élites clerigales. Se producen ya desde el siglo V tanto en el entorno de Constantinopla como en
grandes centros urbanos como la ciudad de Roma. En el siglo VI encontramos manuscritos que
ilustran ciclos completos del Antiguo y del Nuevo Testamento. Un tipo de manuscritos
especialmente vinculado a la figura del emperador fueron los conocidos como códices purpúreos
(Codex Purpureus), cuyas hojas de pergamino se tiñeron de púrpura, un colorante restringido a la
figura del emperador. Con letras trazadas en color plateado, se trataba de verdaderos objetos de lujo.
El pergamino era de vitela, un cuero de vacuno muy fino y apreciado procedente de terneros recién
nacidos o incluso no natos.
El más destacado es el famoso 45 Génesis de Viena, realizado probablemente en la antigua
Siria, para Justiniano en el siglo VI. Actualmente solo conserva 24 folios, en su día contaba con casi
100 páginas y el doble de ilustraciones. El estilo de las ilustraciones es naturalista, con un
dinamismo propio de la antigua pintura romana. Pero el lenguaje narrativo incorpora recursos que
serán recurrentes en la Edad Media, donde se renuncia a la coherencia espacial para introducir
varios personajes en una misma escena, o para representar diversos episodios de manera conjunta.
La imagen representa a Rebeca saliendo de Jericó en busca de agua para dar de beber a Eleazar y sis
camellos, donde la encontramos recogiendo el agua a la izquierda y dándosela a la derecha, de
manera contigua, destinándose la parte superior al texto y la inferior a la ilustración.

3.3. Artes del metal y obras en marfil


De esta época se conservan algunos objetos de metal especialmente interesantes. Se trata de
las 46 Ampollas de Monza, unas pequeñas anforitas metálicas, aunque existieron también de
terracota y de vidrio, traídas por los peregrinos de Tierra Santa conteniendo alguna reliquia en su
interior. Se denominan así porque muchas de ellas se han conservado en el tesoro de la catedral
italiana de Monza. Son unas pequeñas redomas metálicas de unos 6 cm de alto, de forma globular y
con boca estrecha y dos asas para colgarlas del cuello. Su función era contener una pequeña
cantidad de líquido, se cree que la mayoría e ellas sirvieron para transportar el aceite bendito que se
encontraba en los lugares santos de Jerusalén con el que ardían las lámparas en los altares. Entre los
siglos VI y VII circularon muchos de estos objetos metálicos portados con una intención protectora,
los papas solían enviar estos objetos como regalo a los reyes y otros personajes ilustres, su
fabricación formó parte de la industria organizada por los orfebres locales, que incluían relieves
mediante estampación de manera similar a como se acuñaban las monedas, con un considerable
despliegue iconográfico, incluyendo escenas de la Infancia y la Pasión de Jesús. En Bobbio existe
Arte Cristiano y Arte Islámico en Época Medieval

una de estas ampollas decoradas con un relieve de Resurrección con la representación del Santo
Sepulcro de Jerusalén rodeado de dos Marías y el ángel, en la parte superior aparece la escena del
calvario, donde Cristo está simbolizado por la cruz y los dos ladrones crucificados aparecen a
ambos lados.
Además, se produjeron numerosos objetos de marfil, se observa una compleja continuidad
con las obras realizadas en la antigua Roma, destacando los dípticos consulares: piezas formadas
por dos hojas de marfil talladas en relieve. La función de estas placas era la de conmemorar el
nombramiento del cónsul de una ciudad, que aparecía representado en el centro y rodeado de
escenas relativas a los juegos circenses.
47 Marfil Barberini, mediados del siglo VI, museo del Louvre, realizado en los talleres
imperiales de la capital. Parece que se encuentra retratado en el centro el emperador Justiniano, bajo
la modalidad de Adventus Imperator, con la que se representaba su entrada triunfal en la ciudad
conquistada. Subido al caballo como vencedor, aparece aportando el estandarte, así como otros
atributos militares y símbolos de poder. A la derecha, una pequeña victoria alada le coloca una
corona de laurel, hoy en día perdida. Detrás del caballo de Justiniano, aparece un enemigo vencido
que simboliza al pueblo conquistado. Debajo, una mujer tumbada que alusiona al territorio
conquistado, cuya exuberancia y los frutos que atesora en su regazo se refiere a la abundancia traída
por las conquistas del emperador. En la placa superior, encontramos una imago clipeata de Cristo,
imberbe y flanqueado por ángeles, que alude al origen divino del poder imperial. La placa inferior
presenta distintos personajes con atuendo exótico que se acompañan de animales y dones para el
emperador. El marfil en su conjunto presenta así, una visión victoriosa del emperador que gobierna
sobre los pueblos de la tierra y que cuenta con la bendición divina. Desde el punto de vista
estilístico, el tallista muestra una técnica muy depurada, con la que obtiene un logrado naturalismo
y un extraordinario escorzo en la figura del caballo.
48 El marfil sirvió también para confeccionar objetos de ajuar eclesiástico y litúrgico. El
más sobresaliente de este periodo, por su factura y tamaño, es la Cátedra del obispo Maximiano,
realizada a mediados del siglo VI. En la parte delantera central encontramos cinco encasamientos
que contienen a los cuatro evangelistas con un San Juan Bautista central. Este aparece adulto, como
es habitual, con pelo largo y barbado, portando el Agnus Dei en un medallón. Encima de estas
placas aparece la abreviatura del nombre de Maximiano, el influyente obispo de Rávena para el que
se realizó esta cátedra, la talla de estas placas se caracteriza por un estilo anguloso y menos
modelado.

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