Psicología Jurídica y Matrimonio en España
Psicología Jurídica y Matrimonio en España
PSICOLOGÍA
JURÍDICA DE LA
FAMILIA
IMPARTEN:
1. INTRODUCCIÓN AL DERECHO DE FAMILIA
4. RESUMEN
1. INTRODUCCIÓN AL DERECHO DE FAMILIA
El Derecho de Familia está constituido genéricamente por un conjunto de normas que disciplinan el
fenómeno familiar, y reconocido como realidad social, es susceptible de regulación enmarcada en el
ámbito de estudio de esta rama jurídica al amparo de tres grandes instituciones tradicionales:
El Derecho de familia, desde un punto de vista subjetivo, está formado por las facultades o poderes
que nacen de las relaciones en el seno del grupo familiar respecto de sus miembros -
ascendientes, descendientes, colaterales y afines de un linaje- para el cumplimiento y desenvolvimiento
de la dinámica propia de la entidad familiar. Desde un punto de vista objetivo, podemos considerarlo como
el conjunto de normas o preceptos que regulan esas relaciones personales y patrimoniales de los
pertenecientes a la familia entre sí y respecto a terceros. Desde el punto de vista del área de la Psicología
Jurídica, es relevante, fundamentalmente respecto a los procesos de separación y divorcio.
A continuación, haremos un poco de historia, volviendo hacia atrás y señalando los momentos y
acontecimientos más importantes.
Hace ya más de dos décadas que fue aprobada la llamada Ley del Divorcio. Fue en 1981 cuando
surge dicha Ley en España, año en el que había aproximadamente un cuarto de millón de personas
separadas, que tras la aprobación de esta pudieron regularizar su situación, pero no sin una gran polémica.
En un país que se encontraba en plena transición de una dictadura en la que la religión católica se
declaraba una de los pilares del Estado, aun Estado aconfesional en el que se legitimaban las libertades
de los individuos, proponer la posibilidad de disolución del matrimonio se consideraba, por ciertos
sectores, un ataque directo a una de las instituciones, la familia, que mantenía la organización del Estado.
Desde ese momento hasta hoy día ha habido muchos cambios en España y el concepto de familia
es muy diferente del que tenían nuestros abuelos. El prototipo ideal de familia en los últimos años, desde
el punto de vista sociológico de equilibrio familiar de clase media urbana, era la compuesta por la pareja
y los hijos, por considerarse la formación que maximiza costes y beneficios.
Sin embargo, en los últimos años el índice de natalidad ha disminuido en España, y este modelo
de familia “moderna” ha pasado de dos hijos s tener uno o ninguno.
En los últimos tiempos se está produciendo un declive de los valores familiares y colectivos,
dándose un privilegio a la felicidad personal y respecto de la familia, de modo que si un matrimonio no
funciona o no es satisfactorio, no se considera obligado a permanecer unido por el bien de los niños.
La Ley 30/81 de 7 julio no tenía otro antecedente histórico en nuestro país que la Ley del Divorcio
de la Segunda República, de 2 de marzo de 1932, inmediatamente derogada tras la victoria de las tropas de
Franco en la Guerra Civil. La nueva Ley del Divorcio vino a proporcionar un marco jurídico para que se
pudieran introducir esos cambios y flexibilidad en la estructura de la familia.
Esta ley que comentamos abrió una puerta, en su redacción del artículo 92 del Código Civil, para
que los Jueces pudieran contar con la asesoría de especialistas, en particular los psicólogos, a la hora de
tomar decisiones en el mejor interés del niño al disolverse el matrimonio.
Con respecto a la guarda y custodia de los menores se pueden señalar diferentes etapas, en las
que en su mayoría, la guarda y custodia se les entregaba a los padres, hasta llegar a la época de la revolución
Industrial, en la que los Jueces permitieron que se pusieran a los niños por debajo de los siete años bajo
la custodia de su padre o de su madre indistintamente.
Desde esa posición se ha variado notablemente poco hasta la actualidad, pasando por fases en
que se consideró que no debía asignarse la custodia al progenitor no apto o incapaz, que generalmente se
valoraba en términos “morales”, desde la falta de afectuosidad hasta el alcoholismo; pasando también
por un período de consideración de la tierna infancia, que apoya la idea de que los niños, especialmente
los más pequeños, deberían permanecer bajo la custodia de la madre; para llegar actualmente, a
cuestionarse lo absoluto de esa posición, a la más extendida doctrina del mejor interés, que propone que
la custodia ha de decidirse basándose en el parámetro del bienestar del niño.
En un intento de búsqueda de modelos de evaluación globales e interactivos, podemos citar cinco
principios básicos para la determinación de la custodia, propuestos por Coy y Benito (1993):
1. Las decisiones sobre la custodia deberían ser una de las partes del proceso de cambio evolutivo
de la familia.
2. Los lazos y la continuidad familiar tienen una importancia que va más allá del divorcio.
3. La historia de enfermedad mental de uno de los progenitores no es razón suficiente para pensar
que esa persona no es un padre/madre adecuado o efectivo.
4. los valores predominantes con respecto al estilo de familia no correlacionan necesariamente con
la competencia como padre/madre.
5. La opinión de los niños en las disputas sobre su custodia tiene importancia, pero es sólo una parte
de la evaluación y, por sí solo no debería, ni mucho menos, determinar la decisión sobre custodia.
Según Vicente y Pilar de Luis (1998), a las alternativas de custodia mencionadas, se deberían
incluir los siguientes aspectos:
El sistema judicial de nuestro país viene regulado por la Ley Orgánica 6/1985, del Poder Judicial.
Existen, en la actualidad, los Juzgados de Paz, que sólo se hallan en los municipios donde no existe
Juzgado e Primera Instancia e Instrucción y que son servidos por Jueces no profesionales del derecho,
que tienen competencia en cuestiones de muy escasa importancia en los ámbitos civil y penal.
Existen también Juzgados de Menores, dedicados a tramitar los procedimientos por la comisión
de actos delictivos por jóvenes menores de 16 años. Juzgados e lo Social, competentes en materia de
Derecho de Trabajo. Juzgados de Vigilancia Penitenciaria, encargados de la supervisión del curso del
tratamiento de los internos en prisión.
El siguiente nivel dentro de la Administración de Justicia, son las Audiencias Provinciales, con
competencias en materia civil para conocer de los recursos contra las resoluciones de los Juzgados de
Primera Instancia y de Familia; y en materia penal, para conocer de los recursos contra las de los Juzgados
de lo Penal y de Menores.
Con competencia que se extiende al territorio de las Comunidades Autónomas, existen los
Tribunales Superiores de Justicia, que conocen ordinariamente de cuestiones contencioso-administrativas
y laborales y, excepcionalmente, de asuntos penales y/o civiles.
Finalmente encontramos el Tribunal Supremo, que es el órgano superior de la justicia de todas
España, que conoce de asuntos de todos los órdenes jurisdiccionales, pero sólo en el grado de recurso de
casación y de revisión.
Con respecto al derecho de Familia español, que fue reformado en 1981 por la Ley 30/81 en la
que, además de introducirse la posibilidad del divorcio, se reordenaba otra serie de extremos de las
relaciones familiares, introduciendo también la figura de la nulidad civil del matrimonio, además de la
separación y el propio divorcio. La separación judicial del matrimonio puede alcanzarse por acuerdo
mutuo (artículo 81 del Código Civil) o, en caso de desacuerdo, precisor de la concurrencia de una serie
de causas 8artículo 82 C. C.).
El divorcio, sin embrago, siempre requiere la concurrencia de una causa objetiva, aunque ésta
sólo consiste en el transcurso de unos determinados plazos de tiempo según las distintas circunstancias
(artículo 86 C. C.).
La propia Ley establece una serie de criterios generales para procurar el interés de los menores,
entre los que figuran intentar “no separar” a los hermanos, etc.
Posteriormente se promulgó, el 11 de noviembre de 1987, otra Ley (la 21/87), por la que se
modificaban determinados artículos del Código Civil y de la Ley de Enjuiciamiento Civil en materia de
adopción.
También se promulgó, el 15 de enero de 1996, la Ley Orgánica 1/96, de Protección Jurídica del
Menor, que hace especial mención a la adopción internacional de menores.
Es en este orden jurisdiccional donde primero fueron llamados los psicólogos a dictaminar y, además,
es donde con enorme diferencia siguen solicitando los jueces mayor número de peritaciones, tanto a los
profesionales que forman parte de las plantillas de los juzgados de familia, como a los que ejercen
liberalmente la profesión, directamente o a través de los mal llamados “turnos de oficio” que se están
organizando en las distintas delegaciones del COP.
Desde el punto de vista jurídico, los tipos de procedimiento posibles en un juzgado e familia son
las separaciones conyugales y los divorcios; atribuciones de guarda y custodia en pareja no casada,
nulidades civiles de matrimonio, etc. Y la intervención del psicólogo puede ser requerida en cualesquiera
de tales procedimientos, ya sea para solventar los problemas más habituales, ya sea para aclarar algún
punto específico.
Así, seguidamente vamos a presentar la clasificación, ya formulada en trabajos anteriores (por ej.
Ibáñez, V. J. Y De Luis, P., 1990), de los tipos de casos en que suele requerirse la actuación del psicólogo:
• Evaluación de las causas psicológicas de nulidad civil del matrimonio (Art. 73 C.C.).
• Evaluación en casos de consentimiento de matrimonio de menores de edad.
• Exclusiones de patria potestad.
Y, los más habituales:
• Cuestiones sobre guarda y custodia (Art. 92 C. C.) que son el cuerpo principal de la actividad,
distinguiendo:
-Atribución inicial
-Cambios de custodia
-Valoración de la influencia psicológica de cambios en el entorno
parental (paterno/materno)
-Seguimientos técnicos y programa de intervención (indicaciones sobre la necesidad de
introducir variaciones o, incluso, cambios de custodia; en relación con el Ministerio
fiscal)
• Diseños y supervisión técnica de los programas de regímenes de visitas
• Adopciones: evaluaciones psicológicas de los implicados en este tipo de procedimientos, a tenor
de los establecido en la mencionada Ley 21/87.
En cuanto al origen etimológico del término matrimonio, la explicación más aceptada es la compuesta
por matris munium. Gravamen o cuidado de la madre, interesando la idea de protección de la madre a
través de la institución del matrimonio como garantía de cumplimiento de los deberes del hombre hacia
la madre de sus hijos.
El término matrimonio se caracterizada por una doble acepción, con significado de vínculo
conyugal o como acto constitutivo de la relación. El Código Civil no define expresamente el concepto
legal de matrimonio, declarando tan sólo en el art. 68 Cc. las notas o características propias de esa
modalidad de comunidad de vida: obligación de convivencia, fidelidad, socorro mutuo, etc.
Durante el S XVII se concebía como un contrato, teoría admitida incluso por los canonistas, y
más recientemente como argumento para aquellos partidarios que justificaban la intervención del Estado
en la institución matrimonial.
En cuanto a las clases de matrimonio, podemos distinguir entre el matrimonio canónico o sacramental,
celebrado conforme a las leyes de la Iglesia, que a su vez y por razón de su consumación matiza entre el
rato y el consumado, y el matrimonio civil, celebrado con arreglo a la ley civil, diferenciados por su
naturaleza, forma de celebración y efectos.
Por último, según su fuerza obligatoria, cabe señalar el matrimonio válido, lícito o ilícito,
celebrado con todas las condiciones de validez y firmeza, mediando o no impedimento o infracción legal
respectivamente, y el matrimonio nulo, celebrado con impedimento, ya sea conocido -nulidad notoria y
/ o desconocida para uno o ambos cónyuges- , bien sea putativo -por buena fe o ignorancia excusable de
uno o ambos cónyuges- , al que se le confieren determinados efectos.
B. Formas de matrimonio
Como hemos mencionado indirectamente con anterioridad, podemos distinguir dos tipos de
matrimonio: el matrimonio canónico, el matrimonio civil y El matrimonio civil en forma religiosa no
canónica.
• El matrimonio canónico
La institución matrimonial en forma canónica distingue por razón del cumplimiento de sus requisitos
esenciales entre matrimonio canónico -celebrado entre bautizados- y legítimo - entre no bautizados- .El
canónico puede ser válido o verdadero (celebrado sin impedimento dirimente), que a su vez se divide en
rato y consumado y el nulo o inválido (celebrado con impedimento dirimente, defecto sustancial de forma
o sin consentimiento ).
-Inexistencia de impedimentos, que pueden ser dirimentes -invalidantes del matrimonio- e impedientes o
prohibitivos -determinantes de ilicitud- .Estos impedimentos dirimentes pueden provenir de la falta de
aptitud física (edad, impotencia), de la falta de consentimiento, de la incompatibilidad de estado
(disparidad de cultos, profesión religiosa, voto de castidad), por parentesco (consanguinidad, afinidad,
pública honestidad, adopción), o por delito (crimen).
-Observancia de la forma de celebración, que según lo dispuesto por el canon 1100 solamente otorga validez a
«aquellos matrimonios que se contraen ante el ordinario del lugar o el párroco, o un sacerdote o diácono delegado por uno de
ellos para que asistan, y ante dos testigos». Respecto de las formalidades civiles del matrimonio canónico el art.
59 C.c. remite a la forma religiosa en los términos acordados o autorizados por el Estado, afirmando el
art. 60 C.c. la producción de plenos efectos civiles. Tras la celebración se procederá a la inscripción
canónica en el registro matrimonial, y posteriormente a la inscripción civil mediante la presentación ante
el Registro de la certificación de la Iglesia, con arreglo a lo preceptuado por el art. 63 C.c. A su vez, el
Código Canónico dispone la excepción de matrimonio ante testigos solamente, en caso de peligro de
muerte o en su previsión, así como el denominado matrimonio de conciencia, secreto y sin proclamas,
celebrado ante párroco y testigos.
• El matrimonio civil
Según el Código Civil español, cualquier español puede contraer matrimonio, dentro o fuera de
España, ante Juez o funcionario autorizante o en la forma religiosa prevista, con atención a las siguientes
formalidades.
-Capacidad de los contrayentes sobre edad, determinados por el art. 46 C.c. (mayores de 18 años, menores
emancipados y menores no emancipados mayores de catorce años con dispensa judicial), y sobre libertad
de estado (imposibilidad para los ligados con vínculo subsistente).
-Consentimiento de los contrayentes, con sanción de nulidad para los supuestos de falta o vicio. El art. 55 C.c.
admite el mecanismo de apoderamiento para el matrimonio excepcional por mandatario.
-Inexistencia de impedimentos señalados por los arts. 46 y 47 C.c. como dirimentes e impidientes, de
consanguinidad (parientes en 1ínea recta y colaterales hasta el tercer grado); de adopción (parientes en
línea recta por adopción) y de crimen, a los condenados en sentencia firme como autores o cómplices de
muerte dolosa del cónyuge. En virtud de lo establecido por el art. 48 C.c., la dispensa del impedimento
de crimen corresponde al Ministro de Justicia a instancia de parte, y la competencia para los de edad y
consanguinidad de colaterales hasta tercer grado se atribuye al Juez de Primera Instancia, a petición y con
justa causa.
-Observancia de la forma de celebración del matrimonio civil en forma civil de los contrayentes comparecientes
o por delegación, con sendos testigos mayores de edad, que exterioricen el consentimiento ante el Juez o
funcionado autorizante del lugar del domicilio de uno de los novios, prevista por el art. 51 C.c. La falta
de competencia o legitimación del Juez o funcionario no resulta invalidante si se hubiera procedido de
buena fe por alguno de los contrayentes. En otro orden de cosas, el art. 49 C.c. permite contraer
matrimonio a los españoles fuera de España con arreglo a la lex locus regit actum.
• El matrimonio civil en forma religiosa no canónica
Tras la Reforma de 1981 el Código Civil dispone en su art. 59 C.c. que «el consentimiento matrimonial
podrá prestarse en la forma prevista por una confesión religiosa inscrita, en los términos acordados con el Estado o, en su
defecto, autorizados por la legislación de éste», generalizándose la normativa matrimonial adoptada respecto del
matrimonio canónico a los restantes matrimonios celebrados conforme a las formas previstas por otras
confesiones religiosas, siempre que se encuentren inscritas con reconocimiento de plenos efectos civiles
(art. 60 C.c.). En este sentido, en noviembre de 1992 fueron promulgadas las leyes de aprobación de tres
acuerdos del Estado español con las minorías religiosas mayoritarias en nuestro país: judía, protestante e
islámica.
• Efectos comunes
Estos efectos comunes están basados sobre el principio de reciprocidad, reflejados en los derechos y
deberes de los cónyuges nacidos del matrimonio, tales como el deber de vida común, el de fidelidad, el
de mutuo socorro y obligación alimenticia o la potestad doméstica.
El deber de cohabitación o de vida común, se consagra en el art. 69 C.c. a cuyo tenor «los cónyuges
están obligados a vivir juntos», estableciendo la presunción de convivencia habitual o comunidad de vida
en el domicilio conyugal, fijado de común acuerdo o judicialmente, en su caso, en interés de la familia la
infracción de este deber conlleva responsabilidad de orden civil y penal.
En el plano civil, el Código Civil se refiere al «abandono injustificado del hogar» como causa de
separación del art. 82.1ª. Por su parte, en el ámbito penal, el mencionado incumplimiento del deber de
convivencia está tipificado en el art. 487 C.p. como delito de abandono de familia.
• Deber de fidelidad
El art. 68 C.c. reconoce la obligación de los cónyuges de «guardarse fidelidad» como extensión del
«deber de respeto mutuo» y exclusividad en las relaciones contemplado por el art. 66 C.c. En el mismo
sentido se pronuncia la nueva redacción introducida tras la Reforma de 1981 en los términos de
«infidelidad conyugal», como causa legítima de separación 2a del art. 81 C.c., en sustitución del antiguo
término «adulterio», cuya acepción de desigualdad fue corregida a efectos de infidelidad marido-mujer
por la Reforma de 1958.
Este deber impuesto a los cónyuges por el art. 67 C.c. reconoce el respeto y ayuda mutuos y la
obligación de asistencia completa y perfecta, bajo el principio de interés familiar. El deber alimenticio es
recíproco, y abarca todas las necesidades de la vida común, con atención a la posición económica y medios
disponibles para afrontarlo.
• Potestad doméstica
El art. 1319 C.c. dispone en su primer apartado que «cualquiera de los cónyuges podrá realizar los actos
encaminados a atender las necesidades ordinarias de la familia, encomendadas a su cuidado, conforme al uso del lugar ya
las circunstancias de la misma», en aplicación del principio de igualdad conyugal dentro del margen de
actividad conjunta en la administración y gestión de los bienes familiares.
• Efectos especiales
Se denominan así o en términos aludidos por el art. 1318.1° C.c. cargas del matrimonio, no a los
gastos ordinarios de la familia sino a los derivados del «sostenimiento de la familia» referidos por el art.
1362 C.c. que incluye la educación y alimentación de los hijos comunes, las atenciones de previsión
adecuados a los usos y circunstancias económicas, las de los hijos del otro cónyuge cuando convivan en
el hogar familiar, y las propias atenciones personales de cada cónyuge y gastos extraordinarios inevitables.
El ámbito de estos gastos de educación e instrucción obligatoria no son colacionables, pero sí los
derivados de colocación y carrera de los hijos, exigibles de conformidad con la posición económica,
aunque bajo la consideración de anticipos colacionables. Entiendo, asimismo, incluidos los gastos
sanitarios, de embarazo y funerarios producidos por los integrantes de la familia nuclear.
• Derecho de predetracción
Este derecho conocido por la doctrina como «predetracción» reconoce al cónyuge viudo, en
aplicación de cualquier régimen económico-matrimonial, la posibilidad de hacer suyos los bienes (ropas,
mobiliario, enseres) que constituyen el ajuar familiar, sin computárselos en su haber.
El ciclo evolutivo de una pareja puede ser categorizada en diferentes etapas, definidas por las
características individuales, familiares y sociales sobre las que se asienta su desarrollo.
La separación, ruptura, divorcio o disolución del matrimonio es uno de esos fenómenos. Presente
socialmente en algunos países desde hace varias décadas, en otros como el nuestro aún supone una
innovación legal relativamente reciente. Así, es posible entender que haya posturas que oscilen entre
valorar la ruptura conyugal como un paso más en el crecimiento adaptativo de una familia, como el final
de la misma o, más bien, como un episodio degenerativo que dificulta el desarrollo de los miembros que
lo sufren.
En cualquier caso, la separación de una pareja constituye una crisis de transición, cuyo resultado
suele definir una realidad familiar probablemente más complejo, aunque no por ello necesariamente más
perjudical.
Desde un modelo evolutivo de crisis, podemos concebir la separación como un proceso que transcurre
en diferentes niveles relacionados entre sí, ubicable temporalmente y contextualizable en función de las
múltiples cuestiones que deben resolverse en cada uno de sus estadios.
Kaslow (1988) propone un modelo explicativo de las fases por las que atraviesa una ruptura, al
que define como ecléctico y dialéctico, y denomina “dialéctico”. Este modelo, esquemáticamente
resumido, es el siguiente:
I. Divorcio emocional:
-Actitudes: separación física, intentos de terminar con el proceso legal, búsqueda de arreglos
económicos y sobre la custodia de los hijos.
IV. Divorcio coparental:
V. Divorcio social:
-Actitudes: finalización del divorcio, búsqueda de nuevas amistades, inicio de nuevas actividades,
exploración de nuevos intereses, estabilización del nuevo estilo de vida y de las rutinas diarias para los
hijos.
En los casos más conflictivos es fácil observar cómo el divorcio psíquico y muchas de las tareas
necesarias para lograrlo son prácticamente inalcanzables.
Una taxonomía aceptable es la expuesta por Milne (1988), quien concibe la disputa como el
resultado de la interacción entre cuatro niveles de conflictos: psicológicos, comunicacionales, sustantivos y sistémicos.
a) Conflictos psicológicos
Son privados y personales. Y los factores más potentes en los desacuerdos del divorcio. Vendrían
producidos por una disfunción en los sentimientos de bienestar emocional o de autoestima generada
paralelamente al declive de la pareja.
.Conflictos internos: Cuando dichos sentimientos afectan a uno mismo (confusión, fracaso,
inadecuación), pueden provocar conductas contradictorias que generan disputas e inducen a otros
conflictos.
.Ajuste disonante: La falta de sincronía entre los procesos de ajuste de ambos cónyuges a la ruptura
puede suponer un conflicto, cuando uno de ellos comienza a centrar su atención en nuevos
asuntos externos a la pareja mientras que el otro se encuentra aún en el inicio de su proceso de
duelo.
.Decisión de separarse: Cuando se ha tomado de forma unilateral, la falta de simetría al respecto
puede generar un ciclo de conflicto. La incapacidad o falta de voluntad para negociar la decisión
refuerza la incomprensión y tiende a provocar el inicio de problemas en otros ámbitos.
.Recuento de la ruptura: En un esfuerzo por comprender los motivos, cada individuo puede intentar
montar una explicación basada en hechos y transgresiones que suponga un repaso de la relación
y en la que las responsabilidades y las culpas siempre recaigan en el otro. La forma en que se
construye esa historia regula el alcance y tipo de conflicto.
b) Conflictos comunicacionales
El conflicto no existe sin un canal de comunicación y éste puede venir definido por la persistencia
de conflictos previos no resueltos, la ineficacia comunicativa, el empleo de estrategias determinadas o la
existencia de impedimentos estructurales.
.Conflictos previos no resueltos: Aparecen cuando se derrumban los motivos para contener las
insatisfacciones. Las discusiones sobre el pasado impiden una comunicación efectiva y la
resolución de los problemas actuales.
.Comunicación ineficaz: La capacidad para escuchar y entender determinados mensajes puede verse
afectada durante el divorcio. Cada parte implicada reacciona ante lo que supone que el otro siente
o piensa. El conflicto aumenta cuando uno siente que lo que dice está siendo incomprendido o
lo que hace mal interpretado y, por tanto, contesta desde esa perspectiva.
.Comunicación táctica: Las negociaciones y discusiones propias de una ruptura pueden llevar a utilizar
estrategias comunicativas encaminadas a obtener posiciones de poder. Una forma sería adoptar
posturas extremas con la esperanza de conseguir concesiones de la otra parte. También es posible
enviar mensajes inapropiados sobre la propia situación, con el fin de elicitar determinados efectos
en el otro. O, tal vez, intentar conducir la comunicación por terrenos ventajosos utilizando
tecnicismos, actitudes supuestamente informadas u opiniones incuestionables.
.Impedimentos estructurales: Son barreras comunicacionales propias de la situación, como el envío de
mensajes, que suelen resultar distorsionados, a través de terceras personas (abogados, hijos), o la
inexistencia de un lugar físico en el que hablar tras la ruptura.
C) Conflictos sustantivos
Forman parte de la dinámica esencial de todos los divorcios y afectan básicamente a las decisiones
sobre los hijos y las propiedades.
.Conflictos posicionales: Cada parte adopta una posición relativa respecto al asunto que se discute. El
conflicto puede resolverse por convencimiento, por cansancio o por el arbitrio de un tercero.
Pero las posiciones pueden hacerse rígidas, siendo imposible cualquier tipo de replanteamiento
que implique alguna concesión hacia el otro.
.Incompatibilidad de intereses y necesidades: Suelen implicar conflicto porque las alternativas son únicas
e indivisibles (el domicilio, los hijos) o porque los intereses de uno respecto a los bienes comunes
chocan directamente con los del otro, y cualquier tipo de reparto mermaría los intereses de los
dos.
.Recursos limitados: Cuando el dinero, el tiempo o la energía, física o mental son escasos, el reparto
de los bienes o de las responsabilidades hacia los hijos supone una dimensión que puede afectar
a la propia supervivencia económica o afectiva.
.Diferencias en conocimiento y experiencia: El abordaje de nuevas situaciones financieras o relacionales
puede provocar conflictos que suelen partir del cuestionamiento hacia el trato de los hijos,
desacuerdos respecto a sus necesidades o discrepancias educativas.
.Conflicto de valores: Acerca del estilo de vida, religi6n, ideología política o filosofía sobre el cuidado
de los hijos. Son conflictos que pueden transformarse en disputas sobre el poder, el control y la
autonomía.
d) Conflictos sistémicos
Sobrepasan a la pareja y pueden servir como expresión de la disputa y, al mismo tiempo, ser
generadores de ella. Básicamente afectan al sistema familiar y al sistema legal.
En algunas ocasiones, tras la ruptura de la pareja es imposible llegar a un acuerdo con respecto a
algunos aspectos psicosociales; en estos casos el proceso legal no sustituye al psicosocial. También en
este sentido el tiempo legal y el tiempo psicosocial son diferentes. Los procesos emocionales se inician
con anterioridad a los trámites legales y finalizan posteriormente. El Juzgado no supone un paréntesis, y
cuando la pareja sale de él, con una sentencia que acredita y regula su separación, los sentimientos
ambivalentes y las cogniciones disociativas aún requerirán del tiempo preciso para encontrar su definitivo
asentamiento. Llamamos, por tanto, proceso psico-jurídico de separación y divorcio (Bellido, Bolaños, García y
Martín, 1990) al conjunto de las interacciones entre el procedimiento legal y el psicosocial. que
influyéndose mutuamente, transcurren conectados durante un período de tiempo limitado, desligándose
cuando se ha conseguido definir una nueva realidad legalmente legitimada y psicosocialmente funcional.
En los procedimientos contenciosos, es probable que las diferentes tareas adaptativas requeridas para
llevar acabo una adecuada separación se vean mezcladas, obstaculizándose las unas con las otras y
ampliando su campo de expresión al proceso legal. En él se barajan conflictos de pareja y conflictos de
padres que, como ya hemos apuntado, requieren soluciones judiciales y psicosociales diferentes (Bolaños,
1993) .
FIGURA 1
DIMENSIONES DEL CONFLICTO PSICOJURíDICO
CONFLICTO LEGAL
CONFLICTO LEGAL
CONFLICTO CONFLICTO
DE PAREJA DE PADRES
CONFLICTO PSICOSOCIAL
La patria potestad, la guarda y custodia y el régimen de visitas son términos legales que pasan a
formar parte del vocabulario y de la vida familiar tras la ruptura. Cuando los padres no han podido
ponerse de acuerdo sobre la forma de regular la continuidad de las relaciones con sus hijos, derivan al
Juez la responsabilidad sobre una decisión tan crucial. Se da la circunstancia de que si las medidas
adoptadas no resultan eficaces o apropiadas para una de las dos partes, o para las dos, es la propia Justicia
quien debe también cargar con la responsabilidad del fracaso. Esta proyección de poder y de culpa es la
«trampa» que muchas parejas le plantean al Juez, haciéndole creer que no son capaces de resolver por sí
mismas y que solamente él puede aportar una solución.
Una situación particular se plantea cuando, después de un tiempo de convivencia continuada con
uno de los padres, el niño comienza a mostrar su deseo de vivir con el otro. A menudo ocurre este hecho
con hijos varones, próximos a la adolescencia, que piden vivir con su padre. Hay una parte lógica en ello,
que es coherente con las leyes del desarrollo: el niño necesita una mayor presencia de la figura paterna en
ese momento y el cambio no tiene por qué ser negativo si hay acuerdo entre los padres. Pero su actitud
puede estar significando una huida de las normas impuestas por la madre, con las que el padre no
concuerda y ante las cuales ejerce un rol más condescendiente. En esta discrepancia educativa, el niño
busca salir ganando. Además, si la madre no acepta el cambio y el padre lo apoya, el enfrentamiento
precisará de argumentos que justifiquen la decisión y el hijo focalizará en los aspectos maternos más
negativos. Todo ello puede plasmarse en el conflicto legal. La consecuencia final, en numerosos casos,
suele ser la ruptura de la relación maternofilial una vez modificada la medida.
En muchas ocasiones es el propio menor quien rechaza el contacto con el padre ausente del
hogar. El dolor por las consecuencias derivadas de la ruptura y los conflictos de lealtades a los que está
sometido, impiden mantener una posición neutral en el conflicto. Con su postura protege a uno de los
padres, garantiza su afecto mediante un proceso de «identificación defensiva» (Chethik y col., 1986) y, al
mismo tiempo, expresa su protesta ante una realidad que no puede aceptar. Ambos progenitores pueden
culparse mutuamente de lo que ocurre. Acusaciones de manipulaciones y de ineficacia en el trato con el
hijo no son suficientes, por sí mismas, para entender los motivos, aunque son utilizadas en el proceso
legal en un intento por responsabilizar al otro. Normalmente, el comportamiento del niño da pie al inicio
de procedimientos de ejecución de sentencia que ofrecen una difícil resolución. Una respuesta judicial
que presione al padre custodio o que obligue al menor, puede agudizar el rechazo. Los dos verán
justificada su actitud ante las iniciativas legales «agresivas» que ha promovido el padre rechazado. Por el
contrario, una actitud judicial pasiva seguramente incrementará las acusaciones paternas, quien además
descalificará a la Justicia por su falta de contundencia. El problema tiende a cronificarse porque nadie
está dispuesto a modificar su posición.
Algunos factores predictivos de la aparición de conflictos en las visitas, extraídos de la clínica, han
sido resumidos por Hodges (1986) y pueden suponer un importante instrumento preventivo:
Parece claro que la falta de concordancia respecto a la decisión de separarse y a los motivos que la
desencadenan, dificulta la posibilidad de conseguir acuerdos viables entre las partes. El domicilio, los
bienes, los hijos pueden convertirse en instrumentos de poder que otorgan el triunfo moral en la disputa.
4. RESUMEN
Adoptando una visión genérica, el Derecho de Familia está constituido por un conjunto de
normas que disciplinan el fenómeno familiar, considerado a éste como una realidad social,
es susceptible de regulación enmarcada en el ámbito de estudio de esta rama jurídica al amparo
de tres grandes instituciones tradicionales : matrimonio (constitución de la conyugalidad),filiación
(constitución de la paternidad, e instituciones cuasi-familiares (menores e incapacitados no sometidos
a patria potestad).
Podemos señalar tres puntos de vista: desde un punto de vista subjetivo, el Derecho de familia, esta
formado por las facultades o poderes que nacen de las relaciones en el seno del grupo familiar
respecto de sus miembros para el cumplimiento y desenvolvimiento de la dinámica propia de la
entidad familiar.; desde un punto de vista objetivo, podemos considerarlo como el conjunto de
normas o preceptos que regulan esas relaciones personales y patrimoniales de los pertenecientes
a la familia entre sí y respecto a terceros; y, desde el punto de vista del área de la Psicología Jurídica, es
relevante, fundamentalmente respecto a los procesos de separación y divorcio.
En los tiempos de hoy, el concepto de familia es muy diferente del que tenían nuestros abuelos.
Así, en los últimos años el índice de natalidad ha disminuido en España, y este modelo de familia
“moderna” ha pasado de dos hijos a tener uno o ninguno. De igual forma, se esta produciendo
un declive de los valores familiares y colectivos, dándose un privilegio a la felicidad personal y
respecto de la familia, de modo que si un matrimonio no funciona o no es satisfactorio, no se
considera obligado a permanecer unido por el bien de los niños.
Desde el punto de vista jurídico, los tipos de procedimiento posibles en un juzgado de familia
son las separaciones conyugales y los divorcios; atribuciones de guarda y custodia en pareja no
casada, nulidades civiles de matrimonio, etc. Y la intervención del psicólogo puede ser requerida
en cualesquiera de tales procedimientos, ya sea para solventar los problemas más habituales, ya
sea para aclarar algún punto específico. Así, algunos de los casos en que suele requerirse la
actuación de un psicólogo son:
• Evaluación de las causas psicológicas de nulidad civil del matrimonio (Art. 73 C.C.).
• Evaluación en casos de consentimiento de matrimonio de menores de edad.
• Exclusiones de patria potestad.
Y, los más habituales:
• Cuestiones sobre guarda y custodia (Art. 92 C. C.) que son el cuerpo principal de la actividad.
• Diseños y supervisión técnica de los programas de regímenes de visitas
• Adopciones: evaluaciones psicológicas de los implicados en este tipo de procedimientos, a tenor
de los establecido en la mencionada Ley 21/87.
El Código Civil no define expresamente el concepto legal de matrimonio, declarando tan sólo en
el art. 68 Cc. las notas o características propias de esa modalidad de comunidad de vida: obligación
de convivencia, fidelidad, socorro mutuo, etc.
En cuanto a las clases de matrimonio, podemos distinguir entre el matrimonio canónico o sacramental,
celebrado conforme a las leyes de la Iglesia, que a su vez y por razón de su consumación matiza
entre el rato y el consumado, y el matrimonio civil, celebrado con arreglo a la ley civil, diferenciados
por su naturaleza, forma de celebración y efectos.
El matrimonio canónico distingue por razón del cumplimiento de sus requisitos esenciales entre
matrimonio canónico -celebrado entre bautizados- y legítimo - entre no bautizados- .El canónico
puede ser válido o verdadero (celebrado sin impedimento dirimente), que a su vez se divide en
rato y consumado y el nulo o inválido (celebrado con impedimento dirimente, defecto sustancial
de forma o sin consentimiento ).
Según el Código Civil español, cualquier español puede contraer matrimonio, dentro o fuera de
España, ante Juez o funcionario autorizante o en la forma religiosa prevista, con atención a las
siguientes formalidades. Requisitos previos, como la celebración facultativa de esponsales (art. 42
y 43 C.c.) y la acreditación del expediente matrimonial tramitado conforme a la legislación del
Registro Civil, donde consten los requisitos de capacidad (art. 56 C.c.).
Los efectos comunes dentro del matrimonio están basados sobre el principio de reciprocidad,
reflejados en los derechos y deberes de los cónyuges nacidos del matrimonio, tales como el deber
de vida común, el de fidelidad, el de mutuo socorro y obligación alimenticia o la potestad
doméstica.
Por su parte, los efectos especiales dentro del matrimonio comprenden: la obligación de
levantamiento de las cargas familiares, el derecho a las “litisexpensas”, y el derecho de
predetracción.
Desde un modelo evolutivo de crisis, podemos concebir la separación como un proceso que transcurre
en diferentes niveles relacionados entre sí, ubicable temporalmente y contextualizable en función
de las múltiples cuestiones que deben resolverse en cada uno de sus estadios.
Kaslow (1988) propone un modelo explicativo de las fases por las que atraviesa una ruptura, al
que define como ecléctico y dialéctico, y denomina “dialéctico”. Este modelo es el siguiente:
-Divorcio emocional: un período de deliberación y desaliento
-Divorcio: período de compromisos legales
-Post-divorcio: un período de exploración y reequilibrio
Siguiendo a Milne (1988), podemos concebir la disputa como el resultado de la interacción entre
cuatro niveles de conflictos: conflictos psicológicos, los cuales son privados y personales, vendrían
producidos por una disfunción en los sentimientos de bienestar emocional o de autoestima
generada paralelamente al declive de la pareja, conflictos comunicacionales, ya que el conflicto no existe
sin un canal de comunicación, pudiendo venir éste definido por la persistencia de conflictos
previos no resueltos, la ineficacia comunicativa, el empleo de estrategias determinadas o la
existencia de impedimentos estructurales; conflictos sustantivos, que forman parte de la dinámica
esencial de todos los divorcios y afectan básicamente a las decisiones sobre los hijos y las
propiedades; y, conflictos sistémicos, que sobrepasan a la pareja y pueden servir como expresión de
la disputa y, al mismo tiempo, ser generadores de ella. Básicamente afectan al sistema familiar y
al sistema legal.
1. LA CRISIS MATRIMONIAL
A. La nulidad matrimonial
a.1. Causas de la nulidad matrimonial
a.2. Acción de nulidad y efectos
B. La separación
b.1. La separación de hecho
b.2. La separación judicial
2. RESUMEN
Los Juzgados de Familia son Juzgados de Primera Instancia dedicados al conocimiento exclusivo
de aquellos asuntos que podemos calificar genéricamente como Derecho de familia, Ahora bien, no todo
el Derecho de Familia es competencia de estos Juzgados, sino sólo las materias reguladas en los Títulos
IV «Del matrimonio», V «De la paternidad y filiación» y VII «De las relaciones paterno-filiales» del Libro
I del Código Civil.
Entre esos asuntos mencionados de los que se ocupa el Derecho Civil, están la suspensión y
disolución del matrimonio; los cuáles se lleva a cabo por la disolución, nulidad o separación
matrimoniales. Mientras que la nulidad se produce por causas coetáneas a la celebración, tanto la
disolución como la separación tienen lugar por causas brevenidas.
En el caso de la disolución, se produce una extinción del matrimonio con terminación de efectos
jurídicos matrimoniales sin efectos retroactivos, desde la fecha en que se decida judicialmente mediante
sentencia. En cambio, en la separación, se produce una suspensión en determinados efectos, referidos a
la comunidad de vida. Por otra parte, la nulidad en cuanto sanción civil de inexistencia por ausencia o
imperfección de las condiciones legalmente requeridas para la formación del vínculo, opera ex tunc o ex
nunc, según se trate de carácter absoluto, o relativo, en el supuesto de subsanalibilidad.
1. LA CRISIS MATRIMONIAL
Según Castán, la nulidad matrimonial puede ser definida como: “la sanción civil por ausencia o
imperfección de alguna de las condiciones legalmente requeridas para la formación del vínculo”. Por
tanto, es una imperfección del negocio jurídico matrimonial por falte de alguno de los requisitos
esenciales para la validez del acto jurídico.
Las causas que pueden determinar la ineficacia del matrimonio por esta vía aparecen en el artículo 73
CC, el cuál presenta los siguientes supuestos:
Estas causas pueden agruparse en tres grandes categorías, siguiendo a Lacruz (1990):
Nuestro Derecho impide contraer matrimonio a los que ya estén ligados, con vínculo matrimonial
(artículo. 46.2°), así como a los parientes en línea recta por consanguinidad o adopción (padre-hija,
abuela-nieto, etc.). Tampoco pueden contraer matrimonio, salvo que obtengan la correspondiente
autorización (dispensa), los condenados como autores o cómplices de la muerte dolosa del cónyuge de
cualquiera de ellos (artículo 47.3°) , los menores de edad no emancipados (artículo 46.1°) , ni entre sí los
colaterales por consanguinidad hasta el tercer grado (artículo 47.2°). Igualmente, La autorización al menor
para poder contraer matrimonio sólo le podrá ser otorgada a partir de los catorce años.
Serían las causas contempladas en los apartados 1°, 4° y 5°, del artículo 73:
• Falta de consentimiento matrimonial, que se produce, por ejemplo, en los casos de simulación
(Roca i Trías, 1991) 4.
• Error en la identidad de la persona del otro contrayente o en aquellas cualidades personales que,
por su entidad, hubiesen sido determinantes de la prestación del consentimiento.
• Cuando el consentimiento no se manifiesta de una forma libre por existir coacción o miedo grave.
También es causa de nulidad la falta de intervención del Juez, Alcalde o funcionario ante quien
deba celebrarse el matrimonio, o la ausencia en la celebración de los testigos exigidos por la ley.
La regla general sobre legitimación para pedir la acción de nulidad del matrimonio se contiene en el
art. 74 C.C. y corresponde “a los cónyuges, al Ministerio Fiscal y a cualquier persona que tenga interés
directo y legítimo”.
Esta norma constituye la regla general sobre la materia. Ahora bien, esta regla general tiene también
excepciones. Así, si la causa determinante de la nulidad fue la falta de edad, sólo podrán pedir la nulidad,
en tanto el contrayente sea menor, las personas que ostenten la responsabilidad sobre el mismo (padres,
tutores) y, en todo caso, el Ministerio Fiscal. Una vez que el contrayente alcance la mayoría de edad, sólo
él podrá ejercitar la acción. Por otro lado, si la causa de nulidad fue la existencia de error, coacción o
miedo grave, sólo podrá interponer la acción el contrayente que hubiese sufrido el vicio de la voluntad.
Entre las consecuencias que se derivan de la sentencia estimatoria de la impugnación del matrimonio
por invalidez, una vez admitida la causa de nulidad, el tribunal declarará la ineficacia del matrimonio y
será como si éste nunca se hubiese celebrado. No obstante. este efecto de «borrar» por completo la
situación anterior no se producirá respecto del contrayente o contrayentes de buena fe y respecto de los
hijos. Para todos ellos. los efectos producidos por el matrimonio ya declarado nulo. se mantienen s. de
tal modo que la declaración de nulidad vendrá a producir un efecto análogo a la disolución del vínculo.
Esta situación se conoce técnicamente con el nombre de «matrimonio putativo» (Albaladejo. 1996).
B. La separación
La separación legal de los cónyuges, tras la reforma de 1981, sólo puede obtenerse conforme a lo
dispuesto por el art. 81 del Código Civil que encabeza el Capítulo VII, ratificando el silencio que consentía
la tramitación civil de los matrimonios canónicos tras el Acuerdo con la Santa Sede de 1979 y posterior
Decreto. De esta forma, “se decretará judicialmente la separación cualquiera que sea la forma de
celebración e matrimonio”. Dicho procedimiento de separación podrá adoptarse, de conformidad con el
citado art. 81 C.C.:
1ª. “a petición de ambos cónyuges o de uno con el consentimiento del otro, una vez transcurrido el primer
año del matrimonio. Deberá necesariamente acompañarse a la demanda la propuesta de convenio regulador de la
separación conforme a los artículos 90 y 103 de este Código”. Separación consensul o por mutuo disenso
2ª. “A petición de uno de los cónyuges, cuanto el otro esté incurso en causa legal de separación”.
Separación causal o disensual.
En palabras de Díez-Picazo y Gullón (1995), «se denomina separación a una situación del matrimonio, en
la que subsistiendo el vínculo conyugal, se produce una cesación de la vida en común de los casados y se transforma el régimen
jurídico de sus respectivos derechos y obligaciones».
La diferencia esencial entre esta institución y la del divorcio radicaría en que, en el caso de la
separación, los cónyuges continúan siéndolo y, en consecuencia, no podrían contraer nuevas nupcias. A
esta situación de separación se puede llegar de dos formas distintas:
• Puede, sencillamente, consistir en una situación fáctica (decidida de común acuerdo o por uno
solo de los cónyuges sin consentimiento del otro), pero que no ha sido tramitada ante instancia
jurisdiccional.
• Puede venir decretada por el órgano judicial competente.
La primera se conoce como separación de hecho; la segunda como separación legal o judicial.
b.1. La separación de hecho
La separación de hecho es una situación fáctica pero, en modo alguno, exenta de efectos jurídicos.
Como ya hemos señalado, se suspende la situación de convivencia pero sin que se hayan observado
las formalidades legales para ello requeridas. Puede venir impuesta por uno solo de los cónyuges
(separación unilateral) o por ambos de común acuerdo (separación convencional) .
En cualquiera de sus modalidades, la separación de hecho como tal no puede considerarse como algo
ilícito, aun cuando ciertas conductas de los cónyuges que hayan abocado a esa situación, sí merezcan el
calificativo anterior.
Pese a la falta de «formalidades legales» que caracteriza a la separación de hecho, esta situación no
obstante produce unos efectos jurídicos concretos. Estos efectos no difieren ostensiblemente de los que
produce la separación judicial, sin que, por otro lado, pueda llegar a mantenerse la total identidad entre
ambas instituciones.
Este tipo de separación, llamada también legal, es la que, por la concurrencia de causas previstas en
la ley, ha sido acordada por el órgano judicial, bien a instancia de un solo cónyuge, bien a instancia de
ambos.
Con la reforma del Derecho Matrimonial operada en el año 1981, son causas de disolución del
matrimonio, además de la muerte o declaración de fallecimiento de uno de los cónyuges, el divorcio.
Estas causas de disolución del vínculo son operativas tanto si el matrimonio se ha contraído bajo forma
religiosa como civil.
Estas causas de divorcio comparten unas notas generales y comunes que pueden resumirse en el
cese efectivo de la convivencia conyugal, la separación judicial, el acuerdo mutuo de los cónyuges y la
exigibilidad de ininterrupción de plazos.
a) El cese efectivo de la convivencia conyugal durante, al menos, cinco años, permite solicitar el
divorcio sin la concurrencia de ninguna otra causa (artículo 86.4°).
b) El cese efectivo de la convivencia conyugal durante. al menos, dos años (artículo 86.3°), que
se contarían desde:
c) Por último se establece un plazo reducido de un año de cese de la convivencia conyugal (artículo
86.1° y 2°). Dicho plazo se contaría desde
Del art. 88 C.C. se deduce que la acción de divorcio se extingue bien por la muerte de cualquiera
de los cónyuges, ya sea por reconciliación, y que no produce efectos legales con posterioridad al divorcio,
sin perjuicio de la celebración de nuevo matrimonio entre los divorciados.
Entre los efectos de la acción de divorcio podemos señalar los producidos por la disolución del
vínculo con subsistencia de los efectos producidos y cesación de los deberes recíprocos entre excónyuges;
en el ámbito patrimonial, la disolución del régimen económico matrimonial. Sobre los hijos, persisten las
obligaciones de sus padres en virtud del principio de protección jurídica el art. 92 C.C.
2. RESUMEN
Los Juzgados de Familia son Juzgados de Primera Instancia dedicados al conocimiento exclusivo
de aquellos asuntos que podemos calificar genéricamente como Derecho de familia, Ahora bien,
no todo el Derecho de Familia es competencia de estos Juzgados, sino sólo las materias reguladas
en los Títulos IV «Del matrimonio», V «De la paternidad y filiación» y VII «De las relaciones
paterno-filiales» del Libro I del Código Civil.
Entre esos asuntos mencionados de los que se ocupa el Derecho Civil, están la suspensión y
disolución del matrimonio; los cuáles se lleva a cabo por la disolución, nulidad o separación
matrimoniales.
Los casos donde un matrimonio celebrado sea considerado como inválido, o bien, pese a ser
eficaz, no puede continuarse, rompiéndose, de hecho o de derecho la situación de convivencia.
En todos estos casos se habla de «crisis matrimonial». Bajo esta denominación genérica se engloban,
en realidad, tres hipótesis distintas:
.Nulidad: El matrimonio celebrado carece de efectos debido a que, en el momento de su celebración,
concurrieron ciertas circunstancias impeditivas de su plena validez. Implica una declaración de la
inexistencia del vínculo matrimonial.
.Separaci6n: El vínculo matrimonial permanece, no se disuelve, pero se relaja, en el sentido de que
desaparecen ciertas obligaciones convivenciales.
.Divorcio: Implica la disolución de un matrimonio válidamente celebrado.
Las causas que pueden determinar la ineficacia del matrimonio por esta vía aparecen en el artículo
73 CC, el cuál presenta los siguientes supuestos:
1º. El matrimonio celebrado sin consentimiento matrimonial
2º. El matrimonio celebrado entre las personas a que se refieren los arts. 46 y 47, salvo los casos
de dispensa conforme al art. 48
3º. El que se contraiga sin la intervención del Juez o funcionario ante quien deba celebrarse o sin
la de testigos
4º. El celebrado por error en la identidad de la persona del otro contrayente o en aquellas
cualidades personales que, por su identidad, hubieren sido determinantes de la prestación del
consentimiento
5º. El contraído por coacción o miedo grave. En este caso será necesario de un peritaje psicológico
que lo determine.
La separación podrá adoptarse de conformidad con el citado art. 81 C.C.:
1ª. “A petición de ambos cónyuges o de uno con el consentimiento del otro, una vez transcurrido
el primer año del matrimonio. Deberá necesariamente acompañarse a la demanda la propuesta de
convenio regulador de la separación conforme a los artículos 90 y 103 de este Código”. Separación
consensul o por mutuo disenso
2ª. “A petición de uno de los cónyuges, cuanto el otro esté incurso en causa legal de separación”. Separación
causal o disensual.
En palabras de Díez-Picazo y Gullón (1995), «se denomina separación a una situación del matrimonio, en
la que. subsistiendo el vínculo conyugal, se produce una cesación de la vida en común de los casados y se transforma
el régimen jurídico de sus respectivos derechos y obligaciones».
Con la reforma del Derecho Matrimonial operada en el año 1981, son causas de disolución del
matrimonio, además de la muerte o declaración de fallecimiento de uno de los cónyuges, el
divorcio.
Son causas de divorcio: el cese efectivo de la convivencia conyugal durante, al menos, cinco años,
permite solicitar el divorcio sin la concurrencia de ninguna otra causa (artículo 86.4°); el cese
efectivo de la convivencia conyugal durante, al menos, dos años (artículo 86.3°), y, por último, se
establece un plazo reducido de un año de cese de la convivencia conyugal (artículo 86.1° y 2°).
1. INTRODUCCIÓN
A. Clasificación de las funciones del psicólogo en los Juzgados de
Familia
B. Evaluación necesaria para determinar la guarda y custodia y
regímenes de visitas
C. El informe psicológico en separaciones familiares
c.1. Cuestiones deontológicas
c.2. Errores y problemas
c.3. El psicólogo en los temas de familia
2. RESUMEN
1. INTRODUCCIÓN
La intervención psicológica dentro de este ámbito depende de la decisión del Magistrado-Juez del Juzgado
al que el profesional se encuentre adscrito. En este sentido, en el último párrafo del artículo 92 del Código
Civil, sobre medidas para el cuidado y la educación de los hijos, se indica: “ el Juez, de oficio o a petición de los
interesados, podrá recabar el dictamen de especialistas”. El informe normalmente suele ser solicitado dentro de
uno de los procedimientos siguientes:
"...se da dentro de un contexto de crisis... En primer lugar se trata, más que de una mera evaluación forense, de
una intervenci6n múltiple en crisis, que va mucho más allá de la mera práctica pericial.
Hipotéticamente la intervención psicológica puede aquí comprender las siguientes acciones y
orientarse a estas finalidades:
1) Gestión de una intervención precoz, ante los primeros indicios de la crisis que facilite
la gestión y resolución satisfactoria de la crisis por la propia familia.
3) Diagnóstico y pronóstico del funcionamiento del sistema familiar actual (con todos sus
integrantes y componentes).
4) Pronóstico sobre la interacción del sistema familiar actual con sistemas familiares futuros
que puedan derivarse por la evolución del presente (nuevas uniones de los actuales
cónyuges y sus repercusiones en los hijos).
Los procedimientos más usuales dentro del Juzgado de Familia son las separaciones conyugales, los
divorcios (en los que caben, tanto en unos como en otras, procedimientos incidentales de medidas
provisionales, nulidades civiles, procedimientos de menor cuantía sobre atribución de guarda y custodia
en pareja no casada, etc. Pero esta distribución no afecta al psicólogo, por cuanto que su intervención
puede ser requerida en todo tipo de procedimientos, ya para solventar los problemas más habituales. ya
para aclarar algún punto específico.
A continuación te proponemos una clasificación que pretende acercarse lo más posible a la
función del psicólogo, más que hacer referencia a los tipos de procedimientos judiciales:
Pero como a esta cuestión vamos a dedicar una parte muy importante de este mismo módulo,
describiremos a continuación las evaluaciones periciales que menos frecuentes son en el contexto de estos
procedimientos.
En la misma línea de las intervenciones periciales relacionadas con la mal llamada Ley del
Divorcio, la Ley 30/81 y sus modificaciones del ordenamiento en materia de derecho matrimonial no es
tan frecuente encontrar solicitudes de evaluación de los aspectos psicológicos implicados en otros
procedimientos, aunque sí se conocen antecedentes; vamos a intentar esclarecer esta idea con algunos
ejemplos. En primer lugar podríamos señalar la cuestión de la dispensa de edad para contraer matrimonio
los menores no emancipados, para la que el párrafo segundo del artículo 48 del Código Civil, confiere
autoridad al Juez quien «...podrá dispensar con Justa causa. ..los impedimentos. ..de edad a partir de los catorce años...
»Ya constan antecedentes de solicitudes de evaluación del grado de madurez y responsabilidad, la
capacidad de toma de decisiones y el estilo de afrontamiento de los problemas por parte del menor que
solicita la dispensa y que, parece claro, son variables de tipo neta mente psicológico, cuyo dictamen puede
y debe ser efectuado por los especialistas en esa materia.
En un segundo lugar podríamos referirnos a algunas de las causas de nulidad civil del matrimonio,
especialmente aquellas a las que se refieren los apartados 4° y 5° del artículo 73 del Código Civil, entre
las que figuran el Ir. ., «error en la identidad de la persona del otro contrayente o en aquellas cualidades personales que,
por su entidad; hubieran sido determinantes de la prestaci6n del consentimiento.. »y también la Ir, ., coacción o miedo
grave.. Como decíamos en el supuesto anterior, todas las categorías mencionadas se refieren a constructos
de tipo afectivo, cognitivo o emocional; o, lo que es 1o mismo, de índole claramente psicológica y por
tanto susceptible de evaluación desde esa óptica profesional.
En último lugar, aunque no por ello menos importante, podemos citar otro supuesto; nos
referimos a los casos de privación de patria potestad de uno o ambos progenitores. El repetidamente
aludido artículo 92 del Código Civil dice, en su párrafo tercero: «En la sentencia se acordará la privación de la
patria potestad cuando en el proceso se revele justa causa para ello..,» continuando el párrafo siguiente con la misma
cuestión, En esa línea, al artículo 170 del mismo cuerpo legal se refiere a la privación de la potestad: Ir
"«por sentencia fundada en el incumplimiento de los deberes inherentes a la misma o dictada en causa criminal o
matrimonial.., »Refiriéndose también a su eventual recuperación, en el último párrafo, ...«cuando hubiere cesado
la causa que motivó la privación..», Si tenemos en cuenta que los «deberes inherentes» a la patria potestad
sobre los hijos incluyen, según el artículo 154 del mismo código, los de Ir, «..velar por ellos, ...educarlos y
procurarles una formaci6n integral..», podemos concluir que se trata de actividades, todas ellas que, además de
requerir una definición más operativa en términos de comportamiento, caen claramente en el campo de
aplicación de los conocimientos y análisis psicológicos para facilitar su mejor valoraci6n por el Juzgador
que es quien en última instancia tiene que considerarlas.
En un orden completamente distinto pero para cuyo conocimiento son igualmente competentes
los Jueces de Primera Instancia (o Familia), a tenor de lo establecido en la Ley 21/87 sobre Adopción y
acogimiento familiar muy recientemente matizada y desarrollada por la Ley Orgánica 1/96, de Protección
jurídica del menor se ha venido a ampliar de modo significativo el tipo de intervenciones que son requeridas
de los psicólogos que actúan como peritos en el sentido de recabar su dictamen tanto en procedimientos
judiciales sobre «impugnación de las tutelas» ejercidas por las entidades públicas correspondientes sobre
menores en situación de «abandono moral y material», al que la primera norma citada se refiere textualmente;
como en los relativos a acogimiento familiar y adopción.
Otro tipo de clasificaciones en función de otros criterios, diferentes del «tipo de solicitud», es de quién
proviene la petición de peritaje. En función de esa cuestión podemos establecer la siguiente clasificación:
Aunque para el procedimiento y contenido de nuestra intervención haya muy poca, o ninguna,
diferencia en función de quien sea el solicitante de la misma, sí hay opiniones que consideran procesal
mente diferentes unas de otras; así, si son las partes litigantes quienes solicitan la intervención, tendrán
que hacerlo en el momento procesal oportuno, y a tenor de lo establecido en los artículos 610 y siguientes
del la LEC, lo que, según ese punto de vista, le conferiría el carácter más puramente «pericial» y de medio
de prueba.
Si la petición de la prueba proviene del Ministerio Fiscal, en su calidad de parte interviniente en
todos los procedimientos que impliquen a menores de edad, y en defensa de los intereses de éstos, la
pura teoría establece que su solicitud de prueba pericial debería seguir los mismos pasos, mencionados
en el párrafo anterior, que los del resto de «partes» en litigio. Pero la práctica cotidiana nos enseña que
es, con mucho, más frecuente que el fiscal solicite la actuación del psicólogo, por vía de informe, cuando
se han practicado el resto de pruebas, y quedando dudas respecto ala guarda y custodia, visitas u otras
cuestiones de las señaladas en el apartado anterior, solicita del Juez que acuerde la «pericial psicológica»
como diligencia para mejor proveer, lo que directamente nos coloca en el siguiente nivel.
En línea con lo que acabamos de señalar, la última posibilidad es que la intervención del psicólogo
sea solicitada directamente por el Juez, tal como le autoriza expresamente el artículo 92 del vigente Código
Civil, bien a su propia y directa instancia, bien tras la sugerencia del Fiscal que hemos apuntado más
arriba, como diligencia para «mejor proveer» de las previstas en el artículo 340 de la LEC a las que nos
referíamos en el apartado 2° de este capítulo. Quienes sostienen la idea de una diferenciación entre las
pruebas en función de quién sea su solicitante consideran que, en este último supuesto, se trataría de una
función de asesoramiento permanente del psicólogo al Juez, más propia de los Equipos Técnicos de los
Juzgados de Familia.
Otra posible clasificación en función de las diferencias que surgen en función del momento en que
se solicita la intervención psicológica, que podría organizarse según el siguiente criterio:
El primero de estos casos haría referencia a las intervenciones psicológicas acordadas en los
procedimientos incidentales de «medidas provisionales», previos a la resolución definitiva de los-procesos
de separación o divorcio, que tienen la virtualidad de producirse en un momento más temprano del pleito,
lo que, a pesar de la desventaja que implica una evaluación con serias limitaciones de tiempo, tiene la
virtualidad de producirse en un momento en el que lo que repetidamente hemos denominado «estrés
intra-proceso» (Ibáñez y cols., 1994) , todavía no ha tenido lugar de alcanzar los niveles máximos; y
además permite la consideración de alternativas que, en el momento de la resolución definitiva, podrán
volver a ser sometidas a examen de resultados -no ya de pronósticos- en una cierta suerte de «re-test».
Las actuaciones acordadas en el período probatorio, normalmente a «instancia de parte» serían las
que más propiamente «periciales» podrían considerarse en cuanto a los criterios señalados anteriormente,
con la desventaja respecto de las anteriores de que cuanto más tiempo transcurre desde el inicio del pleito,
mayor es el nivel de tensión intra-proceso, al tiempo que más consolidadas estarán las respectivas posturas
de padres e hijos. Esta consideración alcanza sus máximos niveles en las intervenciones acordadas de
oficio por el juez, para mejor provee; ya que éstas tienen lugar, por propia definición, prácticamente en
el último momento del proceso. La única ventaja que cabría señalar en caso de haberse producido una
evaluación previa en medidas provisionales, podría ser su consideración de re-test de las alternativas
consideradas inicialmente, tal como apuntábamos al final de párrafo anterior.
Por último se puede señalar que, en ciertos casos, los jueces solicitan la intervención del psicólogo
en un momento posterior a la sentencia. Ya en un supuesto de «incidente de modificación de medidas»
por eventual cambio de circunstancias, ya en la fase procesal de «ejecución de sentencia», que tiene lugar
cuando las partes no cumplen voluntariamente los extremos acordados por el Juez en la resolución. El
primero de estos supuestos sería muy similar al resto de los descritos, por cuanto que se produce en un
incidente procesal que tiene prácticamente las mismas consideraciones que si se tratase de un pleito
nuevo; mientras que el último, relacionado con incumplimientos de resolución tiene más componentes
de solicitud de intervención «cuasi-terapéutica» que de evaluación pericial.
En lo que suele haber cierto consenso es sobre las áreas más tradicionales de evaluación
psicológica en casos de custodia disputada, procurando, si no es posible la exhaustividad, sí al menos
ofrecer un panorama amplio.
La formulación de esta área parece haber ido evolucionando conforme a la falta de evidencia
empírica de relación y capacidad de predicción de los factores o rasgos de personalidad que miden los
instrumentos al uso procedentes del ámbito clínico (MMPI, CPI, 16 PF; CAQ, EPI, Rorschach, TAT,
etc.) en cuanto a las habilidades parentales o la naturaleza de las relaciones parento-filiales, cuestiones que
tienen un evidente interés en las decisiones de custodia infantil.
Dentro de esta área es donde más conflictos ha existido, habiéndose creado multitud de
instrumentos que han tratado de «medir» la capacidad parental.
Clausen (1968) elaboró un listado de las habilidades parentales basadas en las necesidades
evolutivas de los niños, que según él habría que tener en cuenta a la hora de la evaluación:
En nuestro país, Martín (1993) hacía recientemente referencia a la capacidad relativa de los
progenitores para:
La consideración del conjunto de variables que componen esta área, agrupadas bajo el epígrafe
de adaptación general de los hijos, permite al evaluador hacer mejores predicciones del ajuste infantil
posterior, así como diseñar marcos de relaciones parento-filiales acoplados a las necesidades particulares
de cada niño, atendiendo también a la competencia de cada progenitor para apreciar con realismo estas
necesidades y compensarlas, corregirlas o satisfacerlas en mayor medida.
Son varias las cuestiones objeto de evaluación psicológica en este contexto que pueden agruparse
bajo la denominación de biografía familiar (cambios de residencia y entorno, precedentes de violencia
familiar o de separaciones familiares temporales, etc.), que en todo caso deberemos considerar. Entre
estas áreas ha considerar podemos mencionar los hábitos y/o rutinas familiares, así como las primeras
pautas de relaciones familiares (interpersonales y paternofiliales) post-ruptura.
-Variables interactivas
Hay autores que agrupan así todos los contenidos relativos a las relaciones parento-filiales o a las
interparentales que en la anterior exposición se han ido incluyendo en áreas tales como las de estilo
educativo, dinámica familiar y adaptación familiar de los hijos.
-Entorno/contexto socio-ambiental
El evaluador habrá de interesarse por la adecuación general del entorno previsible para los hijos
con cada alternativa de custodia, el número de cambios que comportaría cada opción para los hijos, así
como el control que cada progenitor percibe que tiene para afrontar esos cambios.
- Infraestructura
Bajo esta denominación suelen agruparse todas las cuestiones que hacen referencia a la viabilidad
o articulación práctica de una alternativa de custodia. Factores que hacen que las expectativas parentales
de custodia sean más o menos realistas y también, claro está, más o menos ventajosas para los hijos.
• Una metodología de trabajo
Vamos a presentar una metodología de trabajo basado en las aportaciones de Martín, 1991, 1993 y
Ramírez, 1993.
Vamos a señalar un conjunto de técnicas que se han agrupado en tres grupos, de manera un tanto
arbitraria: entrevistas, observación de interacciones, y “pruebas psicométricas” (cuestionarios, inventarios
o escalas).
El paso previo necesario al inicio de la evaluación lo constituye la lectura y examen de los autos, que
da pie al planteamiento de hipótesis iniciales en cuanto a dos aspectos fundamentales:
Aspectos que pueden ser modificados a medida que avanza la evaluación y se obtiene
información.
A. ENTREVISTAS
A estos se le puede realizar una entrevista conjunta o una entrevista individual. Lo más aconsejable
es realizar las dos, aunque dependerá del caso en cuestión.
-Entrevista conjunta
El objetivo es intentar establecer un acuerdo entre los progenitores. Las dos partes suelen estar
muy enfrentadas cuando llega, y la posibilidad de acuerdo se ciñe sólo y exclusivamente a la custodia y a
las comunicaciones con los hijos. La consecución de un acuerdo supone una ventaja de acortar la duración
del procedimiento que concluye con la resolución judicial, así como una disminución, o al menos no un
aumento, de los niveles de estrés tanto de los padres como de los hijos frente a una situación crítica.
Se comienza con una explicación de los objetivos de la intervención pericial, lo cuál favorecerá y
ayudará en cierta medida la interacción. Posteriormente, la atención se dirige, en términos generales, al
siguiente esquema:
-Expectativas ante una resolución judicial contraria: reacción y actitudes, y régimen de visitas que
se pretendería en ese caso.
-Historia de la relación con los menores: atenciones y cuidados. Juegos y actividades compartidas
(estimación del apego, obtención de información acerca de las repercusiones de la separación para
los hijos).
-Relación cotidiana con los menores: atención y cuidados. Actividades compartidas. Imposición
de normas y límites, corrección o modificación de conductas, y resolución de conflictos, teniendo
en cuenta su adecuación al estado de desarrollo evolutivo (estilos educativos y adecuación;
repercusiones de la separación).
-Descripción de los menores. Comparación con la del otro padre y con la obtenida de los propios
niños (grado de conocimiento y percepción de sus características, deseos y necesidades).
-Red de apoyo social. Qué personas estarían también implicadas con la alternativa que se presenta
en relación con los menores. Si han tenido relación con ellos y cuál es su implicación. Tipos de
apoyo: adecuados o inadecuados por exceso o por defecto (delegación inadecuada de funciones,
discriminación al otro progenitor, conveniencia para los hijos de los apoyos planteados, ruptura
de su estilo de vida o continuidad, etc.).
-Actividad laboral y de otros tipos compatibilidad con el proyecto, satisfacción o ajuste, etc).
-Información proporcionada a los menores sobre la situación familiar (adecuación, distorsión,
imagen del otro, etc.).
-Opinión o conocimiento con respecto a la percepción de los menores y a sus preferencias (nivel
de comunicación, posibles influencias sobre ellos, respeto a sus decisiones, comparación con otras
fuentes de información, etc.).
-Relación pasada y actual con los menores 8importancia y naturaleza, apego, provisionalidad, etc.).
-A profesionales
En este caso se seguirán pasos diferentes al caso anterior, esto es evidente, no sólo por la
diferencia de edad, sino también por el nivel cognitivo o estado emocional, así como por la información
que el menor puede tener de la situación familiar. Por todo, el esquema que se presenta es muy general y
flexible, sin olvidar que la forma de preguntar debe ser un aspecto muy cuidado con el objetivo de obtener
la mayor información posible Garbarino, Scott, et al., 1993).
-Razones de evaluación. Conviene en primer lugar comprobar qué es lo que el menor sabe sobre
la separación y del objeto de la evaluación, y en función de ello proporcionar información y
aclaraciones pertinentes, además de explicar qué es lo que se va hacer, cuánto tiempo durará la
evaluación, etc...
-Ámbito escolar. En términos generales, se trata de valorar la adaptación en esta área, y poner
esto en relación con las opciones alternativas y la conveniencia de mantener la continuidad en el
estilo de vida. Para ello se valora aspectos tales como relaciones con los profesores, con los
compañeros, rendimiento, aplicación, satisfacción, etc..
-Ámbito relacional y de ocio. Con el mismo objetivo que en el caso anterior: relaciones con los
iguales, aficiones, juegos, deportes, etc..
-Ámbito familiar. Evidentemente, el área más importante y más complicada de evaluar, por la
reactividad que comporta, además de otras circunstancias, como influencias dirigidas a fortalecer
o debilitar una opción, sesgos en la percepción del propio menor sobre la separación, etc.. Se
trata de valorar la adecuación de la organización cotidiana y la de los fines de semana, las posibles
influencias recíprocas sobre la imagen del otro padre, y las interacciones con cada uno de ellos en
l a situación actual, crítica, así como la historia de relación. Se pretende conocer qué opción
supone menos cambios para los hijos y cuál añadiría menores problemas de adaptación o ajuste,
así como determinar si existe alguna causa de carácter excluyente como maltrato, abusos sexuales,
u otras.
B. OBSERVACIÓN DE INTERACCIONES
Los aspectos relacionales tienen una importancia fundamental para la determinación de la guarda
y custodia, así como la viabilidad o detalles de un régimen de visitas. Sin embargo, la ausencia de un
método sistemático de recogida de información hace que no se pueda garantizar unos niveles mínimos
de fiabilidad y validez.
Entre algunos de los procedimientos que existen para evaluar las interacciones paterno-filiales
están: el Sistema SOC-III, de Walher y otros autores, adaptado por Cerezo, con los problemas prácticos
añadidos de requerir observadores experimentados diferentes al evaluador, y varias sesiones de
observación en un marco natural; otro procedimiento es el de Toub para la evaluación de interacciones
madre-hijo, de carácter situacional, rápido y con situaciones preestablecidas de juego e instrucción;
también tenemos el método de observación de interacciones padre-hijo para la solución de problemas de
Reiss.
-Menor-adulto: para aquellos casos en los que se plantea la conveniencia de modificar un sistema
de visitas o comunicaciones, instaurarlo o restaurarlo.
-Entre hermanos: para aquellos casos, poco frecuentes, en los que se encuentran separados.
C. PRUEBAS PSICOMÉTRICAS
Pero el influjo del ámbito clínico es evidente no sólo a nivel de marco teórico de referencia, sino
también en el bagaje técnico de los profesionales de éste y otros campos de la Psicología Forense. Así
pues, a continuación vamos a relacionar los tests tradicionales de la clínica más usados en este ámbito
siguiendo el estudio hecho al respecto por Keilin y Bloom (1986) en EEUU. y haremos una revisión
crítica de su aplicación a las evaluaciones de custodia.
Por lo que se refiere a medidas de inteligencia sin duda las más empleadas son las Escalas Wechsler
(W AIS-R y WISC-R) .Keilin y Bloom señalan en segundo lugar la Escala de Desarrollo Intelectual de
Stanfor-Binet revisada (SB-4).
Hysjulien en su reciente revisión (Hysjulien y otros, 1994) señala que pese a su frecuente uso
tenemos escasa evidencia empírica de su validez predictora en las evaluaciones de custodia infantil, más
allá de la relación entre bajo cociente intelectual de los padres y comportamiento parental abusivo y/o
negligente detectado en estudios como el de Taylor y otros (1991).
En cuanto a medidas de personalidad, el estudio precitado de Keilin y Bloom (1986) señala que
el MMPI es usado en el 87.8% de las evaluaciones de custodia por ellos revisadas, aunque en absoluto
significa que estas cifras sean generalizables a nuestro entorno. Le siguen a la zaga el Inventario de Millon
(MCMI-II), los Cuestionarios de Personalidad de Eysenck (EPI. EPQ), el 16 PF de Cattell y el Inventario
Psicológico de California (CPI). Así como las siguientes pruebas proyectivas: el Rorschach, el Test de
Apercepción Temática (TAT) y su versión para niños (CAT) y el Test de la Familia O el Casa. Arbol
Persona (HTP).
Ollendick y Otto (1984) condujeron una investigación para comparar en base al MMPI a
progenitores que recibían o no la custodia de sus hijos tras el divorcio y en sus conclusiones
recomendaban mucha prudencia con el empleo de la prueba como instrumento de selecci6n de padres idóneos
para la custodia.
Por otra parte los problemas de validación inherentes a las pruebas proyectivas (Fernández
Ballesteros, 1983) hacen su uso aún más controvertido en un ámbito en que el experto ha de defender
ante un tribunal sus conclusiones (Gardner, 1982; Karras y Berry, 1985).
El balance final del uso de tests psicológicos en este contexto arroja, al menos, tantas sombras
como luces. Pueden ofrecer información valiosa en una evaluación forense relacionada con la custodia,
pero también presentan serias limitaciones, principalmente porque, como señalan multitud de autores
(Brodzinsky, 1993; Grisso, 1986; Weithorn y Grisso, 1987), dichos tests no fueron desarrollados para
propósitos forenses y desconocemos hasta qué punto son válidos para contestar a las cuestiones
concretas que se le plantean desde el plano jurídico aun experto.
Brodzinsky (1993) enumera una serie de factores que, según él, pueden explicar el uso indebido
y el abuso de los tests psicológicos en las evaluaciones forenses en general y de custodia en particular:
• La mitología del test y la presión legal: Se usan como «escudo» en las ratificaciones y
para hacer frente a los contrainformes dada su respetabilidad científica
• El desconocimiento por parte de muchos psicólogos de las cuestiones legales
implicadas en un procedimiento de custodia y del manejo que en el mismo pueda
hacerse de la información por ellos aportada
• La competencia interprofesional: No olvidemos que tradicionalmente el psicólogo se
ha diferenciado de otros profesionales del ámbito forense (psiquiatras y asistentes
sociales) en que administra tests
• simplemente los incentivos económicos que conlleva la administración de tests
Las limitaciones que, según se ha ido viendo, presenta el uso de tests psicológicos tradicionales
en las evaluaciones de custodia, han propiciado que los profesionales hayan ido proponiendo métodos
alternativos con los que obtener información más relevante, más pertinente para los propósitos forenses.
A continuación vamos a enumerar y describir brevemente una serie de instrumentos procedentes todos
ellos del contexto anglosajón, que si bien van dirigidos a obtener información más relevante para las
decisiones de custodia que la aportada por los tests psicológicos tradicionales, en su mayoría inicialmente
tampoco fueron desarrollados para propósitos forenses.
El profesor Ávila recogía en uno de los capítulos del libro de Garzón (1989) algunos de estos
instrumentos de evaluación forense. Entre los que exploran la capacidad, estilo y/o actitudes
parentales (parenting) a través de autoinforme, probablemente el instrumento más conocido y que más
atención e investigación ha suscitado sea el Parental Attitude Research Instrument (PARI) de
Schaefer y Bell (1958) .Grisso (1986) señala ciertas limitaciones de este instrumento: diseñado con fines
de investigación, no para su uso clínico ni forense, influenciado por el efecto de la aquiescencia y con
poder discriminativo relativo si se controla el nivel educativo. Pero también destaca sus virtudes: adecuada
base conceptual, reconocida validez de constructo, buena fiabilidad test-retest y disponibilidad de datos
normativos.
En esta categoría también podrían incluirse instrumentos bastante más modernos recogidos
igualmente por Grisso (1986) tales como: el Single Parenting Questionnaire (SPQ) de Stolberg y
Ullmann (1983), que presenta la ventaja de haber sido desarrollado precisamente en base a las
investigaciones sobre el ajuste post divorcio de padres e hijos, pero cuyo desarrollo psicométrico es
bastante pobre. También la escala Mother-Child Relationship Evaluation de Roth (1980) traducida
sin baremar por el Departamento de Psicología Biológica y de la Salud de la Universidad Autónoma de
Madrid (Sebastián y otros, 1984) , que presenta el inconveniente de no disponer de tipificación para
padres.
En el grupo de instrumentos que exploran el comportamiento parental pero a través del informe
filial del mismo, se sitúan dos instrumentos clásicos: el Child's Report of Parental Behavior Inventory
(CRPBI) de Schaefer (1965) y el Bronfenbrenner Parent Behavior Questionnaire (BPB) de
Siegelman (1965). Ambos desarrollados con fines de investigación y cuyo análisis factorial revel6
dimensiones bastante parecidas, según se recoge en la revisi6n de Goldin (1969).
Grisso (1986) apunta que este tipo de instrumentos ofrece muchas posibilidades en las
evaluaciones de custodia, en tanto que indicadores de la conducta parental pero también de las
percepciones filiales, parte sin duda importante del estándar legal de las preferencias de los hijos, que de
esta manera pueden cuantificarse y además ser exploradas separada y no comparativamente, con la
consiguiente ventaja de reducir posibles sentimientos de culpa en los niños «por elegir».
Es posible sin embargo que la apuesta de futuro sean instrumentos que sin renunciar a las debidas
cualidades psicométricas, sean por su extensión más aplicables a ámbitos de evaluación como el forense,
en el cual se usan medidas múltiples. En esta línea podría situarse el Parent Perception Inventory (PPI)
de Hazzard y colaboradores (1983), traducido por CINTECO y cuya aplicaci6n al terreno de las
evaluaciones de custodia hemos comenzado ya a explorar los propios autores de este texto (Ramírez y
otros, 1994).
Otro instrumento interesante a nuestros prop6sitos forenses puede ser el Child Abuse
Potentiallnventory (CAPI) de Milner (1980) que actualmente está siendo adaptado a poblaci6n española
por De Paúl y Arruabarrena de la Universidad del País Vasco (con sede en Bilbao) .Grisso ( 1986) destaca
sus buenas cualidades psicométricas y su aparentemente alta capacidad para discriminar padres que tienen
un comportamiento abusivo hacia sus hijos de padres que no presentan tal comportamiento, aunque no
se disponga aún de suficientes datos sobre su capacidad de
predicción en la poblaci6n general.
El CAPI no es por tanto un instrumento para evaluar la capacidad o estilo parental en general,
sino que se presenta como una herramienta prometedora para detectar potenciales situaciones de riesgo
para el bienestar de los menores, cuesti6n básica no sólo en asuntos de custodia infantil sino también y
muy especialmente en asuntos de protección de menores que son también objeto de evaluación
psicológica en los Juzgados de Familia.
El paulatino desplazamiento del foco de atención hacia los hijos al que se aludía al hablar de la
evolución de los criterios de atribución de la custodia infantil, ha contribuido también al desarrollo de
instrumentos dirigidos a explorar la experiencia que los niños tienen del divorcio parental y no sólo la
percepción que tienen los padres de la adaptación de los hijos en estas circunstancias.
En esta línea pueden ser útiles instrumentos tales como la escala Children's Attitudes and Self
perceptions desarrollada por Pedro-Carroll y Cowen (1985) como parte de su programa de intervención
preventiva con niños de padres divorciados.
También parece digna de mención, la Children's Beliefs About Parental Divorce Scale
(CBAPS) de Kurdek y Berg (1987), cuya aplicación al ámbito forense en nuestro país también está ya
siendo explorada en la actualidad (Ramírez, 1997).
Por último, vamos a referirnos a algunas de las técnicas e instrumentos desarrollados ad hoc, esto es,
precisamente para su uso en las evaluaciones de custodia.
Lo más frecuente son las entrevistas con diferente grado de estructuración, dirigidas tanto a
padres como a hijos. De ellas son buen ejemplo las aportadas por Cardner (1982) o las elaboradas por
diferentes autores (Defrain-Eirick, Watson, Kurdek, etc.), que han sido adaptadas por Carda Moreno
(1984).
Pero existen otras apuestas metodológicas diferentes. Por ejemplo, McDermott y colaboradores
(1987) diseñaron un sistema de codificación de las interacciones parento-filiales, Parent-Child
Interaction Test. Aunque desgraciadamente los autores no aportaban datos de fiabilidad y validez, y
además al parecer en la actualidad ni siquiera se halla disponible (Hysjulien y otros, 1994) .
Otra aproximación interesante son las Bricklin perceptual Scales (BPS) (Bricklin, 1984 y 1990)
.Se trata de un instrumento de 64 items (32 por cada padre) que explora la percepción que tienen los hijos
del funcionamiento de cada uno de sus padres en cuatro áreas: competencia, apoyo, coherencia y posesión
de «rasgos admirables de carácter». Se trata de una sofisticada prueba proyectiva dirigida a explorar las
«preferencias inconscientes» de los niños. El autor aporta algunos datos de validez convergente.
Finalmente, cabe señalar que, aunque escasas, existen algunas aportaciones metodológicas en este
ámbito, que, tanto por su pretensión de globalidad como por el grado de estructuración de su contenido,
merecen ser consideradas como modelos/procedimientos generales de evaluación psicológica en
procesos de custodia disputada. Entre ellas destacar las propuestas metodológicas hechas por Marafiote
(1985) y por Schutz y colaboradores (1989). Ambas se caracterizan por adoptar una posición muy crítica
frente a los modelos tradicionales de evaluación en casos de custodia y proponer métodos estandarizados
que se caracterizan por el uso de medidas múltiples, obtenidas mediante la combinación de diversas
técnicas: autoinformes, entrevistas semiestructuradas y observaciones conductuales de la interacción
parento-filial.
Sirva como colofón de este epígrafe el resumen de las que parecen ser las principales carencias y
necesidades en la praxis pericia/ en este ámbito a nivel nacional:
• Falta en nuestro país de estudios rigurosos y amplios sobre el impacto del divorcio en padres
e hijos, que nos lleva a estar manejando criterios con sustento empírico proveniente de
contextos sociolegales muy distintos al nuestro.
• Imprecisión en los criterios tanto a nivel legal como psicológico, aun- que en los últimos años
los profesionales del ámbito estemos haciendo un notable esfuerzo por definir cuando menos
indicadores y áreas a considerar en las evaluaciones de custodia (Martín, 1992; Ramírez,
1992a).
• Carencia tanto de modelos que permitan estructurar las variables psicológicas de interés,
como de instrumentos de evaluación forense adaptados a nuestro marco legal (Ávila, 1987 y
1992) .Recientes revisiones de informes pericia les emitidos en los Juzgados de Familia
constatan el uso predominante, casi exclusivo, de entrevistas semiestructuradas,
observaciones no sistemáticas y test tradicionales del ámbito clínico.
• Ausencia de publicaciones referidas a la metodología. Una de las pocas propuestas hechas
puede encontrarse en García Moreno (1984).
A este panorama se suman también las características idiosincrásicas de la evaluación en este tipo
de contexto legal (necesidad de ceñirse a los plazos probatorios, distorsiones del papel del psicólogo en
medio de los litigios, etc.) .Pero para los profesionales de este ámbito cada dificultad ha de suponer un
reto, porque, como apuntan Ibáñez y Ávila (1989) : «La creciente importancia que la prueba pericial
psicológica está cobrando dentro del ordenamiento jurídico español, justifica la necesidad de que los
psicólogos realicemos un especial esfuerzo por depurar la calidad de nuestras prácticas en este área de
intervención psicológica» (pág. 294).
Sobre este punto habría que insistir en la necesidad de conocer en profundidad el Código
Deontológico, para lo cual sería conveniente:
-Que nuestro Código Deontológico fuese divulgado por todo el colectivo de psicólogos, para ello
sería necesario que se introdujera en el plan de estudios de la licenciatura y de postgrado. (artículo
61 del CD: “...procurarán asimismo que los principios aquí expuestos sean objeto de estudio por
todos los estudiantes de Psicología en las Universidades”)
-Que el Colegio Oficial de Psicólogos interviniese en una promulgación del Código entre los
colegiados. También las Comisiones Deontológicas deberían tener una función disciplinaria y una
función consultiva, resolviendo dudas concretas de los colegados y evitaría que se produjesen
muchos errores por parte de estos a la hora de realizar informes periciales.
Otro de los problemas que suele aparecer con frecuencia (Batres, 1998), son: el exceso de
etiquetas. Concretamente, dentro del tema que estamos tratando, se recomienda que no se patologice a
ninguno de sus miembros, dadas las malas interpretaciones y mal uso que puede hacerse posteriormente
de los rótulos asignados ( artículo 12 del CD: “especialmente en sus informes escritos el psicólogo/a será sumamente
cauto, prudente y crítico, frente a nociones que fácilmente degeneran en etiquetas devaluadoras y discriminatorias, del género
de normal/anormal, adaptado/inadaptado o inteligente/deficiente”).
Como señala Carmen Batres 81998) en los informes de Psicología Jurídica hay que ser consciente
de los alcances y las limitaciones que en cada momento pueda tener nuestra intervención y exponerlo en
los informes que se nos requieran, reconociendo asimismo nuestras limitaciones, así como las limitaciones
y alcances de lo que expresamos. (Artículo 48 del CD: “Los informes psicológicos habrán de ser claros, precisos,
rigurosos e inteligibles para su destinatario. Deberán expresar su alcance y limitaciones, el grado de certidumbre que acerca
de sus varios contenidos posea el informante, sus carácter actual o temporal, las técnicas utilizadas para su elaboración,
haciendo constar en todo caso los datos del profesional que lo emite”).
Además, el profesional que se enfrente a este tipo de tareas, debe ser conocedor de una serie de
cuestiones que mencionamos a continuación:
En segundo lugar habrá que entender las reacciones de los menores ante la ruptura de sus
padres, conociendo los resultados de los estudios sobre el tema y relacionándolo distintas
variables como edad, sexo, adaptación, dinámica familiar previa, etc.
-Profundización en l as peculiaridades concretas que un proceso contencioso de ruptura tiene, así
como en las dinámicas que se producen entre los miembros de las familias en este tipo de
procedimiento, y cómo el conflicto continuado entre los progenitores va a ser realmente el origen
del malestar psicológico de los hijos que van a tener que adoptar distintas posturas ante sus padres.
Según Serafín Martín, (1993), en la labor del psicólogo en los temas de familia habría que señalar
los siguientes elementos:
-Favorecer las informaciones y comunicaciones entre padres e hijos sobre la separación y sobre
los planes y expectativas de futuro para éstos, a fin de que el futuro sea más previsible para los
menores y menos generador de incertidumbre.
-Ayudar a los hijos a entender, comprender y soportar los cambios que acontecen.
-Apoyar y fomentar las actitudes y conductas de autonomía e independencia de los hijos frente a
los conflictos conyugales
-Disminuir los riesgos de las alianzas entre un padre y unos hijos dirigidas a enfrentarlos con el
otro padre.
-Ayudar a diferenciar y a esclarecer qué tensiones conyugales se hallan más allá de los hijos pero
suelen expresarse a través de ellos.
-Favorecer los comportamientos de tolerancia a las separaciones parciales entre padres e hijos.
-Ayudar a los padres a entender como normales y a soportar las expresiones de contrariedad,
rabia, etc. De los hijos asociadas a la separación.
-Promover comportamientos más flexibles sobre las horas y fechas de estancia con los no
custodios.
-Ayudar a evitar la delegación que realizan en los menores para que éstos asumen la decisión de
con quién convivir, cómo planificar las visitas, etc.
La premisa fundamental es enseñar a los padres que aunque ellos se separen, sus hijos no, ni son
una propiedad de ninguno de ellos, que les necesitan en todas sus facetas del desarrollo de ambos, y que
cuanto mejor solucionen ellos mismos los problemas de la separación mejor podrán ayudar a sus hijos.
Este objetivo, en relación con lo planteado anteriormente, vendría expuesto en el artículo 5 del
Código Deontológico: “el ejercicio de la Psicología se ordena a una finalidad humana y social que puede expresarse en
objetivos tales como: el bienestar, la salud, la calidad de vida, la plenitud del desarrollo de las personas y de los grupos, en
los distintos ámbitos de la vida individual y social”.
2. RESUMEN
Según Ávila y Rodríguez-Sutil (1995), la intervención del psicólogo ante la realidad familiar: "...se
da dentro de un contexto de crisis... En primer lugar se trata, más que de una mera evaluación forense, de una
intervenci6n múltiple en crisis, que va mucho más allá de la mera práctica pericial. Hipotéticamente, la
intervención psicológica puede aquí comprender las siguientes acciones y orientarse a estas
finalidades: gestión de una intervención precoz, promoción del mutuo acuerdo o auto-gestión de
la crisis y sus eventuales soluciones; diagnóstico y pronóstico del funcionamiento del sistema
familiar actual, pronóstico sobre la interacción del sistema familiar actual con sistemas familiares
futuros y valoración predictiva de los efectos de la propia intervención pericial o mediadora.
Según el “tipo de solicitud”, podemos hacer referencia a varios tipos de procedimientos en los
Juzgados de Familia. En concreto:
-Peritajes sobre guarda y custodia y régimen de visitas
-Otros casos posibles, como la cuestión de la dispensa de edad para contraer matrimonio los menores
emancipados, o algunas causas de nulidad civil del matrimonio, o los supuestos de privación de patria
potestad de uno o ambos progenitores.
Según el “origen de la solicitud”, es decir de quién proviene la petición de peritaje, podemos
establecer la siguiente clasificación: de las partes en litigio, del Ministerio Fiscal o del propio Juez.
Existe otra posible clasificación en función de las diferencias que surgen en función del momento en
que se solicita la intervención psicológica, que podría organizarse según el siguiente criterio:
-Pruebas pedidas en “medidas provisionales”
-Pruebas acordadas en período probatorio.
-Pruebas acordadas “para mejor proveer”
-Intervenciones en “ejecución de sentencia”
Con respecto a la evaluación necesaria para determinar la guarda y custodia y regímenes de visitas,
suele haber cierto consenso sobre las áreas más tradicionales de evaluación psicológica en casos
de custodia disputada, procurando, si no es posible la exhaustividad, sí al menos ofrecer un
panorama amplio. En este sentido podemos mencionar la siguientes áreas: personalidad y ajuste
psicológico de los progenitores, actitudes parentales/estilo educativo, ajuste general de los hijos,
adaptación de los hijos a nivel familiar, historia y dinámica familiar, variables interactivas,
entorno/contexto socio-ambiental e infraestructura.
Hemos presentado una metodología de trabajo basada en las aportaciones de Martín, 1991, 1993 y
Ramírez, 1993, según la cual, podemos señalar un conjunto de técnicas que se han agrupado en
tres grupos, de manera un tanto arbitraria: entrevistas, observación de interacciones, y “pruebas
psicométricas” (cuestionarios, inventarios o escalas). El paso previo necesario al inicio de la
evolución lo constituye la lectura y examen de los autos, que da pie al planteamiento de hipótesis
iniciales en cuanto a dos aspectos fundamentales: determinación de las personas relevantes para
obtener información y determinación de las técnicas concretas a utilizar.
Las entrevistas se dirigirán a los padres (entrevista conjunta/entrevista individual), entrevistas a
terceros (a otras personas significativas/ a profesionales), a los menores.
La observación de interacciones está basada en que los aspectos relacionales tienen importancia
fundamental para la determinación de la guarda y custodia, así como la viabilidad o detalles de un
régimen de visitas. En la práctica, usualmente la utilización de entrevistas de interacción y la
observación y análisis de los comportamientos y actitudes que tienen lugar en ellas comprende
dos casos: menor-adulto, para aquellos caos en los que se plantea la convivencia de modificar un
sistema de visitas o comunicaciones, instaurarlo o restaurarlo; entre hermanos, para aquellos casos,
poco frecuentes, en los que se encuentran separados.
Según Serafín Martín, (1993), en la labor del psicólogo en los temas de familia habría que señalar
los siguientes elementos:
-Favorecer las informaciones y comunicaciones entre padres e hijos sobre la separación y sobre
los planes y expectativas de futuro para éstos, a fin de que el futuro sea más previsible para los
menores y menos generador de incertidumbre.
-Ayudar a los hijos a entender, comprender y soportar los cambios que acontecen.
-Apoyar y fomentar las actitudes y conductas de autonomía e independencia de los hijos frente a
los conflictos conyugales
-Disminuir los riesgos de las alianzas entre un padre y unos hijos dirigidas a enfrentarlos con el
otro padre.
-Ayudar a diferenciar y a esclarecer qué tensiones conyugales se hallan más allá de los hijos pero
suelen expresarse a través de ellos.
-Favorecer los comportamientos de tolerancia a las separaciones parciales entre padres e hijos.
-Ayudar a los padres a entender como normales y a soportar las expresiones de contrariedad,
rabia, etc. De los hijos asociadas a la separación.
-Promover comportamientos más flexibles sobre las horas y fechas de estancia con los no
custodios.
-Ayudar a evitar la delegación que realizan en los menores para que éstos asumen la decisión de
con quién convivir, cómo planificar las visitas, etc.
1. INTRODUCCIÓN
A. Marco Legal de la Mediación Familiar
B. Concepto de Mediación
De esto se deriva la extensión y arraigamiento en nuestro entorno en los últimos años del empleo
de la mediación familiar, con la puesta en marcha de varios servicios privados, subvencionados o centros
oficiales dependientes de alguna administración pública, además de la mediación intrajudicial que
desempeñan los equipos en los Juzgados de Familia.
El proceso de mediación no ha de ser una actuación larga; sus objetivos es concreto y situado en
el ámbito de lo real, por lo que cuando excede las cuatro o cinco sesiones sin resultados claros pierde su
funcionalidad.
Para que quepa la mediación, las partes han de percibir al mediador carente de poder para tomar
decisiones o para influir en que se primen unas frente a otras.
Los mediadores no darán cuenta a terceros, excluyendo el resultado final, si alguno pretendiera
utilizarlo contra el otro. En la misma medida, si una mediación intrajudicial no prospera deberá ser otro
profesional diferente quien realice los informes periciales que pudieran solicitarse.
Diversas investigaciones confirman que los acuerdos que se logran a través e la mediación duran
más y se mantienen mejor que cuando se consiguen mediante un procedimiento contencioso, y que los
usuarios de la mediación obtienen un nivel de satisfacción más alto que los que utilizan procedimientos
contenciosos.
La ley dentro de la cual se encuadra la intervención del mediador familiar es la conocida Ley
30/81 del Divorcio. En dicha ley, no se contempla la actuación de un profesional de la mediación previa
a la demanda de separación y/o divorcio, aunque si se deja la posibilidad del mutuo acuerdo en la
Disposición Adicional, con ello se posibilita el que las personas se separen sin tener que demostrar uno
de los motivos justificados contemplados en la ley, concretamente en el artículo 82 del Código Civil:
abandono injustificado del hogar; infidelidad conyugal; conducta injuriosa o vejatoria; violación grave y
reiterada de los deberes conyugales; violación grave o reiterada de deberes paterno-filiales; privación de
libertad por tiempo superior a seis años; alcoholismo, toxicomanía o perturbaciones mentales; cese
efectivo de la convivencia conyugal durante seis meses, libremente consentido; cese efectivo de la
convivencia conyugal durante tres años; cualquiera de las causas de divorcio recogidas en el artículo 86
del Código Civil. Las causas de divorcio contempladas en dicho artículo son: transcurso de un año desde
la interposición de la demanda de separación; transcurso de dos años desde que se haya consentido
libremente por ambos cónyuges, desde la firmeza de la resolución judicial o desde la declaración de
ausencia legal de uno de los cónyuges; transcurso de dos años cuando quien pide el divorcio acredite que,
al iniciarse la separación de hecho, el otro estaba incurso en causa de separación; transcurso de cinco años
desde el cese efectivo de la convivencia conyugal; la condena en sentencia firme por atentar contra la vida
del cónyuge, sus ascendientes o descendientes.
Sin embargo no vamos a extendernos en comentar los distintos aspectos de la ley, únicamente
señalaremos aquellos que tienen que ser tenidos en cuenta por el mediador.
En este sentido, hay que mencionar, además de los ya comentados, el artículo 81 del Código Civil,
donde se recogen las características y requisitos de la separación por mutuo acuerdo (ser solicitado por
ambos cónyuges o por uno con consentimiento del otro; haber transcurrido un año de matrimonio como
mínimo; ir acompañado de una propuesta de Convenio Regulador; no hace falta aducir causas de la
ruptura conyugal), y el artículo 90 del Código Civil donde se recogen los aspectos que se tienen que
contemplar en el Convenio Regulador al que deben de llegar las personas que deciden separarse y que,
en caso de no lograrse el acuerdo, debe de ser el Juez de Familia quien lo imponga. Estos contenidos
mínimos son: determinar el ejercicio de la patria potestad; determinar la guarda y custodia de los hijos del
matrimonio; establecer el régimen de visitas, comunicación y estancia de los hijos con el progenitor que
no vive con ellos; atribución del uso de la vivienda y ajuar familiar; contribución a las cargas del
matrimonio y alimentos; liquidación del régimen económico del matrimonio; determinación de la cuantía,
en su caso, de la pensión al cónyuge por desequilibrio económico.
B. Concepto de Mediación
La mediación frecuentemente es confundida con otros procedimientos que se utilizan cuando hay varias
partes en conflicto, quizás por ello, hasta la fecha, ha venido siendo «ejercida» fundamentalmente por
profesionales del ámbito del derecho. El campo de actuación de la mediación es el conflicto y éste surge
cuando dos o más personas no se ponen de acuerdo sobre algún aspecto que interesa a todas las partes
implicadas, tienen objetivos opuestos, los valores y/o creencias son opuestos, sus intereses son distintos
o persiguen el mismo objetivo, pero con un fin competitivo y de ver quién es la parte que consigue la
mayor tajada.
El conflicto se acaba cuando se «elimina» a una de las partes (opción que no recomendamos por
las implicaciones penales que conllevaría}, cuando se abandona o cuando se estima que el coste subjetivo
de seguir con la disputa es superior al beneficio que se conseguiría si se sigue manteniendo la misma
postura. Es a partir de esta postura, y siempre que las dos partes la consideren adecuada y la acepten,
cuando podemos empezar a hablar de una posibilidad de mediar entre las personas que están en conflicto.
Normalmente, las formas para solucionar conflictos de forma pacífica se han llevado acabo a través del
arbitraje, la negociación y la mediación. Cada una de estas formas implica características distintas y los
procesos que en ellas están implicados también son distintos.
La mediación familiar en separaciones y divorcios, como dice Dávila (1995), «es un proceso muy
preciso. No es ni terapia ni asesoramiento conyugal ni asesoramiento jurídico, aunque se sirve de estos
tres campos situándose en su punto de encuentro».
Una definición centrada en los objetivos y en las funciones del mediador nos la proporciona la
Asociación para la Promoción de la Mediación Francesa, definiéndola en loS siguientes términos: «La
mediación en materia de separación o divorcio tiene como objetivo permitir a los padres ejercer sus
responsabilidades parentales en un clima de cooperación y respeto mutuo.
Las parejas solicitan o aceptan la intervención confidencial de un tercero neutral y cualificado,
llamado mediador familiar. El papel del mediador consiste en posibilitar que ellas mismas encuentren
mutuamente las bases de un acuerdo duradero y aceptable. en el sentido de corresponsabilidad parental,
teniendo en cuenta las necesidades de cada uno de los miembros de la familia y en particular la de los
menores.»
Folberg y Taylor (1984) la definen como «un proceso no terapéutico por medio del cual las partes,
con la asistencia de una persona neutral, intentan aislar de forma sistemática los puntos de acuerdo y
desacuerdo, exploran alternativas y consideran compromisos con el propósito de alcanzar un acuerdo
consensuado sobre los distintos aspectos de su separación o divorcio... es un proceso de resolución y
manejo del conflicto que devuelve a las partes la responsabilidad de tomar sus propias decisiones en
relación con sus vidas».
Moore (1986) la define como la intervención en un asunto en disputa o negociación de una tercera
persona imparcial y neutral que no tiene poder de decisión en el asunto, y cuyo objetivo es ayudar a los
interesa- dos allegar, de forma voluntaria y mutuamente aceptable, a acuerdos sobre los temas en litigio.
Irving (1981) la define como una especie de «aconsejamiento orientado hacia el recuerdo, llevado
a cabo por una tercera persona neutral... un proceso a través del cual se ayuda a las familias a identificar
y clarificar los problemas existentes así como a establecer acuerdos en relación con todos o algunos de
ellos, sobre todo los que tienen que ver con la custodia y la forma en que los hüos van a compartir el
tiempo con SUS padres.»
Como elementos relevantes, y diferenciales del proceso de mediación, abordado desde esta
perspectiva (es decir, teniendo muy presente los intereses de los niños), podríamos indicar:
1. Facilita a los padres concentrarse en las necesidades de los hijos, para alcanzar un buen acuerdo.
2. Se trata de trabajar con los padres, para los niños.
3. Compartir entre ambos las responsabilidades de los niños.
4. Los niños, durante el proceso, manifiestan parecidos sentimientos que los padres: incredulidad,
ira, miedo, ansiedad, culpa, tristeza, depresión, impotencia, desamparo.
5. Los padres tienen la oportunidad de experimentar cómo los niños están viviendo el conflicto.
6. Se trata de disminuir la tensión en los niños.
7. Se les da la oportunidad a los niños de expresar sus sentimientos. A través de sesiones con
ellos, bien solos, o bien en compañía de sus mayores.
La mediación tiene una serie de notas característica, destacadas así por Coy (1995):
Coy (1989) propone una metodología de intervención basada en los siguientes puntos:
A. Recogida de Información en la primera sesión:
Esta recogida de información se debería acercar lo más posible a lo que podríamos definir como
una historia de la pareja.
Según este autor, puede servir para que la pareja exprese los medios por los que, en el pasado han
afrontado y resuelto los problemas comunes.
Ello puede ayudar como predictor de sus potencialidades de cooperación así como punto de
referencia sobre el que volver en el caso de que se vuelva a plantear una situación de hostilidad.
Aquí también se deben incluir preguntas relacionadas con quién, cómo y por qué tomó la decisión
de la separación. Igualmente preguntas sobre los hijos pidiéndoles descripciones breves de los mismos,
etc.
También en esta fase será conveniente entrevistar a los hijos individualmente. Incluso, según lo
que vaya saliendo a la luz, puede ser conveniente mantener una entrevista o reunión conjunta con los
hijos, de éstos con cada uno de los progenitores Y. finalmente, de toda la familia en conjunto.
Después de esto que puede ocupar dos o tres sesiones de trabajo, el mediador estará en
condiciones de pedir a los padres que cada uno de ellos haga sus propuestas concretas de plan de
reorganización familiar para, posteriormente, pasar a buscar la mejor de las posibles soluciones.
Deberán quedar recogidos todos los puntos relacionados con las cuestiones económicas
financieras y las respectivas aportaciones económicas a las que se ha comprometido cada uno de ellos.
3. HABILIDADES DEL MEDIADOR FAMILIAR
El psicólogo/a que interviene como mediador no intenta reconciliar a las partes. Ellos acuden a
una persona imparcial que lo que pretende es facilitarles la comunicación. No es competencia del
mediador resolver los conflictos de la relación de la pareja, eso sería hacer terapia, sino promover un
mínimo de comunicación entre ellos para poder negociar los puntos conflictivos del Convenio Regulador.
El mediador tendría dos funciones diferentes:
Para Bolaños (1993), el mediador familiar debe ser alguien necesariamente imparcial que ofrece
información, facilita la comunicación, neutraliza los comportamientos negativos, aísla el conflicto y ofrece
un contexto favorable para la negociación. Además tiene la misión de «legitimar» las posturas de cada
parte, favoreciendo la participación de los dos en el proceso desde una posición más igualitaria. El
mediador no es un árbitro que deba de elegir cuál es la alternativa más correcta. Permite que las ideas
surjan de los padres y que ellos mismos valoren su idoneidad. Puede dar su opinión y tiene siempre en
cuenta el interés de los niños. No sustituye al abogado, necesita de su colaboración para otorgar una
dimensión formal a los acuerdos y para informar a los clientes sobre aspectos legales que afecten a sus
decisiones.
En cuanto a los requisitos del mediador, Coy (1995) propone que un mediador eficaz debe de ser
neutral, activo, asertivo, trabajar por objetivos, metódico, debe manejar técnicas derivadas de la terapia
de familia con un enfoque cognitivo-conductual, debe saber intervenir en situaciones de crisis, conocer
las técnicas de negociación, poseer formación en psicología evolutiva, sensible hacia los aspectos
emocionales y psicológicos del proceso de mediación, ser hábil para comunicar y para enseñar a
comunicarse, manejar las técnicas de resolución de problemas y, por último, mantener la objetividad.
Los objetivos que todo mediador debería plantearse son los siguientes:
Haynes (1993) pone de relieve una serie de aspectos que el mediador debe tener en cuenta cuando
inicia su intervención, destacando:
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Urra, J. (2002). Tratado de Psicología Forense. Madrid. Siglo XXI de España editores, S. A.
INFORME PERICIAL
1. Introducción
A demanda de D. José Luis García, se me requiere para que emita opinión profesional sobre la
mejor decisión posible sobre la custodia y régimen de visitas al objeto de potenciar el correcto desarrollo
psicosocial de sus hijos Luis, de 6 años de edad y Francisco, de 2 años. En concreto manifiesta estar
preocupado por sus hijos desde que el 5 de mayo del presente, su expareja Dª Catalina Sánchez cogió
a ambos y se los llevó sin previo aviso a San Sebastián.
Hay que tener en cuenta que, en este caso, y al no poder evaluar la capacitación de Dª Catalina
para cuidar y educar a los hijos y no ser posible tampoco la evaluación de los hijos, es difícil responder -
con la objetividad que requieren estos asuntos- a la pregunta objeto de este peritaje. Por ello, voy a
reformular la pregunta inicial, y responder a las cuestiones: ¿Es el padre un modelo adecuado para los hijos?,
¿Está capacitado para educarlos? El ambiente psicosocial en el que se desenvolverían los niños en el caso de vivir con su
padre en Granada. ¿Es apropiado para el correcto desarrollo de los mismos?
Para la realización del presente informe pericial, el psicólogo Antonio Luis Maldonado Cervera,
colegiado nº 3239, ha realizado dos entrevistas a D. José Luis García, ha evaluado su personalidad
mediante los cuestionarios EPI (Eysenck y Eysenck, 1964) y CEP (Pinillos, 1964). También se ha
realizado una visita al entorno psicosocial de D. José Luis García, para conocer la cafetería que regenta
en Granada, su casa y conocer a su familia de origen.
La siguiente evaluación ha sido realizada a petición de D. José Luis García, padre de Luis
y Francisco.
No obstante, como perito y con los conocimientos que me aporta la Ciencia de la Conducta,
emito una opinión con pretensión de objetividad. Esto implica que ante cualquier duda o desacuerdo –
conforme al método científico- cualquier otro evaluador puede realizar las pruebas que el que suscribe
ha realizado y analizar la literatura científica que el que suscribe ha revisado ante lo cual encontraría los
mismos o semejantes resultados.
El juicio diagnóstico emitido por el perito y las conclusiones y recomendaciones que se deriven
del mismo se refieren a la situación actual del padre de Luis y Francisco y no es, por lo tanto,
generalizable a otros períodos anteriores o posteriores de la vida de estas personas.
Durante las entrevistas con D. José Luis se observa un trato correcto y educado. Acude puntual
a las entrevistas y correctamente vestido.
Destaca una excelente motivación hacia sus hijos, demostrada por el deseo (poco frecuente entre
los padres separados) de hacerse cargo de la custodia de sus hijos. Pero destaca aún más su actitud de
preferir el bien de los hijos que la propia custodia de los mismos.
Manifiesta su preocupación por el estado en que se puedan encontrar sus hijos en este momento.
Su expareja se llevó los hijos sin previo aviso el 5 de diciembre de 2002. Sacó al mayor, Luis de 2º curso
del Segundo Ciclo de Educación Infantil y a Adrián de la Guardería Municipal. No se llevó los efectos
personales de los niños, ni los juguetes, etc.
“¿Le preocupa que sus hijos estén con su expareja? ¿Qué razones tiene para preocuparse por ello? No están en
las condiciones en que podían estar. No tienen libertad, espacio para poder vivir en su hogar. La madre
no los va a cuidar si tiene que trabajar. No habrá nadie de su familia (de ella) porque no hay. Sus familiares
tienen antecedentes penales de robo y drogadicción. Su hermana tiene dos hijos en la cárcel, uno de ellos
con SIDA. La mujer de su hermano, todos los hermanos (6) son drogadictos. Ya han muerto 3 de SIDA.
Una hermana está en la cárcel de Granada. No hay nadie en el entorno familiar que sea decente o normal.
Ella es persona rara, no ha colaborado en el ambiente familiar. No ha ayudado en los negocios que han
tenido.
Se levantaba tarde. El último negocio que han tenido en San Sebastián no iba ni a limpiar. No
llevaba los niños al colegio. Bebía mucho alcohol y le afectaba bastante. Iniciaba discusiones delante de
los niños. Se iba al Pub de noche con el niño de 1 año o lo dejaba solo en la casa durante una o dos horas.
Además, ella ha trabajado en bares de alterne. En el Club Chuchi, Sebastian Club, etc. También trabajaba
en un bingo. Cuando su hija tenía 15 años ella se iba de copas y la dejaba sola. La abuela es la que la ha
tenido que criar.”
“¿Qué cree Vd. que es mejor para el correcto desarrollo psicosocial de sus hijos, estar en san Sebastian con su
expareja o aquí con Vd.? Opino que aquí. ¿Por qué? Mi exmujer tiene 40 años. Tiene una hija que va a cumplir
26 años. Esa hija se ha criado con su abuela materna. Esa hija no se lleva bien con su madre. Se quedó
embarazada con 15 años. Tiene un hijo de 2 años. Ahora está casada. Esta hija de su exmujer, con su hijo
pequeño y con su marido está viviendo en un estudio con un dormitorio y un saloncito. En el dormitorio
duerme el matrimonio con su hijo de dos años. En el saloncito su exmujer con sus dos hijos. El estudio
tiene un baño pequeño y cocina para dos personas. Tendrá 30-40 metros. Su exmujer no trabaja ahora.
Si estuviera trabajando, ¿Con quién se quedan los hijos? Cree que él está más capacitado y con más
recursos para cuidar a los hijos.”
“¿Cómo cree que sería la vida de sus hijos si estuvieran aquí con Vd.? Ahora sería aquí mucho mejor, más
favorable, más positivo. Podrían jugar, relacionarse con la familia. Aquí tendrían mejores amigos, en el
entorno familiar. En el lugar donde están ahora, por la tarde pueden salir a un pequeño parque donde
hay gente extranjera que va cambiando. Aquí tienen relaciones más estables.
“¿Qué opina su familia de origen de que sus hijos vinieran aquí? Eso es lo que quieren. No pensando
egoístamente. Es una cosa lógica viendo la situación. Un hermano suyo conoce el sitio donde están. Su
madre también. Esa población la conocen, es de turismo alemanes e ingleses. Todos saturados de trabajo,
no hay relaciones como aquí. Allí no tienen familiares de apoyo. Salen del colegio y al estudio o a un
parque.
¿Cómo se ha desarrollado la interacción con sus hijos desde que la madre se los llevó hasta la actualidad? Al
principio estuve más de una semana sin saber dónde estaban. Cuando conseguí averiguarlo intenté hablar
con ellos por teléfono. Llamaba a un móvil y la mayoría de las veces no me cogían el teléfono. Pienso
que como les sale el número que llama, al ser desde Granada podían decidir si lo cogían o no. Las veces
que me han cogido el teléfono he podido hablar un poco con mis hijos pero con la madre al lado de ellos.
No he podido visitarlos por miedo a que me denunciara. Pienso que se me ha privado el contacto con
mis hijos y, lo que es más grave, a ellos se les ha privado su derecho a relacionarse conmigo.
Por otro lado, se evaluó durante las entrevistas con el padre el vínculo afectivo entre éste y sus
hijos encontrándose un vínculo positivo. También se evaluó el estilo educativo del padre, encontrándose
en éste lo que los autores llaman un “Estilo educativo democrático”, y que se ha encontrado que es el
más apropiado para la educación de los hijos (en contraposición a los estilos educativos permisivos o
autoritarios).
5. DATOS OBJETIVOS
En primer lugar, visité la tienda que regenta D. José Luis de una de las calles principales de
Granada. La tienda de comestibles está en buena zona y tiene una clientela estable. La familia de D. José
Luis suele ayudar en la misma lo que, en caso de tener la custodia de sus hijos D. José Luis le permitiría
pasar con ellos el tiempo necesario.
En segundo lugar visité el domicilio de la madre de D. José Luis. Es una casa grande, de unos
300 metros construidos en tres plantas y una cuarta planta en forma de terraza. En dicha casa conocía a
la madre y abuelos de D. José Luis.
Destacan la presencia de fotos de los dos niños en casi todas las habitaciones de la casa de uso
común (la sala de estar de la planta baja y la de la primera planta y en el dormitorio de los niños).
El dormitorio de los niños en la primera planta permanece intacto, con las camas hechas, los
juguetes de los niños, etc.
En resumen: De esta visita destaca la constatación de los deseos de toda la familia de D. José
Luis de que vuelvan a tener a los niños Luis y Francisco. Se percibe un ambiente típico de “familia
extensa” donde todos los familiares (hijos/as con sus descendientes) se reúnen en torno al núcleo
materno. En estas familias, el contacto social-familiar suele actuar como factor protector de muchas
psicopatologías o problemas del comportamiento. La familia extensa supone que aunque uno de los padre
no sea un modelo totalmente adecuado, el resto de familiares amortiguan esos efectos. Se ha encontrado
que incluso en familias donde concurren problemáticas graves, la existencia de una familia extensa
amortigua los efectos de esas problemáticas. Por otro lado, los niños tienen las relaciones con sus iguales
aseguradas al disponer de primos y amigos de los primos, sobrinos, etc. entre los que encontrar amigos
o compañeros de juegos.
Por otro lado, los familiares que he conocido son personas adaptadas socialmente, educados y
trabajadores.
A veces, cuando se trata de tomar medidas que favorezcan el bien de los menores pueden surgir
dudas sobre si lo que en teoría parece beneficioso lo va a ser también en la práctica. Por ello, incluyo
como prueba objetiva la estancia de los niños (sin los padres) con la familia paterna. Luis llegó a Granad
a mediados de junio de 2001 y Francisco llegó en agosto. Durante ese tiempo ambos convivieron en el
domicilio de la abuela paterna, con su tía y la familia que allí suele reunirse. Fue un periodo que transcurrió
con normalidad, lo que lo demuestra el hecho de que después de venir los padres a vivir a Granada en su
propio domicilio, Luis seguía prefiriendo quedarse a dormir en casa de la abuela en algunas ocasiones.
• Evaluación de la personalidad mediante el EPI (Eysenck y Eysenck, 1964) y el CEP (Pinillos, 1964): El
EPI indica existencia de normalidad en los dos factores evaluados: neuroticismo y
extraversión. El CEP indica puntuaciones dentro de los límites de la normalidad en “control”,
“extraversión” y “paranoidismo”. Así mismo, el tests indica puntuaciones normales en la
escala de sinceridad..
• Se confirma por datos objetivos (constancia en la Policía Local de Granada) que la madre de los niños se fue
de forma brusca interrumpiendo la integración familiar, social y escolar de los mismos.
6. CONCLUSIONES
Tras la revisión de los datos disponibles sobre el caso y consultar la literatura existente sobre estas
cuestiones, se deducen las siguientes conclusiones.
1. El padre, por sus características personales, reúne las cualidades necesarias para ocuparse de
la custodia de sus hijos Luis y Francisco y cuidarlos y educarlos de forma apropiada.
3. El vínculo positivo de D. José Luis hacia sus hijos, su estilo educativo democrático y la
motivación que está demostrando para hacerse cargo de la custodia de sus hijos convierten la
alternativa que él plantea en una opción muy interesante para el desarrollo correcto de sus
hijos.
5. Dada la imposibilidad para evaluar a los hijos no se puede opinar sobre el vínculo de cada
uno de ellos con su padre y su madre. No obstante, ese dato sería de interpretación
contradictoria por la posibilidad (en niños de esa edad) de estar influenciados por el adulto
con el que convivan.
6. Por parte del evaluador tampoco ha sido posible determinar la idoneidad de la madre para
hacerse cargo de la custodia de sus hijos. No obstante, el hecho de interrumpir bruscamente
la integración social, familiar y escolar de los niños, puede haber ocasionado un daño
psicopatológico de gravedad variable en los mismos (piénsese que los niños han sido
separados bruscamente de su ambiente y de su padre y sin prepararlos previamente para ello).
Este comportamiento de la madre podría ser indicador de impulsividad elevada. Además, no
se encuentra justificado por ninguna causa grave conocida (ej. maltrato físico a la madre o los
hijos o peligro real hacia la madre o los hijos). De la evaluación realizada se deduce la
posibilidad de la existencia de ciertas alteraciones comportamentales en la madre, posible
alcoholismo, y posibilidad de que haya ejercido la prostitución en el pasado. Estas sospechas,
aunque derivadas de una evaluación subjetiva (informes verbales de su expareja) pienso que
son de la suficiente envergadura como para aconsejar una exhaustiva evaluación de la madre
para determinar si ofrece un medio personal y familiar adecuado para el correcto desarrollo
psicosocial de los niños Luis y Francisco.
7. También hay informes verbales de D. José Luis que indican la posibilidad de que la madre
de los niños no disponga de un ambiente familiar apropiado para apoyarla en el cuidado de
sus hijos. Además, dicho ambiente familiar cabe la posibilidad de que sea muy
contraproducente. Creo que sería necesario, dada la gravedad de las cuestiones familiares de
que he sido informado mediante la entrevista a D. José Luisque se evaluara la certeza de esas
cuestiones.
[Link]
Por las conclusiones explicadas en el punto anterior y por todas las razones expuestas a lo largo
del presente informe pericial, emito las siguientes recomendaciones:
1. Que se valore la posibilidad de que el padre obtenga la custodia de sus hijos Luis y Francisco.
Con los datos de que dispongo me parece una opción excelente para el correcto desarrollo
psicosocial de los mismos.
2. Que se confirmen los datos disponibles sobre la madre y su familia de origen y se evalúen los
vínculos existentes entre los hijos y sus padres.
3. Que se valoren las distintas posibilidades económicas, familiares, sociales, personales que
ofrecen cada uno de los padres para determinar que opción es más realista y cuál favorece
más a los dos menores implicados. Con los datos de que dispongo considero que la opción
presentada por el padre es la más conveniente, no obstante, es posible que la información que
me ha llegado sobre la madre no se vea confirmada por una evaluación psicosocial objetiva.
INFORME PERICIAL
1. Introducción
A demanda de Dª. Inmaculada Delgado, se me requiere para que emita opinión profesional
sobre la mejor decisión posible sobre la custodia de sus hijos, a fin de potenciar su correcto desarrollo
psicosocial.
Hay que tener en cuenta que, en este caso, y al no poder evaluar la capacitación de D. Santiago
para cuidar y educar a los hijos , es difícil responder - con la objetividad que requieren estos asuntos- a la
pregunta objeto de este peritaje. Por ello, voy a reformular la pregunta inicial, y responder a las cuestiones:
¿Es la madre un modelo adecuado para los hijos?, ¿Está capacitada para educarlos? El ambiente psicosocial en el que se
desenvolverían los niños en el caso de vivir con su madre en Granada (España). ¿Es apropiado para el correcto desarrollo
de los mismos? ¿Tiene la madre algún trastorno psiopatológico que la incapacite para la correcta educación de sus hijos?
Para la realización del presente informe pericial, el psicólogo Antonio Luis Maldonado Cervera,
colegiado nº 3239, ha realizado cinco entrevistas a Dª. Inmaculada Delgado, ha evaluado su
personalidad, inteligencia y variables clínicas (ansiedad, depresión,...). También se ha realizado una visita
al entorno psicosocial de Dª. Inmaculada Delgado, para conocer la casa donde viven los niños y
conocer a su familia de origen.
2. Aspectos aclaratorios
No obstante, como perito y con los conocimientos que me aporta la Ciencia de la Conducta,
emito una opinión con pretensión de objetividad. Esto implica que ante cualquier duda o desacuerdo –
conforme al método científico- cualquier otro evaluador puede realizar las pruebas que el que suscribe
ha realizado y analizar la literatura científica que el que suscribe ha revisado ante lo cual encontraría los
mismos o semejantes resultados.
El juicio diagnóstico emitido por el perito y las conclusiones y recomendaciones que se deriven
del mismo se refieren a la situación actual de la madre y no es, por lo tanto, generalizable a otros
períodos anteriores o posteriores de la vida de estas personas.
Durante las entrevistas con Dª. Inmaculada Delgado se observa un trato correcto y educado.
Acude puntual a las entrevistas y correctamente vestida.
Destaca una excelente motivación hacia sus hijos, demostrada por el deseo (poco frecuente entre
los padres separados) de hacerse cargo de la custodia de sus hijos. Pero destaca aún más su actitud de
preferir el bien de los hijos que la propia custodia de los mismos.
Manifiesta una motivación positiva hacia sus hijos y un gran afecto hacia ellos. Se ilusiona al hablar
de ellos, se percibe que existe una buena relación entre la madre y los hijos.
“¿Le preocupa que sus hijos estén con su ex pareja? ¿Qué razones tiene para preocuparse por ello? No están en
las condiciones en que podían estar. No tienen libertad, espacio para poder vivir en su hogar.
Por otro lado, se evaluó durante las entrevistas con la madre el vínculo afectivo entre ésta y sus
hijos encontrándose un vínculo positivo. También se evaluó el estilo educativo de la madre,
encontrándose en ésta lo que los autores llaman un “Estilo educativo democrático”, y que se ha
encontrado que es el más apropiado para la educación de los hijos (en contraposición a los estilos
educativos permisivos o autoritarios).
5. DATOS OBJETIVOS
6. CONCLUSIONES
Tras la revisión de los datos disponibles sobre el caso y consultar la literatura existente sobre estas
cuestiones, se deducen las siguientes conclusiones.
1. La madre, por sus características personales, reúne las cualidades necesarias para ocuparse de la
custodia de sus hijos y cuidarlos y educarlos de forma apropiada.
3. El vínculo positivo de Dª. Inmaculada Delgado hacia sus hijos, su estilo educativo democrático
y la motivación que está demostrando para hacerse cargo de la custodia de sus hijos convierten
la alternativa que ella plantea en una opción muy interesante para el desarrollo correcto de sus
hijos.
5. Dada la imposibilidad para evaluar a los hijos no se puede opinar sobre el vínculo de cada uno de
ellos con su padre y su madre. No obstante, ese dato sería de interpretación contradictoria por la
posibilidad (en niños de esa edad) de estar influenciados por el adulto con el que convivan.
6. Por parte del evaluador tampoco ha sido posible determinar la idoneidad del padre para hacerse
cargo de la custodia de sus hijos.
7. También hay informes verbales de Dª. Inmaculada Delgado que indican la posibilidad de que
el padre de los niños no disponga de un ambiente familiar apropiado para apoyarlo en el cuidado
de sus hijos.
[Link]
Por las conclusiones explicadas en el punto anterior y por todas las razones expuestas a lo largo
del presente informe pericial, emito las siguientes recomendaciones:
1. Que se valore la posibilidad de que los niños continúen con su madre. Con los datos de que
dispongo me parece una opción excelente para el correcto desarrollo psicosocial de los mismos.
2. Que se evalúen los vínculos existentes entre los hijos y sus padres.
3. Que se valoren las distintas posibilidades económicas, familiares, sociales, personales que ofrecen
cada uno de los padres para determinar que opción es más realista y cuál favorece más a los tres
menores implicados. Con los datos de que dispongo considero que la opción presentada por la
madre es la más conveniente.
LEY DE ASISTENCIA Y PREVENCIÓN DE LA VIOLENCIA
FAMILIAR
TEXTO VIGENTE
(Ley publicada en la Gaceta Oficial del Distrito Federal el día 8 de julio de 1996
y en el Diario Oficial de la Federación el día 9 de julio del mismo año).
PREÁMBULO
Al margen un sello con el Escudo Nacional, que dice: Estados Unidos Mexicanos.-
Presidencia de la República. ERNESTO ZEDILLO PONCE DE LEON, Presidente de los Estados
Unidos Mexicanos, a sus habitantes sabed: Que la Honorable Asamblea de Representantes del
Distrito Federal, se ha servido dirigirme el siguiente DECRETO
TITULO PRIMERO
CAPITULO ÚNICO
DISPOSICIONES GENERALES
Artículo 1.-
Las disposiciones contenidas en la presente ley son de orden público e interés social, y tienen
por objeto establecer las bases y procedimientos de asistencia para la prevención de la violencia
familiar en el Distrito Federal.
Artículo 2.-
497
III. Delegaciones.- El órgano político administrativo de las Demarcaciones Territoriales del
Distrito Federal;
Artículo 3.-
II. Receptores de Violencia Familiar: Los grupos o individuos que sufren el maltrato físico,
verbal, psicoemocional o sexual en su esfera biopsicosexual; y
III. Violencia Familiar: Aquel acto de poder u omisión intencional, recurrente o cíclico,
dirigido a dominar, someter, controlar o agredir física, verbal, psicoemocional o sexualmente
a cualquier miembro de la familia dentro o fuera del domicilio familiar, que tengan parentesco
o lo hayan tenido por afinidad, civil; matrimonio, concubinato o mantengan una relación de
hecho, y que tiene por efecto causar daño, y que puede ser de cualquiera de las siguientes
clases:
498
de abandono y que provoquen en quien las recibe, deterioro, disminución o
afectación a su estructura de personalidad. Todo acto que se compruebe que ha sido
realizado con la intención de causar un daño moral a un menor de edad, será
considerado maltrato emocional en los términos de este artículo, aunque se
argumente como justificación la educación y formación del menor.
Artículo 4.-
Artículo 5.-
TITULO SEGUNDO
CAPITULO ÚNICO
DE LA COORDINACIÓN Y CONCERTACIÓN
Artículo 6.-
499
miembros, presidido por el Jefe de Gobierno del Distrito Federal, e integrado por: La
Secretaría de Gobierno del Distrito Federal, la Secretaría de Educación, Salud y Desarrollo
Social, la Secretaría de Seguridad Pública, la Procuraduría General de Justicia del Distrito
Federal, tres Diputados de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, que la misma designe
y tres representantes de las organizaciones sociales que se hayan destacado por su trabajo y
estudio en la materia, invitados por el Jefe de Gobierno. Así mismo, se crean los Consejos
para la Asistencia y Prevención de la Violencia Familiar Delegacionales en cada una de las
Demarcaciones Territoriales del Distrito Federal los cuales funcionarán con las mismas
características del Consejo arriba señalado y que estará presidido por el delegado político de
la demarcación correspondiente, integrado por los subdelegados de Gobierno y Desarrollo
Social, el Delegado Regional de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal, el
titular de la región correspondiente de la Secretaría de Seguridad Pública, el titular de la
Unidad de Atención, el coordinador del área de educación correspondiente y el titular de la
jurisdicción sanitaria, tres representantes de organizaciones sociales o asociaciones vecinales
convocados por el Delegado y dos Diputados de la Asamblea Legislativa, correspondientes
a los Distritos Electorales que se encuentren comprendidos en la demarcación de que se
trate.
Artículo 7.-
El Consejo deberá contar con un equipo técnico integrado por expertos honorarios con
reconocida trayectoria en la materia y nombrados por el propio Consejo.
Artículo 8.-
IV. Analizar y aprobar los lineamientos administrativos y técnicos en esta materia, así como
de los modelos de atención más adecuados para esta problemática;
500
V. Elaborar un informe anual que remitirá a las comisiones correspondientes de la Asamblea
Legislativa del Distrito Federal;
TITULO TERCERO
CAPITULO I
DE LA ASISTENCIA Y ATENCIÓN
Artículo 9.-
Artículo 10.-
501
Artículo 11.-
El personal de las instituciones a que se refieren los dos artículos anteriores, deberá
ser profesional y acreditado por las instituciones educativas públicas o privadas, debiendo
contar con la inscripción y registro correspondiente ante la Secretaría de Educación, Salud y
Desarrollo Social. Dicho personal deberá participar en los procesos de selección,
capacitación y sensibilización que la misma Secretaría establezca, a fin de que cuente con el
perfil y aptitudes adecuadas.
Artículo 12.-
II. Citar a los involucrados y reincidentes en eventos de violencia familiar a efecto de que se
apliquen las medidas asistenciales que erradiquen dicha violencia;
IV. Resolver en los casos en que funja como amigable componedor y sancionar el
incumplimiento de la resolución;
VI. Elaborar convenios entre las partes involucradas cuando así lo soliciten;
VII. Imponer las sanciones administrativas que procedan en los casos de infracciones a la
Ley; sin perjuicio de las sanciones que se contemplen en otros ordenamientos;
VIII. Atender las solicitudes de las personas que tengan conocimiento de la violencia familiar,
en virtud de la cercanía con el receptor de dicha violencia;
502
IX. Emitir opinión o informe o dictamen con respecto al asunto que se le requiera de
conformidad con la legislación procesal civil y penal del Distrito Federal; y
Artículo 13.-
I. Coadyuvar a través del Registro Civil a la difusión del contenido y alcances de la presente
Ley;
III. Emitir los lineamientos técnico-jurídicos a que se sujetará el procedimiento a que alude
el Título Cuarto, Capítulo I de la Ley.
IV. Vigilar y garantizar el cumplimiento de esta Ley, de conformidad con las atribuciones
que la Ley Orgánica de la Administración Pública del Distrito Federal establece.
Artículo 14.-
Las Delegaciones podrán solicitar a la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal:
II. Que requiera la certificación de las lesiones y el daño psicoemocional que sea causado
como consecuencia de actos de violencia familiar;
503
III. Intervenga, de conformidad con lo establecido en los Códigos Civil y Penal, en los
asuntos que afecten a la familia;
IV. Pida al órgano jurisdiccional competente que dicte las medidas provisionales a fin de
proteger a receptores de violencia familiar. Cualquier autoridad que tenga conocimiento de
conductas de las que se pueda desprender la comisión de un delito sancionado por las leyes
penales, deberá dar aviso a la brevedad posible a las instancias correspondientes.
Artículo 15.-
I. Contará con elementos especializados en cada una de las Delegaciones para la prevención
de la violencia familiar;
II. Hará llegar los diversos citatorios a que hace alusión el artículo 12, fracción II de la Ley a
los presuntos generadores de violencia familiar;
III. Llevará a cabo la presentación para hacer efectivos los arrestos administrativos que se
impongan con motivo de la Ley; y
Artículo 16.-
Los órganos jurisdiccionales, a través de sus titulares, y una vez que conozcan de
juicios o procesos, en donde se desprenda que existe violencia familiar, podrán solicitar a las
Delegaciones, o en su caso, a las instituciones debidamente sancionadas por el Consejo o
que se encuentren señaladas expresamente por el Reglamento de la Ley, la realización de los
estudios e investigaciones correspondientes, las que remitirán los informes, dictámenes,
procesos psicoterapéuticos de agresores y receptores de la violencia familiar, las opiniones
que conforme a los Códigos de Procedimientos Civiles y Penales, deban de allegarse para
emitir una sentencia y en general todos aquellos que les sean de utilidad.
CAPITULO II
DE LA PREVENCIÓN
Artículo 17.-
504
Corresponde a la Secretaría de Educación, Salud y Desarrollo Social, además de las funciones
que en materia de asistencia social tiene asignadas, las siguientes:
II. Operar y coordinar las unidades de atención a través de las Delegaciones, así como vigilar
que cualquier otro centro que tenga como objeto la Asistencia y Prevención de la Violencia
Familiar cumpla con los fines de la Ley;
III. Desarrollar programas educativos, para la prevención de la violencia familiar con las
instancias competentes y promoverlos en cada una de las instituciones públicas y privadas;
XI. Coordinarse con la Procuraduría Social del Distrito Federal de conformidad con las
atribuciones que ésta tenga;
505
XII. Promover programas de intervención temprana en comunidades de escasos recursos
para prevenir, desde donde se genera, la violencia familiar, incorporando a la población en la
operación de dichos programas;
XIII. Impulsar la formación de promotores comunitarios cuya función básica será estimular
los programas de prevención de la violencia familiar; y
XV. Concurrir a sitios diversos con fines preventivos o de seguimiento donde exista violencia
familiar mediante trabajadoras sociales y médicos, para desalentarla;
TITULO CUARTO
CAPITULO I
DE LOS PROCEDIMIENTOS CONCILIATORIO Y DE AMIGABLE
COMPOSICIÓN O ARBITRAJE
Artículo 18.-
Las partes en un conflicto familiar podrán resolver sus diferencias mediante los
procedimientos:
I. De conciliación;
506
administrativos, civiles y penales que existan en la materia; así como de las sanciones a las
que se harán acreedores en caso de incumplimiento o reincidencia. Los procedimientos
previstos en la presente ley no excluyen ni son requisito previo para llevar a cabo el
procedimiento jurisdiccional. Al término del proceso de conciliación o del arbitraje, en caso
de que existiera un litigio en relación con el mismo asunto, el conciliador o el árbitro le
enviará al juez de la causa la amigable composición o la resolución correspondiente.
Artículo 19.-
Artículo 20.-
Artículo 21.-
Artículo 22.-
507
El procedimiento ante el amigable componedor a que hace alusión el artículo
anterior, se verificará en la audiencia de amigable composición y resolución de la siguiente
forma:
II. Las partes en dicha comparecencia ofrecerán las pruebas que a su derecho convenga a
excepción de la confesional, pudiendo allegarse el amigable componedor de todos los medios
de prueba que estén reconocidos legalmente, que le permitan emitir su resolución,
aplicándose supletoriamente, en primer lugar el Código de Procedimientos Civiles para el
Distrito Federal y en segundo término, la Ley de Procedimiento Administrativo del Distrito
Federal; y
III. Una vez admitidas y desahogadas las pruebas, se recibirán los alegatos verbales de las
partes quedando asentados en autos, procediendo el amigable componedor a emitir su
resolución.
Artículo 23.-
Cuando alguna de las partes incumpla con las obligaciones y deberes establecidos en
los convenios o en la resolución del amigable componedor, en los términos previstos en el
Código de Procedimientos Civiles para el Distrito Federal, podrá acudir ante la autoridad
jurisdiccional respectiva para su ejecución, independientemente de la sanción administrativa
que se aplique.
CAPITULO II
INFRACCIONES Y SANCIONES
Artículo 24.-
I. El no asistir sin causa justificada a los citatorios de las Delegaciones que se señalan en el
artículo 12 fracción II de la Ley;
508
II. El incumplimiento al convenio derivado del procedimiento de conciliación;
[Link] actos de violencia familiar señalados en el artículo 3 de la Ley, que no estén previstos
como infracción o como delito por otros ordenamientos.
Artículo 25.-
I. Multa de 30 a 180 días de salario mínimo general vigente en el Distrito Federal al momento
de cometer la infracción. Si el infractor fuese jornalero, obrero o trabajador no asalariado, la
multa será equivalente a un día de su jornal, salario o ingreso diario; o
Artículo 26.-
Artículo 27.-
Artículo 28.-
509
derecho convenga, antes de que el amigable componedor sancione dicho incumplimiento,
sin mayor justificación.
CAPITULO III
MEDIOS DE IMPUGNACIÓN
Artículo 29.-
TRANSITORIOS
ARTICULO PRIMERO:
ARTICULO SEGUNDO:
ARTICULO TERCERO:
ARTICULO CUARTO:
En tanto es nombrado el Jefe del Distrito Federal, las facultades que esta Ley le
confiere, serán ejercidas por el Jefe del Departamento del Distrito Federal.
510
ARTICULO QUINTO:
RUBRICA
novecientos noventa y seis.- Ernesto Zedillo Ponce de León.- Rúbrica.- El Jefe del
Departamento del Distrito Federal, Oscar Espinosa Villarreal.- Rúbrica.
ARTÍCULOS TRANSITORIOS
PRIMERO.-
SEGUNDO.-
TERCERO.-
511
Quedan derogadas, todas aquellas disposiciones que contravengan a la presente Ley.
CUARTO.-
QUINTO.-
En tanto no sean designados por la Asamblea Legislativa, los Diputados que integran el
Consejo para Asistencia y Prevención de la Violencia Familiar en el Distrito Federal, que se
menciona en el artículo 8o. de la ley; éste funcionará con los restantes ocho miembros.
PUBLICACIÓN Y REFORMAS
Publicación: G.O. 08jul96 y D.O. 09jul96
No. de Reformas: 1
G.O. 02jul98
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