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Positivismo de Mexico

El positivismo sirvió para dar orden a las etapas caóticas de México en el siglo XIX y sentó las bases de la sociedad industrial, aunque fracasó políticamente al no impedir la Revolución de 1910. El positivismo fue introducido por pensadores mexicanos como Gabino Barreda y se consolidó como la corriente dominante en la segunda mitad del siglo XIX, influyendo en la ideología del porfiriato.
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Positivismo de Mexico

El positivismo sirvió para dar orden a las etapas caóticas de México en el siglo XIX y sentó las bases de la sociedad industrial, aunque fracasó políticamente al no impedir la Revolución de 1910. El positivismo fue introducido por pensadores mexicanos como Gabino Barreda y se consolidó como la corriente dominante en la segunda mitad del siglo XIX, influyendo en la ideología del porfiriato.
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EL POSITIVISMO EN MÉXICO
El positivismo sirvió para explicar y dar sentido de orden a las etapas caóticas
vividas a lo largo del xix. La nueva era cumplió en parte sus promesas y en parte
fracasó. En el primer caso, sentó las bases de la sociedad industrial. En el
segundo, en términos políticos y sociales, el orden y la estabilidad no impidieron
que la Revolución volviese a ser utilizada como recurso. Paradójicamente, el
ciclo completo del positivismo se sitúa en medio de dos grandes revoluciones; la
de la Reforma y la de 1910. ¿Quiénes fueron los positivistas y por qué
representaron un parteaguas en la historia del país? En esta antología, el doctor
en estudios latinoamericanos Ignacio Sosa reúne a unos de los más importantes
exponentes del positivismo mexicano, que abarcó a pensadores de tres
generaciones, como Gabino Barreda, Justo Sierra, Porfirio Parra, Emilio Rebasa,
Andrés Molina Enríquez y Francisco Bulnes, entre otros.
El positivismo o filosofía positiva es una teoría filosófica que sostiene que todo conocimiento genuino se limite a la
interpretación de los hallazgos "positivos", es decir, reales, perceptibles sensorialmente y verificables. Según esta postura,
todo conocimiento genuino es o bien positivo -a posteriori y derivado exclusivamente de la experiencia de los fenómenos
naturales y de sus propiedades y relaciones- o bien verdadero por definición, es decir, analítico y tautológico. Así, la
información derivada de la experiencia sensorial, interpretada a través de la razón y la lógica, constituye la fuente
exclusiva de todo conocimiento cierto. Los datos verificados (hechos positivos) recibidos de los sentidos son conocidos
como evidencia empírica; así pues, el positivismo se basa en el empirismo.
Esta línea de pensamiento se encuentra ya en la antigüedad griega. Como un nuevo desarrollo del siglo XIX, se
contrapuso a las visiones escolásticas tradicionalmente imperantes de una filosofía trascendental. Estas últimas
perspectivas afirmaban, en cambio, que el conocimiento se genera por propiedades eternamente válidas -y, en últimas,
creadas por Dios- de la mente o la razón. Esto podría demostrarse sobre la base de resultados positivos.
En la segunda mitad del siglo XIX la filosofía positiva se consolidó como la corriente de pensamiento dominante en
México, muchos pensadores la utilizaron como marco teórico para interpretar los acontecimientos pasados y proyectar el
futuro de la nación. Por su análisis, explicación e interpretación de la historia nacional, México: su evolución social, es la
obra culminante del positivismo mexicano, pero para sorpresa, ha sido poco estudiada por los especialistas, de ahí que sea
necesario recuperarla.
La base ideológica más importante del porfirismo fue el positivismo, corriente filosófica, sociológica e histórica que surge
en la segunda mitad del siglo XIX
México vive los albores de su vida independiente. Es el momento de trazar un proyecto para la nación recién emancipada,
que abarque todos los ámbitos del orden social. Se quiere dar un nuevo rumbo a la política, la economía, la cultura y, por
supuesto, a la educación. De hecho este último ámbito se concibe como el principio y fundamento de todo cambio.
La preocupación por reformar al país es tema de las discusiones de los círculos intelectuales que, ante todo, proponen la
constitución de un estado laico. Tal es el contexto en el que reciben y estudian la filosofia positivista del francés Augusto
Comte (1798-1852).
El positivismo fue introducido en México por Gabino Barreda, Porfirio Parra, Pablo Macedo, Justo Sierra, Joaquín D.
Casasús, José Yves Limantour, Emilio
Rabasa, entre otros.
Por otra parte el positivismo francés concebía un sentido de "trascendentalismo" por el que la razón pura, el campo de las
ideas, o el conocimiento "a priori" de la realidad, es decir, la idea de que el conocimiento estaba dentro del propio ser
humano, y que la sola introspección posibilitaba un entendimiento eficaz del mundo, se complementaba mediante el
referido positivismo en el sentido de que también la experiencia, tanto de vida (historicidad) como la receptividad
sensorial, constituían fuentes de conocimiento del mundo más válidas que cualquier otra. De esta premisa la idea del
empirismo metodológico, que establece la comprobación experimental como base ineludible del conocimiento científico
social. Nótese sin embargo que el empirismo en Comte, fue tratado como una parte, de esa comprensibilidad plena de la
conciencia que se construía también por inducción, mediante la razón pura, y mediante la comprensión interior de los
arquetipos, las esencias y las fuerzas elementales, como era en su origen concebido por el idealismo platónico y que fuera
expresado también por el pensamiento teológico. No obstante, sólo una parte de estas ideas fue importada, como
argumento de principio y soporte para un posicionamiento social de empoderamiento de la "burguesía" y la generación de
un nuevo orden social que le favoreciera. Recordemos cómo Zea refiere que la burguesía mexicana, a la que pertenecía el
propio Mora, se diferenciaba de la francesa en que ésta provenía de una aristocracia o nobleza, venida a menos, mientras
que la burguesía europea se constituía por comerciantes que habían visto reivindicados sus derechos apenas recientemente
y gozaban en cierta forma de prestigio y autorreconocimiento que no fue alcanzado por sus homólogos mexicanos.
El Dr. Mora expresó una evolución en su pensamiento, que iba justamente del carácter conservador y burgués, al de un
liberal cientificista. Postuló al principio
su vocación irrenunciable por el pacifismo para terminar matizando sus proposiciones en el sentido de que la fuerza era
necesaria e ciertos casos. Aquí es donde se deslinda más claramente del planteamiento liberal.
Todo esto puede decirse del positivismo y más, pero, sobre todo, conviene recordar su papel en la gestión de los últimos
planteamientos liberales, y últimamente progresistas, de que el lenguaje, la razón y la educación son la fuente primordial
de la evolución social. Que la verdadera y sola revolución deseable, en la que convergeria la armonia de todos los
intereses y de todos los hombres, es la revolución de la razón, es decir la revolución del tiempo.
Ahora, la educación positivista en México, en su desvinculación de la influencia eclesiástica desatendió por mucho tiempo
el ámbito de la educación correspondiente a las artes y las humanidades, que antes se favorecían, aún cuando fueran bajo
una mirada más bien litúrgica y teológica respectivamente, pero cuya carencia vemos traducida hoy en una serie de
problemáticas asociadas a la utilidad del modelo educativo para esclarecer un sentido unitario de interés nacional.
Por último, el positivismo en nuestros días puede observarse en el rechazo y desdén que producen las formas de
comprensión no desarrollista de la vida cotidiana, basadas en ideologías de mayor respeto por los recursos naturales y por
la tierra, como aquellas que sostienen los distintos grupos étnicos de nuestro país y de América Latina. El positivismo se
integró en México como una forma filosófica de "anticlericalismo" es decir anti-Iglesia Católica, que al día de hoy se
preserva en la educación pública de manera que se ha evidenciado como un desafío altamente problemático la
inculturación de valores sociales únicamente soportados en la reflexión ética desprovista de orientación trascendental o
transgeneracional mínimamente. A través de esta mirada se da cuenta, por ejemplo, de que este modelo "laico", requiere al
menos integrar mayores y nuevos elementos de pluriculturalidad, así como de acudir a recursos estéticos y holísticos, para
procurar un desarrollo más balanceado y una socialidad más
incluyente y tolerante.
¿Cómo es que el Dr. Mora, siendo un reconocido burgués y connotado representante del conservadurismo de su época
incorpora a su filosofía el ideario liberal? Precisamente a través del Positivismo mexicano, al que observó desde una
perspectiva objetivista inmanentista, que en muchas formas se redujo, en la versión mexicana, desde ser una filosofía
vasta y compleja, a quedar en una suerte de empirismo metodológico. No olvidemos que en cierto punto de la historia
nacional se vio favorecido el interés de descolocar la influencia de la Iglesia Católica de numerosos asuntos públicos y
sociales en los que ésta se hallaba involucrada problemáticamente. De este modo se buscaba principalmente desafiar los
esquemas dogmáticos prevalecientes, derivados de
la influencia clerical en demasiados órdenes de la vida social, siendo un par de ellos el desarrollo de las ciencias sociales y
la educación.
Con esta base, se desvió el positivismo, esencialmente trascendentalita en su versión francesa, a una reducción
metodológica, donde se buscaba homologar o replicar los alcances logrados en los campos de las ciencias naturales al
estudio de la sociedad. Pero la perspectiva limitada que prevaleció aquí se decantó en una forma de filosofia inmanente,
que justificaba el estado de las cosas dadas como producto de un orden evolutivo natural y que posibilitaba a esa
burguesía en ascenso, desvincularse del otrora agobiante peso de la influencia clerical, así como para diferir o traslapar a
un segundo plano cualquier forma de vinculación o compromiso social que gravara o limitara las rentas, comodidades y el
estado de libertad apenas adquirido mediante esa emancipación de la sociedad (entiéndase el homólogo de sociedad civil y
academia) respecto del Clero de esa época.
Esta base sirvió también para afirmar una expansión de las fuerzas económicas, que gracias al sentido laico del
progresismo liberal, se despojaba de la Iglesia como fuerza contenedora y arbitral, así como de los compromisos sociales
y de redistribución que esta venía imponiendo y administrando, a través de esta nueva visión positivista, asociada a un
evolucionismo tipo darwiniano, como también lo refiere Zea; que se resumió finalmente en la postura pro Statu Quo
"el más fuerte domina y sucede al más débil"
A esta parcialización del entendimiento positivo se llegó con la interpretación del positivismo en México, a través de
Mora, hasta Barreda y los subsiguientes, traslapando la parte del positivismo asociada a una idea de trascendencia
generalizada que reivindica finalmente, en su versión europea, la igual dignidad de todos los hombres. Comte pretendía
dejar atrás la educación tipo dogmática, pero sobre todo dejar atrás el pensamiento idealista que permeaba las escuelas
teológica y metafísica; es decir, dejar atrás ese planteamiento de que el hombre indagando en su interior podría dilucidar
los arquetipos o fuerzas esenciales y que demeritaba algún modo la posibilidad de basar una cientificidad social en
metodologías empíricas que tan buenos provechos habían traído para el campo de las ciencias naturales.
En esto, Comte más bien lo que buscaba era la reivindicación de la percepción sensorial y de la observación experimental
como fuente complementaria de la comprensión ideal. Aunque la parte metodológica del positivismo fue lo que incidió
más importantemente en la sociedad mexicana, (soslayando como ya he mencionado toda la cuestión epistemológica
trascendental que viene desde la discusión de la gnosis (logos) y la ascesis (praxis) como métodos de conocimiento), para
privilegiar el sentido de la aproximación al fenómenos social homologando las metodologías de las ciencias naturales,
bajo la específica
intencionalidad de descolocar las imposiciones dogmáticas procedentes del
ámbito clerical.
Una doctrina que sólo clava su mirada en los hechos requiere, para desarrollarse, de un ambiente libre de cualquier tipo de
dogmas (salvo, quizás, del dogma del cientificismo). En otras palabras, el positivismo debe crecer en el seno de un estado
laico. De ahí la conocida doctrina de Comte, según la cual, la humanidad transitará por tres estados, en los que
paulatinamente abandonará la creencia en favor de la experiencia. A grandes rasgos, el proceso evolutivo que marcan
estos tres estados consiste en lo siguiente:
-Estado teológico. Los hombres acuden a las entidades sobrenaturales o divinas para explicar lo que les sucede a ellos y a
su mundo. Su vinculo con este tipo de causas comienza por el fetichismo, para pasar después por las religiones politeístas
y culminar en las monoteístas.
-Estado metafísico. En este punto se cuestiona el pensamiento teológico.
Las divinidades, que antes fungian como causas últimas, ceden su lugar a los conceptos abstractos, como los de forma y
esencia.
-Estado positivo. Aquí el interés ya no radica en saber qué son las cosas, sino en observarlas para descubrir cómo se
comportan y encontrar las leyes generales que expliquen tal comportamiento.
Comte identificaba el tránsito por estos tres estados con el crecimiento del individuo. Ascender del nivel teológico al
positivo era equivalente a pasar, de la infancia, a la mayoria de edad. Ahora bien, ¿no era esto lo que anhelaba el México
de la segunda mitad del siglo XIX? ¿Un giro desde la dependencia ideológica, hacia la libertad y la madurez política?
Es cierto que nuestro país no adoptó el positivismo de Comte a pie juntillas, pero sí reconoció en él algunas de sus más
importantes aspiraciones. El conocimiento a la base del orden social, el estado laico, la educación científica y el individuo
armado con saberes prácticos, dispuesto a emplearlos en beneficio de su país.
Estas ideas ya estaban en ciernes en el México que se trazaba un nuevo plan de vida y no hallaron en el positivismo más
que su formulación clara y ordenada.
Y como todos los reformadores del estado coincidían en que la educación era el punto de partida para realizar el nuevo
proyecto de nación, fue justo en ese ámbito en donde la doctrina positivista tuvo su mayor incidencia.
Es decir, que en general el espíritu de la época nos habla de la inquietud por trascender el dogmatismo imperante en la
"academia" y posibilitar la emergencia y promoción de debates más allá de los alcances o abordajes del poder del clero,
que durante muchos siglos había integrado las funciones de ciencia y educación
en un solo "sistema". Entonces, encontramos así en el positivismo, la fundamentación ideológica de una protección de
clase a la burguesía laica y liberal de mediados del siglo XIX, y una filosofía de reivindicación del Estado y de
deslindamiento general del Estado y la Sociedad, del poder del Clero.
Por último, considérese que la necesidad de una nueva ideología procedía también, del derrocamiento del orden
monárquico acontecido en Francia y que se trasladó hasta América junto con el nuevo ideario libertario de igualdad y
fraternidad. Parece que a Barreda o a sus sucesores, sólo se interesaron en absorber, de toda esa complejidad que encierra
la filosofia positivista, la parte necesaria para secularizar al Poder del Estado, y particularmente la educación pública,
aquella parte epistemológica que exalta el papel de la razón en correlación con observación experimental, que, escindida
de su enfoque trascendental, se vino a decantar en una filosofía justificadora del estado de las cosas, así mismo de los
privilegios de clase de los "positivistas".
El positivismo es una corriente que afirma ser la última y más elevada fase del conocimiento. Es la cima de una evolución
que tuvo su origen en el conocimiento teológico o fabula torio primitivo, evolucionó a una fase o estado abstracto o
metafísico y llegó a la fase positiva, estado que se basa en la ciencia, que es el resultado de la coordinación de los
fenómenos sujetos a la experiencia. Toma como base la inducción y la experiencia, dejando a un lado la razón pura y lo
absoluto Hegel, pues para el positivismo estos dos temas son inaccesibles para el espíritu humano. En el terreno social, se
interesa por la reorganización de la vida en sociedad mediante el conocimiento cinético, con el cual se controlaran las
fuerzas naturales. Y en el individuo es los mismo que en el social. solo cambiamos el "social", por el "individuo
En pocas palabras. La ciencia se construye en el conocimiento de lo positivo rios hechos, o concreto, lo dado por la
experiencia.. La sociedad es a única realidad concreta Esta se organiza históricamente según ves categoría. orden,
progreso y estado o
Todo estado social manifiesta una determinación de la sabiduría
universal, tiene una forma de explicar las cosas esta comente filosófica que se dio en
México a finales del sigo y principios del XX fue muy importante vara la socIedad puesto que el positivismo influyó para
que la educación se brindara en nuestro país y el inicio de un cambio en el sistema educativo. Siendo así, para que los
ciudadanos tuvieran la oportunidad de tener un conocimiento tanto científico como lógico conociendo v analizando
diferentes aspectos y ver el mundo desde otra perspectiva cambiando su mentalidad, de ando de laco los mitos y creencias
que trataban de explicar los diferentes fenómenos dentro de la sociedad.
CONCLUSION
Como conclusión puedo mencionar que el positivismo es una corriente filosófica que afirma que el conocimiento proviene
de la experiencia, a la vez que se obtiene mediante el método científico. El positivismo surge en el siglo XIX, y tuvo como
sus principales precursores y autores destacados a Saint-Simon, Auguste Comte y Stuart Mill. Esta corriente filosófica
surgió de la necesidad de tratar a los fenómenos sociales con la misma metodología y otorgándoles la misma categoría que
las ciencias naturales. el positivismo depende que el conocimiento se obtiene con base en la experiencia, y asegura que el
método científico es la
única vía
para conseguirlo. Se posiciona en contra de las corrientes que
rechazan la apariencia como método de investigación Enfocándome en el positivismo aplicado o vivido en méxico. es
importante resaltar que a finales del siglo X X. el positivismo se filó como la corriente de pensamiento mas importante y
dominante en México sobre todas las demás existentes en esa época, muchas personas importantes. especialmente
pensadores utilizaron a positivismo como una referencia teórica para interpretar o comprender sucesos del pasado y
proyectar el futuro del país: esto trajo cosas buenas y malas.

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