Samuel 2
Samuel 2
2 - Samuel
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Librodot Sagrada Biblia – 2 Samuel Anónimo
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Librodot Sagrada Biblia – 2 Samuel Anónimo
La guerra civil
2,12 Abner, hijo de Ner, y los oficiales de Isbaal, salieron de Majanayim hacia Gabaón para pelear.
2,13 También salieron Joab, hijo de Sarvia, y los oficiales de David, concentrándose cerca del estanque
de Gabaón; unos se detuvieron a un lado del estanque y los otros al lado opuesto.
2,14 Abner dijo a Joab: «Que salgan unos cuantos jóvenes y luchen delante de nosotros.» Joab respondió:
«Que salgan.».
2,15 Salieron, avanzando en igual número, doce jóvenes de Benjamín por lsbaal, hijo de Saúl, y doce de
los servidores de David.
2,16 Cada uno tomó a su enemigo por la cabeza y le clavó la espada en el costado; así murieron todos a la
vez. Por eso se llamó a aquel lugar «Campo de los Costados», y está cerca de Gabaón.
2,17 Aquel día hubo una batalla muy dura, donde Abner y los hombres de Israel fueron derrotados por
los partidarios de David.
2,18 Se encontraban allí los tres hijos de Sarvia: Joab, Abisaf y Asael. Asael corría tan ligero como una
gacela salvaje.
2,19 Se puso a perseguir a Abner sin desviarse a ningún lado.
2,20 Abner se volvió y le preguntó: «¿Eres tú Asael?» Respondió: «Yo soy»,
2,21 y entonces Abner le dijo: «Apártate a la derecha o a la izquierda, toma a uno de los jóvenes y
apodérate de sus despojos.»
2,22 Pero Asael no quiso apartarse. Abner repitió a Asael: «Apártate de mí para que no te mate.
Pues,¿cómo podría después reconciliarme con tu hermano Joab?»
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Librodot Sagrada Biblia – 2 Samuel Anónimo
2,23 Pero Asael no quiso apartarse, y Abner le atravesó el vientre con la lanza, que salió por la espalda.
Allí mismo cayó y murió. Todos los que pasaban se detenían en el lugar donde Asael había caído
muerto.
2,24 Joab y Abisaí continuaron la persecución de Abner; al atardecer, llegaron a Ammá, que está al
oriente de Guiaj sobre el camino del desierto de Gabaón.
2,25 Los hijos de Benjamín, formando un apretado grupo, hicieron filas detrás de Abner y se parape-
taron en lo alto de la colina de Amá.
2,26 Abner llamó a Joab y le dijo: «¿Hasta cuándo va a seguir matando la espada? ¿No sabes que esto
terminará en una desgracia? ¿Qué esperas para decir al pueblo que deje de perseguir a sus
hermanos?»
2,27 Joab respondió: «Vive Yavé, que si no hubieras hablado, mi gente no habría dejado hasta mañana de
perseguir cada uno a su hermano.»
2,28 Joab hizo sonar la trompeta: todo el pueblo se detuvo y dejó de perseguir a Israel; así acabó el
combate.
2,29 Abner y sus hombres marcharon toda la noche por la Arabá, pasaron el Jordán y después de
atravesar el Bitrón llegaron a Majanayim.
2,30 Joab volvió de la persecución de Abner y reunió a toda su tropa. De entre los servidores de David,
además de Asael faltaban diecinueve hombres.
2,31 Los servidores de David, por su parte, habían dado muerte a trescientos sesenta hombres de la tribu
de Benjamín y de los de Abner.
2,32 Llevaron a Asael y lo sepultaron en el sepulcro de su padre, en Belén. Luego Joab y sus hombres
caminaron toda la noche y al amanecer llegaron a Hebrón.
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3,1 Fue largada guerra entre la gente de Saúl y la de David; pero mientras David se iba fortaleciendo, la
familia de Saúl se debilitaba.
3,2 David tuvo varios hijos en Hebrón. Su hijo mayor fue Amnón, nacido de Ajinoam de Jezrael;
3,3 el segundo, Kilab, de Abigaíl, esposa de Nabal de Carmelo; el tercero, Absalón, hijo de Maacá, hija
de Talmas, rey de Guesur;
3,4 el cuarto, Adonías, hijo de Jaguit; el quinto, Sefatías, hijo de Abital;
3,5 el sexto, Jitream, hijo de Eglá, esposa de David. Todos estos nacieron en Hebrón.
3,6 Durante la guerra entre la gente de Saúl y la gente de David, Abner llegó a ser el hombre fuerte de
los de Saúl.
3,7 Saúl había tenido una concubina llamada: Risfá, hija de Avyá, y Abner la tomó para sí. Isbaal
entonces dijo a Abner: «¿Por qué te has acostado con la concubina de mi padre?»
3,8 Abner se enojó mucho por estas palabras y respondió: «¿Soy yo un perro? Yo me he portado muy
bien con la familia de Saúl, tu padre, con sus hermanos y amigos, y no te he entregado en manos de
David. Y ahora, ¿me reprochas por una mujer?
3,9 Que Dios me castigue cada vez peor, si no ayudo, desde ahora, a David para que se cumpla lo que
Yavé ha dicho,
3,10 que quitaría la realeza a la familia de Saúl y que daría a David el reinado sobre Israel y Judá, desde
Dan hasta Bersebá.»
3,11 Isbaal no se atrevió a responderle porque lo temía.
3,12 Abner envió mensajeros a David para decirle: «Haz alianza conmigo y yo te apoyaré para que todo
Israel te reconozca.»
3,13 David respondió: «De acuerdo, pactaremos, pero con una condición: No te aceptaré en mi presencia
si no me traes; cuando vengas, a Micol, la hija de Saúl, que me costó cien prepucios de filisteos.»
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3,14 Luego David mandó a decir a Isbaal, hijo de Saúl: «Devuélveme a mi esposa: Micol, que adquirí
por la muerte de cien filisteos.»
3,15 Entonces Isbaal mandó quitársela a su marido, Paltiel, hijo de Laís.
3,16 Su marido partió con ella y la siguió llorando hasta Bajurim. Ahí Abner le ordenó: «Vete, vuelve, y
él se fue.
3,17 Abner se entrevistó con los ancianos de Israel y les dijo: «Hace tiempo que desean tener a David por
rey.
3,18 Ahora pueden hacerlo rey, ya que Yavé ha dicho a David: «Por medio de mi siervo David libraré a
mi pueblo Israel de los filisteos y de todos sus enemigos.»
3,19 También habló Abner a los de la tribu de Benjamín; después fue a Hebrón a comunicar a David todo
lo que habían aprobado Israel y la tribu de Benjamín.
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3,20 Abner, acompañado de veinte de sus hombres, fue a visitar a David en Hebrón. David les ofreció un
banquete.
3,21 Luego Abner dijo a David: «Ahora quiero irme, pues voy a poner a todo Israel de tu parte, oh señor,
mi rey. Ellos harán una alianza contigo y tú reinarás según lo deseas.»
David despidió a Abner, quien se fue en paz.
3,22 Poco después, hombres de la guardia de David regresaban con Joab de una correría, trayendo un
gran botín. Abner ya no estaba, pues David lo había despedido amistosamente.
3,23 Cuando llegaron Joab y sus hombres, le dijeron a Joab que Abner había visitado al rey y que éste,
después de recibirlo, lo había dejado ir en paz:
3,24 Joab, entonces, se presentó al rey y le dijo: «¿Qué hiciste? Abner vino, lo recibiste y lo dejas volver
en paz.
3,25 ¿Acaso no lo conoces? Seguro que vino a engañarte; a conocer tus planes y saber todo lo que
haces.»
3,26 Inmediatamente salió Joab y envió mensajeros tras Abner, y sin que lo supiera David, lo hizo
regresar del pozo de Sira.
3,27 Abner, entonces, volvió a Hebrón: A la entrada de la ciudad, Joab lo llevó aparte, como para hablar-
le confidencialmente, y allí lo hirió mortalmente en el estómago, para vengar así la muerte de su
hermano Asael.
3,28 Cuando David lo supo, exclamó: «Yavé sabe que yo y los míos somos inocentes:
3,29 Que el castigo por la muerte de Abner caiga sobre Joab y. su descendencia. Que nunca falte entre
ellos quien sufra de hemorragia ó de lepra, o que se apoye en un bastón, o alguien que caiga bajo la
espada o no tenga qué comer.»
3,30 Así, Joab y su hermano Abisaí dieron muerte a Abner porque éste había muerto a su hermano Asael,
en el combate de Gabaón.
3,31 David dijo a Joab y a todos los que estaban con él: «Rasguen sus vestidos, vístanse con sacos y
lloren Por Abner.» David mismo seguía detrás del cadáver,
3,32 cuando enterraron a Abner en Hebrón. El rey lloraba a sollozos junto al sepulcro y todo el pueblo
lloraba con él.
3,33 Entonces David entonó este canto fúnebre por Abner:
«¿Por qué, Abner, tuviste que morir
tan tontamente?
3,34 No tenías tus manos atadas
ni estaban tus pies encadenados;
has caído víctima de criminales.»
3,35 Y todo el Pueblo comenzó otra vez a llorar por Abner. Más tarde, todo el mundo rogaba a David que
comiera algo mientras era de día, pero David dijo: «Que Dios me maldiga si antes de ponerse el sol,
pruebo pan o cualquier cosa.»
3,36 A nadie de los presentes le disgustó esto; muy por el contrario, pues encontraban bien todo lo que el
rey hacía.
3,37 Aquel día se convenció todo el pueblo y todo Israel que el rey no había participado en la muerte de
Abner.
3,38 El rey dijo a sus servidores: «¿No se dan cuenta de que hoy ha muerto en Israel un jefe, un gran
hombre?
3,39 Yo, a pesar de que he sido ungido rey, no tengo bastante poder todavía, por eso que estos hombres,
los hijos de Sarvia, me han pasado a llevar. Que Yavé pague al que hizo el mal, según su malicia.»
Isbaal es asesinado.
4,1 Cuando Isbaal supo que Abner había muerto en Hebrón, perdió el animo, e Israel, que desconcerta-
do.
4,2 El hijo de Saúl tenía dos jefes de tropas, uno llamado Baamá, y el otro Recab. Eran hijos de Rimón
de Beerot, benjaminitas, pues también Beerot era contada entre las ciudades de Benjamín.
4,3 La gente de Beerot había huido a Guitayím y allí permanecen como refugiados hasta hoy.
4,4 (Jonatán, hijo de Saúl, tenía un hijo cojo, llamado Mipibaal. Cuando tenía cinco años llegó a Jezrael
la noticia de la muerte de Saúl Y de Jonatán; su nodriza lo tomó y huyó, pero con el apuro de la
fuga, se le cayó y quedó cojo.)
4,5 Los hijos de Rimón de Beerot, Recab y Baamá, se pusieron en camino y en la hora de más calor del
día llegaron a casa de Isbaal, que estaba durmiendo la siesta.
4,6 La portera de la casa, que estaba limpiando trigo, se había dormido,
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Librodot Sagrada Biblia – 2 Samuel Anónimo
4,7 Recab y su hermano Baamá entraron, pues, sin ser vistos al dormitorio de la casa donde Isbaal
estaba acostado. Lo golpearon mortalmente, le cortaron la cabeza y caminaron toda la noche por la
ruta de Arabá.
4,8 Presentaron la cabeza a David en Hebrón diciéndole: «Aquí tienes la cabeza de Isbaal, hijo dé Saúl,
tu enemigo, el que deseaba tu muerte. Yavé te ha vengado hoy de Saúl y de su descendencia.»
4,9 David respondió a Recab y a su hermano Baamá; hijos de Rimón de Beerot: «Vive Yavé, que ha
salvado mi vida de todo peligro.
4,10 Al que me anunció la muerte de Saúl, creyendo que me daba buena noticia, lo hice tomar y matar en
Siquelag, en lugar de darte una recompensa.
4,11 ¡Cuánto más ahora, cuando estos malvados han dado muerte a un hombre justo en su casa, y sobre
su lecho! ¿No deberé yo pedirles cuenta de su crimen y borrarlos de la tierra?»
4,12 David dio órdenes a sus servidores de que los mataran; les cortaron las manos y los pies, y los
colgaron cerca de la piscina de Hebrón. También tomaron la cabeza de Isbaal y la pusieron en el
sepulcro de Abner; en Hebrón.
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5,25 David hizo como Yavé le había ordenado, y persiguió a los filisteos desde Gabaón hasta la entrada
de Guezer.
La profecía de Natán
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7,1 David se había establecido ya en su casa y Yavé lo había liberado de todos sus enemigos a la
redonda.
7,2 Entonces, dijo al profeta Natán: «Yo vivo en una casa cubierta de madera de cedro, mientras que el
Arca de Yavé está en una tienda de campaña.»
7,3 Natán le respondió: «Haz lo que te parezca mejor, porque Yavé está contigo.»
7,4 Pero, aquella misma noche le llegó a Natán una palabra de Yavé:
7,5 «Ve y dile a mi siervo David: ¿Eres tú quien me construirá una casa para que yo permanezca en
ella?
7,6 Desde que saqué a Israel de Egipto hasta el día de hoy no he tenido casa, sino que iba de un lado
para otro, alojado en una tienda de campaña.
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7,7 Mientras he caminado entre los israelitas, ¿me he quejado acaso a quienes ordené guiar a mi pue-
blo? ¿Les pedí acaso que me edificaran una casa cubierta de cedro?
7,8 Esto dirás de mi parte a David: «Te fui a buscar al campo y te saqué de detrás de las ovejas para
hacerte jefe de mi pueblo.
7,9 He estado contigo en todas partes y he destruido ante ti a todos tus enemigos. Pero ahora voy a hacer
que tu nombre sea famoso entre los grandes de la tierra.
7,10 Yo fijaré un lugar para mi pueblo, Israel; allí lo plantaré y allí quedará. Ya no lo molestarán ni lo
seguirán oprimiendo sus enemigos como antes.
7,11 Desde el día en que constituí Jueces sobre mi pueblo, a ti te he concedido la paz con todos tus
enemigos, y ahora te prometo construirte una casa.»
7,12 Así dice Yavé: «Cuando se hayan acabados tus días y vayas a descansar con tus padres, yo pondré
en el trono a tu hijo, fruto de tus entrañas, y afirmaré su poder.
7,13 El me construirá una casa y yo afirmaré su poder para siempre.
7,14 Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo. Si hace el mal, yo lo corregiré y lo pegaré cómo
se hace con los niños, pero lo seguiré queriendo.
7,15 No lo trataré como a Saúl, a quien eliminé delante de ti.
7,16 Tu descendencia y tu reino estarán presentes ante mí. Tu trono estará firme hasta la eternidad.»
7,17 Natán comunicó a David todo lo que había oído en esta visión.
7,18 Entonces vino el rey David y se instaló en presencia de Yavé y le dijo: «¿Quién soy yo, Señor Yavé,
y qué es mi familia para que me hayas elevado tanto?
7,19 Pero esto te parecía todavía demasiado poco, Señor Yavé, y tú extiendes también tus promesas a mis
descendientes para un futuro lejano. ¿Es así como actúan los hombres, Señor Yavé?
7,20 ¿Qué más podría decirte David? Tú sabes bien quién es tu servidor, Oh Señor Yavé,
7,21 y por el mucho amor que le tienes has hecho estas cosas asombrosas que ahora le das a
conocer.¡Qué grande eres, Señor Yavé!
7,22 No hay nadie como tú ni hay Dios fuera de ti, como lo hemos aprendido con nuestros propios oídos.
7,23 ¿Existe sobre la tierra un pueblo que sea como tu pueblo Israel, al cual viniste a rescatar para que
fuera tu pueblo, y hacerlo famoso, realizando en su favor grandes y terribles cosas, y expul-sando
delante de él a naciones y dioses?
7,24 Tú has puesto y afirmado a tu pueblo Israel, para que sea siempre tu pueblo, y tú, Yavé, has llegado
a ser su Dios.
7,25 Ahora, Señor Yavé, guarda siempre la promesa que has hecho a tu siervo y a su familia y actúa
como tú lo has dicho.
7,26 Que tu nombre sea glorificado por siempre, y que todos digan: «Yavé Sebaot es Dios en Israel.» La
familia de tu servidor David estará firme ante ti,
7,27 pues tú, Yavé de los ejércitos, Dios de Israel, le aseguraste a tu servidor que no desaparecería su
familia. Por eso, tu servidor se ha atrevido a dirigirte esta plegaria.
7,28 Sí, Señor Yavé, tú eres Dios y eres sincero al hacer esta hermosa promesa a tu servidor.
7,29 Ahora dígnate bendecir la familia de tu siervo; que tu bendición acompañe siempre a mi familia,
como tú, Señor Yavé, lo has dicho.»
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8,10 envió a su hijo Hadoram al rey David, para saludarlo y felicitarlo por haber atacado y vencido a
Hadadezer, ya que éste era enemigo de Tou. Hadoram llevaba objetos de plata, de oro y de bronce.
8,11 El rey David los consagró también a Yavé junto con la plata y con el oro que ya había consagrado
procedente de las naciones que él había sometido:
8,12 Aram, Moab, los amonitas, los filisteos, Amalec, y lo que había quitado a Hadadezer, hijo de Rejob,
rey de Sobá.
8,13 David se hizo famoso con la campaña de Edom, en la que derrotó a un ejército edomita de dieciocho
mil hombres en el valle de la Sal.
8,14 Puso gobernadores en Edom y todos los edomitas quedaron sometidos a David. Por todas partes
donde iba David, Yavé le daba la victoria.
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8,15 David reinaba sobre todo Israel, dictando normas y administrando justicia a todo el pueblo.
8,16 Joab, hijo de Servia, era jefe de su ejército; Josafat, hijo de Ajilud, era archivero;
8,17 Sadoc, hijo de Ajitub, y Abiatar, hijo de Ajimelec, eran sacerdotes. Seraya era secretario.
8,18 Banaías, hijo de Yoyadá, mandaba a los quereteos y peleteos. Los hijos de David eran sacerdotes.
9,1 David preguntó: «¿Queda todavía algún hijo de Saúl a quien pueda yo favorecer por consideración a
Jonatán?
9,2 Ahora bien, la familia de Saúl tenía un servidor llamado Sibá. Se le llamó al lado de David y el
rey le dijo: «¿Eres tú Sibá?» El respondió: «Para servirte.»
9,3 Entonces le preguntó el rey. «¿Queda alguien de la familia de Saúl, para que yo lo trate como
juré ante Dios?» Sibá respondió: «Todavía queda un hijo de Jonatán, tupido de ambas piernas.»
9,4 «¿Dónde está?», preguntó el rey, y Sibá respondió: «Está en casa de Maquir, hijo de Ammiel, en
Lodabar.»
9,5 David mandó a buscarlo a la casa de Maquir.
9,6 Llegando al lado de David, Mipibaal, hijo de Jonatán y nieto de Saúl, se inclinó hasta tocar el
suelo con su cara. David dijo: «Mipibaal.»
9,7 Y él respondió: «Soy yo, para servirte.» David le dijo: «No temas, porque quiero tratarte con bene-
volencia, por amor a tu padre Jonatán. Te devolveré todas las tierras de Saúl, tu padre, y todos los
días comerás a mi mesa.»
9,8 Mipibaal volvió a inclinarse y dijo: «¿Quién es tu servidor para que te hayas fijado en un perro
muerto como yo?»
9,9 Después el rey llamó a Sibá, servidor de Saúl, y le dijo: «Todo lo que pertenecía a Saúl y a su
familia, se lo doy al hijo de tu señor.
9,10 Tú, con tus hijos y tus esclavos, cultivarás las tierras para él, y lo que coseches asegurará el sustento
de la familia de tu amo. En cuanto a Mipibaal, el hijo de tu amo, comerá todos los días a mi mesa.»
Sibá tenía quince hijos y veinte esclavos,
9,11 y respondió al rey: «Tu siervo hará todo lo que mi señor el rey le ordene; pero Mipibaal comía a
mi mesa como uno de los hijos del rey.»
9,12 Mipibaal tenía un pequeño llamado Miká. Todos los que habitaban en la casa de Sibá estaban al
servicio de Mipibaal.
9,13 Pero Mipibaal residía en Jerusalén porque comía siempre a la mesa del rey. Era tullido de ambas
piernas.
10,1 Después de esto, murió el rey de los amonitas y le sucedió su hijo Janún.
10,2 David se dijo: «Trataré a Janún, hijo de Najas, con benevolencia como su padre me trató a mí»,
y David envió a sus servidores, para presentarle las condolencias por la muerte de su padre. Pero
cuando los servidores de David llegaron al país de Amón,
10,3 jefes dijeron a Janún, su señor: «¿Crees que David te ha enviado condolencias por consideración
a tu padre? ¿No será más bien a fin de explorar la ciudad, conocer sus defensas y más tarde destrui-
mos, por lo que David te ha enviado sus servidores?»
10,4 Entonces Janún tomó a los servidores de David, les hizo afeitar la mitad de la barba, cortar los
vestidos a la altura de las nalgas y luego los despidió.
10,5 En cuanto David lo supo, mandó gente que los fuera a encontrar, con este mensaje: «Quédense
en Jericó hasta que la barba les vuelva a crecer, y después volverán.» Pues esos hombres estaban
muy avergonzados.
10,6 Los amonitas se dieron cuenta de que se habían hecho odiosos a David y enviaron mensajeros
para contratar a veinte mil soldados arameos de Bet-Rejob y de Sobá, a mil hombres del rey de
Maaká y a doce mil de Tob.
10,7 David, por su parte, envió a Joab con todo el ejército y su guardia real.
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10,8 Los amonitas hicieron una salida y se formaron en orden de batalla a la entrada de la puerta, mien-
tras que los arameos de Sabá y de Rejob y los hombres de Tob y Maaká estaban aparte en el campo.
10,9 Viendo que tenía un frente de batalla delante de él y otro detrás, Joab eligió a lo mejor de Israel
para enfrentar a los arameos,
10,10 y confió a su hermano Abisaí el resto del ejército para hacerles frente a los amonitas.
10,11 Luego le dijo: «Si los arameos me dominan, tú vendrás en mi ayuda, y si los amonitas te dominan,
yo iré a socorrerte.
10,12 ¡Animo!, esforcémonos por nuestro pueblo y por las ciudades de nuestro Dios. Que Yavé haga
lo que le parezca bien.»
10,13 Joab y la tropa que lo acompañaba se lanzaron al ataque contra los arameos y éstos huyeron ante
él.
10,14 Cuando los amonitas vieron que los arameos habían huido, retrocedieron ante Abisaí y se encerraron
en la ciudad. Entonces Joab puso fin a la campaña contra los amonitas y volvió a Jerusalén.
10,15 Al ver los arameos que habían sido vencidos por Israel, concentraron sus fuerzas.
10,16 Hadadezer mandó mensajeros y movilizó a todos los arameos del otro lado del Jordán. Estos se
concentraron en Jelán, encabezados por Sobac, jefe del ejército de Hadadezer.
10,17 Cuando lo avisaron a David, reunió todo Israel, pasó el Jordán y llegó a Jelam. Los arameos presen-
taron batalla a David y lucharon contra él, pero fueron derrotados por Israel.
10,18 David mató a los combatientes de setecientos carros de guerra, y cayeron cuarenta mil hombres
de a pie. También cayó Sobac, el general en jefe, quien murió allí mismo.
10,19 Todos estos reyes que seguían a Hadadezer, hicieron la paz con los israelitas a consecuencia de
su derrota y quedaron sometidos. Y, en adelante, los arameos no se atrevieron más a venir en ayuda
de los amonitas.
Adulterio de David
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11,1 Al año siguiente, en el tiempo en que los reyes salen a campaña, David mandó a Joab con la
guardia y todo el ejército. Derrotaron a los amonitas y sitiaron la ciudad de Rabbá, mientras que él
se quedó en Jerusalén.
11,2 Una tarde, después de haberse levantado de la siesta, se paseaba David por la terraza del palacio,
y desde allí vio a una mujer que se bañaba. Era una mujer muy bella.
11,3 David ordenó que averiguaran quién era, y le dijeron: «Es Betsabé, esposa de Urías, el heteo.»
11,4 La mandó a buscar, la trajo a su casa y se acostó con ella cuando acababa de purificarse de sus
reglas.
11,5 Después ella volvió a su casa. Pero quedó embarazada y se lo comunicó a David.
11,6 Entonces David envió un mensajero a Joab, pidiéndole que le enviara a Urías, el heteo.
11,7 Cuándo llegó Urías, David le preguntó cómo estaba Joab y el ejército y cómo iba la guerra.
11,8 Después le dijo: «Baja a tu casa y descansa.»
Cuando Urías salió del palacio, David mandó detrás de él platos de su propia mesa,
11,9 pero Urías se acostó a la entrada del palacio con los servidores del rey y no bajó a su casa.
11,10 Cuando David lo supo, le dijo: «¿No acabas de llegar de un viaje? ¿Por qué no bajaste a tu casa?»
11,11 Urías le respondió: «El Arca, Israel y Judá viven en tiendas de campaña; mi general Joab y sus
oficiales acampan al aire libre, ¿cómo puedo yo ir a mi casa para comer, beber y dormir con mi
esposa? Por Yavé. y por tu vida, que no haré tal cosa.»
11,12 David le dijo entonces: «Bueno, quédate aquí por hoy y mañana te despediré.»
Así pues, Urías se quedó aquel día en Jerusalén.
11,13 Al otro día David lo invitó a comer y a beber con él, hasta que lo embriagó; pero por la tarde Urías
no bajó a su casa, sino que durmió con los servidores del rey.
11,14 A la mañana siguiente, David envió una carta a Joab por medio de Urías.
11,15 En ella le decía: «Pon a Urías en la parte más peligrosa de la batalla y déjalo solo para que lo ma-
ten.»
11,16 Joab, que estaba sitiando la ciudad, puso a Urías en el lugar donde estaban los más valerosos defen-
sores.
11,17 En efecto, los sitiados hicieron una salida y mataron a varios hombres y oficiales de David, entre
ellos a Urías, el heteo.
11,18 Joab envió un informe detallado del combate,
11,19 y ordenó al mensajero: «Cuando hayas terminado de contar al rey cómo fue la batalla,
11,20 si él se enoja y te dice: «¿Por qué se acercaron tanto a la ciudad?
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Librodot Sagrada Biblia – 2 Samuel Anónimo
11,21 ¿No fue una mujer la que mató a Abimelec, hijo de Jerubaal, lanzándole una piedra de molino
desde lo alto de la muralla, en Tebés? ¿Por qué se han acercado a la muralla?» Entonces tú dirás:
También murió tu servidor Urías, el heteo.»
11,22 Partió el mensajero y a su llegada comunicó a David todo lo que Joab le había ordenado.
11,23 David se enojó y le reprochó al mensajero tal como lo había previsto Joab. El mensajero le respon-
dió: «Aquellos hombres nos atacaron por sorpresa, efectuando una salida a campo abierto, pero
nosotros los rechazamos hasta la entrada de la puerta.
11,24 Fue entonces cuando sus arqueros nos dispararon desde lo alto de la muralla; algunos de los guar-
dias del rey murieron y entre ellos, Urías, el heteo.»
11,25 David dijo al mensajero: «Trata de reanimar a Joab con este mensaje mío: No te aflijas por este
asunto, porque la espada devora hoy a unos y al día siguiente a otros. Refuerza tu ataque contra
la ciudad y destrúyela. Así tú le darás ánimo.»
11,26 Cuando la esposa de Urías supo que su marido había muerto, hizo duelo por él. Terminado éste,
David mandó a buscarla, la llevó a su casa y la tomó por esposa. Ella, luego, dio a luz un hijo.
Pero la acción que cometió David desagradó a Yavé.
12,21 Sus oficiales le dijeron: «¿Qué es lo que haces? Cuando el niño vivía, ayunabas y llorabas, y ahora
que ha muerto, ¿te levantas y comes?»
12,22 David les respondió: «Mientras el niño vivía ayuné y lloré, pues me decía: ¿Quién sabe si Yavé
tenga compasión de mí y el niño no muera?
12,23 Pero ahora que murió, ¿por qué voy a ayunar? ¿Puedo hacer que vuelva? Yo iré donde él, pero
él no volverá a mi.»
12,24 Después, David consoló a Betsabé, su esposa, y tuvo relaciones con ella y le dio otro hijo al que
llamó Salomón. Yavé amó a este niño,
12,25 y mandó, por medio del profeta Natán, que le pusieran el nombre de Jedidia (es decir, «Amado
de Yavé»).
12,26 Joab atacó Rabbá de los amonitas y se apoderó de la ciudad del rey.
12,27 Envió entonces unos mensajeros a David para decirle: «Ataqué a Rabbá y me apoderé de la ciuda-
dela.
12,28 Reúne, pues, ahora el resto del ejército y ven a sitiar a la ciudad para que te apoderes de ella; no
vaya a ser que la tome yo y fue le den mi nombre.
12,29 David reunió todo el ejército, fue a Rabbá, asaltó la ciudad y la tomó.
12,30 Le quitó al dios Milcom su corona, que pesaba treinta kilos, y puso de adorno en su turbante una
piedra preciosa que allí había. El botín que llevó de la ciudad fue enorme.
12,31 En cuanto a sus habitantes, los hizo salir de la ciudad, los puso a manejar la sierra, las rastras y
las hachas de hierro y los hizo trabajar en la fabricación ladrillos; lo mismo hizo con todas las
ciudades de los amonitas. Y luego David y todo su ejército volvieron a Jerusalén.
13,19 Tamar tomó un poco de tierra y se la echó en su cabeza, rasgó su túnica y poniéndose las manos
en la cabeza, se fue gritando.
13,20 Su hermano Absalón le dijo: «¿Así que tu hermano Amnón se acostó contigo?... Pero, no importa,
hermana mía, pues, al fin y al cabo, es tu hermano. ¡Quédate por ahora callada!» Y Tamar perma-
neció muy triste en casa de su hermano Absalón.
13,21 Cuando el rey David supo toda esta historia, se enojó en extremo, pero no quiso castigar a su hijo
Amnón, pues era su preferido por ser el mayor.
13,22 En cuanto a Absalón, no le dijo ninguna cosa a Amnón, pero le tomó odio por haber violado a
su hermana Tamar.
13,23 Dos años más tarde, tenía Absalón la esquila de sus ovejas en Baal-Jasor, y quiso convidar a todos
los hijos del rey.
13,24 Fue, pues, a convidar al rey y a sus oficiales para que fueran a su casa.
13,25 Pero el rey le respondió: «No, hijo mío, no es necesario que vayamos todos; eso va a ser mucha
molestia para ti.» Absalón insistió; pero él no quiso ir, y lo bendijo.
13,26 Entonces Absalón replicó: «Permite, al menos, que venga con nosotros mi hermano Amnón.» El
rey respondió: «¿Por qué ha de ir contigo?»
13,27 Pero Absalón insistió tanto que el rey consintió que fueran Amnón y todos sus hermanos.
Absalón preparó un banquete como de rey,
13,28 y dio esta orden, a sus servidores: «Cuando Amnón esté alegre por el vino y yo les diga:
¡Atáquenlo!, ustedes lo matarán. No tengan miedo en hacerlo, pues soy yo quien se lo manda.
¡Animo, y no se acobarden! »
13,29 Los servidores de Absalón trataron a Amnón tal como aquél se lo había ordenado. Al ver esto,
todos los hijos del rey se levantaron de la mesa, montaron cada uno en su mula y huyeron.
13,30 Todavía estaban en camino, cuando llegó a. oídos de David el rumor de que Absalón había dado
muerte a todos los hijos del rey, sin que escapara ninguno.
13,31 El rey se levantó, rasgo sus vestiduras y se acostó en el suelo; sus servidores también rasgaron
sus vestiduras, pero permanecieron de pie a su lado.
13,32 Yonadab, hijo de Simá, hermano de David, intervino y dijo: «No piense mi señor, el rey, que Murie-
ron todos los Jóvenes hijos del rey.
13,33 No; sólo Amnón ha muerto, pues Absalón había decidido eliminarlo desde el día en que Amnón
violó a su hermana Tamar. Quítese, pues, oh señor, esa idea de la cabeza de que han muerto todos
sus hijos.
13,34 El único que murió fue Ammón, y Absalón huyó.»
Un joven que estaba de vigía divisó a un gran grupo de gente que descendía por el camino de
Bajurim. Fue inmediatamente a comunicárselo al rey.
13,35 Entonces Yonadab dijo al. Rey: «¿No ves que era cierto lo que te decía? Esos son tus hijos, que
vienen llegando.»
13,36 Apenas había terminado de hablar cuando entraron los hijos del rey, gritando y llorando. También
el rey y sus acompañantes se pusieron a llorar.
13,37 Absalón, por su parte, había ido a refugiarse en casa de Talmay, hijo de Amijur, rey de Guesur,
donde permaneció tres años.
13,38 Durante todo ese tiempo el rey guardó luto por su hijo.
13,39 Después desapareció su rencor contra Absalón, pues se había consolado de la muerte de Amnón.
14,1 Joab, hijo de Sarvia, se dio cuenta de que David estaba preocupado por Absalón.
14,2 Entonces mandó buscar a Tecoa a una mujer inteligente y le dijo: «Te ruego finjas estar de duelo.
Vístete de luto y no te perfumes con aceite de modo que parezcas una mujer que desde hace tiempo
lleva luto por un muerto.
14,3 Luego preséntate al rey y dile estas palabras.» Joab le enseñó lo que tendría que decir.
14,4 La mujer fue, pues, a ver al rey, se inclinó hasta tocar el suelo con su cara y dijo: «Ayúdame, rey.»
14,5 El rey le preguntó: «¿Qué te pasa?» «Soy viuda, pues mi esposo murió. Yo, tu sierva, tenía dos
hijos.
14,6 Los dos pelearon en el campo, no había nadie para separarlos, y uno de ellos golpeó al otro hasta
dale muerte.
14,7 Pues ahora la familia me exige que le entregue al que mató a su hermano. Nosotros tenemos que
matarlo, dicen, para vengar a su hermano. Y así van a acabar con el heredero, y apagarán la brasa
que me queda; con esto no habrá nadie para conservar el apellido de mi marido sobre la tierra.»
14,8 El rey dijo a la mujer: «Puedes irte a tu casa; que intervendré personalmente en tu asunto.»
14,9 Ella le contestó: «Que la culpa recaiga sobre mi y sobre mi familia; que el rey y su trono perma-
nezcan inocentes.»
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Librodot
Librodot Sagrada Biblia – 2 Samuel Anónimo
15,1 Después de esto, Absalón se equipó un carro, unos caballos y cincuenta hombres iban delante de
él.
15,2 Absalón se levantaba muy temprano y se ponía junto al camino que lleva a la Puerta, y cada vez
que un hombre venía al tribunal del rey, por algún pleito, lo llamaba y le preguntaba: «¿De qué
ciudad eres tú?» Y si el otro respondía: «Soy de una de las tribus de Israel», entonces Absalón le
decía:
15,3 «Mira, tu causa es buena y justa, pero no habrá nadie que te escuche de parte del rey.»
15,4 Y continuaba: «¡Ah, si yo pudiera administrar justicia en este país, todos los que tuvieran pleitos
que resolver vendrían a mí y yo les haría justicia!»
15,5 Cuando alguien se acercaba para agacharse ante él, tendía la mano para detenerlo y lo besaba.
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Librodot
Librodot Sagrada Biblia – 2 Samuel Anónimo
15,6 De esta manera actuaba Absalón con todos los israelitas que llegaban al tribunal del rey y así se
iba ganando su cariño.
15,7 Al cabo de cuatro años, Absalón dijo al rey: «Dame permiso para ir a Hebrón, a cumplir el voto
que hice a Yavé;
15,8 pues cuando estaba en Guesur, en Aram, hice este voto: Si Yavé me hace volver a Jerusalén, le
ofreceré un sacrificio en Hebrón.»
15,9 Respondió el rey: «Que te vaya bien.» Absalón se despidió y se fue a Hebrón.
15,10 +Absalón envió a todas las tribus de Israel el siguiente mensaje: «Cuando sientan tocar las trom-
petas, griten: ¡Absalón se ha proclamado rey en Hebrón!»
15,11 Había salido de Jerusalén con doscientos hombres invitados por él, que lo acompañaban sin saber lo
que tramaba.
15,12 Hizo venir desde la ciudad de Guiló al consejero de su padre, Ajitofel, quien le acompañó mientras
hacía sus sacrificios. La conjuración iba haciéndose poderosa y el número de sus partidarios aumen-
taba cada vez más.
15,13 Cuando David supo que Absalón se había captado las simpatías de la gente de Israel,
15,14 dijo a todos sus servidores que estaban con él en Jerusalén: «Huyamos luego, porque no podemos
resistir a Absalón. Salgamos sin demora, no sea que nos ataque de repente, nos inflija una derrota
y pase la ciudad a cuchillo.»
15,15 Sus oficiales le respondieron: «Sea cual fuere tu decisión, cuenta con tus servidores.»
15,16 Entonces el rey salió a pie, con toda su familia. Sólo quedaron diez concubinas para cuidar el
palacio.
15,17 El rey salió con el pueblo y se detuvo cuando llegaron a la última casa de la ciudad.
15,18 Todos sus servidores desfilaban a su lado y delante de él pasaban los mercenarios kereteos y filis-
teos: seiscientos hombres que habían venido de Gat y que siempre lo acompañaban.
15,19 David dijo a su jefe, Itaí. «No vengas con nosotros, vuelve y quédate con el nuevo rey. Eres un
extranjero,
15,20 un desterrado de tu país. Apenas llegaste ayer y no es justo que hoy, te haga correr la misma suerte
que yo. Regresa con tus hombres y que Yavé tenga compasión de ustedes.»
15,21 Itaí le contestó: «Juro por Yavé y por tu vida que dondequiera que vaya el rey, mi señor, sea para
morir o para vivir, allí también estaré yo, tu servidor.»
15,22 Entonces David le dijo: «Vamos y acompáñame.» De este modo, Itaí de Gat, con todos sus hombres
y toda su familia, acompañaron al rey.
15,23 Todos lloraban en voz alta, mientras desfilaba la gente. El rey atravesó el torrente Cedrón, y toda la
gente pasó al oriente del camino que bordea el desierto.
15,24 El sacerdote Sadoc y todos los levitas llevaban el Arca de la Alianza. La colocaron junto a Abiatar
hasta que todos salieron de la ciudad.
15,25 Entonces el rey dijo a Sadoc: «Devuelve el Arca de Dios a la ciudad, porque si él quiere; me hará
para ver el Arca y su Santuario.
15,26 Pero si no le agrado, que haga conmigo lo que le parezca.
15,27 Tú y tu hijo Ajimás, junto con Abiatar y su hijo Jonatán, vuelvan en paz a Jerusalén.
15,28 Miren, yo me voy a detener en los pasos del desierto esperando que ustedes me manden noticias.»
15,29 Entonces, Sadoc y Abiatar volvieron con el Arca a Jerusalén y se quedaron allí.
15,30 David subía el ceno de los Olivos llorando, con la cabeza cubierta y los pies descalzos. Todos
los que lo acompañaban hacían otro tanto.
Humillación de David
15,31 Cuando supo David que Ajitofel era uno de los conjurados con Absalón, exclamó «¡Que Yavé
vuelva inútiles todos los consejos de Ajitofel!»
15,32 Al llegar David a la cumbre donde se adora a Dios, salió a su encuentro Jusay el arquita, amigo
de David, con la túnica desgarrada y la cabeza cubierta de polvo.
15,33 David le dijo: «Si vas conmigo, serás para mí una carga.
15,34 Me serás más útil si vuelves a la ciudad y vas a decir a Absalón: «Señor, mi rey, así como serví
antes a tu padre, así quiero ahora servirte a ti.» Y luego te opondrás a los planes de Ajitofel y acon-
sejarás lo que a mí me conviene.
15,35 Los sacerdotes Sadoc y Abiatar también están de mi parte. Por eso, todo lo que oigas en el palacio
se lo comunicarás a ellos,
15
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Librodot Sagrada Biblia – 2 Samuel Anónimo
15,36 para que, a su vez, me lo transmitan a mi por intermedio de sus dos hijos Ajimás y Jonatán.»
15,37 Jusay; amigo de David, entró en la ciudad, en el momento en que Absalón llegaba a Jerusalén.
16,1 Apenas pasó David la cumbre, vino a su encuentro Sibá, servidor de Mipibaal, con un par de burros
cargados con doscientos panes, cien racimos de uvas pasas, cien frutas de la estación y un botellón
vino.
16,2 Como el rey le preguntaba qué iba a hacer con eso, respondió: «Los burros son para que monte en
ellos la familia del rey; el pan y las frutas, para que se alimenten los jóvenes; el vino, para que beban
los que se cansen en el desierto.»
16,3 El rey preguntó: «¿Dónde está el hijo de tu señor?» Sibá respondió: «Se quedó en Jerusalén, pues
se dijo: Hoy la gente de Israel me devolverá el reino de mi padre.»
16,4 Entonces el rey dijo: «Todo lo que posea Mipibaal ahora es tuyo.» Y Sibá, arrodillándose, le dijo:
«¡No sé cómo agradecértelo, oh, rey, mi señor! »
16,5 Al llegar a Bajurim, salió a su paso, insultándolo, un hombre de la familia de Saúl, llamado Semeí.
16,6 Lanzaba piedras a David y a sus oficiales, sin importarle la gente y los guardias que rodeaban al
rey.
Maldecía al rey en estos términos:
16,7 «Vete, vete, hombre sanguinario y perverso.
16,8 Yavé hace recaer sobre tu cabeza toda la sangre de la familia de Saúl, que masacraste. Así como
tú le quitaste el trono a Saúl, así también Yavé se lo ha dado a tu hijo Absalón. Tú eres un criminal,
por eso te persigue la desgracia.»
16,9 Abisaí, hijo de Sarvia, dijo al rey: «¿Cómo se atreve ese perro hediondo a insultarte? Déjame
pasar el torrente, y le corto la cabeza.»
16,10 Pero el rey respondió: «¡Ustedes nunca me comprenderán, hijos de Sarvia! Si Yavé le ordenó
que me maldijera, ¿quién podrá preguntarle por qué lo hace?»
16,11 Y David dijo a Abisaí y a sus servidores: «Si mi propio hijo quiere matarme, con mayor razón
este hombre dé la tribu de Saúl. Déjenlo que me maldiga si Yavé se lo ha mandado.
16,12 Ojalá que viendo mi angustia, Yavé se apiade de mí y cambie mi desgracia de hoy en felicidad:»
16,13 David y su gente siguieron su camino, mientras Semeí, desde el otro lado de la quebrada, conti-
nuaba maldiciéndolo, tirando piedras y levantando polvo.
16,14 Llegaron agotados a un lugar donde recuperaron las fuerzas.
16,15 Absalón, acompañado de Ajitofel, entró con todos los hombres de Israel en Jerusalén.
16,16 Jusay, el arquita, amigo de David, le vino a saludar; «¡Viva el rey!»
16,17 Absalón le dijo: «¿Este era el aprecio que tenías por tu amigo? ¿Por qué no te fuiste con él?»
16,18 Jusay respondió: «No, yo pertenezco y yo serviré a aquel que Yavé, todo el pueblo y todos los
hombres de Israel han elegido.
16,19 Por lo demás, ¿a quién: voy a servir?, ¿no eres tú el hijo de David? Como he servido a tu padre,
así te serviré.»
16,20 Absalón dijo a Ajitofel: «¿Díganme qué es lo que vamos a hacer? »
16,21 Ajitofel respondió: «Acuéstate con las concubinas de tu padre, que dejó para guardar el palacio;
así todo Israel sabrá que rompiste totalmente con tu padre y tus partidarios cobrarán más ánimo.»
16,22 Levantaron, pues, para Absalón una tienda en la terraza, y todo Israel lo vio entrar con las concubi-
nas de su padre. En ese tiempo los consejos de Ajitofel eran tenidos como palabras de Dios, tanto
por David como por Absalón.
17,1 Ajitofel dijo a Absalón: «Déjame elegir doce mil hombres para ir en persecución de David esta
misma noche.
17,2 Me dejaré caer cuando esté cansado y sin fuerzas; lo tomaré por sorpresa y toda la gente que está
con él huirá. Así mataré al rey solo
17,3 y te traeré de vuelta a todo el pueblo, como viene la novia a su esposo. Pues lo que tú quieres es
la vida de uno solo; en cambio, al pueblo no le pasará nada.»
17,4 La idea agradó a Absalón y a todos los dirigentes de Israel.
17,5 Sin embargo, Absalón dijo: «Llamen también a Jusay, el arquita, para saber lo que piensa.»
17,6 Cuando éste llegó, Absalón le preguntó: «¿Qué te parece lo que nos ha propuesto Ajitofel? ¿Lo
crees conveniente?»
17,7 Jusay contestó: «Por esta vez, al menos, no es bueno el consejo de Ajitofel.
17,8 Pues tú sabes que tu padre y sus hombres son gente decidida y están envalentonados como si a
una osa en el campo le quitaran su cría. Tu padre sabe mucho de guerra y no se queda a descan-
sar de noche con sus tropas.
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Librodot Sagrada Biblia – 2 Samuel Anónimo
17,9 Seguro que ahora está escondido en alguna caverna u otro lugar. Si al principio caen algunos de
los nuestros, se dirá que han sido derrotadas las tropas de Absalón.
17,10 Y sucederá que hasta los más valientes, cuyo coraje es semejante al de un león, se desanimarán
porque todo Israel sabe que tu padre y los que están con él son valientes.
17,11 Por eso más bien te aconsejo que mandes reunir a todo Israel, desde Dan hasta Bersebá, y que tú
mismo marches al frente de ese ejército, tan numeroso como las arenas del mar.
17,12 Atacaremos a David dondequiera se encuentre; caeremos sobre él como el rocío sobre la tierra,
y no dejaremos con vida ni a él, ni a ninguno de los hombres que lo acompañan.
17,13 Si se retira a una ciudad, todo Israel juntará cordeles para echar esa ciudad a una quebrada, hasta
barrerla de la superficie.»
17,14 Absalón y todos los israelitas dijeron: «El consejo de Jusay, el arquita, es mejor que el de Ajitfel»
Es que Yavé había decidido que no se tomara en cuenta el hábil plan de Ajitofel para que le fuera
mal a Absalón.
17,15 Después Jusay dijo a los sacerdotes Sadoc y Abiatar «Esto ha aconsejado Ajitofel a Absalón y a
los dirigentes de Israel, y esto he aconsejado yo.
17,16 Ahora comuníquenle a David que no pase la noche en los pasos del desierto, sino más allá, pues
el rey y su ejército corren el riesgo de ser exterminados.»
17,17 Jonatán yAjimás estaban junto a la fuente de Roguel. Una sirvienta fue a avisarles para que ellos
fueran a comunicarlo al rey, pues no podían dejarse ver entrando en la ciudad.
17,18 Pero los vio un joven que fue con el cuento a Absalón. Los dos, sin embargó, caminando muy
rápido, alcanzaron a llegar a casa de un hombre de Bajurim que tenía un pozo en el patio, y allí
se metieron.
17,19 La mujer tomó una manta, tapó con ella el pozo y esparció encima grano partido para que no se
notara.
17,20 Los servidores de Absalón entraron en la casa de la mujer y preguntaron: «¿Dónde están Ajimás
y Jonatán? Ella respondió: «Ya han pasado el estanque.» Se pusieron a buscarlos, pero como no
los encontraron se volvieron a Jerusalén.
17,21 Una vez que se marcharon los servidores de Absalón, los otros salieron del pozo y fueron a infor-
mar al rey David: «Levántate y pasa rápidamente el Jordán, porque éste es el consejo que ha dado
Ajitofel contra ustedes.»
17,22 David y todo el ejército que lo acompañaba se pusieron en camino y pasaron el Jordán, de modo
que al amanecer todos lo habían pasado.
17,23 Cuando vio Ajitofel que no habían seguido su consejo, ensilló a su burro y partió a su ciudad.
Una vez en su casa, puso todo en regla y luego se ahorcó. Su cadáver fue sepultado junto a su
padre.
17,24 David había llegado a Majanaím cuando Absalón atravesaba el Jordán con todos los israelitas.
17,25 Absalón había puesto a la cabeza del ejército a Amasá, en lugar de Joab. Amasá era hijo de un
hombre llamado Jitrá, ismaelita, que se había unido con Abigaíl, hija de Jesé, hermana de Sarvia,
madre de Joab.
17,26 Absalón y los hombres de Israel pasaron al país de Galaad e instalaron allí su campamento.
17,27 En cuanto llegó David a Majanaím, Sobí, del pueblo de Rabbat-Amón, junto con Maquir, del
pueblo de Lodebar y Barzilay, el galaadita de Roguelim,
17,28 trajeron colchones, mantas, vasijas, como también trigo, cebada, harina, granos tostados, habas,
lentejas, miel, mantequilla y queso de oveja y de vaca, para que David y su gente pudieran alimen-
tarse,
17,29 pues pensaban: «Todos han sufrido hambre, sed y cansancio en el desierto.»
18,1 David pasó revista a su ejército y puso a la cabeza jefes de mil y de cien. Luego lo dividió en tres
cuerpos.
18,2 Un tercio a las órdenes de Joab; otro, a las órdenes de Abisaí, hijo de Sarvia, hermano de Joab, y el
otro tercio, a las órdenes de Itaí de Gat. Después David dijo al ejército: «Yo también iré
conustedes.»
18,3 La tropa respondió: «Tú no debes ir, pues a nadie le llamaría la atención si huimos o si muere la
mitad de nosotros; tú, en cambio, eres como diez mil de nosotros. Es mejor que te quedes en la
ciudad y puedas socorremos.»
18,4 El rey les dijo: «Haré lo que ustedes digan»; y se quedó junto a la puerta, mientras el ejército salía
por grupos de cien y de mil.
18,5 El rey ordenó a Joab, a Abisaí y Itaí lo siguiente: «Por el amor que me tienen, traten bien a Absa-
lón.»
18,6 Y todo el ejército supo que el rey había dado esta orden a los jefes.
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Librodot Sagrada Biblia – 2 Samuel Anónimo
18,25 El centinela anunció al rey que un hombre se acercaba solo. El rey dijo: «Si viene solo es porque
trae buenas noticias.»
18,26 Mientras se acercaba este hombre, el centinela de la puerta vio a otro que llegaba corriendo y lo
anunció al rey. David dijo: «También éste trae buenas noticias.»
18,27 En este momento, el centinela dijo: «Por el modo de correr, el primero me parece Ajimás, hijo
de Sadoc.» David respondió: «Es un hombre valioso; por tanto, trae buenas noticias.»
18,28 Arrodillándose delante del rey, Ajimás le dijo: «Oh rey, bendigamos a Yavé, tu Dios, porque des-
truyó a los que se rebelaban contra ti.»
18,29 David preguntó: «¿Está bien el joven Absalón?» Ajimás le contestó: «Cuando Joab me enviaba,
vi un gran alboroto, pero no supe qué era.»
18,30 El rey le dijo: «Quédate junto a mí.» Y se quedó.
18,31 En ese momento llegó el otro mensajero, el cusita, diciendo: «Oh mi rey, ¡buenas noticias! Yavé
te hizo justicia y te libró de todos tus enemigos.»
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Librodot Sagrada Biblia – 2 Samuel Anónimo
18,32 David le preguntó: «¿Cómo está el joven Absalón? El cusita contestó: «Que tengan la suerte de
ese joven todos los enemigos de mi señor, el rey.»
19,1 El rey se emocionó mucho, subió a la habitación que había sobre la puerta y se puso a llorar, di-
ciendo entre sollozos: «Absalón, ¡hijo mío! Hijo mío! ¡Hijo mío, Absalón! Ojalá yo hubiera muerto
en lugar tuyo, ¡hijo mío!»
19,2 Joab supo que el rey lloraba y se lamentaba por Absalón.
19,3 Y aquel día, la victoria se cambió en luto para todo el ejército, pues todos supieron que el rey
lloraba la muerte de su hijo.
19,4 Por ello, las tropas entraron a la ciudad silenciosamente, como entra avergonzada la gente, después
de huir de la batalla.
19,5 El rey, mientras tanto, con el rostro cubierto, daba fuertes gritos, diciendo: «Hijo mío, ¡Absalón!,
Absalón, hijo mío..., ¡hijo mío!»
19,6 Joab entró a la casa del rey y le dijo: «Hoy llenas de vergüenza a todos los que lucharon por ti,
salvando tu vida y la de toda tu familia.
19,7 Pues, con tu actitud, muestras que amas al que te odia y que odias al que te ama. Hoy has
mostrado lo poco que te importan tus oficiales y tus soldados, y bien se ve que estarías feliz
sihubiéramos muerto todos nosotros y no Absalón.
19,8 Por ello, levántate; sal y agradece a tus soldados, que si no sales, te juro por Yavé que esta misma
noche no te quedará ningún soldado y ésta será la peor de las desgracias que te haya sucedido desde
tu niñez hasta el día de hoy.»
19,9 Entonces el rey se levantó y se sentó junto a la Puerta. Cuando se supo que el rey estaba sentado
a la Puerta, vino todo el ejército a presentarse delante de él.
Los de Israel habían huido cada uno a su hogar.
19,10 En todas las tribus de Israel se escuchaba la misma queja: «El rey nos libró de nuestros enemigos,
nos salvó de los filisteos y ahora tuvo que huir lejos de Absalón.
19,11 Pero como Absalón, a quien habíamos ungido como nuestro rey, ha muerto en la batalla, ¿por
qué no hacen algo para que vuelva el rey.»
19,12 Al saberlo el rey, mandó decir a los sacerdotes Sadoc y Abiatar «Digan a los dirigentes de Judá:
¿Por qué van a ser los últimos en hacer que el rey vuelva a su casa?
19,13 Ustedes, que son mis hermanos, de mi misma raza, ¿van a ser los últimos?
19,14 Digan también a Amasá: ¿No eres tú de mis huesos y de mi carne?, que Dios me castigue si no
te hago para siempre jefe de mi ejército, en lugar de Joab.»
19,15 Entonces todos los hombres de Judá se pusieron de acuerdo como un solo hombre y mandaron a
decir al rey: «Vuelve tú con toda tu gente.»
19,16 El rey volvió y llegó al río Jordán. Los de Judá habían llegado hasta Guilgal, para salir y encontrar
al rey, y ayudarlo a pasar el Jordán.
19,17 Semeí, hijo de Guera, de la tribu de Benjamín, que era de Bajurim, bajó apresuradamente con los
hombres de la tribu de Judá al encuentro del rey David.
19,18 Lo acompañaban mil hombres de la tribu de Benjamín. También Sibá, mayordomo de la familia
de Saúl, vino con sus quince hijos y veinte servidores. Pasaron el Jordán antes que el rey y se
pusieron a su disposición,
19,19 ayudando a vadear el río a la familia del rey y haciendo todo lo que éste les pedía.
19,20 En cuanto a Semeí, hijo de Guera, se presentó al rey cuando hubo pasado el Jordán y le dijo: «Que
mi señor el rey perdone y olvide la falta que cometí yo, su siervo, el día en que salía de
Jerusalén; que no le dé importancia,
19,21 porque reconozco que he pecado y por eso hoy he sido el primero en la tribu de José en venir a
su encuentro.»
19,22 Entonces intervino Abisaí, hijo de Sarvia, diciendo; «¿Acaso Semeí no merece la muerte por haber
maldecido al ungido de Yavé?»
19,23 Pero David le contestó: «¡Líbreme Dios de pensar como ustedes, hijos de Sarvia! ¿Por qué me
dan este mal consejo? ¿En un día como éste va a morir alguien en Israel?
19,24 ¿Acaso no me doy cuenta que hoy vuelvo a ser rey de Israel?» Y dijo a Semeí. «No morirás.» Y
el rey se lo juró.
19,25 También vino a su encuentro Mipibaal, hijo de Saúl, que no se había lavado los pies ni las manos, ni
arreglado su bigote, ni lavado su ropa, desde el día en que el rey se había marchado hasta que volvió
en paz.
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Librodot Sagrada Biblia – 2 Samuel Anónimo
Rebelión de Sebá
20,1 Había allí un hombre perverso llamado Sebá, hijo de Bikrí, de la tribu de Benjamín, que hizo sonar
la trompeta y dijo: « ¡Nada tenemos que ver con David ni con su herencia! ¡Váyase cada uno a su
hogar, Israel! »
20,2 Y todos los hombres de Israel se apartaron de David para seguir a Sebá; en cambió, los hombres
de Judá permanecieron fieles a su rey, desde el Jordán hasta Jerusalén.
20,3 David entró en su casa, en Jerusalén; tomó a las diez concubinas que había dejado para cuidar la
casa y las puso bajo vigilancia. Se preocupó de su mantenimiento, pero ya no se acercó a ellas
y permanecieron encerradas como viudas hasta el día de su muerte.
20,4 El rey dijo a Amasá: «Reúneme a los hombres de Judá en el plazo de tres días. Y luego preséntate
aquí.»
20,5 Amará fue a congregar a los de Judá, pero demoró más tiempo del señalado.
20,6 Entonces David dijo a Abisaí: «Sebá, hijo de Bikrí, nos hará más daño que Absalón. Toma, pues, a
los hombres de mi guardia y persíguelo para que no se nos escape, refugiándose en alguna ciudad
fortificada.»
20,7 Salieron con Abisaí, de Jerusalén; los hombres de Joab, los kereteos, los peleteos y todos los
valientes en persecución de Sebá.
20,8 Estaban junto a la gran piedra que hay en Gabaón cuando Amasá se presentó ante ellos. Joab vestía
un traje militar y sobre él llevaba ceñida al costado una espada en su vaina, aquélla se salió y quedó
colgando.
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Librodot Sagrada Biblia – 2 Samuel Anónimo
20,9 Joab dijo a Amasá: «¿Cómo está tu salud, hermano mío?» Y lo tomó de la barba con la mano
derecha como para besarlo.
20,10 Amasá no vió la espada que Joab tenía en la mano, y éste lo hirió en el vientre, derramando sus
entrañas en el suelo; no tuvo que repetir el golpe, pues Amasá murió. Luego Joab y su hermano
Abisaí siguieron en persecución de Sebá, hijo de Bikrí.
20,11 Uno de los servidores de Joab se quedó junto al cadáver y decía: «El que esté por David y quiera
a Joab que lo siga.»
20,12 Amasá, mientras tanto, se revolvía en su sangre, en medio del camino. Viendo que todo el mundo
se detenía a mirarlo, el hombre lo sacó del camino y lo tapó con un paño.
20,13 Una vez que lo hubo apartado del camino, ya nadie se detuvo y todos pasaban de largo siguiendo a
Joab, que iba en persecución de Sebá.
20,14 Joab pasó por todas las tribus de Israel y llegó a Abel-Bet-Maaká. Todos los aliados se reunieron
y lo siguieron.
20,15 Llegaron y sitiaron Abel-Bet-Maaká, donde estaba Sebá. Levantaron un terraplén frente a la
muralla de la ciudad y todo el ejército que seguía a Joab cavaba debajo de la muralla para
hacerla caer.
20,16 Entonces, una mujer astuta gritó desde la ciudad: «Escuchen, escuchen. Digan a Joab que deseo
hablar con él.»
20,17 Joab se acercó y la mujer le preguntó: «¿Tú eres Joab?» El respondió: «Yo soy.» Ella, entonces,
dijo: «Escúchame.»
20,18 Y expresó: «Antes se decía: Vayan a consultar en Abel y en Dan
20,19 si quieren conocer las antiguas costumbres de los fieles en Israel. ¿Por qué intentas destruir una
ciudad madre de ciudades en Israel? ¿Por qué quieres destruir una heredad de Yavé?»
20,20 Joab respondió: «¡Lejos de mí! Yo no quiero destruir.
20,21 Yo se trata de eso, sino que buscamos a un hombre llamado Sebá; hijo de Bikrí, que levantó su
mano contra el rey David. Entréguenlo y nos iremos de la ciudad.»
La mujer entonces dijo: «Muy bien; te vamos a tirar su cabeza por encima de los muros.»
20,22 Juntó a todo el pueblo y le habló con tal convencimiento, que cortaron la cabeza a Sebá y se la
arrojaron a Joab. Entonces éste hizo sonar la trompeta y se alejó de la ciudad; cada uno se volvió
a su casa, y Joab, a Jerusalén, donde estaba el rey.
20,23 Joab era jefe de todo el ejército de Israel; Banaías; hijo de Yoyadá, era jefe de los kereteos y
peleteos;
20,24 Adoram era inspector de impuestos, y Josafat, hijo de Ajilud, era archivero. Suya era secretario;
20,25 Sadoc y Abiatar eran sacerdotes;
20,26 Irá, descendiente de Jair, también era sacerdote de David.
+
21,1 En tiempo del rey David hubo una gran hambre que duró tres años seguidos. David hizo la consulta
a Yavé, y la respuesta fue: «Hay una maldición sobre Saúl y su descendencia, porque mató a los
gabaonitas.»
21,2 (Los gabaonitas no pertenecían al pueblo de Israel, sino que eran descendientes de los amorreos.
Habían hecho alianza con los israelitas y a pesar de ello, Saú1, en cierta ocasión, quiso exterminar-
los, pensando hacer algo bueno para Israel y Judá.)
21,3 David, pues, llamó a los de Gabaón y les dijo: «¿Qué debo hacer con ustedes? ¿Cómo podré
desgraviarles para que ahora bendigan a la herencia de Yavé?»
21,4 Los gabaonitas respondieron: «No tenemos queja contra Saúl y su familia por asunto de oro o
de plata; tampoco queremos que muera nadie de Israel.»
David insistió: «Haré por ustedes lo que me digan.»
21,5 Ellos replicaron: «Aquel hombre nos persiguió y nos masacró, y pretendía exterminamos para
que no quedara ninguno de nosotros en Israel.
21,6 Entréganos a siete de sus descendientes y los ahorcamos en Gabaón ante Yavé.» David les dijo:
«Se los entregaré.»
21,7 El rey perdonó a Mipibaal; porque era hijo de Jonatán, con el que había hecho un pacto ante Yavé.
21,8 Pero a Mipibaal y a Armoní, los dos hijos de Risfá y Saúl, y a los cinco hijos que Merob, la hija
de Saúl, había tenido de Adriel,
21,9 los entregó a manos de los gabaonitas; que los ahorcaron en el cerro, delante de Yavé.
Los siete murieron juntos. Eran los primeros días de la cosecha, cuando comienza la siega de la
cebada.
21,10 Risfá, la hija de Haya, extendió un saco sobre el roquerío y se quedó allí desde el tiempo de la siega
hasta la estación de las lluvias. No permitió que los destrozaran ni las aves de rapiña, en el día, ni
las fieras salvajes durante la noche.
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Librodot
Librodot Sagrada Biblia – 2 Samuel Anónimo
21,11 Cuando supo David lo que había hecho Risfá, concubina de Saúl
21,12 fue a Jabés de Galaad a pedirles los huesos de Saúl Y de su hijo Jonatán a las autoridades de la
ciudad. Ellos, en efecto, los habían retirado de los muros de Bet-San, donde los habían colgado
los filisteos el día que mataron a Saúl en Gelboé.
21,13 Desde allí subió los huesos de Saúl y de su hijo Jonatán y los juntó con los huesos de los que habían
sido colgados.
21,14 Todos juntos fueron sepultados en tierra de Benjamín, en Selá; en el sepulcro de Quis, padre de
Saúl. Se hizo todo lo que el rey había ordenado, y después de esto Dios tuvo piedad del país.
21,15 De nuevo hubo guerra entre los filisteos e Israel. David con sus servidores bajaron y a atacaron a
los filisteos.
21,16 En el momento que David estaba cansado, se presentó Dodó, hijo de Joas, descendiente de Rafá,
quien tenía una lanza de bronce que pesaba tres kilos y medio, además de su espada nueva. Este
trató de matar a David.
21,17 Pero Abisaí; hijo de Sarvia, vino en su ayuda e hirió de muerte al filisteo. Entonces; los hombres
de David le pidieron con insistencia: «No salgas más con nosotros a la guerra para que no se apa-
gue la antorcha de Israel.»
21,18 En Gob hubo otra batalla contra los filisteos, en la que Sibekay de Jusa mató a Saf, otro de los
descendientes de Rafá.
21,19 Hubo todavía otro combate en Gob contra los filisteos, y Eljanán, hijo de Jair de Belén, mató a
Goliat de Gat; el mango de su lanza era tan enorme como un palo de telar.
21,20 También hubo un combate en Gat. Había allí un hombre de gran estatura que tenía seis dedos en
cada mano y en cada pie, veinticuatro dedos en total. También era descendiente de Rafá.
21,21 Desafió a Israel, pero Jonatán, hijo de Simá; hermano de David lo mató.
21,22 Estos cuatro descendientes de Rafá habían nacido en Gat y cayeron en manos de David y sus
servidores.
El cántico de David
+
22,1 David dirigió a Yavé las palabras de este cántico cuando éste lo libró de Saúl y de todos sus
enemigos. Dijo:
22,2 Yavé es mi roca y mi fortaleza,
mi libertador y mi Dios.
22,3 El es la roca en que me asilo,
mi escudo, mi salvación,
mi fortaleza y mi refugio.
Tú, mi Salvador, me salvas de la violencia.
22,4 Invoqué a Yavé digno de alabanza
y me encuentro libre de mis enemigos.
22,5 Me rodeaban las olas de la muerte,
los torrentes de Belial me habían sorprendido.
22,6 Los lazos del Lugar Oscuro me rodeaban,
delante de mí estaban preparadas trampas
de muerte.
22,7 En mi angustia clamé a Yavé,
invoqué a mi Dios,
desde su templo oyó mi voz,
y mi clamor llegó a sus oídos.
22,8 Y la tierra se estremeció y tembló,
los cimientos de los cielos se conmovieron,
se estremecieron porque él estaba enojado.
22,9 Subía humo de sus narices
y de su boca salía un fuego devorador;
con carbones encendidos.
22,10 Inclinó los cielos y bajó,
una oscura nube tenía bajo sus pies.
22,11 Montó en un querubín y voló,
planeó sobre las alas del viento.
22,12 Su séquito era de tinieblas,
su tienda, de nubes de agua,
de espesos nubarrones.
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Librodot
Librodot Sagrada Biblia – 2 Samuel Anónimo
23,10 él se mantuvo firme y atacó a los filisteos hasta que su mano se cansó y le quedó pegada a la
espada. Aquel día Yavé consiguió una gran victoria. Los otros combatientes volvieron al terreno
detrás de Eleazar, pero solamente para tomar los despojos.
23,11 Después de él, Sammá, hijo de Elá, el ararita. Los filisteos se habían reunido en Legí: Había allí
un campo sembrado de lentejas, y el ejército huía ante los filisteos,
23,12 pero él se puso en medio del campos, lo defendió y derrotó a los filisteos. Yavé obró ahí una gran
victoria.
23,13 Estos tres, los más valientes de los treinta, bajaron juntos donde David, a la caverna de Adulam,
en el tiempo de la siega, mientras que una tropa de filisteos acampaba en el valle de Refaím:
23,14 David estaba en el refugio y había en Belén una guarnición filistea.
23,15 Se le antojó decir a David: «¡Cómo me gustaría beber agua del pozo que hay junto a la puerta de
Belén!»
23,16 Entonces los tres héroes penetraron en el campamento de los filisteos, sacaron agua del pozo que
está en la Puerta de Belén y se la ofrecieron a David. Pero él no quiso beberla, sino que la
derramó como ofrenda a Yavé,
23,17 diciendo: «No permita Yavé que yo haga tal cosa. ¿No es la sangre de esos hombre que arriesga-
ron su vida por ir a buscarla?» Y no quiso beber. Esto hicieron los tres héroes.
23,18 Abisaí, hermano de Joab e hijo de Sarvia, era jefe de los Treinta. El blandió su lanza contra
trescientos hombres y se hizo tan famoso como los Tres.
23,19 Fue el más famoso de dos Treinta, y paso a ser su jefe, pero no igualó a los Tres.
23,20 Banaías era el hijo de Yoyada, un hombre valiente y de grandes hazañas. El dio muerte a los dos
hijos de Ariel de Moab; él también bajó a un pozo un día de nevazón para matar ahí a un león.
23,21 Mató también a un egipcio de gran estatura. El egipcio tenía una lanza en su mano, pero él lo
enfrentó armado sólo de un palo; quitó la lanza de manos del egipcio y lo mató con su propia
lanza.
23,22 Esta fue la hazaña de Banaías, hijo de Yoyada.
23,23 Se hizo famoso entre los Treinta, pero no igualó a los Tres. David lo nombró jefe de su guardia.
23,24 Azae1, hermano de Joab, también era de los treinta. Además: Eljanán, hijo de Dodó de Belén,
23,25 Sammá de Jarod, Elicá, de Jarod,
23,26 Jeles, de Pélet, Irá, hijo de Iqques, de Tecoa,
23,27 Abiezer, de Anatot; Sibekay, de Jusá,
23,28 Salmón, de Ajoj, Najray, de Netofá,
23,29 Jeles, hijo de Baaná, de Netofá, Itay; hijo de Ribay, de Guibeá de Benjamín;
23,30 Banaías, de Piratón, Hidday, de los torrentes de Gaas,
23,31 Abialbon, de Betaraba, Azmaet, de Bajurim.
23,32 Elyjhá, de Saalbón. Yasen, hijo de Jonatán.
23,33 Sammá, de Harar, Ajiam, hijo de Sarar, de Harar.
23,34 Elifelet, hijo de Ajasbay, de Maaká, Eliam, hijo de Ajitofel, de Guiló. Jesray, de Carmelo, Paaray de
Arab,
23,35 Jigal; hijo de Natán, de Sobá, Baní, de Gad.
23,36 Seléq el amonita.
23,37 Najaray, de Beerot, escudero de Joab, hijo de Sarvia.
23,38 Irá, de Yatir, Gareb, de Yatir,
23,39 Urías el heteo.
En total; treinta y siete.
El censo de David
+
24.1 Yavé se enojó de nuevo contra los israelitas. Movió a David a que hiciera el censo de Israel y Judá.
24.2 En efecto, David dio esta orden a Joab, jefe de su ejército: «Recorran todas las tribus desde Dan
hasta Bersebá; para hacer un censo y que yo sepa cuánta gente tengo.»
24.3 Joab replicó: «Que Yavé; tu Dios, multiplique cien veces más tu gente. Ojalá tus ojos lo vean;
pero ¿para qué quieres un Censo?»
24.4 Pero la orden de David prevaleció sobre los consejos de Joab y de los jefes del ejército, y ellos
tuvieron que partir para hacer el censo de la población de Israel.
24.5 Pasaron el Jordán y, comenzando por Aroer, ,la ciudad que está al fondo del valle, siguieron
después a Gad y a Gazer.
24.6 En seguida fueron a Galaad, luego al país de los heteos y a Cadés. Pasaron a Dan, desde donde
regresaron a Sidón.
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Librodot Sagrada Biblia – 2 Samuel Anónimo
24.7 Alcanzaron la fortaleza de Tiro y todas las ciudades de los jeveos y cananeos y terminaron en el
Negueb de Judá, en Bersebá.
24.8 Así recorrieron todo el país y regresaron a Jerusalén después de nueve meses y veinte días.
24.9 Este es el resultado del censo que Joab entregó al rey: en Israel había ochocientos mil hombres
capaces de manejar la espada, y en Judá; quinientos mil.
24.10 David sintió latir su corazón cuando hubo hecho el censo y dijo a Yavé:«He pecado grandemente
por lo que hice, ¡oh Yavé! Perdona, te ruego, mi falta, pues he cometido una locura.»
24.11 Al día siguiente, cuando David se levantaba, Yavé había dirigido a Gad, el profeta vidente de
David, las palabras siguientes: «Ve a decir a David esto, de mi parte:
24.12 Te propongo tres cosas y yo haré que caiga sobre ti la que tú elijas.
24.13 ¿Quieres que el pueblo sufra hambre durante tres años?, ¿o bien prefieres cree que huir durante
tres meses ante tus enemigos?, ¿o deseas que el país sea asolado por la peste, durante tres días?
Ahora piénsalo bien, pues debo llevar tu respuesta al que me envió.»
24.14 David dijo al profeta Gad: «Estoy en un gran apuro, pero prefiero caer en las manos de Dios, cuya
misericordia es grande, y no caer en manos de los hombres.»
24.15 David escogió, pues, la peste.
Era el tiempo de la cosecha del trigo y Yavé envió la peste durante tres días completos, conforme a
lo establecido. Desde Dan a Bersebá murieron setenta mil hombres.
24.16 El ángel de Yavé extendió su mano hacia Jerusalén para exterminarla; pero Yavé se arrepintió
del castigo y detuvo al ángel exterminador, diciendo: «Basta por ahora, retira tu mano.»
El ángel de Yavé ya estaba junto al campo de Areuna, el Jebuseo.
24.17 David, al darse cuenta de la mortandad, suplicó a Yavé: «Señor, yo soy el que ha pecado. ¡Yo
obré mal, Señor!, pero estas las ovejas, ¿qué han hecho? Caiga, Señor, tu mano sobre mí y mi
familia; sobre nadie más.»
24.18 Ese día, Gad fue a ver a David para decirle: «Anda al campo de Areuna el jebuseo y edifica allí
un altar a Yavé.» David partió, obedeciendo la orden que le había dado Yavé por intermedio de
Gad.
24.19 Cuando Areuna vio pasar el rey y su séquito, salió y se postró rostro en tierra ante el rey.
24.20 Y le preguntó: «¿A qué se debe, señor esta visita?» David le respondió: «Vengo a comprarte tu
tierra para edificar allí un altar a Yavé. Pueda ser que así se acabe la peste que azota a todo el
país.»
24.21 Areuna, a su vez, le dijo: «Pero, señor, ocúpela no más y ofrezca allí cuantos sacrificios quiera.
24.22 Además, señor, puede disponer de mis bueyes para el holocausto y como leña puede usar la rastra
y los yugos.
24.23 Todo se lo doy al rey: ¡Ojalá Yavé, tu Dios, te escuche!»
El rey sin embargo, le contestó: «Gracias, Areuna
24.24 Pero yo no voy a ofrecer a Yavé algo que no me cueste nada. Por eso, te lo quiero comprar todo.» Y
le pagó cincuenta siclos de plata por la era y los bueyes.
24.25 Después levantó el altar a Yavé, puso encima los bueyes, los quemó totalmente y ofreció otros
sacrificios. Entonces Yavé se compadeció del país y se acabó la peste en Israel.
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