VASIJAS RESTAURADAS PARA SERVIR
UN VASO PERFECTO
Un día el Señor le habló al profeta Jeremías:
"Baja ahora mismo a la casa del alfarero, y allí te comunicaré mi mensaje."
Entonces bajé a la casa del alfarero, y lo encontré trabajando en el torno.
Pero la vasija que estaba modelando se le deshizo en las manos; así que volvió a hacer
otra vasija, hasta que le pareció que le había quedado bien.
En ese momento la palabra del Señor vino a mí, y me dijo:
"Pueblo de Israel, ¿acaso no puedo hacer con ustedes lo mismo que hace este alfarero
con el barro? afirma el Señor. Ustedes, pueblo de Israel, son en mis manos como el
barro en las manos del alfarero.
¿Alguna vez has visto a un alfarero en acción sobre su rueda? El vaso va tomando forma
a medida que las manos del alfarero lo moldean y guían el flujo de arilla que sube. Pero
luego, si el vaso no encuentra la aprobación del alfarero (tal vez por alguna
imperfección en el diseño o una burbuja en la arcilla) él rompe el vaso nuevamente
sobre la rueda y vuelve a darle forma a la arcilla. El propósito del alfarero no es destruir
su obra, sino más bien hacer un trabajo más perfecto, dando lugar a una forma más bella
y más útil.
Todos sabemos lo que significa ser quebrantado: sentirnos destrozados, como si nuestro
mundo se derrumbara, o que todo se explotara. Todos atravesamos momentos cuando
no deseamos levantar la cabeza de la almohada, cuando pensamos que las lágrimas
nunca cesarán de correr. El quebrantamiento generalmente va acompañado de un vacío:
un hueco que no se llena, una angustia que no se consuela, una herida para la cual no
existe el bálsamo.
Sin embargo después del quebrantamiento se puede experimentar las bendiciones más
grandes de Dios. Entonces nuestra vida puede ser mucho más fructífera y desarrollarse
con un propósito superlativo. El amanecer después de una noche muy oscura y
devastadoramente tormentosa es glorioso.
¿Por qué Dios permite que seamos quebrantados?
Si dejamos que Dios haga su obra completa en nosotros, la bendición vendrá detrás del
quebrantamiento.
Dios se encuentra más involucrado en el proceso de transformar nuestros deseos que en
el de darnos lo que deseamos. Dios nos está purificando, nos está amoldando,
transformándonos en la clase de personas con las cuales Él desea vivir para siempre.
¿Verdaderamente deseas convertirte en la persona que Dios diseñó desde antes de que
nacieras?
¿Estás dispuesto a que Dios haga cualquier cosa que sea necesaria para conducirte a una
total entrega a fin de que Él tenga libertad de lograr todo lo que desea hacer por ti y todo
lo que quiere realizar en ti?
Para obtener lo mejor de Dios, debemos estar dispuestos a rendirnos completamente a
Él, de tal manera que el Espíritu Santo de modo convincente y arrollador nos guíe al
punto en el que seamos expresiones vivientes y caminantes de nuestro Señor Jesucristo
en el mundo hoy.
El quebrantamiento no es algo que debamos evitar o regir. Más bien, es algo a lo cual
debemos hacer frente con fe. Si en verdad deseamos ser todo aquello para lo que Dios
nos diseñó, debemos someternos a Él durante los tiempos de quebrantamiento
permitiéndole que nos revele por qué estamos atravesando la circunstancia y qué es lo
que Él desea que aprendamos de esta situación.
Para: preposición que indica dirección, destino, tiempo
Un destino, un sueño de Dios para ti, un llamado de Dios para tu vida, ¡defiende ese
llamado!, rompe con los nombres que otros han puesto queriendo dar un destino
diferente a tu vida, ¡atrévete! Como Habes a cambiar tu destino, ¡rompe el molde! No
tienes el destino del hombre, tienes el destino de Dios.
Jer 29:11 Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes afirma el
Señor, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una
esperanza.
Isa 55:9 Así, como el cielo está muy alto por encima de la tierra,
Así también mis caminos se elevan por encima de sus caminos
Y mis proyectos son muy superiores a los de ustedes.
Salmos 139:13 Tú creaste mis entrañas;
Me formaste en el vientre de mi madre.
¡Te alabo porque soy una creación admirable!
¡Tus obras son maravillosas,
Y esto lo sé muy bien!
Mis huesos no te fueron desconocidos
Cuando en lo más recóndito era yo formado,
Cuando en lo más profundo de la tierra
Era yo entretejido.
Tus ojos vieron mi cuerpo en gestación:
Todo estaba ya escrito en tu libro;
Todos mis días se estaban diseñando,
Aunque no existía uno solo de ellos.
¡Cuán preciosos, oh Dios, me son tus pensamientos!
¡Cuán inmensa es la suma de ellos!
Si me propusiera contarlos,
Sumarían más que los granos de arena.
Y si terminara de hacerlo,
Aún estaría a tu lado.
Jer 1:5 "Antes de formarte en el vientre,
Ya te había elegido;
Antes de que nacieras,
Ya te había apartado;
Te había nombrado profeta para las naciones."
El sendero que existe entre el lugar en el que estamos y el sitio donde Dios quiere que
estemos, es un sendero que se llama crecimiento espiritual cuya meta final es la
madurez espiritual. Dios nos quebranta para hacernos madurar.
PROCESO DEL QUEBRANTAMIENTO
Desde el punto de vista de Dios, el quebrantamiento es un proceso muy sistemático.
Nosotros solamente vemos el caos del quebrantamiento; sentimos el dolor, la confusión
y la desorientación. Dios en cambio, no reacciona ante las circunstancias de la vida. El
esta completamente consciente de lo que nos esta sucediendo aun antes de que nos
suceda, y obra dentro de las circunstancias y a través de las mismas para lograr sus
propósitos. Dios nunca pierde el control del proceso de quebrantamiento.
La vida del apóstol Pedro nos da una clara ilustración de los principios que Dios usa al
quebrantar a una persona. Probablemente la escena más famosa en la vida de Pedro
sucedió la noche antes de que Jesús fuera crucificado.
Pedro siguió a Jesús luego de que éste fuera apresado en el jardín de Getsemaní y luego
llevado a la casa del sumo sacerdote. Mientras Pedro estaba sentado en el patio de la
casa del sumo sacerdote, una sirvienta lo miro detenidamente y dijo: “Este hombre
estaba con él”. Pedro negó conocer a Jesús.
Un poco mas tarde alguna otra persona lo vio y dijo “Tú eres uno de ellos”.
Nuevamente Pedro negó cualquier clase de relación con Jesús. Sin embargo, alrededor
de una hora después otra persona dijo: “Él estaba con Jesús “.
Pedro respondió “¡No sé de qué están hablando!” Al momento de esta tercera negación,
un gallo cantó. Jesús había predicho que Pedro lo negaría tres veces antes de que el
gallo señalara el amanecer del próximo día, y sucedió tal como Jesús lo había dicho (Lc.
22:54-62).
Pedro no era una persona común. Tenía muchos talentos y dones en diferentes aspectos.
Los evangelios nombran a Pedro muchas veces más que cualquier otro de los apóstoles.
Su nombre se menciona en numerosos lugares en Hechos, así como en otros libros del
nuevo testamento. Claramente era un líder entre los líderes. Junto con Santiago y Juan
formaba parte del círculo más íntimo de Jesús, uno de los hombres en los cuales Jesús
confiaba y con quien había compartido los momentos más intensos y dramáticos de su
vida.
Pedro era un pescador, bastante impulsivo, obstinado, que hablaba sin rodeos y que era
físicamente fuerte. En todo su ser se encontraba escrita la palabra autosuficiente.
Uno puede preguntarse porque Jesús eligió a uno como Pedro.
Jesús eligió a Pedro por la misma razón que Dios nos elige a usted y a mí: Él ve todo lo
que podemos ser. Nos elige debido al potencial que tenemos para llegar a parecernos a
Cristo. Jesús eligió a Pedro porque creía que había encontrado a un hombre a través del
cual podría obrar. Tenía un propósito especial para la vida de Pedro, y volcó su ser en el
de Pedro para prepararlo para el ministerio sobrenatural que Dios tenia para él. Al igual
que todos nosotros, había áreas en Pedro que necesitaban ser quebrantadas para que
pudieran ser refaccionadas y reconstruidas. Jesús estaba dispuesto a involucrarse en
este proceso en la vida de Pedro. Por cierto, le dijo que cambiaria su nombre. Al
cambiarle el nombre a Pedro, Jesús rompió la identidad del viejo Simón (nombre que
tenia Pedro al momento en que Jesús lo llamó para ser un apóstol) y creó una nueva
identidad. Simón el junco se encontraba en el proceso de convertirse en Pedro la roca.
Los siguientes cuatro aspectos clave en el proceso de quebrantamiento de Dios se
aplican no solo a la vida de Pedro, sino a la nuestra.
DIOS ELIGE EL AREA DE LA VIDA QUE SERA EL BLANCO DE SU ACCION.
Dios elige el área en la vida de cada uno de nosotros que necesita ser quebrantada.
Cada uno de nosotros tiene puntos fuertes y puntos débiles, y muy a menudo Dios elige
como blanco lo que nosotros vemos como puntos fuertes en nuestra vida. ¿Por qué?
Porque estamos mucho menos dispuestos a rendirle estos puntos fuertes. Cuando somos
conscientes de nuestra debilidad, nos volvemos a Dios y le decimos: “Soy débil en esta
área; por favor, se tú mi fuerza”. Pero en aquellas áreas en las que nos sentimos fuertes,
decimos: “bueno, esto puedo manejarlo por mi propia cuenta.” No nos volvemos a Dios
para buscar su ayuda y su control.
Por ejemplo, una persona que tiene un don especial en cuanto a la enseñanza o el hablar
en público puede darse el lujo de ni siquiera buscar la ayuda de Dios si alguien le pide
que enseñe una lección en la escuela dominical o que hable delante de un grupo de la
iglesia. En cambio, es más probable que una persona que nunca ha enseñado o que
siempre ha sentido extraño al hablar delante de un grupo busque la ayuda de Dios si le
dan alguna de estas tareas.
Cada uno de nosotros también tiene actitudes, hábitos y relaciones. Si alguna de esas
actitudes, de esos hábitos o de esas relaciones esta en contra de lo que Dios desea para
nosotros, es un área que estará sujeta al quebrantamiento. Por ejemplo, Dios siempre
estará en contra de la idolatría, la codicia, las adicciones y los prejuicios raciales.
Cada uno de nosotros tiene sus deseos. Si deseamos algo con tanta fuerza que nos lleva
al punto de aferrarnos a eso y a considerarlo más valioso mas valioso que nuestra
relación con Dios, este deseo se convertirá en un blanco del quebrantamiento. Es
posible que no nos demos cuenta rápidamente de cuales son estos deseos. Una buena
pregunta que podríamos hacernos sería: “¿En que estoy pensando la mayor parte del
tiempo?” Aquello que ocupa el centro de nuestros pensamientos y del o que soñamos
despiertos muy probablemente es un deseo. Si este deseo crece en nuestra vida al punto
que supera el deseo de conocer mejor a Dios y de servirlo mejor, Dios no dudará en
dirigirse hacia ese blanco.
En cualquier momento dado, Dios identifica el impedimento más devastador y
potencialmente más dañino en nuestra relación con Él. Cuando Dios arranca de nosotros
algo en lo que confiábamos o algo a lo cual amábamos profundamente, generalmente
nos sentimos devastados. Lo que hizo que esta área se convirtiera en el blanco de lo que
Dios tenia que arrancar de nuestra vida es el amor malsano que sentíamos hacia eso. No
es que a Dios no le guste que confiemos en otras personas o que las amemos; ¡de
ninguna manera! Lo que Dios no desea es que confiemos en otros o que los amemos
más de lo que lo amamos a Él. Una y otra vez en las Escrituras encontramos la frase
Dios celoso. Dios es celoso de nuestro afecto, nuestro amor, nuestro tiempo, nuestros
deseos. Él desea ser la prioridad número uno en la vida.
Los celos son el deseo ardiente de poseer y proteger algo que nos pertenece
legítimamente. Un esposo puede sentirse celoso cuando alguien intenta quitarle a su
esposa porque ella es su legítima esposa. Una mujer puede sentirse celosa de aquellas
mujeres que intenten quitarle a su esposo. Nos sentimos celosos cuando alguien intenta
quitarnos algo que realmente nos pertenece.
La envidia es algo diferente. La envidia esta relacionada con las posesiones o las
relaciones que no nos pertenecen. Tenemos envidia cuando codiciamos o deseamos algo
que realmente perteneces a otra persona.
Nosotros le pertenecemos a Dios. Él es nuestro creador. Somos la obra de sus manos, su
creación; somos sus hijos. Él se siente celoso de cualquier cosa o de cualquier persona
que intenta separarnos de él y tomar su lugar en nuestra vida.
Dios desea que confiemos completamente en Él. No quiere que ninguna relación
sustituya nuestra relación con Él. Dios despedaza, rompe, destroza y quita de nuestra
vida cualquier cosa – generalmente cosas que son muy queridas para nosotros, a las
cuales nos aferramos fuertemente y que consideramos valiosas – que nos separa de su
amor o que forma una barrera entre nosotros y Dios.
Por lo general, sabemos que área de nuestra vida puede convertirse en un blanco para
los tratos de Dios. Tengo mis fuertes sospechas de que al haber leído este libro hasta
aquí, cada uno ha identificado algo en su propia vida acerca de lo cual puede decir:
“Esto es algo alrededor de lo cual Dios probablemente ha trazado un circulo como un
blanco posible para el quebrantamiento.” Sabemos cuando algo impide le libre fluir del
Espíritu de Dios en nosotros. Sabemos cuándo algo consume nuestra atención, perturba
nuestra paz o atrae nuestro pensamiento como un imán. Con toda seguridad Dios sabe
cuando esto sucede, ¡y lo sabe con mayor rapidez y mejor que nosotros!
Jesús vio impedimentos serios en la vida de Pedro.
En mateo 14, Jesús vino hacia sus discípulos, caminando sobre las aguas. Al verlo, sus
discípulos se llenaron de miedo. Pedro dijo: “Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti
sobre las aguas.”
Jesús le respondió: “Ven.”
Pero cuando Pedro salió del bote y comenzó a caminar sobre las aguas hacia Jesús,
quito su mirada de Jesús y comenzó a mirar el viento y las aguas embravecidas. Se lleno
de temor, comenzó a hundirse y clamo diciendo: “¡Señor, sálvame!” (ver. 22-30).
Jesús sabia que la naturaleza impetuosa y volátil de pedro tenía a una fe profunda o a un
temor intenso. Él necesitaba quebrar la tendencia miedosa en la vida de Pedro para que
pudiera seguirlo sin titubeos.
En mateo 16 Jesús explica a Pedro y a sus otros discípulos que debe ir a Jerusalén, que
sufriría muchas cosas a manos de los ancianos, de los sumo sacerdotes y de los maestros
de la ley, y que lo matarían y al tercer día resucitaría. Pedro llevo aparte a Jesús y lo
reprendió diciendo: “De ninguna manera esto te acontezca.” Jesús dio media vuelta y le
dijo: “¡Apártate de mi Satanás! Eres un tropiezo para mi; no tienes en mente las cosas
de Dios sino las cosas de los hombres” (ver. 21-23).
Jesús sabía que debía quebrar en Pedro aquel deseo de que las cosas se hicieran a su
manera y no a la manera de Dios.
En mateo 18, pedro le pregunto a Jesús: Señor, ¿Cuántas veces perdonare a mi hermano
que peque contra mí? ¿Hasta siete?” Jesús le respondió: “no te digo hasta siete, sino aun
hasta setenta veces siete” (ver. 21-22).
Jesús sabía que necesitaba quebrantar su actitud farisaica y presumida, reemplazándola
por la interminable generosidad de Dios al perdonar.
En Juan 13, Jesús intento lavar los pies de Pedro en el aposento alto. Pedro dijo: “no me
lavaras los pies jamás.” Jesús le respondió: “si no te lavare, no tendrás parte conmigo”
(ver 6-8).
Jesús sabía que tenía que quebrar el orgullo de Pedro.
En Mateo 26, Jesús les dijo a sus discípulos: “Todos vosotros os escandalizaréis de mí
esta noche; porque estrito está: Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño serán
dispersadas. Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea”
Respondiendo Pedro, le dijo: “Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me
escandalizaré”. Prometió morir junto con Jesús antes que negarle (v. 31-35)
Jesús sabía que necesitaba quebrantar la presunción egoísta de Pedro de que él estaba
por encima de lo que Jesús había profetizado.
En Lucas 22, vinieron hombres armados al jardín de Getsemaní para arrestar a Jesús.
Judas lo traicionó con un beso. Pedro hirió al siervo del sumo sacerdote, cortándole la
oreja, pero Jesús respondió a la situación diciendo: “¡basta ya!” Tocó la oreja del
hombre y lo sanó. (v. 47-51).
Jesús sabía que necesitaba enseñarle a Pedro que el reino de Dios no se establece por la
fuerza sino solamente por el poder del amor.
Una y otra vez Pedro era quebrantado. Poco a poco, en una situación tras otra, Jesús
actuó para pulverizar el orgullo, el egoísmo y la autosuficiencia de Pedro.
Él no hará menos que esto con nuestra vida. Dios señalará como blanco las áreas que
nos impiden confiar en Él plenamente y rendirnos a Él completamente.
DIOS ACOMODA LAS CIRCUNSTANCIAS
De la misma manera en que las áreas que están sujetas a quebrantamiento responden a
la voluntad de Dios, lo mismo sucede con las circunstancias que nos llevan a ser
quebrantados.
¿Por qué caminó Jesús sobre las aguas? En parte porque estaba creando la situación en
la cual le enseñaría a Pedro y a los otros discípulos a usar su fe para sobreponerse al
temor.
¿Por qué lavó Jesús los pies a sus discípulos? En parte porque estaba creando una
situación para confrontar a Pedro con su orgullo.
¿Por qué profetizó Jesús que sus discípulos negarían conocerlo? En parte porque estaba
preparando la situación para confrontar a Pedro con su propia arrogancia.
Sin lugar a dudas, estas circunstancias terminaron siendo dolorosas para Pedro una y
otra vez. Detengámonos a considerar la situación: Cada vez que Jesús daba un golpe de
cincel para quitar el orgullo y la autosuficiencia de Pedro, lo hacía en público. Pedro se
sentía humillado, en medio de una situación embarazosa. Pedro fue llevado al punto en
el que lloró amargamente al reconocer que había negado da Jesús. Sufrió. Agonizó a
causa de su fracaso y de su falta de confianza en Dios.
La última cosa que Pedro deseaba perder era el control. Él deseaba dictaminar si le
lavarían los pies o no; deseaba decidir los términos a través de los cuales pudiera probar
que Jesús realmente estaba caminando sobre las aguas, y la manera en la que Jesús se
convertiría en el Mesías.
Nosotros somos como Pedro; cada uno tiene mucha dificultad para rendir el control.
Siempre quereos tener la última palabra. El quebrantamiento es el proceso de Dios para
llevarnos al punto en el cual no sólo no tengamos la última palabra, sino que tampoco
tengamos nada que decir más que preguntar: “Señor Jesús, ¿qué quieres que yo haga?”
A Pedro le levó tres años llegar al lugar en el cual estaba dispuesto a decirle a Jesús:
“Sí, seré y haré lo que tú quieras. Te rindo el control a ti”
Luego de la crucifixión de Jesús, Pedro volvió a pescar. Una mañana, Jesús lo encontró
en la playa y le dijo: “Pedro, ¿me amas?
Tres veces Jesús hizo esta pregunta y tres veces Pedro le dijo: “¡Señor, tú sabes que te
amo!”
Jesús le dio a Pedro una tarea muy específica para hacer: alimentar y cuidar a las ovejas
(los seguidores de Jesús que necesitaban un pastor). Pedro finalmente se rindió
completamente a lo que Jesús deseaba de él. El Señor le había dado como objetivo un
ministerio sobrenatural, (¡Le dio las llaves del reino!) y en el día de Pentecostés, le dio
el poder para llevar a cabo ese ministerio sobrenatural.
Pedro aprendió la lección y lo ratifica cuando afirma: “Dios resiste a los soberbios y da
gracia a los humildes” (1 Pedro 5:5). Él estaba citando Proverbios 3:34 en su carta.
Pedro había experimentado este versículo en su vida.
Dios no comete errores en el proceso de quebrantamiento. Él sabe precisamente cuales
son las áreas en nuestra vida que deben convertirse en un blanco. Él sabe cuáles
circunstancias debe acomodar para quebrantarnos y cuáles herramientas debe usar. Él
sabe cuánta presión podemos soportar. Él se ocupa en la tarea de perfeccionarnos.
La buena noticia es que Dios nunca hace algo que sea menos que perfecto en nuestra
vida, si nosotros tan sólo nos rendimos a su voluntad.
Cuando resistimos el proceso de quebrantamiento, Dios debe ajustar la clavija un
poquito más fuerte, debe introducir el cincel un poquito más adentro y debe pulirnos
con un poco más de fuerza.
ORACIÓN:
Padre, cuán amorosos, tiernos, amables, clementes, buenos y vastos son tu métodos para
llevarnos más cerca de ti, de tal manera que podamos experimentar más plenamente tu
amor y cuidado por nosotros.
En este día oramos para que continúes obrando en nosotros y a través de nosotros para
lograr tus propósitos.
Te pido por todos los que están perdidos, vagando sin saber que hacer, sin un propósito
ni una dirección para que puedan darte el control y que los renueves y que los llenes de
poder para vivir una vida santa.
Padre, para quienes están hambrientos, sedientos o anhelando una mayor intimidad de
espíritu contigo, o una mayor efectividad en su trabajo y en su caminar diario, te pido
que contestes a ese clamor de su espíritu. Quebrántalos como sólo tú sabes dónde y
cómo quebrantarlos, y hazlos completos. Llévalos a la madurez espiritual para que
puedas usarlos en ministerio sobrenatural.
Enséñanos, Padre, Revélanos de qué manera deseas que cambiemos, crezcamos y nos
desarrollemos. Ayúdanos a quitar de nosotros aquellas cosas que son contrarias a tus
propósitos. Ayúdanos a abrazar aquello para lo cual nos has llamado y que esperas que
hagamos.
Deseamos más de ti en nuestra vida; deseamos conocerte mejor, tener una relación más
profunda contigo, y queremos sentir tu presencia morando en nuestra vida siempre.
Quebrántanos, Señor, de tal manera que puedas moldearnos a tu imagen y semejanza.
Hoy confiamos en que obrarás en nosotros para nuestro bien y para tu eterna gloria.
En el Nombre de Jesús. Amén.