José Zorrilla
Don Juan Tenorio
Género literario: Drama religioso-fantástico
PERSONAJES (ESTUDIANTES):
DON JUAN TENORIO (JAVIER QUEVEDO)
DOÑA INÉS DE ULLOA (SOFÍA BOYER O MICHELLE ARAUJO)
DON LUIS MEJÍA. (OBED ROLDÁN)
DON GONZALO DE ULLOA (ALESSANDRO RUJEL)
DON DIEGO TENORIO (GHINO VALDIVIEZO)
DOÑA ANA DE PANTOJA (DAFNE BELTRAN)
CRISTÓFANO BUTTARELLI (KENNETH TORRES)
GASTÓN (BRAYAN VALQUI)
MARCOS CIUTTI (JUAN VÁSQUEZ)
CAPITAN CENTELLAS (DIEGO CRUZ)
AVELLANEDAS (KEVIN LABAN)
BRÍGIDA (XIMENA ORDONIO)
LUCÍA (VALERIA ALFARO)
HOMBRE DE DON JUAN TENORIO (MORI RODRÍGUEZ)
NARRADOR (CLAUDIO CABRERA)
APOYO TÉCNICO:
EFECTOS DE SONIDO (PERCY CABRERA)
📢 ACTO 1
Narrador: don Juan Tenorio escribió una carta para doña Inés de Ulloa, y en ese mismo
momento Ciutti y Buttarelli se encontraban conversando sobre don Juan Tenorio, nuestro
protagonista.
– Don Juan Tenorio: ¡Cuál gritan esos malditos, pero mal rayo me parta si en
concluyendo la carta no pagan caro sus gritos!
– Butarrelli: Fue un buen Carnaval.
– Ciutti: Sí... buen agosto para rellenar la arquilla. Pero hoy…
– Buttarelli: Hoy no entra en la cuenta, Ciutti, se ha hecho buen trabajo.
– Ciutti: ¡Shh! habla un poco más bajo, mi señor tiene poca paciencia.
(Buttarelli y Ciutti miran desde lejos a Don Juan Tenorio)
– Buttarelli: ¿Cuánto tiempo a su servicio?
– Ciutti: Pues un año.
– Buttarelli: ¿Y qué tal te sale?
– Ciutti: No hay nadie quien se me iguale; cuento con tiempo libre, bolsas llenas, buenas
mozas y buen vino. Aunque todo ello a costa ajena...
– Buttarelli: ¿Y es franco?
– Ciutti: Como un estudiante.
– Buttarelli: ¿Noble?
– Ciutti: Como un infante.
– Buttarelli: ¿Y bravo?
– Ciutti: Como un pirata.
– Buttarelli: ¿Español?
– Ciutti: Creo que sí.
– Buttarelli: ¿Y a dónde va?
– Ciutti: Aquí.
(Buttarelli observa a Don Juan Tenorio)
– Butarrelli: Vaya forma de escribir una carta: tan prolija y cuidadosa. ¿Y a quién se lo
escribe?
– Ciutti: A su padre.
– Buttarelli: ¡Vaya un hijo!
– Ciutti: Para el tiempo en que se vive, es un hombre extraordinario. Haz silencio un
momento.
(Secuencia de Ciutti con Don Juan Tenorio)
– Don Juan Tenorio: (Cierra la carta) Firmo y pliego. ¡Ciutti!
– Ciutti: ¿Señor?
(Ciutti se acerca a Don Juan Tenorio)
– Don Juan Tenorio: Este escrito irá en el horario en que reza doña Inés, a sus manos ha de
llegar.
– Ciutti: Perfecto ¿a quién debo entregarle la carta?
– Don Juan Tenorio: Brígida, la sirvienta de Inés, te esperará afuera del convento, ella sabe
mis intenciones y es capaz de todo por dinero.
– Ciutti: Entendido señor, así será.
(Don Juan se dirige con Buttarelli)
– Don Juan Tenorio: Cristófano, venga aquí.
– Buttarelli: Excelencia.
– Don Juan Tenorio: Dígame, don Luis Mejía ¿ha venido hoy?
– Buttarelli: Excelencia, no está en Sevilla.
– Don Juan Tenorio: ¿Y tienes alguna noticia de el?
– Buttarelli: Tal vez.
– Don Juan Tenorio: Habla, pues.
– Buttarelli: Pues el caso, señor, que el caballero Mejía, por quien usted pregunta, dio un día
de encuentro que peor se le ocurriría.
– Don Juan Tenorio: ¿No tienes confianza en que Don Luis acuda a la cita de hoy?
– Buttarelli: Ni de loco, que el fin del plazo se acerca.
– Don Juan Tenorio: Ya guarda silencio.
– Buttarelli: Disculpa, excelencia, ¿y sabes si alguien más vendrá?
– Don Juan Tenorio: Quizá, al menos uno. Más por si acaso si los dos se presentan, tus dos
mejores botellas.
– Buttarelli: Mas…
– Don Juan Tenorio: ¡Shhh…! Chito, adiós.
(Don Juan Tenorio se retira del salón).
– Butarrelli: ¡Hasta pronto!
(Se dirige al público)
Y bueno…. Tal día como hoy en este lugar, se desafiarán dos hombres para ganar el título de
“donjuán”. Parece que en esta ocasión tendrán un encuentro más que interesante.
Narrador: Y entonces llega don Diego Tenorio, padre de don Juan Tenorio, y don Gonzalo de
Ulloa, padre de doña Inés de Ulloa, Capitán centellas y Avellanedas para ser testigos de la cita
de don Juan Tenorio con Luis Mejía.
— Avellaneda: Si vinieron, y te aseguro que se hará la apuesta.
— Capitán Centellas: Entremos, pues.
(se sientan en una mesa de la esquina del bar)
— Capitán Centellas: A sentarse, y que siga Avellaneda con la historia de don Luis.
— Avellaneda: Ya no hay más que decir de ella, sino que creo que la de Tenorio sea más
endiablada, por eso apuesto por Don Luis.
— Capitán Centellas: Acaso pierdas. Don Juan Tenorio, se sabe que es la más mala cabeza del
orbe, y no hubo hombre alguno que aventajarle pudiera con sólo su inclinación; conque, ¿qué
hará si se empeña?
— Avellaneda: Yo sé bien que Mejia los ha criado, por eso votaré por él.
— Capitán Centellas: Pues el capitán Centellas pone por don Juan Tenorio cuanto tiene.
— Avellaneda: Se acepta por Don Luis, que es muy amigo mío.
— Capitán Centellas: Pues todo en contra se arriesga; porque no hay como Tenorio otro
hombre sobre la tierra, es proverbial su fortuna y extremadas sus empresas.
(Llega una gran muchedumbre al bar)
— Capitán Centellas: Mira cuánta gente que ingresa.
— Avellaneda: Como que está de este lance curiosa Sevilla entera.
(Don Juan Tenorio y Don Luis Mejía llegan al bar)
— Avellaneda (a Centellas por Don Juan): Veras que, si ellos vienen, que buen chasco que se
lleva.
— Capitán Centellas (a Avellanedas por Don Luis): Pues allí va otro a ocupar
la otra silla; ¡uf! aquí es ella.
— Don Juan Tenorio: Esa silla está comprada,
hidalgo.
— Don Luis Mejía: Esa otra silla también esta comprada, hidalgo.
— Don Juan Tenorio: ¿Es usted don Luis Mejía?
— Don Luis Mejía: ¿Sera usted Don Juan Tenorio?
— Don Juan Tenorio: Puede ser.
— Don Luis Mejía: Tú lo dices.
— Don Juan Tenorio: ¿No confía?
— Don Luis Mejía: No.
— Don Juan Tenorio: Yo tampoco.
— Don Luis Mejía: Pues no hagamos más espera.
— Don Juan Tenorio: Yo soy Don Juan.
— Don Luis Mejía: Yo soy Don Luis.
(Don Juan y Don Luis se quitan el antifaz. Se dan un apretón de manos de manera muy
amistosa. Se sientan en la mesa central.)
— Don Juan Tenorio: El tiempo no malgastemos,
Don Luis.
— Don Juan Tenorio: ¿Estamos listos?
— Don Luis Mejía: Estamos.
— Don Juan Tenorio: Bebamos antes.
— Don Luis Mejía: bebamos.
(Don juan y Don Luis beben vodka)
— Don Juan Tenorio: La apuesta fue...
— Don Luis Mejía: Porque un día dije que en España entera no habría nadie que hiciera lo que
hiciera Luis Mejía.
— Don Juan Tenorio: Y siendo contradictorio, yo os dije: «Nadie ha de hacer lo que hará don
Juan Tenorio». ¿No es así?
— Don Luis Mejía: Sin duda alguna; y vinimos a apostar quien de ambos logró mas o menos
fortuna en todo el año.
— Don Juan Tenorio: Empiece usted, pues.
— Don Luis Mejía: No, usted debería empezar.
— Don Juan Tenorio: Como gustéis.
Pues señor, desde aquí, primero di sobre Italia para hallar fuego y sangre en amores y desafíos.
¿Qué se puede decir? Las romanas caprichosas, las costumbres atrevidas, y yo más que
dispuesto a empaparme del entorno. Fui al ejército de España; más dejé pronto su compañía
tras cinco o seis desafíos. Nápoles, rico vergel de amor: desde la princesa altiva a la que pesca
en ruin barca. A donde iba, la razón atropellé, la virtud escarnecí, a la justicia burlé, y a las
mujeres vendí. Yo las cabañas bajé yo a los palacios subí, yo a los claustros escalé, y en todas
partes dejé memoria amarga de mí. A quien quise provoqué, con quien quiso me batí, y nunca
consideré que pudo matarme a mí aquel a quien yo maté.
Lo escrito en este papel está cuanto consiguió, y lo que él aquí escribió, mantenido está por él.
— Don Luis Mejía: Lea usted, pues.
— Don Juan Tenorio: No; oigamos antes de vuestros bizarros extremos.
— Don Luis Mejía: Mas como don Juan, mi historia también a alargar renuncio; qué basta para
mi gloria la magnífica memoria qué allí dejé con mi anuncio. Y cual vos, por donde fui la razón
atropellé, la virtud escarnecí, a la justicia burlé, y a las mujeres vendí. Mí hacienda llevo
perdido tres veces; más se me antoja reponerla, y me convida mi boda comprometida con
doña Ana de Pantoja. Mujer muy rica me dan, y mañana
hay que cumplirlos tratos que hechos están; lo que os advierto, don Juan, por si queréis asistir.
A esto don Luis se arrojó, y escrito en este papel mantenido está por él.
— Don Juan Tenorio: Tan similar a mi historia; pero vamos a lo importante, que son los
números de cada uno.
— Don Luís Mejía: Tienes razón en verdad. Aquí está el mío, traigo los nombres sentados para
mayor claridad.
— Don Juan Tenorio: Del mismo modo tengo arregladas mis cuentas; observe.
— Don Luis Mejía: Contad.
— Don Juan Tenorio: Veintitrés.
— Don Luis Mejía: Son los muertos. A ver tú ¡Por dios aquí sumo treinta y dos!
— Don Juan Tenorio: Son los muertos.
— Don Luis Mejía: Usted es de matar.
— Don Juan Tenorio: Le llevo nueve.
— Don Luis Mejía: Me vencéis. Pasemos a las conquistas
— Don Juan Tenorio: Sumo aquí cincuenta y seis.
— Don Luis Mejía: Y yo sumo en vuestras listas setenta y dos.
— Don Juan Tenorio: Pues perdió. ¿Tiene algo qué decir?
— Don Luis Mejía: Solamente te falta una cosa.
— Don Juan Tenorio: ¿Me la puede señalar?
— Don Luis Mejía: Una novicia que este para profesar. Y para dar por perdida esta apuesta,
¿veinte días?
— Don Juan Tenorio: ¡Seis! Y lo complicaré aún más, pues con la novicia traeré la mujer de
algún amigo que esté para casarse. Ni más ni menos que con tu prometida, ¡doña Ana de
Pantoja!
— Don Luis Mejía: ¿Qué dice, don Juan?
— Don Juan Tenorio: Lo que ha oído.
— Don Luis Mejía: ¡¡Gastón!!
– Gastón: ¿Señor?
(DON LUIS le susurra algo al oído, en secreto, se va precipitadamente)
— Don Juan Tenorio: ¡Ciutti!
— Ciutti: ¿Señor?
(DON JUAN le susurra algo al oído, actúa igual)
— Don Luis Mejía: ¿Estamos de acuerdo?
— Don Juan Tenorio: ¡Si!
— Don Luis Mejía: ¡Pues va la vida!
— Don Juan Tenorio: ¡Pues va!
(Don Gonzalo se muestra, golpea la mesa)
— Don Gonzalo: ¡Insensatos! Vive Dios que si no me tiemblan las manos, a palos como a
villanos, les daría muerte a los dos.
— Don Juan Tenorio y Don Luis Mejía: ¡Veamos!
(Don Juan y Don Luis le apuntan con sus armas a Don Gonzalo. Éste, mueve las armas hacia un
lado)
— Don Gonzalo: He vivido lo bastante para darme cuenta qué viene después. Y antes de irme,
debo decirte algo: vuestro buen padre don Diego, estaba por concretar una boda que pronto
se iba a celebrar. Pero ahora al veros aquí, simplemente me avergonzó.
— Don Juan Tenorio: ¡No sé cómo he tenido calma para no asentarte la mano! Pero di pronto
quién eres! ¡Porque me siento capaz de arrancarte el antifaz con el alma que tuvieres!
(DON GONZALO se quita el antifaz)
— Don Juan Tenorio: Don Gonzalo...
— Don Gonzalo: Desde hoy no penséis más en doña Inés. Me has decepcionado.
— Don Juan Tenorio: (entre risas) Me hacéis reír, don Gonzalo, pues venirme a provocar,
es como ir a amenazar a un león con un mal palo. Y pues hay tiempo, advertir que, o me la
dais, o por Dios, quitárosla he de ir.
— Don Gonzalo: ¡Miserable!
— Don Juan Tenorio: ¡Dicho está! Sólo una mujer como ésta faltaría para mi apuesta. Ved
pues, qué harás.
(DON DIEGO aparece, golpea la mesa de la rabia)
– Don Diego Tenorio: ¡No puedo más escuchar esto! ¡Qué indignación tengo al escuchar tus
palabras hijo! Quise ignorar lo que decían de ti y ahora confirmo que era verdad.
Has deshonrado a la familia y solamente espero que caiga sobre ti, un rayo para que pagues
todo el daño que has hecho. Olvídate de mí.
– Don Juan Tenorio: si es tu decisión la respeto, igual no me voy a morir por eso. En fin, son
pláticas de las cuales nunca hice caso.
(Don Juan se dirige a Don Luis.)
– Don Juan Tenorio: Entonces será doña Ana y doña Inés en la apuesta.
– Don Luis Mejía: Y el precio es la vida.
– Don Juan Tenorio: Vos lo decís. Vamos pues.
Narrador: don Diego Tenorio y don Gonzalo de Ulloa, salieron de la taberna muy enojados.
📢 ACTO 2
Narrador: En lo que Don Juan llega al convento de doña Ana de Pantoja, se topa con Lucía, su
criada, a la cual Don Juan no hace más que seducirla.
– Lucía: ¿Qué quieres, buen caballero?
– Don Juan Tenorio: Quiero ver.
– Lucía: Ver, ¿Qué quiere ver a esta hora?
– Don Juan Tenorio: A tu señora.
– Lucía: Qué mal hora. ¿Quién piensa que vive aquí?
– Don Juan Tenorio: Doña Ana de Pantoja y… quiero ver a tu señora.
– Lucía: ¿Sabe que se casa Doña Ana?
– Don Juan Tenorio: Sí, mañana.
– Lucía: ¿Y ha de ser tan infiel ya?
– Don Juan Tenorio: Sí será.
– Lucía: Pues… ella no esta con Luis Mejía.
– Don Juan Tenorio: Ah, hoy no es mañana Lucía, yo quiero estar con Doña Ana, mañana
será otro día.
– Lucía: ¿En que quiere que le ayude?
– Don Juan Tenorio: Abrir.
– Lucía: Va, ¿y quién abre este castillo?
– Don Juan Tenorio: Este bolsillo.
– Lucía: ¡Oro! ¿Cuánto?
– Don Juan Tenorio: Cien doblas.
– Lucía: ¡Jesús! ¿Qué nombre usa el galán?
– Don Juan Tenorio: Don Juan.
– Lucía: ¿Sin apellido notorio?
– Don Juan Tenorio: Tenorio.
– Lucía: Ay Dios, ¿es usted don juan?
– Don Juan Tenorio: A tus ojos se presenta don Juan Tenorio.
– Lucía: ¿Dónde lo busco a usted a mí?
– Don Juan Tenorio: Aquí.
– Lucía: Estaré puntual.
– Don Juan Tenorio: ¡Me asegurare de traerlo el oro!
– Lucía: Y yo una llave, adiós, Don Juan Tenorio.
📢 ACTO 3
Narrador: don Juan Tenorio se preparó para tener dos citas en un mismo día, pues en la
mañana tenía previsto secuestrar a doña Ana de Pantoja, para después en la tarde buscar de
sorpresa a doña Inés de Ulloa.
– Don Juan Tenorio: disculpe por haberla raptado, pero su belleza y tierna mirada me
estaban volviendo loco, ya no sabía qué hacer para llamar su atención.
– Doña Ana de Pantoja: (asombrada) no sé si es lo más aterrador o lo más romántico que me
haya podido suceder, pero acepto que su inusual confesión, despierta mi interés.
Narrador: don Juan Tenorio empieza a besarla y ella no se resiste, se dejan llevar por la pasión
y hacen el amor.
Después de ocurrir este hecho, tomó a escondidas una prenda íntima de doña Ana y la guardó
en su maletín como prueba de la apuesta.
Luego la llevó hasta su casa con uno de sus hombres, se despidieron y partió hasta el convento
donde estaba doña Inés de Ulloa.
📢 ACTO 4
Narrador: Ciutti cumplió con el pedido de su amo y le dio la carta a Brígida, quién habló con
doña Inés de Ulloa sobre el asunto.
– Brígida: Buenas noches, doña Inés.
– Doña Inés de Ulloa: Buenas noches, Brígida.
– Doña Inés de Ulloa: ¿Cómo habéis tardado tanto?
– Brígida: Voy a cerrar esta puerta.
– Doña Inés de Ulloa: Hay orden de que esté abierta.
– Brígida: Es muy bueno y santo para todas las novicias que han de consagrarse a Dios. No
para usted, doña Inés.
(Cierra la puerta)
– Brígida: ¿Habéis mirado el libro que he traído?
– Doña Inés de Ulloa: ¡Ay! Se me había olvidado.
– Brígida: ¡Pues me hace gracia el olvido!
– Doña Inés de Ulloa: ¿Pues tanto el libro interesa?
– Brígida: ¡Pues quedó con afán el infeliz!
– Doña Inés de Ulloa: ¿Quién?
– Brígida: Don Juan.
– Doña Inés de Ulloa: Válgame el cielo, ¡qué escuchó! ¿Es don Juan quién me lo envía?
– Brígida: Por supuesto.
– Doña Inés de Ulloa: ¡Oh! Yo no debo tomarle.
– Brígida: Pobre Juan, desarmarlo así sería como matarlo.
– Doña Inés de Ulloa: ¿Qué estás diciendo?
– Brígida: Si ese horario no tomáis, tal pesadumbre le dáis que va a enfermar, lo estoy
viendo.
– Doña Inés de Ulloa: ¡Ah! No, no; de esa manera le tomaré.
– Brígida: Bien haréis.
– Doña Inés de Ulloa: Y qué bonito es!
– Brígida: ¿Ya véis? Quien quiera agradar, se esmera.
– Doña Inés de Ulloa: Con sus manecillas de oro. ¡Y cuidado que está prieto!
(Le abre y cae una carta entre sus hojas)
– Doña Inés de Ulloa: ¿Qué cayó?
– Brígida: ¡Un papelito!
– Doña Inés de Ulloa: ¡Una carta!
– Brígida: Claro, está; en esa carta os vendrá ofreciendo el regalito.
– Doña Inés de Ulloa: ¿Qué? ¿Será suyo el papel?
– Brígida: Vaya que sois inocente.
– Doña Inés de Ulloa: Ay de mí!
– Brígida: ¿Qué es lo que pasa por vos?
– Doña Inés de Ulloa: No lo sé, el campo de mi mente, siento que cruzan perdidas mil
sombras desconocidas.
– Brígida: ¿Tiene alguna por ventura el semblante de don Juan?
– Doña Inés de Ulloa: No sé, desde que le vi, Brígida mía, y su nombre me dijiste, tengo a ese
hombre siempre delante de mí, no sé qué fascinación en mis sentidos ejerce, que siempre
hacia a él se me tuerce la mente y el corazón.
– Brígida: ¡Válgame Dios! Doña Inés según lo que me vas explicando me da a creer que es
amor.
– Doña Inés de Ulloa: ¿Amor has dicho?
– Brígida: Sí! Amor!
– Doña Inés de Ulloa: No, de ninguna manera.
– Brígida: Anda, hay que leer la carta.
(Doña Inés abre la carta.)
– Doña Inés de Ulloa: ¡Cuánto más lo veo, menos me atrevo a leer!
(Lee.)
«Doña Inés del alma mía,
Si os dignáis por estas letra
Pasar vuestros lindos ojos,
No los tornéis con enojos
Sin concluir, acabad.
Nuestros padres de consuno
Nuestras bodas acordaron,
Porque los cielos juntaron
Los destinos de los dos.
Y con tan risueña esperanza,
Mi alma, doña Inés, no alcanza
Otro porvenir que vos.
De amor con ella en mi pecho
Brotó una chispa ligera,
Que han convertido en hoguera
Tiempo y afición tenaz.
Y esta llama, que en mí mismo
Se alimenta, inextinguible,
Cada día más terrible
Va creciendo y más voraz.
Inés, alma de mi alma,
Perpetuo imán de mi vida,
Si es que a través de esos muros
El mundo apenada miras,
Y por el mundo suspiras,
De libertad con afán,
Acuérdate que al pie mismo
De esos muros que te guardan,
Para salvarte te aguardan
Los brazos de tu don Juan».
(Dona Inés arruga la carta.)
– Dona Inés de Ulloa: Por Dios, ¿qué sentimientos dormidos son los que despiertan en mí?
¿Qué impulsos jamás sentidos? ¿Quién roba la dulce calma de mi corazón?
– Brígida: ¡Don Juan!
– Doña Inés de Ulloa: Bien dicen: juntó el cielo el destino de los dos.
(Suenan campanas)
– Brígida: Silencio por Dios. ¿No oyes tocar las campanadas?
– Doña Inés de Ulloa: Sí, como casi siempre.
– Brígida: Pues no menciones a ese tal Don Juan al que tanto amas, ¡puede aparecer aquí!
– Doña Inés de Ulloa: ¡Oh! ¿Y qué es, un espíritu?
– Brígida: ¡No! Mas si tiene una llave…
(Llega Don Juan al convento con Ciutti y sus demás hombres)
– Brígida: ¡Don Juan!
– Doña Inés de Ulloa: ¿Qué es esto? ¿Un sueño?
(Don Juan se acerca a Doña Inés)
– Don Juan Tenorio: Inés de mi corazón…
– Doña Inés de Ulloa: ¿Es realidad lo que miro o es una fascinac-…
(Doña Inés se desmaya)
– Brígida: El pavor la ha transtornado.
– Don Juan Tenorio: Mejor, así nos ha ahorrado la mitad de la jornada. ¡Ea! ¡No
desperdiciemos el tiempo! En los brazos a tomarla.
– Brígida: ¿Vas a llevarla así?
– Don Juan Tenorio: Necia, ¿en serio crees que rompí la clausura por nada? Mis hombres
están abajo, sígueme.
Narrador: Y así, Don Juan Tenorio, con ayuda de Ciutti y en compañía de Brígida, llevaría a
Doña Inés hacia su quinta.
(Doña Inés es despertada por Brígida y revisa que Don Juan aparezca. Ciutti y Don Juan llegan.)
– Ciutti: ¡Aquí están!
– Don Juan Tenorio: ¡Alumbra!
(Don Juan aparece, él y Doña Inés se ven fijamente)
– Doña Inés de Ulloa (hacia Brígida): Él es…
– Don Juan Tenorio: ¿A dónde vais, doña Inés?
– Doña Inés de Ulloa: Dejadme salir, don Juan.
(Don Juan retira a Brígida y a Ciutti del sitio)
– Don Juan Tenorio: ¿Qué os deje salir? Cálmate pues, vida mía. Reposa aquí, y un momento
olvida de tu convento la triste cárcel sombría.
(Don Juan y Doña Inés se sientan en la cama.)
– Don Juan Tenorio: Ah… ¿No es cierto, ángel de amor, que en esta apartada orilla más pura
la luna brilla, ¿y se respira mejor? Esa agua limpia y serena que atraviesa sin temor la barca
del pescador, que espera cantando el día, ¿no es verdad, paloma mía, que está respirando
amor? Esa armonía que el viento recoge entre esos millares de floridos olivares, que agita
con manso aliento, ¿no es verdad, gacela mía, que está respirando amor? Y esas dos
líquidas perlas que se desprenden tranquilas de tus radiantes pupilas convidándome a
beberlas, evaporarse a no verlas de sí mismas al calor, y ese encendido color que en tu
semblante no había, ¿no es verdad, hermosa mía, que están respirando amor?
Oh sí, bellísima doña Inés, a tus plantas, pues, un corazón que nunca creyó rendirse,
adorando ahora la esclavitud de tu amor…
– Doña Inés de Ulloa: Por favor, callad, don Juan, que oyendo parece que mi cerebro
enloquece y se arde mi corazón. Tal vez Satán puso en ti su vista fascinadora, su palabra
seductora, y el amor que negó a Dios. ¿Y qué hacer si de igual forma caeré ante tus
brazos? No, don Juan, ya no resistiré de ti, voy a ti ahora. Tus palabras me alucinan, tus
ojos me fascinan, y tu aliento me envenena. ¡Don Juan! ¡Don Juan, yo lo imploro de tu
hidalga compasión! ¡O arráncame el corazón, o ámame! ¡Porque te adoro!
(Doña Inés abraza a Don Juan)
– Don Juan Tenorio: Alma mía… no es Satanás quien pone este amor en mí: es Dios. El amor
del que siento ahora, no es ese amor terrenal que experimenté hasta este instante: ¡es
incendio que se traga cuanto ve! Iré ante tu padre, el comendador, y tendrá que obrar por
tu amor, o me tendrá que matar.
– Doña Inés de Ulloa: ¡Don Juan de mi corazón!
(Doña Inés abraza a Don Juan. Atracan la puerta principal.)
– Don Juan Tenorio: Silencio. Una barca ha atracado debajo de este balcón. ¡Brígida!
Perdonadme, Inés bella, voy a terminar lo que inicié.
– Doña Inés: ¿Tardarás?
– Don Juan Tenorio: Poco ha de ser. Adiós, Inés.
(Brígida se retira con Doña Inés.)
Narrador: Y entonces, Don Juan Tenorio se prepararía para enfrentarse de una vez por todas
ante Don Luis Mejía, en lo que sería la última riña para definir quién es el verdadero
“donjuan”.
(Ciutti entra en escena.)
– Ciutti: Señor.
– Don Juan Tenorio: ¿Qué sucede, Ciutti?
– Ciutti: Hay un embozado que está muy empeñado en veros.
– Don Juan Tenorio: ¿Quién es?
– Ciutti: Dice que no puede descubrirse más que a vos.
– Don Juan Tenorio: ¿Y en él no has reconocido marca ni señal alguna que nos oriente?
– Ciutti: Ninguno, mas viene decidido a veros.
– Don Juan Tenorio: ¿Trae hombres?
– Ciutti: No más que los remeros del bote.
– Don Juan Tenorio: Que entre.
(Don Luis llega a la habitación de Don Juan. Tenorio le hace una seña para que se retire.)
– Don Juan Tenorio: Bien venido, caballero.
– Don Luis Mejía: Bien hallado, señor mío.
– Don Juan Tenorio: Decid, pues: ¿a qué venís a esta hora y con tal afán?
– Don Luis Mejía: Vengo a mataros, don Juan.
– Don Juan Tenorio: Suponiendo eso, ¿sois don Luis Mejía?
(Don Luis Mejía muestra su rostro.)
– Don Luis Mejía: No os engañó el corazón, y el tiempo no malgastemos, don Juan; los dos
no cabemos ya en la tierra.
– Don Juan Tenorio: En conclusión, como os gané la apuesta, ¿quiere que todo acabe
saliendo a batir?
– Don Luis Mejía: La vida apostado habemos.
(Don Juan y Don Luis sacan sus armas.)
– Don Juan Tenorio: Gané limpiamente esa apuesta. Pero si tanto te ha desconcertado,
buscamos un remedio.
– Don Luis Mejía: Nada más, don Juan. Me has maniatado, tomando mi puesto para triunfar
con doña Ana. Yo la amaba, mas con lo que habéis osado, imposible la dejaste para vos y a
mí.
– Don Juan Tenorio: ¿Por qué la apostasteis, pues?
– Don Luis Mejía: Porque no pensé que lo pudierais lograr. ¡Y vamos a reñir por San Andrés
que me impaciento!
– Don Juan Tenorio: Esperad. Ruido siento.
(Ciutti llega desesperadamente.)
– Ciutti: ¡Señor! ¡Viene el comendador con gente armada!
– Don Juan Tenorio: Deja entrar sólo a él.
– Ciutti: Pero…
– Don Juan Tenorio: ¡Obedéceme!
– Don Luis Mejía: Me abstengo por un momento, que parece tienes otro pendiente.
(Don Luis Mejía se esconde en el cuarto que Don Juan le señala. Don Gonzalo llega al
cuarto de Don Juan.)
– Don Gonzalo de Ulloa: ¿Adónde está ese traidor?
(Don Juan se pone de rodillas)
– Don Juan Tenorio: Aquí está, comendador.
– Don Gonzalo de Ulloa: ¿De rodillas?
– Don Juan Tenorio: Sólo quiero que me escuche un instante.
– Don Gonzalo de Ulloa: ¿Qué puede salir de tu lengua que borre lo que tú mano escribió en
esa carta?
– Don Juan Tenorio: ¡Comendador!
– Don Gonzalo de Ulloa: ¡Miserable! Tú has alejado a mi hija de su convento. Ahora estoy
aquí por tu vida o por mi bien.
– Don Juan Tenorio: ¡Comendador!
– Don Gonzalo de Ulloa: ¡Vive Dios!
– Don Juan Tenorio: Comendador, yo idolatro a doña Inés. No amé la hermosura en ella, lo
que adoro es la virtud, don Gonzalo. Ella puede hacer un ángel de quien un demonio fue.
Yo… seré el esclavo de tu hija: en tu casa viviré, tu gobernarás mi hacienda y dirás esto ha
de-…
– Don Gonzalo de Ulloa: Basta don Juan. Sólo has demostrado que eres un cobarde cuando
en la ocasión te ves. Un día te saqué con bien, y hoy me avergüenzo de mirarte así a mis
pies.
– Don Juan Tenorio: Considera bien que cuantos medios pude te quise satisfacer.
(Don Luis aparece, se ríe de forma burlesca.)
– Don Luis Mejía: ¡Muy bien, don Juan!
– Don Gonzalo de Ulloa: ¿Quién es ese hombre?
– Don Luis Mejía: Un amigo, Comendador, para vos.
– Don Juan Tenorio: ¡Don Luis!
– Don Luis Mejía: Ya he visto bastante, don Juan, para conocer el uso de tu valor arrogante.
– Don Juan Tenorio: ¡Basta pues, de tal de suspicio! Y venza el infierno, pues. ¡Ulloa, pues mi
alma así vuelves a hundir en el vicio, cuando Dios me llame a juicio, ¡tú responderás por
mí!
(Le da un pistoletazo a Don Gonzalo.)
– Don Juan Tenorio: ¡Y tú insensato! ¡Que cara a cara te mato!
(Don Juan le da una estocada a Don Luis)
– Ciutti: ¡Don Juan! ¡Por aquí hay una salida!
Narrador: Como pudo, huyó rápidamente y se fue del país. Al enterarse de lo sucedido, doña
Inés de Ulloa murió de la tristeza el mismo día que don Gonzalo.
📢 ACTO 5
Narrador: Transcurrieron cinco años de lo ocurrido, por lo que don Juan Tenorio decidió
regresar a España. Una vez allí, fue hasta el Panteón para observar las tumbas de sus víctimas,
incluyendo a doña Inés.
(Don Juan llega al Panteón.)
– Don Juan Tenorio: Mi buen padre empleó toda la hacienda mía; supongo que le hubiera
dedicado una carta; hizo bien en ello.
(Don Juan observa la estatua de Doña Inés.)
– Don Juan Tenorio: ¡Mármol en quien dona Inés en cuerpo sin alma existe, deja que el alma
de un triste llore a tus pies! Don Juan en ti nada más pensó desde que se fue de ti, y desde
que huyó sólo meditó en volver aquí.
(Se escuchan susurros.)
– Don Juan Tenorio: ¡Oh, doña Inés de mi vida! Si es eso voz con quién deliro, dile que mire a
don Juan llorando en tu sepultura.
– Sombra: No, don Juan, mi espíritu sigue aquí.
– Don Juan Tenorio: ¡Doña Inés, alma de mi corazón! ¿Aún vives?
– Sombra: Para ti, pero tengo un purgatorio en mi propio mármol. Don Juan, si lo piensas
bien, a tu lado me tendrás, mas si obras mal, causarás nuestra eterna desventura. Medita
con cordura, don Juan. Adiós, y recuerda que la elección de aquel momento, al mal o al
bien ha de abrirnos las losas del monumento.
(Desaparece el “espectro”.)
– Don Juan Tenorio: Pero, ¿qué es lo que escuché? Creo que algo sobrenatural vi en aquella
doña Inés, mas... No, ¡delirio fue! Pero su estatua estuvo aquí. Yo la vi y la toqué. ¡Cielos!
¿Acaso la mente me falta? ¡Alzaos, fantasmas vanos! No; ¡no me causan pavor vuestros
semblantes esquivos! ¡Yo soy vuestro matador! ¡Daos prisa, que aquí os espera otra vez
don Juan Tenorio!
(Capitán Centellas y Avellanedas llegan al Panteón. Aparecen en escena, detrás de Don Juan.)
– Capitán Centellas: ¿Don Juan Tenorio?
– Avellaneda: ¡Señor Tenorio!
– Don Juan Tenorio: ¡Apartaos, vanas sombras!
– Capitán Centellas: Los que están ante su presencia no son sombras, hombres son, quienes
atesoramos vuestra amistad.
– Don Juan Tenorio: Gracias, Centellas.
– Avellaneda: ¿Y qué haces aquí, don Juan? ¿A quién le pertenece este Panteón?
– Don Juan Tenorio: Viejas memorias. Y esto me pertenece. Vamos de aquí. Cenaréis
conmigo, y en mi casa.
– Capitán Centellas: Qué detalle.
– Avellaneda: Pues andando.
📢 ACTO 6
Narrador: Y entonces, Don Juan Tenorio se fue a su casa e invitó al capitán Centellas y a otro
amigo para que lo acompañaran, pero misteriosamente comenzó a moverse la puerta y
aparecieron los fantasmas de don Gonzalo e Inés.
(Don Juan, Capitán Centellas y Avellanedas en una mesa principal, cenando.)
– Don Juan Tenorio: Y entonces el mismo emperador, quiso dispensarme sus favores, y al oír
mi historia, dijo: «Para tales hazañas merece el amparo mío. Vuelva a España cuando
quiera.» Y he aquí, con mucha riqueza.
– Capitán Centellas: A vuestra vuelta.
– Don Juan Tenorio: Bebamos.
(Todos beben. Tocan la puerta.)
– Don Juan Tenorio: ¿Llamaron?
– Ciutti: Sí, señor.
– Don Juan Tenorio: Ve quién.
(Ciutti se asoma por la ventana.)
– Ciutti: A nadie se ve.
– Don Juan Tenorio: Pues cierra la puerta y sirve licor.
(Tocan la puerta otra vez.)
– Don Juan Tenorio: Llamaron de nuevo. Vuelve a mirar, Ciutti.
– Ciutti: No veo a nadie, señor.
– Don Juan Tenorio: Si vuelven a tocar, sueltas un pistoletazo.
– Ciutti: Comprendido.
(Se escuchan ruidos mucho más cerca)
– Ciutti: Ahora es en la antesala…
– Don Juan Tenorio: La broma cada vez me torna más pesada. ¡Hablen! ¿Son ustedes dos?
– Avellaneda: Yo os juro que no.
– Capitán Centellas: Y yo.
(Vuelven los ruidos.)
– Don Juan Tenorio: Basta ya. ¿A qué llamar? Los muertos deben mostrarse de una vez.
¡Adelante!
(Aparece una de las estatuas del Panteón.)
– Avellaneda: Dios mío.
– Capitán Centellas: ¿Qué es esto?
(Todos se desmayaron con el susto, excepto Don Juan.)
– Estatua: ¿Por qué te causa pavor mi presencia?
– Don Juan Tenorio: ¿Esa no es la voz del Comendador?
– Estatua: Siempre supuse que nunca me esperaría aquí.
– Don Juan Tenorio: Si no eres el muerto, lo vas a salir de aquí. ¡Ea! ¡Despierten!
– Estatua: No intentes. No van a levantarse hasta que yo me ausente. Numerados están los
días que has de vivir, y que tienes que morir mañana mismo. Mas aún Dios te concede un
día más de plazo para ordenar tu conciencia.
(Desaparece la estatua.)
– Don Juan Tenorio: Avellaneda, Centellas, ¡levántense!
– Avellaneda: ¿Qué pasa?
– Capitán Centellas: ¿Dónde estamos?
– Don Juan Tenorio: ¡Concluid de una vez! ¿Se están riendo en mi cara? ¿Qué acaba de
pasar?
– Capitán Centellas: No te entiendo.
– Avellaneda: Yo tampoco.
– Don Juan Tenorio: ¡No finjáis!
– Capitán Centellas: ¿Fingir qué? Pareciera que alguna sustancia extra se le colocó al vino.
– Avellaneda: Soy de la misma opinión.
– Don Juan Tenorio: ¡Basta ya! ¡Si tanto os gusta la viveza, será momento de ir afuera a
reñir!
– Avellaneda: Decís bien, mas somos dos.
– Don Juan Tenorio: O los dos, da igual.
– Avellaneda: Vamos.
– Capitán Centellas: Vamos.
(Capitán Centellas y Avellaneda salen pelear con don Juan, pierde la vida.)
📢 ACTO 7
Narrador: Finalmente, don Juan Tenorio pierde la vida en una batalla de diferencia numérica,
ante Avellaneda y Capitán Centellas. Ahora tendría que verse las caras ante Don Gonzalo,
quien respondería por él en el juicio final.
– Don Gonzalo de Ulloa: Aquí me tienes, don Juan.
– Don Juan Tenorio: ¡Jesús!
– Don Gonzalo de Ulloa: ¿Y de qué te alteras, si no hay nada en ti que te asombre?
– Don Juan Tenorio: N-no lo sé, siento como si poco a poco perdiera el sentido.
– Don Gonzalo de Ulloa: Eso es debido a que tú existencia está concluyendo.
– Don Juan Tenorio: ¿Qué dices?
(Se muestra un reloj de arena)
– Don Juan Tenorio: ¿Y ese reloj?
– Don Gonzalo de Ulloa: Es la medida de tu tiempo.
– Don Juan Tenorio: ¿Expira ya?
– Don Gonzalo de Ulloa: Sí, en cada grano se va un instante de tu vida. Pero recuerda: un
punto de contrición puede dar la salvación a una alma.
– Don Juan Tenorio: ¿Qué? ¿En un momento borrar treinta malditos años de crímenes y
delitos? Imposible.
– Don Gonzalo de Ulloa: Aprovecha porque el plazo expirará.
– Don Juan Tenorio: Ya no hay fe en mi corazón, pues sólo veo crímenes. ¡Ah! Por
dondequiera que fui, la razón atropellé, y la virtud escarnecí, y la justicia burle. Y a las
cabañas bajé, y a los palacios subí, y a los claustros escalé; y pues tal mi vida fue. No, no
hay salvación para mí. Sólo dejadme morir en paz con mi agonía. De igual forma, ¿qué se
esperaría de mí?
– Don Gonzalo de Ulloa: Que mueras para llevarse tu alma. Y como desperdicias el momento
que te dan, conmigo al infierno vas.
(Don Juan le agarran de los dos brazos.)
– Don Juan Tenorio: ¡Espera! Aún me queda un último grano de arena en mi existencia. Y si
es verdad que un punto de contrición da salvación, ¡Señor, yo creo en ti! ¡Sólo ten piedad
en mí!
– Don Gonzalo de Ulloa: Ya es tarde…
(Aparece Doña Inés.)
– Doña Inés de Ulloa: Don Juan, mi mano asegura está mano que a la altura pudo tender tu
contrito afán, y a la altura de mi sepultura, Dios perdona a don Juan.
– Don Juan Tenorio: ¡Dios Clemente! ¡Inés de mi corazón!
– Doña Inés de Ulloa: Yo mi alma he dado por ti, y Dios te otorga por mí tu dudosa salvación.
Sólo los justos comprenderán que el amor salvó a don Juan al pie de la sepultura.
– Don Juan Tenorio: Clemente Dios, ¡gloria a ti! Mañana a los sevillanos aterrará al creer que
a manos de mis víctimas caí,. Mas es justo; quedé aquí al universo notorio, que pues abre
el purgatorio al punto de la penitencia, es el Dios de la clemencia, el Dios de DON JUAN
TENORIO.
FIN.