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Narradores y lo fantástico en Lugones

El documento analiza la figura del narrador en tres relatos de Leopoldo Lugones: "Viola Acherontia", "La metamúsica" y "El espejo negro". En los tres relatos, el narrador es testigo de los descubrimientos científicos de exóticos personajes, aunque con distintos grados de escepticismo. En todos los casos, la irrupción de lo fantástico sorprende al narrador de manera diferente. El narrador acompaña la perspectiva fantástica de distintas formas
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Narradores y lo fantástico en Lugones

El documento analiza la figura del narrador en tres relatos de Leopoldo Lugones: "Viola Acherontia", "La metamúsica" y "El espejo negro". En los tres relatos, el narrador es testigo de los descubrimientos científicos de exóticos personajes, aunque con distintos grados de escepticismo. En todos los casos, la irrupción de lo fantástico sorprende al narrador de manera diferente. El narrador acompaña la perspectiva fantástica de distintas formas
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Problemas de

Literatura argentina
Comisió n 1. Martín Greco.

Mercedes Babino
13/09/2021

Consigna TEMA 1 Analice la figura del narrador en al menos uno de los siguientes
relatos de Leopoldo Lugones y señale cómo acompaña su perspectiva la irrupción de lo
fantástico: “Viola Acherontia” / “La metamúsica” / “El espejo negro”
El narrador en los tres relatos de Lugones es testigo de los descubrimientos
científicos de exóticos personajes con los que se relaciona pero con mayor o menor
grado de escepticismo o curiosidad inicial. El efecto que tendrá el ingreso de lo
fantástico, en consecuencia, será diferente en cada caso.

Pedro Luis Barcia1 incluye los relatos “Viola Acherontia” y “La metamúsica”
dentro de la categoría de “piezas cientificistas” de Las fuerzas extrañas, también incluye
“El espejo negro”, aunque éste no forme parte de la compilación, dadas las similitudes
temáticas y la aparición del Doctor Paulín.

En este tipo de piezas el narrador no es el científico que realiza el


descubrimiento, sino la persona a quién él se anima a mostrarle su creación. Se habla de
“animarse a hablar” puesto que la investigación realizada no es estrictamente científica
sino del orden del ocultismo, cuyas creencias y prácticas eran fuertemente vilipendiadas
a principios del siglo XX. Así, el narrador testigo se transforma en la figura del
“confidente” ya que ha demostrado, bien por sus conocimientos como en “Viola
Acherontia”: “y como el hombre hallara en mí un conocedor, se encontró más a sus
anchas”, bien por la relación de confianza como en “La metamúsica”: “Tú eres mi
amigo del alma y puedes saberlo” o bien por sus palabras como en “El espejo negro”:

“– Bien está; ¿y sabiendo una cosa interesante, usted se atrevería a narrarla, afrontando
la incredulidad, la malicia, hasta la sospecha?
– Naturalmente.
– ¿Aunque fuera inverosímil?
– Y absurda, si desea usted añadir.
– Es lo que necesito.”

En los tres casos se conforma lo que Barcia denomina “marco típico para la
revelación”. Está todo dado para que el científico revele su descubrimiento: la intimidad
y un interlocutor bien predispuesto como lo es el narrador.

Al respecto de los grados de creencia antes mencionado, encontramos en La


metamúsica al narrador más escéptico de los tres relatos ya que, en un principio,
cuestiona la cordura de Juan. Sin embargo, lo moviliza la curiosidad. Tal es así que no
soporta la espera para la próxima reunión con su amigo y lo busca varias veces antes del

1
Barcia, Estudio preliminar en “Las fuerzas extrañas”
día pautado de encuentro. El narrador de “Viola Acherontia”, en cambio, va a decir que
sus deseos de aprender son mayores que su curiosidad. Muy similar a lo que ocurre con
el narrador de “El espejo negro” quien deja hablar al Doctor Paulín esperando
pacientemente sus explicaciones.

Los tres narradores testigos escuchan las largas y detalladas explicaciones


científicas que preceden a la demostración (o revelación). En el caso del narrador de
“Viola Acherontia” pasa desde considerar al jardinero como loco (al oír a su
interlocutor hablar del ‘ay’ humano) un instante antes de la revelación (cuando
efectivamente escucha él mismo a las flores “quejarse”) que lo convence hasta dejarlo
estupefacto. Hasta aquí el narrador y el lector van igualmente encaminados hasta que el
narrador repone un conocimiento que, probablemente, el lector no tenga o no haya
realizado la analogía: “De repente una idea terrible me asaltó. Recordé que, al decir de
la hechicería, la mandrágora llora también cuando se la ha regado con la sangre de un
niño (…)”. Así, se convence él mismo y al lector – al reponerle sus conocimientos – de
que el jardinero es un hechicero pasando así del relato científico-ocultista al orden de lo
enteramente fantástico. Dice Barcia al respecto “Antes se ha advertido la locura del
personaje ahora descubre una realidad maldita: se trata de un hechicero criminal”.

En el caso de “La metamúsica” el narrador confronta la teoría de Juan con la de


Hanslick y básicamente lo reta a demostrarle lo contrario ([-Palabras…] “- No, hechos
perfectamente demostrables”), luego pasa también a considerarlo loco “¿Qué estaba
diciendo aquel alucinado?”, para luego experimentar en su propio cuerpo, en primera
persona, los efectos de la música “Sentía, en efecto, como si la atmósfera de la
habitación estuviese conmovida por presencias invisibles” cuando finalmente, se hace
testigo del horror al darse cuenta de que Juan perdió los ojos y, aun así, se mantenía
insensible al dolor mientras festejaba su descubrimiento. Y hasta aquí llega la narración
sin ninguna conclusión de parte del narrador. Deja al lector “con hambre” en términos
de Bressière2 “todo procede por elipsis; el silencio de la narración alimenta la
excrecencia de su cuestionamiento”: ¿Qué sucedió finalmente con Juan? El narrador
deja aquí la historia.
En “El espejo negro” el narrador acompaña mucho más la narrativa fantástica: es
un ferviente creyente y entusiasta al punto de participar activamente de la revelación,
todas las dudas que de él surgen son del orden de la praxis no sobre la posibilidad o no
2
Bressière, “El relato fantástico. La poética de lo incierto”
de realización. Sólo hay certezas y, cuando su imaginación llega a traer a la vida a un
criminal, es el Doctor Paulin quien lo detiene produciendo un incendio. Las sensaciones
de nuestro narrador son completamente en primera persona: es él quien vive en carne
propia el hecho fantástico y nos lo cuenta en clave de verosímil: no sólo es el testigo del
hecho sino es quien lo experimentó de primera mano.

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