El auditorio es concebido como construcción del orador quien debe adaptarse
al auditorio para persuadir o convencer. A pesar de las críticas respecto de la
ambigüedad del concepto de auditorio universal, es posible extraer
conclusiones importantes de la teoría de Perelman. Al auditorio universal
(conformado por la humanidad) “los argumentos que se le presentan no
constituyen ningún llamado a la acción”, buscan establecer (o retoman)
principios o verdades intemporales.
A los auditorios particulares (conformado por un grupo o persona concreta,
con intereses y emociones precisos) se les proponen argumentaciones
cercanas a la acción. En la realidad, los límites entre persuadir y convencer son
sutiles e imprecisos, señalan Perelman y Olbrechts-Tyteca. Ellos, por su parte,
proponen un enfoque particular sobre esta oposición basada en el tipo de
auditorio a quien el orador se dirige.