0% encontró este documento útil (0 votos)
128 vistas8 páginas

Economía y sociedad en Francia (s. XVII-XVIII)

Este documento resume la estructura socioeconómica del Antiguo Régimen en Francia durante los siglos XVII y XVIII. Describe la relación señorial entre la nobleza y los campesinos, quienes pagaban altos impuestos sobre la producción agrícola. También explica las tensiones entre los grupos sociales, incluyendo la nobleza en decadencia, la burguesía ascendente y las dificultades del pueblo llano. Finalmente, analiza los desequilibrios demográficos como las hambrunas recurrentes y la alta

Cargado por

Mónica Coirolo
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOC, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
128 vistas8 páginas

Economía y sociedad en Francia (s. XVII-XVIII)

Este documento resume la estructura socioeconómica del Antiguo Régimen en Francia durante los siglos XVII y XVIII. Describe la relación señorial entre la nobleza y los campesinos, quienes pagaban altos impuestos sobre la producción agrícola. También explica las tensiones entre los grupos sociales, incluyendo la nobleza en decadencia, la burguesía ascendente y las dificultades del pueblo llano. Finalmente, analiza los desequilibrios demográficos como las hambrunas recurrentes y la alta

Cargado por

Mónica Coirolo
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOC, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

MANDROU, R “Francia en los siglos XVII y XVIII”

Ed. Nueva Clío. Barcelona. 1973

El antiguo régimen socioeconómico

La relación señorial

La vida agrícola y la producción de la tierra siguieron dominando el conjunto de la


economía.
El lazo señorial vinculado a la tierra constituía, como relación socioeconómica de
dependencia, la estructura esencial tanto a comienzos como a fines del Antiguo
Régimen.
Durante los siglos XVII y XVIII, tal estatuto se extendía al 90% de los franceses. Con sus
reglas de trabajo, sus costumbres, su representación ante el párroco, autoridad
espiritual y civil a la vez, ante los más lejanos agentes reales y ante el señor, con la
rotación trienal o bienal de los cultivos respetada por todos, con los ritmos comunes
de los trabajos estacionales y de las diversiones, la solidaridad de obligaciones y
cargas, la aldea constituía el encuadramiento social fundamental.

a) La renta de la tierra

La renta señorial y eclesiástica sobre la producción campesina era muy elevada de 30 a


40% menos y afectaba todos los productos esenciales comenzando por los cereales.
Estos impuestos caían sobre una enorme masa de población campesina, productora y a
menudo hambrienta.
Los impuestos se cobraban a través de intermediarios. Estos eran labradores
acomodados que vivían en la reserva del Sr., otros eran molineros que administraban el
molino comunal. Los intermediarios dependían de las ganancias fiscales y de
préstamos usureros hechos a los campesinos.
El campesino se veía obligado, para subsistir, a comprar en el granero señorial el
centeno que pocos meses atrás había entregado. Tal precariedad reforzó aún más el
inmovilismo técnico, la ausencia de innovaciones agrícolas.

b) La relación campo-ciudad

La transferencia del producto neto de la renta territorial en especie a la ciudad, se


realizaba a través de los agentes de los rentistas y de los comerciantes intermediarios
que aseguraban el aprovisionamiento de los silos urbanos.
La alimentación de los núcleos urbanos se encontraba así mejor asegurada que la de
los campesinos, que en los años de malas cosechas afluían desde confines lejanos a las
ciudades y acosaban sus puertas.
La nobleza de la ciudad (Versalles) no tenia contacto con el campo y su modo de
producción.
En su mayor parte la renta territorial se transformó en bienes de consumo duraderos o
efímeros.
La relación señorial constituía el obstáculo al desarrollo agrícola y comportaba una
explotación pasiva del campesinado.

c) Estabilidad económica de la relación señorial.

El privilegio conferido por la condición nobiliaria y el vinculo señorial presenta un triple


aspecto: en primer termino, el secular derecho de deducir directamente de la
producción campesina una parte considerable de los frutos de la tierra; en segundo
lugar, un beneficio negativo por la exención de impuestos reales, en tercer lugar, se
forma un espejismo adquirir tierras nobles y hacerse pasar por tal, algo anhelado por la
burguesía (único grupo que podía adquirir tierras de nobles en la ruina).

Estructuras económicas de la burguesía mercantil: el capitalismo comercial.

a) Las dimensiones del mercado.

El espacio económico del capitalismo mercantil francés aumentó netamente a partir de


1680. No obstante, continuaba siendo restringido, pues correspondía a un mercado de
poco consumo, de 1 a 2 millones de personas, mientras que su espacio geográfico era
extenso.

b) Los motores del desarrollo

De su participación, la burguesía mercantil, en Francia como en toros países, se


beneficio de tres factores. En primer lugar, el desarrollo de los puertos marítimos y de
las grandes vías de comunicación.
En segundo termino, el estimulo monetario y la fluidez de la circulación de la moneda
metálica.
El tercer motor es de orden psicológico: la renovación de los gustos y las necesidades
permitió el desarrollo del comercio suntuario.

c) Las rémoras. (detiene, embarga o suspende)

Frente a los factores progresistas, las rémoras representaron un fuerte lastre hasta el
gran viraje de los años 1730-1740.
La coyuntura del 700 gran número de tales normas: la segunda mitad del siglo
presenció la multiplicación de las ferias y mercados locales y regionales.
Toda la vida cotidiana del gran comercio transoceánico se hallaba controlada por la
monarquía, pese a las incesantes protestas de los negociantes a favor de la libertad.

Los desequilibrios fundamentales: la demografía de signo antiguo.

La inestabilidad de la sociedad del Antiguo Régimen y la precariedad se sitúa bajo el


signo de cataclismos recordados en las plegarias durantes siglos: la peste, el hambre y
la guerra.

a) Las condiciones de vida en la población.

Existencia de subalimentación crónica. Elevado consumo de pan. Carencias de


vitaminas, proteínas, causantes de malformaciones del esqueleto y deficiencias
fisiológicas. Hay que añadir las dificultades en la calefacción, en la defensa contra el
frío y la precaria situación de la medicina.

b) Las catástrofes demográficas.

Para la serie de años que implica enlaces primaverales de una cosecha con otra cada
vez más difíciles, desembocaron en el hambre y la epidemia, casi concomitantes:
hambre en primavera, epidemia en otoño. Hambres acompañados de disturbios y
saqueos.
Los grupos de amenazadores, mendigos que merodeaban por los campos y acosan las
puertas de las urbes; son invariablemente los ciudadanos notables, comerciantes,
jueces, funcionarios de todo rango, en busca de casas rurales, donde el aire fuera
menos pestilente, al tiempo que ponían en cuarentena su propia ciudad, configuran la
situación de la segunda etapa: la epidemia. Cierto número de epidemias tuvieron su
origen en el tráfico de ultramar: la peste de Marsella de 1720.
La guerra irrumpía en la vida del hombre con ritmo más regular que el hambre y la
peste es decir las secuelas de la guerra, ya que las batallas propiamente dichas no
provocaban hecatombes.

c) El estancamiento demográfico.

Un hambre como el de 1661-1665 hace descender la curva de los nacimientos mientras


que la de los óbitos sube muy rápido. Dato de base, la mortalidad infantil, ligada a las
condiciones generales definidas anteriormente, eliminó por lo menos la mitad de los
recién nacidos antes de alcanzar su primer año.
La duración media de vida no sobrepasa los 22 ó 23 años hasta muy entrado el siglo
XVIII.
Los cataclismos provocaron extraordinarios descensos de la nupcialidad; la vuelta a
condiciones socioeconómicas normales entraña un aumento de matrimonios y
nacimientos.
Fue un estancamiento de conjunto, que se mantuvo hasta la segunda mitad del siglo
XVIII, en que el hambre comenzó a batirse en franca retirada, en que la misma viruela
fue vencida por la vacuna y las transformaciones económicas liberaron a los medios
populares de su perpetuo terror a la muerte. Estos grandes cambios no impidieron
algunas recaídas, penurias locales en los años 1760 y más tarde el cólera de 1832 o la
crisis de 1847. La conquista esencial de esta época: la vida.

Desequilibrios fundamentales: las tensiones sociales.

a) La tradición anquilosada: el rompimiento de los órdenes.

La desarticulación de los estamentos tradicionales es en particular ostensible en el


ordo clerical, dividido por una rigurosa barrera en dos grupos desiguales. El alto clero:
obispos, abades de conventos, canónigos y curas. Se reclutaban casi exclusivamente en
la nobleza tradicional.
Bajo clero: los curas eran reclutados en el pueblo, por largo tiempo sin formación
sacerdotal y sin seminarios. El bajo clero rural, misero, ignorante, desamparado y el alto
clero, brillante, acaudalado, que moraba en la corte y frecuentemente en sus diócesis,
no existía comunidad de función ni de convicciones, ni siquiera se cubrían las
apariencias.
Ante el incesante robustecimiento del poder real, la nobleza no renuncio a recuperar, al
menos, el papel de consejero político que tiempo atrás le caracterizara. Incluso
después del fracaso de la Fronda y de la instalación en Versalles de parte de esta
aristocracia, no desapareció de sus filas la esperanza de una nueva participación en la
dirección del Estado.
Humillada en su preeminencia económica, a partir del siglo XIII y en especial durante el
XVI, la nobleza ya no podía considerarse como el único grupo social económicamente
poderosos (la otra burguesía).
La nobleza se vio adulterada por la infiltración de la burguesía en la compra de tierras y
títulos nobles. Estos nuevos nobles forman la nobleza de toga (comerciantes y altos
cargos en el gobierno).
b) La burguesía ascendente cuarteada.

La ascensión de la burguesía desde la Edad Media hasta el siglo XVII se realizo al ritmo
de las expansiones del gran comercio internacional.
Desde inicios del siglo XVII, la burguesía, pareció estancarse como una clase sin futuro
pese a sus múltiples conquistas. La promoción social se aureolo en el siglo XVII de
alicientes más atractivos que la permanencia en la práctica del comercio. El paso
directo o subrepticio, a la aristocracia por la adquisición de tierras nobles, de actos de
ennoblecimiento, o mediante el acceso a un cargo que implicara ennoblecimiento, fue
habitualmente la forma más generalizada de su promoción.
El paso oficial a la nobleza de toga, sin otra limitación que el ofrecimiento regio de los
cargos y la posesión del capital necesario para su adquisición representaba la segunda
forma de su ascensión social.

c) Los medios populares. El cuarto estado.

Nobleza y burguesía detentadoras de la preponderancia, en permanente rivalidad,


podían, sin embargo, alinearse frente a un grupo social que no se hallaba en situación
de amenazar sus privilegios, pero capaz de turbar el orden constituyente del vértice de
la pirámide.
Los medios populares rurales y urbanos, pueblo menudo, pueblo bajo, “vil populacho”,
comprendían tanto a artesanos y campesinos “con hogar y tierra al sol”, como a
vagabundos de los caminos reales, mendigos contrahechos y amenazadores bajo los
atrios de las iglesias, truhanes y
Hampones de los bajos fondos de París y de los puertos.
Pobres gentes diferentes y distantes a un tiempo, cuando la miseria de los tiempos
obligaba a demandar moratorias en los pagos, descuentos o créditos, recelosos hacia
una justicia que raramente se ajustaba a sus razones, y, a la vez, anhelantes de ser
tratados con equidad.
Los hospitales generales de 1656 se erigieron no sólo para cuidar a los enfermos sino
también para recoger a mendigos y vagabundos, portadores a un tiempo de gérmenes
epidémicos y fermentos sediciosos.

Coyunturas: los movimientos socioeconómicos.

a) La pulsación estacional de los precios agrícolas.

El reparto social del producto bruto de la cosecha cerealista tenía aparejadas


fluctuaciones estacionales de los precios.
Las alzas de precios primaverales eran esperadas, previstas por lo general. Cuando la
masa de la población veía agotarse sus propias reservas, cuando heladas tardías o un
invierno particularmente crudo obligaban a nuevas siembras primaverales, los cereales
alcanzaban su más elevado precio. Las subidas nominales que revelan especialmente
las serie hospitalarias y otros mercuriales urbanos de 1 a 2 años buenos, 1 a 10 y a 20
en los otros casos, eran habituales.
Este salto estacional creaba las condiciones favorables para la intervención del poder
local (los intendentes fueron, a partir del siglo XVII, los grandes especialistas de los
mercuriales) y de la Corona.

b) El movimiento cíclico: las series meteorológicas.

El aislamiento de los mercados, a consecuencia de las trabas impuestas al tráfico


interior era un factor tan importante como la falta de productos alimenticios
sucedáneos del pan y las gachas, llegado el momento en que las reservas de cereales
se agotaban.
Los movimientos del coste de vida no presentaban la misma amplitud en todos los
grupos sociales...
Las diferencias institucionales y la variedad de los microclimas del N al S y del E al W
son los principales elementos explicativos de numerosos desfaces, frecuentemente
subrayados, entre las curvas de los precios de los cereales.

c) El movimiento secular.

A parte de las fluctuaciones hay que prestar atención a la larga duración, donde
intervienen la meteorología y la circulación monetaria.

Coyuntura y teorías económicas.

a) Interpretación de la coyuntura corta: la opinión económica.

Las oscilaciones de la circulación monetaria metálica son en si mismas poco


controvertidas: la oleada de oro y plata procedente de la América hispánica irrigó toda
la Europa occidental.

El auge del siglo XVIII: 1730-1770: el inicio de una transformación estructural.

El crecimiento del siglo XVI no implicó modificaciones fundamentales, el del siglo XVIII
fue mucho más innovador. El primero tuvo como motor exclusivo el flujo monetario
americano-sevillano, que estimuló considerablemente los intercambios de la economía
urbana, acrecentó el capital burgués, e incluso la renta agrícola percibida en especies.
El segundo, se beneficio de un doble motor, por una parte, cierta mejora de la
producción agrícola, por otra, una nueva oleada de oro americano, brasileño.

a) La mutación agrícola.

La mejora de los prados, la introducción de nuevos forrajes en el N de Francia, lo


general del cultivo de maíz en el sudoeste pudieron llevar aparejados una mejora (siglo
XVIII).

b) La prosperidad del campesinado: la ampliación de los mercados.

El desarrollo económico del siglo XVIII daba la posibilidad de vender cada año
directamente un excedente negociable de cereales. Para los que el excedente
significaba únicamente un reducido volumen, implicaba, empero, la seguridad de una
alimentación suficiente a lo largo de todo el año, sin el temor a la siempre difícil época
primaveral de enlace de una cosecha con otra.

c) La nueva demografía.

El logro esencial de los estamentos populares durante este periodo fue la vida. Esta
conquista se alcanzo mediante el mejoramiento de la alimentación, merced al
incremento de la producción cerealística que hizo retroceder de forma decisiva el
hambre y su fatal encadenamiento.
La mortalidad infantil permaneció, en líneas generales, invariable, pero las mejoras en
las condiciones de vida redundaron esencialmente en la duración media de la
existencia que superó los 25 años. La población total del reino, en vísperas de la
revolución, era 25 millones de habitantes.

d) La crisis de la economía francesa en los años 1770- 1790.

Tras medio siglo de ininterrumpido desarrollo económico una serie de accidentes


meteorológicos trajeron consigo la reaparición de las dificultades estacionales.
Durante los 3 lustros del reinado de Luis XVI se sucedieron toda suerte de calamidades
agrícolas: insuficientes cosechas cerealísticas, años vitícolas malos, epizootias e
insólitas sequías, hasta culminar con las pésimas temporadas de 1788 y 1789.
La desaparición del excedente campesino comercial se dejó de sentir. Las cargas
señoriales y reales aparecían para los campesinos más pesada que nunca y hasta lo
insoportable, en un momento en que los rentistas de la tierra, exasperados por la
disminución de sus ingresos, intentaban restaurar todos los títulos, incluso los más
desusados.

El Antiguo Régimen Sociocultural.

Niveles culturales en la sociedad del Antiguo Régimen.

La disparidad de los diferentes horizontes mentales es demasiado evidente para que


no se intente una aprox. Que permita, por lo menos, encuadrar los debates y situar
adecuadamente los elementos informativos que puedan proporcionar las decenas de
trabajos consagrados a la psicología individual de los escritores.

Cultura y tradiciones populares ¿una cultural inmóvil?

La cultura popular especialmente difícil de captar, permaneció ignorada largo tiempo:


por los contemporáneos de las Luces, sin duda por desprecio, por los románticos, que
idealizaron y retocaron a su manera los elementos que de ella pudieran captar.

Culturas populares urbana y rural.

La aldea, abierta a todas las corrientes y, no obstante, replegada en sí misma, es como


un microcosmo sobre el que no ejerce gran influjo la vida exterior. La velada, junto con
la misma, constituyo la única institución para subvenir a las necesidades culturales
(religiosas).
En el orden cultural, los medios populares constituían, pues, un mundo aparte dentro
del conjunto social de la Francia clásica. Y por ello el grito de la Bruyère: “Yo quiero ser
pueblo” es sin duda la más bella paradoja de los caracteres.

Cultura y tradición nobiliarios: ¿una cultura superada?

La nobleza tradicional vive del recuerdo de lo que fue culturalmente. El orden nobiliario
ofrece una incoherencia cultural, cuya explicación viene dada, en parte, por su
inestabilidad social, ellos son: burguesía, fragmentación y debilidad, cortesanos en
Versalles.

a) La herencia residual de la Edad Media.

Se conservo el recuerdo de una grandeza nobiliaria; la genealogía, la heráldica,


practicadas por necesidad, para distinguirse de los nuevos nobles, desempeñaron un
decisivo papel en el mantenimiento de dicha tradición. También era importante el
linaje de sangre.
b) Nuevas marcos, nuevos valores: Versalles.

El noble versallesco tenia que permanecer ocioso por obligación, atento a los menores
cambios de entonación, al más leve pestañeo del Rey, y aunque no podía asegurar su
existencia sin los socorros, pensiones, dotes y regalos distribuidos durante un año por
la Corona, mostrábase ávido de fiestas, cacerías, bailes y teatros que solo servían para
ocupar sus horas.
El “hombre de corte”, este hombre de cuna, conocedor del mundo cortesano, fue a la
vez espectador y actor de una perpetua fiesta, que el mecenazgo se encargaba de
renovar incesantemente para educar a esta alta sociedad, sobre todo para
proporcionarle diversión y entretenimiento a esta ociosa sociedad.

c) Nuevos marcos, nuevos valores: la nobleza de las capitales de provincia.

Entre la pequeña nobleza, cuya existencia transcurría nutrida por arriesgadas e


irreductibles ilusiones, y la aristocracia versallesca, ávida de nuevas modas, el grupo
nobiliario más activo y dinámico era indudablemente el de las ciudades provincianas.
Los “grandes linajes” de la vida provinciana, a quienes su nombre aseguraba por si el
primer puesto en todas las asambleas, escapaban de este modo a la ociosidad de la
corte y participaron incluso, con mayor ímpetu y pujanza que sus congéneres de
Versalles, en el desarrollo de la cultura.

Cultura y tradiciones burguesas: la cultura conquistadora.

El ascenso cultural de la burguesía ilustra las dos últimas centurias del Antiguo
Régimen. Dedicaban lo mejor de su tiempo no a su oficio, sino a estos trabajos
eruditos, sin lo que no se alcanzaba la categoría de hombre cultivado en una época
que descubría y ponía en marcha el progreso científico.
Hombre de trabajo y de cultura a la vez los burgueses se enorgullecían tanto de uno
como de lo otro.
En tal extremo se sitúa en primer término la ambición universalista de la burguesía en
el transcurso de la época moderna. Durante estas dos centurias, el saber, “acción de
plebeyo y no de gentil hombre”, fue un apetito de conocer sin exclusiva.

Culturas rechazadas: los bohemios y vagabundos, las comunidades judías y los


protestantes que no fueron asimilados.

LA FRANCIA CLASICA

La Francia clásica es en primer lugar la expresión de una voluntad de poderío ejercida


en todos los campos, en todas las direcciones que se le antojaron dignas de su gloria,
desde la distribución de pensiones y beneficios hasta el reclutamiento de sabios
capaces de ilustrar la Academia real de ciencias.
Bossuet, cuando trabajaba como preceptor del heredero de Francia, encontró en las
“propias palabras de la Sagrada Escritura” la prueba del carácter sacro, paternal,
absoluto y nacional de la autoridad regia.
En la época clásica, el rey de Francia era aun un monarca feudal: soberano real de una
nobleza a la que habían sido arrebatados numerosas prerrogativas, pero que
continuaba siendo “su” nobleza.
La legitimación religiosa: al rey de Francia se le suponían cualidades de taumaturgo.
Cada año por la curación de las escrófulas a millares de desgraciados que se hacían
tocar por él en las verjas del Louvre durante las grandes solemnidades.

También podría gustarte