Cultura jaqaru
Escuela de
Arquitectura
Historia
En el actual distrito de Tupe, se encuentra el cerro Tupinachaca donde se ubican
pinturas rupestres, siendo este el sitio arqueológico de mayor importancia política e
ideológica del área donde actualmente se asientan los jaqaru. Lo cual es una evidencia
de antiguos asentamientos humanos en la zona.
Los orígenes del pueblo jaqaru están asociados a la expansión de la cultura Wari entre
los
años 600 y 700, época en la que llegaron los primeros pobladores a la quebrada de
Yauyos, lugar donde la mayor parte del pueblo vive actualmente.
Lima – Yauyos – Tupe
La lengua jaqaru se estima
que tiene una antigüedad
de 1600 años. Fue hablada
inicialmente en grandes
extensiones de los Andes
y se evidencia su
presencia en el antiguo
imperio Wari. La lengua
jaqaru forma parte de la familia lingüística aru. Su tipología lingüística es aglutinante o
sufijante, es decir que a una raíz lexical o raíz de palabra se va agregando un tipo de
morfema llamado sufijo (secuencia de sonidos con significado) que permite modificar el
significado de la palabra. La lengua jaqaru es muy rica en ello.
De acuerdo con los historiadores, en la época inca, en la parte andina, el pueblo jaqaru
fue el único que no se sometió al imperio del Tahuantinsuyo, logrando mantener sus
diferentes prácticas culturales, entre ellas su lengua jaqaru y la indumentaria típica de
sus mujeres.
Con la Colonia, llegarían contingentes de españoles a la zona de asentamiento de estos
pueblos, con el propósito de evangelizar a los indígenas. El Corregidor de Yauyos, don
Diego Dávila Briceño, lo bautizó como San Bartolomé de Tupi en 1582 (Vetter y
MacKay; 2008).
Ramírez Trebejo (2014; pag.27), señala que “Las referencias históricas que se han
registrado sobre Tupe datan más bien de mediados del siglo XIX en adelante. Estas
fueron hechas por viajeros y algunos investigadores quienes, describiendo la geografía,
las lenguas y la historia del antiguo Perú, han dejado algunas referencias
de Tupe y su lengua. Así, a partir de una breve publicación que hizo Teófilo Espejo
Núñez (1956), podemos ver una serie de informaciones y conclusiones que se pensaban
sobre Tupe. Estas visiones cambian y toman otra tonalidad, en cuanto a la historicidad
de la población y sus manifestaciones culturales, cuando a la localidad llegan a
mediados del siglo XX, los antropólogos como Matos Mar a la cabeza, y luego la
lingüista Martha J. Hardman”.
Ley de creación
Durante el segundo gobierno del presidente Oscar R. Benavides, se emitió la Ley n°.
8423, promulgada el 15 de Julio de 1936, por la cual el distrito de Pampas, provincia
de Yauyos se dividió en dos distritos: Lérida y Colonia.
Posteriormente, mediante Ley nº. 11861, promulgada el 16 de setiembre de 1952, se
dispuso el cambio de nombre del distrito de Lérida, por el de Tupe, teniendo como
capital al pueblo del mismo nombre. A partir de ese momento Tupe queda reconocido
oficialmente como distrito de la provincia de Yauyos.
La Comunidad Campesina de Tupe fue reconocida en el año 1939, la cual incluyó al
anexo de Colca, en el distrito de Tupe. En el año 1968, Aiza se independizó de la
Comunidad de Tupe, reconociéndose la Comunidad Campesina de Aiza (Ramírez
2012).
Hacia fines de la década de 1950, la lingüista estadounidense Martha Hardman inicia su
investigación en la Comunidad Campesina de Tupe, lugar donde encontró a la mayor
cantidad de hablantes de jaqaru del distrito. En la década siguiente, Hardman logró
diseñar el primer alfabeto de la lengua jaqaru, con miras a la enseñanza de esta lengua y
como iniciativa para la Educación Intercultural Bilingüe (Ramírez 2012). En el año
2010, se aprueba el alfabeto de la lengua jaqaru.
En el 2013, el Congreso de la República declaró de interés nacional y necesidad pública
la protección, investigación y promoción de la cultura e idioma jaqaru y de las riquezas
arqueológicas ubicadas en el distrito de Tupe. Ese mismo año, el Gobierno Regional de
Lima, a través de la Dirección Regional de Educación, dispuso incluir el aprendizaje del
idioma jaqaru en la curricula escolar de la EBR como forma de protección y
revalorización de la lengua en peligro de extinción. Además, el idioma jaqaru se
estableció como Patrimonio Cultural Regional de Lima.
1. Actividades económicas que realizan en la actualidad
Las tierras empiezan desde q´erq´ernara, aproximadamente a unos 2500 m.s.n.m. hasta
la puna, a unos 4500 m.s.n.m. En estas tierras hay pastos comunales que se alquilan
solamente a comuneros inscritos. Utilizando el agua de los puquios y de canales de agua
que vienen de la represa hallada en la puna. No se realiza cultivo por secano, sino por
riego, utilizando el agua de la represa que está en la puna, el cual llega mediante los
canales de regadío, (Dato extraído de la Revista Tupinachaka, Op. Cit. 39), también el
agua de los puquios y de los dos ríos (Chancay y Kuchapaya).
Estos dos tipos de tierras, de cultivo y pastoreo, pueden ser utilizados solo por
miembros de la comunidad, es decir, por comuneros inscritos en el padrón comunal.
Estos tienen ciertas obligaciones con la comunidad, también tienen acceso a trabajar las
tierras comunales y el agua para el cultivo. Se dice que cuando la comunidad era más
extensa, se trabajaba todos los andenes que se encuentran en gran cantidad en el anexo
de Aiza y Colca, pero de menor medida en Tupe, y cuando la comunidad fue perdiendo
tierras, estas ahora son trabajados de manera personal e individual, casi por una unidad
doméstica. El señor G. Payano+ (comunero de Tupe) nos cuenta sobre ello:
“Así, así quiere pues, quiere ya independizarse, quiere trabajar solo ya, no
quiere trabajar con nosotros. Antes no pues, antes dice que…cuando…bueno…
mi papá me contaba pues cuando era chico, primero era toda la comunidad era
desde Catahuasi hasta la frontera de Acobambilla, todo era la comunidad de
Tupe dice, eso era una sola comunidad dice, me contaba así, pero yo ya he
visto, así es” (EntrevistaTrabajo de Campo-2007).
1.1. La Ganadería
La población está ocupada casi en su totalidad por dos actividades económicas
principales: la ganadería y la agricultura. La primera categoría incluye ganado vacuno,
ovino y caprino, criados en toda la ciudad en varios campos o plataformas. Cada familia
tiene un número determinado de 40 animales de este tipo de ganado y los pastorean en
su propia finca, terrazas (anchaka) o en las colinas.
Toman leche del ganado, luego la procesan en queso, para la venta y uso personal.
Observamos que el porcentaje de carne vacuna en el consumo diario es bajo, a pesar de
la gran cantidad de ganado. Se dice que existe la costumbre de no matar a los animales
para comer, sino de comérselos solo cuando mueran o rueden colina abajo. Y es que la
ganadería es un recurso económico del que se puede disponer en momentos de crisis
económica o para adquirir determinados bienes. Por esta razón, no es costumbre
sacrificar ganado para uso doméstico, ya que se crían con fines culturales (con fines
sociales) y comerciales (para la venta en los mataderos locales. Cañete). El resto del
ganado, especialmente ovino, se encuentra en malas condiciones, donde son atendidos
por un servicio público que esquila ovejas para la venta y consumo local. De esta lana
se elaboran mantas, edredones, ropa especial de mujer llamada anako, cinturones de
hombre y de mujer, etc. Este negocio era una actividad comercial muy fuerte en la
ciudad de Tupin, pues se podía obtener una buena renta con la venta de lana. El señor
Galdino Payano†, comunero de 80 años cuenta cómo se creó dicha empresa:
“Bueno la empresa se forma… Todos los comuneros hemos aportado cinco
cabezas de ganado obligatoriamente, cinco, cinco, cinco, ya. Entonces
formamos, hemos juntado todo…hemos citado 2, 3 paraderos para ese ganado,
entonces hemos colaborado todos con cinco números. Después ya hemos ido ya
a pastar tres comuneros en cada mes, sin ganar como comunero. Bueno de ahí
poco a poco se aumentó el ganado. Ahora ya no es así, ahora ya hay pastor ya
buena entrada hay pues, ahora ya se compran los víveres para el pastor, se
paga de ahí. Ahora ya no nos vamos ya, pero la entrada es para el pueblo. Así
está, así está organizado. Hemos formado el pueblo para la entrada del pueblo,
hay como 900 cabezas de carnero, ese se vende para el pueblo, con esa plata
cualquier obra se hace acá…más antes no había...10, 12 años por ahí se ha
formado, ahora hay buena entrada. Y hay también de vicuña.” (Entrevista-
Trabajo de Campo-2007).
El otro ganado, lo constituye los camélidos sudamericanos, tanto las vicuñas y las
alpacas, quienes habitan en la puna en los pastizales de la comunidad; ellos son
capturados con una técnica andina tradicional conocida como chaku y esquiladas.
“Eso sí, nos vamos todos en general, todos, todos. Todos los comuneros
netamente de acá no más, hombre mujer, mujer para cocinar. Nos vamos a
quedarnos a la altura, allá nos quedamos, que llevar comida, víveres, arroz,
azúcar, fideos, todo pues… ya no regresas, después de terminar la captura se
regresa ya trayendo lana. Allá no más se hace la esquila también pues”
(Ibíd.) La empresa comunal vende la lana a Lima, Huancayo y Cañete. El dinero
recaudado, por ambas actividades, tanto de los camélidos y las ovejas, entra a la
tesorería de la Comunidad Campesina, quienes ven los fines para ser utilizado, así como
en un reparto equitativo entre los comuneros. Por ejemplo, para algún juicio con otras
localidades, se emplea el dinero de la empresa para solventar los gastos; actualmente los
comuneros han adquirido una movilidad con dinero de la empresa, pues la movilidad de
la municipalidad cobra muy caro el transporte de sus productos de Cañete hacia Aiza.
1.2. La Agricultura
La segunda actividad económica que encontramos y que es la más importante, es la
agricultura. Dedicados casi enteramente a producir para el consumo, y poco para la
venta, se constituye como la principal actividad de la población.
Esta actividad se desarrolla en las
tierras individuales, que están
localizadas desde el anexo de Aiza
y Colca hacia el pueblo de Tupe.
De aquí y en dirección a la puna,
se encuentran las tierras
comunales, en donde también se
realiza la actividad. Por lo visto en
las chacras como en las casas de la
población, podemos distinguir que existen cultivos principalmente de papas, ocas,
camote, habas y maíz. Aunque parezca algo extraño, tal vez por la altura, el maíz en
ocasiones es cultivado, pero en la parte baja del pueblo, exactamente al costado de la
posta médica. Lo que no se halla en la comunidad es la 42 presencia de cultivos de
frutales, salvo en los últimos años se ha estado experimentando con albaricoque, estos
tradicionalmente se hallan en el anexo de Colca y en la Comunidad de Aiza. Para la
siembra se utiliza el arado de pie, conocido por ellos mismos, como la Txajlla. No hay
presencia de fuerzas tractora en base a animales o de máquinas. Para esta actividad se
sigue utilizando la fuerza comunal en forma de faenas comunales y la mita.
“la siembra en la chacra trabajamos también en forma de turna, por ejemplo,
hoy día hago yo mi siembra, viene bastante gente, hay que preparar su chicha,
su comilona, después de esa persona que viene a trabajar ese día, hay que
volver a retornar toditos, que ahora cuando se va a turnar también igualito
ellos preparan la comilona y su chicha y el dueño lo enfloran; el dueño está
enfloreado, así es, esa es la costumbre nuestra comunidad de Tupe. Ahora
mismo seguimos eso, no está olvidado todavía, desde que yo fui muchacho yo
así lo vi”.
(Ibíd.) Los lazos de parentesco y la reciprocidad tienen aún presencia en la actividad
agrícola, la fiesta de la herranza, la limpia acequia, la esquila de las ovejas y camélidos,
pero ya no en la construcción de casa, por ejemplo, éstas ya se hacen con trabajo
asalariado, tal como dice el señor G. Payano:
“Mas antes, por ejemplo, hacia una construcción de casa también era igual
pues, eso ya no, ahora hay personal, si tienes plata mandas construir casa, pero
antes no, trabajo comunal. Ahora eso, eso se ha perdido, ya no, pero la siembra
en nuestra chacra todavía sigue, así es. Ya, yo ya cuando era de 15 años. Yo vi
todavía la construcción, venían todos; en una noche abrían toda la base, en un
día, en un día traían piedra, mano, todo levantaba el trabajo, y en un día todo
terminaba de labrar adobe. Bastante gente pues, y después seca en un mes
todavía el adobe, después de un mes. Todo el día vienen, en la tarde ya está
entregada la casa. Lo que se gastaba en comida y su chamis, chamiscol,
calentito se daba” (Entrevista-Trabajo de Campo-2007).
1.3. Comercio y Artesanía En Tupe
No hallamos comercio interno a gran escala.
El comercio que se establece en el distrito
está ligado únicamente a la presencia de las
bodegas que existen. En el pueblo de Tupe,
hay seis bodegas, que expiden de artículos
de pan llevar, además de bebidas
alcohólicas, gaseosas y algunas preparan
comida para los visitantes que llegan al
pueblo, al no existir restaurantes. En el
anexo de Aiza, hay de dos tiendas
principales, quienes además de estos
artículos mencionados, venden zapatillas,
zapatos de jebe, vestidos rojo tipo escocés y
las fajas tradicionales.
En los resultados de los censos nacionales
2017, se han empadronado que por sus
costumbres y sus antepasados han sido 673
personas que se han auto identificado como parte del pueblo Jaqaru a nivel nacional.
Tradicionalmente, el pueblo jaqaru tiene como principales actividades la ganadería y la
agricultura. Matos Mar (1951) ha hecho referencia a la práctica ganadera de este pueblo
en zonas altas de puna. Según el autor, la crianza de camélidos como alpacas, vicuñas y
el cruce de llama y alpaca denominado mishte, disminuyó notablemente desde la
introducción española de los demás tipos de ganado (Vetter y MacKay 2008).
Actualmente, muchas familias jaqaru crían ganado ovino, caprino y vacuno,
comercializando productos que provienen de estos animales, como el cuero, la carne, la
leche y el queso, en la provincia de Cañete y en la ciudad de Lima.
Con relación a la agricultura, los jaqaru tienen entre sus principales productos la papa, el
camote, la oca, el haba y el maíz. Según Bautista (2012), en los últimos años, los jaqaru
del distrito de Tupe han sustituido algunas siembras por frutales. Asimismo, este autor
sostiene que la reciprocidad y las redes de parentesco aún tienen centralidad en el
trabajo de la tierra, tanto para la siembra como para la cosecha.
En cuanto a la mujer jaqaru, se
conoce que su rol es central en
la transmisión de la cultura de
este pueblo, sus costumbres y su
lengua (Matos Ávalos 1984).
Un ejemplo de ello es la
indumentaria tradicional jaqaru,
que las mujeres del pueblo
mantienen hasta el día de hoy.
Problemas y/o conflictos medioambientales
Los impactos del cambio climático son cada vez más evidentes y afectan, en ese
sentido, a mayor población a nivel mundial. Se sabe, que son los sectores con algún
factor de vulnerabilidad quienes se encuentran en mayor riesgo ante los efectos que
produce el cambio climático. En ese sentido, los pueblos indígenas son un grupo en
particular riesgo, no solo por las características que presentan y que el Estado peruano
no atiende adecuadamente, creando así un escenario de vulnerabilidad para ellos, sino
también porque su estilo de vida depende directamente de los recursos naturales cuya
calidad y disponibilidad se ven afectadas por el cambio climático.
Ahora bien, los pueblos indígenas se han visto en la necesidad de adaptarse a estos
cambios, por lo que han recurrido a prácticas de conservación y trabajo de la tierra
ancestrales, así como a nuevas técnicas de cultivo respetuosas de su cosmovisión, con el
objetivo de procurar la subsistencia de sus pueblos, la seguridad alimentaria, el respeto
por su identidad, la conservación del entorno que habitan y la rentabilidad de sus
principales actividades económicas: ganadería y agricultura. Es preciso señalar que, en
este proceso de adaptación, las mujeres indígenas han asumido mayor protagonismo y
son quienes actualmente lideran la implementación de estas prácticas.
Los impactos ambientales del cambio climático constituyen en la actualidad una grave
amenaza a los derechos de los pueblos indígenas. El aumento de lluvias y sequías está
generando un impacto severo en la alimentación y abastecimiento familiar indígena. Por
ejemplo, la escasez de agua en las zonas alto andinas es agravada por los efectos del
calentamiento global y el retroceso de los glaciares.
En el estudio “Mujeres indígenas y cambio climático: reconociendo las prácticas
ancestrales y sustentables de mujeres indígenas para la adaptación al cambio climático”,
realizado en el marco del proyecto del mismo nombre, desarrollado por IDEHPUCP de
la mano con la Organización Nacional de Mujeres Indígenas Andinas y Amazónicas del
Perú- ONAMIAP con la colaboración de MISEREOR, se recoge de manera muy precisa
este panorama en las regiones de Puno y Junín: principales impactos que enfrentan
comunidades indígenas y cómo han logrado adaptarse gracias al gran liderazgo de las
mujeres.
No obstante, la identificación de los logros frente a esta problemática implica también el
reconocimiento de necesidades para mejorar su gestión frente al cambio climático. En
ese sentido, uno de los componentes más importantes del mencionado proyecto fue el
diseño e implementación de un espacio de formación y capacitación orientado a atender
las necesidades manifestadas.
En ambos casos se abordaron temas como cambio climático y sus principales conceptos,
vulnerabilidad de los territorios indígenas, gobernanza climática, marco normativo,
entre otros. Cabe destacar que esta propuesta formativa se diseñó para conducir la ruta
de aprendizaje bajo un enfoque participativo en el que se respetó el protagonismo de las
y los asistentes, y se enfatizó en que ellas/os son quienes cuentan con el conocimiento
elemental que, finalmente, le da sentido a lo compartido. Es por ello que durante estos
espacios de aprendizaje hubo mucha discusión, reflexión e interés hacia la formulación
de nuevas estrategias para continuar haciendo frente a esta problemática tan urgente.
Si bien los talleres fueron diseñados considerando a las mujeres como público principal,
en ambas regiones se contó también con la participación de hermanos, como suelen
llamarse, de comunidades aledañas, además de las hermanas invitadas, quienes se
mostraron entusiastas ante su llegada, pues los espacios de aprendizaje y beneficio
colectivo siempre tienen las puertas abiertas. Los y las participantes se mostraron muy
satisfechas con lo compartido y, de igual manera, manifestaron un gran interés por
continuar en esta línea de aprendizaje para seguir fortaleciendo su capacidad de
adaptación y lucha por el reconocimiento y respeto de sus derechos como comunidades
indígenas ante las afectaciones que sufren por el cambio climático. Es preciso, entonces,
seguir sumando esfuerzos, orientar iniciativas de investigación y capacitación hacia esta
lucha de la que muchas personas hablan, pero cuya verdadera complejidad no es
conocida.
Conclusión:
3. Una de las culturas más antiguas y recién reconocidas por el ministerio de cultura,
ubicada en la ciudad de Lima, distrito Yauyos en el sector Tupe, surgiendo de la cultura
wari del año 600 a 700 d.c. se podría decir una de las cultura que no formo parte de los
incas, quien pasando el tiempo en la actualidad se permanece con 750 jaqaruhablantes
un aproximado, Ellos son sobrevivientes que lucharon durante 1600 años por mantener
viva la legua que ahora se busca preservar, conservar y difundir mediante el registro
civil bilingüe.