0% encontró este documento útil (0 votos)
210 vistas19 páginas

Monografia, Pensamiento Teologico Adventista

Este documento presenta una visión general del sábado desde una perspectiva bíblica e histórica. Explica que el sábado tiene su origen en la creación, cuando Dios descansó el séptimo día y lo santificó. También analiza las teorías sobre el origen del sábado y concluye que fue instituido por Dios desde el principio. Finalmente, resalta que el sábado es una señal del pacto entre Dios y su pueblo para recordar su poder creador y redentor.

Cargado por

Alejandro Peña
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
210 vistas19 páginas

Monografia, Pensamiento Teologico Adventista

Este documento presenta una visión general del sábado desde una perspectiva bíblica e histórica. Explica que el sábado tiene su origen en la creación, cuando Dios descansó el séptimo día y lo santificó. También analiza las teorías sobre el origen del sábado y concluye que fue instituido por Dios desde el principio. Finalmente, resalta que el sábado es una señal del pacto entre Dios y su pueblo para recordar su poder creador y redentor.

Cargado por

Alejandro Peña
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Instituto Universitario Adventista de Venezuela

Coordinació n de Teología

EL SABADO

Anteproyecto presentado en cumplimiento parcial

de los requisitos del curso GSEM620

Métodos de Investigación

Por

Julio Cabeza

Ricardo Juric

Nirgua, Venezuela, octubre 2022


Introducción 3

Fundamento Bíblico 4

El origen del sá bado 5-6

El sá bado como señ al 7

El sá bado en el tiempo de Jesú s y los 8-9

Apó stoles

Desarrollo Histórico 10-11

Organizació n Formal 12

El sá bado en la Edad Media 12

Reforma Protestante 13

Relevancia para hoy 14

El propó sito del día de reposo 14

Las bendiciones que se reciben al santificar el 15

día de reposo

Propó sito de la relació n de Dios con el 16

hombre

Conclusión 17

Índice

2
Introducción

El presente estudio tiene por objetivo proporcional una visió n general de las

enseñ anzas del sá bado. No obstante, es un día especial dado por Dios a los hombres, un día

en que podemos celebrar, compartir y disfrutar con nuestros seres má s cercanos, un día en

el cual debemos compartir las buenas nuevas de salvació n; el sá bado fue dado por Dios para

que sea una delicia, santo y honorable. Debe ser un gozo cada semana al llegar este día, y

que la familia reunida alabe al señ or con alegría y regocijo. Todos aquellos que aman al

señ or deben hacer de esto una realidad, no solo para obtener las bendiciones de Dios, sino,

porque nos ayuda a tener una visió n correcta y clara del cará cter de Dios, lo cual nos

ayudara a que Señ or pueda perfeccionar nuestro cará cter cristiano a fin de alcanzar la vida

eterna.

En un mundo en el que las cosas y los compromisos son casi má s importantes que la propia

vida, la observancia del sá bado bíblico es de una relevancia incalculable. Este día representa

una ruptura con la tiranía de las cosas y la rutina de la vida, para proporcionar un tiempo

especial dedicado a Dios, a la familia, a los amigos y a las personas necesitadas.

Elena G. de White afirmo: Y el Señ or dice: “Si retraes del sá bado tu pie, de hacer tu voluntad

en mi día santo, y lo llamas delicia, santo y glorioso de Jehová ; entonces deleitaras en

Jehová ” a todos los que reciban el sá bado como señ al del poder creador y redentor de

3
Cristo, les resultara una delicia. Viendo a Cristo en él, se deleitan en él. El sá bado les indica

las obras de la creació n como evidencia de su gran poder redentor.

Fundamento Bíblico

Al hablar de sá bado debemos recordar que es un monumento conmemorativo de la

creació n. Las escrituras dicen: “hizo memorables sus maravillas” (Sal 111:4) 1“las cosas

invisibles de él, su eterna potencia y divinidad, se echan de ver desde la creació n del mundo,

siendo entendidas por las cosas que son hechas” (Ro 1:20)

La conclusió n de la obra creadora se halla indisolublemente relacionada con la creació n del

sá bado. El reposo del séptimo día es la suprema culminació n de la creació n, por cuanto da

tiempo y lugar a la santidad y a la comunió n. No obstante, Dios no reposo porque se

encuentra cansado. (Is 40:20), sino porque se deleita en la compañ ía de sus hijos. De todos

los días de la creació n, Dios ú nicamente “bendijo” y “Santifico” el séptimo, indicando con

ello que le pertenece de modo muy especial. La bendició n del séptimo día se halla

directamente vinculada con la santificació n del sá bado, que reaparece en (Ex 20: 8-11)

como parte del cuarto mandamiento. Sin embargo, el reposo sabá tico no tiene origen en el

mandamiento dado en el Sinaí, sino en la acció n personal creadora de Dios durante la

semana de la creació n.

1
Sal 111:4. RV60
4
La primera referencia al séptimo día está en Génesis 2:1-3. Allí explica lo que hizo Dios,

después de los seis días de la creació n: “y bendijo Dios al día séptimo y lo santifico, porque

en el reposo de toda la obra que había hecho en la creació n. Por haber reposado en sá bado,

es decir, que lo puso aparte para un uso santo. Y lo dio a Adá n como día de descanso, era

evidente para esta pareja que el sá bado fue el primer día completo de existencia, en el cual

participaron del descanso sabá tico, por la gracia de Dios.

El origen del sá bado


Desde el principio de los tiempos, muchas culturas y muchos interpretes han inventado

historias que explican el origen del sá bado. Una de las teorías má s destacadas referente al

origen del sá bado es en torno a la época de Moisés. Saturno. La teoría del origen mosaico

del sá bado se apoya principalmente en el supuesto de la influencia mesopotá mica de

periodos de siete días relacionados con el planeta Saturno y las fases de la luna. Una antigua

teoría, hace derivar el sá bado del antiguo testamento del día de Saturno observado por los

kenitas, una tribu con la que moisés entro en contacto por matrimonio en ocasió n de su

estancia en Median (Jue. 4:11,17).2

Se ha dicho que el día dedicado a Saturno era un día tabú en el que los kenitas, que

trabajaban los metales, no encendían sus hornos de fundició n. Los Israelitas habrían

adoptado el día tabú kenita y habrían extendido sus requerimientos a todas las demá s

tareas domésticas. El error bá sico de esta hipó tesis está en que se apoya en el supuesto de

que los kenitas tenían una semana de siete días dedicados respectivamente a los dioses

planetarios.3
2
Samuele Bacchioccch, Reposo divino para la inquietud humana (Springs, Michigan, FL:
Universidad Pontificia Gregoriana, 1993). 25
3
Bacchiocch, Reposo divino para la inquietud humana, 26.
5
Sin embargo, hay otros intérpretes. Por ejemplo, el asirió logo alemá n Friedrich Delitzsch

cree que el sá bado se originó en Babilonia. Julian Morgenstern cree que la observancia

surgió en el contexto de la cultura agrícola cananea. Por otro lado, Cuthbert A. Simpson

alega que el sá bado era una reminiscencia de la supuesta “adoració n de la diosa luna” por

los propios irrealista en sus peregrinaciones nocturnas por el desierto. Al mismo tiempo,

Paul K. Jewett refleja la teoría popular de que Dios instituyo el sá bado solamente después

del éxodo de Israel, de Egipto.4

A través de toda la Biblia (Antigua y Nuevo Testamento), lo llaman “Shabbath”, que

traducido quiere decir “Reposo”, la palabra sá bado que usamos en españ ol para señ alar al

séptimo día fue tomada del hebreo “Sabbath”, es el nombre propio dado al séptimo día.

Cuando hablamos del lenguaje notamos que, en cualquier diccionario comú n, si buscamos el

título sá bado, ¿Qué encontramos? “sá bado es el séptimo día de la semana”

Si recorremos la historia de Israel durante la opresió n del cautiverio egipcio (Exo. 3:7-9)

notamos que los israelitas fueron negligentes en cuanto a la obediencia de los

mandamientos de Dios que incluían la observancia del sá bado. (Exo. 16:25-28). El éxodo de

Israel en Egipto tenía un objetivo y era restablecer los sistemas sacrificiales (Exo. 3:18) y la

obediencia de sus “preceptos” (Sal. 105: 43-45)

No obstante, vemos como faraó n actuó negativamente, faraó n no quería oír nada de

cualquier adoració n, el creía que el pedido solamente era para buscar días feriados para el

pueblo, o días de descansos para sus labores.5 Después de salir de Egipto los israelitas

4
Alberto Timm, El sábado en las escrituras (Buenos Aires, Argentina, FL: Asociació n Casa
Editora Sudamericana, 2010), 21.
5
Alberto, El sábado en las escrituras, 31.
6
llegaron a Sin, donde el Señ or los comenzó a alimentar con mana, con la intenció n de

probarlos si andarían en su ley o no (Exo. 16:4). En este relato aparece por primera vez la

palabra “sá bado” en todo el Antiguo Testamento. (Exo. 16:23), y su contenido es de suma

importancia para la comprensió n del origen y el desarrollo de la observancia del sá bado

(Exo. 16:25-30).

El sá bado como señ al

El sá bado no era para Israel solamente, sino para el mundo entero. Había sido dado a

conocer al hombre en el Edén, y como los demá s preceptos del Decá logo, es de obligació n

imperecedera. Acerca de aquella ley de la cual el cuarto mandamiento forma parte, Cristo

declara: “Hasta que perezca el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde perecerá de la ley.” Así

que mientras duren los cielos y la tierra, el sá bado continuará siendo una señ al del poder

del Creador. Cuando el Edén vuelva a florecer en la tierra, el santo día de reposo de Dios.6

El sá bado llego a ser una señ al del pacto divino (Exo. 31:12-17) aquí el propó sito de esta

señ al y mandato divino es recordar al pueblo que la santidad no se basa en esfuerzos

personales, sino en la acció n divina. Esta santidad queda profanada cuando no se reconoce

el sá bado. Sin embargo, observar y vivir el sá bado es una señ al del pueblo santo de Dios, el

sá bado es una señ al externa, visible y perpetua, entre Dios y su pueblo, de que él es su Dios

y santificador, y de que ellos son el pueblo de su pacto y le pertenecen (Ez. 20:12-20) una

señ al sirve de recordativo, confirmació n y distintivo. Y puesto que el sá bado es un

monumento recordativo de la obra de la creació n, es una señ al del amor y del poder de

Cristo. Ezequiel, exiliado en Babilonia, se refiere en repetidas ocasiones a la observancia del

sá bado (Exo. 20:20) estas declaraciones aparecen en un contexto que reitera las vivencias
6
Elena White, El deseado de todas las gentes (Doral, Florida, FL: IADPA, 2013), 255.
7
de Israel en el desierto al momento del éxodo; sin embargo, tiene una clara conexió n con

éxodo 31: 13-17, donde se presenta al sá bado como una “señ al” de la santificació n del

pueblo de Dios.7

El sá bado dirige nuestros pensamientos a la naturaleza, y nos pone en comunió n con el

creador. En el canto de las aves, el murmullo de los á rboles, la mú sica del mar, podemos oír

todavía esa voz que hablo a Adá n en el Edén al frescor del día.8 Y cuando vemos todos estas

maravillas de su naturaleza, hallamos consuelo, porque la palabra que creo todas las cosas

es la que infunde vida al alma. (Sal. 92:4-5).

El sá bado en el tiempo de Jesú s y los apó stoles

En el Nuevo testamento conseguimos evidencias bíblicas de Cristo relacionado al sá bado y a

su observancia, las escrituras revelan que Cristo fue, tanto como padre el creador (1 Cor.

8:6). Por tanto, él fue quien aparto el séptimo día como día de reposo para la humanidad.

Má s adelante, Cristo asocia el sá bado no solo con su obra creadora sino también con su obra

redentor. “Yo Soy” (Juan 1:3; Exo. 3:14), incorporo el sá bado en el decá logo como un

poderoso recordativo de este compromiso semanal de adoració n al creador. Ademá s,

añ adió otra razó n para observar el sá bado: la redenció n de su pueblo. (Deut. 5:14,15). no

obstante, el sá bado marca a los que han aceptado a Jesú s como creador y salvador.9

En Marcos 2:27, Jesú s manifestó : “También les dijo: El día de reposo fue hecho por causa del

hombre, y no el hombre por causa del día de reposo”. Como judío Jesú s tenía la constupre

de ir los sá bados a la sinagoga (Luc. 4:16), de la misma forma que sus discípulos. Uno de los
7
Knneth Strand, Fundamento bíblicos de nuestra fe (Doral, FL, 2005), 127.
8
Elena, El deseado de toda la gente, 254.
9
Creencias de los adventistas del séptimo día, (Silver, Spring, MD, 2006), 285.
8
incidentes relacionado al sá bado lo encontramos en Lucas 6: 1-5 el relato Bíblico aclara que

mientras pasaba por los sembrados, sus discípulos se pusieron a arrancar espigas de trigo, y

las desgranaban para comérselas (Luc. 6:1). “Al ver esto, los fariseos le dijeron: ¡Mira! Tus

discípulas está n haciendo lo que está prohibido en sá bado” (Mat. 12:2). La cuestió n de los

fariseos no era si Jesú s y sus discípulos pasaran por los sembrados en día sá bado. Tampoco

era el hecho de que los discípulos estú diense comiendo seriales en el día sá bado. El

verdadero asunto involucrado en la acusació n de los fariseos era si los discípulos de Jesú s

tenían el derecho de recoger y comer espiga en sá bado, restregá ndolas con las manos.

Segú n la tradició n rabínica, este acto involucraba varias actividades prohibidas en sá bado.10

Al recoger las espigas, ellos eran culpables de segar, al restregarlas con las manos, eran

culpables de desgranar; al separar el grano de la paja, eran culpable de ceñ ir, y, por el todo

el proceso, eran culpable de preparar una comida en sá bado.11 A la respuesta a los fariseos

Jesú s menciono un ejemplo del Antiguo Testamento: recordó la verdadera naturaleza del

sá bado y enfatizo su propia autoridad sobre el sá bado.

El ejemplo fue el de David y sus compañ eros que entraron en el taberná culo y comieron

panes de la proposició n (Mar. 2:25-26). El relato de 1 Samuel 21: 1 al 6, David y sus

hombres estaban hambrientos y nos había pan comú n. No obstante, ellos estaban

ceremonialmente puros, pues se habían abstenido de relaciones sexuales durante su

campañ a (1 Sam 21: 4,5), y el pan que comieron era el que había sido retirado de la

Alberto Timm, El sábado en las escrituras (Buenos Aires, Argentina, Asociació n Casa
10

Editora Sudamericana, 2010), 64.

Samuele Bacchioccch, Reposo divino para la inquietud humana (Springs, Michigan, FL:
11

Universidad Pontificia Gregoriana, 1993), 146.


9
presencia de Dios y remplazado por el pan caliente del día (1 Sam. 21: 6). Las evidencias del

NT revelan que Cristo y sus apó stoles honraban el séptimo día sá bado regularmente,

asistiendo a las “santas convocaciones” (generalmente en la sinagoga)

Desarrollo histórico

La Iglesia Adventista del Séptimo Día surgió a mediados del siglo XIX en Estados Unidos

después de que Rachel Oakes, una bautista del séptimo día, diera un tratado sobre el sá bado

a una millerita adventista, quien se lo pasó a Ellen G. White.

El benefactor Creador, después de los seis días de la creació n, descansó el séptimo día e

instituyó el sá bado para todas las personas como un memorial de la creació n. El cuarto

mandamiento de la ley inmutable de Dios requiere la observancia de este séptimo día

sá bado como día de descanso, adoració n y ministerio en armonía con la enseñ anza y

prá ctica de Jesú s, el Señ or del sá bado. (Mar. 2:28). El sá bado es un día de deliciosa

comunió n con Dios y con los demá s. Es un símbolo de nuestra redenció n en Cristo, una

señ al de nuestra santificació n, una muestra de nuestra lealtad y un anticipo de nuestro

futuro eterno en el reino de Dios. El sá bado es la señ al perpetua de Dios de su pacto eterno

entre él y su pueblo. La gozosa observancia de este tiempo sagrado de tarde a noche, de

atardecer a atardecer, es una celebració n de los actos creativos y redentores de Dios.12

Los primeros adventistas en aceptar el séptimo día de reposo se enteraron por los bautistas

del séptimo día, quienes a comienzo de la década de 1840 habían renovado su compromiso

de discriminar esta luz especial. El artículo de Preble llego a manos de José Bates en marzo

de 1845, quien se interesó inmediatamente en el material que presentaba. El mismo Bates

12
George Knight, Nuestra iglesia, (Doral, FL: APIA, 2005), 43.
10
pronto comenzó a escribir sobre el tema del sá bado. En mayo de 1846 ya expresaba sus

nuevas convicciones en una secció n corta al final de su folleto de treinta y nueve pá ginas

llamado “The Opening Heavens” [los cielos abiertos] Bates se inspiró para escribir este

folleto después de leer la exposició n de O.R.L.13

Al parecer Elena Harmon tuvo su primer contacto con el tema del sá bado en 1846 cuando,

junto con su hermana y Jaime White, visito a José Bates en New Bedford, Massachussets. En

aquel momento acepto el punto de vista de Bates sobre el sá bado. Jaime y Elena se casaron

en mismo mes que se publicó el folleto del sá bado. Se casaron el 30 de agosto de 1846. 14

Organizació n formal

Durante la etapa del desarrollo los adventistas observadores del sá bado no tuvieron una

organizació n formal; pero en 1848 varios de ellos asistieron a siete reuniones locales

pequeñ as. Estas llegaron a conocerse como las “conferencias sobre el sá bado” porque eran

reuniones de los “amigos del sá bado”, interesados en el “mensaje del tercer á ngel” (Apoc.

14: 9-11). Estas conferencias tenían una agenda especial para el sá bado. Esto ayudo a darle

sentido de unidad a los grupos dispersos de observadores del sá bado.

Aunque los bautistas del séptimo día habían observado el sá bado de puesta del sol a puesta

del sol en base a las evidencias de las escrituras. (Mar.1:32), José Betas creía que el sá bado

debería comenzar a las 6:00p.m. del viernes y que terminaba a las 6:00 p.m. El punto de

vista de Bates, sin embargo, no fue aceptado universalmente por los adventistas que

observaban el sá bado.15
13
George, Nuestra iglesia, 174.
14
George, Nuestra iglesia, 175.
15
George Knight, Nuestra iglesia, (Doral, FL: APIA, 2005), 176
11
El sá bado en la Edad Media

Durante la edad media el día de reposo fue cambiado del sá bado al domingo atribuyéndole

progresivamente sus prestigios. Posteriormente, se desarrolló una teología cató lica sobre el

domingo, como si se cumpliera la ordenanza del sá bado; la idea era que se mantuvieran las

mismas condiciones, pero que el día como tal había sido cambiado. Sus razones para hacer

este cambio se debían a un cumplimiento de origen moral y ceremonial, y, por ende,

temporal, y sujeto a cambio por la Iglesia.

Agustín de Hipona siguió a los primeros escritores patrísticos al espiritualizar el significado

del mandamiento del sá bado, refiriéndolo al descanso escatoló gico en lugar de la

observancia de un día literal. Sin embargo, tal escritura sirvió para profundizar la idea del

descanso cristiano el domingo, y su prá ctica aumentó en prominencia a lo largo de la Alta

Edad Media.

Tomá s de Aquino enseñ ó que el Decá logo es una expresió n de la ley natural que obliga a

todos los hombres y, por lo tanto, el mandamiento del sá bado es un requisito moral junto

con los otros nueve. Así, en Occidente, el descanso dominical se asoció má s estrechamente

con una aplicació n cristiana del sá bado, un desarrollo hacia la idea de un "sá bado cristiano"

en lugar de uno hebreo.16 Si bien la adoració n dominical y el descanso dominical se

combinaron poderosamente para relacionarse con los preceptos de los mandamientos del

sá bado, la aplicació n del mandamiento a la vida cristiana fue, no obstante, una respuesta

dentro de la ley de la libertad, no restringida a un solo día sino continuo, y no un

desplazamiento del sá bado en el tiempo.

Samuele Bacchioccch, Reposo divino para la inquietud humana (Springs, Michigan,


16

Universidad Pontificia Gregoriana, 1993), 211.


12
Reforma Protestante

Los reformadores protestantes, a partir del siglo XVI, trajeron nuevas interpretaciones de la

ley cristiana a Occidente. El Catecismo de las Iglesias Reformadas de Heidelberg, fundado

por Juan Calvino, enseñ a que la ley moral contenida en los Diez Mandamientos es

vinculante para los cristianos y que instruye a los cristianos sobre có mo vivir al servicio de

Dios en gratitud por su gracia demostrada al redimir a la humanidad. Asimismo, Martín

Lutero, en su trabajo contra los antinomianos, rechazó la idea de la abolició n de los Diez

Mandamientos. También vieron el descanso dominical como una institució n cívica

establecida por la autoridad humana, que brindaba una ocasió n para el descanso corporal y

el culto pú blico. Otro protestante, John Wesley, declaró : "Esta 'escritura de ordenanzas' que

nuestro Señ or borró , quitó y clavó en Su cruz (Col. 2:14). Pero la ley moral contenida en los

Diez Mandamientos, y impuesta por los profetas, É l no quitó . La ley moral se basa en un

fundamento completamente diferente de la ley ceremonial o ritual, Cada parte de esta ley

debe permanecer en vigor sobre toda la humanidad y en todas las edades. "

Relevancia para hoy

Jesú s enseñ ó que el día de reposo se instituyó para nuestro beneficio (Mar. 2:27). El

propó sito del día de reposo es el de darnos cierto día de la semana en el cual centrar

nuestros pensamientos y acciones en Dios. No es simplemente un día para descansar del

trabajo cotidiano, sino que es un día sagrado que debemos dedicar a la adoració n y a la

reverencia. Al descansar de nuestras tareas y actividades diarias, nuestra mente queda libre

para meditar sobre cosas espirituales. En ese día debemos renovar nuestros convenios con

el Señ or y alimentar nuestra alma con las cosas del Espíritu.

13
Dios nos ha dado el conjunto de los seis días para hacer nuestro trabajo y se ha reservado

ú nicamente uno. Este tiene que ser un día de bendició n para nosotros, un día cuando

debiéramos poner de lado todos nuestros asuntos seculares y centralizar nuestros

pensamientos en Dios y el cielo.

El propó sito del día de reposo

Cuando el sá bado comienza debemos ponernos en guardia, velar sobre nuestros actos y

palabra, no sea que robemos a Dios, dedicando a nuestro uso el tiempo que pertenece

estrictamente al Señ or. No debemos hacer ni permitir que nuestros hijos hagan trabajo

alguno para ganarse la vida, ni cosa alguna que podría haberse hecho durante los seis días.17

Todos los que aman a Dios deben hacer lo que puedan para que el sá bado sea una delicia,

santo y honorable. No podemos hacer esto buscando nuestros propios placeres en

diversiones pecaminosas y prohibidas. El sá bado debe resultar tan interesante para

nuestras familias que su visita semanal sea saludada con gozo.

Las bendiciones que se reciben al santificar el día de reposo

¿Cuá les son algunas de las bendiciones que recibimos cuando santificamos el día de reposo?

Al honrar el día de reposo, podemos recibir grandes bendiciones tanto espirituales como

temporales. El Señ or dijo que, si guardá bamos el día de reposo con gratitud y alegría, nos

sentiríamos colmados de gozo. É l nos prometió :

“…la abundancia de la tierra será vuestra… ya sea para alimento, o vestidura, o casas,

alfolíes, huertos, jardines o viñ as;

Elena White, La conducción del niño, (Doral, Florida, FL: Inter-American Divisió n
17

Publishing Association, 1959), 515.


14
“sí, todas las cosas que de la tierra salen, en su sazó n, son hechas para el beneficio y el uso

del hombre, tanto para agradar la vista como para alegrar el corazó n;

“sí, para ser alimento y vestidura, para gustar y oler, para vigorizar el cuerpo y animar el

alma” (D. y C. 59:16–19).

Propó sito de la relació n de Dios con el hombre.

Lev 23:3 afirma: “Seis días se trabajará , má s el séptimo día será de reposo, santa

convocació n; ningú n trabajo haréis; día de reposo es de Jehová en dondequiera que

habitéis”. El Creador quiere que alimentemos una relació n de amistad con É l. Las horas del

sá bado son para la alabanza y la adoració n al Creador. El propio Creador reposó , bendijo y

santificó este día.

El sá bado no era para Israel solamente, sino para el mundo entero. Había sido dado a

conocer al hombre en el Edén, y como los demá s preceptos del Decá logo, es de obligació n

imperecedera. Acerca de aquella ley de la cual el cuarto mandamiento forma parte, Cristo

declara: “Hasta que perezca el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde. (Mt 5:18). Así que

mientras duren los cielos y la tierra, el sá bado continuará siendo una señ al del poder del

Creador. Cuando el Edén vuelva a florecer en la tierra, el santo día de reposo de Dios será

honrado por todos los que moren debajo del sol. “De sá bado en sá bado,” los habitantes de la

tierra renovada y glorificada, subirá n “a adorar delante de mí, dijo Jehová .18

En Marcos 2:27, Jesú s manifestó : “También les dijo: El día de reposo fue hecho por causa del

hombre, y no el hombre por causa del día de reposo”. Con la agitació n del día a día todos

18
Elena White, El deseado de todas las gentes (Doral, Florida, FL: IADPA, 2013), 256.
15
estamos en riesgo del estrés. Dios previendo nuestro estilo de vida actual, estableció un día

de descanso de las preocupaciones y afanes de esta vida.

En Isaías 66:22,23 dice: “Porque como los cielos nuevos y la nueva tierra que yo hago

permanecerá n delante de mí, dice Jehová , así permanecerá vuestra descendencia y vuestro

nombre. Y de mes en mes, y de día de reposo en día de reposo, vendrá n todos a adorar

delante de mí, dijo Jehová ”. Estos versos nos muestran claramente que en la nueva tierra y

nuevos cielos se guardará el día sá bado, por lo tanto, debemos comenzar a guardarlo aquí.

El tiempo probablemente continuará contá ndose como ahora hasta el fin de los mil añ os

mencionados en Apocalipsis 20.

16
Conclusión

La observancia del sá bado del séptimo día estimula una apreciació n má s profunda del

amoroso cará cter de Dios y de la naturaleza, reafirmando nuestro origen y fortaleciendo la

estabilidad emocional que deriva de la relació n con él como Creador y Redentor.

Rompiendo la rutina competitiva y mercantilista de la vida moderna, el sá bado promueve la

salud física, y refuerza el amor y el servicio altruista. Observado desde la creació n del

mundo (Gén. 2:2, 3) y prosiguiendo rumbo a los "cielos nuevos" y a la "nueva tierra" (Isa.

66:22, 23; ver Apoc. 21:1), el sá bado es el magnífico santuario de Dios en el tiempo, a

disposició n de todos los seres humanos, en todos los tiempos y lugares. Debeos recordar

también la promesa maravillas de Isaías 58: 13-14. "Si retraes del sá bado tu pie, de hacer tu

voluntad en mi día santo, y lo llamas 'delicia', 'santo', 'glorioso de Jehová ', y lo veneras, no

andando en tus propios caminos, ni buscando tu voluntad ni hablando tus propias palabras,

entonces te deleitará s en Jehová . Yo te haré subir sobre las alturas de la tierra y te daré a

comer la heredad de tu padre Jacob. La boca de Jehová lo ha hablado".

La casi generalizada observancia del domingo por parte de los cristianos comprueba la

necesidad de una restauració n del sá bado como día de reposo y de un redescubrimiento de

su observancia de acuerdo con los principios bíblicos. La verdadera observancia del sá bado

significa una ruptura con la rutina de la vida (generalmente centrada en las cosas, en el

espacio y en el ciberespacio), sintonizá ndola con los valores espirituales y eternos. Las

actividades del sá bado deben estar centradas en Dios, tratando de integrar a la familia y

dedicando tiempo, y atenció n, a los amigos y a las personas necesitadas.

17
Bibliografía

Bacchioccch Samuele, Reposo divino para la inquietud humana. Springs, Michigan, FL:

Universidad Pontificia Gregoriana, 1993.

Creencias de los adventistas del séptimo día, (Silver, Spring, MD, 2006)

Knight George, Nuestra iglesia. Doral, FL: APIA, 2005.

La Santa Biblia. RV60

Strand Knneth, Fundamento bíblicos de nuestra fe. Doral, FL, 2005.

Timm Alberto, El sábado en las escrituras. Buenos Aires, Argentina, FL: Asociació n Casa

Editora Sudamericana, 2010.

White Elena, El deseado de todas las gentes. Doral, Florida, FL: IADPA, 2013.

White Elena, La conducción del niño. Doral, Florida, FL: Inter-American Divisió n Publishing

Association, 1959.

18
19

También podría gustarte