GERSON CHAVERRA CASTRO
Magistrado Ponente
STP6504-2020
Radicación n° 1267 / 111187
Acta 152
Bogotá, D.C., veintitrés (23) de julio de dos mil veinte
(2020).
ASUNTO
Resolver la impugnación presentada por el apoderado
de Jorge Luis Rojano Escobar, respecto del fallo proferido el
5 de junio del año en curso por la Sala Penal del Tribunal
Superior del Distrito Judicial de Valledupar, por medio del
cual negó la acción de tutela impetrada contra los Juzgados
Tercero Penal Municipal con Funciones de Control de
Garantías y Segundo Penal del Circuito, ambos de la
mencionada ciudad, por la presunta vulneración de sus
derechos fundamentales al debido proceso y acceso a la
administración de justicia.
Impugnación Tutela 1267 / 111187
A/. Jorge Luis Rojano Escobar
Al presente trámite fueron vinculados el
Establecimiento Penitenciario y Carcelario de Mediana
Seguridad de Valledupar “Cárcel Judicial”, los Juzgados
Segundo Penal Municipal con Función de Control de
Garantías Ambulante, Cuarto Penal del Circuito y Quinto
Penal del Circuito, el Centro de Servicios de los Juzgados
Penales del Sistema Penal Acusatorio, la Fiscalía Quinta
Seccional, todas esas autoridades con sede en la
mencionada capital, los demás procesados y sus defensores
dentro de la actuación penal que se sigue en contra del
accionante bajo el SPOA No. 02001-6000000-2018-00076;
igualmente a las víctimas conocidas y sus apoderados
judiciales y al Delegado del Ministerio Público.
LA DEMANDA
Indica el libelista que, con ocasión de la orden de
captura proferida al interior del proceso No. 2016-00014, el
26 de mayo de 2018 fue privado de la libertad su defendido,
el señor Jorge Luis Rojano Escobar, actuación que fue
sometida a control de legalidad el día 27 del mismo mes y
año, fecha en la que, además, se le formuló imputación por
los delitos de concierto para delinquir, en concurso con
estafa agravada, cohecho por da u ofrecer y fraude procesal.
Dado que dicho proceso era adelantado en contra de
varias personas, algunas manifestaron aceptar los cargos
formulados, en tanto que otras no lo hicieron, motivo que
originó una ruptura de la unidad procesal y, con ello, la
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Impugnación Tutela 1267 / 111187
A/. Jorge Luis Rojano Escobar
apertura del radicado 2018-00076, donde se empezó a
impartir trámite de aprobación a la aceptación de cargos
realizada por Rojano Escobar.
Del conocimiento del referido trámite le correspondió
conocer al Juez Cuarto Penal del Circuito Especializado de
Valledupar, funcionario que se declaró impedido en dos
ocasiones para conocer del asunto, siendo la primera de
ellas declarada infundada, en tanto que la segunda sí
prosperó.
Finalmente, fue el Juez Quinto Penal del Circuito de la
capital del Cesar quien, luego de varias sesiones, el 13 de
diciembre de 2019 resuelve no impartir aprobación a la
aceptación de cargos realizada por el acá accionante,
decisión que fue confirmada por la Sala Penal del Tribunal
Superior de Valledupar mediante decisión del 20 de febrero
del año en curso.
En vista de lo anterior y, dado que para la fecha en la
que el Tribunal profirió su decisión ya había transcurrido
más de un año desde que Rojano escobar fue cobijado con
medida de aseguramiento privativa de la libertad, su
abogado solicitó ante Juez de Control de Garantías la
sustitución de aquella por una no privativa de la libertad,
ello con fundamento en lo previsto en las leyes 1760 de
2015 y 1786 de 2016.
De dicho trámite le correspondió conocer al Juez
Tercero Penal Municipal con Funciones de Control de
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Impugnación Tutela 1267 / 111187
A/. Jorge Luis Rojano Escobar
Garantías de Valledupar, quien, en audiencia del 12 de
marzo del año en curso, negó la petición tras considerar
que en el presente asunto no se había vencido el término de
un año a que se refiere las leyes invocadas por el
peticionario, pues al haberse improbado el allanamiento, el
mismo se empezaba a contabilizar desde ese momento,
pues antes se encontraba suspendido en virtud del trámite
de aprobación de la aceptación de cargos.
La anterior decisión fue confirmada mediante
providencia del 7 de mayo pasado, proferida por el juez
Segundo Penal del Circuito de Valledupar, quien estimó que
el allanamiento a cargos suspende los términos para efectos
de la aplicación del artículo 307 de la Ley 906 de 2004.
En virtud de lo anterior, el demandante en tutela
considera que se han vulnerado los derechos de su
prohijado, pues estima que mantenerlo privado de su
libertad por cuenta de una medida de aseguramiento por
espacio de dos años, excede el concepto de término
razonable y no se compadece con una pronta
administración de justicia, motivo por el cual solicita se
amparen las prerrogativas constitucionales de Jorge Luis
Rojano y, en consecuencia, se ordene dejar sin efectos las
decisiones proferidas por las autoridades accionadas, al
interior del radicado 2018-000076, el 12 de marzo y 27 de
mayo del año en curso.
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Impugnación Tutela 1267 / 111187
A/. Jorge Luis Rojano Escobar
2. EL FALLO IMPUGNADO
La Sala Penal del Tribunal Superior de Valledupar
negó el amparo invocado, tras considerar que las decisiones
cuestionadas se encuentran acorde con la normatividad y
jurisprudencia vigente aplicable al caso concreto.
Recordó que, de acuerdo con la redacción del
parágrafo 1 del artículo 307 del Código de Procedimiento
Penal y, la interpretación que del mismo ha realizado la
Jurisprudencia de la Sala de Casación Penal, en los casos
donde se produzca aceptación de cargos, se suspende el
término de un año asignado a la duración de las medidas
de aseguramiento privativas de la libertad.
Dicha suspensión, indica el A quo, se extiende hasta
cuando se resuelva sobre la aceptación del allanamiento, de
modo que, si el mismo es improbado, los términos se
restablecen conforme lo señala el parágrafo 2 del artículo
317 ejusdem.
Resaltó que, una vez el imputado manifiesta su
aceptación de cargos, renuncia a su derecho de no
autoincriminación y a ser juzgado, de modo que con ello
también cede a la contabilización de términos consagrada
en la legislación procesal, quedando únicamente a la espera
de la individualización de su sanción.
En ese sentido, en el caso concreto, cuando el defensor
de Jorge Luis Rojano solicitó la sustitución de la medida de
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Impugnación Tutela 1267 / 111187
A/. Jorge Luis Rojano Escobar
aseguramiento, apenas habían transcurrido 22 días desde
la improbación del allanamiento, tiempo muy inferior al año
que confiere la ley procesal para la duración de la medida
intramural.
Puntualizó que el precedente jurisprudencial citado
por la parte actora, esto es, el fallo de tutela dado por la
Sala de Casación Penal el 19 de noviembre de 2019 al
interior del radicado 107656, el cual benefició a uno de los
compañeros de causa de Rojano Escobar, no tiene
aplicabilidad en el presente asunto, pues allí se trata de
una persona que no aceptó cargos, motivo por el cual, a él,
sí lo cobijan los términos procesales que fueron
suspendidos en el presente asunto.
3. LA IMPUGNACIÓN
El apoderado del accionante impugnó el fallo de
primera instancia con miras a lograr su revocatoria, para
ello expuso como razones de su disenso las siguientes:
Sostuvo que la presente acción se fundamenta en el
derecho que le asiste a su defendido de ser juzgado en un
plazo razonable, presupuesto que ha sido desconocido por
las autoridades accionadas
Insistió que dicho principio, cuyo origen son los
tratados internacionales suscritos por Colombia, no acepta
excepciones, luego resulta innegable que al haber
trascurrido más de dos años, desde que su representado
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Impugnación Tutela 1267 / 111187
A/. Jorge Luis Rojano Escobar
fue privado de su libertad, sin que su asunto hubiera sido
resuelto, deviene en un desconocimiento del concepto de
plazo razonable para la resolución de un asunto judicial.
Recalcó que, la única forma para haber mantenido a
Jorge Luis Rojano privado de su libertad por todo este
tiempo, es que el fiscal del caso hubiera solicitado una
prórroga de la medida de aseguramiento, pero como ello no
aconteció, entonces dicho ciudadano se ha visto sometido a
una retención ilegal.
Se opuso a la afirmación realizada por el A quo, en el
sentido de señalar que, con la aceptación de cargos, se
renuncia a la contabilización de términos, pues ello podría
desembocar en que una persona permanezca privada de su
libertad indefinidamente sin que su situación jurídica sea
resuelta, aspecto que, sin lugar a dudas, atentaría contra el
concepto de plazo razonable para el desarrollo del proceso
penal.
4. CONSIDERACIONES
1. De conformidad con lo establecido por el artículo 32
del Decreto 2591 de 1991, es competente esta Sala para
pronunciarse sobre la impugnación presentada contra el
fallo proferido por Sala Penal del Tribunal Superior de
Valledupar.
2. Según lo establece el artículo 86 de la Constitución
Política, toda persona ostenta la facultad para promover
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Impugnación Tutela 1267 / 111187
A/. Jorge Luis Rojano Escobar
acción de tutela ante los jueces con miras a obtener la
protección inmediata de los derechos constitucionales
fundamentales, cuando por acción u omisión le sean
vulnerados o amenazados por cualquier autoridad pública o
por particulares en los casos previstos de forma expresa en
la ley, siempre que no exista otro medio de defensa judicial,
a no ser que se utilice como mecanismo transitorio para
evitar la materialización de un perjuicio de carácter
irremediable.
3. Cuando se trata de acciones de tutela en contra de
providencias judiciales, la Corte Constitucional ha
condicionado su procedencia al hecho que concurran unos
requisitos de procedibilidad, los cuales ha denominado
como genéricos y específicos 1.
Corresponden al primer grupo: i) que la cuestión
discutida resulte de evidente relevancia constitucional; ii)
que se hayan agotado todos los medios ordinarios y
extraordinarios de defensa judicial al alcance de la persona
afectada; iii) que se cumpla el requisito de la inmediatez; iv)
que ante una irregularidad procesal, el defecto tenga un
efecto decisivo o determinante en la sentencia; v) que la
parte actora identifique de manera razonable tanto los
hechos que generaron la vulneración como los derechos
vulnerados y vi) que no se trate de sentencia de tutela.
Y son requisitos específicos la observancia de un
defecto sustantivo, orgánico o procedimental; de uno
1
Ver sentencias C-590 de 2005 y T-865 de 2006.
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fáctico; de un error inducido o por consecuencia; que la
decisión cuestionada carezca de motivación; el
desconocimiento del precedente y vulneración directa de la
Constitución.
4. En el presente caso, el problema jurídico a resolver
se contrae a determinar si el auto proferido el 12 de marzo
del año en curso por el Juez Tercero Penal Municipal con
Funciones de Control de Garantías de Valledupar, por
medio del cual negó la sustitución de una medida de
aseguramiento solicitada por Jorge Luis Rojano Escobar y,
la providencia del 7 de mayo siguiente, a través de la cual el
Juez Segundo Penal del Circuito de esa ciudad confirmó
dicha determinación, constituyen una vía de hecho por
desconocer el concepto de plazo razonable al momento de
valorar la tardanza en que incurrieron las autoridades que
les competía resolver sobre la aprobación o no de la
aceptación de cargos realizada por dicho ciudadano desde el
27 de mayo de 2018.
5. Con fundamento en la demanda de tutela y las
respuestas aportadas por las autoridades accionadas y
vinculadas, la Sala estudiará la procedencia de la presente
solicitud de amparo en contra de providencia judicial.
Como primera medida, resulta incuestionable que se
está frente a un asunto de relevancia constitucional, pues
se trata de analizar si las autoridades judiciales accionadas,
al no sustituir la medida de aseguramiento intramural por
una no privativa de la libertad, vulneraron los derechos
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Impugnación Tutela 1267 / 111187
A/. Jorge Luis Rojano Escobar
fundamentales de Jorge Luis Rojano Escobar, en el
entendido que prolongaron injustificadamente su privación
de la libertad y desconocieron el concepto de plazo
razonable para la resolución de su asunto.
Se corroboró que el libelista agotó los medios de
defensa ordinarios con los que contaba, pues su apoderado
interpuso oportunamente recurso de apelación en contra
del auto que en primera instancia negó la sustitución de la
medida y el mismo ya fue resuelto por la autoridad
competente.
También se encuentra satisfecho el principio de
inmediatez, dado que las providencias objeto de censura
datan de los pasados meses de marzo y mayo del año en
curso. Igualmente se determinó que el libelista identificó de
forma razonable, tanto los hechos que originaron la
vulneración denunciada como los derechos que estima
afectados, lo que permite establecer que el defecto
denunciado, de ser existente, sería de gran relevancia e
impactaría de manera determinante en las resultas de la
actuación valorada, la cual, dicho sea de paso, no
corresponde a otro trámite de tutela.
7. Ahora bien, estima la parte actora que los Juzgados
demandados en tutela se equivocaron al haberle negado a
Jorge Luis Rojano Escobar la sustitución de su medida de
aseguramiento intramural por una no privativa de la
libertad, pues, a su juicio, se encuentra ampliamente
excedido el término de duración de la primera, el cual está
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establecido en el parágrafo 1º del artículo 307 de la Ley 906
de 2004 cuyo tenor literal es el siguiente:
“PARÁGRAFO 1o. <Parágrafo modificado por el artículo 1 de la
Ley 1786 de 2016. Ver Notas de Vigencia sobre la entrada en vigencia
en determinados casos. El nuevo texto es el siguiente:> Salvo lo
previsto en los parágrafos 2o y 3o del artículo 317 del Código de
Procedimiento Penal (Ley 906 de 2004), el término de las medidas de
aseguramiento privativas de la libertad no podrá exceder de un (1) año.
Cuando el proceso se surta ante la justicia penal especializada, o sean
tres (3) o más los acusados contra quienes estuviere vigente la
detención preventiva, o se trate de investigación o juicio de actos de
corrupción de los que trata la Ley 1474 de 2011 o de cualquiera de las
conductas previstas en el Título IV del Libro Segundo de la Ley 599 de
2000 (Código Penal), dicho término podrá prorrogarse, a solicitud del
fiscal o del apoderado de la víctima, hasta por el mismo término inicial.
Vencido el término, el Juez de Control de Garantías, a petición de la
Fiscalía, de la defensa o del apoderado de la víctima podrá sustituir la
medida de aseguramiento privativa de la libertad de que se trate, por
otra u otras medidas de aseguramiento no privativas de la libertad de
que trata el presente artículo.
En los casos susceptibles de prórroga, los jueces de control de
garantías, para resolver sobre la solicitud de levantamiento o prórroga
de las medidas de aseguramiento privativas de la libertad, deberán
considerar, además de los requisitos contemplados en el artículo 308
del Código de Procedimiento Penal, el tiempo que haya transcurrido por
causa de maniobras dilatorias atribuibles a la actividad procesal del
interesado o su defensor, caso en el cual dicho tiempo no se
contabilizará dentro del término máximo de la medida de
aseguramiento privativa de la libertad contemplado en este artículo.”
Por su parte, el artículo 317 ejusdem, norma a la que
hace remisión el anterior texto legal, señala:
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“ARTÍCULO 317. CAUSALES DE LIBERTAD. <Artículo modificado
por el artículo 2 de la Ley 1786 de 2016. El nuevo texto es el
siguiente:> Las medidas de aseguramiento indicadas en los anteriores
artículos tendrán vigencia durante toda la actuación, sin perjuicio de lo
establecido en el parágrafo 1o del artículo 307 del presente código
sobre las medidas de aseguramiento privativas de la libertad. La
libertad del imputado o acusado se cumplirá de inmediato y solo
procederá en los siguientes eventos:
(…)
4. Cuando transcurridos sesenta (60) días contados a partir de la
fecha de imputación no se hubiere presentado el escrito de acusación o
solicitado la preclusión, conforme a lo dispuesto en el artículo 294.
5. Cuando transcurridos ciento veinte (120) días contados a
partir de la fecha de presentación del escrito de acusación, no se haya
dado inicio a la audiencia de juicio.
6. Cuando transcurridos ciento cincuenta (150) días contados a
partir de la fecha de inicio de la audiencia de juicio, no se haya
celebrado la audiencia de lectura de fallo o su equivalente.
(…)
PARÁGRAFO 2o. En los numerales 4 y 5 se restablecerán los
términos cuando hubiere improbación de la aceptación de cargos, de
los preacuerdos o de la aplicación del principio de oportunidad.
PARÁGRAFO 3o. Cuando la audiencia de juicio oral no se haya
podido iniciar o terminar por maniobras dilatorias del acusado o su
defensor, no se contabilizarán dentro de los términos contenidos en los
numerales 5 y 6 de este artículo, los días empleados en ellas.
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A/. Jorge Luis Rojano Escobar
Cuando la audiencia no se hubiere podido iniciar o terminar por
causa razonable fundada en hechos externos y objetivos de fuerza
mayor, ajenos al juez o a la administración de justicia, la audiencia se
iniciará o reanudará cuando haya desaparecido dicha causa y a más
tardar en un plazo no superior a la mitad del término establecido por el
legislador en los numerales 5 y 6 del artículo 317.”
Sobre la interpretación que debe dársele al parágrafo 2
del artículo 317 del Código de Procedimiento Penal, la
Corte, en providencia AP3073-2015, indicó:
“(…) una sana interpretación del parágrafo aludido permite
concluir que hasta tanto no se lleve a cabo el control de legalidad del
preacuerdo y el mismo eventualmente resulte improbado, los términos
se encuentran suspendidos.”
Si bien en esa ocasión la Sala Penal se refirió
únicamente a la figura de los preacuerdos, indudablemente
dicha interpretación se extiende a los conceptos de
aceptación de cargos y principio de oportunidad, pues como
se advirtió, se trata de una interpretación del aludido canon
procedimental.
Desde esa perspectiva, ha de decirse que le asiste
razón tanto al A quo, como a las autoridades accionadas,
cuando sostienen que, una vez realizada la manifestación
de aceptación de cargos por parte del imputado, los
términos procesales se suspenden hasta tanto no se
resuelva sobre su aprobación, reactivándose su
contabilización, únicamente en el evento que no se apruebe
el mencionado allanamiento.
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Impugnación Tutela 1267 / 111187
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En ese sentido, la contabilización del término para
presentar el escrito de acusación en el presente asunto,
empieza a correr a partir del 20 de febrero del año en curso,
fecha en la que fue confirmada la improbación de la
aceptación de cargos efectuada por Jorge Luis Rojano el 27
de mayo de 2018, tal como lo dispone el parágrafo 2 del
artículo 317 de la Ley 906 de 2004.
8. Ahora bien, una de las consecuencias que se deriva
de la suspensión de términos a la que se ha hecho
referencia, sin lugar a dudas es una extensión en la
duración de la medida de aseguramiento privativa de la
libertad, tal como se desprende de la lectura del parágrafo
1º del artículo 307 de la Ley 906 de 2004, sin embargo, ello
no implica que las autoridades cuenten con una
autorización tácita para prolongar injustificadamente dicha
suspensión y, con ello, extender indefinidamente la
privación de la libertad del procesado, pues en todo caso, la
resolución de los asuntos judiciales se encuentran
supeditadas a la noción de plazo razonable.
Sobre dicho concepto, la Sala de Casación Penal en
sentencia STP11607-2016, señaló:
“5.1. La garantía fundamental del plazo razonable en los
procesos penales.
En el marco del Estado de derecho, toda persona señalada de
ser responsable de una conducta punible tiene a su favor,
además del derecho a la presunción de inocencia, las garantías
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Impugnación Tutela 1267 / 111187
A/. Jorge Luis Rojano Escobar
fundamentales a la contradicción, defensa, debido proceso y a
ser juzgada dentro de un término razonable.
Ese último concepto comporta una doble dimensión de justicia: La
primera, la expectativa de la comunidad -y por supuesto de las
víctimas- de que los culpables sean castigados prontamente y, la
segunda, no menos importante, el derecho de los inocentes a ser
liberados lo más pronto posible de toda sospecha, así como de
cualquier cautela sobre su libertad personal y su patrimonio.
También es posible distinguir dos ámbitos de esa garantía: Por
un lado, la duración del proceso, en conjunto, hasta que se
produzca una decisión judicial definitiva y, por otro, la
permanencia del sujeto en detención preventiva mientras se
adelanta la investigación o juzgamiento.
El primero, como lo ha dicho la Corte Constitucional, con
fundamento en los artículos 8.1 de la Convención Americana de
Derechos Humanos y los artículos 29 y 228 de la Constitución
Política, involucra la inobservancia de los términos judiciales y,
por tanto, en forma genérica, la vulneración del derecho
fundamental al debido proceso.2
El segundo, se resalta, tiene una conexión primaria con los
derechos a la presunción de inocencia y libertad personal, por
esa razón, en un sentido más estricto, se enuncia como el
2
El principio de celeridad que es base fundamental de la administración de justicia debe caracterizar
los procesos penales. Ni el procesado tiene el deber constitucional de esperar indefinidamente que el
Estado profiera una sentencia condenatoria o absolutoria, ni la sociedad puede esperar por siempre el
señalamiento de los autores o de los inocentes de los delitos que crean zozobra en la comunidad. (...)
Luego es esencial la aplicación del principio de celeridad en la administración de justicia. Ello se
desprende directamente del artículo 228 de la Constitución, e indirectamente del artículo 209, cuando
sostiene que el principio de celeridad debe caracterizar la actuación administrativa. Fue pues voluntad
manifiesta del constituyente consagrar la celeridad como principio general de los procesos judiciales.
Ahora una dilación por una causa imputable al Estado no podría justificar una demora en un proceso
penal. Todo lo anterior nos lleva a concluir que frente al desarrollo del proceso penal, se deben aplicar
las disposiciones sobre fijación de términos en desarrollo del principio de respeto a la dignidad de la
persona, como límite a la actividad sancionadora del Estado. Sentencias T-450 de 1993, T-368 de 1995
y T-518 de 2014.
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Impugnación Tutela 1267 / 111187
A/. Jorge Luis Rojano Escobar
“derecho a ser juzgado dentro de un plazo razonable o a
ser puesto en libertad”.
Este ámbito del plazo razonable está consagrado en los
instrumentos internacionales sobre derechos humanos
debidamente ratificados por el Estado colombiano, cuyas normas
son las siguientes:
a) Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, aprobado
mediante la Ley 74 de 1968. Artículo 9.3:
Toda persona detenida o presa a causa de una infracción penal
será llevada sin demora ante un juez u otro funcionario
autorizado por la ley para ejercer funciones judiciales, y tendrá
derecho a ser juzgada dentro de un plazo razonable o a ser
puesta en libertad. La prisión preventiva de las personas que
hayan de ser juzgadas no debe ser la regla general, pero su
libertad podrá estar subordinada a garantías que aseguren la
comparecencia del acusado en el acto del juicio, o en cualquier
otro momento de las diligencias procesales y, en su caso, para la
ejecución de fallo. (Se subraya).
b) Convención Americana sobre Derechos Humanos, aprobada
mediante la Ley 16 de 1972. Artículo 7.5:
Toda persona detenida o retenida debe ser llevada, sin demora,
ante un juez u otro funcionario autorizado por la ley para ejercer
funciones judiciales, y tendrá derecho a ser juzgada dentro de un
plazo razonable o a ser puesta en libertad, sin perjuicio de que
continúe el proceso. Su libertad podrá estar condicionada a
garantías que aseguren su comparecencia en el juicio. (Se
subraya).3
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Tales disposiciones, como lo ha dicho esta Sala recientemente, -
Sentencia de 20 de abril de 2016, rad. 85216, STP4883-2016-
integran el bloque de constitucionalidad, por remisión del inciso
segundo del artículo 93 de la Constitución Política, según el cual
los derechos y deberes consagrados en ella se han de interpretar
de conformidad con los tratados internacionales sobre derechos
humanos ratificados por Colombia, y también a través de lo
dispuesto por el canon 94 ibídem, en el sentido de que la
enunciación de derechos y garantías efectuada por la Carta y los
convenios internacionales vigentes no comportan la negación de
otros que, siendo inherentes a la persona, no figuren
expresamente en ellos.
El bloque de constitucionalidad, así conformado, comporta
consideraciones de vital importancia, tal y como fueron
enunciadas en la precitada decisión:
En resumen, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos
y la Convención Americana sobre Derechos Humanos,
instrumentos que integran el bloque de constitucionalidad y, por
lo mismo, tienen carácter superior o supralegal, reconocen,
protegen y garantizan el derecho a ser juzgado en un plazo
razonable o a ser puesto en libertad.
Ese derecho tiene carácter universal, en cuanto son titulares del
mismo todas las personas detenidas o presas a causa de un
proceso penal, sin importar la naturaleza del delito que se le
imputa o del cual es acusado.
Los preceptos examinados no contemplan excepciones. Por el
contrario, por virtud del pacto y de la convención, los Estados
partes se comprometen a respetar y a garantizar a todos los
individuos que se encuentren en su territorio y estén sujetos a su
jurisdicción, los derechos reconocidos en dichos instrumentos,
“sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión,
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Impugnación Tutela 1267 / 111187
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opinión política o de otra índole, origen nacional o social, posición
económica, nacimiento o cualquier otra condición social” (Art. 2.1
PIDP y Art. 1.1 CADH).
Los dos convenios internacionales mencionados expresan en su
motivación la finalidad de reconocer los derechos esenciales del
hombre, esto es, aquellos que se derivan de la dignidad inherente
a la persona humana y que, por tanto, no dependen “del hecho
de ser nacional de determinado Estado, sino que tienen como
fundamento los atributos de la persona humana”.
Ello concuerda con lo expresado por la Constitución Política de
Colombia en el sentido de que todas las personas nacen libres
e iguales ante la ley, recibirán la misma protección y trato de las
autoridades y gozarán de los mismos derechos, libertades y
oportunidades sin ninguna discriminación (artículo 13) y que
el Estado reconoce, sin distinción alguna, la primacía de los
derechos inalienables de la persona (artículo 5°).
Por tanto, esos derechos son anteriores al Estado y éste no los
concede sino que los reconoce y se encuentra limitado por ellos,
pues el fundamento del aparato estatal reside en el respeto de la
dignidad humana (artículo 1°) y su existencia se justifica sólo en
cuanto sirve a la comunidad y propende por la efectividad de
tales derechos (artículo 2°).
El concepto de “plazo razonable”, que también es esencial al
debido proceso (en el artículo 29 de la Constitución Política se
habla de un procedimiento adelantado “sin dilaciones
injustificadas”), es indeterminado. Por tanto, el legislador puede,
dentro de su libertad de configuración, establecer términos
diferenciales, como acontece actualmente, para efectos de
libertad, cuando el proceso sea conocido por la justicia penal
especializada o sean tres o más los imputados o acusados o se
juzguen actos de corrupción previstos en la Ley 1474 de 2011.
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A/. Jorge Luis Rojano Escobar
Pero no puede crear excepciones al derecho a ser juzgado en
un plazo razonable o a ser puesto en libertad, pues no están
contempladas en los instrumentos internacionales precitados.
Vale decir, para ciertos casos el plazo razonable puede ser más
amplio, por razón de su gravedad o complejidad, pero siempre
que el mismo haya sido superado sin cumplir la meta estipulada
la consecuencia deberá ser una sola: la libertad, sin salvedades.
El carácter universal de las garantías judiciales es corroborado
por una única excepción, que confirma la regla. Se trata de la
previsión contenida en el inciso final del artículo 93 de la
Constitución Política, adicionado por el artículo 1° del Acto
Legislativo 2 de 2001, que reza:
La admisión de un tratamiento diferente en materias
sustanciales por parte del Estatuto de Roma con respecto a las
garantías contenidas en la Constitución tendrá efectos
exclusivamente dentro del ámbito de la materia regulada en él.
(Se subraya).
Adviértase que si la fuente del derecho que se viene estudiando
es la dignidad inherente al ser humano, establecer excepciones
al mismo es instituirlas también frente a dicha dignidad humana.
Un ejercicio de poder en tal sentido sería por completo ilegítimo,
pues, como se vio, la existencia de Colombia como Estado social
de derecho se soporta, precisamente, en su respeto (artículo 1° de
la Constitución Política).
Esa consideración es la que explica que aún frente a delitos tan
execrables como la tortura la normatividad disponga: “Toda
persona encausada en relación con cualquiera de los delitos
mencionados en el artículo 4° recibirá garantías de un trato justo
en todas las fases del procedimiento”. (Artículo 7-3 de la
Convención contra la tortura y otros tratos o penas crueles,
inhumanos o degradantes, adoptada por las Naciones Unidas el
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10 de diciembre de 1984 y aprobada por Colombia mediante la
Ley 70 de 1986).
Por consiguiente, mirado el artículo 26 de la Ley 1121 de 2006
desde la perspectiva de las normas que integran el bloque de
constitucionalidad aquí examinadas, necesario es concluir que no
puede atribuirse a ese precepto el poder de crear excepciones al
derecho a ser juzgado en un plazo razonable o ser puesto en
libertad, en los eventos en que se proceda por delitos de
terrorismo, financiación del terrorismo, secuestro extorsivo,
extorsión y conexos, por ser de rango inferior al de aquellas que
lo reconocen.
Al igual que en el caso que dio origen a esa decisión, debe
decirse que la negativa a reconocer la procedencia de la libertad
por vencimiento de términos equivale a sostener que la persona
procesada puede estar en detención o prisión provisional durante
todo el tiempo que dure el proceso, que puede ser equivalente al
plazo de prescripción de la acción penal, lo cual se traduce en
una anticipación de pena y en el quebranto del derecho
fundamental a la presunción de inocencia, el cual no admite
excepciones e implica diferencia de trato entre procesados y
condenados. La persona imputada o acusada no solo debe ser
considerada inocente hasta que se pruebe lo contrario, sino que
debe ser tratada como tal.
No obstante, en la jurisprudencia del sistema interamericano de
derechos humanos, el concepto de “derecho al plazo razonable”
no significa un tiempo cuantificado en días, meses o años, sino la
valoración de las circunstancias justificativas que dieron lugar a
la prolongación de la actuación judicial. En ese sentido, la Corte
Interamericana de Derechos Humanos, siguiendo la doctrina del
Tribunal Europeo de Derechos Humanos, ha empleado tres
criterios de análisis: “(i) la complejidad del asunto, (ii) la
20
Impugnación Tutela 1267 / 111187
A/. Jorge Luis Rojano Escobar
actividad procesal del interesado y (iii) la conducta de las
autoridades nacionales”4
Aunque esos criterios deben ser empleados por los jueces
nacionales para resolver asuntos complejos, como se señalará
más adelante, dada la indeterminación del concepto "dilaciones
injustificadas" del artículo 29 de la Constitución Política, no
puede perderse de vista la existencia de la normatividad y
jurisprudencia nacional vigente sobre los “términos perentorios”
en las actuaciones procesales, los cuales han sido enunciados en
unidades de tiempo cuantificables en días, meses o años.
Sobre el específico tema de la duración de la privación temporal
de la libertad, aspecto pertinente para el caso en estudio, la Corte
Constitucional ha considerado lo siguiente:
En ausencia de determinación legal, el concepto
indeterminado "dilaciones injustificadas", debe deducirse en
cada caso concreto con base en pautas objetivas que tomen en
cuenta, entre otros factores, la complejidad del asunto, el
tiempo promedio que demanda su trámite, el número de
partes, el tipo de interés involucrado, las dificultades
probatorias, el comportamiento procesal de los intervinientes,
la diligencia de las autoridades judiciales etc. Sin embargo, en
ciertos casos, es el propio legislador, en guarda de
valores superiores, el que determina el contenido y
alcance del aludido concepto, para lo cual establece
términos perentorios cuyo incumplimiento desata
consecuencias que bien pueden mirarse como riesgos
conscientemente asumidos por el ordenamiento para no
lastimar un bien superior. En estos eventos, el derecho
fundamental a un proceso público sin dilaciones
4
Caso de las Hermanas Serrano Cruz vs. El Salvador; Caso Tibi, supra nota 20, párr. 175; Caso
Ricardo Canese. Sentencia de 31 de agosto de 2004. Serie C No. 111, párr. 141; y Caso 19
Comerciantes, supra nota 15, párr. 190. En igual sentido cfr. Wimmer vs. Germany, no. 60534/00, §23,
24 February 2005; Panchenko v. Russia, no. 45100/98, § 129, 08 February 2005; y Todorov v.
Bulgaria, no. 39832/98, § 45, 18 January 2005.
21
Impugnación Tutela 1267 / 111187
A/. Jorge Luis Rojano Escobar
injustificadas, adquiere prevalencia sobre consideraciones
puramente orgánicas y funcionales propias del aparato de la
justicia.
Precisamente, la fijación legal de un término máximo de
duración de la detención provisional, obedece al enunciado
propósito. La duración de la privación temporal de la
libertad, aplicable a las etapas de investigación y
juzgamiento, consulta en una sociedad democrática el
delicado equilibrio que debe mantenerse entre el interés
legítimo del Estado de perseguir eficazmente el delito y
sancionar a los culpables y, de otro lado, la necesidad
de asegurar la libertad de las personas y la posibilidad
de garantizar un proceso justo e imparcial.”5 – Resalta la
Sala-
En concordancia, los artículos 175, 294 y 317 del Código de
Procedimiento Penal, al igual que las demás normas que regulan
los términos procesales, constituyen un caso de especificación del
“derecho a ser juzgado dentro de un plazo razonable o a
ser puesto en libertad”, pues en ellos no solo se consagra un
límite temporal, también se establecen las consecuencias que se
derivan de su injustificado incumplimiento, por ejemplo, la
libertad del procesado, el relevo del funcionario a cargo de la
investigación o la solicitud de terminación del proceso ante el juez
de conocimiento.
En la determinación de los términos procesales, ha dicho la Corte
Constitucional, el Legislador tiene una amplia potestad, limitada
únicamente por los principios de razonabilidad y
proporcionalidad, y el fin que en general persiguen las formas
procesales, cual es permitir la realización del derecho sustancial 6,
sin embargo, también ha aclarado que cuando está en juego la
5
Sentencia C-300 de 1994
6
Sentencias C-814 de 2009 y C-371 de 2011.
22
Impugnación Tutela 1267 / 111187
A/. Jorge Luis Rojano Escobar
libertad de las personas, su indeterminación o inexistencia
conduce a la violación de los principios y derechos
constitucionales.7
De lo anterior pueden extraerse dos importantísimas
conclusiones.
La primera, la determinación de los términos y sus consecuencias
procesales, en particular sobre la detención preventiva,
corresponde al Legislador, de conformidad con la cláusula
general de competencia del Congreso de la República para la
expedición de las leyes, no obstante, la indeterminación o
supresión de los mismos es incompatible con las garantías
fundamentales de nuestro sistema normativo.
Por esa misma razón, tampoco puede el intérprete judicial crear o
amplificar tales indeterminaciones. En ese orden, la
interpretación extensiva del enunciado “ningún otro beneficio o
subrogado legal, judicial o administrativo”, contenido en el
numeral 8º del artículo 199 de la Ley 1098 de 2006, para
restringir el acceso a la libertad de los procesados, constituye
una clara vulneración de garantías fundamentales.
La segunda, aunque el Legislador, de hecho, en ejercicio de la
libertad de configuración legislativa que le corresponde, suprima
el término para la presentación del escrito de acusación, inicio de
la audiencia preparatoria, la celebración de la audiencia de
lectura de fallo o la prescripción de la acción penal, en relación
con las conductas punibles de alto impacto o incluso respecto de
todos los delitos existentes en el Código Penal, la consecuencia
que se derivaría de tal determinación no es la eliminación del
“derecho a ser juzgado dentro de un plazo razonable o a
ser puesto en libertad”, pues el legislador ordinario, y
probablemente también el constituyente, carece de competencia
7
Sentencia C-390 de 2014
23
Impugnación Tutela 1267 / 111187
A/. Jorge Luis Rojano Escobar
para derogar una garantía fundamental contenida en el bloque
de constitucionalidad.
Aún en ese contexto extremo, los jueces estarían en la obligación
de valorar si la dilación procesal denunciada es injustificada y,
por tanto, el tiempo de la detención preventiva resulta
desproporcionada.”
Visto lo anterior, estima la Sala que en el presente
asunto, si bien existió una suspensión de los términos
procesales en virtud de la aceptación de cargos que
realizara el accionante y, con ello se habilitó una excepción
sobre la duración de un año para la medida de
aseguramiento impuesta a Rojano Escobar (artículo 307 Ley
906 de 2004), imposible resulta ignorar que también se
produjo un desconocimiento del concepto de plazo
razonable al momento de resolver definitivamente sobre la
aprobación o no del allanamiento a cargos.
En efecto, de acuerdo con los elementos de convicción
aportados al presente trámite, se tiene ampliamente
corroborado que Jorge Luis Rojano Escobar fue capturado
el 26 de mayo de 2018, aceptó los cargos formulados en su
contra el 27 de mayo de 2018 y la decisión final sobre la
improbación de dicha aceptación se produjo hasta el 20 de
febrero de 2020.
Quiere decir lo anterior que las autoridades
competentes demoraron 21 meses para resolver sobre la
legalidad del allanamiento a cargos de una persona que se
encuentra privada de su libertad, verificación esta que
24
Impugnación Tutela 1267 / 111187
A/. Jorge Luis Rojano Escobar
culminó con un concepto negativo, tras argumentar que el
interesado no había reintegrado, al menos, el 50% del
producto del ilícito, así como tampoco había asegurado la
devolución del otro 50%.
Estima la Sala que tal proceso de verificación no
entraña una labor dispendiosa que justifique la demora en
la que se incurrió, motivo por el cual es posible sostener
que el término invertido para resolver sobre la aprobación
de la aceptación de cargos fue excesivo y, por tanto,
contrario al principio de celeridad que debe regir en las
actuaciones penales cuando de por medio se encuentra una
persona privada de la libertad.
En este punto, necesario resulta advertir que en
eventos como el que acá se estudia, donde una persona
privada de la libertad acepta los cargos formulados en su
contra, debe ser resuelto con la mayor prontitud posible,
pues en caso que dicha manifestación no sea aprobada por
la autoridad competente, se deberá retomar el curso normal
del proceso y, con ello, se puede ver sometida a una
excesiva limitación de su derecho de locomoción, como
acontece en el presente evento, donde el accionante ya ha
estado recluido en centro carcelario por más de dos años y
ahora se encuentra en riesgo de estarlo, al menos, un año
mas en virtud de la reactivación de términos a que se refiere
el parágrafo 2 del artículo 317 de la ley procesal penal.
Importante es aclarar que, el hecho de existir una
suspensión de términos mientras se estudia la aprobación o
25
Impugnación Tutela 1267 / 111187
A/. Jorge Luis Rojano Escobar
no de una aceptación de cargos, un preacuerdo o la
aplicación de un principio de oportunidad, no significa que
con ello se esté habilitando a los jueces para que conviertan
las medidas de detención preventiva, cuya naturaleza es
provisional, en restricciones indefinidas atadas,
únicamente, a la prescripción de la acción penal, pues con
ello se estaría desconociendo derechos fundamentales como
el debido proceso y el acceso a la administración de justicia.
Entonces, que en el presente evento se hubiera negado
la sustitución de la medida de aseguramiento privativa de la
libertad impuesta a Jorge Luis Rojano Escobar desde el 27
mayo de 2018, bajo el simple argumento que la
contabilización de términos en su caso apenas se había
reactivado desde el 20 de febrero del año en curso y, que
desde ese momento hasta cuando se solicitó la aludida
sustitución no había trascurrido más de un mes, deja al
descubierto que los jueces demandados en tutela no
realizaron una evaluación de fondo sobre el asunto
propuesto, de modo que dejaron de valorar aspectos
relevantes como la complejidad del asunto, la actividad
procesal del interesado y la conducta de las autoridades,
para a partir de ello establecer si, la demora para resolver
sobre la aprobación de la aceptación de cargos y, con ello, el
tiempo que ha estado privado de su libertad el mencionado
ciudadano, resulta razonable.
Igualmente, la solución brindada por los accionados
crea una cuestionable ficción según la cual, el procesado,
no tiene derecho a solicitar la sustitución de su medida
26
Impugnación Tutela 1267 / 111187
A/. Jorge Luis Rojano Escobar
porque no ha trascurrido un año desde la reactivación de
los términos procesales en su caso, desconociendo con ello
una realidad incuestionable, cual es que el actor ha estado
privado de su libertad por dos años, tiempo que excede con
creces el lapso de un año que fijó el legislador como monto
de duración para las medidas de aseguramiento privativas
de la libertad.
En consecuencia, estima esta Corporación que tal
postura se constituye en una afrenta a los derechos y
garantías fundamentales del actor, evento que justifica la
intervención del Juez constitucional con el fin de hacer
cesar la misma.
Así las cosas, la Sala procederá a amparar los
derechos fundamentales del accionante y, en consecuencia,
dejará sin efectos los autos del 12 de marzo y 7 de mayo de
2020, proferidos por los Juzgados Tercero Penal Municipal
con Funciones de Control de Garantías de Valledupar y
Segundo Penal del Circuito de la misma ciudad,
respectivamente, para que en su lugar, en un término de 5
días hábiles contados a partir de la notificación del presente
proveído, el primero de los mencionados se pronuncie
nuevamente sobre la solicitud de sustitución de medida de
aseguramiento deprecada por el defensor de Jorge Luis
Rojano Escobar, ésta vez realizando un análisis sobre el
término que duró el trámite de improbación del
allanamiento a cargos y si el mismo fue razonable
atendiendo la complejidad del asunto, la actividad procesal
del interesado y la conducta de las autoridades, para a
27
Impugnación Tutela 1267 / 111187
A/. Jorge Luis Rojano Escobar
partir de ello concluir si es procedente o no acceder a la
mencionada sustitución, teniendo en cuenta que el
procesado ya ha estado privado de su libertad
preventivamente, por más de dos años.
Cumplido lo anterior, las partes e intervinientes
podrán interponer los recursos ordinarios procedentes, los
cuales se deberán resolver dentro del término legal previsto
para ello.
Por lo expuesto, la SALA DE CASACIÓN PENAL DE LA
CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, en Sala de Decisión de
Tutela No. 3, administrando justicia en nombre de la
República y por autoridad de la ley,
RESUELVE
Primero.- Revocar el fallo impugnado.
Segundo.- Amparar los derechos fundamentales al
debido proceso y acceso a la administración de justicia de
Jorge Luis Rojano Escobar.
Tercero.- Como consecuencia de lo anterior, dejar sin
efectos los autos del 12 de marzo y 7 de mayo de 2020,
proferidos al interior del radicado 2018-00076 por los
Juzgados Tercero Penal Municipal con Funciones de
Control de Garantías de Valledupar y Segundo Penal del
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A/. Jorge Luis Rojano Escobar
Circuito de Conocimiento de la misma ciudad,
respectivamente.
Cuarto.- Ordenar al Juzgado Tercero Penal Municipal
con Funciones de Control de Garantías de Valledupar que,
en un término de 5 días hábiles contados a partir de la
notificación del presente proveído, se pronuncie
nuevamente sobre la solicitud de sustitución de medida de
aseguramiento deprecada por el defensor de Jorge Luis
Rojano Escobar, ésta vez realizando un análisis sobre el
término que duró el trámite de improbación del
allanamiento a cargos y si el mismo fue razonable
atendiendo la complejidad del asunto, la actividad procesal
del interesado y la conducta de las autoridades, para a
partir de ello concluir si es procedente o no acceder a la
mencionada sustitución, teniendo en cuenta que el
procesado ya ha estado privado de su libertad
preventivamente, por más de dos años.
Cumplido lo anterior, las partes e intervinientes
podrán interponer los recursos ordinarios procedentes, los
cuales se deberán resolver dentro del término legal previsto
para ello y bajo los criterios expuestos en la presente
providencia.
29
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A/. Jorge Luis Rojano Escobar
Quinto.- Remitir el asunto a la Corte Constitucional
para su eventual revisión, conforme lo dispuesto en el
artículo 32 del Decreto 2591 de 1991.
NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE
GERSON CHAVERRA CASTRO
Magistrado
JAIME HUMBERTO MORENO ACERO
Magistrado
EYDER PATIÑO CABRERA
Magistrado
Nubia Yolanda Nova García
Secretaria
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