La mona
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Cuento La mona: adaptación de la fábula de Tomás de
Iriarte.
En una ciudad del sur de España había un caballero muy rico,
riquísimo, que vivía rodeado de todos los lujos y comodidades que
uno pueda imaginar.
Sus negocios le permitían disfrutar de un montón de caprichos, como
una casa rodeada de jardines y sirvientes que le hacían reverencias a
todas horas. Poseía caballos, valiosas obras de arte y su mesa siempre
estaba repleta de manjares y frutas exóticas venidas de los lugares
más lejanos del mundo.
De todas las posesiones que tenía, había una por la que sentía especial
cariño: una mona muy simpática que un amigo le había traído de
África. Como era un hombre soltero y sin ocupaciones importantes, se
dedicaba a cuidarla y a jugar con ella todo el día. La tenía tan
consentida que la sentaba con él a la mesa, le desenredaba el pelo con
peine de marfil y la dejaba dormir junto a la chimenea sobre cojines de
seda ¡Ni la mismísima reina vivía mejor!
Por si esto fuera poco la monita era muy presumida, así que el amo a
menudo le regalaba broches, lazos y todo