Confesar Hoy A Jesus Como El Cristo
Confesar Hoy A Jesus Como El Cristo
INDICE
0.1 El significado
El índice temporal en el título —confesar hoy — no es una casualidad
ni un adorno secundario: apunta a un dato fundamental. Después de dos
mil años de historia las mismas palabras no siempre tienen idénticas
evocaciones, y los mismos conceptos pueden sugerir significados muy
distintos. En todo caso, resulta obvio que confesar hoy a Jesús como el
Cristo, aun sin perder la firmeza de la convicción y manteniendo toda la
fuerza en la conformación de nuestras vidas, reviste dificultades
intelectuales muy peculiares.
Para darse cuenta, basta con pensar en la dura dificultad e incluso en
el profundo embarazo que sentimos cuando alguien nos pregunta
directamente que significa eso de que "Jesús es Dios" o de que "Dios se
hizo hombre". Cualquier catequista lo ha experimentado ante la ingenua
pregunta de un niño; lo mismo le sucede a cualquier teólogo ante las
objeciones del estudiante, del creyente preocupado; por no hablar de los
casos en que la pregunta se hace con todas las armas de una filosofía
crítica. Verdaderamente, no siempre resulta sencillo afrontar con limpia
honestidad estos problemas, que, sin embargo, afectan a las raíces
mismas de nuestra fe.
Así se comprende que muchas veces, de manera espontánea, se
produzca el rechazo frontal de la misma dificultad. Bien porque la
pregunta crítica se interprete como negación de la fe, tal como sucedió
siempre desde los presocráticos y el mismo Sócrates, acusados de
"ateos" porque intentaban liberar a los dioses de las burdas
representaciones de la mitología. Bien porque se pretenda confesar la fe,
negando voluntarísticamente la importancia de las dificultades. En
cualquiera de las dos formas, tal rechazo puede dar la impresión de
firmeza en la fe o de ortodoxia sin fisuras. En el fondo, suele ocultar el
miedo ante la verdad o, lo que es peor, denota una indiferencia radical
ante ella: quien cree demasiado fácilmente en todo, tal vez no crea
profundamente en nada1.
Cuando las dificultades son reales, el único camino verdadero es el
de afrontarlas. Y cuando una fe es viva, la única manera de confesarla
honestamente consiste en conjurar el peligro de su fosilización,
actualizándola en cada tiempo y cultura. A propósito de nuestro problema
se expresó Karl Rahner de una manera enérgica: "Solamente podemos
conservar la verdad de la fe haciendo teología sobre Jesucristo y
haciéndola siempre de nuevo"2. Tal es lo que de forma verdaderamente
0.2 La estructura
Bien mirada, en su estructura más elemental, la cristología se mueve
entre dos polos: por un lado, el impacto de un hombre concreto, Jesús de
Nazaret, en apariencia como todos, que comía y bebía, que gozaba y
trabajaba, que tuvo amigos y enemigos, que nació y murió; y, por otro, la
interpretación de ese hombre como el Cristo, la fe en él como Hijo de
Dios.
Esta estructura es la misma en el primer momento y en cada nueva
época de la historia. Pero cambia necesariamente el modo de concretarse
con el paso del tiempo, porque la interpretación depende siempre del
contexto en que se hace, conforme a los conceptos y a los símbolos, a los
problemas y a las esperanzas, a las relaciones de intercambio y de poder
que están a disposición en cada etapa cultural: las palabras y la vida de
Jesús reciben forzosamente una lectura distinta en una sociedad feudal y
en un ambiente democrático; y el significado de su persona no puede ser
el mismo en una cultura mítica y sacral que en una época técnica y
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ambiente general y los escritos bíblicos empezaron a ser examinados con
ojos críticos, la figura tradicional comenzó a deshacerse, revelándose
como una construcción interpretativa que resultaba ya insostenible. El
choque resultó tan fuerte y violento que, de entrada, se pensó incluso en
el engaño y en la suplantación fraudulenta: fue la reacción de Samuel
Reimarus, en el famoso escrito que no se atrevió a publicar en vida y que
sólo más tarde daría a la luz Lessing21. Luego siguió una legión de
estudios críticos, con la búsqueda demorada, erudita, infatigable y plural
de los datos con fiabilidad histórica: la que se llamó "investigación sobre
la vida de Jesús".
El resultado de conjunto es bien conocido: la vida de Jesús aparece
envuelta en una interpretación tan densa, radical y abarcante, que resulta
imposible por principio reconstruir una biografía en el sentido actual de
ese concepto. Tal el diagnóstico, hasta hoy no desmentido, de A.
Schweitzer, ya en 1906. De todos modos, ese fracaso no paralizó la
búsqueda: simplemente, cambió su orientación. Las ilusiones de una
biografía murieron para siempre; pero eso mismo hacía aún más evidente
la densidad enorme de la mediación cultural que se interpone entre
nosotros y la figura real del Nazareno. En consecuencia, urgía también
con mayor fuerza la necesidad de traspasar la mediación en dirección a
un contacto más íntimo con la realidad original.
Descartada la reconstrucción total, el interés a partir de entonces se
concentró en lograr al menos aquellos datos básicos que se transparentan
aún a través de las múltiples interpretaciones. Teniéndolos en cuenta y
aclarando el contexto desde el que fueron elaborados, cabe intentar una
compresión del proceso que llevó desde el impacto concreto del Jesús
histórico hasta su confesión ulterior como el Cristo de Dios. En lo cual no
se trata de una mera curiosidad piadosa o de una simple reconstrucción
historicista, sino de un interés teológico primordial. Porque la distancia
que se observa entre los datos originales y la confesión de la fe permite
"controlar" de algún modo la estructura y legitimidad de la interpretación,
tratando de distinguir en ella lo que es tránsito necesario o continuidad
intrínseca y lo que resulta tan sólo de los condicionamientos culturales del
momento. Distinción decisiva, porque ella abre la labor fundamental de la
cristología: continuar la tradición en su valor permanente, pero
refundiéndola en el marco de la propia cultura, de forma que la
experiencia original pueda hacerse comprensible y efectiva para nosotros
hoy22.
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evaluación muy distinta según los diversos autores: puede ir desde el
escepticismo radical de R. Bultmann hasta la actitud mucho más confiada
de J. Jeremias, para hablar de dos grandes de la exégesis seria y
responsable. En general se impone una actitud intermedia, que,
acudiendo a métodos distintos y cada vez más refinados, logra asegurar,
no una figura completa, pero si aquellos rasgos fundamentales que
permiten calibrar el talante íntimo, la aportación religiosa y el sentido
específico del Fundador del Cristianismo. Fué la gran aportación de la
New Quest, la "nueva búsqueda" del Jesús histórico, iniciada por los
propios discípulos del Bultmann, a partir de la conferencia inaugural de E.
Käsemann23.
Aquí, dejando aparte otras cuestiones, voy a concentrarme en uno de
los vectores más decisivos para la renovación de la cristología. Me refiero
a aquella línea de investigación que, con creciente radicalidad, va dejando
al descubierto la auténtica humanidad de Jesús. Una humanidad nunca
negada, pero que nos llegó demasiado cubierta por imágenes
tradicionales y conceptos dogmáticos que tendían a diluirla,
convirtiéndola casi en una especie de vestido aparente de la divinidad
(recuérdese la preocupación de K. Rahner por el "monofisismo" como la
gran criptoheregía de nuestro tiempo)24. El cambio resultó impresionante.
Primero fue el problema de la ciencia de Jesús: la extrema
inverosimilitud de la concepción tradicional que lo hacía no sólo dueño de
la visión beatífica, sino sabedor de todos los posibles saberes tantos
científicos como vitales y religiosos, apareció en toda su fuerza. Se pasó
luego a la cuestión de la conciencia de la propia identidad, y también en
ella apareció —vistos los datos que muestran a Jesús buscando su misión,
tentado de diversas maneras, interrogando a Dios hasta el último
momento...— que no podía tratarse de una claridad explícita y sin fisuras,
sino de una vivencia implícita, encarnada en la conducta, presentida en la
misión y experimentada en la oración25. No cabe incluso descartar la
posibilidad de equivocación, no sólo en los asuntos ordinarios—lo cual es
normal— sino también en la interpretación intelectual de algún aspecto
de la propia misión (tal acaso en el tema de la inminencia de la parusía) 26.
23 Das Problem des historischen Jesus (1953), en Exegetische Versuche
und Besinnungen I, Göttingen 21970, 187-214. Es clásica la obra de J.M.
Robinson, A New Quest of the Historical Jesus, London 1959. Una síntesis
asequible del problema y de los resultados puede verse en R. Fabris, Jesús de
Nazaret, Salamanca 1985; para una síntesis más amplia y actualizada, cf. B.
Chilton.- C.A. Evans (ed.), Studying the Historical Jesus. Evaluations of the
State of the Current Research, Leiden 1994.
24De este tema me he ocupado ya con detención en Jesús, hombre
verdadero: Iglesia Viva n. 105/106 (1983) 265-290; con alguna modificación, A
humanidade de Xesús de Nazaret: Encrucillada 7 (1983) 403-408. Dando por
supuestos estos trabajos, aquí completaré algún aspecto.
25 Fundamental ha sido aquí la aportación de K. Rahner, Ponderaciones
dogmáticas sobre el saber de Cristo y su conciencia de sí mismo, en Escritos
de Teología V, Madrid 1964, 221-243. Cf. una historia de este tránsito desde la
teología tradicional en C. Duquoc, Cristología I, Salamanca 1968, 188-226.
424-436.
26 Tal tipo de “error” no implica la decisión moral de la persona; es tan
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Y, desde luego, aparece cada vez más la importancia de la fe de Jesús
como signo último de su humanidad27.
Más adelante se pasó a una percepción del carácter históricamente
situado de su humanidad, de la inevitable adherencia a una circunstancia
concreta, con sus posibilidades, pero también con sus límites: un Jesús
judío, aún más, peculiarmente galileo, imposible de comprender sin el
contexto del Antiguo Testamento, alimentado e instruido por su piedad,
discípulo del Bautista.
Lo cual, a su vez, conducía a tomar en serio el mismo enraizamiento
biológico, con su carga genética heredada de millones de años de
evolución, con sus condicionamientos fisiológicos, psicológicos,
conductuales...28. Un Jesús, por tanto, que no podía —ni tenía por qué—
ser el mejor en todo: en primer lugar, porque sólo podía tener unas
características determinadas, en el sentido, por ejemplo, de que si era
diestro no podía tener las cualidades del zurdo y siendo hombre carecía
necesariamente de las cualidades de la mujer29; en segundo lugar, porque
a él le correspondía realizarse lo mejor posible en sus circunstancias, sin
tener que superar lo que otros fueron o realizaron en las suyas: muchos
sufrieron y sufren más que él, y hay aspectos en los que Gandhi o Budha
lo pudieron superar30.
sólo la marca de la finitud; hasta el punto de que Rahner pudo decir que “en
tal ‘error’ Jesús compartiría simplemente nuestra suerte, pues para el hombre
histórico y, por lo tanto, también para el hombre Jesús es mejor ‘errar’ que
saber todo de antemano” (Curso fundamental, 295). Sobre el complicado
problema exegético de las afirmaciones de Jesús acerca del fin del mundo, cf.
R. E. Brown, An Introduction to New Testament Christology, New York /Mahwah
1994, 52-59.
27 Cf. H. U. von Balthasar, La foi du Christ, Paris 1969; L. Malevez, Le
Christ et la foi, Paris 1969; W.Thüssing, en K. Rahner.- W.Thüssing, O. c., 211-
226; J. Guillet, La foi de Jésus-Christ, Paris 1979.
28 Con su pragmatismo inglés, subraya muy bien este aspecto J. A. T.
Robinson, The Human Face of God, London 1973, 39-57. De la importancia
teórica de la evolución para la cristología, aparte de la obra de Teilhard, cf. la
insistencia de K. Rahner, “La cristología dentro de una concepción evolutiva del
mundo”, en Escritos de Teología V, Madrid 1964, 181-220 y J. L. Segundo, El hombre
de hoy ante Jesús de Nazaret II/2 Hisdtoria y actualidad, Madrid 1982, 803-820. 835-
857.
29 Por cierto, nunca me han gustado y me parecen descaminadas
determinadas cristologías que para acentuar la “perfección” de Jesús subrayan
tanto su “femineidad” que hacen de él una especie de andrógino. Ni me
parece ese el mejor camino para asegurar una justa preocupación feminista:
Jesús da ciertamente la impresión —sobre todo visto en su tiempo— de vivir
bien la dimensión femenina, presente en él como en todo varón; pero la vive
en el respeto de la diferencia de los sexos, como modo igualitario de realizar la
persona. Y justamente eso es lo que quita toda validez a argumentaciones
que, apoyadas en la diferencia sexual, intentan sacar consecuencias en el
orden personal (háganse las aplicaciones al rol de la mujer en la iglesia...).
30 R.E. Brown señaló hace tiempo que “existe un desagrado casi
instintivo para discutir las limitaciones humanas de aquel que es nuestro
Señor” (Jesús, Dios y hombre, Santander 1973, 65). Pero eso viene de nuestros
criterios insolidarios y “competitivos”; en cambio, el Cuarto Evangelio, siempre
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Expresadas así, de forma concentrada, estas afirmaciones pueden
causar cierta extrañeza. En realidad, indican algo evidente: el carácter
real y verdadero de la humanidad de Jesús. Algo que pudo quedar
encubierto por la recepción abstracta —y no pocas veces rutinaria— de
una imagen dogmática, pero que resulta absolutamente normal para una
consideración realista actual, igual que lo fue para los contemporáneos de
entonces. Lo que tenían delante era un hombre de aspecto normal, , no
vulgar ciertamente y de fuerte impacto; pero por eso mismo la dificultad
para ellos no era reconocer su humanidad, sino más bien comprenderla
en su ser y en su significado profundo.
De hecho, leído el Nuevo Testamento con un mínimo de alerta
crítica, esa es también la impresión fundamental que se desprende de sus
páginas, pese a tantas expresiones en contra. Y a veces es el mismo texto
el que sorprende con afirmaciones tan fuertes y realistas como las
conocidas de Hebreos: "probado en todo como nosotros, excepto en el
pecado" (4,15) "Él, en los días de su vida mortal, a fuertes gritos y con
lágrimas, presentó oraciones y súplicas a quien lo podía salvar de la
muerte (...), aunque era Hijo, aprendió sufriendo lo que es obedecer" (4,7-
8).
tan mayorizante, le hace decir al mismo Jesús: ”quien cree en mi, hará
también él las obras que yo hago, y las hará más grandes aún” (Jn 14,12).
31 Esta categoría, insistiendo en su necesidad, la usa con finura y eficacia
J. Moingt, L’homme qui venait de Dieu, cit., 221-283.
32 Eso explica los “escándalos” que se producen cuando a los mass
media llegan como en novedosos resultados que forman ya patrimonio común
de la exégesis, como cuando se dice que los Magos no han existido realmente
o que la resurrección de Lázaro no puede ser tomada a la letra, como, en
general, no lo pueden ser todos los milagros que van más allá de las
curaciones y “expulsiones de demonios”.
Dado que este tipo de resultados, por una parte, son en principio de
dominio público —y acaban además siéndolo de hecho— y que, por otra, se
apoyan en razones asequibles para cualquiera, empeñarse en silenciarlos
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de un proceso imparable. Y hemos de darnos cuenta de que no sólo
todavía no se ha detenido, sino que más bien empieza ahora a mostrarse
con todas sus consecuencias.
Todo parece indicar, en efecto, que se está llegando a la culminación
de un proceso. Por un lado, está ya en activo, incluso en el campo
católico, una generación de nuevos exégetas formados en la lectura
crítica de la Biblia y que, por lo mismo, no precisan perder energías en
"deconstruir" las fuertes capas de fundamentalismo heredado, sino que
trabajan con toda decisión desde el comienzo en la nueva perspectiva 33
Por otro lado, en íntima conexión con esto, está el hecho del
reconocimiento, cada vez más obvio, del carácter “científico” —en el
sentido de metodológicamente “no confesional” respecto de su alcance
positivo— de los estudios bíblicos; lo cual significa que, a este nivel, los
datos se aceptan o se rechazan por la fuerza de su evidencia histórica, no
por los presupuestos o consecuencias dogmáticas que puedan implicar. (Y
seguramente no es casual que este estilo se haga sentir con fuerza
especial en los exegetas americanos, conocedores de la tradición
continental pero, al mismo tiempo, menos condicionados por ella)34.
Finalmente, la nueva conciencia creada por la convergencia de los datos
hasta aquí analizados, hace que por fin se dejen sentir sus efectos,
llevando a tomar completamente en serio la humanidad de Jesús y a
puede parecer “piedad” y respeto a la fe de los “sencillos”; en realidad, acaba
denotando un miedo nada cristiano a la verdad y, desde luego, a largo plazo
constituye una auténtica fábrica de increencia y ateísmo.
Un hombre tan equilibrado como Brown hace notar: “...una excusa común
para esta carencia [en la predicación] es que algo más complejo y matizado
podría turbar al pueblo (...) Probablemente un factor más decisivo está en que
comunicar visiones bíblicas más precisas de un modo que el pueblo encuentre
constructivo (más que intrigante o perturbador) requiere más esfuerzo e
imaginación del que muchos predicadores están dispuestos a gastar. El blando
[bland] es a menudo alguien que no se esfuerza y continúa [diciendo lo
mismo] incluso cuando la iglesia enseña lo contrario” (An Introduction, cit., 9-
10 nota 13).
33 Resulta significativo que ya en 1981 Brown hubiese hecho notar esta
idea: “And the Lord Said?” Biblical Reflexiones on Scripture as the Word of
God: Theological Studies 24 (1981) 3-19, en p. 3; cf. también A. Torres
Queiruga, La revelación de Dios en la realización del hombre, Vigo 1985, 368-
369.
En esta perspectiva, uno tiene la impresión de que se está perfilando una
línea divisoria en los tratados cristológicos —y, en general, teológicos y
exegéticos—, según sean o no sensibles a este nuevo nivel del planteamiento.
Así, por ej., una obra como la de Gnilka, Jesus von Nazaret. Botschaft und
Geschichte, Freiburg/Basel/Wien 1990 (hay trad. cast.: Jesús de Nazaret.
Mensaje y historia, Barcelona 1993), tan bien acogida por la crítica, tiene todo
el aire de serlo justamente porque representa la síntesis de una etapa que
está pasando (citaré la ed. alemana). Cf. una reseña por J. Boada en
Actualidad Bibliográfica 31 (1994)11-18.
34 En este sentido, y aun teniendo en cuenta las posibles críticas,
resultan muy significativos los trabajos del grupo The Jesus Seminar: cf. una
buena autopresentación en la Introducción a The Five Gospels. The Search for
the Autentic Words of Jesus, New York 1993, 1-38.
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integrarla con decisión en su contexto, tanto en el religioso como en el
sociocultural35. Tres aspectos convergentes que se refuerzan mútuamente
y marcan actualmente la dirección más definitoria de la cristología.
Indiquemos algunos factores especialmente influyentes.
1) Durante demasiado tiempo dominó la tendencia de dar por
supuesta la existencia de un foso profundo entre el Antiguo y el Nuevo
Testamento. Jesús y su doctrina aparecían así como un novum histórico
en fuerte discontinuidad con todo su ambiente. Se le veía como una figura
aislada, acaso vinculada únicamente con el Bautista, por otra parte tan
diferente. Así parecía asegurarse su originalidad; e incluso se acentuaba
con gusto todo lo que pudiese sugerir oposición al judaísmo: de ahí la
importancia atribuida al "criterio de diferencia" cuando se trataba de
llegar a las "mismísimas palabras o hechos" de Jesús.
La situación cambió radicalmente. La literatura intertestamentaria
fué apareciendo con toda su riqueza, mostrando su profunda afinidad en
ideas y preocupaciones con los evangelios, que de este modo quedan así
contextualizados en el interinflujo de un entramado vivo y unitario "que
constituye el medio de vida de Jesús, en el que se formaron su
mentalidad, su teología y su espiritualidad"36. En la primera parte del siglo
la "historia de las formas" comienza ya a trabajar en esta dirección37.
2) Pero, como era de esperar, fue sobre todo la exégesis judía la que
se concentró aquí, poniendo de relieve, con conocimiento de causa y con
insistencia muchas veces apasionada, el profundo judaísmo de Jesús y
todo lo que su doctrina debe a la tradición de su pueblo. Puede haber, sin
duda, exageraciones e incluso se da en no pocas ocasiones una clara
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tendencia a nivelar totalmente su originalidad. Frente a ella siempre será
válida la pregunta de J. Klausner: si Jesús estaba totalmente dentro del
judaísmo, cómo es posible que diese origen a un movimiento que se
separó del judaísmo (y habría que añadir: y a un enfrentamiento que lo
condujo a la muerte)38. En su último libro Geza Vermes acentúa casi hasta
el límite esta tendencia niveladora: pero, aún así, no cabe desconocer que
en principio tiene toda la razón cuando afirma:
el mensaje de Jesús y sus reverberaciones en el suelo judío
pueden ser percibidas dinámicamente como una etapa del
siglo primero después de Cristo en un largo proceso de
desarrollo, en el que la Biblia, los Apócrifos, los
Pseudoepigráficos, los Manuscritos del Mar Muerto, Filón, el
Nuevo Testamento, Josefo, la Mishnah, la Tosefta, el Targum,
el Midrash, el Talmud, la liturgia y el misticismo judío primitivo
se complementan mutuamente, se corrigen, iluminan y
explican unos a otros"39.
Desde luego, en esta perspectiva, Jesús deja de ser un caso raro para
aparecer como un personaje que, con toda su originalidad, encaja muy
bien dentro de aquel contexto de maestros populares, taumaturgos
religiosos, exorcistas, profetas, hombres de Dios... que marcan la
Palestina de su tiempo. En ella, por ejemplo, había actuado poco antes de
él el taumaturgo Honi cuya relación con Dios fue comparada a la de un
hijo con su padre; y en su tiempo, algo más joven, Hanina ben Dosa fue
descrito en el momento de su bautismo como "mi hijo" por una voz
bajada del cielo40.
3) En la misma dirección apunta el enorme impacto de los escritos
de Qumram. No, por cierto, en el sentido de las divulgaciones alarmistas,
que incluso pueden llegar a hacer de Jesús un miembro de la secta o, por
lo menos, a ver en los evangelios una copia de su doctrina. Para eso los
estudios serios muestran de sobra que las diferencias son fundamentales,
sobre todo en la dirección del universalismo no sectario, del rechazo de
toda reducción ritualista de lo religioso y de la visión de Dios como amor
igualitario y sin discriminaciones. Pero sí, en cuanto dejan al descubierto
con singular viveza la enorme riqueza de textos, el ambiente de
religiosidad viva, expectación escatológica y busca de nuevos caminos,
así como la existencia e importancia de figuras singulares que remueven
el ambiente cristalizando a su alrededor los sentimientos, inquietudes y
aspiraciones religiosas41.
38 Jesus of Nazaret. His Times, His Life and His Teaching, London/ New
York 1925, 369. Cf. las obras muy importantes de E.P. Sanders, Jesus and
Judaism, Philadelphia 1985 y, más recientemente, su excelente síntesis The
Historical Figure of Jesus, London 1993; y J.H. Charlesworth, Jesus and Judaism,
Philadelphia/London 1988. Ver también H. Küng, El judaísmo. Pasado,
presente, futuro, Madrid 1994, 297-380.
39 G. Vermes, The Religion of Jesus the Jew, Minneapolis 1993, 9.
40 G. Vermes, Ibid., 4-5; más ampliamente, en Jesús el judío, Barcelona
1977, 74-84; y también J.D. Crossan, 142-158.
41 Cf. síntesis en F. García Martínez.-J. Trebolle, Los hombres de Qumrán,
Madrid 1993, princ., 225-271; A. Piñero.- D. Fernández-Galiano (eds.), Los
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4) Lo que eso significa se comprende perfectamente si pensamos en
Juan Bautista, una figura singular, pero que, sin lugar a dudas, constituye
sólo un ejemplo de lo que era un fenómeno más general. Él ofrece tal vez
el paralelo más elocuente de lo que para muchos tuvieron que ser en
aquel entonces el impacto, la actividad y el significado de Jesús de
Nazaret. De hecho, dio origen a un movimiento religioso no sólo anterior y
paralelo —recuérdese la presencia e incluso la rivalidad de los "discípulos
del Bautista"— sino que pervivió todavía en los primeros tiempos del
cristianismo. Y no podemos olvidar que, antes de iniciar su actividad
pública, el mismo Jesús aparece como discípulo suyo, acaso durante más
tiempo y con mayor intensidad de lo nuestros textos nos dejan ver42.
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porque esa aproximación es muchas veces el único camino para poder
comprender hoy de verdad lo que dicen los textos45.
Se trataba, en efecto, de sociedades de "alta contextualización", es
decir, de sociedades más cerradas, donde los resultados ordinarios
resultaban evidentes, porque todo remitía a todo en un espacio en el que
todas las connotaciones estaban patentes. Pero, precisamente por eso,
cambiando radicalmente el contexto, esas connotaciones tienden a
quedar ocultas para el lector actual carente de aquellas claves o, lo que
es peor, a quedar deformadas al ser interpretadas desde claves
diferentes. Decir "familia", por ejemplo, cobra un significado muy distinto
en el contexto actual de la familia nuclear y en el antiguo de la familia
patriarcal, verdadera empresa familiar que incluía hijos y servidores en
una relación vitalicia de obediencia y sumisión. Sin tener en cuento todo
esto, no podría comprenderse que "la exhortación de Jesús a abandonar
la casa es una auténtica subversión del orden social establecido"46.
Lo cierto es que hoy advertimos con mayor claridad que el descuido
o desconocimiento de este punto dejó oculta una parte muy importante
del significado de los textos neotestamentarios y, por tanto, también de la
persona misma de Jesús de Nazaret. Sin tener suficientemente en cuenta
un aspecto decisivo del contexto socio-cultural, no se podían interpretar
correctamente connotaciones muy importantes de su conducta, de sus
gestos y de sus palabras, como tampoco de las reacciones que suscitaron
en sus contemporáneos.
Porque ahora aparece con toda la fuerza que no se trataba de un
medio "religioso" en un sentido espiritualista, es decir, meramente crítico,
sacral e incluso "piadoso"; sino en el de una expectación religiosa que
incluía, desde la confianza en la intervención de Dios, todo el realismo de
una liberación nacional y, sobre todo, el de una redención social de las
capas desfavorecidas y explotadas hasta el hambre y la desposesión
total.
Por eso el anuncio de "un nuevo reinado de Dios" no se centraba
precisamente en la renovación del culto o del templo —aunque
posiblemente no la excluía—, sino que implicaba una subversión radical
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de todas las relaciones religiosas y sociales47. Subversión de la que tal vez
el mejor modelo sigan siendo los sueños, muy concretos, que siempre
anidan en el corazón de los grupos sociales más desfavorecidos,
expoliados o marginados. (Las bienaventuranzas, leídas bajo esta luz
apuntan muy bien en esa dirección; lo mismo sucede con la intuición
básica de la teología de la liberación, no tanto por un esfuerzo erudito
como por la semejanza de su contexto).
Pues bien, en aquel medio, como ya queda visto, Jesús no aparece
aislado sino más bien como un caso entre muchos de individuos que, en
nombre de Dios, anunciaban salvación. Todos ellos tendían a situarse
fuera del círculo oficial del templo y de los dirigentes religiosos, cada uno
a su estilo: como taumaturgos u "hombres de Dios" (theioi andres),
maestros populares, profetas, bandidos, mesías o revolucionarios más o
menos milenaristas, que lo esperaban todo de Dios o intentaban forzarlo
mediante la acción...48 Rasgos de Jesús que ya habían llamado la atención
de los estudiosos, como su andar "en malas compañías"49, es decir, junto
con pobres, marginados y desheredados, su radicalismo itinerante50 e
incluso su expectación escatológica, reciben ahora una interpretación
más fuerte, concreta y realista.
Realismo que se refuerza cuando el contexto de amplía incluso a
toda la cuenca mediterránea, en un ambiente trabajado por la crisis de los
grandes imperios y por el ansia de una nueva paz universal. También en
ese ámbito aparecen taumaturgos y maestros itinerantes que buscaban
salvación al margen del orden establecido. Se trataba de figuras —
estoicos y sobre todo cínicos— no tan desemejantes a la del Nazareno,
tanto en el porte externo, con su manto, su alforja y su cayado, como en
la actitud interna que encontraba la libertad en la pobreza y en la
conciencia de su misión divina.
Véase por ejemplo, el retrato que Epicteto hace del cínico auténtico:
"ha de ser azotado como un asno; y, azotado, querer a los que lo azotan
como padre de todos, como hermano, (...) ¿qué es para el cínico el César
o un procónsul? ¿O cualquier otro, excepto el que le ha enviado y a quien
sirve, Zeus?51; porque el cínico de verdad "ha de saber que ha sido
enviado como mensajero de Zeus a los hombres, para hacerles ver que
están engañados sobre los bienes y los males"52, pues "cuanto piensa lo
piensa como amigo de los dioses, como servidor suyo, como quien
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participa del poder de Zeus"53.
El paralelismo es impresionante, y no es nada improbable que la
impresión se vaya reforzando a medida que se perfilen con más precisión
los datos existentes y vayan apareciendo otros nuevos. A veces pueden
ser desconcertantes, porque se rompen viejos clichés, tal vez muy
íntimos. Pero también sucede que se confirma la intuición de que así nos
estamos acercando un poco más a cómo vieron a Jesús sus
contemporáneos y, hasta cierto punto, a cómo se veía él a sí mismo.
Y, de hecho, aún que ni los datos ni las conclusiones son siempre
seguros, sorprende en seguida el sentido de frescura y realidad que
cobran determinados gestos y palabras. Como por ejemplo las comidas
de Jesús. Siempre, porque los mismos evangelios lo reflejan de mil modos,
se tuvo un sentimiento de su importancia y significado. Pero hoy
comprendemos mucho mejor su trascendencia como símbolo subjetivo de
toda una actitud vital y como anuncio objetivo del tipo de salvación que
anunciaba. Como lo comprendieron muy bien sus adversarios, hasta el
punto de que nos damos cuenta que no es una boutade afirmar que
"Jesús fue crucificado por la forma en que comía"54.
Esa forma, en efecto, era símbolo del "igualitarismo radical" que el
Nazareno predicaba y practicaba, oponiéndose así tanto a la religión
como a la cultura oficial y, en general, a toda la sociedad bien pensante.
Lo hizo con una elevación en la propuesta "teológica" y con una
consecuencia en los modos de vida —en aspectos, más radical aún que
los de los cínicos, pues él ni siquiera admitía la alforja y el cayado 55—, que
se convirtió por fuerza en una figura profundamente anticultural y
radicalmente subversiva. Entonces acabó por resultar intolerable, hasta
ser eliminado físicamente por los poderes imperantes.
Y todo indica que de alguna manera empezó ya a ser difícilmente
asimilable para los mismos cristianos de la segunda o tercera generación,
según los progresivos indicios de edulcoración de su figura en los escritos
canónicos: compárese la redacción de las bienaventuranzas en Lucas y
Mateo o, más en conjunto, el proceso de la figura global desde Marcos
hasta Juan. ¿Y no habrá algo de esto en Pablo, que ya no lo conoció en
vida y que, aunque reconoce que Cristo tomó "forma de esclavo" (Fil 2,7),
se desinteresa de su vida concreta —del "Cristo según la carne" (2 Cor
5,16)—, para concentrarse en la teología de su muerte y resurrección?
Lo notamos también en nosotros mismos, cuando los datos nos
sitúan con cierta crudeza ante aspectos de la que debió de ser su figura
1
CONFESAR A
JESUCRISTO HOY 2
real. Así habrá que esperar ciertamente a que la crítica vaya decantando
la exactitud de la pintura que, partiendo de esta nueva perspectiva,
elabora un James D. Crossan —a quien pertenece la aludida expresión de
"igualitarismo radical"—. Pero algo nos dice, por lo menos a mi, que hay
mucho de verdad en ese Jesús emparentado con las figuras de la protesta
más radical: itinerante, contracultural, taumaturgo, inasimilable a los
modos normales de vida, con un aspecto que hoy nos evocaría ante todo
al de un mendigo, actuando entre los estratos ínfimos de la población,
acogiendo sus esperanzas y animándolas desde la confianza en Dios y en
su reinado que postula desde abajo una igualdad sin fisuras ni
privilegios...56.
Puede que algunos detalles deban ser modificados o precisados con
el avance de la investigación. En conjunto, parece que más bien serán
reforzados. De hecho, una obra tan moderada y enraizada en la
investigación clásica como la de Martin Hengel57 muestra que, más que la
innovación radical, lo que esta nueva visión se produce es sencillamente
el paso hacia adelante típico de una nueva etapa: una generación
posterior empieza a leer con más libertad y consecuencia los mismos
datos que en conjunto ya estaban ahí, gracias precisamente a las
investigaciones anteriores.
Todo lo cual abre, como es lógico, nuevas perspectivas sobre los
textos, que a veces pueden obligar a una lectura muy radical, en el
sentido de poner al descubierto, mucho más aún de lo que lo hiciera la
historia de las formas, su denso carácter teológico. Lo cual, repitámoslo,
no significa que esos textos sean falsos, sino simplemente que responden
más de lo que se pensaba a una interpretación dentro de un contexto
determinado y no tanto a los hechos que entendemos como “reales” en
nuestro contexto58. Los milagros, el tipo de vida, las relaciones dentro de
la comunidad, el hecho palpable de la pasión y la experiencia misteriosa
de la resurrección siguen ahí, pero se convierten de nuevo en preguntas
que nos interrogan acerca de su significado profundo.
En definitiva, abren de nuevo ante nosotros la gran pregunta por el
significado y el misterio de Jesús de Nazaret. Pero al mismo tiempo abren
también nuevas posibilidades para la construcción de una cristología
actual. Porque ahora percibimos con más claridad que ese significado y
ese misterio se sitúan justamente en el espacio preciso que media entre
los hechos de base y su interpretación en aquel contexto. La
consecuencia aparece clara: de lo que ahora se trata es de rescatar aquel
mismo significado de modo que resulte comprensible y eficaz en el
contexto vivo de nuestro tiempo.
56 Cf. J.D. Crossan, O.c., parte III, p. 225 ss. y Jesus, cit., más sencillo pero
también más eficaz que la obra anterior, que sintetiza y precisa en aspectos
importantes.
57 Me refiero sobre todo a su obra Seguimiento y carisma, cit.; el original
es de 1968.
58 Cada vez la conciencia crítica está comprendiendo esto con más
naturalidad. La citada obra de E.P. Sanders, The Historical Figure of Jesus,
resulta especialmente lúcida y clara al respecto: cf. la Introducción, p. 1-9 y
passim.
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CONFESAR A
JESUCRISTO HOY 3
3. De nuevo la pregunta: "¿Quién soy yo?"
En cierto modo volvemos, pues, al principio. Delante de nosotros se
presenta de nuevo la figura de Jesús. Igual que entonces, aparece como
radicalmente humano, como "uno de tantos" (Fil 2,7), sumergido en el
estilo de vida, en los problemas y en las aspiraciones, en las angustias y
en las esperanzas de su tiempo. E igual que entonces, sigue intrigándonos
por su diferencia: igual pero distinto, radical pero no violento,
revolucionario pero amoroso y no vengativo, no sacral pero en intimidad
abisal con Dios. De su tiempo como tantos líderes de entonces, pero
cambiando el mundo para siempre; muerto, pero experimentado como
vivo; derrotado por la historia, pero proclamado como Hijo de Dios, con
una fuerza y convicciones nunca antes igualadas...
Verdaderamente, su pregunta resuena de nuevo para nuestro tiempo
y para cada uno de nosotros:" ¿Quién dice la gente que soy yo?" (Mc 8,29
par).
3
CONFESAR A
JESUCRISTO HOY 4
Porque no han sido los que se agarraron a una defensa a ultranza de
la concepción tradicional de la Escritura quienes han logrado mostrar su
grandeza y su carácter verdaderamente revelado. De hecho, nada hay
que desprestigie más su valor que los empeños fundamentalistas, los
cuales, pretextando defender su dignidad "intocable", la empantanaron
en los conflictos con Galileo y con Darwin, en la intolerancia con las
demás religiones y en actitudes literalistas e ingenuas que aún hoy minan
continuamente la credibilidad de la fe. En cambio, el tratamiento crítico,
que de entrada llegó a desconcertar y producir pavor —hasta llegar a
vaciar muchos seminarios59— llevó a una comprensión profunda de la
Escritura, tanto más religiosa cuanto más realísticamente humana.
Comprensión que nos permite acercarnos a ella con una finura, un
respeto y una capacidad de sintonía que no tiene paralelo en la anterior
historia del cristianismo. ¿Quién cambiaría hoy, por ejemplo, su visión
actual por la literalista, acrítica y en el fondo tremendamente
empobrecida de todo un santo Tomás de Aquino?
Por fortuna, también en la cristología lleva ya tiempo afirmándose
esta convicción de fondo. De hecho, en la sensibilidad actual se va
perfilando una imagen de Jesús mucho más íntima y humana, sin
grandezas abstractas, pero inmensamente más rica y vital, que fascina no
por su distancia sino por su proximidad. Y más tarde veremos como justo
aquí se nos abre hoy uno de los más efectivos accesos a su divinidad.
Sucede tan sólo que esta convicción, una vez acogida en principio y
aplicada a algunos aspectos, necesita tiempo para ir extendiendo su
consecuencia a toda la humanidad de Jesús. Hay que contar con
resistencias inconscientes cada vez que resulta afectada una nueva
dimensión; de modo que el riesgo consiste en quedarse a medio camino,
sin lograr una imagen verdaderamente integral y coherente. De hecho, la
experiencia muestra que en estos temas el trabajo espontáneo del tiempo
y el ejercicio consciente de la paciencia histórica resultan indispensables:
de entrada, se imponen siempre la resistencia y el escándalo; pero, poco
a poco, se va produciendo la asimilación: al final acaba viéndose como
obvio y natural lo que al principio parecía un escándalo inasimilable.
¿Quién toma hoy a la letra las narraciones del Génesis, que aún ayer
causaban polémicas furiosas? ¿Quién piensa hoy que Jesús conocía la
astronomía moderna o que nunca tuvo dudas o vacilaciones?
De ahí la importancia de clarificar la nueva situación, explicitando
los presupuestos y sacando con cuidado pero con firmeza las
consecuencias, al tiempo que respeta los ritmos subjetivos de cada
persona. Claridad sin fanatismos y exposición sin imposición son tal vez
las únicas actitudes válidas para estas épocas de tránsito, que afectan a
los fundamentos. Punto este que enlaza muy bien con el apartado
siguiente.
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CONFESAR A
JESUCRISTO HOY 5
justamente en su situación intermediaria: ya no sirve lo anterior, pero aún
no se dispone con claridad de lo siguiente. Lo nuevo está presente como
posibilidad, pero debe ser elaborado con categorías aún no del todo
disponibles. Cuando se trata de cambios globales y profundos, de
cambios de paradigma, como es el caso con la entrada de la modernidad,
la situación se hace más aguda. Un paradigma no cambia de la noche a la
mañana, ni avanza por igual en todos sus componentes. De manera
inevitable, en muchas ocasiones conviven elementos nuevos con otros
viejos que permanecen por hábito, inercia o falta de elaboración
suficiente. Entonces se producen confusiones que pueden llevar a
resultados que desconciertan o a conclusiones que quedan a medio
camino60.
El desconcierto se hace evidente cuando alguien se niega a aceptar
el nuevo paradigma, porque entonces juzga las nuevas propuestas desde
los presupuestos anteriores. Estas resultan así, por fuerza, o
incomprensibles o como una amenaza y negación de la verdad
(confundiendo la verdad en sí con el modo de comprenderla en el
paradigma anterior). Tal es el caso de los que siguen concibiendo la
inspiración bíblica como un dictado divino: lógicamente, tienen que
asustarse y protestar sinceramente cuando escuchan, por ejemplo, que
los relatos de la infancia no se pueden tomar al pie de la letra y que los
Magos no existieron.
El desconcierto no es tanto, pero puede ser igualmente influyente,
cuando el paradigma se acepta, pero algunos resultados siguen siendo
juzgados, de manera acaso inconsciente, desde los presupuestos
anteriores. Así cabe admitir que históricamente no puede hablarse de
más hechos "milagrosos" en los evangelios que los referentes a
curaciones y expulsiones de “demonios”, y, sin embargo, asustarse ante
la afirmación de que la resurrección de Lázaro no remite a un
acontecimiento real sino a un significado simbólico.
Para nuestro problema concreto la aplicación resulta evidente.
Aunque pocos, sigue habiendo creyentes y teólogos que no aceptan el
nuevo paradigma abierto con la modernidad, anclados acaso en el mundo
escolástico. Si realmente esa instalación intelectual les resulta habitable y
pueden vivir en ella significativamente la fe, están —algo en lo que
siempre insistió K. Rahner61— en su derecho a conformarse con la
5
CONFESAR A
JESUCRISTO HOY 6
concepción tradicional. El paso en falso pueden darlo cuando consideran
que ése es el único modo legítimo de comprender la fe y desde él juzgan
y condenan a los demás62.
De todos modos, resulta más frecuente una situación intermedia,
bien admitiendo determinadas consecuencias, pero dejándolas a medio
camino, bien aceptando el paradigma y aplicándolo a unas cuestiones,
pero sin aplicarlo luego, consciente o inconscientemente, a otras63.
Piénsese, por ejemplo, en el caso de los que reconociendo que Jesús no
tenía una ciencia de todos los saberes humanos, siguen juzgando
obligado creer que tenía conciencia expresa de su divinidad en el sentido
ontológico fuerte; o en el de aquellos que admiten que la resurrección no
puede ser un acontecimiento empíricamente verificable, pero que afirman
que iría contra la fe admitir la posibilidad de que el sepulcro no estuviese
vacío64.
En cualquier caso, lo que de verdad importa es hacerse conscientes
de la necesidad de tomar en serio el nuevo paradigma, para evitar
confusiones a la hora de enfocar los problemas y, sobre todo, para
aprovechar toda su fuerza esclarecedora. No se trata de un mero afán de
pureza metodológica, sino de una estricta necesidad del pensamiento.
Porque resulta claro que, si, como aquí estamos suponiendo, los nuevos
cuestionamientos de la cristología son debidos a la entrada de un nuevo
paradigma global, sólo desde él será posible encontrarles una respuesta
adecuada. Y conviene darse cuenta de que esto constituye, en definitiva,
un signo de esperanza, porque, como antes los hijos, las crisis vienen
también con su pan debajo del brazo. Lo cual, como se comprende, viene
6
CONFESAR A
JESUCRISTO HOY 7
a ser una forma más espontánea de expresar la famosa convicción de
Hölderlin: "pues donde aparece el peligro, allí brota también la salvación".
Prescindiendo de teorías y soluciones concretas, un mínimo sentido
de la historia muestra que sólo una cristología que se elabore con todos
los recursos del nuevo paradigma permitirá, por un lado, responder a las
preguntas por él suscitadas y, por el otro, ofrecer una visión comprensible
y asimilable para los hombres y mujeres de hoy. Y cabe sospechar que,
dado el tiempo transcurrido y contando con los ya numerosos intentos
que se han ido elaborando, estamos hoy en condiciones de empezar a
recoger los frutos, intentando construir visiones de conjunto que no se
pierdan en detalles. De hecho, la explosión de nuevas y renovadas
cristologías acontecida hace unos veinte años (a partir, sobre todo de W.
Pannenberg) suponía la culminación de los esfuerzos pioneros a partir de
los comienzos del siglo XIX; y tengo la impresión de que, después de
cierto silencio, el nuevo estilo de los intentos a los que aquí nos referimos
especialmente tienen mucho de una cierta madurez sintetizadora65. Tal
vez el hacer temático este cambio, mostrando que modifica la misma
conceptualidad interna de la cristología, sea el mayor mérito del reciente
libro de P. Hünermann66.
Intentar acercarnos a las líneas fundamentales de lo que puede ser
esta nueva etapa, va a ser la preocupación del resto de este ensayo.
Empezaré por lo que sería la tarea de una cristología fundamental, es
decir, aquella que se ocupa de mostrar cómo en la vida terrena de Jesús
se deja transparentar el misterio único de su filiación divina. En otras
palabras, se trata de ver cómo se pasó entonces y se pasa hoy del Jesús
terreno al Cristo de la fe; en definitiva, de por qué confesamos a Jesús
como el Cristo, como Jesu-Cristo. Sobre eso la sección final se ocupará de
la cristología sistemática, es decir, de intentar aclarar un poco el
significado de esa confesión.
4. Confesar a Jesús como el Cristo
El proceso hasta aquí analizado, al hacer patente una progresiva
radicalización en la percepción del carácter verdadera e innegablemente
humano de Jesús, ha hecho aguda la pregunta por su divinidad. De
entrada, parece que resulta más difícil confesar como divino a alguien a
quien se ve inmerso en las concretas limitaciones humanas, semejante a
otros que se presentaban con parecidas pretensiones, marcado en el
cuerpo, en la conducta y en el pensamiento por los rasgos típicos de su
tiempo. Pero gran parte de la dificultad nace de que se sigue
contemplando la pregunta con ojos marcados por uno de los rasgos máis
típicos del antiguo paradigma: aquel por el que lo divino tendía a verse
separado y contrapuesto a lo humano, de modo que cuanto más distinto y
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CONFESAR A
JESUCRISTO HOY 8
distante de los demás hombres y mujeres apareciese Jesús, tanto más
fácil parecía confesar su divinidad.
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CONFESAR A
JESUCRISTO HOY 9
Cuando somos capaces de pensar esto, el alineamiento de Jesús con
los más pequeños, su incondicional situarse al lado de los pobres, de los
marginados y explotados, su rebeldía contra todo tipo de injusticia, se nos
convierte quizás en la manifestación más fuerte de su trascendencia. De
hecho, esta es la raíz profunda de donde nacen el impacto siempre vivo
de las bienaventuranzas y la perenne fascinación de su figura masacrada
en defensa de los humildes; y este fenómeno constituye la prueba de que
la humanidad siempre ha percibido, aunque sea oscuramente, que en esa
entrega radical hasta la cruz, se anunciaba un misterio. Y por eso la
teología de la liberación, la gesta de hombres como Lutero King y
Monseñor Romero, o los gestos humildes de las misioneras y misioneros
que de repente aparecen en las pantallas cuidando con amor a los
masacrados del mundo, constituyen en nuestros días el mejor acceso a
una verdadera y auténtica "cristología fundamental".
Ni siquiera resulta artificioso traer aquí un símbolo que me
impresiona desde hace tiempo: el de Jesús como "proletario absoluto".
Símbolo que posee una profunda repercusión cultural porque alude, como
es fácil ver, a la intuición marxista del proletariado como única clase de
carácter verdaderamente universal. Marx lo hace en un contexto que más
que a una clase en estricto sentido sociológico se refiere a la base
sufriente de la humanidad: la de los "sufrimientos universales", la de los
privados de todo derecho, la de los que no tienen otro título que el
humano, la de aquellos a los que se niega el mismo ser humano69. Enlaza
seguramente, dándose cuenta o no70, con la tradición del Siervo Sufriente
(Is 42, l-9; 49, 1-9a; 5o, 4-11; 52, 13-53, 12) y, a través de ella, con la
figura de Jesús a quien la comunidad cristiana vio desde el primer
momento como el prototipo del Siervo, por la pobreza radical, por su total
entrega, por su identificarse hasta la muerte con los humillados y
ofendidos71.
Por otra parte, esta radicalización moderna de lo humano nos
retrotrae, casi paradójicamente, a la experiencia primera de los discípulos
y contemporáneos. Digamos que nos sitúa al lado de los apóstoles para
recorrer con ellos el camino que los llevó de ver y convivir con un Jesús
simple y sencillamente humano a confesarlo como el Cristo de Dios. Está
fuera de toda duda que para ellos la evidencia primera y elemental fue la
de una humanidad normal, y sólo poco a poco fueron descubriendo en
ella y a través de ella que allí se anunciaba algo más. Así ese “algo más”
no aparecía como un suplemento separado o extraterrestre, sino
brotando de sus gestos y palabras, enraizado en ellos, de modo que el
9
CONFESAR A
JESUCRISTO HOY 0
significado de la confesión cristológica los incluía como significante
irrenunciable, sin el que no se entendería nada.
Por fortuna, esa viene a ser en cierto modo la situación en la que,
gracias a la crítica, nos encontramos hoy. Por eso, junto a la dificultad de
tener que reconquistar de nuevo la evidencia de la fe en Cristo, tenemos
la ocasión de irla palpando paso a paso en la estructuración de su
significado. Éste ya no es construido desde fuera, por deducción a partir
de conceptos dogmáticos preestablecidos: aunque éstos deban ser
tenidos en cuenta como límites negativos e incluso como orientación
positiva, su comprensión tiene que partir "desde abajo", sobre la pauta de
las indicaciones que nos llegan de aquella concretísima humanidad.
En este sentido resulta instructiva la evolución de la cristología
fundamental en su esfuerzo por mostrar la divinidad de Jesús. La teoría
clásica — De Jesu Legato Divino— tenía un carácter marcadamente
extrinsecista. Se apoyaba, por un lado, en las palabras de Jesús; pero no
en las palabras "normales", sino en aquellas que, naciendo de su
sabiduría divina, lo autodesignaban como Mesías e Hijo de Dios. Por otro,
esas palabras eran confirmadas mediante los "milagros" y las “profecías”
(éstas, en definitiva, reducidas también a "milagros morales"), que eran
acciones tan por encima de lo normal, que sólo podían venir de Dios, y así
desde fuera confirmaban lo que había dicho Jesús. La crítica ha
demostrado que ese sistema era insostenible, pues durante su vida Jesús
no se designó a si mismo con esos "títulos"72 y el tipo de milagros que
hizo, aparte de ser entonces más corrientes73, no servirían hoy para
"demostrar" su origen sobre-natural.
De ahí que se diese el paso a lo que se ha llamado cristología
implícita. Esta ya no busca su apoyo en lo externo y milagroso, sino que
intenta "leer" en las palabras y actitudes de Jesús aquellos signos o
indicios que delatan una conciencia única y específica. De ellos partió la
primera comunidad para reconocerlo como el Cristo: tales su "pretensión
de poder absoluto", su experiencia de Dios como Abbá, su (posible)
autodesignación como Hijo del Hombre, su colocarse por encima de
Moisés... Y aún hoy se da un pequeño paso ulterior al preferir hablar de la
"autoridad de misión" (Sendungstautorität), en lugar de "autoconciencia"
o de "autoconciencia mesiánica" de Jesús, porque los textos evangélicos
"no están interesados en la conciencia sino en el ser" de Jesús74.
72 Este dato se considera hoy adquirido; cf., por ej., J. Gnilka, O.c., 251-
267.
73 Recuérdese que el mismo Jesús —en palabras que todos dan por
auténticas— dijo: “si yo echo los demonios con el poder de Belcebul, ¿vuestros
hijos con el poder de quien los echan?” (Mt 12,27).
74 J. Gnilka, O.c., 251, que remite también a F. Hahn, Methodische
Überlegungen zur Rückfrage nach Jesus, en K. Kertelge (ed.), Rückfrage nach
Jesus Freiburg 1974, 11-77, que en la p. 49 habla de “pretensión de misión”
(Sendungsanspruch). también W. Pannenberg insiste en que lo importante es
el “contenido del anuncio” (Systematische Theologie II, cit., 367.375-376).
Nótese, con todo, que estas denominaciones heredadas de la teología
alemana —más aun la de Vollmachtsanspruch, “pretensión de poder absoluto
o pleno”— son muy poco adecuadas para expresar la actitud de Jesús, que
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CONFESAR A
JESUCRISTO HOY 1
(Nótese, con todo, que las denominaciones empleadas
ordinariamente por la teología en este punto son muy poco adecuadas
para expresar la actitud de Jesús, que fue siempre de una radical
renuncia a todo poder. Por eso, aún después de haberle confesado ya
como Cristo y como “Rey”, los textos del Nuevo Testamento insisten de
diversas maneras en que su Reino “no es de este mundo”)75.
Estas variaciones teóricas pueden parecer secundarias a simple vista
e incluso sutiles, pero encierran un gran significado. Porque al centrarse
en el humanidad de Jesús y tratar de leer en ella su significado profundo,
apoyan a este en el continuum de la experiencia común, de manera que
hacen accesible en principio su examen para todos. El misterio de
Jesucristo deja de ser algo aparte, extrahumano (todo lo grande que se
quiera, pero ajeno), para ser algo nuestro, que nos afecta y puede
interesarnos, ante el que podemos tomar una postura responsable, ya sea
en la aceptación, en la duda o en el rechazo.
De hecho, J. Moingt observó con agudeza que la nueva situación
crítica abrió el camino a la filosofía y supuso la definitiva universalización
de la cristología: "Jesús no es arrebatado a la custodia de la iglesia más
que para hacerse bien común de toda la humanidad”76. De ese modo
aparece toda su fuerza liberadora, "que viene a liberar a los hombres del
dominio del poder religioso o político"77. Lo que, a su vez, supone una
importante llamada a la reflexión teológica actual: "La cristología de los
filósofos provoca a la teología a una conversión de la mirada, a
consiste en una radical renuncia a todo poder (aunque, una vez confesado
como Cristo, los textos del Nuevo Testamento tiendan a atribuírselo de
distintas maneras, si bien indicando que “no es de este mundo”).
75 Vale la pena transcribir las palabras con que E.P. Sanders expresa su
comprensión de este punto: “Jesús pensó que los doce discípulos
representaban a las tribus de Israel, pero también que las habían de juzgar.
Jesús estaba claramente por encima de los discípulos; una persona que está
por encima de los Jueces de Israel está ciertamente muy alta. Sabemos
también que consideró su misión como siendo absolutamente de capital
importancia, y pensó que el modo como la gente respondía la su mensaje era
más importante que otros deberes importantes. Pensó que Dios estaba a
punto de traer su Reino y que él, Jesús, era el último enviado de Dios. Pensó
por lo tanto que era en algún sentido ‘rey’. Entró en Jerusalén cabalgando un
asno, recordando una profecía acerca del rey cabalgando en un asno, y fue
ejecutado por pretender ser ‘rey de los judíos’ (...). no había ningún título en la
historia del judaísmo que comunicase plenamente todo esto, y parece que
Jesús se resistió con fuerza la adoptar un título para sí mismo. Creo que incluso
‘rey’ no es rigurosamente correcto, puesto Jesús miraba como rey a Dios. Mi
término favorito propio para esta concepción de sí mismo es la de ‘virrey’. Dios
era rey, pero Jesús lo representaba y le iba a representar en el reino venidero”
(O. c., 248).
76 O.c., 225. Por su parte, P. Hünermann, O.c., 267-281, analiza bien el
rol del deísmo inglés en el proceso de esta universalización; también, por otros
caminos, lo analiza en el surgir de la “razón universal” del Continente (282-
341).
77 Ibid. 229. también subraya esto con energía E. Schillebeeckx en las
dos obras más recientes (citadas en nota 22).
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CONFESAR A
JESUCRISTO HOY 2
preocuparse más de la humanidad de Cristo y de su historicidad,
abandonadas por ella durante tantos siglos"78.
Esta observación permite confirmar cómo, en efecto, la asunción
consecuente del nuevo paradigma, lejos de representar una amenaza,
abre posibilidades inéditas tanto para la inteligibilidad interna de la
cristología como para su comprensibilidad actual. En concreto, para el
problema fundamental de la universalidad.
2
CONFESAR A
JESUCRISTO HOY 3
superponerse —o imponerse— desde fuera80.
Únicamente tomando en serio el nuevo paradigma, se abre la
posibilidad de una discusión con la cultura y un diálogo libre y no
impositivo con las religiones. Porque en él la confesión de Jesús como el
Cristo queda en condiciones de ser "verificada" en su legitimidad y
validez, puesto que ahora su oferta no se presenta como algo extraño a la
humanidad sino como nacida dentro de ella. Además el objeto de esa
confesión no se reduce a la pura intimidad de Jesús, sino que se ofrece en
la objetividad de su revelación, que, igual que para sus contemporáneos,
resulta examinable en sí misma y por tanto de alguna manera
"verificable" como una propuesta en contacto con nuestra experiencia:
presentándose ante ésta como nueva, gratuita e indeducible, intenta, sin
embargo, llevarla al fondo más auténtico de si misma.
Ha sido sobre todo K. Rahner quien, con su propuesta de una
"cristología trascendental", subrayó con fuerza este aspecto. Ya desde su
ensayo sobre la cristología en un mundo en evolución insistió en la
necesaria pertenencia de Jesús a nuestra realidad biológica e histórica. La
insistencia en lo trascendental acentúa todavía más el carácter intrínseco,
hacer ver a Cristo como el cumplimiento de la esperanza más profunda de
nuestro ser en cuanto llamado a alcanzar su plenitud por la comunicación
infinita de Dios81. Porque entonces Cristo no es acogido extrínsecamente,
sino porque en Él y en su oferta de salvación reconocemos lo que de
alguna manera, realísima y ontológica, buscábamos y presentíamos: tal
es el sentido de su famoso principio de que "la cristología es la
antropología que ha llegado plenamente a sí misma".
No interesa aquí entrar en detalles o precisiones, sino simplemente
señalar cómo, tomando en serio los nuevos recursos, resulta no sólo
posible afrontar las cuestiones abiertas por la modernidad, sino también
que la respuesta puede salir enormemente enriquecida. Y tendríamos que
señalar además que la de Rahner no es una propuesta aislada, sino que
enlaza con toda una línea del pensamiento moderno, que reconoce en
Jesús la realización histórica de la idea Christi, es decir, de la idea a priori
de una unión suprema entre Dios y el hombre; idea que, como la viene
estudiando con profunda agudeza y tenacidad lúcida X. Tilliette 82, está
presente de manera muy íntima en todo un vector de la filosofía, desde
Cusa a Blondel.
Personalmente traté de mostrar que la concepción de la revelación
como una mayéutica histórica permite profundizar en estas intuiciones
(incluso evitando acaso cierto riesgo de apriorismo). Jesús, al ir
reconociendo en sí mismo y en su historia el sentido auténtico de la
presencia salvadora de Dios, está descubriéndolo también para nosotros,
pues esa presencia es la misma que trabaja igualmente la intimidad y la
80 W. Pannenberg insiste con vigor en este aspecto, indicando que la
fundamentación tradicional en la “fe” es “particularmente deficiente”: “Es una
fundamentación que en última instancia recurre a un principio de autoridad y
con eso duda de toda fundamentación” (Sytematische Theologie II, cit., 325;
cf. 325-327).
81 Cf. Curso fundamental, 247-253.
82 Cf. princ. su obra más sintética Le Christ de la Philosophie, Paris 1990.
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CONFESAR A
JESUCRISTO HOY 4
historia de todos los hombres y mujeres. En otras palabras, no revela algo
extraño o externo, sino que hace de "partera", ayudándonos a dar a luz lo
que estaba tratando de nacer en nosotros, a caer en la cuenta de lo que
Dios con la gracia y la fuerza de su Espíritu intentaba decirnos desde
siempre. Por eso Jesús no lo inventa todo, sino que se inserta en un largo
proceso que lo prepara y lo hace posible a él mismo.
De ese modo lo que hace es llevarlo a su culminación y plenitud. Y
justamente en el carácter insuperable de esa culminación se abre la
pregunta por su misterio. Ese fue, en realidad, el proceso: impresionados
por la fuerza de su experiencia —"pues enseñaba como quien tiene
autoridad, no como los letrados" (Mc l,22) —, por la radicalidad de su
entrega— "pasó haciendo el bien" (Hech 10,38) hasta entregar la vida —,
por su abisal intimidad con Dios— reflejada en la confianza sin límites y en
la vivencia del Abbá83— los discípulos "creyeron" en él, intuyeron poco a
poco que en su persona se hacía presente Dios de una manera única y
definitiva. El fracaso aparente de la muerte no rompió esta fe, como
tantas veces se enfatiza en exceso para destacar la importancia de la
resurrección84. Mas bien, como muestra la experiencia histórica de todo
mártir y de todo líder que muere por su ideal, lo terrible de la injusticia de
la cruz confirmó la fidelidad, creando un espacio donde se afirmó la fe en
la resurrección como comprensión última del misterio ya intuido en la
vida terrena85.
83 A pesar de las precisiones que se han hecho a las tesis de J. Jeremias,
la intuición básica sigue siendo cierta. Aunque la forma infantil entre el 200 a.C
y el 200 p.C era abbí, y sólo a partir del 200 p.C. aparece abbá (Cf. J. Barr,
Abbá isn’t de daddy: JTS NS 39 [1988] 28-47), esta palabra no deja de tener esa
resonancia: abbá suena lo mismo que papá. Usada en un contexto en el que
Dios ni siquiera se nombraba de ordinario, revestía un significado muy
especial. El mismo hecho de que se logre detectar algún escasísimo uso (cf. G.
Vermes, Jesus the Jew, Philadelphia 1981, 210-211) no cambiaría esto, sino
que lo confirma: cf. J.G.Dunn, O. c., 26-28; A. Fitzmeyer, Abba and Jesus’s
Relation to God, en À cause de l’Évangile (Mélanges J. Dupont), Paris 85, 15-38
(que en 29-30 discute los textos aducidos por Vermes).
Brown, que resume muy bien el estado de la cuestión, concluye
sabiamente: “A pesar de todo, una vez hechas todas estas precisiones, si
reconocemos que históricamente Jesús se dirigió a Dios en arameo como
abbá, entonces tenemos que reconocer también el carácter inusual de ese
hecho” (An Introduction, cit. 86; cf. 85-87).
84 Se trata, con toda claridad, de un énfasis propio del paradigma
anterior, cuando la resurrección era el “milagro” definitivo que confirmaba la
afirmación expresa por parte de Jesús de su filiación divina. Pero esa
apreciación, aparte de injusta con los discípulos interpretando in peiorem
partem el dato cierto pero normal de su huida —¿cómo no iban a esconderse y
escapar, cuando, de lo contrario, no hacían más que exponerse a ser
eliminados?—, es de una inverosimilitud extrema: como digo en el texto, la
muerte injusta del maestro o del líder admirado no rompe sino que confirma la
fe en él. Desde siempre la sangre del mártir ha sido simiente de seguidores. Ni
los seguidores de Gandhi, ni los de Luther King, ni los de Mons. Romero o
Ellacuría... dejaron de creer en ellos cuando fueron asesinados.
85 Cuestión delicada, si las hay, esta del “origen de la fe pascual”. Pero
no debería descartarse como un factor importante la especial sensibilidad para
4
CONFESAR A
JESUCRISTO HOY 5
La pregunta sigue igualmente viva y "verificable" para nosotros hoy,
porque, lo mismo que entonces, su revelación nos confronta con el
misterio último de nuestro ser y del ser de Cristo. Por eso, aceptar la
revelación cristiana significa en última instancia, hoy como en los
primeros años treinta, reconocerse en su propuesta86. Y dialogar con otras
religiones no consiste en imponerles algo por vía autoritaria, sino en
ofrecerles una visión religiosa de la realidad humana, que pueden juzgar
en su exactitud y comparar con la propia visión87, al tiempo que también
ellas, al proponer las suyas, apelan al cristianismo para que las tome en
consideración.
La propuesta de Jesús no puede separarse de su misterio. Porque en
la revelación no se trata de un proceso teórico, sino de un descubrirse el
hombre en su ultimidad, en cuanto está determinado por Dios. De modo
que el descubrimiento va ligado al ser: sólo desde la unión efectiva con
Dios podemos descubrir su presencia: y el grado del descubrimiento,
aunque en interinflujo dinámico, va de par con el grado de la unión. Si en
Jesús se ha alcanzado una plenitud definitiva e insuperable, sólo puede
suceder porque en él la unión con Dios es también tan profunda y tan
íntima que no cabe superación posible. Por eso, admitir su revelación
como definitiva equivale a confesar el misterio de su persona88.
Pero esta consideración nos conduce ya a la última parte: cómo
"comprender" hoy el misterio de Cristo de modo que resulte
la captación de aspectos reales, que se desarrolla en los momentos de
vivencias críticas o extraordinarias. En este sentido el rol de las mujeres —que
parece decisivo, a pesar de los claros atenuantes culturales en los escritos
canónicos— tendría también que ver con esto. Quede abierta la cuestión (cf.
E.S. Fiorenza, “You are not to be called Father”: Early Christian History in a
Feminist Perspective: Cross Currents 39 (1979) 321-323 y su discusión en S.
Barton, “The Hermeneutics of the Gospell Resurrection Narratives”, en S.
Barton.- G. Stanto (eds.), Resurrection, London 1994, 45-57, en p. 45-48). En
general, este volumen resulta muy sugerente, sobre todo para comprender la
discusión anglicana.
86 “El verdadero motivo de la fe en Jesús no son sus milagros, su
sabiduría ni su virtud, sino el hecho de que sus palabras me introducen en mi
propia verdad, me revelan a mí mismo, resuenan en mí como si surgieran de
mi interior. Compruebo en mí mismo su exactitud a medida que se pronuncian,
y las reconozco aun sin haberlas oído nunca. ‘¡Nadie me ha hablado como este
hombre!’” (L. Évely, Los caminos de mi fe, Santander 1992, 63; cf. 61-65).
también habría que leer entero el espléndido libro de M. Légaut, Meditación de
un cristiano del siglo XX, Santander 1989. Este tipo de “reflexión sapiencial”
abre a veces más y más profundos caminos que la reflexión teológica
abstracta.
87 Esto es algo en lo que con vigor y profundidad ha insistido W.
Pannenberg: lo que se confronta no son pretensiones subjetivas sino
objetividades históricas: cf. princ. Wissenschaftstheorie und Theologie,
Göttingen 1973, sobre todo la 3ª parte.
88 Esta es la tesis que he propuesto en La revelación de Dios en la
realización del hombre, Madrid 1987, c.VI-VII, 243-400; allí (p.336-343) discuto
las posturas de Sch. Ogden y D. Tracy, que de algún modo admiten que la
revelación última podría ser anunciada, “simbolizada”, por alguien que, sin
embargo, no la viviese.
5
CONFESAR A
JESUCRISTO HOY 6
verdaderamente significativo dentro de nuestro marco cultural.
6
CONFESAR A
JESUCRISTO HOY 7
recepción implica ya interpretación — comprender lo que entonces se
quería decir, para, en un segundo paso, decirlo hoy a nuestro modo90.
(De paso quiero enunciar un tema de suma importancia: el idealismo
alemán constituye en muchos aspectos la toma de conciencia plena de
que la cultura entraba en una etapa radicalmente nueva; también —en
esto no se equivocaba el fino olfato de Nietzsche— la cultura religiosa; y
en ella la cristología. Como momento auroral, no todo podía ser acertado,
y muchos aspectos han de ser criticados. Pero estoy convencido de que la
teología tiene ahí un fondo riquísimo, que durante mucho tiempo se
despreció totalmente y que hoy sigue minusvalorado, aunque, por suerte,
empiezan a notarse indicios de su explotación)91.
Empezando por los textos originales, el dato primordial de nuestra
confesión consiste en la afirmación de la unidad de Jesús con Dios desde
el reconocimiento de una diferencia irreductible. Nunca se insistirá lo
suficiente en esta tensión que con tan enérgica claridad aparece en
aquella afirmación del mismo Jesús: "¿Por qué me llamas bueno? Nadie es
bueno fuera de Dios" (Mc 10,18); Lc 18,19). Naturalmente la tensión se
acentúa justamente porque en Jesús, más que en ningún otro, se percibe
una identidad especial: la percepción de ésta y el deseo de expresarla y
anunciarla obligan a mantener con cuidado la diferencia. Algo que no
resulta sencillo.
Impresiona observar cómo ya el redactor del evangelio de Mateo se
siente en la obligación de rebajar y atenuar la fuerza de esa diferencia,
modificando el texto original: "¿Por qué me preguntas acerca del bueno?
Solamente Uno es el Bueno" (M 19,17)92. Hemos de mantenerla, sin
7
CONFESAR A
JESUCRISTO HOY 8
embargo. Y ser, además conscientes de que ella permanecía en el fondo
de las afirmaciones de la teología primitiva, mucho más de lo que, vistas
desde hoy, pueden aparentar las palabras. Porque en aquel ambiente
expresiones que nosotros tendemos a interpretar con un fuerte sentido de
identidad ontológica con Dios, indican sólo una unión especial, un modo
más íntimo y elevado de pertenecer a la esfera de lo divino. Recuérdense
las palabras de san Justino, citadas al comienzo de este trabajo,
comparando esta "identidad" con la que se daba entre las figuras de la
teología griega.
Existen además numerosas indicaciones de la misma mentalidad
tanto dentro de la cultura bíblica como fuera de ella: "Hijo de Dios era una
expresión ampliamente usada en el mundo antiguo", indica J.D.G. Dunn93.
Respecto de la cultura helenística el mismo autor, remitiendo a
numerosos estudios recientes, señala en apretada síntesis: héroes
legendarios de la mitología griega; reyes orientales, especialmente
egipcios, y en tiempos de Jesús "fue ampliamente usado refiriéndose a
Augusto"94; filósofos famosos como Platón y Pitágoras. En el judaísmo
veterotestamentario enumera: ángeles o seres celestiales, Israel o los
israelitas, el rey; en el intertestamentario añade: el cosmos y el Logos,
israelitas individuales, carismáticos, como Honi y Hanina ben Dosa; y en
Qumram, el Mesías95.
También se habla de "hombres divinos" y, aún más, se puede llamar
"dios" a personas particulares, como héroes, emperadores o reyes y
filósofos. Para nosotros tiene más importancia ver que " parece que en
una o dos ocasiones se llama ‘dioses’ al rey o a los jueces en Israel,
incluso dentro del mismo Antiguo Testamento (Sal 45,6; 82,6; cf. Éx 21,6;
22,8; Is, 9,6s)". Más sorprendente aún es ver que, a pesar del estricto
monoteísmo, en el siglo I después de Cristo se habla de personajes del
pasado "en términos que se aproximan a la divinidad", en concreto, de
Enoc y sobre todo de Moisés96.
obras buenas haré?’. Esto le permite cambiar la respuesta de Jesús. Para
Mateo fue demasiado difícil conservar la negativa de Jesús la admitir el título
de ‘bueno’ y más todavía su afirmación de la bondad exclusiva de Dios, hasta
el extremo de que parecía negarse a sí mismo toda bondad” (Comentario
Bíblico “San Jerónimo”, III, Madrid 1972, 43:134, p. 249-250).
93 Christology in the Making. A New Testamental Inquiry into the Origins
of the Doctrine of Incarnation, London 1980,14. Numerosas referencias, con
mayor preocupación apologética, pueden verse también en M. Hengel, Der
Sohn Gottes, cit., 35-89.
94 Ibid. Véanse algunas palabras de una inscripción en mármol, hallada
en templos asiáticos en honor de Augusto: “...el nacimiento de nuestro dios
[¡se refiere a Augusto!] ha señalado el comienzo de la buena noticia para el
mundo por su causa (...) por eso (...) los griegos en Asia decretaron el
comienzo del año nuevo para todas las ciudades el 23 de setiembre...” (cit por
J.D. Crossan, The Historical Jesus, cit., 31).
95Ibid., 14-16.
96 Ibid., 16-17. Cita de Filón en relación con Moisés: “El [Dios] lo señaló
como dios”; “no ya hombre sino Dios”.
Este tema es de extraordinaria importancia, no sólo por el conocido
paralelismo establecido por Mateo entre Jesús y Moisés, sino más aun por su
8
CONFESAR A
JESUCRISTO HOY 9
Las consecuencias tienen una importancia capital: “El lenguaje de
filiación divina y divinidad era de amplio y variado uso en el mundo
antiguo y les sería muy familiar a los contemporáneos de Jesús, de Pablo
y de Juan en un amplio rango de aplicaciones"97. Los términos "hijo de
Dios", "divino" y "dios" tenían un "campo similar de referencia", y, aunque
siglos de cristianismo nos han hecho más cautos a la hora de usar tales
términos, "tenemos que tratar de contar con el hecho de que los
contemporáneos de los primeros cristianos no estaban tan inhibidos. En el
siglo primero después de Cristo ‘hijo de Dios’ y ‘dios’ eran usados mucho
más ampliamente en referencia a individuos particulares de cuanto es
hoy el caso". De modo que "no deberíamos dar por supuesto que todos
los que oían a los primeros cristianos hablar de Jesús como "hijo de Dios"
iban a oír y entender la misma cosa"98.
Existe todavía otro capítulo que marca profundamente este contexto:
el de los diversos intermediarios divinos, que se usaban para salvar la
distancia entre la trascendencia divina y el mundo humano: Ángel,
Nombre y Rostro de Yavé, Gloria, Ley, Espíritu, Palabra, Sabiduría... Sin
entrar en esa compleja teología, puede resultar ilustrativo detenerse un
poco en la Sabiduría. Los textos que a ella se refieren nos son más
familiares y percibimos mejor su afinidad con muchos de los referidos a
Jesús, sobre todo en el Cuarto Evangelio (es decir, en la cristología que
más profundamente ha marcado la imaginería tradicional). Sería bueno
leer con detención una sinopsis detallada, pero para percibir la
significación para nuestra búsqueda pueden bastar algunas
indicaciones99:
No se le llama Logos (que es masculino), pero la Sabiduría sale de la
boca del Altísimo (Eclo 24,3); fue creada..."en el principio...antes que el
mundo fuese hecho" (Prov 8,22-23; cf. Jn 1,1; 17,5); viene de Dios pero
queda con (meta) Él (Eclo 1,1; en Jn 1,1 el Verbo estaba con (pros) Dios;
según Sab 7,22 ella es "unigénita" (monogenés), igual que Jesús en Jn
1,18; 3,16-l8; 1 Jn 4,9. La Sabiduría estaba presente en la creación (Sab
9,9; Prov 8,27-30), como artífice de todo" (Sab 7,22; cf. Jn 1,3), y pudo
decir: "Quien me encuentra, encuentra la vida" (Prov 8,35; cf. Bar 4,1
semejante a Jesús en Jn 1,4; 10,10). En Sab 9,10 Salomón pide que la
Sabiduría baje del cielo, y en Sab 9,17 pregunta "¿Quién conocerá tu
consejo si tú no le concedes la Sabiduría, enviando tu Espíritu desde lo
Alto?" (cf. Jn 3,13). En Eclo 24 8ss se dice que la Sabiduría plantó su
tienda en Jacob (Israel) (cf. Jn 1,14: "plantó su tienda entre nosotros"); y el
apócrifo 1 Enoc 42,2: "La sabiduría vino a construir su morada entre los
hombres y no encontró lugar", igual que Baruc 3,12 le dice a Israel:
"Despreciaste la fuente de la sabiduría" (cf. Jn 1,11: [el Logos] vino a los
suyos y los suyos no lo recibieron")...
La lista podría continuar en una nube de alusiones. Baste con citar la
uso en la cristología joánica: cf. R. E. Brown, An Introduction to New Testament
Christology, cit., 210-213. Cf. también E. Schillebeeckx , Jesús, cit., 409-417.
97 Ibid., 17.
98 Ibid. 17-18.
99 Me apoyo sobre todo en R.E Brown, cit., 205-210. Cf. igualmente E.
Schillebeeckx , O.c., 397-401.
9
CONFESAR A
JESUCRISTO HOY 0
conclusión de Brown:
"El lenguaje de la Sabiduría personificada aparece en los
Sinópticos en varias ocasiones: pero no hay nada que se
parezca al número masivo de ecos en Juan; y poca duda puede
caber de que este trasfondo suministró una gran parte del
vocabulario y de la imaginería para presentación joánica de
Jesús como un ser preexistente que vino a este mundo desde
un reino distinto, celestial, donde había estado con el Padre100.
Aún que todas estas alusiones resulten, por desgracia, demasiado
drásticas, cabe sacar la consecuencia fundamental: lo que ante todo y
sobre todo la teología primera, leída en su contexto, está intentando
expresar es la intimidad única de la unión de Jesús con Dios, y su rol
también único en hacer viva y activa la presencia salvadora de Dios entre
nosotros. El vocabulario del tiempo permitía —e incluso empujaba a—
expresarlo en conceptos e imágenes de un ser celestial procedente de la
esfera divina. Este lenguaje tenía una tendencia natural a objetivarse,
más fácil en aquellos que —a diferencia de los discípulos directos— tenían
ya una distancia vital, intelectual y de medio cultural respecto al Jesús
terreno, como fueron Pablo y "Juan" (sin duda, los dos grandes
promotores de la evolución cristológica).
En Pablo todo está todavía hirviendo y sin unificar: en él hay por un
lado, elementos de una cristología "baja" del tipo que más tarde —con un
vocabulario y unas preocupaciones distintas— se llamará "adopcionista"
(cf. Rm 1,1-6: hijo de David por nacimiento, hijo de Dios por la
resurrección) y, por otro, expresiones de una cristología "alta" (Cf. Fil 2,5-
11: estaba "en la forma de Dios" pero tomó "la forma de esclavo"). Un
buen conocedor, E.P. Sanders, concluye muy bien: "aunque estos pasajes
no constituyen un punto de vista harmónico, considerarlos nos permite
ver desde otro ángulo la convicción fundamental de Pablo: que en Cristo
Dios ha actuado para salvar la humanidad”101.
Juan resulta ya más contundente. "El autor de Jn 1,1-6 fue el primero
en dar aquel paso que ningún autor helenístico-judío había dado antes
que él, el primero en identificar la palabra de Dios como una persona
particular, y hasta donde llega nuestra evidencia el Cuarto Evangelista fue
el primer escritor cristiano en concebir claramente la pre-existencia
personal del Logos-Hijo y presentar esto como una parte fundamental de
su mensaje"102. El riesgo era enorme, teniendo en cuenta la fe monoteísta
de la que partía y que él mantenía ("el Padre es más que yo": Jn 14,28);
pero también lo fue la valentía, asumiendo el lenguaje y los conceptos de
su tiempo para expresar en ellos el misterio de Cristo103. A nosotros no
0
CONFESAR A
JESUCRISTO HOY 1
nos es fácil medir con toda precisión lo que en aquel contexto significaban
exactamente sus palabras. Pero, sí, creo que Dunn acierta en formular
con claridad su lección:
"Lo que fue más deliberado fue el osado empleo del lenguaje
disponible, para desafiar y convertir a los familiarizados con
los modos corrientes de hablar acerca de Dios, concentrándolo
de manera exclusiva en Jesucristo. Le concedemos el máximo
honor cuando seguimos su ejemplo y moldeamos el lenguaje y
las conceptualizaciones hoy en transición, convirtiéndolas en
un evangelio que transmita el significado divino, revelador y
salvador de Cristo para nuestro tiempo de manera tan efectiva
como él hizo para el suyo104.
Es justamente la lección que aquí estamos intentando aprender.
También ahora hace falta valentía, asumiendo los nuevos recursos, para,
como dijera J.L. Segundo, "crear nuevos evangelios", que hagan accesible
la buena nueva de Jesús el Cristo para nuestros contemporáneos 105. La
aventura es delicada, pero aparece más necesaria cuanto más se
comprende la trascendencia del cambio cultural. Sólo puede asustar
demasiado, cuando los nuevos enfoques se contemplan desde una
mentalidad anterior que se niega a evolucionar. Después de todo lo dicho,
cabe esperar con todo derecho que, situándonos con plena consecuencia
en el nuevo horizonte de comprensión, contamos con bastantes recursos
para afrontar el trabajo. Más aún, todo indica que el proceso está en
marcha y que los frutos pueden ser espléndidos.
En lo que sigue y de manera telegráfica, se intentará indicar algunos
de los caminos por donde hoy discurre o puede discurrir la nueva
cristología.
1
CONFESAR A
JESUCRISTO HOY 2
La perspectiva cambia de modo radical cuando se toma en serio la
idea de creación, sobre todo purificada por la dura crítica a la que la
somete la sospecha onto-teológica107. Porque entonces entre Dios y la
criatura aparece la máxima diferencia en la máxima continuidad. Dios ya
no está fuera y lejos, sino dentro y desde la raíz, sosteniendo a la creatura
mediante el acto continuo de su creación.
Inmediatamente se intuye la consecuencia: si Jesús "viene" de Dios,
no llega ya de fuera sino desde la fuente común que nos está
constituyendo y manteniendo a todos; y cuanto más grande sea la
intimidad desde donde "viene", más participa de esa misma fuente que
nos está haciendo ser, y por tanto más se intensifica también su
comunidad con nosotros. Así la diferencia no lo aleja, sino que, al
contrario, lo acerca y lo une más: es diferencia en la continuidad,
diferencia por "intensificación" sobre el fondo común108.
El carácter divino de Jesús no sólo no queda de ningún modo
disminuido, sino que se abre a una intensificación infinita. Pues lo que es
y el quien es Jesús, dado que echa sus raíces en la Divinidad, se hace tan
profundo como el mismo Dios. Es Dios mismo en su ser y en su libertad
eternos el que se manifiesta en Jesús, tanto en el sentido "económico" de
la manifestación histórica — pues Jesús es tal como Dios quiere y
determina que sea— , como en el sentido "inmanente" del mismo ser
divino—pues Jesús es así, porque desde la eternidad Dios se quiere y se
determina a sí mismo como Padre de Jesús—. El carácter único de éste
aparece así como idéntico con su mismo ser.
Desde esta perspectiva se abre también la posibilidad de
comprender de una manera distinta el significado de la "pre-existencia",
sin necesidad de recurrir a representaciones míticas y sin que se pierda
su eficacia salvadora. Aunque en este tema ya no vamos a entrar
ahora109.
Lo mismo sucede con la humanidad de Jesús. El principio ya
anunciado de la no concurrencia sino, al contrario, de la potenciación
positiva entre la presencia activa de Dios y el ser de la criatura, se
manifiesta aquí con toda claridad: cuanto más íntima y profundamente
está enraizado en Dios el ser de Jesús, más limpia, profunda y
decisivamente humano resulta. Por eso no es, ni en su vida real lo parece
jamás, un autómata o una simple máscara de la Divinidad, sino que crece
en una biografía y una historia, acogiendo la presencia del Padre con una
2
CONFESAR A
JESUCRISTO HOY 3
libertad que le es propia e intransferible; hasta el punto de que —aunque
la vive como gracia, regalo y don— sin esa acogida libre no sería "Hijo de
Dios"110. Es lo que en los evangelios aparece como la presencia la
presencia del Espíritu111.
Karl Rahner, como en tantas cosas, también percibió con fuerza la
renovación que se anunciaba por aquí. Insiste en que, so pena de caer en
concepciones míticas, es preciso concebir la creación y la encarnación
como dos momentos en la única actuación y comunicación de Dios al
mundo y a la historia, como dos fases en el único proceso salvador112.
De ese modo, la encarnación como intensificación máxima se
comprende en la doble valencia que la singulariza: a) "como el principio
necesario y permanente de la divinización del mundo en conjunto" 113 o, si
se quiere, como "un momento y condición internos del agraciamiento
general de la criatura espiritual"114; y al mismo tiempo, b) como algo
destinado a todos, de modo que "gracia en todos nosotros y unión
hipostática en el único Jesucristo no pueden sino pensarse juntas"115,
hasta el punto de que "los privilegios impartidos internamente a la
realidad humana de Jesús en virtud de la unión hipostática son privilegios
destinados también en una igualdad esencial a los demás sujetos
espirituales mediante la gracia"116.
3
CONFESAR A
JESUCRISTO HOY 4
trayéndola a nuestra actualidad.
En ese sentido, la renovación radical de dos nuevos conceptos que
marcaban sendos vectores fundamentales de la nueva experiencia
cultural, tuvieron y tienen un papel decisivo: el de historia y el de
persona. El idealismo, y muy en concreto Hegel, están en el fondo; y cabe
afirmar que todas las cristologías verdaderamente renovadas parten de
aquí. Se nota sobre todo en una comprensión enormemente más flexible
y dinámica tanto del misterio Dios como del dogma de Cristo.
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CONFESAR A
JESUCRISTO HOY 5
Hoy cabe aún profundizar más esta concepción acogiendo, como
hace de modo excelente J. Moingt, los aportes de las ciencias humanas y
de la filosofía de la intersubjetividad120. Subraya así mucho mejor el
carácter dinámico de la persona de Jesús, que se construye en el ejercicio
de la libertad a lo largo de su vida hasta la consumación "por el trabajo de
la muerte"121. De modo que su ser Cristo e Hijo de Dios se identifica en Él
con el trabajo de ser hombre o, mejor, como repite remitiéndose a
Pannenberg, "de ser este hombre". Así toda su biografía, toda su historia
humana — "construida en dirección a Dios, en relación a aquel a quien
llamaba su Padre, en proyección filial en dirección a él"122—constituye la
actualización y realización de su ser divino123.
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CONFESAR A
JESUCRISTO HOY 6
Desde la nueva acentuación de la historia de Jesús esto se hizo más
claro, y las nuevas cristologías logran evidenciarlo con vigor, desde
diversos ángulos125. Recogiendo la idea de Platón y Aristóteles de que
Dios "no es envidioso", ya Hegel insistió en que el manifestarse pertenece
a la constitución de Dios126. Y, bien mirado, eso no es más que otro modo
de expresar la intuición cristiana de que "Dios es agape", es decir, amor
que se da realmente en la creación. De modo que Dios no es sin la
manifestación de su amor, la cual constituye así su historia con nosotros,
afectándolo en la íntima constitución de su ser.
Hasta el punto de que podemos, y debemos, afirmar que hay un
devenir en Dios, aunque sea de un modo eminente, único, distinto del de
la criatura. Porque en ésta el devenir nace de la indigencia, para poder
ser lo que todavía no es o para dejar de ser lo que ahora es; mientras que
en Dios nace de su riqueza, "que saca de sí todo aquello en lo que
deviene y lo conserva en sí para siempre", que tiene en sí mismo la
fuente de posibilidades infinitas, de modo que "lo que le es posible ser no
supone en él una falta, su posibilidad no agota nunca su posible, su
existencia no tropieza en ningún punto con los límites del ser"127. Aparece
así con todo vigor, al lado de la idea tradicional de un homo capax Dei —
el hombre como capaz, en la apertura infinita de su espíritu, de acoger a
Dios— la idea de un Deus capax hominis, de un Dios capaz de entregarse
al hombre en la plenitud de la salvación y la encarnación128.
Ya se comprende que, por un lado, en su expresión tan viva, a estas
ideas se llegó gracias al impacto de la experiencia cristiana; y que, por
otro, en justa circularidad hermenéutica, son ellas las que nos hacen
comprender mejor el misterio de Jesús. En efecto, nos hacen comprender
aún con más fuerza que lo que vemos en el destino del Nazareno revela el
ser mismo de Dios. En otras palabras, el hecho de que Dios se revele en
la historia de Jesús de un modo único, está indicando su modo de ser, de
125 Son ya casi clásicas las exposiciones de E. Jüngel, Gottes Sein ist im
Werden, Tübingen 41996 y Dios como misterio del mundo, Salamanca 1984
(original 1987).Conviene subrayar también una obra poco conocida entre
nosotros, pero que, con aguda sensibilidad hermenéutica, logra elevar esta
conciencia a principio estructurador de su cristología: W.M. Thomson, Jesus
Lord and Saviour, cit.; tiene obras posteriores, pero las que he podido
consultar no me parecen alcanzar el vigor de esta.
P. Hünermann, O.c., 352, habla de un “cambio esencial” en este punto
respecto de las cristologías anteriores.
126 En realidad, esta idea tiene honda raigambre neoplatónica —
recuérdese el bonum difussivum sui— y está ya expresada con toda claridad
en el Meister Eckehart: cf., por ej. los Sermones 36 y 59 (Deutsche Predigten
und Traktate, ed. de J. Quint, Diogenes Taschenbuch 1979, 323-327 y 432-
439).
127 J. Moingt, O.c., 587-588; leer todo el parágrafo, p. 580-590: “Dios en
proyección en la historia”, que sintetiza y prolonga muy bien reflexiones que
están en el ambiente más vivo. Cf. igualmente las reflexiones de K. Rahner,
Curso fundamental, 253-251.
128 En realidad, más que “al lado”, hay que decir como fundamento. Cf.
sobre el tema A. Gesché, Dieu est-il “capax hominis”?: Revue Théologique de
Louvain 24 (1993) 3-37.
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CONFESAR A
JESUCRISTO HOY 7
quererse y realizarse en su eternidad (la cual no es un más allá en el
tiempo, sino la plenitud de lo que el tiempo sugiere como su aspiración
última y su plenitud imposible).
El ser-Padre de Jesús pertenece así al ser eterno de Dios e indica la
riqueza de la vida divina. El lo que luego intentamos traducir hablando de
"personas" en el misterio de la Trinidad. Ahí nuestro pensamiento, como
ya dijera san Agustín, "habla para no permanecer callado"129; pero al
menos comprendemos que lo que nuestro hablar signifique tiene una
base real en la historia concreta de Jesús y —si no queremos perdernos
en especulaciones vanas— debe ser siempre comprendido formando una
unidad indisoluble con ella130.
7
CONFESAR A
JESUCRISTO HOY 8
Una mentalidad jurídica, apoyada en la secuencia pecado-castigo-
perdón-salvación, sumada a las ideas tradicionales de sacrificio y
sustitución, crearon en esta cuestión fundamental una mentalidad
extrinsecista y a veces incluso cruel. Piénsese en las ideas heredadas de
san Anselmo —en él humanizadas por el concepto medieval del honor, no
sólo de Dios sino también del hombre—, endurecidas más tarde hasta
hablar de un castigo de "Jesús por el Padre", en "venganza justa", puesto
que estaba "cargado con los pecados del mundo"... ideas que el propio
impulso renovador de la Reforma no eliminó sino que reforzó y que llegan
a grandes teólogos actuales (Barth, Moltmann, von Balthasar).
Cabe, como es lógico, mantener las palabras y las categorías
antiguas intentando transformar su significado inmediato133. Pero tal vez
sea mejor un trasvase más radical del sentido, reconociéndolo en su
intención, pero expresándolo con categorías forjadas dentro del nuevo
paradigma y aprovechando todas sus posibilidades. El esquema
fundamental ya está dado: Cristo diferente en la continuidad con
nosotros. Lo que sucede en él sucede también para nosotros y en
nosotros mediante la libre apropiación por nuestra parte. Jesús revela
nuestro ser en cuanto habitado y promovido por el amor salvador de Dios,
por su Espíritu en nosotros, que nos hace capaces de superar el egoísmo,
de luchar contra el pecado en una lucha llena de fracasos, pero sostenida
por el perdón y la gracia, y animada ya por una esperanza segura134.
Naturalmente, la revelación ha de ser tomada aquí en toda su radical
densidad: no un mero "ejemplo" externo —ésta fue la reducción de los
ilustrados, aunque no tanto como nos parece desde hoy— , sino
realización efectiva. Constituye la "mayéutica" viva de nuestro ser
auténtico, puesto que saca a la luz, en la realidad histórica de una
tradición y de su culminación insuperable en el destino concreto de
Jesucristo, la posibilitación efectiva por parte de Dios de una existencia
salvada. Introduce a la humanidad en una nueva situación, que es
idénticamente un nuevo estado de conciencia135 y una nueva capacidad
real de acoger a Dios, que, presente desde siempre, estaba intentando
mostrársenos y dársenos en su plenitud de Padre.
Jesús en cada uno de los "misterios de su vida", muestra la figura de
8
CONFESAR A
JESUCRISTO HOY 9
esa nueva existencia y abre también para nosotros la posibilidad de vivir
como él. De ahí la importancia de cada una de las dimensiones de su vida
y el relieve que en ella alcanza la culminación de su entrega en la muerte
como totalización: gracias a Él sabemos como vivir y como morir en
cuanto salvados, y sabemos además que lo podemos igual que Él136.
La experiencia de la resurrección constituyó justamente la seguridad
última de que esto es así, frente y a pesar de todo fracaso histórico.
Además libera a la salvación de quedar relegada a mero recuerdo
abstracto de un acontecimiento pasado. Plenificado y universalizado en
Dios a través de la muerte, Cristo sigue presente de un modo nuevo,
activo en el Espíritu, Espíritu él mismo, Dios-para-nosotros137.
Esas dimensiones de la vida de Jesús no pueden ser interpretadas de
un modo intimista. Lo dicho al principio acerca de su radical
contextualización sociológica lo impide de raíz. En este sentido, la
insistencia de la teología de la liberación representa un elemento
constitutivo de toda cristología. Como también la representa, en íntima
solidaridad con ella, todo el esfuerzo para recuperar la dimensión
anamnética de la razón teológica: en un mundo de víctimas pocas cosas
resultan tan entrañables y humanísimamente urgentes como la de hacer
patente que, en el Jesús crucificado, Dios se reveló para siempre como el
que—com-padeciendo, apoyando y urgiendo la ayuda como su
mandamiento único— está al lado de los aplastados y masacrados por los
poderes idénticamente inhumanos y antidivinos de la historia.
Ya se comprende que estas indicaciones sumarísimas, que podrían
aludir también a otras dimensiones como la interreligiosa, la feminista y la
ecológica, quieren tan sólo indicar una dirección y un trabajo. Trabajo no
de un día ni de un individuo, sino de la comunidad entera de los creyentes
en la paciencia y en el trabajo de la historia. Todo parece indicar que
hemos entrado en una nueva etapa: asumirla con toda consecuencia, en
la fidelidad al pasado y en el coraje del futuro, es el desafío que nos
presenta, porque es igualmente la gracia que nos ofrece.