EP “AUGUSTO CARDICH” COMPRENSIÓN LECTORA – 3ER.
GRADO
COMPRENSIÓN LECTORA
XIX CICLO DEL PROGRAMA DE RECUPERACIÓN Y NIVELACIÓN ACADÉMICA
COMPETENCIA Campo temático Grado/ Sec. Fecha
Lee diversos textos en lengua materna. El loro pelado 4to. Grado 06 - 02 - 2023
I. MARCO TEÓRICO: (se desarrollará en el cuaderno).
II. ACTIVIDADES DE APRENDIZAJE
TEXTO III
Vivía suelto, y pasaba casi todo el día en
los naranjos y eucaliptos del jardín. Le
EL LORO PELADO gustaba también burlarse de las gallinas.
Horacio Quiroga A las cuatro o cinco de la tarde, que era la
hora en que tomaban el té en la casa, el
Había una vez una banda de loros que
loro entraba también en el comedor, y se
vivía en el monte. De mañana temprano
subía con el pico y las patas por el mantel,
iban a comer choclos a la chacra, y de
a comer pan mojado en leche. Tenía
tarde comían naranjas. Hacían gran
locura por el té con leche.
barullo con sus gritos, y tenían siempre un
loro de centinela en los árboles más altos, Tanto se daba Pedrito con los chicos, y
para ver si venía alguien. tantas cosas le decían las criaturas, que el
loro aprendió a hablar. Decía: “¡Buen día,
Los loros son tan dañinos como la
lorito!…” “¡Rica la papa!” “¡Papa para
langosta, porque abren los choclos para
Pedrito! ” Decía otras cosas más que no
picotearlos, los cuales, después, se
se pueden decir, porque los loros, como
pudren con la lluvia. Y como al mismo
los chicos, aprenden con gran facilidad
tiempo los loros son ricos para comer
malas palabras.
guisados, los peones los cazaban a tiros.
Cuando llovía, Pedrito se encrespaba y se
Un día un hombre bajó de un tiro a un loro
contaba a sí mismo una porción de cosas,
centinela, el que cayó herido y peleó un
muy bajito. Cuando el tiempo se
buen rato antes de dejarse agarrar. El
componía, volaba entonces gritando como
peón lo llevó a la casa, para los hijos del
un loco.
patrón, y los chicos lo curaron porque no
tenía más que un ala rota. El loro se curó Era, como se ve, un loro bien feliz, que
muy bien, y se amansó completamente. además de ser libre, como lo desean
Se llamaba Pedrito. Aprendió a dar la todos los pájaros, tenía también, como las
pata; le gustaba estar en el hombro de las personas ricas, su five o’clock tea.
personas y con el pico les hacía cosquillas
en la oreja.
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Ahora bien: en medio de esta felicidad, de la tarde, y tenía muchas ganas de
sucedió que una tarde de lluvia salió por tomar té con leche. El loro se había
fin el sol después de cinco días de olvidado de que los bichos del monte no
temporal, y Pedrito se puso a volar toman té con leche, y por esto lo convidó
gritando: al tigre.
—¡Qué lindo día, lorito!… ¡Rica papa!… —¡Rico té con leche! —le dijo—. ¡Buen
¡La pata, Pedrito!… día, Pedrito!…
—y volaba lejos, hasta que vio debajo de ¿Quieres tomar té con leche conmigo,
él, muy abajo, el río Paraná, que parecía amigo tigre?
una lejana y ancha cinta blanca. Y siguió,
Pero el tigre se puso furioso porque creyó
siguió, siguió volando, hasta que se
que el loro se reía de él, y además, como
asentó por fin en un árbol a descansar.
tenía a su vez hambre, se quiso comer al
Y he aquí que de pronto vio brillar en el pájaro hablador. Así que le contestó:
suelo, a través de las ramas, dos luces
—¡Bue-no! ¡Acerca-te un po-co que soy
verdes, como enormes bichos de luz.
sor-do!
—¿Qué será? —se dijo el loro—. ¡Rica
El tigre no era sordo; lo que quería era que
papa!… ¿Qué será eso?… ¡Buen día,
Pedrito se acercara mucho para agarrarlo
Pedrito!…
de un zarpazo. Pero el loro no pensaba
El loro hablaba siempre así, como todos sino en el gusto que tendrían en la casa
los loros, mezclando las palabras sin ton cuando él se presentara a tomar té con
ni son, y a veces costaba entenderlo. Y leche con aquel magnífico amigo. Y voló
como era muy curioso, fue bajando de hasta otra rama más cerca del suelo.
rama en rama, hasta acercarse. Entonces
—¡Rica papa, en casa! —repitió, gritando
vio que aquellas dos luces verdes eran los
cuanto podía.
ojos de un tigre que estaba agachado,
mirándolo fijamente. —¡Más cer-ca! ¡No oi-go! —respondió el
tigre con su voz ronca.
Pero Pedrito estaba tan contento con el
lindo día, que no tuvo ningún miedo. El loro se acercó un poco más y dijo:
—¡Buen día, tigre! —le dijo—. ¡La pata, —¡Rico té con leche!
Pedrito!
—¡Más cer-ca to-da-vía! —repitió el tigre.
Y el tigre, con esa voz terriblemente ronca
El pobre loro se acercó aun más, y en ese
que tiene, le respondió:
momento el tigre dio un terrible salto, tan
—¡Bu-en día! alto como una casa, y alcanzó con la
punta de las uñas a Pedrito. No alcanzó a
—¡Buen día, tigre! —repitió el loro—. ¡Rica
matarlo, pero le arrancó todas las plumas
papa!… ¡rica papa!… ¡rica papa!…
del lomo y la cola entera. No le quedó una
Y decía tantas veces “¡rica papa!” porque sola pluma en la cola.
ya eran las cuatro
—¡Tomá! —rugió el tigre—. Andá a tomar
té con leche…
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El loro, gritando de dolor y de miedo, se ligero, e iba a mirarse en el espejo de la
fue volando, pero no podía volar bien, cocinera, siempre muy triste porque las
porque le faltaba la cola que es como el plumas tardaban mucho en crecer.
timón de los pájaros. Volaba cayéndose
Hasta que por fin un día, o una tarde, la
en el aire de un lado para otro, y todos los
familia sentada a la mesa a la hora del té
pájaros que lo encontraban se alejaban
vio entrar a Pedrito muy tranquilo,
asustados de aquel bicho raro.
balanceándose como si nada hubiera
Por fin pudo llegar a la casa, y lo primero pasado. Todos se querían morir, morir de
que hizo fue mirarse en el espejo de la gusto cuando lo vieron bien vivo y con
cocinera. ¡Pobre Pedrito! Era el pájaro lindísimas plumas.
más raro y más feo que puede darse, todo
—¡Pedrito, lorito! —le decían—. ¡Qué te
pelado, todo rabón y temblando de frío.
pasó, Pedrito! ¡Qué plumas brillantes que
¿Cómo iba a presentarse en el comedor,
tiene el lorito!
con esa figura? Voló entonces hasta el
hueco que había en el tronco de un Pero no sabían que eran plumas nuevas,
eucalipto y que era como una cueva, y se y Pedrito, muy serio, no decía tampoco
escondió en el fondo, tiritando de frío y de una palabra. No hacía sino comer pan
vergüenza. mojado en té con leche. Pero lo que es
hablar, ni una sola palabra.
Pero entretanto, en el comedor todos
extrañaban su ausencia: Por eso, el dueño de casa se sorprendió
mucho cuando a la mañana siguiente el
—¿Dónde estará Pedrito? —decían. Y
loro fue volando a pararse en su hombro,
llamaban—: ¡Pedrito!
charlando como un loco. En dos minutos
¡Rica papa, Pedrito! ¡Té con leche, le contó lo que había pasado: un paseo al
Pedrito! Paraguay, su encuentro con el tigre, y lo
demás; y concluía cada cuento cantando:
Pero Pedrito no se movía de su cueva, ni
respondía nada, mudo y quieto. Lo —¡Ni una pluma en la cola de Pedrito! ¡Ni
buscaron por todas partes, pero el loro no una pluma! ¡Ni una pluma!
apareció. Todos creyeron entonces que
Y lo invitó a ir a cazar al tigre entre los dos.
Pedrito había muerto, y los chicos se
echaron a llorar. El dueño de casa, que precisamente iba
en ese momento a comprar una piel de
Todas las tardes, a la hora del té, se
tigre que le hacía falta para la estufa,
acordaban siempre del loro, y recordaban
quedó muy contento de poderla tener
también cuánto le gustaba comer pan
gratis. Y volviendo a entrar en la casa para
mojado en té con leche. ¡Pobre Pedrito!
tomar la escopeta, emprendió junto con
Nunca más lo verían porque había muerto.
Pedrito el viaje al Paraguay. Convinieron
Pero Pedrito no había muerto, sino que en que cuando Pedrito viera al tigre, lo
continuaba en su cueva sin dejarse ver por distraería charlando, para que el hombre
nadie, porque sentía mucha vergüenza de pudiera acercarse despacito con la
verse pelado como un ratón. De noche escopeta.
bajaba a comer y subía enseguida. De
madrugada descendía de nuevo, muy
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Y así pasó. El loro, sentado en una rama —¡Más cer-ca aún! —rugió el tigre,
del árbol, charlaba y charlaba, mirando al agachándose para saltar.
mismo tiempo a todos lados, para ver si
—¡Rico, té con leche!… ¡CUIDADO QUE
veía al tigre. Y por fin sintió un ruido de
VA A SALTAR!
ramas partidas, y vio de repente debajo
del árbol dos luces verdes fijas en él: eran Y el tigre saltó, en efecto. Dio un enorme
los ojos del tigre. salto, que el loro evitó lanzándose al
mismo tiempo como una flecha en el aire.
Entonces el loro se puso a gritar:
Pero también en ese mismo instante el
—¡Lindo día!… ¡Rica papa!… ¡Rico té con hombre, que tenía el cañón de la escopeta
leche!… ¿Querés té con leche?… recostado contra un tronco para hacer
bien la puntería, apretó el gatillo, y nueve
El tigre, enojadísimo al reconocer a aquel
balines del tamaño de un garbanzo cada
loro pelado que él creía haber muerto, y
uno entraron como un rayo en el corazón
que tenía otra vez lindísimas plumas, juró
del tigre, que lanzando un bramido que
que esa vez no se le escaparía, y de sus
hizo temblar el monte entero, cayó muerto.
ojos brotaron dos rayos de ira cuando
respondió con su voz ronca: Pero el loro, ¡qué gritos de alegría daba!
Estaba loco de contento, porque se había
—¡Acer-ca-te más! ¡Soy sor-do!
vengado —¡y bien vengado!-- del feísimo
El loro voló a otra rama más próxima, animal que le había sacado las plumas.
siempre charlando:
El hombre estaba también muy contento,
—¡Rico pan con leche!… ¡ESTÁ AL PIE porque matar a un tigre es cosa difícil, y,
DE ESTE ÁRBOL!… además, tenía la piel para la estufa del
comedor.
Al oír estas últimas palabras, el tigre lanzó
un rugido y se levantó de un salto. Cuando llegaron a la casa, todos supieron
por qué Pedrito había estado tanto tiempo
—¿Con quién estás hablando? —
oculto en el hueco del árbol, y todos lo
bramó—. ¿A quién le has dicho que estoy
felicitaron por la hazaña que había hecho.
al pie de este árbol?
Vivieron en adelante muy contentos. Pero
—¡A nadie, a nadie! —gritó el loro—.
el loro no se olvidaba de lo que le había
¡Buen día, Pedrito!…
hecho el tigre, y todas las tardes, cuando
¡La pata, lorito!… entraba en el comedor para tomar el té, se
acercaba siempre a la piel del tigre,
Y seguía charlando y saltando de rama en
tendida delante de la estufa, y lo invitaba
rama, y acercándose. Pero él había dicho:
a tomar té con leche.
está al pie de este árbol para avisarle al
hombre, que se iba arrimando bien —¡Rica papa!… —le decía—. ¿Quieres té
agachado y con la escopeta al hombro. con leche?… ¡La papa para el tigre!
Y llegó un momento en que el loro no pudo Y todos se morían de risa. Y Pedrito
acercarse más, porque si no, caía en la también.
boca del tigre, y entonces gritó:
—¡Rica papa!… ¡ATENCIÓN!
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