0% encontró este documento útil (0 votos)
963 vistas253 páginas

Unexpected Everything - Alexis Rae

Cargado por

Georgina Oyola
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
963 vistas253 páginas

Unexpected Everything - Alexis Rae

Cargado por

Georgina Oyola
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Este documento fue realizado sin fines de lucro, tampoco tiene la intención de

afectar al escritor. Ningún elemento parte del staff recibe a cambio alguna
retribución monetaria por su participación en cada una de nuestras obras. Todo
proyecto realizado tiene como fin complacer al lector de habla hispana y dar a
conocer al escritor en nuestra comunidad.
Si tienes la posibilidad de comprar libros en tu librería más cercana, hazlo como
muestra de tu apoyo.
Staff

ESTHERC

DOPAMINA

DOPAMINA
Contenido
Sinopsis Capítulo 12
Capítulo 1 Capítulo 13
Capítulo 2 Capítulo 14
Capítulo 3 Capítulo 15
Capítulo 4 Capítulo 16
Capítulo 5 Capítulo 17
Capítulo 6 Capítulo 18
Capítulo 7 Capítulo 19
Capítulo 8 Capítulo 20
Capítulo 9 Capítulo 21
Capítulo 10 Epílogo
Capítulo 11 Sobre la autora
Sinopsis

casi esperaba escuchar esas palabras del hombre con el que


había compartido los últimos cinco años. C a s i .
Pero esa voz no le pertenecía a él. Le pertenecía a un hombre que cambiaría el
curso de su vida para siempre.

observó a la solitaria mujer mirar su reloj una y otra vez, con el


corazón roto por una desconocida cuya cita n u n c a l l e g a r í a .
Dejando a un lado sus propias emociones, decidió sentarse frente a la mujer
que cambiaría todo lo que había conocido.

Mientras una red de


, Willow y Nathan intentan liberarse, empezar de nuevo. Juntos,
se embarcan en un

Y quizás, sólo quizás, lo inesperado se convierta en todo.


Para Lucy y Diesel,
Por siempre escucharme y siempre darme sus ojos de cachorro, y por su amor a
las golosinas.

Dedicado a mamá, a la abuela y a todas las mujeres que he amado y perdido,


Si alguna vez me convierto en la mitad de la mujer que fuiste, seré doblemente
bendecida.
1
Su mirada se desvió fuera de la ventana del restaurante hacia la lluvia que
caía suavemente contra el pavimento. El clima lúgubre se había convertido en
algo habitual en Atlanta últimamente, pero a ella no le importaba. Los faros de
los autos que pasaban por allí le llamaban la atención de vez en cuando, con sus
bocinas resonando en una noche por lo demás silenciosa.
Miró su vestido, esperando que fuera tan decente como creía que era para
él. Él le había dicho que se vistiera “bonito”, pero no se había explayado en su
exigencia. Así fue como acabó llamando a su mejor amiga para que le diera unos
muy necesarios consejos de moda.
La alta sociedad era la vida de Willow Lewis desde hacía cinco años, pero
seguía siendo la misma chica de pueblo de Connecticut. Seguía odiando las
expectativas anticuadas que la gente tenía de las mujeres y también de su papel
al lado de sus parejas. Seguía odiando las miradas apreciativas y a veces
francamente recelosas que recibía de los hombres de negocios cuando iba del
brazo de él. Aunque agradecía que la vieran, las sombras empezaban a ser
atractivas de nuevo.
El vestido se ceñía a su cuerpo, acentuando su figura de reloj de arena.
Mostraba la cantidad justa de escote y aún podía respirar con él. Pensó que era
un ganar-ganar. Su amiga la había peinado y maquillado, y no paraba de hablar
de que esta noche podría ser la noche que había estado esperando.
Una pequeña sonrisa se dibujó en los labios de Willow al imaginarlo
entrando por la puerta doble, entregando su paraguas a uno de los camareros y
sentándose frente a ella con su traje entallado y su corbata. Imaginó que hablaría
de los negocios de su padre y de otras noticias de su vida; luego esperaba que le
preguntara por su día.
Y ella le contaría todo, mientras él prestaba más atención a sus correos
electrónicos. Le hablaría de su jefe del infierno y de por qué seguía en el mismo
trabajo cuando ya no le apasionaba. Le contaba los pequeños chismes de la
oficina de los que estaba al tanto y se reía de la obscenidad de todo ello. Nunca
le gustaron los chismes; sobre todo era un foco de ellos.
—Señora, ¿puedo ofrecerle algo de tomar? —la camarera se había acercado
a ella, despertándola de su ensoñación. Suspiró y miró el reloj con incrustaciones
de diamantes que le había regalado la semana pasada.
Llevaba más de una hora de retraso.
Miró su celular, deseando que al menos llamara para darle una hora, pero
de alguna manera, sabía que él no haría eso.
—Estoy bien con agua, gracias.
Su apetito se había desvanecido durante la última hora mientras esperaba
con la respiración contenida a que él llegara. Nada de lo que había en el menú
le parecía apetecible, aparte del pan. Dobló la servilleta de tela sobre su regazo,
jugueteando con el borde de la misma mientras captaba las miradas de otros
clientes del restaurante.
Ya había visto esas miradas, las miradas de compasión y disculpa. Nunca
estaban lejos de los ojos de los desconocidos cuando se trataba de ella. No sería
la primera vez, ni la última, que él le hiciera esto.
Volvía a llegar tarde y estaba sola en un restaurante que estaba casi lleno.
La ansiedad la inundó al imaginar que alguien se acercaba y le decía que
tendría que dejar libre su mesa para otra pareja. También había tenido que hacer
eso antes, y las miradas habían sido aún peores entonces.
—Su agua, señora. ¿Quizás un aperitivo? —Lana, la camarera; le puso un
vaso de agua fresca delante de ella y dio un paso a un lado, ansiosa por tomar
su pedido.
—El pan turco con un poco de mantequilla de ajo, por favor. —Ya está,
había pedido algo. Ahora tal vez dejaría de recibir las miradas groseras.
—Una magnífica elección. —Le sonrió Lana antes de irse.
Tras otra mirada fugaz a su reloj y luego a su teléfono, empezó a resignarse
a que él no iba a aparecer.
—Ha llamado a Holden Peters. Por favor, deje su nombre y número, y me
pondré en contacto con usted tan pronto como pueda —le dijo su buzón de voz.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Hola, soy Willow. Sólo me preguntaba dónde estás, o cuánto tiempo más
vas a estar. Sólo... avísame, ¿está bien? —Colgó apresuradamente y dejó caer el
teléfono en su bolso. Si sonaba, lo oiría. No quería pasar más tiempo contando
los minutos sin que él estuviera allí.
Sabía que Ardonix (el imperio que pronto heredaría de su padre) era
importante para él, sobre todo porque su padre Montgomery le asignaba tareas
cada vez más difíciles. Sin embargo, no se había dado cuenta de que lo que la
gente decía era cierto, que Holden se casaría con el trabajo antes que con ella.
Se había reído de ello en su momento, pero los últimos meses no habían hecho
más que confirmar esa teoría.
Willow sabía que ya no era la primera prioridad en su vida. Y eso era lo
que más dolía. Cuando estás con alguien, estás con él. Lo amas más fuerte y
más de lo que has amado a cualquier otra cosa en tu vida. Ellos deberían ser
siempre tu prioridad número uno, la única opinión que debería importar.
Ella lo sabía, pero él no.
—¿Disculpa? —le dijo a Lana, que se giró y le sonrió—. Cancela mi pedido,
voy a ir...
—Oh, yo... de acuerdo, lo siento, señora.
—No, está bien... es mi error. —Se levantó para recoger sus cosas cuando
alguien se precipitó a su lado y besó su mejilla.
El calor la inundó antes de que tuviera la oportunidad de mirar al
desconocido, la electricidad del breve contacto de los labios con su mejilla aún
crepitaba en el aire.
—Siento mucho llegar tarde, ángel. El tráfico era una pesadilla y no te
creerías lo que querían que pagara por ese taxi —dijo el hombre en voz alta, como
si estuviera hablando a todo el restaurante y no sólo a ella.
No tenía ni idea de quién era ese hombre, sólo que tenía cabello castaño
oscuro y el par de ojos marrones como el whisky más impresionante que había
visto nunca.
Se tomó un momento para mirarlo, realmente mirarlo, antes de sonreír.
Estaba bien definido, su traje de Armani le quedaba como si se lo hubieran
cosido. Su mandíbula cincelada tenía la habitual sombra de las cinco, pero eso
le hacía parecer más misterioso. Sus dedos, finamente cuidados, rodeaban ahora
su mano.
Miró sus manos unidas con confusión antes de que un delicado rubor rosa
cruzara sus mejillas. Todavía no había dicho una palabra y el desconocido estaba
esperando.
—No pasa nada. Lo entiendo. —Su voz era un susurro, pero al menos
había dicho algo. Se inclinó, con sus labios a centímetros de su mejilla y habló.
—Me llamo Nathan Wolf. Sigue la corriente, ¿de acuerdo? —Se apartó de
nuevo cuando ella asintió. Se giró hacia Lana y sonrió—. ¿Te importa si tenemos
un momento?
—Por supuesto que no —respondió Lana antes de abandonar su mesa.
—Willow Lewis, pero todo el mundo me llama Wills.
—Willow —repitió él, saboreando cada sílaba en su lengua al salir de su
boca—. Un hermoso nombre para una mujer poco común y hermosa.
Su rubor era ahora escarlata, calentándola de adentro hacia afuera.
—Oh... —Miró sus llamativos ojos marrones por un momento antes de
tener que apartar la mirada—. Gracias.
—No escuchas muchos cumplidos sobre ti, ¿verdad? —preguntó. Ella
quería decirle que Holden la hacía cumplidos todo el tiempo, pero eso hubiera
sido una mentira.
De hecho, no podía recordar la última vez que lo había hecho.
—Para ser honesta, no, no lo hago. —Había crecido creyendo que era
estúpida y fea, no deseada por su madre y no querida por la gente que la rodeaba.
Cuando conoció a Holden y se enamoró de él, realmente pensó que alguien
le estaba gastando una broma cruel. Nunca esperó que él correspondiera a esos
sentimientos, pero lo hizo.
Durante un tiempo.
—Bueno, lo eres. Y una mujer tan hermosa como tú debería estar bañada
en ellos constantemente —continuó.
—Gracias. —Esta vez le ofreció una sonrisa genuina, y la hizo sentirse más
viva de lo que se había sentido en toda la semana.
Lana se detuvo entonces junto a su mesa, con una cálida sonrisa para el
hombre que tenía delante.
—Me alegro de que haya llegado, señor.
—Sí, lo siento mucho. Mi teléfono murió y luego hubo un feo accidente en
la I-85... una cosa tras otra… —explicó, con la mirada fija en la mujer sentada
frente a él—. ¿Nos puede servir una botella de Sancerre?
—Por supuesto, señor. Señora, ¿desea todavía su aperitivo? —le preguntó
Lana y ella asintió.
—Gracias, Lana.
—No hay problema. ¿Un aperitivo para usted, señor?
—Tengo la sensación de que tendré que ayudar a mi acompañante con el
suyo, pero gracias de todos modos. —La despidió con una sonrisa amable.
Finalmente, Nathan se quedó solo y miró a la mujer que tenía delante. Su
cabello caía en ondas sobre los hombros, enmarcando su delicado rostro en una
decadencia de chocolate. Sus labios estaban teñidos de rosa y su sombra de ojos
tenía la cantidad justa de ahumado para resaltar las manchas amarillas de sus
ojos color avellana. No había perdido el tono rosado de sus mejillas desde que él
se había sentado y ese pensamiento le hizo sonreír.
La había observado durante la última hora mientras entretenía a sus
padres en un reservado, mirándola desde el otro lado de la sala mientras
esperaba a una cita que probablemente nunca llegaría. Nunca había hecho algo
así, pero algo en ella le decía que tenía que hacerlo.
—Entonces, ¿qué es lo que haces, Willow? —Quería conocer a la mujer que
tenía delante, aprender todo lo que había que saber sobre ella.
—Trabajo para un conglomerado inmobiliario como su diseñadora de
interiores principal. Técnicamente, es mi negocio dentro de su negocio, si eso
tiene sentido —le dijo, con sus ojos color avellana fijos en los suyos.
—¿Tienes tu propio negocio? —preguntó, despertando su interés.
—Sólo somos mi mejor amiga y yo, pero nos va bastante bien. Illusion by
Design1, una filial de Thousand Keys Real Estate2 —recitó la frase que se había
visto obligada a repetir hasta la saciedad.
—He oído hablar de ella. —Sonrió Nathan—. Creo que he visto algunos de
sus trabajos de cerca.
—Probablemente sí. Estamos muy involucrados en una serie de proyectos
corporativos de prestigio —murmuró ella—. Me encantaría hacer casas, pero mi
jefe cree que es una pérdida de tiempo y recursos.
—No creo que lo sea —comentó él—. En las casas es donde se construye
el futuro.
—Me has quitado las palabras de la boca, Nathan. —La forma en que su
nombre salió de su lengua tuvo un efecto sorprendente en él. En lugar de sentir
el nerviosismo que esperaba ante su belleza y gracia, le llegó una oleada de
calma, como si sus palabras estuvieran calmando una tormenta en su corazón.
Apenas se habían dirigido la palabra durante cinco minutos, pero sintió
que había algo más de lo que cualquiera de los dos podía imaginar.
—Donde amamos está el hogar, un hogar que nuestros pies pueden dejar,
pero no nuestros corazones —reflexionó ella.
—Oliver Wendell Holmes... ¿Superior, creo?
—Conoces a tus poetas.
—Estoy lleno de sorpresas, Willow. —Sonrió él cuando Lana regresó a su
mesa con la botella de vino. La saludó con la cabeza antes de que Lana y ella
procedieran a desenroscar y servir dos copas del líquido para ellos—. Gracias.
—¿Estamos listos para ordenar?
—Tomaré el bistec, poco hecho, con salsa extra de champiñones, papas
asadas y verduras. ¿Willow?
—Mi apetito ha vuelto, así que creo que pediré el asado de paleta de cerdo,
por favor. Salsa de manzana extra y verduras asadas. —Le entregó su menú a
Lana antes de volver a prestar atención a Nathan.
—Puedes llamarme Wills, ¿sabes? —le dijo.
—Dijiste que todo el mundo te llama así. No quiero ser todo el mundo —
respondió—. ¿Cómo has dado con Holmes?

1 En español significa: Ilusión por Diseño.


2 En español significa: Inmobiliaria Mil Llaves.
—Habla con claridad, si es que hablas; esculpe cada palabra antes de
dejarla caer —citó ella.
—Una Lección Rimada. Impresionante. —Se enderezó y dio un sorbo a su
copa de vino, con una sonrisa apreciativa en los labios. Su inteligencia y su
ingenio le estimulaban, y eso que llevaba muy poco tiempo sentado frente a ella.
Se preguntó ociosamente qué más guardaba su brillante mente y cuánto podría
experimentar esta noche a solas.
—Cuando necesitaba escapar, sus poemas eran donde me sentía más
cómodo. Tenía ese... ingenio que no creo que mucha gente entienda. Hablaba
con un significado tan subestimado y creo que sólo estamos empezando a arañar
la superficie de todo ello —admitió, repentinamente tímida por lo mucho que sus
palabras revelaban sobre sí misma.
—¿Supongo que has leído la mayoría de sus obras?
—Tengo copias de ellas, sí. Mi pareja, piensa que los libros son cosas
triviales.
—Difícilmente. Son una de las pocas cosas que seguirán aquí, mucho
después de que nos hayamos ido. El mundo de Internet, de las computadoras y
de la inteligencia artificial menguará y se irá, pero uno nunca estará solo sin un
buen libro que le haga compañía. —La forma en que hablaba con tanta
reverencia a un tema que ella tenía tan cerca de su corazón hablaba de
multitudes para el hombre que era.
—Háblame de ti. Después de todo, acabas de sentarte a mi mesa —se rio.
El sonido de las campanas, de los pájaros cantando tranquilas canciones de
amor, flotó en sus oídos.
—Bueno, no hay mucho que saber. También tengo un negocio, aunque un
poco más grande que Illusion by Design. —Sonrió—. Tengo veintiséis años y
nunca había hecho este tipo de cosas.
—¿No te abalanzas y salvas damiselas en apuros en tus días libres? —
Bromeó, con un tono juguetón.
—No.... No estaba tratando de salvarte, Willow. Sólo quería que tu noche
terminara bien —le explicó.
—Está bien. Estoy agradecida de haber sido la damisela en esta ocasión.
—Bajó la mirada a su regazo antes de volver a mirar su plato—. ¿Tienes tu propio
negocio? No somos dos guisantes en una vaina...
—Técnicamente, lo he heredado. Mi abuelo me confió su legado tras su
fallecimiento. —Se tragó la bola de emoción que se estaba formando en su
garganta, esperando que Willow no lo notara.
—Estoy segura de que estaría increíblemente orgulloso de ti y de lo que
has hecho con su empresa. Te la dejó por una razón. Recuérdalo —le aseguró.
—Si hay algo que he aprendido desde que tomé el mando y aprendí el
funcionamiento de la empresa, es la importancia de priorizar el trabajo y el
hogar. Podría pasar quince horas al día en la oficina si quisiera, pero me voy a
casa para que mi personal pueda tener una noche libre y para poder pasar
tiempo con mi familia. Para ser sincero, eso es lo que me ha hecho rascarme la
cabeza desde que me senté. No entiendo cómo alguien puede dejar a una mujer
tan impresionante sentada sola como lo hizo.
Tomó un gran trago de su vino, casi gimiendo en éxtasis por su sabor antes
de aclarar su garganta.
—Eso pasa de vez en cuando. Supongo que aún no ha aprendido...
—No quiero sonar demasiado atrevido, Willow, pero nadie debería hacerte
esperar. —Sus dedos volvieron a rozar los de ella y la electricidad recorrió su
cuerpo al menor contacto.
—Eres demasiado amable.
—Sólo estoy constatando un hecho. —Encogió sus hombros—. También
es la primera vez para mí.
—¿Qué quieres decir?
—No me reconoces y no eres como todas las mujeres de esta ciudad. —
Sonrió.
—No estoy segura de si estás tratando de halagarme o no...
—Lo estoy haciendo. Para muchos en Atlanta, soy el “multimillonario
soltero, sexy y hogareño”. Objetivamente hablando, supongo que puedo entender
por qué me han tildado de esa manera, pero me parece totalmente ridículo. La
forma en que las mujeres se comportan a mi alrededor puede ser francamente
espantosa. —Hizo unos gestos con las manos que fueron realmente
hipnotizantes para Willow, pero ella no se lo dijo.
—Uno pensaría que salir con un millonario de fondos fiduciarios durante
cinco años me habría abierto los ojos al resto del mundo de la alta sociedad, pero
no ha sido así. Eres un hombre... Uno devastadoramente guapo, pero sigues
siendo sólo un hombre —respondió Willow mientras los ojos de Nathan se
iluminaban ante sus palabras.
—Eres la primera persona que conozco en los últimos nueve meses a la
que realmente creo cuando dices eso. Es agradable conocer a alguien real por
una vez. Alguien genuino.
Su mirada era hipnótica, sus ojos se arremolinaban con alguna emoción
sin nombre que ella no podía ubicar. Willow quería perderse en ellos y no se
arrepentía en absoluto de esa idea.
Maldito sea Holden, ésta era la clase de conversación que siempre había
deseado tener. No le importaban los negocios, la construcción y el trabajo; era la
belleza de la mente humana lo que realmente le interesaba.
—¿Seguro que te ha interesado? —suspiró después de recordar que él
estaba esperando su respuesta.
—He salido con un par de mujeres, pero las cosas inevitablemente
fracasaron —respondió—. Parece que el dinero es más importante para la
mayoría de la gente que una relación satisfactoria.
Willow disimuló su resoplido como una tos, ya que se relacionaba con él a
un nivel aún más profundo. Sabía exactamente lo que estaba diciendo; después
de todo, ella tenía una madre que siempre elegía el dinero antes que a su hija.
—Un día conocerás a la mujer adecuada, y mirarás atrás a las otras y te
reirás. —Sonrió Willow—. Te mereces una vida de felicidad, Nathan.
Lana regresó brevemente y colocó su aperitivo frente a ellos antes de
alejarse.
—Se ve delicioso —comentaron ambos al mismo tiempo.
—Una mujer detrás de mi corazón. El pan de aquí está para morirse y la
mantequilla de ajo... No encontrarás nada mejor en esta ciudad —dijo
suavemente, antes de empezar a cortar una rebanada para ella—. Ahora que te
he hablado de mí, creo que es justo que tú hagas lo mismo.
—Um... Bueno, soy originaria de Hartford, pero he viajado mucho. Los
Ángeles, Houston, Savannah, Houston de nuevo, Phoenix...
—¿Te gusta el calor? —preguntó. Ella resopló y negó con la cabeza.
—Casarse parecía ser una especie de pasatiempo para mi madre mientras
crecía. Se casó seis veces en diez años. Tuve que mudarme con ella cada vez. —
No le gustaba hablar de esa época de su vida, pero había algo diferente en
compartirla con él.
—Suena difícil, desplazar tu vida por los esfuerzos egoístas de tu madre...
—Aprendí muy pronto que sólo podía ver por mí misma. No tenía amigos.
De todos modos, nadie sabía realmente mi nombre. No me importaba. Como dije,
me perdí en mis libros, en mundos propios. —Sonrió.
—Suenas increíblemente madura para alguien que no aparenta más de
veintiún años —dijo.
—Tengo veinticuatro, pero gracias de nuevo por tu cumplido. —Mordió su
pan y se deleitó con el sabor. No se equivocaba; era el mejor que había probado
nunca.
—Entonces, ¿supongo que no hay padre?
La tristeza cruzó sus rasgos mientras otro recuerdo desagradable de su
madre revoloteaba por su mente. No había pensado en Vicky Lewis en meses, y
estaba disfrutando de la serenidad.
—No. Mi padre biológico murió antes de que yo naciera. Después de eso,
es sólo una larga lista de padrastros. Algunos estaban bien, otros no tanto. —
Reprimió un escalofrío.
—Lo siento si he tocado un punto sensible. —Odiaba la idea de que le
hicieran daño de la mano de alguien que debería haberla protegido, pero ya poco
podía hacer.
—No, está bien. Si no pudiera al menos hablar de mi pasado, nunca saldría
de mi apartamento. —Le dedicó una media sonrisa mientras terminaba el último
trozo de pan enviado por el cielo.
—¿Y tú?
—Mi historia no tiene muchas dificultades. Tuve suerte de crecer donde lo
hice. Mamá y papá se mudaban mucho, sobre todo con las colocaciones de papá.
Sin embargo, en cuanto nacieron mi hermano y mi hermana, se establecieron.
Mamá encontró un trabajo con un chasquido de dedos y papá... Bueno, fue dado
de baja con honores. Sigue formando parte del ejército como civil, pero ahora
tiene su base en casa, por lo que estamos muy agradecidos. —Su mirada se
suavizó con el amor por su familia y ella sintió una punzada de tristeza por no
haber experimentado ese amor con la suya.
—Yo nací trece meses después de los gemelos. Pobre mamá —se rio—. Pero
no creo que lo quisieran de otra manera. Creo que nunca he visto una familia
como la mía.
—Parece que tienes una buena red de apoyo a tu alrededor. Amigos,
familia y demás.
Le llenó la copa de vino antes de asentir.
—He aprendido a no dar por sentado a nadie que conozca. La gente tiene
una forma de... abrirte los ojos a cosas que nunca antes habías notado.
—Suena como el tipo de consejo que ofrecería un abuelo. —Sonrió.
—En efecto. Mi abuelo intervino cuando papá tuvo que marcharse. Creo
que me enganché a él más rápido que mis hermanos porque le tenía un gran
respeto. Llevaba esos trajes de tres piezas y tenía ese reloj de bolsillo. —Tocó el
bolsillo de su pecho, como si se asegurara de que seguía allí—. Siempre está
conmigo.
—¿Hace cuánto tiempo?
—Nueve meses. Nana murió hace sólo seis semanas. —Hizo poco por
detener la lágrima perdida que cayó a su mejilla. Sólo cuando sintió sus finos
dedos allí, se dio cuenta de que realmente estaba llorando.
—Los querías mucho. —No había compasión en sus ojos, nada que le
dijera que estaba siendo tonto o que no era lo que ella quería ver. Estaba de
duelo y esa pena seguía siendo un punto central en su mente.
—Lo hice. Todavía lo hago. Casado desde hace sesenta y ocho años. Si
alguna vez consigo un amor así, habré hecho algo bien. —Sus dedos acunaron
los de ella en su mejilla.
—Tú y yo, ambos. —Ella no sabía de dónde venía eso, pero había algo de
verdad en sus palabras. Poco a poco se iba haciendo a la idea de que Holden no
era ella para siempre y después de esta noche, se lo diría.
—¿Cuánto tiempo llevan juntos tú y tu actual pareja? —preguntó.
—Cinco años, pero algo ha cambiado. Se ha convertido en todo en el
negocio y menos en quien tiene en casa. —Miró el reloj que él le había dado y
reprimió otro suspiro—. Admito que, egoístamente, he estado esperando a que
sus ojos se abrieran sin que yo tuviera que decir nada, pero creo que ha llegado
el momento en que... en que por fin se lo diga.
Arqueó una ceja hacia ella, una parte de él quería que se explayara y otra
que le dijera a su tiempo.
—¿Te has encontrado alguna vez cegado por el éxito de otra persona? —
preguntó mientras levantaba su copa de vino a los labios—. ¿Tan completamente
cegado por tu amor hacia ellos que no ves lo que están haciendo hasta que está
hecho?
—No puedo decir que lo haya hecho. No lo he hecho... Nadie me ha
interesado realmente de esa manera desde hace mucho tiempo —admitió—. ¿Es
eso lo que sientes con él?
—Fue mi primer amor. —Encogió sus hombros—. Tenía el mundo en sus
manos y yo tuve la suerte de compartirlo. Cuando su padre lo incorporó a los
negocios, yo me quedé en la sombra. Sin embargo, creo que ese tiempo en las
sombras me ha mostrado algo, que tal vez mis sentimientos por él no eran tan...
íntimos como había pensado.
—Espero que mi improvisada aparición no te haya hecho sentir así —dijo
con reverencia y una pizca de orgullo. Era una mujer fuerte, decidida a no dejar
que el mundo le impidiera ser la persona que siempre había querido ser.
—En todo caso, me ha abierto los ojos —admitió—. Holden casi nunca se
interesaba por nada de lo que yo decía o hacía. A veces era como hablar con una
pared de ladrillos. No ha perdido el interés por los temas que significan algo para
mí. Realmente quiere saber sobre mí y lo que me hace funcionar, y si eso me
hace parecer egoísta, que así sea. Se siente extraño confesar todo esto a un
extraño, pero...
—Pero llevas mucho tiempo sintiéndote así, de lo contrario no haría falta
decirlo esta noche —terminó por ella.
—Creo que el vino puede estar ayudando con eso, hah. —Una burbuja de
risa salió de sus labios antes de que pudiera detenerse. Los ojos de Nathan se
abrieron de par en par al verla perder momentáneamente el control. El sonido
era todo lo que recordaba de antes y mucho más.
—Puede ser, pero es bueno abrirse a alguien, aunque sea un extraño al
azar.
Lana volvió a su mesa, con sus aperitivos en los brazos.
—Bistec para el caballero y el asado de paleta de cerdo para la dama. —
Les sonrió a ambos—. ¿Otra botella de Sancerre?
—Oh, no podría...
—Por supuesto. Yo invito, Willow —ronroneó.
La cena transcurrió en silencio. Ella robó de su plato en un momento de
la noche y él le devolvió el favor robando del suyo.
Hablaron brevemente de sus otros intereses, siendo el de él su amor por
la escritura y su deseo de escribir su propio libro, y el de ella su deseo de ser
madre adoptiva de animales en varios refugios de rescate de la ciudad. Ella
colaboraba regularmente con las sociedades humanitarias y a menudo se la
podía encontrar en los refugios durante los fines de semana, entreteniendo a
todas las caras mullidas que podía.
A medida que avanzaba la noche, se sentían más cómodos el uno con el
otro, y sus historias se volvían más privadas y detalladas. Willow sentía que
podría haberle contado cualquier cosa y él seguiría queriendo más información.
Él sentía que ella era la primera persona que lo veía realmente como el hombre
que siempre había querido ser.
Ninguno de los dos quería que la noche terminara.
Nathan introdujo su Amex en la carpeta negra que contenía su cuenta y
mientras guiñaba un ojo a Willow, se dio cuenta de lo mucho que deseaba más
noches como ésta.
—Willow, ¿te gustaría volver a hacer esto? ¿Sólo dos amigos cenando? Yo...
no quiero que esta noche termine —admitió con tristeza—. Eres un soplo de aire
fresco y me ha encantado hablar contigo y simplemente estar contigo.
Su rubor había regresado y se oscureció mil veces ante sus palabras. La
gama de emociones que le había causado esta noche, los sentimientos que había
encendido dentro de ella... Holden nunca había hecho eso.
—Me encantaría. —Sonrió, rompiendo finalmente en una sonrisa
deslumbrante que casi hizo que Nathan se cayera de espaldas en su silla. Sacó
su tarjeta de visita y se la entregó.
—Esto tiene mi número de celular. No dudes en llamarme cuando lo
necesites. Esta noche ha sido... extraordinaria. Más allá de lo que podría haber
soñado cuando me senté frente a ti.
—Debería darte las gracias, Nathan. —Se sonrojó—. Realmente has hecho
que mi noche sea mucho más... Bueno, sólo más.
Lana le devolvió a Nathan su tarjeta de crédito y se puso en pie,
dirigiéndose a la silla de Willow para sacarla. Le ofreció su mano, que tomó de
buen grado y la puso de pie con suavidad.
Sus cuerpos estaban tan juntos, tan cálidos el uno contra el otro, que
bastaría un ligero movimiento hacia adelante para que sus labios se tocaran.
Se contuvo, dudando de dar ese último paso, por muy equivocado que
fuera. Sabía que la relación de ella con su novio estaba en crisis, pero él no sería
ese hombre para ella. No los separaría, aunque lo deseara de verdad.
—Gracias, Nathan, por la noche más increíble —dijo, con sus ojos color
avellana brillando hacia los de él.
—De nada, Willow —respondió en voz baja.
Ella se apartó, pero no antes de ponerse de puntillas y presionar sus labios
en su mejilla.
—Hasta que nos volvamos a ver.
—El próximo martes, a la misma hora y en el mismo lugar —le dijo él. Los
ojos de ella se abrieron de par en par y las lágrimas se formaron poco después
al reconocer la promesa en sus palabras.
—Me parece muy bien. Te veo a las ocho. —Y supo que él nunca llegaría
tarde por ella.
2
Nathan: ¿De qué otra manera se puede saber que hay que parar si ni
siquiera han empezado?

Willow mantuvo la pantalla encendida mientras una sonrisa se dibujaba


en sus labios ante el mensaje diario de su nuevo amigo. Nathan había iniciado
su conversación después de que ella le diera las gracias por ser su caballero con
traje de Armani el martes por la noche.
Sólo habían pasado dos días desde que se conocieron, pero él había
cambiado su visión de la vida para mejor. Se despertó con una sonrisa en el
rostro y volvió a ver el color en un mundo que se había vuelto gris. Nathan había
traído a su vida una sensación de apertura que no sabía que necesitaba.
Holden no había respondido a su buzón de voz, ni se habían visto desde el
martes por la mañana. Willow sabía que necesitaban hablar. Sabía que
necesitaba decir por fin todo lo que había sentido durante los últimos meses.
Tenía mucho miedo, pero no estaba segura de qué.
Holden era más poderoso ahora que cuando empezó su relación. El dinero
que llenaba sus bolsillos era un buen incentivo para que los enemigos jugaran
limpio y para que los aliados se arrodillaran a sus pies. Lo había visto de primera
mano una o dos veces, y el miedo puro que la inundaba en esas ocasiones no se
podía olvidar fácilmente.
Se preguntaba qué le haría a ella, si correría la misma suerte que sus
enemigos. ¿Y si él convertía su vida en un infierno?
No, él no le haría eso. No podía, no después de todo lo que había hecho
por él, con él.
—Bien, Lo, es hora de levantarse y seguir con tu día. Tienes esa pequeña
cosa molesta llamada trabajo, ¿recuerdas? —se dijo a sí misma mientras echaba
el edredón de la cama hacia atrás.
Fue entonces cuando se dio cuenta de que Holden ni siquiera había venido
a la cama la noche anterior. Una parte de ella se sintió aliviada, y la otra se
sintió... desesperada.
Esto era realmente el final.

—Wills, ¿estás bien? Estás muy callada —le preguntó Celeste Lane, la
mejor amiga de Willow y copropietaria del negocio, cuando regresaron de comer.
Levantó la mirada y miró a su jefe, Jaxson Thomas, con cuidado de no decir
nada que pudiera enojarlo. Jaxson tenía mal genio y la paciencia tampoco estaba
en su arsenal de buenas cualidades, lo que hacía que trabajar para él fuera más
una tarea que un placer.
Illusion by Design estaba todavía en sus inicios, pero Willow estaba quizás
más apasionada por ello que por cualquier otra cosa en su vida hasta el
momento. Bajo la rama inmobiliaria, pudo desarrollar todo el potencial de su
negocio. La aprobación de Nathan de su trabajo el martes por la noche la había
hecho sonreír, más que el hecho de que él hubiera visto realmente algo de su
trabajo, lo que no podía decirse de Holden.
—Sí y no —admitió, encogiendo sus hombros—. ¿Se nota tanto?
—¿Te conozco desde hace cuántos años? Sé cuándo algo pasa y
definitivamente algo pasa.
Celeste era una de las pocas personas que realmente conocía a Willow. Con
los mechones de color rojo cayendo en cascada sobre sus hombros y unos
penetrantes ojos verdes que harían que incluso un hombre inocente se declarara
culpable, era una fuerza a tener en cuenta.
—¿Cómo estuvo tu cena con Holden el martes? —Era una pregunta
segura, o eso pensaba ella.
—No se presentó. —Las palabras fueron más fáciles de lo que Willow
esperaba—. Así que... sí...
—Oh, Dios mío. Lo siento mucho, nena. —Celeste miró a su amiga con
simpatía y lástima. Había sabido que Holden había puesto una tensión
considerable en su relación, pero Celeste no había esperado realmente que se
olvidara de alguien a quien decía amar.
—Está en el pasado. La noche no fue una pérdida completa. Alguien más
vino a la mesa...
—¿Oh? —El interés de Celeste se despertó ante el sonrojo de su amiga.
—Ustedes dos, vuelvan al trabajo. No les pago para chismear —les dijo
Jaxson al entrar en su despacho—. Willow, espero esos diseños en mi escritorio
al final del día.
—Sí, señor. —Asintió y volvió a su computadora. Su celular vibró sobre el
escritorio, con el nombre de Holden parpadeando en la pantalla.
*7pm. El Oasis. Hx

Willow miró las palabras en su pantalla con incredulidad. Era el primer


tipo de comunicación que había tenido con él en casi dos días que no había
pasado por su asistente.
Se planteó responderle, pero decidió no hacerlo. Ya la había hecho esperar
bastante el martes por la noche; ahora podía sentir algo de lo que le había hecho.
—¿Buenas noticias? —susurró Celeste hacia ella.
—Una invitación a cenar de Holden —respondió ella. Su celular volvió a
sonar y esta vez sonrió—. Y un mensaje de mi amigo.
—¿Amigo? —Celeste arqueó la ceja hacia ella—. ¿La persona que
aparentemente te salvó en la cena?
—El mismo. —Volvió a sonreír.

Nathan: ¿Sabes qué es increíble? El helado de chocolate.


Willow: ¿Ahora lo descubres? Vaya, vaya, algo sé que tú no sabes.

—Willow, deja el teléfono —gruñó Jaxson desde su puerta—. Y tráeme un


café. —La puerta se cerró de golpe mientras ella ponía los ojos en blanco. Su
celular volvió a zumbar.

Nathan: Lo sabía, pero nunca había tenido uno en el trabajo. ¿Qué tal tu
día?

Se excusó en la sala de descanso para prepararle un café a su jefe mientras


tecleaba su respuesta.

Willow: Holden me ha invitado a cenar esta noche. Creo que esta noche
será por fin la noche en la que se lo diré. Será la primera vez que lo vea desde el
martes por la mañana...
Terminó de preparar el café de Jaxson y su taza de té y se dirigía a su
despacho cuando sintió que su celular volvió a zumbar.

Nathan: Estoy aquí para ti si me necesitas.

Siete palabras y se encontraba tratando de calmar su corazón acelerado.


Una parte de ella sabía que Nathan siempre estaría ahí. Su primera
pregunta era siempre la de cómo estaba y cómo era su día. Esta misma mañana
había visto un hermoso ramo de nomeolvides y rosas blancas adornar su
escritorio. Había mantenido una sonrisa en su rostro durante todo el día, e
incluso ahora, mientras se sentaba junto al jarrón, recordaba la promesa que le
había hecho.

Willow: Te lo haré saber. Gracias, Nathan.

El resto del día de Willow transcurrió de forma borrosa. Jaxson estaba más
irritado que de costumbre, incluso cuando ella dejó sobre su mesa las primeras
ediciones de tres diseños de prestigio. Sintió constantemente sus ojos azules y
brillantes en su espalda durante el resto del día, y por mucho que intentara no
sentirse intimidada por su mirada, se alegró de tener a Celeste allí para salir al
final del día.
Antes de Nathan, nunca se había dado cuenta de la atención que la gente
le prestaba. Mientras estaba con Holden, hablaba de sus aspiraciones, de sus
objetivos, y nunca de los suyos. Las tres horas que había pasado hablando con
su desconocido al azar el martes por la noche le habían abierto los ojos a más
cosas de las que esperaba.
—¿Qué te vas a poner? —preguntó Celeste mientras llamaba a un taxi
desde la acera.
—Dicen que El Oasis es de muy alta gama, así que tal vez estaba pensando
en algo azul real —respondió Willow—. Pero no quiero que piense que me estoy
esforzando demasiado.
El Oasis, construido a principios del siglo XIX, era uno de los edificios más
antiguos y mejor conservados de Atlanta. En su día, había albergado a uno de
los presidentes de Estados Unidos y su séquito. En su día acogió a los Beatles y
muchos otros rostros famosos pasaron por sus salones. Sólo una parte se había
convertido en restaurante; el resto seguía conservando su historia. Un gran salón
de baile y múltiples suites privadas ocupaban las plantas superiores, a la espera
del evento perfecto.
—Mujer, ¿te has visto? Es un maldito tonto por hacerte esperar... y si fuera
mío, estaría cazando su trasero y dándole una paliza. No te mereces tener que
esperar a alguien —resopló Celeste en respuesta.
—Eso también es lo que él dijo. —La mente de Willow conjuró una imagen
perfecta del rostro de Nathan frente a ella, recitando esas palabras exactas.
—¿Tu caballero de brillante armadura? —Celeste le dio un codazo
juguetón.
—Sí. Me ayudó a ver las cosas con más claridad —admitió—. Esta noche
ya no va a ser sobre Holden y yo como pareja. Espero que se dé cuenta de eso.
Espero que entienda que nos hemos distanciado durante mucho tiempo... y que
es hora de seguir adelante.
—Y luego iré a tu casa y nos emborracharemos —sugirió Celeste.
—En realidad, he alquilado un pequeño apartamento en Piedmont Road.
Era algo que había conseguido enseguida el miércoles por la mañana
durante su descanso. El apartamento era precioso: un lugar de dos dormitorios
con una amplia cocina, un baño y una sala de estar. Era el lugar perfecto para
encontrar su independencia, para encontrarse a sí misma.
—¡¿En serio?! Entonces, ¡fiesta de inauguración!
—Voy a ir a comprar muebles este fin de semana, si te apetece
acompañarme —se rió Willow—. Quiero decir, ni siquiera tengo una cama...
—¿Dónde te vas a quedar esta noche? —preguntó Celeste mientras
entraban en el taxi.
—En el Sheraton. He hecho la maleta esta mañana... Ya debería estar allí.
—Entonces, ¿realmente estás terminando las cosas?
—Creo que se ha terminado desde hace tiempo... Ninguno de los dos ha
abierto realmente los ojos a la posibilidad.
—Espero que encuentres la verdadera felicidad algún día, Wills. Has
pasado por demasiado para no tener algo bueno en tu vida. —Willow sabía que
Celeste decía la verdad, y sabía que se había estado mintiendo a sí misma
durante meses sobre la certeza de la felicidad con Holden. Ella había esperado
que su verdadera felicidad comenzara
Tan pronto como esta cena terminara.
—Yo también lo espero, Cel. Realmente lo espero. Ahora, ¿podemos dejar
de hablar de mí ahora mismo? No me he enterado de cómo ha resultado tu última
experiencia de cita a ciegas. —Celeste se rio de su mejor amiga, antes de lanzarse
con gusto a su relato.

Nathan Wolf dirigía su cena de negocios con más gracia y aplomo que la
mayoría de los empresarios de alto nivel. Había aprendido de los mejores y
pretendía seguir haciendo que su abuelo se sintiera orgulloso con todo lo que
hacía.
SolarCore era una empresa tecnológica muy codiciada, construida desde
cero durante la recesión por el Señor Geoff McAllister. Desgraciadamente, Geoff
había caído en tiempos difíciles personalmente y ahora no podía seguir
dirigiendo su negocio millonario. La salud de su esposa y de su hija, que se
encontraba en una situación delicada, se había antepuesto al trabajo de su vida,
lo que le llevó a tomar una decisión que Nathan apreció mucho.
—Te prometo, Geoff, que tu negocio está en buenas manos con Industrias
Wolf —le aseguró Nathan.
—No lo dudo. He visto los esfuerzos que estás haciendo en Haití e incluso
en Camboya. Es admirable que estés dispuesto a llegar hasta el final cuando
nuestro propio gobierno no lo hace.
—Si no lo hago yo, ¿quién lo hará? La ayuda médica y financiera... No
existe allí. Les hemos dejado morir de hambre y nadie debería sentir ese horror
—respondió con sinceridad.
Su abuelo le había llevado a ver las consecuencias del terremoto de Haití
cuando ya había pasado lo peor. La devastación y el desplazamiento que había
presenciado en el país habían dejado una impresión duradera en su psique de
dieciocho años.
—Deberías pensar en presentarte a senador o algo así. Incluso podría verte
en la Casa Blanca —se rio Geoff.
—No, gracias. Por mucho que a algunos les guste la idea de ser presidente,
tiene que ser el trabajo más difícil del mundo. Ya tengo suficiente
responsabilidad con Industrias Wolf y con asegurarme de que hacemos todo lo
posible para mejorar el mundo moderno. No quiero tener que elegir quién vive y
quién muere... —Su voz se interrumpió al final, sin querer entrar en un debate
político con alguien que apenas conocía.
—Lo entiendo. Créeme, lo entiendo. Parte de la razón por la que te cedí mi
empresa es que puedo ver que eres un hombre del pueblo, no los signos de dólar
que vas a heredar por ello. Las pequeñas empresas como la mía son masticadas
y escupidas en el gran mundo, y los grandes directores generales ejercen su
poder y su dinero, burlándose de nosotros con algo que nunca imaginaríamos
tener. Se me acercaron otras tres empresas como la tuya, pero ninguna de ellas
tenía a mi gente en tan alta estima como tú. Confío en ti, Nathan y eso es mucho
decir.
Nathan se sentó de nuevo en su silla, encantado de escuchar las palabras
de elogio, pero angustiado al saber que WI era la única empresa local que se
preocupaba por la gente. Y en realidad, ellos eran su principal prioridad. Sin las
personas, una empresa no tiene nada. La gente hacía el negocio; él lo sabía. Era
algo que su abuelo le había inculcado desde que se planteó la idea de empezar
algo nuevo.
—Dime, Nathan y me disculpo si parezco entrometido, pero ¿hay alguien
en tu vida? —La pregunta tomó a Nathan desprevenido y se detuvo en el acto de
remover su bebida.
—Sinceramente, Geoff, en este momento no. Tengo a mi familia, a la que
quiero con todo mi ser. En ellos pienso cuando hago tratos como éste —admitió,
sorprendido por la facilidad con la que las palabras salían de su boca.
Su mente se desvió, como tantas veces en los últimos dos días, hacia
Willow. Sabía que ella iba a cenar con Holden esta noche, una cena que podría
cambiar su vida. Esperaba que Holden no la abandonara de nuevo, que le
permitiera hablar de sí misma por una vez en su relación.
Willow era realmente una mujer única, pero sus alas habían sido cortadas
por un hombre que no la apreciaba por todo lo que era.
En su corazón y en su mente, Nathan veía una hermosa amistad entre
ambos. Si había algo más, llegaría con el tiempo. No la empujaría a nada,
especialmente tan pronto después de haber dejado a alguien a quien había
amado durante más de cinco años.
—Me gustaría que conocieras a mi mujer y a mis hijos, Nathan —continuó
Geoff, sacando a Nathan de sus propias reflexiones—. Quizá otra reunión cuando
todo se haya arreglado. Todavía me gustaría saber cómo le va a mi empresa bajo
tu control.
—Te prometo, Geoff, que no te quedarás a oscuras. Fue una de las muchas
cosas que me inculcó mi abuelo —le prometió Nathan—. Debería dejarte ir a casa
con tu familia. No hay más asuntos que discutir aquí.
—Si estás seguro. —El anciano se levantó de su asiento y le tendió la mano
a Nathan para que la estrechara—. Gracias por encargarte de uno de los viajes
más gratificantes de mi vida.
—Gracias por confiármelo, Geoff. —Sonrió mientras también se ponía de
pie—. Envía cariños a tu familia.
—Por supuesto. Buenas noches, Nathan.

Nathan miró su reloj mientras Margot traía el auto, el aire fresco del otoño
lo envolvía mientras estaba en la acera. Eran poco más de las siete, lo que
significaba que la cena de Willow con Holden acababa de empezar. Suspiró en la
noche, rezando por un final pacífico de su relación y por su felicidad en el futuro.
Sacó su teléfono y le envió un breve mensaje, con la esperanza de darle el
valor necesario para hacer lo que tenía que hacer.
Nathan: Tú vales mucho más de lo que él sabe. Creo sinceramente que no
sabrá lo que ha perdido hasta que ya no lo tenga. Buena suerte esta noche, Willow.
Estoy aquí para ti.

—Señor... —Margot señaló unos diez metros a su lado mientras se


acercaba. La cabeza de Nathan se movió en la misma dirección, encontrándose
cara a cara con la mujer que había ocupado sus pensamientos desde el momento
en que se había despedido el martes.
Willow estaba impresionante, vestida con un regio vestido azul que
acentuaba todo en ella. Llevaba el cabello trenzado sobre un hombro mientras
miraba a lo lejos. Su mirada siguió la de ella hacia las sombras del otro lado del
restaurante, divisando la misma escena que ella estaba presenciando.
Allí, ocultos por la oscuridad de un viejo roble, había dos hombres
envueltos en un abrazo y no el tipo de abrazo que era bien recibido en Georgia.
Un beso.
—¡Willow! —gritó Nathan mientras se acercaba a ella. Su voz también
llamó la atención de los dos hombres del otro lado del camino. Vio cómo uno se
alejaba de un salto del otro antes de pasarse una mano por el cabello.
Willow se había girado brevemente para mirar a Nathan, sin apenas notar
su sorpresa por su inesperada aparición. Su atención se concentraba
únicamente en el hombre que ahora estaba repentinamente frente a ella.
—¡Cariño! Llegas pronto —exclamó Holden antes de agarrarla del brazo.
—Holden —respondió Willow, con una mirada estoica.
—Llegas temprano —repitió Holden, sus ojos verdes encontraron ahora los
de Nathan mientras se colocaba detrás de Willow—. ¿Tú quién eres?
—Mi amigo, Holden. ¿Quién es el tuyo? —Miró detrás de él, de vuelta a las
sombras.
—Nadie, Willow —respondió demasiado rápido—. Estabas viendo cosas.
—No creo que lo estuviera, Holden —lo reprendió Willow, apartando su
brazo de él—. Estabas con un hombre. Y tampoco del tipo socio de negocios.
—Willow —advirtió Holden, levantando un dedo hacia ella—. Ya está bien
de quejarse. Era un viejo amigo del colegio. Hacía años que no lo veía.
—Lo estabas besando, Holden. Eso es un gran saludo para un amigo que
no ves hace tiempo.
—No sabes lo que has visto, cariño. Está oscuro —le dijo Holden antes de
mirar a Nathan—. ¿Puedo ayudarte? Estamos tratando de tener una
conversación.
—Tengo que estar de acuerdo con la señora, señor. Estabas besando a ese
hombre —dijo Nathan, viendo la forma en que Holden interactuaba con Willow.
Holden era, desde cualquier punto de vista, un hombre increíblemente
guapo. Sus rasgos cincelados, sus pómulos definidos y la ligera barba que le
cruzaba la barbilla aumentaban su atractivo. Vestido elegantemente con traje y
corbata, con el cabello oscuro alborotado por la escena que Willow acababa de
presenciar, era el hombre del que se había enamorado lentamente. Sólo que
ahora, ni siquiera estaba segura de llamarlo amor.
—No llego temprano, Holden. En todo caso, llego tarde. ¿Ibas a dejarme
plantada otra vez? —exigió Willow, con una voz más fuerte de lo que había sido
nunca al dirigirse a él. Sin embargo, Nathan reconoció el matiz gélido de su voz
y reprimió el impulso de sonreír.
—¿Qué quieres decir?
—¿Es ahí donde estabas el martes por la noche? —dijo Willow a
continuación.
—Wil...
—Responde a la pregunta, Holden —espetó ella antes de dar un paso atrás,
rozando su hombro con el brazo de Nathan. Su brazo de rodeó su cintura,
manteniéndola erguida.
Una pequeña mirada fue compartida entre ambos, cada uno asegurando
al otro que estaban bien. Los ojos de Nathan suplicaban a los suyos que
procediera con cautela. Él había presenciado lo mismo que ella, pero no tenía ni
idea de lo que pasaba por su mente en ese momento.
—Sí —respondió Holden mientras daba otro paso adelante.
—¿Eres gay? —susurró Willow, muy consciente de la gente que pasaba al
alcance de su oído.
—¿Qué? ¿Cómo puedes preguntar eso? —gruñó Holden, lo suficientemente
enojado como para que la vena de su frente saltara hacia delante.
—Oh, lo siento. Cuando una encuentra a su pareja besando a otra
persona, aunque sea un hombre, ¡empieza a preguntarse si hay algo más en él!
—replicó Willow, con una voz más fuerte de lo que Nathan había oído nunca—.
Por el amor de Dios, Holden.
—No soy gay.
—Pero eres algo. Bisexual —sugirió Willow con sencillez.
La mano de Nathan se había movido para agarrar la suya, atrayendo la
atención de Holden inmediatamente.
—¿Quieres quitarle las manos de encima a mi chica? —le siseó a Nathan.
—En realidad no —respondió Nathan encogiendo sus hombros—. Después
de todo, es para tu protección.
—¿De verdad? ¿Qué va a hacer ella? —Se burló Holden—. Vamos adentro,
cariño. Tenemos la cena esperando.
—No —dijo Willow.
—¿No? —Holden parpadeó tres veces antes de dar un paso al frente y
ponerse frente a ella una vez más. Nathan trató de apartar a Willow, pero ella se
mantuvo firme.
—Eso es lo que he dicho, ¿no? —Nunca se había enfrentado a él de esta
manera, y la adrenalina que ahora inundaba su sistema la hacía desear morderle
la oreja.
Le había mentido, traicionado y engañado. No quería saber cuánto tiempo
llevaba haciéndolo; sólo quería saber cómo no lo había visto.
—¿Estás enojada porque estas en tu ciclo? —Holden puso los ojos en
blanco.
—No. Estoy furiosa porque acabo de llegar a una cena para encontrar a mi
novio de cinco jodidos años con sus malditos labios en otro hombre.
—¡Willow! —le gritó Holden—. Ya está bien. Estás actuando como una niña
petulante.
—Si fuera una niña petulante, no habría venido a cenar. Si alguien es el
niño, Holden, eres tú.
—¿Qué demonios se te ha metido? —Holden se pellizcó el puente de la
nariz entre dos dedos y suspiró—: Tú no eres mi Willow.
—No, no lo soy —contestó ella mientras sacaba su reloj de su embrague y
se lo entregaba—. Hemos terminado.
—Willow...
—Me estás mintiendo, Holden. Llevas mucho tiempo mintiendo, incluso a
ti mismo, aparentemente. Te lo ocultas a ti mismo porque te preocupa cómo te
verá el público aquí en el Sur. Bien. Lo entiendo. Pero podrías habérmelo dicho.
Lo habría aceptado y seguido adelante. No me habría sentado durante años a
esperarte. Merecía saberlo, Holden. —La voz de Willow se moduló al hablar.
Había empezado fuerte y llena de emoción y luego se había atenuado al final
para revelar su lado comprensivo.
Ella no entendía nada de eso. Sabía que la opinión del Sur sobre las
personas con una orientación sexual diferente dejaba mucho que desear, pero
no entendía por qué se lo había ocultado.
Él sabe que Celeste es bisexual, pensó. ¿Sabía mi postura al respecto, pero
nunca me lo dijo?
—Willow. —La paciencia de Holden se estaba agotando; eso era evidente—
. No puedes dejarme.
—No estoy casada ni comprometida contigo, Holden. No tenemos bienes
juntos, ni lazos legales que puedan validar tu demanda. Soy libre de irme. No
soy una esclava —respondió Willow—. Soy mi propia persona y estoy cansada
de esperarte.
Sus palabras hicieron que el corazón de Nathan se rompiera por ella. El
martes por la noche, la había visto salir de su caparazón, mostrándole quién era
realmente, y esto sólo consolidaba esa visión en su mente. Willow era fuerte, y
era más que capaz de ser quien necesitaba ser.
Holden la agarró del brazo y lo apretó. Con fuerza.
—Suéltame —le ordenó Willow antes de zafarse de su agarre. Se acercó a
tocarla de nuevo y retrocedió—. No me toques, Holden.
—Puedo tocarte si quiero. Eres mía —le dijo Holden, con una voz llena de
malicia.
—Ya no —respondió, con la voz ligeramente más alta que un susurro.
—Esto es sólo un inconveniente. Entra, vamos a cenar. Luego podemos ir
a casa, y puedo mostrarte todas las formas que...
—Si estás a punto de decir amor, no lo hagas. Ni siquiera pudiste decirme
cuál es mi color favorito —suspiró—. Iba a sentarme contigo esta noche para
tener una conversación adecuada y sincera y hacer que me escucharas por una
vez. Había imaginado todo el asunto en mi cabeza, tenía respuestas para
cualquier cosa que hubieras dicho...
—Willow...
—Así que ahora vas a escuchar. Yo estoy hablando y es tu turno de
escuchar. —Cruzó los brazos sobre su pecho mientras Nathan daba un paso
atrás. Ella no lo necesitaba tan cerca ahora, no cuando estaba concentrada tan
completamente en Holden.
»Esta noche he venido a decirte que hemos terminado. Durante cinco años
he estado a tu lado en el cielo y en el infierno, planchado tus camisas, preparado
tus cenas, calentado tu cama. Cinco años de ser plantada, abandonada y tratada
como un ama de llaves en lugar de la mujer con la que querías pasar toda la
vida. Esperaba estar ya comprometida, incluso casada. Tú lo sabías. Me
prometiste un día. Fui lo suficientemente ingenua como para creerlo.
»El martes pasado, mientras tú andabas por ahí con tu socio, yo te esperé
en un restaurante. Durante más de una hora, un sinfín de pensamientos
cruzaron mi mente. Tal vez tu reunión se había retrasado de nuevo, el tráfico era
terrible otra vez, de nuevo no podías encontrar un lugar para estacionarte. Y, sin
embargo, ¿no pudiste encontrar diez segundos para avisarme de que no ibas a
llegar?
—Si estás enojada porque llegué tarde...
—Estoy mucho más que enojada, Holden. No llegaste tarde, nunca
apareciste —respondió Willow—. Me quedé allí, conocí a una persona maravillosa
que me hizo ver el mundo de una forma un poco diferente y me hizo ver que
estaba haciendo el ridículo.
—Willow, yo... —dijo Nathan.
—No me lo dijiste, pero me lo hiciste ver —respondió antes de girarse hacia
Holden—. Finalmente vi lo que necesitaba ver para decir basta. Así que esta soy
yo, diciendo basta. No puedo estar contigo más de lo que tú puedes estar
conmigo. Fuiste más cariñoso con él en los cinco segundos que acabo de
presenciar de lo que nunca has sido conmigo. Espero que mantenga tu cama
caliente por la noche, Holden, de verdad.
—Yo no lo...
—¿No lo amas? Tampoco me amaste nunca, ¿recuerdas? —Willow dio un
paso atrás—. Adios, Holden.
—¡Espera un maldito minuto! ¡No lo entiendes, Willow! —gruñó Holden
cuando ella le dio la espalda.
—Creo que lo entiende de sobra, hombre. —Nathan se interpuso entre
ambos—. Tu única opción ahora mismo es darte la vuelta y marcharte.
—No deberías meterte en los asuntos de los demás, hombre —le dijo
Holden—. Sal de mi vista.
—Déjalo —exigió Willow suavemente mientras entrelazaba sus dedos con
la mano de Nathan—. Por favor. Estoy cansada.
—Willow, sí te amo —gritó Holden como último recurso.
—Hace tiempo, lo creía. –Ella no se giró para devolverle la mirada, sino que
mantuvo su mirada en el elegante auto gris estacionado frente a El Oasis—.
Espero que algún día encuentres a alguien con quien ser tú mismo, Holden.
—¡Willow, espera!
—¡He esperado! ¡He esperado demasiado tiempo, Holden! No puedes
decirme que espere, nunca más.
Y con eso, se alejó del hombre que una vez tuvo todo su mundo en la palma
de su mano.
3
Una tormenta se desencadenó en su interior, abrumándola con una ira
hirviente, una tristeza insondable y un sentimiento de pérdida implacable.
¿Le habría dolido más o menos si hubiera sido una mujer? se preguntó.
Duele de cualquier manera, Lo.
¿Realmente había estado ciega a sus formas durante tanto tiempo? ¿O es
que no había sido capaz de admitir que su relación nunca había sido realmente
de amor o intimidad? Lo había amado con todo lo que tenía, con cada célula de
su cuerpo. Le había dado cada parte de su alma y él se la había quitado.
El aire fresco de la noche la rodeó, refrescando su carne caliente. Miró al
cielo, rezando para que las lágrimas no aparecieran todavía. Tenía que irse de
aquí, lejos de él.
—Willow. —Se sobresaltó al oír su nombre detrás de ella, reconociendo la
voz y el hombre que había detrás.
Nathan.
¿Él lo sabía? ¿Había estado siguiendo a Holden? ¿La había seguido a ella?
Su corazón latía rápidamente en su pecho mientras se giraba lentamente,
encontrándose cara a cara con el hombre que la calmaba y la excitaba a la vez.
—¿Lo sabías? —Las palabras eran silenciosas, pero su significado era
claro.
—Estaba allí para una reunión de negocios. Te lo prometo, Willow. No tenía
ni idea de que ibas a cenar allí esta noche... —Los ojos de Nathan destilaban
inocencia, suplicándole que respirara, que entrara donde pudiera ayudarla a
entrar en calor.
—Yo... él... no era para mí. Su texto no era para mí —suspiró, con la voz
cargada de derrota.
—Puedo volver allí y patearle el culo si quieres, pero ahora mismo, tú eres
más importante —le dijo. Ella suspiró y negó con la cabeza.
—Mira, yo sólo... creo que necesito estar sola ahora. Sabía que el final se
acercaba... pero... no así. —Se estremeció, conteniéndose lo mejor que pudo.
—No puedo dejarte así, Willow. Por un lado, mi madre tendría mi cabeza.
Por otro, eres mi amiga y te dije que estaría aquí, pasara lo que pasara —le
explicó.
—Nathan... ¡Holden ha estado enamorado de un hombre durante quién
sabe cuánto tiempo! ¿Cómo demonios me he perdido eso? —Su voz pedía a gritos
ser liberada, pero las lágrimas se negaban a brotar.
—El amor. Por mucho que digamos que no, siempre consigue cegarnos,
poner la otra mejilla ante lo que han hecho, lo que están haciendo... Lo siento
mucho, Willow. —Dio un paso adelante y le tendió su mano.
—Necesito salir de aquí. —Su voz temblaba, su punto de ruptura se
acercaba cada vez más a su tristeza.
No estaba enojada por la pérdida de la relación, sino por su ceguera
cuando se trataba de la persona que creía que era Holden. Debería haber visto
las señales, debería haberse dado cuenta de lo que estaba pasando... de quién
era él.
—¡Willow! —Su voz sonaba muy lejana y al momento siguiente, sintió calor
y seguridad.
Sus brazos eran como una manta que la rodeaba y ella se permitió
relajarse en su abrazo. Él la sostenía y le gritaba órdenes por encima de su
cabeza, órdenes que a ella le importaba poco escuchar.
Sus ojos se cerraron cuando la paz se instaló finalmente en su corazón.

Willow se despertó con las tonalidades rojas y anaranjadas de un fuego


crepitante que ardía a unos metros de distancia. Sentía calor, casi demasiado
calor, cuando se sentó y miró alrededor del lugar desconocido.
—¿Qué...? —Willow murmuró cuando una mujer se acercó.
Era hermosa para cualquier persona. Con el cabello largo hasta los
hombros, de color rojo y unos ojos azules brillantes, la mujer probablemente
medía un metro más que Willow, pero también había algo familiar en ella.
—El Señor Wolf pensó que era mejor traerla aquí, ya que no sabía dónde
vivía —explicó la mujer.
¿Quién era ella?
—Lamento mucho incomodarla con mi comportamiento. —Willow se puso
de pie rápidamente, casi perdiendo el equilibrio en el proceso.
—Incomode todo lo que quiera, Señorita Lewis. —Sonrió amablemente—.
Soy Margot, guardaespaldas personal del Señor Wolf y una amiga. Conozco al
señor Wolf desde hace casi demasiado tiempo.
—Oh —contestó Willow, sintiéndose ligeramente tonta—. ¿Dónde estoy?
Se tomó un momento para mirar la gran sala de estar con admiración.
Tonos neutros con salpicaduras de azul y gris la rodeaban, calmándola casi al
instante. Sabía que no estaba en un apartamento, pero se sentía como en un
resort de cinco estrellas.
—Está en su casa, señora —respondió Margot—. No estaba seguro de
dónde vivía usted, así que pensó que lo mejor era traerla aquí.
—Willow, por favor —imploró la mujer mayor. Willow odiaba aún más el
señora que el señorita Lewis, especialmente cuando se trataba de discernir entre
ella y su madre.
—Willow —dijo Margot—. Mi marido ha preparado una tetera para usted,
si le interesa. Por la conversación del Señor Wolf de antes, ¿debo entender que
no ha comido nada esta noche?
—Yo... no, no he comido. —Su estómago gruñó ante la sola idea de comer,
pero luego se revolvió al recordar lo que había sucedido esta noche—. No...
debería, eh... debería irme.
—Willow. —Su nombre fue susurrado, pero la reverencia y la euforia que
había detrás de él podían oírse a kilómetros de distancia—. Es bueno ver algo de
color en tus mejillas.
Nathan entró en la habitación, su torso ahora desprovisto de chaqueta de
traje y corbata. Debería ser ilegal tener tan buen aspecto. De hecho, no era justo
para la especie masculina en absoluto. Sus ojos lo recorrieron, mirándolo por
primera vez en lo que parecía una eternidad.
—Yo... gracias. —Su voz era tímida y baja, casi inexistente mientras
miraba hacia abajo y lejos de él—. Tienes una casa preciosa.
Sus ojos marrones se iluminaron con diversión cuando más color inundó
sus mejillas por el cumplido que había hecho a su casa.
—Vaya, gracias. —Sonrió—. No estaba seguro de si tenías otros arreglos
después de esta noche. ¿Un hotel o algo así?
—Yo... reservé una habitación en El Sheraton.
—¿Hay alguien a quien pueda llamar por ti? —Se adelantó de nuevo,
acercándose a la luz del fuego. La sombra de barba que tenía en el rostro desde
el martes había crecido hasta convertirse en una fina capa de barba incipiente
que rozaba su mandíbula, haciéndole parecer más robusto que antes. Los ojos
color miel bailaban de preocupación por ella. No sabía cómo reaccionaría ella al
despertarse en su casa después de una experiencia tan desagradable.
—Le enviaré un mensaje a Celeste. Um... es mi mejor amiga —resopló
Willow, incapaz de encontrar su mirada—. Lo que debes pensar de mí...
—Willow, puede que yo no haya pasado por una ruptura como la tuya,
pero sólo puedo imaginar lo que está pasando por tu corazón y tu mente ahora
mismo. Sería un tonto si pensara que eres algo más que una persona que
necesita un amigo y algo de tiempo para sanar. —Su mano se levantó y rozó
suavemente su brazo.
El calor los inundó al tocarse, calentándolos de una manera que era nueva
y a la vez familiar.
—Me gustaría que comieras algo, Willow. Por favor. —Nathan miró a su
amiga y guardaespaldas—. Margot está dispuesta a ir a cualquier sitio y
conseguir cualquier cosa para ti si no la tenemos ya aquí.
—¿Supongo que no tienen un McDonald's por aquí en ningún sitio? —Se
rio y Nathan se unió un momento después.
—Hay uno cerca, sí. En realidad, no en la casa. —Sonrió—. ¿Quieres de
McDonald's? ¿Algo en particular?
—Um, ¿nuggets? —Dijo Willow. Hacía mucho tiempo que no se planteaba
la idea de la comida rápida, pero esta noche lo requería.
Y helado.
Mucho helado.
—Muy bien entonces, nuggets para Willow y yo comeré una Big Mac.
Asegúrate de que tú y Colton también tengan lo que quieran. —Y con eso, Margot
se dio la vuelta y salió de la habitación.
—Parece agradable —murmuró Willow mientras Nathan se sentaba en el
sofá y se inclinaba hacia donde estaba su tetera—. ¿Cuánto tiempo lleva
trabajando para ti?
—Trabajó para mi abuelo antes que para mí. Ha sido una constante en mi
vida durante los últimos años, desde que decidí que Industrias Wolf era mi lugar.
—Le entregó una taza humeante mientras tomaba la suya y sonreía.
Willow miró el montón de mantas que seguían en su lugar donde había
estado tumbada y luego miró a Nathan.
—¿Cómo has sabido que me gustan las mantas?
—Um, no lo sabía. —Rascó su nuca con una sonrisa de satisfacción en
sus labios—. Con toda honestidad, estaba haciendo lo que mi Nana me enseñó.
Las mantas; sobre todo su peso, ayudan a aliviar la ansiedad, el estrés...
cualquier cosa en realidad. Ella me dijo que todo era cuestión de presión, cómo
calma el sistema nervioso y remedia la mente cuando no eres consciente de ello.
—Tu Nana era una mujer sabia. —Sonrió mientras se pasaba una de las
mantas por el regazo. Le parecía cara y si tuviera que arriesgarse a adivinar,
supondría que estaba hecha a mano en algún lugar de Europa—. ¿Estaba ella
en el negocio con tu abuelo?
—No perdía de vista al viejo. —Se rio Nathan ante los muchos recuerdos
que tenía de los dos—. Era su compañera de fatigas y no sólo en el matrimonio.
Era licenciada en Derecho y luchó por la ley hasta su último aliento. El abuelo
la utilizó en beneficio del negocio en más de una ocasión.
—Háblame de Industrias Wolf —dijo Willow de repente.
—No hay mucho que contar, Willow —respondió—. Quería hablar de ti y...
—No puedo... no ahora. Todavía estoy procesando, si eso tiene sentido.
Quiero oír hablar de ti, de tu compañía. —Sonrió y ajustó su posición,
acurrucando las piernas debajo de sí misma y prestándole toda su atención.
—¿Es un buen momento para decirte que puedo arruinarlo si me lo pides?
—Sonrió, con un brillo conspirador en los ojos.
—No. No voy a ser la ex mezquina que hace todo lo posible para arruinar
a la otra persona. —Pero ella temía que eso sería exactamente lo que Holden
haría con ella.
—Pero... —preguntó Nathan con conocimiento de causa.
—¿Me equivoco al pensar que podría hacerme precisamente eso? Quiero
decir, mírame. —Negó con la cabeza de forma morosa—. No soy nada. Vengo de
la nada... Yo... —Rápidamente alargó la mano para entrelazarla con la de ella,
tratando de transmitirle su alta estima con un simple toque.
—Willow, tú no eres nada. Durante un tiempo, para Holden, fuiste la
persona más importante de su mundo.
—¿Podemos no decir su nombre? Sé que suena infantil, pero él es lo último
en lo que quiero pensar ahora.
—En absoluto. ¿De qué quieres hablar?
—Lo primero es lo primero... y esto va a sonar... raro, pero ¿tienes un par
de pantalones deportivos y una camiseta que me puedas prestar o algo? Siento
que esto… —Señaló su vestido—. No es exactamente lo que quiero usar ahora.
Nathan se apresuró a entrar en su dormitorio y sacó un par de pantalones
deportivos que nunca se había puesto. Era un viejo par de su época en Princeton,
pero nunca se había sentido tan involucrado en la comunidad, por decir algo.
Tomo una de sus camisetas negras y salió corriendo hacia ella.
—Toma —dijo mientras le entregaba la ropa—. Puedes usar mi dormitorio
para cambiarte si quieres.
—Si supiera dónde está eso... —Se rio y Nathan sonrió antes de negar con
la cabeza.
—Sí, supongo que debería darte el gran tour. —Le tendió la mano y la
ayudó a ponerse en pie—. Bueno, esta es la zona de estar principal, la cocina
está a tu izquierda, totalmente equipada.
—¿Cocinas?
—Depende. —La miró, para quedar hipnotizado por sus hermosos ojos—.
Quiero decir, puedo cocinar algunas cosas, pero por eso tengo a Colt cerca. Se
ha criado con la comida, y nunca he comido lo mismo dos veces mientras ha
estado a mi cargo.
—¿Está mal decir que no puedo esperar a probar algunas de esas delicias?
—Willow pensó que sólo había pronunciado las palabras en su mente, pero la
carcajada de Nathan confirmó que había pronunciado el doble sentido en voz
alta—. Uy.
—Vaya, vaya, señotita Lewis. —Nathan le guiñó un ojo antes de guiarla
hacia el dormitorio principal.
—Oh, vaya. —Su aliento abandonó momentáneamente su cuerpo cuando
entraron—. Es impresionante.
Y lo era.
Era luminosa y completamente abierta, con ventanas de doble hoja que
daban a su patio trasero. La cama king contra la pared sur estaba adornada con
más tonos neutros que apelaban a su diseñador de interiores interior.
—¿Tu corazón de diseñadora de interiores lo aprueba? —Nathan se puso
en su línea de visión y sonrió.
—Eh, sí. —Sonrió mientras lo asimilaba todo—. ¿Son esas... son esas luces
de hadas?
Ella miraba hacia afuera, hacia el gran arce que estaba en el centro de su
patio trasero. Los colores de las hojas se veían acentuados por las luces
parpadeantes que salían de su interior. Las mejillas de Nathan se tiñeron de rosa
mientras miraba al suelo.
—No me gusta mucho la oscuridad total —admitió. Willow se giró para
mirarlo.
—A mí tampoco. Creo que es preciosa.
—Bueno, el baño está por allí. Hay toallas frescas y artículos de aseo y
todo si quieres ducharte —le dijo.
—Gracias, Nathan. Lo digo en serio. Ahora mismo sería un desastre si no
fuera por ti.
—Tienes más que derecho a ser un desastre, Willow. Lo que ha pasado
esta noche... no se lo desearía ni a mi mayor enemigo.
—Creo que aceptaré esa invitación a la ducha. —Evitó el tema incómodo
con una pequeña sonrisa y él asintió.
—Volveré a la sala de estar —explicó—. Disfruta.

Nathan se paseó por su sala de estar mientras esperaba que Willow


volviera a aparecer. Sabía que había algunos temas que eran demasiado difíciles
de tratar ahora, así que se había conformado con ser su amigo y escuchar sus
preocupaciones, problemas, pasiones y aventuras. ¿Realmente sólo habían
pasado tres días desde que la vio por primera vez? Ella le estaba abriendo los
ojos al mundo de una manera que nunca se había dado cuenta de que
necesitaba.
—El mundo es un lugar aterrador, Nathan. Tienes el corazón y la mente para
hacer que la vida de alguien cambie, pero asegúrate de que la tuya también lo
haga.
Las palabras de su abuelo; algunas de ellas, flotaron en su mente mientras
pensaba en Willow y en los cambios que ella estaba empezando a provocar en él.
—Bien, puede que tenga que mudarme aquí. —Su voz melodiosa lo hizo
girarse, observándola mientras entraba en la habitación. Estaba vestida con la
ropa de él, con el cabello húmedo envuelto en una toalla en la parte superior de
la cabeza.
—¿Te sientes mejor? —le preguntó.
—Esa ducha es el cielo. De verdad, viviría en ella si pudiera. —Se sentó en
el sofá, con las piernas cruzadas debajo de ella—. Gracias.
—La comida está aquí —explicó antes de señalar la mesa de café—. ¿Tienes
hambre?
—La verdad es que ahora sí. —Willow le sonrió y una vez más se perdió en
su mirada.
Puede que sus ojos tuvieran un tono frío de avellana en el restaurante el
martes por la noche, pero aquí, en la cálida luz ambiental de su casa, eran casi
de color ámbar.
—Sabes que no podré comer todo esto, ¿verdad? —Los ojos casi se le
salieron de las órbitas cuando se dio cuenta de la cantidad que había. Nathan
se rio.
—Bueno, recuerda que una parte es para mí.
—¿Dónde lo pones todo? —Tomo su caja de nuggets y empezó a
mordisquear uno.
—¿Gracias? Creo que se reduce a mi metabolismo y hago ejercicio tres
veces a la semana. —Le devolvió la sonrisa mientras abría su hamburguesa.
—Claro que sí —gruñó ella en voz baja—. Sin embargo, yo me como una
de estas y engordo un kilo.
—Cada persona es diferente. —Encogió sus hombros, sin querer hacer el
comentario de añadir tres kilos. Ella era hermosa tal como era; sus curvas
llenaban su ropa de una manera que él nunca había imaginado.
—Háblame de Industrias Wolf —dijo ella de repente, sacando a relucir su
conversación de antes. La brusquedad de sus palabras casi le hizo atragantarse
con el bocado de hamburguesa que tenía en la boca—. Uy, lo siento.
—No es tu culpa —dijo mientras aclaraba su garganta—. ¿Qué quieres
saber?
—¿Qué te hizo empezar? ¿Qué es Industrias Wolf?
—Industrias Wolf, o WI, comenzó en la década de 1970. Mi abuelo tenía la
visión de reconstruir las empresas desde dentro, añadiéndoles piezas. Cuando
entré en la nómina, llevé a WI al siglo XXI. Ahora nos dedicamos a los incentivos
solares y a hacer del mundo un lugar más sostenible. Tenemos oficinas satélites
en Londres y una que se está construyendo en Australia.
»Hay una cosa que intento no hacer y es dejar a la gente sin trabajo. La
presión financiera sobre la clase trabajadora ya es demasiado alta, y no me
gustaría ser la razón por la que alguien perdiera su casa o no pudiera mantener
a sus hijos. Cuando las grandes empresas llegan y se desentienden por completo
de la gente. —Nathan sacudió la cabeza al recordar su anterior conversación con
Geoff McAllister—. Se me rompe el corazón, y sé que a mi abuelo le molestaría
saber que los responsables sólo se preocupan por los signos de dólar y no por
los verdaderos empleados.
Willow lo miró con asombro. La pasión era audible en su voz cuando
hablaba del negocio y del amor de su abuelo por él, y no había palabras para lo
que la hacía sentir.
—¿Hay alguien más de tu familia en el negocio?
—Mi hermana, Remington. Es la gurú del marketing de WI y un verdadero
grano en el culo en los mejores momentos. —Sonrió.
—¿Dijiste que también tenías un hermano? —preguntó Willow antes de
dar un sorbo a su té.
—Mm-hm, lo tengo. Él y mi hermana son gemelos. ¡Mi pobre madre! —Se
echó a reír ante su exagerada simpatía—. También tiene su propio negocio. Es
planificador de bodas y fotógrafo.
—Oh, vaya. No se escucha hablar de muchos hombres en ese negocio —
respondió Willow—. ¿Cómo le va?
—Está sobresaliendo. Tiene visión y no hay muchos organizadores de
bodas que puedan crear algo realmente único como él. Sinceramente, Ty es mi
mayor motivador —explicó.
—¿Oh?
—Nos llevamos trece meses de diferencia, así que durante toda mi infancia
y hasta la adolescencia, todo era una competición entre nosotros. Cuando él
rompió el molde y decidió que la planificación de bodas era lo suyo, algunos de
mis familiares lo miraron como si estuviera loco y predijeron que la empresa
fracasaría. Ty les demuestra que se equivocan a diario y eso me enorgullece. Me
enseñó que incluso cuando el resto del mundo dice que no, tienes todo el derecho
a enfrentarte a ellos y decirles que sí.
Una vez más, esa reverencia saturaba su voz y a Willow le quedó claro que
la familia era un motivador mucho más importante para él que el dinero que
ganaba al final del día.
—Entonces, ¿rivalidad entre hermanos?
—Mamá y papá deberían haberse llenado de canas mucho antes —
bromeó—. Pero ninguno de los dos estaría aquí sin el otro.
—No sabría decirte. —Encogió sus hombros, señalándose a sí misma—.
Hija única.
—Solía preguntarme cómo sería no tener hermanos y a veces lo deseaba
—admitió.
—Era solitario. Mi.... Ella me sacaba de la escuela y de nuestro nuevo
hogar a base de romances caprichosos que siempre se quedaban cortos a sus
ojos. Los hombres siempre entraban y salían de nuestras vidas. Aprendí a no
formar apegos emocionales a las cosas que tenía porque siempre existía la
posibilidad de que no vinieran conmigo cuando nos mudáramos de nuevo.
—¿Tu madre?
Willow se estremeció ante la palabra y sacudió la cabeza.
—Para poder optar al título, tendría que importarle de verdad —resopló—
. La mujer me trataba como si no fuera nada. Cuando conocí a Holden, yo...
—No tenemos que hablar de esto ahora, Willow. Pero si quieres, puedes
hablar aquí. No se lo diré a nadie —respondió Nathan y su mano se acercó
inmediatamente a la de ella—. Sólo recuerda que tus experiencias te han llevado
a dónde estás hoy. Tu amor por la poesía y el diseño, por tus amigos... Puedo
ver todo eso y veo lo buena persona que eres.
—¿Lo ves?
—Mi abuelo siempre me enseñó a encontrar al menos una cualidad buena
en todo el mundo, como una forma de mirar más allá de sus defectos. En mi
trabajo, puedo ganarme enemigos muy fácilmente, pero sí puedo apelar a su lado
bueno, entonces tengo un pie en la puerta. Si miraras a mi familia, verías pilares
de fuerza y orgullo... Pero no verías realmente lo que ocurre a puerta cerrada. Mi
madre y mi padre, durante un tiempo, no se hablaban. Papá había estado sin
trabajo por un tiempo y su TEPT3 era realmente malo. No acudía a la terapia que
le pagaba el ejército y durante un tiempo, nos puso en peligro a mí y a mis
hermanos.
»Mamá acabó siendo dura con él y le dio un ultimátum. O recibía la ayuda
que necesitaba desesperadamente, o no estaríamos allí a la mañana siguiente.
Fue duro para él escuchar eso, pero hizo que algo encajara en su mente. Hace
más de veinte años que ha vuelto con nosotros y sigue yendo a terapia dos veces
por semana.
—Dios mío, Nathan... —Puso su otra mano sobre la suya y la apretó—.
¿Están bien ahora? ¿Están bien?
Era la primera vez que la simple pregunta lo dejaba completamente
sorprendido. Había respondido a la pregunta una y otra vez con la misma
respuesta. Sin embargo, Willow era diferente y sabía que no podía mentirle.
—A veces sí, a veces no. La forma en que supero cada día depende de mí
y no es culpa de nadie más que me sienta como me siento. Soy humano. —
Encogió sus hombros—. Tengo que aprovechar al máximo la vida que me han
dado.
Observó cómo las lágrimas fluían silenciosamente por sus mejillas, como
si nunca antes se hubiera permitido decir que no estaba bien. Levantó la mano
que tenía libre y acunó su mejilla, limpiando las lágrimas con cada pasada del
pulgar.
—No más lágrimas, por favor. Me mata verte llorar.
Asintió y suspiró.
—Haces que sea tan fácil poner las cosas en perspectiva. ¿Dónde has
estado toda mi vida?
—He estado por ahí. Sé que apenas estamos empezando a conocernos,
pero no me voy a ir a ninguna parte. Lo prometo.
—Las promesas están hechas para romperse —dijo distraídamente,
pensando en todas las promesas que Holden le había hecho y en todas las que
nunca se cumplirían.
—Las mías no lo son. Soy un hombre de palabra, Willow.
—Te haré cumplir eso, Nathan.
—Y si alguna vez fallo en eso, espero que me des una patada en el culo por
ello. —Sonrió.
—¡Pero es un culo muy bonito! —Se tapó la boca con la mano en cuanto
las palabras salieron de su boca.

3 Trastorno de Estrés Postraumático.


Su risa resonó en la habitación mientras Willow deseaba en silencio que
el suelo se abriera y la tragara entera. Sin embargo, verlo reír y disfrutar de su
humor la hizo sonreír y un momento después, su risa armonizaba con la suya.
—Oh, Dios. —Se sintió mortificada pero tan feliz de saber que tenía la
capacidad de hacerle perder la compostura por completo.
—Nunca nadie me había dicho eso en voz alta —soltó una carcajada,
limpiando las lágrimas de sus mejillas.
—Bueno, de nada... —Encogió sus hombros, el rubor escarlata de sus
mejillas aún brillante.
—Gracias, Willow. —Sonrió, antes de robarle uno de sus nuggets.
—¡Oye! —exclamó ella con fingida molestia—. Ese era mi nugget.
—Ahora es mío. —Sonrió y se lo metió en la boca.

—¿Nathan?
—¿Sí? —Su atención no se apartó de la vista que tenía delante y se esforzó
por entender qué había pasado... Cómo había pasado.
Las mantas y las almohadas estaban esparcidas a su alrededor, el fuego
crepitante seguía crepitando. Estaban lo suficientemente cerca como para
tocarse y el calor corría entre ellos como un pulso.
—¿Vas a moverte? —susurró.
—No. Voy a torturarte un rato más. —Sonrió Nathan, con los dedos
golpeando su mandíbula mientras se concentraba en la tarea que tenía entre
manos.
Estaba perdiendo en el Scrabble.
¿Cómo?
—Bueno, eso es muy mezquino —resopló Willow mientras se acomodaba
en el sofá, envolviéndose con una manta.
Sabía que era más de medianoche, pero no le importaba. Nathan había
cumplido su promesa, manteniendo su mente ocupada mientras asimilaba poco
a poco lo sucedido.
Había sido idea suya enfrentarse a ella en el Scrabble, y su afirmación de
que nunca había perdido una partida contra nadie había despertado su
terquedad interior y el deseo de demostrar que estaba equivocado. La naturaleza
competitiva de la que le había hablado antes estaba saliendo a la luz, y ella
encontraba la arruga de su frente bastante entrañable cuando perdía.
Sin embargo, pronto descubrió que Willow Lewis era tan competitiva como
él, si no más. Ella tampoco había perdido nunca una partida, y esta noche no
iba a ser diferente.
Nathan colocó tres letras en el tablero con un suspiro, decepcionado por
su puntuación.
—Grace —anunció—. Ocho puntos, por favor.
—Ese es mi segundo nombre —reveló—. Willow Grace Lewis.
—Es hermoso. El mío es Jay, Nathaniel Jay Wolf. A mamá le gustaban los
arrendajos4 en esa época.
—Sin embargo, los arrendajos son hermosos. Me encantan sus colores
vibrantes. —Colocó sus letras en el tablero sobre una puntuación de triple
palabra y doble letra—. Humilde... Cincuenta y cuatro puntos, por favor y ese es
el final de mis fichas.
Él la miró con la boca abierta. Había sido realmente sorprendido por su
talento, y la tarjeta de puntuación mostraba su flagrante pérdida. Ella le había
ganado por más de setenta puntos.
—Pero... ¿cómo?
—Te pusiste arrogante. —Encogió sus hombros—. Está bien, Nathan... a
veces pasa.
—¿Revancha?
—Tal vez en otro momento. Necesito un poco de sueño reparador. —Un
bostezo la capturó, justo cuando estiraba sus extremidades—. ¿Te importa si me
quedo aquí en tu sofá? No creo que pueda irme ahora mismo.
—Puedo hacer algo mejor. Tengo dormitorios para invitados con camas de
verdad y mantas eléctricas. —La idea le sonaba a gloria y asintió con entusiasmo.
Se levantó y le tendió la mano.
—Ven conmigo.
Llevó a Willow por un pasillo y entró en un dormitorio impresionante, casi
a la altura de su dormitorio principal. Había una hoguera encendida en una
esquina de la habitación, cuyo calor se extendía por toda la estancia. La cama
casi parecía una nube, y ella se sumergió bajo las sábanas como una niña de
cinco años. Nathan se rio de sus ocurrencias y se sentó en el borde de la cama.
—Confío en que estarás cómoda aquí.
—Oh, definitivamente —suspiró—. Sé que esto va a sonar... raro, pero
¿puedes quedarte conmigo? ¿Sólo hasta que me duerma? Siento que necesito
algo que me distraiga... que mis pensamientos se alejen de mí. No quiero que los

4 En inglés se les dice Jaybirds, de ahí viene el segundo nombre de Nathan.


malos pensamientos se cuelen, no después de que hayas cambiado mi vida en
una sola noche.
—Por supuesto. —Se tumbó encima de las sábanas, apoyando la cabeza
en la almohada opuesta a la de ella—. Dime un lugar al que quieras ir algún
día...
Nathan la escuchó hasta que su respiración se estabilizó y esos hermosos
ojos se cerraron, el sueño finalmente la reclamó. Se inclinó hacia ella y besó su
mejilla sonrojada.
—Buenas noches, Willow.
4
El lunes por la mañana, una nueva mujer entró en el edificio de Thousand
Keys Real State. Sus compañeros de trabajo masculinos la miraron con la boca
abierta, en un estado de shock imperturbable; sus compañeras de trabajo la
miraron con celos y asombro.
Willow Lewis era una mujer nueva después de su fin de semana. Con el
cabello teñido y cortado, un nuevo atuendo y una actitud para arrancar, se
sentía lista para conquistar el mundo. Sin embargo, no podía atribuirse todo el
mérito de su cambio de imagen. Gracias a Nathan Wolf y Celeste Lane, se sentía
mucho mejor de lo que podía esperar.
Despertarse junto a Nathan el sábado por la mañana había iniciado la
perfección. Había pasado tiempo memorizando su hermoso rostro, desde las
líneas de la risa hasta la notable ausencia del estrés que parecía adornar su
semblante sólo cuando estaba despierto. Se había imaginado unos brillantes ojos
marrones centelleando bajo sus párpados, perdidos en sus sueños.
Willow se había preguntado qué era lo que solía soñar y esperaba que no
fuera nada relacionado con los negocios. Su familia, quizás... Su amor por el
pueblo, incluso. Sí, eso es lo que soñaría, había decidido.
Una vez que Nathan se había despertado con el olor del tocino y los
panqueques, poco pudo hacer para evitar que se disculpara por haberse quedado
dormido a su lado. No había sido su intención; simplemente había ocurrido.
Willow no lo había culpado por ello y se lo había dicho. Aquella cama era como
un trozo de cielo traído a la Tierra.
Había pasado la mayor parte de la mañana del sábado con él, anticipando
la aventura que le esperaba con Celeste esa misma tarde. Habían pasado la
mañana mirando diferentes muebles, paletas de colores y texturas. Había estado
pendiente de cada una de sus palabras y se encontró de acuerdo con casi todas
sus sugerencias.
A Nathan le había sorprendido que ella se interesara tanto por su opinión,
a pesar de que no sabía casi nada de diseño de interiores ni de coordinación de
colores. Le agradeció mucho que lo incluyera en algo tan insignificante, porque
su aprobación realmente significaba mucho para él.
Se separaron con otro beso en la mejilla de ella y la promesa de los planes
para la cena del martes, y él había visto con pesar cómo las puertas del ascensor
se cerraban sobre la mujer que había despertado algo nuevo y emocionante en
su interior.
Después de salir de la casa de Nathan, Willow se había encontrado
mirando a través de las ventanas de un salón de belleza, admirando a las
mujeres sentadas en sus sillas, siendo acicaladas y mimadas. Fue entonces
cuando decidió su próxima tarea. Su cabello era lo suficientemente largo como
para llegar casi hasta su trasero, algo que Holden había admirado mucho y
nunca había querido que cambiara.
Tres horas después, había salido de la peluquería, completamente
enamorada de su nuevo cabello y de su nuevo look. El balayage rosa-dorado se
había trenzado cuidadosamente en la espalda, diez centímetros más corto que
cuando entró. Esos diez centímetros se destinarían a un programa de producción
de pelucas para pacientes con cáncer, algo que realmente significaba mucho
para ella.
La primera parte de Willow Lewis: La Reedición estaba completa.
—¡Mierda, Lewis, estás muy guapa! —dijo Celeste mientras se dirigía a su
asiento. Había visto a Willow poco después de que se lo hicieran, pero todavía
estaba sorprendida por lo diferente que se veía ahora.
—Lo siento. —Sonrió—. Gracias por tu ayuda este fin de semana, Cel.
Significó mucho. —Depositó una botella de Zinfandel en el escritorio de Celeste
y se fue con una sonrisa. Willow miró hacia el despacho de Jaxson sólo para
encontrar la puerta cerrada y las luces apagadas—. Jaxson llega tarde.
—Sí, no va a venir hoy —le dijo Celeste.
—¿Acaso quiero saberlo? —Willow puso los ojos en blanco y se preguntó
distraídamente cuál sería la excusa de su jefe esta vez. No era la primera vez que
se tomaba un “día para mí” por la resaca y desde luego no sería el último.
—La misma mierda, un lunes diferente. —Celeste encogió sus hombros—
. Me alegro de tener una jefa bastante genial.
—Ah, gracias. Todavía no voy a ser indulgente con tu trasero. Tenemos un
trabajo bastante importante que hacer, así que vamos a ello. —Willow le sonrió
a su mejor amiga—. ¿Quién sabe? Puede que nos vayamos a casa antes de
tiempo cuando acabemos.
—¡Mi trasero y yo nos estamos ocupando, jefa! ¿Estás rehaciendo el
proyecto de Marse?
La idea de dar su propio toque al edificio de Marse la entusiasmaba. A
Jaxson le gustaban los diseños sencillos y el aspecto arquitectónico elegante,
mientras que a Willow no. Se tomaba el tiempo necesario para conocer a sus
clientes.
—Sí. Jaxson no quería el toque personal, pero como el cliente viene a las
once, voy a venderle lo que creo que necesita su propiedad —respondió Willow
mientras encendía su portátil y las pizarras de diseño gráfico—. Tienes a Salomo,
¿verdad?
—Sí. Lástima que su reunión no sea hasta el viernes, si no, también le
daría toques personales —gruñó Celeste.
—Es tu proyecto, Cel. Preséntalo de la manera que creas que nos hará
conseguir el contrato.
Y con eso, Willow se puso los lentes en su rostro y se puso manos a la
obra, añadiendo sus propios toques personales a cada uno de los diseños que
tenía delante. Aunque a algunos diseñadores de interiores no les gustaba
experimentar con otros colores aparte de la paleta seleccionada, era algo en lo
que ella destacaba, y a menudo era lo que firmaba su sueldo, la capacidad de
pensar y crear fuera de lo común.

—¡¿Dónde está?!
Lo escuchó antes de verlo. Su corazón se aceleró en su pecho y no de la
manera agradable en que Nathan lo hacía. Era más bien una forma de “necesito
salir de aquí”.
Holden.
—Te digo que no está aquí. Está en su descanso —respondió Celeste
secamente. Willow podía imaginarse sus brazos cruzados sobre el pecho
mientras le hacía frente.
—No lo entiendes. ¡Necesito verla! —gritó—. ¡Ella no lo entiende, carajo!
—¿Entender qué, Holden? Se presentó al trabajo esta mañana
absolutamente fuera de sí... ¡No era la misma Willow que se fue a cenar contigo
el viernes! —Era mentira, pero sabía que Celeste quería tener la oportunidad de
enfrentarse a él personalmente antes de permitirle verla—. ¡Te vio besando a un
hombre, por el amor de Dios!
La conmoción de Holden se reflejó en su rostro al escuchar sus palabras.
—¡Mierda! ¡Necesito verla! Necesito que lo entienda —gritó—. ¡No lo
entiendes, carajo! ¡Vas a poner palabras en mi boca!
—Señor Peters, tiene cinco minutos para abandonar esta propiedad antes
de que llamen a la policía —anunció Willow con frialdad, eligiendo ese momento
para entrar con la cabeza bien alta.
Holden se giró hacia ella, con rabia e ira en esos ojos verdes que una vez
había jurado que eran del color de la selva amazónica. Sin embargo, ahora
estaban inyectados en sangre y su aspecto general era demacrado y desaliñado.
Sospechaba que seguía con la misma ropa que le había visto el viernes.
Celeste lanzó a su amiga una mirada de preocupación que también
prometía un sólido puñetazo en la mandíbula de Holden si Willow decía la
palabra.
—Has cambiado tu cabello —gruñó, sus palabras partieron el silencio
como un cuchillo.
—Has estado bebiendo. —No era una pregunta, sino una afirmación.
—¡Porque no respondes a mis putas llamadas! —Pasó las manos por su
cabello con frustración—. Te has cambiado el cabello.
Era plenamente consciente de que ya habían captado la atención de los
demás empleados de la sala. No había nada más que quisiera hacer que decirle
a Holden que se metiera donde no brilla el sol, pero las posibilidades de que la
escuchara eran escasas.
—Tengo todo el derecho a no responder a esas llamadas, Holden. Hemos
terminado. Terminado. No tengo nada más que decirte. —Volvió a ignorar el
comentario de su cabello, sabiendo que él seguiría obsesionado con ese tema y
no con el que tenía entre manos.
—¿Le has contado lo que pasó el viernes? —preguntó furioso. La cabeza
de Willow se giró ante su cambio de dirección—. ¡Nadie tiene por qué saberlo!
—¡Holden! ¡A nadie le importa a quién estás besando! Hombre o mujer, a
nadie le importa. Estamos en 2018 y el mundo ha cambiado respecto a tu visión
polarizada de la comunidad gay. Es hora de ponerse con el programa.
Le agarró la muñeca y la retorció con fuerza. Fue doloroso, su agarre rozó
su carne y dejó un ardor en su estela, pero no era nada que ella no hubiera
sentido antes.
—¿Quieres callarte? —gruñó, con su voz retumbando en la habitación—.
¿Se lo has dicho?
—¡Claro que se lo he dicho! Es mi mejor amiga, a pesar de tus esfuerzos.
Le cuento todo porque ella me escucha. —La voz de Willow se había elevado
cuando el agarre de Holden a su muñeca se tensó una vez más.
—¿Cómo has podido hacer esto, Willow? ¿A nosotros? Vas a tirar por la
borda cinco años de amor...
—No. No puedes lanzar esa palabra como si significara algo para ti. Te lo
dije el viernes, y te lo vuelvo a decir, ya no te esperaré más. Soy feliz donde estoy
ahora mismo.
Por mucho que intentara liberarse, el agarre de Holden a su muñeca era
implacable. En todo caso, se estaba volviendo más fuerte.
—¡Suéltame!
—¡No hasta que lo entiendas! —Le gritó.
—¡Suéltala! —La estruendosa voz de barítono de Nathan retumbó en el
despacho. Los asustados ojos avellana de Willow se encontraron con los suyos
mientras negaba con la cabeza, suplicando en silencio.
Tenía que dejarla luchar y ganar esta batalla.
—¿Otra vez tú? ¿Qué demonios haces fisgoneando a la mujer de otro
hombre? —Holden gruñó y escupió hacia él, tratando con todas sus fuerzas de
arrastrar a Willow detrás de él—. ¡Eres un maldito rompehogares!
—No llames a mi amigo algo tan grosero.
—¡Es lo que es! —Holden miró entre Willow y Nathan, a la conversación
no verbal que estaban teniendo—. ¿Te lo estás follando? Lo estás haciendo,
¿verdad? ¡Te lo estás follando y me haces pasar por el malo cuando sólo eres una
puta de mierda!
Las palabras la atravesaron, dejando su corazón abierto y sangrando. Ella
había estado en este extremo de su ira antes, pero nunca había dicho algo tan
odioso para ella.
—Holden —siseó Celeste. Willow le lanzó una mirada de advertencia antes
de negar con la cabeza.
Volvió a mirar a Nathan, rogándole en silencio que no se acercara más. Su
presencia la ayudaba a centrar sus fugaces pensamientos y, lo supiera o no, era
más fuerte gracias a él.
Nathan era muy puntual. Aún no era mediodía y ya había llegado con el
almuerzo, tal y como le había prometido.
—¿Ahí estuviste todo el fin de semana? Porque seguro que no estabas en
casa. —Continuó con su diatriba, apretando su muñeca con cada palabra—. ¿Te
dijo que te hicieras esto en tu hermoso cabello? ¡¿Te hizo cambiarte a ti misma?!
—Aclaremos una cosa, Holden. Yo soy mi propia persona. Quería un
cambio y así lo hice. Mi hogar está ahora en otro lugar, en un sitio donde puedo
ser yo misma y hacer lo que quiero.
—¡¿Con qué puto dinero, Willow?!
—¡Con el mío, Holden! Celeste y yo hemos pasado el fin de semana
decorando mi nuevo apartamento tal y como me gusta, sin otras influencias. Ahí
es donde estaba y ahí es donde iré al final de hoy —resopló, cansándose de su
juego y del latigazo que le estaba dando.
—¡¿Me has robado?!
—¡Por el amor de Dios, Holden! ¡No te he robado! Por si no te has dado
cuenta, ¡yo también trabajo para vivir! Cada centavo que he ganado ha ido a
parar a esto...
—Entonces, ¿pensabas dejarme? —Su voz bajó más de lo que ella había
escuchado antes, repentinamente amenazante y aterradora—. ¿Para qué? ¿Para
ir a follar con él?
—¿Es eso lo que quieres que diga? ¿Qué he saltado de tu cama a la suya?
¿Sabes qué? ¡Ojalá pudiera! ¡Ojalá pudiera decir que Nathan me hizo olvidar tu
nombre, o que me hizo olvidar que existías! Pero no salté a la cama con él ni con
nadie más, y él me tiene en tan alta estima que nunca dejaría que eso sucediera.
Tienes que darte cuenta de que no todo es sexo. El amor no es eso, Holden. —
Hizo una pausa, obligándose a calmarse un poco, a pesar del dolor en su muñeca
y de la rabia que aún emanaba de él—. Olvidamos el significado de eso en algún
momento del camino y siento no habértelo dicho antes.
Los ojos de Willow ardían con lágrimas no derramadas mientras le
imploraba que la escuchara. Sabía que probablemente caería en oídos sordos,
pero tal vez uno o dos puntos se deslizarían.
—Willow... —La voz de Holden no había cedido en la rabia que supuraba
en su interior—. Me has traicionado. Nos has traicionado. No me dejas explicarte.
—¿Qué hay que explicar, Holden? —lo interrumpió—. Estabas besando a
otra persona. No veo que tengas problemas para encontrar tu felicidad, así que
¿por qué no puedes dejarme tener la mía?
—Por qué. Tú. Eres. Mía.
Ante esa afirmación, Willow se apartó de Holden, sorprendiéndolo y
aprovechó la oportunidad para subir su rodilla derecha hasta su ingle.
Holden se desplomó en el suelo con un gemido, aferrándose a la preciosa
carga que tenía entre las piernas. Numerosos improperios salieron de sus labios,
pero los brazos de Nathan alrededor de ella le impidieron escucharlos.
—Te tengo —susurró.
—No soy una propiedad, Holden. No soy tuya. No soy de nadie —afirmó
Willow mientras miraba al hombre que ahora lloriqueaba. Luego le susurró a
Nathan—: Quiero ir a casa ahora.
—Por supuesto. —Se giró hacia Margot, que parecía haber aparecido de la
nada—. Margot, por favor, asegúrate de sacar la basura. —Nathan se giró con
Willow en brazos y la guio fuera del edificio, protegiéndola de las miradas
desconcertadas de sus compañeros de trabajo y de los demás en el edificio.
—¿Estás bien? —Le preguntó en cuanto estuvieron en el auto. Estaba
temblando mientras la adrenalina empezaba a desaparecer de su organismo.
Habría dado cualquier cosa por volver y golpear a Holden unas cuantas veces,
pero ella le necesitaba más, aunque no lo supiera.
Agarrando su muñeca dolorida, Willow miró hacia la acera y suspiró con
la respiración temblorosa. No estaba bien. Ni siquiera estaba segura de que fuera
a estar bien alguna vez. Le dolía, tanto en su corazón como en su mente, el
desprecio que Holden había escupido hoy. Los inoportunos recuerdos de su
infancia revoloteaban por su mente, entrelazados con los recuerdos de los malos
días con Holden e incluso con el propio Holden.
Todo aquello le dolía.
—No —respondió—. No lo estoy.

—Me encanta tu apartamento —dijo Nathan en cuanto tuvo la oportunidad


de verlo bien.
Era tal y como había imaginado que sería su casa, acogedora y con suaves
tonos pastel, grises y negros. No pudo evitar reírse al ver una manta al alcance
de su mano en cualquier habitación en la que entrara. Le gustaba estar calentita
y cómoda; eso era evidente.
—Gracias —respondió Willow, sujetando la bolsa de hielo en la muñeca y
haciendo una mueca de dolor por la quemadura que dejaba a su paso—. Creo
que Celeste y yo nos hemos pasado un poco.
—En absoluto. Es muy tuyo. ¿Hay algo que pueda ofrecerte?
—Depende. ¿Qué tan buen barman eres? —preguntó—. Esta chica podría
ir por un daiquiri.
—¿Cómo crees si no que he aguantado cuatro años en la universidad?
Votado como mejor camarero de Jersey dos años seguidos. —La sonrisa de
suficiencia en sus labios mientras se aflojaba el cuello de la camisa la hizo reír—
. ¿Un daiquiri para la dama? ¿Algún sabor en particular?
—Bueno, barman la fresa es el sabor del mes. Todo lo que necesitas está
en la cocina —le dijo a su figura en retirada—. ¡Y no toques mis gomitas de
gusanos agrios!
—¿Hay gomitas de gusanos agrios aquí? —respondió—. ¡Me has estado
ocultando algo, mujer!
—¡No! —chilló mientras corría tras él. Willow le arrebató la bolsa mientras
una sonrisa malvada se formaba en sus labios—. ¡Ay!
—Mierda —murmuró en voz baja. Rodeó el pequeño banco y tomó su mano
hinchada entre las suyas—. Debería hacer que mi padre viniera a ver esto. Fue
entrenado como médico en el ejército antes de ser transferido. Es muy bueno
con las fracturas y esas cosas.
—No está roto, Nathan —le aseguró. Esas cuatro palabras no sirvieron
para apaciguar la angustia mental que corría por sus venas.
—¿Cómo lo sabes? —preguntó antes de poder contenerse.
Ella se tensó en su respuesta, preocupada por lo que su amigo pudiera
pensar de ella después de contarle una de las cosas más oscuras de su vida.
—Sé lo que se siente con un hueso roto y no es esto. —Levantó la mano
hacia él, pero evitó su mirada.
—Yo... lo siento.
—Uno de mis padrastros no estaba precisamente eufórico al enterarse de
que iba a venir con ella. Era... Digamos que era pesado con sus manos. Estuve
en el extremo receptor más veces de las que puedo recordar y ella también. Así
es como sé cómo se siente un hueso roto.
—¿Holden... alguna vez te hizo daño? —Las palabras salieron forzadas de
sus labios, pero necesitaba saberlo.
—Gritaba y sí, me agarraba como hoy, pero nunca me fracturó nada —
explicó—. El alcohol y Holden rara vez se mezclan bien.
—Siento que haya estado allí hoy.
—No es que puedas controlar quién viene a mi oficina, Nathan.
—¿Y si ya no tuvieras que trabajar allí? —preguntó.
—Diría que estarías soñando. Me gusta trabajar.
—¿Y si alguien, un inversor mutuo, buscara Illusion by Design para su
propio beneficio? —Sonrió mientras los ojos de ella se abrían de par en par.
—¿Tú?
—Me doy cuenta de que podrías estar bajo un contrato con Thousand
Keys, pero te dije que había visto algunos de tus proyectos antes. WI busca
trabajadores dedicados como tú y Celeste. No hace falta que digas nada ahora,
pero te puedo decir que mis equipos ya están mirando de atraparlas por el precio
más alto. —Regresó al mostrador y empezó a preparar la bebida de Willow.
Ella observó con asombro cómo trituraba el hielo y unía todos los
ingredientes con facilidad y delicadeza. La forma en que agitaba la coctelera y la
movía alrededor de su cuerpo con movimientos fluidos no hacía más que reforzar
su punto de ser votado como el mejor barman durante dos años.
—Tenemos que renegociar en las próximas semanas. ¿Quizá podamos
organizar reuniones con ambas partes y ver quién sale ganando? —sugirió tras
un momento.
—Señorita Lewis, yo siempre salgo ganando. —Le guiñó un ojo mientras le
servía la bebida en un vaso huracán. Se lo acercó a ella antes de servirse un
dedo de bourbon.
—No lo dudo —murmuró ella en voz baja—. Llamaré a tu gente en algún
momento de esta semana.
—Espero tu llamada.
Se quedó en silencio por un momento mientras bebía la primera de las
bebidas enviadas por el cielo. Era incluso mejor que las que se había preparado
ella misma, lo que le parecía divertidísimo.
—¿Qué tal un guardaespaldas? —sugirió.
—¿Un guardaespaldas? No soy el presidente —resopló—. ¿Por qué iba a
necesitar un guardaespaldas?
—Dijiste que no había nada que impidiera a Holden verte o entrar y salir
de tu despacho. Alguien a quien le interesas tú lo detendría, impediría que te
viera. Ni siquiera sabrías que están ahí. Sin embargo, te daría tranquilidad, al
igual que a mí —explicó.
—¿A ti?
—Sé que nos conocemos desde hace poco tiempo, Willow, pero significas
mucho para mí. Eres mi amiga, una persona que me ve por mí y no por el signo
del dólar que conlleva. Tu bienestar y seguridad son importantes para mí. Dos
de las tres veces que te he visto, te has derrumbado por lo que te está haciendo
pasar y por lo que te seguirá haciendo pasar. Eres una mujer fuerte, Willow y no
me gustaría ver cómo te quita eso.
Sus palabras se hundieron en lo más profundo de su mente, llegando e
imprimiéndose en su simple carne.
Su seguridad era importante para él.
Ella era importante para él.
Ella era importante.
Importante.
Era una palabra que nunca había utilizado para describirse a sí misma.
Siempre se vio y pensó en sí misma como nada, no más que un saco de carne
cuya vida estaba llena de oscuridad y angustia.
Holden le había mostrado que había luz, pero tan rápido como había
encendido su mundo, lo había vuelto a apagar.
—¿Willow? —Nathan se arrodilló frente a ella y extendió sus manos para
tomar las suyas. Se dio cuenta de que se había ido a algún lugar de su mente y
supo que tenía que traerla de vuelta.
Su proximidad era casi demasiado en ese momento. Las manos de Nathan
en las suyas, su tacto, su olor... Todo era demasiado. Ella estaba desnuda frente
a él, y ni siquiera era necesario decir nada. No podía ocultarle el daño de su
pasado, y por mucho que quisiera, no tenía sentido intentarlo.
Nathan Wolf podía leerla más abiertamente que ella misma.
Era realmente la primera vez que podía ver lo oscura que era su idea de sí
misma. Le enfurecía que nadie hubiera intentado mostrarle lo contrario, que
nadie le hubiera mostrado quién era para ellos. Ella exudaba belleza, confianza
y fuerza por fuera, pero realmente estaba rota por dentro.
—Vuelve a mí —susurró, acercándose a su rostro. Su aliento le hizo
cosquillas en la mejilla, su aroma la invadió y la embriagó en un solo aliento.
—Estoy aquí —susurró ella—. Estoy aquí.
Ella sujetó sus manos con fuerza, sacudiendo los pensamientos negativos
que habían invadido su mente. Entonces levantó la mirada hacia él, con los ojos
avellana doloridos mirando al insondable marrón whisky. Sus palabras no eran
una mentira.
Eran una promesa.
—Alguien que me proteja sería bueno —admitió —. Si me hacen sentir,
aunque sea la mitad de segura que cuando estoy contigo, entonces estarán
haciendo bien su trabajo, ¿no?
Nathan se sorprendió de que ella aceptara tan rápidamente, pero se alegró
igualmente. Él la hacía sentir segura. La hacía sentir protegida.
El corazón se le hinchó en el pecho cuando la estrechó entre sus brazos.
Ella se derritió contra su cuerpo como si estuvieran hechos para encajar juntos,
sus brazos rodearon su cintura y finalmente dejó caer una lágrima.
La lágrima no era por Holden ni por la pérdida de su relación. No era por
el dolor de su traición ni por la ira contenida en su pecho. No, era por ella misma.
Por esa versión de quince años de sí misma que realmente pensaba que no tenía
a nadie. Era por esa niña que sabía que no era importante y que entendía lo que
significaba querer morir.
Era por ella.
5
—¿Por qué dejé que me convencieras de esto otra vez? —Willow gimió
desde la mesa—. Esto duele.
—Dijiste que querías hacerlo, para demostrar que no tenías miedo. Y
también algo sobre ser una mujer dura. —Le guiñó un ojo—. Además, ya tienes
más de la mitad del camino hecho. No te acobardes ahora.
—Espere, señor —resopló—. Eres el siguiente en la fila.
—¿Me vas a decir ya dónde lo voy a conseguir? —le preguntó, levantando
una ceja juguetona.
—Por desgracia, no va a ir en tu trasero... Ni en ningún sitio para el que
tengas que quitarte la ropa —murmuró ella.
—Puedo quitarme la ropa si quieres, Willow. —Sonrió—. Pero no creo que
Mitch lo aprecie.
Mitch era el hombre fuertemente tatuado que en ese momento estaba
aplicando tinta en el hombro de Willow. Tenía un acento australiano y unos ojos
azules brillantes que la hicieron sentirse cómoda en cuanto se sentó.
—Oye, no sería la primera vez, amigo. —Sonrió Mitch—. Ha habido
algunas mujeres animadas aquí.
—¿Qué? ¿Se han quitado la ropa porque podían? —preguntó Willow.
—Querían tatuajes gratis. —Mitch encogió sus hombros—. No soy ese tipo
de hombre. Sin embargo, estás aguantando muy bien, guapa. La mayoría de los
primerizos se desmayan.
—Entonces, menos mal que tengo la mano de mi compinche bien agarrada.
—Willow se volvió hacia Nathan y sonrió. Él hizo una mueca a su vez mientras
su mano volvía a ser su víctima.
Cuarenta y cinco minutos después, Mitch comenzó a limpiar su obra
maestra. Una marca permanente en su piel para recordarle dónde había estado
y, lo que era más importante, a dónde iba.
La decisión de hacerse un tatuaje había sido difícil. Le aterrorizaban las
agujas y no quería que un tatuador de segunda categoría le dejara algo que
odiara.
Así que Nathan se había propuesto encontrar lo mejor de lo mejor para
ella, aliviando su preocupada mente mientras planeaba cada detalle, hasta el
tatuaje que ahora llevaba en su piel. Se alegró de que le hubiera confiado esa
tarea, porque sabía que ella habría elegido algo completamente distinto. Aunque
hubiera sido su elección, no le habría gustado tanto como el diseño que él había
seleccionado.
—¿Estás preparada para echar un vistazo, guapa? —preguntó Mitch,
mirando entre la pareja—. Y luego es el turno del grandulón.
Los ojos de Willow brillaron con deleite ante la mera idea del tatuaje de
Nathan y sabía en su corazón que él la dejaría elegir lo que quisiera para él.
Porque confiaba en ella. Probablemente demasiado.
—¡Vamos a ver! —exclamó Nathan, emocionado por la revelación y la
historia que había detrás. Ayudó a Willow a bajar de la mesa, manteniendo sus
ojos cubiertos hasta que estuvieron de pie frente al espejo de cuerpo entero. La
imagen que le devolvía la mirada hizo que su corazón se hinchara y la emoción
inundó su voz.
—Muy bien, ¿estamos listos? —Le susurró al oído. Rebotó en su lugar y
una risa espontánea brotó de sus labios.
—¡Sí! —gritó cuando Nathan soltó sus manos.
Sus manos volaron inmediatamente a su boca, las lágrimas inundaron sus
ojos y corrieron por sus mejillas ante la belleza que ahora estaba en su hombro.
—Oh, Dios mío, Nathan —dijo.
Un hermoso colibrí revoloteaba sobre su hombro, con sus radiantes azules
y púrpuras brillando bajo los focos. Era la imagen más hermosa que había visto
nunca.
—Espero haber elegido bien —le dijo, admirando la belleza del tatuaje.
—¿Es eso un...? —Dejó de hablar mientras miraba más de cerca el tatuaje,
los colores cobrando vida ante sus ojos. En el mismo centro del colibrí había un
punto y coma.
En las últimas semanas, Willow se había sincerado sobre su lucha contra
la depresión, su ansiedad y la forma en que su mente funcionaba a veces. Le
había confiado sus días más oscuros, los días en los que la desesperanza la
invadía por completo. Ella no sabía que él había prestado tanta atención a lo que
le había dicho.
—¿Por qué un colibrí? Si no te importa que lo pregunte —preguntó Mitch
amablemente.
Dijo las palabras que había investigado al principio de su aventura.
—Hay una leyenda que dice que los colibríes flotan libres de tiempo, que
llevan en sus alas nuestras esperanzas de amor, alegría y celebración. Nos abren
los ojos a las maravillas del mundo y nos inspiran continuamente a abrir
nuestros corazones a los que nos rodean, a saborear cada momento que pasa y
a abrazar todo lo que la vida nos ofrece. Nos recuerdan con su gracia que la vida
es rica, que la belleza está en todas partes y en todo, y que cada conexión
personal tiene un significado. Y lo que es más importante, que la risa es
realmente la creación más dulce de la vida. El punto y coma se utiliza cuando
un autor podría haber terminado su frase, pero opta por seguir adelante. En
nuestras vidas, hay muchas veces que podríamos elegir rendirnos, acabar con
todo. Esto sólo significa que no lo hicimos y no lo haremos.
El colibrí encajaba perfectamente con Willow y su personalidad.
Y ella estaba de acuerdo.
Le echó los brazos al cuello, un suave sollozo emanó de su pecho mientras
agradecía en silencio al hombre que estaba cambiando lentamente su vida.
—Ahora te toca a ti —anunció Mitch mientras se dirigía a Nathan con una
mirada aguda—. ¿Qué te estás haciendo?

—¡No puedo creer que hayamos hecho eso! —exclamó Willow mientras
Nathan empujaba su silla hacia la mesa. Se sentó frente a ella con una amplia
sonrisa.
—Lo acabamos de hacer, Willow.
—¿Te gusta lo que he elegido para ti? —preguntó, sabiendo ya la
respuesta. Él no había sido capaz de hablar cuando se reveló su tatuaje, pero
sus ojos le habían dicho todo lo que ella quería saber.
Su bíceps estaba ahora decorado con una réplica exacta del reloj de bolsillo
de su abuelo. Las manecillas de las horas y los minutos estaban paradas a la
hora de su fallecimiento, algo que Nathan no había contado a nadie.
Aparte de ella.
El nombre de su abuelo estaba escrito con su propia letra: Archie. Una
pluma entintada lo cubría suavemente.
—Willow, esto es todo —murmuró Nathan, su voz traicionando su
emoción. Quería mirarlo fijamente y saborear los recuerdos que invocaba. Ahora
que tenía este recordatorio, su abuelo siempre estaría con él, sin importar dónde
estuviera o cómo hubiera llegado.
—Me alegro.
Su hermosa sonrisa iluminó sus rasgos y tuvo un profundo efecto en él.
Era la encarnación de todos los recuerdos felices que poseía, la sensación de ser
amado, apreciado y seguro. Poco a poco, se estaba enamorando
irremediablemente de la mujer que tenía delante. No le importaba si era
demasiado pronto o si el momento no era el adecuado, y estaba dispuesto a vivir
con sus sentimientos no correspondidos. Sólo quería hacerla feliz, ayudarla a
convertirse en la mejor versión de sí misma que pudiera ser.
—¿Qué te apetece comer esta noche? —preguntó después de un momento.
—El pollo a la naranja me parece delicioso, sobre todo con arroz de jazmín
—le dijo, sin dejar de mirar el menú—. Aunque el costillar de cordero casi me
está ganando.
—Bueno, ¿por qué no pedimos uno de cada uno? Así podemos compartir
y...
—Quieres decir robar, ¿verdad? Porque eso es lo nuestro. —Le guiñó un
ojo y él asintió.
Lo suyo. A él le gustaba eso. A ambos les gustaba.
Habían pasado cuatro semanas desde su encuentro inicial y la fuerte
amistad que se había forjado entre ellos estaba empezando a cambiarlos.
Para Willow, Nathan se había convertido en una constante en su vida.
Había estado con ella en todo, ayudándola a superar uno de los momentos más
oscuros de su vida. Apenas estaba empezando a abrir su mente a la idea de que
ella valía la amistad que él le ofrecía. Sus sentimientos por él eran extraños,
diferentes a todo lo que había sentido por Holden.
Con el tiempo, se preguntaba si lo que había sentido por Holden no era
amor en absoluto, sino simplemente aceptación... ¿Se había conformado con
Holden simplemente porque había sido la primera persona en mostrarle
amabilidad? ¿Había sido realmente feliz con él? ¿O simplemente había aceptado
obedientemente que él iba a ser su pareja para siempre?
Todas eran preguntas para las que ella no tenía respuesta.
Los repetidos intentos de Holden por llegar a ella habían resultado
infructuosos durante las últimas semanas, todo gracias a Alexander Callahan,
un hombre de constitución sólida que se mantenía en las sombras y se
aseguraba de que Willow se sintiera segura y de que Holden se mantuviera
alejado de ella. Se sentía infinitamente mejor sabiendo que alguien velaba
siempre por ella y estaría siempre en deuda con Nathan por hacer lo que hacía
para garantizar su salud mental, además de su seguridad.
Para Nathan, todo lo que hacía Willow le hacía sonreír, reír o una
combinación de ambas cosas. Ella le había abierto los ojos a la diversión y al
disfrute de la vida, haciéndole experimentar cosas nuevas. Su tatuaje, por
ejemplo, era algo que siempre había planeado pero que nunca había hecho.
Había aprendido mucho de ella en las últimas cuatro semanas, y había
planeado mucho más. Ella le había animado a tomarse un tiempo libre, lejos de
WI. Aunque sólo fuera por unos días, necesitaba alejarse y volver a encontrar su
centro. Así que Nathan había reservado un viaje a Napa para la primavera, pero
no le había dicho que había comprado dos boletos.
No, la sorprendería con ello cuando llegara el momento.
—Te ves muy pensativo —comentó Willow, sacándolo de su ensoñación
sobre la tierra del vino.
—¿Cómo ha estado Jaxson? —preguntó mientras cerraba su menú, con la
decisión ya tomada.
—En realidad, ha estado mejor. Creo que Callahan le asusta.
Alexander Callahan era la bendición personal de Nathan. Le estaría
eternamente agradecido al hombre que custodiaba a alguien tan increíblemente
valioso para él. Su capacidad para cumplir con su deber sin ser visto ni oído lo
convertía en uno de los mejores, incluso a la par de Margot en su opinión. Willow
sonrió cuando expresó el pensamiento en voz alta.
—Probablemente sea cierto. Para un tipo tan grande, seguro que es un
ninja. Y Celeste batea principalmente para el otro equipo, pero parece estar
enamorada de él —le dijo, recordando la reacción de su amiga ante su
guardaespaldas cada vez que estaban juntos en la misma habitación.
—Ni siquiera voy a intentar responder a ese comentario, pero le deseo
suerte con eso. —Se rio.
—Celeste es hermosa. Sería un tonto si no la viera al menos. —Se llevó la
copa de vino a los labios, dando un sorbo a la impresionante cosecha que Nathan
había elegido, mientras él sacudía la cabeza en señal de silenciosa admiración.
Puede que Celeste fuera hermosa, pero Willow era una diosa. Incluso
ahora, con su cabello rizado sobre los hombros, sus cálidos ojos marrones
mirándole con delicadeza y el tono rosado de sus mejillas, era sin duda la mujer
más hermosa que había visto jamás.
—¿Qué? —preguntó al notar que la miraba—. ¿Tengo algo en el rostro? —
Él negó con la cabeza y sonrió.
—Me gusta verte así.
—¿Así cómo?
—Sonriendo. Feliz. Siendo tú misma —explicó—. Ha sido un honor ser
testigo de la transición.
—Bueno, debería agradecértelo. Me has dado algo... algo por lo que nunca
podría pagarte. —Sonrió antes de bajar la mirada, mientras el tono rosado de
sus mejillas se volvía rojo escarlata.
—Tu amistad y tu amabilidad son más que suficientes, Willow —
respondió—. Y sin ti, nunca habría tenido el valor de hacerme esto.
Miró su tatuaje y luego volvió a mirarla a ella.
—Me gustaría proponer un brindis.
—¿Un brindis? —preguntó sorprendida.
—Por los nuevos comienzos, por las nuevas amistades y por ser nosotros
mismos al cien por cien durante el resto de nuestras vidas. —Levantó su copa
de vino y añadió—: Y por las citas permanentes de los martes por la noche.
Willow sonrió, asintiendo con la cabeza, emocionada y recordando. Cada
martes de las últimas tres semanas, sin falta, terminaban en algún lugar nuevo
para cenar. No importaba que hubieran pasado el fin de semana juntos o que
hubieran pasado el día mandándose mensajes; el martes por la noche era la
nueva tradición que ambos esperaban con más ganas que cualquier otra cosa.
—Por nosotros —dijo ella chocando sus copas. Cuando miró a Nathan a
los ojos, podría haber jurado que había visto algo diferente en ellos, algo que
despertó un delicioso calor en su interior.
Nunca la había mirado de esa manera.
La conversación continuó entre los dos mientras el camarero les traía los
aperitivos y los platos principales. Hasta el momento, habían hablado de la
escasa ropa que un grupo de mujeres había decidido llevar en público y de la
actitud de algunos de los camareros esta noche.
Nathan le contó más cosas sobre su familia de las que nunca había
compartido con nadie. Habló de la enfermedad que casi había acabado con la
vida de su madre. El cáncer de mama había afectado a su madre y a su hermana
en el mismo mes, y en el quinto aniversario de sus remisiones individuales, la
misma enfermedad había matado a su abuela.
También hablaron de recuerdos más felices. Él la había hecho sonrojar, la
había hecho reír y la había hecho sonreír en el transcurso de la velada. Le
encantaba lo que sentía con él. Una embriagadora sensación de libertad y
esperanza la inundaba cada vez que lo miraba o lo sorprendía mirándola.
—Vaya, pero si es Willow Lewis. —Una voz nasal interrumpió sus
bromas—. ¿Qué tendría que decir Holden sobre esto? —La mujer burlona cruzó
los brazos sobre su pecho y revolvió su cabello rubio decolorado de forma
demasiado dramática.
Sin siquiera mirarla, Nathan reconoció la voz de la hija de Damien DeLuca,
Penélope, una auténtica zorra. Consideraba a Damien un buen amigo y colega.
DeLuca Harvesting era una de las mayores empresas hortícolas del sur,
una industria que el abuelo de Nathan había querido mantener viva cuando la
recesión había devastado el mundo en 2008. Nathan se había reunido varias
veces con Damien y siempre había disfrutado de su perspicacia y su compañía.
En cambio, su hija era una receta para el desastre en cualquier cama en
la que cayera. Tenía hambre de dinero, de poder y buscaba constantemente la
aprobación que su padre nunca le daría.
Nathan la miró y resistió el impulso de poner los ojos en blanco. Su mirada
se dirigió rápidamente a Willow, que parecía que iba a atragantarse con la
comida. Sus ojos color avellana estaban congelados por el miedo. La mención del
nombre de Holden por parte de Penélope hizo que Nathan sintiera curiosidad por
su relación. ¿Penélope conocía a Holden? ¿Había sido realmente amiga de
Willow?
—Penny. —Asintió amablemente—. Si no te importa, me gustaría volver a
mi cena.
—Oh, tu cena, ¿eh? Es unas mil calorías de más para ti, ¿no? —Sonrió
Penélope—. Holden estaría enojado contigo.
Willow limpió sus labios con la servilleta antes de depositarla en su plato,
con el apetito extinguido. Se puso en pie amablemente y miró fijamente a la
mujer que tenía enfrente, una mujer a la que una vez había considerado una
amiga.
—No me cabe duda de que sabes que Holden y yo hemos terminado y lo
hemos hecho durante un mes. Te agradecería que mantuvieras tu nariz
quirúrgicamente alterada fuera de los asuntos que no te conciernen.
—Realmente no le diste otra opción que dejar tu gordo trasero. —Se burló
Penélope con una risa—. Entonces, ¿qué es esto? ¿Estás follando tu camino
hacia el árbol del dinero?
—¿Disculpa? —La voz de Willow se elevó una octava mientras daba un
paso involuntario hacia Penélope, pura aversión en esos ojos oscuros—. ¡¿Quién
demonios eres tú para decirme con quién puedo pasar el tiempo?!
—No empieces algo que no puedes terminar, pequeña.
—Puedo terminarlo, Penélope. Sabes, pensé que todo estaba bien entre
nosotras. Saliste con Holden y conmigo, me animaste a enamorarme de él,
aunque el amor es una de las cosas más difíciles para mí. Y lo hice. Me enamoré
fuerte y rápido, y terminé quemándome por ello. Siempre has estado de su lado,
lo entiendo. —Willow tomó aire, pero lo soltó con la misma rapidez—. Lo
entiendo, Penny. Pero eso no significa que puedas pavonearte aquí para burlarte
de mí sólo porque resulta que me estoy divirtiendo. Ve a informárselo a Holden.
No me importa. Hemos terminado. Nuestra relación ha terminado. Está en el
pasado, y ahí es donde jodidamente se va a quedar.
Penélope pareció sorprendida por un momento, como si una bomba
hubiera sido detonada frente a ella. Se recompuso visiblemente, enderezó su
espalda y dirigió su atención a Nathan. Le batió sus pestañas postizas y esbozó
su habitual sonrisa de reina de la belleza.
—Pero si es el gran y todopoderoso Nathan Wolf. ¿Cómo ha acabado
envolviéndote en su dedo?
—Willow es mi amiga, señorita DeLuca. De hecho, me atrevería a decir que
es mi mejor amiga. No ha habido ningún tipo de envoltura. Ella significa para mí
más de lo que alguien como usted podría comprender —respondió.
—Oh, estás tan azotado. —Se rio Penélope antes de mirarse las uñas con
disgusto—. Espero que no te arrastre por el barro como lo está haciendo con mi
amigo.
—Ella no está haciendo tal cosa a nadie y nunca lo haría. Sólo conoces
una parte de la historia, Penny. Yo tendría cuidado con lo que decidas decir a
continuación —le advirtió, con un tono amenazante.
—¿O qué? ¿Me echarás encima a tus matones?
—No. Hablaré con papi. —Eso la detuvo en seco.
Su reputación estaba justificada y bien ganada; era tan vil como él había
imaginado. Él estaría muy dispuesto a hacer saber a su querido papá que ella lo
había ofendido y dejar que las fichas cayeran donde pudieran. No le importaba
involucrarse en su drama familiar o incluso instigarlo. Penélope estaba hiriendo
a alguien que le importaba mucho, y su comportamiento exigía justicia.
—No conoces a mi padre. —Sonrió ella—. Te comería para el almuerzo.
—Entonces realmente no sabes nada, ¿verdad? —espetó Nathan—. Soy el
dueño de tu familia, DeLuca. Será mejor que te pongas al día y dejes de vivir de
tus ridículas demandas.
La piel de Penélope perdió su color mientras se tambaleaba varios pasos
hacia atrás. Sus ojos se abrieron notablemente ante el bombazo que acababa de
soltarle.
Frente a él, Willow estaba sentada con una sonrisa de satisfacción en el
rostro. Se acercó a propósito y deslizó la mano de ella entre las suyas, juntando
los dedos.
—Pon el rabo entre las piernas y vete, DeLuca, o habrá un infierno que
pagar, y me aseguraré de cobrarlo.
Su amenaza hizo que Penélope se alejara de ellos, golpeando algunas
mesas en el camino. Se volvió hacia Willow, con las manos aún unidas. Notó que
una miríada de emociones cruzaba sus rasgos en rápida sucesión: ira, tristeza,
miedo, más ira, frustración...
—¿No se acabará nunca? —suspiró ella, levantando por fin la mirada hacia
él.
Puede que tuviera la fuerza de diez hombres hace cinco minutos, pero su
adrenalina estaba disminuyendo y dejando el agotamiento en su lugar. La
confrontación siempre había tenido un efecto agotador en ella, y odiaba esa
sensación de debilidad.
—Ven aquí —le dijo Nathan, empujando su silla hacia atrás.
—Nathan, yo... —Estaban en un restaurante repleto y no quería que fuera
raro para él o para los otros clientes si se subía a su regazo, como deseaba hacer.
—Estás a punto de dejarme fuera y no quiero que eso ocurra, no después
del día mágico que hemos tenido juntos. Trae tu lindo trasero para acá y
abrázame, mujer.
No pudo evitar la pequeña sonrisa que adornó sus labios ante su orden, y
finalmente sucumbió a los impresionantes ojos ahumados que la atraían hacia
él.
Willow se envolvió en él con facilidad, inhalando su aroma y deleitándose
en la seguridad de su abrazo. Si fuera lo suficientemente valiente, le pediría que
se quedara con ella esta noche y le daría la oportunidad de explicarle quién era
Penny o, mejor dicho, quién había sido alguna vez.
Pero una parte de ella sabía que Nathan probablemente quería estar solo.
No hay mucho tiempo que dos personas puedan pasar juntas antes de que sea
demasiado, y ella no quería arruinar lo que tenían.
—Penélope es una perra. No dejes que nada de lo que diga se te meta en
la cabeza, ¿de acuerdo? Ella está hecha de viento. Sólo hace falta un soplo para
hacerla volar, y eso es exactamente lo que hiciste —la elogió—. Estoy muy
orgulloso de ti, Lo.
Su cabeza se levantó de su hombro ante el apodo con el que sólo se había
llamado a sí misma.
—¿Cómo sabías ese nombre?
—Te he oído murmurarlo para ti misma de vez en cuando. Y aunque me
encanta el nombre de Willow, Lo me parece más... ¿personal? Puedo dejarlo si
quieres.
—No. Me gustó —respondió ella con sinceridad. Nadie la había llamado
así, aparte de ella misma—. Sin embargo, eres el único, ¿de acuerdo?
—Trato. —Levantó el dedo meñique, solicitando en silencio el voto
solemne. Ambos consideraban que una promesa con el meñique era
inquebrantable, y ésta era su manera de tranquilizarla.
Ella unió su dedo con el de él y se los llevó a los labios, sellando la promesa
con un beso.
—Me haces sentir como una adolescente —soltó una risa antes de hacer
lo mismo.
—Bien. —Sonrió—. Ahora, vamos a llevarte a casa. No voy a ninguna parte
esta noche.
—Pero yo... ¿No estás harto de mí? —preguntó, genuinamente sorprendida
de que él no estuviera dispuesto a salir corriendo a la primera oportunidad.
—¿Cómo puedes siquiera hacer esa pregunta? Ángel, eres mi persona
favorita. Ya tienes que saberlo, ¿verdad? —Buscó en sus rasgos una señal de
que ella le creía, pero se sorprendió al no encontrarla.
—¿Favorita? —repitió, con las mejillas encendidas por su toque.
—Sí. —Sonrió—. Ahora, basta de pensamientos del lado oscuro, joven
Padawan5, vamos a llevarte a casa. Voy a por el helado de chocolate y tú puedes
tomar la manta esponjosa. Esta noche vamos a ver Netflix.
Finalmente, una sonrisa impresionante se abrió en sus labios y la risa más
hermosa brotó de su boca mientras asentía, aceptando con entusiasmo el plan.

Tyler: Nathan, reúnete conmigo en Onyx en una hora. Necesito a mi


cómplice.

Nathan puso los ojos en blanco ante el mensaje de su hermano, mientras


Margot se acercaba a la acera del edificio de apartamentos de Willow. Sus dedos
se posaron sobre el botón de respuesta, pero un movimiento a su lado lo distrajo.
Willow estiró sus extremidades, ligeramente avergonzada por haberse
quedado dormida en un viaje de veinte minutos en auto.
—¿Estás bien? —preguntó. Ella asintió y salió, envolviéndose con el abrigo
mientras el viento corría por la calle. Él salió tras ella y la siguió hasta el edificio.
Su celular volvió a sonar y esta vez, ella lo vio.
—Tyler te necesita —dijo. Su tono no era de decepción o tristeza. De hecho,
era todo lo contrario y eso lo sorprendió.
Ella había escuchado a Nathan hablar de su relación con su hermano
mayor durante semanas, y siempre sabía lo que él no podía decir. La relación se
había quedado en el camino tras el fallecimiento de su abuelo, y ahora Nathan
intentaba encontrar la manera de compensar a Tyler.
Ahora mismo, su hermano lo necesitaba. No lo alejaría de ese vínculo que
tanto necesitaba.
—¡Ve! —Puso la mano en su pecho, tocando el punto justo sobre su
corazón—. Tu vínculo con él es tan importante como el nuestro y ya hemos tenido
suficiente por hoy. Tu hermano te necesita ahora mismo.

5Un Padawan es entrenado para usar la Fuerza para el cuidado y protección de los demás. Padawan es descrita como
"un aprendiz de Jedi" y Sable de luz denota "un arma que se asemeja a una espada, pero que tiene un haz de luz
destructivo en lugar de una cuchilla". Término utilizado en la serie de películas de Star Wars
—Prometí que no te dejaría sola para lidiar con lo que acaba de pasar.
—No voy a estar sola. Tendré mi botella de Jack y Netflix para hacerme
compañía —bromeó.
En realidad, sólo quería darse un baño y hundirse en la cama, esperando
olvidar lo peor de su día.
—Puedo inventar una excusa.
—¡No te atrevas! Me estabas diciendo que sentías que necesitabas salir y
divertirte con Tyler —le recordó—. Esta es tu oportunidad.
—Pero...
—No me pongas peros, Nathaniel Jay Wolf. Estoy bien. Me has
acompañado obedientemente hasta mi puerta y has garantizado mi seguridad
en cada paso del camino. Te prometo que no saldré de mi apartamento hasta la
mañana. Ve y diviértete. —Se inclinó y besó su mejilla antes de apartarlo, con
una sonrisa juguetona en los labios.
—Te hablaré por la mañana —le prometió— Ah y, por cierto, mis padres
van a celebrar su almuerzo mensual con todos los niños el próximo fin de
semana. ¿Vendrás conmigo?
—No soy su hija, Nathan. —Se rio.
—Por favor, ¿por mí? Daría a la gente algo de lo que hablar. —La rodeó con
sus brazos y la apretó con fuerza—. Estaré siempre en deuda contigo.
—¿No lo estás ya? —Se rio. No tuvo que pensar dos veces su respuesta.
Cualquier cosa con tal de pasar más tiempo con Nathan, y posiblemente
aprender algunos de sus más vergonzosos recuerdos de la infancia. ¿Quién
podría decir que no a eso?
—¿Así que vendrás? —Los ojos de Nathan se abrieron de par en par
cuando asintió. La levantó de nuevo y la hizo girar—. ¡Gracias!
Se distrajeron con su celular sonó de nuevo, Tyler lo necesitaba más
pronto que tarde.
—Diviértete, Nathan. Actúa de acuerdo a tu edad por una vez. —Se apartó
de sus brazos y se dirigió a la puerta de su apartamento.
—¿Cuándo no lo hago? —respondió con una sonrisa—. Buenas noches,
Willow.
—Buenas noches.
6
Había pasado una semana desde que Nathan dejó a Willow para ir a
ayudar a su hermano y nunca podría agradecerle lo suficiente el empujón.
A la mañana siguiente, Nathan no podía recordar mucho, pero al menos
sabía que se había divertido con su hermano. También era la primera vez que
veía realmente a su hermano y lo que le pasaba.
Con el verano acercándose, Tyler se esforzaba al máximo para dar a sus
clientes exactamente lo que querían. Siempre iba más allá para ayudar a alguien,
pero Nathan no tenía ni idea de hasta dónde había llegado. Tyler estaba agotado.
La noche había sido concebida sólo como un medio para recoger a alguien y
llevarlo a su casa para tener una apariencia de intimidad, pero la necesidad de
Tyler de su hermano había exigido más. Hay que reconocer que ambos habían
dejado que sus negocios se interpusieran en su relación. No se había roto del
todo, pero aquella noche había comenzado el proceso de reparar los puentes.
El celular de Willow la sacó de un sueño sin sueños, la luz blanca
iluminando su dormitorio y quemando sus retinas al mismo tiempo. Se juró a sí
misma que mataría a la persona al otro lado del teléfono si no le daba una excusa
válida para despertarla.
Pero su ira se disipó inmediatamente cuando se dio cuenta de quién
llamaba. Su corazón se agitó en el pecho mientras se esforzaba por pulsar el
botón de respuesta.
—Nathan... Son las tres de la mañana —bostezó. No es que no se alegrara
de saber de él, sino que eran las tres de la madrugada.
—Lo sé. Lo siento. Debería haber... No, espera. ¿Qué demonios estoy
diciendo? —Dondequiera que estuviera, sonaba fuerte y para ser sinceros, muy
divertido.
—¿Estás bien? ¿Mala noche? —preguntó. Había un tono extraño en su voz
que ella nunca había oído antes. Sabía que él estaba ligeramente en el lado ebrio,
pero había definitivamente algo diferente allí.
—¡No! ¡Es una buena noche! Tiger me sacó... Creo que está más borracho
que yo.
—¿Tiger?
—Tyler. ¡Mi hermano! —explicó a todo volumen—. ¡¿Dónde demonios
estamos, Ty?!
Willow apartó el teléfono de su oreja mientras Nathan gritaba a su
hermano y se rio de las payasadas posteriores. Se sorprendió gratamente al
escuchar esta faceta de él; realmente estaba actuando a su edad y bajo la
influencia de su hermano mayor. No podía esperar a recordárselo cuando
inevitablemente se despertará con resaca por la mañana.
—¿Estás ahí, Willow? —Su nombre fue alargado e increíblemente
arrastrado, pero la hizo revivir.
—Estoy aquí, Nathan. —Rodó sobre su espalda y miró al techo—. ¿Estás
bien?
—Ty no quiere que me vaya a casa. Y una parte de mí tampoco quiere ir a
casa.
—¿Por qué no?
—Porque…. Me siento solo. —Puede que estuviera borracho, pero ¿qué
decía ese refrán?: Una mente borracha habla de un corazón sobrio.
Su propio corazón se rompió por él. Entendía lo que quería decir, aunque
él no lo hiciera. Era una introvertida confesa por naturaleza, y le gustaba estar
sola... Pero a veces la soledad se colaba y se aferraba a su corazón, enviando sus
pensamientos por un camino oscuro. Esperaba que no le ocurriera a Nathan,
pero por lo que parecía, así era.
—¿Cómo te sientes solo, Nathan?
—Tyler se va a casa con una chica... ¡y ni siquiera necesita recordar su
nombre por la mañana!
—¿Y qué tiene que ver eso con que te sientas solo? —Ella conocía el
sentimiento demasiado bien, especialmente las emociones que él no podía poner
en palabras ahora mismo.
—Porque, yo también quiero alguien con quien ir a casa.
—Entonces, ¿Por qué no llevas a alguien a casa? —sugirió.
—No quiero a ninguna, Willow. —Las palabras fueron definitivas, como si
nunca más se le fuera a ceder en ese tema—. Quién sabe qué horribles
enfermedades llevan.
—¡Nathaniel Jay Wolf! —Intentó sonar sorprendida, pero la risa brotó en
el siguiente segundo.
—¿Qué he dicho?
—Nada, está bien. Así que no quieres llevarte a ninguna a casa, ¿pero no
quieres estar solo? —resumió.
—Suena correcto, supongo. —Sabía que él había encogido sus hombros,
como si no fuera algo importante para él confesar.
—¿Está Margot ahí? Ella puede sacarte de ahí, de esa situación —
murmuró Willow.
—No siempre la tengo conmigo. Ty es mi hermano, ¿qué podría hacerme?
—¿Qué tal si voy a buscarte, entonces? Puedes volver aquí y dormir la
borrachera en mi sofá. Incluso podría ser amable y prepararte el desayuno por
la mañana.
—¿Harías eso? —preguntó, con genuino asombro en su voz. Esta mujer
era un ángel enviado desde el cielo para cuidar de él. Estaba seguro de ello. Lo
había sacado de una oscuridad de la que ni siquiera se había dado cuenta que
había descendido sobre su vida. Lo había metido en esa gran bola blanca de luz
que era Willow y lo había puesto todo patas arriba.
—Por supuesto, Nathan. Eres mi mejor amigo. Odio oírte tan molesto.
—Eres increíble, Lo...
—Sé que lo soy. —Sonrió ante su apodo—. Sólo haz que el bartender me
envíe un mensaje de texto con tu ubicación e iré a buscarte. Mantén tu trasero
borracho en ese taburete, Nathan Wolf. Y si tengo que ahuyentar a alguna mujer
con un bate, cubrirás mis gastos legales.
—Lo tienes, ángel. —Una vez más, su corazón se aceleró ante su otro apodo
para ella.
¿Cómo podía hacerla sentir tan ligera con unas simples palabras?

Vestida con unos jeans ajustados y una blusa negra sin hombros, Willow
pensó que tenía el aspecto de una veinteañera que iba a la discoteca. Qué
equivocada estaba.
Se preguntó cómo algunas de las mujeres no se habían congelado con su
escasa ropa, si es que se podía describir lo que llevaban como ropa.
Willow pasó por numerosas parejas en la oscuridad, esencialmente
chupándose la cara unos a otros. Estaba a favor de la pasión y de algunas
muestras públicas de afecto, pero éstas eran casi obscenas.
Onyx era uno de los clubes nocturnos más conocidos de Atlanta. Rara vez
había un periódico dominical que no tuviera algo escandaloso que informar sobre
él. Tanto si se trataba de una pelea en el bar como de las últimas y mejores
bandas de rock que pasaban por allí, siempre ocurría algo.
—¿Qué tal, guapa? —Le dijo un desconocido al oído mientras le pasaba el
brazo por encima del hombro. Alejó su brazo con facilidad y negó con la cabeza.
—No, gracias.
—No, no seas así, cariño. —El borracho continuó con su acercamiento
hasta que una pared de músculos se interpuso entre ellos.
—La señorita ha dicho que no, lameculos. —Willow reconoció el suave
barítono de la voz de Nathan y se relajó inmediatamente.
—¿Qué? ¿Me estás bloqueando la polla, hombre? —El otro hombre quería
empezar algo, eso estaba claro.
—No estoy haciendo una mierda, hombre. La señorita dijo que no. No
significa no.
—Sí, claro.
Entonces, Nathan agarró la camisa del tipo; casi levantándolo del suelo.
—Te sugiero que salgas de mi vista, imbécil. No querrás verme cuando esté
enojado.
—Nathan, déjalo ir. —Willow puso la mano en su hombro, suplicándole.
Dejó caer al hombre bruscamente y se giró para rodearla con sus brazos,
abrazándola por todo lo que valía.
—¡Estás aquí!
—¡Dije que vendría! —exclamó, devolviéndole el abrazo con la misma
fuerza.
—¡Ven a conocer a Tiger! —La soltó y tomo su mano, entrelazando sus
dedos mientras la atraía entre la multitud de gente.
Allí, en una cabina privada, estaba sentado Tyler Wolf con una mosca en
su regazo, sus bocas luchando por el dominio del otro. Willow estuvo a punto de
reírse de la exhibición, pero una parte de ella sintió una inexplicable punzada de
celos que no tenía nada que ver con Tyler ni con la mujer desconocida.
—¡Oye! Tendrás mucho tiempo para hacer eso más tarde, hermano. —Se
rio Nathan, golpeando a su hermano en el hombro—. Quiero que conozcas a
alguien.
Entonces, Tyler salió a tomar aire y sonrió a la mujer en su regazo.
—Otra ronda, nena. Por favor. —La chica parecía muy feliz de bajarse de
él y correr hacia la barra. Sin duda, tener el nombre de Wolf en sus labios
marcaba la diferencia. La mirada de Tyler se desvió hacia Willow—. ¿Quién es
este pedazo de culo caliente?
Sus ojos brillaban con picardía, lo que le decía que sabía exactamente
quién era ella. Aun así, se puso roja ante el comentario y Nathan actuó como si
tuviera algo atrapado en la garganta.
Tyler era el sueño húmedo de cualquier otra mujer: alto y bronceado, con
ojos azules y cabello ondulado de color castaño que le cubría las orejas. Iba
vestido con unos jeans oscuros, una camiseta blanca y una chaqueta de cuero
y prácticamente rezumaba atractivo sexual. La miró con ojos cálidos antes de
volver a mirar a Nathan.
—Vete a la mierda, Ty. Esta es Willow.
—¿La Willow? —Salió de la cabina y la rodeó con sus brazos, apretándola
con fuerza—. Es bueno saber que las chicas de Natty no son tan imaginarias
como solían ser.
Nathan gimió y sacudió la cabeza mientras Willow se reía, devolviendo el
abrazo de Tyler.
—Y tú eres tal y como te imaginaba. Nathan también me ha contado
muchas cosas sobre ti.
—¡Son todo mentiras! ¡Me lo juro y espero morir! ¡No tuve nada que ver
con el incidente del poste! —Ella no tenía ni idea de a qué se estaba refiriendo,
pero su mano se aferró a su boca antes de perderla.
—¡Cállate! —siseó Nathan—. ¡Ella no necesita saber todo!
—¡Claro que sí, sobre todo si va a ir por ahí con tu feo ceño fruncido! —Le
dijo Tyler.
—¡Eh, no es feo! —Lo defendió Willow—. Es más guapo que muchos de los
hombres de aquí.
—¡Sí, pero yo soy el hermano más guapo!
—También estás más cerca de morir —bromeó. Los ojos azules de Tyler se
abrieron de par en par ante esa idea. Luego miró a su hermano con fingido
horror.
—¡Mierda, ya no quiero ser el hermano mayor! —Hizo un puchero, con el
labio inferior sobresaliendo justo cuando su chica volvía a la mesa con sus
bebidas.
—Muy bien, Tyler, voy a llevar a tu hermano a casa. Te sugiero que hagas
lo mismo. Recuerda, tienes el brunch en... —Miró su reloj—. ...ocho horas.
—¡Demonios! Hermano, ¿dónde consigo una de ella? —exclamó Tyler,
tirando de la chica de nuevo a su regazo—. Bien, mamá, me iré a casa después
de este trago.
Willow le sonrió antes de envolver una mano alrededor de la cintura de
Nathan.
—Bien. Nos vemos luego, Tyler.
—¡Fue increíble conocerte! —gritó mientras se alejaban.
—Eres demasiado buena conmigo, Lo... —murmuró Nathan mientras lo
recostaba en su cama. Ella había decidido renunciar al sofá debido a los muchos
obstáculos que habrían bloqueado su camino hacia el baño.
—Esto es lo que hacen los amigos, Nathan. Sin embargo, si vomitas en mi
cama, te voy a patear el culo.
—Pero es un bonito culo —le recordó él, con los ojos cerrados mientras ella
le quitaba la chaqueta y los zapatos. Conectó su celular al cargador y envió un
breve mensaje a Margot para explicarle dónde pasaría Nathan la noche.
Luego, se puso de nuevo el pijama y se deslizó junto a él. Pasó los dedos
por su cabello y antes de darse cuenta, estaba tarareando algo parecido a una
canción de cuna.
—¿Qué tienen los demás hombres que yo no tenga? —preguntó en voz
baja.
—No sé a qué te refieres —respondió Willow, deteniendo sus movimientos.
—Lo he intentado... ¿El término sigue siendo “ligar”?
—Creo que sí.
—Lo intenté esta noche... y no quisieron saber nada de mí —suspiró—.
Hay algo malo en mí.
—No, no pasa nada contigo, Nathan. Algo anda mal con esas mujeres por
no querer hablar contigo, por no querer estar contigo —le explicó, con el corazón
roto por él y por ella misma.
Sus sentimientos estaban ahora completamente desarrollados y era capaz
de discernir lo que era real y lo que no. Sabía con certeza que el amor que creía
sentir por Holden no había sido amor en absoluto. También sabía que lo que
había empezado a sentir por Nathan iba mucho más allá de la amistad y de su
comprensión.
Sin embargo, Willow no lo culparía si nunca correspondía a sus
sentimientos. Ella había sido una mercancía dañada cuando se conocieron, y
ahora lo era aún más. Nadie sentiría por ella lo que más deseaba y una parte de
ella estaba de acuerdo con eso.
—¿Los hombres también son así de difíciles? —preguntó Nathan después
de un momento de silencio, su cuerpo se giró hacia ella como por instinto.
—A veces. Pueden perder el punto de vista muchas veces. Pueden tener
algo delante de sus narices y no verlo —dijo en voz baja, pero cada palabra estaba
cargada de su verdad, de su secreto.
Estaba enamorada de un hombre que nunca la amaría.
A la mañana siguiente, el olor del tocino hizo que Nathan abriera los ojos.
Ese aroma, combinado con el de Willow, le ayudó a reconstruir parte de lo que
había sucedido la noche anterior.
Sabía que había salido con Tyler y que habían ido a algunos bares. Sus
recuerdos eran poco claros después del cuarto... ¿O era el quinto?
Miró a su derecha, a la mesita de noche que contenía su regalo de
inauguración: flores de nomeolvides, tal y como estaban el día que se las regaló.
Se le dibujó una sonrisa en los labios al saber que su regalo estaba así de cerca
de ella en todo momento.
Tomo su celular y pulsó la pantalla para leer un mensaje de Tyler.

Tyler: Dile lo que sientes. Puede que te sorprenda su reacción.

Entonces le vino a la memoria la conversación con su hermano que había


desembocado en múltiples disparos, borrando esencialmente el resto de sus
recuerdos de la noche.
Le había confesado a su hermano que se estaba enamorando
perdidamente de Willow Lewis, una mujer a la que Tyler nunca había conocido
ni oído hablar. Nathan había entrado en detalles sobre su amistad, explicando
cada cosa cautivadora y hermosa que veía en ella. Había temido en voz alta que
fuera demasiado pronto, que no hubiera manera de que ella correspondiera a
sus sentimientos. Willow estaba superando el final de una relación de cinco años
con un hombre que la había engañado de múltiples maneras. Su nivel de
confianza en las personas y en los hombres en particular, debía estar bajo
mínimos. No quería lanzarse y tratar de darle algo que no quería.
No, seguiría siendo su amigo, la ayudaría a ser ella. Estara o no enamorado
de Willow Lewis, era su amigo, ante todo.
—¡Buenos días, rayo de sol! —Willow sonrió al entrar en su dormitotio, con
dos tazas de líquido humeante en las manos. Gimió y se revolvió sobre su
espalda, poniéndose totalmente alerta de dónde estaba... y de cómo estaba
vestida.
—¿Qué ha pasado? —preguntó.
—Me llamaste a las tres de la mañana. Estabas bastante mareado, pero tu
hermano estaba peor. No me sorprendería que acabara arrastrándose hasta el
almuerzo de hoy. Te he traído aquí y te he acostado —explicó ella, entregándole
su taza de panda designada.
Quiso reírse, pero le dolía demasiado la cabeza. Había reclamado esta taza
cuando le había comprado el juego; un panda, un tigre, un búho y un oso polar.
—¿Por qué estoy en tu cama? ¿Dónde has dormido?
Ella señaló el lugar que estaba a su lado.
—Eres un acaparador de camas, pero yo soy pequeña.
—Oh Dios, no hemos... —Entró en pánico internamente, esperando como
el infierno que no hubiera hecho lo que había prometido no hacer a pesar de su
intoxicación.
—Nathan, respira. —Ella puso la mano en su mejilla, acariciando su barba
con el pulgar—. No ha pasado nada. Te lo prometo. Te traje aquí porque me
preocupaba que pudieras tropezar con algo si necesitabas ir al baño a toda prisa.
Lo último que necesitábamos era un viaje a Urgencias.
—Lo siento mucho...
—¿Por qué?
—Si hice algo... Dije algo... —Intentó explicar, pero ella negó con la cabeza.
—Nada que no supiera ya, Nathan. Ahora, bebe. Margot llegará pronto con
una muda de ropa y un cepillo de dientes.
—¿Para qué? —Se restregó lo último que le quedaba de sueño en los ojos.
—Es sábado y me hiciste prometerte que te daría una patada en el culo si
te perdías el brunch con tu familia otra vez. Así que aquí estoy, ofreciéndote un
café y una patada en el culo.
De repente, lo recordó y se levantó de golpe, arrepintiéndose
inmediatamente de esa decisión.
—Relájate. Sólo son las nueve —aseguró ella—. Prometí prepararte el
desayuno si te portabas bien.
—¿Lo hiciste?
—Realmente no te acuerdas, ¿verdad? —preguntó. Él negó con la cabeza.
—Todo se fue al demonio después de Smithies —le dijo—. ¿A qué hora
dices que te llamé?
—Sobre las tres. Iba a matar a quien decidiera llamarme a esa hora, pero,
de todos modos. —Sonrió—. Supongo que me conformaré con patearte el trasero
en otro juego de mesa.
—Es justo. —Encogió sus hombros y se bebió lo último de su café—.
¿Cuántas partidas?
—Oh, señor Wolf... —suspiró con nostalgia—. Todas.
Se rio al oír su tono. Ella se esforzaba por sonar malvada, pero necesitaba
mucho trabajo. La amaba demasiado como para verla como algo que no fuera
bueno.

Aunque Willow había vivido en Atlanta, nunca había experimentado su


vitalidad como ahora. Sentada en el asiento trasero de uno de los automoviles
de Nathan, admiraba los estilos de las casas, de los árboles que bordeaban los
caminos, de los niños que jugaban en los parques. No recordaba la última vez
que se había limitado a observar y lo extrañaba.
El tranquilo discurso de Nathan se interrumpió bruscamente cuando sonó
el teléfono de Willow. Era el tono de llamada que conocía bien y la única persona
de la que no necesitaba saber nada en ese momento.
—¿Hola? —respondió.
—Willow, querida, ¿cómo estás? —La voz de Lucile Peters le produjo un
cosquilleo inoportuno.
Lucile era una mujer de alta posición social que amenazaba con hacer
daño a cualquiera que hiciera mal a su marido o hijastro o incluso simplemente
a su nombre. Nadie que la conociera tenía interés en ponerse en su contra.
Y Willow había hecho precisamente eso.
Lucile era la madrastra de Holden. Era propietaria de una serie de
floristerías de alta gama repartidas por toda Atlanta y actualmente estaba
haciendo un puente hacia otros estados. Willow no entendía cómo el negocio
podía estar creciendo y extendiéndose, teniendo en cuenta que Lucile estaba
perdiendo clientes y fondos a un ritmo rápido. Había estado al tanto de algunas
conversaciones durante la cena con la familia en las que Lucile había expresado
su preocupación por el fracaso de su negocio.
—Señora Peters. Estoy bien, ¿y usted? —respondió Willow, mirando
rápidamente a Nathan en busca de ayuda.
—Querida, ¿cuántas veces tengo que decirte que me llames Lucile? —Se rio
la mujer.
—Mis disculpas, Lucile.
—Me preguntaba cuándo ibas a venir a cenar, cariño. Hace tiempo que no
te vemos —explicó Lucile, pero a Willow no se perdió el desprecio en su voz. O
bien Lucile lo sabía y estaba esperando a que se lo explicara, o bien estaba
enojada por otra cosa.
—¿No te lo ha dicho? —preguntó Willow con cautela.
—¿Quién no me ha dicho qué, querida? —Utilizó el tono falso que había
perfeccionado a lo largo de años de escalada social.
—Holden y yo terminamos hace más de un mes. Siento que no se lo haya
dicho, señora.
—¿Qué quieres decir con que han terminado? Me dijo que me iba a proponer
matrimonio esta noche. —Lucile prácticamente le gritó a través del teléfono.
—No sé de qué habla, Lucile, pero no es a mí a quien se le va a proponer
esta noche. Lo siento, pero tengo que irme.
—¡Willow, espera!
Willow pronunció un rápido “adiós” y colgó. Nathan atrajo inmediatamente
las manos de ella entre las suyas, sus cautelosos ojos marrones buscaban los
suyos, suplicándole que hablara con él.
—No sé por qué he tardado en atar cabos, pero ella es...
—La madrastra de Holden. Y por lo visto, esta noche me han propuesto
matrimonio —explicó Willow, sacudiendo la cabeza con una risa sin humor—.
Nunca le dijo a ella ni a su padre que habíamos terminado.
—¿De qué tiene tanto miedo?
—No lo sé —respondió con sinceridad. Odiaba incluso pensar en Holden
cuando estaba con Nathan, cuando realmente se estaba divirtiendo como
nunca—. Oye, ¿alguien sabe que te has hecho un tatuaje?
—No exactamente. —Frotó su nuca con su mano, con la cabeza baja—. Es
más, o menos la primera vez que los veo en unas semanas.
—Oh —suspiró—. Lo siento.
—No es tu culpa. Ellos saben que los quiero y los llamo casi todas las
noches, así que no es para tanto —murmuró—. Iba a decírselos hoy.
—¿Lo dices porque estoy en el auto contigo y con gusto te presionaré para
que muestres la belleza de tu brazo? Y no me refiero sólo a tus músculos —Se
rio de su comentario y negó con la cabeza.
—Honor de explorador. —Saludó al aire.
—Nathan Wolf, eres un mentiroso. ¿Explorador? Algo me dice que las
actividades de grupo nunca fueron lo tuyo.
Una vez más, ella le había leído con la misma facilidad que uno de sus
libros favoritos.
—Ya hemos llegado —dijo de repente, mirando por la ventanilla del auto
cuando llegaron a la casa de sus padres.
Era hermosa: de alguna manera clásica pero moderna al mismo tiempo.
Parecía tan grande como la propia casa de Nathan, llena de recuerdos de toda
una vida. En el centro del césped delantero había un pequeño lago,
probablemente más grande que todo el apartamento de Willow. La hierba estaba
bien cuidada y exuberante, e incluso el camino de grava por el que circulaban
hablaba de dinero.
Willow se sentó asombrada mientras contemplaba la propiedad con los
ojos muy abiertos.
—¿Te has criado aquí? —chilló mientras él asentía—. Malditas bolas de
queso, Nathan. Esto no es una casa, ¡es una mansión! —Miró su ropa cohibida,
preguntándose nerviosamente qué pensarían de ella. Nathan se rio de su
reacción y negó con la cabeza.
—Tyler ayudó con eso. Quería hacer algo por ellos, así que poco a poco ha
ido añadiendo habitaciones aquí y allá.
Cuando el auto se detuvo lentamente, ella respiró profundamente para
concentrarse.
—Te lo repito, Ángel, te van a adorar, probablemente más de lo que les
guste verme a mí —bromeó Nathan mientras inclinaba su rostro hacia el suyo.
El aire entre ellos se hizo pesado por un momento, pero él se quedó
congelado en su sitio. No importaba cuánto deseara inclinarse hacia ella y aliviar
sus preocupaciones con un beso, porque estaba convencido de que ella nunca
lo vería así.
—Si estás seguro —susurró, mientras Margot abría la puerta.
—Lo estoy.

Danielle y Robert Wolf recibieron a Willow con los brazos abiertos de


bienvenida y a su hijo con la boca abierta de sorpresa. Nathan sabía que tendrían
muchas preguntas para él más tarde, pero por ahora se contentaban con conocer
a la hermosa joven que había traído.
Danielle era una mujer baja, pero lo compensaba con su ingenioso sentido
del humor y su exuberante personalidad. Llevaba el cabello peinado con un corte
pixie corto, que le encantaba desde que el cáncer había remitido y sus ojos
marrones (del mismo tono que los de Nathan) brillaban con orgullo maternal
ante su hijo y su amiga.
Robert, en cambio, era difícil de leer. Era más de medio metro más alto
que su mujer y llevaba el cabello negro bien peinado hacia atrás. A diferencia de
su mujer y de su hijo menor, tenía unos ojos azules llenos de una calidez en la
que Willow quería envolverse. Era relajado, hablador y no se parecía en nada al
hombre que ella había imaginado. La relación entre Robert y su hijo, sin
embargo, era algo que ella podía leer muy fácilmente.
Había mucho amor en esta familia, incluso más de lo que sus largas
conversaciones con Nathan le habían hecho esperar.
Su hermana, Remington, conocida cariñosamente como Remi, era una
mujer que Willow quería conocer más personalmente. Con un impresionante
cabello caoba que caía sobre sus hombros y unos ojos azul zafiro, Remi se
burlaba de su hermano y hacía que Willow se sintiera incluida desde el primer
abrazo.
Tyler estaba casi comatoso en la mesa, la frescura de la mesa era su único
santuario después de la noche anterior. Willow no pudo evitar sonreírle y Nathan
hizo lo típico de los hermanos y se aseguró de hacer todo el ruido posible.
—Así que, sí, fue mi caballero de brillante Armani... —La sonrisa de Willow
era cegadora mientras relataba la historia de su primer encuentro con su familia.
—Esa fue la misma noche que nos llevaste... —Comenzó a decir Robert,
sólo para ser silenciado por su hijo. Willow miró a Nathan por un momento, con
la confusión marcando su hermoso rostro, antes de que sonara el timbre de la
puerta.
—Oh, serán nuestros nuevos vecinos —explicó Danielle—. Se mudaron el
fin de semana pasado y pensé... ¿Por qué no?
Robert se levantó para hacer pasar a sus nuevos invitados a la sala,
mientras Nathan y Willow se acercaban. Se detuvo en seco cuando escuchó tres
voces familiares. Al parecer, los nuevos vecinos de los Wolfs eran las personas
que a Willow le hubiera gustado no volver a ver: la familia Peters. Willow salió
rápidamente de la sala con la mano en la boca, dejando a Nathan para que se
encargara de la limpieza.
—Nathan, Willow, permítanme presentarles al señor Montgomery Peters,
director general de Ardonix, y a su esposa, Lucile —anunció Danielle, que no
había visto la precipitada salida de Willow.
—Lo siento, ¿acabas de decir Willow? —Los ojos de Lucile se entrecerraron
en dirección a Nathan, buscando a la mujer en cuestión.
—Sí, la amiga de Nathan —enfatizó su madre, mirando a la otra mujer con
confusión.
—Disculpen —dijo Nathan mientras se levantaba de su asiento. Asintió
cortésmente a los recién llegados antes de seguir los pasos de Willow fuera de la
sala. Para cuando llegó a la entrada principal, pudo oír los tonos ásperos de una
discusión en curso.
—¡¿Qué demonios estás haciendo aquí?!
Nathan reconoció la voz de Holden al instante y una rabia silenciosa llenó
su pecho lentamente al escuchar las groserías que le escupía a Willow. Apresuró
sus pasos hacia ella, recordando la promesa que le había hecho mientras se
dormía en sus brazos todas esas semanas atrás.
No dejaré que te haga daño de nuevo, Willow Lewis. Tienes mi palabra.
—¡Estoy aquí con mi amigo, Holden! ¡La última vez que lo comprobé, se
me permitía tener amigos! Pero a pesar de todo, ¡ya no depende de ti! —siseó
Willow, alejando su muñeca de su agarre cuando Nathan entró en la habitación.
—¡Mierda, no lo es!
—¿Cuál es tu maldito problema, Holden? —preguntó Nathan, mientras
Willow se introducía agradecida en su abrazo—. ¿Por qué no puedes dejarla ir?
Ella no es tu propiedad. No te pertenece.
Un destello de algo siniestro brilló en los ojos verdes de Holden, que se
estrecharon hasta convertirse en rendijas, provocando un escalofrío en Nathan.
¿De verdad Holden creía que Willow le pertenecía?
—Ella es jodidamente mía, Wolf. Sólo porque te moje la polla no significa
que no quiera algo —gruñó Holden.
—Yo cuidaría lo que sale de tu boca a continuación, porque si dices una
sola cosa más en contra de Willow, no seré responsable de mis acciones —
advirtió Nathan, levantándose amenazadoramente hasta su altura completa.
—Holden, ¿cuál es tu problema? ¿Qué tienes tanto miedo de que haga?
¿Alertar a los medios de comunicación de que estás enamorado de un hombre?
—Willow habló en ese momento, y Holden se apresuró a mirar alrededor de la
habitación—. ¡Ya no es un tema tabú, Holden! ¡Ahora, la gente puede amar y
casarse con quien quiera!
—¡Baja la voz! —Le dijo.
—¡No! ¿Crees que el mundo te va a repudiar porque eres bisexual? ¿Tu
padre? ¿Tu madrastra? ¡A nadie le importa una mierda, Holden! —Ahora estaba
gritando y había llamado la atención de los padres de Nathan y de Holden.
—Cuida tu boca, Willow. —Holden se quejó, sus ojos se dirigieron a Nathan
con la esperanza de hacerla callar.
—¡Ya la he cuidado lo suficiente! Mi lealtad hacia ti, mi amor por ti, todo
era una farsa. Una tapadera, si quieres. Porque no podías ser abierto contigo
mismo y con la persona que realmente amabas. ¡Ser quién eres no es el fin del
mundo! Si realmente miraras al mundo y vieras cuánta aceptación hay ahí fuera,
¡serías un hombre más rico de lo que podrías soñar! —exclamó—. Sólo porque
tu empresa familiar no crea en eso, no significa que los demás no lo hagan.
Industrias Wolf no discrimina y Nathan tampoco lo hace. Todo el mundo es
diferente, ¡no importa a quién amemos! Sin embargo, no vamos por ahí dando
berrinches como si tuviéramos dos años.
La sala se quedó en silencio cuando Willow se desahogó con él. Desde el
punto de vista de Nathan, era un espectáculo que le gustaba mucho ver.
»Por el amor de Dios, Holden, cómete una cucharada de cemento y
endurece la mierda. Lloriquear y seguir así no te llevará a ninguna parte, no
importa de quién estés enamorado. —La voz de Willow era más fuerte de lo que
nadie había oído nunca, pero los nervios que había detrás le ganaban
rápidamente.
Había dado un discurso delante de la familia de Holden y de la de Nathan.
Había jurado delante de ellos, se había comportado como una loca. Sin embargo,
no sintió ninguna simpatía por Holden, a quien había que decírselo, ni tampoco
sintió nada por Montgomery o Lucile. Si no iban a aceptar a su hijo por lo que
era, que así fuera.
El cuerpo de Willow empezó a temblar cuando se dio cuenta del
espectáculo que había dado. Se volvió hacia Nathan con los ojos llenos de pánico
y una mano sobre la boca.
»Tengo que irme.
Salió corriendo junto a él, dejando más silencio aturdido a su paso.
—¡Willow, espera!
Nathan corrió tras ella y finalmente logró alcanzarla cuando se acercaba a
la orilla del agua. Las almohadillas de lirio decoraban la superficie del estanque
mientras los peces koi danzaban graciosamente debajo. La mirada de Willow
estaba fija en sus movimientos, su respiración era agitada mientras Nathan se
acercaba. No podía mirarlo, no podía dejarle ver la vergüenza en sus ojos.
—Lo siento mucho. Debería irme, es que...
—Lo, respira —le rogó—. Respira y mírame.
Le dio la vuelta para que lo mirara, manteniendo sus cuerpos separados
por el momento. Sus ojos seguían negándose a encontrar los de él mientras su
labio inferior temblaba. Necesitaba calmar su pánico y su vergüenza por lo que
había dicho.
—No puedo... Nathan, yo... Oh, Dios. —Se estremeció cuando él le levantó
la barbilla con los dedos. Sus ojos marrones brillaron, con un humor profundo
en sus hermosos iris.
—Eso fue posiblemente lo más increíble que he presenciado.
—¿Lo fue? —preguntó, confundida.
—Lo fue. Oírte hablar así sobre amar a quien amamos sin consecuencias
y aceptación, significa mucho para mí, y significará mucho para Remi.
—¿Remi? —La cabeza de Willow se inclinó hacia un lado ante el
comentario—. ¿Remi es...?
—Ella cree que la familia no lo sabe, pero nosotros lo sabemos
probablemente desde la mitad de su vida. No he hablado mucho con ella sobre
el tema, no quiero presionarla para que se abra antes de tiempo, pero tal vez tu
pequeño discurso ayude a darle el empujón que necesita para hacerlo. Dios sabe
que me ha dado el empujón para hablarte de nosotros.
—¿Nosotros? —murmuró—. ¿Qué pasa con nosotros? ¿No quieres que
sigamos siendo amigos?
Su corazón se rompió al pensarlo. Perder su amistad sería peor que estar
enamorada de él. Se había acostumbrado tanto a su presencia y a la sensación
de seguridad que le daba. La tranquilizaba como ninguna otra cosa lo había
hecho.
—Lo, yo... —Las palmas de sus manos sudaron de repente mientras su
corazón se aceleraba. ¿Por qué estaba tan nervioso? Sólo había imaginado esto
mil veces—. Puedes decir que es demasiado pronto, que no quieres esto, que
quieres seguir siendo amigos... Pero necesito que lo sepas, para que sigas
luchando y sigas siendo la luchadora que has sido desde que te conocí.
—Nathan, yo...
Entonces, sus labios fueron silenciados con los suyos.
7
El tiempo dejó de existir en ese momento. La sensación de sus labios,
firmes y cálidos contra los suyos, la dejó sin aliento y desesperada por más.
Sintió que uno de sus brazos la rodeaba y que la otra mano seguía acariciando
su mejilla.
Willow se fundió con él, dejando que tomara el control de uno de los
momentos más surrealistas de su vida. Se negó a dejar que sus pensamientos
interrumpieran este momento con el que había estado soñando desde que vio
por primera vez a Nathan Wolf. Nunca la habían besado así. Era suave y
delicado, pero con una pasión que prometía más. Los besos de Holden habían
sido castos y ligeros, como si siempre hubiera tenido prisa.
El pequeño gemido de Nathan la devolvió al presente y se obligó a olvidar
a Holden. Se hundió aún más en su abrazo, con la esperanza de prolongar el
hermoso momento. La abrazó con fuerza y sintió que sus labios se curvaban en
una sonrisa contra los suyos. Los brazos de Willow rodearon su cintura,
aferrándose a su musculoso torso.
Sus labios se separaron demasiado pronto, con las frentes apoyadas una
contra la otra mientras luchaban por respirar. Ambos anhelaban
desesperadamente otra dulce probada.
—Lo… —Suspiró, con un millón de pensamientos que pasaban por su
mente.
Willow se inclinó hacia delante, con las manos en su pecho y apretó sus
labios contra los de él con una fuerza que lo tomó por sorpresa. La sensación de
sus suaves labios rojo rubí contra los suyos, el sonido de su zumbido cuando él
volvió a tomar el control... Le aceleró el pulso. La respuesta de ella le impulsó a
seguir adelante y le hizo profundizar en el beso. Sus cuerpos cobraron vida, con
miles de nervios disparándose en todas las direcciones. Los fuegos artificiales
nunca podrían compararse con lo que estaban experimentando en ese momento.
Pasaron minutos o quizás sólo segundos, pero no importaba. Todo lo que
se habían estado muriendo por decir quedó al descubierto, un vacío tácito que
se llenó con el delicioso calor de sus labios moviéndose el uno contra el otro.
De repente, estaban en el aire, y sus cuerpos se estrellaron contra el
estanque koi que tenían al lado. Los ojos de Willow se abrieron de golpe y soltó
un grito cuando algo se abalanzó de nuevo sobre ella y sintió una gran lengua
contra su mejilla. La risa fue lo siguiente, después de la conmoción, cuando el
gran perro dorado continuó lamiendo a ambos.
—¡Lady! —exclamó Nathan, rascando al bello animal detrás de las orejas.
Ella se sentó sobre sus patas traseras y levantó una pata hacia Nathan,
esperando que hiciera lo que siempre había hecho.
»¡Eso no ha sido muy amable, Lady, nos has empujado al agua! —La
amonestó, pero aun así la chocó—. ¿Cómo has estado, chica?
—¡Oh, Nathan! —Una mujer mayor se acercó entonces a ellos, con las
manos sobre su boca mientras observaba la escena que tenía delante—. Lo siento
mucho. Se fue y... Es una niña muy traviesa.
—Extrañaba verme, señora Daniels —dijo él, rechazando su disculpa—. Y
yo también la extrañé.
Lady siguió sentada en el agua, mirando con la cabeza inclinada hacia
Willow como si la estuviera evaluando.
—Qué chica tan bonita —murmuró, levantando la mano hacia la nariz de
Lady. Una vez que Lady había olido bien, Willow se sintió lo suficientemente
segura como para acariciarla. Los ojos de Lady se cerraron con satisfacción
cuando Willow llegó a un punto que obviamente necesitaba ser rascado y la perra
jadeó agradecida.
—Deja que te ayude a levantarte —murmuró Nathan, moviéndose
finalmente de su lugar en el agua. Estaba empapado, pero no le importaba.
Willow le tendió ambas manos, pero él la levantó completamente en sus brazos,
guiñándole un ojo mientras sus piernas colgaban sobre su brazo.
—Lady, ven aquí, vieja tonta. —La señora Daniels llama a su perra, que
parecía muy feliz de jugar en el agua.
Entonces, Nathan silbó con fuerza, haciendo que Willow diera un respingo.
Lady salió del agua y se sentó obedientemente a su lado, mirándolo con nada
más que amor en sus ojos.
—Juro que cree que todavía es una cachorra. —La señora Daniels sacudió
la cabeza y sonrió—. Estábamos paseando y de repente, se ha escapado. No
puedo disculparme lo suficiente, Nathan...
—Esta es Willow Lewis —anunció Nathan con orgullo, bajando finalmente
sus pies al suelo—. Y por favor, no te disculpes. Tengo la sensación de que va a
ser una historia increíble para contar en los próximos años. Willow, esta es la
vecina de mis padres, la señora Daniels.
—Willow, querida, yo... —Willow levantó la mano hacia la mujer y negó con
la cabeza.
—Está perfectamente bien, señora Daniels. Es una chica hermosa y
obviamente, no soy la única que quería algo de atención de Nathan. —Sonrió y
se sonrojó ante su propia admisión.
—Bueno, ella está entrando en su edad. Tendrá dieciséis años este año.
Nathan se quedó boquiabierto al oír la cifra y se puso a hacer cuentas.
Sabía que su tiempo estaba a punto de cumplirse y de ninguna manera iba a
dejar que hoy fuera la última vez que pasara con Lady.
Lady había sido una compañera constante durante toda la vida de Nathan.
Estaban unidos por la cadera la mayoría de las veces. Ambos habían hecho todo
juntos, llenando sus días con juegos y ejercicios desde la mañana hasta la noche.
Nathan había entrenado y criado a Lady. Ambos habían aprendido tanto el uno
del otro que no era de extrañar que su vínculo siguiera intacto.
—¿Cómo está ella? ¿Y cómo está usted? —preguntó Nathan.
—Estoy bien, hijo. —La señora Daniels sonrió a Nathan. Su cabello era
completamente gris ahora, su rostro definido por las líneas de la risa y la edad,
pero seguía siendo la mujer que le había ayudado con los deberes y le había
dejado refugiarse en su casa cuando Tyler daba una fiesta.
Willow los observó a ambos interactuar, notando la facilidad de su
conversación y la forma familiar en que ella le hablaba. Palabras cortas y fáciles
y una confianza sin esfuerzo. Se dio cuenta de que su relación era más de lo que
parecía.
En realidad, la señora Daniels había sido una de las primeras en tratar a
Nathan como el chico que era, y no como el chico que el resto de la sociedad veía.
Sabía que era diferente, como ella. Era una forma leve de dislexia, que todavía le
afectaría si no fuera por la señora Daniels y su experiencia. Le había ayudado a
dar sentido al caos y él le estaría siempre agradecido por ello.
La señora Daniels era tratada como una abuela más de la familia Wolf,
invitada a casi todos los cumpleaños, navidades y actos familiares. Siempre
habría un asiento en su mesa para ella, mucho después de su muerte. Nathan
se aseguraría de ello.
—Y Lady, bueno, está vieja —continuó con un triste suspiro—. En este
momento son más citas con el veterinario que paseos.
—Oh, no —dijo Willow con un puchero, entristecida por la noticia—. ¿Hay
algo que podamos hacer para ayudar?
Inconscientemente, su mano se entrelazó con la de Nathan y la apretó
suavemente. Él le devolvió el gesto de la misma manera, dándose cuenta de
repente de lo mucho que había decaído su estado de ánimo en los últimos
segundos.
—Sólo necesita amor, querida. ¿No lo necesitamos todos a estas alturas de
la vida?
—Bueno, ¿podemos ir a verla más tarde? ¿Una vez que nos hayamos
secado y cambiado? —sugirió Willow. Se dio cuenta de lo mucho que Lady
significaba para Nathan. Apenas tuvo que decir una palabra, pero ella lo sabía.
—Por supuesto que pueden. Sabes que mi puerta está siempre abierta
para ti, Nathan, y para tu preciosa chica. —La señora Daniels tomó la delantera
de Lady y se adelantó, con los brazos abiertos para que Nathan la abrazara.
Y la abrazó.
La abrazó con fuerza, con un amor sin límites, emociones sin palabras
fluyendo entre los dos mientras se aferraban el uno al otro. Todo lo que Nathan
quería decir se transmitió en esto; cada disculpa por no estar cerca, cada
sentimiento sobre Lady y la señora Daniels que no podía verbalizar; ahora estaba
en sus brazos.
Cuando terminaron de abrazarse, la señora Daniels le dio una palmadita
cariñosa en la mejilla.
—¿Crees que podría abrazar a esta linda chica o vas a mantener tus
grandes zarpas sobre ella?
Willow sonrió desde su lugar y se metió en el abrazo de la mujer. Puede
que fuera una desconocida para ella hace cinco minutos, pero se encontró
sintiendo más vínculo con ella que con cualquier otra persona que hubiera
conocido en los últimos seis meses.
La sensación de la mujer mayor la envolvió y la calentó por completo,
haciendo que sus ojos se llenaran de lágrimas que no podía explicar.
—Oh no, dulce niña. Nada de lágrimas. —La señora Daniels se apresuró a
limpiarlas y acariciar la mejilla de Willow—. Te veré pronto.
—Adiós, Lady. —Nathan se acuclilló en el suelo y besó el hocico de Lady—
. Sé una buena chica para mamá, ¿sí?
Ella le respondió lamiendo su mano y luego estornudando, lo que hizo que
él se riera y asintiera ante sus travesuras. Era algo que ella siempre había hecho,
desde que era un cachorro; algo que él se alegraba de que siguiera haciendo.
—Sabes que nunca hace lo que le digo. —La señora Daniels negó con la
cabeza—. Los veremos más tarde.
—Por supuesto —confirmó Willow.
Juntos observaron cómo la señora Daniels y Lady seguían caminando por
la orilla del agua, justo hasta que se perdieron de vista.
—Vamos a meterte dentro. Debes estar congelada. —Nathan le pasó un
brazo por los hombros y la estrechó contra él.
—Estoy bien. ¿Tú lo estás?
—Lo estoy. Lo siento, no sé lo que pasó allí...
—Tú y Lady tienen una historia. ¿Tengo que estar celosa? —bromeó.
Nathan se rio, echando la cabeza hacia atrás entre risas.
—Ella ha sido la única mujer en mi vida, Lo, hasta ti.
Se sonrojó al oír sus palabras y se colocó el cabello suelto detrás de las
orejas. Quería hablar con él, preguntarle sobre su beso y lo que significaba ahora
para ellos, pero las palabras le fallaban. Sabía que el momento de hablar sería
más tarde, que siempre habría tiempo para hablar con Nathan.
—¿Crees que los demás fueron testigos de todo eso? —preguntó Nathan,
mirando hacia la casa de sus padres. El patio y la ventana de la cocina estaban
ausentes de cualquier mirada ansiosa, pero sólo imaginaron que habían estado
allí hace un rato.
—Oh, Dios —jadeó Willow—. Holden.
—¿Qué pasa con él? —Las tripas de Nathan se revolvieron ligeramente
ante la mención del nombre de Holden, especialmente porque ahora sustituía su
propio nombre en sus labios.
—Si él acaba de ver eso...
—No hay nada que pueda hacer, Lo. Créeme. No hay nada que pueda hacer
para que deje de besarte nunca más —le prometió—. Y lo volveré a hacer ahora
mismo, si me dejas.
Su cuerpo se inundó de un calor que nunca había sentido antes; algo
nuevo y excitante... algo más.
Se mordió la lengua para no exigir que la besara de nuevo. No quería
parecer demasiado codiciosa. En lugar de eso, asintió y caminó hacia la casa,
con Nathan pisándole los talones.

Los Wolf habían actuado como si no hubiera pasado nada cuando los dos
volvieron a entrar después del incidente con Lady, pero sus miradas cómplices
los delataron antes de que Nathan y Willow pudieran siquiera empezar a explicar
lo que había pasado.
Montgomery, Lucile y Holden se habían marchado segundos después del
arrebato de Willow, así que la posibilidad de que Holden hubiera visto algo de lo
sucedido era mínima. Se preguntaron cómo reaccionaría su familia ante la
noticia de su hijo, pero fue un pensamiento fugaz. Ya no les importaba Holden y
su obsesión por mantener su sexualidad en secreto.
Remi le había dado de buena gana a Willow algo de su propia ropa para
que se cambiara, algo cálido y cómodo de lo que Willow se enamoró en cuanto
se vistió. Nathan tenía un juego extra de pantalones deportivos y una camiseta
en su dormitorio de infancia, que sorprendentemente todavía le quedaban bien,
incluso después de todos estos años.
Pasaron la tarde con la señora Daniels y Lady. Nathan se dedicó a ser el
manitas de la casa, arreglando lo que podía para ella y mandando a su ejército
a hacer el resto de las tareas durante la semana siguiente. Willow y Lady se
relacionaron con una pelota de tenis y con caricias en el patio trasero.
La galería de la imaginación de Nathan se llenó de imágenes de Lady y
Willow acurrucadas una al lado de la otra, ambas dormidas.
Willow se encontró a sí misma enamorándose más del hombre que tenía
delante; viéndolo interactuar con la señora Daniels, garantizando su seguridad
por encima de todo y asegurándose de que iba a estar bien una vez que se fueran.
Realmente tenía el corazón más grande que ella había visto.
—Hola, estamos en casa. —Nathan le apartó el cabello del rostro,
guardando en su memoria cada detalle de su rostro dormido.
Su día había sido la definición de la perfección, con un poco de drama en
el almuerzo, pero era del tamaño de una hormiga en comparación con el resto
del día.
—Lo... vamos, bella durmiente. —Le dio un suave codazo.
Los ojos de Willow parpadearon y su entorno se convirtió en algo más que
un desorden borroso.
—¿Dónde estamos?
—En mi casa. Celeste va a venir, así como mi hermano y mi hermana —
explicó.
Era algo que llevaba planeando desde hacía un par de semanas; una noche
de juegos de mesa con sus seres más queridos y esta noche parecía la perfecta
para llevarla a cabo.
—¿Así puedo mostrar mis locas habilidades? —Willow sonrió y se sentó
más recta en su asiento—. ¿Por qué siempre me duermo en este auto?
—No es difícil. Los BMW son los más seguros del sector y la comodidad es
importante para mí. —Sonrió—. Y ciertamente no me importa que te duermas
encima de mí, me hace sentirme cálido y confuso por dentro.
—Sí, bueno, no vas a estar todo calentito y difuso cuando le gane a tu
trasero en la plétora de juegos que seguramente tienes planeados.
—¿Es eso un reto, señorita Lewis? —Entonces, un tono juguetón apareció
en su voz y una sonrisa curvó sus labios.
—Desafío... amenaza... —musitó ella.
—Oh, Willow... —gruñó justo cuando Margot abrió su puerta.
Ella le sacó la lengua en señal de desafío, prometiéndose a sí misma que
haría todo lo posible para asegurarse de que Nathan Wolf perdiera esta noche.

—¡Willow gana de nuevo! —exclamó Willow, con su copa de vino saltando


en la mano mientras colocaba su última carta. Nathan la miró, boquiabierto y
luego dejó caer el resto de su mano sobre la mesa.
—En serio, ¿dónde demonios escondes tus cartas? —argumentó Tyler,
buscando debajo y alrededor de la mesa las supuestas cartas perdidas.
—En algún lugar donde nunca las encontrarás, Tiger —canturreó Willow
antes de dar otro gran sorbo a su vaso—. Creo que esta vez jugábamos por
dinero...
—Te dije que no la dieras por sentada, hombre. —Le recordó Nathan a su
hermano. Había apostado sólo una pequeña cantidad a que Willow lo ganaría
todo. Sin embargo, su hermano se puso en plan Tyler y apostó cien.
—Maldita sea —gruñó, antes de meter la mano en su cartera y sacar uno
de los billetes.
Willow sonrió como un gato de Cheshire al ver sus ganancias, metiendo el
billete en su sujetador mientras se bebía lo último de su bebida. Entonces miró
a su alrededor, confundida.
—¿Qué pasa?
—¿Dónde se han metido Cel y Remi? —Les preguntó a los hermanos, que
ahora miraban alrededor de una habitación vacía.
—¿Quién sabe? —Tyler encogió sus hombros—. ¡Exijo la revancha!
—Oh, ni siquiera lo pienses, Ty. Simplemente te ganará otra vez y te
quedarás sin otros cien dólares —argumentó Nathan—. Además, se está
haciendo tarde.
—Lo siento, papá, ¿tenemos que ir a la cama ahora? —gruñó Tyler, con
un brillo juguetón en los ojos. Disfrutaba irritando a su hermano, mucho más
de lo que le gustaría admitir.
—Aunque me encantaría volver a ganarle a tu trasero, Tyler, Nathan tiene
razón. Necesito llegar a casa y hacer que al menos parezca que mi casa está
habitada —se rió Willow.
—¿Fiesta de pijamas en casa de Willow? —sugirió Tyler, guiñándole un ojo
a Nathan. Nathan respondió dándole un puñetazo a su hermano en el brazo,
haciéndolo caer.
Celeste y Remi finalmente salieron de donde quiera que estuvieran, con
las mejillas sonrojadas y el cabello alborotado. Willow jadeó, alertando a Nathan
y Tyler de su presencia.
—¡No puede ser! —exclamó, saltando y rodeando con sus brazos a las otras
dos mujeres de la habitación.
—¿Qué ha pasado? —susurró Tyler a Nathan, mirando hacia la Willow
sobre emocionada.
—Ni idea —susurró Nathan, igualmente perplejo.
En su pequeño rincón, Willow exigía silenciosamente respuestas a los
otros dos, con una sonrisa del tamaño de Texas en su rostro.
—¡¿Cuándo?!
—¡Jesús, la Willow borracha es ruidosa! —Celeste fingió limpiarse el oído
de la voz de Willow y sonrió—. Y acaba de pasar.
—No estás... —Remi se movió de un pie a otro, incapaz de encontrar la
mirada de Willow—. Quiero decir, Nathan explicó algo de lo que pasó entre tú y
el-que-no-debe-ser-nombrado.
—Ooh, ¿podemos llamarlo Voldemort? —reflexionó Willow, con el dedo
sobre su labio pensando—. ¡Y realmente no me importa en absoluto! Siempre y
cuando seas feliz.
—Fue instantáneo... el momento en que estábamos en el ascensor —se
encontró Celeste explicando.
—Ugh, qué bonito. —Willow rodeó con sus brazos a su amiga—. Te quiero,
chica.
—Yo también te quiero. —Sonrió Celeste—. Deberíamos llevarte a casa. Ya
sabes lo que es mañana.
—¿Mañana? —El interés de Nathan se despertó, pero se detuvo en seco
cuando miró a Willow. Su mirada había caído al suelo y todo su cuerpo se
congeló en el lugar.
—¿Willow? —Celeste rodeó a su amiga con un brazo reconfortante antes
de mirar a Nathan—. ¿Hay alguna habitación libre donde podamos hablar?
—Sí, por supuesto. —Asintió Nathan mientras conducía a las damas a su
dormitorio, que cuando estaba cerrada estaba completamente insonorizada. Allí
estarían seguras para hablar—. Toma, tómense todo el tiempo que necesites.
—Gracias, Nathan. —Celeste le ofreció una pequeña sonrisa mientras
cerraba la puerta.
—¿Todo bien, hermano? Willow parecía bastante alterada. —Tyler se
acercó a su hermano y le entregó otra cerveza.
—No sé lo que ha pasado Ty, y si lo supiera, no te lo diría. Los asuntos de
Willow son sólo suyos. Sólo me alegro de que Celeste la conozca mejor que ella
misma... al menos, espero que lo haga. —Nathan se giró hacia la puerta y
suspiró—. Willow decidirá contarme o no y eso depende completamente de ella.
—Eres un buen tipo, Natty. —Tyler envolvió un brazo alrededor de los
hombros de su hermano, llevándolo de vuelta a la sala de estar donde Remi
estaba ocupado barajando las cartas.
—¡Oh, no, otra vez no! —Nathan levantó las manos en señal de rendición
hacia su hermano y su hermana—. ¡Ustedes dos y su extraña cosa de gemelos!
Se han confabulado contra mí.
—No hacemos tal cosa, hermanito. —Sonrió Remi antes de repartir la
primera de las cartas.
—Si me despierto con un tatuaje de alguno de sus nombres en algún lugar
de mi cuerpo, no voy a ser feliz —replicó mientras se sentaba en el cojín.
Mientras tanto, Willow se paseaba por el dormitorio de Nathan, con las
manos en su cabello, mientras su estado de ánimo se derrumbaba.
Con fuerza.
—¿Cómo puedo siquiera empezar a explicarlo, Cel? Quiero decir... me está
ayudando con toda esta tontería de Holden... no puedo echarle encima otra fiesta
de “lástima por Willow”.
—¡Oye! Es obvio para mí que ese hombre ahí afuera se preocupa mucho
por ti. Creo que necesita saberlo y tienes que ser tú quien se lo diga. —Celeste
hizo todo lo posible por consolar a su mejor amiga, pero sintió que se quedaba
corta.
—Me gustaría ser normal.
—Lo normal es aburrido. Ya conoces la historia de mi vida, Willow. No
estaría aquí hoy si no fuera por mi pasado. Tampoco lo estarías tú. Nathan ha
sido puesto en tu camino por una razón. Y no creo que sea una roca que puedas
mover pronto.
—Puedes...
—Lo agarraré y lo traeré. También me aseguraré de que la casa esté
despejada antes de que salgas. —Celeste la abrazó ferozmente, como lo haría
una hermana mayor—. Te quiero, Willow.

—¿Estás bien? —Nathan se precipitó hacia ella en cuanto vio el estado en


que se encontraba.
Estaba arrodillada en el suelo con la cabeza inclinada, por lo que él no
podía ver su rostro, no podía obtener una lectura de ella. Tampoco había podido
hacerlo en el pasado, pero esperaba que ella le diera algo.
—Necesito decirte algo, explicarte algo —suspiró Willow, mientras él se
arrodillaba a su lado. Sus manos habían tomado las de ella y las acunaban
suavemente, con los pulgares acariciando la suave carne.
—Estoy aquí. —Le aseguró, con el pánico apoderándose de su corazón.
¿Qué tenía que explicar que la había reducido a esto?
—Mi madre. No hablo mucho de ella porque es difícil. El hecho es que mi
madre y yo apenas nos llevamos bien. Siempre intenté hacerla sentir orgullosa,
hacerla feliz, pero nunca fue suficiente. La amaba, pero ella no me amaba como
yo creía que debía hacerlo una madre.
»Avanzamos rápidamente hasta después de otra de sus rupturas, que nos
hizo mudarnos al otro lado del país. Ella consiguió un trabajo para el padre de
Holden. Todo estaba bien, más o menos. Estaba terminando el primer año
cuando fue arrestada.
—¿Arrestada?
—Sí —continuó—. Malversación, fraude de dinero... algo por el estilo.
También hubo un par de cargos más, pero no fueron tan fuertes. Ha estado en
la cárcel durante los últimos siete años, y aún le quedan por lo menos
veinticinco.
—Lo, lo siento mucho —murmuró Nathan mientras apretaba sus manos.
—Montgomery, mi padrastro, me acogió en su casa y me ayudó durante
mi último año. Fue maravilloso ser conocida como la hija de la presa, que estaba
destinada a seguir el mismo camino. Me dijo que mi madre era inocente y que
me quería. Por mucho que quisiera creer sus palabras, nunca la había oído
pronunciarlas, así que no podía. Mi madre era una desconocida para mí y eso
me rompió completamente el corazón.
La mente de Nathan se tambaleó al pensar en la relación entre
Montgomery y Willow, y quizás en los motivos que la impulsaban. ¿Había
participado Montgomery también en las actividades ilegales de su madre?
»De todos modos, tras convencerles de que era una presa modelo, según
les hizo creer, pidió visitas conyugales. También alegó que quería poder abrazar
a su hija y seguir teniendo ese vínculo, en lugar de estar atada a una mesa y no
poder abrazarla ni tocarla... y yo estaba muy feliz. Mi madre, una mujer que
nunca me había mostrado un ápice de afecto, quería ese vínculo... Por supuesto,
estuve de acuerdo, al igual que el juez. —Su voz se había elevado, con un tono
sarcástico que Nathan captó.
»Doce semanas después de que se concediera la visita, me entregaron una
carta, junto con una ecografía. Mi madre no quería las visitas conyugales para
verme, ahora lo sé. Diablos, también lo sabía entonces. La carta, estaba tan feliz
de traer otra vida al mundo. Holden estaba allí, sostuvo la carta mientras la
leía... me sujetó el cabello mientras perdía la cena, la comida y el desayuno en
el inodoro. —Willow se estremeció visiblemente ante el recuerdo mientras Nathan
se acercaba a ella.
—Lo...
—Juré desde ese día que Vicky Lewis; la mujer que me dio a luz, no era mi
madre. Yo era huérfana por mi propio pensamiento. Ella nunca habló de mi
padre, sólo que se levantó y se fue poco antes de que yo naciera. Luego me dijo
que había muerto en el extranjero. Mis abuelos eran inexistentes. ¿Tías y tíos?
Ni idea. —Limpió las lágrimas de sus ojos antes de mirarlo.
»Mañana tienen una reunión con ella y conmigo. El parto será en poco más
de un mes, así que la reunión es para decidir el destino del bebé, con quién vivirá
después de nacer. Viendo que ella no quiere nombrar al padre y que él no va a
dar un paso adelante. Parece que va a depender de mí. —Su voz era un susurro,
pero estaba llena de mucho temor y ansiedad.
—Decidas lo que decidas, Willow, te apoyaré. Tus amigos te apoyarán.
Somos tu familia. Puede que no tengamos la misma sangre corriendo por
nuestras venas, pero puedes estar segura de que no vamos a dejar que pases
por esto sola —explicó Nathan antes de tirar de ella hacia su regazo.
Su cabeza se apoyó en la suya, su respiración era superficial y suave. De
vez en cuando moqueaba y sus dedos se movían para secar sus lágrimas, pero
él la detenía.
Levantó su barbilla y la miró a los ojos acuosos de color miel. Cada
segundo que pasaba se enamoraba más de ese color. Tenía los ojos hinchados,
la nariz roja y los labios temblorosos. Acarició suavemente sus mejillas mientras
le secaba las lágrimas.
Nunca había estado más hermosa.
—Te tengo —prometió mientras se inclinaba hacia ella.
—Lo sé —respondió antes de también inclinarse y apretar sus labios
contra los suyos.
8
Se acercaban las cinco de la tarde y aún no tenía noticias de Willow. Una
parte de él quería tomar el teléfono y llamarla, para convencerla de que hablara
con él. Sin embargo, sabía que la llamada tendría el efecto contrario en ella.
Se cerraría y se negaría a hablar.
Se había mantenido ocupado todo el día, coordinando a su personal para
ayudar a la señora Daniels y proporcionar ayuda y apoyo extra a sus padres para
el baile dentro de tres semanas. Esperaba invitar a Willow como su cita.
Su cita.
Todavía no habían hablado de lo que había ocurrido en la orilla del agua
el día anterior, y temía que no quisiera hablar de ello todavía. Sólo quería que
ella supiera de su beso. Si era demasiado para ella, no le importaba. Si no era
suficiente y ella quería más, pues estaba aún más de acuerdo.
En cualquier caso, lo que ella decidiera, lo que sintiera, dependía de ella.
El zumbido de su celular lo asustó cuando el tono de llamada de Willow
sonó en el altavoz. Una hermosa foto de su rostro sonriente llenó la pantalla y
se encontró sonriendo como el tonto enamorado que era.
—Lo, ¿estás bien?
—Sí, no es Willow. Es Cel. Acabo de llevarla a casa —respondió Celeste en
su lugar, con un tono preocupado.
—¿Está bien?
—Um, ¿no? Fuimos a un bar después de todo... y ella, bueno, se ha tomado
unas cuantas copas.
—¿Están en su apartamento? —preguntó, ya a medio camino de su
estudio.
—Sí, estamos. Acaba de empezar con Jack. —Margot apareció de la nada,
con las llaves en la mano. Nathan sonrió agradecido mientras ambos se dirigían
al garaje y al auto.
—Estaré allí pronto, ¿de acuerdo? Gracias, Celeste.
—Eres su persona, Nathan. No creo que sea capaz de afrontar el día de hoy
si no te ve.
—Estaré allí. —No quiso decirle el efecto que sus palabras tuvieron en él.
¿Era realmente la persona de alguien?
Y más específicamente, ¿era la persona de Willow?

—¿Lo? —gritó al entrar en su apartamento. Celeste estaba sentada en el


salón, mordiéndose el labio inferior con preocupación.
—Está en el baño. La convencí para que se diera una ducha y dejara la
botella. —Señaló con la cabeza la botella de Jack Daniels que había sobre la
mesa de centro—. Nunca la había visto así.
—¿Estaba mal?
—Peor. Lleva unas semanas sintiéndose mal y creo que todo el asunto del
enfrentamiento con Vicky fue la gota que colmó el vaso. —Hizo una mueca—.
Siento haber tenido que llamarte.
—No hay ningún lugar en el que prefiera estar. De todos modos, iba a
venir; traer pizza y todo eso —explicó.
—Entonces, ¿dónde está? —bromeó Celeste, justo cuando se abrió la
puerta del baño de Willow.
—Ahora mismo me pongo a ello. —Guiñó un ojo y miró a la belleza morena
que estaba de pie en su cocina, envuelta sólo en una toalla.
Para ser sinceros, no habría importado lo que llevara puesto. Ella era la
única en la habitación, la única que le sostenía la mirada, que tentaba cada uno
de sus nervios y emociones. Había algo completamente nuevo con Willow Lewis
y él estaba amando cada minuto.
—Hola.
—¿Cuándo has llegado? —Inclinó la cabeza hacia un lado, perpleja de por
qué la criatura con aspecto de Dios estaba en su sala.
—Hace un momento. Celeste llamó y me preguntó si podía venir. Voy a
pedir pizza. ¿Algún pedido especial?
Nathan Wolf estaba en su sala de estar, con todo el aspecto de la obra
maestra comestible que era. Nada le apetecía más que arrastrarse por su
magnífico cuerpo y no separarse de él nunca más, pero sabía que eso era un
cuento de hadas.
—Hmmm... cualquier cosa es buena. Siempre y cuando tenga extra de
piña. —Se dirigió hacia él, con la cabeza nadando en ese buen sentido.
Sacudió la cabeza y puso cara de asco.
—¿Extra de piña? Recuérdame otra vez por qué soy tu amigo.
—¡Oye! ¡La piña es la maldita fruta de los dioses! No desprecies mi piña
sólo porque estés celoso de que pueda entrar en mi boca y tú no.
Nathan no dijo nada mientras ella se daba la vuelta y se alejaba hacia su
dormitorio, con una simple sonrisa en los labios.
—Willow borracha es... interesante —suspiró Celeste—. ¿Quieres que me
quede por aquí?
—Creo que probablemente sea mejor que te quedes —dijo él—. Creo que
te va a necesitar más de lo que dice.
—Cualquier cosa por Willow. Ahora, será mejor que pidas esa pizza o habrá
un infierno que pagar.
—Sí, señora.

Willow se sentó con las piernas cruzadas en su sofá, deleitándose con su


cuarto trozo de cielo. Nathan había sido inteligente y había pedido la piña extra,
algo que a ella le parecía muy dulce por su parte.
Vestida con un jersey de gran tamaño y pantalones de yoga, se sentía
realmente cómoda en su entorno.
La botella de Jack seguía en el centro de la mesa de café, esta vez
compartida entre los tres. No hacía falta decir nada. La sensación de la
habitación les decía lo suficiente de lo que había ocurrido hoy.
—Va a depender de mí —afirmó mientras dejaba caer la corteza de la pizza
de nuevo en la caja. Después de limpiarse los restos de la boca, cogió el vaso y
se lo llevó a los labios.
—Entonces, ¿qué pasa ahora? —preguntó Celeste.
—Esperamos hasta que dé a luz y entonces... entonces pasan cosas. Puedo
elegir entre dejar que el bebé entre en el sistema o... —Su voz se interrumpió
mientras las lágrimas se acumulaban en sus ojos.
—Decidas lo que decidas, Willow, tienes todo nuestro apoyo —murmuró
Nathan, acercando su mano para tocar su brazo.
—Durante todo el tiempo, no me miró ni una sola vez... ni siquiera cuando
el protagonista me hablaba, preguntándome qué elegiría hacer. ¡Estaba mirando
su panza! Acariciándola y amándola. Dos cosas que siempre quise de ella pero
que nunca tuve. —Las lágrimas se deslizaron desde las esquinas de sus ojos y
sobre sus mejillas enrojecidas—. Ahora me ha dejado con esto... y si doy un paso
en falso, acabaré siendo odiada de nuevo por ella.
—Willow…
—Solía pensar que había algo redimible en ella. Que tal vez algo había
retorcido su mente, un tumor o algo así, algo que podría ser eliminado y entonces
ella sería mi madre de nuevo. Pero nunca lo ha sido. He sido una carga para ella,
una carga que nunca quiso. —Con eso, se bebió el resto del whisky en su vaso
antes de inclinarse hacia adelante para llenarlo de nuevo.
Nathan se quedó sentado en silencio, atónito. No podía entender sus
palabras, ni el verdadero significado de las mismas. Nunca había conocido a la
mujer y desde luego, esperaba no conocerla nunca. Vicky Lewis era una mujer
vengativa y cruel, y aunque nunca le desearía la cárcel a nadie, se alegraba de
que estuviera allí y de que Willow estuviera aquí.
Willow era todo lo contrario en todos los sentidos. Su corazón era más
grande de lo que ella creía. Era muy creativa, dedicada y con mentalidad
empresarial. Estaba dispuesto a pedirle que entrara en el consejo del WI y le
diera una charla a su equipo; así de mucho confiaba en su instinto. Por eso la
quería como parte de su vida.
—No es justo —suspiró ella.
—No lo es —dijo—. Lo que ella había hecho y sigue haciendo a ti, no te lo
mereces, Lo. Si hubiera algo que pudiera hacer, cualquier cosa, lo haría y lo
sabes. Sólo tienes que pedirlo.
—No quiero volver a ver a esa perra nunca más; ¿puedes hacer eso?
¿Puedes prohibirle que se ponga en contacto conmigo, que me busque? —Se giró
hacia él, con los ojos avellana rogándole en silencio.
—Pondré a mi equipo a trabajar en ello a primera hora de la mañana —
prometió, con su mano acariciando la suya suavemente.
—¿Lo harás? —Parecía realmente sorprendida y lo estaba. El odio a su
madre era algo muy personal. Nunca esperó que Nathan pudiera hacer nada de
lo que le pedía.
—Por supuesto, ángel. Como te he dicho antes, tu seguridad y tu bienestar
son lo más importante para mí. Lo sabes, ¿verdad?
Sus ojos se cerraron mientras una nueva ola de emoción la invadía. No
pudo asentir ni negar, pero todo su cuerpo cayó en su abrazo. Sintió los labios
de él en la parte superior de su cabeza y se permitió ese pequeño placer.
—Me voy. ¿Está bien, nena? —Celeste rozó suavemente la pierna de su
mejor amiga, tratando de reconfortarla en lo que pudiera.
—Gracias, Cel. No sé qué haría sin ti. —Sus ojos seguían cerrados, pero
las palabras eran claras—. Eres mi hermana. Lo sabes, ¿verdad?
—Siempre, Willow. —Celeste sonrió y besó su mejilla—. Descansa un poco,
¿de acuerdo? No te preocupes por el trabajo de mañana.
—Mierda —gruñó—. El trabajo.
—Ni se te ocurra, Willow —advirtió Nathan—. Si alguien tiene algún
problema con que te tomes el día libre, puede hablar conmigo.
—No eres mi jefe —murmuró desafiante.
Resulta que amaba su trabajo y quería estar allí, sin importar lo que le
dijera su cabeza.
—No, pero soy el director general con mucha influencia en la comunidad,
recuérdalo —la corrigió—. Tienes derecho a días para cuidarte, ¿sabes?
—El trabajo me distrae, Nathan. ¿No lo entiendes?
Y lo entendía. La entendía mejor que ella misma. El trabajo era una
oportunidad para dedicarse a otra cosa, algo que la alejara del drama de la vida
real.
Pero también sabía que, si no se tomaba el tiempo para cuidarse, se
estrellaría antes de que terminara la semana.
—Lo entiendo, de verdad —le aseguró—. Pero también sé que te ayudará
durante dos o tres días, y luego todo se sumará y te derribará. No quiero que te
quemes.
—No me voy a quemar. Lo creas o no, he trabajado en cosas peores.
No lo dudaba.
—Prométeme que te vas a tomar un tiempo para ti esta semana —le
imploró, mirando al mismo tiempo hacia Celeste. Ella se limitó a asentir y a
despedirse con la mano.
—Lo prometo —suspiró Willow y se hundió más en su abrazo—. Gracias
por estar aquí, Nathan.
—Siempre, Lo. —Volvió a besar la parte superior de su cabeza,
recostándose en el sofá con ella.
Le envió un mensaje a Margot, diciéndole que se fuera a casa y luego
esperó hasta que su respiración se estabilizó.
»Dulces sueños, Willow —susurró.
Colton Anderson abrió la puerta a una aterrorizada Willow el jueves
siguiente por la tarde. El ama de llaves intentó, sin éxito, comprender por qué
estaba en la casa de Nathan, pero él sabía que nunca se le negaría la entrada.
Apretó el sobre contra su pecho mientras se aventuraba en el interior y en
su sala. Esto era una tontería, pensó. Nathan estaría en el trabajo. No estaría
aquí.
—¿Nathan? —gritó su nombre y se encontró con el silencio.
—El señor Wolf está en el trabajo en este momento, señora —explicó
Colton con un tono simpático—. Puedo llamarlo por usted si lo desea.
El pánico se apoderó de ella una vez más. Su corazón se negaba a frenar,
a dejar que la calma la invadiera. No podía respirar.
Eso es lo que Holden le había hecho ahora; la había llevado a la histeria
total. Esas imágenes que él tenía de ella, las que ella no sabía que había tomado,
las amenazas que había lanzado con ellas... La asustaban hasta la médula.
Respiró entrecortadamente, luchando por llenar sus pulmones de pánico.
El sobre la estaba esperando cuando llegó al trabajo esta mañana, con su
nombre escrito en su desordenada letra. El contenido del sobre hizo que su
estómago se vaciara en la papelera más cercana. Su nota le hizo temblar la
columna vertebral y las extremidades.
No sabes lo que has empezado, Willow. Creía que había confianza entre
nosotros. Está claro que no te importa manchar mi nombre, así que qué tal si yo
mancho el tuyo por él.
Una vez más, su estómago se vació, acompañado de un flujo constante de
lágrimas. Realmente era un sádico, alguien que ahora estaba dispuesto a hacer
cualquier cosa para volver a tenerla bajo su control.
¿Cómo no lo había visto antes?
¿Cómo no había sido lo suficientemente fuerte para verlo antes?
Fragmentos de su memoria revolotearon ante sus ojos; su posesividad, la
forma en que siempre tenía que tener una parte de él tocándola, cerca de ella.
Cómo tenía que saber dónde estaba a todas horas del día.
Mirando ahora hacia atrás, podía ver las señales de que Holden no era
quien decía ser.
Era peligroso.
En cuanto pudo formar una frase coherente, pidió que la relevaran por el
resto del día y fue directamente a casa de Nathan. Él podría ayudarla a darle
sentido a todo, ayudarla a poner medidas para detener a Holden y su tortura
mental.
Willow negó con la cabeza un momento demasiado tarde al hombre que
esperaba una respuesta mientras le mostraba su teléfono, ya marcando a
Nathan.
—Willow. —El solo hecho de que él dijera su nombre tuvo un efecto
inmediato en ella. Le resultó un poco más fácil respirar en ese momento,
disminuyendo parte del pánico en su cansado corazón.
—N-Nathan —Deseaba no sonar tan débil, pero le había prometido a
Nathan revelar todo, prometió no ocultar lo que sentía, ni por qué lo sentía.
—¿Dónde estás? —Al otro lado de la línea, Nathan ya estaba a medio
camino de su auto, Margot no muy lejos de él. Sólo una palabra, una palabra
rota de ella y él había dejado todo sin siquiera despedirse.
—Tu casa —susurró, con las lágrimas empezando a brotar de sus ojos.
—Diez minutos, ángel. Serán diez minutos. Quédate en la línea conmigo. No
me importa si no hablas, sólo quédate en la línea para que sepa que estás segura
—le rogó.
Segura.
Con Holden ahí fuera, con esas fotos de ella en su poder, ¿podría estar
realmente segura? Sabía que con Nathan era una respuesta obvia, pero ¿cómo
se tomaría él la noticia de lo que Holden planeaba hacer?
Su amenaza se repitió una y otra vez en su mente, y las lágrimas
aparecieron más rápido. No debería estar aquí, no debería haber venido
esperando otro resultado que no fuera que él la rechazara con disgusto.
—¿Sigues ahí, ángel? —Su voz estaba cargada de preocupación por ella.
Odiaba que no pudiera decirle lo que estaba mal, pero sabía que había algo. Se
había convertido en una sintonía con ella, casi hasta el punto de la telepatía
cuando se trataba de Willow. Ella se estaba encerrando en sí misma.
Y sólo le había dicho tres palabras.
—Sí —murmuró, con la mano cubriendo su boca, tratando de evitar que
la bilis subiera inevitablemente.
—Entra en mi dormitorio y túmbate en mi cama. Cierra los ojos y respira —
la animó.
Ella dudó un momento; la decisión de quedarse o irse luchaba por dominar
su mente. Si se quedaba, Nathan estaría allí en cuestión de minutos, calmándola
y abrazándola, manteniendo a los demonios alejados mientras lo hacía. Si se iba,
volvería a su apartamento, pero no se sentía segura allí.
No, necesitaba estar segura ahora mismo.
Se dirigió a su dormitorio, envuelta en una oscuridad que no sabía que
deseaba hasta ese momento. Se hundió en su cama, acurrucándose bajo las
sábanas, e inhaló su aroma celestial.
La seguridad la envolvió en su abrazo mientras cerraba los ojos. Apoyó la
mano bajo la almohada y se sorprendió con el tacto frío de lo que parecía un
cuaderno de espiral.
Curiosa, lo sacó y encendió la luz, iluminando el libro a su lado. Sintió una
punzada de preocupación al pensar que iba a ver algo inmensamente privado,
tal vez cartas de amor de una mujer que codiciaba su corazón, o algo más grande.
Era un cuaderno de bocetos.
Página tras página, garabateada con lápiz fino. Algunas de las imágenes
eran discernibles, otras no. Bocetos de flores, de una mujer que parecía joven y
hermosa, de un piano, un boceto de su abuelo en colores sorprendentes.
Su boca se abrió de golpe al pasar a la última página. Las lágrimas
volvieron a aflorar a sus ojos, pero esta vez por un motivo completamente nuevo:
un motivo más feliz.
En una esquina de la página, escrita con una hermosa caligrafía, se
encontraba la razón del cambio en su estado de ánimo.
“Mi ángel, Willow. 2018.”
Era increíblemente detallado; sus hoyuelos, los pliegues de su frente, la
definición de sus rizos, las motas marrones de sus ojos color avellana.
Estaba realmente hipnotizada por las complejidades con las que la había
dibujado, apenas podía creer que se estaba mirando a sí misma.
Nathan entró en su casa, Colton le indicó la dirección en la que estaría
Willow. Aunque en realidad no necesitaba la guía de Colton; el aroma de Willow
seguía invadiendo el aire a su alrededor.
Se deshizo de la chaqueta y su celular, se quitó los zapatos y se dirigió a
su dormitorio con la esperanza de encontrarla en su cama, dormida o no.
El alivio lo invadió al encontrarla iluminada por la luz de su cabecera, pero
el pánico le siguió poco después. Ella tenía su cuaderno de dibujo en sus
delicadas manos y sus ojos se fijaron en una imagen en la que él se había
quedado trabajando toda la noche.
Nunca se había imaginado mostrársela, no hasta que supo que ella sentía
lo mismo por él que él por ella. Pero, en cierto modo, se alegró de que la hubiera
encontrado. Había detenido su dilema interno, permitiéndole concentrarse en
una cosa y sólo una cosa.
En sí misma.
—¿Te gusta? —Su voz la hizo sobresaltarse, su mano voló hacia su pecho
en sorpresa mientras sus ojos avellana encontraban los suyos.
—Es precioso —murmuró—. ¿Cuándo dibujaste esto?
—Hace ya unas semanas, creo que después de que pasaras la primera
noche aquí —explicó.
—No se parece en nada a mí —añadió ella.
—Eres tú, Willow. Así es como te veo; una mujer hermosa, segura y fuerte.
Te han repartido una mano dura en esta vida, tanto que realmente no ves tu
propia belleza. Esta eres tú, Willow. Esta eres tú en hermoso tecnicolor.
—¿Así es como me ves? —preguntó, señalando la obra de arte que tenía
delante.
—Asi es. Es como me gustaría que te vieras a ti misma, ángel. —Le apartó
un mechón de cabello y utilizó esa mano para acariciar su mejilla—. En el poco
tiempo que llevamos conociéndonos, has entrado en mi vida como una maestra
remodeladora muy necesaria. Has derribado muros y construido puentes en su
lugar, me has permitido abrirme a un mundo de posibilidades. Espero poder
hacer lo mismo por ti, Willow. Porque sin ti, sin tu impresionante sonrisa o tus
cautivadores ojos, el mundo sería un lugar mucho más oscuro, particularmente
mi mundo.
—¿Tanto significo para ti? —Las palabras salieron atormentadas de sus
labios, su pregunta antes no formulada ahí fuera para que él la escuchara.
—Willow, lo significas todo para mí.
9
—Willow, lo significas todo para mí. —Las palabras resonaron en su mente
y llenaron su corazón.
Sacudió la cabeza ante su proclamación, luchando contra el maremoto de
emociones que había estado sintiendo desde el sábado por la tarde.
—No debería... No soy buena para ti, Nathan —susurró—. No soy esta...
esta persona que imaginas. Esta no soy yo.
Todo su cuerpo temblaba de rabia, por mucho que intentara ocultarlo. Si
no estuviera abrazando a Willow con toda la fuerza que podía, sabía que sus
manos estarían hechas puños, o en su cabello. Dentro de sí mismo, estaba
cazando a Holden Peters y golpeando sus patéticas luces. Ni siquiera tuvo que
verbalizar que se trataba de él; simplemente lo sabía.
Todo el progreso que le había visto hacer en las últimas semanas parecía
ser para nada. Estaba retrocediendo delante de sus ojos, volviendo a ser aquella
mujer solitaria que encontró un martes por la noche.
—No, Willow. Escúchame, escúchame de verdad. —Tomo sus manos y se
las llevó a los labios.
—No puedo ser la mujer que necesitas, Nathan. No soy lo suficientemente
buena para ti, ¿no lo ves? —Ella le rogaba que escuchara las palabras que decía.
—Eso es una mierda y lo sabes —le dijo—. Estás dejando que tu ex se meta
en tu cabeza, ¿verdad?
—¡No! ¡Son mis propios pensamientos, Nathan! —Lo miró, con los ojos
color avellana desafiantes contra su mirada color whisky—. No puedo hacerte
caer conmigo, no alguien con un corazón como el tuyo.
—Pues qué pena, Willow. A quién elige mi corazón no es mi elección y te
ha elegido a ti. Te lo dije el sábado: o no cambia nada, o lo hará todo. Me está
matando verte así, alejando todo y a todos los que te han querido, porque tu
mente te está llevando a un lugar oscuro.
—Me merezco ir allí —murmuró ella.
—No, no lo mereces. Nadie merece estar atrapado por su propia mente.
Nadie merece estar solo con esos pensamientos, nunca. Ángel, por favor. —Se
dio cuenta de que le estaba suplicando y realmente no le importaba. Algo la hacía
correr hacia las colinas y él estaba decidido a mantenerla en sus brazos.
No podía seguir mirándolo; no podía estar en sus brazos por lo que tenía
que decirle, por lo que tenía que mostrarle. Él la rechazaría, ella lo sabía. Ningún
hombre querría tener nada que ver con ella después de que todo saliera a la luz.
Se alejó de su abrazo y se paseó por su habitación, con la única luz que
provenía de la lámpara de mesa. Era consciente de que su mirada preocupada
la seguía a cada paso, consciente de que él quería detenerla, poner pausa a sus
movimientos. Pero ella no podía detenerse.
—Holden... —Volvió a ahogar la bilis—. Él...
Miró hacia donde había depositado el sobre en la cama, y la mirada de
Nathan siguió la suya. Lo recogió y miró su nombre antes de volver a mirarla.
—No... —suplicó—. Por favor, no.
»Ángel, sea lo que sea lo que hay aquí, no me va a asustar. —Se levantó y
le acercó el sobre—. Podemos ir a quemarlo ahora mismo, y puedo hacer que se
entreguen los papeles a Holden en una hora si así lo deseas. Pero él no puede
doblegarme. No puede y no nos romperá.
—Nathan... —Sintió que todo se le venía encima en ese momento. Toda la
agitación que la había estado carcomiendo, todo lo que la hacía querer
desaparecer. ¿Cómo podía hacerle entender?
—Por favor. No soy la mujer con la que deberías estar.
—Eres exactamente la mujer con la que debería estar, Willow. Eres luz,
bondad y...
—Me odio, Nathan. ¿Cómo puedes amar a alguien como yo? ¿Alguien que
no tiene amor por sí misma? ¿Cómo puedes esperar que alguien como yo
corresponda a la profundidad de tus sentimientos? Me quitó todo eso ¡y ni
siquiera lo sabía! —Su voz se elevó, pero él se lo tomó con calma.
»Todo lo que soy es oscuro, Nathan. No queda luz en mi alma. Te estás
enamorando de un fantasma. No una mujer, no una mujer fuerte... sólo un
fantasma.
—No eres... —Buscó las palabras para hacerla ver. Si tan sólo pudiera
ayudarla a ver.
—Holden nunca se detendrá, Nathan. Seguirá viniendo y viniendo y... Me
va a matar. No puedo tenerte en el fuego cruzado cuando él ataque. —Sus manos
temblaban con la profundidad de su emoción, pero las palabras eran su verdad.
Holden realmente no iba a parar. Ella estaba en peligro y si Nathan estaba
con ella, entonces él también estaba en peligro.
—Entonces reforzaré la seguridad. Haré que mi gente prepare papeles para
mantenerlo alejado de ti. Puedes demandar su trasero por difamación. Mi madre
estará muy dispuesta a ayudarte. No voy a dejar que nos abandones por su
culpa, no cuando apenas hemos tenido la oportunidad de empezar. —La envolvió
en sus brazos y la abrazó a pesar de sus protestas.
La abrazó, transmitiendo todo lo que no podía poner en palabras. Todo su
amor, su ternura, su afecto... todo. Quería que supiera que siempre estaría a su
lado, que siempre lucharía por ella y junto a ella. Que ya no estaba sola, y que
nunca más lo estaría.
En cambio, Willow no podía formar una frase coherente para salvarse.
Tenía un millón de pensamientos corriendo por su cabeza, ninguno de ellos
digno de ser expresado.
En su lugar, se dejó abrazar, se dejó caer en los brazos de Nathan, para
que él cargara con parte de su peso. Sabía que sería injusto descargar tanto
sobre él, pero Dios sabe que lo necesitaba.
—Te tengo. Descárgate en mí —susurró Nathan, con sus labios cerca de
su oído.
Y lo hizo.

Willow se despertó más tarde, con los ojos y la garganta adoloridos por
haber llorado en los brazos de Nathan. Su mente repasó las últimas horas; lo
que ella había dicho y lo que él había dicho. Sacó la misma conclusión: Nathan
Wolf no iba a ninguna parte, ni tampoco su amor por ella.
Ella le había sacado la parte más oscura de su alma y él se lo había tomado
con calma.
Le había expresado su preocupación por Holden y sus implacables ataques
contra ella, preocupada porque nunca se detuviera. Se le ocurrieron estrategias
para hacer que Holden se detuviera, sin enviar a Margot a una misión secreta en
un desierto.
Había llorado y llorado, y justo cuando pensó que había llorado lo
suficiente, volvió a empezar. Y, aun así, él la sostuvo, manteniendo a raya al
mayor de los monstruos.
Era como si cinco años, seis meses y dieciocho días de dolor la hubieran
golpeado de repente de la nada y ahora se viera obligada a lidiar con esos
sentimientos, así como con los nuevos que Nathan hacía aflorar en ella.
Sus sentimientos la asustaban. Nunca había sentido ese nivel de amor por
otra persona, nunca era algo que pudiera entender. Con Holden, era diferente,
no era algo que alterara su vida como esto.
Esto era amor verdadero.
Si creía en los sentimientos que una vez tuvo por Holden, no podía negar
lo que sentía ahora por Nathan. Era ese sentimiento, multiplicado por once.
Tal vez eso era lo que hacía todo esto más doloroso.
Estaba dispuesta a despedirse de lo que quizás era lo mejor que le había
pasado en la vida, simplemente porque no podía soportar que se quemara en su
presencia.
—Estás despierta —dijo Nathan en voz baja, con sus dedos recorriendo su
brazo—. Estás a salvo aquí, Lo.
—¿Qué hora es? —preguntó, con la voz débil y entrecortada.
—Un poco después de las ocho. Colton dijo que si querías podía prepararte
algo de comer. —Continuó con su toque relajante en su piel, saboreando la
sensación de su suave carne bajo él.
—No tengo hambre —admitió. Él se lo imaginaba, pero sólo podía
intentarlo.
—¿Ni siquiera de puré de papas cremoso? —Había descubierto en la última
semana que era uno de sus platos favoritos. Por supuesto, ella tenía su propia
receta secreta que Nathan se moría por conocer, pero juró que se la llevaría a la
tumba antes de que él la descubriera.
Sacudió la cabeza y se sentó, poniendo un poco de distancia necesaria
entre los dos.
—Willow... —Nathan tenía la sensación de que sabía lo que iba a pasar—.
No voy a ir a ninguna parte.
—Si esto sale a la luz, si él hace esto... Holden arruinará tu nombre
también.
—El único nombre que arruinará es el suyo. ¿Cuántas veces le has dicho
a ese lamentable saco de mierda que no se lo dirías a nadie? ¿Cuántas veces te
ha sujetado por la muñeca y te ha rogado que no lo hagas? Tienes testigos que
pueden dar cuenta de tu agresión de él hace seis semanas. Tienes un ejército de
representación legal detrás de ti sí y sólo si él intenta algo más. Lo que te está
haciendo es una tortura, Willow. Simple y llanamente. Te está matando y, si no
hago algo al respecto, si no te convenzo de lo contrario, te matará.
—Tú no lo sabes...
—Sí lo sé. Lo sé, porque he visto esa mirada antes. He tenido esa mirada
antes. El mundo que te rodea se siente como si estuviera implosionando. La
mujer que te dio a luz te está cargando con una enorme responsabilidad con la
que no deberías tener que lidiar. La mujer que nunca te ha mostrado una onza
de amor en tu vida está esperando mucho de ti. Tu relación con Holden, un
hombre que te traicionó y te mintió, ha terminado, y se está comportando como
un completo imbécil porque cree que vas a hacer algo que lo ponga en peligro.
»Te has encontrado en una encrucijada en tu vida y necesitas elegir en qué
quieres creer. Y lo entiendo. No me importa si te vas de aquí esta noche como mi
mejor amiga o mi novia, pero de ninguna manera voy a dejar que salgas por esa
puerta y de mi vida.
—Nathan... —Las palabras estaban atrapadas en su garganta, espesas y
pegajosas. Quería decirlas, decirlas en serio. Pero quizás ahora no era el
momento—. Por favor.
—¿Por favor qué, Lo? Porque me estás rompiendo el corazón. Verte así me
está rompiendo a mí también.
Sus palabras la cortaron de raíz.
Sabía que él la veía mejor de lo que ella se veía a sí misma y su dibujo de
antes lo confirmaba, pero oírle decir tal cosa la hizo levantar la mirada hacia él.
—Nunca le importó a nadie —dijo ella—. En toda mi vida, a nadie le
importó lo que quería, lo que estaba pasando. A nadie. Entonces conocí a Holden
y me colmó de... no sé ni cómo llamarlo ahora, pero lo hizo. Y por un tiempo, era
todo lo que quería... ser vista. No sabes lo que significa para alguien que siempre
se ha visto a sí misma en las sombras ser lanzada de repente al centro de
atención. Ansiaba esa atención, me enamoré de ella. Tal vez esa es la forma en
que amaba a Holden. No a él, sino a la atención que recibía gracias a él.
»Y ahora que me doy cuenta de que todo era una treta, que era un hombre
completamente diferente al que creía amar... Fui una idiota, Nathan. Fui una
idiota, engañada al creer sus mentiras, le creí cada vez que se disculpaba por
llegar tarde, por olvidar una cena. Cada vez. Lo perdoné. Le creí. Lo amaba
demasiado para mi propio bien. Ahora... ahora sólo quiero volver a esconderme
en esas sombras, Nathan.
—Ángel, por favor no lo hagas. Tu perfecto rostro no debería estar oculto
al mundo; debería ser anunciado. Odio que Holden te haya engañado de una
manera tan malvada, y odio que las palabras que te digo no lleguen. Te mereces
ese protagonismo, Willow. Te mereces que los hombres y las mujeres se inclinen
ante ti, que se derrumben a tus pies por un raro momento de tu luz. Porque tú
eres todo lo bueno que hay en el mundo.
Ella estaba llorando de nuevo, pero no hizo nada para mover las lágrimas
de sus mejillas.
—No sé cuánto vas a recordar de todo esto por la mañana, pero necesito
que recuerdes esto. Eres todo lo bueno de este mundo y lo más importante...
eres lo más importante del mío.
Su mano acunó la mejilla, acercando su rostro al suyo.
Sintió su aliento haciéndole cosquillas en la mejilla mientras le besaba la
frente arrugada antes de bajar por su nariz y posarse sobre sus labios.
Respiró a bocanadas cuando él cerró el espacio entre ellos, sus suaves
labios rozaron los de ella con ternura, cuidado y amor.
Saboreó el sabor salado de sus lágrimas y las borró con un beso, dejándole
los labios carnosos y cálidos. Besó todos los malos sentimientos que ella
necesitaba expresar, todas las palabras que no podía decir. Lo besó todo,
dejándola en carne viva y sin palabras.
Después de todo esto, él todavía quería besarla.
Después de todo esto, ella todavía quería que él la besara.
—Lo eres todo para mí, Willow Grace —murmuró contra sus labios—. Y
pasaré el resto de mi vida convenciéndote de ello.
Y por primera vez, creyó realmente en las palabras que él decía.

Willow había vuelto a desmayarse no mucho después de su casi confesión.


Era extraño, había tres palabras que necesitaba decir, pero las que ya habían
compartido significaban más que esas ocho letras.
Nathan la llevó hasta el sofá, junto con el sobre de fotos. Sí, había mirado
en su interior y sintió que la ira aumentaba en él al releer la amenaza de Holden.
Ya había encomendado a Margot la tarea de encontrar y eliminar las
imágenes de Willow en todos los lugares que pudiera. Era rico, sí, pero no estaba
por encima de la ley. También había pedido una citación para los registros
financieros personales de Holden, así como para sus negocios.
No podía culparla por ser ciega a sus sádicas maneras. Ella creía que lo
amaba y él fue el que le mostró la primera muestra de amabilidad todos esos
años atrás. Cinco años era mucho tiempo para prepararla para sus malos
caminos.
Sin embargo, ella no lo vería así, y se culparía a sí misma por quien fuera
perjudicado en esos cinco años. Por eso estaba haciendo una investigación
exhaustiva de los negocios de Holden, y de su familia. Venían del dinero, eso era
obvio.
¿Pero qué más escondía esa familia?
—¿Cómo está ella, señor? —preguntó Colton mientras observaba a la
pareja en el enorme sofá.
—Agotada —respondió, sonando él mismo cansado—. Holden la destrozó
por completo.
—¿Se quedará esta noche?
—No la perderé de vista —suspiró y miró a su bella durmiente.
—Eres un buen hombre, Nathan. —Sonrió Colton—. Y la señorita Lewis es
una mujer fuerte. Estarás bien.
—Eso espero, Colton. Sé que es fuerte, pero no creo que se dé cuenta
todavía. Ella ha cambiado mi vida y ni siquiera lo sabe —susurró y sonrió a
Colton—. Si no es mucha molestia, ¿podrías traer algo ligero para que piquemos?
—Por supuesto, Nathan. ¿Algo en concreto?
—¿Algo con piña, tal vez? —Su nariz se arrugó ante sus propias palabras.
No le gustaba la piña; era una de esas frutas que no le gustaban,
independientemente de cómo se preparara. Pero por Willow, iría hasta el fin del
mundo por ella.
—Por supuesto. —Y con eso, Colton se dirigió de nuevo a la cocina para
preparar su comida. Los vigiló a ambos en el sofá, viendo que Nathan de vez en
cuando cambiaba la posición de Willow y besaba su frente. En todo momento, él
estaba haciendo contacto con alguna parte de su cuerpo, confirmando que él
estaba allí para ella, sin importar qué.

Los ojos de Willow se abrieron a las lentas brasas del fuego. Estaba en un
lugar diferente al que había estado antes, pero seguía sintiéndose segura.
El cuerpo de Nathan estaba pegado a ella, su brazo rodeaba su cintura y
el otro le servía de almohada.
Se giró con todo el cuidado posible para admirar su hermoso rostro. Sus
dedos se movieron por sí solos, trazando sus definidos rasgos. Cuando dormía,
estaba realmente en paz, como ella recordaba.
Sólo deseaba que no tuviera que despertar en la pesadilla que era su vida.
Sus dedos se envolvieron en su cabello, disfrutando del toque de sus
suaves rizos. Le rascó el cuero cabelludo y juró que le oyó ronronear.
Nathan se había despertado en cuanto ella se dio la vuelta, pero no quería
que ella sintiera que tenía que dejarle, así que mantuvo los ojos cerrados y la
respiración tranquila.
No fue hasta que sintió los dedos de ella en su cabello que perdió el control
por un momento. Se sintió como en el cielo; eso en combinación con el aroma de
fresas y vainilla que le llegaba. Estaba más cerca de perder el control que de
mantenerlo.
—Estás despierto —murmuró ella, con la voz más baja de lo que él había
oído nunca.
—Mmm... no te detengas. —Movió la cabeza de tal manera que la mano de
ella estaba en un nuevo lugar—. ¿Cómo te sientes?
—¿Cuántas veces me has salvado ya? —preguntó ella.
—No llevo la cuenta, ángel. Lo que importa es que te sientes mejor en todo.
—Más o menos. —No era una mentira, pero tampoco era la verdad.
—¿Qué puedo hacer? —Respiró, con los ojos aún cerrados.
—Sólo sigue trabajando cualquier hechizo mágico que estés haciendo... —
Sonrió—. Sólo estar aquí, así contigo, es...
—Seguro —respondió por ella con poco más que un movimiento de cabeza.
Seguro.
Siempre se sintió así con Nathan, sin importar quién estuviera cerca o
dónde se encontrará. Mientras Nathan estuviera a su lado, se sentía capaz de
enfrentarse al mundo.
—Siempre eres bienvenida aquí, Lo. Mi casa es tu casa. De hecho, tú la
haces más hogar que yo —le dijo.
—No entiendo... —Sus palabras eran silenciosas, pero él las escuchó.
Sus cálidos ojos marrones se abrieron, con un maremoto de emociones
que se acumulaban en esos estanques. Estaba hipnotizada con él y por él.
Él se estaba convirtiendo en la constante que ella necesitaba en la vida,
que nunca había experimentado.
—¿Qué no entiendes? —preguntó.
—Las viste... las viste, ¿no es así?
—Lo hice. Eso no cambia lo que siento por ti, Willow. —Su mano ahuecó
su rostro entonces, sus ojos implorando lo que sus palabras no podían.
—¿No lo hace? —Estaba realmente sorprendida por sus palabras.
—No. —Negó con la cabeza—. No es así y nunca lo será. Estás encerrada
en mi corazón, para siempre.
—Nathan, yo... —Una vez más, sus labios fueron silenciados por los suyos.
No era porque él quisiera que ella dejara de hablar. No era porque quisiera
besarla. Lo hacía, pero eso era otro punto en conjunto.
La besó porque necesitaba que ella supiera que no había otro lugar en el
que prefiriera estar que a su lado. Una promesa de que siempre estaría a su lado,
sin importar lo que le ocurriera. Una promesa de que la amaría hasta el día en
que ella dejara de amarlo.
La escuchó jadear ante el repentino contacto, pero al momento siguiente
se fundió con él, permitiendo que su mano pasara de su mandíbula a su cabello,
sujetándola allí.
Su lengua recorrió su labio inferior antes de jalarlo entre sus labios.
Un suave gemido emanó de ella mientras lo rodeaba con sus brazos,
acercándolo infinitamente a ella, sus cuerpos ahora eran uno. Los dedos de ella
también se enredaron en su cabello y jugaron con los mechones.
Sus labios se separaron y ella lo respiró, sus lenguas ahora en una batalla
por el dominio mientras los dos se perdían en un mundo completamente propio.
Unos instantes más tarde, sus labios se separaron, su respiración era
fuerte y rápida mientras ambos se esforzaban por formar una frase coherente.
Entonces, Willow bostezó, con una tímida sonrisa en los labios mientras
el tono rosado de sus mejillas se intensificaba.
—Duerme, ángel —rogó Nathan—. Ya estoy aquí.
—Gracias, Nathan. —Apretó sus labios contra su pecho mientras lo
inhalaba una vez más, dejando que la bañara, dejando que ahogara cada
inseguridad suya.
Cuando y sólo cuando supo que ella estaba dormida, las palabras
escaparon de sus labios.
—Me he enamorado de ti.
10
Holden se paseaba por su estudio, con las manos tirando tan fuerte de su
cabello que casi se lo arrancaba. Sabía que estaba cayendo en una espiral, pero
no le importaba. Willow aún no había respondido a sus mensajes, aún no había
regresado con él.
No debía ser así.
—Cálmate, Holden. —Adam intentó sin éxito que su amante redujera su
ritmo. Adam podía ver que Willow estaba carcomiendo la psique de Holden, y
una parte de él quería rastrear a la mujer y hacerla escuchar.
—¿Calmarme? ¿Cómo puedo calmarme si ella me ignora? Nunca ha hecho
esto antes —resopló, sin dejar de pasearse. A este paso, pronto habría que
cambiar la alfombra.
—¿Has probado a hablar con ella? ¿Nada de esta mierda de mensajería?
—Adam se acercó a él y le puso las manos sobre los hombros, implorando a
Holden que lo mirara.
—El maldito Wolf tiene a alguien en el lugar para asegurarse de que eso
no suceda.
—Sé que no quieres hacerlo, Holden, pero quizá debas llamar a Wolf. —Un
fuego furioso se encendió dentro de Holden ante la sola idea de llamar a ese hijo
de puta.
—¡Me ha robado a mi chica! ¿Realmente esperas que sea amigable y lo
llame? —Se quejó.
—A ver si lo entiendo: mantienes nuestra relación oculta durante meses.
Mantienes a Willow al margen, en la oscuridad durante años, y de repente
cuando empieza a vivir fuera de ti, ¿no puedes lidiar con ello? —Adam cruzó los
brazos sobre su pecho desafiantemente—. Entiendo que eres un fanático del
control, lo entiendo, pero ella ya no es tuya.
—Willow es y siempre será mía, Adam. —La voz de Holden era como el
hielo. Había más allí, pero no se atrevió a presionar.
—¡Entonces explícamelo! —exclamó Adam después de un momento—.
Explícame cómo puedes ser feliz conmigo y con nuestra relación, y seguir
queriendo tus garfios en su espalda. Ella ha sido tu marioneta, Holden. ¡Ella es
su propia persona!
—Ella. Es. Mía.

—¡Willow Lewis! ¿Es eso un chupetón? —Celeste casi gritó al ver a su mejor
amiga.
Willow se apresuró a subirse la camiseta para cubrir la marca que Nathan
le había dejado, pero su rubor la delató.
—Maldita sea, Lewis. Tú atrapas a un Wolf y yo a otro. —Celeste le guiñó
el ojo—. Me alegra saber que saben lo que hacen.
—¡Celeste! —exclamó Willow conmocionada—. ¡Demasiada información,
mujer!
—Oh, sólo porque puedes ver dónde te ha marcado... —Celeste guiñó un
ojo y se rio.
—Oh, Dios —se rió Willow ante las cejas levantadas de su amiga—. ¿Pero
las cosas con Remi van bien?
—El último mes ha sido una bendición. Estoy agradecida por la noche de
juegos de mesa. Y te lo agradezco a ti, espero que lo sepas.
—¿Yo? ¿Qué he hecho?
—Toda la mierda con Holden, pensé que serías anti-felicidad y anti-amor.
—Celeste encogió sus hombros.
—Cel, eres mi mejor amiga. El amor es el amor, no voy a enojarme con
todos los homosexuales con los que me cruce. Si Remi te hace feliz y si realmente
eres tú misma cuando estás con ella... entonces te deseo toda la felicidad del
mundo.
—Debes haber tenido un buen fin de semana. ¿Adónde te llevó Nathan?
—Al sur de Francia —dijo Willow con indiferencia.
Celeste se quedó con la boca abierta y se quedó mirando a Willow como
un pez de colores.
—¿El sur de dónde? —gritó.
Lo único que pudo hacer Willow fue reírse.
Habían pasado tres semanas desde su crisis, tres semanas desde que
había escuchado su susurro.
Me he enamorado de ti.
Tres semanas y su vida no había sido la misma desde entonces.
Se abrió completamente a él, sin dejar ninguna piedra de su vida sin
remover. Con cada palabra que pronunciaba, sentía que los grilletes de su
pasado se desintegraban mientras su futuro se iluminaba en los cálidos ojos
marrones de él.
Todavía no había dicho las palabras mágicas que sabía que él quería oír,
pero no se atrevía a hacerlo. Lo amaba, pero sentía que las palabras no eran
suficientes, que nunca serían suficientes.
Después de todo, nunca habían sido suficientes para Holden.
A pesar de sus sentimientos contradictorios, él la había recogido en el
trabajo el jueves por la tarde y la había llevado a un fin de semana relámpago a
uno de los lugares más hermosos que alguien pudiera imaginar.
Estaba en el cielo. El sol le calentaba la piel y las manos de él la tocaban
de un modo que sólo había soñado. Hubo un día en el que no abandonaron la
playa y apenas salieron del agua.
Él le daba la confianza que necesitaba para salir con uno de los bikinis
que había comprado allí, y si sus labios en los suyos eran una indicación, a él le
encantaba lo que llevaba.
—El sur de Francia —Volvió a reírse, recordando cómo había dejado
colgada a Celeste.
—Maldita sea. ¿Por qué no elegí al multimillonario? —suspiró Celeste—.
¿Fue romántico?
—Mucho. —Sonrió—. Pero aun así...
—Está bien, Willow. Seguro que él tampoco quiere apresurarte. Deja que
te lleve a tu ritmo.
¿Pero cuánto tiempo era demasiado? Lo había oído confesar su amor por
ella, aunque nunca admitió ese secreto. Las palabras estaban en su lengua, pero,
aun así, no eran suficientes.
El celular le zumbó en la mano y sonrió al ver quién le había enviado el
mensaje.

Nathan: Ahora mismo estoy soñando con Francia. Gracias por el fin de
semana perfecto.

—Sabes, para el personaje de director general que muestra frente a todos


los demás... me hace preguntarme si no es un desdoblado… —reflexionó Celeste.
—Todo el mundo lleva una máscara, Celeste —le recordó Willow a su
amiga—. Nathan se hizo cargo de la empresa y tenía unos zapatos muy grandes
que llenar. Tenía que compartimentarlo, o de lo contrario iba a matarlo.
—Oye, lo siento. No quise...
—Está bien. —Sonrió—. No podría imaginarme estar a cargo de un imperio
como él. Ya tiene muchas cosas sobre sus hombros; el estrés del trabajo no es
otro que se acumule.
—¡Puedo dar fe de ello! —declaró Celeste antes de sentarse finalmente.
Willow miró hacia el despacho de Jaxson, y a las cajas que ahora se
llenaban allí.
—Uh, ¿qué ha pasado?
—Oh, es cierto... ¡Estabas fuera del jodido país! —Celeste sacudió la
cabeza—. Jaxson está de baja administrativa a la espera de un juicio. Intentó
echarle algo al trago a una mujer en un bar el fin de semana.
A Willow casi se le salen los ojos de las órbitas mientras el pánico se
apoderaba de su pecho.
—¿Intentó drogar a alguien?
—Sí, el bartender lo vio y se puso en plan Bruce Lee. Volando por encima
de la barra y todo —relató—. Jax recibió un ojo negro y algunas costillas
magulladas, y también no habla, en absoluto.
—Entonces, ¿qué significa eso para su trabajo?
—Es un caso abierto y cerrado. Jaxson se ha ido. —Celeste encogió sus
hombros.
—Bueno, menos mal que conozco a un director general que quiere hacerse
con Illusion by Design, ¿no? —Sonrió Willow.
—¿Por qué tengo la sensación de que las cosas por fin empiezan a cambiar,
para ambas? —preguntó Celeste.
Willow encogió sus hombros, mientras una maravillosa sonrisa se
dibujaba en sus labios.

Nathan se recostó en su sillón de ejecutivo, escuchando al jefe de finanzas


hablar de la necesidad de más fondos y menos gastos de otros departamentos.
Ya había escuchado el argumento cientos de veces, pero nunca le había
parecido tan irritante como ahora.
—Cada departamento tiene un presupuesto fijo, que le entregan los
asesores financieros de alto nivel que WI ha tenido a bordo desde que mi abuelo
lo puso en marcha. Se les permite solicitar subvenciones dentro del ala de WI y
a nosotros se nos permite decir que no.
—¿Es nuestra culpa que te hayas saltado el presupuesto ni siquiera a
mitad del ejercicio? No. Eso es culpa tuya. Si yo fuera usted, McCarty, miraría
con lupa a quién tiene a sus órdenes y qué hace con el dinero que le corresponde
al departamento.
McCarty se sentó de nuevo, con la cola entre las piernas tras el sermón de
un hombre del que nadie quiere un sermón.
—Ahora... —Nathan se aclaró la garganta—. ¿Hay algo más que deba ser
informado o podemos seguir con nuestro lunes?
Un coro de no se escuchó en la sala, pero sus ojos se encontraron con los
de McCarty de todos modos. No había dicho ni una palabra.
—¿Algo más que añadir? —preguntó mientras se ponía de pie, abotonando
su chaqueta frente a ellos. El hombre negó con la cabeza y volvió a mirar su
regazo—. Se acabó la reunión.
Recogió los expedientes que necesitaba en sus brazos y se dirigió a su
despacho, deseando que terminara el día y ver a Willow.
Al parecer, no había sido el único.
Al abrir la puerta de su despacho, encontró a Willow sentada en su sofá,
con la boca llena de burrito. Intentó sonreírle, pero perdió la lechuga en el
proceso.
—¿Tienes hambre? —Sonrió mientras dejaba los archivos sobre su
escritorio y se aflojaba la corbata que llevaba al cuello.
Ella se apresuró a aclararse la garganta mientras asentía, entregándole su
almuerzo.
—Quería hablar contigo, frente a frente... así que pensé que el almuerzo
sería una buena forma de abrir esa puerta.
—Bueno, ¿cómo es ese dicho? ¿El camino al corazón de un hombre es a
través de su estómago? —Sonrió—. ¿Cómo estuvo el trabajo esta mañana?
—Um, sobre eso... —Al oír las palabras de Willow, detuvo sus movimientos
y la miró como si buscara una explicación.
—¿Qué ha pasado?
—Jaxson está de baja administrativa. Intentó drogar a alguien en un bar
el fin de semana. Al parecer, no es la primera vez que intenta hacerlo, o causar
daño a otra persona. —Mientras las palabras salían de ella, Nathan se encontró
agarrando el sofá para apoyarse.
—Él... ¿qué?
—Sí. El bartender lo vio y aparentemente se puso en plan Jackie Chan con
él. Salió en el periódico de la mañana. Me sorprende que no lo supieras. —Inclinó
la cabeza hacia un lado y lo miró fijamente.
No se sorprendió.
Miró hacia su escritorio y suspiró, viendo apenas los bordes del periódico
del que hablaba Willow, bajo una montaña de contratos, memorandos y agendas
de negocios.
Willow siguió su línea de visión y se rio de lo que vio.
—Eso probablemente explica el porqué.
—Sí. Lo siento, Lo. Desde que entré en el edificio esta mañana, todo el
mundo se ha puesto a trabajar.
—¿Qué? ¿No se te permite tener un fin de semana? —preguntó.
—Al parecer, cuando el director general apaga su teléfono, la mierda golpea
el ventilador. —Sonrió—. Pero eso no es para que te preocupes por tu linda
cabecita. Todo se resolverá antes de que termine el día.
—Una parte de mí desearía que estuviéramos de vuelta en Francia —
suspiró con nostalgia, con los ojos marrones nublados por los recuerdos.
—Yo también. —Volvió a morder su burrito, con los ojos puestos ahora en
ella.
—¿Tengo algo en el rostro? —Sus mejillas se sonrojaron ante la mirada
que él le dirigía. Últimamente, esa parecía ser siempre la forma en que él la
miraba. Una parte de ella se sintió envalentonada por la acción, la otra parte
quería derretirse en un charco de papilla en el suelo. ¿Era ésta la mirada de
amor de la que tanto había oído hablar?
—No, estás bien. Es bueno ver algo de color en tus mejillas. Francia hizo
maravillas por ti.
—No es que puedas llevarme allí cada fin de semana, Nathan. Pero me
siento... mejor.
—Podría, si quisieras.
—Qué desperdicio de recursos de la empresa... —suspiró—. Sinceramente,
lo único que tienes que hacer para que mis mejillas se llenen de color es
besarme... decir algo bonito sobre mí... simplemente ser tú.
Los recuerdos parpadeaban frente a él; sus labios en los de ella, su cuello,
su clavícula, su muñeca... en cualquier lugar que ella le permitiera besar, él
estaría allí. No había un momento que dejara pasar sin sentirla contra él.
Estaba perdidamente enamorado de ella, pero era demasiado cobarde para
decir las palabras.
Dos palabras, cinco letras.
No eran suficientes.
—¡Oh! Y luego está esto. —Ella le presentó un ejemplar de la sección social
del Atlanta Journal-Constitution; una gran imagen en el centro de la página.
Una imagen de ellos.
—¿Qué? —Estudió la imagen; fue tomada cuando salían del Museo
Asiático. Willow estaba vestida con un impresionante vestido de cóctel color
burdeos, él con un traje de Tom Ford. Su brazo estaba levantado, protegiéndola
del flash, pero aun así lo reconocieron.
—Lo siento mucho —se disculpó de inmediato, sus ojos echaron un breve
vistazo a la publicación.

¿Nathan Wolf de romance en Biarittz?


¿Está Nathan Wolf fuera del mercado? ¡Nuestras fuentes lo confirman!
Nathan Wolf y una impresionante morena fueron vistos saliendo del Museo
Asiático el sábado por la noche. No sabemos si un museo puede ser una cita
para el multimillonario, pero sí sabemos que es increíblemente protector con su
amiga.
Entonces, ¿quién es la mujer misteriosa? ¿Y por qué la vemos hasta ahora?
Si la noticia es cierta, ¡se nos rompe el corazón!
Manténganse al día siguiendo a #SeñoraWolf en Twitter e Instagram.

—Está bien, Nathan. —Puso su mano sobre la suya y la apretó


suavemente—. No estoy molesta.
—Debería haber calculado los riesgos... contratar más seguridad...
—Nathan, no lo hagas. De verdad, no estoy molesta por esto. Por supuesto,
habría estado bien que nos dieran la oportunidad de posar adecuadamente para
ellos… —Se rio y fue el sonido más dulce de su mundo.
—¿Quieres hacerlo público? —preguntó. Ella encogió sus hombros.
—Si se quiere evitar que los buitres den vueltas, hay que darles algo —
explica.
—No lo harán; sólo crecerán en número. No entiendo cuál es la fascinación
por ella... la fascinación por mí.
—¿Es necesario que te lo recuerde otra vez? —Al oír eso, Willow se arrastró
hasta su regazo y rodeó su cuello con los brazos—. Has tomado WI y lo has
convertido en algo que el mundo necesita urgentemente. Tu abuelo dio vida a
este bebé y ahora que tú estás al frente, el mundo está mirando... esperando a
ver si fallas. Y cada día demuestras a ese mismo mundo que cada fracaso es una
oportunidad para aprender, para comprender. Nunca has cometido el mismo
error dos veces, Nathan. Además, eres uno de los solteros más codiciados de esta
ciudad... y eres lindo.
—¿Soy lindo? —Sonrió—. No estoy seguro de que eso sea un cumplido, Lo.
—Toma mi palabra, Nathaniel Jay —Le guiñó un ojo—. Eres mucho más
guapo que cualquier otro hombre que haya visto. Pero en serio, mira todo lo que
has construido y dime que no te gustaría saber quién ha gestionado todo esto.
—A veces me pregunto como debo verme para el mundo exterior... los
obstáculos que he enfrentado, el desastre en mi cerebro...
—La dislexia no es un desastre en tu cerebro, Nathan. Si es algo, te ha
convertido en el hombre que eres. Has dejado que te inspire y te anime a seguir
adelante, y eso es un maldito coraje si alguna vez lo he visto —lo defendió
Willow—. Tu mente es una de las mejores de este planeta, Nathan. Tienes la
capacidad de cambiar las mentes, de sacar a la gente de la mugre y llevarla a las
grandes oficinas corporativas. Y no me hagas hablar de tu corazón.
La abrazó con fuerza, viendo cómo se desintegraba su agitación interior,
cómo se evaporaba su ira gracias a la mujer que tenía en su regazo.
—Siempre sabes lo que tienes que decir, Lo —murmuró antes de besar su
cabeza.
—Lo intento. —Le sonrió—. Sabes, me gusta pensar que te conozco mejor
de lo que te conoces a ti mismo, al igual que tú me conoces a mí.
—Bueno, eso es cierto. Hay cosas que te he contado que ni siquiera le he
dicho a mi madre.
—Sí, no creo que tu madre necesite saber sobre tus días de soltero... ¿qué
era? ¿Una mujer para cada día de la semana?
—A ver, a ver, caradura, no me confundas con mi hermano eternamente
soltero. —Sonrió y poco después le siguió una carcajada.
—Oh, oops. —Le encantaba escucharla reír, le encantaba saber que ella
era la causa de su buen humor.
—¿Cuándo tienes que volver al trabajo? —preguntó tras un momento de
silencio.
—Bueno, nos han dado el resto del día libre. Nos han entrevistado la
policía y asuntos internos de la corporación propietaria de Thousand Keys. —
Encogió sus hombros—. Todo está bien. Iba a ir a casa a leer un poco.
—¿Por qué no hacemos una noche de juegos de mesa? Puedo invitar a Ty
y Remi, y Celeste puede venir también. Hace unas semanas que mi hermano
perdió su dinero. —Le guiñó un ojo.
—¿No estás harto de mí? —Willow apoyó la cabeza en su hombro y suspiró.
—Eso nunca va a suceder, Willow Grace Lewis —le respondió él antes de
bajar la mirada—. ¿Por qué, tú ya estás harta de mí?
—En absoluto. —Enderezó su espalda lo suficiente como para que sus
labios se encontraran con los de él y entonces se perdieron.

—¡Nathan! —Tyler gimió mientras su hermano le daba clases, una vez


más, en el billar—. No es justo. ¡Entre la tramposa que me ganó de trescientos y
tú que me diste tres veces en el culo aquí! No es justo.
—¡Eh! Al menos no he jugado contra ti por dinero. —Sonrió Nathan
mientras se bebía otro trago de cerveza.
—Alguien es un mal perdedor, Ty. —Remi intervino desde el sillón en el
que estaba sentada con Celeste en brazos.
—¡Tú tampoco has ganado un partido, hermana!
—Sí, pero para nosotros no se trata de ganar, hermano mayor. Y, además,
si jugara contra Nathan, tendría que dejarme ganar. —Sonrió triunfante a sus
hermanos.
Era cierto, Remi tenía a Nathan envuelto en su dedo. Todo lo que tenía que
hacer era dejar caer su característico puchero y esos grandes ojos azules de
cachorro, y él se había ido.
Y lo sabía.
Willow apareció con nuevas bebidas para todos, aparentemente de la nada,
pero su rostro había cambiado desde la última vez que la vieron. Estaba tan
blanca como una sábana y, por mucho que lo intentara, trataba de parecer
normal.
Nathan tomo la bandeja y la dejó en la mesa junto a ella. La abrazó y la
llevó al sillón, que ahora estaba vacío.
—¿Está bien? —preguntó Tyler, balanceándose en el lugar.
—Por supuesto que no está bien, idiota. Ve y toma una manta —Remi
gruñó la orden y vio como su hermano salía volando de la habitación—. Cel, ve
a poner la tetera. Y toma algo más pesado que lo que estamos bebiendo ahora
mismo.
—De acuerdo, nena. —Celeste se movía a un ritmo más lento que Tyler,
pero no tenía que ir tan lejos.
—Ángel, ¿qué pasa? —Le Nathan susurró a la mujer en sus brazos—.
Puedes decírmelo, estamos solos.
—Mi... mi madre... tuvo su bebé.
El corazón de Nathan se apretó en su pecho al escuchar esas palabras. Un
sinfín de pensamientos cruzaron su mente, al igual que estaba seguro de que
también cruzaban la de ella.
—¿Niño o niña?
—Un niño. Dos kilos y medio —dijo Willow. Era casi como si estuviera en
piloto automático.
—¿Qué pasa ahora?
—Tengo que decidir... sí quiero quedarme con él, o dejar que entre en el
sistema.
—¿Sabes lo que quieres hacer? —Nathan la acercó a él mientras Tyler los
envolvía con una manta.
Willow negó con la cabeza.
Ahora se encontraba ante una elección imposible: quedarse con un bebé
al que su madre quería más que a ella, o dejar que el niño entrara en un sistema
en el que nunca se podía confiar.
¿Cómo diablos iba a hacer esto?
11
El sueño nunca encontró a ninguno de los dos. Willow se revolvió en los
brazos de Nathan, mientras la elección imposible se repetía una y otra vez en su
mente.
Cuando salió el sol a la mañana siguiente, había cambiado de opinión al
menos una docena de veces y luego volvió a hacerlo.
¿Qué debía hacer?
¿Y cómo iba a hacerlo sola?
—Lo... —Nathan dijo su nombre en voz baja, para no asustarla—. Decidas
lo que decidas, te apoyaré al cien por ciento.
Sus palabras no ayudaron a aliviar sus nervios.
—¿Qué harías tú si estuvieras en mi lugar? ¿Podrías, con la conciencia
tranquila, tomar a un recién nacido, tu hermano; de una mujer que nunca te
amó y amarlo incondicionalmente? —Pensaba que sonaba horrible diciendo eso,
pero es lo que había estado jugando en su mente toda la noche.
—Un bebé es inocente, Lo. En todo. Dependen de nosotros para recibir
amor y adoración, afecto y cuidados. No les importa de dónde vienen, sólo con
quién están. Y creo que cualquier niño que entre en contacto contigo es
increíblemente afortunado. Eres una mujer increíble, Lo —explicó antes de
presionar sus labios sobre su frente.
—Así que crees que debería...
—Creo que deberías ir a la prisión hoy, a conocer a tu hermanito. Puedo
mover algunos hilos para no tener a Vicky en la habitación si es lo que deseas,
pero creo que necesitas conocerlo. —Sus dedos recorrieron la línea de su
mandíbula.
—¿Tú estarás allí?
—Cada paso del camino o hasta que me digas que deje de seguirte —
aceptó.
—De acuerdo —respiró ella, antes de inclinarse hacia delante y apretar
sus labios contra los de él.
Sus días solían comenzar con conversaciones sobre la noche anterior.
Willow había pasado más tiempo en la casa de Nathan y en su cama que en la
suya propia en las últimas semanas y ninguno de los dos lo habría hecho de otra
manera.
No ocurría nada más que dormir, pero ambos dormían más tranquilos en
los brazos del otro que separados.
Sus besos se habían convertido en algo más, algo íntimo y completamente
suyo en las últimas semanas. Era una promesa, un juramento de que estarían
juntos en las buenas y en las malas.
Y bueno, esto era definitivamente en las malas.

—Respira, Lo —Nathan la rodeó con un brazo, tratando de reconfortarla


de cualquier manera posible mientras esperaban el regreso de la enfermera de
la prisión.
—¿Estoy haciendo lo correcto?
—Ya hemos hablado de esto —le recordó él—. Su mejor oportunidad en la
vida es vivirla contigo. Y tampoco está sola en ese viaje. Yo voy a estar allí,
también Celeste y Remi, y puedes apostar que Tyler también estará por aquí.
Cuando traigamos al bebé a casa, habrá un sinfín de personas que querrán
conocerlo y todas ellas lo querrán. Mamá repasó los formularios contigo, ¿no?
—Sí. Es bastante sencillo. Tu madre sabe lo que hace. —Sonrió.
—Más le vale, lleva veintitantos años en el negocio. —Nathan le guiñó un
ojo—. Sin embargo, ¿entiendes el proceso?
—Vicky me cedió sus derechos. Seré su tutora y sólo yo seré responsable.
—Puedes hacerlo, Lo. —Nathan llevó su mano a los labios y la besó
suavemente.
Ella suspiró y se apoyó en él mientras esperaban. Instintivamente, su
brazo la rodeó y la acercó a su pecho. Besó su coronilla y luego su frente, justo
cuando una enfermera salió de la habitación frente a ellos.
—¿Willow Lewis? ¿Holden Peters? —preguntó.
—Um, no. Soy Willow, pero este es Nathan Wolf. —Willow giró la cabeza
hacia Nathan, confundida.
—¿La señora Lewis nos dijo que esperáramos a un señor Peters? —aclaró
la enfermera, con su propia confusión cruzando su frente.
—Él no... no pudo estar aquí hoy —le dijo Willow—. ¿Está bien?
—Por supuesto, señorita Lewis.
—Simplemente Willow, por favor —insistió, justo cuando una mujer
vestida con una camisa azul claro y una falda gris entraba en la habitación. Los
ojos de Willow se concentraron inmediatamente en el bulto de mantas azules y
blancas que la mujer tenía en los brazos.
—¿Willow Lewis? —preguntó, mirando a la pareja que tenía delante.
Asintió y se apartó del abrazo de Nathan.
—Esa soy yo.
—Soy Isabelle. He estado con este pequeño desde el momento en que
nació. —Isabelle sonrió antes de dar un paso adelante—. Te presento a Finley
Holt Lewis. Tu hermano.
Sin mucho esfuerzo, Willow dio un paso adelante y tomó a Finley en sus
brazos, acercándolo a su pecho mientras su mente se despejaba. Todas sus
preocupaciones, sus inquietudes y sus ansiedades parecían disiparse en cuanto
Finley estaba en sus brazos. Lo único que importaba ahora era ser la mejor
hermana mayor que podía ser para él. Puede que Vicky Lewis lo haya traído a
este mundo, pero ella iba a criarlo, pasara lo que pasara.
Unos ojos azules y cristalinos se abrieron hacia ella cuando un pequeño
gruñido salió de los labios de Finley. Sus pequeños retorcimientos distrajeron a
Willow de su propia mente y atrajeron su mirada hacia el perfecto bebé que tenía
en brazos.
Diez deditos perfectos en sus manos y diez deditos perfectos en sus pies,
una nariz de botón y labios rosados. Sus mejillas regordetas estaban teñidas de
calidez mientras se dormía.
No podía dejar de mirarlo mientras dormía, con su cuerpecito apretado
contra el suyo, como si lo estuviera protegiendo del gran mundo malo que la
esperaba.
De repente, el mundo no parecía tan grande. No, ahora su mundo
descansaba directamente en la habitación con ella.
—Hola, Fin —le susurró antes de presionar sus labios contra su cabeza.
La pequeña mano de Finley se alzó instintivamente hacia ella. En cuanto Willow
puso su dedo en su mano, se aferró a ella, sujetándola con fuerza—. Soy tu
hermana. Y estoy asustada y nerviosa. Pero nada de eso es culpa tuya, pequeño.
Pasaré el resto de mi vida mostrándote amor, felicidad y vida. Quiero darte el
mundo y sólo llevas un minuto en mis brazos.
—Es natural sentirse así, señorita Lewis. Usted ya es bastante protectora
con el pequeño —explicó Isabelle.
Era cierto. En los cinco minutos que lo tuvo en sus brazos, se apartó de la
puerta que conducía al resto de la prisión. Incluso se había alejado de la amable
enfermera que lo había entregado en primer lugar. No era su intención hacerlo,
simplemente sucedió.
—Finley acaba de ser alimentado y cambiado. Todo lo que necesitamos de
usted, señorita Lewis, es su firma en algunos documentos clave. ¿Su abogado
aprobó la redacción y le explicó lo que supondría firmarlos? —preguntó Isabelle.
—Sí. Al firmarlos, me convierto en la tutora de Finley. Entiendo todo lo que
se establece en los formularios —respondió, sin apartar los ojos de su hermano.
—¿Quieres que lo sostenga? —preguntó Nathan, hablando por primera
vez.
Había observado la interacción inicial de Willow y Finley con asombro. La
mirada que Willow dirigió a Finley era casi idéntica a la que él había visto muchas
veces. Era la misma mirada que le dirigía su hermana, la misma mirada que le
dirigía su madre.
Amor.
—Oh, um. —Willow se sonrojó antes de girarse hacia él. Se había olvidado
por completo de que estaba de pie a pocos metros—. ¿Te importa?
—En absoluto, Lo. —Sonrió antes de dar un paso adelante, con los brazos
extendidos.
La preocupación se apoderó de su pecho cuando se acercó. Sabía que
podía confiar en Nathan para cuidar de Fin, pero no quería dejarle marchar, no
todavía.
—Sólo será un minuto, señorita Lewis. Podrá verlos a ambos a través de
la ventana de allí. —Isabelle señaló una habitación detrás de ella—. Le prometo
que Finley está a salvo aquí.
—Lo sé, es sólo que...
—Lo entiendo, ángel. —Sonrió Nathan—. Un minuto y lo tendrás de nuevo
en tus brazos. Un minuto y estaremos saliendo de aquí, un minuto más cerca
de casa.
Un minuto, pensó ella. Sólo sesenta segundos, Lo.
Con mucho cuidado, pasó a su hermanito aún dormido a los brazos de
Nathan. No le diría que sus entrañas se convirtieron en papilla en cuanto sus
tonificados brazos sostuvieron a Finley, ni los pensamientos ligeramente
impuros que habían surgido después.
—Si me sigues.
—Estamos a veinte minutos de casa, Lo. —Nathan apartó el cabello que
había caído sobre el rostro mientras dormía. No quería despertarla, pero los
suaves chillidos de Finley habrían acabado por hacerlo.
—¿Estamos? —Bostezó antes de estirarse en su asiento, haciendo que la
carpeta llena de papeles de Finley se desparramara por el suelo—. Maldición.
Los gritos de Finley se redujeron a un gemido cuando Willow lo hizo callar.
Aunque ahora no podía verlo ni tocarlo, le complacía saber que respondía a su
voz, que en cierto modo ya la reconocía.
—Hola, pequeño —murmuró—. Ya casi estamos en casa. NJ te va a
cambiar el pañal mientras yo te preparo el biberón.
“NJ” había calado rápidamente en Willow en el poco tiempo que Nathan
llevaba refiriéndose a sí mismo como tal. Era un juego de palabras con su
nombre: Nathaniel Jay y algo que su Nana siempre le llamaba, sin importar la
edad.
—Oh, estoy en el servicio de pañales, ¿verdad? —bromeó Nathan. Willow
se rio y asintió con la cabeza mientras jugaba con los pies de Finley.
—Sí. —Le sacó la lengua antes de acomodarse en su asiento—. Tu madre
seguirá viniendo, ¿verdad?
—Por supuesto. Me sorprendería que no viniera desde hace tiempo —
admitió—. Ama los bebés. A mi pobre padre le costó mucho convencerla de que
no tuviera más que nosotros tres.
—¿Va a venir alguien más?
—No. Les dijiste que llamarías cuando estuvieras lista —le recordó Nathan.
—Oh... —respondió ella mientras se inclinaba para recoger la carpeta de
documentos caída—. ¿Nathan?
—¿Sí?
—¿Por qué pensaba esa mujer que Holden estaría allí? —preguntó.
—No tengo ni idea, Lo. Puedo investigarlo, si quieres —ofreció él.
—Um, ¿Nathan? —El tono de su voz desvió la atención de Nathan de la
carretera durante una fracción de segundo.
Las manos de Willow temblaban mientras sostenía uno de los documentos.
La página tembló contra sus dedos ansiosos.
—Lo, ¿qué pasa?
Sus ojos se movían a mil por hora mientras leía cada palabra de la carta.
Su corazón martilleaba en su cabeza mientras leía las palabras una y otra vez.
Era una carta. No de Vicky a Willow, sino de Vicky a Montgomery Peters.
Estimado Montgomery,
Espero que esta carta los encuentre bien a usted y a su hijo. Finley Holt
Lewis nació hace poco tiempo. He pedido que esta carta se incluya en los
documentos que recibirá Holden.
Willow estará abrumada por la responsabilidad de mi hijo. Se esforzará por
cuidar de él. Aquí es donde tú juegas tu parte, como yo hago la mía. Ella nunca
debe saber por qué tienes un interés en Finley, y si alguna vez lo descubre, tu
secreto y el de tu hijo se hará público.
Eres un hombre inteligente, Monty. Sabes que no hago amenazas inútiles.
Sabes que puedo teneros a ti y a Holden de rodillas antes de que acabe el día. No
dejes que las cuatro paredes de mi celda te engañen.
Estoy aquí por ti. Por tu hijo, estoy aquí por otros veinticinco años, y tal vez
más. Me hiciste una promesa, Montgomery. Es hora de que la cumplas.
Willow es una niña. Fallará en esta tarea que le he encomendado, como ha
fallado en tantas otras en el pasado. Ella fallará, y tú recogerás los pedazos.
Vicky Marie Lewis.

Nathan había puesto el auto en el carril de parada de emergencia y había


apagado el motor. Antes de que Willow se diera cuenta de lo que estaba
ocurriendo, llegó a su lado y abrió la puerta, tirando de ella en sus brazos.
—Willow. —La abrazó con fuerza.
—Ella... ¿por qué? —Willow parpadeó asombrada.
Tenía la mitad de las ganas de volver a la prisión y de echarle la maldita
carta en la cara a su madre. La otra mitad de su mente estaba decidida a
demostrar que su madre estaba equivocada.
—No lo sé —respondió con sinceridad—. Ojalá tuviera la respuesta. Puedo
ofrecerte los recursos de WI para investigar el motivo que hay detrás de esto sí
es lo que quieres.
—¡Quiero saber por qué todos piensan que fracasaré en ser todo lo que él
necesita! —Su voz se elevó una octava mientras las lágrimas comenzaban a
acumularse en sus ojos.
—Sé que no vas a fracasar, Willow —explicó Nathan—. Mamá y papá saben
que no lo harás. Remi, Cel, Ty... todos saben que no vas a fracasar. Vicky Lewis
no es más que una mujer manipuladora y vengativa que sabe cómo hacerte daño.
—Ella tiene razón.
—No la tiene —argumentó él—. ¿Quieres saber cómo lo sé?
Willow no dijo nada, pero sus lágrimas ya habían empezado a manchar su
camisa. Se lo iba a decir de todos modos, tanto si le respondía como si no.
»Eres Willow Grace Lewis. En el momento en que tuviste a Finley en tus
propios brazos, lo protegiste del resto de nosotros. Tus hombros se relajaron y
por primera vez en mucho tiempo, te olvidaste por completo de las demás
personas de la habitación. En ese momento, sólo estaban tú y Finley. Le hablaste
como si nadie más pudiera oírte. Inmediatamente se aferró a ti, ¿recuerdas? Te
buscó antes de que pudieras decir algo. Se queda callado cuando lo miras,
cuando le hablas. No te ha conocido hasta hoy, ¿y ya tiene esta conexión contigo?
La mayoría de las madres darían cualquier cosa por eso, Willow.
—Pero...
—Pero nada. A Finley no le faltará nada, sobre todo con una hermana
mayor que le proteja siempre. Y de nuevo, si crees que te voy a dejar hacer esto
sola, te espera otra cosa, señorita. —Nathan le levantó la barbilla, suplicándole
con la mirada que lo entendiera.
—Tengo miedo.
—Yo también —admitió con una pequeña sonrisa—. Pero tener miedo
viene con el territorio de criar a alguien tan pequeño. Ty y Remi todavía se
preocupan por mí y ya somos adultos. Siguen queriendo protegerme, y eso está
bien. A mamá le parece bonito, y supongo que no puedo culparla. “Eso es lo que
es una familia, para lo que es una familia”, mamá siempre decía.
—Familia...
—Familia no significa necesariamente sangre, Willow, y ahora tienes una
gran familia contigo —le aseguró—. No estás sola y no vas a fracasar.
—¿Lo prometes?
—Promesa de meñique. —Unió sus dedos meñiques y besó el suyo, al igual
que ella hizo lo mismo con el suyo.

Las uñas de Lucile Peters, finamente manicuradas, clavaron las fotos en


el escritorio de caoba de su marido.
—¿Qué está haciendo con él? —siseó mientras Montgomery recogía las
imágenes.
Las treinta fotos mostraban la salida y el regreso de Willow a su casa, junto
con Nathan Wolf y un portabebés.
—Está destinada a estar con Holden. Ese fue el trato que hiciste con esa
bruja, Montgomery. —La voz de Lucile bajó una o tres octavas, volviéndose más
amenazante de lo que él tenía paciencia.
—Lo que Vicky no sabe no la matará, Lucile —espetó—. Ahora, Holden
tiene un bozal puesto, uno que espero que se mantenga. Sabe el precio que
hemos pagado por esto.
—Un bozal nunca funciona. Es mejor poner el perro en el suelo. —Se quejó
ella.
—Cállate, mujer. Estás hablando de mi hijo.
—Tu hijo ha pecado. Tu hijo ha perdido la reina en el maldito tablero de
ajedrez. ¡Todo porque no pudo mantener su polla en sus malditos pantalones
durante cinco minutos! En caso de que lo hayas olvidado, querido, esto es
Georgia. ¿Tienes idea de las ramificaciones que su sexualidad podría tener sobre
nosotros?
—Soy plenamente consciente del lugar en el que vivo, Lucile —gruñó
Montgomery mientras retorcía los dedos—. Y en cuanto a Holden, haré que se
ponga en contacto con Willow en los próximos días. Y luego yo haré lo mismo.
—¿Por qué quieres hablar con ella? —Lucile se horrorizó ante la sola idea.
—Porque, lo creas o no, Lucile, la chica realmente me importa.

—Lo tengo —murmuró Nathan mientras se deslizaba fuera de la cama.


Willow bostezó, se estiró y se dio la vuelta para mirar la hora. Las tres menos
cuarto de la madrugada, como un reloj para su hermano.
Los suaves gritos de Finley resonaban en el monitor, indicando a quien
estuviera escuchando que tenía hambre.
Esa había sido su rutina durante tres semanas. Willow había solicitado
una excedencia que le habían concedido. Nathan también había reducido sus
horas de trabajo en WI, ya que quería estar al lado de Willow y Finley siempre
que pudiera.
El segundo dormitorio de Willow se había transformado en cuestión de
horas. Lo que antes era una habitación vacía, sin color ni vida, ahora rebosaba
de ella. Tonos grises y azules coloreaban las paredes, contrastando con los
muebles de roble oscuro que habían sido cuidadosamente seleccionados para
Finley, y para Willow.
Finley era el bebé perfecto. Nunca se quejaba, dormía como un tronco
hasta que había que cambiarle el pañal o darle de comer. Se dormía en cualquier
sitio, pero el pecho de Willow parecía ser su lugar favorito.
¿Y quién podía culparle?
Nathan entró en la habitación de Finley y se dirigió hacia donde estaba
tumbado. Sus pequeños brazos y piernas estaban en el aire, dando patadas y
puñetazos a la nada, con la cara contorsionada por los gritos que ahora salían
de él.
—Tranquilo, amigo. —Nathan lo levantó en brazos y lo colocó erguido para
que su cabecita descansara sobre su hombro—. Shh, sé que tienes hambre.
Vamos a ver qué te ha preparado Lo.
Llevó a Finley a la cocina y lo colocó en su sillita mientras preparaba su
biberón, mientras tarareaba algo melódico que parecía calmar los llantos de
Finley. Nathan se dio cuenta de que Finley lo miraba, pero sabía que, a su edad,
no podía ver mucho delante de él, pero tal vez seguía el sonido.
Una vez que la leche y el biberón estuvieron a la temperatura adecuada,
se colocó una toalla y se agachó para recoger a Finley, cuyos pequeños gruñidos
y llantos hicieron que el corazón de Nathan volviera a palpitar.
En las tres semanas transcurridas desde que Finley había vuelto a casa,
el corazón de Nathan había crecido tres tallas, su mundo se había movido sobre
su eje. Su teléfono guardaba cientos de recuerdos, tanto de Finley y Willow como
de Willow sola.
El fondo de su teléfono en ese momento siempre sería la foto más perfecta
que jamás hubiera tomado. Willow dormía en el sofá, Finley dormitaba sobre su
pecho, con una expresión de satisfacción en el rostro y los brazos de Willow
rodeándolo. Nathan casi estalló ante la visión y tomó la imagen de inmediato.
Nathan se colocó junto a Finley en la mecedora antes de acercar el biberón
a sus diminutos labios. El pequeño se aferró y empezó a chupar con avidez.
Nathan se rió y le acarició la mejilla mientras unos ojos azules le brillaban.
—Somos los hombres más afortunados del mundo, ¿lo sabías? —
Susurro—. Tu hermana es una de las mejores personas que conozco, una de las
mujeres más dulces, amables y resistentes que jamás conocerás. Te quiere,
hombrecito, más de lo que podría expresar con palabras.
Finley dejó de tirar de la botella mientras Nathan seguía hablando, como
si estuviera pendiente de cada palabra.
»Queremos enseñarte muchas cosas del mundo, Fin. Tu primer partido de
béisbol será multitudinario, te lo garantizo. Luego está la escuela y el instituto,
la universidad y las chicas. Te enseñaré todo lo que necesitas saber sobre ser un
caballero, lo prometo. Lo más probable es que Willow me entierre a dos metros
bajo tierra si no te lo enseño.
Sin que Nathan lo supiera, aún acunando al bebé de ojos caídos en sus
brazos, Willow se apoyó en la jamba de la puerta del dormitorio de Finley.
»Mañana vamos a tener visitas. Se volverán un poco locos por ti, y no
puedo culparles. Son tu familia y siempre estarán a tu lado y lucharán por ti,
como han hecho conmigo. Están todos un poco locos, la verdad, pero no los
querría de ninguna otra manera —le dijo Nathan con un arrullo, mientras rozaba
con los dedos la parte superior de la cabeza de Finley.
El corazón de Willow podría haberse detenido en ese momento, como
tantas otras veces en las últimas tres semanas. Observar a Nathan con su
hermano, las palabras que le dirigía y el amor que le demostraba a Finley, la
reafirmó en que era lo correcto.
»Sabes que Willow es el amor de mi vida, ¿verdad? Así que, igual que
prometo hacer lo correcto por ti y ser tu mejor amigo, prometo hacer lo mismo
por ella también. Tenemos que cuidarla juntos, aunque sé que es lo bastante
fuerte como para cuidarse sola. —Nathan se inclinó y besó la parte superior de
su cabeza mientras los ojos de Finley se cerraban.
»Oye, no te duermas sobre mí todavía, Fin, tengo que hacerte eructar
primero... y luego posiblemente un cambio de pañal... tal vez debería despertar
a tu hermana para eso. —Se rió.
—Estoy aquí. —Sus palabras estaban llenas de emoción cuando entró en
la habitación. Nathan levantó la mirada y la clavó en sus cálidos ojos color
avellana.
—Lo haré eructar.
—Creía que te había dicho que durmieras —le recordó.
—Sí, lo pensé y decidí no hacerlo —sonrió ella—. Lo quieres todo para ti.
—Claro que sí. Es un pequeño mini tú, ¡y es un chico! Mucho más divertido
que las chicas. —Se dirigió al bebé mientras lo decía, pero Willow se rió.
—Oh, estoy segura. —Ustedes dos se unirán contra mí cuando sea mayor,
¿verdad? —Cruzó los brazos sobre el pecho, con humor en la voz.
—Lo sabes. —Su corazón volvió a palpitar ante la mención de su futuro, y
de que él ocupaba un lugar en él.
—Voy a ser su mejor amigo y no hay nada que puedas hacer para evitarlo.
—Oh, vaya. —Con eso, ella sacudió la cabeza y salió del dormitorio, su risa
resonando en el pasillo.
—Ya verás, amigo, tendremos esto de las mujeres dominado para cuando
tengas seis años.
Los padres de Nathan fueron los primeros en llegar a la mañana siguiente.
Dani se dirigió directamente a Finley, arrullando y haciendo ruidos de bebé
mientras ella y Robert se sentaban en el sofá.
—¿Cómo es que ya está tan grande? —reflexionó Robert, mientras Finley
le agarraba uno de los dedos—. Es una cosita fuerte, ¿verdad?
—Será más fuerte que Ty en poco tiempo. —Se rio Nathan—. ¿Puedo
ofrecerle a alguien algo de beber antes de que venga la gentuza?
—¡Nathan! —Reprendió su madre con una sonrisa. Nathan respondió con
una sonrisa igual de presumida.
—¿Qué he dicho? —Encogió sus hombros mientras Willow ponía una
bandeja de aperitivos frente a ellos.
Willow quería que todo fuera perfecto para hoy. No sólo porque estaría
rodeada de las personas que la querían a ella y a su hermano, sino porque hoy
sería el día en que diría dos pequeñas y gigantescas palabras en voz alta.
Durante los siguientes diez minutos, la sala de Willow se llenó de risas,
sonrisas e historias de tres ratas de alfombra que no se dormían cuando eran
pequeñas. Finley estaba feliz en los brazos de cualquiera, pero su vínculo
especial con Nathan y Willow era evidente cuando cualquiera de ellos lo sostenía.
Tyler, Remi y Celeste habían llegado con más regalos para el recién llegado,
una visión que tenía a Willow preocupada por dónde ponerlo todo.
En ese momento, Finley dormía profundamente en los brazos de Remi, su
voz era suave y baja, en lugar de su habitual voz alta y bulliciosa.
—Es perfecto, Willow. Es un bebé muy hermoso —murmuró Remi, incapaz
de apartar los ojos de él—. Lo quiero.
—Puedes venir a verlo cuando quieras, te lo prometo —le aseguró Willow—
. Todos pueden. Son su... su familia.
—La tuya también —añadió Nathan mientras la rodeaba con sus brazos.
Sus mejillas se sonrojaron ante sus palabras y la cercanía de su voz.
—¿De quién son las flores, Willow? —preguntó Celeste, observando el ramo
de colores brillantes que adornaba la mesa de café.
—Montgomery Peters —respondió—. Técnicamente, de todos ellos.
—¿Por qué te enviarían flores? —Celeste frunció la nariz hacia ellas.
—Sabes que Vicky solía trabajar para él, Cel. Supongo que es su forma de
intentar suavizar las cosas —sugirió Willow, aunque sabía que era mentira.
La carta que su propia madre planeaba enviarle aún le producía
escalofríos. Había algo más que sospechoso en todo esto y por suerte, Nathan
había escuchado su preocupación de que quizás hubiera algún problema de
fondo.
Dani se sentó al lado de la pareja y se inclinó para besar la mejilla de su
hijo. Willow pudo ver el orgullo maternal que sentía por Nathan.
—¿Puedo tener un momento a solas con esta hermosa mujer? —le
preguntó Dani a Nathan. Él asintió y se puso de pie antes de acercarse a su
hermana y a su novia. El chillido de felicidad de Finley hizo que el corazón de
Willow se expandiera y sus ojos se humedecieran.
—Oh, cariño. —Dani envolvió sus brazos alrededor de los hombros de
Willow—. Es perfecto.
—Lo es —respondió—. No puedo creer que ya hayan pasado tres semanas.
—El tiempo vuela en un abrir y cerrar de ojos. En un momento, los abrazas
mientras lloran durante la noche y luego estás secando tus propias lágrimas
cuando se mudan de casa o encuentran el amor. —Willow se giró hacia ella y
sonrió—. Estoy muy orgullosa de ti, Willow.
—¿Lo estás?
—Absolutamente. Te han pasado muchas cosas en los últimos meses, el
bebé es la guinda del pastel. Nathan no para de cantar alabanzas hacia ti y no
lo hace para ponerte en un pedestal, Willow. Lo hace porque te ama. Tienes que
saberlo, ¿no? —Dani miró hacia su hijo y sonrió.
—Lo sé. —Sintió que le apretaban la mano cuando Danielle finalmente le
devolvió la mirada.
—Hay algo más. Algo que ni siquiera le has dicho a Nathan.
—Estoy preocupada, Danielle —susurró Willow, expresando el
pensamiento en voz alta por primera vez desde que Finley llegó a casa.
—¿Por qué, cariño? Estás haciendo un trabajo fantástico con él y con
Nathan. No necesitas que te diga el cambio que vemos en él.
—Es como si estuviera esperando que caiga el otro zapato. En la prisión,
el director esperaba que Holden estuviera allí, no Nathan... y el apodo de Finley,
¡me suena tan familiar pero no puedo ubicarlo! ¡Y luego Montgomery envía flores
y una tarjeta de felicitación! ¿Cómo podrían saber dónde vivía? ¿Qué lo tenía
ahora? Sé que mi madre trabajaba para él. Sé que él sentía que estaba en deuda
con ella... —La respiración de pánico de Willow había atraído de nuevo la
atención de Nathan hacia ella y justo cuando la primera lágrima se deslizó por
el rabillo del ojo, tomó sus manos entre las suyas.
—Respira, ángel —le dijo—. Estamos aquí.
—¿Y si les dijo que Finley sería suyo? —exhaló, mientras los brazos de
Nathan la rodeaban.
—No está por escrito, Willow. He revisado todos los documentos de esa
carpeta que te dieron, incluida la nota al señor Peters. No hay ningún tribunal
en Georgia que te quite a Finley basándose en una suposición —le dijo Danielle—
. Nathan hizo entregar la carta al señor Peters, ¿recuerdas? Desde entonces no
ha salido nada de él. Nada saldrá de ello. El señor Peters puede ser un gran
nombre en Georgia, pero mi hijo es más grande.
—No voy a usar a Nathan para intimidarlo —argumentó Willow.
—Sin embargo, lo estás —bromeó—. Te guste o no, estar asociada con
Nathan Wolf te convierte en una de las mujeres más temidas de Norteamérica.
Nathan encogió sus hombros ante las palabras de su madre, pero éstas
asustaron a Willow.
—¿De verdad?
—De verdad —respondió Dani—. No tienes nada de qué preocuparte,
Willow. No pueden ni quieren tocarte.
Los gritos de hambre de Finley hacen que Willow se levante de su asiento
y tenga a su hermano retorciéndose en brazos en menos de diez segundos,
mientras Robert se dirige a la cocina a por su biberón.
—Está bien, Fin —dijo suavemente. Sus ojos azules se abrieron de
inmediato, encontrando los de ella mientras su llanto disminuí—. Ya está.
Tendremos algo de comida deliciosa en tu barriga en poco tiempo.
—Toma. —Tyler le tendió la mano a Finley—. Es justo. Creo que soy el
único al que no le han escupido.
La sala se rio mientras Willow le entregaba cautelosamente a Finley.
—Tu funeral, Ty.

Nathan, Remi y Tyler estaban tumbados en forma de triángulo en el centro


de la sala de Willow, con Finley como centro de atención entre ellos.
—Me gustaría que se lo dijeras —suspiró Danielle mientras se sentaba a
su lado—. Todo el mundo puede ver lo enamorados que están ambos.
Ella se sonrojó con un delicado tono de rosa ante las palabras de Danielle.
—Sé que crees que eres indigna, que Nathan no te merece... pero eso no
es cierto. Eres digna de más amor y admiración que cualquiera de los presentes.
Eres digna, Willow. Robert y yo te queremos, y sólo te conocemos desde hace un
par de meses... pero te queremos. Sólo queremos que seas feliz. Y sabemos que
nuestro hijo ayuda a ello.
—Lo hace. —Willow se tragó el nudo de emoción que tenía en la garganta,
con los ojos aún fijos en Nathan y Finley—. Lo amo, Danielle.
—Entonces díselo. Te garantizo que escucharás las palabras de vuelta. —
Danielle casi la empujó del sofá con su comentario.
Sacando todo lo que llevaba dentro, Willow se puso de pie y se dirigió hacia
Nathan y sus hermanos, además de los suyos. Se inclinó para atraer a Finley a
sus brazos, atrayendo la atención de todos los presentes.
—¿Lo? —preguntó Nathan mientras se incorporaba—. ¿Está todo bien?
—Sí. No. Hay algo que necesito decir y pensé que ahora sería un buen
momento para decirlo —explicó ella.
—No estás embarazada, ¿verdad? —jadeó Tyler, ganándose un fuerte golpe
tanto de su hermano como de su hermana.
—¡Tyler! —gruñó Robert—. Podría darte una paliza.
—Culpa mía.
—¡Cállense todos! Willow estaba tratando de decir algo —gritó Celeste a la
habitación antes de que se convirtiera en un caos—. Adelante, nena.
Willow aclaró su garganta nerviosamente mientras miraba a su familia y
las miradas de amor y aceptación en sus rostros. La mano libre de Nathan
encontró la suya y al apretarla, su ansiedad se desvaneció.
—Quería darles las gracias a todos por estar aquí; tanto por Finley como
por mí. Dios sabe que no habría podido hacer nada de esto sin vosotros. Han
estado ahí desde el primer día, desde el momento en que lo traje a casa y nos
han colmado a los dos de amor y apoyo en todo momento desde entonces. Estoy
eternamente agradecida por todo lo que has hecho y por todo lo que sé que
seguirán haciendo.
—No tienes que darnos las gracias, Lo. —Sonrió Celeste—. No hay ningún
lugar en el que preferiríamos estar... o al menos, ningún lugar en el que preferiría
estar.
—Eso no es lo único importante que tengo que decir. —La sonrisa de
Willow se movió hacia Nathan—. Mi vida ha sido una montaña rusa y durante
mucho tiempo, iba hacia abajo, hundiéndose, estrellándose... hasta que tú. Por
casualidad, me salvaste en aquel restaurante. Me enseñaste lo bueno que era
sonreír, reír, creer en lo bueno del mundo. Tú y yo experimentamos cosas nuevas
juntos, y tenemos tinta permanente en la piel para atestiguarlo.
Nathan le sonrió antes de mirar su brazo. Su tatuaje y el de ella, eran sólo
el principio de su algo extraordinario.
»Pero lo más importante, Nathan Wolf, es que me has enseñado el
verdadero significado del amor. Y lo hago. Te amo. Lo he hecho desde el momento
en que entraste en ese restaurante y me besaste la mejilla. Te amo. Te amo. Te
amo —suspiró Willow, finalmente libre de decir las palabras que él había deseado
escuchar.
Los ojos marrones brillaron hacia ella mientras una impresionante sonrisa
se ensanchaba en su rostro. Su cabeza se movió ligeramente mientras se
inclinaba hacia ella, deseoso de sentir sus labios, de sentir sus palabras.
—Te amo, Willow Lewis.
12
—Tengo un regalo para ti. —Fueron las primeras palabras que salieron de
la boca de Nathan cuando Willow entró en su casa con Finley. Inmediatamente
le tendió las manos al bebé de cuatro semanas, que dormía profundamente en
sus brazos.
—Me mimas. —Sonrió—. Creo que he traído todo lo que necesita para esta
noche.
Miró a su alrededor y a Callahan, que llevaba más bolsas de las necesarias
para unas vacaciones de tres meses. Nathan levantó una ceja hacia él y luego
hacia Willow antes de reírse de ella.
—¿Tú crees?
Se mordió un lado de la boca mientras el rosa enrojecía sus mejillas.
—Bueno...
—¿Cómo está? —Se acercó a ella y miró a Finley, sus dedos acariciando
inconscientemente la pequeña mejilla del bebé. Se había sentido culpable
durante los últimos cuatro días; había tenido que levantarse y dejar a Willow y
al bebé mientras volaba a San Francisco para aclarar un acuerdo con una nueva
corporación tecnológica que se había fusionado con WI.
—Ha estado perfecto. Incluso me ha dejado dormir cinco horas seguidas.
—Le sonrió a Finley antes de volver a mirar a Nathan—. Sin embargo, tú no
parece que hayas dormido desde la última vez que te vi.
Se relajó cuando la mano de ella le acarició la mejilla con suavidad.
—Ya estamos todos aquí y a salvo. Lo prometo —suspiró Willow.
—Lo sé. Dormiré mejor esta noche gracias a ello. —Colocó su mano sobre
la de ella y se inclinó hacia su abrazo—. Tú y el pequeño se han convertido en
una constante en mi vida, no quería cerrar los ojos por si los últimos meses
habían sido un sueño.
—Te he extrañado —susurró Willow antes de besarle suavemente. Aquello
la calmó más de lo que había confesado. Cuatro días era demasiado tiempo para
estar sin ver su hermoso rostro.
—Yo también te he extrañado —respondió él y volvió a besarla.
—Hmm, definitivamente te he extrañado —suspiró cariñosamente antes de
que el suave llanto de Finley los distrajera a ambos.
—Oh, no, ¿alguien se está despertando? —exclamó Nathan antes de
sacarlo de sus brazos. Apoyó a Finley en su hombro, dándole unas suaves
palmaditas en la espalda—. NJ está aquí, Fin. Está bien.
—Voy a llevar sus cosas a su dormitorio. —Sonrió Willow, deseando
recordar dónde demonios había puesto su teléfono porque quería tomar una foto.
—Sabes que ya tengo todo para él, ¿verdad? —preguntó. Ella encogió sus
hombros.
—Quería asegurarme. ¿Puedes vigilarlo un segundo?
Su actitud protectora y su constante preocupación por Finley serían su
perdición algún día, pero Nathan no podía culparla por ello. Su principal
prioridad siempre sería el pequeño hombrecito que tenía en sus brazos.
Y no lo habría hecho de otra manera.
Se dirigió a la cocina y se dispuso a preparar un biberón para Finley,
cuando Colton entró en la habitación y sus ojos se centraron inmediatamente en
la escena que tenía delante. Nathan tarareaba algo suave, una canción de cuna,
mientras bailaba lentamente alrededor del banco de la isla, sin apartar la mirada
del pequeño con el peluche.
—Sí, has extrañado a NJ, ¿verdad? —susurró—. Bueno, yo también te
extrañé, pequeño. Siento haber tenido que dejarlos a ti y a Lo; ojalá no hubiera
tenido que hacerlo.
Colton lo observó un momento más antes de oír unas pisadas detrás de él.
Al girarse, vio a Willow entrar en la habitación, recogiéndose el cabello en un
moño en la parte superior de la cabeza.
—Colton, ¿cómo estás? —Le sonrió antes de abrazar al monstruo de
hombre que tenía delante.
—Lo mismo de siempre. Margot disfrutó mucho de las fotos que le enviaste
en los últimos días. San Francisco es un lugar que no le gusta mucho, así que
sé que las fotos la han aliviado un poco.
Hacía poco que Willow había descubierto la relación entre la
guardaespaldas personal de Nathan y el chef de la casa. Se había desmayado
cuando le contaron cómo se conocieron y se enamoraron, considerándolo un
encuentro de cuento de hadas que todas las jóvenes querían tener en algún
momento de su vida.
—Me alegro de haber podido ayudar. —Sonrió Willow antes de mirar a su
alrededor, hacia Nathan y Finley.
Seguían en su pequeño mundo, uno que ella había visto innumerables
veces antes, pero cada vez se enamoraba un poco más de ambos.
—Hace que todo el mundo se enamore de él, ¿verdad? —susurró mientras
ella y Colton seguían espiando.
—Estoy bastante seguro de que ese es el único trabajo de un bebé, chica
—se rio Colton—. Durante los primeros años de su vida, dependen
completamente de nosotros, y lo único que quieren es nuestro amor, cuidado y
atención. Nada más.
Willow, que había encontrado su teléfono, tomó tranquilamente un par de
fotos del precioso momento, fotos que luego añadiría al álbum de recortes que
estaba haciendo para el cumpleaños de Nathan.
—¿Ya te has adaptado a tu regreso? —preguntó al entrar en el dormitorio.
Nathan la miró con una mirada de amor y devoción antes de asentir.
—Me está sonriendo —susurró, acercando a Finley a ella. Una burbuja de
baba se escapó de su boquita y Nathan la limpió con un paño. Entonces Finley
gorjeó algo y levantó los bracitos por encima de la cabeza. Willow supo lo que
significaba antes de que pudiera advertir a Nathan.
—Sí, eso no es una sonrisa, cariño —se rio a carcajadas mientras Nathan
casi se ponía verde—. Eso son gases.
—¿Estás en el servicio de pañales? —preguntó Nathan mientras ella
sacudía la cabeza, dando tres pasos hacia atrás.
—Oh, no, Wolf. No has estado aquí durante cuatro días. Estás de guardia
todo el fin de semana.
Nathan miró a Finley y luego volvió a mirar a Willow.
—Oh, chico. Muy bien, vamos, pequeño apestoso. Menos mal que te
quiero.
Comenzó a dirigirse hacia la guardería de Finley cuando la escuchó detrás
de él.
—Yo también te quiero.

Él estaba loco. Esa era la única palabra para definir su exuberancia, su


extravagancia, su... todo.
Willow estaba frente a una gran mesa auxiliar adornada, con una gran
cantidad de joyas expuestas ante ella: diamantes, esmeraldas, zafiros,
aguamarinas... todo lo que una mujer pudiera desear y todo era para ella.
Ésta era sólo una de las sorpresas que tenía para ella, la otra seguía
colgada en su armario. ¿Cómo iba a decidir qué joyas ponerse si ni siquiera sabía
cómo era su vestido?
El pánico se apoderó de su pecho ante la gran cantidad de opciones que
tenía ante sí. Nunca había estado en presencia de tanta belleza, nunca se había
sentido lo suficientemente digna como para llevarla. Nathan había estado
trabajando duro, colmándola de amor y afecto, todo lo que echaba de menos con
Holden. Nathan le enviaba flores al trabajo, siempre sus favoritas. La llevaba a
tomar un café los fines de semana y la alimentaba por la noche con Finley.
Pero eran las pequeñas cosas que él hacía las que siempre tenían el mayor
impacto en ella: los mensajes de buenos días cuando no podía soportar
despertarla antes de salir por la mañana, los chequeos a lo largo del día, los
pequeños besos y las caricias que compartían una vez que volvían a estar juntos.
Él hacía arder su corazón y, por una vez, ella no temía quemarse.
—Simon ha hecho maravillas con tu cabello; está increíble. —La profunda
voz de barítono de Nathan la envolvió como una manta, su ansiedad se disipó
en el aire cuando él entró en la habitación.
Era cierto, su cabello estaba increíble. Su cabello, suelto y recogido en la
cabeza, adquiría un aspecto aún más llamativo cuando aparecía una trama de
color marrón chocolate. Simón incluso le había colocado algunos pasadores con
incrustaciones de diamantes, añadiendo un poco más al estilo general.
—Me siento increíble y aún no estoy vestida —reflexionó—. Necesito tu
ayuda.
—¿Oh? —Sintió sus brazos alrededor de ella y se inclinó hacia atrás, feliz
en su abrazo—. Cualquier cosa por ti, ángel.
—Toda esta joyería... ¿cómo te imaginabas que sería capaz de elegir algo
por mi cuenta?
—Sinceramente, no lo imaginaba. Esperaba que me dejaras elegir por ti —
admitió. Ella sonrió y se giró en sus brazos, dándole el primer vistazo a su rostro
maquillado—. Santa...
—¿Qué? —Internamente, ella estaba enloqueciendo. Nunca había llevado
tanto maquillaje en su vida y no había querido mirarse al espejo por miedo a
odiar lo que veía.
—Eres una diosa —susurró, sus manos se movieron por sí solas hacia sus
mejillas y los rizos sueltos que enmarcaban su rostro—. Soy el hijo de puta más
afortunado del mundo.
Sus mejillas se sonrojaron, pero no estaba segura de que él pudiera notarlo
bajo todo el maquillaje.
—¿Gracias?
—Ángel, nunca me des las gracias por hacerte un cumplido. Te mereces
mucho más que cumplidos. Y ahora mismo, todo lo que quiero hacer es besarte,
para demostrarte lo mucho que te quiero, lo jodidamente increíble que me haces
sentir...
—Entonces, ¿por qué no lo haces? —suspiró, su voz perdiendo toda su
fuerza con sus palabras.
—No quiero que Simon me dé una patada en el culo —confesó con un triste
mohín de sus labios.
Simon Fossi era una fuerza a tener en cuenta: un estilista y maquillador
de renombre mundial, tenía celebridades en su lista de espera para verlo. Pero
por Nathan Wolf, dejaría cualquier cosa, todo y a cualquiera que estuviera
haciendo para venir a ayudar.
—Oh —suspiró, decepcionada—. ¿Tal vez más tarde?
—Siempre que el pequeño duerma bien, definitivamente —prometió—.
Ahora, ¿sobre las joyas?
—¿Hmmm? Oh, sí. —Se olvidó momentáneamente de dónde estaba,
mirando a esos amorosos ojos marrones. Giró sobre sí misma, mirando de nuevo
el expositor.
—El conjunto de diamantes de oro rosa —le dijo—. Es sencillo, elegante y
se adapta a todo lo que te rodea.
—Es impresionante. —Sus dedos se movieron con delicadeza sobre los
artículos que él había seleccionado y los cogió—. ¿Puedes ayudarme?
—Pensé que nunca lo pedirías. —Nathan tiró de ella hacia el tocador que
había evitado durante la mayor parte de la noche. Willow estaba asustada y
emocionada al mismo tiempo por saber cómo era. Nathan lo había expresado
con muchas palabras y ella se sentía hermosa. Sólo esperaba que el espejo
mostrara la misma imagen.
La sentó y comenzó a adornar su hermoso ser con las joyas que había
elegido, acariciando cada centímetro de ella como podía. Mientras tanto, miraba
con asombro a la desconocida que se parecía a ella.

—¿Ya casi está lista Willow? —Tyler ya iba por su tercera cerveza, su
estado de ánimo bajaba rápidamente después de que su cita para el baile no
apareciera. Estaba gruñón, cansado y perdiendo su tarjeta de sobriedad por el
bocado.
No es una buena combinación.
—Oye, ¿Ty? ¿Por qué no nos llevas a Celeste y a mí como tus citas esta
noche? Quiero decir, sé que soy tu hermana y todo eso, pero odio verte así. —
Remi se puso delante de él y le quitó la botella de cerveza.
—¿Cómo es que soy el eternamente soltero de los tres? —gimió—. Llevar a
mi hermana a un baile...
—Como si fuera algo malo. Probablemente habrá un montón de mujeres
solteras esperando para poner sus garras en ti, Ty. ¿Y la mujer que invitaste?
Ella no es nada en el gran esquema de Tyler Wolf. Eres un soltero; ¡puedes
adueñarte del título si quieres! —explicó Remi antes de abrazarlo—. Y no hay
nada malo en ti, mi querido hermano. Eres perfecto tal y como eres.
—Santa... —Los ojos de Celeste estaban pegados ahora a lo alto de la
escalera.
Nathan, que había estado hablando de los acontecimientos de la noche
con Callahan, se giró de repente para ver de qué hablaba Celeste, sólo para sentir
que las piernas le flaqueaban y que el corazón se le salía del pecho.
Willow bajó las escaleras con la ayuda de Margot, observando atentamente
cada paso. Todavía no había levantado la vista hacia nadie, demasiado temerosa
de equivocarse de escalón y caer al suelo.
Si Nathan la había llamado diosa antes... no podía ni imaginar una palabra
para describirla ahora.
—Hombre, estás babeando. —Tyler le pasó una servilleta antes de que él
también quedara encantado con la belleza que finalmente daba su último paso
hacia el suelo—. Mierda.
Willow le sonrió a Margot y soltó sus brazos, esponjando el vestido frente
a ella antes de posar sus brazos sobre él. Entonces, miró por fin al público que
tenía delante.
Se encontró con el silencio de los amigos que ahora estaban congelados en
el salón. Sus mejillas se enrojecen por la atención que le prestan.
¿Tenía algo en el rostro?
—Um, ¿hola? —Se dio media vuelta para no verlos, sus miradas
persistentes la hicieron sentir un poco de pánico.
Todos se quedaron sin palabras. Si hubieran podido formar una frase
coherente para hablar de su belleza, lo habrían hecho.
Especialmente Nathan. Ella siempre había sido una visión para él, antes,
sin importar lo que llevara puesto. Ahora, esa visión se había ampliado mil veces
y no tenía palabras para describirla.
Imagínate, un director general de un imperio multimillonario. Sin palabras.
—Creo que todos están cautivados por usted, señorita Lewis —le susurró
finalmente Margot—. Sólo dales un momento.
Una sonrisa impresionante se dibujó en sus labios de color rojo rubí
cuando Nathan finalmente encontró sus piernas y se acercó a ella a trompicones,
abriendo y cerrando la boca como un pez de colores.
—¿He dejado sin palabras al gran director general? —preguntó ella
mientras le cerraba la mandíbula. Él se limitó a asentir y volvió a mirarla.
Realmente no había nada más perfecto en este momento que ella.
Vestida con un impresionante vestido rosa rubor diseñado a medida por
Elie Saab, era el epítome de la belleza. Las joyas que le había colocado antes
brillaban bajo las luces, complementando el color del vestido maravillosamente.
El vestido en sí mismo era una obra de arte. Nathan se estremeció al
pensar cuántas horas de trabajo se dedicaron a coser cada joya en el tul, o
cuántas capas de tul había en el vestido.
Todo ese tiempo y esfuerzo no le importaba ahora, porque la persona a la
que más quería lo llevaba, y ella hacía que el vestido fuera aún más perfecto.
Realmente era el hijo de puta más afortunado del mundo.
—Señor Wolf, señorita Lewis, los autos están listos —anunció Callahan,
sacando por fin a Nathan de su trance.
Nathan se aclaró la garganta y le ofreció el brazo.
—¿Estás lista? —preguntó.
—Mientras no me dejes caer... —le dijo ella.
—Nunca, ángel. —Se inclinó y besó brevemente sus labios—. Te amo.
—Y yo a ti.

Todos los años, los padres de Nathan organizaban una gala para recaudar
dinero para los enfermos de cáncer, con el fin de ayudarles a pagar los gastos
médicos que no cubría su seguro. El dinero recaudado se destinaba a las familias
necesitadas y a varias organizaciones sin ánimo de lucro que luchan contra esta
enfermedad debilitante.
Cuando el auto en el que viajaban Nathan y Willow se detuvo en la entrada,
la mano de Willow se tensó en la suya.
—¿Nathan? —preguntó, con una voz que delataba la ansiedad que sentía—
. No sé si puedo hacer esto.
Como respuesta, Nathan le tomo el rostro con la mano y le acarició
ligeramente el pómulo con el pulgar.
—Sé que puedes hacerlo. No voy a perderte de vista, Lo. Bueno, excepto si
necesitas ir al baño... no soy tan asqueroso.
—Eres gracioso —reflexionó ella.
—No me iré de tu lado a menos que me lo digas, Willow. Sólo necesito que
me digas si algo, y me refiero a algo, te incomoda. Si en algún momento necesitas
aire, o quieres irte, dímelo y lo haremos. Sé que mi vida es grandiosa y de altos
vuelos, pero realmente me gustaría que disfrutaras esta noche.
—Yo sólo... —No pudo formar las palabras.
—Willow, me dijiste que no querías permanecer en las sombras, que no
querías dejar que Holden te arrastrara. Esta gala, por muy grandiosa que sea,
es el mayor dedo medio que podríamos hacerle —explicó.
—Van a estar aquí esta noche, ¿no? —Miró más allá de él y hacia la
alfombra granate que les esperaba.
—La posibilidad es probable, sí. Callahan y Margot te tendrán en su línea
de visión toda la noche y no hay ni una sola posibilidad de que dejemos que se
acerque a ti, ¿de acuerdo? —le prometió.
Respiró hondo y asintió, creyendo cada una de sus palabras. Sabía que
acabaría encontrándose con Holden y por una vez, se sentía preparada para
enfrentarse a él.
Nathan salió del auto en medio de un destello de luz cegadora. Su equipo
de seguridad hizo todo lo posible para contener a la prensa mientras él se giraba
para ayudar a Willow, pero no podían hacer mucho.
En cuanto salió, sintió que su brazo le rodeaba la cintura y la ataba a su
lado. Él la colocó en el lado alejado de las cámaras, protegiendo su cuerpo con
el suyo mientras se dirigían al fotógrafo oficial.
—Bueno, eso fue una locura —se rio cuando finalmente se detuvieron por
un momento.
—Lo sé —respondió Nathan—. Pero les pagan por ser buitres. Todo lo que
buscan es la foto del dinero, y no voy a dejar que eso ocurra.
El fotógrafo oficial aduló el vestido de Willow, olvidándose casi por
completo de tomar una foto de la feliz pareja.
—Todo el mundo te adora —le susurró Nathan al oído antes de conducirla
al interior de la gran carpa.
Willow se quedó allí por un momento, observando todo el brillo y el
glamour del lugar. Todo el mundo iba vestido con elegancia, con un sentido de
la moda casi regio. Las luces de hadas decoraban el techo de la carpa,
parpadeando y centelleando como el cielo nocturno del exterior. Las mesas
estaban decoradas con tonos azules y plateados, pero nada tan exagerado como
para parecer hortera.
—Oh, Dios mío. —Es todo lo que Willow fue capaz de emitir.
—Me dejan boquiabierto, cada año que organizan esto —coincidió
Nathan—. Yo siempre pensaba que las cenas elegantes y las galas eran asuntos
pomposos, pero mamá y papá siempre se las arreglan para ser el colmo de la
elegancia sin parecer ostentosos.
—¿Y hacen esto todos los años? —preguntó asombrada—. Vaya.
—Desde que a Nana y a mamá les diagnosticaron cáncer, el tema ha
estado en la mente de nuestra familia. Por no hablar de que cada poco que
recaudemos, tanto esta noche como personalmente, se destinará a los pacientes
que más lo necesitan. El tratamiento del cáncer no está cubierto por el seguro
de mucha gente, por desgracia. Estas... donaciones de ángeles alivian un poco
su carga, supongo —explicó Nathan con reverencia, el recuerdo de su abuela le
hizo llorar—. Esta es la gala sin...
Willow le ofreció una pequeña sonrisa mientras se limpiaba el pulgar bajo
los ojos. Se inclinó hacia delante y le besó suavemente la mejilla.
—Ella está aquí. Sé que está —prometió, con sus labios a centímetros de
los de él. La mano de Nathan cubrió la suya mientras asentía, creyendo cada
palabra que ella decía.
Permanecieron así durante un momento, dejando que la paz se instalara
en su pequeña burbuja. Eran los momentos más intensos de su relación, en los
que se apoyaban en la fuerza del otro, en las emociones que no necesitaban ser
expresadas. El suyo era un amor que las palabras nunca serían suficientes para
describir.
—Odio interrumpir este pintoresco momento, pero ¿puedo robarte tu cita
un rato, querida? —La suave voz de Danielle consiguió separar a la pareja.
—Dani, estás impresionante —suspiró Willow asombrada.
Iba vestida de Alexander McQueen, con un precioso vestido verde menta
sin hombros que mostraba cada curva como si la hubieran cosido a ella. Su
cabello corto brillaba bajo las luces de las hadas, las horquillas de diamantes le
daban un nuevo nivel de elegancia.
—¿Estoy impresionante? Pareces salida de una revista. —Danielle rodeó a
Willow con sus brazos, abrazándola con fuerza por un momento antes de
soltarla—. Este vestido es impresionante.
—Lo eligió Nathan. —Se sonrojó Willow.
—Sí, ese sería yo, ya sabes, tu hijo. —Nathan se rio mientras su madre le
daba una palmada en el hombro juguetonamente.
—Te he visto casi todos los días durante veintiséis años, querido. Además,
te he visto muchas veces en traje... y tienes que estar de acuerdo en que Willow
está mucho más guapa que nunca. Y eso no es algo malo, querida. Es que no
creí que pudieras estar más guapa —explicó Danielle.
—Gracias, Dani. —Sonrió.
—No te culpo en absoluto, mamá. Yo también estoy cegado por ella. Estoy
cegado por ambas. ¿Cómo es que papá no está pegado a tu cadera ahora mismo?
—Sonrió mientras le besaba la mejilla.
—Oh, cállate. —Danielle se sonrojó ante el cumplido de su hijo—. Creo que
está por ahí, feliz de haber recuperado la capacidad de hablar.
—Oh, ¿a él también le afectó? —Sonrió Willow—. Bajé las escaleras de la
casa de Nathan y me encontré con estatuas.
—Suele pasar mucho en esta familia —respondió Danielle guiñando un
ojo—. ¿Te importa si te robo un momento? Tengo algunas personas que me
gustaría que conocieras.
Nathan se adelantó, con la mirada puesta en Willow.
—Mamá, es su primera vez aquí…
—Estaré bien —prometió Willow.
—La familia Peters está flotando por ahí, mamá —Nathan expresó su
preocupación en ocho palabras—. No quiero que Willow se sienta incómoda.
—Sabiendo lo que sabemos ahora, Nathan, no dejaremos que se acerquen
a nosotros —le recordó Danielle—. Además, creo que tu padre quería sonsacarte
algo sobre algo en lo que tu abuelo estaba invertido.
Los ojos de Nathan se iluminaron ante las palabras de su madre, pero aun
así se negó a moverse.
—Estaré bien, Nathan. —Willow acarició su brazo antes de moverse para
besar su mejilla—. Cuando vuelvas, ¿podrías traerme una bebida?
—¿Dulce o seco? —preguntó mientras rodeaba la cintura de Willow con
una mano.
—Sabes que soy toda dulce. —Le guiñó un ojo.
—Cómo podría olvidarlo. —Tocó su nariz con la suya antes de presionar
un suave beso en sus labios—. Te encontraré.
Ambas mujeres observaron cómo Nathan se alejaba de ellas, entablando
una conversación cortés con todos los que se cruzaban con él.
—El abuelo de Nathan, Archie, era una luz brillante en los ojos de Nathan.
Robert puede haber estado celoso de su vínculo en más de una ocasión —
murmuró Danielle en voz baja mientras empezaba a tirar de Willow entre la
multitud—. Es bueno verlo tan... confiado ahora.
—Ha tenido una increíble red de apoyo a su alrededor, Dani —respondió
Willow—. Debería estar orgulloso.
—La Sra. Daniels fue la primera en convencerme de que mi hijo tenía un...
problema. Pero nunca lo llamó así. El cerebro de Nathan estaba conectado de
forma diferente, eso es todo. Ella nos mostró cómo ayudarlo y nos ayudó a
entender lo que su mente le hacía. Me ha abierto los ojos a un montón de
experiencias diferentes y sé que Robert sigue estudiando el cerebro humano para
entenderlo todo.
Willow sonrió ante la pequeña visión de la infancia de Nathan. Sabía de su
dislexia por la tarde y los fines de semana posteriores que pasaron con la señora
Daniels, pero era agradable ver el efecto que tenía en su familia también.
—Sabe que hiciste todo lo que pudiste bajo las circunstancias. Con Remi
y Ty y sus propios problemas…
—Oh, mira cómo se me llenan los ojos de lágrimas. —Danielle se secó los
ojos con una servilleta que había cogido—. Estoy increíblemente orgullosa,
Willow. Todos mis hijos son felices, están sanos... y dos de los tres están
enamorados. ¿Qué más podría desear una madre?
Y para eso, Willow no tenía respuesta.

—¿Disculpa, Nathan Wolf? —Un hombre se acercó a su mesa cuando


Nathan estaba terminando una conversación con el alcalde. No estaba seguro de
lo que quería el hombre, pero sus ojos barrieron inmediatamente el suelo para
encontrar a Willow hablando animadamente con alguien que su madre le había
presentado.
—¿Puedo ayudarlo? —preguntó Nathan antes de disculparse con el
alcalde.
El hombre aún sin nombre era un poco más bajo que Nathan, vestido con
un traje entallado con el cuello abierto. Su cabello rubio estaba rizado y revuelto
alrededor de las orejas, como si se hubiera pasado la mano por él momentos
antes.
—Me llamo Adam... um, Adam Nutt —tartamudeó el hombre—. Usted no
me conoce, pero soy...
—El hombre al que vimos besar al señor Peters —anunció Nathan—.
Willow no te conoce, pero yo sí.
—Oh. —Adam dio un paso atrás, temeroso de enfrentarse a uno de los
nombres más importantes de la sala.
—¿Qué puedo hacer por usted, señor Nutt?
—Quiero saber cómo está el bebé. Holden, él no.… cree que no quiere
saber, pero…
—¿Por qué iba a importar lo que el señor Peters quiere saber? Él no tiene
ni reclama al bebé, así que ¿por qué iba a importarle? —La voz de Nathan se
volvió letal.
—Por Willow.
—No digas su nombre. No después de todo lo que tú y él le han hecho
pasar —siseó—. ¿Acaso conoces al hombre con el que duermes por la noche?
Adam quiso rebatir, decirle a Nathan que no compartía la cama con
Holden, pero la mirada del hombre lo silenció. Nathan Wolf era intimidante en el
mejor de los casos, pero con Holden como tema actual, era más exagerado de lo
que había sido antes.
—Después de enviarle fotos de sí misma; desnuda y en la cama, después
de los correos electrónicos amenazantes, las interminables llamadas telefónicas,
los intentos de verla... ¿qué le hace pensar que tenemos algo que decirle?
Adam se quedó quieto mientras Nathan enumeraba todo lo que había
hecho Holden desde que su relación se rompió. Estaba claro que había algo que
le preocupaba, algo de lo que ambos debían hablar.
—No se detendrá, señor Wolf. Realmente cree que la señorita Lewis se debe
a él. —La voz de Adam tembló—. He intentado que lo deje pasar, he tratado de
entenderlo y en este momento, no creo que pueda. La ha visto esta noche. Estoy
haciendo todo lo que puedo para evitar que se acerque a ella, pero siento que es
inevitable.
—¿Por qué has sentido la necesidad de venir a hablarme de todo esto? —
Los brazos de Nathan se cruzaron sobre su pecho mientras miraba al tembloroso
hombre que tenía delante.
—Porque siento que Holden está a punto de cruzar una línea.
—¿Una línea? Las ha cruzado todas en lo que respecta a Willow. No he
hecho nada sin que ella lo diga, pero tendré órdenes de silencio y de alejamiento
contra él antes de que acabe la hora. Willow no es una propiedad. Es su propia
mujer, una mujer increíble. Nunca se mereció la mierda que Holden le estaba
haciendo pasar, cómo estaba tratando de hacerla sentir inadecuada. Moriré
antes de dejar que le quite una sola cosa más. —Nathan dio un paso adelante,
una nueva máscara deslizándose sobre su persona de director general.
—¿Nathan? —La voz temblorosa de Willow desbarató ese poder y cuando
se giró para verla, toda su ira se disipó. La atrajo a sus brazos, las promesas que
le había hecho se reflejaban en sus mentes.
Ella había oído la mayor parte de lo que se decía, pero no quería
inmiscuirse en su conversación.
Había espiado a Holden a través del piso, y utilizando a Tyler y Callahan
como cobertura, mientras Celeste y Remi le permitían escapar por una de las
entradas laterales.
Ahora había algo diferente en él. No era el mismo hombre que la había
salvado hace tantos años. Algo oscuro y retorcido se había abierto camino dentro
de él y lo había convertido en veneno.
—No quiero que mueras por mí, Nathan —susurró en las solapas de su
chaqueta—. Por favor, no digas eso.
—Lo siento, ángel. —Frotó su espalda en círculos tranquilizadores, sus
labios se encontraron con la parte superior de su cabeza para tranquilizarla una
y otra vez—. Lo siento.
Todavía podía sentir la presencia de Adam detrás de él, todavía podía
sentir el fuego en sus venas, el ardor inoportuno del nombre de Holden en su
lengua. Podía sentirlo todo.
Pero Willow lo necesitaba.
—Vamos, salgamos de aquí —suspiró—. No muy lejos, pero sí fuera de
aquí.
Dejó que la guiara fuera de la tienda, con la cabeza aún apretada contra
su pecho. La confianza que había tenido antes se había esfumado, y se había
quedado exhausta y completamente drenada.
Respiró el olor de Nathan, su seguridad, su protección. Sabía que estaba a
salvo en sus brazos, y cuando el ritmo melódico de su interior se filtró, se
encontró balanceándose suavemente.
—Sabes que haría cualquier cosa para mantenerte a salvo, para
asegurarme de que estás bien —explicó—. Te amo.
—Lo sé. Es sólo que es difícil... porque Holden también me hizo esa
promesa, Nathan.
13
Al reconocer el pozo en el que había caído semanas atrás, Willow se tomó
el tiempo de recordar ese momento, la forma en que se había sentido justo antes
de caer. No quería que el estanque se manchara con sus palabras ahora, ni con
las promesas rotas que aún guardaba en su corazón.
Nathan la abrazó, sin saber qué decir o pensar, o incluso qué hacer.
Todavía no había insistido en el tema, sabiendo cómo le afectaba hablar de la
relación de Holden con Willow. Algunas cosas las había divulgado sin pensarlo
dos veces, pero esto era algo que se le había ocultado a ella, a los dos.
—Holden y yo no somos el mismo hombre, Lo. Yo nunca te maltrataría
como lo hizo él —le aseguró.
—Cuando Montgomery me acogió en su casa, después de que mi madre
fuera encarcelada... me dijo que su hijo estaba en la universidad. Holden era
guapo, en todos los sentidos, pero estaba ausente. Hasta que fui a la universidad
—dijo Willow—. Mi amiga Penélope y yo fuimos a una estúpida fiesta y él estaba
allí. No lo reconocí en ese momento, siendo joven e ingenua... hasta que me
desperté en su cama a la mañana siguiente.
—Él no...
—Resulta que alguien había echado la droga en mi bebida. Para cuando
salí, Holden aparentemente me sostenía en pie y luchaba contra los chicos de la
fraternidad con sus pies. Mirando hacia atrás ahora... escuchando lo que Adam
te dijo esta noche... estoy empezando a pensar que el pinchazo de mi bebida no
fue tan casual como había llegado a suponer. —Willow no podía mirar a Nathan,
temiendo que la vergüenza en su rostro la destruyera.
»Ni siquiera quería ir a la estúpida fiesta, pero dejé que Penny me
convenciera. Dejé que me pusiera la bebida en la mano... dejé que me llevara a
la improvisada pista de baile. Me esforcé tanto por ser una universitaria normal...
pero no podía respirar. Todo el mundo a mi alrededor estaba tan cerca, tan
sudoroso y cercano, que sentí que me iba a desmayar.
»Así que me dirigí a la mesa de las bebidas, Penny me siguió. Ella me dio
una taza de lo que pensé que era agua, y me dijo: endurécete, princesa. No era
agua, sino un poco de luz de luna del patio trasero o alguna mierda que me
quemó la garganta. Mi memoria después de eso es bastante... nebulosa, por decir
algo.
Nathan se había quedado inmóvil, escuchando en silencio, dándole la
libertad de decir lo que quisiera y necesitara en ese momento. Quería decirle que
estaba a salvo aquí, que era valiente y fuerte y tantas otras cosas, pero eso no
era lo que Willow necesitaba.
No necesitaba que le dijeran nada. Sólo necesitaba que la escucharan.
—Sin embargo, ese trago... se me subió a la cabeza. Estaba mareada y
confusa y ni siquiera me la había terminado. Pensaba que era un peso ligero —
se rio, sacudiendo la cabeza.
La furia de Nathan se encendió en él ante sus palabras. Era una de las
muchas razones por las que no asistía a las fiestas universitarias, ni le gustaba
participar en nada de lo que hacían los universitarios, porque siempre había
esas pocas personas selectas que lo arruinaban para todos los demás.
—No tienes que decírmelo... —continuó aferrándose a ella, al igual que ella
se aferró a él. Cada uno era el salvavidas del otro, dando y tomando lo que
necesitaban sin una sola palabra.
—Tengo que hacerlo. Siento no habértelo dicho antes. —Miró a sus cálidos
ojos marrones, su mente daba vueltas a las conclusiones que él sacaría—.
Alguien había puesto algo en mi bebida, y para cuando me di cuenta de que
había algo seriamente malo, era un mandril que tropezaba y no podía encadenar
una frase.
—¿Cómo intervino él?
—Me vio salir al exterior y dice haberme levantado del suelo después de
que me cayera. Estaba cubierta de vómito. Encantador —suspiró—. Y me dijo su
nombre. Cuando me desperté a la mañana siguiente, se presentó. “Holden
Peters”, dijo con orgullo. “Y tú eres Willow Lewis”. No sabía si aterrorizarme de
él o no, no hasta que su padre me llamó. En cuanto Montgomery me dijo quién
era Holden... me sentí cómoda con él.
—Casi como la situación perfecta... —murmuró Nathan.
—Era guapo y el enigma que lo rodeaba... el típico personaje de chico
malo... sí, me enamoré fuerte y rápido. Penny también ayudó con eso. Me
convenció de que no podía mantener a alguien así si no le daba nada de mí. —
Willow se estremeció ante el recuerdo—. Holden Peters me cegó. No podía
encontrar un fallo en el hombre. Me dejé arrastrar por él, dejé que me t-tuviera.
No pude rechazarlo... porque Holden me salvó.
—¿Y luego qué pasó?
—Me enamoré de él... bueno, no del amor. Con él. Me mostraba atención
y a veces me regalaba cosas, cosas brillantes que me pedía que usara cada vez
que estábamos juntos. Ahora, mi propia madre nunca se preocupó por mi
existencia, pero parecía que Holden lo hacía. Se acordaba de los cumpleaños y
los aniversarios y...
—Te hacía sentir importante —murmuró Nathan.
—Pero ahora, en retrospectiva... era algo mucho más que un personaje de
chico malo. Todas las cosas que me compró, todas las pequeñas cosas que hizo,
se las devolví —exhaló—. Era todo lo que pedía.
—¿No te obligó? —Se le pusieron los pelos de punta ante la pregunta.
Ahora tenía ganas de enfrentarse a ese imbécil.
—No... no sé... de nuevo, sentí que le debía todo lo que me había dado.
—Sabes que no espero nada a cambio cuando te hago regalos, Lo. Por
favor, dime que lo sabes.
—Al principio, no, no lo sabía. Eso es lo que me hizo ser tan... reacia a
admitir mis sentimientos por ti. Porque tan pronto como se introduce el amor en
todo, las cosas pueden ir en muchas direcciones. —Juntó las manos delante de
ella y bajó la cabeza.
—¿Por qué no me dijiste que los regalos te incomodaban? —preguntó.
—No lo hacían. Me recordaron mi pasado, eso es todo. Me di cuenta de que
era una tontería cuando me llevaste a Francia ese fin de semana. Nunca pediste
nada a cambio del mejor fin de semana de mi vida. Sólo pediste mi sonrisa y mi
mano para sostenerla. Él pidió algo más.
—Podemos parar. No tenemos que seguir hablando de esto aquí. Puedo
hacer que Margot traiga el auto...
—No. Está bien. Necesitaba sacarlo. Tengo la sensación de que Holden
intentará hablar conmigo esta noche y necesito la fuerza que sólo tú puedes
darme. Y creo que ahora la tengo.
Sus dedos inclinaron su barbilla hacia arriba y hacia atrás, permitiéndole
mirar fijamente sus hermosos ojos. Se habían llenado de lágrimas no
derramadas por una vida que ella había vivido y dejado atrás, y él odiaba no
poder volver atrás en el tiempo y cambiarlo todo.
—Te amo, Willow Grace —suspiró, con sus labios a escasos centímetros
de los de ella.
—Te amo, Nathaniel Jay.
Sus labios se encontraron en el momento siguiente, justo cuando la
canción cambió detrás de ellos. Juntos, bailaron bajo las estrellas y la luz de la
luna, poniendo el pasado donde realmente pertenecía.
—¿Cómo se sienten tus pies? —Remi soltó una risa mientras Nathan
depositaba a Willow en su silla. Ella soltó una carcajada a Remi y sonrió, pero le
dolían los pies de forma impactante.
Nathan la tenía en la pista de baile casi tan pronto como habían regresado
al interior de la carpa. La distracción era su técnica, y eso significaba que podía
bailar con la mujer más hermosa de la sala.
Eso era definitivamente una ventaja.
—No te preocupes, Nathan da unos masajes de pies de muerte —explicó
Danielle después de dejar un vaso de agua frente a ella—. ¿Y qué te he dicho
sobre agotar tu cita?
—Lo siento, mamá. —Nathan se quedó sentado, debidamente reprendido
por su madre, mientras Willow se reía.
—Está bien, Danielle. Nunca había bailado así. —Apretó la mano de
Nathan y se apoyó en él suavemente—. Tu hijo es un bailarín excepcional.
—Eso espero. Le ha enseñado todo lo que sabe —dijo Robert mientras se
acercaba a la mesa—. El alcalde Pyke quiere verte de nuevo, hijo. Algo sobre
asuntos pendientes.
Willow escuchó a Nathan gemir mientras su agarre se tensaba en sus
dedos.
—Papá, ¿realmente tengo que hablar de negocios esta noche? Sólo quiero
que sea sobre esta hermosa mujer en mis brazos. ¿Es mucho pedir?
—Por supuesto que no, Nathan —le informó Danielle—. El alcalde puede
esperar. Willow no.
—Está bien, Nathan. Sinceramente, esta noche se trata de hacer contactos,
así como de bailar hasta que se nos caigan los pies. —Le dio un codazo Willow—
. Ve y haz las olas.
—Pero no quiero dejarte —le susurró en voz baja al oído, para que sólo ella
lo oyera.
—Tengo mis bragas de niña grande puestas y sé cómo noquear a alguien.
Estaré bien —prometió ella.
—Sí, la cuidaremos, hermano. Ve a buscar otro par de millones. —Tyler
soltó una risa y se bebió el resto de su bourbon.
Nathan suspiró, derrotado, y se levantó de la silla. Graciosamente, se
inclinó y besó a Willow, sabiendo que estaba a la vista de un tal Holden Peters.
—Vuelvo enseguida —insistió mientras ella asentía.
—¡Vete!
Observó su trasero finamente vestido dirigirse a otra mesa y luego a otra,
antes de que su mirada volviera a posarse en el vaso que tenía delante.
—¡Mierda! ¡Willow! —El grito confundido de Celeste hizo que su cabeza
girara hacia su mejor amiga, sólo para encontrar a Holden avanzando hacia ella,
con ira y codicia en esos ojos verdes que una vez le habían importado.
Inspiró profundamente y se preparó para recibir más abusos verbales.
—Wills, estás impresionante esta noche. —Las palabras salieron forzadas
de su boca y ella lo notó—. ¿Puedo hablar contigo un momento?
Aún no había levantado la mirada hacia él, pero podía oler el whisky en su
aliento y algo más.
—Cualquier cosa que tengas que decirme, Holden, puede decirse aquí y
ahora. —Se sorprendió de la fuerza de su voz, y de alguna manera, la empujó a
ponerse de pie, a enfrentarse finalmente al hombre que la había amenazado con
tanto.
—Quiero saber sobre Finley. —Su tono era cortante al hablar, sus ojos
nunca se dirigieron a los de ella.
—Has tenido tiempo de sobra para preguntar por Fin, Holden. —Su voz
destilaba desdén ante su absurda petición—. No sé por qué mi madre esperaba
que estuvieras allí, ni pretendo entender cómo pensaba que seguíamos juntos.
Y en cuanto a la carta de mi madre a tu padre... Me va bien por mi cuenta y sin
embargo no has hecho nada. Cuatro semanas, ha estado en mi casa, a mi lado
y no ha habido nada de ti, ¡de nadie! Entonces, ¿por qué debería decírtelo ahora?
—Tu madre nos quiere juntos, Willow. La está matando, saber que estás
molesta conmigo. —Hizo el intento de alcanzar sus manos, pero ella las alejó.
—No puedes tocarme más, Holden. No sin mi permiso —dijo—. A mi madre
no le importaría que yo estuviera muerta en alguna zanja. No le importa si vivo
o muero, pero por alguna razón maldita, ¡me ha dado la custodia de su hijo
bastardo!
Sus ojos se encendieron con una emoción sin nombre, pero estaba
demasiado ocupada concentrándose en su propia ira como para ocuparse de su
reacción ahora mismo.
—Wills...
—¡No puedes llamarme así! Ya no más. Pensé que querías estar conmigo
para siempre. Pero no, ¡querías romper todo lo que me hacía ser yo! Me quitaste
las capas hasta que fui un desastre sangrante en tu alfombra y luego volviste a
colocar mis piezas como querías.
»Yo era tu marioneta. Ahora lo entiendo. Era una obligación, una tarea.
¿Te sentías como si fueras mi dueño? ¿Que tenías todo ese poder sobre mí?
Bueno, lo hiciste. Me cambiaste y yo te dejé. —Señaló con un dedo su pecho, con
su rabia a flor de piel.
—Si eras una tarea para mí, ¿por qué seguías conmigo cinco años
después? —Holden le respondió con una sonrisa.
—¡Porque eras el amor que creía merecer!
—¿Y ahora no lo soy? —Fingió el dolor que no sentía—. Me alegra saber
que puedo ser reemplazado tan fácilmente.
—No estás siendo reemplazado, Holden. Para empezar, no había nada. —
Ella se estaba cansando de sus tácticas de lobo llorón—. Sólo dime qué demonios
quieres para que pueda decírtelo y puedas dejarme en paz.
—¿Estás tirando por la borda años juntos, por culpa de él? ¿Es por el
dinero? ¿Sentiste que no ganaba lo suficiente y por eso te metiste en la cama con
él? —Arremetió. Los ojos de Willow se abrieron de par en par, sorprendida.
—Vaya, Holden. Eso tiene mucha clase. No me he metido en la cama con
Nathan, y no lo haré durante un tiempo porque él me quiere y realmente le
importa un carajo mi opinión sobre el asunto. Y nunca fue por el dinero. Nuestra
relación había seguido su curso, su final natural era inevitable. Tú tomaste esas
decisiones, tú fuiste quien se mantuvo en secreto de mí. Me engañaste.
—Entonces, ¿pensaste en el ojo por ojo? —gruñó, con la voz baja y
amenazante. Aun así, ella se mantuvo firme.
—Saca la cabeza del culo y escucha un maldito minuto, Holden. Nada iba
a impedir que nuestra relación terminara. Ahora soy feliz, soy mucho mejor que
la mujer que era cuando estaba contigo. Tu final feliz ya no es conmigo. Tienes
que acostumbrarte a eso.
—Y tú... —Consiguió agarrarla esa vez y Tyler se interpuso
inmediatamente entre los dos.
—Quita tus malditas manos de ella, cerdo. He escuchado algunas cosas
realmente mierdosas sobre ti y, sabiendo que todas son ciertas, estaría
encantado de golpear tus jodidas luces. Suéltala.
—¿Qué? ¿También se acuesta contigo?
En el siguiente segundo, Holden estaba en el suelo y Willow gritaba de
dolor.

—No está rota. —Robert le aseguró mientras colocaba la bolsa de hielo


sobre su mano—. Tienes un gran gancho.
—Lo siento mucho, Robert. He arruinado esta noche para ti, para todos...
—Ella suspiró y mantuvo la cabeza baja. Esperaba que Nathan la encontrara,
que la consolara y le dijera que estaba bien, que había hecho lo correcto.
¿Pero lo había hecho? No buscaba nada de Holden, pero ahora se había
quedado con nuevas preguntas, y muy pocas respuestas.
—¿Dónde está? —preguntó—. ¿Dónde está Holden?
—Hice que la seguridad lo escoltara fuera y me aseguré de que se metiera
en su auto y se fuera. No quiero que incomode a mis invitados.
—¿Y Nathan?
—Nathan está preocupado por su hermano y su madre. No estaba en la
tienda cuando ocurrió el altercado, gracias a Dios, pero se está corriendo la voz.
—Robert comenzó a vendarle los nudillos y la muñeca con una venda del color
de la piel—. Esto va a doler durante unos días y habrá algo de hinchazón.
Tómatelo con calma y deja que Nathan te mime.
—¿Puedo ir con él ahora? Necesito...
De repente, estaba en el aire, envuelta en el abrazo de Nathan más rápido
de lo que podía parpadear. Una vez en sus brazos, fue como si los últimos quince
minutos no hubieran pasado.
—Te dejo sola durante cinco minutos... —se rio—. Tyler me dice que
podrías rivalizar con Ali en el ring si quisieras.
—Es que... las palabras, el odio que vomitaba... —Su voz vaciló, la
adrenalina una vez más se agotó más rápido en sus brazos—. Todo se acumuló
y yo...
—Oye, te estabas defendiendo. Tienes todo el derecho a golpear a ese
imbécil en la cara.
—¡Nathan! —exclamó Danielle con fingida furia. Willow no se había dado
cuenta de que la habitación se llenaba de las personas que consideraba su
familia hasta ahora. Ninguno de ellos parecía ofendido por sus acciones o sus
palabras.
—No puedes culparme, mamá. Debes haber oído lo que decía esta noche.
Adam también me advirtió, carajo... —Sacudió la cabeza, su molestia consigo
mismo se encendió por dentro.
—Era inevitable —dijo Willow—. Si no iba a ser esta noche, podría haber
ocurrido en otro momento.
—¿Estás bien? Dime dónde está tu mente.
—Estoy cansada, pero no quiero ir a casa. Quiero ver a Colton y ver cómo
está Fin. ¿Crees que eso podría pasar? —preguntó.
—Definitivamente. Papá, ¿necesita algo más?
—Sólo que se cuide la muñeca y a sí misma, pero está bien para irse. —
Robert miró a la pareja y le sonrió a su hijo—. Y por favor, Nathan, nada de
peleas.
—Holden se ha ido. No hay nadie con quien pelear, papá. —Se rió antes
de levantar a Willow en sus brazos.
—¡Oye! ¡No me he roto el tobillo! —exclamó ella mientras un ataque de
risas brotaba de sus labios.
—Tal vez no, pero puedes apostar tu trasero ahora que no te pierdo de
vista ni de vista —le advirtió.
Su corazón se calentó ante la sinceridad de su voz, y sus dedos jugaron
con el vello de su nuca.
—Me parece un plan, señor Wolf. —Sonrió antes de mirar a su alrededor—
. ¿No vamos a volver a la tienda?
—No.
—¿Por qué?
—Porque hay algo de lo que tú y yo tenemos que hablar. Y sí, tiene que ver
con Holden.
—Nathan, no quiero hablar de él ahora mismo. —Su humor había caído
en picada en los últimos treinta segundos—. Sólo quiero ser...
—Willow, lo que tengo que decir lo cambiará todo. —Su palabra era
definitiva. No necesitaba mirarlo para darse cuenta.
Así que no lo hizo. Se concentró en el agua iluminada por la luna y rezó
para ser lo suficientemente fuerte como para escuchar lo que él tenía que decir.

—¿Cuánto sabes de la gente que visita a tu madre? —preguntó Nathan en


cuanto Willow se sentó.
—Um, nunca le presté atención. Nunca la visité, nunca sentí la necesidad
de hacerlo. ¿Por qué?
—Me lo preguntaste... bueno, me puse a investigar e hice que algunas
personas revisaran los registros de visitas de ella... y aparecieron tres nombres
como un reloj. —Nathan levantó sus manos hacia su rostro y besó las palmas—
. Holden y Montgomery Peters eran dos. Penelope DeLuca era la tercera.
—Lo siento, ¿qué? —jadeó Willow—. ¿Acabas de decir Penelope?
—El día en que te graduaste fue el día en que cesaron las visitas de
Penelope —dijo Nathan, sintiéndose ya mal del estómago.
Willow se quedó sentada en silencio, atónita, mientras se revelaba una
nueva traición en su vida, esta vez en forma de la única persona en la que había
confiado más que en sí misma tantos años atrás.
—¿Soy realmente tan ingenua? ¿Acaso a alguien le importaba realmente?
—le preguntó a nadie en particular.
—A mí me importa, Willow. Siempre me importará y por eso tengo que
contarte todo esto... porque la noticia de tu antigua amiga no es lo peor —explicó
Nathan, esforzándose por no caer en su máscara de empresario.
—Dios, ¿qué más hay?
—Las visitas de Holden... empezaron en cuanto se le concedieron
privilegios de visita. Y si lo que dices de que te encontró en una fiesta
universitaria... llevaba casi dos años visitándola antes de “conocerte”.
La bilis le subió a la garganta y, antes de que pudiera controlarla, se
abalanzó sobre una de las gardenias pulcramente plantadas por Danielle.
Nathan se apresuró a acercarse a ella y frotó su espalda mientras seguía
vomitando, asegurándole suavemente que estaba bien, y que él estaba ahí para
ella.
—¿Estás seguro? —Le preguntó cuando por fin pudo incorporarse. Nathan
le dio una servilleta de tela para que se limpiara la boca antes de servirle un vaso
de agua de una jarra.
—Lo siento, Loc—declaró—. Realmente desearía no haber descubierto todo
esto... pero su carta a Montgomery y Holden por asociación, hicieron saltar las
alarmas en mi cabeza.
—No es tu culpa, Nathan —le aseguró—. Aprecio tu honestidad.
—Me contaste una vez... cómo tu madre fue arrestada por malversación y
fraude monetario… —Dudó en contarle más.
—¿Sí? —Willow lo miró, rogándole que acabara de una vez.
—Eso no es todo por lo que fue encarcelada, Lo. Y creo que Holden puede
haber tenido algo que ver con los otros cargos presentados contra ella. ¿Cuánto
sabes sobre sus cargos? ¿Sobre lo que hizo?
—No quería saberlo. Estuve allí cuando le pusieron las esposas y estuve
allí cuando la condenaron a prisión. Ella me demostró una y otra vez que no
valía la pena su tiempo ni su energía, así que ¿por qué iba a tener yo alguna
cortesía con ella? —suspiró.
—Sí, está en la cárcel por su papel en la malversación y el fraude de dinero,
pero eso no es todo.
Sus ojos se abrieron de nuevo ante la nueva información. Aunque, en
realidad, no era nueva, ¿verdad? Hacía tiempo que Willow pensaba que su madre
tenía más problemas de los que entendía, y las palabras de Nathan no hacían
más que confirmarlo.
—Tu madre fue acusada de un delito de clase C. Sus registros judiciales
están sellados, lo que indica que lo que hizo... no querían que otras personas se
enteraran.
—¿Qué quieres decir, Nathan?
—Ángel... significa que tu madre estaba involucrada en algo mucho más
peligroso que robar y falsificar dinero.
—Y Holden está involucrado, ¿cómo?
—Sigue dirigiendo el negocio paralelo en el que trabajaba tu madre.
14
Nathan la encontró viendo a sus padres bailar el resto de la noche. La
suave voz de barítono, que sólo podía pertenecer al Rey, cantó a través de los
altavoces sobre el enamoramiento y cómo no se puede detener, hagas lo que
hagas.
Observó por un momento cómo los ojos de Willow brillaban ante la escena
que tenían delante. Su padre sostenía a su madre en un cálido abrazo y tuvo la
suerte de poder ver cómo los labios de Robert se movían al ritmo de la letra.
Había visto el mismo baile muchas veces a lo largo de su vida. No
importaba lo duras que fueran las cosas, o lo mal que estuviera su padre en un
día concreto, Elvis Presley conocía el popurrí de palabras adecuado para
ayudarles a centrarse de nuevo.
Su amor mutuo y la devoción por sus hijos, fueron lo que les hizo superar
los momentos difíciles. Danielle se negó a abandonar a Robert y a su vez, él
nunca abandonó a las cuatro personas que más lo necesitaban.
Es cierto que ningún matrimonio es perfecto, pero Nathan nunca vio lo
contrario. Cualquier discusión que tuvieran, siempre era a puerta cerrada y lejos
de los oídos que escuchaban.
—Esta es su canción. —Se encontró de cuclillas junto a Willow mientras
seguía observando cómo bailaban—. La bailaron; su primera canción como
marido y mujer.
—No lo dudo. —Escuchó la tristeza en su voz, la añoranza—. Se ven tan
hermosos.
—¿Bailas conmigo? ¿Permitirnos crear un recuerdo como el de ellos? —Se
levantó y le tendió la mano—. Permíteme hacer de esta noche todo lo que has
imaginado.
Lo miró, sus tristes ojos color avellana le dijeron lo que había estado
imaginando durante los últimos treinta minutos.
La revelación de que Vicky Lewis y Holden se conocían antes de que Willow
conociera a Holden la había sacudido por completo. Deseaba haber prestado más
atención a lo que ocurría en aquella sala, a los cargos de su madre. Realmente
no tenía ningún deseo de ver a la mujer que la había dado a luz, pero necesitaba
respuestas.
Colocó su mano en la de él, su anillo bailando cuando la luz le daba. Quedó
momentáneamente hipnotizada por su belleza, avergonzada de no haberse fijado
antes en él. Él también lo miró y sonrió.
—Era de Nana —le dijo—. Mi abuelo se lo regaló la noche antes de casarse.
No se lo quitaba nunca, ni siquiera cuando jugaba en el jardín.
—Es impresionante, Nathan. Me aseguraré de que te lo devuelvan...
—No lo quiero de vuelta, Willow. —La puso de pie y la abrazó—. Ella
querría que lo tuvieras.
—Nathan, yo...
—No digas nada, Lo, por favor. Sólo déjame hacer esto por mí... continuar
su legado, honrar su nombre. —La emoción llenaba su voz; ronca y pesada. Se
tragó las lágrimas que se estaban formando y sacudió la cabeza suavemente—.
Siempre eran mamá y papá los que salían a la pista de baile, dejándonos en
evidencia con su impecable ritmo y sincronización, nos ponían a todos en
evidencia ellos.
—Entonces, ¿qué estamos esperando? —Willow lo miró a los ojos y se guio
hasta sus labios, asegurándole que estaba allí, y que crearía ese recuerdo con
él.
La mostró en el suelo, haciéndola girar con una sonrisa antes de traerla
de vuelta. Una mano se posó en la parte baja de su espalda y la otra le sujetó la
mano.
La suave voz de James Bay se fundía con los últimos tonos de Elvis, una
canción de la que Nathan se había enamorado cuanto más la escuchaba. No
sabía que también era la favorita de Willow. “Us”, una canción sobre la fe y sobre
cómo no tienes que creer en nada más, excepto en la persona que más quieres.
Era apropiada para ellos, su canción.
Ninguno de los dos necesitaba o quería decir una palabra, dejando que la
música lo hiciera por ellos. Cada inseguridad, cada centímetro de ansiedad, de
desesperanza y de miedo les inundaba y les hacía flotar por el suelo.
—¿Cómo se sabe cuándo se ama demasiado a alguien? —preguntó, con la
mirada fija en Danielle y Robert.
—Creo que simplemente lo haces. Ella es la única en una habitación llena
de gente, lo que hace que tu corazón estalle y tu respiración se acelere. Estás
deseando verla cada día, y temes las “buenas noches” que sabes que se avecinan.
Y aunque consigas dormirte a su lado, hay horas en las que no estás con ella, y
lo odias —explicó, con la voz más baja que un susurro.
—¿Has sentido alguna vez ese tipo de poder?
—Nunca pensé que lo haría. Lo había visto con mis abuelos y mis padres,
pero pensé que era algo del pasado... hasta que te conocí a ti.
—¿A mí? —chilló cuando Nathan la hizo girar y la trajo de vuelta hacia él.
—Sí, a ti. Nuestra amistad, nuestra relación... me he enamorado de ti más
de lo que jamás había soñado. Eres mi persona, Willow Lewis. Y cuando nos
despertemos juntos dentro de cincuenta, sesenta años, te seguiré mirando como
lo hago ahora.
—Nathan... —Las lágrimas se agolparon en sus ojos. Sus palabras flotaban
en su mente, imprimiéndose allí como un mantra para ella.
Él quería su futuro.

—¿Cómo estaba, Colt? —preguntó Willow casi en cuanto la pareja regresó


a la casa de Nathan. Finley estaba profundamente dormido en el moisés junto a
la cama de Nathan, sus pequeños movimientos y gruñidos le aseguraban que
seguía aquí, que seguía a salvo.
—Era perfecto, Willow. Creo que es el bebé más feliz que he visto nunca.
Ha comido por última vez hace unos treinta minutos y ha estado durmiendo
desde entonces —respondió Colton.
—Muchas gracias, por cuidarlo y tranquilizarme. —Sonrió Willow antes de
abrazar a Colton—. No tienes ni idea...
—No hace falta que me des las gracias, chica. Como ya he dicho, fue una
maravilla y sorprendentemente, un comensal menos quisquilloso que éste. —Se
rio Colton mientras señalaba con un pulgar a Nathan.
—El puré de guisantes y cualquier brebaje que hayas intentado hacer
pasar por mi garganta no es igual a la comida —objetó Nathan—. No soy así de
exigente.
—Eso es discutible —respondió Colton, con una sonrisa en sus labios—.
De todos modos, los dejaré solos. Que pasen una buena noche.
—Buenas noches, Colton, y gracias. —Willow lo abrazó de nuevo.
Cuando Colton salió de la habitación, Nathan la escuchó suspirar
mientras su atención volvía a concentrarse en el bebé dormido.
—¿Qué pasa?
—Estoy agotada... pero me duelen demasiado los pies como para pensar
en dormir y no empecemos con mi cabeza. —Se apartó de su abrazo y volvió a
suspirar—. ¿Cómo voy a procesar todo esto?
—Ven conmigo. —Entrelazó sus dedos y la llevó a una habitación que sólo
había mencionado de pasada.
En el interior, había un hermoso piano de cola, iluminado por las luces del
techo. Sus teclas de ébano y marfil parecían no haber sido tocadas nunca, pero
ella sabía que sí. Lo había oído tocar una noche, lo encontró con Finley envuelto
en él, calmándolo con los sonidos de Debussy o Bach, por nombrar algunos. Se
quedó observando durante unos minutos antes de alejarse en silencio, dejando
que tuvieran su momento privado juntos.
—Es precioso —comentó, con sus dedos bailando sobre las teclas—.
¿Desde cuándo tocas?
—Desde que tengo memoria —le dijo—. Recuerdo a mi Nana tocando y
supe que quería hacer algo parecido. Por desgracia, yo no era como Nana... ella
podía escuchar la música y luego simplemente tocarla, yo no. Pero ella tenía
mucha paciencia conmigo y con el oficio. Asistió a todos y cada uno de los
conciertos que hice, siempre me ovacionó, aunque fuera la única que lo hiciera.
—Entonces, en otras palabras, ¿eres bueno? —Reflexionó ella y él encogió
sus hombros.
—Mi piano se convirtió en todo para mí. Tocaba durante horas y el tiempo
parecía detenerse cuando me sentaba. —Nathan recorrió con sus dedos las
teclas—. Mis años de adolescencia estaban llenos de hormonas y de una total
incomprensión de las mujeres. El piano se convirtió en una necesidad más que
nada. Sabía que era guapo, pero odiaba la atención que me prestaban las chicas.
Ni siquiera fui a mi baile de graduación del instituto.
»Tocar... me daba algo que nada más podía. Nana solía decir que las notas
que tocaba hacían eco en mi alma. Cuanto más sombría era la música, más
poderosa era la emoción que yo misma sentía. Aprendí los conciertos de Bach y
Beethoven, Debussy y Brahms antes de cumplir los dieciséis años. Por lo visto,
era un niño muy emotivo.
—Era una liberación —murmuró—. A veces voy al refugio de perros local
para sentir lo mismo. Hacer feliz a un perro, hacer que se sienta amado, sacaba
algo en mí que no había sentido antes. Pude mostrarles el amor que nunca sentí
de mi propia madre.
—Fin y yo venimos aquí algunas noches. Parece que le ayuda mucho.
—Lo he visto. Hace un par de semanas, mientras estábamos aquí. Me
desperté y no estabas a mi lado y no podía oír nada por el monitor del bebé... así
que fui a buscarte. —Su tímida sonrisa hizo que Nathan la envolviera en sus
brazos—. No quise entrometerme.
—Nunca te entrometes, Lo —le recordó—. ¿Has tocado alguna vez?
—¿Yo? No, no tengo ningún hueso con talento musical. Puedo llevar una
melodía, pero algo más que eso y te reventaría los tímpanos... —Se rio de sí
misma y bajó la mirada.
Seguía llevando el precioso vestido que Nathan le había comprado esta
noche, pero los tacones hacía tiempo que habían abandonado sus pies. Se
sorprendió al ver que su cabello y su maquillaje seguían relativamente intactos.
Simon realmente hacía maravillas.
—Lo dudo, ángel. —Se rio—. ¿Tal vez mañana pueda enseñarte lo básico?
—Me gustaría. —Sonrió.
—Sabes, un día me gustaría ir a ese refugio para perros del que te he oído
hablar. No puedo garantizar que vayamos a adoptar ningún animal, pero sí
puedo garantizar que nuestros corazones se llenarán y que entenderé mucho
mejor cómo funciona tu mente, Lo —exhaló, dejando salir sus pensamientos más
íntimos a la noche.
Sin embargo, la respuesta de Willow no llegó a producirse, ya que había
conseguido quedarse dormida en el abrazo de Nathan.

—¿Ángel? ¿Ya estás despierta? —Las palabras silenciosas de Nathan la


sacaron del sueño más placentero y abrió un ojo para mirarlo.
—Mmm —gruñó.
—Buenos días, Lo. —Acomodó los mechones sueltos de su cabello detrás
de su oreja y apretó los labios en su mejilla—. ¿Cómo has dormido?
Se incorporó rápidamente y se arrebujó en el edredón, sin recordar cómo
había llegado hasta allí antes de mirarle con pánico en los ojos.
—Te has dormido en mis brazos —le dijo—. Le pedí a Margot que viniera a
ayudar a desvestirte. No vi nada, lo prometo.
—Tú... oh, yo... lo siento —murmuró aturdida.
—Ángel, está bien. Sabes que nunca haría nada que comprometiera
nuestra relación. —La miró fijamente, con una chispa de diversión en sus ojos
marrones—. Me encanta verte despertar por la mañana. No eres una persona
madrugadora.
—Creo que el pequeño de la cuna no estaría de acuerdo contigo en eso. No
conoce el significado de la palabra sueño —bostezó, su cuerpo se desplomó
contra las almohadas mientras estiraba sus extremidades.
—El pequeño está despierto y riéndose a carcajadas con Margot y Colton
abajo. —Reflexionó, inclinándose rápidamente para besar sus labios—. He
estado tratando de despertarte durante los últimos veinte minutos.
—¿Lo has hecho?
—Sí. Necesitabas dormir, eso era obvio. Es casi mediodía.
Al oír eso, salió volando de la cama, se apresuró a entrar en el baño y cerró
la puerta de golpe. Nathan se rio para sus adentros antes de caer también entre
las almohadas.
—¿POR QUÉ NO ME LO DIJISTE? —La escuchó gritar con lo que parecía su
cepillo de dientes en la boca.
—Ángel, es el fin de semana. No tenemos ningún sitio donde estar y nadie
va a venir aquí en un futuro próximo. Necesitabas dormir, y Fin y yo pensamos
que lo mejor era dejarlo pasar —explicó desde su lugar.
—¡No para dormir todo el día, Nathan! —Esta vez sonaba más lejos y para
cuando se dio cuenta de que la ducha estaba en marcha, ella ya habría salido
del alcance del oído.
Cerró los ojos por un breve momento, o eso pensó.
Lo siguiente que supo fue que una almohada estaba rebotando en su
rostro y que Willow estaba de pie en medio de su dormitorio, vestida sólo con
una de sus mullidas toallas.
—Parece que no soy la única que necesita dormir. —Su voz era más suave
ahora, sin el pánico de antes. Se acercó a él y se sentó en el borde de la cama—
. No quise gritar.
—No pasa nada.
—Es que...
—Willow, no hace falta que me lo expliques. Lo entiendo, ¿de acuerdo? —
Se sentó y se acercó a ella arrastrando los pies, envolviéndola en sus brazos.
Inhaló el fresco aroma de fresa y vainilla, su cuerpo cobrando vida con algo tan
simple como su olor—. Dios, qué bien hueles.
—¿Incluso comestible? —Se rio. Él respondió mordisqueando la suave
carne de su cuello entre beso y beso. Chilló de placer y trató de zafarse de él,
pero sus intentos sólo la hicieron caer de espaldas, con los brazos por encima de
la cabeza y Nathan Wolf inclinado sobre ella.
—Mucho —ronroneó antes de inclinarse y capturar sus labios con los
suyos.
Cuando los labios de ella se separaron, permitiéndole el acceso a su boca,
sus manos recorrieron las suaves curvas de su cuerpo, las que él tanto amaba.
Ella era un amasijo de pasión, lujuria, deseo y felicidad. Quería esto con
él, quería experimentar niveles de felicidad a los que sabía que Nathan podía
llevarla. Quería alcanzar el Nirvana y con él, todo era posible.
—Deberíamos... —jadeó Nathan—. Deberíamos parar.
Inconscientemente, las piernas de ella rodearon sus caderas, atrayéndolo
más hacia ella, sus manos se enredaron en su cabello, arrastrando las uñas por
su cuero cabelludo. Lo soltó y apretó la toalla a su alrededor.
El fuego entre sus piernas tendría que esperar; ahora tenían prioridades
más importantes.

Finley estaba contento en su sillita, observando el mundo a su alrededor.


Willow y Nathan se acurrucaron en el sofá para vigilarlo mientras se desplazaban
por la selección de películas de Netflix.
—¿Has visto alguna vez una película de Disney? —preguntó después de
que él vetara otra película de animación.
—En realidad, las evitaba activamente —admitió—. Remi estaba
obsesionada hasta el punto de pedirle a mamá que cambiara legalmente su
nombre por el de Duquesa.
—Ah, Los Aristogatos es una de las mejores películas de Disney que hay,
Nathan. ¿Cómo es posible que no la hayas visto? ¿O haberla escuchado?
—He oído hablar de ella, pero al estar en la misma habitación que Remi,
que se sabía todas las palabras de cada escena y canción, mi paciencia se agotó
rápidamente. Por no hablar de las pijamadas que hacía. —Se estremeció—.
Nunca dejó de ser una película de Disney. Sin embargo, a medida que crecíamos,
las miradas de las niñas parecían estar menos en la película que veían y más en
Ty y en mí.
—¿Quién no querría estar mirándote? —murmuró Willow, dejando escapar
sin querer sus pensamientos internos. Nathan se rio de sus palabras antes de
besar el lado de su cabeza en agradecimiento.
—Nunca pude tener pijamadas. No tenía amigos con los que quedarme a
dormir —explicó sombríamente—. Quiero decir, no es que no lo intentara...
simplemente era demasiado forastera porque nos mudábamos mucho y si por
casualidad conseguía tener un amigo, mi madre nos arrancaba una vez más.
—Bueno, cuando quieras una pijamada con Remi, Celeste o cualquiera,
avísame para que yo también pueda ir. —La acercó a él y volvió a besar su
cabeza—. Podría tolerar una pijamada contigo.
—Eso espero. —Sonrió—. Quiero decir, no es que no nos quedemos a
dormir en casa del otro cada dos noches.
—Touché.
Finley emitió entonces un sonido, el chillido más feliz que jamás habían
escuchado. Miraron hacia él, sólo para verlo aplaudir con sus manitas y sonreír
tanto que pensaron que se le partiría el rostro.
—¿Qué pasa, pequeño? —Willow se hundió en el suelo y se arrastró hacia
él. Una vez que estuvo frente a él, su boquita se cerró y se quedó mirándola, con
sus ojitos azules llenos de asombro y admiración—. ¿Estás bien?
Volvió a emitir el sonido y esta vez buscó a Willow para que lo tomara en
brazos. Ella lo hizo con gusto y lo hizo rebotar contra sus piernas dobladas.
Nathan bajó entonces a su nivel, agarrando uno de los muchos juguetes de Finley
y jugando con él delante de él.
Finley gorjeaba felizmente, con esa amplia sonrisa aún pegada a su rostro,
y sus brazos y piernas se volvían locos ante la diversión que le proporcionaba su
NJ.
—¿Cómo puede nacer algo tan perfecto de algo tan...? —suspiró, apoyando
la cabeza en el hombro de Nathan.
—Mírate, Willow. Eres igual de perfecta, si no más para mí. —Miró a su
hermano, su dedo ahora acariciaba la mejilla rosada de Finley—. Lo único que
necesita un niño es amor y aquí lo tiene a raudales. Ya sea con nosotros o con
ustedes, tiene una familia y los protegerá a ambos, cueste lo que cueste.
Observaron cómo Finley alcanzaba el juguete que Nathan sostenía,
provocando más chillidos mientras lo arrullaban.
—Hablando de familia, Lo... Mamá encontró a tu padre. —Nathan no tenía
ni idea de lo bien que recibiría la noticia, sobre todo después del bombazo que le
habían soltado la noche anterior. Podía reírse en su cara o salir corriendo de la
casa gritando, pero, en cualquier caso, necesitaba saberlo.
—Está en un cementerio, Nathan. Sé dónde está.
—No, no me refiero a eso —aclaró Nathan.
—¿A qué te refieres?
—Weston Peak, ese es su nombre. Todavía está vivo y también te ha estado
buscando.
—¡¿Él, qué?! —chilló, con los ojos atormentados buscando la verdad en los
suyos—. ¿Cómo puede ser eso? Ella me dijo... cuando pregunté... ¡me dijo que
había muerto!
—Es la verdad, ángel. Está vivo. —Se levantó y desapareció unos instantes,
para volver con un sobre blanco y limpio—. Está viviendo en Charlotte en este
momento y su salud no es la mejor, pero todavía está vivo.
—¡No! —Su corazón se rompía, su rabia se enconaba. Era una bomba a
punto de estallar y tenía el nombre de su madre en los labios.
—Él y mamá se han intercambiado los números y le ha enviado esta carta,
pidiéndole que te la entregue. Para que la leas cuando estés preparada, si es que
alguna vez lo estás. Sabe que veinticuatro años es mucho tiempo y comprende
que quizá no estés preparada para una relación... pero quiere que sepas que
nunca dejó de buscarte.
Apresuradamente, desgarró el sobre mientras Nathan tomaba a Finley de
su regazo. Sus ojos analizaron el documento, su mente y su corazón
reconocieron la letra manuscrita de su padre.

Para mi hija, Willow,


Mi niña. Mi Evermore. Mi bicho del amor. Esos fueron los nombres que te
puse cuando tu madre aún te tenía en su vientre. Tenía muchos más nombres para
ti, pero esos fueron los que siempre reaccionaron.
Sé que probablemente no creas que soy yo, igual que yo no le creí a tu
abogado o a tu novio cuando me dijeron que seguías viva.
Parece que a los dos nos mintieron, a los dos nos negaron una felicidad que
podría haber durado siempre. Y sé que lo hará, si nos abrimos a eso de nuevo.
Ahora estoy en Charlotte, después de moverme mucho por el país, en el
servicio militar de mi país, finalmente me establecí. Soy dueño de un pequeño bar
llamado The Bee Hive, y los ingresos son constantes. No sé por qué te cuento estas
cosas, pero siento que debo hacerlo.
Quiero volver a verte, pero en tus términos. Han pasado muchas cosas en el
tiempo que hemos estado separados, y muchas de ellas tienen que ver con la mujer
que una vez amé. Sólo espero que puedas perdonarme por no haberme esforzado
tanto en encontrarte.
Te amo, hasta la luna y de vuelta, Willow.
Papá

Se le escapó un sollozo ahogado mientras su visión se volvía borrosa.


Intentó enjuagarse las lágrimas con todas sus fuerzas, pero salieron más rápido
de lo que podía detenerlas. Nathan le dio unos pañuelos de papel y las lágrimas
salieron con más fuerza.
—Él... él, ¿estás seguro?
—Se sometió a una prueba de ADN, Lo. Es él.
—¿Por qué no me lo dijiste? Habría...
—Porque no quería venir a ti con falsas esperanzas. Si te vas a enojar con
alguien, que sea conmigo. Elegí ocultarte esto, estaba tratando de proteger tu
corazón. —Dejó de mirarla antes de bajar la cabeza hacia el pequeño que tenía
en brazos, un niño que se dormía lentamente.
—No estoy molesta —dijo en voz baja—. No lo estoy, Nathan. Puedo
entender que lo hacías para protegerme y eso hace que te ame mucho más. Te
amo tanto que a veces me mata. Quiero darte las gracias por hacer esto por mí,
por todo lo que has hecho por mí desde que me salvaste aquella primera noche.
Sigues siendo mi caballero, Nathan Wolf. Sólo puedo rezar para ser una princesa
lo suficientemente digna para salvar.

Vicky Lewis estaba sentada en la mesa que le correspondía, con la comida


que le correspondía y con el mono gris que le correspondía. Tenía el cabello
grasoso y asqueroso, más necesitado de un lavado que ella misma. Sin embargo,
tendría que esperar su momento, ahora que su influencia sobre Willow había
desaparecido.
Su mirada se dirigió a la televisión, con las noticias que aparecían en la
pantalla sobre Nathan Wolf y su misteriosa mujer de cabello chocolate y dorado
rosa. No necesitó oír el nombre de esa mujer misteriosa. Lo supo al instante.
Debía de haber un evento o algo así durante el fin de semana, porque la
pareja era lo único de lo que hablaba la gente de la sociedad. Habría cambiado
de canal si hubiera podido, pero su rabia mantenía los ojos fijos en la pequeña
imagen de su hija con las manos rodeando a un hombre que no era Holden
Peters.
—Lewis —le dijo uno de los guardias—. Tienes una visita.
Se puso de pie, un poco insegura. Su embarazo le había proporcionado
una especie de lujo, en el que podía tomarse las cosas a su ritmo mientras estaba
vigilada. Pero ahora que todo había terminado, los guardias volvieron a tratarla
como a cualquier otra prisionera. Le estaba costando acostumbrarse, pero ya se
lo esperaba.
Esperó mientras dos guardias se acercaban a ella, la esposaban y la
llevaban a una habitación.
Luego esperó.
Y esperó.
Holden se paseaba fuera de la habitación, con una mano en su cabello,
mientras contemplaba cómo plantear la conversación con ella. Le había exigido
esto, esperaba mucho de él y él iba a decepcionarla.
Finalmente, se recompuso y entró en la habitación, encontrándose frente
a frente con la misma mujer que hace años lo había hecho cambiar de opinión.
—Holden.
—Vicky.
15
El despacho de Nathan estaba lleno de gente de pie el viernes siguiente
por la mañana. Hombres y mujeres vestidos de manera profesional se hablaban
entre sí, lo que provocó que un dolor de cabeza mortal se formara rápidamente
en el cráneo de Nathan.
—¡Basta! —Su voz silenció la sala. Los ojos ansiosos le miraron fijamente
en espera de sus próximas palabras—. Alguien y me refiero a uno, que me diga
dónde demonios estamos en la investigación de Vicky Lewis.
Pike; un hombre con el que nadie se atrevería a cruzarse, se adelantó para
explicar.
—Holden Peters se registró para visitarla, se quedó cinco minutos y luego
se fue. Volvió a su habitación con una, entre comillas, “sonrisa de satisfacción
en el rostro”.
—¿Conseguimos algo de lo que se dijo?
—No, señor. —Pike negó con la cabeza—. Para hacer eso, tendría que
hackear la prisión y potencialmente poner una marca negra en WI. No estoy
dispuesto a hacer eso, señor.
—Está bien. Gracias por pensar en la empresa. Es que... es frustrante que
no podamos saber cuál es el siguiente plan... Willow y Finley no pueden quedarse
en el limbo con ella, simplemente no pueden —respondió Nathan antes de
suspirar—. Estoy esperando que caiga el otro zapato aquí, gente.
—¿Vale esta mujer el personal y el dinero que estás canalizando en esta
investigación? —dijo una voz habló desde detrás de la cabeza de Pike. Toda la
sala dirigió sus miradas sorprendidas hacia el hombre, que rápidamente agachó
la cabeza como para demostrar que no era él quien había hablado.
—Un día, Butler, espero que ames a alguien como yo amo a Willow, y a su
hermano. Así que sí, valen absolutamente la pena la mano de obra y el dinero.
Tu padre trabajó bajo el mando de mi abuelo, ¿alguna vez hizo algo que no fuera
por amor? —preguntó Nathan.
—No quise decir eso, señor —se disculpó Butler—. Y sí, espero que algún
día experimente ese mismo amor.
—Industrias Wolf seguirá en pie mucho después de que yo me haya ido.
Willow y Finley, no lo harán. Sea cual sea el plan enfermizo y retorcido que Vicky
Lewis y Holden Peters estén tramando, necesito saberlo antes de que Willow
acabe siendo la perjudicada —continuó Nathan—. Ahora, ¿alguien más está en
desacuerdo con la forma en que paso el tiempo de la compañía?
—No, señor —dijo Pike para la sala—. Todos estamos con usted, señor. Por
favor, sepa eso.
—¿Qué más tenemos?
—Según sus instrucciones después del baile, mi amigo del FBI nos hizo
un favor y se apresuró en los resultados. Es como sospechábamos —dijo Margot
a la sala—. ¿Le has contado tu sospecha?
—No. Creo que ella también lo sabe, pero lo niega con tanta fuerza como
yo. He tardado tres días en convencerla del todo de que su padre seguía vivo,
Margot... diciéndole esto, entregándole el documento que lo dice...
—Si la forzamos demasiado, podría quebrarse más rápido de lo que
podrían hacerlo esas... personas —concluyó Margot con un movimiento de
cabeza.
—Willow es una mujer fuerte, señor. Por lo que nos ha contado y por lo
que han informado los periódicos, no hay muchas mujeres de metro y medio que
puedan tumbar a un hombre como Peters. Willow lo hizo, no lo olvide. —Pike
sonrió como un orgulloso papá oso.
En los meses que había estado al tanto de la relación de Willow y Nathan,
podía ver los cambios en su jefe, ver el efecto positivo que la mujer estaba
teniendo en él.
Todo el mundo sabía que Nathan Wolf era un rostro y un nombre que no
muchos se atrevían a olvidar, una fuerza a tener en cuenta en los mejores
momentos. Que Pike descubriera que Nathan dejaría de lado cualquier cosa si
eso significaba la felicidad de una mujer, cambió toda su perspectiva de su jefe.
—Lo hizo. Mamá estaba allí y me lo contó todo. Me alejé... y me alegro de
haberlo hecho. Algunas de las cosas que decía… —La ira nubló su mente por un
momento—. Tiene los nudillos magullados y la muñeca adolorida, pero se está
curando.
—La señorita sabe cómo golpear —se rio Pike—. Tiene mucho trabajo por
delante.
—Nunca sabes lo que tu corazón desea hasta que entra por la puerta o la
ves sentada sola en un restaurante, esperando a un hombre que nunca llegará
—explicó Nathan con diversión.
—¿Hace cuánto que la conoces? Y hablas de ella como si fuera la única
que va a tener tu corazón. —Pike no supo qué le impulsó a decir eso, pero Nathan
se limitó a asentir.
—Porque lo es. Dondequiera que nuestras vidas nos lleven, no amaré a
nadie tanto como amo a Willow.

—¡Ayúdame! —suplicó Willow en cuanto cruzó el umbral de su


apartamento. Lo agarró de la mano y lo arrastró a su dormitorio.
Finley estaba tumbado en su colchoneta y jugaba con el móvil que tenía
encima, sus pequeños gorgoritos y gruñidos hacían que toda la escena fuera aún
más adorable.
Todo el armario de Willow parecía haber sido arrasado por un tornado.
Sus ojos se abrieron de par en par alarmados por la gran cantidad de ropa que
había esparcida por todas partes.
¿Cómo podía una mujer tener tanta ropa?
—¿Para qué necesitas ayuda? —preguntó. Su mirada de respuesta le dijo
que se callara.
—¡Elegir lo que me voy a poner esta noche! ¿Recuerdas? Hemos quedado
con mi... mi... —Empezó a hiperventilar ante la idea de encontrarse con un
hombre que creía muerto desde hacía tiempo. Había sido un manojo de nervios
toda la semana, pero lo disimuló bien.
Pero ahora estaban a una hora de encontrarse con él, y ya no podía ocultar
su estrés.
Los brazos de Nathan la rodearon y su cabeza se apoyó sobre la de ella.
Acarició su espalda con círculos relajantes, pero no dijo nada.
Sabía que el camino que estaba tomando no era bueno; la llevaría a estar
acurrucada en posición fetal en el suelo de su habitación, y él no podía
permitirlo.
—Siente mi respiración, Lo —susurró—. Respira conmigo... inhala y
exhala, inhala y exhala... shh.
Siguió su respiración hasta que sintió que empezaba a calmarse. El pánico
que se había abierto paso en su interior empezó a desaparecer, y su mirada se
dirigió al bebé que tenía en el suelo.
—Estoy enloqueciendo.
—¿De verdad? No podría decirlo. —Se rio—. No pasa nada, ángel. Yo
estaría igual si estuviera en tu lugar. Esta noche, tú tienes el control de la
situación. Lo sabes, ¿verdad? Si sientes la más mínima incomodidad, o necesitas
irte... dímelo y te sacaré de allí.
—Gracias. —Había dudado en pedirle que fuera con ella, pero él ya había
tomado esa decisión por ella al hacer la reserva para la cena.
Iban a ir al mismo restaurante en el que se habían conocido hacía casi
cuatro meses, y ese pensamiento la hizo sonreír. Realmente era un restaurante
de segundas oportunidades si esta noche salía bien.
—En cuanto a la ropa, sugeriría algo cómodo. No tiene sentido presentarse
a una cena cuando te estás reajustando cada cinco segundos —explicó con una
sonrisa.
Willow se apartó de él y se dirigió a su cama, antes de revolver la ropa que
ya había descartado.
Divertido, Nathan se tumbó en la alfombra de lana de cordero junto a
Finley y lo atrajo hacia su pecho.
—Tu hermana está loca, pequeño —reflexionó Nathan—. Sin embargo, la
seguimos queriendo.
La pequeña mano de Finley se alzó y tocó la mejilla de Nathan, y la sonrisa
de éste se unió a la de Finley mientras chillaba de emoción.
—Soy NJ, amigo. Sí, hola —arrulló en voz baja mientras oía cómo se
cerraba la puerta del baño de Willow—. Parece que vamos a estar aquí un rato,
así que ¿por qué no me cuentas tu día?

Veinticinco minutos más tarde, Willow entró de nuevo al dormitorio, con


una dulce sonrisa en los labios mientras Nathan recuperaba lentamente la
conciencia de su improvisada siesta. Miró al dulce bebé que ahora dormía en los
brazos de Nathan y su corazón volvió a crecer.
—¿Cómo me veo? —preguntó cuando los ojos de Nathan encontraron los
suyos.
Vestida con unos jeans negros ajustados, una camisa azul de cuello de
pico, un abrigo negro a medio muslo y una bufanda de color canela, parecía muy
abrigada, lo que le sentaba muy bien.
Tenía el cabello cepillado y rizado, con unas ondas en cascada de color oro
rosa que le caían sobre los hombros. Se había maquillado lo menos posible, lo
que parecía realzar su belleza. Sus ojos color avellana resaltaban bajo las
pestañas y sus mejillas rosadas seguían encendidas cuanto más la miraba.
—Uh, guau —murmuró—. Estás preciosa, Lo. Pero no creo que tenga que
decírtelo.
Se acercó a su vestidor y se observó a sí misma, retorciéndose de un lado
a otro para asegurarse de que era el atuendo perfecto. Bajó la mirada y tomo el
anillo de su abuela, el mismo que él había insistido en que conservara.
—¿Debería...?
De alguna manera, Nathan se había levantado silenciosamente con Finley
del suelo y se había colocado detrás de ella sin que ésta oyera un solo ruido.
Tomo a su hermano y lo estrechó entre sus brazos, sonriendo felizmente al
pequeño que había cambiado su vida.
Nathan tomó el anillo y lo deslizó en el dedo anular de su mano derecha.
Luego se lo llevó a los labios y lo besó antes de inclinarse para besarla.
—No le va a importar como te vas, Willow. Sólo va a querer conocerte. —
Le recordó—. Estoy asombrado de ti, Willow. De tu valentía, de tu fuerza y, sobre
todo, de tu resistencia.
—Me vas a hacer llorar —susurró. Él respondió presionando sus labios
sobre su frente.
—¿Te quedas conmigo esta noche? —preguntó él.
—De acuerdo. —No tuvo fuerzas para decir nada más. Esta noche iba a
sacar mucho de ella, fuera como fuera. Ella necesitaba su constancia en su vida,
y esa constante era Nathan.
—Te amo, Lo. Tanto —murmuró Nathan en su cabello antes de volver a
besarla—. Puedes hacerlo, ángel.
Y por primera vez en toda la semana, creyó realmente que podía.

Second Chances6, el mismo restaurante donde Willow conoció a Nathan


por primera vez, era su anfitrión para esta noche. Sentada en su mesa, Willow
miró ansiosamente a su hermano, que ahora dormía, permitiéndose respirar,
para comprender que él estaba a salvo y ella también.
—Respira —le recordó Nathan mientras le acariciaba la parte superior de
la mano que tenía en la suya.
—Lo sé, sólo...
—Su mesa, señor —dijo Lana junto a ellos, alertando al otro miembro de
su grupo.
Willow había soñado muchas veces con conocer al hombre al que llamaría
“papá”, con que la levantara y la hiciera girar en círculos, con salir a tomar

6 En español significa: Segundas Oportunidades.


helados y jugar en el carrusel. Pero eran sueños infantiles, deseos infantiles de
una niña que sólo quería a su papá.
Hasta ahora, eso era todo.
Vicky le había robado tantas cosas a lo largo de su vida, pero nunca había
pensado que su madre pudiera caer tan bajo como para negarle la oportunidad
de conocer y tener a su padre. Willow recordaba haber hecho preguntas sobre
él, y como su madre la cerraba cada vez que preguntaba, nunca se atrevió a
buscar más. En un momento dado, pensó que tal vez su madre estaba afligida a
su manera y que por eso Vicky nunca hablaba de él. Incluso la había llevado a
una tumba, por el amor de Dios.
Ahora descubrir que todo era una mentira, una artimaña para que se
trasladara por el país sin luchar, una historia lacrimógena para que los hombres
se compadecieran de ella, para conseguir dinero de desconocidos... La enfurecía.
Todos los sueños que tenía de niña volvieron a su mente, y ninguno de
ellos había cambiado. Era lo que quería de su padre.
Sólo había necesitado veinticuatro años para darse cuenta de que esos
deseos podían hacerse realidad.
—Señor Peak —saludó Nathan cortésmente al anciano caballero,
levantándose de su silla y estrechando la mano del hombre—. Es un placer
conocerlo frente a frente.
Weston Peak no era el hombre que Nathan esperaba conocer. Por las
diversas historias que le había contado Willow, se imaginaba al hombre con una
barriga cervecera y una cabeza calva. Tal vez eso era lo que Vicky le hacía ver,
pero no era el caso.
Era guapo, devastadoramente guapo. Con una línea de mandíbula
cincelada y una corta barba incipiente vistiendo sus mejillas, parecía una versión
más vieja de Nathan. Era alto y musculoso y se consideraba a sí mismo, pero
trataba a todos los que le rodeaban con el mismo respeto.
Sin embargo, lo que más llamó la atención de Nathan fueron los ojos del
hombre. Tenían exactamente el mismo tono avellana que los de Willow, hasta
las motas doradas en ellos. Los dos hombres se miraron por un momento antes
de soltar las manos.
Willow seguía sin moverse, sin respirar. Su mirada estaba fija en el otro
lado de la mesa, esperando que el hombre se sentara. Había visto un par de fotos
de él cuando no se lo permitían. Vicky siempre se las ocultaba, le decía que no
tenía sentido rememorar el pasado.
—Está asustada —le susurró Nathan. Asintió mientras sus manos
desaparecían dentro de su chaqueta. Sacó una caja de terciopelo rojo y la puso
sobre la mesa antes de colocarse frente a ella.
Inmediatamente se sintió atraído por el bebé dormido en su portabebés, la
confusión marcó su frente mientras trataba de averiguar cuál era la conexión.
—No tienes que llamarme papá, bichito…
—Por favor, no me llames así —suplicó Willow, sus ojos finalmente se
encontraron con los de él, dejándolo sin aliento.
Weston la había imaginado hermosa, pero no en la medida en que lo era,
una visión como ella. Sus ojos, compartían los mismos ojos.
—Lo siento, Willow. ¿Cómo quieres que te llame? —le preguntó, con la voz
baja. Notó que su mirada se dirigía al bebé y luego a la caja de terciopelo.
—Lo o Willow, por favor. —Su voz era tranquila mientras su respiración se
ralentizaba por fin—. ¿De verdad eres mi padre?
—Soy yo de verdad, Willow. —Sonrió, y Willow la reconoció como su propia
sonrisa. La había visto en los espejos y reflejada en los ojos de Nathan más
recientemente, pero era su sonrisa.
—Estoy... estoy sin palabras —explicó.
—No tenemos que hablar si no quieres. Lo entiendo, veinticuatro años
creyendo en una mentira... va a llevar algún tiempo —respondió Weston—. Pero,
Willow, realmente eres la mujer más hermosa que he visto nunca.
Sus mejillas se sonrojaron ante el cumplido, justo cuando la mano de
Nathan apretó la suya.
Volvió a mirar la caja y la tomo con la mano libre, examinándola de cerca.
—La compré el día que tu madre... —La mirada severa de Willow hizo que
Weston se detuviera a mitad de palabra—. Vicky... el día que Vicky me dijo que
estaba embarazada. Fue el día más feliz de mi vida. Todavía lo es.
—Ella no me quería —susurró Willow. La expresión de Weston decayó, su
pequeño asentimiento fue toda la confirmación que ella necesitaba. Nunca la
quiso la mujer que se suponía que le daría el mundo—. ¿Por qué se quedó
conmigo?
—Porque me casé con ella.
—¿Por qué iba a cambiar eso las cosas? —Dudó en abrir la caja de
terciopelo, su lucha interna batallando fuera de su mente.
—Porque ella lo deseaba. Yo no quería casarme; quiero decir, no en ese
momento. Éramos jóvenes y estúpidos. También estábamos enamorados.
Habíamos hablado de casarnos, de tener hijos, etc., un día. —Sacudió la
cabeza—. Dos semanas después, me dijo que estabas en camino. Luego me dio
la peor noticia de todas.
—Quería abortar —concluyó Willow. Weston asintió y bajó la cabeza—.
¿Así que le pediste que se casara contigo?
El dolor llenó su voz mientras el recuerdo nublaba sus pensamientos. Era
como si observara la escena desde fuera mirando hacia dentro, viendo a un
hombre destrozado que estaba a punto de perderlo todo.
—Sí. Te quise... desde el momento en que supe que existías. Al instante
fui un hombre cambiado. Salí a comprar el anillo, me arrodillé y se lo pedí esa
misma noche. Todo lo que pedí, a cambio, fue que ella se quedara contigo.
—Me amabas... —Fue un suspiro, pero las palabras de Willow fueron
dichas.
—Te he amado todos y cada uno de los días, Willow. —Le imploró que lo
escuchara, pero sabía que sería difícil hacerlo ahora mismo.
—¿Qué te dijo... antes de todo...
—Una tarde llegué a casa temprano del trabajo y ella estaba llorando en el
sofá, con tu ecografía en las manos. Dijo que te habías ido. Que habías dejado
de moverte y que no había nada que pudiéramos hacer. Esa noche, huyó de
nuestra casa y nunca más la vi ni supe de ella —explicó suavemente, sus ojos
se llenaron de lágrimas no derramadas, al igual que los de Willow—. Sabía que
algo no iba bien, pero se fue antes de que pudiera decir nada...
—¿Por qué iba a decirme que habías muerto? —preguntó Willow.
—¿Por qué me dijo que estabas muerta? Probablemente nunca sabremos
la respuesta a esas preguntas, Willow. Sólo puedo suponer que para ella era más
fácil mentirnos, para que no hiciéramos muchas preguntas —respondió Weston.
Su mirada se dirigió al aún dormido Finley. Una pequeña sonrisa jugó en los
labios de Weston mientras preguntaba—: ¿Quién es el pequeño?
—Oh, um, mi hermano —dijo las palabras con cautela, pero él pareció
tomárselo con calma, como si ella no acabara de soltar que su “mujer” había
tenido otro hijo con otra persona.
—Tiene tus labios. —Weston sonrió un poco más ampliamente ahora, su
confusión aliviada—. ¿Pero, cómo has acabado con él?
—Vicky está en la cárcel. Lo estará durante los próximos veinte o
veinticinco años. Ella y un hombre tuvieron relaciones sexuales y quedó
embarazada. La ley exige más o menos que la madre renuncie a todos los
derechos de cuidado del niño y que lo entregue al sistema o al familiar más
cercano disponible —Willow repitió lo que había practicado en el espejo esa
noche, segura de las palabras que pronunciaba.
—¿Qué te parece eso?
—Lo tenemos desde hace cinco semanas y estoy más enamorada de él de
lo que nunca creí posible. Es mi hermano; no es el hijo de Vicky. —Se recordó a
sí misma, así como a Weston—. Un niño depende tanto de que lo queramos, de
que lo cuidemos, de que lo prioricemos por encima de cualquier cosa. Eso es lo
que espero hacer por este pequeño.
—Eres increíble, Willow. No hay mucha gente que se ponga en esa
situación. ¿Supongo que tienes un trabajo? —preguntó Weston. Ella asintió.
—Soy la propietaria y gerente de Illusion by Design, que actualmente tiene
un contrato con la Inmobiliaria Thousand Keys —dijo—. Pero pronto nos
trasladaremos bajo el paraguas de Industrias Wolf.
—Es increíble, Willow. Se nota que tienes la cabeza bien puesta sobre los
hombros —respondió Weston con orgullo.
—A veces sí, a veces no. —No había querido decir eso en voz alta, ni
pretendía que la pesadez de sus palabras afectara a los que la rodeaban como lo
había hecho.
—¿Estás bien? —Su corazón dio un vuelco ante la pregunta que salía de
la boca de su padre. Había anhelado escuchar esas palabras de él; después de
haberse raspado la rodilla en el quinto grado, cuando su primer novio le rompió
el corazón, cuando su madre se negó a reconocer el hecho de que su padrastro
había levantado una mano contra ella.
No.
Las ganas de arrojarse a los brazos de Weston aumentaban con cada
segundo que pasaba.
—Ya estoy bien —respondió con sinceridad—. Ha sido un proceso largo y
agotador, pero siento que ahora me estoy convirtiendo en una nueva versión de
mí misma, con mucho agradecimiento a los dos hombres que están sentados a
ambos lados míos.
Finley eligió ese momento para despertarse, sus gruñidos y estiramientos
atrajeron tres pares de ojos hacia él. Los ojos azules brillantes se abrieron
mientras su rostro se ponía rojo. Tanto Nathan como Willow sabían lo que esto
significaba, y Nathan se puso en pie de un salto y tomo el transportín.
—Volveré en un momento. Willow y yo nos hemos tomado la libertad de
pedir un plato principal para compartir entre todos —explicó antes de dirigirse
al baño.
Weston y Willow se sentaron en un silencio semicómodo, ambos querían
decir algo, pero las palabras no salían.
—Me dijo que habías muerto —dijo finalmente Willow—. Durante los
primeros cinco años de mi vida, probablemente, nunca lo supe... pero entonces
empezó la escuela y empecé a darme cuenta de que otros niños... tenían madres
y tenían padres. Le pregunté al respecto y se cerró, me dijo que habías muerto.
Que nos habías abandonado por tu propio placer egoísta. No sabía lo que eso
significaba. No hasta que fui mayor.
—La busqué. Quería encontrarla, para hacerla entrar en razón. Pero
cuando se fue, dejó a todos en la oscuridad. Sus amigos no sabían dónde estaba,
ni siquiera sus padres...
Willow se atragantó con su bebida al mencionar a los padres de Vicky, sus
abuelos.
Otra persona más que su madre le había ocultado egoístamente.
—¿Tengo abuelos?
—Murieron hace un par de años; sus corazones estaban rotos. Todos esos
años tratando de encontrar a su hija desaparecida... harían que cualquiera
anhelara el sueño interminable. —Sonaba como si hablara por experiencia—. Si
lo hubiera sabido, Willow, no habría dejado piedra sin remover hasta
encontrarte.
—Te creo —murmuró, con el labio inferior temblando por las abrumadoras
emociones a las que se enfrentaba—. Hay tanto que quiero decirte, tanto que
quiero mostrarte. Eres mi padre. Eres real, y yo sólo...
—Un día a la vez, bichito. —Sus ojos se abrieron de par en par cuando su
apodo salió de sus labios. Hizo ademán de disculparse, pero Willow negó con la
cabeza, reconociendo finalmente ese afecto.
Weston se acercó y le quitó la caja. La abrió y sonrió antes de dársela a
ella.
—Por ahora, podemos trabajar en nuestro futuro, no concentrarnos en el
pasado. Ahora nos hemos encontrado el uno al otro. Eso es lo único que importa.
Sus manos taparon su boca al ver lo que le había comprado.
Un colgante de plata con forma de corazón se encontraba cómodamente
en el centro de la caja. No tenía nada de regio ni de lujoso, pero el mero hecho
de que lo hubiera guardado todos estos años... significaba para ella más de lo
que podía describir.
—En cuanto me enteré de ti, me puse a buscarle un anillo, pero te encontré
algo mucho más bonito. —Sonrió ante el recuerdo—. Todo el tiempo pensé en
cómo serías cuando crecieras, a quién te parecerías... y era un amante de las
cosas sencillas. Todavía lo soy. No se necesita mucho para mantenerme feliz, y
sé que el collar es simple, pero…
—Papá, es perfecto. —Las lágrimas brotaron de sus ojos mientras se
levantaba de su asiento y se dirigía hacia él. Él también se puso de pie, con el
corazón latiendo rápidamente en su pecho mientras Willow lo rodeaba con sus
brazos.
En ese momento, ninguno de los dos se habría dado cuenta de que el
restaurante ardía a su alrededor. Se habían encontrado el uno al otro después
de todo este tiempo; ahora nadie podría separarlos.
Willow lo inhaló, memorizando todo lo que podía sobre él, borrando los
viejos recuerdos que Vicky le había mentido. Puede que fuera musculoso y
pareciera que no tenía ni un gramo de grasa en su cuerpo, pero cuando sus
brazos la rodeaban, nunca se había sentido más cómoda en toda su vida.
—Te amo. —Sintió la vibración de sus palabras en su pecho mientras él la
abrazaba con más fuerza, veinticuatro años de dolor y miseria evaporándose en
el aire a su alrededor.
Veinticuatro años y por fin estaba en casa.

La cena con su padre había ido mejor de lo que podía imaginar. Habían
salido del restaurante con la promesa de otra cena el siguiente viernes por la
noche y otro gran abrazo.
Weston o Wes, como había pedido que lo llamaran; había establecido un
vínculo con Nathan, Willow y el pequeño Finley en las cuatro horas que
permanecieron en el restaurante. Wes les contó historias de su pasado y Willow
hizo lo mismo. Pasó por alto las partes más duras, sin querer abrir el drama de
Holden Peters. Se había enterado durante la cena de que era un aficionado a las
armas y que tenía acceso a una gran cantidad de rifles y estaba eso de “no hacer
daño a la niña de papá”. No hubo más mención a Vicky o a su traición, sólo se
habló del futuro.
Su futuro.
—Fin está dormido —murmuró Nathan mientras la rodeaba con sus
brazos, sus labios rozando brevemente la suave carne de su cuello—. ¿Estás
bien?
—¿Hmmm? —respondió, mientras miraba su reflejo en el espejo del
tocador. Podía ver el efecto que la última semana había tenido en ella. Apenas
había pegado ojo, no podía concentrarse en una tarea durante más de un minuto
a la vez y probablemente también había perdido un par de kilos.
—Háblame.
—No sé qué decir. Toda mi vida me ha mentido sobre él... para empezar,
me convenció de que no me quería y que había muerto. Ahora está aquí... está
vivo y me quiere. No sé cómo se supone que debo pensar.
—Simple. No lo sabes. Aquí es donde me hablas, me gritas, le das un
puñetazo a algo… preferiblemente no a mí, donde simplemente lo dejas salir todo
—explicó—. No hay una manera correcta o incorrecta de pensar en ello, Lo. Te
acaban de lanzar una bomba. Necesitas tiempo.
—No quiero tiempo, Nathan. Quiero que mi madre pague. Quiero que
Holden pague. Quiero que todos los que me han hecho daño paguen. ¿Es mucho
pedir? —La fuerza de su convicción le sorprendió y casi quiso dar un paso atrás
ante su transformación.
—¿Quieres que indague más? Podría descubrir cosas que te harán daño.
—Ya me han hecho bastante daño. Holden me mintió durante toda nuestra
relación. Mi madre, alguien que debía amarme y apreciarme, me mintió durante
toda mi vida. Están confabulados, eso es evidente y he sido un maldito peón en
su juego. Estoy harta. No pueden controlar mi vida y ciertamente no controlarán
mi futuro. —Se giró cruzando sus brazos, con una nueva resolución en sus ojos.
Nathan sólo pudo asentir. Este nueva Willow que estaba presenciando,
sólo hacía que la amara aún más.
—¿Te he dicho hoy lo importante que eres para mí? —susurró, cerrando
la brecha entre sus labios.
—Una o dos veces —murmuró y sus rasgos se suavizaron cuando sus
dedos de recorrieron la línea de su mandíbula.
—Y la criatura más hermosa, más amable y más impresionante que jamás
haya visto. —El fuego se encendió en sus ojos, sus labios estaban ahora a sólo
milímetros de distancia.
Su respiración se agitó mientras su ritmo cardíaco se aceleraba, y una
oleada de calor bajó por su cuerpo, acumulándose en el fondo de su estómago.
El deseo se encendió en sus ojos ante el hombre que tenía delante. Era alguien
muy real y muy cercano a ella, y a pesar de la suerte que le había tocado en la
vida, seguía mirándola como si fuera la única mujer del planeta.
—Nathan...
—Te amo, Willow. Déjame darte el mundo. Déjame darte esta noche. —
Sintió su cálido aliento cosquillear sus labios, su mirada acalorada se intensificó
mientras ella rodeaba su cuello con los brazos.
Inspiró profundamente y soltó el aire, dejando de mirarlo por un momento
mientras ordenaba sus pensamientos.
Quería esto, lo quería a él. No había nada más que desear en ese momento,
sólo a él.
La determinación se reflejó en sus ojos mientras lo miraba, con los dedos
agarrando su cabello mientras cerraba el espacio entre sus labios.
—Llévame a la cama, Nathan.
16
Ella era su sueño más salvaje y su mayor aventura, todo en una mujer
perfecta que ahora estaba tumbada en su cama.
Su respiración era ya embriagadora y agitada y apenas la había tocado.
Cinco pequeñas palabras y sus ojos cobraron vida ante la idea de mostrarle
realmente el amor que sabía que merecía.
—¿Por qué estás mirando? —preguntó, después de que él se demorara
demasiado—. ¿No quieres...?
Sus labios se silenciaron cuando se subió encima de ella, sentándose a
horcajadas sobre sus caderas e inmovilizando sus brazos por encima de la
cabeza.
—No voy a mentir y decir que nunca he soñado con esto, Willow, pero
perdóname por tomarme un momento para apreciar tu belleza y tu luz... y por
darme esto.
Sus manos soltaron las de ella y recorrieron sus brazos, la fina nuca y el
pecho antes de encontrar el dobladillo de su camisón. Su respiración se agitó al
sentir sus dedos bajo la tela, tocando su carne lechosa en la cúspide de la
cintura.
—Respira, Willow —murmuró, con los labios más cerca de los suyos que
hacía menos de un minuto—. Sólo siente.
Y ella lo hizo. Era como si cada nervio de su cuerpo gritara algo parecido
al dolor, pero ella lo deseaba. Nunca se había sentido así, su fuerza interior se
estremecía al sentir su cuerpo presionado contra el suyo. Este era el hombre al
que amaba más que a la vida, y realmente se lo merecía todo.
Sólo esperaba ser lo suficientemente buena para él.
—Oh. —Bajo la mirada mientras él le desabrochaba la camisa,
extendiéndola sobre sus hombros. Era como una segunda naturaleza para ella,
cubrirse. Después de todo, es lo que hizo con Holden.
—No, ángel. No me ocultes tu belleza —susurró Nathan—. Sé que tienes
miedo de lo que pueda pensar, pero no hay nada que me asuste. Te amo, tu
mente y tu cuerpo.
Vacilante, dejó caer las manos a los lados cuando Nathan se sentó de
nuevo sobre ella. Sus dedos trazaron círculos en su estómago, haciendo que la
piel se tiñera de rojo a medida que avanzaba. La sensación era casi una tortura
para ella.
—Nathan —suspiró, su cuerpo necesitaba más.
—Paciencia, ángel. Quiero que esto sea mágico, inolvidable. —No estaba
seguro de a quién estaba convenciendo más con esa declaración. Quería
saborearla, probar sus manjares y hacerle el amor hasta que cayeran rendidos.
Pero lo necesitaba lento y con ritmo, la posibilidad de que ella lo detuviera
y dijera que no si se sentía incómoda con que la tocara.
Willow cerró los ojos cuando los labios de Nathan descendieron por su
cuello, mordiendo y chupando a su paso. Ya la habían besado aquí antes, pero
nunca así.
Las chispas volaron frente a sus ojos mientras su cuerpo la preparaba para
el olvido. Casi quería reírse; él ni siquiera la había tocado todavía, y ahí estaba
ella, a punto de estallar.
—Eres tan receptiva, Willow —gruñó Nathan mientras besaba su clavícula
y la tela de su bralette—. ¿Puedo probarlos?
—Mm-hm —suspiró, mientras pasaba los dedos por su cabello, luchando
por mantener el control de su cuerpo.
—Puedes decir que no, si no quieres...
—Mi cuerpo es tuyo —le dijo—. Tuyo.
Sonrió y desplazó la tela de seda a un lado. Momentáneamente congelado,
admiró sus pechos. Sus pezones tensos llamaban la atención antes de que él se
acercara a ellos, el color lechoso de su piel los rodeaba, haciendo que la piel
pareciera más oscura allí.
Se inclinó y se llevó un pezón a la boca, mientras su mano jugaba con el
otro. Sintió que se movía contra él, empujándose hacia él, para obtener la mayor
cantidad posible de esa sensación.
El fuego en su vientre, que ya no era un rescoldo humeante, había
estallado en llamas, en cada centímetro de su piel. El charco de deseo en su
estómago se llenaba y llenaba, amenazándola con un placer abrumador.
Sintió que su piel se calentaba mientras él continuaba su delicioso asalto
contra sus pechos.
—¿Te vas a venir, preciosa? —Le preguntó él al cabo de un momento.
¿Era eso lo que estaba ocurriendo?
—No lo sé —suspiró—. Yo... oh...
Tiró un poco más fuerte de su pezón, mordiéndolo suavemente mientras
lo hacía. Ella respondió casi saltando de la cama. No se había equivocado cuando
sintió que el calor la inundaba. Ella estaba cerca y él estaba más que dispuesto
a ceder.
—Te siento, ángel. Déjate llevar. —Le dijo, y sus dedos jugaban ahora
suavemente con su piel, provocando un chisporroteo en su interior.
¿Dejarse llevar? ¿Cómo iba a hacer eso?
—No... no sé cómo —lo dijo y esperó la expresión de confusión de él, pero
nunca llegó.
—¿Me estás diciendo que nunca antes te has venido? —preguntó, con unos
ojos marrones conmovedores que se clavaban en unos avergonzados avellanos.
Ella asintió y giró la cabeza—. No, no te escondas de mí, ¿de acuerdo? Está bien,
Lo. Está bien.
Nathan atrajo su mirada hacia él, con sus ricos ojos marrones mirando lo
que ella sólo podía suponer que era su alma. Allí, él había envuelto sus manos
alrededor de ella, eliminando todo el dolor, toda la vergüenza, y dejándola
simplemente abierta.
Completa e insondablemente, abierta.
—¿Puedes... puedes ayudarme? —chilló, con las mejillas encendidas por
la idea. Sus ojos se iluminaron como el 4 de julio antes de asentir.
—Es un placer, ángel. Pronto será también para ti.
Se bajó de la cama y tiró de ella hasta el borde antes de despojarla
lentamente de los pantalones y las bragas. Una vez más, ella quería cubrirse. Un
simple movimiento de cabeza de Nathan le recordó que él era diferente, y se
relajó.
Los labios de Nathan besaron el centro de su pecho y se detuvieron un
momento, inhalando su aroma.
Podía oler su excitación; la evidencia estaba en sus bragas también.
Estaba más que excitada y muy necesitada de su orgasmo.
—¿Qué estás haciendo? —Su respiración era agitada mientras veía a
Nathan besar su cuerpo.
—¿Qué parece que estoy haciendo? —Sonrió, antes de besar cada uno de
los huesos de su cadera.
—No lo sé —confesó, con los ojos color avellana abiertos cuando él se
acercó a su sexo.
Vio que se tensaba, así que volvió a arrastrarse por su cuerpo, besando
sus labios suavemente.
—Willow, cada hueso de mi cuerpo me dice que te bese ahí, pero no lo haré
si no quieres —susurró suavemente—. Tú tienes el control de esto, ¿de acuerdo?
Tú controlas esta noche, igual que controlas mi corazón.
Asintió suavemente, sus palabras la inundaron como una ola de calma.
Ella nunca había experimentado el toque que él le estaba proporcionando.
Holden siempre había... No. Intentó con todas sus fuerzas deshacerse de las
experiencias con Holden, para concentrarse en el aquí y el ahora, y en las cosas
que Nathan estaba despertando en su cuerpo.
Sus labios dejaron otro rastro de besos sobre su piel, abrasando la carne
en el proceso. Su cuerpo cobraba vida bajo su contacto, sin importar dónde lo
tocara. Sus dedos encontraron su cabello, mientras él volvía a besar los
prominentes huesos de sus caderas antes de dirigirse a su centro.
Todo lo que la rodeaba dejó de existir cuando Nathan la probó una, dos,
tres veces. Su cuerpo casi se levantó de la cama al sentirlo allí.
Su fuego ardía más y más rápido que antes, tan cerca del límite que sólo
sería cuestión de tiempo que ella misma estallara en llamas.
La lengua de Nathan seguía trabajando sobre ella, deslizándose dentro de
ella de vez en cuando, provocando sacudidas en su cuerpo. La sintió allí, justo
al borde y cuando hizo una última rotación, ella se deshizo bajo él.
Su espalda se arqueó sobre la cama mientras jadeaba, su fuego saliendo
de ella en forma de cielo. Su liberación duró una eternidad y se deleitó con cada
una de las réplicas que su cuerpo le provocaba. Tenía los ojos cerrados mientras
trabajaba para controlar su respiración, para controlarse a sí misma y a su
cuerpo.
—Sabes tan dulce, Willow. La miel no tiene comparación contigo —lo
escuchó murmurar, con la cabeza todavía allí abajo—. No creo que quiera irme
nunca.
Su rubor no podía ser más brillante.
Se puso de pie y volvió a subirse a la cama, con sus dedos recorriendo su
piel una vez más.
—¿Estás bien?
—Mmhmm —suspiró—. ¿Qué fue eso?
—Eso, mi amor, fue un orgasmo. —Sonrió—. Uno de los muchos que
espero darte esta noche.
—Todavía estás vestido...
—Esta noche no se trata de mí, Lo. Se trata de ti y de mostrarte el amor
que sé que mereces. A menos que estés desesperada por desnudarme, planeo
darte al menos otros dos orgasmos como este. —Sonrió cuando un brillo
juguetón apareció en sus ojos.
De repente, él estaba de espaldas con ella a horcajadas sobre él. Ella lo
sujetaba por el cuello de la camisa, sus labios devoraban los suyos con avidez
mientras sus brazos la rodeaban, quitándole el resto de la ropa de dormir.
Era realmente una diosa, una visión, tanto si estaba completamente
vestida como desnuda. Se dejó perder en su nueva lujuria, se permitió dejar que
ella sintiera todo lo que le hacía.
Y ella lo sintió.
Estaba duro como el granito debajo de ella, y a pesar de su timidez y su
ansiedad, no podía esperar a que él saliera a jugar.
Sus dedos tantearon los botones de su camisa, casi arrancándolos en su
necesidad.
—Tranquila, ángel —murmuró mientras sus manos encontraban su
cabello. Se sentó con ella, permitiendo que Willow rodeara su cintura con las
piernas, su pequeño y cálido cuerpo presionando contra el suyo.
Le quitó la camisa antes de volver a besarlo, siempre con ganas de más.
Nathan admiró la belleza que tenía a horcajadas sobre él. Desnuda,
húmeda y deseosa, Willow Lewis iba a hacer que se deshiciera en sus pantalones
si no tenía cuidado.
—¿Quieres otro, preciosa? —Le preguntó mientras se separaba de ella por
un momento, sus ojos buscaban la respuesta que no hacía falta decir.
—Sí, por favor —respondió, con la voz más baja que un susurro—.
¿Crees... crees que esta vez podrías usar tus dedos?
Una sonrisa adornó sus labios mientras asentía a su pregunta.
—De espaldas, ángel.
—Pero no quiero que lleves ropa —dijo ella con descaro, con las mejillas
encendidas de nuevo. Se rio de su petición mientras se deslizaba fuera de la
cama, todavía asintiendo.
Le dio un poco de espectáculo, quitándose lentamente el cinturón del
pantalón antes de reventar el botón y bajar la cremallera. Willow gimió de
frustración mientras su cuerpo se retorcía en la cama.
Nunca había tenido a nadie que le hiciera algo como lo que él estaba
haciendo, nunca había reaccionado como ella. Un solo toque ya no era suficiente.
Lo deseaba por completo en ese momento.
Le encantaba la forma en que ella cobraba vida. Una parte de él estaba
satisfecha, sabiendo que había sido él quien había provocado este cambio en
ella, haciéndole sentir cosas que nunca antes había sentido.
—Mierda. —Nunca había escuchado una palabrota sonar tan hermosa
hasta que salió de sus labios. Ella lo miraba abiertamente de pie, sin preocuparse
por nada.
—¿Cómo...? —Se mordió el interior de la mejilla por un momento mientras
lo miraba, y lo miraba.
—Encajaré, ángel, no te preocupes en tu bonita cabeza. —Se arrastró
hasta la cama y se tumbó junto a ella, sus labios rozaron los suyos durante el
más breve de los segundos—. ¿Estás segura?
—Mmhmm. —Asintió—. Por favor. Nadie más me ha hecho sentir esto.
—La paciencia es algo que vas a tener que aprender cuando se trata de tu
placer, Willow. —Sus palabras goteaban sexo, y enviaron todo directamente al
sur de su corazón, el deseo soplando en su núcleo, un hambre voraz que sólo él
podía satisfacer.
Le hizo un puchero cuando los dedos de él bajaron por su costado,
bailando sobre sus caderas antes de encontrarse en el vértice de sus muslos.
Sintió su calor, pudo oler su excitación y sentirla en sus dedos incluso antes de
estar dentro de ella.
—Eres preciosa, Willow —susurró cuando finalmente introdujo un dedo
en su interior. Las manos de Willow apretaron las sábanas a sus lados cuando
empezó a revolotear contra sus paredes, entrando y saliendo de ella—. Tan
hermosa.
Sus labios se encontraron mientras ella gemía, las vibraciones hicieron
que Nathan se enloqueciera con su mano. Un segundo dedo entró en ella,
torturando su carne sensible. Gimió contra él, su cuerpo se desprendió de la
cama y se encontró con el suyo.
Esa misma sensación creció en ella, mucho más rápido que la primera vez.
Un maremoto se acercaba y no había manera de que ella lo detuviera.
Sus dedos cesaron sus atenciones cuando las paredes de ella se cerraron
en torno a él, con el orgasmo a punto de estallar.
—¿Por qué? —chilló cuando la ola se asentó de nuevo.
—Puedes agradecérmelo dentro de un minuto —le dijo y sus labios se
pegaron a su pezón.
—Por favor.
—Tú tienes el control, Willow —le recordó—. Ojalá pudieras verte a ti
misma ahora mismo.
Sin embargo, ella no le escuchaba. Estaba concentrada en su cuerpo y en
lo que le decía que hiciera. Pronto se encontró en el séptimo cielo, un grito
involuntario salió de su garganta mientras estaba, una vez más, abrumada por
las sensaciones y adormecida al mismo tiempo.
Escuchó vagamente la risa de Nathan mientras se perdía en su conciencia
post-orgasmo.
—Mi ángel es una gritona... es bueno saberlo. —Sacó los dedos y los limpió
en la cama, sin estar seguro de lo cómoda que se sentiría si se los hubiera metido
en la boca.
—Nathan. —Su nombre en sus labios y la forma en que lo dijo, la forma
en que casi sonaba como si estuviera suplicando por él. Sus ojos seguían
cerrados, la respiración seguía siendo fuerte y rápida, su hermoso rostro
mostraba el éxtasis que acababa de experimentar—. Por favor.
—Por favor, ¿qué? —susurró antes de tomar su rostro—. Abre los ojos,
ángel.
Hizo lo que él le pidió, una sola lágrima se escapó de la esquina de uno
mientras giraba la cabeza.
—Hmmm.
—¿Cómo te sientes?
—Como si estuviera en el cielo —murmuró, dedicándole una sonrisa
somnolienta.
—¿Quieres más? —preguntó. Ella asintió mientras se estremecía, los
últimos restos de su orgasmo abandonando su cuerpo—. Respira, ángel.
—Hmmm. —Respirar era lo que menos le preocupaba ahora. No lo siguió
mientras él se daba la vuelta y abría el cajón de su mesita de noche. Se concentró
en el ritmo cardíaco que le martilleaba en los oídos y en el cosquilleo que aún la
dominaba.
Abrió el paquete de papel de aluminio y deslizó el preservativo. Inspirando
profundamente, volvió a ponerse encima de Willow y la besó.
Finalmente, estaban piel con piel, su fuego coincidía con el de él. Era el
paraíso para ambos.
—Puede que sea incómodo por un momento, pero te prometo que pasará
—murmuró antes de volver a besarla—. Y si es demasiado, dímelo y pararemos.
Asintió y envolvió sus piernas sobre sus caderas. De ese modo, lo había
alineado perfectamente con su entrada.
La llenó por completo, su cuerpo se estiró para acomodarlo. Las lágrimas
brotaron sin proponérselo, recorriendo sus mejillas. Él no dijo nada, se limitó a
besarlas y a susurrarle esas dos dulces palabras que ella necesitaba escuchar.
—Te amo.
Su cuerpo de se arqueó, y se unió a él, empujando a la vez, mientras se
unían como un todo. Sus gemidos llenaron el aire mientras la pasión se
apoderaba de ellos, sus mentes concentradas únicamente en el otro en ese
momento.
El cuerpo de Nathan detuvo sus movimientos cuando se liberó dentro de
ella. El orgasmo de Willow no tardó en llegar y se encontró gritando de alivio.
Realmente no había una sensación mejor.

Se estiró junto a él, con los miembros doloridos por un delicioso dolor que
nunca antes había sentido.
—Buenos días —suspiró mientras la rodeaba con sus brazos—. Estás
preciosa.
—Mmmm —respondió ella con una sonrisa somnolienta—. ¿Cómo estás?
—No he dormido.
—¿Qué? ¿Por qué? —Rodó sobre su estómago antes de usar sus codos
como palanca para sostenerse—. ¿Estás bien?
—Ángel, estoy bien. Sólo que no podía dejar de pensar en nuestras
actividades —le dijo con un guiño.
—Oh. —Bajó la cabeza avergonzada—. Me sorprende que aún tengas
ventanas... No estuve precisamente silenciosa.
Que definitivamente no lo era. Después de la primera vez, ella se convirtió
en una sirena para él y él en una droga para ella. Ninguno de los dos quería
separarse del otro, sus cuerpos se unían más veces de las que se separaban.
—¿El sexo es siempre así? —preguntó ella.
—Con nosotros, te lo garantizo. Me encanta que te hayas entregado a mí,
por completo.
—Te lo mereces —bostezó antes de desplomarse de nuevo sobre las
almohadas.
—Ángel, nunca pienses que necesito el sexo para que te ame, ¿de acuerdo?
—dijo de repente.
—No lo haré. —Sonrió somnolienta.
—Vuelve a dormir, voy a ir a ver a Colton y a Fin, ¿de acuerdo? —Sintió
que besaba el costado de la cabeza y luego se fue.
—No olvides el helado... —murmuró mientras el sueño la tomaba de nuevo.
17
Nathan estaba sentado en su despacho, con Finley arropándolo mientras
dormía. Sus correos electrónicos llegaban con fuerza y rapidez para un sábado
por la mañana, en particular; una alerta de noticias de Google.
—Mierda —murmuró antes de mirar a Finley—. ¿Por qué no pueden
dejarnos en paz?
El enlace se abrió a la página principal de Straight from the A e hizo todo
lo posible para no voltear su escritorio con frustración y rabia.

¿Bebé multimillonario?
Fotografiado anoche en Second Chances, el director general de Industrias
Wolf, Nathan Wolf, parecía más enamorado que nunca... ¡con un bebé en brazos!
Numerosas fuentes han indicado que el CEO del imperio multinacional está
enamorado del nuevo niño y de la mujer con la que se le ha visto en numerosas
ocasiones en los últimos meses.
El señor Wolf y su equipo han permanecido en un silencio sepulcral desde
que una foto de él y su amiga en Biarittz se hizo viral a principios de este mes.
Nadie ha sido capaz de encontrar nada sobre la impresionante belleza, pero se ha
confirmado que Nathan Wolf está fuera del mercado.
La pregunta es: ¿es ella la madre del bebé? Y si es así, ¿por qué no han
dado a conocer su fantástica noticia?
¿Has visto o escuchado algo sobre #SeñoraWolf? ¡Háznoslo saber en los
comentarios de abajo!

Cerró de golpe la laptop y se recostó en su silla antes de mirar a Finley,


aún ajeno al gran mundo malo que lo rodeaba.
—Te protegeremos, pase lo que pase, pequeño. —Sus brazos acunaron
suavemente los de Fin mientras bajaba la voz. Las suaves notas de “Beautiful
Boy” de John Lennon empezaron a sonar a través de los altavoces de sonido
envolvente y Nathan se encontró cantando al mismo tiempo, sin apartar los ojos
del rostro dormido de Finley.
Sus tonos suaves y dulces habían atraído a Willow a la habitación, con
lágrimas en los ojos mientras lo veía cantar a su hermano. Ella no dijo una
palabra, y cuando su mirada se encontró con la de ella, él tampoco dijo nada.
Terminó la canción antes de presionar sus labios contra la sien de Fin,
susurrando algo más bajo de lo que ella podía oír.
—¿Está todo bien? —Se acercó y besó su mejilla.
—El periodicucho de Atlanta —gruñó—. Tienen fotos nuestras de anoche
en SC's. Con Finley. Te llaman la mamá de mi bebé.
Ella resopló, un sonido muy poco femenino mientras sacudía la cabeza.
—¿Tal vez deberíamos decir algo?
—No quiero que te acosen, ángel. Tampoco quiero que Fin tenga ese tipo
de vida —dijo con el corazón con ese sentimiento.
—Sin embargo, te van a acosar. No debería quedarme escondida en las
sombras mientras difunden rumores descabellados sobre tu vida amorosa, tu
familia y tus negocios —explicó Willow—. ¿No sería más fácil abordarlo de frente?
—Es que realmente no entiendo por qué están obsesionados conmigo.
—Um, ¿te has visto, Nathan? ¿Te has mirado al espejo últimamente? Sé
que has visto tu rostro bonito todos los días durante los últimos veintiséis años,
pero el mundo acaba de verla y están obsesionados. Es sólo un rostro, pero es
un rostro de ensueño, tómalo de la mujer que se despierta junto a ti todas las
mañanas. —Willow guiñó un ojo—. Para las páginas de chismes, eres noticia por
tu trabajo, por tu filantropía y por lo de Archie. Todo el asunto del director
general sólo aumenta el misterio sobre ti. —Pasó los dedos por su cabello, algo
que había descubierto que era una de las mejores maneras de conseguir que se
calmara.
—¿Cuánto tiempo llevas despierta? —Willow suspiró ante el cambio de
tema. Nathan la miró, con su camisa abotonada que había desechado la noche
anterior, y un par de sus bóxers—. ¿No recordabas dónde habías puesto tu
bolsa?
—¡Oye! No desprecies la ropa interior. La ropa interior de los hombres es
mucho más cómoda que la de las mujeres —exclamó—. Y, además, huele a ti.
Apoyó su frente contra la de él y miró a Finley.
—Sólo llevo unos minutos despierta. Te he oído cantar.
—Necesitaba calmarme, antes de que me diera un ataque. Finley me
ayudó. —Sonrió—. Lleva casi una hora dormido.
—Mmmm. Sus siestas son cada vez más cortas y duerme más por la noche,
gracias a Dios —murmuró—. El lunes tenemos una cita con la doctora Knight
para su revisión.
La doctora Scarlett Knight era una de las mejores pediatras de Atlanta.
Con varios premios en su haber, había sido pionera en la investigación sobre el
síndrome de muerte súbita del lactante y otras enfermedades potencialmente
mortales a las que se enfrentaban los bebés no nacidos y los recién nacidos.
Estas preocupaciones eran las que mantenían a Nathan despierto por la noche,
lo mantenían mirando el monitor del bebé, asegurándose de que Finley
sobreviviría durante la noche. La idea de perder al pequeño lo destrozaba, y
Willow tenía preocupaciones similares.
Tanto Willow como Nathan habían quedado sorprendidos por la
profesionalidad y la compasión de Scarlett cuando la conocieron. Trató a Finley
con el máximo cariño y cuidado, y trató a Nathan y Willow como a cualquier otra
pareja con un bebé recién nacido. Les trató con dignidad, respondió a sus cien
y una preguntas y a veces, les explicó la misma información tres o cuatro veces
hasta que se les pasó la ansiedad.
—¡No puedo creer que nuestro pequeño tenga cinco semanas! —dijo
Nathan—. ¿Cómo es el bebé más perfecto?
—Recuerdas que no estuviste aquí la semana pasada, ¿verdad? —Sonrió
Willow—. Se está portando muy bien ahora porque sabe que puede presumir
ante NJ.
—Ahora está entrando en la rutina, Lo. Lo entenderá y muy pronto, tú
también dormirás toda la noche.
—Esperemos que tengas razón —suspiró.
Willow se acomodó más en la silla, haciendo una mueca de dolor por un
momento mientras se reajustaba. Sin embargo, a Nathan no le pasó
desapercibido el cambio en su expresión.
—¿Estás bien?
—Sólo adolorida —dijo.
—¿Del dolor del bueno? —Levantó una ceja y ella se rio.
—Sí, del bueno. Un dolor que nunca había sentido.
—Eso es algo bueno, Lo —le recordó—. Pero puedo prepararte un baño si
quieres.
—Depende. ¿Vas a acompañarme? —Se levantó de su asiento y casi corrió
hacia el baño de Nathan, el sonido de su risa resonando en el pasillo.
—Tu hermana, hombre... me va a matar.
Finley gruñó, confirmando la afirmación de Nathan.
—¡Siento mucho llegar tarde! —La doctora Scarlett Knight entró volando
en la habitación, lanzando carpetas a diestro y siniestro, mientras se arrodillaba
frente al cochecito de Finley—. Hola, niño precioso.
—Está bien, Scar. —Le sonrió Willow a la mujer. La amó desde el momento
en que se conocieron: se unieron por su amor mutuo al cabello rosa y a Finley—
. Sabemos que tienes mucho que hacer. La entrega de premios es este fin de
semana, ¿verdad?
—Y todavía no he escrito mi discurso —explicó Scarlett mientras soltaba
las pinzas que sujetaban a Finley y lo atraía hacia sus brazos. Sus cálidos ojos
marrón chocolate se llenaron de amor por el niño de cinco semanas que estaba
despertando de su letargo—. ¿Cómo ha estado?
—Increíble. Ha dormido toda la noche un par de veces. La primera vez
pensé que era una casualidad o que no lo había escuchado o algo así... pero
luego lo volvió a hacer —dijo Willow con orgullo—. Ha estado comiendo bien,
defecando bien. Nathan se ha divertido... en los últimos días.
—¿En serio? —Scarlett tomó la mano de Finley y esperó a que envolviera
sus dedos alrededor del suyo. Sonrió cuando él reaccionó y luego le hizo
cosquillas en el pecho.
—Creía que me estaba sonriendo. —Nathan hizo un puchero—. ¡¿Cómo
puede algo tan pequeño lanzar una bomba atómica como esa?!
—Eso es algo para lo que no creo que quieras la respuesta, Nathan. —
Scarlett puso a Finley en la alfombra de juego en el centro de la habitación y le
sujetó las piernas con las manos, probando la fuerza de sus piernas—. ¡Oh,
quién es un buen niño!
Willow y Nathan vieron cómo Scarlett hacía que su evaluación pareciera
un juego para él, distrayéndolo con juguetes y sonidos mientras marcaba las
casillas en su cabeza.
—¡Bueno, puedo decir que Finley es el bebé más bonito que he visto nunca!
—Scarlett volvió a colocar a un Finley ahora bien despierto en su cochecito,
dándole su chupete para que lo chupara mientras los adultos hablaban—. Cada
día está progresando a pasos agigantados, ¡que eso es lo que nos encanta ver!
—¿Hay algo a lo que debamos estar atentos? —le preguntó Nathan.
—Siempre hay un riesgo potencial con los recién nacidos, y con los bebés
en general. Pero hasta que se investigue más sobre el SMSL7 y otros riesgos
potenciales, lo mejor que podemos hacer es vigilar lo que hacen nuestros bebés
y lo que nos dicen. Tenemos que ser sus defensores, siempre —explica—. Así
que, si su comportamiento cambia, si su estado de ánimo cambia, si su peso
cambia... son todas cosas que necesito saber para diagnosticar y tratar

7 Siglas de Síndrome de Muerta Subita del Lactante.


adecuadamente. No es que esté diciendo que algo vaya a ir mal, sólo que tienes
que estar atenta a estos indicadores.
—Gracias —suspiró Willow—. Prométeme que no te reirás si te vengo con
una lista kilométrica para nuestra próxima cita.
—Lo prometo. Son dos de las mejores personas que he conocido. Les ha
tocado esta responsabilidad y aunque tenían otras opciones, han elegido
mantener el rumbo y creo sinceramente que Finley tendrá la mejor vida con
ustedes dos.
—Nosotros también lo esperamos. —Willow apretó la mano de Nathan
entre las suyas y sonrió.
Todo se sentía tan bien. Una sensación de familia se había instalado
suavemente sobre y alrededor de ellos.

—¿Willow? ¿Puedo pedirte un momento? —preguntó Nathan desde la


puerta del dormitorio de Finley. Estaba sentada en la mecedora, tarareando una
dulce melodía a un Fin que dormía rápidamente, con la mirada fija en la pequeña
V de su frente.
—¿Hmmm? —Miró a Nathan y sonrió antes de levantarse con cuidado y
colocar a Finley en su cuna. Con un beso en la mejilla, lo dejó dormir y tomó la
mano extendida de Nathan—. ¿Todo bien?
Nathan quería decirle que todo estaba bien, quería dejarle un poco de la
paz que tanto necesitaba en su vida. Pero también era un hombre de palabra y
había prometido que no habría secretos entre ellos.
Cuando Danielle apareció en la puerta de su casa, con una mirada de
preocupación y enfado maternal, supo que la paz que Willow había encontrado
estaba a punto de romperse.
—¿Nathan? Me estás preocupando. —La voz de Willow lo hizo regresar a
ella y a la situación. La miró, con los ojos marrones marcados por la
preocupación y la duda. No sabía cuánto sería capaz de soportar ella.
—Mamá está aquí, con noticias sobre Holden y tu madre —le dijo—. No sé
cuánta información nueva tiene, pero está aquí exclusivamente para ti a partir
de este momento.
El pánico se apoderó de Willow ante las palabras de Nathan. De ahora en
adelante podría significar cualquier cosa, sobre todo si tenía algo que ver con
Finley, con Holden o con cualquier otra persona.
No estaba segura de por qué el camino a la oficina de Nathan se sentía
como un camino a la horca, pero la pesadez estaba allí. O salía de la habitación
como una mujer libre, o tendría que sacrificar todo lo que había construido para
sí misma.
Aunque era inocente, las palabras que Danielle podía decirle tenían el
poder de derribarla, de crucificar el sueño en el que había llegado a confiar
últimamente.
—Willow. —Sonrió Danielle mientras se levantaba de su asiento. Iba
vestida con unos jeans ajustados de color oscuro y una camisa burdeos de tres
cuartos. Tenía unos cinco centímetros más de altura gracias a los tacones de
aguja que llevaba, pero Nathan seguía siendo casi treinta centímetros más alto
que ella—. ¿Cómo estás, querida?
—Mejor que nunca. Fin tuvo su revisión esta mañana. —Willow besó su
mejilla suavemente—. Estás increíble.
—¿Ah, esto? —Danielle señaló con una sonrisa el traje de pantalón gris
metálico de dos piezas que llevaba puesto—. Un día más en la oficina. ¿Un
pequeño secreto? Mis becarios me ayudan a estar a la moda —dijo riéndose.
Nathan puso los ojos en blanco y negó con la cabeza.
Willow se sentó en el sofá, con Nathan a un lado y Danielle al otro.
—Nathan dijo que tenías nueva información...
—Vicky Lewis fue encarcelada en mayo de 2011 por malversación y fraude
monetario, ¿sí? —Danielle abrió su bolso y sacó una carpeta. La colocó en la
mesa de café frente a ellos y respiró profundamente.
—Sí. Se presentaron un par de cargos más contra ella. Admito que no
estaba prestando atención a nada de lo que se decía en ese momento —
reconoció—. ¿Por eso estás aquí?
—Parte de la razón. —Asintió Dani—. En la prisión, te entregaron toda la
información relativa a tu hermano, Finley. Incluyendo una carta para el señor
Montgomery Peters con la esperanza de que llegara al señor Holden Peters.
Nathan, en tu nombre, solicitó los servicios de mi oficina y enviamos la carta a
la dirección de los Peters. No sé si Nathan se lo ha dicho, o si piensan lo mismo,
pero el tema de la paternidad de Finley ha surgido varias veces.
—Me ha preocupado y, para ser sincera, ya nada me sorprendería. —
Willow sacó su cabello de la coleta y pasó los dedos por él—. Finley es hijo de
Holden, ¿verdad?
—Sí. —Asintió Danielle una vez—. ¿Cómo te sientes al respecto?
Willow no tenía ni idea de qué sentir. Saber que Holden era el hombre al
que se le concedían las visitas conyugales, saber que él y su madre eran íntimos;
por muy asqueroso que fuera, saber que mientras Holden retenía todas las
promesas del mundo de Willow, del matrimonio, de los hijos y demás, se lo daba
todo a Vicky Lewis.
—No voy a mentir y decir que no me duele. No voy a defender a ninguno
de los dos y decir que era amor. Es obvio que todo ha sido por ellos todo el
tiempo. Yo sólo era un peón en su juego —respondió, con la voz vacía de empatía
o emoción.
—En el momento de la detención de la señora Lewis, se descubrió que
también había tenido relaciones con Montgomery. Aparentemente su propia
esposa estaba enferma y...
—Mi madre dormía con muchos hombres fuera de casa. Evidentemente,
no le importaba la vida de quiénes arruinaba —interrumpió Willow—. La señora
Montgomery era la mujer más dulce que puedas conocer. Un corazón roto la
mató al final, sé que lo hizo.
Su propio corazón se rompía, pero no por Holden o su madre, sino por
Finley. Nacer de dos de las peores personas de su vida, nacer tan inocente con
tanto ya sobre sus hombros, era un dolor de corazón que sería difícil de superar.
—En ese momento, me hicieron creer que Holden estaba fuera, en la
universidad. Nunca lo había visto antes de esa primera fiesta universitaria. —
Miró a Nathan en busca de apoyo—. Cuanto más descubrimos, más fácil me
parece pensar que estaban en mi contra desde el principio.
—Al investigar más, la investigación inicial de tu madre estaba cubierta de
mucha burocracia y me refiero a más que un archivo de mafiosos. Pasamos por
muchos obstáculos para obtener respuestas, Willow. Por favor, tienes que
saberlo. —Danielle le entregó un papel.
La confesión de Vicky.
—¿Qué se supone que significa esto, Danielle? Es su confesión. —Willow
dejó caer el documento de nuevo sobre la mesa.
—Cuando se trata de casos como éste, tu madre podría ser vista como el
chivo expiatorio, la que se irá con protección por dentro y por fuera. Al principio
nos confundió saber que ella era la única encarcelada después de todo el fiasco.
Otras indagaciones mostraron una visita de Montgomery Peters, una hora antes
de que se firmara esta confesión. —Danielle dibujó un círculo rojo alrededor de
las dos fechas y horas correspondientes.
Willow se quedó mirando al espacio mientras Danielle continuaba. Por
supuesto, todos estaban confabulados. Por supuesto, Willow era el peón en su
pequeño juego enfermo que jugaban. Por supuesto, ella era la que más daño
acabaría haciendo.
—Montgomery le pagó a mi madre por su silencio —dijo Willow—.
¿Cuánto?
—Hay cuentas en las Islas Caimán y en el extranjero con Victoria
Montgomery como titular de la cuenta. Estoy casi segura de que son para ella
cuando termine su condena en prisión. Willow, estas cuentas valen millones de
dólares —expuso Danielle—. Hay más.
—¿Más? —resopló Willow—. Creo que me han atropellado el corazón y la
mente más de lo debido, ¿no crees? ¿Qué más podrían haber hecho?
—La petición de tutela de Montgomery fue presentada en los tribunales
esa misma tarde. Willow, creo que te convertiste en parte de toda esta farsa como
método para asegurar el silencio de Vicky —continuó Danielle—. Las familias
con mucho dinero tienen cierto poder, conexiones si se quiere. Supongo que
Montgomery le pagó una gran suma para que se mantuviera callada sobre sus
negocios ilegales dentro de su empresa, pero ella no quería sólo dinero.
Willow resopló.
—Ve a lo grande o vete a casa; eso es lo que siempre decía. ¿Qué más ha
estafado?
—A ti —dijo Nathan, con la voz apenas por encima de un susurro—. Su
silencio estaba garantizado por ti.
—¿Qué quieres decir? —Willow se giró en su asiento, una emoción sin
nombre nadando en sus ojos de color avellana.
Ella sabía lo que él quería decir. Su corazón y su mente habían llegado a
esa conclusión por sí solos, y eso la dejó sin palabras.
Vicky Lewis vendió su silencio al precio de su hija.
—¡Mierda! —gritó Nathan antes de que Willow cayera contra él, con los
ojos cerrados—. ¿Mamá?

—Está volviendo en sí, mamá —murmuró Nathan cuando los ojos de


Willow comenzaron a abrirse—. Hola, hermosa.
—¿Qué ha pasado? —preguntó Willow, con la voz gruesa y cargada de la
información que acababa de conocer.
—Te desmayaste, Lo —explicó Nathan antes de ayudarla a sentarse—. Fue
mucha, tal vez demasiada; información.
Se sentó y tomó el vaso de agua que le ofreció Danielle, tragándolo con
gratitud.
—Lo siento.
—No tienes que disculparte, Willow. Siento haberte bombardeado con ella
—respondió Danielle—. ¿Cómo te sientes?
—¿Sinceramente? Borrada. Con la cita de Fin esta mañana y ahora esto...
Quiero decir, sólo me has contado cosas que más o menos ya sabía, pero
supongo que me ha llegado de golpe.
—Es comprensible. Quiero que sepas que estamos haciendo todo lo posible
para descubrir toda la verdad —prometió Danielle mientras Nathan asentía.
—Puedo hacer que mi equipo haga cosas que el equipo de mamá no puede,
legalmente, por supuesto, pero es una opción —añadió.
La mente de Willow estaba invadida por toda la información que le habían
dado a conocer. No estaba segura de cómo procesarla, ni estaba segura de poder
hacerlo ahora mismo.
—Ha sido una trampa desde el principio. Mi madre, los Peters... todo ello...
mi única amiga en la universidad. Todos ellos entraron en mi vida en un
momento en que los necesitaba... y todo ha sido un juego —afirmó Willow—.
¿Soy tan estúpida?
—Lo…
—No eres estúpida, Willow. Esta artimaña, este juego que han jugado ha
durado años y creo que han perfeccionado el arte de sus mentiras en caso de
que empezaras a sospechar —aclaró Danielle.
—Nunca sucedió. Me demostraron amor... cosas que no me di cuenta de
que necesitaba hasta que las tuve. Dios… —Willow se giró hacia Nathan—. Lo
que debes pensar de mí.
—Oye —murmuró antes de acomodarle un mechón de cabello detrás de la
oreja—. Te amo. Lo que te han hecho... es increíble. Pero te prometo que no
volverá a ocurrir.
—Holden me drogó en esa fiesta, sé que lo hizo. —La voz de Willow era
fuerte pero sus ojos avellana se llenaron de lágrimas.
—Whoa, retrocede. ¿Drogada? —preguntó Danielle, perpleja.
—En la universidad, en una estúpida fiesta y fui una de las desafortunadas
a las que les echaron la bebida. Así fue como conocí a Holden —reveló.
—Willow. —Danielle tragó saliva ante la nueva información—. Lo siento
mucho.
—¿Qué hacemos ahora? —Willow cambió de tema, decidida a no dejar que
Vicky Lewis y Holden Peters se apoderaran de ella.
Nunca más, pensó para sí misma. No dejaré que vuelvan a hacerme daño.
—Ahora mismo, tu único trabajo es Finley. No quiero que te preocupes de
nada más, excepto de ese precioso pedazo de alegría que está durmiendo ahora
mismo —le dijo Danielle—. Deja el resto a mi departamento legal. Tenemos fama
de ser implacables.
—No puedo pedirte que luches en mi nombre, no contra gente como la
familia Peters. Arruinarán tu nombre...
—Sólo si ganan, Willow. Y te he prometido que no lo harán. —Danielle
estaba segura de ello. Por Willow y por Finley, nunca dejaría de luchar contra la
gente que pretendía destruirla.

—Siempre me encanta cuando cocinas para mí. —Le sonrió Danielle a su


hijo cuando éste reapareció.
Willow y Finley estaban dormidos, agotados por las actividades del día.
Nathan se limitó a observarlos por un momento, dejando que la sensación de
paz lo invadiera al verlos.
—Estoy preocupado, mamá. Por Willow, por todo esto...
—Sé que lo estás y sé qué harás todo lo que esté en tu mano para ayudarla
a lidiar con lo que pueda venir. Sabes que puedo tener una lista de profesionales
para ella en un chasquido de dedos, pero no quiero obligarla a nada que no
quiera hacer —explicó Danielle.
Nathan negó con la cabeza y se rio. Miró a su madre por un momento,
sabiendo que su tenacidad y su facilidad de palabra podían obligar a cualquiera
a hacer lo que quisiera. Eso era lo que la diferenciaba de cualquier otra madre.
Nathan, a pesar de su dislexia, comprendía mejor lo que su madre decía y hacía,
más de lo que era normal entre madre e hijo, pero eso era lo que los hacía más
fuertes que muchos otros.
—¿Y si acaba odiándome? —Había tenido la intención de mantener esas
palabras en el interior, pero su boca tenía otras ideas.
—Nathaniel Jay Wolf, ¿has visto cómo te mira esa mujer? ¿Has oído cómo
habla de ti? ¿Sentiste que su mirada te sigue fuera de la habitación?
—Eso no significa...
—No, no significa. Pero hijo, es amor. Le has dado algo que Holden nunca
pudo, le has dado una razón para sonreír, para reír y ser ella misma. Ella no
finge cuando está contigo. He visto fotos de Willow antes, no es que pueda
recordarla si la miro ahora. Nathan, ¿la mujer que está en tu oficina ahora
mismo? Una mujer completamente diferente a la de esas fotos —le aseguró
Danielle.
—La amo, mamá, muchísimo. —Danielle no pasó por alto la única lágrima
que resbaló por la mejilla de su hijo. Lo estrechó entre sus brazos tanto como
pudo. Nathan se elevaba sobre ella, pero siguió apoyando la cabeza sobre la de
su madre, suspirando en silencio. Y como Danielle había hecho miles de veces
cuando él era más joven, se encontró haciéndole callar en silencio.
Solía bromear con el hecho de que Nathan era demasiado sensible, y que
eso lo metería en problemas algún día. No tenía ni idea de que las emociones de
su hijo serían el punto de inflexión de toda su familia. La súplica de un niño de
seis años en mitad de la noche marcó el rumbo de la familia Wolf y reforzó su
vínculo para resistir incluso las tormentas más fuertes.
»Te prometo que no va a pasar nada con tu relación, ni con esa mujer de
ahí. Puede que haya una pelea, pero si la afrontan juntos, van a salir de ella
mucho más fuertes que antes. Tu padre y yo, viéndote en los últimos dos meses
con Willow, viendo lo que han compartido entre ustedes, nos ha dejado
boquiabiertos.
No estaba mintiendo. Nathan era un hombre cambiado desde que conoció
a Willow Lewis. Estaba más feliz, más ligero y tenía un aire de confianza en sí
mismo que sus padres no habían visto antes. Su amor por Willow casi rivalizaba
con el amor de Danielle por su propio marido de treinta años, y eso era todo lo
que Danielle necesitaba saber.
—¿Qué puedo hacer? —La impotencia en su voz resonó en la habitación.
—Tenemos que ser fuertes por Willow y por lo que pueda venir como
resultado de todo esto. En cuanto a Holden Peters, puedo hacer que le entreguen
los papeles en una hora: órdenes de alejamiento, órdenes de silencio, todo.
—Todavía tiene derecho sobre Fin, mamá. Es su padre. —Incluso la
palabra que salió de su boca lo hizo sentir mal.
—Te lo digo desde el punto de vista de una abogada: no tiene nada que
hacer. Tenemos más pruebas para acusarlo de abuso doméstico que las que
tendría para demandar la custodia.
—Espero que tengas razón. —Nathan se apartó de su madre y pasó una
mano debajo de su nariz, riéndose de la idea de que él; un hombre adulto, se
convirtiera en un desastre lloroso sobre el hombro de su madre.
Antes de que nadie pudiera decir nada más, el monitor del bebé de Finley
se activó. El pequeño hombrecito emitía sonidos demasiado familiares para
Nathan.
—Será mejor que vaya a cambiarlo antes de que tengamos que volver a
cambiar toda la cama.
—Yo me limpiaré aquí abajo —le dijo Danielle acariciando su mejilla—.
Dale a ese precioso niño un beso de mi parte, ¿está bien?
—Por supuesto.
Cuando Nathan llegó a la habitación de Finley, Willow ya estaba allí,
bailando sin esfuerzo por el dormitorio con Finley en brazos.
—Se supone que estás durmiendo —dijo suavemente.
Sonrió y miró a Finley.
—Este pequeño no entiende el significado de la palabra. Sin embargo,
todavía estás en la tarea de los pañales.
—Por supuesto que sí. Ven aquí, Fin. —Nathan le tendió las manos y él
fue de buena gana
Justo antes de quitarle el pañal, el teléfono de Nathan sonó en la
habitación, sorprendiendo a Finley en silencio. Nathan lo sacó del bolsillo y
contestó, poniendo el altavoz para que Pike hablara.
—Wolf.
—No me voy a andar con rodeos, señor. El nombre de su chica se ha hecho
público. Atlanta sabe quién es #SeñoraWolf. Y no es bonito.
18
Los espejos contienen un reflejo del alma. No es necesariamente el reflejo
que uno quiere ver, pero es algo que uno necesita ver.
El reflejo de Willow Lewis ya no mostraba a la mujer de la que se
aprovechaba Holden Peters; no mostraba su debilidad ni su estupidez por el
juego en el que había caído. Los hilos de la marioneta que la mantenían atada a
él estaban ahora cortados y Holden no tenía ni idea de lo que le esperaba.
Para dar el toque final a su vestuario, se puso unos Louboutins de punta
y salió del baño, directo a los brazos de Nathan.
—No tenemos que hacer esto —le dijo él con sinceridad.
—Sí tenemos. La prensa sólo empeorará, al igual que los rumores. Es hora
de que les demuestre a mi madre y a Holden que no soy la mujer en la que
intentaron convertirme. —Intentó mantenerse lo más estoica posible y no dejar
que las emociones que quería expresar nublaran su mente—. Necesito hacer
esto, Nathan.
—Van a preguntar...
—Deja que pregunten, Nathan. No haré ni diré nada sin tu aprobación
previa y la de Pike, pero necesitan respuestas. —Se separó de su abrazo y se
alisó la falda—. ¿Cómo me veo?
—Créeme, Willow, si no estuviéramos a punto de darnos de comer a los
leones, te arrancaría toda la ropa de tu cuerpo y te devoraría aquí mismo. —Sus
ojos ardían con la intensidad de sus palabras y ella casi se derritió en el suelo.
—Hmmm —Dio un paso adelante y le enderezó la corbata—. Por mucho
que prefiera esa idea, necesito que mi lobo feroz me lleve de la mano.
—¿Y entonces puedo soplar, soplar y volar tu casa? —Le guiñó un ojo antes
de colocarle un rizo suelto detrás de la oreja—. Eres hermosa, Lo. Parece que
podrías conquistar el mundo, pero siempre lo has hecho.
—Señor. —Margot llamó a la puerta y entró en la habitación—. Señorita
Lewis, estamos listos para ustedes.
La ansiedad se acumuló en sus entrañas mientras intentaba respirar
profundamente, su mente se llenaba de imágenes de Holden y su madre, ambos
alimentaban su ira.
—Tienes esto, Lo —Nathan susurró antes de que sus labios se encontraran
con los de ella—. Te amo.

Los diez minutos de viaje desde la casa de Nathan hasta Industrias Wolf
estuvieron llenos de tensión. El estrés envolvía a Willow mientras leía las notas
que tenía en la mano, memorizándolas lo mejor que podía. También tenía las
fotos cerca de ella, las fotos que habían causado un escándalo en las últimas
veinticuatro horas. Willow podía describir cada una de ellas con un detalle
asqueroso, cada una de ellas hacía que se le revolviera el estómago.
—Pediré silencio y luego tú darás un paso adelante, ¿está bien? —Nathan
apretó su rodilla suavemente, haciéndola volver al momento—. Si hay algo que
te hace sentir incómoda o insegura, mírame a mí o a Margot y te sacaremos de
ahí, ¿de acuerdo?
—De acuerdo —respondió Willow con una pequeña sonrisa.
Hablar en público no era algo que le gustara. Incluso había tomado clases
de oratoria fuera de su educación universitaria, sólo para sentirse cómoda y
segura frente a sus compañeros. Ahora estaba a punto de dirigirse al circo
mediático de Atlanta... no a una clase de catorce estudiantes universitarios
cansados. Willow estaba realmente fuera de su alcance. Una parte de ella sentía
que se tropezaría con las palabras y quedaría como una completa tonta, pero la
otra parte sabía que Nathan le daba una confianza que nunca antes había
tenido.
El auto se detuvo en el garaje subterráneo y, cuando Margot se acercó a
su puerta, Nathan apretó los labios contra la sien de Willow. Fue un gesto dulce,
pero la promesa que se pronunció debajo de todo eso la mantuvo fuerte.
Finley y yo estamos muy orgullosos. Eres increíble, créeme, susurró.
—Margot, Callahan —murmuró Nathan en cuanto salió—. Esta noche si
no se sienten bien con algo, hagannos una señal y terminaremos la rueda de
prensa. No permitiré que ninguno de ustedes se ponga en peligro si se produce
una situación.
—¿Es realmente tan grave? ¿Podría haber alguien ahí para... hacernos
daño? —preguntó Willow.
—No lo sé, ángel. Las últimas veinticuatro horas han mostrado lo peor de
la humanidad...
—De acuerdo —respondió, sin querer saber más.
—Estamos listos, señor —confirmó Callahan antes de sonreírle a Willow—
. No te preocupes, Wills, patearás traseros como todos los días.
No pudo evitar reírse de su comentario, al igual que lo hacía cada mañana
cuando él la recibía en la puerta de su despacho, con una taza de té caliente en
la mano. Callahan y Willow habían formado un vínculo más parecido al de un
hermano y una hermana que al de un guardaespaldas y un cliente.
Junto con su séquito, llegaron a las escaleras de WI. El flash de las
múltiples cámaras asustó e inquietó un poco a Willow, pero la visión de Danielle
de pie justo al lado del podio alivió todo eso. Willow quería darse una patada por
estar tan cohibida. El mundo había visto más de Willow Lewis de lo que ella
había pretendido y al ver a su nueva familia de pie a su lado en apoyo, para
ayudarla a trabajar a través del desastre que había sido su vida, no tenía
palabras para agradecerles.
Nathan condujo a Willow hasta su madre y colocó fácilmente su mano en
la de Danielle antes de volver a subir al podio. El silencio descendió sobre la
multitud sin que él pronunciara una palabra. A Willow le recorrió una emoción,
al ver por primera vez al director general en acción.
—Les pido que contengan todas sus preguntas hasta el final e incluso
entonces puede que no las respondamos todas. —Por mucho que quisiera decirle
a su público que se metiera sus cámaras y preguntas en algún lugar donde no
brillara el sol, esta conferencia de prensa era un mal necesario, que debía
celebrarse.
»Hace veinticuatro horas, seis imágenes en blanco y negro se filtraron a
Internet y a todos los medios de comunicación nacionales y estatales. En esas
imágenes, sin el conocimiento de esta mujer, aparece una mujer en varios
estados de desnudez; algunas de las fotos trucadas muestran drogas ilícitas
cerca de su persona o a su alrededor. Esas imágenes se publicaron sin
consentimiento y han insultado y molestado a la mujer que aparece en ellas. Se
trata de un acto de pornografía de venganza por parte de un hombre contra la
mujer que había terminado su relación meses antes. La mujer implicada está
aquí esta noche, mi novia, la señorita Willow Lewis. Les pido que contengan
todas las preguntas hasta que ella haya dicho su parte. —Nathan se apartó del
podio y le tendió la mano a Willow.
Respiró profundamente, miró al cielo y suspiró. Podía hacerlo. Tenía que
hacerlo.
Los brillantes flashes de las cámaras obstruyeron su visión
momentáneamente, pero Nathan la ayudó a guiarla hacia el podio.
—Buenas noches. Mi nombre es Willow Lewis y yo... —Miró a su lado y
luego a la mano de Nathan entrelazada con la suya, sintiendo la calidez que le
transmitía, recuperando la confianza que había sentido antes.
Puedes hacerlo, casi podía oírle decir. Y le creía.
»Buenas noches. Para aquellos que estén interesados en quién soy y en la
relación que tengo con el señor Wolf, soy su novia. Para los que han visto
imágenes mías con el señor Wolf y un bebé, el bebé es mi hermano. No voy a
entrar en detalles sobre él, pero espero que se dé privacidad en el futuro. Soy
plenamente consciente que están fascinados con el señor Wolf y sé que nunca
dejaremos de tener un paparazzi siguiéndonos, pero una chica puede soñar,
¿no? —Willow suspiró mientras las risas retumbaban entre la multitud.
»No estoy aquí esta noche para hablar de mi hermano o de mi relación.
Estoy aquí para hablar de las fotos. Las fotos que tengo en la mano son las
mismas que han aparecido en Internet, sólo que tengo las mías desde hace
semanas. —Levantó la mano, mostrando brevemente las imágenes pixeladas—.
Quiero dejar claro que nunca consentí que me tomaran estas imágenes, ni di mi
consentimiento para que se publicaran.
Tomó aire y se tomó un momento para ver a su público. Vio que estaban
completamente intrigados por ella, pendientes de cada palabra como si les diera
vida. Eso sacó a relucir algo en ella, algo que no sabía que tenía.
»Durante el último día, en contra de mi buen juicio, he mirado algunos de
los comentarios que se han hecho contra mí, pintándome como una tramposa
por dejar al señor Peters en favor del señor Wolf. No soy una infiel. Sin embargo,
lo que sí soy; es una mujer de veinticuatro años que intenta averiguar hacia
dónde va su vida. A principios de este año, terminé mi relación con el heredero
de Ardonix, Holden Peters, debido a diferencias irreconciliables. Casi al mismo
tiempo, tuve la suerte de conocer al señor Wolf.
»Se convirtió rápidamente en un amigo y confidente, alguien en quien
podía confiar cuando intentaba encontrar mi propio camino. El señor Peters no
estaba de acuerdo con la ruptura de nuestra relación y provocó escenas en mi
lugar de trabajo, abusando verbalmente del señor Wolf y de mí, abordándome en
un baile benéfico que recaudaba fondos muy necesarios para los enfermos de
cáncer y enviando amenazas por correo como si estuviéramos en los años
setenta. Todo esto lo hizo con la esperanza de traerme de vuelta a él, de
apoderarse de mí de nuevo.
Cerró los ojos durante un breve instante, como si el peso del mundo se le
quitara de repente de los hombros. El hecho de que dijera las palabras en voz
alta había provocado jadeos en todo su público, que seguía cautivado por ella.
»No voy a hablar de mi relación con la familia Peters y aunque les deseo
toda la felicidad, ruego que esto se acabe. Holden Peters no es el hombre que
ustedes creen que es. Y yo no soy la mujer que él cree que soy. Mi silencio ya no
se compra. La vida de mi hermano no tiene un valor monetario equivalente. Este
es mi llamamiento público al señor Peters, para que deje esta locura y hablemos
como adultos civilizados. Sé más de lo que crees que sé, Holden. No estoy aquí
para contarles todos tus secretos, ni para calumniarte. En todo caso, estoy aquí
para apelar a ti y a tu sentido de la decencia —imploró Willow a la cámara que
tenía delante mientras las lágrimas empezaban a acumularse en sus ojos.
»Crees que me has roto, crees que has ganado. Te demostraré una y otra
vez que me levantaré de nuevo. Me niego a ser parte de este juego que insistes
en jugar. Sólo quiero una oportunidad de ser realmente feliz. ¿No es algo que
merezco? —Su voz se quebró en la última palabra mientras Nathan la envolvía
en sus brazos. No podía oír nada de lo que decía por encima de los gritos de la
multitud, pero su abrazo lo decía todo.
Eres increíble. Estoy muy orgulloso de ti. Te mereces el mundo.
—¡Señorita Lewis! ¿Es así como imaginaba que su relación se haría
pública? —Uno de los buitres hablaba más fuerte que los otros y Nathan se giró
hacia la mujer. La mano de Willow en su pecho detuvo el aluvión verbal que
estaba a punto de estallar.
—Para ser sincera, no veo realmente qué tiene que ver mi relación con el
señor Wolf. Es un hombre que es bueno en su trabajo. Sí, tiene dinero y tiene la
apariencia, pero sigue siendo sólo un hombre. ¿Me alegro de que nuestra
relación sea ahora pública? Sí. ¿Imaginé que esta sería la forma en que lo
haríamos? No. Nathan tiene derecho a mantener su vida privada.
—Tiene que entender la fascinación del público con él. Estamos un poco
sorprendidos por la rapidez con la que se formó su relación —dijo otro.
—El verdadero amor nunca espera para golpearte —respondió Nathan—.
En el momento en el que puse los ojos en Willow Lewis, vi que mi futuro se
apoderaba de ella. Quería darle y mostrarle el mundo, escuchar todo lo que
quisiera compartir conmigo, amarla y mimarla con todas las oportunidades que
pudiera brindarle.
La acercó aún más a su lado y apretó los labios en su sien, dando a los
fotógrafos unos momentos para conseguir su toma.
»Les hice una pregunta a mis padres después de conocer a Willow. Les
pregunté: ¿Cómo supieron que era amor? ¿Cómo supieron que querían pasar el
resto de la vida con esa persona? ¿Su respuesta?
—Se suele decir que cuando conoces a alguien que te hace sudar las
palmas de las manos, te tiemblan las manos y te tiemblan las rodillas, ese no es
el indicado. Cuando conozcas a tu alma gemela, te sentirás tranquilo. Sin
ansiedad ni agitación. —Danielle se adelantó y puso su mano en el hombro de
Nathan. Las cámaras parpadearon un par de veces hacia ella.
Luego, Nathan volvió a hablar.
»En los primeros cinco minutos de conocer a esta increíble mujer, lo supe.
Claro, estaba ansioso y francamente petrificado de que me echara la bebida a la
cara, pero en esos cinco minutos, la calma me invadió. En ese momento, supe
que tenía que conocerla.
Willow estuvo a punto de derretirse ante sus palabras mientras la
abrazaba con fuerza. Miró con amor esos hermosos ojos marrones suyos y ella
se perdió.

—¿Cuánto sabe ella? —siseó Lucile, mientras su marido ajustaba el


volumen del televisor. Las proclamaciones de amor le producían náuseas; las
demostraciones públicas de afecto que Wolf hacía para el público, aún más.—.
¿Cómo pudo hacer esto a tu nombre? ¿A Holden?
Montgomery silenció el televisor, viendo a la pareja abrazarse delante de
todos. Una parte de él estaba furiosa con Willow por traicionar a la familia como
lo había hecho, pero también estaba enojado consigo mismo. Si hubiera sido
sincero con Willow desde el principio, si le hubiera explicado su papel en la
historia, tal vez ella seguiría sentada a su lado en la mesa.
Sin embargo, fue un pensamiento fugaz cuando el nombre de Holden
apareció en la televisión.
—Holden no tenía derecho a difamarla así —dijo.
—¿Eso es todo lo que tienes que decir? —chilló Lucile—. ¡Ha calumniado
su nombre, su negocio!
—Willow no hizo nada de eso, Lucile. Se defendió por sí misma,
demostrándole a Holden que no era la mujer sumisa que él creía que era. La
felicito por eso y felicito a Nathan por sacar ese lado de ella.
—¿Te pones del lado de ellos antes que de tu propio hijo? —Lucile estaba
casi fuera de sí por la ira. En su mente, Willow Lewis había arruinado casi por
completo el nombre y el negocio de los Peters. El trabajo de la vida de
Montgomery nunca se recuperaría del escándalo que Willow había descubierto.
—Lucile, puedes ser mi esposa, pero eso es todo. No tienes negocios
conmigo; no eres la heredera de mi empresa; diablos, no tienes acciones en
Ardonix desde que las vendiste para financiar tu pequeña fachada de florista.
Vicky Lewis ha tenido sus garras puestas en mi hijo durante años; él sólo está
haciendo su trabajo para ella. Sabía lo que estaba en juego, te lo garantizo —
suspiró Montgomery, agotado de tener que pelear con su mujer en cada pequeña
cosa últimamente.
—¿Y dónde está Holden ahora mismo, esposo? —gruñó Lucile—. ¡Te dije
que le pusieras un bozal! Que le pusieras una maldita correa. Y dejaste que
pasara esto.
—No dejé que pasara nada. Holden es un adulto y me ha demostrado que
es incompetente como adulto. Esto no es una telenovela en la que pueda actuar.
Conocerá las consecuencias de sus actos antes de que termine la semana, eso
se lo puedo garantizar —declaró.
—¿No puedes hacer algo? ¿Decir algo para evitar que esto afecte a Ardonix?
Es el trabajo de tu vida, Monty.
—El daño ya está hecho. La gente sabe que estaba preparando a Holden
para ocupar mi puesto y ahora que Holden ha hecho esto, te garantizo que
afectará a todo de aquí en adelante.
El teléfono de Montgomery sonó, con el número de su director de
operaciones brillando en la pantalla. Ya había rechazado cuatro llamadas del
hombre, ¿qué era otra llamada perdida?
—¿Vas a darte por vencido y hacerte el muerto? —preguntó Lucile,
avergonzada del hombre al que llamaba esposo.
—No. Lo que voy a hacer es algo que mi hijo debería haber hecho en el
momento en que las cosas terminaron con Willow. Voy a dejarla ir —dijo
Montgomery con firmeza antes de ponerse de pie—. Esto ya ha durado
demasiado. Es hora de dejarlo todo.

—¿Crees que hemos hecho lo correcto? —preguntó Willow mientras se


acurrucaba en los brazos de Nathan.
Él no la había soltado desde la rueda de prensa, una parte de él siempre
la tocaba. No estaba seguro de si era un apoyo para ella, para él, o para ambos.
No le ocultó sus emociones después y se derrumbó en sus brazos cuando la
realidad de todo lo que se había dicho finalmente la alcanzó.
Nathan se despidió en silencio de su familia mientras se balanceaba con
Willow en el lugar, susurrando palabras de amor y apoyo mientras ella se dejaba
sentir todo lo que había mantenido a raya desde que se enteró de las fotos.
Poco después se encontraban en la cama, demasiado envueltos el uno en
el otro como para concentrarse en otra cosa. Hizo girar un mechón de su cabello
alrededor de su dedo mientras escuchaba su respiración, mientras ella se
concentraba en permanecer en el momento.
—Sí —le dijo, mientras su otra mano trazaba círculos en su brazo—.
Hicimos lo correcto, ángel.
—¿Y si Holden no se detiene?
—Un día a la vez, Lo —susurró.
Los brillantes ojos avellana se abrieron para buscar los suyos, buscando
la verdad en sus palabras. La verdad era que no sabía si Holden se detendría
alguna vez. Había algo siniestro en él, algo que suponía una amenaza tanto para
Willow como para Finley. Nathan no dejaría que les pasara nada a ninguno de
los dos, pero seguía temiendo lo peor.
¿Sólo habían pasado catorce semanas desde que la conoció?
—Estás pensando muy fuerte ahí arriba —murmuró Willow mientras se
acurrucaba más a su lado.
—Sólo han pasado catorce semanas desde que te conocí —le dijo.
—Algunas personas reciben menos por asesinato —bromeó mientras
Nathan jadeaba.
—¡Oye! ¡No soy tan malo!
—Por supuesto que no. —No podía ver su rostro, pero sintió su sonrisa
contra su camisa—. Sin embargo, tienes razón; sólo han pasado tres meses, más
o menos un par de semanas.
—Se siente como si hubieran sido años —suspiró.
—¿Um, ouch? —Lo miró con fingido dolor antes de que él besara su frente,
negando con la cabeza.
—No quise decir eso y lo sabes —bromeó—. Quiero decir, la gente puede
pasar años en una relación con alguien y nunca entender realmente a su
pareja... pero con nosotros, fue instantáneo.
—Amor verdadero —reflexionó—. No importa cuántas novelas románticas
haya leído, era la única cosa en la que me costaba creer.
—De alguna manera nos colamos en la vida del otro, ¿no es así? Justo
cuando necesitábamos la distracción. Tú de Holden y yo de lidiar con la muerte
de mi abuela —explicó.
—No hemos dejado de chocar desde entonces —se rio—. ¿Te preocupa que,
cuando todo termine, tú...
No pudo terminar la frase. La idea de que su relación se desmoronara
después de terminar la prueba con Holden le producía escalofríos incómodos.
Sí, se apoyaban el uno en el otro mucho antes en su relación, pero también era
mucho más fuerte que cualquier cosa que cualquiera de ellos hubiera
experimentado antes.
Esto tenía que ser amor verdadero, ¿no?
—Si piensas que nuestro amor se desvanecerá, Willow, te espera otra cosa.
—Ella se quedó momentáneamente aturdida por la fuerza y la emoción que había
detrás de sus palabras.
Nathan se concentró en su respiración, en lo que quería decir a
continuación. Habían hablado tanto hoy que no se habían permitido sentir lo
que necesitaban ver.
La hizo girar sobre su espalda y sujetó su mandíbula con su mano,
mirándola profundamente a los ojos mientras le susurraba las palabras que
necesitaba oír.
—Estás pegada a mí, ángel. Y soy el superpegamento más fuerte con el
que has tratado.
Sus labios se encontraron con los de ella y en el momento siguiente,
estaban bien encaminados hacia el Nirvana.

—Señorita Lewis, tiene una visita —anunció Olivia a través de su


intercomunicador. Willow levantó la cabeza del escritorio y se apresuró a
limpiarse la baba que tenía en la comisura de sus labios.
Se había vuelto a quedar dormida, y esta vez no podía culpar a su cuerpo
por ello. Los esfuerzos de Nathan por hacerla olvidar las últimas veinticuatro
horas habían funcionado durante un tiempo, pero los gritos de Finley la habían
mantenido despierta durante el resto de la noche.
—Que pase. —Bostezó mientras organizaba su escritorio. Tenía unos
quince segundos para poner en orden su aspecto y sólo rezaba para que no se le
hubiera corrido el rímel.
El rostro que apareció en el cristal de su puerta la hizo relajarse casi
inmediatamente.
Nathan.
—Hola, dormilona —murmuró mientras corría a sus brazos—. ¿Cómo te
sientes?
—¿Quién es una dormilona? —preguntó.
—Bueno, las tres llamadas telefónicas que quedaron sin respuesta... y el
mensaje de Callahan provocaron esta visita —le dijo—. ¿Por qué no me hablaste
de Fin?
—Necesitabas dormir. Comandas un barco lleno de gente, Nathan —
respondió—. Y Finley estaba inquieto, eso es todo. Es un bebé muy entonado.
—Lo, tú también necesitas dormir.
—¿Qué es eso que estás diciendo? —Sonrió—. ¿Había alguna razón por la
que llamabas?
—Bueno, uno: quería ver cómo estaba mi hermosa novia. —Sonrió—. Y
dos: quería hablar contigo de algo.
—¿Algo? ¿Algo bueno o algo malo?
—Algo bueno, creo. —Sus ojos brillaron de felicidad mientras lo guiaba
hacia el sofá—. ¿Te he dicho lo mucho que prefiero tu despacho así?
—Una o dos veces. —Sonrió antes de sentarse en su regazo—. Ahora,
¿estás aquí por negocios o por placer?
—¿Qué he creado? —La miró sorprendido mientras le rodeaba la cintura
con sus brazos—. Siempre es un placer cuando estoy con usted, señotita Lewis.
—Mmm, eso es lo que me gusta escuchar.
—Quiero llevarlos lejos. Tú, Finley y yo, sólo por unos días —anunció.
—Nathan, no puedo... ¡Tengo trabajo! No puedo levantarme e irme sin
avisar.
—He hablado con el jefe mayor esta mañana y a la luz de todo lo que ha
ocurrido en los últimos días, estamos de acuerdo en que necesitas un tiempo
personal. Le pregunté si una semana sería suficiente y estuvo de acuerdo. —
Nathan le guiñó un ojo mientras su pulgar recorría sus suaves labios.
—¿Has vuelto a pasar por encima de mí? —Willow arqueó una ceja. Él
encogió sus hombros—. Nathan...
—Y la baja por maternidad suele ser de seis semanas... de las cuales te
has tomado cinco, si no recuerdo mal —añadió.
—Sí, pero no solicité la baja por maternidad.
—De cualquier manera, ángel, tienes otra semana fuera de aquí. Entonces,
¿vienes conmigo? —Dejó un pequeño rastro de besos por su cuello, cada uno
más suave que el anterior.
—Estás haciendo que sea difícil... decir que no —suspiró.
—Entonces di que sí.
—Y este viaje... ¿seremos sólo nosotros tres? —preguntó, pasando las
manos por su cabello.
—He tenido que contratar a un par de personas más para que nos ayuden
con las tareas de Fin y de niñera, ya que estaremos ocupados de otra manera…
—Le guiñó un ojo—. No podemos ceder a nuestros deseos más pecaminosos y
dejarlo a su suerte.
—Entonces, ¿quién viene?
—Celeste y Remington. Callahan, Colton y Margot también vendrán con
nosotros. —Deslizó su nariz sobre la suya y suspiró—. Ellos se encargan del bebé
mientras yo me encargo de consentirte al máximo.
—Cada vez me gusta más esta idea...
Sus labios se encontraron y en el calor del momento, estaban tumbados
en el sofá, Willow a horcajadas sobre sus caderas mientras sus dedos se
enredaban en su cabello.
—¡¿Qué?! ¿No se divirtieron lo suficiente anoche? —Remi interrumpió su
improvisada sesión de besos. Willow se levantó de golpe y la miró sorprendida
antes de estallar en una risa nerviosa. Intentó apartarse de Nathan, pero las
manos de éste en sus caderas le dijeron lo contrario.
Remi sostenía a Finley en sus brazos, cubriendo sus pequeños ojos de la
escena que acababa de presenciar.
—Nunca voy a tener suficiente de Lo, hermana mayor. Y no es que no haya
entrado antes encontrándote con Celeste. —Le levantó una ceja, sonriendo
mientras ella se sonrojaba de color rojo carmesí.
—Oh, compórtate —lo regañó Willow mientras se alejaba de él.
Rápidamente levantó a Finley de las manos de Remi y lo levantó en el aire,
provocando un chillido agudo del pequeño.
Los ojos de Finley se fijaron en ella, con un profundo mar azul de
comprensión entre ellos. Ahora la reconocía más que de sobra y estaba muy en
sintonía con la voz y los sonidos de su hermana.
—¿Quién es mi niño bueno? —arrulló mientras lo metía en sus brazos—.
¿Quieres salir un rato?
Finley balbuceó y agarró a un mechón de su cabello, distrayéndose.
—Creo que un descanso es exactamente lo que todos necesitamos ahora.
—La voz de Tyler sonó entonces en su despacho, mientras entraba arrastrando
el barro en sus botas de trabajo, para molestia de Nathan y Willow.
—¡Tyler! —Ambos gritaron al mismo tiempo. Tyler se congeló, se giró en el
acto y miró a los dos a ambos lados de la habitación.
—De acuerdo o me estoy volviendo loco, o realmente se han convertido en
uno.
—Zapatos, hermano —gruñó Nathan—. En serio, ¿te mataría limpiarte los
pies?
—Probablemente... podría morir metiendo un poco de pan en una
tostadora... quién sabe lo que podría hacerme un felpudo —respondió Tyler.
Willow puso los ojos en blanco y sacudió la cabeza mientras Nathan le lanzaba
algo en la cabeza a su hermano.
—¿Y quién dijo que podías venir? —preguntó Nathan.
—Oh, pensé que estaba implícito. —Sonrió Tyler—. Ya sabes, viendo lo
mucho que me debe la señorita Arlequín... pensé que las revanchas estaban en
orden.
—Ugh, bien —gimió Nathan—. ¡Pero Finley no va a ser tu imán para chicas!
—Bueno, maldita sea, ahí va todo mi plan, hermano.
—¡Oye! ¡No me hagas separarlos a los dos incluso antes de subir al avión!
—Remi señaló con un dedo entre los dos hermanos.
—Que venga Tyler jugaría a nuestro favor, nena. —Celeste rodeó con un
brazo la cintura de Remi mientras hacía un gesto hacia Willow—. Es decir, si
Willow y NJ van a estar distraídos... y tú y yo estaremos ocupadas de otra
manera.
—¡Restriégenlo en mi cara, por qué no! —Tyler se hundió en una de las
sillas de la oficina, su cabeza cayendo hacia atrás en la exasperación—. Sólo seré
el tipo soltero y sobrio con el bebé.
—No te preocupes Ty, no serás la niñera todo el tiempo. —Nathan dio una
palmada en el hombro de su hermano antes de girarse hacia el resto de la sala—
. ¿Estamos listos?
Willow miró a un Finley todavía distraído antes de asentir.
Una escapada era exactamente lo que necesitaba.
19
Arena blanca y prístina hasta donde alcanza la vista, olas brillantes de
agua azul que se estrellan contra la orilla, el sonido de las risas y la alegría
llenando el aire a su alrededor.
Durante los últimos cuatro días, esto era lo que les había despertado por
la mañana y lo que les había dormido por la noche. Carsona Don Carlos había
sido su hogar lejos de casa, la joya de la corona de la Costa Esmeralda de
Nicaragua.
Nathan no había dicho a nadie a dónde iban, sólo que el avión tenía
combustible y estaba listo para partir. A Willow le preocupaba que Finley no
fuera capaz de soportar el vuelo, pero él le había demostrado que estaba
equivocada, durmiendo como un campeón.
Willow había tenido los ojos vendados hasta que llegaron al complejo y al
oír los gritos y exclamaciones de los demás, se quitó la venda y fue recibida por
la puesta de sol más increíble que había visto nunca. Nathan la rodeó con sus
brazos por la cintura, diciéndole dónde estaban y que el complejo era suyo
durante toda una semana. Ella no pudo hablar durante al menos cinco minutos,
y luego pasó el resto de la noche agradeciéndole todo lo que había hecho por ella.
—Se ve muy bronceada, señorita Lewis. —La voz de Nathan vibró en su
oído cuando ella se dio vuelta para saludarlo.
—Mmm. ¿Cómo estuvo el golf? —Se apoyó en los codos cuando sus labios
se encontraron, con una sonrisa soñolienta en su rostro.
—Colton y Callahan nos rompieron el culo —suspiró—. Tyler perdió más
dinero.
—Tiene que dejar de apostar por ese tipo de cosas. —Willow sacudió la
cabeza y miró hacia el chalet de al lado, donde Remi y Celeste seguían
dormitando—. ¿Qué hora es?
—Sólo es mediodía. ¿Han tomado una buena siesta?
—Después de las... actividades que me hiciste pasar anoche, creo que me
la merecía. —Sonrió—. ¿Se divirtió Finley?
—Ha caído como un rayo, así que yo diría que sí. —Miró al portaaviones
que tenía al lado y sonrió—. Estaba chillando cuando Tyler hizo el ridículo.
—Entonces, ¿nada inusual?
—Mi querido hermano aterrizó en el agua en la novena —se rio—. Hizo un
gran escándalo al respecto y todo. A Finley le hizo bastante gracia; el resto
estábamos en el suelo riéndonos.
Su mano cubrió su boca mientras luchaba por mantener su risa a raya,
pero tan pronto como Tyler estuvo en su línea de visión, la perdió.
Tyler lanzó una mirada a su hermano mientras continuaba hacia el agua.
Allí, recogió un poco de ella en un cubo; dondequiera que lo consiguiera y se
dirigió a la villa de su hermana, vertiéndola rápidamente sobre ambas mujeres.
—¡TYLER HARPER WOLF! —gritó Remi a su hermano, que se retiraba
rápidamente.
Willow y Nathan volvieron a perder los papeles al escuchar el segundo
nombre de Tyler y ver cómo Celeste y Remi se lanzaban tras él, furiosas.
—¡Nunca he visto a mi hermana moverse tan rápido! —A Nathan le costaba
respirar mientras observaba el espectáculo que tenían delante.
Tyler tenía un brazo rodeando a Remi y el otro a Celeste mientras los hacía
girar; su enfado se convertía en risas estridentes que hacían estallar los
corazones de Nathan y Willow.
—¡Bájame! —gritó Remi mientras luchaba contra su hermano, pero no le
estaba dando ninguna indicación de que quisiera que la bajaran.
—¡Oye, Nath! Ven a ayudar a un hermano —le gritó Tyler.
—Oh no, hermano mayor. Estoy bastante seguro de que lo tienes todo bajo
control —le gritó y su atención volvió a enfocarse en su novia.
Nunca la había visto tan hermosa y había visto mucho de ella para conocer
un cambio. En cuanto llegaron fue como si el peso de todo se evaporara de ella,
de ambos. Habían disfrutado de su intimidad juntos, Nathan cumpliendo su
promesa de mimar su cuerpo y su mente.
Aquí, en la playa, parecía una mujer nueva, segura de sí misma, fuerte y
apasionada, además de sexy como el pecado. Se sentía atraído por ella a
cualquier hora del día y de la noche, la necesidad de estar con ella era más fuerte
que cualquier otra cosa que hubiera experimentado. También sabía que ella
necesitaba tiempo con las otras mujeres del viaje, al igual que él necesitaba
tiempo con los hombres.
Habían llenado sus días de exploración, descubrimiento y aventura.
Willow intentó hacer surf de remo por primera vez, chillando de emoción
al poder mantenerse erguida en la tabla, mientras Nathan tomaba fotos con su
cámara. Quería que ella tuviera estos recuerdos para que pudiera recordarlos y
recordar la felicidad.
El primer día completo que estuvieron allí, Finley fue de excursión pegada
a Nathan o a Willow mientras caminaban por el hermoso bosque seco del
Pacífico. Tyler se había asustado cuando un mono se posó en su hombro y se
llevó su gorra. Volvieron a ver al mono a la vuelta y Tyler podría jurar que se reía
de él.
En el segundo día, los hombres y las mujeres se separaron; los hombres
se dirigieron a un barco para ir a pescar y las mujeres fueron tratadas en un spa
de la casa. Finley se quedó con las chicas ese día en particular, principalmente
porque Willow quería que su hermano estuviera solo por un tiempo.
Fue el día en que descubrieron que Callahan podía marearse y que Colton
era un simpático vomitador. En resumen, Tyler y Nathan fueron los que más
pescaron ese día, ya que los otros dos se mantuvieron alejados de los bordes de
la embarcación.
Cuando regresaron a la orilla, Tyler y Nathan ayudaron a los otros
hombres a llegar a su chalet y les ayudaron a superar las náuseas que aún les
abrumaban.
Nathan apenas reconoció a Willow cuando por fin se reencontraron todos.
Se había teñido el cabello con un hermoso balayage ombre púrpura y rosa,
peinado con ondas sobre los hombros. Su rostro parecía renovado y saludable,
casi resplandeciente. Volvió a quedarse sin palabras ante su belleza.
El tercer día visitaron Granada, una ciudad perdida en el tiempo. Sus
pintorescas vistas hicieron que a Tyler se le cayera la baba. Los colores y la
vitalidad de la ciudad atrajeron a cada uno de ellos y les dejaron sus propias
impresiones.
Willow recibió clases de español de un joven que había seguido al grupo
durante toda la visita. Nathan estaba convencido de que el chico se había
enamorado de ella, con su insistencia en ayudar a Willow a comprar productos
locales y en explicarle la cultura y los sabores locales.
Les había dado a conocer las partes poco conocidas de Granada y la gente
que a menudo no se veía en el paseo principal. Nathan, en su generosidad, se
encargó de comprar y entregar alimentos a los orfanatos y centros de acogida de
la zona, los lugares que los turistas normalmente evitarían.
—¿Por qué me miras? —Willow atrajo la atención de Nathan hacia donde
se encontraban ahora: descansando en la villa, viendo a su hermano, su
hermana y Celeste correr como idiotas, cada uno tratando de superar al otro.
—Me he perdido por un momento —le dijo—. ¿Qué quieres hacer esta
noche?
—Bueno, Celeste y yo estábamos pensando que tal vez tengamos una
noche de damas y caballeros. —Levantó una ceja hacia él—. Y tendremos a Fin.
No quiero que aprenda a hablar como Tyler Wolf, muchas gracias.
—Sólo tiene seis semanas —le recordó Nathan.
—¡No me importa si tiene seis semanas o seis años! ¡Tu hermano más el
alcohol es igual a una boca de orinal que ninguna cantidad de jabón podría
limpiar!
—Sí, querida. —Se inclinó y presionó sus labios contra los de ella—. Y tu
plan suena perfecto.
—Por supuesto, lo es. —Sonrió, presumida—. Celeste y yo fuimos quienes
lo pensamos.

—Entonces, ¿qué es lo siguiente, Nathan? —preguntó Tyler mientras


repartía la siguiente ronda de bebidas—. ¿Para ti y la embaucadora, eso es?
Nathan sacudió la cabeza ante el apodo de su hermano para Willow y tomó
un sorbo de su botella.
—Ahora mismo estamos en un buen momento, y con todo lo que está
pasando con Holden y su madre... Tenemos que superar ese lío antes de empezar
a pensar en otra cosa. Finley es un gran factor en todo también.
—Sí, pero, tienes planes, ¿verdad? Quiero decir, nunca antes has dejado
de tener un plan.
—Tyler, tranquilízate. ¡Es casi como si quisieras empujarlo al altar
mañana! —exclamó Colton riéndose—. Personalmente, me encanta lo que tienen
los dos. Nunca he visto algo así, y estás hablando con un doble divorciado.
—¡Mierda! ¿Has tenido dos esposas? —Tyler escupió, limpiando el exceso
de alcohol de su barbilla—. ¿Cómo demonios no lo sabía?
—No es algo que decida compartir, Tyler. —Colton y Callahan se habían
encontrado en un ambiente mucho más cómodo con Nathan y Tyler. Las
formalidades que habían tenido antes habían desaparecido y, ahora mismo,
Colton se sentía vulnerable.
—¿Vas a casarte con Margot? —preguntó Tyler.
—¿Quién dice que no lo estamos haciendo ya? —Colton le guiñó un ojo,
para sorpresa de Tyler. Nathan se limitó a sonreír a su amigo con complicidad.
—Pero ¿qué? —Tyler continuó mirando a Colton con asombro antes de
girarse hacia Nathan—. ¿Lo sabías?
—¿Por qué crees que tuve que tener a Mabel conmigo hace un año? Por
supuesto que lo sabía, Tyler. —Nathan sonrió mientras su hermano seguía
colgando.
—A la tercera va la vencida. —Colton levantó su cerveza al cielo y sonrió—
. No es que no acierte a la primera, señor.
—Miren, cuando estemos allí serán los primeros en saberlo —les aseguró
Nathan—. La quiero más de lo que puedo expresar con palabras. ¿Cómo podría
hacerlo?
—Bueno, te pones de rodillas, presentas el anillo y dices las tres palabras
mágicas. No creo que haya que hacer todas las extravagancias que vemos en las
películas... Todo lo que hay que decir ya se ha dicho —dijo Callahan—. Es lo
único que me hubiera gustado que me dijeran antes de acabar desmayado a
mitad de camino.
—Mierda, hombre —respondió Nathan—. ¿Estás comprometido?
—Lo estaba. La encontré en la cama con mi mejor amigo tres semanas
después. —Callahan encogió sus hombros, bajando el resto de su bebida en tres
tragos—. Los cien kilos que he perdido más fácilmente.
Las risas siguieron a su comentario y, mientras los cuatro se esforzaban
por recuperar la compostura, Nathan se dio cuenta de que ésa era exactamente
la razón por la que Celeste y Willow querían tener noches en grupo: para que él
pudiera ser realmente él mismo y mostrar esa faceta suya a la gente que le
importaba de verdad.

—Sólo digo que Callahan sería un interesante tema de estudio. —Remi le


guiñó el ojo a Celeste de forma conspiradora—. Y piensa en lo lindos que serían
los bebés.
—¡Remi! —la reprendió Celeste, con el rostro sonrojado por la
conversación—. ¡No voy a proponerle nada al pobre hombre! ¡Ya tiene suficiente
mierda en su plato!
—Pero, ¿estarías abierta a ello? —preguntó Remi.
—No digo que no lo esté. —Negó con la cabeza mientras volvía a prestar
atención a las otras dos mujeres del grupo—. Mierda, lo siento.
—No pasa nada —respondió Margot—. Mientras no hables de saltar a mi
Marina, puedo lidiar con ello.
—¡Margot! —jadeó Willow y sacudió la cabeza.
Tal vez era el alcohol que finalmente afectaba a sus filtros verbales, pero
su conversación había pasado de lo que serían las actividades de mañana a que
Remi les hablara de la vez que Nathan y Tyler enfurecieron a una mofeta, y luego
al tema actual.
—¿Y tú, Willow? Si tuvieras un pase libre, ¿con quién estarías? —preguntó
Celeste.
—¿Sinceramente? No hay nadie a quien desee más que a Nathan —
suspiró.
—Seguro que tiene que haber algún famoso que te gustaría que... ya
sabes...
—No. —Encogió sus hombros—. Realmente no crecí con mucha
consistencia en mi vida. No podría decirte quién fue nombrado el hombre vivo
más sexy este año y mucho menos qué celebridad querría que me llevara a la
cama.
—Maldita sea... ¿de dónde sacas tu fuerza de voluntad? ¡Mi lista tiene
como una docena de personas! —exclamó Remi—. Sin embargo, tú eres la
primera de mi lista, nena.
—Eh, sí. Lo dices porque estoy sentada a tu lado —respondió Celeste antes
de sacarle la lengua a su novia.
—El primero de mi lista es un tal Johnny Depp —dijo Margot—.
Absolutamente, sin duda. Preferiblemente no vestido como el Capitán Jack, pero
definitivamente él.
Willow casi se atragantó con su bebida al mirar a la mujer mayor.
Margot se había convertido en una amiga para ella mucho más de lo que
Willow podría haber esperado, y significaba mucho para Willow tenerla aquí con
ellas.
—¡Oh! ¿Cómo pude olvidarme de él? —Remi se dio una palmada en la
frente y sacudió la cabeza.
—Lo pido para mí. —Se rio Margot—. Colton sabe que lo dejaría si Johnny
quisiera llevarme.
—Así que por eso Nathan no nos llevará nunca a Los Ángeles... —explicó
Remi—. ¡Nathan está en el plan de Colton!
—Oh, no, él está haciendo mi oferta en ese frente. Halle Berry... desde
Bond la tiene en lo más alto de su lista. —Sonrió Margot—. Por supuesto, no
sabe que Nathan lo sabe, pero, de todos modos.
—¡Willow, tienes que tener uno! —Celeste agarró la mano de su mejor
amiga con entusiasmo.
—Bien. Sam Heughan —suspiró—. De la serie Outlander.
—Oh, ¿ese buen pedazo de culo? Claro que sí, chica —declaró Margot—.
Es decir, está bueno, es escocés, tiene acento y simplemente... es delicioso.
—Tranquila, Margot. Tal vez debas reducir tu consumo de alcohol —dijo
Willow entre risas—. Los acentos también suelen tener un efecto sobre mí.
—Tomo nota —dijo Remi guiñando un ojo.
—Bien, ¿podemos cambiar de tema? —preguntó Celeste, ganándose un
rápido asentimiento de Willow y Margot—. ¿Qué van a hacer Nathan y tú cuando
acabe toda esta locura?
—Lo mismo que estamos haciendo ahora —respondió—. Nathan y yo
estamos en esto a largo plazo. Ahora mismo, Finley necesita estabilidad en su
vida y sé que podemos dársela.
—Entonces, ¿Nathan se va a mudar contigo o viceversa? —Presionó Remi.
—Realmente no hemos hablado de ello, Remi. Han sido un par de semanas
bastante agitadas.
—Tienes mucho tiempo, Willow —le dijo Margot—. Y nadie te está
presionando a nada.
—Lo sé. Créeme, no hay nada que desee más en el mundo que tener
nuestra propia casa: Nathan, Finley y yo... Sólo que no creo que estemos ahí
todavía. Él se vio envuelto en todo mi drama y...
—Él te ama, Willow. Hasta un ciego podría ver eso.

—¡Levántate y brilla! —gritó Willow junto a los hombres mientras Margot


y Celeste ponían un abundante desayuno sobre la mesa. El sonido de hombres
adultos malhumorados despertándose en las mismas extrañas posiciones en las
que se habían dormido fue recibido con risas por parte de las chicas—. Vamos,
hasta te hemos preparado el desayuno.
—¿Puedes dármelo? —preguntó Tyler, con los ojos negándose a abrir—.
¿Qué demonios he bebido?
—No tendría ni idea —reflexionó Willow—. Y cuida tu boca, Tyler Wolf. Hay
orejitas presentes.
Los ojos color whisky se abrieron a regañadientes hacia Willow, que
depositaba a un Finley bien despierto sobre el pecho de Nathan. Finley engomó
rápidamente la barbilla de Nathan, riéndose mientras su barba de caballo hacía
cosquillas en la sensible piel del bebé.
—Buenos días, precioso. —Besó la cabeza de Finley y se sentó.
La cabeza no le dolía tanto como esperaba, pero sin duda llevaría las gafas
de sol el resto del día.
Colton, Callahan y Tyler consiguieron ponerse en posición sentada, con
las manos ya extendidas y esperando la cura a su resaca.
—Veo que anoche tuvieron una noche interesante —murmuró Margot
mientras se sentaba en el regazo de su marido—. ¿Te sientes bien hoy?
—Sí, señora —respondió—. ¿Tú cómo te sientes?
—Un poco adolorida, pero mucho mejor que tú. —Sonrió—. Menos mal
que no hemos planeado nada para hoy.
—Nunca voy a dejar este lugar, lo sabes, ¿no? —Colton la miró, con un ojo
aún cerrado mientras le entregaba su café.
—Sí, querida.
—¿La pasaron bien? —preguntó Willow mientras se sentaba junto a
Nathan y Finley, ambos envueltos en un intenso juego de cucú.
—Justo lo que recetó el médico. —Sonrió—. ¿Verdad, Fin?
—Remi es peor que ustedes dos. Tuvimos que dejarla atrás mientras
veníamos a rescatarte. No creo que nadie se mueva mucho de sus baños hoy.
—¿Había algún plan para hoy? —dijo mientras ella negaba con la cabeza.
—No, pero quizás deberíamos programar alguna desintoxicación en algún
lugar. Tyler parece que no verá el exterior del baño por un tiempo. —Sus dedos
jugaron con la mano de Finley mientras hablaba—. Colton parece estar cuidado,
pero Callahan se ve un poco verde.
—No se equivoca —respondió Callahan—. ¿Qué demonios estuvimos
bebiendo anoche?
—Estoy bastante seguro de que hubo chupitos de por medio —gimió
Nathan— No puedo recordar mucho después del Sambuca.
—Oh, señor. —Willow sacudió la cabeza y sonrió—. Una noche divertida.
—El centro de la fiesta aquí mismo —confirmó, sus ojos todavía en Finley—
. ¿Fue un buen chico?
—¿Cuándo no lo es? Es perfecto. —Willow le hizo cosquillas en el pecho a
Finley hasta que soltó una risita, el sonido hizo que su corazón se agitara—.
Vamos, tienen que comer si vamos a tener suerte para meterse en el agua.
—¿Agua? ¿Quién dijo algo sobre el agua?
—Um, ¿yo lo hice? —explicó Willow—. Es un día de playa. Quiero construir
castillos de arena, buscar tortugas y mostrarles a todos mis habilidades con la
tabla de surf.
—Eres una receta para el desastre, Lewis, pero te aceptaré el reto —
respondió Nathan—. Prepárate para conocer a tu creador.
—Hmmm, ¿qué consigo si gano? —murmuró, con sus labios ahora a
centímetros de los de Nathan.
—Tendrá que intentarlo y averiguarlo, señorita Lewis. —Cerró la brecha
entre ellos, pero justo antes de llegar a sellar el trato, Finley decidió que sería un
buen momento para vomitar.

—Ojalá pudiéramos quedarnos aquí para siempre —murmuró Willow al


salir del baño—. Es el cielo en la tierra.
—Bueno, por suerte para ti, resulta que conozco al dueño de esta
propiedad. —Sonrió Nathan mientras acariciaba la cama a su lado.
—¿Las ventajas de ser multimillonario? —bromeó ella, tomándose su
tiempo para llegar a él.
—Se podría decir que sí. —Su sonrisa se transformó en una mueca
mientras la observaba caminar—. ¿Me estás tomando el pelo, mi ángel?
—¿Y si lo hago? —Se llevó el dedo meñique a la boca y mordió suavemente
la punta.
Nathan gruñó ante su actitud juguetona y saltó de la cama, acechándola
paso a paso.
—Las burlas no son agradables...
—Pero la recompensa sí lo es —ronroneó, deslizando una manga de su
hombro y revelando un trozo de encaje negro.
Los movimientos de Nathan se detuvieron mientras su mirada se fijaba en
ese pequeño trozo de encaje, incapaz de formar un pensamiento coherente para
salvarse.
Willow aprovechó ese momento para deshacer el lazo de la parte delantera
de su vestido, adelantando una pierna para revelar el resto de su atuendo.
Vestida con lencería de Agent Provocateur, era una visión incomparable.
Cuando la bata se enredó en sus pies, su cerebro decidió volver a
encenderse y se encontró de rodillas ante ella. Sus dedos recorrieron su muslo,
por encima de las bragas, antes de posarse finalmente en sus caderas.
—Mierda, Lo —suspiró—. Esto es...
Se retorció en su agarre, sonriendo para sí misma.
—¿Te gusta?
—Me encanta —suspiró, inhalando su dulce aroma—. Pensé que ya habías
tenido suficiente sexo conmigo.
—No lo creo, Wolf. Me has abierto todo un mundo nuevo. No esperes que
me calme pronto. —Levantó su mandíbula con los dedos y le guiñó un ojo.
—No vas a escuchar ninguna queja de mi parte —le dijo él.
—Bésame —le ordenó.
Empezó a levantarse del suelo, pero sus manos le sujetaron los hombros.
Su cabeza se sacudió de lado a lado mientras él la miraba.
—Bésame. —Bajó la mirada, hacia donde él se arrodillaba a su altura—. Y
no pares hasta que grite.
20
El titular de la noticia le sirvió a Willow para ponerse al día con las noticias
que se había perdido durante su ausencia.

Montgomery Peters, director general de Ardonix, dimite tras la


desgracia de su hijo

Se le hizo un nudo en la garganta al leer que los miembros del consejo de


administración de Ardonix abandonaban el barco, que sus acciones caían y que
miles de empleados iban a perder sus puestos de trabajo.
—¿Hay algo que WI pueda hacer? —preguntó cuándo Nathan salió del
dormitorio de Finley—. Odio haber hecho que miles de personas pierdan su
medio de vida...
—En primer lugar, esto no depende de ti, Lo. En segundo lugar, ya estoy
en conversaciones con varios miembros del consejo de administración que aún
no han vendido sus acciones. Espero poder mantener intacta la parte central de
Ardonix —respondió, mientras Finley jugaba con sus dedos—. Habrá algunas
pérdidas de puestos de trabajo, pero tal vez WI pueda utilizarlos en otro lugar.
—Sabes, no sabía que la Inmobiliaria Thousand Keys estaba bajo su
paraguas. Sin duda, otra forma de que me tengan controlado. —Willow dejó caer
de nuevo el papel sobre la mesa y recogió a Finley del agarre de Nathan—. ¿Te
encuentras mejor, guapo?
—Sólo necesitaba un cambio de pañal y algo familiar. —Sonrió Nathan.
Finley había sido un bebé malhumorado en el camino a casa. Sólo encontró la
parte posterior de sus párpados en los brazos de Willow o de Nathan.
—Me lo imaginaba —murmuró a su hermano, que ahora volvía a dormirse
en sus brazos—. Nos vamos al país de los sueños, donde Winnie the Pooh y Piglet
cobran vida.
La boca de Finley formó una O perfecta, y justo cuando Willow se conformó
con que estuviera dormido, un fuerte golpe en la puerta hizo que el rostro del
recién nacido se arrugara mientras un grito desgarrador salía de su garganta.
—¡¿Quién demonios está llamando a la puerta a las dos de la mañana?! —
siseó Willow mientras Nathan se llevaba un dedo a los labios.
Su vuelo a casa se había retrasado cuatro horas debido a las inclemencias
del tiempo, para disgusto de Finley. El hecho de que estuviera casi dormido era
lo más parecido a un milagro que Willow y Nathan podían desear.
Willow se apresuró a llevarlos al dormitorio del niño, haciéndolos callar
suavemente mientras lo acunaba.
—Silencio, bebé —murmuró antes de presionar sus labios sobre su
frente—. Está bien; NJ se encargará de ello.
Nathan contestó a la puerta después de inspirar con calma y confirmar
que Willow y Finley estaban fuera de la habitación.
Holden Peters estuvo a punto de caer a través de la puerta ahora abierta,
ya que una botella vacía de bourbon Black Maple Hill que antes tenía en sus
manos ahora se hizo añicos en el suelo.
—Mierda —murmuró mientras se incorporaba—. Mi bebida.
—Señor Peters, ¿qué está haciendo aquí? —preguntó Nathan, con un tono
sin vida y cansado.
—¡Me los has robado! A todos ellos, Wolf. —Apuntó con un dedo hacia
Nathan, pero no pudo encontrar su mirada. Se tambaleó en el lugar antes de
volver a encontrar consuelo en el marco de la puerta. Allí acarició la puerta un
par de veces antes de tener hipo. El hedor de sus eructos hizo que la bilis subiera
a la garganta de Nathan y por mucho que intentara ignorar el olor del hombre
que tenía delante, no podía escapar del olor.
—Señor Peters, está usted borracho y viola una orden de alejamiento que
ha firmado —le dijo Nathan—. Le sugiero que se vaya antes de que llegue la
policía.
—¿Quién demonios eres tú? ¿Dónde está Willow? Es mía —siseó Holden
hacia él—. ¡La robaste y ahora la escondes! ¡Estoy aquí fuera, Willow! ¡Ven a
buscarme!
—Retrocede, hombre. Estás borracho. —Nathan lo empujó hacia atrás
cuando Holden intentó acceder a su apartamento, haciendo que Holden
tropezara con la pared opuesta con un golpe.
—¡Willow! —gritó Holden—. ¡Saca tu culo de aquí!
—Señor Peters, son las dos de la mañana. La señorita Lewis está
durmiendo y me gustaría mucho que el bebé Lewis también durmiera —explicó
Nathan, esperando que Willow se quedara dónde estaba.
—Tú no eres su maldito padre. Yo lo soy. Es mi hijo... ¡tengo voz y voto en
lo que le pasa! —dijo Holden, apuntando una vez más con el dedo al pecho de
Nathan—. ¡Él es mío! ¡Willow es mía!
—No.
La voz de Willow podría haber silenciado a miles en ese momento, pero se
conformó con una sola. Y por primera vez en más de un año, vio la versión de
Holden que una vez amó. Sus ojos verdes se encontraron con ella, abiertos y
sinceros por una vez en su vida. Su borrachera alcohólica la mostraba bajo una
nueva luz.
Se había rellenado en algunas partes, llegando a ser más ella misma fuera
de su influencia de lo que era bajo ella. Vestida con una sudadera y una
camiseta, Willow parecía estar a punto de saltar a la cama, pero para Holden era
algo más.
—¡Qué me jodan! —Sus ojos recorrieron su cuerpo—. Estás jodidamente
caliente, nena.
—Vete —le dijo Willow, cruzando los brazos sobre su pecho—. Vete o haré
que te vayas.
—¡¿Cariño?! ¡No puedes hablarme así! Soy tu dueño. —La ira de Holden
volvió, un nuevo fuego se encendió dentro de él. ¿Cómo se atreve otro hombre a
tenerla? ¿Cómo se atreve otra persona a cambiarla tanto?
—No eres mi dueño. Si soy técnica, a partir del lunes, Nathan será tu
dueño. Tienes treinta segundos para abandonar este lugar o haré que te duela.
—¿Dónde está? ¡¿Dónde está mi hijo?! —Holden avanzó una vez más hacia
la puerta, pero Nathan lo empujó de nuevo—. ¡Déjame entrar, imbécil!
—No —respondió Nathan simplemente.
—¡Arruinas mi jodido nombre! Mi trabajo. Mi vida. ¿Y ahora quieres a mi
chica? Por encima de mi puto cadáver —dijo Holden con rabia—. ¡Tampoco
puedes tener a mi hijo!
—Legalmente, puedo. Estás violando una orden de alejamiento, Holden.
Estás borracho y te comportas como un monstruo. Si hubiera un juicio ahora
mismo, te echarían el libro a la cara. Esas no son las cualidades de un padre, y
menos las que necesita Finley ahora mismo. —Willow reaccionó con toda la
calma que pudo. Se estaba gestando una tormenta en su interior, una que no
estaba segura de resistir capear sola.
—¡No eres su madre!
—¡No, pero soy la única que lo cuida! Él también es una parte de mí,
Holden. Tú eras una muesca en el poste de la cama de mi madre, en el mejor de
los casos. Finley está conmigo porque tengo la oportunidad de darle un mundo
mejor que cualquier otro.
—Lo... —dijo Nathan.
—¿Lo? ¿Así es como te llama este imbécil? —La acalorada mirada de
Holden se posó de nuevo en Nathan—. ¡Me los has robado, carajo!
—No puedes culpar a nadie más que a ti mismo, Holden. —Willow se
interpuso entre los dos hombres—. Caíste en el juego de mi madre... anzuelo,
línea y atrapado.
—Vicky...
—Vicky estaría encantada de verlos a ti y a tu padre arder en la hoguera,
Holden. A ella no le importas una mierda. ¡Lo sabría porque a ella tampoco le
importo una mierda! Todo este juego en el que tú y tu padre cayeron, es todo de
Vicky. A ella no le importa a quién le hace daño en las secuelas. Lo único que le
importa es el sueldo, y tú le has seguido el juego.
Holden se balanceó un momento, con los ojos verdes abiertos en señal de
comprensión e indignación. No quería creer lo que Willow le estaba diciendo,
aunque cada fibra de su ser estaba ahora segura de que Vicky Lewis le había
tomado el pelo perfectamente. Ahora era desechable, al igual que su familia.
»¿El dinero de esas cuentas en el extranjero? Tú y tu padre no pueden
tocarlo. ¿Las fotos que has publicado de mí a la prensa? La única moneda de
cambio que tenías, ahora también ha desaparecido. ¿Y Finley? Después de la
maniobra que hiciste con las fotos en cuestión, ningún juez en su sano juicio
consideraría oportuno concederte su custodia. —La voz de Willow era baja y
suave, como la de un adulto que intenta calmar a un niño.
Los pelos de la nuca se levantaron en el momento siguiente cuando Holden
la agarró. Nathan intervino casi inmediatamente, interrumpiendo el agarre de
Holden sobre Willow.
—¡Puedes, por una vez, dejar de interrumpir! —gritó Holden—. ¿Por qué
demonios estás aquí?
—Estoy aquí porque Willow quiere que esté aquí. Son las dos de la
mañana, Holden... —Indicó Nathan, mirando su reloj.
—¡No me importa, imbécil! ¡Soy suyo como ella es mía! —Holden se agarró
al marco de la puerta con toda la fuerza que pudo.
—No le pertenezco a nadie, Holden. Ni a ti, ni a mi madre, ni a nadie. Soy
Willow Grace Lewis y finalmente me he liberado de todos ustedes. —La convicción
de Willow fue como una puñalada en las tripas para Holden.
—¡Después de todo lo que te he dado, todo lo que he hecho por ti! —Holden
la señaló de nuevo, con un nuevo fuego en su interior—. ¡Estás destinada a ser
mi esposa! A sentarte a mi lado en el imperio de mi padre. ¡Estabas destinada a
verme conquistar el mundo! ¡Te daría un par de hijos y serías feliz! ¡Rica y feliz,
Willow!
En el fondo, ella sabía que nunca sería ninguna de esas cosas para él. Sus
promesas habían llegado a significar cada vez menos, cuanto más hacía. Habría
estado en un matrimonio sin amor, dejada para lidiar con los niños que ella
sabía que él nunca querría.
Sí, el dinero habría estado ahí para gastarlo a su antojo, pero ¿una vida y
un mundo sin amor? Era un mundo en el que no se veía a sí misma.
—No habría sido un matrimonio feliz, Holden —le dijo suavemente—. No
habría habido amor entre nosotros y ambos sabemos que tu felicidad no residía
en mí.
—¡No sabes nada de mis jodidos sentimientos! Me has roto el puto corazón.
—Vuelva a hablarle así, señor Peters y tendremos más que un problema
—advirtió Nathan desde su posición.
Quería darle la palabra a Willow, para que le expusiera todo a Holden. En
su interior, estaba rebosante de orgullo por ella, por haber dicho finalmente lo
que realmente necesitaba que Holden escuchara. Por fuera, Nathan se mantuvo
tan estoico como pudo.
—¡Es tu culpa! Tú has hecho esto, has provocado esto. —Holden estaba
perdiendo rápidamente el control de la realidad, las palabras se le escapaban en
un sollozo furioso—. ¡Si hubieras seguido el juego, nada de esto habría ocurrido!
—¿De qué demonios estás hablando, Holden? —Willow cruzó los brazos
sobre su pecho. Su rabia estaba disminuyendo rápidamente, siendo sustituida
por la preocupación por el hombre que tenía delante. Aunque una parte de ella
estaba resentida con él por todo lo que había hecho y por lo que seguía haciendo,
otra parte de ella seguía viéndolo como humano, y eso era exactamente lo que él
necesitaba en ese momento—. Holden...
—Vicky está muerta, Willow. Alguien mató a tu madre y...
El corazón de Willow se agitó en su garganta mientras las palabras se
repetían en su mente.
Vicky está muerta. Vicky está muerta. Vicky está muerta.
—¿Qué? —preguntó, con la voz atascada en la garganta.
La mujer que la había parido, la mujer que la había tratado como si fuera
basura toda su vida, la mujer que no conocía el significado de la palabra amor,
se había ido.
Y ella ni siquiera lo había sabido.
—Tu madre se ha ido, Willow. Está muerta —dijo Holden, con su voz sobria
y atormentada—. Está muerta.
Era una tarde lluviosa de viernes cuando Victoria Marie Lewis fue
enterrada. Cuatro personas estaban en su pequeña parcela del cementerio, pero
no se dijeron palabras.
Nadie sabía si había habido alguna vez las palabras adecuadas para hablar
de ella. Ella sola había llevado a su hija a los brazos de Holden, mientras
manipulaba su relación a sus espaldas. Había hecho que Holden hiciera cosas
que habían destruido el negocio de su familia. Para su propio disfrute enfermizo,
Vicky había convencido tanto a Willow como a su padre de que ninguno de los
dos existía, todo para que Willow siguiera dependiendo de ella y sólo de ella.
Había arruinado vidas, pero también las había cambiado.
Sin Vicky, Willow no tendría a Finley para despertarse cada mañana. Sin
Holden y su juego, nunca habría conocido a Nathan. Sin Vicky, nunca habría
experimentado las cosas de su pasado que la habían convertido en lo que era
hoy.
—¿Estás lista para irte, Willow? —Weston tomó la mano de su hija, sus
dedos entrelazados, mientras Nathan sostenía su otra mano.
—¿No debería decir algo? —Miró a su padre, con lágrimas en los ojos—.
Era mi madre...
—Si sientes que necesitas decir algo, puedes hacerlo. Nadie te va a culpar
si no lo haces. Podemos volver cuando quieras, Lo —le explicó.
La llamada que Weston había recibido aquella mañana de domingo no la
esperaba. Desde luego, nunca pensó que escucharía las palabras de que su ex
prometida había muerto. Lo había dejado todo y había conducido hasta Atlanta
para estar al lado de Willow, para ayudarla a hacer los preparativos del funeral
de su madre, para ayudarla a lidiar con cualquier sentimiento que tuviera, y
simplemente para estar a su lado.
—No tengo nada que decirle —suspiró—. Veinticuatro años y no tengo
nada que decirle a mi madre. —Entonces, las lágrimas se derramaron, justo
cuando Nathan la envolvió en sus brazos. Sabía que las lágrimas no eran por
Vicky, sabía que eran por la propia Willow; la última cuerda que se cortaba entre
su antigua vida y la nueva vida que Nathan le estaba dando.
—Está bien, ángel. —La calmó en silencio.
Durante los últimos cinco días, él había sido su roca mientras reunía todo,
para dar a su madre una despedida respetuosa y educada. A menudo había
hablado de los tiempos más felices de su infancia en los que cocinaban juntas,
o en los que ella le leía a su madre en la cama. Las pequeñas cosas que no había
recordado hasta ahora seguían siendo las más impactantes.
Sobre el ataúd con Vicky estaba el primer libro que Willow recordaba
haberle leído. El Cuento de Peter Rabbit siempre la hacía sonreír, incluso en los
días malos. Ahora su madre lo tendría en la otra vida, un recordatorio de que
había habido buenos y malos momentos.
Danielle había intervenido para gestionar lo que quedaba de la herencia
de Vicky. Ayudó a Willow a entender lo que tenía que pagar, a quién y cuándo lo
necesitaban. Todas las finanzas fueron manejadas por el equipo de Nathan, para
gran aprecio de Willow.
—Voy a meter al pequeño en el auto, ¿de acuerdo? —murmuró Weston a
la pareja—. Te veré en tu apartamento, dulce niña.
Nathan se limitó a asentir, sin saber si Willow le estaba escuchando
realmente.
Observó cómo Weston y Finley se alejaban de ellos, hacia uno de los autos
que les esperaban, sus brazos seguían envolviendo a Willow en una burbuja
protectora y cálida.
—¿Por qué estoy llorando? —preguntó—. ¿Por qué... por qué ella tiene mis
lágrimas?
—No son para ella, ángel. Son para ti y para la niña que sólo quería que
su madre fuera madre. Son para la mujer de diecinueve años que fue drogada y
manipulada en una relación por su madre. Son para tu hermano, que ahora
nunca conocerá a su madre. Son para todos y no son para nadie.
Entonces, ella lo miró, con los ojos más claros de lo que quizás nunca
habían sido. Él había conseguido poner en palabras lo que ella misma no podía.
Y así, no se derramarían más lágrimas en memoria de Vicky Lewis.

—¿Cómo estás? —susurró Nathan mientras rodeaba con sus brazos la


cintura de Willow.
Su familia se había apoderado de la sala de estar después de los
acontecimientos del día, queriendo estar allí para Willow, así como para Finley,
tanto como pudieran. Sin embargo, Nathan se dio cuenta de que todo aquello le
estaba pasando factura. Podía ver lo mucho que le gustaría estar sola, incluso
sin él, pero también sabía que ella tenía que ser la que dijera que ya era
suficiente.
—Estoy cansada —admitió—. Pero se están divirtiendo...
—Puedes decirles que se vayan, Lo. Lo entenderán —le dijo.
Se giró en sus brazos, miró a las personas que ahora consideraba su
familia y suspiró. Por mucho que le gustara poner una sonrisa en su rostro y
conversar con todos ellos, realmente sólo quería dormir durante una semana.
—Sin embargo, son familia.
—Por eso lo entenderán. —Apretó sus labios a un lado de su cabeza y se
apartó—. ¿Quieres que pregunte?
—Estoy muy convencida. —Frunció el ceño—. Odio no poder ser social en
este momento.
—No lo hagas, ángel. La última semana, lo entiendas o no, te ha pasado
una factura emocional enorme. Desde lidiar con Holden, hasta descubrir que tu
madre había muerto... tienes todo el derecho a querer alejarte de la gente. —Le
imploró que atendiera a razones.
Sabía que ella había dormido poco en la última semana. Siempre había
dormido como una muerta cuando él se acostaba con ella, despertándose en el
mismo lugar en el que se había dormido la mayoría de las veces. Esta última
semana su cama había estado desordenada, su mesita de noche llena de vasos
de agua para saciar su sed y los libros reposaban en su regazo cada mañana que
se despertaba.
No se lo diría, pero podía ver el cansancio en sus ojos; profundas ojeras
que intentaba ocultar con un corrector que no ocultaba mucho. Seguía siendo
tan hermosa como el día en que la conoció y él seguiría teniendo una relación
eterna con ella, sin importar su aspecto. Necesitaba descansar, cuidarse a sí
misma más que a los demás que la rodeaban.
Después de su reciente escapada a Nicaragua, y de todo lo ocurrido en las
últimas semanas, Nathan ya estaba empezando a planear su próxima escapada.
Willow se alejó de él y se dirigió a la multitud de la familia, con los ojos
puestos únicamente en su hermanito en su alfombra de juegos.
—Si no les importa, voy a arreglar esto y luego me voy a la cama —dijo
suavemente, agachándose para levantar a Finley en sus brazos.
—Por supuesto, cariño. —Danielle y Weston fueron los primeros en
ponerse de pie, el resto de la familia los siguió poco después.
—Buenas noches, pequeño. —Weston rozó la mejilla de Finley con el dedo
antes de inclinarse para besar la mejilla de su hija—. Buenas noches, Willow.
—Buenas noches, papá. —Y por primera vez en esa semana, sintió que su
sonrisa no estaba plasmada en su rostro.
Celeste, Remington y Willow se envolvieron el uno al otro a continuación,
sin decir palabras, pero un vínculo formado por el amor les decía todo lo que
necesitaban saber.
Nathan observaba desde fuera del círculo. Vio cómo su familia la abrazaba
un poco más fuerte de lo normal, susurrándole al oído palabras de consuelo, de
alivio, mientras salía de la habitación.
—Eres una mujer única, Nathan. —La voz de Weston casi le hizo saltar.
Había estado demasiado concentrado en la mujer de sus sueños como para darse
cuenta de que alguien se acercaba a él.
—Así es, Wes. —Sonrió—. Ella ha cambiado mi vida.
—Si no fuera por ti, hijo, quizá nunca nos hubiéramos conocido. Han sido
veinticuatro años muy largos y tristes sin ella. Ahora me deja entrar en su vida
y le estoy... muy agradecido. —Los ojos azules de Weston se habían empañado,
su voz estaba llena de emoción.
—Weston...
—No. Déjame terminar, por favor —imploró—. Willow es el bien que el
mundo necesita. Tiene una luz que no creo haber visto nunca antes. Ni siquiera
en su madre. Tiene tanto dolor en su corazón, que un ciego podría verlo. Lo que
estás haciendo, lo que has hecho por ella, no creo que nunca entienda del todo
lo que has cambiado en su vida.
—Quiero casarme con ella, Wes. —Las palabras se sintieron tan naturales
al salir, al igual que la respuesta de Weston.
—Y cuando llegue ese día, quiero estar ahí. Sé que Willow y yo estamos
empezando a construir nuestro vínculo, pero me gustaría pensar que ella me
permitiría darte mi bendición. —La sorpresa de Nathan ante las palabras de
Weston era casi palpable, y se vio incapaz de responderle.
—Además, tengo la sensación de que no es el tipo de mujer que estaría
contenta con que le pidieras permiso —Weston se rio antes de agarrar el hombro
de Nathan—. Pero debo advertirte, hijo. Si le pasa algo a mi chica, cualquier cosa
que la haga llorar o la entristezca y descubro que eres responsable de ello... no
habrá roca bajo la que puedas esconderte de mí.
—S-sí, señor —prometió Nathan.
—Eres su todo, Nathan. No lo olvides. No importa lo inesperado que haya
sido vuestro encuentro fortuito, eres absolutamente lo mejor de su vida —
confesó Weston.
—Y ella también es lo mejor de la mía, Weston.
Juntos, los dos hombres observaron cómo Willow desaparecía con Finley,
el primer atisbo de una sonrisa natural en esos hermosos labios suyos.
Todo estaba cambiando ahora y para mejor.
21
Tres meses después
—Buenos días, ángel —murmuró Nathan mientras sus labios rozaban los
de ella—. Tengo una sorpresa para ti.
—Hmmm, no más sorpresas... —Willow le sonrió con sueño—. Ya me has
dado todo lo que podía desear.
Nathan la había llevado de nuevo, esta vez a South Lake Tahoe. En un
principio había planeado que fueran sólo ellos tres, pero pronto se dio cuenta de
que ella necesitaba ser festejada por todos sus seres queridos.
No hizo falta mucho para convencer a Nathan de que todos se reunieran
para un fin de semana en el que Willow sería el centro de atención. Nathan había
contratado un avión privado para darle la primera sorpresa: Weston y Finley con
camisetas de feliz fin de semana de cumpleaños a juego y luego más sorpresas
cuando la familia de Nathan y Celeste subieron al avión. Callahan, Colton y
Margot también estaban allí, de forma no oficial. Se habían convertido
rápidamente en algo más parecido a una familia para ambos que a un
empleado/empleador.
Un vuelo de seis horas y un corto trayecto en auto hasta su destino y fue
mejor de lo que cualquiera podría haber esperado.
La casa frente al mar era, como mínimo, pintoresca. Con cinco dormitorios,
su propio muelle y boya privados, una sala de juegos que rivalizaba con los
complejos de máquinas recreativas de Atlanta y las vistas más impresionantes
que jamás habían visto, Nathan tuvo que hacer todo lo posible para resistirse a
comprar la propiedad.
—¿Qué es un cumpleaños sin algunas sorpresas, mi amor? —Sus labios
se pegaron a su cuello y sus dedos recorrieron sus costillas desnudas.
Se estiró bajo él, los ojos avellana se abrieron mientras el sol calentaba su
piel.
—Me consientes, Nathan.
—Te amo, Willow Lewis. —Sus labios capturaron los de ella una vez más
con una sonrisa—. No hay cantidad de mimos que no te haga.
—Hmmm, yo también te amo, Nathan. —Los dedos de Willow se enredaron
en su cabello, tirando de él directamente sobre ella—. Ahora, sobre esa
sorpresa...
Un grito desgarrador hizo que Nathan gimiera mientras rodaba sobre ella.
—Y el bebé vuelve a ganar.
—No es su culpa —Willow se rio mientras se sentaba y tomaba su bata—.
Me tuviste toda la noche. Es justo que el otro hombre en mi vida ordene mi
atención tan temprano en la mañana.
—Humph. —Nathan se desplomó contra las almohadas mientras ella salía
de la habitación.
Willow tarareó para sí misma mientras entraba en el dormitorio de Finley,
sólo para encontrar a su padre ya allí con él en brazos.
—Papá, ¿qué haces despierto?
—Ya estaba despierto. —Sonrió—. Estoy descubriendo que no quiero estar
lejos de él durante mucho tiempo.
—Estamos en el mismo barco —suspiró mientras pasaba un dedo por la
mejilla de Finley—. Está creciendo mucho.
Había crecido a pasos agigantados en los últimos meses, dominando
habilidades muy por encima de su edad y comprensión. Seguía prefiriendo a
Nathan antes que a ella y no le gustaba dormir la siesta tan a menudo como
debería, pero eso no impedía las sonrisas ni las risas que se oían a kilómetros
de distancia.
—Los niños te hacen eso, Lo —explicó—. Crecen en un abrir y cerrar de
ojos... un chasquido de dedos y puf.
El peso de sus palabras se posó en su corazón mientras las lágrimas
brotaban de sus ojos. Veinticuatro años sin el otro y apenas habían empezado a
construir una relación. Podía entender su dolor y comprender las palabras que
aún no había dicho.
—No me voy a ninguna parte, papá —le prometió ella—. Nos hemos perdido
más de veinte años... puedes estar seguro de que no voy a perder ni un minuto
más.
—Hoy no deberías llorar, pequeña y menos en tu cumpleaños. —Weston
rodeó a su hija con el otro brazo y la atrajo hacia él—. ¿Por qué no vuelves a la
cama...?
—Mi día empieza cuando él se despierta, papá —resopló—. Y siempre
puedo dormir más tarde en la hora de la siesta.
—Sabes, pequeña, un día vas a ser una madre increíble —dijo con
sinceridad.
—Espero que tengas razón, papá.
La idea de convertirse en madre la aterrorizaba. No estaba del todo segura
de que no fuera por sus propias experiencias con su madre por lo que estaba
nerviosa ante la perspectiva.
Sabía que nadie la dejaría caer, la dejaría fracasar o desmoronarse. Sabía
que tenía más apoyo del que cualquier madre primeriza podría soñar con tener.
Sabía que lo lograría, de una forma u otra.
Pero seguía aterrorizada.
—Nathan me ha dicho que los chicos se van a pescar hoy —dijo Weston.
—Menos Callahan y Colton, por desgracia. Su última experiencia no fue
agradable... por no decir otra cosa. —Se rio Willow, recordando a los dos hombres
más duros que había conocido sucumbir al mareo en Nicaragua.
—Tyler y Nathan no han dejado de contarme esa experiencia, no. —Se rio
Weston—. Pero les he prometido que soy un hombre de mar. Los peces me
adoran y pronto lo verán.
—No apuestes nada, papá. A Tyler le gusta jugar a estos juegos y luego
pierde trágicamente. —Tyler aún no había aprendido la lección sobre apostar en
su contra, a pesar de que le habían advertido ampliamente al respecto.
—Oye, si el hombre decide que quiere desprenderse voluntariamente de su
dinero... —Weston encogió sus hombros mientras Willow soltaba una risa.
—De acuerdo, papá. —Extendió las manos hacia Finley—. ¿Puedo tener
mi tiempo de mimos ahora?
—Siempre, Lo. —Besó el costado de su cabeza antes de entregarle
delicadamente a Finley—. Feliz cumpleaños.
Miró el agua mientras el sol empezaba a iluminarla y sonrió. Su nuevo año
comenzaba definitivamente con estilo.

Vestida con un vestido rosa rubor de línea A y escote pronunciado, Willow era
una visión de la belleza. Bueno, al menos para Nathan, que se quedó inmóvil
como una estatua mientras se esforzaba por encontrar las palabras adecuadas.
Mientras tanto, Willow se esforzaba por decidirse por cómo llevar su cabello. Los
nuevos tonos de dorado rosa de su cabello complementaban por completo el
vestido, los suaves y delicados rizos que caían sobre sus hombros. La decisión
debería haber sido fácil, pero no lo fue.
—¿Arriba o abajo? —le preguntó a la estatua de su habitación. Intentó con todas
sus fuerzas no reírse del apuesto hombre que tanto amaba, pero nunca lo había
visto tan quieto.
—Ah, ¿sí? —murmuró él después de un momento, con sus ojos marrones
centelleantes que seguían recorriendo cada centímetro cuadrado de su cuerpo.
—Mi cabello. ¿Arriba o abajo? —repitió poniendo los ojos en blanco.
Dando pasos medidos y controlados, se acercó a ella como una polilla a la llama.
Sus brazos rodearon su cintura, atrayéndola contra él. Ella seguía sujetando su
cabello con las manos, dejando su cuello abierto a los labios de Nathan.
—No estás... ayudando —musitó mientras sus ojos se cerraban y se entregaba a
sus tentaciones.
—Bueno, cabello arriba y puedo hacerte esto toda la noche —ronroneó, antes de
tomar sus manos y bajarlas, dejando que sus rizos cayeran donde pudieran—.
Cabello suelto, no puedo... ¿por qué no mitad y mitad?
Willow le sonrió, reflejándose en el espejo de cuerpo entero de su habitación.
—Siempre piensas fuera de la caja.
—Mm, no, sólo soy un bastardo egoísta al que le gusta verte feliz. —Sonrió—.
Incluso podrías ponerte uno de tus regalos.
—No... —jadeó—. Nathan, no puedo.
—Sí puedes. Ella querría que te lo pusieras. —Sonriendo, se alejó de ella para
recoger la pequeña caja de terciopelo que aún estaba sobre su cama. Abrió la
caja y se la puso en las manos, con una sonrisa cariñosa en sus labios—. Nana
siempre se ponía esto en ocasiones especiales.
La hermosa horquilla de perlas, diamantes y zafiros rosas estaba cómodamente
colocada en su cojín de seda, brillando con fuerza cuando la luz la captaba. Las
lágrimas volvieron a brotar de sus ojos al verla, al ver el significado del regalo de
Danielle y Robert.
Adaline Wolf; la mujer que había enseñado a Nathan el paso doble y el foxtrot,
sonaba como una mujer que a Willow le hubiera gustado conocer. Según
Danielle, la elección de su tocado a menudo provocaba disturbios entre las
damas de su círculo íntimo. Incluso si simplemente iban al mercado o a la tienda,
no salía de casa sin que su cabello estuviera perfecto. Al parecer, ésta era a
menudo la razón por la que ella y Archie llegaban siempre tarde a los eventos.
—Es muy... elegante —suspiró Willow—. No puedo llevar esto, Nathan.
—Puedes… —Sacó la horquilla de la caja, recogió parte de su cabello en su mano
libre y fijó el clip allí, sujetando su cabello perfectamente—. Y lo harás. Gira.
Sus mejillas se sonrojaron cuando lo hizo, con la barbilla levantada por sus
dedos.
—Eres una diosa, Willow —murmuró, recordándole una vez más lo que ella
significaba para él.
—Eso me dices siempre. —Los ojos de Willow se desviaron hacia abajo y se
alejaron de él por un momento. Sin embargo, sus pensamientos atrajeron su
atención de nuevo a sus ojos color whisky.
—¿Dónde está mi Willow la fuerte? —preguntó—. ¿Tengo que recordarle quién
es ella para mí?
Todo en ella gritaba Por favor. Algunos días eran más difíciles que otros para que
se viera a sí misma como la veían los demás, y hoy resultaba ser uno de los días
difíciles. La atención era algo a lo que no estaba acostumbrada, ni con Holden
ni con nadie. Los cumpleaños eran sólo un día, y pasaban. Pero aquí, con Nathan
y todos los que ella quería, ¿cómo no darles lo que querían?
—Está aquí —respondió—. Sólo se esconde de vez en cuando. Todo este alboroto
por un solo día...
—Un solo día muy importante, eso sí —respondió—. Puedo decirles a todos que
se vayan a cenar si necesitas unos minutos más a solas, Lo. Nadie te culparía
por ello.
—No es eso... es que nunca lo había celebrado así. —Alisó su vestido por
millonésima vez antes de que Nathan la rodeara con sus brazos—. Estoy siendo
una aguafiestas.
—En absoluto, ángel. —Nathan apretó sus labios a un lado de su cabeza—. No
estás acostumbrada a la atención y eso está bien. Sólo déjanos tener este
cumpleaños y luego el próximo año, todo dependerá de ti.
—De acuerdo. —Sonrió—. ¿Te he dicho hoy lo mucho que te aprecio?
—Un par de veces. —Le guiñó un ojo—. ¿Estás preparada?
—Como siempre lo estaré. Esto puede sonar pegajoso, pero por favor no me dejes
por mucho tiempo esta noche. Sin Fin... no creo que sepa qué hacer.
—Colton y Margot lo tienen por esta noche, ángel. Te prometo que nos llamarán
o nos avisarán si pasa algo, por improbable que sea —le recordó.
—Lo sé, supongo que sólo estoy ansiosa por estar lejos de él —suspiró Willow—
. Sólo, mantente alerta, ¿de acuerdo?
—Los caballos salvajes no podrían mantenerme alejado —cantó Nathan
suavemente—. ¿No es así como dice la canción?
—Nunca te habría catalogado como fan de los Rolling Stones —resopló
suavemente.
—Todavía hay muchas cosas que no sabes de mí, Lo. Estoy deseando compartirlo
todo contigo —inhaló suavemente—. Me disculparé ahora si me convierto en un
tocón por ahí esta noche. Eres casi embriagadora y ni siquiera he besado esos
labios rojo cereza tuyos.
Willow sonrió y frunció el ceño ante el hombre que le había abierto su mundo.
Le encantaba que él se mostrara un poco más de sí mismo cada día, y que ella
le correspondiera.
La intimidad era algo de lo que ninguno de los dos se escondía ya. Si había un
momento de paz para ellos, se encerraban en el mundo del otro, en sus miradas,
en sus brazos. Para algunas personas, podría haber sido demasiada exhibición,
pero para ellos eran sólo ellos.
—Bueno, cada vez que necesites un recordatorio de lo embriagadora que soy,
estaré por ahí, probablemente intentando poner sobrios a Cel o a Remi. —Se rio
Willow—. O quién sabe, tal vez incluso yo misma.
—Hmmm, sólo trata de no pasarte de la raya... aún tenemos que compensar esta
mañana.
—Oh, sí, está eso... y también otra de mis vistas favoritas. —Se giró en sus brazos
y apretó sus labios contra los de él.
—¿Oh? ¿Y qué vista sería esa, señorita Lewis?
—Desnuda, mi amor, desnuda.

—¡Nathan! ¡Willow! ¡Los necesito! —Tyler balbuceó sobre su vaso de agua—


. Necesito a mi hermano... a mi hermana...
—Ty, cálmate, hombre. ¿Qué pasa? —Nathan había soltado
momentáneamente la cintura de Willow, dejándola sentir los efectos de los
cócteles que había estado bebiendo toda la noche. Colocó su mano en el hombro
de Nathan y la otra en la mesa frente a ella, rezando por mantenerse en pie.
Llevaban tres horas en el XHale Bar and Lounge, habían bailado más de
lo que habían bailado en su vida y posiblemente habían bebido más de lo que
recordarían por la mañana, pero era el mejor momento que Willow recordaba
haber pasado.
—¿Y dónde demonios has estado? Willow y yo hemos estado muy
preocupados. —Nathan siguió regañando a su hermano. Willow se rio en voz
baja para sí misma.
—¿Cuánto tiempo he estado fuera? —Tyler miró a su alrededor y mientras
los ojos azules de Tyler se iluminaban, Nathan miró su reloj.
—Casi dos horas. ¡Nos estábamos preparando para llamar a la policía y
todo! —dijo Nathan—. ¿Dónde estabas?
—Cariño, deja a tu hermano en paz. —Willow soltó una risa mientras
seguía la línea de visión de Tyler hacia una despampanante pelirroja, que ahora
se dirigía directamente hacia ellos—. Creo que tu querido hermano estaba... ¿con
ella?
—¡Cariño! Quiero presentarte a dos de las personas más jodidamente
increíbles que he conocido. Esta es Willow. No apuestes contra ella en nada;
perderás —dijo Tyler en voz alta, rodeando con sus brazos la cintura de la
desconocida. Willow vio cómo la pelirroja se relajaba automáticamente entre sus
brazos y sonrió.
—Y este alto pedazo de músculo... carajo, ¿acabo de decir eso? —Tyler
parecía sorprendido por sus propias palabras, pero la mujer entre sus brazos se
limitó a reír y asentir.
—Tienes un poco más de galán para mí, nena —la escuchó susurrar
Willow—. Pero sigue.
—Mi hermanito, Nathan —terminó Tyler—. Mi mejor amigo.
Nathan se quedó momentáneamente en silencio ante el peso de las
palabras de Tyler.
Toda su vida habían luchado por superar al otro, por superarse
mutuamente, por ganar una y otra vez. Sabía que un hermano siempre se
esforzaba por desafiar al otro, y eso era lo que siempre habían hecho. Por
supuesto, ninguno de los dos hermanos había discutido con los pies en la tierra
por qué habían hecho lo que habían hecho, pero escuchar las palabras de Tyler
provocó una ola de emoción en el corazón de Nathan.
—Es un placer conocerlos. Soy Juliette, pero prefiero Jett. —Les sonrió a
ambos.
Juliette era una mujer llamativa. Sus curvas estaban en los lugares
correctos; su vestido abrazaba su cuerpo como si hubiera sido cosido a ella. Su
cabello rojo escarlata caía en cascada sobre su hombro izquierdo en intrincadas
ondas, posándose justo por encima de su cadera. Sus ojos azul hielo se abrieron
de par en par con la sinceridad y la promesa de algo... más.
—Yo también estoy encantada de conocerte, Jett. —Sonrió Willow—. Soy
Willow... ¡Oh, ya lo sabías!
—Es el cumpleaños de Willow. Estamos todos celebrando —le explicó
Tyler—. ¿Quieres decírselo tú o lo hago yo?
—Creo que debería pasar un poco de tiempo conociendo a tu hermano y a
tu familia antes de... soltarlo. —Jett le guiñó un ojo, despertando
inmediatamente la curiosidad de Willow.
—¿Dejar caer qué sobre quién? —bromeó—. Tyler Wolf, ¿intentas decirnos
que ya no estás en el mercado?
—¡Auch! —Tyler fingió un dolor mortal por las palabras de Willow, pero no
pudo borrar la sonrisa de su rostro—. Supongo que en cierto modo lo estoy
diciendo.
—Ya era la jodida hora —gruñó Nathan juguetonamente antes de acercar
a su hermano para el monstruo de todos los abrazos de oso—. Felicidades,
hermano.
—Bueno, vamos a ir un poco más allá... —dijo Jett, antes de que Tyler
pusiera su mano sobre su boca.
—Ahora, antes de que causen un disturbio y demás, Jett y yo nos
conocemos. Su madre y su padrastro me contrataron para su boda y después
para algunos eventos locales... En realidad, la conozco desde hace meses, sólo
que nunca... la he conocido. Sinceramente, me aterraba hablar con ella, pero el
valor líquido ha ayudado esta noche —se apresuró a explicar Tyler.
—Y también ha ayudado a rescatarme de una escoria anoche, y de hecho
me ayudó a cambiar una rueda pinchada la semana pasada. —Sonrió Jett al
recordarlo.
—Tyler…
—Nos vamos a casar, Natty. Y los queremos a los dos allí.

Tyler Harper Wolf, el hombre que se pasaba la vida creando y fotografiando


los días especiales de otras parejas, se casaba en una capilla de veinticuatro
horas. La ironía no se le escapaba a nadie. Sin embargo, Jett era la que le hacía
feliz y ¿quién era nadie para decirle que no se le permitía ser feliz?
La Capilla de las Campanas era una pequeña y pintoresca capilla con
acceso a un jardín de cuento de hadas y a la playa. Fundada en 1958, había
visto cómo cientos de personas decidían casarse en su propiedad, sellando
siempre el acuerdo entre dos personas que sólo querían una ceremonia pequeña
y sencilla.

Nathan, Willow, Tyler, Jett, Remi y Celeste entraron en la capilla y fueron


recibidos por el padre Joshua Green, un encantador hombre de mediana edad
que no tenía más que cosas amables que decir sobre todos los que habían
atravesado esas puertas.
—Un placer verle de nuevo, señor Wolf. —El predicador sonrió cálidamente
a Tyler y Jett—. ¿Estos son sus testigos?
—Sí, señor. —Sonrió Tyler—. Quiero hacerla mi esposa ahora.
Willow podía sentir el corazón de Nathan golpeando contra su espalda, y
mientras se giraba en su abrazo, hizo todo lo posible para calmarlo.
—Tu hermano sabe lo que hace —le recordó—. Se ha puesto muy sobrio
en la última hora y todavía quiere hacer esto.
—Lo sé y me alegro por él... pero ¿no deberían estar aquí mamá y papá?
—Tendremos una pequeña celebración en casa, sin duda. Danielle estará
bien, si eso es lo que te preocupa. —Acunó su rostro en sus manos.
—Lo sé... Es que, no sé, siempre me la imaginé sentada en primera fila...
—suspiró.
—¿Quieres que le pregunte a Tyler?
—No sé...
—Nathan, tú y él han pasado toda la vida superando al otro, intentando
ganar en la vida cuando estan en caminos completamente diferentes. Deja que
se enfrente a la ira de Danielle si eso es lo que sucede. Ambos son adultos
totalmente maduros ahora. Es hora de centraros en vosotros mismos. —Se
inclinó sobre las puntas de los pies y presionó sus labios contra los suyos.
—Tienes razón —suspiró en cuanto sus labios se separaron—. Eres muy
perspicaz cuando estás ebrio.
—Y usas palabras largas. —Le sacó la lengua antes de soltarse de sus
brazos—. Ahora, ve y dale a tu hermano la charla de ánimo de todas las charlas
de ánimo... las damas tienen algunos arreglos que hacerse.
—Te amo, Lo —gritó mientras ella se alejaba. Ella miró por encima del
hombro, le guiñó un ojo y le lanzó un beso.
Él juró que nunca había visto algo tan sexy.
Willow, Remi, Celeste y Jett entraron en su camerino equipados con
champán y un surtido de flores y vestidos.
—¿Quieres casarte con lo que llevas puesto? —preguntó Celeste mientras
servía el primer champán—. Y, Dios mío, ¡me encanta la idea!
—Bueno, ¿qué te parece? —En las tres horas que habían transcurrido
desde que se conocieron, habían traído a Jett al rebaño como a un pariente
perdido hacía tiempo. Sí, podría haber sido una boda planeada rápidamente,
pero había algo mucho más importante detrás de todo esto.
El verdadero amor nunca espera.
—Para ser sincera, estás preciosa tal y como estás. —Se rio Remi—.
Depende de ti, casada de rosa claro o de blanco...
—Este… —Señaló el vestido que la envolvía, los brillos brillando en los
focos de la habitación—. Este va a ser el vestido que me ponga para casarme con
Tyler Wolf —suspiró, con lágrimas en los ojos—. Me voy a casar.
—¿Quieres que llamemos a alguien? —preguntó Willow—. ¿A tus padres,
tal vez?
—Ellos son felices si yo soy feliz. Sin duda, cuando volvamos a la ciudad,
nuestras familias se reunirán para celebrarlo y allí haremos una ceremonia más
pequeña —explicó Jett—. ¿Crees que nos estamos moviendo demasiado rápido?
—Cuando se sabe, se sabe —respondió con una sonrisa antes de que las
demás damas descendieran sobre ambos.
Al otro lado del pasillo, Tyler estaba recostado en su sillón reclinable, con
el pánico interno de que Jett saliera corriendo en el último momento y lo dejara
en el altar.
—Ty, tienes que calmarte —le recordó Nathan—. Ella no va a dejarte ahí
parado.
—Lo sé, es sólo que... ¿estoy haciendo esto bien?
—El verdadero amor nunca espera, Tyler. Cuando lo sabes, simplemente
lo sabes. Así que toma el toro por los malditos cuernos, ponle el anillo y hazla tu
esposa. —Nathan puso sus manos sobre los hombros de Tyler y los frotó
suavemente—. Jett es un infierno de mujer. Estoy deseando ver cómo se ocupa
de tu lamentable culo.
—No se me ha escapado que soy un planificador de eventos y fotógrafo de
bodas muy conocido... y que me voy a casar aquí. Si no fuera por ti y por Willow,
no creo que hubiera tenido el valor de hablar con ella. Es por ustedes dos que
estoy haciendo esto... —le informó Tyler—. Sus voces estaban en el fondo de mi
cabeza... Imaginé que Willow quería apostar dinero a que no hablaría con ella...
—Claro que lo haría. —Nathan negó con la cabeza—. Y ahora mira dónde
estás. Jett te está esperando. Tienes los anillos, ¿verdad?
—Anoche supe que quería casarme con ella. Cuando todo el mundo estaba
en la ciudad esta tarde, me fui de compras. —De su bolsillo trasero sacó dos
cajas de terciopelo rojo.
Nathan abrió la primera y sonrió. En su interior había dos anillos: un
diamante de talla cuadrada encajado en una corona de oro rosa y el otro, sencillo
e igual de impresionante, con diamantes más pequeños encajados en una banda
de oro rosa.
—No está mal, hermano —comentó Nathan, con la emoción en su voz.
Tyler abrió la otra caja para revelar su propio anillo; una banda de titanio
con adornos de oro rosa alrededor.
—Tienes un gusto increíble, Ty. —Nathan cerró ambas cajas y las depositó
en sus bolsillos—. Las mantendré a salvo.
—Gracias, Nathan. Por todo. —Tyler rodeó entonces a su hermano con los
brazos y se negó a soltarlo—. Eres lo mejor de mí. Espero que lo sepas.
—Y tú también eres lo mejor de mí —contestó Nathan, con la voz cargada
de una emoción sin nombre.
—Estás orgulloso de mí, ¿verdad? —preguntó Tyler.
—Siempre lo he estado, Tyler. Y lo más probable es que siempre lo esté —
respondió Nathan—. Ahora, dejemos de lamentarnos y llevemos tu trasero al
altar.
—¡Ja! ¡Acuerdo!

La canción “As Long as You Love Me” suena suavemente en la capilla


mientras Tyler y Nathan esperan en un extremo y las damas comienzan
lentamente su procesión por el pasillo hacia ellos.
Willow, Celeste y Remi llevaban cada una un ramo de peonías, a juego con
el fajín púrpura que rodeaba la cintura de Jett, y en sus rostros se dibujaban
sonrisas mucho más amplias de lo que jamás habían sonreído.
Nathan divisó a Willow casi de inmediato, admirando el brillo que salía de
su cuerpo a medida que avanzaba la canción. Se dio cuenta de que ella le
susurraba en silencio la letra de la canción, y eso casi hizo que su corazón
estallara en el acto.
—Te amo —dijo contra su boca mientras ella ocupaba su lugar. Sus
mejillas se tiñeron de ese hermoso tono de rosa que él tanto amaba.
—Te amo —respondió.
Tyler respiró profundamente antes de exhalar por completo, cuando Jett
finalmente llegó a su lugar designado.
Las damas habían trenzado intrincadamente su cabello en su espalda, con
capullos de rosa rosa y blanca que le daban más volumen. Remi y Celeste se
encargaron del maquillaje y de asegurarse de que todas estuvieran listas para
las fotos. Las cuatro llevaban el mismo estilo; el ojo ahumado, los labios rojo
intenso y el contorno perfecto.
Pero las cuatro también estaban completamente diferentes. El cabello de
Willow estaba ahora amontonado en la nuca, con mechones sueltos enmarcando
su rostro. Celeste se había arreglado para trenzar su cabello de forma más
intrincada de lo que nadie había visto antes, el color rojo de su cabello a la vista
de todos. El cabello de Remi estaba ahora suelto, cayendo sobre sus hombros en
rizos sueltos.
—Señoras y señores, estamos aquí hoy para presenciar el sagrado
matrimonio entre el señor Tyler Harper Wolf y la señorita Juliette Addison
Michaels. He tenido el placer de conocer a estos dos desde hace unas horas… —
La pequeña congregación se ríe ante el humor del padre Green—. Y tengo un
muy buen presentimiento sobre el futuro de estas dos almas.
El sacerdote pronunció una ráfaga de palabras, explicando lo que significa
la palabra matrimonio en la ley de California, así como lo que significa para el
corazón. Sin embargo, tanto Nathan como Willow no le prestaban atención. Su
atención estaba más en el otro y en los pensamientos para su propio futuro.
Ahora tenían a Finley, no tenían a nadie que se interpusiera en su camino
hacia la felicidad, nadie que les impidiera dar los siguientes pasos en la relación.
Willow nunca se había sentido más viva que cuando estaba en los brazos de
Nathan. Nathan nunca se había sentido tan vulnerable en el mismo momento.
Ambos sacaban a relucir algo nuevo en el otro, algo excitante y aterrador, nuevo
y viejo, y todo ello valía increíblemente la pena por el amor que ahora compartían.
Era el momento de avanzar de verdad, de dar el siguiente paso y de
convertirse en lo que siempre se habían prometido ser.
—Tyler, tus votos. —El padre Green entregó el micrófono a Tyler, que lo
tomó entre sus manos nerviosas.
—Juliette, eres una luz en la noche oscura, guiándome a la seguridad. Me
llevas a casa en tus brazos, me traes consuelo cuando ni siquiera te das cuenta.
Me haces querer ser un hombre mejor sin tener que decir una palabra. Prometo
ser el hombre que siempre has soñado, darte el mundo si así lo deseas. Prometo
cuidarte en los momentos de necesidad, consolarte cuando lo necesites, hacerte
reír y sonreír cada dos por tres. Prometo, con todo lo que soy, que no te dejaré
ir. No te haré daño y que Dios me castigue si alguna vez lo hago.
»Prometo ser tu compañero fiel, renunciando a todos los demás. Hasta el
fin del universo, nena, somos tú y yo.
Nathan le entregó cuidadosamente sus anillos mientras Tyler le entregaba
el micrófono a Jett. Colocó los anillos con delicadeza en su dedo antes de
llevárselo a los labios, sellando el trato con un beso.
—Tyler, nunca imaginé que me tomaría unas vacaciones, sólo para
encontrarme envuelta en tus brazos, de pie frente a ti aquí y ahora, profesando
mi amor por ti, jurando mi lealtad y mi fe frente a los que más importan. Eres
mi caballero de brillante armadura, un salvador en las sombras de mi vida. No
lo sabes, pero esas miradas que nos robamos el uno al otro durante los últimos
meses han significado para mí más de lo que jamás podría expresar. Me
mantuvieron cuerda, me mantuvieron feliz y en cierto modo, hicieron que
enamorarse de ti fuera mucho más fácil.
»Prometo ser tu mejor amiga. Prometo consolarte en los momentos de
necesidad. Prometo no comerme el último brownie, ni quemar la cocina. Prometo
dejarte controlar la televisión una vez a la semana. Prometo amarte
apasionadamente y para siempre, renunciando a todos los demás, hasta el final
de la línea.
Willow colocó con delicadeza el sencillo pero impresionante anillo de
platino en la mano de Jett y se apartó, apartando una lágrima perdida. Jett
colocó el anillo de Tyler en su dedo, alegrándose de que encajara perfectamente,
antes de levantar su mano para besarla, como él había hecho con ella.
—Bien, si no hay objeciones por parte del público... —El padre Green miró
alrededor de la sala y luego de nuevo a la feliz pareja—. Y parece que no las hay.
Por los poderes que me han sido conferidos, por el Estado de California y el Señor
de lo Alto, los declaro marido y mujer. Puedes besar a la novia.
En el siguiente segundo, Tyler había inclinado hacia atrás a su flamante
esposa y sus labios estaban sobre los de ella, reclamándola como su esposa por
primera vez. Gritos y silbidos de felicitación siguieron a ese momento, y cuando
Willow y Nathan se encontraron de nuevo, Nathan no pudo evitar querer besarla.
—Nathan…
—Willow…
Ambos detuvieron sus palabras mientras esperaban que el otro hablara,
ambos sonrojados por la vergüenza.
—Tú primero. —Nathan insistió antes de acomodar un mechón de cabello
suelto detrás de su oreja.
—No, tú.
—Me doy cuenta de que sólo hemos estado juntos unos meses, pero creo
que noches como esta... hay algo en ellas... y me doy cuenta de que eres la mujer
para mí, siempre lo has sido. Creo que es hora de que demos el siguiente paso.
¿Quieres...? —Hizo una pausa, reuniendo sus pensamientos—. ¿Venir a vivir
conmigo?
Y al mismo tiempo, Willow hizo una pregunta simple pero efectiva.
—¿Casarte conmigo?
Epílogo
Cinco años después
La mirada de Willow se posó fuera de la ventana de Second Chances, en
la lluvia que caía suavemente contra la acera. El clima sombrío se había
convertido en algo normal en Atlanta en esta época del año, pero a ella no le
importaba. Los faros de los coches que pasaban le llamaban la atención de vez
en cuando y sus bocinas resonaban en una noche que, por lo demás, era
silenciosa.
Se había arreglado para esta noche; el mismo estilo de vestido que había
llevado hace cinco años, en el momento en que su vida había cambiado para
siempre. Llevaba el cabello bien trenzado sobre un hombro y como una corona
alrededor de la cabeza, los tonos caramelo y moreno se entrelazaban para hacerlo
aún más mágico.
Willow miró expectante hacia la entrada, una amplia sonrisa se formó en
sus labios cuando el amor de su vida entró, paraguas en mano.
La mirada de Nathan la encontró inmediatamente, una pequeña sonrisa
se formó en sus labios cuando el maitre le quitó el abrigo y el paraguas de los
brazos. Le dio las gracias en silencio antes de empezar a acercarse a la mujer
que más deseaba por encima de todo.
—Siento mucho llegar tarde, ángel. —Sus labios se apretaron tiernamente
contra los suyos, su aroma invadió sus sentidos de una manera que sólo él podía
lograr—. ¿Ya has pedido las entradas?
—Bueno, sí. Ya me las he comido. —Sonrió con picardía—. Aunque no
puedes culparme. Estos dos tienen la capacidad de tu estómago.
Las manos de Nathan se extendieron sobre su estómago en expansión, con
una amplia sonrisa en los labios ante el hambre voraz de los gemelos. Sólo estaba
de cinco meses, pero ya era más grande que en su primer embarazo. Además,
nunca había estado más guapa.
—Es excelente escuchar eso —murmuró—. Porque nuestra hija me
preocupa a veces.
Adaline Montana Wolf o Addy, como le gustaba que la llamaran, era un
cohete de bolsillo de tres años. Era el equilibrio perfecto entre Nathan y Willow,
con una mezcla de color avellana y marrón whisky en sus ojos, la atención de su
madre a los detalles y la actitud rápida de su padre. Nathan sabía que lo pasaría
muy mal cuando creciera del todo y advirtió a Willow, a medias, que aprendería
a disparar a distancia si alguien se atrevía a hacer daño a su niña.
—Ya, ya, señor Wolf —Willow sacudió la cabeza—. Ambos sabemos que
ella es como yo en ese aspecto.
—Hmm, efectivamente lo es, señora Wolf. —Sus labios volvieron a
encontrarse con los de ella mientras sus gemelos se despertaban bajo el toque
de su padre.
Se habían casado cuatro semanas después de la propuesta de Willow; una
pequeña ceremonia privada celebrada en Vecoma, en el Río Amarillo, en
Snellville. Fue el epítome de la perfección para ellos, una noche pasada con todos
los que amaban y apreciaban, y que los amaban y apreciaban a su vez.
Willow había llevado un impresionante vestido de Allure Bridal, una pieza
sin hombros con una espalda de ilusión, bordada con encaje y lentejuelas.
Nathan había cumplido su promesa y se había vestido de Armani, una
broma interna que sólo los dos entendían.
Weston la había acompañado hasta el altar, amenazando una vez más con
tomar represalias si se dañaba un pelo de la cabeza de su hija. Nathan le había
escuchado atentamente, prometiéndole su seguridad y mucho más.
Sus votos habían sido breves y dulces, ambos ansiosos por comenzar su
propio paraíso. Cuando el reverendo los anunció como marido y mujer, sólo
habían pasado veinte minutos desde que los invitados se habían sentado.
Por supuesto, Tyler fue su fotógrafo y sabía las poses y los escenarios que
querían antes de que ellos lo hicieran, lo cual era un mérito suyo. Las fotos de
su boda marcaban su casa, una imagen en cada habitación del amor que se
habían declarado.
Willow vio cómo su marido la observaba, sus ojos recorriendo cada
centímetro de su cuerpo, o todo lo que podía ver desde su posición. Nunca dejaba
de hacerla sonrojar, especialmente con la atención que le prestaba. Todavía
tardaba en acostumbrarse a todo ello.
—¿No me ves ya bastante en casa? —Willow miró a su marido con humor
mientras tomaba asiento.
—No lo suficiente como me gustaría, esposa. —Sonrió con malicia antes
de acercarle la silla—. ¿Qué tal el trabajo hoy?
—Ha sido bueno. Dos nuevos diseñadores han firmado contratos a largo
plazo con nosotros. Sin embargo, nos está costando acostumbrarnos a la
ausencia de Celeste. —Hizo un puchero al pensar en la aventura relámpago que
su mejor amiga estaba viviendo con Remi.
La pareja había anunciado su compromiso el otoño anterior y sin duda
iban a volver de su viaje por Europa como pareja casada.
—Sólo un par de meses más y la tendrás de vuelta —explicó Nathan—.
¿Has visto su correo electrónico esta mañana?
—Creo que están en Niza. —Asintió mientras Lana se acercaba con otro
aperitivo.
—Deberíamos ir allí de nuevo.
—Si esperas que quepa en un avión en cualquier momento, supongo que
de nuevo. —Frunció el ceño mientras bajaba la mirada—. ¿Cómo es que ya soy
tan grande? Addy ni siquiera era tan grande.
—Amor, esta vez llevas dos. Y si no cupieras en el avión, simplemente
cortaría otra puerta para que así fuera. —Su mano se extendió por la mesa para
tomar la de ella—. Estás impresionante, Willow. El embarazo, la maternidad...
es tu vocación.
Se sonrojó con el mismo tono de rosa que siempre había tenido desde el
primer momento en que él la había felicitado. Oírle decir esas cosas sobre ella
ahora, especialmente cuando se sentía mal, la elevaba más que las nubes.
—Tú tampoco estás tan mal. —Le dio un suave apretón en los dedos antes
de mirar el segundo aperitivo que le habían puesto delante—. Los bebés vuelven
a tener hambre.
—Por supuesto. —Señaló su plato con una amplia sonrisa—. No puedo
permitir que mis bebés y mi mujer pasen hambre ¿verdad?

—Lucile Peters te ha enviado otra carta esta mañana —anunció Nathan a


mitad del postre. El estómago de Willow se revolvió inmediatamente al oír el
nombre de esa mujer, su ira era casi palpable.
—Rómpela y quémala. Me manda una cada seis meses, más o menos. No
tengo intención de ir a verla, ni voy a dejar que Finley entre en una prisión. Ella
no tiene lazos familiares con ninguno de nosotros. —Era la misma historia que
le había dicho cada vez que él le hablaba de otra carta.
Lucile había ordenado el atentado contra la vida de Vicky y ahora estaba
pagando por ello. Veintiocho años de prisión sin derecho a libertad condicional.
Fue una victoria silenciosa en el tribunal ese día. Su sentencia se incrementó
después de que Montgomery Peters diera a conocer al mundo las actividades
ilegales de Ardonix y lo que habían encubierto.
—Lo sé y lo haré. Sólo quería asegurarme...
—En otro tiempo, me habría importado lo que le pasaba a ella, o a esa
familia. Ahora, tengo mi propia familia en la que centrarme. No puedo pasar más
tiempo en el pasado que en el presente, Nathan. Me mataría —explicó, con las
manos rodeando su vientre en un intento de calmar a sus hijos. Sabía que no
les gustaba que se pusiera nerviosa con el pasado y era su propia forma de
conectarse a tierra.
—Lo siento.
—No lo sientas. Es que no puedo perdonarla. Sé que Vicky era menos que
una madre y más que una conocida... pero seguía siendo, bueno, era mi madre.
—Willow encogió sus hombros y volvió a mirar su postre—. ¿Y los demás?
Holden y Montgomery fueron encarcelados por sus respectivos papeles.
Montgomery fue condenado a veinticinco años, con posibilidad de libertad
condicional después de quince. Holden, en cambio, y debido a sus cargos de
acoso, violación de la orden de alejamiento y demandas por difamación, fue
condenado a treinta y cinco años, con posibilidad de libertad condicional
después de veinte.
Mientras Montgomery se disculpó públicamente con Willow, Holden no
hizo tal cosa. Mantuvo su mirada alejada de ella. En cierto modo, Willow lo
agradeció. No tenía que mirar al monstruo que defendía su caso, no tenía que
enfrentarse a él en ningún nivel.
Después de la sentencia, Willow se había derrumbado en los brazos de
Nathan. Semanas de tensión, ansiedad y el miedo al “¿Qué pasaría si...?” habían
dominado su vida, y ahora por fin podía respirar. Hacía tiempo que se había
lavado las manos de la familia, así que le resultaba un poco desconcertante esa
reacción. Las palabras de Nathan la ayudaron, pero de nuevo, siempre lo hacían.
“Ya puedes cerrar esa puerta, Lo, ya está hecho. Se acabó. Te han
convertido en lo que eres; es hora de mostrarles de verdad la mujer que han
creado”.
Ese era su mantra en la vida ahora: demostrar a todos los que la habían
considerado débil y obediente, que ella era algo mucho más que eso.
En su trabajo, había asumido muchas cosas en los últimos cinco años, y
sus estantes se llenaban de premios de diseño, cada uno de los cuales mostraba
su talento para un proyecto o diseño concreto que había creado.
En su vida personal, no dejaba que nadie le dijera que no, dentro de lo
razonable. Nathan a menudo se quedaba atrás y observaba cómo su mujer
tomaba el control de situaciones que a menudo se le atribuían al hombre.
Tomaba sus propias decisiones, luchaba por sí misma y por su familia contra
los buitres de los medios de comunicación.
Era la mayor defensora de Finley, dando al niño de ahora cinco años una
voz que no habría tenido al cuidado de nadie más. Ocultó su rostro del ojo
público y sólo publicó imágenes oficiales cuando nació Addy. Juntos, habían
ingresado a Finley en la Academia de dotados de Atlanta cuando empezó a
superar las expectativas de todos. Fue la mejor decisión que pudieron tomar.
Willow defendió a Finley, lo amó y lo ayudó a crecer, todo ello sin asfixiarlo
ni hacerlo todo por él. Ella sabía que él tendría que aprender de sus errores y
que no podía ganar todo el tiempo.
Era quizás, el niño más educado que se había conocido. Adoraba a su
hermana y a NJ, esta última más que la primera en algunas ocasiones. Nunca
hablaba a menos que tuviera la atención de alguien, siempre compartía sus
bocadillos con los que le rodeaban y se aseguraba de que todos estuvieran
sonriendo. Si no sonreían, hacía algo para hacerlos sonreír, para hacerlos reír.
Weston y Finley tenían un vínculo del que Willow se sentía celosa casi
siempre que estaban juntos. Por supuesto, sabía que era porque ella y su padre
no tenían el principio de cercanía que tenían ahora Weston y Finley, y en cierto
modo, Finley los compensaba a ambos.
Weston había cerrado su pequeño bar poco después de que Willow y
Nathan se casaran, deseoso de mudarse a Atlanta y empezar de cero. Sin apenas
formación, había hecho a mano los muebles de la guardería de Addy, y casi había
terminado también los de los gemelos. Era su regalo para Willow y Nathan, un
regalo que nunca podría ser devuelto.
—Tierra a mi esposa. —Nathan apretó sus manos por un momento, hasta
que sus ojos color avellana se fijaron en los suyos y sonrió—. ¿Estás bien?
—Lo estoy. Espero que Fin y papá se diviertan esta noche —explicó—.
¿Addy está en casa con Colton y Margot?
—Sí. Esta noche estamos solos tú y yo, ángel. —Su expresión se
transformó en una de deseo y proeza, como si pudiera quitarle la ropa aquí
mismo y devorarla.
No es que ella dijera que no, por supuesto.
—Es difícil creer que hace cinco años... tú y yo éramos desconocidos —
reflexionó Willow.
Para todos los que importaban, su verdadero aniversario no era su primer
beso, era la primera vez que la pareja se veía.
Esta noche.
—Creo que nunca fuimos realmente extraños. En el momento en que me
senté frente a ti, fue como si me encontrara con una vieja amiga —respondió
Nathan—. Creo que te quería, incluso antes de tomar la decisión de acudir a ti.
—¡Todavía no puedo creer que hayas comido dos veces!
—Te había observado durante más de una hora, esperando... No podía
hacerte esperar ni un momento más. La comida no era nada: patitas huecas,
¿recuerdas? —guiñó un ojo—. Y fue la mejor maldita comida que había tenido.
Ella se rio y asintió, ocultando sus mejillas encendidas tras la servilleta.
—¿Cómo podría olvidarlo?
—Ah, y antes de que lo olvide, puede que Harry se quede con nosotros este
fin de semana —le recordó Nathan—. Jett está cerca de su fecha de parto.
Jett y Tyler habían anunciado que estaban esperando un hijo cuando aún
no habían pasado ni cinco meses desde que se casaron. Harrison Nathan Wolf
nació el día del cumpleaños de Tyler, un regalo anticipado especialmente para
papá. Ninguno de los dos había visto a Tyler ponerse tan blanco como cuando
su mujer le anunció que había roto aguas aquella mañana, ni habían visto nunca
tanto orgullo y fascinación en su rostro como cuando presentó al bebé Harry a
sus padrinos aquella noche.
Ahora, Jett estaba embarazada del segundo bebé, un secreto para la
familia en cuanto al sexo, pero Willow tenía una idea.
—Fin y Addy serán extremadamente felices. —Sonrió—. Harry es un cohete
el noventa y nueve por ciento del tiempo.
—Me voy a tomar un par de semanas de vacaciones para pasarlas con los
niños, y contigo. Sólo quiero que Jett y Ty tengan el mayor tiempo posible con
su recién nacido antes de dejar que Harry se suelte con ellos.
—Es cierto que Fin tenía casi dos años cuando llegó Addy, pero estoy de
acuerdo. Y será bueno tenerte por la casa. Ya no me veo los pies y a los niños
aman el Lego. —Hizo una mueca de dolor al recordar que había pisado tres piezas
esta misma mañana y las maldijo en silencio a las profundidades del infierno de
donde habían salido.
—Ya lo tienes. —Nathan se llevó la mano que aún sostenía a sus labios y
la besó suavemente, una promesa sellada.

—Bueno, los gemelos están dormidos —suspiró Willow mientras se


sentaba de nuevo en su silla—. Coma de comida.
—Bueno, quizá dejen a mamá dormir más de un par de horas esta noche.
—¡Ja! Pero papá no lo hará —le dijo ella moviendo una ceja, ganándose
una sonora carcajada como respuesta.
—No, no lo hará —murmuró cuando se le pasó la risa—. ¿Quieres que te
traiga el auto?
—Vas a tener que sacarme de aquí rodando, Wolf. No creo que pueda
caminar. —Hizo un puchero.
—Puedo llevarte en brazos —sugirió. Esta vez, fue Willow la que soltó una
carcajada.
—Nathan, soy del tamaño de una ballena. Te destrozaría toda la espalda
si lo intentas.
Se lo tomó como un reto, ya que tenía muchas cosas que ella le había dicho
que no hiciera. Algunas funcionaron bien, otras... no. Se encontró riéndose al
recordar que un año puso las luces de Navidad, sólo para enredarse en el ya
enmarañado lío y terminar colgando boca abajo mientras su hermano se reía a
carcajadas en el suelo. Willow le había advertido que desenredara las luces antes
de subir a la escalera, pero él se lo había tomado como un reto.
Se levantó y caminó hacia ella, con las manos extendidas sobre su bulto.
—La llevaré hasta el fin del mundo, señora Wolf. No me importa que lleve
quintillizos, para mí pesa menos que una pluma.
Las lágrimas brotaron de sus ojos ante la franqueza de su marido.
—Realmente sabes cómo presionar las hormonas, ¿no?
—Como dijo mi hermano... estoy azotado y con gusto seguiré azotado hasta
el fin de los tiempos si eso significa que puedo ver esa hermosa sonrisa. —Su
mano se deslizó hasta ahuecar su mandíbula suavemente.
Todo lo que tenía delante deslumbraba con una intensidad a la que se
había acostumbrado. Willow era su luz de guía, un ángel en sus momentos de
necesidad, el amor de su vida. Ella lo era todo para él, al igual que él lo era para
ella.
Cinco años habían pasado en un abrir y cerrar de ojos. Les esperaba la
felicidad y el amor para siempre, más amor del que cualquier familia podría
expresar. Después de todo, este era su final de cuento de hadas.
—Cinco años desde que entré por esa puerta...
—Y no has llegado tarde a mí ni una sola vez.
Vivo en la soleada Australia con mi pareja desde hace 6 años y mis mascotas. Sí, soy
una de esas personas.
Vivo y respiro los libros y la escritura. Siempre he encontrado una voz cuando se trata
de escribir y un escape cuando se trata de leer.
Mis géneros favoritos para leer son el romance, la ciencia ficción y la historia. Hay algo
en perderse en otro mundo y olvidarse por completo del mundo real que te rodea. Es
fascinante y cautivador, y un escape que muchos de nosotros solemos necesitar.
Cuando no estoy leyendo hasta que me explota el corazón o la cabeza, suelo estar en el
trabajo o en casa con mis mencionados animales de compañía, viendo lo que me apetece
en Netflix o Stan.

También podría gustarte