POEMAS DE NILTON SANTIAGO
De: Historia universal del etcétera (2019)
LAS ABEJAS NO SABEN AÚN LAS BONDADES DE LAS REPÚBLICAS
Hace casi ya un siglo que te vi por última vez
y eso fue esta mañana
desde luego, estabas irreconocible, habías borrado el rojo de tu sangre
y un poco de cielo de tus ojos, tenías otro nombre
y eras demasiado joven para usar tus pulmones para respirar,
aún así rompiste todos los protocolos del amor y de los ambulatorios
y me tocaste el corazón, dejándolo como una de esas manzanas
de caramelo que venden en los parques de atracciones.
En ese entonces, para pasar el rato, pasaba horas mirando el cielo
hasta que te veía leyendo la suerte en las manos de Dios,
dormida como siempre
dejándote lamer el yeso del alma por familias enteras de camaleones ex presidiarios.
Los comunistas sólo me hablaban para pedirme consejos de cómo conocerte,
de cómo hacerte el amor con la herrumbre de sus huesos,
pero pasabas de ellos / todos tenemos suficientes fantasmas
como para volvernos parte de uno –decías–
mientras ponías a la hora todos los relojes de arena de la ciudad.
No puedo quitarme de la cabeza esas mañanas
en las que dejar de soñar era como descargar camiones llenos de estrellas
y leer el diario –que tontería– como si hiciésemos la autopsia de nuestro tiempo
(es muy curioso, pero para los aymaras
los hablantes están de cara al pasado y de espaldas al futuro).
Ya sé que me repito, pero no es ninguna broma que la prensa libre
únicamente sirve para envolver pescado
o quizá para enterarte de cosas como que la mayoría de los peces de colores
sólo tienen tres segundos de memoria
o que hay un senador estatal de Nebraska que acaba de presentar una demanda contra Dios.
Tengo que confesar que el “Tea Party” me estriñe
y también algunos discursos de mis colegas, los progresistas,
esos que escapan de las ambulancias de la realidad con sus patas de palo.
Caray, tampoco puedo quitarme de la cabeza
el que no hay nada de malo en desear la muerte de un dictador
o que en Latinoamérica ya no son necesarios los golpes militares.
(porque ya están todos en los gobiernos).
En esos casos, también la vida de un poema, como la de un telediario
es el anticipo de la sonrisa de una libélula desahuciada de la luz.
Se me va la olla cuando escribo, lo sé,
es que no me gusta la poesía oscura
y por eso leo cada día el horóscopo de Unica Zürn, la mujer magnolia,
y también los largos manifiestos que fueron redactados sobre las piedras de la noche
y que ahora los puedes encontrar husmeando en google.
Hace casi ya un siglo que te vi por última vez
y eso fue esta mañana,
sé que me esperabas detrás de una gota de lluvia
1
me esperas y sé que es inútil, aún queda un siglo para vernos
y la vida no da para tanto,
por ahora, encárgate de limpiar los paisajes que salen de tu voz
que este siglo, solo para variar, tan sólo,
me toca ser un árbol camino al aserradero.
Por cierto, amigos oficinistas, también se va al cielo en ascensor
y tranquilos, es físicamente imposible para los cerdos mirar al cielo.
LAS CENIZAS DE ULISES
Ahora lo sabemos, tu país era la sonrisa de Ulises,
la frontera más allá de la frontera,
donde las vacas y los cangrejos escapan de algún Chagall
y donde los autobuses, como hospicios para dramaturgos,
son misteriosos escarabajos atrapados en las autovías.
Sí, nuestro país es una nena de veintipocos que aún piensa que los chicos
creen en el matrimonio,
en esa luz que se parece demasiado al sexo de los ángeles.
Deberíamos dejar de hablar de nosotros,
del New York Times envolviendo los anónimos recuerdos de los campos de guerra,
como si fuesen pescado fresco,
allí donde los cascos azules caen como moscas
(total, por la cuenta que les trae a los banqueros y a los gorriones)
Por esos lares, los honorarios de las estrellas
son los mismos que el de los pájaros que brotaban de tu sonrisa
cuando éramos pequeños y los árboles recogían los frutos graves de la noche,
la frágil materia de las aves migratorias
(que también era la nuestra y la de las enfermeras de guerra)
Hoy he vuelto a casa, a la frontera más allá de la frontera
y tengo que decirte que los árboles son apenas un puñado de otoño
brotando de las chimeneas de los autobuses
(los árboles, que para nosotros eran mucho más que los sindicalistas de los bosques)
que Chagall está en paro,
que las columnas de rebeldes han firmado una tregua
con los murciélagos de traje y corbata
y que ya nadie me conoce, a pesar de que he preguntado por ti.
Déjame contarte que la clase media ha sido embotellada y arrojada por el retrete,
que nuestro amigo, el pescador, el que hablaba el dialecto
de las estrellas de mar,
ha dejado de beber, de colocarse y de hacer chistes sobre los conservadores,
y ahora lo ves deambular repitiendo una y otra vez
aquellas palabras de Céline:
“El amor es el infinito puesto al alcance de los caniches” y lo entiendo,
me pongo la chaqueta y, qué demonios, voy por cigarrillos
y una botella de ginebra.
Le hago otro flaco favor a mi soledad.
LAS REDES MI CORAZÓN YA NO ESTÁN PARA PECES
2
Acabo de salir de la estación con el billete de metro entre los dedos —como si fuese la
radiografía de una nena con mariposas de metal en el estómago— hace frío y los árboles
entran lentamente en los cajeros automáticos para protegerse del invierno. Dicen que aquí no
se empadronó ningún ángel ex guerrillero, ninguna flor murió aquí a causa de una lluvia de
abejas y magnolias. Da igual, he decidido tomarme dos segundos de respiro, olvidar que la
realidad es un pájaro encerrado en un espejo, un goteo incesante de sus plumas en el
hemisferio azul del corazón. Esta mañana me he despertado con tu nombre sobre los labios
(aunque creo que el no hablarnos es el lenguaje que mejor nos define), sonriendo como una
carta recién abierta. El alba, como un animal a medio hacer, nos ha reconocido como pájaros.
Es cierto, son ellos y no otros los que se esconden entre las costuras de la lluvia al empezar el
día. Son ellos y no otros los que descienden por las monedas de los termómetros para traernos
el recado de los hombres del tiempo. Sí, es cierto, tengo un problema con las aves en general,
las encuentro inquietantes cuando llueve y creo que, si fuese por ellas, volarían sólo en
primera clase. Sé que escriben, en silencio, partituras de miel contra los árboles y que las flores
les dan angustia porque tienen el mismo pensamiento de los astrofísicos cuando se enamoran.
Nada de esto tiene que ver con el objeto de este poema que era —vaya tontería describir una
jaula o, quizás, llorar como un niño por la ejecución de una lágrima, atiborrarme de cafeína y
crisantemos solitarios. Ya lo sabes, los paraguas son los habitantes más sinceros de esta ciudad
en blanco y negro. Honradas sean las lágrimas de recambio en las gasolineras de mi corazón.
Honradas las estrellas que chillan de noche cuando aún el cielo no ha fijado sus engranajes y se
parece a una ratonera para cometas y meteoritos. Ya lo sabes, no se habita una ciudad, sino la
soledad de sus gentes, ya lo sabes, un pájaro no es un pájaro, sino un invento de la necesidad
de volar sobre la jaula de tus labios. Como lo ves, estoy hecho polvo y las redes de mi corazón
ya no están para peces.
LA SOLEDAD NUNCA NOS DEJA A SOLAS
En poesía 1 + 1 es “0”, es decir, una rosa enferma, solía decir Lawrence Ferlinghetti
ese animal paradójico que recogía toda la luz de la luna por las noches
para luego venderla en las gasolineras,
en cualquier caso, también el pintalabios de Gisele Bündchen
no es lo que parece, es decir, todas las primaveras que ha padecido el mundo
encerradas en un espejo que ha olvidado su oficio,
es decir, fabricar estrellas de mar y venderlas
como se vende el agua embotellada los días que llueven erizos.
La mañana del 24 de marzo de 1919 encalló, cerca de Yonkers, New York,
el arca de los dones, en la vida “real” esto no sería más que otro suceso naufragando
en la portada de los telediarios
pero en poesía, significó la llegada al mundo de Lawrence,
buen amigo de Allen y de los dos “Jack” (Kerouac & Prévert)
a los 14 años ya rasguñaba las estrellas con su maquinilla de afeitar
y a los 30 ya había hecho un doctorado en la Sorbonne
sobre la influencia del chamanismo en Wall Street,
aunque él lo hubiese querido hacer sobre los desayunos de Ezra Pound
o sobre los ronquidos de Gregory Corso.
Otra mañana, esta vez en Río Grande do Sul, llegó a la tierra el origen del mundo,
es decir, Gisele,
la descubrieron cuando tenía 13 años regando, con la mirada, las estrellas de su jardín
esto pasó en la vida real pero en poesía queda mejor decir que la vieron
3
devorando una hamburguesa
mientras discutía con el sastre de la imaginación de Ronald McDonald.
Ahora, a los 30, Gisele ya no deja en bragas a la estatua de la libertad
ni paraliza la respiración de Dios cuando éste espía el mundo a través de sus ojos
pero sigue alborotando el gallinero, es decir, la gota de rocío que es el mundo entre sus manos
limpias de enfermera de guerra.
En poesía, “0” + “0” es el origen del universo y también de la mirada de Cesare Pavese
esto no lo escribí yo a los 13 años
porque nunca tuve 13 años, sino 365 días llenos de pompas de jabón,
esto se diría así en la vida real
pero en poesía, 365 pompas de jabón es lo mismo que decir 15 atentados con “coche bomba”.
En ese entonces, mi soledad huía de los toques de queda y de los controles militares
y se quedaba quieta, bajo la sábana, luchando contra los molinillos de viento
que eran las sombras de las velas en los candelabros,
esas que solíamos tener en casa por la falta de luz eléctrica.
Ahora se me “está pasando el arroz” (pensar en hijos me da sarpullido)
y no tengo en el banco ni 30 estrellas vegetales de Tartaria
no tengo ningún doctorado y tengo miedo hasta de la guardia urbana,
es cierto, ya no existe Sendero Luminoso
ni el ejército revolucionario para la liberación de las flores,
pero mi soledad aún sigue allí, despierta bajo las sábanas de tu nombre
bien repartida entre 365 días llenos de pompas de jabón.
Por cierto, dicen que nuestro corazón late más de 100.000 veces al día
y que la luna, ese vertedero de lágrimas, pesa 81 billones de toneladas
no obstante, en materia poética,
esto es, en la vida real, la luna tiene el peso exacto del corazón de Giselle
es decir, el de 100.000 pompas de jabón,
esto me lo contó una vez Lawrence,
buen amigo de los chatarreros del paraíso que algunos han visto en su corazón.
LOVE STORY
Anochece,
(o eso parece por la forma en que la luz empaca tu sonrisa)
la luna es una libélula más alrededor de tu corazón
y la melancolía, como el corazón de una fulana, crece desmesurada y bellamente
hasta exiliarse entre tus labios y mis labios,
o entre lo que queda de nosotros y la tristeza de los árboles, mejor dicho.
Hay movimientos obreros bajo el campo lunar de tu cama
hay plazas rojas, hay Tian’anmen, hay Place de la Bastille
y a ti lo único que te preocupa
es que tus pecas cambian de sitio cada vez que te duchas.
Quién diría que a estas alturas del partido estaría tan colado por ti
ahora me lo explico; haces conmigo lo que los pájaros con el aire:
lo seducen para poder volar y no caer a plomo.
Sé que nunca un alquimista tuvo un diente de oro
sé que Gioacometti almuerza cada día en la terraza de tu mirada
y se juega tres gramos de talento por ver de cerca tus lunares,
4
sé que ahora pasas de mis huesos
porque no me gustan los lentos besos de cinco estrellas
o porque creo que el sindicalismo es una pecera en una casa de citas.
Te echo tanto de menos que no me acuerdo ya ni de tu nombre
y no princesa, no quiero besos de despedida, soy una rana republicana.
OCHO SOLSTICIOS
CONTRA LA POESÍA DEL LENGUAJE:
EL ESTUDIO DE LA MATERIA DEL AGUA VS.
EL ESTUDIO DE LA MATERIA DEL LENGUAJE
Para designar la palabra mar
primero
hay que saber qué es la lluvia para un caballo.
Segundo
hay que ponerle una escafandra al caballo
no, mejor hay que sacar el caballo del agua.
Para ello sólo tienes que ir a buscarlo al diccionario
en la palabra mar
allí lo encontrarás solitario y lleno de escamas
y verás que ha crecido
hasta alcanzar el tamaño de un pez
y que el significado de caballo
esta irremediablemente contenido en la palabra mar.
ANÁLISIS SOBRE EL FRACASO DE UN POEMA (Y DEL LENGUAJE)
PARA DESCRIBIR LA LUNA LLENA
Un hecho poético abandona una farmacia
donde una pobre vieja ha concertado una cita con este poema.
No soy yo el que ve a la vieja sujetarse de la lluvia para sentarse
sino un pelícano.
El pelícano es un ser del aire.
Eso lo sabemos porque el aire cruza los campos de girasoles.
Porque 15.000 litros de aire entran en los pulmones de un gorila al día.
Entonces tomamos conciencia de que existe el aire
porque sabemos que los gorilas existen.
5
En la farmacia, a la vieja le recomiendan cuidarse la glucosa.
El hecho poético se pone las gafas de leer
y deja al pelícano y a la vieja hablando de sus males.
Todo se puede solucionar con paracetamol.
El hecho poético baja a la estación del metro.
Entra sin pagar, como es lógico.
Un vagabundo le pide dinero.
“Pero el dinero solo sirve para hacernos más pobres”
—le dice el hecho poético.
Igualmente deja caer una moneda como una yema caliente.
El vagabundo la guarda en una de las grietas de su corazón.
Dos muchachas
hablan con una libélula que creo que soy yo.
¿Soy yo o mi representación? ¿qué coño es ser yo?
Las dos chicas ríen porque les he dibujado un mapa en la mano.
Buscan un sitio donde “comprar”.
Debo tener cara de “camello” latinoamericano.
Mientras espero el tren no puedo dejar de ver el puto móvil.
Como todos los hijos de puta
que vamos a trabajar vestidos como soldaditos de plomo.
No sabemos ni usar un matamoscas y creemos que hacemos
lo suficiente para ganarnos los frejoles.
El metro está lleno de negros vendiendo bolsos falsificados.
Los miro. También un policía que escupe sobre las vías.
Este día no ha existido.
Ni la farmacia, ni el vagabundo, ni las dos chicas libélula.
El hecho poético vuelve a casa, resignado,
vestido como yo:
un puto soldadito de plomo.
Otra noche se irá a la cama sin escribir un poema.
SOBRE LA DOBLE PERSONALIDAD DEL LENGUAGE
Otros antes que tú ya lo han intentado:
borrar el sol del paisaje,
meterlo en un sobre de papel
y ser el papel,
ser el mensaje que tropieza con la oscuridad
de los animales minerales que antes fuimos.
Cuántas veces me dijiste que a un ángel fumador
le resulta más sencillo ir al diccionario
para entender la divinidad de tus pecas
que borrar las manchas de tabaco entre sus dedos.
El lenguaje no tiene ni puñetera idea
de que tú escribes diccionarios de agua
para que los ángeles usen escafandras cuando van a buscarte.
6
El lenguaje
no puede explicar por qué hay mariposas en el Amazonas
que se beben las lágrimas de las tortugas
y que mientras desayunas viendo el telediario
el café es un discurso metafísico
y las noticias anuncios publicitarios.
Sonríes, haces que el amanecer sea para el amanecer
otra personalidad de una noche estrellada
y que las mariposas que se beben la tristeza de las tortugas
seamos nosotros.
No me he terminado ni el café
y ya me has dejado el corazón
como las manos de un veterinario de erizos.
TAMBIÉN EL CORAZÓN DE BORIS VIAN ERA UNA ROSA ENFERMA
También el corazón de Boris Vian era una rosa enferma.
Venia cada noche a nuestras largas sobremesas, porque nos conocía muy bien
como el cuchillo de eviscerar conoce el intersticio de luz
en el vientre del pescado,
también Vian conocía la teología de los peces
y de los centauros y de las bicicletas, porque fue él
quien le dejó la moneda a Rimbaud cuando se le cayó su primer diente de leche.
Es cierto, Boris, quién conoce su corazón está enfermo
pero también el que arroja su tristeza en la boca del pescado,
como una moneda de hielo dentro de una valija de fuego,
o los que tienen el oscuro oficio de sacrificar a los caballos heridos.
Sí Boris, tuvimos amigos y heridas y amigos heridos,
quizá ahora pueblen los jardines que crecen
en esos mismos corazones que se negaban a bombear la sangre de los que fuimos
sí también tuvimos padres
y un nombre que preferimos olvidar a cada instante.
Ahora que te conozco bien, ya no compartimos nada
y si nos encontramos algún día en el mercado o quizás en la parada de bus,
es casi un milagro, eso que compartimos ahora que estamos juntos
y que ya no necesitamos el uno del otro
porque después del segundo suicido o del tercero,
es mejor acostúmbranos al oficio de sacrificar a los pobres caballos heridos,
a las rosas enfermas.
BUSCANDO LA SOLEDAD EN CORAZONES DE SEGUNDA MANO
Entonces, ante mi insistencia, fuimos directos desde el 24 de Russell Square
hasta el 23 de Fitzroy Road (Chalk Farm tube station)
sorteando, durante el camino, a cientos de calaveras de paraguas
y bicicletas
y también a frías mujeres con el desayuno / el amor del día anterior a cuestas.
El cielo no era un cielo, era más bien un cenicero repleto de colillas
(ciertamente, era un cielo “panza de burro”,
7
como llamábamos al cielo de Lima).
2000 turistas japoneses sacaban fotos de un vagabundo dormido bajo un coche
del siglo pasado
y otros cientos limpiaban sus aletas de pescado
bajo el inmenso mar que era la ciudad.
Aquellos días amanecía de a pocos, palabra, como si una gran ballena
se hubiera tragado el sol y hubiese luz tan sólo cuando bostezara.
Ah sí, pero finalmente llegó el día que amaneció del todo y los queridos animales
(invertebrados) que ahora somos
olíamos a esos huesos de pollo que mamá arrojaba a la sopa, en silencio,
mientras se desvanecía como un escarabajo solar.
No teníamos dinero ni para yerba (felizmente)
y por eso decidimos quemar el coche de alquiler en el baño
tirar todo el Pentotal que te quedaba por el wáter.
Hoy el coche sigue ardiendo y ya has terminado de pasar mi corazón
por el ojo de una aguja.
Cosas interesantes pasaron esa noche.
Sí, por ejemplo,
vimos rabiosas nubes meterse en el hígado de los asesores políticos de Dios,
vertimos nuestros fantasmas, uno a uno, malheridos e insomnes
sobre nuestros labios
y no sólo lloramos por el paro o el recibo de teléfono, sino también
por los corazones de segunda mano que esperan su turno en los supermercados,
(ese aparato subversivo de algunos estados liberales).
Lo sé, estás cansada y ahora duermes envuelta en la barba de tu padre,
allí, donde ambos nos conocimos
como una sola gota de alguna materia
de la que ya jamás hablamos.
Es cierto, vale, esta mañana nos ha pillado desnudos y sin huesos,
mientras tu corazón se desvanecía
como un cubo de azúcar en un café caliente, pero…
quién diría que hemos dormido noches enteras sin despertar
con el solo pensamiento de tu abuelo mirando la luna con dos gorriones
en los pulmones / quién diría que éramos como peces
que ya en las redes se dan besos antes de morir.
Te parecerá absurdo, pero por en ese entonces
tenía la mala costumbre de buscar tu soledad en el invierno que llenaba los cafés
baratos
(donde la sonrisa de los amigos de alquiler
era tan falsa, como el juicio a un afroamericano en Norteamérica)
mientras que veía tus ojos sobre el espejo del baño, allí
donde no me veía hace siglos,
sino como esa larga grieta que se parece al contenido del corazón de Mestre
o de Mark Strand. Sí, te buscaba
como buscabas tú la soledad en un billete Barcelona –Lima /
Lima- Ayacucho
o en el aliento del pescado que nos sonríe ya en el mercado con su último suspiro.
(Antes de morir / el salmón, conmovido, / saborea el agua).
Pero de nada nos servía y ahora lo entiendo,
era yo el que buscaba tu soledad para encontrar la mía.
8
ESTA NOCHE HA VUELTO MI ANGEL A HUSMEAR LOS DESECHOS
En vano das de comer a las palomas del parque muertas hace años
de hambre y sed.
Es triste, lo sé, pero es posible que también tú tengas que morir
como los tristes animales de los laboratorios,
(como los desprestigiados chimpancés o los amables conejos albinos,
que, por sus grandes ojos y por su “bajo precio”,
son los más solicitados para el test Draize).
También ellos conocen el contenido de los cuchillos
y el contenido de los espejos cuando nos miramos y no nos vemos
y también las camillas repletas de bisturís y herrumbre
sobre la que los humanos, esos extraños seres, expiamos sus sueños.
Entonces, como un ridículo pelicano soñoliento,
entiendo, finalmente, la soledad de los grandes edificios abandonados
(sí Adam, como declaraciones de amor de las ciudades)
o el suave corazón de los gorriones al pronunciar tu nombre.
También tú has visto cómo las mariposas trabajan la soledad del hombre,
cómo su escalofrío penetra en nuestra espina dorsal
y en nuestros relojes blandos, perdidos en las horas,
entre desayunos fríos y camareros, muy mal pagados,
que cada día te hablan del atroz ángel que todos sabemos vive contigo
pero que, según dices, nunca has visto.
De pronto pienso en ti, en el blanco músculo de azúcar
que brotó de la piedra
para que la veas volar o, mejor aún, para que tan sólo lo imagines.
Sí, pienso en ti, como una fotografía recién nacida que se diluye entre mis manos
o como ese amable ángel que cada noche husmea mis deshechos
y me susurra al oído ese poema que nunca escribiste:
“entre la niebla
una barca hundiéndose / también yo parto”.
7 poemas de Las musas se han ido de copas (2015),
de Nilton Santiago
LOS MILAGROS COMO CUARTO ESTADO DE LA MATERIA (POCO ANTES DEL AMANECER,
CUANDO LOS GATOS DIRIGEN EL TRÁFICO)
Son estas las ruinas y las lluvias del otoño,
entrar en el metro atravesando la puerta de una iglesia
llorar por la afonía de un grillo, caminar y volver a entrar a la iglesia
pero esta vez a través de la lluvia,
y entonces verte cruzar el paso de cebra
mientras una pareja de gatos dirige el tráfico.
He aquí el primer milagro:
tú entrando en el cielo a través de tus lunares,
9
no hay astrónomo ni fumeta que haya imaginado un cielo con tanto escote
desde luego no sabes quién diablos era Baudelaire
ni que a veces hay que llevar faldas más largas (y menos transparentes)
bajo la lluvia
pero da lo mismo, de quimera a quimera y de quimera a claridad
y viceversa
haces que el infinito se detenga de sopetón,
que el Big Bang empiece a contraerse
como un gran tomate en el microondas
o que las chicas tatuadas en los brazos de los taxistas dejen de fumar
y abandonen las labores del amor para entrar a hurtadillas
en las parroquias.
He aquí el segundo milagro:
entrar en la estación y verte pelear con el torno para que te deje pasar
entre tanta luz y viceversa
no llevar un céntimo en el bolsillo y pedirte la tarjeta del metro,
comerme con la miel de tu sonrisa los hoyuelos de tus mejillas,
mirarnos sin ninguno de los típicos designios destinados
a los fríos amores por correspondencia.
Aquí el tercer milagro:
hay dos asientos libres juntos,
nos sentamos, sé que me juego un bofetón por mirarte así la entrepierna
hablamos entonces para dejar de sonreír,
hablamos del nuevo estado de la materia que acaban de descubrir
en los ojos de pollo,
hablamos sin darnos cuenta de que cada vez que sonríes
salen cientos de mariposas entre tu escote y mi mirada.
De repente, en un plis plas, llegamos a la última estación
(donde aún es primavera y donde hay minotauros
distrayéndose con aquellas muchachas traídas de Ho Chi Minh
o de Creta)
y, como quién no quiere la cosa, aprovecho para hacerte las típicas preguntas
que te haría un elefante a punto de morir,
mientras le doy tres vueltas a mi corazón alrededor de tu corazón
que se esconde una y otra vez,
como se esconde el sonido en el vientre de una campana.
Nos acabamos de conocer pero ya nos damos cinco besos
no haremos cosas políticamente incorrectas,
eso seguro
el amor ya me ha susurrado al oído que tampoco hoy es mi noche
y bien lo sé: hoy soy yo esta ruina, esta lluvia de otoño,
este pelmazo que no tiene nada que decirte.
Es hora de que te vayas al bar donde has quedado con tu chico
10
y que yo me marche a casa
(paso de ir al picnic)
ya sobran unos cuantos milagros esta noche
y hay que saber retirarse a tiempo para lamerse las heridas.
Y tranquilos amigos, dicen que las ratas
pueden vivir más tiempo sin agua que los camellos.
SOBRE EL FALSO ETIQUETADO DE MERLUZA PROCEDENTE DE ÁFRICA (QUE SE VENDE COMO
EUROPEA O AMERICANA)
Ahora lo sabes,
también los peces tienen que pasar las fronteras,
llorar todas sus afonías,
pedirle impuestos a la luna llena que cada noche se disuelve en sus lágrimas
cuando se ha roto “la cadena de frío” en sus maltrechos corazones marinos.
Pero así es la soledad en el agua cuando se sabe de antemano
que compartirás el envase (con otro solitario) en algún frigorífico,
así son los falsos pasaportes
para los que no saben llorar bajo el agua
y terminan en los supermercados con la carne limpia y sin escamas,
lista para meter al horno.
AUTOBIOGRAFRÍA DEL AMANECER (NOS GUSTAMOS TANTO QUE NOS HACEMOS LA VIDA
IMPOSIBLE ASÍ QUE HEMOS DADO POR TERMINADAS LAS FUNCIONES DEL OTOÑO)
Dicen que el 15% de las mujeres norteamericanas se mandan flores a sí mismas en el día de los
enamorados, así que no tiene nada de malo comprarte la autobiografía de un pavo real
daltónico y dejártela tú mismo bajo la almohada el día que se te cae el primer diente de la
melancolía. Dicen que este preciso momento está sucediendo en varias dimensiones distintas
donde -por ejemplo, en la que me muero por tus huesos- soy un perro que olfatea las huellas
de la lluvia que acaba de entrar en tu ducha. Puede también que en otra dimensión yo sea un
armadillo con gafas que ha decidido fijar su residencia en un baobab que poco a poco -
teóricamente en otra dimensión- se dirige al mar saltándose todas las luces rojas del
amanecer. No sé qué de gracioso tiene que saques tu imagen del espejo del baño mientras me
afeito y me digas “que te folle un pez” y luego la pongas en un sobre que probablemente
enviarías a una casa de lágrimas donde un par de rabihorcados de la isla de Navidad me
pedirán impuestos por pronunciar tu nombre. No tiene nada de gracioso, no, como no tiene
nada de poético las cosas absurdas que escribo mientras le haces cosquillas al ángel de silicio
que escondes en tu armario y que se parece mucho a Jasper Maskelyne, aquel ilusionista que
11
los británicos contrataron durante la II Guerra Mundial para que hiciera que el puerto de
Alejandría fuera invisible para la aviación alemana la noche del 22 de junio de 1941 y vaya si lo
consiguió. Pienso en un té de besos, en un bocadillo de prosas surrealistas para –¿por qué no?-
escribir como Dios manda un poema policial donde el único delito sea querer morderte los
muslos a sangre fría. De nuevo vuelvo a tropezar contigo en este poema que lleva el corazón
con 3 marcapasos y 1 bypass. Sé que no tiene nada de simpático que escriba sobre ti cuando
me has mandado al otro lado de la luna por décima vez; quizás es mejor dedicarse a otra cosa,
escribiendo poemas soy tan bueno como portándome bien cuando duermo contigo y me dices
“esta noche no”, mientras únicamente vistes con la transparencia de la oscuridad. La poesía en
este poema es un techo lleno de goteras y entonces se me ocurre que es mejor hablar de
aquel invento revolucionario para el amor, registrado por David King Terence con la patente nº
GB 2221607, que no es otra cosa que un par de guantes para parejas de enamorados que
durante el invierno quieren ir de la mano y seguir sintiendo la piel del uno y del otro. Tonterías.
Ya sé que lo sabes, nuestra relación de pacotilla tiene el mismo problema que tenían las
primeras latas de conservas: que aún no se habían inventado los abrelatas y nos parecemos,
ciertamente, a aquellos soldados de la Royal Navy que las abrían utilizando las bayonetas,
disparando contra ellas o golpeándolas con piedras. En este mismo momento tenemos que dar
por cancelado el estreno de este poema, sí, lo tenemos que concluir ahora mismo por falta de
público porque tú, la única asistente, te acabas de largar llevándote tus 5 maletas de zapatos y
tus 5 minutos de vozarrones y, vaya morro, pidiéndome que te devuelva la entrada a tu cama
para el taxi (que pagué yo con las monedas de mi corazón). A propósito, –te pregunto
segundos antes de escuchar un gran portazo- ¿sabías que algunos hombres son infieles para
salvar sus matrimonios y que hay un hotel hecho de hielo en tu país al que han obligado a
poner una alarma anti-incendios?
KLARA, UNA AU PAIR DE KARLSTAD, ME HA PEDIDO QUE LE ESCRIBA UN POEMA PARA
OLVIDARLA DE UNA VEZ POR TODAS
Bruno me ha llamado para contarme que ha leído
que algunas nutrias del Amazonas
pueden cambiar el curso de los ríos con el poder de sus mentes,
esto es más falso que un billete de 3 euros
pero igualmente me recuerda que una hormiga
puede sobrevivir hasta dos semanas bajo el agua,
así que aún guardo algunas esperanzas para mí.
Yo le cuento que aquí están a punto de llover ranas,
no hay ciudad que aguante esta lluvia de los mil demonios,
fijaos que se quejan hasta las ballenas varadas entre los árboles
que se esconden en el supermercado de la esquina de casa.
Nos acabamos de conocer, Klara,
pero me dices que a los árboles no les importa la lluvia
y que te deje dormir.
12
De pronto se me viene a la cabeza que el animal
más rápido en el acto sexual es el chimpancé (3 segundos),
le sigue el ratón (5 segundos) y quizás tú, que apenas te has tomado una copa
y ya te escuchaba roncar en mi cama.
Hemos venido esta mañana a escribir el poema que me has pedido
y es en este mismo momento cuando el mar desempaca tu sonrisa sobre el cielo
después de que el reloj despertador te haya despertado por última vez
para salir volando por la ventana
(aunque ambos sabemos que un par de libélulas
harán su mismo trabajo entre nuestras sábanas).
Soy el final de tu caja de bombones, tus últimas bragas limpias
o, lo que es lo mismo,
la oscuridad de los peces cuando lloran y pasan una sed de caballos.
Me dices que nunca has montado a un caballo
pero que sabes que sus lágrimas
son el principio de cualquier río que se precie en tu pueblo, Karlstad,
donde los muñecos de nieve van de compras a diario
para comprarse una nueva nariz de zanahoria
y para aprovechar la calefacción de los supermercados.
Pronto dejaré de ser uno que parece joven y sigo metiendo la pata hasta la rodilla
aunque no nos engañemos:
tu corazón, como el mío, está cerrado por obras
y rueda como una moneda o un milagro
que se le acaba de caer a un pobre mendigo
que creo que soy yo.
No está hecho el amor de las pelirrojas para nosotros, Bruno,
los alejados de las manos del señor,
como tampoco está hecho el amor para el amor:
salven pues las estrellas mis torpezas para quitarte el sujetador,
salven todo lo que queda de mi corazón entre tus manos de gata
aunque ya de nada servirá… es para partirse de risa
pero de tirios y troyanos hemos pasado a dirigir el tráfico de las estrellas
entre tu mirada y la luz de la luna llena sobre tu espalda asalmonada,
en un santiamén
(mientras me preguntas si sabía que en Finlandia
se prohibieron los comics del pato Donald porque no llevaba pantalones).
Después de las risas no puedo dejar de pensar que allí,
cerca de donde las lágrimas pierden su equipaje,
donde las nubes limpian sus gafas porque la lluvia empaña su mirada,
allí, donde todo termina,
13
no hay árboles llorando de rodillas ante un pájaro en un supermercado
no está Dios (ni nada que se le parezca)
estamos nosotros dos, Klara o como te llames,
jodidamente separados
a pesar de compartir esta noche la misma cama.
Y sí, vale querido amigo Bruno,
una vez más tienes toda la razón:
a) para un pingüino las aves no tienen talento para nadar y
b) el amor es para nosotros lo que la aritmética para los filósofos:
(o ¾ de lo mismo)
tan solo un gran malentendido.
ME HE PERDIDO EN BUDAPEST POR CUARTA VEZ Y UNA CHICA MUY MONA ME AYUDA A
ENCONTRAR LA ESTACIÓN, AUNQUE TERMINO MULTADO
Según el chalado del obispo Ussher,
un día como hoy, el lunes 10 de noviembre, pero del año 4004 a. C.,
Adán y Eva habrían sido expulsados del Paraíso.
Nada sé yo de paraísos y nada quiero saber
pero sí sé que este hotel es un infierno como pocos.
Me he levantado muy azul y congelado, las calles de Pest
son tan líquidas como las nubes de Buda
que parecen llorar todas las tristezas de los peces,
recojo mi corazón de agua del pluviómetro de todas las equivocaciones
y me marcho
como si tuviese una cita con un pelotón de fusilamiento,
ver a dos aves picozapato temblar de frío es la mejor limosna
después de haber pasado la noche en aquella nevera
disfrazada de habitación.
Ni puñetera idea de dónde estoy,
casi me han arrollado un perro lazarillo, dos ciclistas en minifalda
y un tranvía lleno de cangrejos
y de jirafas que sacaban el cuello por las ventanas para fumar,
hasta que te veo y nos vemos y te veo de arriba abajo
y me vuelves a ver
viéndote de arriba abajo
más perdido que una tortuga marina en un safari.
8 días tardé en encontrarte y 8 minutos en perderte de nuevo,
me habías llevado de la mano de la estación de Bajza utca
a la estación de Deák Ferenc tér o viceversa,
qué se yo de estos nombres rarísimos,
tan raros como los cangrejos o las jirafas fumadoras de los tranvías,
simplemente recuerdo que para limpiarte el maquillaje corrido por la lluvia
14
te estampé un beso que no quisiste rechazar
hasta que al salir de la estación me pidieron el ticket de metro,
pero no, no lo llevaba conmigo,
entonces te vi desaparecer entre la multitud de cangrejos y de jirafas
mientras le daba todos mis Florines al controlador
y trataba de recuperar mi corazón
entre la salida del metro y las escaleras eléctricas e infinitas
que se llevaron esos 8 minutos para siempre.
Regreso a duras penas al hotel para empacar
y ahora pienso que un viaje de mil millas
comienza por “cagarse en todo” al hacer la maleta.
DIARIO DEL GRANJERO VIETNAMITA QUE LLEVA SIN DORMIR DESDE 1973
Thai Ngoc es una libélula jubilada, como el amanecer.
Thai Ngoc se despertó como cualquier día convencido de que era un hombre vietnamita que
vive al pie de una montaña.
Thai Ngoc sabe que ni los quebrantahuesos escogen la soledad ni las veinteañeras qué soñar
por las noches así que, desde el año 1973, después de una intensa fiebre corporal, el señor
Ngoc decidió dejar de dormir.
Thai Ngoc empieza el día pidiéndole a los cipreses que le devuelvan las lágrimas de todos los
médicos que se han roto el coco pensando en por qué demonios no puede dormir.
Thai Ngoc luego se va a desayunar con las ranas un zumo de melón.
Thai Ngoc sabe perfectamente que las mujeres son más complicadas que el álgebra para las
rosas, así que cada día le regala un ramo de besos a su mujer.
La mujer de Thai es una campesina jubilada que está convencida de que es una libélula.
La mujer de Thai lava los platos sucios con los sueños de los peces.
Thai Ngoc es como un héroe para los loros kakapos de la comunidad de Que Trung y su más
grande sueño es tener sueño.
Thai Ngoc a veces es contratado por un par de murciélagos para que les haga la cena, otras
veces, sus vecinos le dan un par de monedas para tocar los tambores o los gongs en los
funerales nocturnos de las tortugas.
Thai Ngoc dice que se siente “como si fuera una planta sin agua”.
Thai Ngoc también dice que los perros no tienen religión pero sueñan, así que es lo mismo.
Thai Ngoc cree, no obstante, que el mejor amigo del hombre es la lluvia.
Thai Ngoc es una libélula jubilada que no sabe quién es Thai Ngoc cuando llueve.
Thai Ngoc seguirá despierto aun cuando este poema haga que Ud. se muera de sueño.
15
TAMBIÉN LA POESÍA ES UN MISTERIO ESTROPEADO
Acabas de llegar a casa con la mirada perdida,
todos sabemos que has pasado la noche aspirando el cielo
y liando a los controladores aéreos
con esa forma de pasarte al otro lado de las nubes al desmaquillarte,
y yo aquí esperándote para nada
como un pobre embarcadero que espera las lágrimas de las merluzas al amanecer.
Siempre has sabido que tener un perro llamado Rimbaud
puede que vaya en contra de la moral de las universitarias,
pero aun así te empecinas en llamar a las cosas
como las cosas no quieren ser llamadas (como “amor” a los “restos del amor”)
especialmente ahora, que Rimbaud debe dormir como una libélula
que acaba de presenciar la muerte de su corazón, pero como dices,
“a nadie le importa la poesía”,
pero yo te respondo (como quien no quiere la cosa)
y te digo que para los Celtas el cielo se halla en la copa de los árboles
y tú hoy has llegado desde el más alto de los cipreses,
así que al menos la poesía ha servido para sacarte esa sonrisa
que te acabas de limpiar con una servilleta,
aunque quizás sea mejor enterarte de que el mar ha decidido jubilarse
y mudarse a tu pintalabios para estar más cerca del amanecer.
Siempre los mismos temas en poesía, siempre tu mirada ahuyentando a la luna
o convirtiéndola en esa bola de papel de aluminio
en la que acabas de calentar mi corazón, para nada.
Aún no ha terminado de amanecer y el diario entre tus bragas -por el suelo-
nos susurra que el Tío Sam no puede quitarse de encima a los islamistas
después de haberles financiado hasta el corte de barba,
también leemos que Lukanikos, el perro protestante griego,
ha muerto porque las estrellas se han puesto en huelga
y necesitan que alguien le ladre al jefe, es decir, al pastor barbudo,
y que el Gobierno de Caracas dice que su expresidente
llora desde lo alto de un árbol reencarnado en un pájaro.
Simplemente el mundo -como tu corazón- es un misterio estropeado.
A nadie le importa que una nueva ecologista haya sido asesinada en el Amazonas,
a nadie le importa el por qué Tiririca, un payaso brasileño,
ha salido reelegido diputado con 1 millón de votos,
y nadie sabe que por ti me convertiría en liberal
y te leería a Adam Smith al oído cada noche
(y a toda la Escuela de Chicago si hace falta)
pero ya lo intuyes, sí supongo que ya lo sabes,
16
soy como aquellas gallinas que tienen las llaves de su propia jaula
y salgo a cacarear cuando los granjeros y las estrellas duermen,
aunque, claro, me dirás que ya te lo han dicho hasta el cansancio:
para una gallina, el ser o no ser depende de cacarear bien
y yo, para qué engañarte, lo hago fatal.
Para mí, que soy tan torpe como un camello ligando con una osa polar en un iglú,
el ser o no ser depende de que me mires,
de ver tu mirada metiendo en embrollos a un amanecer infinito.
No creo que no te des cuenta de que me tienes muy pillado,
pero ah poesía, amor cruel,
ya sabemos que eres tan tonta
que hasta tus peores torpezas te salen bien.
Y sí, es cierto, si el mundo es un pañuelo,
nosotros somos (definitivamente) los mocos.
17