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Espejo

El hombre se despierta sintiéndose enfermo y observa cambios extraños en su reflejo en el espejo. Al ducharse, nota que su piel ha desarrollado protuberancias gelatinosas y sus brazos se están deformando. Al mirarse de nuevo en el espejo, ve con horror que su rostro se ha transformado en el de un monstruo. A pesar de su aterradora transformación, logra vestirse y sale valientemente a trabajar, decidido a no dejar que su nueva apariencia lo amilane.

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Espejo

El hombre se despierta sintiéndose enfermo y observa cambios extraños en su reflejo en el espejo. Al ducharse, nota que su piel ha desarrollado protuberancias gelatinosas y sus brazos se están deformando. Al mirarse de nuevo en el espejo, ve con horror que su rostro se ha transformado en el de un monstruo. A pesar de su aterradora transformación, logra vestirse y sale valientemente a trabajar, decidido a no dejar que su nueva apariencia lo amilane.

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El espejo y el Monstruo

Aquella mañana se despertó más temprano que de costumbre. No pudo dormir


bien. Hizo un gran esfuerzo por levantarse y, tuvo esa sensación, de que todo el
sueño le venía en ese instante.
Con los ojos casi cerrados, fue adivinando el camino hacia el baño, rascándose
distintas partes del cuerpo y tanteando las paredes. Llegó al baño. Cerró la puerta
del botiquín y se puso frente al espejo. Los ojos, casi cerrados, se entreabrieron un
poco, ya que notó algo raro en ese espejo. La piel de su rostro aparentaba estar,
levemente rugosa y con raras escamas. "Reflejo de la luz, espejo sucio" - pensó.
Pero, también vió sus ojos hinchados. Esto lo hizo despertar un poco más._"Estaré
enfermo? : me siento bien" - preguntó y se contestó. Decidió no sugestionarse y se
volvió y se desnudó. Abrió la ducha, subió un poco el calefón y puso una mano
sobre el agua. Perfecta. El sonido de la lluvia y la tibieza del agua lo hicieron sentir
mejor. Se puso bajo el chorro de agua y dejó que corriera por su cara y por todo el
cuerpo. Se frotó suavemente los brazos y palpó algo raro. En la piel le habían
nacido unas protuberancias extrañas y gelatinosas.
El corazón se aceleró de golpe. Se puso nervioso. Sus brazos estaban
deformándose por esas extrañas protuberancias de tinte oscuro. Saltó de la
bañadera al espejo. Miró y lanzó un grito desesperado. Su cara era la de un
monstruo. Un ojo apuntaba hacia un costado y estaba más arriba que el otro.
Ambos, eran dos pelotas de grasa, rojizas y agrietadas, que sobresalían de su
rostro. La nariz se había vuelto un embutido, con pequeños pliegues en la piel,
ahora, de color verde oscuro.
Así toda su cara, todo su cuerpo. Pero, a pesar de todo, usted, no se amilanó.
Venció el miedo. Cuidadosamente se secó y vistió, ya que sus manos, ahora, eran
garras, y sus dedos estaban unidos, entre sí, por medio de una membrana delgada y
oscura. Una vez listo, tomó sus llaves, salió y cerró la puerta. Y fue a su trabajo,
sin complejos, con la frente (o lo que quedaba de ella) en alto.

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