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Victimización Por Violencia Contra Los Adultos Mayores Autora: Dra. C. Celín Pérez Nájera

Este documento trata sobre la victimización por violencia contra los adultos mayores. Introduce el tema de la violencia y su conceptualización, analiza al adulto mayor como un grupo de alto riesgo de victimización, y discute las manifestaciones de maltrato contra este grupo. Finalmente, propone un enfoque multidisciplinario para proteger a los adultos mayores de la violencia en Cuba.

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Temas abordados

  • maltrato,
  • discriminación,
  • educación,
  • maltrato estructural,
  • maltrato físico,
  • violencia,
  • cuidado institucional,
  • redes de apoyo,
  • Ley de Seguridad Social,
  • cuidado comunitario
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Victimización Por Violencia Contra Los Adultos Mayores Autora: Dra. C. Celín Pérez Nájera

Este documento trata sobre la victimización por violencia contra los adultos mayores. Introduce el tema de la violencia y su conceptualización, analiza al adulto mayor como un grupo de alto riesgo de victimización, y discute las manifestaciones de maltrato contra este grupo. Finalmente, propone un enfoque multidisciplinario para proteger a los adultos mayores de la violencia en Cuba.

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VICTIMIZACIÓN POR VIOLENCIA CONTRA LOS ADULTOS MAYORES

Autora: Dra. C. Celín Pérez Nájera


Profesora Titular. Facultad de Ciencias Sociales y Humanísticas.
Universidad de Ciego de Ávila “Máximo Gómez Báez”
Sumario
Introducción. 1. Conceptualización de la violencia. 2. Principales manifestaciones de la
violencia. 2.1. La violencia según los contextos espaciales de ocurrencia. 3. Análisis
teórico-victimológico del tema. 3.1. La Victimización. Definiciones conceptuales. 4. El
adulto mayor como grupo de riesgo victimal frente a la violencia. 5. Maltrato por
violencia contra los adultos mayores. 5.1. Victimización de los adultos mayores en los
diferentes niveles contextuales de ocurrencia. 6. Visión multidisciplinaria de la
protección jurídica de los adultos mayores ante la violencia en Cuba. Criterios
conclusivos.
INTRODUCCION
La violencia se ha convertido en un problema de extraordinaria magnitud que requiere
de la máxima preocupación de los gobiernos y la sociedad civil de las diversas
naciones; y a tenor con su complejidad reclama respuestas de entidad
multidisciplinaria que incluyan los enfoques: psicológico, psiquiátrico, criminológico,
sociológico, etc.; con vistas a prevenirlo, estableciendo acciones protectoras y
regulativas que mejoren las condiciones de vida social, comunitaria y familiar.
Una de las variantes preventivas y reductoras de la violencia que posee mayor
factibilidad de aplicación radica en la localización y especial protección de los sectores
poblacionales más predispuestos a convertirse en víctimas de este flagelo; nos
referimos a los grupos humanos que por sus características de fragilidad de diverso
tipo, resultan más indefensos ante la violencia. Dentro de los sectores humanos de
mayor vulnerabilidad encontramos los niños, las mujeres y los adultos mayores, siendo
estos últimos el grupo victimal menos estudiado y el eje central de nuestra
investigación. Los adultos mayores por sus propias características de vulnerabilidad
desde el orden bio-físico-psíquico y, teniendo en cuenta, el incremento del
envejecimiento de la población requieren ser evaluados y protegidos en cualquier
espacio donde se encuentren.
El acelerado envejecimiento de la población mundial en el presente siglo nos aboca a
una situación singular, cada día más personas sobrepasan las barreras cronológicas
que el hombre ha enmarcado como etapa de la vejez, de manera tal, que el
envejecimiento ha dejado de ser una exclusividad de algunos para convertirse en la
oportunidad de muchos. Siendo, esto uno de los mayores logros de la humanidad, que
puede transformarse contradictoriamente en un problema social de envergadura, en
un serio desafío, si las diferentes sociedades no son capaces de brindar soluciones
adecuadas a las consecuencias que del mismo se derivan.
Según los datos ofrecidos por la Organización de Naciones Unidas, la población
mundial continúa creciendo de una manera alarmante, en la actualidad somos 7 000
millones de personas y para el 2050 se pronostica la cifra de 9 500 millones de
habitantes. Preocupa entonces el análisis de las estadísticas en los adultos mayores,
en las que se predice que el número de personas mayores de 65 años en el planeta se
triplique, de 650 millones en la actualidad a casi 2 000 millones en el 2050.
No obstante, el envejecimiento es mucho más que una cuestión de cifras. Las
personas adultas mayores plantean desafíos específicos, al constituirse como una
población heterogénea en términos de salud, discapacidad y demanda de servicios, lo
cual insta y reclama atención priorizada y especializada desde toda la sociedad.
1
En el caso de Cuba, el envejecimiento poblacional se produce por la acción
combinada de dos connotadas transformaciones sociales que poseen una fuerte
relación entre sí: la transformación demográfica y la transformación epidemiológica o
de salud. Definidas brevemente, la transformación demográfica se refiere a los
cambios en las estructuras de la población, debido esencialmente a las bajas tasas de
fecundidad y de mortalidad existentes en nuestro país. La transformación
epidemiológica responde a los enormes avances de Cuba en materia de salud
humana, progresos caracterizados por la existencia de menor incidencia, prevalencia y
letalidad de las enfermedades crónicas degenerativas e incapacitantes.
Según la proyección evolutiva del envejecimiento poblacional de Cuba para el año
2025, nuestros ciudadanos se convertirán en los más envejecidos de la región
latinoamericana. (CASTRO RUZ, 2008: 1). Lo expresado con anterioridad resulta de
especial actualidad e importancia en el tema de la protección a este grupo etario
enfocado a garantizar que las situaciones violentas, que proliferan en la vida cotidiana
actual no afecten la calidad de vida de este sector poblacional, pues por el contrario
debe procurarse el aumento de las satisfacciones durante este período de la vida y
debe propiciarse que esos años transcurran de forma agradable, sana, útil y tranquila.
La confluencia de los altos índices de envejecimiento de la población, la alta
proclividad de las personas adultas mayores a ser victimizadas y el recrudecimiento de
la violencia, constituyen las coordenadas de análisis de nuestro trabajo científico y
motivación que fundamenta la pretensión de ofrecer una visión general y de conjunto
respecto a la victimización de la población adulta mayor.
El referente teórico de la temática en el contexto cubano e internacional se puede
calificar de diverso, sus ángulos de análisis más frecuentes se encuentran en las áreas
clínica, psicológica y jurídica. A partir de la concepción médica se han realizado
estudios descriptivos para caracterizar el maltrato en este grupo etareo desde
disímiles manifestaciones de la violencia, así como trabajos sobre antecedentes y
trastornos psiquiátricos entre el agresor y la víctima. Por su parte, las investigaciones
psicológicas se han centrado en los factores de riesgo y en la afectación psíquica que
produce el maltrato en el adulto mayor, además de estudios desde la
Psicogerontología y su importancia para una mayor calidad y esperanza de vida.
Mientras que en el tratamiento de tendencia jurídica se han abordado tres vertientes
fundamentales: la puramente jurídica consistente en el análisis de las legislaciones
que amparan a los adultos mayores a partir de diversos instrumentos que implican la
protección penal, civil y específicamente familiar; la vertiente socio-criminológica
centrada mayoritariamente en el estudio del comportamiento de la violencia
intrafamiliar contra este grupo victimal, y por último el enfoque asociado al Derecho
Penitenciario que refleja el tratamiento del adulto mayor dentro del sistema carcelario.
1. Conceptualización de la violencia.
El fenómeno de la violencia se refleja en las tradiciones, peculiaridades y
manifestaciones de los pueblos, constituye sin lugar a dudas una de las afectaciones
negativas más prolongadas que ha conocido la humanidad; si partimos del análisis de
sus niveles de expresión en el orden individual y colectivo, de los factores que
intervienen en ella y de las consecuencias que provoca, podemos afirmar que la
violencia es un problema social complejo.
El origen de la violencia puede ser evaluado desde tres enfoques analíticos
excluyentes: el genético, el psíquico y el cultural. El primero fundamenta que la
violencia se genera mediante una formación genética, el segundo atribuye su
concepción al desarrollo de la personalidad del hombre y el tercer enfoque niega los
dos anteriores y asocia el origen de la agresividad a una situación meramente cultural

2
de acuerdo con el progreso de las condiciones en las cuales se forma el ser humano.
(BUENO, 2005: 3).
En la investigación se defiende el criterio de que cualquier intento de explicación
acerca de las raíces de la violencia no puede ignorar las variables de índole biológica,
psicológica y socio-cultural, todo ello derivado de la naturaleza bio-psico-social del
hombre (BERMÚDEZ, 1997: 8). El origen multicausal de la violencia incide en la
estructuración negativa de la personalidad del individuo, conformándose a partir de la
interrelación con el ambiente socio-psicológico desfavorable que influye directamente
en él y que tiene como premisa la tradición cultural y social que ha incorporado el
individuo en el proceso socializativo de su personalidad.
Refiriéndonos al concepto de violencia propiamente dicho, debemos partir en nuestro
análisis que “el término violencia es una traducción del vocablo latino "violentia",
derivado de la raíz "violo", que quiere decir: atentar, violar”. (MOSQUERA, 2005: 1).
El Diccionario CERVANTES, Manual de la Lengua Española de 1978 identifica la
violencia como el “conjunto de acciones que quebrantan la Ley, caracterizándose por
la impetuosidad en los actos para obligar, forzar, aplicar medios violentos a personas
con el objetivo de vencer su resistencia”. (ALVERO, 1978: 880).
La conceptualización de la violencia se ha abordado ampliamente, su estudio ha sido
objeto de múltiples investigaciones en diferentes áreas del conocimiento, tales como:
la Sociología, la Psiquiatría, la Psicología y la Criminología, entre otras. Lograr un
entendimiento en la definición de violencia, un adecuado acercamiento a su realidad y
una identificación de los sujetos víctimas de este fenómeno es una preocupación
doctrinal que ocupa hoy a los estudiosos del tema, es por ello que nos detendremos a
valorar la definición de violencia a partir de tres enfoques fundamentales: desde la
Psicología, desde la Sociología y desde lo Jurídico.
En el ámbito de las investigaciones psicológicas se considera que la violencia es “toda
fuerza o condición que impida, limite o distorsione la actividad de un organismo en
post de la satisfacción de sus necesidades”, (RAMÍREZ, 2003:2) se analiza el término
con mucha mayor frecuencia desde la psicología social, (PERLOFF, 2003: 121) a partir
de “cómo los pensamientos, sentimientos y comportamientos de las personas son
influenciados por la presencia real, imaginada o implicada de otras personas. (…) se
estudian los fenómenos sociales y se intenta descubrir las leyes por las que se rige la
convivencia”. (ALLPORT, 1985: 23).
De acuerdo con otra definición psicológica se concibe la violencia como “un acto que
tiene como consecuencia la no realización de la satisfacción de las necesidades
afectivas, somáticas y mentales del individuo por causa de otro”; (GALTUNG, 1995: 4)
mientras que la Organización Mundial de la Salud ha conceptualizado a la violencia
como “el uso intencional de la fuerza o el poder físico, de hecho o como amenaza,
contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas
probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del
desarrollo o privaciones”. (ALOIN, 2006: 1-2).
El enfoque sociológico al examinar la violencia parte de definirla como “todo aquello
que pudiera producir un mal o perjudicar a uno mismo, a otro o al entorno social o
natural”, (FERNÁNDEZ, M, 2005: 7) también se analiza que “es consustancial a las
sociedades, porque parte de una concepción más o menos conflictiva del orden social,
toda reflexión sobre la sociedad incorpora necesariamente la noción del conflicto
social, y la violencia como recurso permanente del conflicto. Ninguna teoría sobre el
orden social puede evitar la reflexión sobre el poder y la dominación”, (GEGUNDE,
2001: 5) como ejemplo pudiéramos citar la teoría social de la dominación masculina.
(POLK, 1994: 16).

3
En igual sentido sociológico afirma DÍAZ-AGUADO que la violencia “es una conducta
compleja, biológicamente sustentada en los correlatos fisiológicos de la agresividad y
expresada conductualmente a partir de la interacción de esa agresividad (…) y del
entorno cultural en que está inscrito el sujeto. Es decir, es una conducta social,
compleja y aprendida adquirida e interiorizada a partir de claves de socialización”.
(DÍAZ-AGUADO, 2004: 6).
Por su parte desde una zona muy cercana a la concepción jurídica podemos valorar el
análisis que realiza la criminóloga DEL OLMO, señalando que la violencia se concreta
en “el uso de la fuerza, abierta u oculta, con la finalidad de obtener, de un individuo o
de un grupo, algo que no quiere consentirse libremente, es una de las manifestaciones
más importantes del deterioro de la calidad de vida en las ciudades contemporáneas”,
(DEL OLMO, 2000: 7) mientras que para PÉREZ GONZÁLEZ el fenómeno analizado
constituye “cualquier imposición de poder que afecta la calidad de vida en términos
psicológicos, biológicos y sociales”. (PÉREZ GONZÁLEZ, 1997: 33).
La violencia también puede ser conocida como “una fuerza que daña y abusa, y
aunque es un concepto complejo y admite multitud de matices, (ya que es multicausal
y multifacética) tiene como rasgo en común, que de algún modo implica el abuso de
fuerza física, de la amenaza, coacción moral o social, para lograr fines determinados”.
(MUÑOZ, 2010: 87).
Otra visión del término conceptualiza la violencia como el “uso intencionado de la
fuerza física en contra de un semejante con el propósito de herir, abusar, robar,
humillar, dominar, ultrajar, torturar, destruir o causar la muerte”. (ROJAS, 1995: 11).
Sin pretender asumir posturas absolutas, nuestro criterio es entender la violencia como
un fenómeno social, cultural e histórico; concebimos su carácter social teniendo en
cuenta que su origen, manifestaciones y consecuencias se producen en el entorno de
la sociedad modificándose con la evolución social, la esencia cultural se explica por
ser la violencia un fenómeno de creación humana manifestada en los ámbitos socio-
comunitarios concretos en los que se establecen relaciones de poder y dominio de
unos hombres sobre otros, mientras su connotación histórica se valora en tanto sus
expresiones están determinadas por las variables temporales y espaciales, marcadas
a su vez por las condiciones concretas de vida de un momento histórico determinado,
circunstancias que varían de acuerdo al movimiento evolutivo social.
Concretamente desde nuestra posición conceptual definimos la violencia como un
fenómeno sociocultural e histórico consistente en el ejercicio del poder en la solución
de conflictos interpersonales y en la configuración de determinadas relaciones
sociales, mediante el empleo de la fuerza, la coacción o cualquier otro recurso,
pudiéndose manifestar tanto a nivel individual, grupal o social.
En una precisión del concepto de violencia podemos afirmar que implica un sujeto
dominante que mediante la agresión física, psicológica o de cualquier tipo, posee
como fin cumplimentar un deseo contra la voluntad de otra persona. La violencia como
fenómeno se puede encontrar en todos los niveles sociales, en las relaciones
humanas propia de la sociedad actual.
2. Principales manifestaciones de la violencia.
La violencia es una afectación social, cada día más real y visible para todos, las
diferentes formas de presentarse hacen de ella un extendido y peligroso fenómeno de
la sociedad actual. Tal como sucede con su conceptualización, las principales
manifestaciones de la violencia han sido abordadas desde diferentes sectores
científicos como son: la Psicología, la Psiquiatría, la Criminología, la Sociología, entre
otras; cada una de estas ciencias aporta su visión particularizada aunque todas

4
persiguen el fin de definir las interioridades y formas más comunes de presentarse la
violencia, con el objetivo de enfrentarla y disminuir sus efectos.
Previo a la exposición de algunos enfoques clasificatorios, conviene esclarecer que la
categoría “manifestación” se utiliza para expresar diferentes variantes de un mismo
fenómeno, en el caso que nos ocupa dichas expresiones consisten en las
heterogéneas formas de presentarse la violencia.
Los criterios doctrinales clasificatorios de la violencia, por lo general, no presentan una
organicidad grupal o sistematizadora; en su gran mayoría los autores se limitan a
mencionar una gama ecléctica de manifestaciones sin organizarlas según criterios
concretos de agrupación.
Lo expresado anteriormente refleja el reconocimiento de varios autores respecto a la
amplitud y complejidad de las manifestaciones de la violencia, lo cual amerita que sea
estructurado en grupos sistémicos de organización de dichas variantes agresivas; que
pueden ser ordenados en concretos sistemas clasificatorios de acuerdo a criterios
propios de nuestro interés científico.
Sin pretender abarcar la amplia gama de criterios sistematizadores de la violencia, a
continuación proponemos varios juicios organizativos de sus manifestaciones:
 Según el estadio configurativo de la violencia respecto al Derecho Penal.
 Según los medios utilizados para el ejercicio de la violencia.
 Según los grupos de riesgo victimal que afecta la violencia.
 Según el sexo del sujeto comisor de la violencia.
 Según los contextos de ocurrencia de la violencia.
Más adelante explicamos puntualmente las diversas manifestaciones de la violencia a
partir de la sistemática grupal anteriormente propuesta, es decir, en aras de su
precisión conceptual analizaremos en su especificidad las variantes agresivas de cada
sistema clasificatorio mencionado.
Clasificación según el estadio configurativo de la violencia respecto al Derecho
Penal.
En aras de concretar una organización según el estadio configurativo de la violencia
referente al Derecho Penal proponemos analizarlo desde dos vertientes: la violencia
criminalizada y la violencia no criminalizada.
La violencia criminalizada (CAROLINA, 2009: 65) se encuentra configurada dentro de la
normativa jurídica de la Ley Penal, especificada en delitos concretos que comete el
victimario y por los cuales debe responder penalmente. Son acciones cometidas por
medios violentos que cumplen con los elementos tipificativos de uno o varios delitos.
(QUIRÓS, 1999: 124).
Mientras que la violencia no criminalizada es la manifestación de agresividad que
implica una afectación de las relaciones interpersonales o de alteración en cualquier
espacio socio-ecológico, la cual por su escasa peligrosidad, no ha sido considerada
por el legislador con la entidad suficiente como para ser incluida dentro de los ilícitos
penales. La violencia no criminalizada resulta de alto interés para la Criminología, por
la trascendencia criminógena que posee, pues significa aun sin su configuración como
ilícito penal, una alteración de coexistencia y el orden social, cuestión que de hecho
entra en el campo de la antisocialidad y que se corresponde con el objeto de trabajo
de la ciencia criminológica.

5
Clasificación según los medios utilizados para el ejercicio de la violencia.
Diversos son los medios o recursos que pueden ser utilizados en el ejercicio de la
violencia, en nuestro criterio, desde este ángulo, existen cuatro tipos de violencia: la
física, la psicológica o emocional, la sexual y la patrimonial. Para establecer la
distinción entre dichos tipos presentamos una valoración específica de cada uno de
ellos, atendiendo fundamentalmente a dos indicadores: los recursos usados para
concretar el acto agresivo y las formas de materialización de la violencia.
Violencia física: se conceptualiza como el “empleo de la fuerza en los actos violentos
que afectan el cuerpo de la persona”. (GARCÍA MÉNDEZ, 2002: 4). De lo anterior se
deduce que el acto violento se materializa a través de medios físicos con afectación
somática directa. Las formas más comunes de expresión son: empujones, golpes,
quemaduras, administración de sustancias nocivas y fracturas.
Violencia psicológica o emocional: se define como la “secuela que deja en el
maltratado por el daño que provoca en la integridad emocional”, (GARCÍA MÉNDEZ,
2002: 4) es el acto que afecta directamente la psiquis del hombre y su desarrollo
emotivo, de lo que se infiere directamente el uso del recurso emocional. Las formas de
materializarse esta clasificación que se presentan con mayor frecuencia son: maltrato
verbal, acoso, amenaza, reclusión, privación de recursos físicos y personales,
silencios, celos patológicos, abandonos y negligencias de diverso tipo (alimenticio,
sanitario, económico e higiénico), degradación mental, discriminación, humillación,
aislamiento, presiones psíquicas o afectivas, intolerancia, etc.
Violencia sexual: se concreta mediante la realización de “actos de carácter sexual
contra la voluntad de la otra persona”, (TOLEDO, 2006: 3) deduciéndose de ello el uso
de la sexualidad agresiva como manifestación peculiar de esta variante de violencia.
Las representaciones más utilizadas son: las caricias no deseadas, la penetración
sexual no deseada de cualquier carácter (oral, vaginal o anal), la pornografía, la
prostitución forzada, el acoso sexual, la intimidación en el sexo, las exigencias de
prácticas sexuales no apetecidas, las críticas al cuerpo, el hostigamiento sexual y los
abusos lascivos.
Violencia patrimonial: a los efectos de la presente clasificación se asume el concepto
de patrimonio (GOITE, 2009: 197) para referirnos a las propiedades personales que
posee la víctima, es decir, a los bienes adquiridos que se reconocen como pertenencia
personal, también consideramos que dentro del patrimonio se encuentran “la totalidad
de derechos y obligaciones de carácter económico y los bienes a que estos se
refieren, pertenecientes a una persona, destinados a satisfacer necesidades o a
cumplir determinados fines”. (VALDÉS DÍAZ, 2000: 205). Por tanto, la agresión que
tratamos se materializa mediante los despojos patrimoniales impuestos a la víctima.
Las formas más comunes de expresarse son: el despojo de las viviendas o
habitaciones de los propietarios, la sustracción de las chequeras de jubilación, la
usurpación de vehículos, el cambio forzoso de equipos electrodomésticos, sustracción
de los beneficios financieros recibidos en concepto de crédito por el adulto mayor, etc.
En resumen, se puede valorar que las manifestaciones de la violencia física,
psicológica o emocional, sexual y patrimonial son las formas más comunes para
ejercer la violencia desde la óptica clasificatoria según los medios o recursos utilizados
para cometer el acto agresivo injustificado y pueden presentarse en cualquier contexto
espacial de materialización de la violencia, clasificación que analizaremos más
adelante.
Clasificación según los grupos de riesgo victimal que afecta la violencia.
El término “sector social” nos interesa por su aplicabilidad a determinados grupos
humanos más sensibles a la violencia, nos referimos a los llamados grupos de riesgo o
6
predisposición victimal, sectores sociales de mayor debilidad ante el fenómeno en
estudio; integrados por las mujeres, los niños y los adultos mayores; dicha
vulnerabilidad responde a sus propias características de dependencia, debilidades
biológicas y físicas, etc.; no obstante, existen otros sectores que de igual forma
requieren atención, entre ellos se encuentran “las personas con capacidad especial y
los inmigrantes”, (MOSQUERA, 2007: 6) los primeros concuerdan con los rasgos antes
mencionados y los inmigrantes muestran rasgos de indefensión, en muchos casos por
su condición de ilegales son explotados y discriminados.
Conclusivamente se ratifica que de acuerdo con los grupos de riesgo victimal que
afecta la violencia se pueden clasificar en: violencia sobre las mujeres, violencia sobre
los niños y violencia contra los adultos mayores; manifestaciones clasificatorias que, a
su vez, se presentan en los contextos social, comunitario e intrafamiliar.
Clasificación según el sexo del sujeto comisor de la violencia.
Al analizar la definición de la condición de victimario, se entiende este término como la
persona que ejecuta o comete la agresión violenta. Al establecer que el sexo del
victimario constituye uno de los criterios de sistematización clasificatoria de la
violencia, presumimos la existencia de un desbalance de género presente en la
comisión de las agresiones violentas, pues de hecho en la cotidianidad social se
manifiestan mucho más sucesos violentos ejecutados por el sexo masculino que los
cometidos por mujeres; lo anterior se explica por poseer nuestra sociedad una
formación patriarcal, con concepciones predominantemente masculinas, tal y como
asevera MORILLAS CUEVAS al señalar que “se encuentra enraizada la violencia en las
más profundas tradiciones del dominio masculino”. (MORILLAS CUEVAS, 2002: 2).
En relación con el predominio del género masculino en la comisión de hechos
violentos vale afirmar que a partir de finales de la década de los años 70 del pasado
siglo, tomaron auge los estudios científicos sobre el hombre abusivo, con dichos
estudios se fue revelando la alta incidencia de la actitud violenta del hombre como
manifestación de una cultura que asocia la masculinidad con la agresividad
destructiva. La violencia no solo posee como victimario al hombre, también la mujer
comete acciones violentas aunque en menor medida; por lo que resumidamente se
distinguen dos grandes grupos en este criterio clasificatorio: la violencia cometida por
hombres y la violencia cometida por mujeres.
Desde una perspectiva general vale sintetizar que existe la carencia de un enfoque
complejo y multifacético para concebir la violencia, pues el fenómeno no se analiza
desde la duplicidad o triplicidad de posibilidades clasificatorias de una misma
manifestación; por ello insistimos que atendiendo a su complejidad se debe valorar la
posibilidad de una clasificación mixta o compleja, a partir que la violencia afecta a
determinado sujeto o grupo social, se comete mediante un recurso específico (ya sea
físico, emocional, etc.) y se materializa en cualquiera de los espacios contextuales de
ocurrencia (social, comunitario e intrafamiliar).
Clasificación según los contextos de ocurrencia de la violencia.
En la búsqueda de una superior comprensión de la violencia optamos por realizar un
análisis más allá de las agrupaciones de la violencia tradicionalmente reconocidas por
la literatura especializada en este tema; en ese sentido elaboramos un sistema de
ordenamiento que parte del criterio estructurador asociado al contexto espacial de
ocurrencia, dicho juicio clasificatorio toma como referencia organizativa las categorías
de lo general, lo particular y lo singular, a los efectos de establecer tres niveles de
incidencia socio-ecológicos de la violencia. A cada una de estas categorías
organizativas referenciales (lo general, lo particular y lo singular) le corresponde un
tipo de violencia concreta según el contexto espacial de ocurrencia. Siendo así,

7
establecemos correspondencia entre el nivel general y la violencia social, el nivel
particular coincidirá con la violencia comunitaria y el nivel singular se identifica con la
violencia intrafamiliar como tipo más específico de espacio socio-ecológico de
incidencia del comportamiento agresivo.
Como toda clasificación científica, la sistematización realizada responde a criterios
gnoseológicos de análisis, pues en la realidad objetiva no resulta posible establecer
límites donde cada tipo de violencia se desarrolle independientemente de otra
modalidad del fenómeno, tal ausencia de rígidas fronteras de manifestación se explica
porque el entramado social constituye una densa gama de relaciones que implican
interconexión e interdependencia perenne; podemos asumir como ejemplo que la
violencia social influye en la violencia comunitaria, en tanto los grupos de convivencia
que estructuran la comunidad se instituyen en poleas de transmisión de la agresividad
estructural del nivel societal.
Como otra evidencia de interrelación de las tres formas de violencia manejadas en
esta clasificación aparece la manifiesta conexión de la violencia intrafamiliar con la
violencia comunitaria, pues la misma se puede concretar en espacios comunitarios y
no necesariamente en el hogar como entorno más frecuente de las relaciones entre
los miembros de la familia.
2.1. La violencia según los contextos espaciales de ocurrencia.
La clasificación de la violencia según los contextos espaciales de ocurrencia posee
una esencia socio-ecológica y como organización clasificatoria reviste gran
trascendencia a los efectos del modelo teórico de análisis sostenido en la presente
investigación, en tanto sistematiza los entornos principales en que se manifiesta la
violencia y la consecuente victimización de grupos humanos más vulnerables; con
especial interés en la incidencia de la victimización sobre los adultos mayores.
En aras de lograr una organización lógica de las características de los niveles
clasificatorios de la violencia, se parte de las categorías de lo general, lo particular y lo
singular; categorías que coincidirán respectivamente con el contexto espacial de
ocurrencia de la manifestación violenta: contexto social (visión general), contexto
comunitario (visión particular) y contexto intrafamiliar (visión singular).
La violencia social.
La complejidad de la vida social contemporánea, la contradicción entre el ser individual
y el ser social, el crecimiento desmesurado de la población y otros muchos elementos
desestabilizadores acentuaron los procesos violentos en la sociedad postmoderna. La
violencia social es un fenómeno, que “por la magnitud y multiplicidad que alcanza,
necesita ser reconocido como una epidemia”, (PEYRÚ, 2004: 1) afectando el
conglomerado humano y mostrando en la actualidad una tendencia de aumento.
La violencia social se ha conceptualizado como “una agresión maligna o destructiva”,
(RODRÍGUEZ, F, 2000: 3) podemos definirla también como “la comisión de actos
violentos motivados por la obtención o mantenimiento del poder social, que causa
daño y muerte, (…) hay que subrayar el carácter multifacético de este problema y la
variedad de contextos en que se manifiesta, (…), tanto en el ámbito privado como en
el público”. (GONZÁLEZ RODRÍGUEZ, 2004: 13).
Tomando en cuenta las acepciones mencionadas anteriormente, llegamos a nuestro
concepto de violencia social, definiéndola como el conjunto de acciones violentas que
inciden sobre todo el conglomerado social y que se manifiesta de forma
multidimensional, pudiendo tener connotación política, económica, estructural, etc.
En un desglose explicativo de las expresiones de la violencia en el ámbito social,
analizaremos que de forma entretejida o entrelazada, en la sociedad interactúan
8
directamente disímiles expresiones de la violencia, tales como: la violencia política, la
violencia económica, la violencia estructural, la violencia cultural, etc.; manifestaciones
que desarrollaremos someramente a continuación:
Violencia política
La Política es la ciencia que conoce del gobierno y de las sociedades humanas, que
expresa las relaciones entre las naciones y los Estados, se entiende también como el
conjunto de medidas y procedimientos que se adoptan para dirigir los asuntos que
afectan a la sociedad o tienen relación con ella. Existe una innegable interconexión
entre la Política y el Poder. (ACANDA, 1996: 89).
Dentro del contexto social se aprecia la violencia política a través del ejercicio violento
de la hegemonía por los grupos organizados que detentan el poder o por aquellos
grupos opositores que se resistan al poder institucionalizado mediante el uso de las
armas, se entiende también por violencia la no participación en la toma de decisiones
o el aislamiento ante los acontecimientos de una nación.
Como principales formas de expresarse la violencia política, según SALAZAR VERGARA
tenemos la “presencia de actos violentos en las calles, el tráfico de drogas, acceso a
armas de fuego, el abuso del alcohol y las drogas, niveles de pobrezas y
desigualdades, conflictos armados contra los Estados, actos de violencia perpetrados
por los Estados (genocidio, represión, terrorismo y crimen organizado)”. (SALAZAR,
2005: 4).
Violencia económica
La economía se dedica específicamente a “estudiar los recursos, la creación de
riquezas y la producción, distribución y consumo de bienes, para satisfacer las
necesidades humanas”. (PEYRÚ, 2004: 1).
La violencia socio-económica es entendida como la unión de dos factores importantes
en cualquier sociedad: el social y el económico; como ejemplos comunes de este tipo
o subvariante de la violencia social encontramos: el desempleo, el bajo nivel
financiero, los altos niveles de pobreza de determinadas clases sociales, etc.
Violencia estructural
La violencia estructural posee naturaleza social, por lo que la ubicamos analíticamente
como subvariante de la violencia acaecida en el entorno social; de hecho se manifiesta
mediante la carencia en la satisfacción de las necesidades básicas, todo ello asociado
a la existencia de las desigualdades sociales materializadas principalmente en los
bajos ingresos, la precariedad de la vivienda, la ausencia de servicios sanitarios
elementales, la deficiente nutrición, etc.
Por ello conceptualmente hablando, la violencia socio-estructural “es aplicable en
aquellas situaciones en las que se produce un daño en la satisfacción de las
necesidades humanas básicas (supervivencia, bienestar, identidad o libertad) como
resultado de los procesos de estratificación social, es decir, sin necesidad de formas
de violencia directa, se remite a la existencia de un conflicto entre dos o más grupos
de una sociedad (normalmente caracterizados en términos de género, etnia,
nacionalidad, edad u otros) en el que el reparto, acceso o posibilidad de uso de los
recursos es resuelto sistemáticamente a favor de alguna de las partes y en perjuicio de
las demás, debido a los mecanismos de estratificación social”, (TORTOSA y LA PARRA,
2003: 2) como bien se puede analizar posee un carácter abarcador y su propia
estructura social puede permitirse niveles de victimización impresionantes. La violencia
estructural puede clasificarse en violencia estructural interna y violencia estructural
externa.

9
Violencia cultural
En igual espacio dentro de la violencia social, se desarrolla la violencia cultural, la que
se define como el conjunto de manifestaciones de la cultura de un pueblo o sector
social que respaldan y justifican la violencia directa o de cualquier otro tipo.
Cuando analizamos la violencia cultural “se está haciendo referencia a aquellos
aspectos simbólicos de la cultura (sus formas no materiales como son el lenguaje y la
comunicación) que inciden en la justificación de situaciones violentas, ya tengan estas
un carácter directo o estructural”. (PENALVA, 2002: 3)
Atención aparte merece el análisis de los medios masivos de comunicación como
recurso socio-tecnológico que propicia y apoya la configuración de diversas
modalidades o formas de manifestación de la violencia social (ya sea política, cultural,
económica, etc.). A pesar de representar el avance y desarrollo en varias esferas de
una sociedad, la utilización de los medios masivos de comunicación, entiéndase la
prensa, la radio, el cine y la televisión, también alienta la solución violenta de
conflictos; hecho que adquiere amplia repercusión social debido a su gran expansión,
alcanzando a la mayoría de los hogares. Resulta contradictorio que los medios
masivos de comunicación no desarrollen el papel socializador que le corresponde en
este sentido, pues a pesar de que reconocen la existencia de la violencia, no accionan
contra ella de forma sistemática mediante programas educativos e instructivos; muy
por el contrario en la mayoría de las oportunidades realizan una acción
contraproducente, en tanto promueven la utilización de la violencia mediante modelos
o estereotipos que son presentados a los televidentes.
Sin embargo, no es la televisión el único medio que incita a la violencia, de igual forma
en el cine, se utiliza la proyección desmedida de películas altamente agresivas y en
menor escala en la prensa y la radio, lo que se entiende con las palabras de MARSHALL
LUHAN cuando señala, "las sociedades siempre han sido moldeadas por la naturaleza
del medio con el que se comunican los hombres, más que por el contenido de dicha
comunicación”. (MASHALL, 1967: 4). También apreciamos escasas acciones
neutralizadoras de la violencia en la radio y la prensa escrita, las cuales por su rápido
nivel de recepción poseen amplia factibilidad en el logro de una proyección preventiva
eficaz.
En resumen, se puede afirmar que los medios masivos de comunicación deben
perfeccionar su programación como un valioso instrumento en la materialización de las
estrategias educativas y preventivas para aliviar la acción de la violencia, pues al no
ser utilizados correctamente y de forma balanceada provoca que los patrones de
conducta ofertados como referencia a las nuevas generaciones sean negativos y
agresivos.
La violencia comunitaria.
La comunidad como entorno de ocurrencia de la violencia se ve afectada por los
cambios culturales, políticos, sociales, económicos y tecnológicos acaecidos en la
sociedad actual. La conceptualización del término de comunidad, ha sido presentada
con anterioridad, no obstante, en aras de lograr un mejor entendimiento proponemos
un análisis más exhaustivo del mismo.
El principio de comunidad para la regulación social se debe principalmente a
ROUSSEAU, para quien la “comunidad era una asociación voluntaria de individuos para
preservar su libertad”. (ROUSSEAU, 1993: 49). Por su parte para ANDER EGG constituye
“una unidad social cuyos miembros participan de algún rasgo, interés, elemento o
función común, con conciencia de pertenencia, situados en una determinada área
geográfica en la cual la pluralidad de personas interacciona más entre sí que en otro
contexto”. (ANDER, 2001: 12).
10
La mayoría de los autores al referirse a la violencia comunitaria la consideran como
una violencia criminalizada, como sí en su conformación se incluyeran solamente los
hechos tipificados como delitos. (QUIRÓS, 1999: 14). En igual sentido utilizan la
terminología de “violencia juvenil, e infieren que los actos que se cometen por ellos se
consideran delictivos”, (PSZEMIAROWER, y FINKELSTEIN, 2006: 4) llevando consigo el
repudio social, en nuestro criterio se realiza una exégesis muy limitada de la verdadera
concepción de la violencia comunitaria, no debemos hablar de conjunto de violencia
comunitaria identificándola con la violencia criminalizada, ni de violencia juvenil y
delito, pues en ambos casos las acciones cometidas no siempre se tipifican como
quebrantamientos graves de la Ley Penal.
Nuestra posición al respecto es considerar a la violencia comunitaria como la relación
socio-comunitaria caracterizada por el uso de métodos innecesariamente agresivos en
la solución de conflictos y por la existencia de estilos de vida marcados por la rudeza y
la coacción.
Como manifestaciones frecuentes de la violencia comunitaria aparecen: la violencia
escolar, la violencia laboral, etc., expresiones violentas que se cometen con el uso de
disímiles medios, tales como; el recurso físico, el emocional, el sexual, etc.; lo que
propicia que en una natural superposición o entrelazamiento de expresiones
clasificatorias violentas pueda existir la coexistencia de muchas de ellas, apareciendo
como ejemplo: la violencia escolar física o la violencia laboral de entidad sexual, etc.
La violencia en el contexto de la comunidad no precisa presentarse en un área
geográfica específica, en un estrato social determinado, en una edad concreta o que
sea ejecutada por una raza determinada; esos indicadores anteriores no resultan
relevantes en el auge de la violencia, lo que resulta insoslayable identificar son las
variables que etiológicamente puede provocar la violencia comunitaria, tales como: los
barrios marginales, la pobreza, la carencia de servicios sociales en ese espacio, la
elevada tasa de delincuencia, los altos índices de inmigrantes, el índice de personas
desvinculadas del estudio y el trabajo; en fin, los mencionados anteriormente son
elementos determinantes de la violencia comunitaria que impelen a trabajar, tanto en
la prevención etiológica como en la prevención situacional (MEDINA, 1997: 271-327;
GARCÍA-PABLOS, 1999: 907) comunitaria, que ayude a resolver paulatinamente estas
afectaciones.
En un somero análisis de las manifestaciones concretas de la violencia comunitaria,
valdría conceptualizar la violencia escolar como los hechos agresivos que ocurren
dentro del área de la escuela, ya sea entre estudiantes, entre maestro y estudiante, o
entre trabajador y estudiante, etc. Por su parte, al concebir la violencia laboral la
definimos cuando en el centro de trabajo se cometen actos violentos contra “un
trabajador, un grupo de trabajadores, por otros trabajadores, por el superior jerárquico
o por un tercer cliente”. (GUEVARA, 2007: 9). Mientras, la violencia juvenil es otra forma
de presentarse este fenómeno en la comunidad y ocurre entre las edades que
enmarcan la adolescencia hasta la edad de madurez, es decir, cuando desarrollamos
la locución violencia juvenil comunitaria hablamos del comportamiento violento durante
esta etapa de la vida.
La violencia intrafamiliar.
A lo largo de la historia humana la familia ha sido entendida como la institución básica
de la vida social y económica, por ende se le considera, la célula fundamental de la
sociedad. En nuestro criterio consideramos a la familia como un sistema de origen
consanguíneo y matrimonial, que establece las vías de comunicación entre sus
miembros y los protege de las presiones exteriores para conservar la estabilidad en el
entorno familiar.

11
La violencia intrafamiliar ha sido trabajada por diferentes autores, los que coinciden en
señalar que la misma consiste en las acciones existentes en el seno de la familia que
afectan la independencia y la individualidad de cada persona, perjudicando la
integridad corporal y psicológica de sus miembros. También, se concibe como una
relación donde “se han agotado las posibilidades de interacción y comunicación (…),
se da básicamente por tres factores; la falta de control de impulsos, la carencia
afectiva y la incapacidad para resolver problemas adecuadamente”. (MARTÍNEZ, E.,
2006: 10).
No existe unanimidad en los que se refiere al espacio contextual donde se desarrolla
la violencia intrafamiliar; varios autores conciben únicamente el hogar como el espacio
físico donde ocurren estos hechos, siendo incorrecta tal aseveración pues el entorno
de interacción de las relaciones interpersonales entre los miembros de la familia
resulta muy amplio y no circunscrito únicamente a la vivienda o domicilio.
En nuestro criterio, consideramos la violencia intrafamiliar como el conjunto de
actitudes o de comportamientos de abuso de un miembro de la familia contra otro, en
la que se afecta su integridad física y psicológica, tiene como objetivo el control del
familiar violentado y puede tener carácter sistemático o periódico.
La literatura nos presenta diversas formas de expresarse la violencia intrafamiliar, la
cual se ha trabajado por los autores desde cinco clasificaciones fundamentales,
organizándolas en: los maltratos físicos, el abuso psicológico o emocional, el abuso
sexual, los atropellos económicos, educativos y sociales y por último el abandono y la
negligencia.
El maltrato físico es una de las formas de expresión más común de la violencia
intrafamiliar, se conceptualiza como “el daño que se le ocasiona al cuerpo, golpes,
bofetadas, quemaduras, lesiones por armas blancas o de fuego o de otro tipo; todo lo
que puede ocasionar dolor, incapacidad temporal, permanente o la muerte”. (MORENO,
2006: 25).
El abuso psicológico-emocional es otra de las manifestaciones de la violencia
intrafamiliar y se refiere a las afectaciones que se provocan en el componente
emocional de la psiquis, se muestra principalmente mediante calumnias, burlas,
insultos, silencios prolongados, humillaciones, etc. La tercera clasificación se destina
al abuso sexual que abarca diferentes situaciones tales como “ignorar o negar
necesidad y sentimientos, caricias no deseadas, sexo bajo amenazas y coacción,
exigencias de prácticas sexuales no apetecidas, críticas al cuerpo, violación, abusos
lascivos y otros que se mueven en esa escala y dejan impacto psicológico muy
profundo”. (ALMENARES, LOURO Y ORTIZ, 1999: 2).
Como parte de las principales manifestaciones de la violencia intrafamiliar se incluyen
los atropellos económicos, educativos y sociales, refiriéndose a “las limitaciones para
comunicarse con otros, tener acceso a la recreación, para vincularse a instituciones
educativas y superarse, para interrelacionarse con familiares y amigos, para trabajar
fuera del hogar y hasta para tener acceso a la economía familiar o no cubrir las
necesidades básicas de la persona y ejercer el control de los recursos económicos”.
(MORENO, 2006: 25).
Además, se analiza la expresión del abandono y la negligencia como acciones en el
ejercicio que se identifican “por la falta de protección y cuidados físicos de los
miembros de la familia, la falta de respuesta a las necesidades de contacto afectivo y
estimulación cognitiva, descuido en la alimentación, vestuario, etc.” (ALMENARES,
LOURO Y ORTIZ, 1999: 2).
Un aspecto importante a tener en cuenta cuando profundizamos en la violencia
intrafamiliar aparece con la tendencia a identificar varios conceptos cercanos a la
12
misma, nos referimos a la necesaria distinción existente entre la violencia intrafamiliar,
la violencia doméstica y la violencia de género.1 (PÉREZ NÁJERA, 2010a: 64).
La violencia intrafamiliar es un problema social, por lo que resulta de vital importancia
conocer, establecer y cumplir las normas que regulan la vida personal, familiar y
social, con el objetivo de que los individuos comprendan la importancia de regular su
actuar en el hogar y en la sociedad, así como las consecuencias negativas para sus
víctimas.
Hemos analizado los espacios fundamentales en los cuales interactúan los niveles de
la violencia el general, particular y singular, en cada uno de los contextos que se
desarrollan respectivamente en la sociedad, la comunidad y la familia, analizando en
sus categorías las representaciones más comunes de manifestarse.
3. Análisis teórico-victimológico del tema.
El surgimiento de la Victimología como ciencia pudiéramos enmarcarlo a mediados de
la década de los años cuarenta del siglo XX, posterior a la II Guerra Mundial, momento
en que renace el interés por la víctima debido a la preocupación por el genocidio a que
fue sometida la población judía y eslava por la Alemania fascista. (IRUELA ,1999: 2).
La ulterior evolución de la Victimología se debe en gran medida a los Simposios
internacionales en los que se ha desplegado el intercambio de criterios y estudios
entre investigadores de diferentes especialidades, desarrollándose trece encuentros
de esta magnitud, desde el Primer Simposio sobre Victimología celebrado en
Jerusalén, Israel, en 1973, donde se concibió a la Victimología como el estudio
científico de la víctima, hasta el año 2012 en Holanda.
De acuerdo al criterio emitido por MENDELSOHN, la Victimología debe dedicarse no solo
al estudio de las víctimas de los delitos, sino también de víctimas de las catástrofes
naturales. (MENDELSHON, 1981: 115). Alrededor del estudio de las víctimas de los
delitos existe una divergencia consistente en la respuesta al cuestionamiento de cuál
es la ciencia que debe asumir este análisis científico, si la Criminología o la
Victimología. En este sentido, la doctrina estructura tres grupos de análisis en relación
con la independencia o no de los estudios de la víctima del delito, el primero de ello
asume una posición autónoma,2 el segundo grupo admite dicho estudio victimológico
dentro de la Criminología,3 (RODRÍGUEZ MANZANERA, 1998: p. 28; GARCÍA–PABLOS,
1
A los efectos de esta distinción, por violencia intrafamiliar pudiéramos entender toda acción u omisión
agresiva realizada entre miembros de una familia sin importar el espacio físico donde se produzca, por su
parte la violencia doméstica se refiere a la cometida en la locación geográfica del hogar o vivienda,
mientras la violencia de género supone la agresión lesiva basada en diferencias sexuales determinadas
por los roles de género culturalmente construidos en la identidad de los sexos, cuestión que no se limita al
entorno familiar, pues puede manifestarse en otros entornos como el laboral. Vale aclarar que a pesar de
esta diferencias conceptuales, estos tipos de violencia pueden superponerse en un mismo hecho violento,
V. gr. la violencia entre una pareja matrimonial, en la que el hombre basado en su machismo agrede
físicamente a su esposa y madre de sus hijos en el domicilio donde convive la familia; en este hipotético
caso se reflejan los tres tipos de violencia: la intrafamiliar, la doméstica y la de género.
2
En relación con la autonomía de la Victimología MENDELSOHN señala “esta ciencia, (…) admite la existencia
de dos vías paralelas para la descomposición del complejo criminógeno: por una parte el criminal, por el otro la
víctima. (…) La Victimología es considerada una ciencia paralela a la Criminología, o por decirlo en otra forma el
reverso de la Criminología, así, la Criminología se ocupa del criminal; la Victimología tendrá como sujeto el
factor opuesto de la pareja penal, la víctima”.
3
La segunda agrupación se refiere a los que consideran que la Victimología forma parte de la
Criminología, indiscutiblemente en esta línea se encuentran la mayoría de los autores, RODRÍGUEZ
MANZANERA, considera “que no es una ciencia independiente, reconociéndole un carácter de conocimiento
científico por poseer un método y un objeto de estudio identificado”, Con igual sentido GARCÍA- PABLOS
“enfoca su análisis del problema victimal desde el campo de la Criminología y alerta con relación al interés
mostrado por la víctima del delito”,. También encontramos el criterio de FATTAH EZZAT al precisar que “es
la rama de la Criminología que se ocupa de la víctima directa del crimen y que designa el conjunto de
conocimientos biológicos, sociológicos, psicológicos y criminológicos concernientes a la víctima”.
13
1998a: 99 y FATTAH, 1980: 5) y el último sector doctrinal niega toda necesidad de
pronunciamiento al respecto pues no concibe la existencia de la Victimología como
ciencia autónoma, ni siquiera su adscripción a la Criminología. (LÓPEZ REY, 1978:
145).
Unimos nuestro criterio, al expresado por RODRÍGUEZ MANZANERA, al considerar el
estudio científico de las víctimas de los delitos como una rama de la Criminología,
pues fraccionar la valoración científica del suceso criminal en dos disciplinas resultaría
contradictorio y por ello inaceptable, en tanto supone seccionar un problema que solo
debe analizarse con un enfoque holístico, consistente en el análisis conjunto de los
diversos factores y causas que lo generan y caracterizan; la orientación victimológica
dentro de la Criminología complementa una interpretación más social del delito, que
redundará en un mejor conocimiento del fenómeno criminal. Por tanto, la necesidad de
investigar el proceso criminal en su conjunto devalúa la pretensión de asumir el
estudio de la víctima de los delitos desde una ciencia independiente de la
Criminología. A tales efectos, es por ello que aceptamos la definición de Victimología
criminológica. (RODRÍGUEZ MANZANERA, 1998: p. 28)
La violencia como hemos explicado se puede presentar en los diferentes contextos
tanto el social, comunitario o intrafamiliar y por ende la víctima puede resultar
victimizada como consecuencia del acto violento en cualquiera de estos espacios.
3.1. La victimización. Definiciones conceptuales.
Un importante aspecto a valorar en torno a la Victimología se centra en los elementos
conductuales victimológicos, nos referimos al nivel del comportamiento asociado al
tema, precisamente para definirlo utilizamos el término de victimización.
En un acercamiento a algunas definiciones de prestigiosos teóricos en este campo se
valora la conceptualización general que aporta el criminólogo mexicano RODRÍGUEZ
MANZANERA, al señalar que “es la acción y el efecto de victimizar o victimar y la función
de ser victimizado o victimado en cualquier sentido”. (RODRÍGUEZ MANZANERA, 1998: p.
73). Por su parte FATTAN EZZAT afirma que “es el resultado de una conducta antisocial
contra un grupo o persona; por el cual se deviene en víctima”. (FATTAH, 1980: 5). La
doctrina cubana recoge el criterio emitido por GÓMEZ PÉREZ quien ha patentizado su
posición respecto al concepto de victimización de una forma concreta como “la acción
y efecto de victimizar a otros”. (GÓMEZ PÉREZ, 2004: 317).
El término victimización proponemos analizarlo desde dos posiciones coincidiendo con
las expuestas por RODRÍGUEZ MANZANERA y GÓMEZ PÉREZ, como: la acción de
victimizar, y el efecto de victimizar.
De estas definiciones pueden extraerse elementos comunes organizados desde dos
aspectos diferentes: la conducta nociva, refiriéndose al comportamiento lesivo, al
ejercicio intencional violento y un segundo elemento centrado en las consecuencias de
dicha acción dañosa. Resulta necesario identificar las manifestaciones en que puede
presentarse la victimización, siendo así de vital importancia el análisis de los tipos
clasificatorios de la misma. La doctrina victimológica usa con mayor frecuencia la
clasificación de este fenómeno en tres tipos: la victimización primaria, la victimización
secundaria y la victimización terciaria.
Los actuales estudios victimológicos han demostrado que el riesgo a convertirse en
víctima se centra en sectores poblacionales concretos sometidos a especiales peligros
que se asocian a diversos factores, tales como: su lugar de residencia, su profesión
específica, sus condiciones físicas y psicológicas, etc. Consideramos que la victimidad
o predisposición victimal es la vulnerabilidad que ostenta determinado grupo de
personas para convertirse en víctimas de un crimen, constituye una especial fuerza de
atracción para la acción delictiva a partir de una peculiar proclividad situacional o
14
propensión a ser víctimas, en el caso del fenómeno de la violencia nos referimos como
grupos de riesgos fundamentales: las mujeres, los niños y los adultos mayores.
En resumen, la victimización doctrinalmente hablando es un término usado de forma
ambivalente que designa tanto el comportamiento dañoso violento como el resultado
perjudicial del accionar agresivo del sujeto comisor.
4. El adulto mayor como grupo de riesgo victimal frente a la violencia.
A finales del Siglo XX comenzaron a desarrollarse algunos estudios sobre la temática
de la violencia en la etapa de la vejez, asunto que hasta ese momento resultaba un
tema virtualmente ignorado; este interés por la materia respondió a los altos índices de
agresión que se producían contra ese grupo de riesgo victimal, incremento de la
victimización asociado al envejecimiento acelerado de la población.
Con el objetivo de lograr una visión profunda del tema, conviene esclarecer las
características del momento de la vejez en el ciclo vital humano, a tales efectos se
propuso una clasificación de cuatro etapas de la vida humana, (LASLETT, 1996: 4)
identificadas como: dependencia y socialización, independencia y responsabilidad,
realización personal, y por último dependencia final y decrepitud. Por su parte
FERNÁNDEZ BALLESTEROS asume cuatro momentos importantes en el comportamiento
humano: la infancia, la adolescencia, la edad adulta y la vejez. (FERNÁNDEZ
BALLESTEROS, 2000: 11).
Centraremos nuestra atención en la etapa de la vejez y en esclarecer en qué consiste
el proceso de envejecimiento. Al respecto, una distinción imprescindible de realizar “es
la que puede establecerse entre el proceso de envejecimiento que ocurre a lo largo de
la vida y la vejez como un estado que comienza en un momento del ciclo de la vida. En
realidad, el proceso de envejecimiento empieza cuando empieza la vida, de forma tal
que no hay vida orgánica sin envejecimiento”. (FERNÁNDEZ BALLESTEROS, 2000: 11). El
envejecimiento “es un proceso dinámico, continuo, irreversible, (…) no es otra cosa
que las impresiones o marcas que el paso de los años deja sobre una persona”.
(DUARTE, 2008: 8). De acuerdo a lo anterior, el período de la vejez es entendido como
la etapa de la vida en que se presentan síntomas de involución en el aspecto somático
y psíquico, produciéndose un proceso determinado en cierto modo por las condiciones
previas del organismo de la persona envejecida.
El proceso de envejecimiento, se va a definir como un “asunto fisiológico que (…)
ocasiona cambios característicos de la especie, el ciclo vital, esos cambios producen
una limitación a la adaptabilidad del organismo en relación con el medio. (…), en
realidad decimos que una persona está envejeciendo cuando aparecen en ella ciertas
características físicas (canas, arrugas, lentitud), psicológicas (falta de motivación por
ciertas actividades, decrecimiento de energía vital) y sociales (aislamiento o poca
participación, pérdida de roles), podemos hablar también de indicadores biológicos,
cronológicos, fisiológicos, sociales, psicológicos, que indican que el envejecimiento es
un fenómeno individual”. (MARTÍNEZ ALMANZA, 2009: 78).
“El significado de la condición de vejez ha variado y seguirá transformándose en el
tiempo, pues varía en un mismo momento histórico de una cultura a otra, de una
región a otra, de un país a otro. Dentro de un mismo país, la salud, la situación
económica, social y familiar y sus implicaciones para el bienestar de los adultos
mayores son claramente diferentes según las condiciones socioeconómicas, género,
etnia y lugar de residencia”. (OROSA, 2000: 2).
Con vistas a la investigación, también resulta necesario precisar definiciones que
aparecen en la literatura científica y que, en dependencia del autor y de su enfoque,
son utilizadas de manera correcta o abordadas inadecuadamente de forma indistinta,

15
nos referimos a conceptos tales como: tercera edad, adulto mayor, anciano, cuarta
edad, longevo y centenario.
La tercera edad constituye “un término antrópico-social que hace referencia a la
población de personas mayores o ancianas. En esta etapa el cuerpo se va
deteriorando y, por consiguiente, es sinónimo de vejez y de ancianidad. Se trata de un
grupo de la población que está jubilada y tiene 65 años de edad o más. Hoy en día, el
término va dejando de utilizarse por los profesionales y es más utilizado el término
personas mayores (en España y Argentina) y adulto mayor (en América Latina)”.
(PALACIOS, 2003: 3). La tercera edad es un término, que desde la óptica del Sistema
de Salud cubano, se utiliza para valorar a las personas comprendidas entre los 60
años y 74 años de edad.
Existe una distinción entre los términos tercera edad y adulto mayor, el primero se
construye a partir de lo psicológico, mientras adulto mayor es un término demográfico
usado para definir a un segmento de la población, en oposición a la antigua
denominación de “viejo”, cuya connotación peyorativa se asociaba a la incapacidad, la
invalidez y la enfermedad. (FONTANÉT y CARVAJAL, 2011: 15).
El término adulto mayor fue adoptado por el Plan de acción internacional de Viena
sobre el envejecimiento, noción a la que se afilió la Organización Mundial de la Salud,
conceptualizándolo como “aquel individuo cuyo estado de salud se considera no en
términos de déficit, sino de mantenimiento de capacidades funcionales y que arriba a
los 60 años”. (ISERN, 1999: 74). Tomando como base la definición anterior, el
Ministerio de Salud Pública en Cuba reconoce la persona adulta mayor partir de los 60
años de edad, criterio etareo que predomina con independencia de que la persona
presente deterioro o no en su salud.
Aunque consideramos que la definición de adulto mayor se debe apreciar no con
énfasis en el deterioro de la persona sino tomando en cuenta el proceso de
envejecimiento activo, a fin de obtener una persona de edad avanzada más saludable,
activa, próspera, sabia y experimentada. (ENGLER, 2001: 55).
Respecto a la definición del término anciano, la Organización Mundial de la Salud
define como anciano “cualquier persona mayor de 60 años que puede verse afectada
por problemas propios de la tercera edad como resultado de haber sufrido
enfermedades o una exposición continuada a malas condiciones de vida”.
Se reconoce por BEAUVOIR tres etapas de la ancianidad en las que puede resultar
variable la edad de aparición, de acuerdo con la individualidad de la persona: la fase
inicial del envejecimiento o inicio de la misma (aproximadamente entre los 60 y 70
años de edad), el cuadro florido del envejecimiento (aproximadamente desde los 70
años hasta los 85 años de edad) y la declinación o fase terminal del anciano (más de
85 años de edad). (BEAUVOIR, 1970: 2).
Por su parte, el término de cuarta edad se concibe para las personas comprendidas
entre los 75 y 89 años de edad, siendo este el único criterio distintivo de la noción
“cuarta edad”.
Otra de las expresiones a analizar es la de longevidad, la cual es utilizada
principalmente por los estudios demográficos y sociológicos. El término, en general,
tiene que ver con la duración de vida de un ser humano o de un organismo biológico y
en él se contempla a las personas entre los 90 y 99 años de edad; y por último
contamos con las personas centenarias refiriéndonos solo a los individuos mayores de
100 años.
Como se ha analizado en todas las definiciones anteriores existe una variable que
posibilita un límite dentro de cada término, nos referimos a la edad, aun cuando en el

16
caso de la tercera edad, el adulto mayor y el anciano se produce una superposición
etaria.
Las principales conclusiones de este análisis son las siguientes: en el caso de los tres
primeros términos (tercera edad, adulto mayor y anciano) no existe una claridad
diferenciadora en cuanto al rango de edades que delimitan sus conceptos, pues se
produce una coincidencia de edades, utilizándose estas definiciones de una forma
superpuesta en cuanto al criterio etareo; sin embargo, las últimas tres expresiones
analizadas (cuarta edad, longevo y centenario), se encuentran muy bien delimitadas
en cuanto a este aspecto.
A los efectos de nuestra investigación asumimos el término de adulto mayor, como
concepto socio-demográfico para referirnos al sector poblacional objeto de nuestro
estudio científico, por ello en aras de una delimitación del vocablo adulto mayor
analizaremos el tema de la edad, que constituye un aspecto vital a valorar. En la
actualidad existe una tendencia a clasificar los diferentes tipos de edades en: edad
cronológica, edad biológica, edad social y edad legal.
Reafirmamos el criterio de que la definición de una edad exacta a partir de la cual
aparece la adultez mayor constituye una construcción social, que parcialmente está
determinada por factores biológicos o psicológicos. La categoría adulto mayor, es por
consiguiente, un estado socio-psicológico asignado y no elegido por las personas
incluidas en ese sector poblacional.
Visto lo anterior, somos del criterio de que a pesar de existir en la doctrina una
tendencia a considerar adulta mayor a una persona a partir de los 60 años de edad, a
los efectos de nuestra investigación y teniendo en cuenta la realidad cubana
valoramos que en Cuba, por sus características actuales, se debe considerar un adulto
mayor a partir de los 65 años de edad. Si partimos del criterio que la etapa de la
adultez mayor como fenómeno bio-psico-social se encuentra influenciada por las
condiciones concretas de vida, tanto en lo individual como en lo societal, vale esgrimir
como razón poderosa para establecer la frontera etaria de los 65 años, el argumento
de que a tenor con las condiciones socioculturales, económicas y de salud pública de
nuestro país, la persona hasta los 65 años posee una plena capacidad de trabajar, de
interrelacionarse, de aportar productiva y económicamente a la sociedad, así como a
su familia, cuestión que a nuestro juicio, la preserva de la fragilidad propia de la
senectud.
Unido a lo señalado anteriormente, valoramos que a partir de los 65 años de edad ya
comienza a evidenciarse un mayor deterioro de los indicadores biológicos y
psicológicos, la pérdida de ciertas capacidades funcionales, características que no se
comportan en todos los adultos mayores de igual forma; pero obviamente a los efectos
definitorios, resulta necesario delimitar un margen de edad para establecer
mecanismos que permitan la protección y atención de este segmento poblacional,
buscando un envejecimiento activo, próspero y saludable.
Por ello la conceptualización de adulto mayor que acogemos, concibe al adulto mayor
como la persona que arriba a los 65 años de edad y que presenta características de
vulnerabilidad física, psicológica y social debido a las particularidades propias de la
edad. En concordancia con lo expresado anteriormente debemos enfatizar la
protección y atención a este grupo de riesgo victimal en cualquier contexto en que se
encuentren.
5. Maltrato por violencia contra el adulto mayor.
Unido al concepto de adulto mayor resulta necesario identificar las diversas muestras
de ultraje o maltrato por violencia hacia este grupo victimal, valorando por ello que el
término maltrato “está cargado de connotaciones negativas que lo han convertido en
17
tabú: no se habla del problema como tal, este se evita, no se reconoce y de esa forma
hace entender que no existe (…), a pesar que en los últimos años se han ido dejando
de lado los prejuicios y miedos” (GONZÁLEZ CEINOS, 2006: 4), produciéndose un
pequeño avance en las denuncias de estos nocivos hechos de violencia sobre las
personas envejecidas.
“La naturaleza del maltrato permite que la gente no vea, no escuche y no hable sobre
conductas que son totalmente contradictorias a nuestro sistema de valores de
compasión, ayuda y apoyo moral”, (DAICHMAN, 2005: 6) que no se sensibilicen ante
estos actos que a diario nos encontramos. El maltrato hacia los adultos mayores “es
producto de una deformación en nuestra cultura, que siente que lo viejo es inservible e
inútil. De una u otra manera los viejos son sentidos como estorbos, y como una carga
que se debe llevar a cuestas, además de la familia que hay que sostener”. (RODRÍGUEZ
MIRANDAL, 2002: 1).
Según la definición adoptada por la Red Internacional para la Prevención del maltrato
de las personas mayores, se asume que el maltrato hacia el adulto mayor “consiste en
realizar un acto único o reiterado o dejar de tomar medidas necesarias, en el contexto
de cualquier relación en la que existen expectativas de confianza, y que provocan
daño o angustia a una persona mayor”. (LÓPEZ PÉREZ, 2010: 356).
En términos generales, SÁNCHEZ DEL CORRAL considera que el maltrato a los adultos
mayores consiste “en cualquier acto u omisión que produzca daño, intencionado o no,
practicado sobre personas de 60 años o más, que ocurra en el medio familiar,
comunitario o institucional, que vulnere o ponga en peligro su integridad física o
psíquica, así como el principio de autonomía o el resto de derechos fundamentales del
individuo, constatable objetivamente o percibido subjetivamente”. (SÁNCHEZ DEL
CORRAL, 2007: 7).
Es dable entonces, precisar la definición de victimización o maltrato por violencia
contra este grupo de riesgo victimal; algunos autores consideran este término como
“toda acción u omisión que provoca daños físicos o psicológicos. Comprende
agresiones físicas, tratamiento despectivo, descuido de alimentación, medicamentos,
abuso verbal, financiero, de parte de los hijos u otros miembros de la familia”.
(HERNÁNDEZ RODRÍGUEZ, 2007: 2). Las formas más comunes de expresarse el maltrato
o violencia sobre los adultos mayores son: la física, la psíquico-emocional, la
económica o material, la negligencia, el abandono y maltrato estructural, etc.
Por su parte, otra forma de violencia maltratadora la constituye la “gerofobia”, término
que puede entenderse como “rechazo a lo viejo” es una actitud negativa que sufre el
adulto mayor, se señala que por el solo hecho de ser vieja, una persona puede
suscitar rechazo de carácter premeditado o no; condición que actúa como
precipitadora de la victimización.4 (GARCÍA ARANEDA, 2008: 6). Mientras que el
“ageísmo” como “conjunto de contravalores, y actitudes peyorativas que vienen a
marginar y excluir en todos los órdenes de la vida social al adulto mayor” también se
configura como un fenómeno muy negativo que se manifiesta contra este sector
poblacional.
Desde nuestra óptica concebimos el término de victimización sobre los adultos
mayores, como todo aquel maltrato o agresión física, psíquica, sexual y patrimonial

4
Existen tres tipos de gerofobia que resultan muy difíciles de manejar por la persona mayor: la social, la
profesional y la comunal: la gerofobia social se manifiesta en forma de jubilación forzosa, políticas
discriminatorias en los servicios de cuidado de salud y en los beneficios de seguros sociales limitados en
función de la edad, por su parte la gerofobia profesional se puede encontrar cuando los profesionales de
ayuda tratan a las personas adultas mayores como si fueran niños, mientras que la gerofobia comunal se
refleja en la falta de atención comunal a las necesidades de los adultos mayores y en mejores servicios
sociales, recreativos y de salud, para todos, menos para esta población.
18
que se desarrolla de forma habitual o esporádica y trae como consecuencia un daño o
una amenaza para la salud o la integridad del geronte.
El análisis del maltrato por violencia contra los adultos mayores debe clasificarse a
partir del estudio de tres elementos asociados a la acción dañosa violenta: la voluntad
del agresor, las causas que originan la agresión y las consecuencias que provoca.
(CAMPILLO, 2002: 6). En la primera variable mencionada se evidencia la intencionalidad
del abuso, el deseo o placer que desarrolla el victimario de hacer valer su autoridad o
criterio mediante el acto despiadado hacia las personas de este sector poblacional; en
el segundo elemento referido a las causas que propician la violencia hacia los adultos
mayores, se representan las fuentes, procedencia y fundamentos en los que basan las
agresiones, podemos significar que se han desarrollado muchas teorías para explicar
la conducta injusta, desmedida hacia las personas adultas mayores y existe un
número de factores psicológicos, sociales, económicos que interrelacionan en este
asunto. El tercero de los elementos que proponemos en el análisis del maltrato se
dirige a las consecuencias que provoca la violencia, en la mayoría de los casos sus
secuelas provocan serios daños contra la salud, bienestar o integridad física.
Sin pretender ahondar en los diversos fenómenos asociados a la violencia sobre este
grupo etareo, si vale mencionar que los factores incidentes en el maltrato al adulto
mayor “han sido divididos en cuatro grandes categorías: deterioro físico y mental del
paciente, estrés de quien lo cuida, violencia transgeneracional y sicopatología del
abusador”. (CAMPILLO, 2002: 7). Una de las disciplinas que más ha abordado el
maltrato por violencia sobre los adultos mayores es la Bioética, a partir del desarrollo
de los principios éticos destinados a proteger al adulto mayor en el contexto de las
relaciones sociales, dichos principios son: el principio de no-maleficencia, el principio
de justicia, el principio de autonomía y el principio de beneficencia.5
En resumen, podemos apreciar ante la complejidad de la violencia contra los adultos
mayores que en su conceptualización existe un denominador común el acto violento
en contra de estas personas con limitaciones propias debido al normal envejecimiento
por el transcurso de los años.
5.1. Victimización de los adultos mayores en los diferentes niveles contextuales
de ocurrencia.
Aplicando nuestro modelo teórico clasificatorio organizado según los contextos
espaciales de ocurrencia del fenómeno violento, valoraremos a continuación la
victimización de este grupo etareo desde la siguiente organización estructural:
victimización social, la victimización comunitaria y la victimización intrafamiliar de los
adultos mayores.
La victimización social de los adultos mayores.
Al referirnos a la victimización social la concebimos como un fenómeno de amplio
espectro, que puede afectar a cualquier integrante de la sociedad; aunque existen
sectores sociales más vulnerables que otros a la violencia victimizadora, nos referimos
a los grupos de mayor riesgo victimal, es decir, a la gama poblacional de mayor
debilidad en la sociedad: las mujeres, los niños y los adultos mayores.

5
El principio de no-maleficencia implica no realizar acciones contraindicadas y promover y realizar
aquellas que están claramente indicadas, valorando adecuadamente la razón beneficio y riesgo, el
principio de justicia se aprecia a partir de la distribución de los recursos y la accesibilidad a los mismos
sea racional y equitativa, no discriminando a nadie por motivos sociales y protegiendo a los más
necesitados, el principio de autonomía se refiere a que todas las personas son, por principio y mientras no
se demuestre lo contrario, capaces de tomar decisiones respecto a la aceptación o el rechazo de todo
aquello que afecte a su proyecto vital y el principio de beneficencia se refiere a la obligación moral de
actuar en beneficio de otros, ayudándoles a promover sus legítimos intereses y respetando lo que el
afectado entienda por beneficioso para él.
19
El abuso sobre los adultos mayores no es un problema social nuevo, existen varias
razones para que la ocurrencia de la victimización social contra este sector de la
población se caracterice como un problema complejo, entre ellas tenemos: el creciente
aumento de la población adulta mayor, la desatención por parte de las nuevas
generaciones y los elementos de vulnerabilidad que caracterizan a este grupo etareo.
(PÉREZ NÁJERA, 2008b: 53).
En relación al primero de los factores expuestos, consistente en el aumento de la
población de los adultos mayores, debemos analizar que las tasas de envejecimiento
en el municipio de Ciego de Ávila crecen aceleradamente, en primer orden por el
problema de la baja natalidad, factor que ha venido decreciendo encontrándose en
11,6 nacidos por cada mil habitantes, y la otra incidencia, que posee un carácter
privilegiante, es la esperanza de vida al nacer, que en la actualidad alcanza los 77,9
años para ambos sexos.
El crecimiento del porcentaje de adultos mayores respecto al conjunto de la población
en general está trazando serios desafíos sociales, económicos y políticos, uno de los
más importantes es el incremento de la demanda de servicios sociales, financieros,
médicos y asistenciales, servicios para los que, en este momento, nuestra sociedad no
posee la infraestructura necesaria.6
La atención que requieren los adultos mayores de las nuevas generaciones, es el
segundo elemento que precisa de una gestión individualizada y urgente, pues lo que
resultó durante años una tradición de respeto hacia las personas más envejecidas,
costumbre ancestral en la que los gerontes por su vasta experiencia ejercían papeles
de liderazgo y eran percibidos con deferencia por su rol de trasmisores de cultura, hoy
desgraciadamente se ha perdido esa consideración privilegiada hacia este sector
poblacional; por lo que debemos rescatarla, materializarla principalmente en la
instauración en el territorio de una cultura de respeto a los mayores y la creación de
valores entre los miembros más jóvenes de nuestra sociedad, valores tales como: el
humanismo, el respeto, la responsabilidad, etc. con las generaciones que le dieron
origen, los educaron y protegieron en sus primeros años de vida y que necesitan de
esa reciprocidad concretada en la protección y cuidado debido a la vulnerabilidad
actual asociada a su senectud.
El tercer factor de incidencia de la victimización en los adultos mayores se enmarca en
sus características de vulnerabilidad que los insertan dentro de los más victimizados.
La vulnerabilidad se asocia al inevitable proceso de envejecimiento que trasciende los
ámbitos: biológico, psicológico y social.
Actualmente las personas adultas mayores poseen una limitación de sus interacciones
sociales, asociada a la incapacitación socio-laboral que como construcción social
negativa ha estructurado una incorrecta visión social de las verdaderas posibilidades
de aporte y colaboración social que ciertamente poseen las personas gerontes.
La violencia en el contexto social depende en gran medida de los tradiciones culturales
y del desarrollo general que se ha venido logrando, no podemos esperar que una
sociedad en constante transformación desde el punto de vista productivo y social, con
acelerados adelantos tecnológicos vaya a hacer coincidir su principal segmento laboral
activo con los adultos mayores; sin embargo, es necesario reconsiderar los rangos
6
El Programa Nacional del adulto mayor, surge en 1974 y se reajusta en 1985, se encuentra dividido en
tres subprogramas de atención comunitaria, institucional y hospitalaria, el propósito del programa se
proyecta en “mejorar la salud de la población de 60 años y más, el aumento de la vida activa, mediante el
tratamiento preventivo, curativo y rehabilitador de este grupo y crear una modalidad de atención
gerontológico que contribuya a resolver necesidades socio-económicas, psicológicas y biomédicas de los
ancianos en este nivel”, las principales dificultades se encuentran en una insuficiente atención integral al
adulto mayor y en potenciar más la intervención a nivel del núcleo familiar, en aras de obtener mejores
resultados.
20
limitativos por edad de la actividad laboral, tal y como ha sido recapacitado en nuestro
país y refrendado en las modificaciones a la Ley de Seguridad Social.
El contexto social matizado por el acelerado proceso de envejecimiento presenta una
peculiar contradicción, pues las nuevas generaciones tendrán la enorme
responsabilidad de sostener la economía del país debido a que resulta una realidad el
incremento de la población económicamente dependiente respecto de la población
productiva, por lo que el cuidado de los gerontes resultará muy difícil para ellos, toda
vez que siendo menos numéricamente hablando, tendrán que ocuparse de la
producción en todos los sectores económicos.
Otro de los factores incidentes en la victimización social de este sector poblacional
transita por el desconocimiento, desde los medios masivos de comunicación, de los
intereses culturales y educativos del sector más envejecido de la población,
despojándolos de los necesarios espacios de recreación y adquisición de cultura.
Con anterioridad, para impulsar y evaluar las acciones preventivas funcionaba en
Cuba el Sistema para la prevención y atención social, 7 el cual no incluía la atención a
los adultos mayores como una línea de trabajo prioritaria, solo reservándole a la
Dirección de Trabajo y Seguridad Social, que dentro de sus directrices contemplara, la
atención a los adultos mayores; este Sistema de prevención y atención social
recientemente ha dejado de cumplir su rol como un grupo de trabajo de prevención,
aprobándose como lineamientos del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social.
En una adecuada movilización de las ricas potencialidades de la sociedad vale
analizar que las formas principales en que los gerontes pueden concretar un proyecto
de vida que los llene de satisfacciones es mediante la unión de los adultos mayores, a
través de grupos de trabajo, de autorreflexión, entre otros; que le permitan sentirse
escuchados, valorados, compartir sus vivencias, reforzar su identidad y potenciar
nuevos estilos de vida. Lo que se impone en este sentido es la conformación de una
estructura social que permita la protección de los adultos mayores ante la violencia
mediante acciones interdisciplinarias con un carácter sistemático y preventivo.
La victimización comunitaria de los adultos mayores.
Cuando afirmamos que el ser humano desarrolla su vida en sociedad, evidentemente
nos enmarcamos en su ámbito específico, en este caso la comunidad como medio
donde se forma y convive el individuo. La literatura criminológica utiliza expresiones
como comunidad y acción comunitaria sin que su significado sea evidente, y si unimos
a ello el término de victimización el resultado es idéntico, pues no existen
conceptualizaciones previas sobre victimización comunitaria.
En sentido general, la victimización comunitaria se conceptualiza como la falta de
acciones por parte del Estado en su rol protector de la seguridad y el bienestar de la
población de sus comunidades concretas, cuestión que puede resolverse mediante la
introducción de actividades políticas y medidas que ayuden a disminuir la posibilidad
de manifestaciones victimizadoras en esos espacios medioambientales.
La victimización de los adultos mayores se caracteriza en el contexto comunitario por
un desconocimiento de las fases del envejecimiento, de sus características y
limitaciones; entiéndanse por ello la ignorancia comunitaria hacia los problemas
psicológicos y orgánicos, los cambios de aptitud y la disminución de capacidad del

7
El Decreto Ley 242 del 2007 instituía el Sistema de Prevención y Atención Social en los niveles nacional,
provincial, municipal y en los territorios de los consejos populares y de circunscripciones, Decreto Ley No.
242 del sistema de prevención y atención social, República de Cuba, 16 de marzo del 2007, p. 1, en los
momentos actuales rige el Decreto Ley No. 286 de la integración de la labor de prevención, asistencia y
trabajo social, República de Cuba, 21 de septiembre del 2011.
21
geronte, problemas y cambios que no son comprendidos y aceptados, en la mayoría
de los casos, por el resto de las generaciones de la forma adecuada.
Una de las realidades que afectan a los adultos mayores en el entorno comunitario es
la falta de especialistas médicos en Geriatría, a pesar de la amplia demanda y los
beneficiosos índices de esperanza de vida existentes no poseemos una cantidad
suficiente de galenos con formación médica especializada que responda a la
necesidad de la población adulta mayor, lo que nos obliga a un cambio de política
médica formativa por el Ministerio de Salud Pública.
En nuestras comunidades se encuentran constituidas las casas de los abuelos,
centros en los cuales el adulto mayor recibe cuidados y atención durante el horario del
día; la existencia de estas instituciones si bien resuelven un problema comunitario en
la atención a la vejez, poseen la limitación de que no cubren todas las solicitudes
reales de atención a los sujetos necesitados, además de que solamente pueden acudir
a dichos establecimientos los gerontes que no presenten alguna incapacidad; no
obstante, en estos lugares también ocurren agresiones y negligencias que los afectan
directamente, en esencia por los cuidadores y el personal especializado.
Por su parte, la falta de actividades recreativas en la comunidad, donde conviven estas
personas adultas mayores, genera serias limitaciones para realizar sus propias
diligencias, para ganar sus escenarios y para desarrollar las habilidades que han
adquirido durante toda la vida y que aún se encuentran aptas para brindar, sintiéndose
útiles desde el punto de vista socio-comunitario.
Otra limitación comunitaria que sufre la población envejecida es el fenómeno de la
insuficiencia en el orden de prioridades de servicios comunitarios tales como:
lavanderías, barberías y peluquerías, círculos sociales para sus actividades
recreativas, elevación del número de casas de los abuelos y de instituciones
destinadas al cuidado y atención de ellos, etc.; estas son algunas de las falencias
sobre las cuales resulta de vital importancia incidir para aliviar la incidencia del
fenómeno de la victimización comunitaria en los órdenes sociales, económicos y
políticos contra el geronte. En este contexto comunitario ignorante de sus necesidades
especiales se propicia que el adulto mayor se sienta alejado, limitado en sus
relaciones interpersonales y en el desarrollo de sus actividades diarias, por lo que
resulta preciso trazar estrategias socio-comunitarias para trabajar de forma
multidisciplinaria en ayudarlos a supera estas limitaciones.
Al analizar el comportamiento de las redes de apoyo social de atención 8 al geronte,
debemos partir de considerarlas un instrumento orientado a la solución de problemas
mediante programas específicos con un carácter multisectorial; dichas redes de apoyo
no resultan todo lo efectivas que se requiere para la atención a esta población etaria;
como ejemplo podemos citar, el déficit de las capacidades de atención de las casas de
los abuelos a partir de la amplia demanda existente.
Refiriéndonos a la victimización comunitaria de los gerontes podemos definirla como la
relación socio-comunitaria caracterizada por el uso de métodos innecesariamente
agresivos en la solución de conflictos que incluyan a los adultos mayores, por la
inexistencia de servicios comunitarios imprescindibles para este sector poblacional y
por la prevalencia en la comunidad de estilos de vida marcados por la indiferencia, la
rudeza y la coacción en contra de ellos.

8
Las Redes de Apoyo surgen en el año 1971 mediante el Programa de Atención Social al anciano
creadas por el Sistema de Salud Pública, está integrada por los consultorios médicos, el equipo
multidisciplinario de atención gerontológico, el equipo de salud mental, los hogares de ancianos, las
instituciones hospitalarias, las casas de abuelos y las representaciones de las organizaciones políticas y
de masas en los Consejos Populares, siendo su principal tarea, el apoyo y ayuda a las personas adultas
mayores en estado de necesidad.
22
La prevención comunitaria contra la violencia sobre los gerontes debe concebirse
como una estrategia de carácter intersectorial, en una estrecha combinación de
diferentes acciones y estrategias, mediante la coordinación de esfuerzos de diferentes
sectores, instituciones, órganos y organizaciones. (SOÑORA, 2006: 191).
El trabajo para la prevención de la violencia contra el adulto mayor debe contemplar
tanto, la atención al geronte como a su familia; existen una serie de ocupaciones en
las que se produce su protagonismo, tales como: la participación en actividades de las
casas de los abuelos, los cursos de superación para los gerontes, los estudios en la
cátedra del adulto mayor, las acciones del Grupo de Orientación y Recreación al
adulto mayor,9 etc., a lo que podemos agregar las acciones realizadas desde la Casa
de orientación a la mujer y la familia y la labor del Ministerio de Trabajo con la
aportación de subsidios imprescindibles de la asistencia social.
La victimización intrafamiliar de los adultos mayores.
La victimización intrafamiliar constituye la variante del fenómeno estudiado que más
reconocen e identifican las personas; sus niveles de incidencia y afectación preocupan
a todos en conjunto. La victimización intrafamiliar se conceptualiza como “las formas
de abuso de poder o maltrato físico o psicológico de un miembro de la familia sobre
otro, que se desarrollan en el contexto de las relaciones familiares y que ocasionan
diversos niveles de daño a sus víctimas”; (SILVA, 2007: 6) un segundo enfoque de
definición lo aporta FRANCO AGUDELO cuando asegura que la victimización intrafamiliar
es una acción que “impide la realización de los derechos humanos, comenzando por el
fundamental, el derecho a la vida, apareciendo entonces la violencia como actividad
humana nociva que menoscaba la integridad y limita los derechos en el hogar”.
(FRANCO, 1998: 1).
Las políticas de protección de la vejez abogan por colocar a la familia como el centro
fundamental en el cuidado del adulto mayor (BERGES, 2006: 9) y respondiendo a ello
han tratado de encontrar formas diferentes que le permitan seguir viviendo adecuada e
independientemente dentro de la unidad familiar. A pesar de ello la realidad demuestra
que no siempre el hogar es el lugar más seguro y confrontable para los gerontes, su
permanencia en el seno doméstico puede favorecer en ocasiones la agresión, el
aislamiento, el rechazo o la indiferencia de los miembros de su propia familia.
Es en el contexto familiar donde ocurren con gran frecuencia las agresiones contra los
adultos mayores, nos encontramos actos tales como: el despojo de los espacios
propios, objetos e ingresos personales de los gerontes, partiendo de las dificultades en
las condiciones de la vivienda, existen muchas familias que conviven con un gran
hacinamiento y buscan como solución a las carencias habitacionales, desposeer a los
adultos mayores de sus casas, habitaciones, pertenencias e incluso, los victimizan a
partir de la utilización injusta de sus ingresos por parte de sus descendientes,
convivientes o cuidadoras personales. Como otra agresión identificamos también la
desatención alimenticia o de medicamentos hacia estas personas.
En muchas oportunidades el mayor agresor en el hogar son los nietos adolescentes
que no comprenden los cambios de aptitud y las limitaciones en la capacidad de
adaptación de los abuelos, aunque tampoco cuentan con padres que frenen y
repudien estos actos, educándolos en el respeto a los adultos mayores. Debemos
combatir dichos fenómenos, ayudando a eliminar los estereotipos negativos latentes y
manifiestos en el seno de nuestras familias que desembocan en el maltrato.

9
Mediante los Grupos de Orientación y Recreación al adulto mayor, la atención no institucional, cobra un
importante papel a través de la integración comunitaria de este grupo, como un factor decisivo en la
elevación de su calidad de vida,
23
También ocurre que en el seno familiar se utiliza al adulto mayor de forma
indiscriminada para resolver los problemas cotidianos del hogar, tales como: buscar
los mandados, comprar el periódico o encargarse del traslado y cuidado de los niños,
etc.; aunque reconocemos que resulta conveniente implicar a la persona adulta mayor
en los deberes del propios del hogar para que sean conscientes del valor de su aporte
y la necesidad que aún se tiene de ellos, pero siempre valorando las verdaderas
capacidades físico-psicológicas del geronte y la creación de los espacios de
esparcimiento y recreación que necesitan, sin sobrecargarlos de responsabilidades.
Para algunos adultos mayores su hogar tradicional es sustituido por las instituciones
que tienen a su cargo el cuidado de las personas gerontes que posean dificultades por
su incapacidad, por la falta de hogar o por la carencia de familiares cuidadores; dicho
centro no se encuentra exento de actos violentos; en esta institución la victimización
sobre los gerontes es un fenómeno latente y muchas veces manifiesto; entre otras
razones porque el personal que labora con el adulto mayor institucionalizado no es el
más adecuado, por el exceso o aglomeración de gerontes que genera sobrecarga de
trabajo y recursos materiales insuficientes y en otros casos por la despreocupación o
crueldad con que son atendidos estas personas.
En fin, los programas de atención institucionalizada a los adultos mayores deben evitar
en lo posible el aislamiento de los mismos, la necesidad de trabajar en la formación de
los recursos humanos que laboran en las instituciones de atención y la prioridad del
trato humano indispensable para garantizar la integridad físico-emocional de este
sector tan vulnerable. Contamos con casos en que en el hogar o la institución no toma
en cuenta los criterios y decisiones de los gerontes, se limitan de forma acelerada e
indiscriminadamente sus derechos, produciendo un debilitamiento psicológico en el
adulto mayor, debemos concientizar a ese personal especializado en que esas
personas deben ser atendidas con dignidad y protegidos durante esta etapa.
Con el propósito de realizar acciones de índole preventiva y de protección a las
víctimas, fundamentalmente las pertenecientes a los grupos de riesgo, se creó en
Cuba, en septiembre de 1997 el grupo de trabajo para la prevención y atención de la
violencia intrafamiliar, el cual es dirigido por la Federación de Mujeres Cubanas en el
nivel nacional.10
Un aspecto analizar en el ámbito de nuestro trabajo radica en el enfoque de género y
su asociación con la victimización de los adultos mayores. A pesar de resultar la
violencia de género un fenómeno que puede afectar a este grupo etario en cualquier
contexto, es el hogar básicamente donde se evidencian con mayor frecuencia tales
manifestaciones, partiendo esencialmente de la perspectiva machista que predomina
en nuestra sociedad y que se traslada a las relaciones comunitarias e intrafamiliares;
dicha visión machista conducen a una mayor profundidad en la victimización de la
mujer adulta mayor, que sufre de forma agravada su condición de mujer geronte.
La violencia de género incidente sobre nuestra población adulta mayor se produce
también intergerontes, en tanto se materializa en el dominio del más fuerte, en este
caso el adulto mayor sobre la adulta mayor como sujeto más débil de la pareja etaria.
Válido es aclarar que la violencia de género se da “desde diferencias sexuales, donde
se han establecido roles de género, atributos sociales, económicos, jurídicos y
políticos, estereotipos y pautas de comportamiento, que han tenido mucho que ver en
la formación de la identidad de hombres y mujeres desde su nacimiento en la vida y en

10
En busca de un pretendido enfoque multidisciplinario el mencionado grupo de trabajo se encuentra
integrado por las Direcciones de Justicia, del Interior, de Salud Pública, de Educación, la Fiscalía
Provincial, el Tribunal Provincial Popular, el Instituto de Medicina Legal, el Centro para la Educación
Sexual y el Instituto Cubano de Radio y Televisión.
24
la sociedad”, (TAMAYO VERDECIA, y HERNÁNDEZ RANDO, 2008: 8) teniendo como base
una formación machista.
En nuestro criterio consideramos la victimización intrafamiliar de los adultos mayores
como el conjunto de actitudes o de comportamientos de abuso de un miembro de la
familia contra el geronte que implican la afectación de su integridad física y
psicológica; posee como objetivo el control del sujeto victimizado y puede tener
carácter sistemático o periódico.
Ante lo complejo del fenómeno debemos priorizar la asistencia victimológica de los
adultos mayores, con el fin de aliviar las consecuencias que provocan el ejercicio de la
violencia descrito en el presente acápite de nuestro informe. Durante esta etapa de la
vida los adultos mayores deben ser cuidadosamente protegidos mediante estrategias
que eviten la victimización de este sector social en cualquier contexto que se
encuentren y ante cualquier manifestación de la violencia.
6. Visión multidisciplinaria de la protección jurídica de los adultos mayores ante
la violencia en Cuba.
Unido a los altos niveles de envejecimiento de la población discurre el fenómeno del
maltrato por violencia contra las personas adultas mayores, resultando de vital
importancia garantizarle desde el punto de vista jurídico la protección de sus derechos,
a fin de preservar su integridad física, mental y emocional; con ese objetivo realizamos
una valoración en el ámbito del Derecho en nuestro país. El análisis partió de la
Constitución de la República, adentrándonos seguidamente en el Código de Familia, el
Código Penal, la Ley General de la Vivienda y la Ley de Seguridad Social.
Constitución de la República de Cuba.
Con ánimo de realizar un somero análisis de la actualidad sobre la protección jurídica
de los adultos mayores en nuestro país, debemos comenzar por la Constitución de la
República que como Ley fundamental define los principios de protección para toda la
población, incluido el grupo etareo objeto de esta investigación.
En el artículo 9 de la Constitución de la República de Cuba, se aprecia que el Estado
encauza sus esfuerzos en garantizar la libertad y la dignidad plena del hombre, el
disfrute de sus derechos, el ejercicio y cumplimiento de sus deberes y el desarrollo
integral de su personalidad, garantiza además que no exista hombre o mujer en
condiciones de trabajar que no posea la oportunidad de obtener un empleo con el cual
pueda contribuir a los fines de la sociedad y a la satisfacción de sus propias
necesidades, que las personas incapacitadas para el trabajo obtengan medios
decorosos de subsistencia, los enfermos puedan acceder a la atención médica y todas
las persona tengan acceso al estudio, la cultura y el deporte.
Por su parte el artículo 38 de la Ley de leyes aborda la obligación por parte de los hijos
de respetar y ayudar a sus padres, atención que incluye el cubrimiento de las
necesidades físicas, sociales y afectivas del adulto mayor, para garantizar sus
condiciones vitales indispensables, lo que ayudará en su calidad y esperanza de vida.
Mientras que los artículos 47 y 48 de la Carta Magna señalan que “mediante el
sistema de seguridad social, el Estado garantiza la protección adecuada a otro
trabajador impedido por su edad, invalidez o enfermedad” y que “protege, mediante la
asistencia social, a los ancianos sin recursos ni amparo”. Las anteriores garantías de
protección al adulto mayor, reconocidas en la Constitución de la República de Cuba,
se materializan a través de leyes complementarias, como ejemplo podemos citar la
Ley 105 del 2008 que concreta los beneficios constitucionales mediante las
prestaciones sociales ante limitaciones de los gerontes para que en esta etapa de la
vida se puedan disminuir sus carencias más vitales.

25
Código de Familia cubano.
Resulta de capital importancia el enfoque jurídico que prevé el Código de Familia para
la protección de los sectores más vulnerables de la población, entre los que se
destacan los adultos mayores. Por otra parte, a los efectos de la realidad cubana, el
envejecimiento de la población constituye un enorme reto para la esfera civil de
regulación de las relaciones sociales, en tanto demanda una especial atención de esta
problemática en nuestras leyes civiles.
Con respecto a la institución del divorcio, regulada para los matrimonios formalizados
se establece en el artículo 56 apartado 2 del Código de Familia una referencia
protectora a los adultos mayores en estado de indefensión económica y material, que
contribuye en alguna medida al amparo del excónyuge que queda carente de medios
de subsistencia.
Un aspecto de importancia puntual en cuanto a la protección civil de los adultos
mayores radica en su posible necesidad de recibir protección en el ámbito de la
alimentación. En el artículo 122 de nuestro Código de Familia se refleja como una
disposición legal la obligación de dar alimentos. “En torno al fundamento de esta
obligación, tradicionalmente se ha considerado que se encuentra en la solidaridad
familiar cuando determinado pariente está en condiciones económicas de solventar las
necesidades de otro familiar".
Seguidamente en el artículo 123 del Código de Familia, con una mayor especificidad
para nuestro interés investigativo, se precisa que los parientes consanguíneos están
obligados recíprocamente a darse alimentos. Con el análisis anterior corroboramos la
existencia de la posibilidad legal de que los adultos mayores puedan solicitar alimentos
a su familia, cuando sus condiciones le impidan proporcionárselos por sí mismos;
aunque dicha vía es usada con muy rara frecuencia, hecho demostrado por la escasez
de estos procesos en la práctica judicial cubana, en la que resulta más común
proporcionarle alimentos a los hijos menores.
El acogimiento familiar, regulado en el artículo 129 del Código de Familia, es otra
forma de consumar la obligación de dar alimentos que puede ser empleada para la
protección de los adultos mayores aunque dicha institución no está concebida
exclusivamente para este grupo poblacional, puede ser utilizada para tal fin.
Por su parte, el artículo 137 apartado 2 del Código de Familia dispone el proceso de
Tutela mediante el cual se ofrece una protección al adulto mayor que haya sido
declarado judicialmente incapacitado con los trámites de rigor establecidos en la ley.
La institución de la Tutela juega una función protectora, por lo que las acciones
realizadas por el Tutor quedan amparadas desde lo judicial.
Un aspecto descollante en la temática que nos ocupa lo constituye el tema de la
“abuelidad”. “La abuelidad como fenómeno socio-cultural, psicológico e incluso jurídico
está determinada en nuestra realidad por el aumento de las familias trigeneracionales”.
(VALDÉS LOMBILLO, 2007: 59).
La abuelidad es una función a desarrollar dentro de la familia, implica una relación de
parentesco y no está asociada a edades cronológicas específicas, sustentándose
principalmente en aspectos afectivos y materiales, en tanto, los adultos mayores
abuelos asumen importantes roles en las labores domésticas y en el cuidado dentro
del ámbito familiar.
De hecho, la legislación se encuentra en un proceso de perfeccionamiento para la
aprobación de un nuevo proyecto de Código de Familia que en su normativa prevé la
existencia de un Título especialmente destinado a la protección de los gerontes, el

26
cual se concibe con la intención de "reforzar las (…) normas ad hoc sobre la
protección del adulto mayor". (PÉREZ GALLARDO, 2009: 30).
Código Penal cubano.
En el ámbito de la regulación jurídico penal nuestra valoración se centra en el Código
Penal, como Ley específica de protección ante la comisión de hechos constitutivos de
delito. Sobre la protección jurídico penal de las personas pertenecientes a la vejez, no
existen antecedentes de su tutela en el Código Penal español de 1870, fue el Código
de Defensa Social de 1936 el pionero en proteger a los adultos mayores en Cuba
mediante un artículo perteneciente al Título IX, Delitos contra la vida y la integridad
corporal y la salud, en su Capítulo VI, artículo 450 inciso c) referido al delito de
Sustracción, Abandono y Maltrato de Menores, Incapacitados y Desvalidos.
En una valoración de la parte general del Código Penal actual con el objetivo de localizar
referencias de tratamiento diferenciado a los adultos mayores, encontramos el artículo
17.2, donde se establece que el límite mínimo de las sanciones de privación de libertad
puede rebajarse hasta en un tercio, en el caso de personas que tengan más de 60 años
en el momento en que se les juzga. Por su parte, el artículo 53 en los incisos i) y j),
precisa que se agravará la sanción a imponer cuando el delito se comete
aprovechando la indefensión de la víctima, o la dependencia o subordinación de esta
al ofensor y cuando sean cónyuges y exista parentesco entre el ofensor y la víctima
hasta el cuarto grado de consanguinidad; a pesar de no mencionar específicamente al
geronte como víctima, las características que se abordan en estos incisos constituyen
elementos de vulnerabilidad que se materializan en el adulto mayor o posibles
relaciones consanguíneas y de afinidad entre el victimario y el geronte.
En una apreciación exhaustiva de la parte especial del Código Penal observamos que
existen diversos delitos en los cuales pueden resultar víctimas los adultos mayores a
pesar de no existir una identificación expresa de estas personas como sujetos pasivos
del tipo penal, a continuación relacionaremos los ilícitos penales que se corresponden
con la probabilidad de ser los gerontes víctimas tomando como criterio organizativo los
títulos en que aparecen en la parte especial del Código Penal:
 Título II “Delitos contra la administración y la jurisdicción, aparece con alta
probabilidad el delito de Ejercicio arbitrario de derechos (artículo 159.1 y 2).
 Título VIII correspondiente a los “Delitos contra la vida y la integridad corporal”,
en el que apreciamos los delitos de Homicidio (artículo 261) y Asesinato (artículo
263), que resultarían las agresiones extremas sobre los adultos mayores, dentro
de ese propio título localizamos los delitos de Lesiones (artículo 272), Abandono
de menores, incapacitados y desvalidos (artículo 275), en el caso concreto de la
lesiones serían los daños corporales como consecuencias del maltrato físico.
Solamente encontramos en el delito de Abandono de Menores, Incapacitados o
Desvalidos recogidos en el Capítulo VIII específicamente en el artículo 275 del
Código Penal, la especificidad de la edad, exclusiva atención requieren dentro
de esta figura delictiva la negligencia y el abandono hacia los adultos mayores.
 Título IX “Delitos contra los derechos individuales”, en esta familia delictiva
aparecen la Amenaza (artículo 284), la Coacción (artículo 286) y los delitos
contra el derecho de igualdad (artículo 295), como las tipicidades que más
pudieran afectar a este grupo etareo fundamentalmente desde la violencia
psicológica o emocional, debido a que por las limitaciones propias del adulto
mayor, por la edad y el deterioro biológico, psíquico y social que presentan,
constituyen un grupo de riesgo muy vulnerable.
 Título XI del Código Penal contempla los “Delitos contra el normal desarrollo de
las relaciones sexuales y contra la familia, la infancia y la juventud”, estos
27
hechos delictivos ocurren con una menor frecuencia tomando como víctima el
grupo de riesgo objeto de nuestra investigación, aunque conviene no perder de
vista los delitos de Violación (artículo 298), Pederastia con violencia (artículo
299) y Ultraje Sexual (artículo 303), como probabilísticamente realizables contra
los adultos mayores.
 En el Título XII, aparecen los “Delitos contra el honor” y dentro de ellos todos los
concebidos en el título pueden ser cometidos contra víctimas gerontes, nos
referimos a la Difamación (artículo 318), la Calumnia (artículo 319) y la Injuria
(artículo 320).
 Título XIII, “Delitos contra los derechos patrimoniales”, resulta una familia
delictiva en la que cabe proteger al adulto mayor en las tipicidades delictivas del
Hurto (artículo 322), Robo con violencia e intimidación en las personas (artículo
327), Robo con fuerza (artículo 328), Extorsión (artículo 331), Chantaje (artículo
332), Usurpación (artículo 333), Estafa (artículo 334), Apropiación indebida
(artículo 335) y Daños (artículo 339), en el caso de estos delitos los gerontes son
sujetos pasivos muy proclives a ser victimizados mediante la violencia
psicológica o emocional y la violencia patrimonial.
Las normas contenidas en el Código Penal cubano carecen de una concepción
explícita de los adultos mayores como víctimas de los ilícitos penales y hemos
constatado asimismo, la inexistencia de una Ley especial de protección jurídico-penal
de este sector poblacional; inexistencia que en nuestro criterio no es criticable si
valoramos lo inadecuado que resultaría la promulgación de una ley específica de
carácter jurídico penal, debido a que la misma no sería capaz de resolver todas las
acciones agresivas que tienen como víctima al estrato geronte de la población;
además de que la existencia de una legislación penal de protección hacia los adultos
mayores contribuiría a una hiperinflación penal con una alta probabilidad de
convertirse en parte del ya engrosado Derecho Penal Simbólico.
Abogamos por mantener la intervención protectora del Derecho Penal solo para
quienes lo ameriten por su peligrosidad y trascendencia, por lo que consideramos que
para buscar una mayor protección al geronte, en la Parte General del Código Penal,
específicamente en las circunstancias agravantes previstas en el artículo 53, pudiera
proponerse identificar al adulto mayor como sujeto víctima, valorándose como
condición agravante de la pena.
Ley General de la Vivienda cubana.
Como muestra de una protección específica de los gerontes dentro de la Ley de la
Vivienda, aparece el artículo 65, en el que se estipula que el propietario determinará
libremente las personas que convivirán con él y puede dar por terminada la
convivencia con cualquier persona, pero no podrá ejercerse esta facultad contra
adultos mayores que llevan tres o más años ocupando la vivienda y no tuvieren otro
lugar de residencia.
Cuando analizamos el contenido del anterior artículo apreciamos la protección que se
le brinda al adulto mayor, pero consideramos muy limitado dicho amparo, si tenemos
en cuenta el alto índice poblacional de las personas adultas mayores, por la gran
tendencia al envejecimiento existente en nuestro país; agregándole a ello el hecho de
que en un elevado porciento el adulto mayor se instituye como el propietario de la
vivienda, sin embargo, a pesar de sus derechos de propiedad sobre el inmueble, sus
facultades son vulneradas, cuestión que debía prever la Ley amparándolo mediante
procedimientos expeditos de reclamo de los derechos a la vivienda, en el caso de
personas de avanzada edad.
Ley de Seguridad Social cubana.
28
La Ley 105/2008, “Ley de Seguridad Social” presta una importante atención al
tratamiento de los adultos mayores, teniendo en cuenta el proceso de envejecimiento
que caracteriza a la población cubana. De hecho, en un alto porciento, la Ley de
Seguridad Social posee como beneficiarios a personas adultas mayores, lo que la
convierte en la legislación de mayor incidencia beneficiaria expresa en el sector
poblacional de los gerontes, por la propia esencia de dicha Ley.
En esta Ley se precisa que el régimen general de seguridad social ofrece protección al
trabajador en los casos de vejez y, en caso de muerte, a su familia, además de la
posibilidad que proporciona de recibir una pensión por edad en razón de esta y de los
años de servicios laborales prestados.
Seguidamente se aborda que personas tienen derecho a la pensión ordinaria, dejando
expresamente señalado que para obtener estos beneficios las mujeres deben arribar a
los 60 años o más de edad y los hombres a los 65 años o más de edad.
De igual forma dicha legislación otorga la posibilidad a los pensionados por edad de
reincorporarse al trabajo remunerado y devengar la pensión y el salario del cargo que
ocuparen, este precepto favorece la solvencia económica de los adultos mayores, el
estado socio-psicológico de los gerontes al percibirse útiles a la sociedad, la mejora de
la economía del país al utilizar una fuerza de trabajo de amplia experiencia, etc.
Hemos apreciado que han sido notables y necesarios los cambios que protegen y
favorecen al adulto mayor en cuanto a la Ley de Seguridad Social.
CRITERIOS CONCLUSIVOS
La violencia posee un carácter sociocultural e histórico y consiste en el ejercicio del
poder en la solución de conflictos interpersonales y en la configuración de
determinadas relaciones sociales, mediante el empleo de la fuerza, la coacción o
cualquier otro recurso, manifestándose tanto a nivel individual, grupal o social.
A los efectos de nuestro modelo teórico de análisis estructuramos el fenómeno desde
un criterio socio-ecológico destinado a organizar la violencia de acuerdo al ambiente o
contexto espacial de ocurrencia, en función de lo cual reconocemos la existencia de
tres tipos clasificatorios: la violencia social, la violencia comunitaria y la violencia
intrafamiliar.
Teniendo en cuenta las condiciones socioculturales y económicas actuales, las
expectativas de vida y las especificidades del envejecimiento de la población en Cuba,
concebimos al adulto mayor como la persona que arriba a los 65 años de edad y que
presenta características de vulnerabilidad física, psicológica y social debido a las
particularidades propias de la edad.
Lo anterior demuestra la necesidad de que el fenómeno de la violencia sobre el adulto
mayor necesita ser enfrentado desde una visión multidisciplinaria que incluya, tanto, la
regulación informal como la regulación formal. El enfrentamiento informal al problema
estudiado debe sustentarse en un enfoque victimocriminológico central, perspectiva
que implicaría la contribución de otras disciplinas sociales como la Sociología, la
Medicina, la Psicología Social, etc.; mientras la regulación formal se materializa en los
diversos enfoques jurídicos de amparo de este grupo poblacional. En el caso de Cuba
la variante formal concretada en la protección jurídica de los adultos mayores parte de
definiciones constitucionales especificadas en la protección de índole civil, familiar, de
seguridad social, penal, etc.
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Common questions

Con tecnología de IA

Victimization of older adults is understood as the process wherein this group becomes targets of violence due to their vulnerability. Theoretical frameworks applied include psychological theories that consider the mental and emotional impact, sociological theories that examine the role of societal norms and values, and criminological perspectives that analyze crime patterns and prevention strategies. Victimology provides a specific lens focusing on the prevention of victimization by recognizing the increased risks faced by older adults. This includes addressing elder abuse in various contexts and understanding how existing social structures contribute to their vulnerability . The frameworks highlight the need for a sociocultural understanding of violence affecting older adults, emphasizing holistic protective measures .

The interdisciplinary strategies proposed to protect older adults from violence in Cuba include psychological, sociological, criminological, and legal approaches. These strategies focus on preventive measures and rehabilitation, emphasizing a multidisciplinary response involving health care, socio-economic support, and legal protection. The creation of specialized gerontological care programs aims to improve health and increase active life expectancy for those aged 60 and above, while also resolving socio-economic, psychological, and biomedical needs at family and community levels . These measures are meant to provide holistic protection by integrating various sectors such as justice, health, education, and social security, thus addressing the diverse vulnerabilities that older adults face due to their bio-physical-psychological conditions .

Social isolation poses several risks to older adults, including increased vulnerability to physical and emotional abuse, neglect, and financial exploitation. Isolation diminishes their access to support networks, making it easier for potential abusers to take advantage of them without detection. Lack of social interaction can also lead to mental health issues such as depression and anxiety, exacerbating their vulnerability to victimization. Addressing social isolation through community engagement activities and strengthening family bonds can mitigate these risks . Community programs that promote interaction and inclusivity for older adults can significantly reduce the impact of isolation and victimization .

The Cuban government addresses the cultural and educational needs of older adults primarily through initiatives aimed at improving access to arts, education, and social activities designed for this age group. These efforts are crucial as they empower older adults, reduce social isolation, and reinforce their value in society, thereby preventing victimization. However, challenges such as underrepresentation of older adults in media and neglect of their cultural interests remain. Enhancing these initiatives can contribute significantly to addressing age-based discrimination and improving older adults' quality of life . A comprehensive approach that integrates these cultural and educational needs into broader protective strategies can transform societal attitudes towards aging and reduce instances of elder abuse .

The socio-economic challenges impacting the ability of younger generations to care for an aging population include a demographic shift leading to a greater proportion of economically dependent older adults compared to the productive population. This creates a strain on economic resources, as fewer workers must support a growing number of retirees. Additionally, there is insufficient integration of older adults' needs into socio-economic planning, resulting in a lack of adequate support structures. This issue is compounded by cultural factors, such as the neglect of older adults' cultural and educational interests by mass media, leading to their social isolation . These factors collectively make it difficult for younger generations, who are fewer in number, to shoulder the economic burden and responsibility of elder care effectively .

Intergenerational power dynamics significantly impact the victimization of older adults, primarily through control dynamics where younger family members or caregivers exert authority over elders due to perceived vulnerabilities. These dynamics often result in physical abuse, neglect, and financial exploitation. Solutions to address these issues include promoting family education on the value of older adults, encouraging respect and equal treatment, and legal reforms that protect the rights of older adults. Additionally, community support systems should be strengthened to provide resources for elders experiencing abuse, and social policies need to be designed to eliminate ageism and promote inclusivity . Comprehensive advocacy and awareness programs can further diminish harmful stereotypes and empower older adults to participate actively in family and social discussions .

The Cuban legal framework includes constitutional protections that address civil, family, social security, and penal aspects for older adults, aiming to safeguard them from violence. Legal measures are supported by specific laws and guidelines that reinforce the rights and security of the elderly. However, challenges in implementing these protections effectively include a lack of comprehensive integration of these legal measures into everyday practice and insufficient focus on older adults within certain legal frameworks . Furthermore, existing societal and cultural norms may hinder the acceptance and enforcement of these legal protections, highlighting the need for improved awareness and education on older adults' rights .

Gender plays a critical role in the victimization of older adults, primarily through the lens of violence and control dynamics. Older women, especially within familial settings, often face heightened levels of violence due to ingrained societal machismo, which perpetuates gender roles and power imbalances. This machista perspective leads to scenarios where older women are subjected to more profound victimization compared to their male counterparts. Within community and family contexts, such structural inequalities are manifested through a continuum of abuse and neglect, often exacerbated by societal norms that undervalue the autonomy and rights of older women . Thus, gender stereotypes and roles significantly shape the experience of violence among older adults, necessitating targeted interventions that address both gender and age .

Existing prevention programs in Cuba are partially effective, providing foundational support through health initiatives and socio-legal protections. However, they fall short due to inadequate integration of older adults into socio-economic development plans and insufficient focus on family-level interventions. To enhance their impact, prevention programs should include broader community involvement, ensuring that older adults' voices are heard in policy decisions. Moreover, expanding preventive measures at the family level can lead to significant improvements. Training for healthcare and social workers in recognizing signs of abuse and integrating mental health support can also strengthen these programs . Improved coordination between government and community organizations can create a more comprehensive prevention strategy .

Community action plays a pivotal role in mitigating the effects of violence against older adults by fostering an environment of support and engagement. Communities can be mobilized through the formation of elder groups focused on self-reflection, projects promoting active participation, and social activities that enhance the quality of life for older adults. These groups encourage the sharing of experiences, reinforce identity, and promote new lifestyles, which collectively help reduce feelings of isolation and vulnerability. Interdisciplinary approaches involving collaboration among public health, social services, and legal frameworks are necessary to sustain these community-based initiatives systematically . By creating spaces that value and listen to older adults, communities can actively contribute to their protection and well-being .

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