La
Conspiración Septembrina fue un atentado contra la vida de Simón Bolívar cuando
era presidente de la Gran Colombia, ocurrido en Bogotá el 25 de septiembre de 1828.
Tres docenas de atacantes forzaron el ingreso a la medianoche al Palacio
Presidencial comandados por el comandante Pedro Carujo y luego de asesinar a los
guardias se dirigieron al cuarto de Bolívar, quien logró escapar por la ventana, con
ayuda de su compañera Manuela Sáenz. En los juicios seguidos luego del atentado fue
condenado a muerte su principal opositor, el general Francisco de Paula Santander, a
quien Bolívar le perdonó la vida y lo desterró. Los hechos hirieron de muerte a la Gran
Colombia, que desaparecería tres años después.
El gobierno de la Gran Colombia se había convertido en un sistema centralista
en extremo, absolutista y con gobernantes en especial militares que no
acataban las leyes de la constitución de 1821, regiones que se habían unido para
formar una nación más fuerte «La Gran Colombia», varias de ellas ya habían
tenido en el pasado un sistema de gobierno federalista y se les había prometido
respetar autonomía y no pudieron sentir, empezaron a presentarse hechos en
que militares abusaban de su autoridad y usaban al miedo como una de sus
armas ante la población, los reclamos por parte de más líderes y población
alentaban levantamientos y revueltas.
Bolívar aceptó ser gobernante del Perú pero para 1826 tuvo que dejar a cargo a
un Consejo de Estado en Lima, desplazarse con urgencia y negociar con líderes
en el levantamiento de La Cosiata, Bolívar había dejado instrucciones para
terminar el proceso de imponer una nueva constitución de carácter vitalicio en
Perú y Bolivia, hecho que llegó a cumplirse pero para enero de 1827 los
peruanos se sublevaron y manifestaron que la nueva constitución se había
impuesto de forma forzada por un segundo proceso de forma irregular que
violaba sus leyes, los peruanos anularon esa constitución y retiraron a Bolívar
como posible gobernante del Perú.
El proyecto de una constitución vitalicia también se presentó la propuesta ante
la Convención de Ocaña y obtener la misma idea con la Gran Colombia,
propuesta que fue rechazada y para el 10 de junio de 1828 no se había llegado
a ningún acuerdo en dicha Convención, para el 27 de agosto de 1828 Simón
Bolívar firmó decreto mediante el cual se hizo dictador, disolvió el Congreso, se
impuso un régimen militar y el descontento social hacia el gobierno de la época
iba en incremento.
1. El caso de la hacienda en Yare. Ocurrido en septiembre de 1807, frisando los
24 años de edad, en un pleito de linderos cerca de Caracas, donde el furibundo
oponente doctor Antonio Nicolás Briceño sacó pistolas a relucir y dispara tres
veces contra el caraqueño, sin que en ninguna oportunidad haya tocado el
cuerpo del sortario Don Simón. Sobre este hecho lamentable se abrió el juicio
penal respectivo, que se detuvo definitivamente por los acontecimientos
libertarios de 1810.
2. Intentos de asesinato en Puerto Cabello. Tuvieron ocasión en Puerto
Cabello (Venezuela) a principios de julio de 1812 ante el desastre de la caída de
ese importante puerto militar en manos españolas, del que se culpa a Bolívar,
mientras que el capitán de milicias Domingo de Taborda lleno de ira y con dos
asistentes desenvaina su espada “para atentar contra Bolívar”, lo que ofendió
muchos de los presentes que impidieron tan bochornoso acto.
3. Complot para asesinarlo del fraile capuchino Pedro Corella. Descubierto
este intento veraz en abril de 1813, fue detenido dicho sacerdote navarro, en
Las Palmas (Santander de Colombia), y en Tunja permanecerá preso durante 18
meses. Liberado en Bogotá a fines de 1814, sigue arremetiendo contra la vida
de Bolívar desde el púlpito, sus sermones, y en todo tiempo y lugar, llamándolo
“apóstata” y pidiendo su liquidación, por lo que otra vez detenido “firmó su
sentencia de muerte” sin arrepentimiento una vez que se entrevista con el
propio Bolívar, siendo pasado por las armas mediante un pelotón que en Honda
conduce León Armero, riberas del río Magdalena y mediante órdenes recibidas,
el 29 de enero de 1815.
4. Conspiraciones entre sus allegados. Luego de perder la Segunda República
(1814), a partir de ese momento histórico se desatan una serie de enemistades
solapadas entre sus íntimos oficiales que quieren eliminarlo del mapa del
conflicto, alegando, desde luego y por diferentes motivos, que el causante de
tales males acaecidos era el propio Bolívar, de donde aspiraban a toda costa y
por su incompetencia, don de mando parcializado y testarudez, entre otras
opiniones discutidas en corrillos íntimos, que debía desaparecer para siempre, e
incluso que se debía dividir el país en dos repúblicas. Entre los agitadores de
estas ideas absurdas y extremas se hallaban los insubordinados margariteños
Antonio Mariño y Juan Bautista Arismendi, el casi carupanero José Francisco
Bermúdez, su pariente Manuel Carlos Piar y el tío político José Félix Ribas,
quienes “atentaron en varias oportunidades contra la vida de Bolívar”.
5. Atentados en Carúpano de Venezuela. Acaecieron a principios de
septiembre de 1814, cuando Bolívar se escapa de la prisión de ese puerto para
abordar un barco salvador, mientras el general Bermúdez y José Félix Ribas
indignados lo persiguen con fines aviesos. Se evita finalmente la amenaza al
montar presuroso en el velero. Luego, el general Piar también quiso matar al
General en el mismo puerto, pero no alcanzó a localizarlo en el lugar señalado.
6. Intentos de Jamaica. Dos intentos previos de asesinato ocurren en Jamaica,
reseñados en el periódico “Royal Gazette”, hechos “por algunos de los
españoles de la más baja ralea”, según se escribe, por lo que el Libertador
resuelve viajar a Haití.
[Link] grave en Kingston. En la noche del 9 al l0 de diciembre de 1815, el
esclavo Pío, alias Beto, en dicha capital de Jamaica y sobornado con dinero
caraqueño de Salvador Moxó, atenta contra su amo, donde creyéndole dormido
en la hamaca que utilizaba asesta dos puñaladas mortales al venezolano Félix
Amestoy, que allí entonces reposa. Cuatro días después de su confesión fue
ahorcado.
[Link] a cruzar espadas en los cayos haitianos. Ocurrido en marzo de 1816,
por serias desobediencias hacia el violento e intrigante oficial Mariano Montilla
Padrón, quien lo tilda de “cobarde, fracasado e inexperto”, lo que en último
momento es impedido por intervención de terceros. También en dicho lugar, y
en hora menguada de Bolívar, el corsario Luis Aury en secreto trama un intento
de asesinato contra el caraqueño, que por buenas se descubre a tiempo.
9. Intentos ocurridos en Guiria. En el puerto oriental venezolano de Guiria, en
agosto de 1816 y azuzado por el general Mariño, el general Bermúdez
sintiéndose desairado en su honor, y enfurecido luego de una discusión
tremenda, atenta contra la flaca humanidad de Bolívar, sable en mano, para
herirle de muerte. Simón aborda sin respiro el barco corsario de José Bianchi, allí
surto, “en el último intento de su muerte”.
10. Atentado en Quiamare. Ocurre el 23 de marzo de 1827, al Sur de Barcelona, en
Venezuela, cuando el pardo José Alemán y su guerrilla, azuzado por el general Mariño
y en cuenta de su situación, trata de atentar contra la vida de Bolívar con los oficiales
que le rodean, situación grave que es descubierta minutos antes por el Ayudante de
Bolívar coronel Francisco Vicente Parejo, para así mediante las armas eludir este
peligro.
11. El rincón de los toros. En dicho sitio del estado Guárico (Venezuela), en la noche
del 16 de abril de 1818, nueve realistas dirigidos por Tomás Renovales equivocan al
general Francisco de Paula Santander, irrumpen esa madrugada en sitio exacto y
disparan contra la hamaca donde dormía Bolívar, perforándola en tres oportunidades.
Bolívar se salva entonces semidesnudo y corriendo a campo traviesa, en la oscuridad de
la noche.
12. Lo ocurrido en el peruano y norteño Piura. En junio de 1824, en dicha ciudad,
Bolívar tuvo conocimiento que desde Lima se había enviado un individuo con la misión
de asesinarlo y cuyas señales fisonómicas fueron descritas del siguiente modo: “bocón,
algo ñato y picado de viruelas”, al que se consideró chileno. Buscado hasta en Huaraz,
donde se le había visto, desapareció repentinamente. Pero pronto en el mismo Piura se
detuvo un sujeto con iguales características, de nombre Juan Avilés, llevándosele a
juicio, “sin conocer la suerte final corrida por Avilés”, presumiéndose por acasos de la
guerra emprendida.
13. Intento de asesinato en Potosí. Ocurrido en aquella altura boliviana a principios de
octubre de 1825 y salvado por una confidencia de la amante María Joaquina Costas,
madre de su hijo Don Pepe, cuando le susurra en el oído que el oficial español teniente
León Gandarias maquina asesinarlo con puñal magnicida mientras duerme en el palacio
que habita. Detenido en el intento, y luego de súplicas a favor y provenientes de Maria
Joaquina, por ser familiar cercano del detenido, dicho oficial fue expulsado del país,
para siempre.
14. El caso de Huamachuco. En el norte del Perú y oriente de Trujillo, donde
permanece por un tiempo el caraqueño, al Cuartel General de Bolívar se presentó un
Sargento Mayor, oriundo de Chile, de quien se conoce pronto por informes recabados
en contrainteligencia que iba a matar a Bolívar (enviado en este caso por un importante
Jefe del Ejército). En tal conocimiento, Bolívar se hace el desentendido y sigue
tratándolo con un ojo avizor pero “con bondad y dulzura”, para luego usar la diplomacia
y destinarlo a un puesto de Comandante de armas bastante alejado y neutralizar así su
intención homicida sin llegar al escándalo.
15. Conspiración de Lima. Ocurrida el viernes 28 de julio de 1826, cuando Bolívar va
al Teatro de Variedades en el 5º Aniversario de la Jura de Independencia y al momento
en que los ánimos andan exaltados por los desmanes del ejército colombiano de
ocupación y el mal manejo del Consejo de Gobierno por parte de Bolívar. Debido a
alguna razón informativa o temperamental, el caraqueño se retira en aquella ocasión
temprano y de manera brusca de aquel sitio, evitando así ser detenido en el palco
presidencial, de donde los complotistas lo llevarían a un barco surto en el puerto de El
Callao. Una vez frustrado dicho intento en la “gran conspiración” (Bolívar dixit)
muchos oficiales fueron detenidos, en mayoría peruanos, chilenos y argentinos, entre los
que encontramos cabecillas como el ilustre levita Luna Pizarro, el héroe de Junín
argentino Mariano Necochea, el marino Jorge Martín Guise, el guerrillero Quispe
Ninavilca, tres generales, ocho coroneles, ministros de estado, y una larga lista de
adversarios, siendo muchos ajusticiados, enviados a prisión, expulsados y desterrados,
todo lo que cambiará cuando Bolívar abandona el Perú para siempre. En este interregno
otros atentados menores ocurrirán, como lo señala el biógrafo Masur y el profesor
Bohórquez Casallas, luego de su regreso a Lima en 1826, y en el trayecto del palacio La
Magdalena en las afueras de Lima, a su residencia oficial en la ciudad capital.
16. Intento en Fontibón. En su vuelta de las Campañas del Sur y en esta ciudad situada
en los aledaños de Bogotá, el 14 de noviembre de 1826, pudo haber ocurrido su muerte
cuando un grupo de notables lo reciben con pistolas cargadas para proceder en contra
del Libertador si éste se pronunciaba allí con propósitos centralistas autoritarios, lo que
por fortuna no ocurrió, salvando así la vida.
17. Informe desde Puerto Cabello. Es lo que hace Bolívar en una carta dirigida al
general José Antonio Páez para poner en su conocimiento la existencia de “tramas
secretas contra su vida”. Sobre estas tramas para asesinarlo el general Santander el 30
de octubre de 1828, y mediante confesión escrita, expresa que no estuvo de acuerdo con
su muerte “el día 6 de enero de dicho año” (1827).
[Link] la convención de Ocaña. Como consecuencia de esta convención se piensa
nuevamente en el asesinato del Libertador por obra de un grupo de santanderistas y
alumnos en la ciudad de Bucaramanga donde permanece Don Simón. Mediante
confidencias recogidas, O’ Leary y Briceño Méndez comunican de ello a Bolívar, quien
toma medidas oportunas, pues se planeó enviar desde Ocaña hasta Bucaramanga a un
oficial para cometer el magnicidio.
19. El atentado septembrino y algunos menores. Según lo confiesa el propio Santander, a
causa de la nueva dictadura bolivariana suceden varios episodios en los que va incluida la
muerte del caraqueño Bolívar por muchos aseveran que es el centro de los males de Colombia.
Así, el primero sucede el 7 de agosto de 1828, aniversario de la batalla de Boyacá, a la salida
del entonces Teatro Coliseo, se registra un ataque con arma blanca pero frustrado por la
rápida intervención de doña Manuela Sáenz quien con una mascarada tragicómica que realiza
en el lugar impide tan vil asesinato. El segundo, previsto hacia la medianoche del 10 de agosto,
en un formal baile de máscaras, por alguien disfrazado de conquistador español, con puñal
aleve y l2 comprometidos en la intentona. El tercero, planeado en la casa del representante
diplomático mejicano, el 15 de septiembre, pero que queda apenas en proyecto. El cuarto,
según escribe el colombiano Gutiérrez, con ocasión de una fiesta organizada en Bosa, cerca de
Bogotá, está a punto de darse. El quinto, proyectado cerca de Soacha el 20 de septiembre, en
las afueras de la capital, mediante cinco conjurados listos para emprender el atentado, se
detiene in extremis por orden de Santander, esperando una mejor oportunidad. El sexto,
ideado en el Teatro del Colegio San Bartolomé bogotano por los llamados “bartolinos”, queda
en simple ensayo. Y el séptimo, el más grave y consumado, que tuvo en vilo la vida de Bolívar,
acaecido en la noche del 25 de septiembre de 1828 con 38 partícipes directos y 59 implicados,
con 14 condenados a muerte, enorme complot que lidera el general Santander, principal
enemigo de Bolívar en Colombia, y de lo que se salva Don Simón gracias a la valentía de
Manuela Sáenz.
20. El final de Santa Marta. Hemos llegado al final de la vida de Bolívar. Causa horror
esta cadena de atentados, de lo que puede usted sacar alguna conclusión.
Solo, atormentándose por los recuerdos, rodeado en su mayoría de enemigos, tanto en
Colombia como en Venezuela, donde incluso quieren hacerlo preso, fallece en el
desierto de su alma llamando a la concordia, al final de los partidos y a la unión, como
si aquello pudiera suceder, en ese “nido de alacranes” (frase del general venezolano
Müller Rojas) que se había vuelto Colombia.
Aparecen allí anotadas, de manera pormenorizada, cada una de las damas con
quienes Bolívar compartió sus afectos. Además de su esposa María Teresa y de Fanny
Du Villar, su amor parisino de juventud, señala Cornelio Hispano a otras mujeres
entre las cuales figuran Anita Lenoit, Josefina Madrid (Josefina Machado), Isabel
Soublette, Bernardina Ibáñez, Teresa Laines, Joaquina Garaicoa,Manuela Madroño.
Mención especial le merece Manuela Sáenz, a quien le dedica un capítulo bajo el
título: “Manuelita la bella”.
María Ignacia Rodríguez de Velasco y Osorio:
Simón Bolívar huérfano, llega a los 16 años arriba
al puerto de Veracruz el 2 de febrero de 1799. Es en
esta ciudad donde a fuerza de protocolo, con
rapidez, por intermedio del soltero Oidor de la Real
Audiencia, Don Guillermo de Aguirre y Viana,
pariente del obispo de Caracas, entra en relación
con doña María Ignacia Rodríguez de Velasco y
Osorio, a quien llamaban “la güera Rodríguez”,
significando así el rubio color de la piel y el cabello
de esta bella mujer.
María Teresa del Toro y Alayza:
El salto grande y su mujer sin duda alguna ahora
se llamaría María Teresa del Toro y Alayza,
emparentada por sangres muy cercanas a la
burguesía provinciana criolla de Caracas y el centro
del país, a través del Marqués del Toro y los
Rodríguez del Toro.
Fanny Dervieux Du Villard:
Simón bolívar regresó a España luego de la
muerte de su esposa y de ahí viajó a París en la
primavera de 1804. Allí en el “Hotel de los
Extranjeros” permanecerá rodeado de amigos,
derrochando infinitas ilusiones y aprendiendo cada
día más de la vida.
Al cabo de poco tiempo aparece ante él, ella, de
cuerpo entero, entre bautismos y enlaces
connubiales llamada “Fanny” Louise Denisse
Dervieux du Villard, casada con el cincuentón
coronel realista y conde a la vez, Bartolomé
Dervieux, mujer de mundo, hija del barón de
Trobiand de Kenreden, su pariente lejano por la
sangre Aristiguieta.
Fanny, blanquísima mujer de cabellos tirando a rubio
oscuro, como lo señalan sus biógrafos, frívola por
demás, coqueta, de refinamiento y gracia elegante
pese a ser un tanto gruesa, la boca fina, los ojos
azules aunque el color a veces era variable,
sonrosada la piel, de senos rellenos y brazos
torneados, el andar lento y sinuoso, por otra parte
hábil y encantadora.
Para el momento del encuentro Fanny frisaba las 28
primaveras, y a pesar de los múltiples compromisos
sociales empezó a intimar con aquel solitario viudo
de 20 años.
Teresa Lesnais:
Antes de partir de aquel París sensual e
inmiscuido en los diversos escenarios de la sociedad
sibarita. Bolívar habría de acariciar otros
sentimientos y de apurar el cáliz juvenil en otros
corazones. Así, preparado para una larga caminata
europea de instrucción, que lo llevara por el centro
del viejo continente, acompañado esta vez del
Robinson filósofo, es decir, de su maestro Simón
Rodríguez y del cuñado Fernando toro, mientras se
recibe el francmasón del culto escocés conoció de
verás e intimó en esa Lutecia eternal –calle de
Vaugirard-, del rococó y Chautebriand, con su amiga
Teresa Lesnais (Lesnays o Laisnay, para otros),
dulce, bella, reservada y enigmática mujer, a quien
llegó a amar sin alardes hasta allá, por los días
imborrables de 1806. (De esta relación según este
autor le nació una hija).
Ana Lenoit:
En su carrera hacia la gloria Bolívar sigue al
Estado Soberano de Cartagena, y en conjunción
como coronel efectivo de los ejércitos neogranadinos
con doscientos hombres y la bandera cuadrilonga
desde Barranca invade la cuenca caliente del bajo
Magdalena para perseguir sin pausa a los soldados
realistas. A finales de 1.812 y cargando con
veintinueve años en los meandros y visiones de sus
aguas revueltas, de frente al majestuoso rio, Cupido
hace las suyas y así conoce a la francesa Anne
Lenoit, entonces de diecisiete años bien formados,
tímida, joven de pareceres y rubia bella de Paris, “la
mayor atracción del pueblo”; establecida
familiarmente en aquel lugar junto con su padre, un
emigrado europeo que se desempeñaba como
comerciante en la tórrida zona de Mompox.
Josefina Machado:
El 4 de agosto de 1.813 conoció de veras el
Libertador a Josefina Machado, “la señorita Pepa”,
como la llamaban en la intimidad, al entrar aquel
triunfante a Caracas, luego de Campaña Admirable.
Bolívar regresaba entonces a la ciudad natal con
todas las loas imaginables y en las ofrendas que se
le tributaron encontró, de improviso, con que una de
las doce bellas caraqueñas vestidas de blanco que
frente al cabildo citadino le colmaron de laureles a la
manera clásica de la antigüedad romana y que
además lo arrastraron en el carro triunfal, como
hombre y conquistador le interesaba aquella ninfa o
vestal. Josefina, la escogida por el corazón, en aquel
momento frisaba en los veinte años y quienes la
conocieron cuentan que además era morena, de
cabellos negros, estatura regular y transmitía un
ardor delicioso apenas con su presencia destacada,
de ojos grandes y vivos, la boca carnosa y de una
alegría natural que en momentos de solaz llegaba a
contagiar a cualquier mortal.
Isabel Soublette:
Isabel Soublette, oriunda de la sociedad
mantuana emergente de la época, la del reencuentro
romántico en esa costa con el Libertador Simón
Bolívar, también fue su amante; una mujer descrita
como esbelta, rubia y blanca, de ojos azules y bellos.
Era una distinguida hermana del General Carlos
Soublette, quien fuera más tarde Presidente de
Venezuela, y prima a su vez de su rival Josefina
Machado, con la que en un equilibrio amoroso entre
la rubia y la morena debió compartir a ratos y no sin
ciertos celos, este amor imposible.
Julia Cobier:
La perla antillana de Bolívar fue Julia Cobier o
Gober; criolla dominicana, morena pálida, de buena
presencia, tierna, excitante y rica. Pernoctaba con
Bolívar ella en Kingston cuando sus enemigos fueron
a otra casa y asesinaron al pobre Félix Amestoy,
quien lo esperaba para platicar, y por breve reposo
ocupó su hamaca.
Bernardina Ibañez:
Bernardina Ibáñez es la perla del Libertador que
procede de Ocaña. Estuvo entre las quinceañeras
que lo coronaron en Bogotá después de la batalla de
Boyacá. Esa "Melindrosa" para Bolívar, pretende ser
un ángel. Estaba prometida en matrimonio con el
pavo del ejército, el coronel Ambrosio Plaza.
Paulina García:
Paulina García, una esbelta trigueña de negra y
larga cabellera, esbelta y trigueña, llena de atributos
físicos y espirituales, conmovedora, de 20 años,
palmireña genial sacó a Simón Bolívar de casa de
Becerra y con argucia suma y en actitud suprema se
lo llevó a la suya por dar “seguridad”.
Manuela Sáenz:
El 1 de diciembre de 1827 salió para Bogotá, ante
la solicitud de Bolívar de reanimar «una vida que
está expirando». En esta ciudad debió enfrentar un
grupo grande de detractores, entre los que se
encontraban Francisco de Paula Santander y José
María Córdova, enemigos declarados de la Sáenz.
«Tendría 29 a 30 años cuando la conocí en toda su
belleza. Algo gruesa, ojos negros, mirada indecisa,
tez sonrosada sobre fondo blanco, cabellos negros,
artísticamente peinados y los más bellos dedos del
mundo [...] era alegre, conversaba poco; Fumaba
con gracia. Poseía un secreto encanto para hacerse
amar», así la describió Jean-Baptiste Boussingault,
un profesor de ciencias francés que Santander trajo
a Colombia en 1824, y con quien Manuela compartió
muchos momentos políticos y sociales. Durante los
primeros meses de vida en Bogotá, Manuela vivió en
la Quinta de Bolívar, una casa situada «a la sombra
de los cerros de Monserrate», construida por José
Antonio Portocarrero a principios de siglo y que, por
motivos de las guerras de independencia, pasó a
manos de Bolívar en 1820.
El 24 de julio de 1828, no obstante encontrarse
Bolívar en el Palacio de San Carlos, ejerciendo sus
poderes dictatoriales sobre la república (luego de la
disolución de la Convención de Ocaña, el 11 de
junio, y, consecuentemente, del Congreso), Manuela
celebró el cumpleaños de Bolívar en la Quinta. En el
transcurso de la fiesta, ella realizó un fusilamiento
simbólico de Santander, «ejecutado por traición»,
según rezaba el letrero colgado del muñeco. Parece
que la descarga se escuchó perfectamente en todo
Bogotá. Con este acto, la política de reestructuración
de la República que adelantaba Bolívar, estuvo a
punto de derrumbarse. En la primera semana de
agosto de ese mismo año, y a pesar de la orden de
Bolívar de que permaneciera alejada del público,
Manuela Sáenz puso treinta y dos pesos de plata en
manos de don Pedro Lasso de la Vega por la casa
marcada con el número 6-18 de la calle 10, para así
estar más cerca al Palacio de San Carlos, es decir,
de Bolívar.
Esta cercanía y la conjugación de sus talentos
físicos con sus habilidades políticas le permitieron a
Manuela saber de la conspiración para matar al
general, conspiración que tomó fuerza por el
descontento en casi todos los estratos. Los soldados
se quejaban por el atraso en los pagos, las mujeres,
de la carestía, la aristocracia, de la pérdida de
privilegios, los comerciantes, por el detrimento en
sus negocios, y los intelectuales, por la falta de
libertad. En la conspiración, se rumoraba, estaba
implicado Santander. El primer intento fue en el mes
de agosto, en la fiesta de máscaras en el teatro El
Coliseo (Colón), del que se salvó gracias a la acción
involuntaria de Manuela. El segundo intento fue el 25
de "setiembre", en el Palacio de San Carlos. Esta
vez fue la acción premeditada de Manuela la que
hizo que saliera ileso, y por ello fue llamada por
Bolívar «la libertadora del Libertador». El 20 de
enero de 1830, Bolívar presentó renuncia a la
presidencia. El 8 de mayo emprendió el viaje hacia la
muerte, ocurrida el 17 de diciembre en
Santa Marta. Desde su partida, los ataques contra
Manuela tomaron forma y nombre: Vicente Azuero
se encargó de incitar a la gente a manifestar su
descontento con La Sáenz, mediante carteles,
"papeluchas" y actos como la quema de dos
muñecos en la fiesta del Corpus Christi, en los que
personificaron a Manuela y a Bolívar bajo los
nombres de Tiranía y Despotismo. La reacción de
Manuela fue obvia: destruyó las figuras y todo el
andamiaje que las sostenía. El resentimiento
santafereño cedió a las acciones de Azuero; sin
embargo, Manuela recibió el apoyo del sector que
menos esperaba, las mujeres: «Nosotras, las
mujeres de Bogotá, protestamos de esos
provocativos libelos contra esta señora que
aparecen en los muros de todas las calles [...] La
señora Sáenz, a la que nos referimos, no es sin
duda una delincuente». El gobierno estuvo a punto
de considerar éste y otros llamados de "las mujeres
liberales", como ellas mismas se llamaron, pero un
folleto, "La Torre de Babel", escrito por Manuela
Sáenz, en el que no sólo ponía de manifiesto la
ineficacia e ineptitud de los rectores del gobierno,
sino que revelaba secretos de gobierno; hizo que se
le acusara de actos «provocativos y sediciosos», y
se procediera a encarcelarla, por lo menos
virtualmente.
En los últimos días de 1830, Manuela emprendió el
viaje hacia Santa Marta para cuidar la salud de
Bolívar, pero sólo llegó hasta Honda. Allí recibió una
carta de Louis Perú de Lacroix, un joven veterano de
los ejércitos de Napoleón, edecán del general hasta
hacía poco, que decía: «Permítame usted, mi
respetada señora, llorar con usted la pérdida
inmensa que ya habremos hecho, y que habrá
sufrido toda la república, y prepárese usted a recibir
la última fatal noticia» (18 de diciembre de 1830).
Desde este momento, Manuela perdió su objetivo en
la vida. Con la muerte de Bolívar, el desprecio por
ella se desbordó, por lo que decidió partir hacia
Guanacas del Arroyo; sin embargo, la persecución
no cedió. El 1 de enero de 1834 Santander firmó el
decreto que la desterró definitivamente de Colombia.
Fue a Jamaica, y de allí a Guayaquil, a donde llegó
en octubre de 1835. También tuvo que partir de
Guayaquil, pues el gobierno de Ecuador no la quería
allí. Viajó, entonces, a Paita, un puerto en el desierto
peruano sin agua y sin árboles, y formado por una
sola calle y un muelle al que sólo llegaban
balleneros de Estados Unidos. Allí, en un
desvencijado edificio, se leía: «Tobbaco. English
spoken. Manuela Sáenz». La pobreza la acompañó
durante los últimos años, y finalmente también la
invalidez.
El 11 de agosto de 1847 se enteró de la muerte de
su marido, James Thorne, asesinado el 19 de junio
de ese año. En su testamento, Thorne devolvía a
Manuela los ocho mil pesos de la dote de los
intereses; sin embargo, ese dinero nunca Llegó a
sus manos. Así, inválida, acompañada por Simón
Rodríguez (el Maestro del Libertador), quien también
terminó su vida en Paita (1854), y las cartas del
General O'Leary, acabó la vida de Manuela Sáenz,
víctima de una extraña epidemia que llegó al puerto
en algún ballenero, el 23 de noviembre de 1856.
Joaquina Garaicoa:
Simón Bolívar la llamaba “La Gloriosa” ella lo
admiraba demasiado y él le mantuvo sentimientos
puros y sinceros, Bolívar llegó al extremo de
autorizarle el uso de su nombre y apellido, que ella
puso al lado del suyo y desde entonces firmó
"Gloriosa Simona Joaquina Trinidad y Bolívar".
Manuelita Madroño:
La joven Manuela Madroño, acompañó al
Libertador en su paso por la Sierra, entre Guayaquil
y Perú; el tiempo fue corto, aproximadamente tres
meses, mientras se preparaba la campaña de
liberación del Perú. Dados los acontecimientos de la
guerra, el Libertador tuvo que separarse de la joven
Manuela Madroño, quien nunca le olvidó. Al extremo
que ya viejecita la gente le recordaba sus amoríos
con él, y ella feliz contestaba, ante la pregunta:
¿Cómo está la vieja de Bolívar?. "Como cuando
estaba moza".
Paula Prado:
En el baile que le ofrecieron el 2 de junio de 1825
inicia su idilio con la joven y agraciada arequipeña
Paula Prado. Será un mes de apasionamiento y allí
mismo quedará su enamorada.
Francisca Zubiaga Bernales De Gamarra (La
Mariscala):
Francisca Zubiaga y Bernales “la Mariscala” fue
esposa y principal asesora presidencial de Agustín
Gamarra. Cuzqueña de nacimiento, de carácter
indomable, debeló conspiraciones y dirigió asuntos
de estado. La Mariscala fue una mujer que rompió
esquemas, quebrantó paradigmas, odiada por
muchos y muchas, querida y amada por otros y
otras, Doña Pancha se convertiría así en la primera
mujer peruana en tener activa participación política.
Como bien decía Clorinda Matto de Turner “esa
mujer fue mucho hombre” y agregaba además en
uno de sus escritos “…Tócame, en fin, ocuparme del
Perú, mi amada patria, cuyo pabellón blanco y rojo,
hecho con la sangre de los héroes de la
independencia y el velo de las vírgenes del sol, fue
glorificado por mujeres de la talla de Francisca
Zubiaga, esposa del generalísimo Agustín Gamarra”.
O cómo se refería de ella la escritora parisina Flora
Tristan, quien tuvo la oportunidad de conocerla antes
de su temprano deceso “su rostro, según las reglas
con que se pretende medir la belleza, no era
ciertamente hermoso. Pero, a juzgar por el efecto
que producía sobre todo el mundo, sobrepasaba a la
más bella. Como Napoleón, todo el imperio de su
hermosura estaba en su mirada...”
En el Cuzco le tributa un amor decidido Francisca
Zuniaga de Gamarra, esposa del general Agustín
Gamarra, quien llegaría a ser dos veces Presidente
de Perú, y enemigo, comprensible, de Bolívar y, por
extensión, de la independencia de Bolivia, nación a
la que invadió, perdiendo la vida frente al ejército
patriota boliviano. Cuando a este general le
criticaban su odio hacia el hombre que lo había
colmado de honores, respondía: "...Me concedió
honores, es cierto, pero me quitó la mujer...". Y
siguiendo la tradición iniciada con las hermanas
Ibañez, dos hermosas ofrendan sin disputas sus
favores: Juana de Dios y Bárbara Lemus; y luego,
las Patiño, María de Jesús y Salustiana...
Benedicta Nadal:
Benedicta era una joven mujer bella y tímida a la
vez, buena bailarina de valses, de escasa bolsa,
distinta a cuantas le rodeaban, quién sabe en qué
oportunidad, en que reunión, o de qué forma
estratégica se encontraron estos dos seres ansiosos
de amar, uno frente al otro. Los amores de
Benedicta con Bolívar, si bien livianos en lo por
venir, fueron “in tensos de alto vuelo, íntimos e
hirvientes”.
Desde el primer momento la boliviana, ya abierta de
ideas, constituyóse en otro paraíso dentro de la vida
nueva de Bolívar, y si bien no fue sujeta por varias
circunstancias a la inmediatez de los negocios y el
compartir intimista del caraqueño allá presente, no
puede decirse que mientras anduvo por aquellos
contornos y paisajes dejara de contar con su
presencia animosa o el calor de su desprendimiento.
Por ello, como respuesta a un sentir verdadero
Bolívar se autoproclama “tu amante”, al escribirle a
poco desde la sensual Lima, y todavía cuando
piensa volver de visita a la ciudad tranquila de La
Paz. Y continúa empeñoso: “espérame a todo
trance…si no eres una ingrata, pérfida…”; y ella, a
pesar de los problemas familiares que a diario le
arrebataban el sentimiento, supo responder al
llamado del corazón y guardar la llama de la
esperanza, mientras pendió de las palabras y los
suspiros el imposible regreso del héroe aclamado.
María Joaquina Costas:
El 5 de octubre de 1825 llega Bolívar a Potosí y
una dama le susurra al oído: "Cuidado, quieren
asesinarlo". La dama se llama María Joaquina
Costas y es la esposa del general boliviano Hilarión
de la Quintana. Esa noche mientras los asesinos
desesperan al no encontrar a Bolívar, éste recibe
amor y cobijo en los brazos enamorados de María
Joaquina, que en el ínterin le revela toda la
conspiración que incluye a su pariente León
Gandiarias.
Jeanette Hart:
Jeannette Hart se llama la novia estadounidense
que conoció en 1825 en el puerto de El Callao, Perú,
durante una recepción a bordo de la goleta insignia
"United States", y por la que estuvo a punto de
batirse a duelo con un gringo celoso, Jack Percival,
asistente del Comodoro Hull, cuñado de la joven que
consentía la relación y la estimulaba. Jeannette
murió soltera, en 1861, en Nueva York. Se cuenta
que cuando se enteró de la enfermedad de Bolívar
partió rumbo a Colombia, pero informada de su
deceso suspendió el viaje.