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El Vagabundo

Lena, una niña de 8 años, ve a un vagabundo tumbado en la calle en Nochebuena. Le invita a cenar con ella y su madre. El vagabundo acepta y van a su casa, donde le ofrecen ropa limpia y la oportunidad de ducharse. Durante la cena, Lena y su madre ven una marca de nacimiento en forma de corazón en el brazo del vagabundo y se dan cuenta de que es el padre de Lena, a quien creían muerto. Madre e hija lo abrazan llorando de alegr

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El Vagabundo

Lena, una niña de 8 años, ve a un vagabundo tumbado en la calle en Nochebuena. Le invita a cenar con ella y su madre. El vagabundo acepta y van a su casa, donde le ofrecen ropa limpia y la oportunidad de ducharse. Durante la cena, Lena y su madre ven una marca de nacimiento en forma de corazón en el brazo del vagabundo y se dan cuenta de que es el padre de Lena, a quien creían muerto. Madre e hija lo abrazan llorando de alegr

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El vagabundo

LEMA: Tiempos solidarios

La Navidad estaba tocando a las puertas de los hogares. A Lena le

fascinaba la época navideña, estaba eufórica. Llegaban las vacaciones

y al colegio no tenía que asistir. Se aburría mucho y no le gustaba.

Era una niña de ocho años muy inteligente y de gran corazón. Vivía

con su madre, Azucena, en una casa humilde. Cada mañana Lena se

levantaba contenta. Con ese entusiasmo iba corriendo a encender las

luces del árbol y a poner villancicos para cantar con su madre.

Como tradición, todas las navidades caminaban madre e hija por las

calles para impregnarse del aroma navideño. Las luces de colores de

las grandes avenidas, los bonitos adornos de los balcones y el olor a

castañas recién hechas.

Todo un festín para los ojos verdes de Lena. Su madre la miraba con

dulzura.

De repente, caminando por una avenida Lena vio a un vagabundo

tumbado en el suelo con una manta. Azucena se dio cuenta. A Lena le

dio mucha pena. Así que, sin pensárselo dos veces se acercó al

hombre y le dijo:

— ¿Te gustaría cenar esta noche con nosotras? Es Nochebuena.


El vagabundo la miró desconcertado. Le sonrió. Y sus ojos se

inundaron de lágrimas. Luego miró a su madre y sintió un vuelco en

su corazón. El hombre asintió con la cabeza. Pues apenas podía

articular palabra. Apto seguido, le ayudaron a levantarse, cogieron

todas sus pertenencias y marcharon a casa.

El trayecto fue entrañable. Lena le cogió su mano todo el camino. El

hombre no sabía ni qué decir. Solo sonreía y en su mirada afable se

podía observar su gratitud sincera.

Ya en casa le ofrecieron ropa limpia y lo invitaron a ir al cuarto de

baño para ducharse y relajarse.

El vagabundo no se lo creía. De vez en cuando se pellizcaba la cara

para ver si estaba soñando o por el contario lo estaba viviendo.

La mesa estaba lista cuando el hombre regreso del baño.

Lena le esperaba de pie con una sonrisa de oreja a oreja, al lado de

la silla que iba a ocupar él. Apto seguido, Lena le hizo un ademán

elegante con su mano para que ocupara el asiento.

El hombre la miró, sonrió y dijo:

—Muchas gracias, señorita. Muy amable.

Se rieron los tres a carcajadas.


Ya sentados en la mesa, el hombre se subió la manga del brazo

derecho cuando Lena y Azucena se fijaron en una mancha de

nacimiento que tenía forma de corazón.

Madre e hija se miraron con cara de asombro. No podían creerlo.

Creían que había muerto. Las dos se levantaron con rapidez y lo

abrazaron.

—Papá —dijo Lena llorando de alegría.

—Amor mío —espetó su mujer cubriendo su rostro de miles de besos.

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