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El Diezmo

El documento discute el concepto bíblico del diezmo. Explica que el diezmo no se originó con la ley de Moisés, sino en el huerto del Edén con Abel. Además, analiza la historia de Caín y Abel y cómo Caín ofreció una ofrenda inadecuada a Dios, lo que llevó al primer asesinato. También explora cómo el diezmo representa un pacto entre Dios y la humanidad y cómo esto se reveló a Abraham a través de Melquisedec.
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El Diezmo

El documento discute el concepto bíblico del diezmo. Explica que el diezmo no se originó con la ley de Moisés, sino en el huerto del Edén con Abel. Además, analiza la historia de Caín y Abel y cómo Caín ofreció una ofrenda inadecuada a Dios, lo que llevó al primer asesinato. También explora cómo el diezmo representa un pacto entre Dios y la humanidad y cómo esto se reveló a Abraham a través de Melquisedec.
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Si se pregunta cómo lo sé, lo descubrí leyendo el resto del Libro, y estudiando lo

que afirma la Biblia acerca del diezmo. Es decir, la práctica de llevarle a Dios las
primicias que le corresponden a Él. A través de la historia bíblica, el pueblo de
Dios se ha acercado a Él y se ha conectado con Su pacto de BENDICIÓN, por
medio del diezmo.

Contrario a lo que algunos han enseñado, el concepto del


diezmo no se originó con la ley de Moisés; sino en el huerto de Edén. Por ese
motivo, en Génesis 4 leemos que Abel le entregó a Dios el primogénito de su
rebaño. Aunque Abel vivió miles de años antes que se diera la ley, aprendió a
diezmar. ¿Quién le enseñó? Sólo existe una posible respuesta: su padre, Adán. Al
parecer, Adán deseaba que sus hijos evitaran las consecuencias del pecado que él
había cometido —el cual trajo sufrimiento y destrucción a su vida—; entonces
educó a sus hijos para que le dieran a Dios las primicias y la mejor porción de su
prosperidad.

Abel lo entendió y puso en práctica lo que Adán le enseñó. Sin embargo, su


hermano, Caín, no lo hizo. Lo que sucedió entre ellos, nos revela cuán importante
es poner en práctica el principio de diezmar. Esto demuestra que no se trata sólo de
dividir el 10% de un salario y depositarlo en un cesto de ofrendas, ni de cumplir de
manera legalista una ley del Antiguo Testamento. Diezmar es un pacto interactivo
entre Dios y la humanidad. Representa una realidad espiritual tan poderosa, al
punto que el diablo hará todo lo posible para detenerla. Por ese motivo, el primer
asesinato en la historia de la humanidad se cometió a causa del diezmo.

Es probable que recuerde el relato. Cuando Caín y Abel llevaron su diezmo, Dios
aceptó el de Abel, y rechazó el de Caín. Eso enfureció tanto a Caín que mató a su
hermano. ¿Por qué era tan importante para Caín que Dios aceptara su diezmo?
Porque diezmar es un acto de fe que confirma LA BENDICIÓN —y Caín deseaba
esa BENDICIÓN—. Él sabía que era lo más poderoso sobre la Tierra.

A través de los años, han surgido muchas teorías para explicar por qué el diezmo
de Caín fue rechazado. Algunos han sugerido que su ofrenda era inaceptable
porque no ofreció un animal. Pero ése no era el problema, pues Caín labraba la
tierra; entonces es obvio que su diezmo debía provenir de la primicia de su campo.
No obstante, él no le entregó a Dios la primicia. Las escrituras hebreas indican que
él presentó la tercera cosecha. The Chumash, ed. Rabbi Nosson Scherman, Art
Scroll Series, Stone Edition Travel Size (Brooklyn: Mesorah Publications, 1998) p.
21 ¡Lo que
Caín le dio a Dios no tenía valor! Cualquiera que haya vivido en una granja sabe el
valor de la tercera cosecha o cosechas tardías. No son buenas más que para comida
de vacas. Son las sobras marchitas, y son duras como el cuero.

A ese tipo de ofrenda, Dios le llamó: pecado. Pero, aun así, Él no condenó a Caín
de inmediato. Él le brindó otra oportunidad, y le dijo: «Si hicieras lo bueno, ¿no
serías enaltecido?; pero si no lo haces, el pecado está a la puerta, acechando. Con
todo, tú lo dominarás». Génesis 4:7, RV95

En ese momento, Caín pudo arrepentirse y comenzar de nuevo, pero no lo hizo.


En lugar de eso, se ofendió. Permitió que el diablo alimentara su enojo al punto de
asesinar a su hermano.

Es una historia triste, pero deja un punto claro: El diezmo es valioso para Dios y
poderoso para la humanidad —y el diablo detesta esa verdad—. Lo odia porque
representa LA BENDICIÓN que él nunca podrá tener. Lo detesta porque establece
a Dios como la cabeza espiritual de Su familia. Éste confirma al pueblo de Dios
como los gobernantes a quienes se les ha dado autoridad sobre la Tierra.

Aunque al diablo le gustaría que pensáramos así, Dios nunca tuvo la intención de
que el diezmo fuera una atadura religiosa o una regla legalista. Su propósito era
que éste representara un acto de BENDICIÓN y de gozo. Si Adán y su esposa
hubieran compartido lo suficiente con Dios, lo habrían descubierto. Hubiera
disfrutado su tiempo cuidando el árbol de Dios. Habrían dicho: "¡Éste le pertenece
a nuestro Padre! Bendigámoslo más, prestémosle más atención que a cualquier
otro árbol; a fin de que cuando le presentemos el fruto, ¡sea el mejor del huerto!".

Si hubieran adoptado esa actitud, Dios les habría enseñado todo lo que necesitaban
saber acerca del bien y del mal. Él les habría dedicado mucho tiempo a ellos,
enseñándoles cómo obrar conforme LA BENDICIÓN. Él les hubiera explicado
todo acerca del universo, y de todos los ángeles maravillosos que Él había creado;
a fin de ayudarlos a ejercer su dominio sobre éste. Dios no deseaba que Adán
ignorara todas esas cosas. Él planeaba instruirlo acerca de Sí mismo de la manera
correcta y en el tiempo exacto.

Sin embargo, no le dieron la oportunidad de hacerlo. ¡Ellos le robaron! Tomaron y


comieron algo que no les pertenecía

Malaquías 3:8). De acuerdo con los sabios hebreos, lo realizaron el primer día."
(The Chumash, ed. Aabbi Nosson Scherman, Art Scroll Series, Stone Editon
Travel Size (Broklyn: Mesorah Publications, 1998) p. 15) Ellos permitieron que el
diablo los convenciera de que Dios les ocultaba algo, y que si alguna vez deseaban
aprender la verdad acerca del bien y del mal, debían aprenderla de él. Ahora
nosotros sabemos que todo eso era absurdo. El diablo no puede enseñarle a nadie
la verdad acerca de nada porque: «... no hay verdad en él...pues es mentiroso y
padre de mentira» Juan 8:44. Sin embargo, convenció a la esposa de Adán para
que creyera lo contrario; a continuación, veremos cómo lo hizo...

Noé y su familia salieron del arca hacia una Tierra que había recibido un
respiro de alivio de las obras del diablo. Sin duda, en memoria de las historias
que le contaron acerca del pecado de Adán en el huerto de Edén, lo primero
que hizo Noé fue honrar a Dios y tener comunión con Él por medio del
diezmo. Él construyó un altar para el Señor, y le presentó toda bestia y ave
limpia, y entregó ofrendas:

Bendijo Dios a Noé y a sus hijos, y les dijo: Fructificad y multiplicaos, y


llenad la tierra. El temor y el miedo de vosotros estarán sobre todo animal de
la tierra, y sobre toda ave de los cielos, en todo lo que se mueva sobre la
tierra, y en todos los peces del mar; en vuestra mano son entregados.

—Génesis 9:1-2

Si esa BENDICIÓN le parece conocida, se debe a que Dios le dijo a Noé y a


su familia lo mismo que le expresó a Adán en Génesis 1:28: "¡SEAN
BENDITOS! Les otorgo poder para que sobresalgan en todo lo bueno, a fin de
que prosperen, llenen la Tierra y tengan dominio sobre todo lo que se
encuentra en ella".

La conexión del diezmo

Aunque parezca sorprendente, cuando Abraham y su ejército derrotaron al


ejército de Quedorlaomer, todavía no tenían una revelación plena de lo que
incluía LA BENDICIÓN. Él entendía que ésta provocaba que él prosperara en
lo económico, pues adondequiera que iba, el lugar prosperaba, y él se hacía
más rico. También sabía que LA BENDICIÓN le daba poder para triunfar
sobre sus adversarios (y sobre los adversarios de sus familiares, lo cual fue
bueno para Lot). Cada vez que alguien venía contra él, la PALABRA que Dios
le expresó en Su pacto se cumplía: «...Bendeciré a los que te bendijeren, y a
los que te maldijeren maldeciré» (Génesis 12:3). Abraham no conocía la
completa magnitud de LA BENDICIÓN, hasta que liberó a Lot y a su familia
después de derrotar al ejército de Quedorlaomer. En ese día, el rey de Salem
salió a su encuentro:

Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó


pan y vino; y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo,
creador de los cielos y de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo, que
entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo.

—Génesis 14:18-20

Subraye estos versículos en su Biblia. Incluso dibuje estrellas alrededor de


éstos. Haga lo que sea para resaltarlos, pues es ¡información importante! ¿Por
qué? Porque a través de Melquisedec, Dios le reveló a Abraham las
sorprendentes buenas nuevas de que LA BENDICIÓN lo había convertido en
el poseedor del cielo y de la Tierra. Por medio de este sacerdote del Antiguo
Testamento, Dios le aclaró a Abraham que se había convertido en heredero de
LA BENDICIÓN de Adán. ¡Se le había otorgado dominio sobre todo! En la
Biblia se le llama a esa revelación: el Evangelio.

Quizá pregunte: "¿Cómo puede ser ése el Evangelio? Jesús ni siquiera había
nacido cuando Melquisedec expresó esas palabras".

Eso es cierto, pero aun así, en el Nuevo Testamento se declara: «Y la


Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de
antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las
naciones» Gálatas 3:8. De acuerdo con esos versículos, Abraham escuchó por
primera vez el Evangelio cuando Dios le declaró LA BENDICIÓN en Génesis
12. Sin embargo, él lo comprendió por completo hasta que Melquisedec la
ministró sobre él. En ese momento, él se percató de que a través de LA
BENDICIÓN, Dios le estaba dando posesión; no sólo de la tierra de Canaán,
sino de todo el mundo.

Como cristianos que no hablan hebreo, la mayoría de nosotros nunca se ha


dado cuenta que eso dijo Melquisedec. Creíamos que él se estaba refiriendo a
Dios como el dueño del cielo y de la Tierra. Pero no es así. Él estaba hablando
acerca del hombre de pacto de Dios. Se estaba refiriendo a Abraham del Dios
Altísimo como el poseedor de todo.

Si le es difícil creerlo, no confíe en mi palabra. Mejor lea Romanos 4. En


éste se menciona a Abraham como el heredero del mundo." ¿Acaso esa palabra
heredero no significa que es alguien que posee algo? Ése es su significado en
Tejas, y también dondequiera que usted viva. Y eso fue lo que significó para
Abraham. ¿Puede imaginar cuánto le impactaron esas noticias a Abraham?
Quizá él pensó: "¿Quién? ¿Yo? ¿Poseedor del cielo y la Tierra? ¿Cómo es eso
posible?". Él no podía concebir todo esto en su mente en un solo momento.
Debía vivirlo con Dios, dando un paso a la vez.
(EXTRA: ROMANOS 4:13«Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su
descendencia la promesa de que seda heredero del mundo, sino por la justicia
de la fe».)

Pero le creyó a Dios, ya que el sacerdote expresó esas palabras sobre su


vida, estaba ministrando el pan y el vino; los cuales representaban el cuerpo y
la sangre de un sacrificio de lacto. Esos elementos simbolizaban el
compromiso más serio e inquebrantable que existía.

Es más, Melquisedec no era cualquier sacerdote. Él era el representante de


Dios en la Tierra en ese entonces. Como lectores del Nuevo Testamento, lo
reconocemos a él como un tipo de Cristo en el Antiguo Testamento, pues
obraba bajo la unción sacerdotal que le pertenece a Jesús. De acuerdo con el
libro de Hebreos:

Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, que
salió a recibir a Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y le bendijo, a
quien asimismo dio Abraham los diezmos de todo; cuyo nombre significa
primeramente Rey de justicia, y también Rey de Salem, esto es, Rey de paz; sin
padre, sin madre, sin genealogía; que ni tiene principio de días, ni fin de vida,
sino hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre.
Considerad, pues, cuán grande era éste, a quien aun Abraham el patriarca dio
diezmos del botín.

—Hebreos 7:1-4

He escuchado predicar que Melquisedec era en realidad Jesús, ya que no


tenía padre ni madre, y que no había nacido ni muerto. Pero eso no es cierto.
El autor de Hebreos simplemente estaba diciendo que Melquisedec no
provenía de la tribu de Leví como los otros sacerdotes en Israel. Él
simplemente fue elegido por Dios y estaba explicando que no había un registro
del inicio ni del final de su sacerdocio.

Sin embargo, la historia judía nos resuelve el misterio. Él era el hijo de


Noé, Sem. (The Chumash, ed. Rabbi Nosson Scherman, Art Scroll Series,
Stone Edition Travel Size (Brooklyn: Mesorah Publications, 1998) p. 65)

Ahora bien, es más importante lo que hizo que conocer


su procedencia histórica. Melquisedec es un tipo de Jesús del Antiguo
Testamento porque estaba ungido, tanto para declarar LA BENDICIÓN como
para recibir los diezmos:

Ciertamente los que de entre los hijos de Leví reciben el sacerdocio, tienen
mandamiento de tomar del pueblo los diezmos según la ley, es decir, de sus
hermanos, aunque éstos también hayan salido de los lomos de Abraham. Pero
aquel cuya genealogía no es contada de entre ellos, tomó de Abraham los
diezmos, y bendijo al que tenía las promesas. Y sin discusión alguna, el menor
es bendecido por el mayor. Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres
mortales; pero allí, uno de quien se da testimonio de que vive.

—Hebreos 7:5-8

LA BENDICIÓN y el diezmo están conectados desde los tiempos del huerto


de Edén. Adán lo aprendió de forma difícil, Abel lo aprendió de Adán. Noé y
Abraham sabían la conexión que había. Entonces cuando Melquisedec le
ministró LA BENDICIÓN a él, Abraham realizó lo que su bisabuelo hizo
muchas veces en el huerto. Antes de que tomara algo del botín que obtuvo de
su victoria sobre Quedorlaomer, él le presentó su diezmo a Dios. Él no lloró
porque debía entregárselo, tampoco se quejó porque él necesitaba ese diez por
ciento extra.

Al contrario, él estaba pensando: "¡Soy más rico de lo que alguna vez he


sido! De alguna manera, ¡toda la Tierra es mía!". Mientras Abraham le
presentaba el diezmo al sacerdote —quien estaba ungido para recibirlo—, él
recibía la revelación de la gran riqueza que le pertenecía, debido a su pacto
con Dios. Observe que Abraham no obtuvo esa revelación en un servicio de
domingo, tampoco mientras estaba arreando su ganado. ¡Él la recibió cuando
estaba diezmando!

Es muy importante que sepa lo siguiente: Si no está diezmando, usted se


encuentra viviendo bajo la maldición; pues cuando presenta su diezmo ante
Dios, se conecta por fe a la unción provista por LA BENDICIÓN. Por tanto,
cuando diezma (basado en las Escrituras), usted va ante Jesús, su Melquisedec,
y Él se acerca a usted. Le lleva a Él lo que le pertenece, y Él le da lo que le
pertenece a usted. El tiempo de diezmar es un tiempo de comunión. Me siento
tan confiado en el poder de éste, al punto que si lo único que me salvara de la
hambruna fuera quedarme con mis diezmos, sonreiría y se los entregaría a
Dios. Se los daría con confianza y gozo porque la interacción de pacto de
diezmar me abre la puerta para recibir todo lo que pudiera necesitar para
cuidar de mí y de mi familia.

Una cosa es ver cómo LA BENDICIÓN obra a favor de otro, y otra totalmente
diferente, es creer que ésta obrará de la misma manera para usted. Isaac descubrió
esta verdad cuando su padre murió. Después de disfrutar una vida de abundancia en
la casa de Abraham, él experimentó una situación que le era por completo extraña.
Él padeció de escasez, pues la tierra donde vivía (la tierra que Dios le prometió a
los descendientes de Abraham) fue azotada por la hambruna.

Como no estaba acostumbrado a vivir conforme a LA BENDICIÓN por su


propia cuenta, Isaac tomó a su familia, e hizo lo único que sabía realizar: los llevó
hacia Egipto para obtener comida.
Sin embargo, Dios lo detuvo en el camino, y cambió su mentalidad para
siempre. Se le apareció, y expresó:

...No desciendas a Egipto; habita en la tierra que yo te diré. Habita como


forastero en esta tierra, y estaré contigo, y te BENDECIRÉ; porque a ti y a tu
descendencia daré todas estas tierras, y confirmaré el juramento que hice a
Abraham tu padre. Multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo, y
daré a tu descendencia todas estas tierras; y todas las naciones de la tierra serán
BENDITAS en tu simiente, por cuanto oyó Abraham mi voz, y guardó mi precepto,
mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes.

—Génesis 26:2-5

Isaac escuchó aquellas palabras el día que el Dios todopoderoso le habló de forma
directa. De seguro, se estremeció, le temblaron las rodillas y el corazón se le subió
a la garganta. Era el SEÑOR mismo hablándole a él, el Altísimo —el Dios
flameante que se le había aparecido a su padre—, diciéndole: «...De cierto te
BENDECIRÉ con abundancia y te multiplicaré grandemente» (Hebreos 6:14)

Creo que en ese momento, la revelación impactó a Isaac como si un camión de 18


neumáticos lo hubiera atropellado. LA BENDICIÓN de Abraham ahora le
pertenecía a él. Gracias a su linaje, en el cual había nacido, se convirtió en el
heredero total de LA BENDICIÓN. Dios estaba hablándole de la misma manera
que le habló a su padre: "TE CONFIRMARÉ el juramento que hice... Así que, ve y
mora en la tierra que Yo te he dado".

Morar no se refiere sólo a deambular. La frase morar en la tierra significa: Habitar


en ésta como si fuera de su propiedad. Un morador no actúa como si fuera un
extraño, ni camina de puntillas por los alrededores como si no perteneciera allí. Él
adquiere la actitud de propietario, y no importa si la gente lo acepta o no, ¡es su
propiedad!

Dios le estaba diciendo a Isaac: "Si vives con esa actitud de fe, HARÉ por ti
exactamente lo que hice por tu padre. TE DARÉ todo lo que le di a él".

¡Los creyentes de hoy necesitan captar esa revelación al igual que Isaac lo hizo!
Debemos percatamos de que cada promesa en la Biblia es un pacto de Dios jurado
con sangre. Porque en Jesús, todas Sus promesas son sí y amén," (2º Corintios
1:20) Dios nos ha dicho lo mismo que de seguro le expresó a Isaac:
"DERRAMARÉ en tu vida LA BENDICIÓN de Abraham. ¡Te sanaré y te
prosperaré! Crearé las mismas condiciones del huerto de Edén a tu alrededor, y ¡tú
llevarás LA BENDICIÓN a las personas adondequiera que vayas!".

Es tiempo que lo creamos y empecemos a morar en la tierra. Es necesario que


vivamos en fe, actuando como si la sanidad nos perteneciera (a pesar de que los
síntomas digan lo contrario). Deberíamos vivir como si la prosperidad nos
perteneciera (sin importar las cifras de nuestra cuenta bancaria). Si actuamos de esa
manera, Dios nos DARÁ esas cosas; pues ésa es Su VOLUNTAD para nuestra vida.

"Pero, hermano Copeland, ¿qué sucede si ésa no es la voluntad de Dios para


mí?".

¡Sí es la voluntad de Dios para su vida! Él nos lo confirmó en la Biblia, y


despejó toda duda al respecto cuando se paró sobre la sangre del sacrificio de
pacto, y dijo: "¡Es Mi voluntad BENDECIRLOS con LA BENDICIÓN de
Abraham!" (Gálatas: 3:14) Cuando Dios se lo dijo a Isaac, él lo creyó. Confió en
Su PALABRA y permaneció en la Tierra Prometida, a pesar de la hambruna.
Estableciendo su fe en LA BENDICIÓN, él sembró en aquella tierra y segó una
cosecha del ciento por uno en el mismo año, y: «El varón se enriqueció, y fue
prosperado, y se engrandeció hasta hacerse muy poderoso. Y tuvo hato de ovejas, y
hato de vacas, y mucha labranza; y los filisteos le tuvieron envidia» (Génesis
26:13-14).

Lo último que Isaac deseaba era pelear contra aquellos filisteos, pues era un
hombre que amaba la paz. Sin embargo, a causa de que ellos estaban celosos de LA
BENDICIÓN que estaba sobre su vida, lo persiguieron sin piedad. Pelearon en
contra de sus siervos, y le robaron sus pozos de agua. Es más, cuando él encontraba
un lugar donde habitar, ellos lo sacaban de allí.

Ese tipo de cosas siempre le sucedieron a los herederos de LA BENDICIÓN.


Adondequiera que iban, las personas los atacaban. Pero Isaac seguía creyéndole a
Dios y obedeciéndole. Él hizo todo lo posible por vivir en paz con las personas a su
alrededor. Se negó a entrar en contienda con ellos, y al final, obtuvo la victoria. Por
último, los filisteos hicieron un pacto con él, y le dijeron: «Hemos visto que... tú eres
ahora BENDITO de Jehová». (Génesis 26: 28-29) LA BENDICIÓN en y sobre Isaac
venció la hambruna en la tierra; y al mismo tiempo, lo engrandeció.

Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de
Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la
daré a ti y a tu descendencia. Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y
te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de
la tierra serán BENDITAS en ti y en tu simiente. He aquí, yo estoy contigo, y
te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra;
porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho... E hizo Jacob
voto, diciendo: Si fuere Dios conmigo, y me guardare en este viaje en que
voy, y me diere pan para comer y vestido para vestir, y si volviere en paz a
casa de mi padre, Jehová será mi Dios. Y esta piedra que he puesto por
señal, será casa de Dios; y de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para
ti.

—Génesis 28:13-15, 20-22

Esa noche, Dios le dio por gracia a Jacob LA BENDICIÓN que intentó
forma fraudulenta. El SEÑOR declaró sobre su vida, el pacto de sangre que
había heredado; y Jacob respondió —así como Abraham e Isaac — prometiéndole
a Dios darle el diezmo.

Con LA BENDICIÓN activada en su vida, Jacob estuvo a la expectativa de que


las cosas comenzaran a mejorar —y de alguna manera, así sucedió—. Pronto se
encontró a salvo en la casa de su tío Labán, a donde su madre lo había enviado.
Ella había decidido que Jacob podía hallar una esposa en ese lugar, y que pasaría
desapercibido hasta que Esaú se hubiera tranquilizado, y desistiera de su idea de
matarlo. Labán y su familia recibieron a Jacob con gozo. Él se casó con las dos hijas
de Labán, y trabajó en su propiedad por 20 años.

Sin embargo, había un problema. Labán no era un hombre honesto. Desde el


momento en que Jacob comenzó a trabajar para él, lo engañó. Él le prometía
cosas a Jacob, y luego no las cumplía. Él lo estafó con su sueldo. Y a pesar de
todo, LA BENDICIÓN se mantuvo obrando a favor de Jacob. Ésta le dio
sabiduría y entendimiento.

En ocasiones, le abría los ojos al reino espiritual, así como la noche en la


que vio la escalera de ángeles. Esta también le permitió entender lo que Dios
estaba haciendo, y le enseñó cómo escuchar Su voz; a fin de que él supiera lo
que debía hacer. Durante todo ese tiempo, Jacob aprendió a depender más y
más de la BENDICIÓN. Asimismo, aprendió a persistir en ésta por fe, a fin de
que todo lo que hiciera prosperara.

Labán disfrutó de los beneficios de la prosperidad y se enriqueció mientras


Jacob trabajaba para él. Por esa razón, cuando Jacob decidió que era momento de
regresar a casa, Labán intentó persuadirlo para que no lo hiciera: «...he
experimentado que Jehová me ha BENDECIDO por tu causa» (Génesis 30:27).

En su intento por retener un poco más a Jacob (y junto con él LA BENDICIÓN que
lo cubría), Labán al final acordó permitirle a Jacob que se quedara con parte de su
ganado. Después de eso, ni siquiera las artimañas de Labán pudieron impedir que
prosperara. La parte de su herencia se multiplicaba tanto que los hijos de Labán
empezaron a envidiarlo. «...Jacob ha tomado todo lo que era de nuestro padre, y de lo
que era de nuestro padre ha adquirido toda esta riqueza»."(Génesis 31:1)

En realidad, los hijos de Labán tenían el mismo derecho a recibir LA


BENDICIÓN que Jacob tenía. Pues ellos también pertenecían a la familia de
Abraham. Ellos pudieron haber dicho: "Jacob, si nos enseñas cómo obrar conforme
a LA BENDICIÓN, dejaremos de engañarte. Te trataremos bien, y te pagaremos lo
que desees". Pero en lugar de eso, se enojaron y acusaron a Jacob de robarle dinero
a su familia.

No obstante, estaban equivocados; pues Jacob no robó nada. Él sólo vivía por fe en
LA BENDICIÓN, y ésta lo prosperó de continuo hasta el punto en que ésta se
apropió de todo lo que ellos poseían. Cuando Jacob dejó a Labán, y regresó a su
lugar de nacimiento; volvió como un hombre muy rico. Él retornó en LA

BENDICIÓN de Dios, ya no como Jacob: el engañador; sino como Israel: el príncipe


de Dios.

Ya estudiamos el relato en Génesis de cómo Melquisedec, hablando de parte


de Dios, declaró LA BENDICIÓN sobre Abraham. Cuando él manifestó:
«Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la
tierra»,”Génesis 14:19” Melquisedec lo convirtió en copropietario del cielo y de
la Tierra, y le entregó el dominio que Dios le había dado a Adán en el principio.

Sin embargo, quiero que observe algo: Abraham no sólo recibió esa
bendición, y dijo: "Gracias. Aprecio LA BENDICÓN que me has otorgado", y
luego se marchó. En Génesis y en Hebreos, leemos que él respondió ante LA
BENDICIÓN de una forma específica, igual a la que Dios había planificado que
Adán respondiera en el huerto: diezmando.

Éste punto es vital, por tanto, permita que penetre en su interior: Abraham se
conectó con LA BENDICIÓN del sumo sacerdote a través del diezmo, y
nosotros lo hacemos de la misma forma.

Eso significa que no sólo deberíamos tirar cheques dentro de la canasta de


ofrenda los domingos. No debemos dar unos cuántos billetes a la iglesia de vez
en cuando. Sino es necesario que convirtamos al diezmo en una parte importante
de nuestra comunión con Dios. Necesitamos entregarle a Jesús, nuestro Sumo
Sacerdote, nuestros diezmos de una forma devota y con reverencia; y siempre
liberar nuestra fe, todo esto como una expresión fresca de LA BENDICIÓN.
¡Es cierto! LA BENDICIÓN se expresa a través de dar el diezmo. Porque «...
ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pero allí, uno de quien se da
testimonio de que vive». Hebreos 7:8

"Hermano Copeland, de seguro no está declarando que Jesús en realidad


¡siguió el ejemplo de Melquisedec!".

No, estoy afirmando que el ministerio de Melquisedec tomó como base el


ministerio de Jesús. Melquisedec actuó conforme a la unción de Jesús, al
presentarse en el lugar del Sumo Sacerdote, ministrando los elementos de la Santa
Cena —el pan y el vino que representan el cuerpo y la sangre de nuestro Salvador
—. Él estaba administrando LA BENDICIÓN, tomando como base lo que Jesús iba
a realizar, no sólo por Abraham, sino por todas las familias de la Tierra. De acuerdo
con la Biblia, cuando Abraham le entregó a Melquisedec los diezmos de todo, en
realidad se los entregó a Jesús, pues a Él estaba representando Melquisedec. Hebreos
7:1-8-

Abraham comprendió mejor que muchos cristianos de hoy en día, la


importancia de esa interacción de pacto. Él sabía que los elementos de la Santa
Cena eran símbolos del pacto de sangre, lo cual significaba que Dios estaba
ofreciéndose y haciendo un compromiso de entregar Su propia vida por él. Él
entendió que el Padre estaba jurando un pacto que jamás rompería —el SEÑOR
tendría que dejar de existir antes de romper Su pacto con Abraham—.

Porque los hombres ciertamente juran por uno mayor que ellos, y
para ellos el fin de toda controversia es el juramento para
confirmación. Por lo cual, queriendo Dios mostrar más abundantemente a
los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso
juramento; para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible
que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido
para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros. La cual tenemos
como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo,
donde Jesús entró por nosotros como precursor, hecho sumo sacerdote
para siempre según el orden de Melquisedec.

—Hebreos 6:16-20

Los elementos de la Santa Cena y LA BENDICIÓN con los cuales Abraham


se conectó por medio de la fe cuando diezmó, anclaron por completo su alma a
la realidad de que ese pacto con Dios era su fuente. Por tanto, cuando el rey de
Sodoma trató de establecer un acuerdo financiero con él, Abraham —quien
sobreabundaba de esta revelación— estalló con estas palabras: «... nada tomaré
de todo lo que es tuyo, para que no digas: Yo enriquecí a Abram» Génesis 14:
21-23.

Como creyentes del Nuevo Testamento, ¡debemos tomar esa misma actitud!
Deberíamos conectarnos con LA BENDICIÓN a través del diezmo, y luego
decirle a Satanás: ¡Aléjate de mí, mentiroso! No necesito nada de lo que tienes.
Yo poseo un pacto con el Dios todopoderoso, y Él me ha enriquecido en espíritu,
alma y cuerpo.

De esa forma Dios lo planeó desde el principio. Por esa razón, entregó a Jesús, a
fin de que se convirtiera en nuestro Sumo Sacerdote. Para que en lugar de que
fuéramos guiados por nuestras emociones, y saliéramos corriendo asustados por
cada amenaza mentirosa que el diablo inventara, nuestras almas pudieran
anclarse a LA BENDICIÓN.

Dios nos juró un pacto —no con la sangre de toros y machos cabríos, sino con
la sangre de Su propio Hijo—, a fin de que nosotros, al igual que Abraham,
pudiéramos estar plenamente convencidos de que LA BENDICIÓN es
nuestra fuente de provisión. Él designó a Jesús para que recibiera nuestros
diezmos, con el propósito de que nuestra mente, voluntad y emociones
pudieran permanecer en la roca sólida en medio de cualquier tormenta; y
para que podamos descansar seguros de que contamos con un Sumo
Sacerdote fiel, quien de manera continua, ministra esa BENDICIÓN sobre
nosotros.

Lo emocionante de diezmar

bajo la revelación de LA BENDICIÓN


Hace años, cuando comencé a estudiar estas cosas en la Palabra, el SEÑOR
me dijo: Gloria y tú no dedican el tiempo suficiente para presentar sus diezmos.
Han adquirido el hábito de llenar cheques, imponer sus manos sobre éstos y orar
un poco, para luego enviarlos a alguna parte. Pero eso no es suficiente. Deben
hacer que sus diezmos se conviertan en una interacción de pacto.

Desde entonces, diezmar se ha convertido en un asunto muy serio para


nosotros. Ahora tomamos el tiempo suficiente para presentar nuestros
diezmos ante Jesús como nuestro Sumo Sacerdote. Nos arrodillamos y
participamos de la Santa Cena presentando y pidiendo por nuestro diezmo.
Realizamos confesiones sobre éstos, de acuerdo con el patrón que Dios les
entregó a los israelitas en Deuteronomio 26.

Por ejemplo, decimos: Señor Tú eres el dueño de nuestro diezmo; traemos


ante Ti estos diezmos con gozo y acción de gracias por todo lo que has hecho por
nosotros. Te agradecemos por aquellos que han alimentado nuestro espíritu y por
quienes nos han bendecido. Te damos gracias por LA BENDICIÓN de Abraham,
la cual es nuestra en Cristo Jesús. Te agradecemos porque somos coherederos
con Jesús, y a través de Él, herederos de todo el mundo. Luego esperamos en Él
por un momento, y escuchamos lo que tenga que decirnos.

Cuando diezma de esa manera, el gozo que siente es indescriptible. Y comienza a


comprender por qué Dios les dijo a los sacerdotes tacaños en Malaquías 3:10:

Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme


ahora en esto, dice JEHOVÁ de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de
los cielos, y derramaré sobre vosotros BENDICIÓN hasta que
sobreabunde.

Observe que en ese versículo no se afirma que Dios derramará BENDICIONES


(en plural), sino una BENDICIÓN (en singular). Esto se refiere a LA
BENDICIÓN, la cual incluye todas las demás bendiciones.

Cuando le entregamos los diezmos a nuestro Sumo Sacerdote, no para cumplir


con un requisito legalista ni religioso —así como lo hacían los sacerdotes en los
días de Malaquías—, sino con una actitud de fe en LA BENDICIÓN, el espíritu
de tacañería que en ocasiones intenta entrar en nosotros desaparece, y nos
convertimos en dadores alegres. Diezmar se vuelve un privilegio y una emoción,
ya que lo hacemos en respuesta al hecho de que el Dios todopoderoso nos ha
BENDECIDO con todo lo que Él es y tiene. En lugar de entregarle de mala
manera el 10% que a Él le pertenece, se lo damos con gozo; sabiendo que nos ha
hecho herederos de todo el mundo.

Cuando diezmamos con esa actitud, nos impacta el hecho de que esa
BENDICIÓN sea tan grande ¡al punto que no podemos contenerla! En ese
momento, es cuando ésta comienza a brotar de nosotros hacia los demás,
expandiendo el huerto de Edén adondequiera que vamos.

Ahora bien, le advierto que la religión intentará disuadirlo de la prosperidad de


LA BENDICIÓN, antes de que logre llegar a ese nivel. La religión le dirá que ser
pobre demuestra humildad, y que además, a Dios le agrada que usted sea pobre. Ésta
lo manipulará tanto, al punto que usted diga cosas ridículas como: "En realidad no
necesito ese mensaje de prosperidad. Mi familia y yo podemos subsistir con ingresos
modestos. No buscamos enriquecernos".

Sólo existe una palabra para describir esa actitud: egoísmo.

Quizá usted y su familia puedan subsistir con el salario mínimo, pero ¿qué
sucederá con la obra de Dios? ¿Qué sucederá con su pastor? ¿Qué pasará con el
pobre y con el que no tiene hogar? ¿Por qué no le cree a Dios por un ingreso de
US$10,000 a la semana, aparta su salario mínimo y siembra el resto en el reino
de Dios?
Todos debemos tomar con seriedad esas preguntas, pues una cosa es
segura: Si no escogemos vivir conforme a la

BENDICIÓN, tendremos que dar cuentas cuando nos encontremos ante el tribunal de
Cristo. Todos tendremos que explicarle por qué decidimos dejar que nuestra
abundante cosecha se pudriera en el campo, cuando había un mundo lleno de
personas que necesitaban esa prosperidad. Todos entregaremos cuentas de por qué
actuamos de forma tan egoísta e irresponsable.

Sé que son palabras duras, pero en realidad no son lo suficiente duras. Pues Dios
está cansado de que exista una mentalidad de pobreza entre Su pueblo. Él está
hastiado de las mentiras de la religión, la cual divulga que el SEÑOR quiere que
sean pobres, mientras Él vive en un palacio grande y costoso con calles
pavimentadas de oro. Pero como solíamos decir en el Este de Texas: "Ese perro
viejo ya no cazará más". Es decir, nosotros ya no caeremos más en esa trampa,
pues ya no funcionará. Dios ha derramado la revelación de Su Palabra acerca de la
prosperidad en los últimos 50 años; y si no vivimos conforme a esa revelación,
seremos responsables ante Él cuando esta era termine.

Esta verdad no sólo se aplica al ámbito financiero, sino también en los


demás aspectos de LA BENDICIÓN, ya que existen personas a nuestro alrededor
que necesitan los beneficios de esa BENDICIÓN. Necesitan sanidad y liberación.
Anhelan experimentar la paz de Dios en algún área de su vida; y Jesús, el Sumo
Sacerdote, nos ha enviado como Sus sacerdotes para ministrarles estas
bendiciones. Somos BENDECIDOS a través de Él, por tanto, ¡podemos llevarles
LA BENDICIÓN!

Dos sistemas financieros


Quizá alguien argumente: "Es cierto, pero usted es un predicador. Posee una fe
especial para creerle a Dios por dinero. No es necesario que salga al mundo, y
trabaje para vivir como lo hago yo".

Soy como cualquier otra persona cuando se trata de creerle a Dios por dinero.
No tengo ningún equipo especial de fe. Aunque sí poseo una revelación de cómo
Dios desea que los creyentes manejen sus asuntos financieros: Él no desea que
salgamos al mundo y trabajemos para vivir. Sin importar cuál sea nuestra
vocación —no tenemos por qué depender del desplomado sistema del mundo para
nuestro sustento—, no poseemos como fundamento ningún negocio que dependa
de este sistema mundial en ruinas. En el reino de Dios LA BENDICIÓN de Jehová
es la que enriquece, y no añade tristeza con ella. Proverbios 10:22

Existe una gran diferencia entre vivir por fe en LA BENDICIÓN (a la cual yo


llamo el sistema del Edén) y vivir en el sistema financiero del mundo. El sistema
del mundo está enraizado en la maldición. Y dicho sistema entró en vigor después
que Adán le dio la espalda a LA BENDICIÓN, y Dios le dijo:

...maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de
tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. Con el
sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra...
—Génesis 3:17-19

Cuando Adán escuchó esas palabras, fue un impacto desgarrador para él, pues
no había sido creado para pasar su vida buscando comida. Él tenía un propósito
mucho más glorioso. Le fue encomendada la tarea mundial de BENDECIR toda la
Tierra y extender el huerto de Edén, hasta llenar todo el planeta.

Además de esa tarea, Dios también le entregó: «...toda planta que da semilla,
que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os
serán para comer». Génesis 1:29

Adán no debía preocuparse si sentía hambre, pues la comida lo rodeaba. LA


BENDICIÓN había creado un huerto lleno de comida. No debía trabajar para
obtenerla. Sólo debía recibirla y disfrutarla. Sin embargo, cuando pecó y perdió LA
BENDICIÓN, también perdió esos beneficios. Adán debía olvidar la misión
mundial que Dios le había encomendado; y enfocarse en obtener sus propias
provisiones. Nunca dejó de trabajar, pues pasó su vida intentando llevar comida a
su mesa y ropa a su cuerpo. Debía trabajar y sudar para vivir, pues se encontraba
bajo la maldición.

Después de la muerte de Adán, los hijos de Noé Cam y Jafet, intentaron lidiar
con esa maldición a su manera. Al darle la espalda a LA BENDICIÓN que Dios
había declarado sobre la vida de su padre después del diluvio; ellos siguieron los
pasos de Adán y se apartaron de los caminos de Dios. En lugar de confiar en Él y en
LA BENDICIÓN para ser prósperos, inventaron su propio sistema para comerciar,
el cual se convirtió en el sistema donde se valen por sí mismos; se aplica la ley del
más fuerte, se miente, se engaña y se roba. Y ése es el sistema que vemos en el
mundo de hoy.

En ese sistema, la gente intenta satisfacer sus propias necesidades sin la ayuda
de Dios. Creen que para ser bendecidos, deben ser ricos; así que pasan toda su
vida luchando para obtener dinero. De acuerdo con lo escrito en Salmos 73:12:
«Así son los impíos; sin afanarse, aumentan sus riquezas» (NVI). Observe, en el
versículo leemos que ellos aumentaron sus riquezas. En lugar de buscar a Dios
para prosperar, ellos idearon alternativas para incrementar sus riquezas por sí
mismos.
A ese sistema de comercio lo llamo: sistema babilónico, pues se escribió de
él en las escrituras durante la edificación de la torre de Babel —y está destinado
divinamente a fracasar—. Para descubrirlo, sólo debe observar a las primeras
personas que utilizaron ese sistema. A diferencia de la mayoría de gente de hoy
en día, ellos comprendían la forma en que Dios obraba. Conocían Su método de
creación: imaginarlo, creerlo y declararlo. Sólo había un problema: ellos creían
que ese método funcionaría con o sin la ayuda de Dios, así que decidieron
llevarlo a cabo sin Su ayuda.
Y dijeron: Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al
cielo; y hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobre la faz de toda
la tierra. Y descendió Jehová para ver la ciudad y la torre que edificaban los
hijos de los hombres. Y dijo Jehová: He aquí el pueblo es uno, y todos estos
tienen un solo lenguaje; y han comenzado la obra, y nada les hará desistir ahora
de lo que han pensado hacer. Ahora, pues, descendamos, y confundamos allí su
lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero. Así los esparció
Jehová desde allí sobre la faz de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad.
—Génesis 11:4-8

Dios hizo mucho más que sólo confundir el lenguaje de los que construían la
torre. Él estableció confusión en medio de su impía manera de realizar las cosas.
Limitó su habilidad de imaginar y mezcló entre ellos sus ideas. La comunicación
que tenían entre sí se derrumbó, a tal punto que no sabían qué hacer, entonces se
dispersaron dejando una torre a medias como un monumento a su fracaso.
Desde ese día hasta hoy, lo mismo le ha sucedido a cada grupo de personas
desobedientes e impías que ha intentado utilizar su propio poder humano para
crear y mantener sus reinos terrenales. Esos grupos han podido construir sus
propias torres, ciudades, naciones y sistemas económicos sólo hasta determinado
punto; pues luego se presenta la confusión y las cosas comienzan a derrumbarse.
Sucedió antes, y ocurrirá de nuevo. El sistema babilónico está destinado a
fracasar.

No obstante, los creyentes no tenemos ese destino. Dios nos ha liberado de un


sistema impío. El problema es que, históricamente, la Iglesia no ha estado por
completo segura de su liberación. Los creyentes no han confiado por completo en
LA BENDICIÓN, así que intentan combinar el sistema de Dios con el de Babel.
Como resultado, han tomado el camino financiero equivocado. Se han
desorientado y se han confundido en el ámbito financiero.

La confusión crea desorden en la mente. Se manifiesta en nuestra vida cuando


intentamos mezclar los caminos de Dios con los del mundo, ¡y el resultado es un
desastre! En Proverbios 14:12, se nos explica de la siguiente manera: «Hay camino
que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte».
Los creyentes confundidos toman malas decisiones. Hacen cosas que parecen
correctas y lógicas ante los ojos del mundo, sin comprender que esos actos los
apartan de LA BENDICIÓN, y le abren la puerta a la maldición en su vida. Por
ejemplo, cuando la economía se torna difícil, dejan de diezmar. Y escuchan a sus
amigos, quienes no viven conforme al corazón de Dios: "¿Diezmo? En este
momento no puedes gastar tu dinero, de esa manera, será mejor que lo conserves.
¿No te das cuenta que estás a punto de perderlo todo?".

Al combinar la perspectiva del mundo con su pensamiento, pierden de vista


esta verdad: diezmar es lo mejor que cualquier persona puede realizar cuando están
limitados en sus finanzas. El diezmo mantiene abierta la puerta de las promesas de
provisión de Dios. Por esa razón, en

Malaquías 3:10-11, leemos: Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento
en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré
las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que
sobreabunde. Reprenderé también por vosotros al devorador, y no os destruirá el
fruto de la tierra, ni vuestra vid en el campo será estéril, dice Jehová de los
ejércitos.

El que diezma es el último que pierde su empleo —y si lo pierde, Dios


siempre tiene uno mejor en algún lugar—.

Hablando de seguridad financiera, ¡el que diezma es el único que de verdad la


posee!

¿Por qué el mundo no se da cuenta de esa verdad?

Porque está confundido. Han vivido en esa confusión desde lo sucedido en la


torre de Babel, pues Dios mezcló sus pensamientos en ese lugar. Aunque eso
ocurrió hace miles de años, en la actualidad, las personas que aún no son salvas o
los cristianos carnales no pueden controlar sus pensamientos.

No me refiero a usar sus pensamientos. Simplemente hablo de que tienen


dificultad para controlarlos. Se visualizan perdiendo su empleo, su hogar, su salud,
y su vida antes de cumplir 50 años. Se preocupan y meditan en esa clase de
pensamientos hasta que lo creen; luego lo repiten una y otra vez, más tarde se
preocupan y lo vuelven a repetir; hasta que se vuelve realidad.

Después se lamentan diciendo: "¿Por qué estas cosas siempre me suceden a


mí?". Y una vez más terminan llorando, cambian de manera de pensar y comienzan
a correr tras el dinero; intentando, de alguna manera, ser BENDECIDOS.

Jesús llamó a ese sistema Mamón, y claramente afirmó:


Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al
otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las
riquezas.
—Mateo 6:24

Ningún creyente verdadero, podría servir, de manera consciente, al dios de las


riquezas del mundo: Mamón. Sin embargo, cuando nos preocupamos acerca de las
finanzas y luchamos para satisfacer nuestras propias necesidades, eso es
exactamente lo que hacemos. Nos atamos al sistema del mundo —el cual conlleva
aflicción—, con todas sus carencias. En ese sistema, cada vez trabajamos más y más
duro, y aun así, fracasamos. Si encontramos una manera para prosperar, pagamos un
alto precio, sacrificando el tiempo que le dedicamos a la PALABRA de Dios, la
relación con nuestra familia o nuestra salud. Mientras ese dinero aparece en nuestras
cuentas bancarias nos indica que nos estamos enriqueciendo, pero en realidad nos
estamos volviendo más pobres.

Así funciona el sistema económico mundial. De una u otra manera, siempre


hay tristeza en éste, pues se encuentra bajo la maldición. Sin embargo, como
creyentes, ¡ya no nos encontramos bajo esa maldición! Pues Jesús ya nos redimió
de la maldición. No debemos ganarnos la vida con trabajo y con sudor. Pues LA
BENDICIÓN es la que nos enriquece.

A diferencia del mundo, no somos bendecidos porque seamos ricos, sino


¡somos ricos porque somos BENDECIDOS! Poseemos el glorioso privilegio de
simplemente confiar en Dios y llevar a cabo lo que Jesús nos indica en

Mateo 6:26-33: Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen
en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho
más que ellas? ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su
estatura un codo? Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del
campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con
toda su gloria se vistió así como uno de ellos. Y si la hierba del campo que hoy es,
y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros,
hombres de poca fe? No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué
beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero
vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas
buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán
añadidas.

"Pero, hermano Copeland, de seguro no me está diciendo que por ser


cristiano, ¡ya no tengo que trabajar más!".
No, no estoy asegurándole que ya no deba trabajar. Sino estoy diciéndole que no
debe trabajar para ganarse la vida. Usted, al igual que Adán antes de pecar, ya no
tiene por qué sudar ni esforzarse para ganar dinero. Hacer dinero no es su trabajo,
ése es el trabajo de LA BENDICIÓN. Su trabajo es buscar el reino de Dios, rendirle
cuentas a su Padre celestial todos los días, y declarar: Padre, estoy dispuesto a
realizar lo que me pidas. ¿Qué te gustaría que hiciera por Ti hoy? Estoy a Tus
órdenes.

Puedo asegurarle, basado en La PALABRA y en mi experiencia, que si actúa de


esa manera, Dios lo mantendrá ocupado. (Él nos ha mantenido a Gloria y a mí con
un ritmo de vida acelerado por más de 40 años). Es más, el SEÑOR le pagará mucho
más de lo que usted podría ganar. No sólo suplirá sus necesidades, sino que también
le dará lo que desea. Salmos 23:1: «Jehová es mi pastor; nada me faltará» Él hará:
«...que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las
cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra».2 Corintios 9:8

La promesa de Dios, de darnos lo que deseamos y anhelamos, asusta a algunas


personas. Les da miedo creerlo, pues piensan que se volverán materialistas. Pero el
materialismo no se define con poseer bienes materiales. Si fuera así, Dios no hubiera
afirmado que nos daría todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. 1
Timoteo 6:17 El materialismo es intentar satisfacer las necesidades espirituales con
bienes materiales. Es decir: "Debo tener ese automóvil o no seré feliz". Hablar de
esa manera, además de ser materialismo, es codicia y es tomar la actitud equivocada.

Sin embargo, no hay nada de malo en creerle a Dios por un automóvil


nuevo. Él se deleita dándonos ese tipo de bienes. Pero desea que lo
obtengamos a Su manera, no conforme a la manera del mundo. Dios quiere
que echemos esa carga sobre Él, y declaremos: SEÑOR, he sembrado mi
semilla, sé exactamente cómo es el automóvil que deseo. Confío en Ti que lo
obtendré a su debido tiempo. Mientras tanto, lavaré este BENDITO automóvil
que tengo ahora, y seguiré agradeciéndote por tenerlo. Ha sido una bendición,
y estoy agradecido.

¡Hablar así es una manera dulce de prosperar! Usted se levanta cada mañana
pensando: "¿Qué hará Dios por mí hoy?". Cada vez que el teléfono suena, piensa:
"¡Qué bien! ¡Dios está a punto de BENDECIRME de nuevo!". Llevo décadas
viviendo de esta manera. Aún me emociona cuando el teléfono suena, pues siempre
estoy a la expectativa de recibir algo.
De regreso al sistema del Edén
Es imposible sentir esa clase de emoción cuando usted trabaja sólo para ganarse
la vida. Además, sin importar cuán duro trabaje, no podrá obtener la clase de
riqueza que LA BENDICIÓN le ofrece. Sin embargo, muchos creyentes intentan
obtener sus riquezas de esa forma. A pesar de la clara enseñanza que tenemos en la
PALABRA, donde se nos afirma que Él es quien nos prospera, ellos se aferran a la
convicción de que deben trabajar para ganarse la vida, pues esa idea está muy
arraigada en su interior, y es difícil arrancarla.

Yo luché conmigo mismo con respecto a esa idea durante mucho tiempo. Pero el
SEÑOR me liberó cuando leí

Romanos 4:3-4:

... Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia. Pero al que obra, no se le
cuenta el salario como gracia, sino como deuda.

Un día, mientras leía esos versículos, el SEÑOR me indicó que no podemos


ganar ninguno de los beneficios de LA BENDICIÓN, pues éstos se reciben por
gracia. Luego me preguntó: Kenneth, ¿podrías ganarte el nuevo nacimiento por
tus propios méritos?

—Por supuesto que no. No podríamos trabajar lo suficiente para ganarnos la


salvación. . El nuevo nacimiento sólo puede recibirse por fe a través de la gracia. —
le respondí.
—¿Será necesario que trabajes para ganarte la sanidad?

—me preguntó.

—No, la sanidad divina es un regalo de gracia que fue comprado para nosotros,
por medio de las llagas de Jesús. No podemos ganárnosla. Al igual que el nuevo
nacimiento, debe recibirse simplemente por fe.
—¿Y qué sucede con el bautismo del Espíritu Santo?
—Lo mismo ocurre con el bautismo. Por años, las personas luchan e intentan ser
lo suficientemente buenos con tal de ganarse el bautismo del Espíritu Santo, y se dan
cuenta de que no funciona. Al final descubren, que al igual que cualquier otro
beneficio de LA BENDICIÓN, el bautismo se recibe por fe a través de la gracia.
—Kenneth, si no tuviste que trabajar para ganar tu salvación, tu sanidad y el
bautismo del Espíritu Santo; entonces ¿por qué deberías esforzarte para ganar tu
prosperidad?
Para mí, esas palabras resolvieron el problema para siempre.

Comprendí con absoluta claridad que así como Jesús se hizo pecado por nosotros
para que pudiéramos ser justos; así como llevó nuestras enfermedades en la Cruz
para que pudiéramos ser sanos; Él también se hizo pobre por nosotros para que por
medio de Su pobreza, pudiéramos ser ricos. 2 Corintios 8:9 Ningún creyente que
deposite su fe en la plenitud de lo que el SEÑOR ha hecho por nosotros, tendrá que
trabajar para ganarse la vida.

Jesús ya restauró el sistema del Edén. Y gracias a que nos ha devuelto LA


BENDICIÓN, podemos abandonar la corrompida mentalidad de Mamón, el dios de
las riquezas; y dejar de intentar suplir nuestras necesidades. Podremos ocuparnos de
cumplir nuestra tarea en el huerto de Edén, y comenzar a disfrutar LA BENDICIÓN.
Podemos pasar nuestra vida cumpliendo la voluntad de nuestro Padre, y ser de
BENDICIÓN a cualquier lugar que nos envíe. Si nos manda a trabajar como
conserje en una escuela, podemos hacerlo, no para ganarnos la vida; sino porque
Dios nos ha ordenado que llevemos

Su reino a ese lugar. Podemos llevar la gloria y el poder de Dios —y realizar un


trabajo de calidad mientras barremos el piso y lavamos las ventanas de ese edificio
—.

Es probable que alguien diga: "¡Pero no podría vivir con el salario de un


conserje!".

¿Quién dijo que debía vivir con el salario de un conserje? No espere vivir de ese
sueldo. ¡Sino permanezca a la expectativa de compartirlo! Actúe conforme a lo que
está escrito en Efesios 4:28: «El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo
con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece
necesidad».

Utilice ese salario de conserje para ministrar BENDICIÓN financiera a otra


persona. Inviértalo en el Reino de Dios. Si lo hace, en la Biblia se afirma que el
SEÑOR Jesús, el Sumo Sacerdote celestial, multiplicará y prosperarán los frutos de
la cosecha, hasta que sea enriquecido para toda liberalidad. 2 Corintios 9:11 Un
conserje que es enriquecido en toda liberalidad, no es un hombre pobre; sino rico. Y
puede tener un avión si así lo desea.

Quizá se pregunte: "¿Para qué desearía un conserje un avión?".

¡Depende de lo que haga los fines de semana! Yo conozco un granjero que


hace años quería un aeroplano para viajar a todos lados, y predicar el evangelio
cuando no estuviera trabajando en su granja. Dios se lo concedió, y le permitió
bendecir a tantas personas, que con el tiempo sólo se dedicó a predicar. Ahora,
vuela a todas partes, predicando a tiempo completo.

Incluso si usted no tiene el llamado para predicar, Dios desea hacer lo mismo
por usted: Él anhela BENDECIRLO en cada área de su vida más allá de sus sueños
más extraordinarios, incluyendo sus finanzas. Él también puede prosperarlo sin
importar la situación de la economía. Puede multiplicar sus recursos cuando todo
indique lo contrario. Incluso puede enviarle prosperidad sobrenatural, en las
situaciones más insólitas.

Una mañana en el Mar de Galilea, Jesús demostró esa verdad. Después de predicar
desde la barca de Pedro, expresó: «...Boga mar adentro, y echad vuestras redes
para pescar» Lucas 5:4 ¡Hablando de situaciones insólitas de prosperar! Todo
buen pescador sabe que no puede atrapar peces con una red durante el día. Es más,
Pedro y sus amigos habían ido de pesca toda la noche, sin tener éxito. Simplemente
no hallaron peces. Entonces cuando salió el sol, se dieron por vencidos, lavaron sus
redes (una tarea difícil) y se prepararon para volver a casa.

Pedro era judío, por tanto, era simiente de Abraham, heredero de LA


BENDICIÓN. Sin embargo, no entendía lo que le pertenecía y no comprendía que
Jesús deseaba BENDECIRLO. Aún pensaba que debía trabajar para ganarse la vida,
entonces le respondió a Jesús: «Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y
nada hemos pescado; más en tu PALABRA echaré la red». Versículo 5

Pedro no se imaginaba que estaba a punto de ser BENDECIDO. Debido a su


mentalidad, quizá en lo único que pensaba era cuánto trabajo le tomaría volver a
lavar las redes, y en la pérdida de tiempo que representaría. Sin embargo, Pedro
honró la posición espiritual de Jesús, aunque para él era obvio que Jesús no sabía
nada referente a la pesca. Entonces realizó su tarea religiosa, pero con el menor
esfuerzo. Lanzó una red vieja y podrida, pensando que después de sacarla —sin
duda vacía—, no le molestaría tanto lavarla de nuevo.

Ésa fue una mala elección.

Pensar de esa manera es el problema de tener una mentalidad de trabajar duro


para ganarse la vida, y a la vez, le impide ver LA BENDICIÓN de Dios. Si aún está
viviendo bajo una mentalidad basada en la maldición de trabajar para ganarse la
vida, su BENDICIÓN podría estar frente a usted y aun así no la vería. Aunque
intente ser respetuoso con la PALABRA de Dios, tomará malas decisiones justo
ante la presencia de Dios.

Pedro actuó de esa manera. Él fue a pescar con Jesús, y como se suponía que no
pescaría nada, lanzó una red podrida; y cuando los peces comenzaron a llenarla,
ésta se rompió. Él había dejado todas sus redes buenas en la orilla. Entonces tuvo
que pedirle a sus amigos que llegaran en otra barca para ayudarlo: «...y vinieron, y
llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían». Versículo 7

Por lo general, vemos esa historia como un milagro. Pero en realidad era LA
BENDICIÓN obrando. Los peces huían del trabajo duro, pero ¡corrieron hacia LA
BENDICIÓN! Y debido a que LA BENDICIÓN se encontraba en Jesús, los peces
saltaron hacia la red de Pedro, incluso cuando la luz del sol brillaba.
La misma BENDICIÓN se encuentra en los creyentes hoy en día, y obra a
nuestro favor en cualquier momento y en cualquier lugar, al igual que en los
tiempos de Pedro. A LA BENDICIÓN no le importa cómo se encuentre la
economía ni le interesa que la bolsa de valores esté alta, baja o estable; o si las
personas que pronostican proclaman recesión o depresión. Simplemente continúa
obrando, nos enriquece sin añadirnos tristeza.

Si colocamos nuestra fe en esa BENDICIÓN y entramos al descanso de Dios,


podremos dejar de preocuparnos por nuestras finanzas de una vez por todas.
Podremos dejar de trabajar sólo para ganarnos la vida y reportamos delante de
nuestro Padre celestial para que nos asigne nuestra tarea diaria. Podremos
levantarnos cada mañana y proclamar: Alabado sea Dios, mis peces financieros
están por venir más rápido de lo que pueda atraparlos. Estoy a punto de hundirme
en una barca llena de abundancia. ¡Soy BENDECIDO!

¡Siéntese... declarándola!
Ya hemos discutido la importancia de la confesión de fe, pero vale la pena
repetirlo. Si desea vivir en el descanso de Dios, debe declarar de continuo la
PALABRA. No permanezca sentado y en silencio. ¡La fe habla! Por tanto, aférrese
a su confesión de fe.

Siéntese, declarando la PALABRA de Dios referente a su situación y no diga


nada más. Siéntese, adorando con sus labios, y declare: El SEÑOR es mi refugio y
mi fortaleza. Mi Dios, en quien confiaré. Tengo un Padre, y Él es Dios. Él es mi
fuerza y mi fuente de poder desbordante. Él es quien sostiene mi vida. No temeré
cuando ande en valle de oscuridad, pues Dios está conmigo, y Él es el más grande.
¡No tengo ninguna preocupación en el mundo, pues Él cuida de mí!

Sé que no siempre es fácil expresar esas palabras. Cuando los síntomas de


enfermedad le gritan a usted o a su cuerpo que siente dolor, lo último que su
carne desea, es expresar algo positivo. Sería mejor hablar acerca de lo terribles
que están las cosas y de cuán enfermo se siente. Pero no se rinda ante esa presión,
mejor siéntese en el lugar secreto del Altísimo; el cual se encuentra justo a la par
de Jesús, y continúe declarando la PALABRA.

Hace unos años, el SEÑOR me ayudó a expresar declaraciones positivas cuando


sentía tanto dolor que literalmente no podía ver bien. Llevaba cierto tiempo de
padecer una enfermedad degenerativa de las articulaciones sin saberlo. Cuando fui
con el médico para averiguar cuál era el problema, me dolía tanto que en ocasiones
mi visión era borrosa. La resonancia magnética que me realizaron mostró que uno de
los discos en mi espina dorsal había explotado y que había hernias en varios discos.
La vista transversal de mi vértebra mostró un área grande donde el hueso se había
degenerado.

Médicamente, el diagnóstico fue malo. El médico me aseguró que no había


manera de sanar y que lo mejor era intentar controlarlo. Yo no estaba dispuesto a
creer en ese diagnóstico, pues era lo opuesto a la PALABRA de Dios. Entonces, en
ese momento, comencé a declarar: «Soy redimido de la maldición».

En lo natural, mi cuerpo no sentía ni un poco de redención. De hecho, unos días


antes de comenzar a realizar esas declaraciones de fe, me encontraba acostado boca
abajo, con la sensación de que alguien me había apuñalado la espalda. Nunca había
sentido un dolor así en mi vida. En la resonancia magnética había visto que una
gran parte del disco obstruía el canal de un nervio, entonces sabía que eso me
causaba el dolor.

Mientras estaba acostado, el SEÑOR me afirmó: Tú vencerás esta situación.


Entonces confié en Su PALABRA y continué enfocado en entrar a Su reposo. Me
propuse aumentar mi confesión de la PALABRA. Creo que la repetí miles de veces.
«LA BENDICIÓN está obrando en mi vida. LA BENDICIÓN de Abraham ha
llegado a mí a través de Cristo Jesús. Esa BENDICIÓN está sacando la maldición de
mi cuerpo».

Lo repetía cada mañana, Y durante el día. Conducía por la autopista,


declarando: Soy BENDECIDO en mi entrada y en mi salida. Mis huesos son
fuertes así como se afirma en la PALABRA de Dios. Lo repetí muchas veces, oré
en el espíritu al respecto y lo declaré a gran voz al punto que aprendí cómo ser
agradecido con Dios por medio de la fe; incluso en medio del dolor. Llegué al
punto de despertarme por la noche y declarar en voz alta: LA BENDICIÓN está
obrando en mi vida en este momento. Está purificando mis huesos y trayéndoles
sanidad.

Después de 18 meses, me realicé otra resonancia magnética, la cual mostró que


el disco que había estallado se encontraba de nuevo en su lugar, funcionando bien.
No había hernias en ningún otro disco de mi espalda y ninguna señal en mi cuerpo
de la enfermedad degenerativa de las articulaciones. ¡Cada rastro de la enfermedad
había desaparecido!

¿Qué sucedió?

¡Me senté declarando LA BENDICIÓN! Y al desatar esa BENDICIÓN y


aplicarla de manera intensa, ésta llevó a cabo su trabajo. Echo esa maldición fuera
de mi cuerpo, y hoy en día, soy un hombre saludable.

Siéntese, confiando en su fiel y Sumo Sacerdote


Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser
misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los
pecados del pueblo.
—Hebreos 2:17

Lo último que le diré acerca de sentarse es lo siguiente: Hágalo, confiando que


Jesús ha hecho Su trabajo como el Sumo Sacerdote de su vida. Siéntese, creyendo
que Jesús lo reconcilió con Dios por completo, y que todo lo que existe entre usted y
el Padre, es perfecto amor y perfecta paz.

No importa cuántas veces pudo olvidar esa verdad. Ni tampoco, cuántas veces se
haya equivocado en el pasado. Si ya se arrepintió, todas esas cosas malas fueron
lavadas por la sangre de Jesús. Dios no sólo lo perdonó, sino también se olvidó de
cada pecado que alguna vez cometió. Él los borró de Su memoria para siempre.
Ahora, usted es tan inocente ante Sus ojos como si fuera un bebé recién nacido.

Un amigo se aferró a esa revelación mientras estaba en prisión. Se encontraba


ahí con justa razón, pues había cometido un crimen por el cual estaba pagando una
condena. El sistema legal de los Estados Unidos de Norteamérica, lo había declarado
culpable.

Él admitió su delito. Pero cuando comenzó a ver lo que Jesús, su Sumo Sacerdote,
había hecho por su vida; empezó a declarar:

«Soy inocente. Soy inocente, y saldré de este lugar. Las personas inocentes no
deben estar en prisión».

Todos a su alrededor se burlaban de él, diciéndole: « ¿Te das cuenta que tendrían
que cambiar las leyes del estado, para ser candidato a optar por tu libertad
condicional en menos de tres años? Aun cuando seas un candidato para obtenerla,
después de lo que has hecho, no te dejarán salir. ¡Vas a estar en esta cárcel por tres
años más!».

En lugar de creer lo que decían y molestarse, sólo se sentaba con Jesús y


confiaba en el ministerio del Sumo Sacerdote. Continuaba declarando: «Soy
inocente. No pertenezco a este lugar».

Algunos de los otros presos se enojaban tanto que deseaban matarlo. Los
agentes se burlaban de él. Pero no le importó. Sólo se aferró a la PALABRA, y
declaró: «Imploro mi libertad por la sangre. Soy un hombre inocente».

Poco tiempo después, publicaron un artículo en el periódico. El poder


legislativo del estado, durante una sesión especial, había cambiado la ley,
convirtiéndolo en candidato para obtener su libertad condicional, y en menos de un
año, ya era un hombre libre.
Un versículo bíblico que revela la inocencia completa de los hijos de Dios
ante Él es Isaías 43:25: «Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí
mismo, y no me acordaré de tus pecados». En una ocasión, mientras meditaba
en ese pasaje comencé a preguntarme por qué estaba redactado de esa manera:
«SEÑOR, creía que Tú borraste nuestras rebeliones por amor a nosotros.
Entonces ¿por qué está escrito que lo hiciste por amor a Ti mismo? ¿A qué te
refieres con eso?».

De inmediato, me respondió: ¿Quieres recordar las cosas malas de tu infancia?


—No —le contesté.
—Yo tampoco.

Después de aclarármelo, leí el siguiente versículo: «Hazme recordar, entremos


en juicio juntamente; habla tú para justificarte». Isaías 43:26

—SEÑOR, ¿qué debemos recordar? —le pregunté.

Kenneth, he borrado tus rebeliones de mi mente. Ya no las recuerdo. Te


ofrezco una página en blanco en Mi memoria. Ahora, llénala con lo que desees
que recuerde de ti.

No me tomó mucho tiempo responderle. Entonces grité tan fuerte como


pude: ¡Soy BENDECIDO! ¡Soy BENDECIDO! SEÑOR, ¡gracias por no
olvidarlo!

Usted también debería decirle lo mismo. No creo que quiera acercarse al trono
de gracia, sentarse con Jesús y comenzar a recordarle las veces que le falló durante
todos estos años, ni tampoco que desee expresarle: "¡Dios! Lo siento, sólo soy un
fracasado bueno para nada. He intentado hacer lo mejor, sin embargo, he
fracasado muchas veces. Te debes sentir avergonzado de mí. Lo siento...".

¿Por qué desearía usted que Él recordara ese tipo de expresiones? "Sí, pero he
pecado y aún no me he arrepentido".

Entonces arrepiéntase en este momento, y continúe confiando en que Jesús es


fiel y justo.

Para Jesús sería injusto no borrar sus rebeliones de Su memoria. No olvidarlas


sería no mostrar misericordia. Tendría que infringir las Escrituras y romper Su
promesa con el Padre. Él nunca haría eso, y usted lo sabe. Entonces confíe en Su
PALABRA y deseche esa antigua mentalidad religiosa, pecaminosa e indigna.
Deshágase de las viejas vestiduras de indignidad, y vístase con vestiduras de
justicia. Usted ya no es un viejo pecador, pues fue salvo por gracia. Ahora es un
rey y un sacerdote con un lugar al lado de la Realeza misma.
Puede ingresar sin temor al lugar secreto del reposo de Dios, pues en la Biblia
se afirma que Él no se avergüenza de llamarnos Sus hermanos. Hebreos 2:11.
Puede sentarse a Su lado como si perteneciera a ese lugar. Usted puede confiar en
que Él le dará la bienvenida con una sonrisa en Su rostro, y le dirá: Adelante. He
hecho que tus enemigos huyan. Siéntate aquí junto a Mí, y los pondré por estrado
de tus pies.

¡Acepte esa invitación! Siéntese y entre al reposo de Dios. Permita que LA


BENDICIÓN obre en, sobre, alrededor y a través de usted. Cada vez que salga de
casa, continúe la tarea que Dios le encomendó, lleve LA BENDICIÓN y las
condiciones del Edén a dondequiera que vaya.

Yo lo hago. Aunque sólo vaya a la tienda, voy con la expectativa de llevar LA


BENDICIÓN. En lo que a mí respecta, esa expectativa convierte ese paseo en una
gran aventura.

Se sorprenderá de las cosas que le sucederán cuando comience a vivir de esa


manera. Un día, Gloria y yo estábamos caminando hacia una tienda de descuento
parar comprar, cuando un automóvil se detuvo a nuestro lado. Una dama salió del
asiento delantero y gritó: «¡Hermano Copeland! El SEÑOR me dijo que usted
estaría aquí. Soy maestra de una escuela. Unos hombres de negocios están
intentando quitarme mi casa. Estoy confiando en que Dios se encargará de la
situación, y esta mañana mientras oraba, el Espíritu Santo me dijo que usted estaría
aquí y que yo debía pedirle que orara por mí».

A Gloria y a mí nos alegró poder orar por esa dama, pero antes de hacerlo, le
pedí que me contara un poco más acerca de la situación. Ella me dijo: «Yo sólo
debo US$9,000 de mi casa, pero de alguna manera me involucraron en un
problema legal, y ahora me la están embargando. A ellos no les debo nada, pero
aun así están enfocados en quitarme mi casa».

Entonces le respondí: Eso no me parece correcto. Y creo que al SEÑOR


tampoco, pues cuando comenzamos a contarle de la situación, me indicó: Hazte
cargo del asunto.

Cuando llegué a casa, llamé al ministerio y hablé con algunas personas de


nuestro departamento legal. Les di el nombre de la dama y les dije: Paguen la
deuda de US$9000, de la dama, y que esas personas ya no la molesten.

A eso le llamo un divertido viaje de compras: ir a una tienda de descuento y


terminar cancelando la deuda de una apreciable creyente. ¡Así obra LA
BENDICIÓN en acción!

Si usted está comenzando a vivir conforme a LA BENDICIÓN, quizá no se


encuentre en la posición financiera de realizar algo así, pero comience donde se
encuentra AHORA. Bendiga a las personas con su actitud amorosa. Bendígalos con
su sonrisa. Pague el almuerzo de alguien más.

Mientras tanto, siga depositando su fe en LA BENDICIÓN. Manténgase a la


expectativa de que ésta lo prospere. Medite en LA BENDICIÓN y actúe conforme a
ella, hasta que la realidad de LA BENDICIÓN revolucione su forma de pensar,
alimente su fe y lo envíe hacia la voluntad de Dios para su vida. Permanezca firme
en la BENDICIÓN hasta que, como la simiente de Abraham que es en Cristo Jesús,
¡usted se vuelva una BENDICIÓN para todas las familias de la Tierra!

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El pacto establecido y el corazón establecido

Dios ha establecido su pacto en la tierra. Todo lo que Él hace está determinado por este pacto.
Jesús de Nazaret nació en este mundo, murió en la cruz, fue al infierno, pagó el precio del
pecado y resucitó de entre los muertos debido al pacto que Dios hizo con el hombre. Dios no
muestra parcialidad eligiendo a ciertas personas para salvarlas o sanarlas; sus bendiciones son
para todas las personas que cumplen las condiciones de la alianza (ver 1 Pedro 2:24).

Hay muchos cristianos que realmente no saben en qué creer. Dicen: "¿Cómo funciona esto?
Hago todo lo posible por creer en Dios, pero parece que no puedo hacerlo". Hay muchas
personas buenas y honradas -nacidas de nuevo, llenas del Espíritu de Dios- que están
absolutamente derrotadas en cada área de sus vidas (física, mental, social y financieramente).
¿Por qué? Porque no conocen el pacto. Si no conocen lo que Dios ha dicho, no hay manera de
que Él pueda alcanzarlos. Alguien puede decir: "Voy a creer a Dios". Bueno, ¿qué es lo que vas
a creer de Él... que es Dios? Esto está bien, pero no irá muy lejos. Debes averiguar lo que el
cov-enante dice que Dios ha acordado hacer. Un hombre de negocios tiene ese sentido común.
Cuando dos personas se asocian, deben saber qué creer. Si no lo hacen, entrarán en un
malentendido. Ambos pueden ser completamente honestos y aun así destruir la sociedad
simplemente porque no se entienden y no saben qué esperar el uno del otro. Para evitarlo,
deben reunirse, decidir los términos de su asociación y ponerlos por escrito. Cuando hacen
este acuerdo (o pacto) juntos, saben qué esperar el uno del otro. Tú, como creyente, tienes el
pacto de Dios, la Palabra de Dios. Está disponible para ti. Sin embargo, si usted no lo pone en
uso, usted está en el mismo nivel que el hombre que no sabe que la salvación es para él. Él
está atado al infierno. Usted está atado a la pobreza o atado en alguna otra área donde la
Palabra le da libertad. Si usted no usa el pacto, usted vivirá en la derrota.

Al leer nuestro texto básico de las Escrituras, recuerde que Jesús dijo en Juan 17:17: "Tu
palabra es verdad". Para un significado más claro, sustituya la Palabra por verdad de la
siguiente manera: “Amado, deseo sobre todas las cosas que seas prosperado y tengas salud,
así como prospera tu alma. Porque me regocijé mucho cuando los hermanos vinieron y dieron
testimonio de la verdad [la Palabra] que está en ti, así como andas en la verdad [la Palabra]. No
tengo mayor gozo que escuchar que mis hijos andan en la verdad [la Palabra] ”(3 Juan 2-4).

Sería bueno señalar que cuando el apóstol Juan escribió esta epístola, era un anciano y había
estado en el camino cristiano durante mucho, mucho tiempo, de hecho, desde su juventud.
Había caminado con Jesús y lo había observado de cerca a lo largo de Su ministerio terrenal.
Juan era un anciano sabio, fuerte en el Señor, y dijo: “Deseo sobre todas las cosas que
prosperes y tengas salud”.

A través de nuestras ideas tradicionales, se nos ha hecho creer que la prosperidad es mala o
impía. Sin embargo, Juan escribe que debemos prosperar y gozar de salud y luego dice en el
versículo 11: “Amado, no imites lo malo, sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios, pero
el que hace lo malo, no ha visto a Dios.”. Si la prosperidad es mala, ¿por qué querría Él que
prosperemos? Verá, no hay nada de malo en la prosperidad en sí misma. El dinero no es la raíz
de todos los males.

El amor al dinero es la raíz de todos los males (ver 1 Timoteo 6:10), ¡y hay personas que
cometen este pecado y no tienen ni un centavo! Sin embargo, quiero que se dé cuenta de que
la prosperidad abarca mucho más que las finanzas. Cuando Juan dijo que deberíamos
prosperar y gozar de salud, añadió la frase: "Así como prospera tu alma". El hombre es un
espíritu; tiene un alma que consta de la mente, la voluntad y las emociones; y vive en un
cuerpo. Por tanto, hay prosperidad espiritual; hay prosperidad mental; y hay prosperidad
física. Para prosperar espiritualmente, debes nacer de nuevo. Cuando aceptas a Jesús como tu
Salvador y lo haces el Señor de tu vida, tu espíritu renace y es puesto en comunión con el
Padre, el Dios Todopoderoso. Esto te coloca en una posición para recibir de Él todas las cosas
prometidas en Su Palabra. Para prosperar en tu alma, debes poder controlar tu mente, tu
voluntad y tus emociones. El hecho de que haya acumulado una gran cantidad de
conocimientos no significa que su mente sea próspera. La prosperidad de la mente llega
cuando usas el conocimiento que se ha acumulado, cuando estás controlando tu mente en
lugar de que tu mente te controle a ti. Segunda de Corintios 10: 5 dice que debemos derribar
la imaginación y toda altivez que se exalta contra el conocimiento de Dios (o contra la Palabra
de Dios), llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia de Cristo. La persona que hace
esto tiene el control de su mente y está en posición de prosperar mentalmente.

No puedes controlar tu mente por completo sin que la Palabra de Dios esté viva y operando
dentro de ti. Debes controlar tu voluntad de la misma manera. Algunas personas dicen:
"Señor, ayuda a que mi voluntad se desmorone". Dios no quiere una voluntad rota que Él
pueda dominar. Él quiere tu voluntad íntegra y sometida a Su voluntad para que ustedes dos
puedan trabajar juntos en unidad. Cuando Dios hizo al hombre, le dio una voluntad que tiene
poder. En realidad, es una voluntad divina porque el hombre tiene derecho a elegir su propio
destino eterno. ¡Solo un dios tiene ese tipo de elección! El hombre fue creado a imagen de
Dios y se le dio la voluntad de tomar una decisión. Puedes ir al infierno si quieres y Dios
protegerá tu derecho ...no tienes que hacerlo, pero puedes. Por otro lado, puede elegir a
Jesucristo y la Palabra de Dios. En Deuteronomio 30:19, Dios dijo: "A los cielos y a la tierra
llamo por testimonio este día contra ti, que he puesto delante de ti la vida y la muerte, la
bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivan tú y tu descendencia". ¡Qué
privilegio! ¡La decisión es tuya! Cuando el alma de un hombre es próspera, su voluntad está en
consonancia con la voluntad de Dios. ¿Cómo puedes estar en línea con la voluntad de Dios? No
puede hacerlo hasta que sepa lo que dice Su Palabra. ¡Su Palabra y Su voluntad son las
mismas! Un hombre honesto no puede querer una cosa y decir otra. Si estás en línea con la
Palabra de Dios, estás en línea con la voluntad de Dios.

Analicemos nuestras emociones como parte del alma. La persona que es próspera
emocionalmente puede controlar sus emociones. Solía pensar que esto significaba nunca
mostrar emociones, pero no es así. Jesús tenía completo control sobre sus emociones, ¡pero
lloró en la tumba de Lázaro! Lo importante es que su llanto no hizo que se uniera a la multitud
de personas abatidas por el dolor. Continuó moviéndose en el Espíritu. Puso Sus prioridades
donde pertenecían y resucitó a Lázaro de entre los muertos. Mostró emociones, pero no se
conmovió por ellas. Nunca serás más saludable ni más próspero que tu alma. Puedes nacer de
nuevo, incluso estar lleno del Espíritu Santo, y aun así no ser próspero en tu alma.

¿Qué produce prosperidad espiritual, mental y física? ¿Qué une todas estas áreas? La palabra
de Dios. La Biblia dice en Hebreos 4:12 que la Palabra es viva, poderosa y más cortante que
una espada de dos filos. Dice que divide el alma y el espíritu, las coyunturas y la médula, y que
discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Cuando ande en la Palabra de Dios,
prosperará y gozará de salud. No podemos conformarnos con la prosperidad en el ámbito
físico o mental únicamente. Sería fácil conformarse con la prosperidad espiritual, pero no
podemos permitirnos ser perezosos y descartar la prosperidad física y mental simplemente
porque somos salvos y llenos del Espíritu Santo. Es la voluntad de Dios que seamos sanos —
espíritu, alma y cuerpo— y que seamos guardados de esa manera hasta el regreso de nuestro
Señor Jesucristo (ver 1 Tesalonicenses 5:23). Al caminar a la luz de la Palabra de Dios,
prosperará en todos los aspectos de su vida.

Ley espiritual y física

el mundo espiritual y sus leyes son más poderosos que el mundo físico y sus leyes. La ley
espiritual dio origen a la ley física. El mundo y las fuerzas físicas que lo gobiernan fueron
creados por el poder de la fe, una fuerza espiritual. Dios, un Espíritu, creó toda la materia y la
creó con la fuerza de la fe. Hebreos 11: 3 dice: "... los mundos fueron formados por la palabra
de Dios, de modo que lo que se ve no fue hecho de lo que aparece". La ley de la gravedad no
tendría sentido si la gravedad no fuera una fuerza real. Es la fuerza de la gravedad la que hace
que funcione la ley de la gravedad. De la misma manera, la ley espiritual sería inútil si la fuerza
de la fe no fuera una fuerza real; pero la fe es una fuerza real. La fe es una fuerza espiritual,
una energía espiritual, un poder espiritual. Es esta fuerza de la fe la que hace que funcionen las
leyes del mundo espiritual. Cuando se pone en práctica la fuerza de la fe, estas leyes del
espíritu funcionan de acuerdo con la forma en que Dios dice que lo harán.

Romanos 8: 2 dice: "Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del
pecado y de la muerte". Hay dos leyes funcionales en el mundo del espíritu. Una, la ley del
pecado y la muerte, fue puesta en práctica por Adán cuando desobedeció a Dios en el Jardín
del Edén. La otra, la ley del Espíritu de vida, fue puesta en práctica por Jesucristo en Su
resurrección. La ley del Espíritu de vida es la ley maestra bajo la cual operamos como hijos de
Dios. Reemplaza la ley del pecado y la muerte y la fe hace que funcione.
Esta ley espiritual superior de vida está aquí en la tierra, pero todos los días la gente muere y
va al infierno. ¿Por qué? Porque la ley de salvación no se ha puesto en práctica en sus vidas
particulares. Funcionará solo cuando se ponga a trabajar. Esta misma regla se aplica a la
prosperidad. Hay ciertas leyes que gobiernan la prosperidad reveladas en la Palabra de Dios. La
fe los hace funcionar. Trabajarán cuando se pongan a trabajar, y dejarán de funcionar cuando
se detenga la fuerza de la fe. La Biblia dice que la Palabra de Dios está establecida para
siempre y es ley (ver 1 Pedro 1:25). Cuando Dios habla, sus palabras se convierten en ley en el
mundo del espíritu. Jesús dijo: “No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale
de la boca de Dios” (Mateo 4: 4). Las fórmulas de éxito en la Palabra de Dios producen
resultados cuando se usan según las instrucciones. Marcos 11:23 dice: “... cualquiera que diga
a este monte: Muévete y échate en el mar; y no dudará en su corazón, sino que creerá que se
sucederán las cosas que él dice; tendrá todo lo que diga ".

La Biblia dice en Deuteronomio 29:29: "Las cosas secretas son de Jehová nuestro Dios; pero las
reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las
palabras de esta ley". Cualquier ley que Dios haya revelado a sus santos nunca pasará.
Funcionará cada vez que se ponga a trabajar. Todo lo que Dios le enseñó a Abraham y a sus
descendientes sobre la operación financieramente funcionará tan bien hoy como hace varios
miles de años. Si no lo cree, ¡nunca ha conocido a un judío! Las fórmulas todavía funcionan, y
siempre lo harán. Cada ley que Dios nos ha dado está registrada en Su Palabra, y Él envió al
Espíritu Santo como nuestro maestro para enseñarnos y guiarnos en estas leyes y mostrarnos
cómo operan por una razón: para que los pongamos a trabajar. Cada vez que opera una de
estas leyes, glorifica al Dios Todopoderoso que la pronunció y agrega una derrota más a
Satanás que dijo que no funcionaría.

El sistema del mundo contra el sistema de Dios

La prioridad absoluta al estudiar la prosperidad es que nunca debes pensar en ella desde un
punto de vista carnal, desde la actitud del mundo. Debe entrenarse para pensar de acuerdo
con la Palabra de Dios. Si no tiene cuidado, cuando piense en las leyes de la prosperidad, todo
lo que verá es dinero, sólo una pequeña parte de la prosperidad. La verdadera prosperidad es
Dios manifestándose a nosotros en Su Palabra.

Echemos un vistazo por un momento al mundo de las finanzas, el área más problemática del
planeta. La enfermedad no es nuestra principal preocupación. Hay muchas personas sanas que
están locamente endeudadas, ¡y el pueblo de Dios no tiene por qué estar endeudado! Aquí
nuevamente, encontramos que el mundo tiene un sistema de finanzas que es complejo y muy
pobre en operación. Continuamente oscila entre los dos extremos de depresión e inflación.

Sin embargo, cuando está funcionando en el sistema financiero de Dios, la vida puede ser muy
simple. No pida prestado a nadie, consígalo de Dios. El problema con los préstamos es que está
controlado por el sistema mundial. Para pedir prestado, debe subordinarse a otra persona.
Proverbios 22: 7 dice que el prestatario es el siervo del prestamista. Al pedir prestado,
subordinas tu nombre al de otra persona. Sin embargo, cuando pides prestado y te endeudas
con otra persona, inclinas la rodilla ante esa persona y la miras como tu fuente de suministro.
Esto crea un problema espiritual que puede ser muy serio, especialmente si la otra persona es
impía.
Mire a Dios, Él le dará a usted, no le prestará. Los creyentes necesitan aprender a operar en el
sistema de Dios. No es fácil de aprender; pero al escudriñar la Palabra, tendrá el deseo de
conocer el sistema de Dios.

Prosperidad: el mundo contra Dios

Para el mundo, la prosperidad, como todo, nace por completo de los sentidos, o la mente
gobernada por los sentidos. El mundo está gobernado por impulso natural y los sentidos
físicos. Su lema Si puede verlo, saborearlo, oírlo, olerlo o sentirlo, entonces debe ser verdad; si
no puede contactarlo con sus sentidos físicos, no es cierto.

Como hemos comentado anteriormente en este capítulo, la definición mundial de prosperidad


es muy limitada en su alcance: capacidad financiera y poder.

La verdadera prosperidad es la capacidad de usar el poder de Dios para satisfacer las


necesidades de la humanidad en cualquier ámbito de la vida. Esto cubre mucho más que
finanzas, política y sociedad. El dinero no es el único grado de prosperidad. Puedes tener todo
el dinero del mundo y aún estar sumido en la pobreza espiritual, mental y física. El dinero es la
forma más baja de poder que existe en la tierra. ¿Sabes cuál es el más alto? ¡El poder de la
oración! Puedes orar en el Nombre de Jesús y Dios usará Su habilidad para manejar tu
situación, sea la que sea. Se necesita el poder de Dios para completarte completamente. El
poder de Dios es el único poder que cubre todo el espectro de la existencia humana. ¡Dios es
más que suficiente!

Para vivir una vida próspera, su alma debe prosperar en toda la verdad de la Palabra. El poder
de Dios está en relación directa con Su Palabra. Ha usado Su Palabra para liberar Su poder. Él
nos ha enviado Su Palabra para que podamos estar en contacto con Su gran poder. Isaías
estaba citando a Dios mismo cuando escribió: "Así será mi palabra que sale de mi boca: no
volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y prosperará en aquello a lo que la envié.
"(Isaías 55:11). Su poder cubre todo el espectro de la existencia humana, como también lo
hace Su Palabra. Podemos verlo en escrituras como Hebreos 1: 3 que dice que Él está
sosteniendo TODAS las cosas por la Palabra de Su poder y Hebreos 4: 12-13 que la Palabra es
un ser vivo que cubre espíritu, alma, cuerpo y vida de pensamiento. Incluso llega a decir que
nada en la tierra está oculto a la Palabra de Dios.

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La luz del cuerpo es el ojo; por tanto, si tu ojo es único, todo tu cuerpo estará lleno de luz. Pero
si tu ojo es malo, todo tu cuerpo estará lleno de oscuridad. Por tanto, si la luz que hay en ti es
oscuridad, ¡qué grandes son esas tinieblas! (Mateo 6:19-23). Usted necesita tener un solo ojo,
llegar a tener una sola mente, con respecto a la Palabra de Dios. Debes aceptar la Palabra de
Dios como autoridad final. Lo que dice, significa. Cuando la Palabra dice que estás curado,
estás curado. No importa lo que su cuerpo diga al respecto. Si usted cree esto y opera de
acuerdo a ello, entonces el pacto que tiene con Dios-Su Palabra-se convertirá en la verdad
absoluta en su situación, y su cuerpo físico estará de acuerdo con la Palabra. Comencé a
aprender esto en el área de finanzas y prosperidad cuando regresé a la universidad
En Mateo 6:20, Jesús nos enseña a "...haceros tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido
corrompen, y donde los ladrones no entran ni roban". Esto es lo que dice la Palabra. Sin
embargo, con nuestras cabezas religiosas lo hemos leído de esta manera: "No os hagáis
tesoros en la tierra... sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido corrompen...
y donde no puedes tocarlo hasta que llegues al cielo". Hemos añadido nuestra propia idea,
pero esto no es lo que Jesús quería decir. Él estaba diciendo: "Si dejas que el cielo sea tu tesoro
y tu suministro, entonces, independientemente de lo que ocurra en la tierra, tendrás un banco
que no está sujeto a robos ni a ruinas". Lo que hayas guardado entonces estará listo cuando se
necesite.

Hasta este momento yo tenía la impresión de que cuando daba, podía esperar la cantidad
completa más la devolución del ciento por uno inmediatamente, pero hubo veces que no
funcionó como eso. Estaba confundido, así que le pregunté al Señor al respecto. Mis
necesidades siempre fueron satisfechas en abundancia, pero no entendía bien lo que estaba
pasando. El Señor me lo explicó de esta manera:

"No tenía sentido que transfiriera el dinero que habías guardado en el cielo a un banco
terrenal cuando no lo necesitabas todo en ese momento. Cuando el dinero está en la tierra, es
vulnerable a Satanás y al sistema financiero del mundo. Si te diera 1.000 dólares hoy, dentro
de nueve meses, probablemente no valdría más de 750 dólares. Necesitas aprender a ejercitar
tu fe en el hecho de que tienes este dinero en depósito, y cuando lo necesites, todo lo que
tienes que hacer es llamarlo. Haz tus depósitos conmigo de acuerdo al tipo de cambio que Mi
Palabra garantiza y opera bajo Mi sistema de finanzas en lugar del sistema del mundo.
Podemos hacer que funcione con el tipo de cambio actual en ese momento. No importará si se
necesitan mil millones de dólares para comprar una barra de pan: ¡Yo [Dios] puedo
permitírmelo!". Si Dios puede permitírselo, yo también. ¡Es mi Padre!

Mi fe dictaba que la Palabra de Dios era verdadera, así que discipliné mi pensamiento para
alinearlo con mi fe (en lugar de mi miedo) y escribí este acuerdo: "El cuarto día de octubre de
1971, entrego mi avión al Señor para que lo venda y el dinero lo destine a la predicación de la
Palabra de Dios en la televisión y en cualquier otra forma posible".

Hice este pacto con el Señor de acuerdo con Lucas 6:38, "Dad, y se os dará... otra vez", y
Marcos 10:30, "Pero recibirá cien veces más ahora en este tiempo". El acuerdo también
contenía esta declaración: "Doy libremente este dinero de la venta del avión, y espero el
retorno de él".

El sistema de Dios es realmente único. El toma a una persona que es absolutamente indigente,
le proporciona la semilla para empezar a dar, y luego le da el céntuplo de lo que da. Sólo Dios
podría manejar o permitirse una operación financiera como esa.

. El Señor ya me había mostrado cómo debía operar: la gente que


escuchaba la Palabra la apoyaría para que otros la escucharan.
La razón por la que esta acción tuvo lugar tan rápidamente en mi caso fue porque el depósito
ya había sido hecho. Estaba allí en el cielo y disponible a la vista. Hay muchas personas que han
hecho estos depósitos con Dios y nunca los han llamado porque no se dan cuenta de que están
depositados para ellos ahora.

Depositando en su cuenta celestial

Hay cuatro áreas principales que podemos usar para dar, o hacer depósitos en el cielo:
diezmar, dar a los pobres, invertir en el evangelio, y dar como alabanza a Dios. Discutiremos
cada una de ellas y aprenderemos los principios en los que operan. Es muy importante que
usted se dé cuenta de que estos son claramente diferentes aunque se superponen en algunos
aspectos. Cada uno tiene un conjunto individual de leyes que lo rigen desde la Palabra con su
propio retorno. Por ejemplo, diezmar no es lo mismo que invertir en el evangelio. El diezmo es
una inversión en Dios. Es la parte de su ingreso que le pertenece a Él y va directamente a Él.
Como diezmador, usted tiene ciertos privilegios que discutiremos ahora.

Diezmar

Este es, por supuesto, el tema financiero más familiar para los cristianos. Casi todos
conocemos la práctica del diezmo, pero muy pocos se dan cuenta de su verdadero significado.
Fue un mandato de Dios a Israel que el 10 por ciento de sus primicias pertenecía a Dios. Como
mencioné anteriormente, cuando Dios me dijo que enseñara este tema por primera vez, me
llevó a Deuteronomio 26 donde lo introdujo por primera vez a Israel. Comencemos con el
primer versículo y relacionemos esto con nuestro papel bajo el nuevo pacto.

"Y será, cuando entres en la tierra que el Señor tu Dios te da por herencia, y la poseas y habites
en ella". ¿Cómo se relaciona esto con el cristiano? La Palabra dice en Colosenses 1:13 que Dios
nos ha librado del poder de las tinieblas y nos ha trasladado al reino de su querido Hijo.
Estamos viviendo en el reino de Dios. Hemos entrado en nuestra herencia en Jesucristo y la
poseemos en Su Nombre. Tenemos el título de propiedad de este reino a través de la fe en
Jesucristo. La autoridad nos ha sido dada, y Dios nos está mostrando cómo ejercer nuestros
privilegios de diezmar para mantener el control eficientemente en el mundo financiero.

Versículos 2-3, "Que tomarás de lo primero de todo el fruto de la tierra, que traerás de tu
tierra que el Señor tu Dios te da, y lo pondrás en un cesto, e irás al lugar que el Señor tu Dios
elija para poner allí su nombre. E irás al sacerdote que habrá en esos días". ¿Quién es este
sacerdote? Hebreos 3:1 dice que Jesús es nuestro Sumo Sacerdote. Hebreos 7:8, hablando de
Jesús, dice que Él recibe nuestros diezmos personalmente. Por lo tanto, debemos ir a Él con
nuestros diezmos y decirle: "Profeso en este día al Señor Dios que he entrado en la herencia
que el Señor juró darme". Este es un punto muy importante en el procedimiento del diezmo:
Hacer una confesión ante el Sumo Sacerdote.

Verso 4, "Y el sacerdote tomará el cesto de tu mano, y lo pondrá delante del altar de Jehová tu
Dios". ¿Puedes ver dónde nos hemos perdido? Rápidamente dejamos caer nuestro dinero del
diezmo en el plato de ofrendas cuando pasa o lo metemos en un sobre sin pensarlo. En
cambio, debemos presentarlo a Jesús, quien, a su vez, lo pondrá ante el altar de Dios.
A continuación, en los versículos 5-10, el Señor construye una confesión para Israel en la que
cuenta su poderosa obra en sus vidas y su liberación de la esclavitud en Egipto. En este punto,
nosotros los cristianos necesitamos cambiar a nuestra posición bajo el Nuevo Testamento.
Éramos pecadores en el mundo, y nuestra confesión debería ser algo así: "Estoy en la tierra
que me has provisto en Jesucristo, el reino de Dios Todopoderoso. Yo era un pecador que
servía a Satanás. Él era mi dios. Pero invoqué el Nombre de Jesús, y Tú escuchaste mi clamor y
me libraste del poder y la autoridad de las tinieblas y me has trasladado al reino de Tu querido
Hijo. Jesús es mi Señor, y le traigo las primicias de mis labores como Sumo Sacerdote y te
adoro con ellas. Nos alegramos de todo el bien que nos has dado a nosotros y a nuestra casa".

Esta es nuestra confesión de redención equivalente a la liberación de Israel de Egipto. La Biblia


dice que esto es un tipo de nuestra liberación de Satanás. Israel señaló a Egipto; nosotros
señalamos al Calvario. Ahora, como una guía para que usted utilice, hemos establecido esta
confesión completa basada en Deuteronomio 26: Profesamos hoy al Señor Dios que hemos
entrado en la herencia que el Señor juró darnos. Estamos en la tierra que Tú nos has provisto
en Jesucristo, el reino de Dios Todopoderoso. Éramos pecadores sirviendo a Satanás. Él era
nuestro dios. Pero invocamos el Nombre de Jesús, y Tú escuchaste nuestro clamor y nos
liberaste del poder y la autoridad de las tinieblas y nos trasladaste al reino de Tu querido Hijo.

Jesús, como nuestro Señor y Sumo Sacerdote, te traemos las primicias de nuestros ingresos y
adoramos al Señor nuestro Dios con ellas.

Nos alegramos de todo el bien que nos has dado a nosotros y a nuestra casa. Hemos
escuchado la voz del Señor, nuestro Dios, y hemos hecho conforme a todo lo que nos ha
ordenado. Ahora mira desde tu santa morada, desde el cielo, y bendícenos como dijiste en tu
Palabra.

Todo esto está involucrado en el diezmo. Puedes ver fácilmente que no puede hacerse en los
pocos segundos antes de que se pase el plato en la iglesia. Debe hacerse a propósito, pero te
garantizo que es ¡vale la pena cada minuto! Mi esposa y yo escribimos nuestros cheques del
diezmo, los sostenemos ante Dios y nos tomamos el tiempo de orar por ellos. Nuestro dinero
se convierte entonces en una herramienta utilizada para adorar a Dios.

Deuteronomio 26:10 dice que el sumo sacerdote pondrá los diezmos ante Dios y lo adorará
con ellos. ¿Puedes entender a Jesús adorando a Dios con tu dinero? ¡Vaya! Esa es una gran
imagen.

Hay otra parte de esta confesión, de los versículos 14-15, que es muy importante: "He
escuchado la voz de Jehová mi Dios, y he hecho conforme a todo lo que me has mandado.
Mira desde tu santa morada, desde el cielo, y bendice a tu pueblo Israel, y a la tierra que nos
has dado, como la que juraste a nuestros padres, una tierra que mana leche y miel". Por el
contrario, hemos pensado, voy a seguir dando y tal vez uno de estos días Él lo notará y me
bendecirá. Esto es un error. La bendición de Dios se recibe por la fe en Su Palabra. No viene
automáticamente, así como la salvación no viene automáticamente. Usted podría decir:
"Bueno, vaya a la iglesia y Dios lo salvará uno de estos días, si tiene suerte". No, las leyes que
gobiernan la salvación deben ser actuadas para que funcionen en tu vida. La prosperidad viene
de la misma manera. Como podemos ver en Malaquías 3:10-11, Dios ha prometido al cegador
que abrirá las ventanas del cielo y derramará una bendición que no habrá espacio suficiente
para recibir.

Al diezmar, usted está poniendo el fundamento para el éxito financiero y la abundancia. Usted
está estableciendo depósitos con Dios que pueden ser usados cuando los necesite. No espere
hasta que su espalda esté contra la pared antes de usar su fe en esta área. Construya su fe
primero cuando las cosas vayan bien.

¡Usted no puede permitirse el lujo de esperar! El diezmo pertenece a Dios en primer lugar.
"¿Robará el hombre a Dios? Sin embargo, vosotros me habéis robado a mí. Pero vosotros
decís: ¿En qué te hemos robado? En los diezmos y las ofrendas. Malditos seáis con una
maldición, porque me habéis robado" (Malaquías 3:8-9). Esta escritura dice que un hombre
que no diezma está robando a Dios y está operando bajo una maldición por ello. Empieza a
diezmar ahora Si no tienes dinero, encuentra algo que tengas y dalo hoy. No hay manera más
rápida o segura de romper esa maldición. Inmediatamente cuando el dinero llegue a tus
manos, saca el diezmo de Dios y preséntaselo a Él. "Honra a Jehová con tu capital y tu
suficiencia [de las labores justas], y con las primicias de todos tus ingresos, Así tus almacenes
se llenarán de abundancia, y tus tinajas rebosarán de vino nuevo" (Proverbios 3:9-10, La Biblia
Amplificada).

Recuerda que la Palabra dice que Dios nos da el poder para obtener riquezas y la bendición del
Señor hace ricos. En el diezmo, Dios te está dando el 90 por ciento y recibiendo para Su obra
en la tierra el 10 por ciento para proveer el ministerio para ti. "Y dio a unos, apóstoles; a otros,
profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros; para el perfeccionamiento de los
santos, para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo" (Efesios 4:11-12).
No se puede dar más que Dios. Él devuelve su 10 por ciento para que seas perfeccionado,
equipado y edificado.

Dar a los pobres

La segunda forma de depósito es dar a los pobres. Proverbios 19:17 dice: "El que se apiada del
pobre presta al Señor, y lo que ha dado se lo devolverá". Cuando das a los pobres, puedes
esperar que te devuelvan lo que has dado. No puedes regalar tu dinero al dar a los pobres.
Estás prestando al Señor, y Él te lo devolverá. Él lo considera un préstamo, y como nos enseña
a no deber dinero, tampoco lo deberá. En cuanto se lo prestes, Él te lo devolverá. Si Jesús se
acercara a ti y te pidiera prestados 100 dólares, ¿no crees que te los devolvería?

Es importante que te des cuenta de que toda la riqueza material está en la tierra. No nos
lloverá del cielo. Ya está aquí, y hay más que suficiente para todos. La Biblia dice que
chuparemos de la abundancia de los mares y de los tesoros escondidos en la arena (ver
Deuteronomio 33:19). El problema es que no sabemos cómo alcanzarla. Sin embargo, al dar a
los pobres estamos dando a Dios la oportunidad no sólo de trabajar con nosotros
financieramente y bendecirnos, sino también de ayudar al hombre necesitado.

Esto pone una luz diferente en el tema. Los pobres consideran que este es un mundo de ricos.
Satanás los ha dominado con la pobreza y la supresión de todo tipo. Cuando se den cuenta de
que Satanás está detrás de su opresión, verán su necesidad del poder de Dios en sus vidas.
Entonces no tendrás miedo de obligarlos al evangelio cuando les des cosas materiales. Siempre
que doy de esta manera, les explico lo que dice la Palabra y les hablo de Jesús. Les hago saber
que Jesús es mi fuente de suministro y que está dispuesto a ser la suya. Les muestro que ellos
también pueden convertirse en el canal de Dios en la tierra para otra persona. Verás, puedes
alimentar a un ladrón todo el día, pero todo lo que tendrás es un ladrón lleno de comida. La
comida no lo cambiará, pero la Palabra de Dios lo transformará por dentro. Si das a los pobres
de la manera adecuada, entonces puedes darles testimonio y presentarles el poder de Dios.
Nunca doy a los pobres sin hablarles de Jesús. Si van a recibir mis bienes materiales, primero
tendrán que escuchar lo que tengo que decir sobre Jesús.

Jesús enseñó a dar limosna, que es dar a los pobres. Evidentemente, Jesús era muy conocido
por dar a los pobres según los relatos bíblicos de su ministerio. En el Sermón de la Montaña,
Jesús enseñó a dar limosna. Él dijo: "No sepa tu mano izquierda lo que hace tu mano derecha"
(Mateo 6:3). Te puedes divertir más dando a alguien de forma anónima. Es una alegría que
nunca obtendrás de ninguna otra cosa, y el siguiente versículo dice: "Y tu Padre que ve en
secreto te recompensará abiertamente". ÉL MISMO te recompensará. ¡Alabado sea el Señor
por sus generosas propuestas!

Invertir en el Evangelio

Como hemos leído en Marcos 10:29-30, Jesús dijo: "De cierto os digo que no hay nadie que
haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por
causa de mí y del evangelio, sino que recibirá cien veces más ahora en este tiempo". Se trata
de una inversión en la difusión del evangelio por todo el mundo. La Gran Comisión dice: "Id por
todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura" (Marcos 16:15).

Todos estamos obligados a esto; y si no podemos ir, debemos enviar a alguien en nuestro
lugar. Todos deben funcionar en esta comisión. El misionero es un apóstol de Dios, un
instrumento para evangelizar el mundo. Desgraciadamente, se le ha infravalorado mucho y
ocupa el último peldaño de la escala en lugar de la cima. Sin embargo, merecen nuestro apoyo,
tanto en las finanzas como en la oración. Dios apoyará la comunicación del evangelio con el
poder y los recursos que sean necesarios. Si no se predica la Palabra, no hay fe (véase
Romanos 10:14). Sin fe, nadie se salva (ver Efesios 2:8). Para el hombre que nunca ha
escuchado la Palabra, Jesús nunca ha muerto. Puedes ver que si Dios no apoyara la
comunicación del evangelio, la Cruz habría sido en vano.

Otra área para invertir en el evangelio es el apoyo a los ministerios a los que se les ha asignado
la tarea de enseñar al pueblo de Dios cómo funcionar en los asuntos espirituales. Los
ministerios de enseñanza tienen una gran responsabilidad puesta en ellos por Dios. En
consecuencia, son muy bendecidos.

Cualquier experto en inversiones le dirá rápidamente que la forma más productiva de invertir
es una inversión constante y regular en negocios sólidos. No hay nada más sólido que la obra
de Dios. Comienza a ser un inversor regular. Sé fiel a ello.
Volvamos a lo que Jesús dijo en Marcos 10:29-30, Él ha dicho que esto funcionará para todo
hombre. Pedro había dicho: "¿Y nosotros? Lo hemos dejado todo y te hemos seguido".
Preguntó esto como si pensara que la vara de Jesús ocupaba un lugar especial en lo que se
refiere a estas leyes. Jesús le respondió con toda claridad. Todo hombre que invierte en el
evangelio tiene derecho a esperar el asombroso retorno del ciento por uno.

Dar como una alabanza a Dios

Así como Israel hizo ofrendas de alabanza a Dios, los creyentes de hoy pueden usar el dar
como un instrumento de alabanza. Es interesante notar que Israel nunca dio un animal
manchado como sacrificio. A la luz de esto, si usted da un par de zapatos de segunda mano,
entonces eso es lo que recibirá a cambio. No des tus cosas viejas y gastadas; da tus cosas
buenas y nunca te faltarán cosas buenas.

La Palabra dice que Dios habita en las alabanzas de su pueblo (ver Salmo 22:3) y que Él
mantendrá nuestro derecho y nuestra causa cuando lo alabemos (ver Salmo 9:1-4). Dios me
instruyó a usar el Salmo 118 cuando doy una ofrenda de alabanza. Examinémoslo.

Dad gracias a Jehová, porque es bueno; porque su misericordia es eterna. Diga ahora Israel
que su misericordia es eterna. Que la casa de Aarón diga ahora que su misericordia es eterna.
Digan ahora los que temen al Señor que su misericordia es eterna. Invocaba al Señor en la
angustia; el Señor me respondió y me puso en un lugar amplio. El Señor está de mi parte.

Cuando llego a esta última frase, ¡estoy a punto de gritar! La Palabra dice que si Dios está a tu
favor, nadie puede seguir siendo tu enemigo con éxito (ver Romanos 8:31).

El Señor está de mi lado; no temeré; ¿qué podrá hacer el hombre contra mí? El Señor toma mi
parte con los que me ayudan; por eso veré mi deseo sobre los que me odian. Es mejor confiar
en el Señor que poner la confianza en el hombre. Es mejor confiar en el Señor que poner la
confianza en príncipes. Todas las naciones me rodearon, pero en el nombre del Señor las
destruiré. Me rodearon, me rodearon, pero en el nombre del Señor los destruiré. Me rodearon
como abejas; se apagaron como el fuego de los espinos.

Esta palabra espinas significa "contienda".

Porque en el nombre del Señor los destruiré. Me has golpeado con fuerza para que cayera,
pero el Señor me ayudó. El Señor es mi fuerza y mi canción, y se ha convertido en mi salvación.
La voz de la alegría y de la salvación está en los tabernáculos de los justos; la diestra de Jehová
hace maravillas. La diestra del Señor es exaltada: la diestra del Señor actúa con valentía.

Por supuesto, la "mano derecha del Señor" es Jesús. Usted está alabando a Jesús cuando hace
esto.

No moriré, sino que viviré, y contaré las obras del Señor. El Señor me ha castigado duramente,
pero no me ha entregado a la muerte. Abridme las puertas de la justicia: Entraré en ellas y
alabaré al Señor: Esta puerta del Señor, en la que entrarán los justos. Te alabaré, porque me
has escuchado y te has convertido en mi salvación. La piedra que los constructores rechazaron
se ha convertido en la piedra angular del ángulo. Esto es obra del Señor; es maravilloso a
nuestros ojos. Este es el día que el Señor ha hecho; nos alegraremos y nos gozaremos en él.

Probablemente has escuchado este último verso toda tu vida, pero con todo el salmo a su
alrededor y a la luz de lo que es, puedes ver su pleno significado.

"Salva ahora, te lo ruego, oh Señor; oh Señor, te lo ruego, envía ahora prosperidad". De nuevo,
como en Deuteronomio 26, estás diciendo al Señor: "Envíanos prosperidad".

Bendito sea el que viene en nombre del Señor: os hemos bendecido desde la casa del Señor.
Dios es el Señor, que nos ha alumbrado; ata el sacrificio con cuerdas hasta los cuernos del
altar. Tú eres mi Dios, y yo te alabaré; tú eres mi Dios, yo te exaltaré. Dad gracias al Señor,
porque es bueno, porque su misericordia es eterna. Cuando empieces a dar de esta manera,
sólo como una alabanza a Dios, las cosas comenzarán a suceder en tu vida financiera. La
alabanza es una herramienta tremenda para liberar el poder de Dios. Combinada con la ley de
dar, ¡es insuperable! No hay un retorno estándar en dar como alabanza a Dios, y llevó a David
de pastor a rey de Israel. ¿Crees que Dios ama la pobreza? Lea una traducción literal del
hebreo o la Biblia Amplificada y vea la enorme cantidad de dinero que David puso en la
construcción del templo. ¡Fueron millones de dólares! David era un hombre próspero. La Biblia
dice que era un hombre según el corazón de Dios. ¿De dónde crees que sacó toda su riqueza?
Del Dios de Abraham, Isaac y Jacob que le dio el poder de obtener riqueza.

Haciendo retiros de su cuenta celestial


Una vez que te das cuenta de que tienes estos depósitos en tu cuenta celestial, necesitas
aprender a hacer retiros. Colosenses 1:4-6 dice: "Desde que oímos de vuestra fe en Cristo
Jesús, y del amor que tenéis a todos los santos, por la esperanza que os está guardada en los
cielos, de la cual habéis oído antes en la palabra de la verdad del evangelio; la cual ha llegado a
vosotros, como a todo el mundo, y da fruto." Todo lo que está guardado para vosotros en el
cielo está representado por el evangelio de Jesucristo. Cuando pones la Palabra de Dios a
trabajar, produce fe. "La fe viene por el oír, y el oír por la palabra de Dios". La fe pone en
funcionamiento la ley espiritual, y los resultados se manifiestan aquí en la tierra. Cuando se
pone en el cielo, una copia de carbón tendrá lugar en la tierra si usted se pone de pie y actúa
en la Palabra. Así es como fuiste salvado. La salvación no está esperando por ti en el cielo. Fue
provista para usted y guardada en el cielo; pero cuando usted creyó la Palabra acerca de la
salvación y actuó en ella, se manifestó aquí en la tierra en tu vida. Este mismo principio es
cierto en el área de las finanzas. Cuando un hombre hace depósitos con Dios, él tiene el
derecho de llamar a estos depósitos y hacer retiros.

Veamos una vez más Malaquías 3:10. Hay algo aquí que quiero enfatizar. "Traed todos los
diezmos al alfolí, para que haya alimento en mi casa, y probadme ahora con esto, dice el
Señor...." Dios ha dicho en muchos lugares a lo largo de la Biblia: "Tened fe... creedme", pero
aquí en Malaquías está diciendo: "Probadme... ponedme a prueba". Muchos cristianos están
buscando una señal de Dios como prueba de Su poder, de Su voluntad de sanar y hacer
milagros en el mundo de hoy. El ámbito financiero es el único lugar donde Dios nos da la
oportunidad de buscar esta señal, ¡y es el único lugar donde no hemos estado buscando!
Decimos: "¡Pero yo no podría decirle a Dios lo que tiene que hacer; no podría esperar que me
bendijera! No sería humilde". ¿Pero qué dice Dios? " Y ahora pruébame con esto, dice el Señor
de los ejércitos: si no os abriré las ventanas de los cielos y derramaré sobre vosotros bendición,
de modo que no haya lugar para recibirla". La frase ventanas del cielo en realidad significa
"compuertas". Es la misma palabra utilizada en Génesis 7:11, donde Dios abrió las ventanas del
cielo e inundó la tierra. Dios no usa figuras de discurso vacías. Él habla en serio. Él abrirá las
compuertas del cielo y derramará una abundante bendición sobre el que la reciba.

Entonces el siguiente verso (Malaquías 3:11) dice:

"Y reprenderé al devorador por vosotros, y no destruirá los frutos de vuestra tierra; ni vuestra
vid dará su fruto antes de tiempo en el campo, dice el Señor de los ejércitos. Y todas las
naciones te llamarán bienaventurada, porque serás una tierra deliciosa, dice el Señor de los
ejércitos."

Ahora vamos a discutir cómo recibir de su dar. Efesios 6:8 dice: "Sabiendo que todo lo bueno
que un hombre haga, lo recibirá del Señor, sea siervo o libre". Cualquier cosa buena que usted
haga a cualquier hombre, recibirá lo mismo del Señor. Acabamos de leer en Malaquías donde
Dios dijo que Él abriría las ventanas del cielo para nosotros. Por lo tanto, podemos esperar
recibir de Dios. Sin embargo, en el evangelio de Lucas Jesús dice: "Dad, y se os dará; medida
buena, apretada, remecida y rebosante, darán en vuestro seno. Porque con la misma medida
que midáis se os volverá a medir" (Lucas 6:38). De esto vemos que también podemos recibir
de los hombres; así que la bendición es doble. Cuando das el diezmo, recibes de Dios arriba.
Cuando das, los hombres dan en tu seno. ¡Te llega de todas partes!

Como ya hemos visto en Marcos 10:30, Jesús prometió un retorno del ciento por uno cuando
damos por su causa y la del evangelio. Usando esta escritura, decidí creer en un retorno de
cien veces cuando di mi avión como una inversión en el evangelio.

El poder de la confesión

Jesús dijo en Marcos 11:23, "Porque de cierto os digo que cualquiera que diga a este monte:
Quítate y échate al mar, y no dude en su corazón, sino que crea que se cumplirán las cosas que
dice, tendrá lo que diga". Fíjate en las últimas palabras, "tendrá todo lo que diga". La fe se
libera con la boca. Incluso nuestra salvación se basa en la confesión de nuestra boca de que
Jesucristo es nuestro Señor (ver Romanos 10:9-10). ¡Usted puede tener lo que dice! De hecho,
lo que dices es exactamente lo que obtienes

ahora. Si vives en la pobreza y la carencia, cambia lo que dices. ¡Cambiará lo que tiene!

la poderosa fuerza del mundo espiritual que crea las circunstancias que nos rodean está
controlada por las palabras de la boca. Esta fuerza proviene de nuestro interior.

El mismo Jesús dijo: "Por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado"
(Mateo 12:37). Las palabras son contenedores. Pueden contener fe, amor, miedo, odio, o
pueden estar totalmente vacías. Jesús dijo que seríamos juzgados por las palabras ociosas (o
vacías, inoperantes) (ver Mateo 12:36). Recuerda que antes dijimos que toda la sustancia
material que necesitarás está ya en la tierra. Todo lo que necesitas ya está aquí. La confesión
de tu boca hará que lo poseas. Dios se encargará de ello. Hebreos 3:1 dice que Jesús es el
Apóstol y el Sumo Sacerdote de nuestra confesión; y Hebreos 4:14 dice que debemos
aferrarnos a nuestra confesión. Debemos confesar lo que deseamos que suceda. No
esperamos a que suceda y entonces empezamos a confesarlo. En Marcos 11:23, Jesús habla de
decir cosas que aún no han sucedido. El monte aún no había sido removido cuando se le habló.
Jesús dijo que creamos que las cosas que decimos se cumplirán y entonces tendremos todo lo
que decimos. Cuando aprendí estos hechos, se me hizo fácil confesar: "Ya lo tengo.... puedo
verlo a través del ojo de mi fe". Una vez que hago los depósitos en mi cuenta celestial, puedo
decir, lo tengo y entonces vendrá a mí. A veces viene al instante; a veces viene después de
confesarlo varias veces; a veces viene después de varios días; a veces viene después de varias
semanas. Ha habido ocasiones en las que ha llegado después de meses de confesión, pero, no
obstante, ¡ha llegado! Tenemos la palabra de Dios para ello. Se hará realidad.

Como una guía para que usted use en recibir de su dar en cualquier área, permítame
compartir esta pequeña fórmula. Ha funcionado consistentemente para nosotros y funcionará
para ti si te comprometes con ella.

1. Decide la cantidad que necesitas. Ten cuidado de no engañarte a ti mismo. Dios no es


un tacaño. Es un dador. Es un amante. Dios es amor. Porque Dios amó tanto al mundo que lo
dio. Determina la cantidad que necesitas y luego ten una sola mente. Un hombre de doble
ánimo no puede recibir nada del Señor (ver Santiago 1:7-8).

2. Póngase de acuerdo según Mateo 18:19. Esto es muy importante. La mejor y más
poderosa situación en la tierra es la de un esposo y una esposa que pueden estar de acuerdo
juntos en estas áreas. Si esto no es posible en tu caso particular, entonces júntate con otro
creyente y haz que se ponga de acuerdo contigo.

3. Aférrate a ella por la fe. Utiliza los principios expuestos en Marcos 11:23-24. Créelo en
tu corazón y confiésalo con tu boca.

4. Ate al diablo y sus fuerzas en el Nombre de Jesús. Tienes la autoridad en el Nombre de


Jesús para ordenar a Satanás fuera de tus asuntos financieros. Esta es tu responsabilidad. No le
pidas a Dios que lo haga. Lo haces en el Nombre de Jesús. Marcos 16:17, Santiago 4:7, Efesios
6 y todo el Nuevo Testamento te dicen que resistas al diablo. Es importante que el esposo y el
padre hagan esto. Es su responsabilidad como cabeza espiritual del hogar.

5. Suelta las fuerzas del cielo. Hebreos 1:14 se refiere a los ángeles como espíritus
ministradores "enviados para servir a los que serán herederos de la salvación". La Biblia
también dice que los ángeles escuchan la Palabra de Dios (ver Salmo 103:20), así que cuando
usted usa la Palabra en el Nombre de Jesús, ellos están obligados a seguir su orden.

6. Alabe a Dios por la respuesta. La alabanza mantiene la puerta de la abundancia abierta


de par en par. El canal entre tú y Dios está despejado para que puedas recibir de Él.

He aquí un ejemplo de oración basado en estos seis pasos:


"Padre, en el Nombre de Jesús, te pedimos $-------- .

"Tenemos este dinero en nuestra cuenta celestial y retiramos esta cantidad ahora. Creemos
que recibimos

$ . Como en Marcos 11:23-24, lo creemos en nuestros corazones y

confesamos ahora que es nuestro en el Nombre de Jesús. Estamos de acuerdo en que tenemos
$ de acuerdo con Mateo 18:19. Desde este día

Desde este día en adelante, hacemos recaer el cuidado de esto sobre Ti y te agradecemos por
ello. Satanás, en el Nombre de Jesús, tomamos autoridad sobre ti; atamos tu operación ahora
y te dejamos indefenso. Espíritus ministradores, les encargamos que vayan y hagan que nos
llegue esta cantidad de acuerdo con Hebreos 1:14. Padre, alabamos tu Nombre por satisfacer
nuestras necesidades según tus riquezas en gloria por Cristo Jesús y por multiplicar nuestra
semilla para sembrar en el Nombre de Jesús".

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