UNIDAD I-Resumen
UNIDAD I-Resumen
UNIDAD I
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Saussure si bien el signo es una entidad psíquica de 2 caras, las partes significado y significante podrían ir
sufriendo alteraciones. En cambio, para Benveniste ese signo ya está formado como tal por ende las dos
partes se necesitan. Lo que Benveniste plantea que es arbitrario es la relación entre ese signo y tal o
cual objeto de la realidad.
- La segunda crítica está en relación a la mutabilidad y a la inmutabilidad y hace
referencia que para Benveniste lo que va a cambiar es la relación entre el signo lingüístico y el
objeto de la realidad, es decir que acá Benveniste incorpora la realidad como un tercer término,
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incorpora la relación con un objeto. Para Benveniste podría cambiar la relación entre el signo (la
asociación psíquica que tenemos) y tal o cual objeto de la realidad, mientras que para Saussure lo mutable
era al interior del signo entre significado y significante, mientras que lo inmutable era todo el sistema de
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lengua, porque para Saussure se basaba en lo arbitrario.
- La última crítica apunta a la noción de valor, porque para Saussure el valor estaba
determinado en el sistema, el valor emana, surge del sistema, a partir del esquema y la metáfora de las
masas amorfas. Para Saussure el valor está determinado por el recorte y esa asociación que se hace
entre las dos masas amorfas. En cambio, para Benveniste el valor está determinado en relación a la
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realidad, es decir que para Benveniste por ejemplo si escuchamos un sonido y ese sonido no
pertenece a nuestro sistema de lengua no va a tener valor porque lo reconoceremos como ajeno.
El signo, elemento primordial del sistema lingüístico, encierra un significante y un significado cuyo
nexo debe ser reconocido como necesario, por ser estos dos componentes consustanciales uno del
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otro. El carácter absoluto del signo lingüístico así entendido rige a su vez la necesidad dialéctica de los
valores en constante oposición, y forma el principio estructural de la lengua.
no es una materia a la que la lengua prestaría forma, puesto que en ningún momento puede ser imaginado
este “continente” vacío de su “contenido”, ni viceversa.
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"Los niveles del análisis lingüístico" - Benveniste, E.
Para empezar, tengamos en cuenta que Benveniste parte del plantear la Lengua como un sistema de
signos lingüísticos; entonces, la lengua es un sistema, una estructura formal (al igual que el lenguaje),
organizado en niveles (articulados a través de unidades discretas).
Noción de Nivel
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El gran cambio que plantea éste autor es que se reconoce que el lenguaje debía ser descrito como una
estructura formal, pero que está descripción exige previamente el establecimiento de
procedimientos y criterios adecuados para dar cuenta de ésa estructura. Entonces, la noción de nivel
aparece como esencial en la determinación del procedimiento de análisis. Responde a la naturaleza
articulada del lenguaje y el carácter discreto de sus elementos, lo que permite el estudio de la lengua como
un sistema orgánico de signos lingüísticos.
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Lo que sostiene Benveniste es que la condición de posibilidad de existencia del signo es justamente
la unión del significado/significante; y esta relación no es arbitraria (como plantea Saussure) sino
absolutamente necesaria, en tanto, es la condición de existencia del signo. Entonces, la unión, la
relación, del significante con el significado es convencional y esta relación es la que conforma el signo.
FI
Para el análisis;
La segmentación: Consiste en separar, dividir, el texto considerado en unidades significativas hasta los
elementos no descomponibles (paralelamente, se identifican tales elementos por las sustituciones que
admiten). A su vez, la segmentación nos permite identificar relaciones sintagmáticas.
La sustitución: consiste en identificar las sustituciones que admiten los elementos. Esas sustituciones
constituyen unas relaciones paradigmáticas. Entonces, las relaciones sintagmáticas y paradigmáticas son
muy similares a las que propone Saussure.
> Método de distribución: Consiste en definir cada elemento por el conjunto de los alrededores en que se
presenta y por medio de una doble relación:
➔Relación sintagmática: relación del elemento (en análisis) con los demás elementos simultáneamente
presentes en el enunciado.
➔Relación paradigmática: relación del elemento (en análisis) con los demás elementos mutuamente
sustituibles.
>> Rasgos distintivos: Si los elementos segmentables mínimos se identifican como fonemas, el análisis
puede ir más allá y aislar en el interior del fonema los rasgos distintivos, que ya no serán segmentables,
pero sí sustituibles. Por ejemplo: los rasgos distintivos pueden ser oclusión/fricación, dentalidad/labialidad,
aspiración/glotalidad, etc... Ninguno de éstos es realizable por sí mismo, aparte de la articulación fonética
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en que se presenta, pero al ser sustituibles pueden constituir clases paradigmáticas: los merismas.
Entonces, los fonemas son el elemento mínimo segmentable y sustituible constituido por varios
merismas.
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lingüístico. Cuando reducimos una unidad a sus constituyentes (aplicando la operación de segmentación)
vamos a decir que la reducimos a sus elementos formales (es decir, a los que constituyen su forma).
Además, es la posibilidad de integrarse en una unidad de nivel superior.
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La forma es la capacidad de disociarse en constituyentes de nivel inferior (es decir, segmentarse en
unidades de nivel inferior).
constituyentes, la frase no es la suma de sus partes), sino que la palabra tiene una función intermedia por
su naturaleza doble (se descompone en unidades fonemáticas de nivel inferior y entra como unidad
significante, y con otras unidades significantes, en una unidad de nivel superior). Entonces, como se dijo,
la frase se ve como un conjunto y no como la suma de sus partes (se sale del dominio de la Lengua y
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pertenece al Discurso). Entonces, su sentido inherente está repartido en el conjunto de sus constituyentes;
es por eso que se sale del dominio de la lengua como sistema de signos, dado que lo que se tiene es una
frase es la lengua como instrumento de comunicación.
Pertenece al discurso, porta sentido y porta referencia porque va a referir a una situación dada.
El signo, es la unidad mínima de la frase. Puede ser reconocida como una forma libre o con una forma
conjunta, es decir, como la palabra (signo = palabra): "idéntico en alrededores distintos o como distinto
(reemplazado por una unidad diferente) en alrededores idénticos".
Si bien ya se dieron algunas características de la palabra, redondeamos la conceptualización de la misma
diciendo que, la palabra es un constituyente de la frase que efectúa la significación, pero tiene
distintos sentidos en la frase que como palabra autónoma. Es decir, el sentido que tiene la palabra
como autónoma no es el mismo sentido que tiene dentro de la frase.
Hay que tener en cuenta que se pueden tener palabras autónomas que son distintas de las palabras
sinónimas. Las primeras son constituyentes de frases; las segundas, no pueden entrar en frases más que
unidas a otras palabras.
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Las relaciones entre estos niveles de análisis lingüísticos pueden ser:
> Relaciones distributivas: se dan entre elementos del mismo nivel. Se dan términos formales, es decir,
LA
en tanto la forma.
> Relaciones integrativas: se dan entre elementos de distinto nivel, en términos del sentido,
entendiéndolo como una función.
Entonces, Benveniste dice que "una unidad lingüística no es una unidad a menos que pueda ser
FI
El principio de la “estructura” como objeto de estudio fue enunciado para reaccionar contra la concepción
exclusivamente histórica de la lengua; contra una lingüística que disociaba la lengua en elementos
aislados y se ocupaba de seguir las transformaciones de éstos. Saussure insiste en considerar la lengua
como un sistema.
Sería ilusorio considerar un término sencillamente como la unión de cierto sonido con
cierto concepto. Definirlo así sería aislarlo del sistema del que forma parte; sería creer que se puede
comenzar por los términos y construir el sistema haciendo la suma, mientras que, por el contrario, hay que
partir de la totalidad solidaria para obtener por análisis los elementos que encierra. El todo no es igual a la
suma de las partes.
Planteada la lengua como sistema, se trata, pues, de analizar su estructura. Cada sistema, formado como
está de unidades que se condicionan mutuamente, se distingue de los otros sistemas por el arreglo interno
de tales unidades, arreglo que constituye su estructura.
Considerar la lengua (o cada parte de una lengua, fonética, morfología, etc.) como un sistema organizado
por una estructura por revelar y describir, es adoptar el punto de vista "estructuralista".
“Estructura, para designar, por oposición a una simple combinación de elementos, un todo formado por
fenómenos solidarios, de tal suerte que cada uno depende de los otros y no puede ser el que es sino en y
por su relación con ellos”.
Esta concepción consiste en considerar los fenómenos no ya como suma de elementos que ante todo es
cosa de aislar, sino como conjuntos que constituyen unidades autónomas, manifiestan una solidaridad
interna y poseen leyes propias. La manera de ser de cada elemento depende de la estructura del conjunto
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y de las leyes que lo rigen.
Se entiende por lingüística estructural un conjunto de investigaciones sustentadas por una hipótesis según
la cual es científicamente legítimo describir el lenguaje como, esencialmente, una entidad autónoma de
dependencias internas, o, en una palabra, una estructura. Reduce su objeto a una red de dependencias,
considerando los hechos lingüísticos en razón el uno del otro.
El principio fundamental es que la lengua constituye un sistema, cuyas partes todas están unidas por una
relación de solidaridad y de dependencia. Este sistema organiza unidades -los signos articulados- que se
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diferencian y se delimitan mutuamente. La doctrina estructuralista enseña el predominio del sistema sobre
los elementos, aspira a deslindar la estructura del sistema a través de las relaciones de los elementos,
tanto en la cadena hablada como en los paradigmas formales, y muestra el carácter orgánico de los
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cambios a los cuales la lengua está sometida.
Desde sus primeras investigaciones, Saussure evalúa críticamente el estado de su disciplina y aspira a
encontrar “los datos elementales sin los cuales todo vacila, todo es incertidumbre”. Comienza entonces por
impugnar el status pre científico de la lingüística y se preocupa por hallar el punto de vista correcto desde
donde abarcar el conjunto del campo a explorar. Otras disciplinas se constituyen como tales con objetos
FI
de estudio dados de antemano. Por ejemplo, la biología encuentra en los seres vivos un objeto de estudio
determinado, esto es, aunque existan numerosas ramas y especialidades, la biología ha desarrollado
métodos que le permiten estudiar su objeto y, no necesita, por tanto, adoptar un punto de vista particular
para constituirse como disciplina científica. Pero esto no ocurre en la lingüística, disciplina en la no hay un
objeto dado previamente. Por ejemplo, si tomamos la palabra hombre, podemos considerarla desde
distintos puntos de vista: como sonido, como expresión de una idea, en correspondencia con el latín homo,
como una clase de palabra (i.e un nombre), etc. Esta diversidad muestra, entonces, que los aspectos en
los que puede ser considerado el lenguaje, dada su complejidad, parecen innumerables e inabarcables.
Aunque Saussure no lo haga explícito, se destaca que los fundamentos de la lingüística servirán de base
para el estudio de toda lengua. Consciente de la operación metodológica que está llevando a cabo postula
entonces el atributo fundamental que distingue a la Lingüística de las otras ciencias: Lejos de preceder el
objeto al punto de vista, se diría que es el punto de vista el que crea al objeto..." (CLG, 1983, p. 49).
Este postulado no sólo constituye la primera operación metodológica de la teoría saussureana, sino que se
instituye en el postulado metodológico fundante de la posibilidad de constituir, a partir de fenómenos
circunscritos en el dominio del lenguaje, teorías lingüísticas.
En el CLG se distingue lengua de lenguaje “la lengua no se confunde con el lenguaje: la lengua no es más
que una determinada parte del lenguaje, aunque esencial. Es a la vez un producto social de la facultad del
lenguaje y un conjunto de convenciones necesarias adoptadas por el cuerpo social para permitir el
ejercicio de esa facultad en los individuos. Tomado en su conjunto, el lenguaje es multiforme y heteróclito;
a caballo en diferentes dominios, a la vez físico, fisiológico y psíquico, pertenece además al dominio
individual y al dominio social; no se deja clasificar en ninguna de las categorías de los hechos humanos,
porque no se sabe cómo desembrollar su unidad. La lengua, por el contrario, es una totalidad en sí y un
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principio de clasificación”.
Asimismo, para justificar su elección, Saussure define la lengua en relación con el habla.
Caracteres de la lengua:
★ Es un objeto bien definido en el conjunto heteróclito de los hechos de lenguaje. Se la puede localizar en
la porción determinada del circuito donde una imagen acústica viene a asociarse con un concepto. La
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lengua es la parte social del lenguaje, exterior al individuo, que por sí solo no puede ni crearla ni
modificarla; no existe más que en virtud de una especie de contrato establecido entre los miembros de la
comunidad.
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★ La lengua, distinta del habla, es un objeto que se puede estudiar separadamente. Ya no hablamos las
lenguas muertas, pero podemos muy bien asimilarnos su organismo lingüístico. La ciencia de la lengua no
sólo puede prescindir de otros elementos del lenguaje, sino que sólo es posible a condición de que esos
otros elementos no se inmiscuyan.
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★ La lengua, no menos que el habla, es un objeto de naturaleza concreta, y esto es una gran ventaja para
FI
su estudio. Los signos lingüísticos no por ser esencialmente psíquicos son abstracciones; las asociaciones
ratificadas por el consenso colectivo, y cuyo conjunto constituye la lengua, son realidades que tienen su
asiento en el cerebro. Además, los signos de la lengua son, por decirlo así, tangibles; la escritura puede
fijarlos en imágenes convencionales, mientras que sería imposible fotografiar en todos sus detalles los
actos del habla; la fonación de una palabra, por pequeña que sea, representa una infinidad de
movimientos musculares extremadamente difíciles de conocer y de imaginar. En la lengua, por el contrario,
no hay más que la imagen acústica, y ésta se puede traducir en una imagen visual constante. Pues si se
hace abstracción de esta multitud de movimientos necesarios para realizarla en el habla, cada imagen
acústica no es, como luego veremos, más que la suma de un número limitado de elementos o fonemas,
susceptibles a su vez de ser evocados en la escritura por un número correspondiente de signos. Esta
posibilidad de fijar las cosas relativas a la lengua es la que hace que un diccionario y una gramática
puedan ser su representación fiel, pues la lengua es el depósito de las imágenes acústicas y la escritura la
forma tangible de esas imágenes”.
1.No se puede reducir la lengua al sonido, ni separar el sonido de la articulación bucal o viceversa, no se
pueden definir los movimientos de los órganos vocales sin la impresión acústica.
2.El sonido no es quien hace al lenguaje, es simplemente el instrumento del pensamiento y no existe por sí
mismo, es una unidad compleja acústica vocal y a su vez forma una unidad compleja, fisiológica y mental.
3.El lenguaje tiene un lado individual y un lado social, sin poder concebirse uno sin el otro.
4.En cada instante el lenguaje implica a la vez un sistema establecido y una evolución, en cada momento
es una institución actual y un producto del pasado. En ninguna se ofrece entero el objeto de la lingüística.
“Hay que colocarse desde el primer momento en el terreno de la lengua y tomarla como norma de
todas las otras manifestaciones del lenguaje”
Entonces entre tantas dualidades la lengua parece ser lo único que puede definirse de forma autónoma.
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No debemos confundir lengua (adquirida y convencional) con lenguaje (se apoya en una facultad que nos
da la naturaleza) ya que la lengua no es más que una parte esencial del lenguaje y a la vez es un producto
social del mismo, un conjunto de convenciones que nos permite comunicarnos.
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La lengua es una totalidad clasificable, una convención. Se podría decir que no es el lenguaje hablado el
natural al hombre, sino la facultad de construir una lengua (sistema de signos distintos que corresponden a
ideas distintas). La facultad de articular palabras se ejerce con la ayuda del instrumento creado y
DD
suministrado por la colectividad. Es la lengua la que hace la unidad del lenguaje.
El acto individual que permite reconstruir el circuito de la palabra supone por lo menos dos individuos
(mínimo), por ejemplo, A y B, para que se dé el circuito completo. El punto de partida del circuito está en el
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cerebro de uno de los dos, donde los hechos de conciencia (conceptos) están asociados a las
representaciones de imágenes acústicas que sirven para su expresión.
Entonces un concepto dado desencadena en el cerebro una imagen acústica, este sería un fenómeno
FI
psíquico, al que le sigue un fenómeno fisiológico en el cual el cerebro les transmite a los órganos de la
fonación un impulso correlativo a la imagen y finalmente las ondas se propagan de la boca de A al oído de
B en un proceso físico. El proceso se da en forma inversa en B, desde el oído al cerebro la transmisión
fisiológica de la imagen acústica, en el cerebro la asociación psíquica de esta imagen con el concepto
correspondiente.
Aparte tenemos una facultad de asociación y coordinación, la cual desempeña el primer papel en la
organización de la lengua como sistema.
Para comprender bien esto hay que salirse de lo individual y encarar el hecho social. Los individuos
reproducen aproximadamente los mismos signos asociados a los mismos conceptos.
La parte física puede verse afectada, por ejemplo, cuando escuchamos una lengua desconocida ya que
podemos percibir bien los sonidos, pero al no poder comprenderlos quedamos fuera del hecho social. Y la
parte psíquica tampoco entra en juego en su totalidad ya que la ejecución (asociación entre un concepto
e imagen acústica) nunca está a cargo de la masa, sino que siempre es individual, a esto lo llamaremos
“el habla”.
Al separar la lengua del habla separamos lo social de lo individual, y lo esencial de lo accesorio. La lengua
no es una función del sujeto hablante, sino que es el producto que el individuo registra pasivamente. En
cambio, el habla es un acto individual de voluntad y de inteligencia, en el que tenemos que distinguir entre
las combinaciones por las que el sujeto hablante utiliza el código de la lengua para expresar su
pensamiento personal y el mecanismo psicofísico que le permite exteriorizar esas combinaciones.
Caracteres de la lengua
➔ Es un objeto bien definido en el conjunto heterogéneo de los hechos del lenguaje. Se la puede localizar
en la porción determinada del circuito donde una imagen acústica viene a asociarse con un concepto. La
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lengua es la parte social del lenguaje, es exterior al individuo (el individuo no puede ni crearla ni
modificarla). No existe más que en virtud de una especie de contrato establecido entre los miembros de la
comunidad.
➔ La lengua es un objeto de naturaleza concreta. Los signos no por ser psíquicos son abstractos
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(imprecisos), las asociaciones son realidades que tienen su asiento en el cerebro. Los signos de la lengua
son tangibles porque se pueden fijar en imágenes, mientras que sería imposible detallar en imágenes los
actos del habla. En la lengua no hay más que imagen acústica y esta se puede traducir en una imagen
visual. La lengua es el depósito de las imágenes acústicas y la escritura la forma tangible de esas
imágenes.
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Entonces, el lenguaje se caracteriza por ser heteróclito, multiforme y que presenta tres dominios del
circuito del habla:
• PSÍQUICO: El cerebro es punto de partida de este circuito, allí los conceptos se encuentran asociados a
las imágenes acústicas, este fenómeno es psíquico.
• FISIOLÓGICO: El cerebro transmite a los órganos de fonación un impulso correlativo a esa asociación, y
en la dirección inversa desde B a A, se transmite un impulso del oído al cerebro, ambos procesos son
fisiológicos.
• FÍSICO: Luego las ondas sonoras se propagan de la boca de A al oído de B, este proceso es puramente
físico.
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Por lo tanto, la lengua así delimitada, es de naturaleza homogénea. Además, Saussure afirma que la
lengua no es una nomenclatura (conjunto de términos o palabras), porque en la lengua no hay una
etiqueta a las cosas. Para él la lengua no es una nomenclatura porque no une una cosa y un nombre, sino
que une un significado y un significante. Cualquier cosa que nosotros recibamos pasivamente por el oído,
nos va a despertar una asociación psíquica.
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● La semiología
LA
Semiología: sería la ciencia que estudie la vida de los signos, sería parte de la psicología social y de la
psicología general, esta ciencia nos enseñará en qué consisten los signos y cuáles son las leyes que los
gobiernan.
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El sistema de la lengua está compuesto por su unidad lingüística que, como mencionamos anteriormente,
es el signo lingüístico. Éste representa la unión de dos términos, es biplánico: el SIGNIFICADO (concepto)
y el SIGNIFICANTE (imagen acústica). Es necesario aclarar que el significante es una huella psíquica del
sonido, la representación que de él nos da el testimonio de nuestros sentidos. El signo lingüístico se puede
representar con el siguiente esquema:
Ambos planos, significado y significante, tienen un carácter no concreto, formal, esto es, no sustancial.
Saussure se niega a tomar a la lengua como una simple nomenclatura.
Para ciertas personas la lengua es una nomenclatura, es decir, una lista de términos. Esta concepción es
criticable por muchos conceptos. Supone ideas completamente preexistentes a las palabras, hace suponer
que el vínculo entre un nombre y una cosa es una operación simple, lo cual está lejos de ser verdad.
★ Primero porque no nos dice cuál es la naturaleza de esas unidades, esto es, si se trata de sonidos o si
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se trata de ideas.
★ Segundo porque supone que las ideas -los conceptos, los significados- son preexistentes a la
constitución de esas unidades.
★ Tercero, porque esas unidades y, por ende, el sistema de la lengua, está compuesto por ideas y
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sonidos. En este punto la preocupación saussureana no es otra que la misma preocupación que constituyó
y constituye aún hoy uno de los eternos problemas de cualquier teoría lingüística: encontrar la conexión
entre un sonido y un significado.
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★ Cuarto, porque la preocupación saussureana está centrada en determinar el mecanismo de
funcionamiento de la lengua como sistema independiente de la referencia. Aquí, Saussure dice: “lo que el
signo lingüístico une no es una cosa y un nombre, sino un concepto y una imagen acústica”.
Para Saussure la lengua no es una nomenclatura, lo que el signo lingüístico une no es una cosa y un
LA
nombre sino un concepto y una imagen acústica (la imagen acústica no es el sonido material, puramente
físico, sino su huella psíquica), la lengua no expresa ideas dadas de antemano.
La lengua es comparable a una hoja de papel: el pensamiento es el anverso y el sonido el reverso, no se
puede cortar el anverso sin cortar al mismo tiempo el reverso; igualmente, en la lengua no podría aislarse
FI
Signo lingüístico
Es una entidad psíquica de dos caras (concepto e imagen acústica), estos elementos están unidos y se
reclaman recíprocamente. Llamamos signo a la combinación de un concepto con una imagen acústica,
pero en el uso corriente, el término signo designa generalmente solo a la imagen acústica, una palabra.
Concepto Significado
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Imagen acústica Significante
Arbitrariedad
El signo lingüístico posee dos caracteres primordiales, el primer principio es el de arbitrariedad, es decir, el
lazo que une un significado con un significante es arbitrario.
Antes de la constitución del signo tenemos una masa indiscriminada de fonías unida a una masa
indiscriminada de ideas. Todas las lenguas están compuestas de una materialidad o sustancialidad fónica
y significacional. La lengua trabaja de intermediaria entre esas dos masas amorfas, delimitando,
segmentando, clasificando unidades, es decir, signos.
Las distintas lenguas actúan como máquinas que recortan y clasifican los dos planos sobre los que se
constituyen y esos "cortes" producen como resultado los significados de los signos lingüísticos y los
significantes. Ambos se organizan mediante un sistema de oposiciones recíprocas.
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-Cuando hablamos pronunciamos un sinnúmero de sonidos, los sonidos que percibimos como diferentes
son aquellos que conllevan significados diferentes, los que permiten diferenciar significados. Por ejemplo,
lo que permite diferenciar el sonido /p/ del sonido /r/ es el hecho de que "pata" no es "rata"; /p/ y /r/ son
fonemas diferentes del español porque permiten identificar como distintos "pata" de "rata".
El lazo entre significado y significante es radicalmente arbitrario en tanto vincula dos entidades igualmente
obtenidas gracias a un corte arbitrario en la sustancia acústica y en la sustancia significacional. La
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arbitrariedad debe entenderse, entonces, en dos sentidos, por un lado, expresa la falta de razones
naturales, lógicas para determinar las raíces de la sustancia acústica y de la sustancia semántica y, por el
otro lado, significa que las distinciones de la lengua son "independientes" de las características intrínsecas
DD
de la sustancia semántica y de la sustancia acústica en la que se introducen esas distinciones.
El significante por ser de naturaleza auditiva representa una extensión mensurable en una sola dimensión,
es una línea. La disposición de fonemas en un signo se organizan sucesivamente y también se desarticula
LA
en sucesión. La linealidad del significante también resulta fundamental para distinguir el signo lingüístico
de otros tipos de signos. Por oposición a los significantes visuales (las luces del semáforo, las señales
marítimas, etc.), los significantes lingüísticos disponen solamente de la línea del tiempo, sus elementos se
presentan uno tras otro formando una cadena. La escritura (representación de la lengua) confirma esta
FI
idea porque también tiene un carácter lineal que es consecuencia directa de la linealidad del significante.
Según Saussure, la escritura hace que la sucesión espacial de los signos gráficos sustituye y represente la
sucesión en el tiempo.
La mutabilidad e inmutabilidad del signo son consecuencia del carácter arbitrario del mismo.
El signo lingüístico es inmutable porque los hablantes de la comunidad no lo eligen ni pueden cambiarlo
o reemplazarlo por otro. La masa hablante está atada a la lengua tal cual es y por eso el signo está fuera
del alcance de la voluntad de los hablantes: nadie puede intervenir en la lengua, toda sociedad conoce su
lengua como un producto heredado de generaciones anteriores. Esta inmutabilidad del signo es
consecuencia de cuatro factores, entre los que se destaca el principio de lo arbitrario.
1. El carácter arbitrario del signo determina que el signo sea también inmutable. Las sociedades cambian
las formas de vestir, las leyes y los regímenes de producción, y en ocasiones tienen que hacer valer las
razones de esos cambios. Por el contrario, las sociedades no pueden (ni necesitan) imponer cambios en
un sistema de signos arbitrarios.
2. Los signos lingüísticos de una lengua representan un número sin dudas muy alto y cualquier cambio
general supondría una tarea innecesaria y muy costosa porque exigiría demasiado esfuerzo.
3. La lengua constituye un sistema muy complejo que todos los hablantes manejan, sean o no conscientes
de ella.
4. Todos los individuos de la comunidad se sirven de la lengua y esto ocasiona una previsible resistencia
colectiva a toda innovación lingüística. Si los signos se cambiaran continuamente no habría forma de que
la comunidad se sirviese de ella.
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Mutabilidad del signo
Para Saussure, el tiempo tiene dos efectos contradictorios o complementarios en la estructura de la lengua
porque, al mismo tiempo, asegura la continuidad de la lengua a través de las sucesivas generaciones y
altera la estructura del sistema porque hace que los signos lingüísticos se modifiquen.
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Es un hecho probado que las lenguas (los signos que las constituyen) cambian conforme pasa el tiempo.
El tiempo altera todas las cosas y no hay razón para que la lengua escape a esta verdad universal.
DD
Cap. III. Dicotomía sincronía y diacronía (Lingüística estática y evolutiva) Saussure, F.
La noción de Lengua (y su oposición al habla) fue el primer paso que dio Saussure para convertir a la
Lingüística en una ciencia. Se postuló, entonces, la lengua como sistema, reconocida como el objeto de
estudio de la Lingüística y el habla como la realización de la lengua.
LA
También nos encontramos ante la noción de valor, sistema de equivalencia entre cosas de órdenes
diferentes, en este caso entre significado y significante.
FI
La lengua es un sistema de valores puros que no determina nada fuera del estado momentáneo de sus
términos. Mientras un valor tenga por un lado la raíz en las cosas y sus relaciones naturales (por ejemplo,
un campo que vale en proporción a lo que produce) se puede seguirlo en el tiempo hasta cierto punto,
aunque sin olvidar que cada momento depende de un sistema de valores contemporáneos.
En la lingüística los datos naturales no tienen un lugar y cuanto más complejo y rigurosamente organizado
sea un sistema de valores más necesario es estudiarlo sucesivamente por sus dos ejes (simultaneidad,
relaciones entre cosas coexistentes excluyendo la intervención del tiempo y sucesión, donde se considera
una cosa a la vez, pero donde están situadas las cosas del primer eje con sus cambios).
A raíz de la multiplicidad de signos que nos prohíbe estudiar simultáneamente sus relaciones en el tiempo
y en el sistema y de todo lo anteriormente nombrado, distinguimos dos lingüísticas:
- Lingüística sincrónica o estática: se relaciona con la lengua, se ocupa de las relaciones lógicas y
psicológicas que unen términos coexistentes y que forman sistemas. Esta última es una
característica que la diferencia de la lingüística diacrónica. En resumen, la lingüística sincrónica o
estática propone estudiar la lengua sin tiempo, sin evolución, como un hecho estable. No estudia
los cambios históricos que hacen a la lengua, lo estudia en un momento determinado sin
considerar factores históricos.
Texto: La lingüística sincrónica se ocupará de las relaciones lógicas y psicológicas que unen
términos coexistentes y que forman un sistema, tal como aparece en la conciencia colectiva.
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sufriendo deterioros, y los cambios siempre se van a dar por el habla. Lo diacrónico es el signo, el
signo es lo que evoluciona, pero si evoluciona es por el habla, y como el habla no es su objeto de
estudio no lo va a estudiar.
Texto: La lingüística diacrónica estudiará las relaciones que unen términos sucesivos no percibidos
por una misma conciencia colectiva, y que se reemplazan unos a otros sin formar un sistema entre
sí.
.C Valor lingüístico
Una cosa es considerar a un signo aisladamente, como la unión de un significante y un significado, y otra
cosa muy distinta es considerarlo en su relación con los otros signos que forman parte del sistema de la
lengua. Por ejemplo: Padre corresponde a la imagen acústica P-A-D-R-E, en cambio sí lo consideramos
por su valor, lo podríamos oponer a madre, hermano, tío, ya que “padre” no es lo que es “madre”.
LA
El valor de una unidad lingüística está determinado, limitado, precisado por el de las otras entidades del
sistema: tibio, lo que no es frío ni caliente; padre, lo que no es madre, abuelo, hijo, etc. El valor emana del
sistema e implica la presencia concreta del sistema en cada uno de sus elementos.
FI
Es por esto que en Saussure el valor, y consecuentemente la arbitrariedad, deben entenderse en forma
desdoblada, y esto es por el hecho de que justamente, el signo involucra dos aspectos, un aspecto
acústico y un aspecto significacional.
Cuando se dice que los valores corresponden a conceptos, se sobreentiende que son puramente
diferenciales, definidos no positivamente por su contenido, sino negativamente por sus relaciones con los
otros términos del sistema. Su más exacta característica es la de ser lo que los otros no son.
Debido a que la lengua es un sistema en donde todos los términos son solidarios y el valor de cada uno
resulta de la presencia simultánea de otros.
Los valores están siempre constituidos por:
➢ Por una cosa desemejante susceptible de ser trocada por otra cuyo valor está por determinar
➢ Por cosas similares que se pueden comparar con aquellas cuyo valor se está por ver.
Estos dos factores son necesarios para la existencia de un valor. Dentro de la lengua todas las palabras
que expresan ideas similares se limitan entre sí (temer, tener miedo). El valor de todo término está
determinado por lo que lo rodea.
El valor emana del sistema, cuando se dice que los valores corresponden a conceptos se sobreentiende
que son diferenciales, definidos NO positivamente por su contenido, sino negativamente por sus
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relaciones con otros términos del sistema. *SON LO QUE OTROS NO SON*.
Lo que importa de la palabra no es el sonido por sí mismo, sino las diferencias fónicas que permiten
.C
distinguir una palabra de las demás.
Es imposible que el sonido (elemento material) pertenezca por sí mismo a la lengua. El significante
DD
lingüístico en su esencia no es fónico es incorpóreo, constituido no por su sustancia material sino por las
diferencias que separan su imagen acústica de todas las demás. Los fonemas no se caracterizan por su
cualidad propia y positiva sino por el hecho de que no se confunden unos con otros, son ante todo
entidades opositivas, relativas y negativas.
● Los signos de la escritura son arbitrarios, ninguna conexión, hay por ejemplo, entre la letra T y el sonido
que designa.
● El valor de las letras es puramente negativo y diferencial, una letra se puede escribir de diferentes
FI
maneras.
● Los valores de la escritura funcionan por su oposición recíproca en el seno de un sistema definido,
compuesto de un determinado número de letras.
● El medio de producción del signo es totalmente indiferente, porque no interesa al sistema. Por ejemplo,
escribimos las letras en cualquier color o con diferentes materiales.
En la lengua no hay más que diferencias sin términos positivos. No implica ni ideas ni sonidos que
preexisten al sistema lingüístico, sólo diferencias conceptuales y fónicas nacidas de ese sistema. El valor
de un término puede modificarse sin tocar su sentido ni sus sonidos, sólo por el hecho de que tal otro
término vecino ha sufrido una modificación.
Pero, si se considera el signo en su totalidad, nos encontramos en presencia de una cosa positiva en su
orden. Un sistema lingüístico es una serie de diferencias de sonidos combinadas con una serie de
diferencias de ideas; este enfrentamiento engendra un sistema de valores que constituye el vínculo
efectivo entre los elementos fónicos y psíquicos en cada signo.
Hay casos en los que la alteración del significante conduce a la alteración de la idea y donde se ve que la
suma de las ideas distinguidas corresponde a la suma de los signos distintivos. Cuando se confunde un
término por una alteración fónica, se confunde también su idea. Y a la inversa, toda diferencia de ideas
percibida tiene que expresarse por significantes distintos, dos ideas que no se distinguen se confunden en
el mismo significante.
Si comparamos los signos no se puede hablar de diferencia, pero si hablamos del significante (‘madre’
‘padre’) y del significado (el concepto de ‘madre’ padre’) sí se pueden comparar. Entre los signos no hay
más que oposición. Lo que es cierto en el valor también lo es en la unidad. Es un fragmento de la cadena
hablada que corresponde a un concepto, son puramente diferenciales. Los caracteres de la unidad se
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confunden con la unidad misma. En la lengua, lo que distingue a un signo es todo lo que lo constituye.
Lo que se denomina como ‘hecho de gramática’ expresa una oposición de términos que resulta
significativa. Los términos que se presentan en el hecho gramatical están constituidos por un juego de
oposiciones en el seno del sistema. Unidad y hecho de gramática son nombres diferentes para designar
aspectos diversos de un mismo hecho general: el juego de las oposiciones lingüísticas. No se confundirían
si los signos lingüísticos estuvieran constituidos por otra cosa que no sea diferencias. Pero por ser la
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lengua, no se encontrará en ella nada simple, sólo un equilibrio complejo de términos que se condicionan
recíprocamente. La lengua es forma y no sustancia. Todas nuestras formas incorrectas de designar las
cosas de la lengua provienen de la suposición involuntaria de que hay una sustancia en el fenómeno
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lingüístico.
Las relaciones y diferencias entre términos se despliegan en dos esferas distintas, cada una generadora
de un orden de valores: la oposición entre esos órdenes nos hace comprender mejor la naturaleza de cada
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uno. De un lago las palabras contraen entre sí relaciones fundadas en el carácter lineal de la lengua, que
excluye la posibilidad de pronunciar dos elementos a la vez. Se alinean uno tras otro en el habla. Estas
combinaciones se llaman sintagmas. Se componen siempre de dos o más unidades consecutivas. Ej.: si
hace buen tiempo, saldremos. Un término adquiere su valor porque se opone al que le precede o le sigue
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en un sintagma.
Por otra parte, las palabras que ofrecen algo en común se asocian en la memoria y se forman grupos,
todas tienen algo en común. Su sede está en el cerebro. Se llaman relaciones asociativas.
La conexión sintagmática se apoya en dos o más términos. La conexión asociativa une términos en una
Relaciones sintagmáticas
No basta considerar la relación que une las diversas partes de un sintagma, hace falta tener en cuenta la
relación que enlaza la totalidad con sus partes. La oración es el tipo de sintagma por excelencia. Pero
pertenece al habla, no a la lengua. Lo propio del habla es la libertad de combinaciones.
Hay un gran número de expresiones que pertenecen a la lengua (frases hechas), no se les cambia nada,
aunque reflexionemos que las partes tienen diferentes partes significativas. Ej.: buen día. La tradición los
suministra. También hay palabras que se caracterizan por una anomalía morfológica mantenida por la
fuerza del uso. Hay que atribuir a la lengua todos los tipos de sintagmas constituidos sobre formas
regulares. Como no hay nada de abstracto en la lengua, sólo existen cuando ha registrado un número
suficiente de sus especímenes.
Cuando una palabra como ‘indemorable’ surge en el habla supone un tipo determinado que es posible por
el recuerdo de palabras similares (intolerable). Lo mismo pasa con las oraciones o grupos de palabras
establecidas sobre los patrones regulares. No se puede combinar ‘la tierra gira, ¿qué te ha dicho?’
En el dominio del sintagma no hay límite señalado entre hecho de la lengua, uso colectivo, hecho del
habla, etc.
Relaciones asociativas
Los grupos formados por asociación mental no se limitan a relacionar los dominios que presentan algo en
común, crean tantas series asociativas como relaciones diversas haya. Ej.: enseñanza, enseñar,
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enseñemos, hay un elemento común en todos los términos, pero la palabra ‘enseñanza’ se puede hallar
implicada en una serie basada en otro elemento en común (enseñanza, esperanza, tardanza). La
asociación puede basarse en los significados (enseñanza, aprendizaje, educación). Una palabra
cualquiera puede evocar todo lo que sea susceptible de estar asociado. Los términos de un grupo
asociativo no se presentan ni en número definido ni en orden determinado; sin embargo, solo el primero de
estos caracteres se cumple sin excepción. Ej.: dominio, dominar, dominado. Es un grupo asociativo pero la
serie no es indefinida como caluroso, temeroso, etc. El número de casos ‘domi’ es determinado. Su
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sucesión tampoco está ordenada, los gramáticos la agruparon arbitrariamente.
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*RUPTURA SAUSSUREANA*La novedad del punto de vista Saussureano fue adquirir conciencia de que
el lenguaje en sí mismo no incluye ninguna dimensión histórica, que es sincronía y estructura y que
funciona en virtud de su naturaleza simbólica. El tiempo no es el factor de la evolución, es simplemente un
“marco”. La razón del cambio que afecta a un elemento de la lengua está por un lado en la naturaleza de
los elementos que la componen en un momento dado y por otro en las relaciones de estructura que hay
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Respecto del método de estudio que elige, a partir de dos análisis posibles propios de las ciencias que
operan con valores (sincrónico o diacrónico), se inclina, en los capítulos del C.L.G que seleccionamos, por
el análisis sincrónico (sincronía). Su objetivo es describir las generalidades que pueden observarse en
todas las lenguas existentes.
Consecuencia de las definiciones de signo y de lengua, surgen otros dos conceptos esenciales por los
alcances que los mismos tienen dentro de la teoría. El primero de ellos es el de arbitrariedad. La
arbitrariedad es la relación que vincula el significado con el significante (constituyentes del signo
lingüístico); el significado está ligado a un determinado significante sin ningún fundamento que lo
determine. La lengua opera sobre las masas amorfas de pensamiento y de sonido e inscribe sus cortes
que articulan segmentos de ambos planos, determinando así los signos lingüísticos. En esta operación
muestra el carácter “formal” de la lengua, es decir, es un claro ejemplo de que la lengua es forma y no
sustancia.
Finalmente, como consecuencia de los cortes realizados por la lengua, la disposición de los signos en un
sistema genera el establecimiento de una relación entre los mismos. Ningún signo existe aislado,
configurando en sí mismo un sistema. En las definiciones de lengua que se plantean en el C.L.G., el signo
siempre es presentado como parte constituyente de un sistema. El “lugar” que ese signo tiene en el
sistema está determinado por la presencia de otros signos (oposición), por las conexiones que tiene con
otros signos (relación), por el o los rasgos que lo hacen diferente al resto de los signos (diferencia) y lo que
ese signo “es” se define por aquello que no “son” el resto de los signos (negatividad). En conclusión, el
signo se define por su valor, y este valor surge de las características previamente enunciadas. El concepto
de valor es un concepto esencial dentro de la teoría ya que fundamenta la razón por la cual le lengua es
sólo forma, hecho que elimina cualquier elemento sustancial en la misma (desustancialización del objeto
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de estudio).
Los conceptos que conforman las dicotomías dentro del CLG pueden definirse como se expresa a
continuación:
Lengua: objeto de estudio de la Lingüística, definido como un “sistema de signos”, “un sistema de valores
puros”, “forma y no sustancia”.
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Habla: acto individual y voluntario por el cual se hace uso de la lengua.
Sincronía: estudio de fenómenos lingüísticos enmarcados en un lapso limitado de tiempo, sin considerar
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los antecedentes que operaron para la determinación del momento estudiado o las posibles
consecuencias que ese estado de lengua tendrá en una instancia posterior.
Diacronía: estudio de los fenómenos lingüísticos a lo largo del tiempo, relevando las causas y
consecuencias que distintos momentos tienen en aquellos que los anteceden o preceden.
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Significado: una de las partes constituyentes del signo lingüístico. Se puede definir como el concepto
construido acerca de las cosas.
Significante: imagen acústica que reside en el cerebro. Es el registro de los sonidos que queda asentado
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en nuestro cerebro.
Mutabilidad: fenómeno que surge como consecuencia de la arbitrariedad. La mutabilidad de los signos es
posible porque no hay una razón por la que determinado significado esté asociado a un significante y no a
otro. Este hecho permite desplazamientos en el significado y el significante que son producto de múltiples
factores.
Inmutabilidad: fuerza de conservación que tiende a evitar los cambios en las lenguas. Los hablantes
resisten todos aquellos cambios que sean impuestos, solo aceptan aquellos que devienen como
consecuencia de factores externos (el tiempo, los cambios, entre otros).
La necesidad de deslindar cuál es el terreno sobre el que avanzará la Lingüística hace que esta dicotomía
se destaque. Determinar que la lengua es diferente del habla, describir exhaustivamente las características
de ambas, desarrollar las razones por las cuales la primera es el objeto de estudio de la Lingüística, son
argumentos suficientes para entender la trascendencia de la misma dentro de la organización del curso.
Por otra parte, la necesidad de especificar qué tipo de estudio (con qué criterio se abordará el objeto) se
llevará adelante hace que la sincronía/diacronía se constituya en la otra de las principales dicotomías. La
organización del curso se despliega anclándose.
Fundamentalmente en el hecho de que la lengua debe estudiarse sin hacer referencia al devenir.
Sincronía/diacronía visibilizan la necesidad de hacer una opción continua por uno de los criterios durante
toda la teoría y también la posibilidad de que exista, en paralelo, un estudio de un orden diferente que
requiere un enfoque diacrónico. Además, como consecuencia de estos conceptos se plantea una
Lingüística sincrónica y una Lingüística diacrónica.
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El punto de vista estructural se ve influenciado fuertemente por Saussure.
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desenvolvió durante los ‘60 y en gran medida caracteriza intelectualmente el período.
Los estructuralistas recogen de la teoría saussureana que la realidad lingüística sólo existe en el juego de
oposiciones y relaciones del sistema de la lengua constituida por elementos formales, articulados en
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combinaciones igualmente limitadas. Toman la proposición del CLG “es ante todo el sistema el que hay
que deslindar y describir” para discernir y desarrollar: el hecho de presuponer el sistema en el elemento. Si
se agregan a la noción de lengua como sistema los otros dos principios, de que la lengua es forma, no
sustancia, y de que las unidades de la lengua no pueden definirse sino por sus relaciones, se habrán
indicado los fundamentos de la doctrina.
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Los dos principios que toma el Estructuralismo es que la lengua es un sistema y que las unidades de ésta
no pueden definirse sino es por sus relaciones; con estos busca sacar a la luz la estructura de los sistemas
lingüísticos. El principio fundamental es que la lengua constituye un sistema cuyas partes están unidas por
una relación de solidaridad y dependencia; este sistema organiza unidades que se diferencian y delimitan
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mutuamente.
A partir de esta corriente, la lingüística comienza a ser una ciencia sistemática, formal y rigurosa en los
procedimientos, preocupada por formular el algoritmo del lenguaje. En ese marco, busca un método de
análisis que dé cuenta de los elementos y las combinaciones, y que sea capaz de deslindar
constantemente unidades; además el fenómeno dado se objetiviza empíricamente “su objeto se sitúa en
un nivel que escapa a la percepción sensible, pero esos objetos concebidos y no percibidos no son, sin
embargo, una ficción; son entidades deducidas o inducidas a partir de la experiencia”. Aparecen como
verdaderos esquemas verbales que permiten la conceptualización. El objeto esencial de esta perspectiva
es la estructura del sistema cuyo análisis debe dar cuenta de la manera más económica de las leyes de
combinación relacionales que definen el sistema como totalidad estructurada y como actividad
estructurante.
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Condito, Vanesa: “El estructuralismo en Lingüística” (Ficha)
La novedad del punto de vista saussureano fue adquirir conciencia de que el lenguaje en sí mismo no
incluye ninguna dimensión histórica, que es sincronía y estructura, y que no funciona sino en virtud de su
naturaleza simbólica. No es tanto la consideración histórica la que es por ello condenada, sino cierta
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Saussure quería decir que los que hablan del lenguaje y explican hechos lingüísticos no tienen una idea
cabal del objeto mismo que están analizando. Como Descartes, arrancó de una duda radical y advirtió que
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en el habla humana no hay un objeto definido que se preste para la observación y el análisis.
En la lingüística pre saussureana todo se remite a la acción del individuo: el lenguaje se reduce a la suma
de los actos individuales. Saussure logró establecer algo que difiere radicalmente de las investigaciones
tradicionales: una lingüística estructural, destinada a reemplazar, o por lo menos a completar la lingüística
puramente asociativa de entonces.
El análisis estructural de un campo fenoménico consiste en mostrar que existe un orden (el sistema) cuyo
principio explicativo se encuentra en la configuración subyacente (la estructura) que lo define en su
singularidad y su variabilidad. La aportación de Saussure ha consistido sobre todo en definir el estatuto de
sistema como totalidad, y el de la unidad como diferencia.
Entendemos por lingüística estructural un conjunto de investigaciones que descansan sobre la hipótesis de
que es científicamente legítimo describir el lenguaje como si fuera esencialmente una entidad autónoma
de dependencias internas o, en una palabra, una estructura. La lingüística estructural ve en las
dependencias, el verdadero objeto de la investigación científica.
La lingüística estructural estudia el lenguaje para detectar en él la parte esencial, que es, según la
hipótesis, una entidad autónoma de dependencias internas. Esta parte esencial del lenguaje es la lengua;
precisamente por esto la lengua constituye el objeto específico de nuestra disciplina, y el habla interesa
sólo porque entra en el lenguaje del que la lengua forma igualmente parte.
La lingüística quiere deshacerse de los apoyos que hallaba en marcos ya establecidos o disciplinas
vecinas. Rechaza toda visión a priori de la lengua para construir sus nociones directamente sobre el
objeto. Esa actitud debe acabar con la dependencia, consciente o no, de la lingüística con la historia, por
una parte, con la psicología, por otra. Si la ciencia del lenguaje tiene que elegir modelos, será en las
disciplinas matemáticas o deductivas que racionalizan por completo su objeto reduciéndolo a un conjunto
de propiedades objetivas provistas de definiciones constantes. Es decir, se tornará más y más formal, al
menos en el sentido en que el lenguaje consistirá en la totalidad de sus formas observables.
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La noción positivista del ‘hecho’ lingüístico es sustituida por la de ‘relación’. En lugar de considerar cada
elemento en sí y buscar la ‘causa’ en un estado más antiguo, se considera como parte de un conjunto
sincrónico; el atomismo deja sitio al estructuralismo.
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