CAPILLA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR
HORA SANTA
“LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS”
04-2023
GUÍA: La Iglesia celebra la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos del 18 al 25 de
enero de 2023 este año con el lema, «Haz el bien; busca la justicia» (cf. Is 1,17).
Son unos días de súplica a la Santísima Trinidad por nuestros hermanos separados; hemos de
buscar lo que nos une, pero no ceder en cuestiones de fe y moral.
Estas fechas fueron propuestas en 1908 por Paul Watson para cubrir el periodo entre la fiesta de
San Pedro y la de San Pablo. Son unos días de súplica a la Santísima Trinidad pidiendo el pleno
cumplimiento de las palabras del Señor en la Última Cena: “Padre Santo, guarda en tu nombre a
aquellos que me has dado, para que sean uno como nosotros” (Juan 17,11). La oración de Cristo
alcanza también a quienes nunca se han contado entre sus seguidores. Dice Jesús: Tengo otras
ovejas que no son de este redil, a ésas también es necesario que las traiga, y oirán mi voz y
formarán un solo rebaño con un solo pastor (Juan 10, 16).
GUÍA: Nos ponemos de rodillas para realizar en silencio de manera personal e interior nuestro
acto de adoración inicial. En el nombre del Padre, y el Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
CANTO
GUÍA: En los cielos y en la tierra sea para siempre alabado.
TODOS: El corazón amoroso de Jesús Sacramentado.
GUÍA: “Padre, que todos sean uno”.
TODOS: “Como Tú y Yo somos uno”.
GUÍA: Al iniciar este momento de oración por la unidad de todos los cristianos, preparemos
nuestro corazón para vivir con gran intimidad este encuentro con Jesús Eucaristía. Pidamos
perdón por nuestras faltas especialmente por aquellas que han provocado división, o han sido anti
testimonio de vida cristiana, las que han generado distanciamiento de la iglesia por nuestras
actitudes… apelando a la gran misericordia de Dios que siempre está dispuesto a recibir un
corazón sinceramente contrito pidamos perdón. Lo hacemos en un momento de silencio orante.
TODOS: Dios de misericordia que nos muestras tu generosidad al perdonar nuestros pecados, te
pedimos que podamos a nuestra vez otorgar el perdón a quienes nos han ofendido y lastimado,
danos entrañas de misericordia para que en tu reino se extienda tu amor misericordioso. Amén.
Mira, Señor Jesús que venimos a ti, no como quienes te han seguido, sino como quienes te han
traicionado, fieles que tantas veces hemos sido infieles, venimos a reconocer la relación
misteriosa entre nuestros pecados y tu pasión, nuestra obra y tu obra.
Venimos a golpearnos el pecho, a pedirte perdón, a invocar tu misericordia. Venimos porque
sabemos que tú puedes, que tú quieres perdonarnos, Porque tú has expiado por nosotros, porque
tú eres nuestra redención. Tú eres nuestra esperanza. Amén.
GUÍA: «Señor Jesús, Tú que, en vísperas de morir por nosotros, oraste para que tus discípulos
fueran perfectamente uno, como tú en tu Padre y tu Padre en ti, haznos sentir la infidelidad de
nuestra desunión. Danos la lealtad para reconocer y el coraje para rechazar lo que hay en
nosotros de indiferencia, desconfianza e incluso de muda hostilidad. Concédenos reencontrarnos
a todos en ti, para que, de nuestras almas y nuestros labios, ascienda incesantemente tu oración
por la unidad de todos, como tú lo quieres, por los medios que tú quieres. En ti que eres la caridad
perfecta, haznos encontrar el camino que conduce a la unidad, en obediencia a tu amor y a tu
verdad.
CANTO
GUÍA: Hoy nos reunimos ante Tí Jesús Sacramentado, pidiendo la fuerza y la luz del Espíritu
Santo para orar por la unidad de los cristianos.
PARTICIPANTE: Por todos los que te reconocemos como Hijo de Dios, pero que estamos
distanciados por diferencias disciplinares y doctrinales, dispersados en diferentes
denominaciones.
TODOS: Te ofrecemos esta hora Jesús Sacramentado, adorándote, y suplicándote derrames
sobre los cristianos el don de la unidad, porque reconocemos nuestra limitación para lograrlo y
estamos convencidos de que es un don tuyo, y que va más allá de discusiones doctrinales.
GUÍA: Roguemos todos juntos al Espíritu Santo:
TODOS: Te adoramos, Dios omnipotente, Hijo y Espíritu Santo, Padre, envíanos el Espíritu Santo
que Jesús nos ha prometido, Él nos guiará hacia la unidad, Él es el que nos da el carisma, que
hace las diferencias en la Iglesia, y también Él nos da la unidad. Envíanos el Espíritu Santo. Que
nos enseñe todo lo que Jesús nos ha enseñado, que nos dé la memoria de todo lo que Jesús ha
dicho.
Jesús, Señor, Tú has pedido para todos nosotros la gracia de la unidad, Señor, esta Iglesia que es
tuya, no es nuestra, la historia nos ha dividido, Jesús, ayúdanos a ir por el camino de la unidad o
por el camino de esta unidad reconciliada, Señor, Tú siempre has hecho todo lo que has
prometido, danos la unidad de todos los cristianos, Amén.
GUÍA: Aprended a hacer el bien….
PARTICIPANTE: Lectura del profeta Isaías 1,12-18
Aprended a hacer el bien, tomad decisiones justas, restableced al oprimido, haced justicia al
huérfano, defended la causa de la viuda.
PARTICIPANTE: Lectura de San Lucas 10,25-36
Le preguntó a Jesús: “¿Y quién es mi prójimo?”
GUÍA: Según Isaías, Dios quiere que Judá́ no solo practique la justicia, sino que abrace el
principio de hacer siempre el bien. Dios quiere que no solo cuidemos a los huérfanos y las viudas,
sino que obremos con justicia y busquemos el bien para ellos y para cualquier persona marginada
por la sociedad. La palabra hebrea para bien es yaw-tab’ y significa estar contento, alegre, ser
agradable, hacer el bien, hacer algo hermoso.
Ser cristiano significa ser discípulo. Todos los cristianos están bajo la Palabra de Dios,
aprendiendo juntos lo que es hacer el bien, y quienes son los necesitados de solidaridad. A
medida que la sociedad se vuelve más indiferente ante las necesidades de los demás, nosotros,
como hijos de Dios, debemos aprender a hacer nuestra la causa de nuestros hermanos y
hermanas oprimidos diciendo la verdad a los poderosos y, si es necesario, defendiéndolos para
que puedan vivir en paz y con justicia. ¡Haciendo esto siempre actuamos con justicia!
Nuestro empeño en erradicar el pecado del racismo para poder ser sanados requiere de nosotros
que estemos preparados y dispuestos para entrar en relación con nuestras hermanas y hermanos
cristianos.
PARTICIPANTE: Unidad de los cristianos
Un doctor de la ley le preguntó a Jesús: “¿Y quién es mi prójimo?” La respuesta de Jesús exige de
nosotros que miremos por encima de las divisiones por motivos religiosos, tribales o nacionalistas
para poder reconocer a nuestro prójimo necesitado. Los cristianos también deben ver más allá́ de
estas divisiones que existen dentro de la familia cristiana para reconocer y amar a nuestros
hermanos y hermanas en Cristo.
PARTICIPANTE: Desafío.
¿Quiénes son los marginados u oprimidos en tu sociedad? ¿Cómo podrían las iglesias caminar
juntas con estos hermanos y hermanas, responder a sus necesidades y hablar en su nombre?
TODOS: Señor, llamaste a tu pueblo de la esclavitud a la libertad, danos fuerza y coraje para salir
al encuentro de aquellos que están necesitados de justicia. Permítenos ver esta necesidad y
proporcionar ayuda, y, a través de tu Espíritu Santo, reúnenos en el único redil de Jesucristo,
nuestro Pastor. Amén.
CANTO
GUÍA: Cuando se hace justicia…
PARTICIPANTE: Lectura de la carta de San Pedro Pr 21,13-15
Cuando se cumple el derecho, el justo se alegra y los malhechores se echan a temblar.
PARTICIPANTE: Lectura de San Mateo 23,23-25
No se preocupan de lo más importante de la ley, que es la justicia, la misericordia y la fe.
GUÍA: Desde el principio, el Libro de Proverbios se propone dar a conocer la sabiduría y la
educación en “justicia, derecho y honradez” (1,3). A través de sus oráculos de sabiduría, la
llamada a actuar con justicia y a buscar la justicia es un estribillo constante que todos comparten y
afirman rigurosamente, siendo más agradable a Dios que cualquier sacrificio. En una sola frase,
que es una perla de sabiduría, el orador testifica que los justos se regocijan cuando se hace
justicia. Pero la justicia molesta quienes practican la iniquidad. Los cristianos, allende sus
separaciones, deben estar unidos en alegría cuando se hace justicia, y han de estar preparados
cuando la práctica de la justicia conlleve la oposición de los demás. Cuando hacemos lo que el
Señor nos pide y nos atrevemos a buscar la justicia, podemos encontrarnos insertos en un
torbellino de resistencia y oposición a cualquier intento de hacer las cosas bien en favor de los
más vulnerables que se encuentran entre nosotros.
Aquellos que se benefician de los sistemas y estructuras respaldadas por la idea de la supremacía
de los blancos y otras ideologías como el sistema de castas o el “patriarcado”, pondrán
impedimentos a la justicia, incluso ejerciendo la violencia. Pero buscar la justicia es golpear el
corazón de los poderosos, abriendo espacio para la recta y estable sabiduría de Dios en un
mundo que se muestra con frecuencia impasible ante el sufrimiento. Aun así, hay alegría cuando
se actúa con justicia. Hay gozo cuando se afirma que “la vida de los negros importa” y se persigue
que se haga justicia con aquellos que son oprimidos, sometidos y explotados, que son los
preferidos de Dios.
Hay alegría en la búsqueda de la reconciliación con otros cristianos, pues de esa manera
podemos servir mejor a la proclamación del reino. Dejemos que esa alegría se manifieste a través
de nuestras experiencias compartidas de la presencia de Dios en comunidad, en aquellos
espacios conocidos y desconocidos donde descubrimos a Dios caminando con nosotros hacia la
salvación, la reconciliación y la unidad en Cristo.
PARTICIPANTE: Los líderes religiosos a los que Jesús se dirige en el pasaje del Evangelio se
han acostumbrado y se han acomodado a las injusticias del mundo. Se sienten a gusto
cumpliendo los preceptos religiosos del diezmo de la menta, el eneldo y el comino, pero descuidan
las exigencias más importantes y más desestabilizadoras de la justicia, la misericordia y la
fidelidad. Del mismo modo, los cristianos nos hemos acostumbrado y acomodado a las divisiones
que se dan entre nosotros. Somos fieles, en gran parte, a la observancia de los preceptos
religiosos, pero descuidamos el desafiante deseo del Señor de que todos sus discípulos sean uno.
PARTICIPANTE: Desafío
¿Cómo pueden las congregaciones locales apoyarse mutuamente para resistir la oposición que
puede derivarse de obrar con justicia?
TODOS: Dios, tú eres la fuente de nuestra sabiduría. Te pedimos sabiduría y coraje para obrar
con justicia y para enderezar aquello que está errado en nuestro mundo; te pedimos sabiduría y
coraje para crecer en la unidad de tu Hijo, Jesucristo, que contigo y el Espíritu Santo, reina por los
siglos de los siglos. Amén.
CANTO
GUÍA: Lo que hicisteis con uno de estos mis pequeños… a mí me lo hicisteis…
PARTICIPANTE: Lectura del profeta Ezequiel 34,15-20
Buscaré a las ovejas perdidas y haré volver a las descarriadas; vendaré a las heridas y
robusteceré a las débiles.
PARTICIPANTE: Lectura de San Mateo 25,31-40
Os aseguro que todo lo que hayáis hecho en favor del más pequeño de mis hermanos, a mí me lo
habéis hecho.
GUÍA: En el Evangelio de Mateo, se nos recuerda que no podemos separar nuestro amor a Dios
del amor a los demás. Amamos a Dios cuando alimentamos al hambriento, damos de beber al
sediento, acogemos al extranjero, vestimos al desnudo, cuidamos al enfermo y visitamos al
encarcelado. Cuando cuidamos y servimos al “más pequeño de mis hermanos”, estamos cuidando
y sirviendo a Cristo mismo.
Los años 2020 y 2021 hicieron visible el inmenso sufrimiento entre los miembros de la familia de
Dios. La pandemia mundial de Covid-19, junto con las disparidades económicas, educativas y
ambientales, nos impactó́ de tal manera que se necesitarán décadas para la recuperación. Expuso
el sufrimiento individual y colectivo en todo el mundo y unió́ a los cristianos en amor, empatía y
solidaridad. Mientras tanto, en Minnesota, el asesinato de George Floyd por el oficial de policía
Derek Chauvin puso de manifesto la continua injusticia racial. El grito de Floyd de “no puedo
respirar" también fue el grito de muchos que sufren bajo el peso de la pandemia y la opresión.
Dios nos llama a honrar la sacralidad y la dignidad de cada miembro de la familia de Dios. Cuidar,
servir y amar a los demás no muestra quiénes son ellos, sino quiénes somos nosotros. Como
cristianos, debemos estar unidos en nuestra responsabilidad de amar y cuidar a los demás, pues
nosotros mismos somos cuidados y amados por Dios. Al hacerlo, compartimos nuestra fe en las
obras al servicio del mundo.
PARTICIPANTE: El profeta Ezequiel describe a Dios, el Señor, como un pastor que cuida del
rebaño reuniendo a los que se han desviado y vendando a los heridos. La unidad es el deseo del
Padre para su pueblo y él continúa congregando en esta unidad, para que todos sean un mismo
rebaño
por la acción del Espíritu Santo. Por la oración nos abrimos para acoger al Espíritu que restaura la unidad
de todos los bautizados.
PARTICIPANTE: Desafío.
¿Cómo son invisibles los “más pequeños” para ti o tu iglesia? ¿Cómo pueden nuestras iglesias trabajar
juntas para cuidar y servir a “los más pequeños”?
TODOS: Dios de Amor, te damos gracias por tu infinito cuidado y amor hacia nosotros. Ayúdanos a cantar
cantos de redención.
Abre nuestros corazones para recibir tu amor y extiende tu compasión sobre toda la familia humana. Te lo
pedimos en el nombre de Jesús. Amén.
CANTO
GUÍA: La justicia restaura la comunión….
PARTICIPANTE: Lectura del Salmo 82,1-4
Haced justicia al huérfano y al pobre, defended al humilde y al necesitado.
PARTICIPANTE: Lectura de San Lucas 18,1-8
¿No hará́ Dios justicia a sus elegidos, que claman a Él día y noche?
GUÍA: El Libro de los Salmos es una compilación de oraciones, alabanzas, lamentaciones y enseñanzas de
Dios para nosotros. En el Salmo 82, Dios reclama una justicia que defienda los derechos humanos básicos,
propios de toda persona: libertad, seguridad, dignidad, salud, igualdad y amor. El Salmo también hace una
llamada a derogar los sistemas de disparidad y opresión, y corregir cualquier tipo de injusticia, corrupción o
explotación. Esta es la justicia que nosotros, como cristianos, estamos llamados a promover. Como
comunidad cristiana, hemos de unir nuestras voluntades y nuestras acciones a las de Dios, al tiempo que él
realiza su salvación en la creación. La división, incluida la que se da entre los cristianos, siempre tiene su
raíz en el pecado, y la redención, por el contrario, siempre restaura la comunión.
Dios nos llama a encarnar nuestra fe cristiana para actuar tomando conciencia de una verdad esencial: que
cada persona es valiosa, que las personas son más importantes que las cosas, y que la consideración de
cada estructura institucional en la sociedad está en función de si supone una amenaza para la dignidad de
las personas, o si, por el contrario, promueve su dignidad. Toda persona tiene el derecho y la
responsabilidad de participar en la sociedad, buscando juntos el bien común y el bienestar de todos,
especialmente de los humildes y los indigentes.
En Jesús y los desheredados, el Revdo. Dr. Howard Thurman, que fue consejero espiritual del Revdo. Dr.
Martin Luther King Jr. afirma que: “Debemos proclamar la verdad de que toda vida es una y que todos
estamos unidos. Por lo tanto, es obligatorio que trabajemos por una sociedad en la que la persona más
insignificante pueda encontrar refugio y descanso. Debéis poner vuestras vidas sobre el altar del cambio
social para que dondequiera que estéis, allí́ esté cerca el Reino de Dios”.
PARTICIPANTE: Jesús narra la parábola de la viuda y del juez injusto para enseñar al pueblo a “orar en
cualquier circunstancia, sin jamás desanimarse” (Lc 18,1). Jesús ha ganado una victoria decisiva sobre la
injusticia, el pecado y la división, y, como cristianos, nuestra tarea es acoger esta victoria, en primer lugar,
en nuestros propios corazones a través de la oración y, en segundo lugar, en nuestras vidas a través de la
acción. Que nunca nos desanimemos, sino que sigamos pidiendo en oración el don de la unidad de Dios y
que manifestemos esta unidad en nuestras vidas.
PARTICIPANTE: Desafío.
Como pueblo de Dios, ¿cómo deben comprometerse nuestras iglesias en la justicia que nos une amando y
sirviendo a toda la familia de Dios?
TODOS: Dios, Creador y Redentor de todas las cosas, ensénanos a mirarnos internamente para vivir
arraigados en tu Espíritu de amor, para que podamos salir con sabiduría y valentía optando siempre por el
camino del amor y la justicia. Te lo pedimos en el nombre de tu Hijo, Jesucristo, en la unidad del Espíritu
Santo. Amén.
CANTO
GUÍA: Es la división uno de los mayores males para el cristianismo, por eso suplicamos que:
TODOS: Por el don del Espíritu Santo, por su fuerza santificadora, la diversidad sea transformada en
riqueza y no en dispersión. Que las diferencias nos lleven a conocernos, comprendernos y amarnos tal y
como somos. Que nos esforcemos en poner ante todo el bien común de la Iglesia, por encima del bien
personal. Que seamos capaces de sacrificar aquello que divide y destruye. Que seamos abiertos al diálogo
y a la posibilidad de encontrar bondad en el que piensa distinto, en el no católico, incluso en el no cristiano.
Que podamos siempre reconciliarnos, para evitar dañar nuestro corazón y el de nuestros hermanos. Que
nunca el orgullo pueda más que la humildad. Que nunca la soberbia rompa la unidad. Que algún día demos
testimonio de ti, ante la humanidad para que el mundo crea, como tú lo has deseado. Amén.
GUÍA: Elevemos, hermanos, con fe nuestras suplicas a Dios, principio de unidad y de paz, pidámosle que
escuche las oraciones que todos los creyentes en Cristo le dirigimos por la unidad. Oremos diciendo:
TODOS: Padre, que todos seamos uno.
PARTICIPANTE: Para que el Señor, que ha enviado su Verbo al mundo para congregar en la unidad a sus
hijos dispersos, aleje de su Iglesia a todo fermento de discordia y división. Oremos.
PARTICIPANTE: Para que Dios, que creó al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza, destruya todas
las murallas que dividen separan a los hombres, los pueblos y las razas, oremos.
PARTICIPANTE: Para que aquellos hermanos nuestros que pertenecen a otras confesiones y sufren
cualquier tipo de menosprecio por causa de las diferencias de su propia fe, se sientan amados y acogidos
por nosotros, oremos.
PARTICIPANTE: Para que los cristianos de todas las confesiones consigamos la plena comunión en
Cristo, nuestro único Señor, oremos.
PARTICIPANTE: Para que Dios nos conceda fortalecer todo aquello que nos une y sobrepasar todo
aquello que nos separa, oremos.
PARTICIPANTE: Para que Dios se digne conceder a todos los que participan en las reuniones ecuménicas
su Espíritu de verdad y de caridad, oremos.
PARTICIPANTE: Para que toda la familia humana sea cada día con mayor intensidad lugar de convivencia
cordial y pacífica y para que todos los que sufren sean liberados de sus males, oremos.
PARTICIPANTE: Por los cristianos sometidos a la persecución o al desprecio en las naciones paganas,
para que, con sus oraciones, sufrimientos y el aislamiento que viven, oremos.
PARTICIPANTE: Por nosotros, para que el señor nos libere de juzgar o condenar a los hermanos de las
demás confesiones cristianas y nos haga crecer en el amor de los unos a los otros, oremos.
PARTICIPANTE: Para que el Señor nos conceda el gozo de ver crecer el amor mutuo entre las distintas
confesiones cristianas y nos reúna a todos, un día no lejano, en su única Iglesia, oremos
GUÍA: Escucha, Señor, nuestras súplicas y reúne en un solo rebaño a las ovejas de tu Hijo, para que el
mundo te reconozca a ti como único Dios verdadero, por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
CANTO Y RESERVA DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO.