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Lunario

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David De Mata
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Observar el cielo nos tranquiliza, nos relaja y nos conecta

con el mundo que nos rodea. Lo que ocurre sobre nuestras


cabezas influye inmensamente en la vida en la Tierra y marca
los ritmos de la naturaleza. Plantas y árboles dialogan con la
Luna y crecen en estrecha sintonía con sus movimientos.

Este Lunario te enseñará a comprender los ciclos naturales y


te revelará la conexión perpetua entre los cuerpos celestes y la
tierra, el agua y las plantas. Mitad guía por la bóveda celeste,
mitad calendario práctico para tus plantas, aquí encontrarás
información sobre los astros y las constelaciones y descubrirás
cómo dividir tus cultivos y los mejores momentos para
sembrar, podar o recolectar. Hasta una pequeña maceta,
con ayuda de la Luna, puede ayudarte a abandonar las
236mm

prisas, reconciliarte con el tiempo y ser el orgulloso dueño


de plantas sanas y felices.

Textos de Fosi Albandoz, diseño de Anna Blanco e ilustraciones de Gala Pont.

PVP 14,90€ 10305381

C_Lunario.indd 1 155mm 17mm 155mm 6/9/22 18:50


© por los textos, Alfonso Albandoz, 2022
© por las ilustraciones, Gala Pont, 2022
© por el diseño. Anna Blanco Cusó, 2022
Corrección de estilo a cargo de Ana Robla

© Editorial Planeta, S. A., 2022


temas de hoy, un sello editorial de Editorial Planeta, S. A.
Avda. Diagonal, 662-664, 08034 Barcelona (España)
[Link]

Primera edición: octubre de 2022


ISBN: 978-84-9998-938-9
Depósito legal: B. 14.589-2022
Composición: Anna Blanco Cusó
Impresión y encuadernación: Gómez Aparicio Grupo Gráfico
Printed in Spain - Impreso en España

El papel utilizado para la impresión de este libro


está calificado como papel ecológico y procede
de bosques gestionados de manera sostenible.

No se permite la reproducción total o parcial de este libro, ni su incorporación a un sistema


informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio, sea éste electrónico,
mecánico, por fotocopia, por grabación u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito
del editor. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra
la propiedad intelectual (Art. 270 y siguientes del Código Penal).
Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o
escanear algún fragmento de esta obra. Puede contactar con CEDRO a través de la web
[Link] o por teléfono en el 91 702 19 70 / 93 272 04 47.
1 � El cielo
página 9

2 � El Sol
página 15

3 � La Luna
página 31

4 � La Luna y las plantas


página 41

5 � El ABC del horticultor


página 53

6 � El momento adecuado
página 69

7 � Pensar el huerto
página 77

8 � El calendario
página 83

9 � Más allá de las plantas


página 135
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El cielo
�9�
Observar el cielo nos tranquiliza, nos relaja
y nos conecta con el mundo que nos rodea.
No es de extrañar: el ser humano lleva miles
de años recurriendo a él para entender
el universo en el que vivimos y sabe que,
estudiado con atención, se convierte en una
fuente inmensa de conocimiento. Todo lo
que ocurre sobre nuestras cabezas influye
en la vida en la Tierra: las estaciones, el día
y la noche, las fases lunares… Quien sabe
leer el cielo aprende a comprender los ciclos
naturales y a identificar los momentos en los
que las plantas necesitan cada cuidado.

� 10 �
OS SOLARE
L S
C
CI
LOS

El Sol es lo primero que vemos al levantar la vista


durante el día. Es imposible negar la importancia
de la estrella que marca las horas de luz y oscuridad,
cuándo trabajamos y cuándo dormimos, cuándo
nos levantamos cada día y cuándo llega el momento
del descanso. Hace mucho tiempo, las primeras
personas en habitar la Tierra ya miraban al cielo
para saber en qué fecha estaban. Entender la
periodicidad del Sol y su efecto en los ciclos de la
naturaleza fue fundamental para el ser humano
porque no solo le permitió anticipar la llegada del
frío o las sequías; también le otorgó la capacidad de
prever el momento más conveniente para plantar
y recolectar y las mejores fechas para la caza.

Cuando la humanidad comprendió que el Sol era la estrella


más importante para nuestro planeta pudo identificar los ci-
clos solares, en los que, paradójicamente, no es el Sol el que se
desplaza, sino la Tierra. Cuando se mueve alrededor del Sol,
sigue un movimiento de traslación, y cuando lo hace sobre sí
misma, de rotación.

Mucho antes de los calendarios que ahora conocemos, nuestros


antepasados empezaron a marcar estos ciclos solares ayudados
de grandes piedras, que alineaban marcando los lugares por
donde salía el Sol en los solsticios. Estos «crómlech» son una de
las primeras pruebas del interés del ser humano en desentrañar
el cielo, y sus ruinas, como las de Stonehenge, nos hablan de
personas que, como nosotros, sabían que el cielo escondía un
conocimiento casi infinito.

� 11 �
ES LUNAR
ES
F AS
S
LA

También la Luna ha sido observada


para fechar. Sus ciclos de iluminación
han proporcionado medidas de tiempo
a las personas desde hace miles de años
y siguen presentes en nuestro calendario
actual, el gregoriano, a través de los
meses del año y su división en semanas.

Observar las grandes masas de agua del planeta es la forma más


directa que tenemos de confirmar la influencia de la Luna a
nuestro alrededor. Tras el paso de la Luna por su punto diario
más elevado, el mar también se eleva, provocando la marea alta.
Poco a poco, el agua va descendiendo hasta darse la marea baja,
y ambos extremos se intercalan infinidad de veces creando el
ciclo de las mareas, directamente ligado con las fases lunares.

Los ciclos de luz de la Luna, que van de una luna nueva hasta
la siguiente, se repiten con exacta periodicidad cada 29 días y
medio. Ya en la antigua Mesopotamia, hace 5 000 años, la vida se
regía por un calendario lunisolar de doce meses de esta longitud.
Al término del año, habrían hecho falta once días más para com-
pletar el año solar, lo que hacía que se fueran desincronizando a
lo largo del tiempo. Para arreglarlo, se veían obligados a incluir
un mes extra en unos años determinados.

� 12 �
TELACION
S E
N

S
CO
LAS

Cuando miramos al cielo de noche, toda


la bóveda celeste está repleta de estrellas.
Puede que la contaminación lumínica de las
ciudades las oculte y nos prive de su visión
cada anochecer, pero miles de estrellas ahí fuera
aparecen cada noche brillando en el cielo en
cuanto el Sol se esconde en el horizonte.

Hay tantas estrellas que, sin un mínimo orden impuesto, nos


resultaría dificilísimo distinguir unas de otras. Por eso las agru-
pamos en constelaciones, agrupaciones que se forman al trazar
líneas imaginarias entre varias de ellas que nos ayudan a saber
qué estamos mirando. Si queremos ver la Luna o cualquiera de
los planetas, solo los podremos encontrar en una franja de cons-
telaciones que se extiende de este a oeste. Es la franja del zodiaco.

� 13 �

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