Elementos Del Lenguaje Cinematogrfico El Relato
Elementos Del Lenguaje Cinematogrfico El Relato
cinematográfico.
El relato cinematográfico.
Las dimensiones del relato. El narrador: voz narrativa y punto de vista (la focalización). ..... 32
Orden................................................................................................................................... 37
Duración. ............................................................................................................................. 38
Frecuencia. .......................................................................................................................... 40
Bibliografía............................................................................................................. 41
Videografía............................................................................................................. 41
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Elementos del lenguaje cinematográfico
Saber ver cine no es solamente descifrar lo que hay dentro de las imágenes o reconocer la
realidad en ellas representada. En cuanto lenguaje, el cine emplea modos complejos para
proporcionar tanto las significaciones inmediatas (denotación) como las remotas, sugerentes
(connotación), para hacer que las imágenes bidimensionales en movimiento adquieran la
densidad de la ficción, para, en fin, hacer que el espectador participe de un mundo verosímil.
En este tema se exponen los elementos y procedimientos habituales, bien entendidos que han
sido empleados con resultados diversos y hasta opuestos y, por tanto, no existe una gramática
establecida con significaciones precisas para cada uno.
a) el espacio real elegido para hacer la grabación, que puede ser natural o de plato, contener
elementos naturales o artificiales, estar iluminado con luz natural o artificial, etc.;
b) los objetos elegidos para figurar y su disposición en ese espacio;
c) los actores y su ubicación concreta en ese espacio; el vestuario y el maquillaje que
emplean, los movimientos o la acción que desarrollan; y, eventual mente,
d) los efectos especiales, tales como lluvia, humo, explosiones... preparados en el rodaje.
El espacio natural (exterior o interior) elegido -la localización- se prepara para el rodaje
pintando, modificando, añadiendo o suprimiendo algunos elementos, como señales de tráfico,
carteles publicitarios, plantas..., lo que tiene más relevancia en las películas de época. Los
interiores (viviendas, cafeterías, oficinas...) se amueblan para la ocasión y a veces hay una
transformación radical, porque tienen una significación fílmica distinta a la real. También es
preciso iluminarlos de acuerdo con su naturaleza, la hora del día o la estación del año en que
transcurra la acción. El resultado de esas elecciones e intervenciones es un decorado que
deviene espacio dramático, es decir, que expresa el mundo exterior e interior de los
personajes o que cobra una significación dentro de cada secuencia y del conjunto del relato
cinematográfico.
a) realistas;
b) cualificantes, ordenadores, simbólicos e interiores;
c) reguladores de los vínculos entre las funciones narrativas; d) íntimos, personales, sociales y
públicos;
[3]
d) intelectuales, morales, políticos e ideológicos;
e) mágicos;
f) homogéneos y sintéticos;
g) referenciales y culturales;
h) imaginarios.
En el caso de algunos directores, como Fellini, por ejemplo, el espacio dramático resulta un
elemento fundamental que revela el mundo propio del cineasta.
a) caracterizan una época y un lugar reconocibles y, por tanto, otorgan verosimilitud al filme;
b) informan sobre los personajes, su profesión, cultura, modo de vida, etc.;
c) sitúan la película dentro de un género, particularmente en casos como la ciencia-ficción, el
western, el de terror o el fantástico;
d) en colaboración con la cámara proporcionan un talante visual y un clima determinado al
filme;
e) pueden estar muy presentes y cobrar protagonismo e interactuar con los personajes o, por
el contrario, ser un mero marco donde éstos se sitúan; y
f) pueden alcanzar valor de símbolo en determinadas secuencias y películas.
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a) el rodaje tiene un ritmo dislocado por la naturaleza de cada plano e interrupciones de todo
tipo;
b) se ruedan planos y secuencias en desorden respecto al argumento, lo que exige del actor
cambiar radicalmente su situación en poco tiempo;
c) no se trata de una actuación en vivo, sino que existe una mediación decisiva de la
iluminación, encuadre, ángulo, movimientos de cámara, objetivos, sensibilidad de película,
etc.;
d) incluso con la repetición de tomas, la interpretación es única y no puede corregirse,
aunque la grabación permite que el actor se contemple a sí mismo y juzgue su propio
trabajo;
e) no hay público que ayude con sus reacciones; y
f) la cámara, los aparatos de iluminación o las marcas para los movimientos... no ayudan a
ponerse en situación.
Como se sabe, la interpretación teatral descansa sobre la voz y el diálogo, mientras en el cine
intervienen más elementos; quizá lo decisivo sea la existencia del primer plano, inexistente en
el teatro, que exige una gestualidad muy matizada.
Hay escuelas de arte dramático que hacen hincapié en la vivencia interior del actor para
componer al personaje (Stanislawski, Actor's Studio), mientras otros directores de actores
buscan la naturalidad o espontaneidad a partir de unas breves indicaciones o, por el contrario,
exigen una precisión de cada entonación y de cada gesto que sólo se logra tras muchos
ensayos. Del mismo modo, hay actores versátiles, capaces de encarnar a personajes muy
distintos, incluso con características opuestas, y actores con un registro limitado, que siempre
son elegidos para papeles muy parecidos (Bette Davis, Jean Gabin); ello suele coincidir con
actores que subordinan su personalidad al personaje (Dustin Hoffman), mientras otros son
ellos mismos a lo largo de muchos personajes (Humphrey Bogart, John Wayne). También se
puede distinguir entre actores que basan su interpretación en la presencia y apenas actúan
(Robert Mitchum) y actores que se muestran muy distintos en cada secuencia.
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cinematógrafo. La escala de un plano se define según el tamaño de los personajes dentro del
cuadro, por ello se habla de mayor o menor tamaño del plano. Desde el punto de vista
narrativo, y teniendo en cuenta que, en principio, un plano ha de durar en pantalla el tiempo
necesario para que el espectador reciba la información que contiene, el tamaño del plano es
directamente proporcional a su duración. Aunque hay infinidad de posibilidades, se suelen
considerar los siguientes tamaños:
b) Plano americano, cuando aparecen los personajes hasta las rodillas; llamado así por su uso
en el western, se emplea para el diálogo entre varios personajes o para mostrar con similar
jerarquía el escenario y el personaje.
c) Plano medio, si se fotografía la mitad superior del cuerpo humano entre la cintura y el
pecho; se usa ordinariamente para la presentación de un personaje o el diálogo entre dos
personajes.
d) Primer plano, es el encuadre de un rostro, tiene una gran fuerza dramática y se emplea
para expresar la interioridad del personaje, ya que permite que el actor la muestre con una
gestualidad delicada.
e) Primerísimo plano, o plano detalle, cuando recoge un fragmento del rostro o cualquier
detalle; su intensidad exige una duración breve y se elige para mostrar un aspecto
significativo -que pasaría desapercibido en un plano más amplio- o con valor de énfasis.
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Ejemplo de escala de planos [1]:
[7]
Ejemplo de escala de planos [2]
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Motivación narrativa del tamaño del plano
La decisión de emplear un tamaño de plano u otro la torna el realizador en función del efecto
dramático que pretenda conseguir dentro del discurso narrativo. Analicemos la escala de
planos mencionada desde este punto de vista:
• Gran plano general o vista general: En este plano predomina el medio ambiente; suele
permitir establecer una relación poco personal e imparcial entre el espectador v los
personajes, localiza espacialmente y puede aportar gran cantidad de datos que sitúen la
acción. Se emplea frecuentemente como plano de situación al comienzo de una secuencia.
En televisión no conviene abusar de él, pues el gran número de detalles que aportar puede
resultar contraproducente al no poder ser observados detenidamente. Además, cuantos
más elementos contenga, mayor duración requerirá y su lectura se hará más tediosa.
• Plano general: Debe utilizarse para comenzar las escenas (a menos que nos interese
reservar datos) para establecer una impresión de localización de ambiente. Asimismo, per-
mite seguir el movimiento. Cuando la acción se ha seguido de cerca durante largo tiempo,
se puede recurrir a un plano general para restablecer el espacio (reubicar los elementos de
la escena) en la mente del espectador.
• Plano conjunto: Al ceñir el encuadre a las figuras de los personajes, centra la atención en
el grupo humano, dejando aparte ya los elementos ambientales.
• Plano americano: Corta al personaje "a la altura de los revólveres": en el western era el
plano que permitía un mayor acercamiento al personaje sin dejar de verlos y ésta es su
única motivación, en un principio. Aunque no es estéticamente muy afortunado, en tele-
visión se emplea cuando un presentador o actor está de pie, solo ante la cámara,
combinándolo con planos más abiertos o más cerrados.
• Plano medio: Entendernos dentro de este grupo desde los "planos medios largos" (cortan
al personaje por la cintura) a los "planos medios cortos" (por el pecho) y su valor se sitúa
entre la descripción ambiental del tamaño distante y el examen cuidadoso y la fuerza
dramática de los planos cercanos. Establece relaciones más intimas entre los personajes.
Es el plano de la conversación, al permitirnos contemplar los rostros y el lenguaje gestual
de las manos. Permite captar gestos corporales amplios y relacionar personajes en
aproximación, reacciones, etc.
• Primer plano: El grupo de los primeros planos abarca hasta los detalles del rostro y es un
descubrimiento del cine. Nunca, hasta la aparición del cinematógrafo, se había podido
contemplar un rostro tan de cerca. Se cuenta que la primera vez que se proyectó un
primer plano en el cine, se produjo una reacción de pánico entre los espectadores. Se
trata, pues, de una toma vigorosa que centra el interés como ninguna otra. Es el tipo de
plano dramáticamente más potente, por lo que será el que más atraiga la atención del
espectador, pero por eso mismo no conviene abusar de él, reservándolo para los
momentos clave.
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Existe una relación entre el tamaño del plano y la subjetividad: a mayor tamaño, menos
interiorización y viceversa.
• Plano objetivo: Es aquel que muestra el punto de vista ideal desde esa "ventana" que
abrimos ante el espectador.
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La angulación neutral es la que corresponde a la horizontal de la mirada. Ahora bien, si
subimos o bajamos la cámara de este eje horizontal, estamos tomando partido, dando una
intención al plano. Cualquier angulación es en sí misma expresiva. Siempre que se establece
una relación entre dos personajes en la que uno de los dos está físicamente más elevado que
el otro, el que está arriba ostenta una posición de superioridad respecto al que está abajo: un
personaje de pie habla con otro que está sentado, el rey en su trono, el cura en el pulpito, el
profesor de pie y los alumnos sentados, son ejemplos de superioridad respecto a sus
oponentes. Y en el cine el punto de vista de la cámara son los ojos del espectador y se
establece de igual forma una relación superioridad-inferioridad respecto a los personajes.
Según lo explicado podemos clasificar los planos (según la angulación en altura de la cámara)
en:
• Plano picado: Es aquel en el que la cámara está emplazada por encima de la mirada.
Psicológicamente produce sensación de inferioridad del personaje, le empequeñece.
Desde el punto de vista del espectador, la toma de ángulo elevado privilegia su punto de
vista y puede sugerir sentimientos de compasión hacia personajes en clara situación de
inferioridad. Además, permite apreciar la ubicación de los objetos en la puesta en escena
(formaciones, aspectos relevantes del suelo, etc.).
• Plano contrapicado: La cámara se encuentra por debajo de los ojos del sujeto, el cual
queda enfatizado, agigantado y adquiere una dimensión psicológica mayor.
Estos son los resultados psicológicos de subir o bajar la cámara con respecto al eje. Pero
también hemos de tener en cuenta los efectos fotogénicos. Y aquí hay que advertir que, por lo
general, cuando estamos tomando un plano de un presentador o presentadora, una ligera
elevación de la cámara por encima de su eje horizontal suele resultar favorecedora, porque
incita inconscientemente al personaje a levantar la cara y disimula posibles problemas de
doble barbilla o defectos de piel en una zona muy delicada. Además la mirada se vuelve más
"desafiante" y segura, dando más credibilidad.
Estos ángulos (picado y contrapicado) pueden llegar a los extremos y entonces nos
encontramos con otros dos tipos de planos, cuyo nombre fue tomando de la astronomía:
Estos dos tipos de plano se suelen emplear con carácter muy excepcional y por razones
expresivas muy concretas. Otra clasificación de los planos, en función de la angulación con
respecto a la horizontal sería la siguiente:
• Plano aberrante: Se varía el ángulo del eje de la cámara. Este plano es muy impactante,
salta a la vista y fue utilizado con mucha frecuencia por el expresionismo alemán. El cine
publicitario actual también lo emplea con profusión. Desde el punto de vista narrativo es
muy interesante para poner de manifiesto situaciones o actitudes anormales, teniendo
siempre mucho cuidado de compensar las inclinaciones de unos planos con otros. Corno
siempre, todo es válido si responde a una motivación narrativa (ver las siguientes figuras).
Sin distinguir, en principio, los diversos tipos de movimiento, tratemos de precisar sus
funciones expresivas. Marcel Martín sistematiza su análisis y distingue siete:
Las tres primeras son meramente descriptivas, es decir, el movimiento de la cámara no tiene
valor expresivo en sí, sino que únicamente permite "ver". Contrariamente, las cuatro restantes
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tienen un valor dramático, es decir, el movimiento tiene sentido en sí mismo y tiende a
expresarlo realzando un elemento —material o psicológico— que ha de tener importancia
decisiva en el desarrollo de la acción. En resumen, el propio movimiento es un elemento
dramático.
Según los tratados clásicos de realización, existen tres tipos de movimientos de cámara:
panorámica, travelling y grúa aunque en la actualidad debemos estudiar también los efectos
producidos por dispositivos de estabilización como el steadycam, la "cabeza caliente", etc.
- Las panorámicas más "seguras", mecánica y narrativamente hablando son las lentas y
cortas.
- El sentido más cómodo de la panorámica (para hacerla y para leerla) es de izquierda
a derecha (salvo que el cámara sea zurdo o el espectador lea de derecha a izquierda,
un árabe, por ejemplo).
- La panorámica debe partir de un plano fijo y acabar en otro, también fijo, excepto en
el caso de varias panorámicas seguidas, donde es conveniente, no obstante,
mantener el mismo sentido de giro.
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- La velocidad de la panorámica debe ser constante y acomodada al ojo. No es
conveniente cambiar sobre la marcha la velocidad de giro.
- No debe describirse panorámica sobre el vacío.
- Al efectuar una panorámica de un objeto a otro, a veces es necesario ajustar foco, en
caso de que ambos objetos no estén equidistantes.
- Mucho cuidado con los arranques y paradas bruscas. Han de ser imperceptibles.
Evidentemente, todos estos consejos valen en un orden de cosas muy genérico.
- Habrá muchos casos en los que, con una finalidad dramática, se pueda (y se deba)
infringir alguna de estas normas.
Recibe el nombre del dispositivo con que se realiza, que consiste en una plataforma con
ruedas (Dolly) que se desplaza por unas vías, sobre la que se sitúan el soporte con la
cámara y el asiento del operador. Respecto a su sistema de rodadura existen dos tipos: las
ruedas que van sobre raíles tubulares, y las ruedas sin hendidura que se mueven sobre el
suelo del estudio o sobre raíles en forma de canalón. La Dolly ha sido sustituida en la
actualidad por otros aparatos más modernos, especialmente el Elemack, nombre de marca
de un carro ajustable según las necesidades y capaz por su forma muy simplificada de
introducirse allí donde parece imposible que pueda pasar un carro convencional.
- Travelling hacia adelante o avant: Es el más interesante, sin duda, por ser el más
natural. Corresponde al punto de vista de un personaje que avanza, o bien a la
dirección de la mirada hacia un centro de interés. Cuando la cámara avanza, lo hace
descubriendo y describiendo a la vez unos personajes, movimientos o situaciones.
Expresivamente se pueden distinguir dos utilizaciones:
• Conclusión.
• Distanciamiento en el espacio.
• Acompañamiento de un personaje.
• Transformación moral.
• Soledad, impotencia.
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- Travelling lateral: Suele ser descriptivo, aunque también puede ser de
acompañamiento cuando circula paralelamente a un movimiento del sujeto.
- Travelling circular: Suele emplearse para crear atmósferas densas, girando la cámara
en torno a un personaje o grupo de ellos. Puede producir sensación de agobio, acoso o
vértigo. Rodar una secuencia en travelling circular es un problema de gran
complejidad, ya que requiere una planificación muy cuidadosa y un trabajo preciso por
parte de los actores. Las acciones y las pausas deben estar muy medidas para que cada
frase se diga en el momento preciso.
Lo que puede dar lugar a confusión es que al variar la distancia focal accionando el
zoom, se producen cambios en la profundidad de campo y en la sensación de
proximidad entre planos en profundidad, lo que puede provocar un aparente cambio
de la perspectiva, pero, insisto, la perspectiva sólo cambia al realizar un travelling, es
decir, al cambiar el punto de vista, al desplazar la cámara.
Sin embargo, desde el punto de vista expresivo, el empleo del zoom puede sustituir
positivamente al travelling en algunos casos cuando, por ejemplo, queremos
acercarnos rápidamente a un rostro para enfatizar una reacción o para centrar
vigorosamente la atención en algún elemento. En realidad un rápido zoom sobre algo
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o alguien realiza la misma función perceptiva que nuestro sistema visual al verse
atraído repentinamente por algo que llama su atención. Por tanto en esos casos el
zoom no sólo es correcto sino que es la solución ideal (ver El resplandor de Stanley
Kubrick).
La manida polémica que se genera a menudo entre profesionales sobre si "es mejor un
travelling o un zoom" tiene fácil respuesta: hágase en cada caso lo que ofrezca mejor
solución narrativa, pero no se olvide que hacer un zoom siempre es más barato que hacer
un travelling y en los tiempos que corren esto suele ser importante, sobre todo en
televisión y en publicidad.
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Otro dispositivo que cumple una finalidad mecánica similar a la grúa es la llamada "cabeza
caliente", que consiste en una rótula colocada en el extremo de una pluma, de
dimensiones variables pero más ligeras que las de la grúa tradicional. El mecanismo,
manejado por control remoto, permite situar la cámara en posiciones difícilmente
accesibles para una grúa con operador, además de facilitar movimientos rápidos y
espectaculares. Por ejemplo, nos permite colocar una cámara sobre el público en un
teatro o sobre la portería en un campo de fútbol, gracias a su gran maniobrabilidad.
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• Otros, el Steadycam: Se trata de un dispositivo estabilizador que, montado sobre un arnés
que lleva el operador, permite, mediante un sofisticado sistema de contrapesos, una
libertad total de movimientos a la cámara, que queda liberada de vías, trípodes, grúas, etc.
Es el movimiento total. Supuso una notable revolución expresiva, pues permite realizar la
"cámara a mano" con una estabilidad nunca conseguida, el plano secuencia adquiere una
nueva dimensión.
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una esfera provista de un sofisticado sistema giroscópico y en cuyo interior se aloja la
cámara. Se puede adaptar a helicópteros, avionetas, barcos, coches, etcétera, consi-
guiendo imágenes de una notable estabilidad. Permite, asimismo, el envío de la señal por
vía inalámbrica a una base estable de grabación o su emisión directa.
Por último, una reflexión sobre cualquier movimiento de cámara: el espectador no debe
reparar en él, la cámara nunca debe ser la protagonista. Recordemos que no es más que
una ventana por la que el espectador se asoma.
Esa continuidad viene determinada por una serie de factores que enlazan fluidamente la
acción de un sujeto en los sucesivos planos:
- movimiento o dirección de recorrido,
- dirección y nivel de su mirada,
- dimensión y posición en el plano,
- iluminación y, el más obvio,
- el raccord de los objetos.
La cámara, por consiguiente, no puede ser colocada en cualquier sitio. Una ubicación que
reúna buenas condiciones de luz, plasticidad o comodidad, no podrá ser elegida si no reúne los
requisitos de una correcta sintaxis respecto a los planos anteriores o posteriores. Se trata, por
tanto, de leyes que señalan la zona permisible y la zona prohibida donde situar la cámara, en la
serie de tomas que componen cada secuencia.
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Como se trata de un encadenamiento de posiciones, en que la elección de un punto de vista
determina los otros puntos de vista, se comprende la importancia de elegir y determinar la
posición básica de la cámara, o punto de vista general, que marcará las otras posiciones,
movimientos y miradas captados en los sucesivos fragmentos de la secuencia, de tal modo que
la dirección en pantalla del sujeto en todos los planos de la secuencia sea la misma.
En la práctica, es muy importante decidir cuál va a ser la posición del plano general de la
secuencia, pues de esa posición dependerán todas las demás, como veremos a continuación.
El eje de acción
Cuando nuestra intención es filmar una acción desde varios puntos de vista que se montarán
sucesivamente, descomponiendo el movimiento en varios planos, lo primero que hemos de
conseguir es respetar la dirección del movimiento en la pantalla, ya que, de lo contrario, el
espectador no entenderá el sentido real del recorrido, al menos en principio y en cualquier
caso supondrá una distracción.
Así pues, todo movimiento rectilíneo realizado ante una cámara discurre en una dirección en la
pantalla, marcando un eje de acción (y no sólo el movimiento, también las miradas marcan un
eje) que habrá que respetar siempre para no confundir al espectador.
Así nació la llamada ley del semicírculo o de los 180°, que consiste en delimitar el eje (de
acción del sujeto o de miradas) e imaginarnos a uno de sus lados un semicírculo, dentro o
sobre el cual, podremos situar la cámara sin problemas; cualquier toma desde este lado del
recorrido e incluso desde el propio eje producirá una misma dirección del movimiento del
sujeto en la pantalla. En el caso de la figura, el sujeto se movería hacia la derecha.
Pero si colocamos la cámara al otro lado del eje de acción, cuando montemos el plano el sujeto
pasará a moverse en dirección contraria en la pantalla. Se habrá producido el "salto de eje",
que para muchos es el pecado capital de la realización.
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La elección del "lado bueno" del eje no es arbitraria. Lógicamente, nos situaremos del lado del
que vayamos a filmar el plano general, por eso es tan importante la correcta elección de éste.
1) Determinación del eje de dirección o miradas. Esto, que a primera vista puede parecer
muy simple, en la práctica puede plantear problemas de orientación. Insisto en que la
pantalla es bidimensional y la realidad percibida en el rodaje es tridimensional. Ello nos
puede provocar errores de bulto, sobre todo si se tienen problemas de percepción del
espacio (existen muchas personas que padecen ligeras dislexias sin saberlo). Cuando se
trabaja con una adecuada planificación estos errores son insólitos, pero rodando
apresuradamente (un reportaje, por ejemplo) recurrir a un pequeño croquis de la acción
nos puede ser de gran ayuda.
2) Elección del punto de vista del plano general. Como ya quedó dicho, toda secuencia tiene
un plano general, aunque no se vaya a montar, precisamente porque su elección
determina el semicírculo sobre el cual trabajaremos. De hecho, en la práctica
cinematográfica es habitual comenzar rodando el plano general de cada secuencia.
- Cambiando la dirección del sujeto dentro del plano, mediante un travelling que sigue al
personaje hasta cruzar el eje visiblemente, pudiendo filmar a partir de entonces desde el
otro lado. El espectador contempla cómo cambia la dirección y no se desorienta, pero a
partir de ese momento hemos de cambiar la dirección del sujeto en el resto de la
secuencia.
- Con una toma sobre el mismo eje, de forma que el personaje vaya de frente o de
espaldas a la cámara sin estorbar la impresión de su viaje rectilíneo.
- Intercalar un plano neutral (toma subjetiva}. Esta solución es siempre correcta desde el
punto de vista geométrico o mecánico, pero puede no serlo desde el narrativo, pues un
plano subjetivo tiene una motivación concreta que en ciertos casos puede no ser la más
adecuada.
Otra solución, siempre utilizable como último recurso pero que roza la "chapuza”, es insertar
un plano claramente relacionado con la acción pero no con la geografía de la escena. Por
ejemplo, la acción se desarrolla en la cocina de un hotel y necesitamos saltar el eje pero por
alguna razón no podemos usar ninguno de los tres sistemas propuestos más arriba. Insertemos
entre los dos planos que producen el salto un plano de una marmita al fuego y pasemos al otro
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lado. Es una solución que suele emplearse en montaje como último recurso cuando no se ha
rodado correctamente.
Hay quien cita como forma de cruzar el eje sin desorientar al espectador, la de que el propio
personaje cambie de dirección dentro del plano. Esto no es saltar ni cruzar el eje:
simplemente, el personaje cambia de dirección... y se cambia el eje. Para que exista salto de
eje debe haber cambio de plano.
Pensemos que todo esto tiene su origen en la extrapolación que nuestro sistema perceptivo
realiza al pasar de la tridimensionalidad del espacio real a la bidimensionalidad de la pantalla. Y
esta es precisamente la causa de que sea tan fácil saltarse el eje cuando estamos filmando.
El tema del "salto de eje" es uno de los que más controversias despiertan entre los
profesionales. Mientras muchos defienden "a capa y espada" la necesidad de evitarlo siempre,
con objeto de no confundir al espectador, otros, entre ellos algunos grandes maestros, se lo
saltan sin ningún reparo. Buñuel confiesa en sus memorias (Mi último suspiro) que tardó varias
películas en enterarse de lo que era "saltarse el eje" y Orson Welles o John Ford (ver La
diligencia) nos han dejado saltos de eje "magistrales". Aquí vale lo que hemos visto en varios
epígrafes de este texto; las ideas son más importantes que las reglas. En secuencias en que
queramos resaltar la impresión de caos (un saqueo, por ejemplo), el director puede saltarse el
eje a propósito para comunicar mejor esa sensación al espectador (Orson Welles era un
maestro en esta técnica). Si el discurso narrativo nos obliga a saltar el eje, saltémoslo. Pero si
lo hacemos, hagámoslo como los grandes: sin que se note. Y el secreto de que no se note suele
radicar en tener al espectador tan "enganchado" por la propia acción que no advierta el error,
lo cual, desgraciadamente, es más difícil que no saltarse el eje.
Angulaciones correspondientes
Cuando nos planteamos describir un dialogo entre dos personajes que no se desplazan, el eje
de acción surge inmediatamente materializado por las miradas que se encuentran. La
ubicación de la cámara en ambas tomas deberá ser tal que los ángulos que formen con el eje
sean iguales o correspondientes (a = a').
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La forma clásica de comenzar la escena es hacerlo con un plano general o conjunto de los dos
personajes, con la cámara perpendicular al eje o a 45° del mismo para situar la escena. A partir
de aquí, cuando la acción aumenta su nivel dramático, el ángulo de visión (b = b') se irá
cerrando y el eje de cámara se irá aproximando al de acción, aunque, suele ser conveniente
que este último sea lo más cerrado posible.
Conviene, asimismo, cuidar que las angulaciones sean correspondientes en los sucesivos
planos.
Durante una toma, los personajes pueden mirar a cualquier sitio, siempre que al cortar el
plano queden mirando en la dirección adecuada.
Es necesario dejar un espacio de referencia entre los ojos del actor y el extremo del encuadre
hacia el que mira el sujeto.
Por tanto, en ningún caso un rostro debe coincidir con el de su contraplano, de tal manera que
su silueta pueda ser sobreimpresionada en el mismo lugar del plano siguiente.
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Si el personaje no está completamente inmóvil, sino que se expresa con gestos y palabras, es
seguro que se desplazará un poco. Tales movimientos no deben ser bruscos ni demasiado
amplios, pues quedarían excesivamente magnificados.
En la figura siguiente el personaje A mirará hacia la derecha desde la izquierda, mientras que el
B mirará hacia la izquierda desde la derecha.
Cada personaje debe conservar su propia zona de cuadro: la derecha o la izquierda. Cuanto
más corto sea el plano, ese desplazamiento lateral será más pequeño.
Nivel de cámara
En cuanto al nivel de la cámara en relación a las miradas, insistamos en que éstas crean un eje
de acción al encontrarse en un plano y que si en los sucesivos planos encuadramos los rostros
por separado, las angulaciones de las miradas deberán ser correspondientes. Así, si ambos
están de pie y son de una estatura similar, las miradas seguirán un eje horizontal, pero si uno
está más alto que el otro (de pie y sentado, uno subido en una escalera...) hemos de establecer
una correspondencia angular.
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Falsear la puesta en escena
Con frecuencia se hace necesario, por diversos motivos (topográficos, iluminación,
disponibilidad de actores, etc.), recurrir al falseo de la puesta en escena para crear en el
montaje un espacio inexistente en la realidad.
Cualquier situación resuelta con plano-contraplano puede ser fácilmente trucada, de forma
que un personaje hable en un lugar y su oponente le responda en otro completamente
distinto, como hace Orson Welles en Campanadas a medianoche.
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Posiciones de cámara sobre sujetos en movimiento (Raccord de
dirección)
Cuando los sujetos de nuestra narración se desplazan, es fundamental tomar una decisión:
¿rodamos ese desplazamiento en varios planos, o le seguimos en un plano-secuencia sin
interrupción? Si lo hacemos en varios planos, para después montar y reconstruir ese
movimiento desde varios puntos de vista, no debemos olvidar dejar salir y hacer entrar a los
personajes en los sucesivos planos.
Según el ángulo que formen el eje óptico y el eje de acción o miradas, existen tres tipos de
tomas:
Las entradas y salidas de cuadro del sujeto deben atenerse fielmente a la norma del eje
de acción.
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La norma práctica es: salida y entrada por el lado contrario del cuadro mantienen la
misma dirección.
Cuando trabajamos en ficción, con una detallada planificación e, incluso, con storyboard,
esto es elemental y no debe causar problemas; pero en el caso del reportaje rodado en
discontinuidad y con elementos imprevistos, hay que tener especial cuidado para no tener
desagradables sorpresas en el montaje.
Si estamos describiendo un viaje en el que los lugares de salida y llegada sean reconocibles
y definitorios en el desarrollo dramático, hemos de recordar que en todos los mapas que
hoy existen en el mundo el Oeste está a la izquierda y el Este a la derecha, el Norte arriba y
el Sur abajo. Esta convención la emplearemos siempre al situar la dirección de los
personajes o vehículos que realicen el viaje. Si un avión vuela de Nueva York a Los Ángeles,
como en El honor de los Prizzi, de John Houston, le veremos cruzar la pantalla de derecha a
izquierda. También hay que señalar que existe otra regla o convención empírica que
aconseja mostrar un vehículo en viaje de ida en sentido izquierda-derecha y en derecha-
izquierda si es de vuelta.
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• Vehículo en movimiento:
Un vehículo en movimiento se rige por las mismas normas que cualquier otro sujeto que
se desplaza. Cuando pueden surgir los problemas es al pasar al interior del vehículo y
asistir a la acción y al diálogo que mantienen los pasajeros. Y se complica bastante más
cuando se trata de mirar el paisaje por las ventanillas.
Por ejemplo, cuando se ha comenzado la secuencia con tomas que muestran un vehículo
viajando de izquierda a derecha y nos acercamos a los pasajeros, es indispensable no
traspasar el eje de acción, de desplazamiento. Sólo así el espectador se percatará de
inmediato de qué pasajeros van en el sentido de la marcha y cuáles en contra.
En la figura anterior, la cámara 1 es una cámara que va emplazada sobre otro vehículo (en
realidad, cumple la función de un travelling) y con un gran angular nos enseña todo el
coche. La cámara 2, fija en tierra, la ve entrar por el lado izquierdo de cuadro y alejarse o
salir de cuadro por la derecha.
Las tomas 3, 4, 5 y 6 son travellings simulados que se realizan en estudio sobre fondos
proyectados o con cámara adosada falseando la posición y siempre que la estabilidad del
vehículo lo permita. También podríamos emplear minicámaras o dispositivos giroscópicos,
en función de las posibilidades de la producción.
Supongamos ahora que debemos filmar un diálogo en el interior del coche con P.M. y P.P.
de los pasajeros. Es imposible no traspasar el eje de desplazamiento cada vez que el
personaje A se dirija al personaje B y éste le responda en P.P. La cámara 2 se salta el eje
claramente, lo cual queda mucho más patente si vemos el fondo por la ventanilla de B.
Aquí hemos de crear un nuevo eje de acción, el establecido por el diálogo A-B, para que el
espectador no se desubique con respecto a la posición del sujeto B y con respecto a la
supuesta dirección del viaje (cámara 3).
[28]
Para pasar del P.P. de la cámara 1 al P.P. de la cámara 2 no tenemos más que cumplir la ley
del semicírculo; pasar por un plano tomado desde el propio eje de acción. De esta forma
tenemos un eje de acción principal o "de viaje" y un eje secundario o "de dialogo" entre los
dos personajes que están a ambos lados del eje principal. Es lo que se denomina "ejes
simultáneos".
Otro caso frecuente es el de un personaje quieto que ve pasar un vehículo u otro elemento
que se desplaza ante él, girando la cabeza para seguirle con la mirada. El observador y el
vehículo están en plano-contraplano por lo que, para respetar el sentido de la marcha, el
personaje debe girar la cabeza en sentido contrario al del vehículo en pantalla.
Si el personaje se encuentra dentro del vehículo (por ejemplo, un tren) y lo que queremos
mostrar es el paisaje que contempla desde la ventanilla, lo más seguro es mostrar primero
el interior del vehículo, después los pasajeros que miran y por último el paisaje que miran,
y siempre respetando el eje de viaje.
Cuando en el transcurso de una acción el sujeto atraviesa una puerta, pueden producirse
problemas de continuidad en el montaje. Se trata de colocar primero la cámara en el lado
de llegada del sujeto, para filmar después la entrada al nuevo recinto. En principio, lo más
seguro es atenerse al eje de acción al pasar del espacio A al espacio B.
[29]
En realidad, el paso a otra habitación suele plantear un nuevo eje, por lo cual suele ser
indiferente cambiarlo respecto al de la ubicación anterior. Tal cosa sucede cuando el
sujeto cambia de dirección y no es posible usar el otro tiro de cámara.
En cualquier caso, es importante filmar completas ambas tomas para elegir en el montaje
el punto exacto de corte que produzca la mejor transición.
Cuando un personaje dobla una esquina, un coche toma una calle transversal y en otros
muchos casos de movimiento curvilíneo, aparecen problemas de desorientación del
espectador, sobre todo si la acción se descompone en varios planos, unos generales y
otros más cortos.
[30]
Como la dirección inicial es de derecha a izquierda, la cámara 2 hará ver la salida del
sujeto por derecha de cuadro y saltaremos el eje al montar con el plano de la cámara 3,
que le ve moviéndose hacia izquierda. Y si montamos con la cámara 4, la dirección cambia
con respecto a la establecida en la secuencia.
[31]
El relato cinematográfico
Las dimensiones del relato. El narrador: voz narrativa y punto de
vista (la focalización).
El relato tiene un título que sirve para nombrarlo y proporciona una primera aproximación a su
contenido o marca alguna pauta acerca de la lectura a la que invita, puede establecer la
pertenencia a un género, remitir al conjunto de la historia, a un episodio significativo, a un
personaje, al tema, a otros relatos de la misma serie, época o autor; estar constituido por un
nombre propio, un sintagma simple o complejo, una frase completa, una afirmación o una
interrogación; poseer valor de metáfora, hipérbole, metonimia, juego de palabras o
parafrasear otro título fílmico o literario. El relato se compone de una historia (diégesis, fábula,
argumento) y un discurso (trama). La historia está constituida por el devenir de unos sucesos
(acciones si son realizados por personajes, acontecimientos si son experimentados) que tienen
lugar en relación con unos existentes (personajes y escenarios o espacios dramáticos). Una
misma historia puede ser contada de diferentes modos o discursos y siempre nos es dada en
uno concreto.
El narrador es la instancia enunciativa, la voz que emplea el autor implícito para dirigirse al
lector; es quien cuenta la historia. A ese narrador corresponde un narratario, que es el modelo
de comportamiento ante el texto establecido por el autor implícito para el lector o espectador
real y que se manifiesta a través de emblemas de recepción, presencias extradiegéticas, figuras
de observadores, espectador en estudio, etc.; del mismo modo, a las restantes figuras
corresponderían un receptor o espectador implícito y un espectador real. A las marcas del
narrador le corresponden las huellas del narratario; no podemos extendernos sobre la
cuestión, pero baste indicar que hay una relación entre el autor y el receptor implícito en
cuanto el primero proporciona unos datos y unas pautas a partir de las cuales se promueve la
participación del espectador, cuya imaginación se estimula.
[33]
b) la imagen: composición, cromatismo, ángulo y nivel, escala del plano, movimientos de
cámara, trucajes ópticos, etc.); y
c) el montaje: música y conjunto de significaciones que proporciona la articulación de los
planos.
En cine, el narrador se hace presente mediante la subjetividad de la imagen, es decir, por los
deícticos que ponen de manifiesto el acto de la enunciación, tales como el subrayado del
primer plano, el punto de vista visual por debajo de los ojos, la representación de una parte
del cuerpo de un personaje -cuya perspectiva visual se adopta- en primer plano, la sombra de
un personaje, un cache que remita a la mirada de un personaje, las vibraciones de cámara al
hombro, los emblemas de emisión (ventanas, espejos...) que subrayan el mostrar, elementos
propios de estilo autoral, la voz over, carteles, figuras de informadores y personajes que
recuerdan, rótulos y sobreimpresiones extradiegéticos, roles profesionales como actores,
cineastas y gentes del espectáculo que remiten al mundo del narrador, casos en que el director
interpreta a un personaje (Woody Alien, Orson Welles, Truffaut, Polanski) o que tiene una
presencia esporádica a modo de firma (Hitchcock). También mediante recursos expresivos y
todo tipo de figuras retóricas: paralelismos, antítesis, metáforas, citas literarias y
audiovisuales, símbolos, etc.
Con Genette, se pueden considerar tres elementos que ayudan a perfilar la voz narrativa: el
tiempo de la narración, el nivel narrativo y la «persona» o relaciones entre el narrador y la
historia. Se pueden considerar cuatro posibilidades del tiempo de la narración:
Según el nivel narrativo cabe distinguir relatos de un solo nivel -el único relato existente- o
aquellos en los que un personaje cuenta una historia dentro del relato principal, donde hay un
relato de segundo orden o metadiegético. En el relato de segundo orden la instancia narrativa
se hace presente en el texto mediante narradores intradiegéticos, que son creaciones suyas.
Se llama metalepsis a la ruptura por la que el narrador transgrede su estatuto e interfiere
injustificadamente en el relato metadiegético. En cine estarían los casos de cine dentro del
cine, donde un elemento del texto producido interactúa respecto al productor o se rompe su
carácter de texto terminado para relacionarse con el relato metadiegético, como en el ejemplo
tan citado de La rosa púrpura de El Cairo (The Purple Rose of Cairo, Woody Alien, 1985).
[34]
La tercera categoría, llamada metafóricamente «persona», permite distinguir al menos dos
planos del acto de narrar en función de la presencia o ausencia del narrador en la diégesis: el
plano del narrador (extradiegético) y el de los personajes (intradiegético). El narrador, en
cuanto productor del relato, está fuera de la historia en tanto los personajes se sitúan dentro.
[35]
etc. En el texto fílmico, la llamada transparencia narrativa, propia del relato no focalizado,
implica posiciones de cámara no marcadas, ausencia de tomas subjetivas, rótulos
autorales, lentes que se aparten de la «perspectiva artificialis», iluminaciones no
justificadas de modo natural, etcétera.
b) Focalización interna o subjetiva, cuando hay un personaje que percibe la acción narrativa;
el narrador sabe tanto como un personaje de la ficción («visión con») con quien se
identifica (N = P); por consiguiente, no puede contar más de lo que sabe el personaje, que
puede ser testigo o protagonista (relato autobiográfico). La focalización interna puede ser:
• fija o variable, en función de que cambie a lo largo del relato y haya uno o más
personajes focalizadores, y
• múltiple, cuando hay más de un personaje desde el que se cuentan los mismos
sucesos.
[36]
focalización interna no hay identificación del punto de vista visual o cognitivo con un
personaje, por lo que el relato es más distante. Por todo ello, la focalización externa da
lugar al ocultamiento del narrador, es decir, al relato objetivo, a la mimesis pura.
Al hecho de que, de ordinario, se combinan las distintas modalidades de focalización, hay que
añadir los casos en los que el autor implícito se toma libertades con el estatuto del narrador y
viola las convenciones que lo rigen. Ello es debido a las licencias poéticas que le son
permitidas, a incoherencias derivadas del descuido en el proceso de creación o a la voluntad
manifiesta de carácter más o menos experimental que le llevan a romper con esas
convenciones. Genette distingue la paralipsis, cuando el narrador omite una información que
conoce por su estatuto, y la paralepsis donde, por el contrario, el narrador dice más de lo que
debe, sobrepasando lo que por el modo de focalización conoce.
Orden.
Un relato lineal es aquél donde los acontecimientos se suceden cronológicamente, según un
antes y un después, es decir, donde el orden del discurso es respetuoso con el orden de la
historia. Contra lo que pudiera parecer, el relato lineal es más bien excepcional. Relato no
lineal es aquel cuyo orden del discurso no es igual al orden de la historia, ya que posee
anacronías o fragmentos que rompen el orden cronológico de la historia. Presupone un ahora
desde el que se establece la subversión del orden o anacronía, que puede ser:
a) analepsis (o retrospección o flashback), cuando los hechos narrados han sucedido con
anterioridad al ahora desde el que se cuentan, y
b) prolepsis (o anticipación o flashforward), cuando esos hechos sucederán posteriormente.
Las anacronías tienen un alcance, o distancia temporal desde el ahora al tiempo anterior o
posterior al que se hace referencia, y una amplitud que es el período temporal que abarcan.
Son relativamente frecuentes las analepsis cuya amplitud abarca todo el relato, excepción
hecha de un presente que se limita a la primera y la última secuencia, como sucede en Con las
horas contadas (D.O.A., Rudolph Maté, 1949). Las anacronías pueden ser externas, cuando el
[37]
momento narrado es anterior al comienzo del relato o posterior a su conclusión, internas, si
ese momento se enmarca en el tiempo del relato base, y mixtas, si el arco temporal abarca
tanto un tiempo dentro del relato primero como fuera de él.
Duración.
Según el tiempo del relato sea igual, mayor o menor al tiempo de la historia caben las
siguientes operaciones:
a) Sumario. El relato condensa la historia y, por tanto, el tiempo del relato (TR) es menor que
el tiempo de la historia (TR < TH). Constituye un procedimiento de economía narrativa que
agiliza el relato al condensar los hechos de la diégesis menos relevantes o reiterativos. Lo
fundamental es subrayar el paso del tiempo, para lo cual el cine ha empleado
procedimientos tales como hojas de un calendario que caen, agujas de reloj que se
mueven a más velocidad, cambios de las estaciones sobre un plano fijo de un paisaje,
planos breves, fundidos, titulares de periódicos, cámara rápida... que suelen ir unidos por
un tema musical o por una voz en off que sirve de apoyo a las imágenes.
b) Dilatación. Es el procedimiento inverso al sumario (TR > TH) por el cual se emplea más
tiempo en narrar unos hechos que el que esos hechos ocupan en la historia, teniendo
como referente la vida real o la conciencia que el receptor tiene de la duración de los
mismos. La dilatación es un procedimiento estilístico encaminado a subrayar un momento,
dotarle de intensidad dramática o retrasar su desenlace. En rigor, hay dilatación cuando la
imagen se ralentiza (cámara lenta) o cuando el montaje cabalgado de una secuencia une
planos sucesivos que contienen fragmentos correspondientes al mismo tiempo de la
historia, es decir, en los que hay una repetición, como en el relato de explosiones y caídas
por precipicios de muchos filmes de acción.
[38]
continuos. Para André Bazin, el plano-secuencia es el medio privilegiado del realismo
cinematográfico porque, al no necesitar el montaje, se aprecia como menos artificioso.
Tanto el plano-secuencia como las secuencias-escenas han sido apreciadas en el cine por
lo que tienen de pericia técnica, de habilidad narrativa y de destreza en la puesta en
escena. Ciertamente, un relato cinematográfico «en tiempo real» parte de un pie forzado
que exige mayor inventiva en el desarrollo de otros elementos, además de que supone una
opción estética por la narración de la cotidianeidad o por la condensación en un momento
privilegiado de toda una historia. Aunque no son abundantes los casos de textos fílmicos
isócronos, los ejemplos canónicos como Cleo de 5 a 7 (Cléo de 5 á 7, Agnes Varda, 1962) y,
parcialmente, Sólo ante el peligro (High Noon, Fred Zinnemann, 1952) constituyen relatos
de espera donde el tiempo real parece dilatado por la tensión dramática. Se ha
considerado que en determinadas estéticas literarias y cinematográficas, como el
neorrealismo italiano o la novela española de posguerra, hay una voluntad inequívoca de
asimilar la duración del relato al tiempo de la historia en cuanto tiempo vivido, lo que
parece responder, al menos en buena parte, al deseo de mostrar la cotidianeidad, a una
estética que trata de reflejar en todos sus detalles la vida diaria de gente humilde.
e) Pausa. Un segmento del relato tiene una duración indeterminada mientras el tiempo de la
historia es cero (TR-n, TH-0). En rigor, la pausa cinematográfica es la detención de la
imagen en un fotograma fijo, la anulación del tiempo diegético por la que el cine se
convierte en fotografía. Este procedimiento no es muy usual, salvo en los créditos iniciales
o finales, precisamente porque rompe la cadencia de imágenes de un modo artificioso. Por
ello, se admiten como pausas las descripciones mediante movimientos de cámara y
[39]
excursus e intrusiones del autor sin carácter narrativo, tales como fragmentos que
muestran un espacio.
Frecuencia.
Atiende al número de veces que un hecho de la historia aparece en el relato y caben tres
posibilidades:
a) Relato singulativo: cuenta los hechos el mismo número de veces (una o n) que han
sucedido en la historia; por tanto, hay ajuste entre el relato y la historia. Es el
procedimiento habitual de los textos literarios o fílmicos para la narración de una historia y
no tiene especial relevancia.
b) Relato repetitivo: cuenta n veces en el discurso un suceso que ha ocurrido una sola vez en
la historia. La repetición tiene la función dramática de subrayar ese hecho por la
envergadura que posee y, ordinariamente, lo hace desde el punto de vista de un narrador
auto diegético; y una función estética en relatos multifocalizados, donde el mismo hecho
se repite desde distintos puntos de vista, como Atraco perfecto (The Killing, Stanley
Kubrick, 1957) y Rashomon (Akira Kurosawa, 1956). También se emplea la repetición de
planos con valor retórico, por ejemplo, para expresar un recuerdo que se va
reconstruyendo en la mente de un personaje.
c) Relato iterativo: cuenta una vez un hecho que ha sucedido n veces en la historia. Se utiliza
para narrar conductas habituales que indican rasgos permanentes en los personajes y
supone un procedimiento de concentración del material diegético.
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Bibliografía
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AUMONT, Jacques... [et a.] Estética del cine: espacio fílmico, montaje, narración, lenguaje.
Barcelona, Paidós, 1996.
NEIRA PIÑEIRO, Rosario. Introducción al discurso narrativo fílmico, Madrid, Arco-Libro, 2003.
MAMET, David. Una profesión de putas. Madrid, Debate, 1994. Sobre la dirección de cine
publicado originalmente en 1991.
Videografía
KEATON, Buster Sherlock, Jr. (1924)
LEAN, David : Brief Encounter (1945)
SIODMACK, Robert: The Killers (1946)
KUROSAWA, Akira : Rashômon (1950)
RESNAIS, Alain: L’Année dernière à Marienbad (1961)
NICHOLS, Mike: The Graduate (1967)
TRUFFAUT, François: Une belle fille comme moi (1972)
ALLEN, Woody: Annie Hall (1977)
RESNAIS, Alain: Providence (1978)
ERICE, Victor: El sur (1983)
DEVILLE, Michel: La Lectrice (1988)
SCORSESE, Martin: Goodfellas (1990)
ALLEN, Woody: Deconstructing Harry (1997)
GONDRY, Michel: Eternal Sunshine of the Spotless Mind (2004)
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