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UNIDAD-8 Adicciones

La adicción se define como la dependencia física y/o psíquica a una droga tras su administración continua, según la OMS. El DSM-IV establece criterios para delimitar una adicción, incluyendo la pérdida de control, tolerancia y síntomas de abstinencia. La adicción puede ser causada por factores individuales como la depresión, factores familiares como patrones adictivos en los padres, y factores sociales como la falta de valores. El tratamiento es controvertido, con algunos expertos argumentando que la privación

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UNIDAD-8 Adicciones

La adicción se define como la dependencia física y/o psíquica a una droga tras su administración continua, según la OMS. El DSM-IV establece criterios para delimitar una adicción, incluyendo la pérdida de control, tolerancia y síntomas de abstinencia. La adicción puede ser causada por factores individuales como la depresión, factores familiares como patrones adictivos en los padres, y factores sociales como la falta de valores. El tratamiento es controvertido, con algunos expertos argumentando que la privación

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UNIDAD VIII- ADICCIONES

Conceptos generales sobre la dependencia a sustancias tóxicas.


Adicción es sinónimo de Dependencia.
El modelo originario de las adicciones ha sido el de la toxicomanía.
Un aspecto importante en la sociedad actual es que el ser humano se siente desprotegido frente a los avatares que la sociedad ha
sobredimensionado.
Según la OMS la adicción es un estado de intoxicación periódico o crónico nocivo para el individuo y la sociedad. Provocado por el
uso repetido del fármaco natural o sintético. Se le asigna las siguientes características:

1) afán exagerado por la droga


2) tendencia a elevar la dosis (tolerancia)
3) dependencia física y/o psíquica a la droga
4) aparición de síntomas al suprimirse (abstinencia)

La OMS hace una reducción del problema a la drogadicción.

El DSM IV tiene criterios para delimitar una adicción (al menos cuatro elementos)

1) Imposibilidad de resistir a las ganas de realizar el comportamiento (una fuerza superior a la voluntad)
2) Hay una sensación creciente de tensión que se presenta antes del comportamiento
3) Placer o alivio durante la duración del comportamiento
4) Sensación de pérdida de control durante el comportamiento
5) Aumento del deseo por realizar el comportamiento, deseo de que cada vez sea más intenso y que el efecto sea más duradero
6) Intentos repetidos para disminuir o abandonar el comportamiento
7) Tolerancia: hay una necesidad de subir la intensidad
8) Agitación o irritabilidad cuando se entrega al comportamiento por impulsividad

Para determinar un problema grave de adicción hay que tener en cuenta por lo menos tres de las siguientes condiciones:

1) Poseen un grado importante de adicción y/o varias adicciones.


2) Sensación interna de sufrimiento por la adicción (pero en realidad al sufrimiento lo tapa con la adicción).
3) Que la adicción perturbe gravemente su vida personal.
4) Que se trate de un hábito, arraigado de forma tal que la persona no sepa o no pueda salir de este estado por sí mismo, por lo que
necesita ayuda.
5) Es importante distinguir tipos o variedades de menor o mayor gravedad como adicto a una sola sustancia o poliadicción.

En 1964, la Organización Mundial de la Salud, redefinió y cambió el concepto de adicciones, reconociendo el término de
dependencia: física, psíquica o ambas, de una persona tras la administración de drogas en forma continua.

 Dependencia Patológica: es la búsqueda repetitiva de la droga. Es la necesidad compulsiva del individuo por consumir una droga
para sentirse bien, aunque fisiológicamente no le sea necesario. Este deseo puede variar desde una necesidad leve hasta acciones
incontrolables. Se caracteriza por un carácter repetitivo con intervalos regulares y una resistencia cada vez menor de la tentación
para repetir el acto. El grado de dependencia psicológica varía con la droga y con la química del cuerpo y con la personalidad del
consumidor.

 Dependencia Física: se caracteriza por la tolerancia y los síntomas de supresión. La tolerancia es el mecanismo de supervivencia
fisiológica del cuerpo mediante el cual se adapta a la droga. Tiene consecuencias peligrosas porque se acostumbra a dosis cada vez
más grandes para mantener el mismo grado de reacción psicológica.

Las cantidades en aumento conducen a una sobredosificación que produce lesiones en el Sistema Nervioso Central y otros órganos.
Muchas veces la necesidad física es tal que el individuo debe tener la sustancia todo el día presente en el organismo a fin de evitar
que se desarrolle el síntoma de abstienncia: inquietud, vómitos, diarrea; puede terminar en coma o muerte; insomnio, fiebre,
sudoración, movimientos involuntarios, mayor sensibilidad al dolor.

También debemos tener en cuenta:

-el uso ocasional de drogas frente a preocupaciones o de forma recreativa


-el abuso: o consumo compulsivo frente a situaciones tensionantes. Mal uso o abuso excesivo ocasional o habitual de una droga

1
-la dependencia: necesidad de consumir drogas para lograr cambios de comportamiento, ya sea para sentirse bien o para evitar
síntomas. La droga pasa a convertirse en lo más importante en torno a lo cual se organiza la vida del individuo.

Drogadependencia. Carmen Basualto

“Es una cuerda floja por la que camino el drogadicto, sabe que su única posibilidad de sentirse vivo es mantener la ilusión de ser el
dueño de su propia muerte.” Dra. Sonia Abadi.
La dependencia adicta se manifiesta en este caso en la apelación a una droga a la cual el sujeto le otorga el poder ilusorio de aliviar
su tensión psíquica.
El tipo de drogas a las que el sujeto puede acudir es variado y sus efectos también son dispares, ya que, algunas son inhibidoras del
sistema nervioso central y producen un estado de relajación como los sedantes hipnóticos y los opiatos entre los cuales se
encuentran la morfina y la heroína; otros son excitadores del sistema nervioso central como los estimulantes y la cocaína que
tienden a aumentar la agudeza mental y la actividad física; otras son perturbadoras del sistema nervioso central como los
alucinógenos y la marihuana.
Cualquiera sea la sustancia utilizada los efectos tanto a nivel físico como psíquico son dañinos y de acuerdo a las características del
sujeto que la utiliza, a la cantidad y a la frecuencia del consumo pueden aparecer los fenómenos de tolerancia y abstinencia.

Niveles de uso de drogas

a) Uso: la utilización ocasional de drogas en ocasiones sociales o frente a preocupaciones y para palear la soledad.

b) Abuso: el consumo compulsivo frente a determinadas situaciones de tensión que varían de acuerdo a las individualidades.

c) Dependencia: se caracteriza por la necesidad de consumir drogas para lograr cambios de comportamiento, ya sea, para
sentirse bien o para evitar los síntomas.

Factores que inciden en la drogadicción

a) Factores Individuales: se señalan componentes de depresión intensa del dependiente, su tendencia a actuar para evitar
pensar y sentir, sus dificultades para comunicarse y una compulsión a recurrir a las drogas para huir de la culpa y la
depresión. Es importante tener en cuenta el tema de las crisis vitales, entre las cuales la adolescencia es una etapa de
riesgo.

b) Factores familiares: algunos de estos factores están condensados en determinados rasgos de la pareja parental de los
drogadictos mencionados por la Dra. Abadi.

En la historia de estos padres aparece una modalidad adictiva, es decir, una tendencia a solucionar los conflictos mediante la
incorporación de un objeto externo. Se destaca la presencia de pactos manifiestos e inconscientes entre algunos de los miembros
con el objeto de proteger secretos que harían peligrar la cohesión del grupo. La autoridad familiar se halla desdibujada con
dificultades en la puesta de límites. Los mensajes al hijo expresan claramente una inducción a la muerte. Todo esto lleva a la
conclusión de que la familia del adicto tiene cualidades perversas.

c) Factores sociales: pueden destacarse aspectos como: una gran tendencia al consumismo, la crisis de valores en un mundo
convulsionado, la brecha generacional, la falta de diálogo, la presión de los integrantes del grupo, la falta de figuras de
identificación.

Otros aspectos a tener en cuenta en relación a la drogadependencia son:

1) El tema del cuerpo: el vínculo que el adicto mantiene con su cuerpo es de vital importancia para la comprensión de la
drogadicción. El adicto, siente odio por su cuerpo finito, que le impide vivir la ilusión de grandiosidad, esto puede explicar, al
menos en parte, que intoxique su cuerpo, lo lesión y lo degrade.

2) Pulsión de muerte: pareciera haber en los drogadictos un predominio de la pulsión de muerte que lo lleva a todo tipo de
conductas autodestructivas expresadas no sólo en el consumo de drogas sino en todo tipo de actos de riesgosos.

3) Narcisismo: es interesante el concepto de “narcisismo deficitarios” de Alberto Farías que consiste en el hecho de que el
adicto incorpora el objeto de la adicción para compensar, estabilizar un yo agujereado, un narcisismo fallido. Esta falla
narcisista deviene y es complementaria de una falla en el narcisismo materno.

2
Modelos de prevención

a) Modelo ético-jurídico: se establece a la droga como el agente activo fundamental procurándose alejar a los individuos de la
misma. Las drogas se clasifican en lícitas o ilícitas, el supuesto es que la amenaza de castigo y la aplicación del mismo
resultarían efectivas.

b) Modelo médico o sanitario: también ubica a la droga en el lugar más importante como un agente infeccioso al cual hay que
controlar. El drogadicto es considerado como un enfermo infeccioso que debe ser aislado.

c) Modelo psicosocial: considera que las situaciones no resueltas del individuo encuentran canalización en la droga. En el
mensaje de la información, se toma en cuenta a las normas, actitudes y modalidades del grupo al que se le dirige así como
se busca su participación activa.

d) Modelo sociocultural: el aspecto más importante es el ambiente, se entiende a la drogadependencia como un problema
social. La estrategia consiste en llamar la atención de la sociedad sobre las condiciones de vida a que son sometidos los
individuos.

Tratamiento

Uno de los puntos más divergentes es acerca de si la privación del tóxico debe preceder o no a la cura.

Françóise Doltó considera que sería un procedimiento erróneo el hecho de que para proceder a la cura se exija el abandono del
tóxico pues la transferencia sobre el terapeuta no puede acompañarse de un estado de privación provocado, impuesto o aún
admitido como condición previa, ya que, el psicoanalista deberá estar dispuesto a recibir al paciente, a asistirlo en su intento de
recuperarse a sí mismo sin emitir juicios sobre su dependencia de la droga. El abandono del tóxico deberá devenir como resultado de
la aceptación y el conocimiento de sí mismo.

Eduardo Kalina basándose en la idea de que el drogadicto funciona egosintónicamente con su delirio drogadicto (características
psicóticas) opina que la internación con suspensión de la droga es la primera medida a tomar pues de este modo se crea un conflicto,
una egodistonía para poder empezar a trabajar terapéuticamente.

Henri Ey habla de toxicomanías, y considera que la conducta del toxicómano constituye una perversión que satisface
completamente su necesidad de búsqueda de placer y de evitación del sufrimiento mediante la absorción habitual de productos
tóxicos. Se asemeja a la perversión sexual porque ambas tienen como característica fundamental la regresión a un placer parcial.

Adicciones y drogadependencia. Carmen Basualto – Documento de cátedra

La palabra adicción aparece con dos acepciones: la primera de ellas significa “sin palabra” y la segunda se refiere a “aquel que sigue
una idea, secta o grupo”, ambas definiciones están íntimamente relacionadas, ya que podemos decir que el que no tiene la palabra
es que se somete a la palabra de otro.

Etimología. Documento de cátedra

Designa fenómenos para los cuales se han utilizado los términos de: “dependencia, asiduidad, entregarse, manía”, y de manera más
lejana: “acostumbramiento, apremio, hábito”.

Como adicción, la palabra “dependencia” pertenece al vocabulario jurídico medieval y designa la relación entre un feudo vasallo y un
feudo dominante. Aparece en psiquiatría durante los años 1960. En 1964 en la definición de la OMS para reemplazar la de
toxicomanías por su efecto estigmatizante y más exclusivo en referencia al consumo de estupefactos.

En el siglo XIX y a principios del siglo XX estuvo precedido por el sufijo “ismo” (alcoholismo en 1849, morfinismo en 1877) y por
“manía” (morfinomanía en 1898, toxicomanía en 1910).

3
El sufijo “ismo” alude a la pertinencia de un grupo de ideas, a un sistema o a una corporación; “manía” sugiere fijeza, locura, pasión.
Más recientemente, la noción de asiduidad de Pelc expresa a la vez la esclavitud y el hábito.

Teoría
Ad: es un amicanismo: modismo que se impone a la lengua, proveniente de la lengua sajona.

Ad. (Latin) = Dictus = Dichere = decir.

Ad – dict = decreto, ley. Era usada entre los emperadores romanos. Circunscribirse a los edictos.

Por lo tanto en inglés adicttion: este término va a referirse a un acto jurídico. Siempre que se habla de adicción, se habla de algo que
tiene que ver con límites. El esclavo que no podía pagar una deuda, tenía que empeñar su propio cuerpo. Idea de someterse a otro.
Relación asimétrica, que lleva a otra significación (alienación). El esclavo no tenía palabra propia.

Luego se va acentuando el sentido corporal del término.

En el siglo XVIII este término adicto: reconoce al menos tres significaciones:

1) Ser partidario: el adicto es partidario de, o bien se somete a cierta idea, pero también se aplica a aquel que es devoto de…: admite
la noción de adhesión (quedar pegado). Identificación adhesiva y devoción, omnipotencia, hay idealización.

2) Adicción: se aplica a una persona que es agregado a otra para desempeñar un cargo.

3) Incapaz de resistirse a…: se utiliza para designar aquellas personas dedicadas al consumo de drogas. Es adicto aquel que no puede
prescindir del consumo de algo.

El término actualmente engloba una serie de situaciones: ludopatía, adicción sexual, drogas, internet, juegos, actividad física.

Adicción es sinónimo de dependencia.

A su vez el modelo de la adicción ha sido el de la toxicomanía.

Teorías psicoanalíticas sobre el funcionamiento psíquico de la adicción.

Adicciones y drogadependencia. Carmen Basualto-Documento de cátedra

La definición de la Organización Mundial de la Salud reduce el problema a la drogadicción diciendo que: “es un estado de
intoxicación periódico o crónico nocivo para el individuo y la sociedad y provocado por el consumo repetido de un fármaco natural o
sintético” y le asigna las siguientes características:

a) Afán exagerado por la droga.


b) Tendencia a elevar la dosis. (Tolerancia)
c) Dependencia física y/o psíquica del fármaco.
d) Aparición de síntomas al suprimirse la misma (síndrome de abstinencia).

Desde el psicoanálisis, el tema de las adicciones es mucho más amplio y se acentúa el modo particular de relación entre un objeto y
un sujeto. Desde esta concepción, las adicciones resultan múltiples y la sociedad es la que determina la sanción; las más conocidas
son la drogadependencia, el alcoholismo, el tabaquismo, y la obesidad. Si no es modificada la estructura de personalidad, el cambio
de los objetos continúa al servicio de la adicción adaptándose sólo en mayor o menor medida a las exigencias sociales.

Este es un tema complejo que reconoce factores personales, familiares, y sociológicos, por lo cual requiere un enfoque
interdisciplinario y un análisis lo más abarcativo posible no sólo de las características del sujeto sino del medio familiar y social en el
cual se inserta.

Algunas de las posturas más destacadas dentro del pensamiento psicoanalítico con respecto a las adicciones. Basualto

1) Freud
a) Comprendió que la raíz de las adicciones se remite a la fase oral de desarrollo.
b) Estableció la relación entre masturbación y adicción.

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c) Postula que el bebedor considera al alcohol como objeto ideal.

Psicopatología de la drogadicción y el alcoholismo. Rosenfeld

Freud nunca escribió ningún ensayo detallado sobre el alcoholismo o la drogadicción. En 1897, en una carta, Fliess sugiere que la
masturbación es la primera adicción y que las otras, tales como el alcohol, la morfina, el tabaco, etc., sólo se incluyen en la vida como
sustitutos de ella.

En “Tres ensayos de teoría sexual” (1905) dice que existen algunos niños en los cuales la importancia erógena de la zona labial se
halla constitucionalmente reforzada. Si esta importancia se conserva, tales niños llegan a ser, en su edad adulta, inclinados a la
bebida y al exceso en el fumar.

En “El Chiste y su relación con lo inconsciente” (1904) escribe: “el buen humor surgido endógena o tóxicamente provocado debilita
las fuerzas inhibitorias, entre ellas la crítica, y hace accesibles de este modo fuentes de placer sobre las que pesaba la represión…
Bajo la influencia del alcohol en el adulto se convierte nuevamente en niño, al que proporciona placer la libre disposición del curso
de sus pensamientos sin observación de la compulsión de la lógica”.

En “Duelo y melancolía” (1917) expresa que, a su modo de ver, la intoxicación alcohólica, en la medida en que consiste en un estado
de elación, pertenece al grupo de los estados mentales maníacos. En la manía hay un relajamiento en el gasto de energía sobre la
represión. En el alcoholismo la liberación de impulsos reprimidos se ve posibilitada por la toxina.

De estas citas de los puntos de vista de Freud, resulta claro que él comprendió que la raíz de la adicción se remite a la fase oral del
desarrollo, pero también observó que existía una relación entre la adicción y la masturbación infantil. También manifiesta su
creencia de que a menudo el bebedor considera al alcohol como un objeto ideal, lo cual explicaría por qué está tan sujeto al alcohol,
representante de este objeto. Relacionando la psicopatología de la manía y el humor, con el alcoholismo y la intoxicación, Freud
estableció los fundamentos para una comprensión más profunda de las adicciones.

2) Abraham
a) Sugiere que el alcohol al suprimir las inhibiciones incrementa la capacidad sexual no sólo la normal sino también la
perversa.
b) Destaca la influencia de los estados tóxicos en el sadismo y el masoquismo.
c) Dice que se utiliza el alcohol para obtener placer sin problemas, se renuncia a la mujer y se abraza el vino.
d) Destaca en todas las adicciones, la importancia del deseo oral insaciable.

Psicopatología de la drogadicción y el alcoholismo. Rosenfeld

Es interesante señalar que Abraham destacó sólo el factor oral de las adicciones sin vincularlas a los estados maníaco-depresivos.

3) Rhado:
a) destaca la importancia del erotismo oral.
b) Establece la relación entre manía y depresión, cree que la base de la drogadicción es una intensa depresión inicial y una
intensa intolerancia al dolor
c) Considera que el pronóstico en drogadictos es favorable porque se usan las drogas como defensas contra el dolor.
d) Relaciona a las drogas con la dependencia.

Psicopatología de la drogadicción y el alcoholismo. Rosenfeld

Simmel: entre 1928 y 1949, realizó numerosas contribuciones a la psicopatología y al tratamiento de la drogadicción y el
alcoholismo. En 1928, al examinar la drogadicción sugiere que los adictos sufren de neurosis narcisista (enfermedad maníaco-
depresiva) que evitan utilizando mecanismos de la neurosis. Él cree que el efecto de la droga se focaliza en el Súper Yo. Dice: “la
víctima de la adicción es un melancólico que emborracha su Súper Yo controlador con el veneno con el cual él mata al objeto en su
Yo. Sin embargo, para el observador externo, mientras está entregado al veneno se encuentra en un estado maníaco. Puesto que un
Súper Yo paralizado por una toxina cesa de efectuar demandas, ya no es capaz de mediar en los intereses de la autoconservación.”

Concuerda con Rhado y otros, en destacar la relación de la adicción con la depresión, pero subraya además el carácter maníaco de la
adicción, perspectiva que comparte con Freud, Abraham y Rhado.

4) Knight

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a) Platea que el alcoholismo es un síntoma y no una enfermedad, en muchos casos aparecen tendencias psicóticas en
particular rasgos paranoides y esquizoides.
b) Habla de la posible existencia de una madre sobreprotectora e indulgente en exceso y de un padre casi siempre frío,
poco afectuoso, dominante e inconstantemente severo e indulgente.
c) Destaca que el paciente al beber, sortea la profunda perturbación de su autoestima.

Psicopatología de la drogadicción y el alcoholismo. Rosenfeld

Contribuyó con varios artículos acerca de la dinámica del tratamiento del alcoholismo, sosteniendo que la adicción alcohólica más
que una enfermedad es un síntoma. En muchos casos se descubren tendencias psicóticas, en particular rasgos paranoides y
esquizoides. Durante el periodo de excesiva ingestión alcohólica el paciente entra temporariamente en un estado psicótico y a
menudo se registra acting out regresivo de pulsiones inconscientes libidinales y sádicas.

5) Melanie Klein
a) El psiquismo del adicto está ligado a la fase infantil temprana esquizo-paranoide.
b) Las principales defensas implementadas son: la idealización, la identificación con un objeto ideal y el control
omnipotente de los objetos.
c) La droga simboliza un objeto ideal que puede ser incorporado concretamente y cuyo efecto incrementa la
omnipotencia.

6) Susana Dupetit
a) lo que lleva a la adicción no son las drogas sino la cosmovisión omnipotente.
b) Las drogas destinadas a sostener la cosmovisión omnipotente agregan el efecto nocivo psicofísico que siempre se
produce a corto o largo plazo.
c) La lucha contra las adicciones deberá hacerse en dos planos relacionados, el del control internacional de la
instrumentación proselitista en la cual se incluyen los traficantes y en la lucha por el predominio de la cosmovisión
realista.

Teresita Milán considera a la adicción como patología neurótica, con tempranas fallas en la subjetivación. Hay que entender la
adicción como un modelo de realidad, un vínculo entre el objeto y el sujeto.

La toxicomanía no es una estructura autónoma, bajo ella se presenta estructuras psicopatológicas diferentes que permiten
comprender:
-la naturaleza de la adicción,
-las relaciones de objeto,
-el conflicto
-las defensas

En la dependencia adicta se da un tipo de función mental favorecido por una estructuración yoica deficitaria en los procesos de:
separación, duelo y elaboración sustitutiva.

En la drogadicción, la realidad está sostenida en la idealización de un objeto externo que, siendo incorporado, sube la autoestima.
Bajo este estímulo mental se niega la frustración y la ansiedad.

El término “droga” alude a: engaño, mentira, trampa. La trama que se le tiende al adicto es la del auto-engaño, que lo instala en la
omnipotencia del supuesto autocontrol de la ingesta y la elección de la droga. La creencia de un libre albedrío para decidir acerca de
su adicción descubre un control omnipotente ante lo impotente y de un conflicto de dependencia extrema. Las adicciones son la
antítesis de la libertad.

Psicopatología de la drogadicción y el alcoholismo. Rosenfeld

Conclusiones: del análisis de estos aportes surge el acuerdo existente entre la mayoría de los autores acerca de la importancia de los
factores orales, tanto en las drogadicciones como en el alcoholismo, el narcisismo, la manía, la depresión, los impulsos y
perversiones destructivos o autodestructivos, tales como homosexualidad o el masoquismo.

Al examinar la oralidad de los adictos, algunos autores hablan de un modo más general de la intensidad constitucional de la oralidad
(Freud), reactualización del órgano alimenticio (Rhado), o regresión a la etapa de succión (Simmel). Otros son más específicos al
destacar la importancia del trauma del destete: Robbins dice que el destete prematuro puede convertir la frustración del pecho

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externo en un pecho venenoso, conduciendo a una construcción defensiva de una madre o pecho altamente idealizados, lo cual
contribuye a las ilusiones de autosuficiencia.

En la descripción del narcisismo algunos autores hablan de de una disposición narcisista (Rhado), una regresión al narcisismo
(Kielholz), una identificación primaria (Clark), sensaciones oceánicas de fundirse con el universo (Meerloo), o fijación a un objeto
narcisista pasivo (Fenichel),mientras que otros autores como Simmel ponen el acento en el narcisismo patológico “donde se lleva a
cabo cada vez más la defusión, posibilitando al instinto de muerte hacerse más poderoso y donde el adicto se retrae a un estado
prenatal que simboliza la muerte”.

Al examinar la relación de las adicciones o el alcoholismo con la depresión y la manía, la mayoría de los autores destaca la
importancia de la psicosis maníaco-depresiva, fundamentalmente Kielholz, Simmel, Rhado, Fenichel, (en alcoholismo); algunos
señalan más la relación de las adicciones con la manía (Freud) o las defensas maníacas como el deseo de escapar (Abraham y
Ferenczi) o destacan simplemente los impulsos depresivos o suicidas (Clark).

La mayoría de los autores mencionan algunas perversiones tales como la homosexualidad, el masoquismo o el sadomasoquismo,
como de aparición frecuente entre los drogadictos y alcohólicos. También fueron mencionados por lo menos por siete autores, los
delirios paranoides, las ansiedades persecutorias y la paranoia.

Algunos autores están convencidos de que el alcoholismo y la drogadicción poseen un efecto particularmente destructivo en tanto
influyen sobre la conciencia o Súper Yo.

Algunos autores suponen que el alcohol o la droga representan el objeto bueno o malo. Freud y Robbins describen al alcohol como
un objeto ideal. Simmel considera a la botella o a la jeringa, en la capa más profunda, como el pecho materno con el que el adicto
anhela unirse.

Desde el punto de vista estructural

-funcionamiento de tipo psicótico con déficit en la organización de base comprendida en un neurótico fallido

-Yo débil, carenciado y lábil. Tiene fallas para controlar los impulsos e imponerse al principio de placer.

-Poca tolerancia a la frustración.

-Dificultad en la separación Yo – No Yo

-Falla en la formación del Ideal del Yo (infantil e inmaduro). El adicto mantiene el Ideal del Yo producto de la neurosis de sus padres,
ya que no ha podido estructurar un Ideal del Yo más realista y plástico. No puede formar un Ideal del Yo maduro, sino que es infantil,
su persona no satisface este ideas. Así se desvaloriza y surgen sentimientos de odio contra sí mismo y contra los demás.

- Súper Yo sádico y cruel. Lo acusa y lo lleva a recurrir a la droga para evadir la intensa culpa.

Definición y características. Documento de cátedra

Descriptivamente designa la repetición de actos susceptibles de provocar el placer pero marcados por la dependencia a un objeto
material o a una situación buscada y consumida con avidez.

¿Qué es una adicción?

Goodman (1990) formula una definición operatoria de la adicción, la describe como un proceso en el que se realiza un
comportamiento que puede tener por función procurar el placer y aliviar un malestar interior, y que se caracteriza por el fracaso
repetido de su control y su persistencia a pesar de las consecuencias negativas. Es sinónimo de acción.

Criterios para delimitar el campo de las adicciones

a) Imposibilidad de resistir a las impulsiones, a realizar este tipo de comportamiento.

b) Sensación creciente de tensión (siempre) presente antes del comienzo del comportamiento.

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c) Placer y/o alivio durante su duración.

d) Sensación de pérdida del control durante el comportamiento.

e) Presencia de al menos cinco de los nueve criterios siguientes:

1- Preocupación frecuente del sujeto por el comportamiento o de su preparación.

2- Noción de intensidad y duración de los episodios deseados.

3- Tentativas repetidas para reducir, controlar o abandonar el comportamiento.

4- Tiempo importante dedicado a preparar estos comportamientos.

5- Estos episodios sobreviven al cumplimiento de obligaciones profesionales, escolares o universitarias, familiares o sociales.

6- Actividades sociales, profesionales o recreativas, sacrificadas para llevar a cabo el comportamiento.

7- Mantención del comportamiento a pesar de que el sujeto sabe que es causa o agrava un problema persistente o recurrente
del orden social, financiero, psicológico o físico.

8- Tolerancia marcada: necesidad de aumentar la intensidad o la frecuencia para lograr el efecto deseado, o disminución del
efecto procurado por un comportamiento de la misma intensidad.

9- Ciertos elementos del síndrome han durado más de un mes o se repiten durante un período más largo.

A pesar de esta descripción estricta no existe una semiología precisa de la adicción pues ella se define no como un trastorno
específico y sí como una clase genérica de fenómenos que integran comportamientos aislados, anteriormente, y que se consideran
como muy diferentes entre ellos.

La cuestión principal reside en el lugar de esta categoría en la nosografía y en la extensión de su campo, o sea, cuales
comportamientos incluir. Plantea un problema epistemológico y metodológico.

Según la posición de Goodman las adicciones como una clase, un síndrome, reagrupa a una serie de otros trastornos y se opone a las
clasificaciones anteriores porque ella reunifica los trastornos actualmente dispersos.

En tanto concepto psicopatológico, como una “organización adictiva” que pretende explicar ciertos comportamientos diferentes,
pero suponiendo un proceso común, la adicción se opone a las tipologías clásicas (neurosis, psicosis, perversión, borderline) quienes
conciernen más al sujeto que al comportamiento.

Para otros el término de adicciones debe ser reservado a los comportamientos toxicomaníacos en los cuales aparece un modo
particular de restitución de una identidad fallida y un tipo de funcionamiento psíquico particular.

Tipos de adicción. Documento de cátedra

Muchos comportamientos parecen ser clasificados sin dificultad entre las adicciones mientras que la integración de otros suscita
dudas, porque su existencia no está reconocida.

Toxicomanía, alcoholismo, bulimia, el juego patológico, han pertenecido a esta clasificación desde el [Link] tentativas de
suicidio repetidas, las compras compulsivas, las conductas de riesgo, la anorexia, las adicciones sexuales, los excesos de gasto físico o
de trabajo aparecen en segundo término.

Adicción y adaptación: Adicción viene a ofrecer una cierta compensación de lo que no se puede alcanzar, que permite adaptarse a
una situación.

Personalidad y adicción. Texto Capítulo V

No existe una estructura de personalidad estable que conduzca a la adicción.

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El carácter oral, el núcleo oral subyace a muchas adicciones, se manifiesta en una manera de reaccionar que consiste en rechazar lo
malo personal colocándolo fuera y reteniendo lo bueno idealizándolo; lo cual lleva el confundir lo exterior, lo odiado y al otro.

En general, el oral es exigente y quiere todo de inmediato, es insaciable, impaciente, celoso. Será crédulo, abierto, generoso, incapaz
de decir que no, y quedándose a menudo en proyectos o dejando las cosas a medio hacer. Su vida amorosa es intensa pero
superficial. La omnipotencia y la búsqueda del paraíso perdido le aferran a las utopías y le mantienen reivindicativo, <me deben,
quiero tener, son mis derechos, soy inocente y bueno como un niño y no tengo deberes ni obligaciones para con los demás que
están en deuda permanente conmigo>.

Se puede considerar como determinados fóbicos, pueden utilizar el cigarro, el alcohol o cualquier otra droga como un sistema de
protección frente al temido exterior con que el que tienen conflictos. El fóbico teme el encuentro humano, <fumo para romper el
hielo>, <ofreces una copa para calentar el ambiente>, expresiones que nos hablan de angustia latente, del bloqueo ante los
semejantes y de vacío vital.

Otra característica de la personalidad –terreno propicio para la adicción- la encontramos en los que podíamos llamar abandónicos, o
síndrome de abandono. La avidez anbandónica es insaciable, ilimitada, angustiada. Personas que han tenido fracasos y pérdidas de
vínculos muy prematuros en su desarrollo, trataran ante otras posibles nuevas pérdidas de sustituirlas por objetos –materiales o no-
a los que atribuyen poderes reparadores de esa situación íntima de vacío, mediante el establecimiento de vínculos adictivos.

Algunas personalidades hipocondríacas, pos su parte, para combatir la depresión latente, su temor a la muerte y persecución por
enfermedades malignas, su miedo a que unos entes informes, incontrolables, y omnipotentemente destructivos que flotan en sus
mentes y que necesitan de la concreción de los impulsos en lo corporal, para controlarlos y que no maten, pueden automedicarse
constantemente, con la fantasía de encontrar poderes tanto curativos como venenosos o mágicos en los medicamentos, e
intentarán encontrar su malignidad escudriñando entre los prospectos la confirmación de sus sospechas de toxicidad, de
contraindicaciones, y daños que pueden causarle.

Este pensamiento mágico suele ser la consecuencia de una crianza con una madre sobreprotectora, insegura, bastante ocupada con
sus propios conflictos que le conducen a ser autoritaria y a no gozar con su marido, que permanece en un papel secundario, como un
hijo más.

Conductas y rasgos de carácter toxicómanos

- Conducta compulsiva en busca de gratificaciones regresivas, se toma la droga compulsivamente o se pretende frenar el
descontrol emocional mediante ella por deficiente control de los impulsos, especialmente en crisis o exacerbaciones del
conflicto narcisista subyacente, como ocurre en los bebedores ocasionales en los que una herida en su autoestima les
precipita en el acto compulsivo.

- Falta de tolerancia a las frustraciones, que en la mayoría de las ocasiones no sin en realidad tales, pero el sujeto las
convierte en traumáticas.

- Inestabilidad afectiva dado que tienen ideas contradictorias de lo que son y desean.

- Defensas primitivas porque atribuyen a las drogas poderes sobrenaturales y que surten efectos sobre el organismo que en sí
mismas no poseen, todo es debido al carácter primitivo de esa relación.

- Alteraciones de la identidad, este punto creo que todo el mundo lo tiene claro o debiera tenerlo. Da la casualidad que la
mayoría de la propaganda de las drogas legales está basada en el poder de las mismas de dar una identidad definida.

- Juicio alterado de su realidad por exceso o por defecto de autovaloración. Existen licores que basan su propaganda en este
fallo de la personalidad. Síntomas que nos hablan de alteración o patología de los sistemas yóicos afectados por la excesiva
carga que supone el uso abusivo de las proyecciones. Se sienten débiles y sin valor y lo tienen, pero lo han trasferido a
otros, al licor, a los perfumes, al dinero.

- Fallos en las sublimaciones, por eso mismo la publicidad les excita por el lado de sexo mecánico, exótico en paraísos
agrestes, solitarios. Son personas que se aburren con los productos de la cultura humana y por eso, toda su juerga acaba en
el bar. Igualmente encontraremos frecuentemente la tríada: regresión, oralidad, narcisismo. En esta tríada están basados
los anuncios de los cigarrillos americanos.

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Suelen ser personas fluctuantes, ambivalentes, influenciables por la opinión del último que les dice algo, de lo último que se lleva, de
su último impulso.

Suelen ser inquietos en el plano narcisista, van de flor en flor, de tema en tema, de trabajo en trabajo, de amor en amor, siempre
deseando con avidez.

El que una persona deje las drogas no asegura que no vuelva a tomarlas, o que no se encamine hacia un proyecto de vida
masoquista. Será imprescindible el análisis y descubrimiento de las causas en el terreno de las fantasías, de las relaciones con la
realidad, de las expectativas preñadas de magia, de su falta de sentido adecuado a su realidad personal, etc., para que este logro se
consolide.

Adicción a sustancias. Filmina

Conjunto de síntomas: cognitivos (pensamiento), comportamentales (el hacer) y fisiológicos (compromete el equilibrio biológico).

Se continúa consumiendo la sustancia a pesar de los problemas específicos.

Se requiere abuso y dependencia con las sustancias para mantener un cierto equilibrio (tranquilizarse para perder el miedo, para
tomar valor, para alcanzar deseo y placer sexual, para obtener orgasmo, para no sentir desesperación, para olvidar.)

Tres condiciones para determinar adicción:

Poseer una o varias de las indicaciones señaladas:

a) Sensación interna de sufrimiento


b) Que la adicción perturbe gravemente su vida personal, familiar, laboral o social, aún en los casos en que no sean
plenamente conscientes de la causa de estos problemas.
c) Que se trata de un acto arraigado de forma que la persona no lo sepa o no pueda salir de el por él mismo, y por lo tanto
demanda ayuda.
d) Es importante diferenciar tipos o variedades de menor a mayor gravedad. En algunas personas se manifiestan todas o
algunas de ellas, conjuntamente y hablamos así de la poliadicción.

Por lo general la adicción comienza de manera impulsiva, con búsqueda de placer inmediato (en la adolescencia por
experimentación) y poco a poco se va desarrollando. Casi paralelo a la vida de la persona y se vuelve una vida paralela. Empieza
hacer una diferencia, entre una vida y la otra. Esta vida pasa casi a tener autonomía, porque exigen, demandan.
Escapa al control y se va imponiendo como una conducta obligada que con el paso del tiempo se convierte en el objeto de burlas
interiores. Comienza impulsivo y termina compulsivo.
En su trayecto compromete siempre la dimensión compulsiva impulsiva, en la que se le van sumando diferentes elementos que van
ocupando el lugar del objeto de la adicción.

Dos Fases:

1° Fase no adictiva: no hay adicción.

2° Fase pre clínica: en la cual el sujeto que tiene el hábito, está convencido de que puede tener éxito en el control de ese
comportamiento. Esto es de omnipotencia.

Otra fase de la 2° es cuando no puede salir solo, no puede manejarlo, y necesita plantear una demanda de ayuda. Este sería el
momento de la impotencia frente a la adicción.

Sensibilización: representa la vulnerabilidad adquirida del organismo o del psiquismo. Largo tiempo después de haber puesto fin a la
conducta adictiva, perdura vulnerable a los efectos de una sustancia y a la posibilidad de volver a entregarse a ello o de renovar la
experiencia.

DSM IV: Trastorno del control de los impulsos.

Singularidad del paciente adicto


- Intoxicación y felicidad: (Fantasía omnipotente)

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- La droga pasa a ser un sentido destinado a la cancelación del dolor.
- La conducta adictiva, defensa, una barrera química contra la invasión de la angustia.
- Con los quitapenas se obtiene: placer inmediato, autoerotismo, independencia frente al miedo externo, refugio en un
mundo propio, huida de la complejidad del vínculo humano, y de las exigencias del conocimiento de la realidad.
- La cancelación del dolor: paraliza las emociones, suspende el movimiento mental del pensamiento, libera de la
incertidumbre e inquietud que produce todo vínculo con el conocimiento.

Ejes conceptuales

En la adicción subyacen diversas estructuras de personalidad.

Los efectos que se buscan con los objetos de la adicción dependen de las cualidades que el sujeto le atribuye a ese objeto en función
de las fantasías inconcientes.

Efectos de la sustancia y papel de la fantasía inconsciente.

El conocimiento de la función y significación del comportamiento adictivo, cualquiera sea el objeto de adicción, permite orientar el
proceso terapéutico en cada caso.

Tolerancia: Estado de adaptación biológica.

Dependencia: Condición en la que un medicamento produce una cierta sensación de satisfacción y una tendencia a un uso continuo.

Síndrome de abstinencia: Conjunto de síntomas, comunes a un grupo de sustancias, puede ser físico o psíquico.

Conmorbilidad: Implica la existencia y la simultaneidad de un diagnóstico adicional de una persona que a su vez registra una historia
de consumo adictivo de sustancias.

Rosenfeld dice que la drogadicción es una patología sobreagregada a otra pretérita. La adicción es un intento de autocuración de la
patología pretérita, que generalmente se desprende en la adolescencia.

DSM IV:
- Trastorno por inducción de sustancias.
- Trastornos referidos a cuadros orgánicos.
- Trastornos por adicción.

Diferenciar: Uso, Abuso, y Dependencia.

Uso: Es episódico, por ejemplo de cannabis, del derecho es un delito (es ilegal) pero no se puede considerar este indicador como
adicción patológica. El uso de droga no es igual que toxicomanía.

Abuso: estado que puede llevar a un periodo breve de dependencia, puede estar condicionado por situaciones ambientales. Es decir,
alivianada la presión externa, se deja de consumir. El derecho se ocupa del uso de las sustancias. La psiquiatría, la psicología se
ocupan de la dependencia, del abuso, y del riesgo del uso.

Tres dimensiones:

-Dimensión social cultural


-Biológica
-Psicológica.

Estas generalmente se conjugan, una puede ser preponderante.

Es un error considerar que la adicción se asienta por las propiedades bioquímicas de las sustancias. Porque no es solo el producto el
que genera la dependencia.

El toxicómano es un sujeto que sufre por partida triple. En principio en la adolescencia, sufre por aquello que lo empuja a recurrir a la
droga (vacío, confusión) en un segundo momento sufre por aquello que le impide romper la dependencia con el objeto tóxico

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(cuando el sujeto ha intentado abandonar sin éxito). El tercer momento es por las consecuencias de la droga, efectos psíquicos,
físicos y sociales.

Pedinielli: Él no es solamente una persona dependiente de un producto tóxico, sino una persona que intenta reducir un problema,
no puede renunciar a esta solución, sin embargo dramática. Se instala porque prodigo placer, y por su efecto alucinante. Y se
refuerza ella misma entre bruscas rupturas que puedan ser debidas a fenómenos externos. Además transitan de bruscas rupturas y
caídas en la repetición del consumo (Esto es la periodicidad).

La coacción irresistible: Compulsión e impulsión siempre están presentes, y la imposibilidad de renunciar al uso de la sustancia.

Alcoholismo. Formas clínicas. Delirium Tremens. Síndrome de Korsakof. Confusión Mental.

ALCOHOLISMO
El alcoholismo es una de las patologías donde el cruzamiento de varias disciplinas es imprescindible para su prevención y
tratamiento; la sociología, la antropología, la economía, la medicina, y la psicología, entre otras, vienen a dar cuenta de este
fenómeno individual y social, que no sólo acarrea un profundo deterioro físico y psíquico a quien lo padece sino serias consecuencias
a nivel social, tales como: una notable disminución de la tasa de productividad de un país, descomposición social al desintegrar la
familia, el favorecimiento del retardo mental por privación cultural o hipoproteica en el niño, al alternar las relaciones de la
economía familiar, las neurosis de las mujeres y familiares de los alcohólicos por los constantes estados de tensión a que se ven
sometidos y el aumento de los índices delictivos en estado de embriaguez.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el alcoholismo es una enfermedad que se caracteriza por la presencia regular de
dependencia sociocultural y/o física y/o psicológica hacia el alcohol

El DSM IV incluye al alcoholismo, conceptualizado como abuso y dependencia del alcohol, entre los trastornos por uso de sustancias
para subrayar el hecho de que los efectos del consumo desadaptativos del alcohol son similares al efecto del consumo desadaptativo
de otras sustancias de potencial abuso y dependencia.

Según el DSM IV, la característica principal del alcoholismo es la presencia de un cambio psíquico comportamental desadaptativo:
labilidad emocional, deterioro de la capacidad de juicio, deterioro de la actividad laboral o social, que aparece durante la ingestión
de alcohol o después. Estos cambios se acompañan de una falta de coordinación, marcha inestable, deterioro de la atención o
memoria, estupor o coma. La falta de coordinación puede interferir la capacidad de conducir, al punto de provocar accidentes. Los
síntomas no obedecen a enfermedades médicas.

Jellinek: acepta como alcoholismo cualquier uso de bebidas alcohólicas que cause cualquier daño al individuo a la sociedad o a
ambos y enumera cinco tipos:

1- Alcoholismo Alfa: representa una dependencia psicológica pura y continúa del efecto del alcohol para aliviar el dolor físico o
emocional. La ingestión es indisciplinada pero no conduce a la pérdida de control o a la incapacidad de abstenerse.

2- Alcoholismo Beta: especie de alcoholismo en el que pueden aparecer complicaciones alcohólicas tales como:
polineuropatías, gastritis y cirrosis hepáticas, sin dependencia, ya sea física o psicológica hacia el alcohol. Es causada por
hábitos culturales de ingestión.

3- Alcoholismo Gamma: especie de alcoholismo en el cual aparece una tolerancia tisular aumentada y adquirida hacia el
alcohol; un metabolismo celular y adaptativo y síntomas de privación y deseo impetuoso, es decir, dependencia física y
pérdida del control. Esta especie provoca el mayor y más serio de los daños.

4- Alcoholismo Delta: muestran las tres primeras características del anterior y una forma menos marcada de la cuarta
característica, es decir, en lugar de pérdida de control hay incapacidad de abstenerse ya que de hacerlo aparecen síntomas
de privación.

5- Alcoholismo Epsilon: es la dipsomanía o alcoholismo periódico, en el curso de una crisis los alcohólicos pueden causar serios
daños.

Formas clínicas. Henri Ey

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1. Intoxicación Alcohólica Aguda
.A. Embriaguez Normal
.B. Embriaguez Patológica

2. Alcoholismo crónico
A. Delirio Alcohólico Sub-agudo o Simple
B. Delirio Alcohólico Agudo (Delirium Tremens – Psicosis Alcohólica (Síndrome de Korsakoff – Confusión Mental)

1. A. Embriaguez Normal

Manifestaciones:

-Excitación intelectual y motriz. Sentimientos de euforia, felicidad y optimismo. Al mismo tiempo existe una disminución del dominio
y la vigilancia

-Las palabras comienzan a ser incoherentes. Perturbaciones motrices evidentes (torpeza, incoordinación), trastornos del humor, se
exalta, canta, baila.

-Finalmente el sujeto se desploma. A menudo vomita. Los reflejos están disminuidos. La anestesia se extiende y puede observarse
incontinencia de esfínteres.

-La evolución se efectúa después de varias horas.

1. B. Embriaguez Patológica

- Embriaguez excitomotriz: raptus impulsivo, furioso, cefaleas y ansiedad, rompe cosas, vocifera, pega ciegamente. La duración del
acceso puede abarcar varias horas y después cae en coma.
-Embriaguez alucinatoria: se caracteriza por el carácter dramático de las alucinaciones visuales o auditivas que la acompañan. El
sujeto se encuentra sumergido en escenas a menudo trágicas íntimamente mezcladas con la realidad.
-Embriaguez delirante: aquí lo predominante es la fabulación principalmente sobre cuatro temas esenciales: autodenuncia delirante,
temas megalomaníacos, temas de persecución

2. B. Delirio Alcohólico Agudo (Delirium Tremens – Psicosis Alcohólica (Síndrome de Korsakoff – Confusión Mental)

DELIRIUM TREMENS: empieza bruscamente; se da por aumento brusco de la dosis de alcohol (puede tener otro origen); infecciones
con mucha fiebre, traumatismos.

Delirio confuso-onírico (con alucinaciones): expresado con todo el cuerpo, actúa generalmente temas terroríficos, angustia, temblor,
sudoración, insomnio total, lenguaje incoherente.

Pérdida del juicio y desorientación témporo-espacial.

Desintegración de la conciencia (confusión) que lo lleva a la liberación de movimientos anormales: masticación, succión, prensión.

El temblor está generalizado a toda la musculatura del cuerpo.

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También se caracteriza por fiebre alta, que llega a los 40 grados, y persiste varios días.

SÍNDROME DE KORSAKOFF: no tiene exclusivamente una etiología alcohólica, es tributaria también de otros estímulos tóxicos e
infecciones, tumores cerebrales. Es un síndrome confusional, en el que predomina la amnesia de fijación y los falsos
reconocimientos. No puede fijar recuerdos, y lo viejo puede alterarse por fabulaciones. Se dan falsos reconocimientos. Vive en un
constante presente. Su memoria no le permite un nexo con el presente y deficientemente con el pasado. Esta confusión y
desorientación lo lleva a la fabulación, compensadora de la amnesia para llenar las lagunas. Su estado afectivo es: pueril, eufórico,
distanciado.

CONFUSIÓN MENTAL: sin onirismo (lo que la diferencia del delirium tremens), es un estado de obnubilación y entorpecimiento
general de las funciones psíquicas: atención debilitada, pobreza de percepciones y comprensión deficiente, asociaciones precarias.
Acá el alcohol produce alteraciones a nivel de las capas de la corteza.

Mientras que el alcohólico niega su adicción, el drogadicto admite “yo soy adicto”. Esto tiene que ver con la omnipotencia.

Apuntes de clase
El alcoholismo está considerado, la tercera causa de muerte después de los cánceres y las enfermedades cardíacas, que a su vez
estas dos están relacionadas con el alcoholismo.
- Enfermedad crónica por abuso de alcohol, cantidad y tiempo de ingesta.
- Adicción tóxica.
- Daño somático: aparato circulatorio y digestivo.
- Perturbación del SNC, amnesia, y confusión.
- Consecuencias médicas: cáncer, cirrosis.
- Deseo imperioso de consumir alcohol.
- Denuncia una situación individual, familiar.

Tipos de bebedores
Aftémico: Nunca toma, menos de 5 veces al año
Moderado: Bebedor ocasional, menos de un litro por día.
Excesivo: Un litro de vino por día o más. Estados de embriaguez, 12 o más embriaguez al año. Pérdida de control. Incapacidad de
abstenerse. Dependencia cultural suscribe al grupo o la ocasión.

Efectos

Alcohólico
- Pérdida del control.
- Pérdida de la libertad.
- Incapacidad de abstenerse.
- Síndrome de abstinencia.
- Dependencia psíquica.

Alcoholización diaria
- Pérdida del control.
- Incapacidad de abstinencia.

Psicopatología del Alcoholismo


- Tiene que ver por lo general con depresión, en el comienzo, durante, y al final.
- Estado ansioso y de pánico: el que toma para darse valor y por miedo.
- Fobias sociales: dificultad para la comunicación.
- Trastorno de la personalidad antisocial, límite psicopático.
- Personalidad dependiente.

Clasificación de personalidad, según factores de alcoholismo:

Primario (menos grave)

Tipo A: gusto, hábito.

Tipo B: social, exclusivamente por condiciones sociales.

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Tipo C: dependencia física con la sustancia, necesita ingerir para contrarrestar los primeros síntomas de abstinencia

Secundario(el sujeto le suma a lo anterior los problemas psicológicos, por ejemplo estados depresivos importantes, fobias repetitivas
y ciertas producciones delirantes, el alcohólico niega estas producciones)

Tipo D: sujetos que arrastran situaciones de duelo no elaboradas por lo que van desarrollando un comportamiento melancólico

Tipo E: estimulante, es el elemento necesario para poder responder con lucidez, al principio genera euforia, y esta es la que provoca
la primera experiencia de placer.

Rasgos del paciente alcoholico

- Negación de la ingesta.
- Cree poder controlar la ingesta.
- Disminución física.
- Débil investimiento corporal.
- Inhibición sexual.
- Dificultades para sentir y experimentar emociones.
- Impulsibilidad.
- Ansiedad elevada centrada en las relaciones sociales.
- Siente al alcohol como una barrera protectora frente a la ansiedad.
- Déficit en la experiencia de bienestar.
- Trastorno del humor: oscila entre la depresión y la hipomanía.
- Sentimientos agresivos.
- Pérdida de vínculo.
- Vivencia de ser víctima.
- Culpa y angustia por la apetencia de alcohol y la responsabilidad de controlarla.
- Aislamiento.

Maldonado dice que el alcohólico intenta huir de la dependencia humana; se hace por ello dependiente del alcohol. Huye mediante
la fantasía de que el amor de persona puede ser sustituido por el alcohol.

Psicopatología de la drogadicción y el alcoholismo. Rosenfeld

Contribuyó con varios artículos acerca de la dinámica del tratamiento del alcoholismo, sosteniendo que la adicción alcohólica más
que una enfermedad es un síntoma. En muchos casos se descubren tendencias psicóticas, en particular rasgos paranoides y
esquizoides. Durante el periodo de excesiva ingestión alcohólica el paciente entra temporariamente en un estado psicótico y a
menudo se registra acting out regresivo de pulsiones inconscientes libidinales y sádicas.

Conclusiones: del análisis de estos aportes surge el acuerdo existente entre la mayoría de los autores acerca de la importancia de los
factores orales, tanto en las drogadicciones como en el alcoholismo, el narcisismo, la manía, la depresión, los impulsos y
perversiones destructivos o autodestructivos, tales como homosexualidad o el masoquismo.

Al examinar la oralidad de los adictos, algunos autores hablan de un modo más general de la intensidad constitucional de la oralidad
(Freud), reactualización del órgano alimenticio (Rhado), o regresión a la etapa de succión (Simmel). Otros son más específicos al
destacar la importancia del trauma del destete: Robbins dice que el destete prematuro puede convertir la frustración del pecho
externo en un pecho venenoso, conduciendo a una construcción defensiva de una madre o pecho altamente idealizados, lo cual
contribuye a las ilusiones de autosuficiencia.

En la descripción del narcisismo algunos autores hablan de de una disposición narcisista (Rhado), una regresión al narcisismo
(Kielholz), una identificación primaria (Clark), sensaciones oceánicas de fundirse con el universo (Meerloo), o fijación a un objeto
narcisista pasivo (Fenichel),mientras que otros autores como Simmel ponen el acento en el narcisismo patológico “donde se lleva a
cabo cada vez más la defusión, posibilitando al instinto de muerte hacerse más poderoso y donde el adicto se retrae a un estado
prenatal que simboliza la muerte”.

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Al examinar la relación de las adicciones o el alcoholismo con la depresión y la manía, la mayoría de los autores destaca la
importancia de la psicosis maníaco-depresiva, fundamentalmente Kielholz, Simmel, Rhado, Fenichel, (en alcoholismo); algunos
señalan más la relación de las adicciones con la manía (Freud) o las defensas maníacas como el deseo de escapar (Abraham y
Ferenczi) o destacan simplemente los impulsos depresivos o suicidas (Clark).

La mayoría de los autores mencionan algunas perversiones tales como la homosexualidad, el masoquismo o el sadomasoquismo,
como de aparición frecuente entre los drogadictos y alcohólicos. También fueron mencionados por lo menos por siete autores, los
delirios paranoides, las ansiedades persecutorias y la paranoia.

Algunos autores están convencidos de que el alcoholismo y la drogadicción poseen un efecto particularmente destructivo en tanto
influyen sobre la conciencia o Súper Yo.

Algunos autores suponen que el alcohol o la droga representan el objeto bueno o malo. Freud y Robbins describen al alcohol como
un objeto ideal. Simmel considera a la botella o a la jeringa, en la capa más profunda, como el pecho materno con el que el adicto
anhela unirse.
Simmel: entre 1928 y 1949, realizó numerosas contribuciones a la psicopatología y al tratamiento de la drogadicción y el
alcoholismo. En 1928, al examinar la drogadicción sugiere que los adictos sufren de neurosis narcisista (enfermedad maníaco-
depresiva) que evitan utilizando mecanismos de la neurosis. Él cree que el efecto de la droga se focaliza en el Súper Yo. Dice: “la
víctima de la adicción es un melancólico que emborracha su Súper Yo controlador con el veneno con el cual él mata al objeto en su
Yo. Sin embargo, para el observador externo, mientras está entregado al veneno se encuentra en un estado maníaco. Puesto que un
Súper Yo paralizado por una toxina cesa de efectuar demandas, ya no es capaz de mediar en los intereses de la autoconservación.”

Concuerda con Rhado y otros, en destacar la relación de la adicción con la depresión, pero subraya además el carácter maníaco de la
adicción, perspectiva que comparte con Freud, Abraham y Rhado.

Adicciones: ¿el precio del malestar en la cultura? Teresita Milán

La producción de barbitúricos, anfetaminas y una vasta gama de analgésicos y psicofármacos favorece, por automedicación y, a
veces, por sobremedicación, nuevas posibilidades adictivas.

La supermedicalización del malestar cotidiano


Es indudable que la estrecha ligazón entre la psiquiatría biológica, la neurociencia y la psicofarmacología –a lo que se agrega el
interés industrial que parece reinar sobre el campo psiquiátrico- van construyendo una nueva versión del hombre: “el hombre
farmacológico”, a la imagen de la computadora entre el “software” de la vida psíquica y el “hardware” de la vida del cerebro.

La sociedad actual, fabrica un individuo en función del modelo de los elementos de consumo, asistimos a un sujeto psíquico que se
debate entre el placer y el sufrimiento; el dolor de existir o la felicidad normalizada por la ciencia.

El consumo como organizador social, sienta las bases para una cultura adictiva, en la cual están insertos tanto los psicotrópicos
como las drogas ilegales. El consumo de medicamentos psicotrópicos debe su poder a un movimiento de “refundación científica”
donde el ideal farmacológico domina y podría destituir el saber psicoanalítico en el tratamiento de los trastornos mentales, sobre
todo en el rango de los sufrimientos del sujeto “deprimido”: angustia, insomnio, culpabilidad, tristeza, deseos de muerte.

Los medicamentos psicotrópicos desde 1952 constituyen una suerte de revolución y milagro que permiten reducir el sufrimiento de
los síntomas de los trastornos psíquicos, algunos de ellos son: ansiolíticos, tranquilizantes, antidepresores, hipnóticos o somníferos.
Sedación, estimulación y anestesia constituye una trilogía que podría ser emblemática del uso de psicotrópicos para afrontar las
dificultades y los malestares existenciales.

No desconocemos que es necesario tener en cuenta el rol de todos los actores que intervienen en la cadena de salud, desde el
fabricante hasta el prescriptor del medicamento. La industria farmacéutica es una industria más, para vender sus productos utiliza la
fuente de promoción, de venta, de comunicación, propias del mercado.

El prescriptor, es el que comprende los recursos económicos de la comunidad en beneficio de un consumidor que en principio no es
quien demanda el medicamento. Pero es un hecho que el consumidor se convierte en el que dicta su prescripción al médico cuando
se trata de medicamentos psicotrópicos. Pero también es un hecho que no se realizan estudios para evaluar la prevalencia de los
sujetos farmacodependientes y las consecuencias de una utilización crónica sobre su salud.

El concepto de salud y bienestar

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El peso de las representaciones sociales, el entrecruzamiento de los discursos, médico – científico – político y económico, explican,
en gran parte, el fenómeno del aumento de psicotrópicos en nuestra sociedad.

Un trío se encuentra claramente definido: un médico, un medicamento, un enfermo. Pero ciertos medicamentos psicotrópicos
(benzodiacepinas utilizadas como tranquilizantes o como hipnóticos y antidepresores psicoestimulantes) provocan estados psíquicos
vividos agradablemente por las personas con buena salud. La realidad del trío, entonces, puede cambiar: para el presumible enfermo
que solicita la medicación por sufrir un mal, el medicamento es una sustancia que procura el bienestar, el médico es el recurso más
fácil y menos costoso para quien sufre, y quiere vivir bien y olvidar su malestar. En apariencia, por lo tanto, nada ha cambiado y la
identidad de los componentes del trío no está puesta en juicio. Los pacientes dicen: “es un medicamento porque está prescripto por
un médico y en una receta reconocida por la mutual” o “yo soy un auténtico enfermo porque tomo medicamentos y se me ha
establecido una licencia en el trabajo”. En efecto esos razonamientos son irrefutables.

La cuestión de fondo es si la salud y el bienestar es uno solo, si este es el caso, los médicos deben asegurar el bienestar de la
población y el estado debería financiarla.

Medicalización de la existencia
La demanda de salud deviene en una demanda de elevada performance corporal: cuerpo, bello joven, deportivo e inteligente. La
medicina del deseo ilustrada por la asistencia médica a la procreación y a la cirugía estética ha entrado en escena en la cultura
actual. El médico no es solamente un técnico que puede salvar la vida en caso de enfermedad, él se ha convertido en alguien que
puede permitir realizar un deseo. Se habría transformado en un vendedor de felicidad en un universo de salud donde se mezclan las
determinantes económicas, sociales medio ambientales.
Zarifian sostiene la idea de que el sufrimiento psíquico está más expandido de lo que uno cree, pero no debe ser asimilado a una
enfermedad. El funcionamiento mismo de nuestra sociedad conduce a una medicalización de la existencia, susceptible de vaciarla
de sus sentidos. Nos ha alertado sobre la posibilidad de que la psiquiatría podría devenir un instrumento de control social sobre los
individuos.
Esta supermedicalización de los trastornos mentales una formidable prescripción de medicamentos psicotrópicos, constituye un
fenómeno relevante en el que se destaca una alianza entre los médicos, los industriales y los pacientes.
Se establece una suerte de perversión de la consulta médica por un acto de consumo de una receta de medicamentos frente a una
oferta cada vez más heterogénea y atrayente; la llamada “cultura de Prozac”, cultura absorbida en una “normalidad” cotidiana bajo
la idea de vivir tranquilos, “sin drama”, a través del estabilizante químico, el quitapenas, que aleja la angustia y aporta el placer.

El lifting de la personalidad
Un consumo estratégico de medicamentos psicotrópicos puede sostener la laboriosa búsqueda del reconocimiento social, como
obtener más éxito, aplastar a los adversarios, mantener su propio lugar de trabajo, estos son algunos ejemplos que se inscriben en
un proceso de medicalización de lo social que consiste en la transformación de ciertos malestares existenciales en enfermedades.
Los medicamentos psicotrópicos pueden asumir el rol de sostenes privilegiados, una prótesis narcisística que enmascara la
vulnerabilidad y fragilidad de la persona.
Entre las estrategias de esta práctica, la autoasistencia es concebida como la forma extrema de self control. El individuo se auto-
asiste en su práctica de consumo porque la dependencia, el acostumbramiento y los efectos secundarios podrían traicionar o revelar
el silencio y la opacidad que rodea al consumo. El autoasistirse lleva a concebir al consumidor como la fusión de dos personajes
normalmente distintos: el que cura y el paciente.

El efecto simbólico de la prescripción médica


La participación del paciente en la alianza perversa, es la de trastocar la cura por la palabra, por la “máscara” del psicotrópico, en
un intento de eludir el saber del inconsciente, de su deseo. Sin duda todo acto de prescripción médica no transcurre sin efecto
simbólico, el cual es negado y de esta manera el médico se libera de la angustia que porta la demanda, y contribuye al
enmascaramiento de ese sufrimiento convirtiendo al sujeto de la demanda en un “hombre farmacológico”, conformado alrededor
de un ideal científicamente justificado.
Esta demanda de ansiolíticos es más difícil de trabajar por la vía de la palabra, de la simbolización, porque las causas de la angustia
son enmascaradas y la demanda es precisamente una demanda de máscara amplia.

Conclusiones
Un individuo bajo influencia tanto de psicotrópicos como de las llamadas sustancias ilegales queda dividido, separado de sí mismo e
impedido de vivir una auténtica experiencia emocional que sustente una genuina personalidad. Lejos de aportar el bienestar tan
anhelado el consumo abusivo se transforma en una verdadera adicción para ciertos sectores de la población y la vía regia hacia la
exclusión y la alienación del sujeto.

Malestar en la cultura. Apuntes de clase

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Freud consideraba que no eran susceptibles de analizarlos. Freud relaciona la angustia que le produce al hombre la cultura, dice que
para soportarla no podemos prescindir de calmantes, habla de poderosas distracciones, satisfacciones sustitutivas y sustancias
embriagadoras. Él dice que los seres humanos quieren abrazar la dicha y conservarla. Para que esto se mantenga así se tendría que
erigir el principio de placer, pero como no es así, se busca la evitación, para evitar el displacer. La felicidad es la manifestación de
necesidades con altos grados de excitación.

Hay tres fuentes del placer:


- El cuerpo propio.
- El mundo externo.
- El vínculo con los otros.

Evitar el displacer, es evitar el vínculo con los otros, y encontrar un mundo interno satisfactorio.

Conceptos generales sobre drogadicción (tipo de drogas y sus efectos)

Susana Dupetit. “La adicción y las drogas”

Capítulo 1: Los orígenes

Desde el nacimiento el individuo se ve obligado a controlar la distancia que lo separa de los objetos que mas necesita (por estado de
indefinición), las personas que se interesan y se preocupan por él, este interés constituye al nacer y durante toda la vida su principal
alimento psíquico, sin el cual no podrá sobrevivir sin alteraciones.

Los padres contienen todo lo que calma, todo lo que da placer; si se alejan se llevan consigo todo eso (los pechos que alimentan, las
manos que acarician, etc.), si la ausencia es prolongada siente inquietud, pánico y odio, luego, renuncia y alejamiento del mundo. En
su remplazo hay sombras y ruidos que aterrorizan, orificios que estallan y queman, el hambre se siente como dolor intolerable, total,
el bebe mete sus dedos o su sabanita en la boca pero no lo puede calmar.

Mamando satisfecho reencuentra la capacidad de tolerar las ausencias, es lo que conocemos como capacidad de esperar. Sus manos
lo ayudan a esperar, se las chupa, las acerca y las aleja, usa la boca para retener y tragar en su propio agujero oscuro lo que teme
perder (tolera las ausencias sustituyéndolas con partes de su propio cuerpo).

La ausencia de los padres se hace intolerable, constituye un vacío que el bebe debe llenar, lo hace por medio de las fantasías, que
son en principio placenteras, el bebe juega, habla con ellos, los arroja lejos, los busca de nuevo; los mete en la boca, los suelta, son
papas a su medida. Cuando la ausencia se hace evidente por su tardanza, las versiones fantásticas se acercan a lo terrorífico (prefiere
esto a la soledad absoluta que es intolerable).

Si la madre contiene y satisface adecuadamente, el bebe aprenderá que la piel de la mama es parecida pero diferente a la sabanita,
podrá tener olor similar pero no ira acompañada de caricias, etc. así, hasta llegar a un vinculo con padres reconocidos como
totalidades autónomas respecto de sus deseos. Luego cuando el conflicto se presente nuevamente (impulsos que desea satisfacer y
realidad que frustra) apelara a lo que lo rodea, para atenuar o abolir el dolor psíquico que le causa la situación, el bebe mete sus
dedos en la boca aterrado por el hambre y la vivencia de exclusión y por un momento se satisface a si mismo, se siente dios. Por un
instante no necesita nada, mueve los dedos y “ya está”, todos los alimentos son suyos “ya está, no necesita” el reino de la fantasía
toma lugar en el drama del lactante y desde su trono de “puro placer” regirá en mayor o menor medida durante toda la vida.

Defensas ante el dolor


Así, podrá negar una realidad amenazante; para lograrlo bloqueara su capacidad de percepción y se desconectara del dolor psíquico
(Fantasías defensivas). Otra fantasía defensiva a la que recurre es dividir entre lo que duele y lo que no duele, lo que da placer y lo
que da displacer. Con esto consigue identificar el enemigo-dolor mental, creyendo que lo divide, que divide las emociones que
implica, el tiempo y espacio que ocupa y los que lo provocan. También, evacuara y proyectara en el espacio, junto con contenidos del
cuerpo (micción, defecación) contenidos mentales dolorosos o placenteros. A su vez la experiencia de la alimentación ayudara a
construir la fantasía de adquirir o recobrar cualidades o emociones perdidas, incorporar-introyectar. De la fantasía de incorporación-
introyeccion de la conducta paterna surge la represión, funciona desde adentro de la mente como dique que contiene o prohíbe
impulsos.

Otra fantasía defensiva es la confusión, sensación de que no hay diferencia entre el afuera y el adentro de la mente, entre zonas del
cuerpo y del espacio, entre diferentes momentos en el tiempo.

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Otra característica es la modalidad omnipotente del uso de la fantasía, el sujeto busca imponer sus hipótesis a los demás con una
convicción inamovible, con arbitrariedad, rigidez y no contrastación (imposición). La modalidad realista implica lo contrario, ambas
coexisten, el predominio de una o la otra determinara el grado de salud mental.

Cuando el bebe pasa del recuerdo del pecho a los propios dedos, de la piel de la madre a la sabanita, realiza una operación de
identificación, sustitución y desplazamiento.

Cuando las condiciones de vida llevan al sujeto a un estado de tensión y/o pánico crónicos, las organizaciones defensivas se
estereotipan, dando lugar a reacciones iguales ante diferentes estímulos. Es a este predominio de la modalidad omnipotente del uso
de las fantasías defensivas, a lo que se suele llamar, enfermedad mental.

Podemos considerar como funciones paterno-maternas: la ternura, capacidad de esperar, entendimiento (capacidad de ponerse en
el lugar del niño, reconocer desde allí su estado emocional y sus necesidades del momento y poder reflexionar sobre ello), con
tensión afectiva y normativa, cuidado material, acompañamiento en el aprendizaje, y en la prevención en defensa de los peligros. Si
esta funciones están presentes, se logra un nivel optimo de frustración y ansiedad que permite al niño retirar su búsqueda de sus
padres y dirigirlo a la exploración y manipulación de su propio cuerpo y de lo que lo rodea, usando fantasías defensivas a servicio de
la realidad.

La ausencia de funciones materno-paterna se da no solo a partir de la menor o mayor ausencia física de los padres, sino que también
suele provenir de una excesiva presencia: también cuando casi no frustran a sus hijos los padres atentan contra su nivel óptimo de
frustración.
Estos padres suelen padecer, un marcado incremento de sus propios aspecto omnipotentes, lo cual le impide reconocer a su hijo
como un ser independiente y diferente de si mismo. En síntesis, ante la ausencia de funciones paterno-maternas (por exceso o por
defecto) el niño aprenderá que quienes lo rodean deben actuar, no como personas independientes sino solamente como funciones
útiles para su supervivencia, al servicio de calmar su dolor psíquico. La actitud del niño y futuro adolescente será la de alguien
incapaz de reconocer la existencia de un mundo fuera de si mismo y de tolerar esperas y frustraciones, siendo considerado por
quienes lo observen como tirano y déspota.

El proceso de identificación con las funciones paterno-maternas hace a la estructuración del aparato psíquico y de la personalidad.
Este, es un aprendizaje lento y gradual que depende de dos sectores: el niño y su mundo imaginario, por una parte, y los padres con
el propio, más o menos modificado por la experiencia de la convivencia social.

Frente a la vivencia de exclusión, por ejemplo, predominan las fantasías y deseos destructivos, con el resultado de una visión de los
padres particularmente terrorífica. Más tarde, cuando esté lleno de odio por la ausencia, les atribuye su propio odio y les retira el
amor, con la consecuente pérdida de confianza interna y externa. La madre pasa a ser una bruja terrorífica que viene a vengarse por
los deseos destructivos del niño. El papá será un ogro inmenso. Además, como pareja, los padres se someten mutuamente a torturas
increíbles. Aquí la respuesta intelectiva y afectiva de los padres cobra suma importancia. Si reaccionan con serenidad y sabiduría,
darán al hijo la oportunidad de comprobar que sus fantasías agresivas y sentimientos de culpa, son hipótesis que no siempre
coinciden con hechos en la realidad exterior. Si en cambio reaccionan con mucha agresividad, o con cualquiera de las características
que corresponden al mundo del “ya está”, confirman con sus actos las fantasías del niño y su vivencia de ser culpable y merecedor
de odio y castigo. Entonces las fantasías se transforman en “teorías” a partir de las cuales el sujeto manejará sus relaciones consigo
mismo y con su realidad exterior. Dado el carácter omnipotente de estas teorías, el individuo tratará de imponerlas sobre la realidad
más que contrastastarlas con ella.

Coexisten en la mente del niño una parte adulta y una parte infantil de la personalidad, en la que se pueden diferenciar dos
aspectos: el dependiente que tiende a identificarse con las funciones maternas-paternas (cualidades adultas de los padres) y el
omnipotente que tiende a pactar con los aspectos omnipotentes de estos.

La construcción de la modalidad dependiente permite al niño aceptar la modulación de sus padres respecto de sus demandas
imperiosas de satisfacción e introyectar en su mente las pautas que caracterizan las funciones paterno-maternas, una vez
internalizadas podrá renunciar a la inmediatez de los placeres.

Si predomina lo contrario, es decir los pactos entre los aspectos rígidamente defensivos de la organización omnipotente-infantil y los
de sus padres el niño rechazará con violencia tales pautas, guiado por el puro placer, en busca de la perpetuación del fantástico reino
del “ya está”.

El predominio sostenido de aspectos omnipotentes de la parte infantil de la personalidad implica el sometimiento paulatino de las
partes dependientes infantil y adulta a sus demandas. Esta dependencia interna a una parte de la personalidad la denominaremos
“dependencia adicta”.

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En el caso de la dependencia adicta, entonces, describe un funcionamiento particular en la mente humana, según el cual, una
organización psíquica se somete gradualmente a los requerimientos de otra. En otros casos, como el de la dependencia absoluta,
relativa y adulta, describimos la conducta que un individuo manifiesta para con los objetos externos (padres) en distintos momentos
de su desarrollo. La adicción a las drogas o a otro elemento externo es sólo una de las posibles expresiones conductuales de esta
dependencia adicta.

Circunstancias externas pueden exacerbar el grado de dependencia adicta, circunstancias que han de tener para el sujeto el carácter
de agresión o golpe, se las denomina hechos traumáticos. Por ejemplo accidentes, muertes de seres cercanos, inmigración,
momentos de la existencia denominado crisis vitales en los que se sufre de desorganización psíquica, por ejemplo: la pubertad,
adolescencia, crisis de la mediana edad, climaterio y vejez, son etapas difíciles de la vida que predisponen al desarrollo de alguna
adicción (aparecen conductas adictivas con o sin drogas: ninfomanía, donjuanismos, cocainomanía, etc.). La resolución adecuada de
las crisis vitales depende de la historia previa del sujeto en el momento de las mismas. El factor más importante en esa historia es la
capacidad que él haya podido lograr para sustituir el primitivo apego cuerpo a cuerpo con los padres, necesario durante los primeros
meses, por equivalentes de los mismos en el pensamiento, y la acción. (Esto es lo que en el psicoanálisis se entiende en términos
generales como simbolización, condición fundamental para la creatividad.)

El púber podrá encontrar equivalentes de sus necesidades primarias de alimento y protección en una barra de amigos, en el deporte
organizado, o en actividades intelectuales. Eso le permitirá tolerar el descontrol corporal y genital y encausarlo en relaciones
personales en las que pueden llegar a predominar el amor por sobre la excitación, la ternura sobre la violencia, la genitalidad adulta
sobre la infantil.

La adicción resulta así, una de las manifestaciones de la dependencia adicta. Su característica específica a la observación es la
apelación a instrumentos externos a los cuales el sujeto les otorga el poder ilusorio de aliviar su tensión psíquica. Implica un retiro
emocional y perceptual bastante importante respecto de los demás seres humanos y del mundo, un interés predominantemente
dirigido hacia objetos y no personas (o bien a personas consideradas como objetos), para lo cual el individuo organiza sus defensas a
fin de negar aquellos elementos de la realidad exterior que le provoquen dolor psíquico, al mostrarle su dependencia del medio
humano.

Parte II: El despliegue de la cosmovisión omnipotente


Las características del despliegue: De lo animado a lo inanimado, de la inanimación a la animación

Los objetos externos a los cuales se dirige el ser humano a lo largo de su existencia son muy variados, en cantidad y calidad. Animales
vivos inmovilizados o muertos, vegetales, cosas pertenecientes al mundo físico sin movimiento aparente. Se dirige hacia ellos con
intenciones diversas y con distintos grados de pertenencia.

En la base de estas intenciones esta, conciente o inconcientemente, el intento natural del individuo de controlar el mundo del no-yo,
y cuantas más trabas haya encontrado en los primeros pasos de su desarrollo psíquico, mas predispuesto estará a ejercer ese control
desde los mandatos de la cosmovisión omnipotente. En efecto, el control del mundo del no-yo va desplazándose a medida que el
individuo cumple su desarrollo evolutivo, de los objetos-personas-padres a sustitutos cosas, animales o vegetales, en una gama
alternante que va de lo animado a lo inanimado.

Pero cuando la organización omnipotente extiende su conquista y dependencia adicta avanza en gravedad, el individuo rigidifica
cada vez más su sistema defensivo tratando de alejarse de lo animado y dirigirse a lo inanimado, apelando para ello, a sus fantasías,
en un intento inconsciente de inanimizar lo animado y animizar lo inanimado.

El control omnipotente de lo vivo animado y de lo vivo inanimado

Es fácil comprender que los objetos que menos se prestan al control omnipotente son los animados, ya que ofrecen un mayor grado
de movimiento autónomo con respecto al individuo, que aquellos que permanecen quietos. Es mucho más fácil a modo de ver del
sujeto, intentar controlar y manipular una pastilla o una jeringa, que una persona viva, por ejemplo. Decididamente, la dependencia
del objeto externo se hace más difícil cuando este es un objeto-persona vivo y puede tener conductas inesperadas, como por
ejemplo, alejarse y desaparecer, que con un objeto al cual se hace aparecer y desaparecer a voluntad.

El individuo reducirá su contacto aun más con el objeto-persona animado e intentará a veces (a veces con éxito ilusorio)
reemplazarlo directamente por cosas: piedras, estatuas, aparatos, drogas. Entendiendo que su conducta objetiva y subjetiva difiere
del desplazamiento o remplazo de objetos-persona objetos-animales, vegetales o cosas que se relacionan con el desarrollo que
podemos denominar normal. En este triunfa la renuncia a la posesividad absoluta.

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En el intento de controlar los objetos-personas vivos de las cuales dependen, el individuo demanda satisfacciones de una
incondicionalidad cada vez mayor. Los fracasos son cada vez más grandes y en consecuencia los actos de posesividad dirigidos a la
inmovilización del objeto que se teme perder son cada vez mayores. Así el sujeto cree lograr ilusoriamente la reafirmación de su
omnipotencia.
De cualquier manera el intento posesivo de inmovilizar al otro es un extremo, en la ilusión momentánea, de la fantasía que al
convertirlo en algo inanimado, se acabara también con la desesperación y el pánico que el objeto provoca y por lo tanto con el odio
persecución y culpa, que cierran elcirculo miedo- odio-culpa – perscucion-pánico-villanía y culmina con el crimen objetivo por
ejemplo la necrofilia sería el extremo de la gradacion que estamos considerando.

También los objetos animados pueden ser blanco del intento de control omnipotente. El individuo humano puede desplazar ese
intento hacia objetos del mundo exterior con características aparentemente inanimadas y atribuirles cualidades que no poseen
alejándose, de esta manera, del peligro de depender afectivamente de objetos-personas y repudiando dicha dependencia a
extremos casi increíbles.

El control omnipotente de lo inanimado


Ciertos coleccionistas dedican mas atención a su hobby que al resto de lo que los rodea. Se aíslan, se desesperan por encontrar el
momento para quedar a solas con los objetos de su colección. En sus deseos inconcientes predomina la imperiosa necesidad de
inmovilización. Abundan fantasías de controlar la vida y la muerte de los seres, que representaban todo el universo conocido y
deseado. En el fondo lo que cuidan, atesoran e inmovilizan ilusoriamente es un mundo mágico infantil dentro del cual el tiempo no
transcurre.
Conclusión: el deseo de control omnipotente lleva al sujeto al ilusorio intento de inanimizar lo animado y animar lo inanimado.
El intento ilusorio es el mismo: transformar lo animado en cosa y dar a la cosa carácter animado. Así por ejemplo, por mas
declaracion amorosa que el enfermo de homosexualidad, ninfomanía o donjuanismo manifieste al objeto elegido, este será
favorecido por la elección siempre y cuando permita ser considerado como cosa.
Diremos ahora que adicción constituye una de las manifestaciones de la dependencia adicta que se caracteriza, a la observación, por
la apelación a instrumentos externos a los cuales el sujeto otorga el poder ilusorio de aliviar su tensión psíquica siempre y cuando se
presten a su intención inconsciente defensiva, de inanimar lo animado y animar lo inanimado.

Los grados de extensión del despliegue:

Instrumentación esporádica
En el individuo que tiene predilección por el cine, libros, deportes, el vino, o consume marihuana eventualmente, etc. podemos
encontrar similitud entre su conducta y la de los adictos. Sin embargo en estas personas predomina la sensación de placer y alivio en
las relaciones con los demás, no los reemplazan por objetos inanimados ni los instrumentan sistemáticamente como tales,
pretendiendo controlarlos a su antojo. Viven y además pueden tener hobbys, consumir eventualmente e instrumentar la relación
con el mundo externo para olvidar penurias. La cosmovisión realística se ha vuelto en ellos predominante, a diferencia de los adictos,
en los cuales la batalla, el conflicto, se resuelve con el triunfo de la omnipotencia, dando lugar a una conducta rígida y estereotipada.
El individuo está condenado a relaciones de tipo infantil omnipotente con lo que lo rodea y los que lo rodean, lo cual no hace sino
incrementar su desesperación, ya que este tipo de relaciones, establecidas al servicio de calmarse o excitarse y no de
reconocimiento y discriminación entre el mundo de los deseos y el del no yo, son sentidas por él como inestables y transitorias.
Se ve así compelido a recurrir una y otra vez, cada vez más, a la magia del “ya está” para lograr la organización de rituales de éxtasis
y crueldad.
La distorsión de la realidad se lleva a cabo de diversas maneras en el ser humano, dentro de una gama que va desde la fantasía
conciente (sueños diurnos), las ilusiones, alucinaciones. Otra forma que toma la distorsión de la realidad abraca a los valores éticos
que son comunes a todas las culturas.
En el caso de la conducta adicta, la distorsión de la percepción y de los valores éticos ocupa un lugar fundamental. La intención,
consciente o inconsciente, no es la de modificar estos valores en función de un sistema ético distinto, sino la de pelear contra toda
sistematización que aparezca como fruto de un trabajo conjunto, especialmente si se trata del trabajo de generaciones anteriores. La
motivación más conocida de esta actitud, es la de una marcada intolerancia a la exclusión, que mueve al adicto a desear la
destrucción de todo aquello que no haya sido construido por él, sin ayuda alguna.
Se trata, una vez más, del triunfo de la dependencia adicta, que lleva al individuo a intentar imponer la omnipotencia infantil sobre la
dependencia infantil y la adulta.
Progresivamente y a medida que su adicción se agrava (mayor extensión) el adicto intentará despojar de emociones sus vínculos con
el mundo a través de la distorsión inconsciente de sus sentimientos, que se manifestará en una evidente confusión. Confundirá amor
con excitación, excitación con sensualidad, indiferencia con amor (tiene que ver con la distorsión)
Cuando en el adicto los valores y las normas aparecen aceptados, es en función de sostener una fachada de buena conducta con la
cual no esta de acuerdo, pero que le permite continuar con su adicción sin enfrentamientos con la sociedad.

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Otra característica es que el adicto elige el camino del gran pánico, el de la omnipotencia que experimenta durante los actos de
crueldad, entra en juego la villanía. Nada puede temer aquel a quien todos le temen. Así desafía la realidad exterior eludiendo al
mismo tiempo la interna.
Distorsión y desafío son dos organizaciones defensivas graduales del individuo en diferentes períodos de la vida, que todavía
implican un reconocimiento del mundo del no-yo. Si estas organizaciones fracasan, queda al sujeto el recurso de la negación de la
realidad externa y su réplica interna, con consecuencias mucho más graves, como podemos imaginar, para su vida física y psíquica.

Proselitismo
El individuo parece obtener, en estos casos, una particular satisfacción en inducir a conductas adictivas a personas no
comprometidas en la dependencia adicta, utilizando para ello métodos diversos y ejerciendo mayor o menor grado de violencia.
Este proselitismo no es gratuito para la mente del sujeto. “Reventar”, como se suele llamar en la jerga de los adictos a una persona,
sobre todo a menores, es agregar un nuevo factor de persecución y vivencia de destrucción interna (intenso desasosiego).

Criminalidad
Proselitismo y criminalidad están estrechamente ligados. Una y otra vez el adicto criminal debe destruir todo objeto externo que le
podría llegar a hacer bien, todo lo que enriquezca su relación con el medio y por lo tanto su mundo interno: en síntesis, todo aquello
que lo coloque en el peligro de depender. Y una y otra vez deberá refugiarse de las culpas que ya se han transformado en terror y
pánico crónicos acudiendo a la violencia física y psíquica sobre el objeto externo y su propia relación mental con él.
Lo que habia comenzado en la infancia como un juego mas o menos agresivo con un hermanito menor o compañerito de escuela,
representantes de lo querido y admirado, culmina ahora ahora en la necesidad de destruir cualquier representante de la
dependencia infantil y adulta para reafirmar la omnipotencia.

Capítulo 4: Los instrumentos del despliegue:

Adicción a la comida
La adicción a la comida es uno de los más frecuentes observables. Socialmente no se la considera un peligro ni una amenaza directa.
No necesariamente el individuo tiene que ser obeso para padecerla, aunque la adicción pueda a veces contribuir, junto a factores
constitucionales y endocrinos a la obesidad.
Es en principio, una conducta ligada por lo menos a tres factores: uno, la relación primaria con la alimentación, dos, las vicisitudes de
la conquista del espacio, tres, la situación actual del sujeto.
La comida pasa a sustituir ilusoriamente a los padres reales que no llegan nunca a satisfacer las demandas insaciables del adicto, y
por lo tanto se tornan peligrosamente frustrantes. La comida se constituye en fuente de toda seguridad.
El sentido inconciente d la conducta parece ser el de el intento de inmovilización de los objetos-personas-padres, incorporándolos en
la fantasía por la boca. Tienen la necesidad imperiosa de llenar un vacío.

Adicción a las personas del mismo sexo (homosexualidad)


En la base de esta conducta esta nuevamente presente el encuentro con la pareja parental, la vivencia de exclusión ante la vida
intima de la misma a la cual el sujeto no puede acceder, los celos, el miedo a quedar abandonado y la tentación muy violenta en los
homosexuales de negar el acto sexual de los padres y su consecuencia, la procreación.
Los padres del futuro homosexual padecen de una marcada dificultad para reconocer las diferencias sexuales.
La negación de la filiación y el ataque a la fertilidad y a la procreación, se llevan a los hechos en la relación homosexual, dado que
una de las posibilidades a las que debe renunciar el sujeto es a la maternidad o paternidad.

Adicción a personas del sexo opuesto: ninfomanía y donjuanismo.


Algunas personas manifiestan una conducta irrefrenable que consiste en seducir a cuanta persona del sexo opuesto se les presente,
preferentemente si reúne ciertas características como: virginales (física o psíquicamente), irresistibles o fatales. La conducta que
provoca el impulso imparable, tiene como denominador común el desafío de lo inconquistable.
El centro de interés es el control omnipotente de los objetos-personas que en este tipo de adicciones se ejerce a través de la
conquista sexual.

Adicción a partes de un objeto-persona: fetichismo, coleccionismo.


Es el deseo de manipular el objeto-persona como si fuera una cosa y en realidad lo consigue en la fantasía, cuando la distancia con el
objeto se hace cada vez mayor, como en el coleccionista de prendas intimas por ejemplo.

Las adicciones a drogas: las drogas y los drogadictos


La elección de la droga sigue un camino muy complejo, resultado de la convergencia de muchos. Decimos que el azar interviene, en
el sentido siguiente: para que la droga se busque como instrumento de la dependencia adicta tiene que haber sido presentado al
individuo en un determinado momento psíquico. Esto, a su vez, tiene que haberse repetido algunas veces. Y además el objeto

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presentado, tiene que tener, por sus características, cualidades de acción parecidas a las de otros instrumentos presentados al sujeto
en otros momentos, en los que haya estado en el mismo estado psíquico.
El estado psíquico aludido, es en principio, el dolor psíquico, que, como sabemos, el individuo adicto no está en condiciones de
tolerar por sí mismo, debiendo recurrir a un elemento externo. Sabemos también que esta incapacidad tiene su historia, ligada sin
ninguna duda a la historia de los pactos omnipotentes infantiles establecidos con sus padres y que ha hecho posible la estructuración
de la dependencia adicta en forma predominantemente estable.
Esta historia incluye la oferta de objetos, y la aceptación de los mismos, siempre y cuando esa oferta coincida con una constelación
fantástica (objetos internos), con la cual el objeto externo coincida y por lo tanto tenga una significación tal para el sujeto que pueda
ser usado al servicio de la misma. Como se comprende, esta historia de pactos, que se desarrolla primariamente con los padres, esta
complejísima red de comunicaciones, mucho mayor que la de cualquier central telefónica, por cuanto los sistemas son mucho más
numerosos, en cantidad, calidad, y capacidad de combinación, incluye la búsqueda de determinados objetos y no otros.
Los objetos externos a los cuales el sujeto recurre, tienen conexión con aquellos que fueron ofrecidos por sus padres en las primeras
etapas del desarrollo, o sea en la etapa de la dependencia total.
En primer lugar, diremos que en aquella etapa de dependencia total, la madre ofrece al niño objetos para la satisfacción de sus
necesidades y el alivio del dolor psíquico que ellas provocan: miedo, odio, inquietud, etc. Cuando todo va bien, la presentación
adecuada en tiempo y calidad de estos objetos brinda al niño una “experiencia de omnipotencia”, como la llama Winnicott, que le
permite confirmar su posibilidad de crear objetos y por lo tanto lo impulsa a la investigación y el interés sereno por el contacto con el
mundo del no-yo.
Por el contrario la falla repetida en esta oferta de objetos inadecuados en tiempo, calidad, y efectividad, impiden el pasaje por esa
necesaria experiencia de omnipotencia. Y el niño desarrolla una básica desconfianza en su capacidad de crear y su posibilidad de
descansar en el cuidado de un semejante, debiendo por lo tanto reforzar todos los actos psíquicos que tiendan a procurarle un
sentimiento de omnipotencia, que no es el mismo. La experiencia de omnipotencia es el corolario de un vínculo satisfactorio en los
primeros contactos con la madre y un motor que impulsa al desarrollo. El sentimiento de omnipotencia es la defensa a la cual el
individuo recurre cuando el vínculo falla.
El dolor de la ausencia de objetos-personas que provean en forma estable y previsible de satisfacción, se hace absolutamente
imposible de ser tolerado y por lo tanto resuelto con la búsqueda adecuada de objetos externos que lo alivien. Por el contrario, los
objetos elegidos posteriormente, tendrán las mismas características equívocas que los primarios.
La intolerancia a la ausencia de contacto se manifiesta en una búsqueda más intensa de sustitutos que lo ayudaran a eludir el
sentimiento de soledad y los celos concomitantes.
Es conveniente agregar que el factor azar también interviene en la elección de droga y en la oferta de la misma, de acuerdo al
momento histórico de la madre, de la relación matrimonial de los padres, de la situación general familiar y del momento histórico-
cultural en el cual, en principio el binomio madre-hijo y más tarde la relación individuo-medio se desarrollen.

Adicción al alcohol.
Cuando el individuo pasa de la instrumentación esporádica a la adicción al alcohol entra en una serie de fases que Jelinek describió:
1) Sintomática: el individuo pasa por dos fases:
- prealcoholica: la persona comienza por encontrar consuelo o alivio en el alcohol en forma ocasional, luego en forma constante y
culmina en un aumento de la tolerancia al mismo.
-prodromica: aparecen olvidos producidos por la borrachera, el individuo no puede parar de beber, despliega toda una conducta que
encubre sentimiento de culpabilidad
2) Crucial: el sujeto pierde el control de lo que toma, no puede parar. Debe ser incluido en tratamiento psicoanalítico además de
psiquiátrico.
Los periodos de abstinencia se encuentran ligados al miedo y al remordimiento pero no al deseo de no tomar.
El individuo pierde interés por todo lo que sea externo a si, deja de comer y descuida el cuidado corporal. Es necesaria la primera
hospitalización en este momento. Presentan trastornos en la potencia sexual.
En esta fase empieza a hacer proselitismo.
3)Crónica: se caracteriza por estados prolongados de embriaguez, perdida del sentido moral, debilitamiento intelectual, accesos
psicóticos, disminución de la tolerancia al alcohol acompañada de una excesiva ingesta del mismo. Aparecen temblores, inhibición
psicomotriz, derrumbe de todo el sistema de razonamiento.

Capitulo 5: LAS DROGAS

Las características de las drogas y sus efectos.


I) Los depresores del SNC.
a) El alcohol.
b) Los ansiolíticos (sedantes, tranquilizantes)
c) Los hipnóticos: barbitúricos y no barbitúricos.
d) Los analgésicos narcóticos:
1) El opio y sus derivados: la morfina, los jarabes para la tos a base de codeína; la heroína.

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2) Los narcóticos sintéticos: Ej. metadona.
e) Los antipsicóticos (tranquilizantes mayores)
f) Otros (antihistaminicos, medicamentos).
II) Los estimulantes del SNC:
a) Los estimulantes de la vigilancia:
1) Estimulantes menores: cafeína, cola, nicotina.
2) Estimulantes mayores: anfetaminas, anorexigenos, cocaína.
3) Otros. Ej. efedrina
b) Estimulantes del Humor (antidepresivos).
III) Los perturbadores del SNC:
a) Derivadas del cannabis: la marihuana, haschich y THC.
b) Los alucinógenos propiamente dichos: LSD, cactus y hongos.
c) Solventes volátiles: las colas plasticas, solventes, nafta, removedores, diluyentes, éter.
d) Otros: anticolinérgicos, sintéticos, etc.

De acuerdo a esta clasificación podemos notar que coinciden con las características que atribuimos a los sistemas de organización
defensivos: desafío, distorsión y negación.
-Drogas que ayudan predominantemente a negar la realidad (depresores)
- Drogas que ayudan predominantemente al desafío de la realidad (estimulantes)
- Drogas que ayudan predominantemente a distorsionar la realidad (perturbadores)

Drogas que ayudan a negar la realidad

OPIO: el efecto es el de una euforia suave que se refuerza con un bloqueo mas o menos evidente de la sensibilidad a los impactos
del mundo exterior y somnolencia. Consecuencias: trastornos digestivos, hepáticos, cardiacos, infecciones por mala alimentación y
deterioro general de la persona.
MORFINA: los efectos son similares a los del opio. Su acción terapéutica reside en su poder analgésico, disminuye la sensibilidad
general Provoca entre otras cosas somnolencia, depresión respiratoria, contracción pupilar. Pueden aparecer delirios, alucinaciones
y hasta convulsiones.
CODEINA: también es derivada del opio, se encuentra en los jarabes para la tos
HEROÍNA: su acción es similar a la de la morfina aunque mas poderosa. Es un poderosísimo depresor del SNC y bulbar. Su supresión
genera accesos respiratorios que provocan intensa angustia y obligan al uso de la droga cada 2 o 3 hs.
BARBITURICOS: tienen la misma acción sobre el eje cefalorraquídeo. La acción de esta droga va desde efectos sedantes ligeros hasta
el coma profundo. Se utiliza terapéuticamente como productor del sueño, como depresor de la corteza cerebral para inhibir ataques
convulsivos, para conseguir anestesia completa.

Drogas que ayudan al desafío de la realidad

COCAÍNA: estimula el sistema nervioso central en sentido descendente, produce inquietud, excitación, pérdida de la capacidad de
percibir fatiga, aumento de la crecencia respiratoria, vómitos, enuresis, alteración del músculo cardíaco, aumento de la presión
arterial, aumento de la temperatura corporal, aumento de la actividad muscular, fiebre (típico de la intoxicación), esta estimulación
se continúa con síntomas de depresión del sistema nervioso central. Produce euforia, omnipotencia, delirios persecutorios,
alucinaciones, trastornos digestivos, pérdida de apetito, insomnio.
ANFETAMINAS: son frecuentes entre las personas que toman píldoras para adelgazar, su efecto es parecido al de la adrenalina.
Actúa como excitante del sistema nervioso central, aumenta la presión sanguínea. La persona manifiesta un aumento de la confianza
en sí mismo, excitación, euforia, disminución de la fatiga física y mental, verborragia, aumento de la concentración, luego sobreviene
irritabilidad, insomnio y fatiga, jaquecas, vértigo, palpitaciones, delirios, etc.

Drogas que ayudan a distorsionar la realidad


CANNABIS: es de las llamadas “drogas mayores”; presenta propiedades sedantes o analgésicas y tiene aplicaciones terapéuticas,
enrojecimiento ocular, aceleración del ritmo cardíaco, hambre, sed, incoordinación muscular, dificultad en la percepción témporo-
espacial; produce una euforia suave, distorsiones visuales, errores de juicio, puede producir alucinaciones, cambios de ánimo,
paranoia, depresión, psicosis latente.
LSD: sus efectos se basan en la alteración de la percepción, el sujeto se siente alejado de sí mismo, con pérdida de la pertenencia del
cuerpo, se siente catapultado en el espacio, diseminado o flotando en el espacio. Su efecto dura entre 8 12 horas.
ALCOHOL ETÍLICO: (ayuda al desafío, distorsión y negación de la realidad). Daña la sustancia celular desecándola. Es astringente e
irritante de la piel y mucosa. Afecta casi todos los tejidos del organismo, especialmente el sistema nervioso, es depresor del sistema
nervioso central y es anestésico general. Produce excitación porque deprime los centros nerviosos superiores y libera los inferiores

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gobernados por ellos. Son frecuentes explosiones emocionales, sensación de omnipotencia, aumenta y desciende la temperatura
corporal, disminuye las funciones sexuales, dificultando el coito o impidiéndolo.

Capitulo 8. El tratamiento del problema

La contención social
El plano de la contención social del drogadicto consiste en poder llegar a darle un marco asistencial adecuado para su curación. En
segundo lugar, deberán garantizar el aislamiento del paciente del medio familiar y social mientras dure el periodo de desintoxicación
y el tratamiento psiquiátrico. Una vez afianzado en la relación con el psiquiatra, el paciente deberá ser incluido en tratamiento
psicoanalítico individual, en el momento en que el equipo que lo atiende así lo disponga.

La ayuda terapéutica.
Los pacientes adictos, sea cual fuere el grado de extensión de la dependencia adicta en que se encuentren, no deben ser tratados
grupalmente.

Durante estas reuniones se tratará de ayudar al grupo a recobrar (en el caso de que lo hayan perdido) o lograr (en el caso que no los
hayan adquirido) límites generacionales, es decir, órdenes de prioridad en relación con la edad, experiencia y rol familiar. La madre y
el padre deberán ser prácticamente enseñados, la mayor parte de las veces, a desempeñarse como padre y madre, no como
hermanos o amigos del paciente. Esto último requiere del psiquiatra no solo claridad teórica sino experiencia vital como padre o
madre, sin la cual tenderá a aliarse con algún miembro (generalmente el paciente) en contra del resto y perderá su rol terapéutico,
cosa por otro lado muy frecuente en este tipo de grupos y de tarea.
David Rosenfeld en su libro “Clínica psicoanalítica. Estudio sobre drogadicción, psicosis y narcisismo” propone una guía clínica de la
evolución psicopatológica del paciente drogadicto. En ella muestra los momentos evolutivos del tratamiento psicoanalítico de estos
pacientes, dividiéndolos en cinco periodos.
1) el paciente hace un uso indiscriminado de cualquier droga, evidenciando así mismo una fuerte indiscriminación entre su identidad
y el terapeuta. En este periodo existe peligro de suicidio dado el estado confusional del paciente.
2) el paciente selecciona una droga que usa para defenderse de otras. Divide las drogas en buenas y malas, defendiéndose de una
drogadicción con otra. Rosenfeld lo interpreta como un intento de discriminación, dentro de la situación de confusión total en la cual
el paciente se encuentra. El terapeuta adquiere para el paciente el aspecto bueno o malo de la droga, alternativa o
simultáneamente.
3) el paciente utiliza la droga solamente en períodos de angustia intolerables relacionadas con las separaciones del analista: fines de
semana, vacaciones, etc. Rosenfeld considera que el paciente repite durante este periodo con el analista, los modelos primitivos de
separación del pecho materno.
4) el paciente realiza tentativas exitosas de abandonar la drogadicción. Se dedica a coleccionar objetos con características más vivas
que las de la droga, que tienen la particularidad de funcionar al mismo tiempo como acompañantes y como intermediarios, y a veces
con características de fetiche. El terapeuta es visto como alguien valioso a quien cuidar. Rosenfeld avisa que en este periodo también
existen peligros de suicidio, el intento aparece como resultado de un contraataque violento omnipotente narcisista del yo, surgiendo
como una afirmación megalómana de la identidad. Es un peligroso desafío a la cura.
5) el paciente puede abordar los problemas que subyacen a la drogadicción y nos encontramos entonces con una persona con las
características psicóticas y/o neuróticas que solemos hallar durante todos los tratamientos psicoanalíticos.

Susana Dupetit; “La adicción y las drogas” 1983 (Teoría)


Destaca la importancia de la constitución del psiquismo y de las primeras relaciones objetales. Relaciona la situación adicta con
situaciones infantiles.
El niño teme la ausencia de sus padres cuando la ausencia de los padres se hace intolerante.
Para un bebé una ausencia de tres horas es la muerte de la madre, para el adicto es igual.
Las defensas tienen dos modalidades:
1. Omnipotente
2. Realista.
La adicción se asienta sobre una modalidad omnipotente.
Para el adicto el otro no es una persona, sino una función; el otro debe abastecer.

Organización de la personalidad
- Aspecto infantil (dependencia/omnipotencia)
- Aspecto adulto (tendencia al reconocimiento de las diferencias entre lo interno y lo externo).
Estos dos aspectos coexisten toda la vida; y hay momentos en la vida que la persona se siente tan vulnerable, que se ubica en
dependiente.

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Dentro del aspecto infantil, el niño se deja enseñar por lo dependiente, pero en oposición al omnipotente que este puede someter a
lo dependiente y quedarse en la fantasía de que nadie puede enseñarle nada.

Dependencia adicta: es un tipo de funcionamiento de la mente (no solo en adictos) sin la cual una organización psíquica se somete
gradualmente a los requerimientos de la otra.

Dependencia a la droga: se manifiesta en el uso de elementos externos a los cuales el sujeto le atribuye un gran poder ilusorio, de
solución de un conflicto.

Organizaciones psicopatológicas subyacentes


Nuevas teorías sobre drogadicción. Autismo y drogadicción. David Rosenfeld

En este trabajo quiero describir el efecto psicológico que provocan las drogas, la fantasía con que se las busca y usa, y también las
fantasías con las que se viven los efectos que provocan. He observado diferentes estructuras psicopatológicas que subyacen a la
adicción, con su propia dinámica inconsciente y psicogénesis infantil, donde cada paciente busca la droga por un motivo distinto.
Nociones de esquema corporal, búsqueda de sensaciones autistas, muerte, vida, suicidios, los procesos de duelos (las experiencias
de separación precoces, los abandonos).
La clasificación en diferentes tipos de pacientes drogadictos es de gran utilidad para enfocarlos clínica, técnicamente, así como para
vislumbrar su pronóstico.

Clasificación de las estructuras subyacentes:

Tipo A: pacientes con duelos neuróticos


Este primer tipo está compuesto por pacientes que buscan en su fantasía de ingesta un envoltorio o sustituto de la piel, a través de la
sensación que la droga les provoca. En este tipo de pacientes encontramos generalmente duelos neuróticos; y por lo general su
pronóstico, si están en tratamiento, es más alentador.
En estos pacientes predomina la ingesta oral y es menos frecuente la inyectable. Suelen fantasear con una especie de calor y
rubicundez en la piel, y así sienten que ésta los envuelve y sostiene (holding). Este tipo de pacientes suele hacer una adaptación más
formal a la realidad que los otros. Muchos de estos casos se desencadenan por situaciones internas o hechos reales (por ejemplo
pérdida de seres queridos).

Tipo B: identificación con objetos internos muertos


En este tipo de pacientes siempre se encuentra un proceso de duelo patológico: están Identificados con un objeto muerto del cual
no pueden diferenciarse.
Estos pacientes no tienen ninguna noción de peligro porque no se sienten vivos, a causa de su identificación con objetos muertos.
Basados en esta lógica psicótica, suelen exponerse a situaciones de altísimo riesgo; así por ejemplo pueden conducir un automóvil a
200 km/h en rutas estrechas.
En los momentos culminantes del peligro, desafían a la muerte. Pero deseo resaltar que estos momentos de peligro significan para
ellos que han vuelto a la vida por un momento. No enfrentan un peligro, sino que viven esas situaciones como una especie de
resucitación.
El duelo es patológico porque se agrega la presencia de un superyó muy cruel y persecutorio, que los acusa y no les permite una
adecuada elaboración del mismo.

Tipo C: autismo
Este grupo de pacientes suele ya tener un diagnóstico de autismo o algunas características autistas en su infancia. Han sobrevivido
creando su propio mundo de “sensaciones”.
Un buen tratamiento o una internación no siempre alcanzan para mejorarlos ya que son prisioneros de una paradoja pragmática:
utilizan las drogas para obtener sensaciones autistas muy primitivas, que los envuelven como un caparazón y de las cuales pareciera
depender su vida. Ellos temen perder estas sensaciones obtenidas a través de las drogas y perder así su noción de identidad,
desaparecer. Sin embargo, su farmacodependencia los intoxica cada vez más y corren riesgo de morir por ello. He ahí una verdadera
paradoja pragmática: hagan lo que hagan, abandonen la droga o queden pegados a ella, el resultado siempre se volverá contra ellos.
Estos pacientes intentan reparar una primitiva noción de identidad a través del mundo propio de sensaciones creado por la droga.
Cuando sienten que caen en un vacío, en un “black hole” (agujero negro), recurren a ella para crear una primitiva noción de
existencia. Carecer de estas sensaciones autistas provocadas por la droga, significa para ellos la pérdida de una primitivísima noción
de identidad.

Tipo D: esquema corporal psicótico

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En este grupo incluyo los pacientes que, preferentemente usan drogas por vía endovenosa. Tienen un funcionamiento mental
basado en la teoría o modelo que llamo Esquema Corporal Primitivo Psicótico. Esta es una concepción y hasta un delirio inconsciente
por el cual creen que su cuerpo no tiene músculos ni piel, y que están hechos o rellenos de sangre, líquidos vitales.

Transferencia y contratransferencia
El manejo de los pacientes que hacen una toxicomanía es especialmente difícil porque el psicoanalista tiene que tratar, no sólo la
adicción, sino también el estado mental producido por la intoxicación. El estudio de la transferencia y contratransferencia nos
permite descubrir la estructura psicopatológica subyacente.

Este término, en este trabajo lo uso en el sentido de un conjunto de emociones, sensaciones, afectos, y algunas veces hasta estados
confusionales, que el terapeuta experimenta cuando está en el campo específico de la transferencia analítica. Es una señal,
solamente una señal, que debe ser decodificada, que refleja la transferencia y que finalmente debe ser evaluada por el terapeuta,
para ser mejor entendida antes de poder usarla técnicamente. Tiene dos aspectos que deben ser discriminados: las resonancias
personales que se despiertan en el analista debido al material clínico; y las sensaciones y afectos que pueden estar en el propio
terapeuta.
Lo que sugiero es que el terapeuta trate de expresar en palabras las sensaciones y emociones que el paciente provoca en él,
a través del lenguaje no verbal, a través de la fonología, la música de la voz, los olores, etc. Pero por sobre todo el analista debe
diferenciar estas emociones del campo analítico, de sus propios problemas personales.
Pienso que la contratransferencia es el instrumento para llevar a cabo la investigación de pacientes severamente perturbados o
severamente regresivos, que no pueden expresar verbalmente las emociones y vivencias más primitivas porque no existen palabras
para expresar los niveles más arcaicos.
Desde el punto de vista metodológico la contratransferencia es usada como una hipótesis y está siempre referida a la relación con el
paciente. Cada vez que usamos una hipótesis basada en la contratransferencia, hay algunas variables que pueden ser descartadas y
otras mantenidas. Por lo tanto es una hipótesis modificable que depende de la experiencia y de la relación con el paciente, y que el
analista postula en su campo de trabajo.
Sólo puede utilizársela cuando se la detecta conscientemente: es repensada por el psicoanalista y no devuelta rápidamente en
interpretaciones, es llevada a supervisión y al propio análisis, diferenciándola de la neurosis del analista.

Contratransferencia y drogadicción
Con respecto a la contratransferencia con pacientes drogadictos, es similar a la que se experimenta con pacientes psicóticos pues
suelen provocar estados de desesperanza. Pero hay algo muy específico de la contratransferencia con ellos y es que provocan que el
psicoanalista cumpla la función y el rol de un objeto inanimado, o sea, una droga. Es muy sutil la forma en que el paciente va
transformando al analista en un objeto inanimado, no humano, al que maneja como una máquina. Si el psicoanalista no se da
cuenta, queda preso de este tipo de relación, lo cual es muy peligroso.
Un indicio de que esto ocurre, es cuando el paciente comienza hacer preguntas para que el psicoanalista conteste, o le da un tema
para que hable, y el analista comienza a sentir que se transforma en una autómata, que responde automáticamente. El paciente, en
su fantasía, supone haber transformado al analista en una máquina que le responde.

La noción de objeto inanimado


A partir de los trabajos de Searles (1979), Boyer (1989), Rosenfeld (1987), y Bion (1967), sobre psicosis, estas patologías se vinculan
con serias perturbaciones en las primeras relaciones de objeto. Searles y Boyer, mostraron que los pacientes psicóticos pueden
tomar a todos los objetos como inanimados. La relación física en la primera infancia, de contacto piel a piel con la madre, ha sido tan
perturbada, tan distorsionada y bizarra, que al paciente le es indiferente este contacto o el que realiza con un objeto inanimado.

La noción de objeto inanimado es concomitante con otra característica: la desaparición de la noción de tiempo. No existe la noción
de espera en el drogadicto. No pueden soportar el tiempo de espera, a solas con su ansiedad, surge la catástrofe mental por el
abandono.

Las mentiras y la trasferencia


Otro aspecto muy importante en los pacientes drogadictos, toxicómanos o alcohólicos, es el de la mitomanía o las mentiras. Son muy
comunes y diferentes a las pequeñas mentiras histéricas, que tienen como finalidad causar impacto estético y seducir. Estas en
cambio, constituyen una creación delirante de la realidad. Al respecto, propongo una hipótesis: el drogadicto dice en su relato una o
dos mentiras, si el psicoanalista no las detecta, el paciente cree que están los dos intoxicados, viviendo en un mundo fantástico
creado por la droga. La mentira puede ser pequeña o grande, pero tiene la función de crear un mundo fuera de la realidad.

La creación de un espacio mental


Esta es la meta de todo tratamiento con pacientes graves, muy regresivos o drogadictos. La posibilidad de crear un espacio mental a
lo largo de muchos años de tratamiento psicoanalítico, con mantenimiento de la serenidad, la confiabilidad, y la permanencia del
setting, es una forma de mostrar al paciente que uno es estable, que está siempre a la misma hora, en el mismo lugar, con la misma

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clama y la misma voz. Es muy importante atenderlo en los momentos de urgencia y no abandonarlo ni aún en las más agudas crisis
de intoxicación. La creación de un nuevo objeto (un psicoanalista), que es confiable, es algo novedoso. Descubrir que el psicoanalista
se quedó pensando en él todo el fin de semana, puede ser una experiencia importante y novedosa para el paciente, porque nunca
tuvo la vivencia de que alguien lo contuviera y pensara en él como ser humano.

Hipótesis, modelos, y técnica psicoanalítica


Insisto en que los procesos de duelo y sus vicisitudes deben ser objeto de observaciones e interpretaciones constantes. Todas mis
interpretaciones son modelos o hipótesis que propongo al paciente, que revive las primeras relaciones de objeto en la transferencia.
Ésta es la clave de la terapia psicoanalítica y de la mejoría de los pacientes severamente perturbados.

La Metáfora Ordálica y las Adicciones. Teresita Milán

Resumen: la ordalía es una “imagen teórica” que asocia diferentes elementos particularmente interesantes sobre el plano
psicopatológico de los comportamientos adictivos: la incertidumbre respecto a la filiación, la prueba frente a la identidad, el triunfo
sobre las pulsiones autodestructoras.

La conducta adictiva Ordálica, es decir, la repetición de la confrontación al peligro, restituye por el acto otro todo poderoso. La
conducta Ordálica dirigida a Otro invita a desafiar, pero, también a rendir cuenta de la posibilidad de existir.

El modelo de la ordalía

La ordalía designa la prueba jurídica usada en la Edad media bajo el nombre de “juicio de dios”, en sentido estricto el término debe
ser reservado a las pruebas por elementos naturales (agua, fuego), y se distingue de los duelos y los juramentos, aunque estas dos
formas de pruebas también comportan posiblemente una dimensión ordálicas. La palabra proviene del latín “ordalium” (juicio) y del
anglosajón “ordëal”.
Las conductas ordálicas se caracterizan por un comportamiento repetitivo de un acto que constriñe al sujeto y que entraña
caracteres comunes con la adicción. Se acompañan de juicios, de ceremonias impuestas por el grupo donde el veredicto debía ser
aceptado. Estas conductas son realizadas por un sujeto que se compromete de manera más o menos repetitiva en las pruebas que
comportan un riesgo mortal y cuyo resultado no debe ser evidentemente previsible.
El fantasma ordálico como el término lo indica traduce la producción de una trabajo psíquico, de una elaboración que protege al
sujeto. Este trabajo de reelaboración reintroduce al sujeto en las dimensiones de la ausencia, de la simbolización, y finalmente de la
ley paterna, permitiendo así al Super-yo, y al ideal del yo jugar naturalmente su papel.
El fantasma ordálico subyacente a la conducta, sería el hecho de ponerse frente al Otro, al azar, al destino, a la suerte, para
dominarlo y eludirlo. Para sobrevivir y probar sobre todo su derecho a la vida, su carácter excepcional, tal vez su inmortalidad. Estas
operaciones tienen por función proteger al sujeto contra la repetición: de esta manera el fantasma ordálico adquiere un valor
organizador contra las conductas ordálicas. La ordalía es un fenómeno, una “imagen teórica” que asocia diferentes comportamientos
particularmente interesantes sobre el plano psicopatológico. Por un lado, el sujeto de la ordalía enfrenta a la incertidumbre respecto
de la filiación y a la duda respecto la identidad, como también acerca de la sospecha de una falta cometida. Apela a la voluntad de
Dios, la omnipotencia, ofreciendo someterse a una prueba que implica la muerte, una sanción irreductible desde donde nos evoca el
drama de la castración.

Metáfora iniciática y metáfora Ordálica

En su origen, la introducción de conductas ordálicas tenía esencialmente por objeto suavizar una visión de las toxicomanías, la ligada
a las conductas autodestructoras.

Numerosos autores hacen equivaler la toxicomanía a un suicidio melancólico, recurriendo a una versión maníaco depresiva de la
toxicomanía, sin duda inaugurado por Rhado y seguida desde una óptica kleiniana, por Rosenfeld. Este punto de vista de la
toxicomanía sería equivalente a un suicidio y en el plano colectivo ella podría corresponderse a una actitud de sacrificio de una parte
de la juventud. Desde esta perspectiva del suicidio-sacrificio de los toxicómanos se puede concebir la función positiva de correr el
riesgo, lo que resulta fenomenológicamente distinto de un comportamiento autodestructor. Los sujetos de la ordalía ponen en acto
aquello que los otros dudan, ellos afrontan de manera repetida, lo que los otros quisieran evitar.
Los toxicómanos se comportan a veces, exactamente de manera contraria: ellos se entregan al azar como entre las manos de una
potencia aliada y corren riesgos, persuadidos de salir vivos de una prueba. A través de la repetición de correr riesgo sigue una
búsqueda, no una simple huida de una situación de sufrimiento, sino una tentativa de pasaje, de muerte-renacimiento, de acceso a
un mejor mundo.
Al prohibir un cierto número de sustancias, la sociedad establece uno de los medios privilegiados de uso por parte de los
adolescentes para imponerse una prueba y transgredir una ley. Fumar un “porro” deviene un símbolo de desafío a los adultos, a
través de la transgresión de la ley; el adolescente corre un riesgo mínimo y demanda el reconocimiento por el grupo de pares.

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Es después de la toma de conciencia de la dependencia de la alienación, que reaparecen más violentas aún las conductas de riesgo,
tentativas para el sujeto de dominar la droga y de retomar su vida. La sobredosis, omnipresente en la vida y en el imaginario de los
toxicómanos, condensa la paradoja aparente de las conductas ordálicas: poner en riesgo su vida, entregarse al azar, a la suerte, al
Otro, para salir victorioso listo para una nueva vida, como si después de una muerte siguiera la resurrección. En el fracaso de la
simbolización de esta prueba, estaría el origen de esta repetición.

Hacia una aproximación del origen de las conductas ordálicas


No sería posible encontrar un origen infantil único, una causalidad simple que pudiera explicar todas estas conductas. Numerosos
estudios ponen el acento en los traumatismos precoces, los duelos, las carencias afectivas o la negligencia en la infancia, los
traumatismos sexuales de la infancia o de la adolescencia. La hipótesis de la debilidad de los procesos de introyección está
generalmente presente, para explicar la etiología de la drogadicción, coexistiendo con las concepciones más originales.
En la adolescencia o en la edad adulta, estas personas se encuentran en una situación que se podría denominar de “deuda
invertida”: más que deber a la vida, de la posibilidad de bienestar a los padres, a la familia, a la sociedad, ellos se comportan como si
la sociedad les hubiese dejado abandonados y tuviera una deuda contra ellos.

La adicción desde la metáfora Ordálica


Bergeret (1991) hablando de la etimología del término adicción, propuso un empleo particular del mismo, derivado del latín
“addictus”, para designar el esclavo por deuda y a la coacción por el cuerpo. En el antiguo Derecho Romano cuando un sujeto no
podía asumir las responsabilidades contraídas era sometido a un proceso judicial y el juez le otorgaba al querellante el derecho de
disponer para su provecho, de la persona misma del deudor. Este autor propone, entonces el empleo del término en el marco de un
abordaje psicoanalítico donde la dependencia corporal tendría valor para el sujeto como tentativa inconsciente de arreglar la deuda.
El término remite entonces metafóricamente en la adicción a una concepción psicológica, que haría de la dependencia física el
equivalente de una pena autoinfligida. La clave de la dependencia sería buscar en la fuente de este sentimiento de deuda vivida por
el sujeto, las carencias afectivas del sujeto dependiente que es llevado a pagar con su cuerpo los compromisos no cumplidos.
La noción de conductas ordálicas podría ser un elemento central de esclarecimiento de los aspectos activos, paradojales de las
adicciones. Consistiría en una tentativa, para un sujeto dependiente, habiendo perdido el control de su vida y “tocado fondo” de
retomar su destino. De este modo las conductas ordálicas, constituirían el inverso de la dependencia. El juego con la muerte
representaría una operación mágica, irracional, de pasaje y de renacimiento y no de autodestrucción de sujetos desesperados.
Desde esta perspectiva de la psicopatología de la adicción las diferentes formas de dependencia, las diversas adicciones, se
distribuirían siguiendo un continuum, desde las dependencias más aceptadas o las más pasivas, a las más ordálicas: en un extremo el
tabaquismo, los trastornos de la conducta alimentaria, en el otro, las formas actuales de toxicomanía con su vertiente de
marginalidad muchas veces buscada, de revuelta contra lo instituido a menudo manifestada y de transgresión siempre presente. En
esta clasificación de las adicciones el juego patológico debería ocupar una posición central. Subjetivamente, el personaje de “El
jugador” de Dostoievski, juega su propia existencia, es su vida la que el jugador arriesga, aún cuando lo hace por el medio indirecto
del dinero. Y la cuestión a saber es si el jugador juega para ganar o para perder de manera masoquista, pregunta que se puede
abordar desde la óptica de una prueba Ordálica sin cesar recomenzada. La sensación extrema que tiene en efecto esta situación de
juicio donde el sujeto espera el veredicto del destino, del azar, del chance, es el riesgo mortal. Podríamos decir que en la ordalía no
hay azar porque es la voluntad de Dios lo que importa y no las capacidades del sujeto no las leyes del azar.
El modelo de la ordalía concierne a dos realidades distintas. Existen ciertas adicciones donde el riesgo es determinante, la
adicción porta sobre esta confrontación diferentes efectos: metafóricamente se podría casi decir que el objeto de adicción es la
conducta de ordalía.
A su vez, el modelo de la ordalía se dirige también a ciertos comportamientos de ruptura de la dependencia, de puesta a prueba de
su identidad, encontrando lugar en las otras adicciones, como las toxicomanías, las bulimias y el alcoholismo, que no giran
primariamente hacia la búsqueda y el goce del riesgo: la ordalía sería entonces una ruptura de la adicción y un medio más de
asegurar la identidad. Desde este punto de vista podemos intentar una distinción entre dos formas de las adicciones, aquellas que
parecen ir gradualmente hacia la muerte y aquellas que de entrada la sitúan como elemento necesario. Entre las primeras la muerte
es una consecuencia a largo término: la lenta autodestrucción silenciosa de un sujeto en búsqueda del retorno de una satisfacción
perdida que evoca el juego de la pulsión de muerte.
La conducta adictiva Ordálica, es decir, la repetición de la confrontación al peligro, restituye por el acto a Otro todo poderoso,
omnipotente, que él invita a desafiar, pero también, a rendir cuenta de la posibilidad de existir. Así, la adicción es en efecto la
repetición de una situación enfrentada a responder a la cuestión de la deuda simbólica a la que el sujeto no puede acceder.

Consideraciones finales
Adicción y ordalía comportan una dimensión definida por la necesidad de repetición. El cuerpo funciona en una circularidad
permanente que asegura la dependencia: ésta va más allá de los objetos de la adicción, en búsqueda de sobrepasar los límites para
encontrar algún resguardo a la identidad fallida.

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