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Inicio del Triduo Pascual en Semana Santa

El documento describe las tradiciones y celebraciones de la Semana Santa católica. Explica que el Triduo Pascual comprende los tres días sagrados desde el Jueves Santo hasta el Domingo de Pascua para conmemorar la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Describe las liturgias y tradiciones especiales del Jueves Santo como la misa de la Última Cena y el lavatorio de pies, y del Viernes Santo como la adoración de la cruz y la comunión.
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Inicio del Triduo Pascual en Semana Santa

El documento describe las tradiciones y celebraciones de la Semana Santa católica. Explica que el Triduo Pascual comprende los tres días sagrados desde el Jueves Santo hasta el Domingo de Pascua para conmemorar la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Describe las liturgias y tradiciones especiales del Jueves Santo como la misa de la Última Cena y el lavatorio de pies, y del Viernes Santo como la adoración de la cruz y la comunión.
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SEMANA SANTA

TRIDUO PASCUAL
Se conoce como Triduo Pascual a los tres días en que los
católicos celebran la pasión, muerte y resurrección de
Jesucristo. Comprende el tiempo desde la tarde del Jueves
Santo, hasta la tarde del Domingo de Pascua. Es el corazón del
año litúrgico.
La expresión Triduo pascual, aplicada a las fiestas anuales de la
Pasión y Resurrección, es relativamente reciente, pues no se
remonta más allá de los años treinta del siglo XX.
Conmemora, paso a paso, los últimos acontecimientos de la vida de
Jesús, desarrollados en tres días.

El triduo estaba formado originariamente por el Viernes y el


Sábado santos como días de ayuno, lectura de la pasión y
vigilia, junto al Domingo de Resurrección. Posteriormente, entre
los siglos III y VIII se añadió el Jueves, que en realidad era el
último día de cuaresma y tiempo para preparar el triduo. Estos tres
días santos son culminación celebrativa de todo el año litúrgico,
retiro espiritual de los creyentes en comunidad y momento principal
de decisiones cristianas.
En la Pascua celebramos el memorial de la liberación salvadora
(tránsito de Jesucristo de la muerte a la vida), mediante el cual
recordamos el pasado, confesamos la presencia de Dios en el
presente y anticipamos el futuro. En estricto rigor, la Pascua de
Cristo es el paso «de este mundo al Padre» (Jn 13,1). Toda la vida
de Cristo es una Pascua: «Salí del Padre y he venido al mundo.
Ahora dejo otra vez el mundo y voy al Padre» (Jn 16,28).
EL JUEVES SANTO
El Triduo Pascual comienza con la misa vespertina de la Cena del
Señor del Jueves Santo, día de reconciliación, memoria de la
eucaristía y pórtico de la pasión. Se celebra lo que Jesús vivió en
la cena de despedida: «Cada vez que coméis de este pan y bebéis de
esta copa, proclamáis la muerte del Señor, hasta que él vuelva» (1
Cor 11,26).
Después de una introducción al sentido de la reconciliación previa al
triduo, se canta algo apropiado y se hace oración. Dos o tres
lecturas bíblicas ayudan a tomar conciencia mediante un examen
concreto, hecho eventualmente entre varias personas, según el
tema elegido para la revisión. Se puede introducir un gesto
penitencial, como es el encendido o apagado de algunas velas, la
quema de papeles en un brasero, romper una vasija de barro, etc. Si
la comunidad es grande -y en tanto sea posible-, se divide en grupos
para tomar conciencia de los pecados. Luego se pide perdón por
medio de unas peticiones preparadas; si es posible, se hace también
de manera espontánea y se invita a la reconciliación con un silencio
prolongado.
Hasta el siglo VII, el Jueves Santo fue día de reconciliación de
pecadores públicos, sin vestigios de eucaristía vespertina. A partir
del siglo VII se introducen en este día dos eucaristías: la matutina,
para consagrar los óleos (necesarios en la vigilia), y la vespertina,
conmemoración de la cena del Señor. Todo el misterio del Jueves
Santo y del Triduo Pascual se contiene en estas palabras de Juan
(13,1): «Era antes de pascua (judía). Sabía Jesús que había llegado
para él la hora de pasar de este mundo al Padre (Pascua de Cristo);
había amado a los suyos (entrega, Jueves Santo) que vivían en medio
del mundo y los amó hasta el extremo (muerte, Viernes Santo).
Estaban cenando (eucaristía, pascua cristiana)»… En la eucaristía
del Jueves Santo, la Iglesia revive la última cena de despedida de
Jesús y celebra la caridad fraterna por medio de dos gestos: uno,
testimonial (el lavatorio); el otro, sacramental (la eucaristía).
Con la misa vespertina del jueves comienza actualmente el
triduo. Por eso se afirma que el Jueves Santo es
«conmemoración de la cena del Señor». Todas las lecturas de
este día evocan la entrega de Jesús, que cumple con el viejo rito de
la antigua pascua (la lectura), ofrece su cuerpo en lugar del cordero
(2ª lectura) y proclama el mandamiento del servicio (evangelio).
Pero, al mismo tiempo, Jesús es entregado por Judas y abandonado
por los demás discípulos.
Actualmente, al haber declarado Caritas el Jueves Santo como «día
del amor fraterno», tanto la institución de la eucaristía como la del
sacerdocio han pasado, por así decirlo, a un segundo plano. Sólo
quienes participan en los oficios litúrgicos se dan cuenta del
misterio que entraña este día.
La celebración vespertina exige una preparación de la capilla o
iglesia. Conviene dar un realce especial a la mesa, que, a ser posible,
debería ser grande y estar bellamente adornada. El monumento
puede hacerse en una mesa sencilla, con vajilla adecuada, de tipo
rústico. Se sitúan en el centro del presbiterio los utensilios
necesarios para el lavatorio: jarra con agua, jofaina y toalla. Cabe
empezar esta celebración fuera, en un patio -si es posible-, con una
preparación especial para disponernos a comenzar. Entramos
cantando. Transcurre la celebración según el ritual oficial. Después
de la primera lectura (Ex 12) se prepara con cierta solemnidad la
mesa. Un símbolo importante del Jueves Santo es el lavatorio de los
pies, en el que sería bueno que participara el mayor número posible
de fieles, y que se hiciera en silencio. Un canto de caridad puede
preceder o seguir a este gesto. Después podemos darnos la paz. Se
hace una catequesis adaptada a los niños presentes, sobre el
sentido del lavatorio en el que participan. En general, puede oírse en
estos momentos música clásica, polifonía o canto gregoriano.
Ciertamente, el lavatorio de los pies es un gesto extraño a
nuestra cultura, pero ha sido transmitido por los oficios de este
día y significa un servicio que exige y requiere humildad. El
«monumento» podría situarse en un sitio apropiado del templo,
donde se celebrará la «hora santa» Termina el jueves con una
oración prolongada personal en silencio.
La hora santa puede hacerse, bien el Jueves Santo por la
noche, bien el Viernes por la mañana. Se preparan textos
bíblicos, cantos o música para ser oída, fragmentos religiosos
literarios, noticias sucintas del mundo, oraciones de petición o de
acción de gracias y breves revisiones personales de vida.
Recuérdese que el lenguaje religioso o litúrgico es en forma
directa, dirigido a Dios. Como texto bíblico, puede utilizarse el
discurso de despedida de Juan (caps. 13-17), las «siete palabras» o
el itinerario del «via crucis». La experiencia nos dice que esta
oración personal es una de las más importantes del año. Podemos
contar también con la oración oficial de las Horas.
EL VIERNES SANTO
El Viernes se centra en el misterio de la cruz, instrumento de
suplicio y de muerte (madero), pero sinónimo de redención
(árbol). En el hecho de la cruz se refleja el sufrimiento de
Cristo, como el amor que se anonada, y el juicio de Dios, junto
al pecado de la humanidad, presente en el anonadamiento de
Jesús por Dios. Este día, denominado antiguamente al modo judío
parasceve (preparación), es hoy «celebración de la Pasión del
Señor». Conmemoramos la victoria sobre el pecado y la muerte.
Jesús murió el 14 de Nisán judío, que aquel año fue viernes. La
Iglesia decidió conmemorar la muerte de Cristo en viernes, y su
resurrección en domingo.
La actual celebración del Viernes Santo responde a la antigua
liturgia cristiana de la palabra, tal como la describe Justino hacia el
año 150: proclamación de la palabra de Dios, seguida de
aclamaciones, oración de la asamblea por las intenciones de la
comunidad y bendición de despedida. La liturgia de la palabra, sin
eucaristía, era común en Roma los miércoles y viernes, a la hora de
nona, hasta el siglo Vl. En el Viernes Santo se celebraba, desde el
siglo IV, un oficio de la palabra propio del día, con los elementos
actuales: lecturas, oraciones solemnes, adoración de la cruz y
comunión.
La actual celebración del Viernes Santo es austera: gira en
torno a la inmolación del Señor. Se introduce la celebración
mediante una catequesis apropiada sobre el relato de la Pasión.
Comienza por un rito inicial antiguo, la postración del celebrante y
de sus ayudantes en silencio. La primera lectura, denominada
«Pasión según Isaías», es el cuarto canto del siervo de Yahvé,
aplicado proféticamente a Jesús. En la segunda lectura, el siervo es
el sumo sacerdote que se entrega por los demás. El evangelio es el
relato de la Pasión de San Juan, donde la cruz es la suprema
revelación del amor de Dios. Puede leerse la Pasión entre varios,
dividida en cinco escenas: huerto de los olivos, interrogatorio
religioso, interrogatorio político, crucifixión y sepultura. Se
intercalan entre escena y escena momentos de oración, canto o
música y reflexión. Un texto largo, como el de la Pasión, se sigue
mejor con el mismo en la mano y, por supuesto, en posición sedente.
A la hora de la crucifixión se pueden clavar dos tablas grandes que
formen luego una cruz.
Al final de la lectura evangélica, las personas que se han
identificado con los personajes principales de la Pasión expresan en
voz alta y de forma directa una reflexión actualizada. Se comienza
diciendo, por ejemplo, «yo soy Pedro», «soy la Magdalena», etc.
Sigue la oración universal, formulario romano del siglo v. Las
oraciones solemnes y los improperios caben ser revisados cada año.
Después es adorada la cruz (una sola, no varias) por el pueblo,
precedida de su ostentación ante la asamblea: «Mirad el árbol de la
cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo». A la adoración
de la cruz le precede una monición adecuada y la lectura de la
«Pasión según Isaías».
El gesto de adoración se hace espontáneamente, como cada
persona lo desee, mediante un beso, abrazo, inclinación, de
rodillas, tocando el madero, etc. Los matrimonios pueden ir
juntos a adorar la cruz, a ser posible con sus hijos. Los improperios
evocan el misterio de la glorificación de Jesús, que muere herido de
amor y de ternura hacia su pueblo. La celebración concluye con la
comunión precedida y seguida de una oración comunitaria y personal.

Para nuestro pueblo, el Viernes Santo es un día de dolor,


manifestado por dos figuras: el Nazareno y la Dolorosa. Los
oficios de este día son desplazados casi totalmente por las
procesiones del catolicismo popular. Han decaído las devociones de
las «siete palabras» y del «via crucis», actos típicos de la noche del
jueves ante el monumento.
LA VIGILIA PASCUAL
La Vigilia Pascual es la celebración más importante del año, la
culminación de la Semana Santa y el eje de toda la vida
cristiana, hasta el punto de haber sido denominada «madre de
todas las vigilias». Sin embargo, todavía está lejos de significar
algo importante para nuestro pueblo, que se hace presente, sobre
todo, en las procesiones del viernes. Para muchos de nuestros fieles
sigue siendo el Viernes Santo el día decisivo. Con todo, la
resurrección de Jesús es dato básico de la confesión de fe,
comunicación de nueva vida e inauguración de nuevas relaciones con
Dios.
Según la actual liturgia, el sábado es día de meditación y de reposo,
de paz y de descanso, sin misa ni comunión, con el altar desnudo. La
Vigilia Pascual más antigua que se conoce es del siglo III. Hacia el
año 215, según la Tradición de Hipólito, el bautismo era celebrado,
con la eucaristía, en la Vigilia Pascual. Esto se generalizó en el siglo
IV. A finales de este siglo algunas Iglesias introdujeron el
lucernario pascual, que finalmente se extendió a todas partes. A
partir del siglo Xll se comenzó a bendecir el fuego.
Con la noche del sábado se inicia el tercer día del triduo. Según
el misal, es noche de vela. Está constituida por una larga
celebración de la palabra que acaba con la eucaristía. Se inicia el
acto con una hoguera. En un primer momento, puede prenderse un
«fuego de campamento», con cantos jubilosos, danza de niños y
mayores alrededor del fuego, y quema de cosas que rechazamos:
juguetes bélicos, prensa mentirosa, jeringuillas de droga, etc. e
empieza la celebración con una monición para dar sentido a todo el
acto, que tiene cuatro partes:
a) La liturgia de la luz
Se desarrolla de noche, fuera del templo, en torno al cirio,
símbolo de Cristo, al que siguen los bautizados con sus
luminarias encendidas. El lucernario, o rito del fuego y de la luz,
tiene su origen en la práctica judía y cristiana primitivas de
encender una lámpara a la llegada de la noche, junto con una
bendición. Los fieles, con los cirios apagados en la mano, son los
«exiliados». Con el fuego se enciende el cirio pascual, y con éste se
encienden las velas que portan los fieles; de este modo, se entra en
procesión en la iglesia, ya preparada y adornada profusamente. El
cirio encendido evoca la resurrección de Cristo. Dentro del templo
se proclama el pregón pascual, canto de esperanza y de triunfo; su
texto debiera ser propio cada año. Dentro del Exultet caben
aclamaciones festivas de la asamblea.
b) La liturgia de la palabra
En esta segunda parte se describe la historia de la salvación.
Son fundamentales las lecturas del Génesis (creación), Éxodo
(liberación de Egipto), Profetas (habrá una nueva liberación) y
Evangelio (proclama de la resurrección). Esta parte consta de una
introducción catequética y de varias lecturas que narran la historia
de la salvación, hasta llegar al evangelio. Se intercalan las lecturas
con cantos, oraciones o noticias breves. Proclamada la resurrección,
aplaudimos, cantamos festivamente e incluso puede hacerse una
danza, repartirse flores y hasta encender bengalas. Todo gravita en
torno a la Pascua del Señor.
c) La liturgia del agua
La tercera parte celebra el nuevo nacimiento. Se desarrolla
especialmente cuando hay bautismos, sobre todo de adultos. En el
caso del bautismo de niños, los padres hacen la petición, el
presidente de la comunidad responde, se convoca a los santos en las
letanías, se bendice el agua, se exhorta a la profesión de fe y a los
compromisos cristianos y se procede al bautismo. Las promesas
bautismales se renuevan estando todos de pie, con los cirios
encendidos, mediante un diálogo que concluye con la aspersión. Un
gran aplauso rubrica el acto sacramental.
d) La liturgia eucarística
La eucaristía es la cumbre de la vigilia. Los recién bautizados
participan activamente en la oración universal, procesión de
ofrendas y comunión. Tras una monición adecuada, se procede a
preparar solemnemente la mesa con flores, cirios y toda clase de
ofrendas, en un «ofertorio» en el que pueden intervenir también los
niños (cabe incluso una danza a la hora de llevar los dones). La
anáfora también debiera ser nueva cada año. Al final de la fiesta,
después de la comunión, se acaba con un encuentro festivo, en el
que no debe faltar un sencillo ágape en el que participen todos los
asistentes. La eucaristía pascual anuncia solemnemente la muerte
del Señor y proclama su resurrección en la espera de su venida.
LA EUCARISTÍA PASCUAL
En la eucaristía del Domingo de Resurrección se comenta la
experiencia del triduo, y varios participantes del mismo dan
testimonio al reconocer que su vida cristiana se ha visto
robustecida por estas celebraciones regeneradoras, al modo de
unos «ejercicios espirituales» litúrgicos. El acontecimiento
pascual, sacramentalmente celebrado en la eucaristía, no se reduce
sólo a Cristo y a la Iglesia, sino que tiene relación con el mundo y
con la historia. La Eucaristía Pascual es promesa de la Pascua del
universo, una vez cumplida la totalidad de la justicia que exige el
reino. Todo está llamado a compartir la Pascua del Señor, que,
celebrada en comunidad, anticipa la reconciliación con Dios y la
fraternidad universal.
El día pascual de la resurrección, Jesús comió con los discípulos
de Emaús y con los Once en el cenáculo. Son comidas
transitorias entre la resurrección y la venida del Espíritu. Estas
comidas expresan el perdón a los discípulos y la fe en la
resurrección. Enlazan las comidas prepascuales de Jesús con la
eucaristía. Denominada «fracción del pan» por Lucas y «cena del
Señor» por Pablo, se celebraba al atardecer, a la hora de la comida
principal. Había desde el principio un servicio eucarístico (mesa del
Señor) y un servicio caritativo (mesa de los pobres). Se festejaba
el «primer día de la semana», con un ritmo celosamente guardado.
Surge así la celebración del día del Señor (pascua semanal), y poco
después la celebración anual de la Pascua.
Fuente: CASIANO FLORISTAN ” DE DOMINGO A DOMINGO EL
EVANGELIO EN LOS TRES CICLOS LITURGICOS”

ntroducción al Triduo Pascual: Jueves Santo


Misa Vespertina de la Cena del Señor
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1. En este día en cada iglesia, la Misa es única. La Misa «en la Cena


del Señor celébrese por la tarde, en la hora más oportuna, para que
participe plenamente toda la comunidad local...Según una
antiquísima tradición de la Iglesia, en este día están prohibidas
todas las Misas sin pueblo» .
Sólo con permiso del Ordinario del lugar se puede celebrar otra
Misa por la tarde o incluso por la mañana pero sólo en caso de
verdadera necesidad y cuando el bien espiritual de los fieles así lo
exija.

2. El Sagrario aparece abierto y vacío. La comunión de hoy se hace


del pan consagrado en la misma Eucaristía. Se han de consagrar en
esta Misa las hostias necesarias para la comunión de los fieles y
para que el clero y los fieles puedan comulgar el día siguiente,
Viernes Santo, en la celebración de los oficios de la Pasión del
Señor.

3. El "Gloria" se canta con solemnidad. Por ello mientras se canta


este himno, se hacen sonar las campanas que ya no se vuelven a
tocar hasta el "Gloria" de la Vigilia Pascual.

4. Las lecturas de la Palabra de Dios de esta Misa, tienen una buena


conexión entre ellas: Ex 12 nos habla de la cena pascual de Israel; 1
Cor 11 de la Institución de la Eucaristía, y Jn 13 del mandato y el
ejemplo del amor servicial de Señor Jesús. En la homilía hay que
recordar los misterios que recuerda esta Misa, es decir la
Institución de la Eucaristía, la institución del Orden Sacerdotal y el
mandamiento del Señor Jesús sobre la caridad fraterna.

5. El lavatorio de los pies, no debe omitirse. Según la tradición se


hace en este día a doce hombres previamente designados y
representativos de la comunidad. Significa el servicio y el amor del
Señor Jesús que ha venido "no para ser servido, sino para servir"
(Mt 20,28). Es un hermoso sacramental que complementa y explicita
lo que es la Pascua y el sentido profundo de este día del Jueves
Santo.

El gesto del lavatorio de los pies, que recoge el evangelista San


Juan, lo ve el discípulo amado como la inauguración del camino
pascual de Cristo. Donde en verdad mostró el Señor su actitud de
servicio fue en la Cruz. Allí no se despojó del manto, sino de la vida
misma, "se despojó de su rango" y demostró que era "el que sirve" y
el que se entrega por los demás porque "no hay amor más grande
que el dar la vida por los amigos". Con el gesto del lavatorio de los
pies adelantaba en símbolo (luego lo haría de otro modo más
entrañable y eficaz con el pan partido y el vino repartido, la
donación de su Cuerpo y su Sangre en la Eucaristía) lo que iba a
hacer en la Cruz.

El lavatorio de los pies hay que hacerlo con autenticidad. No sólo


con unas gotas, sino lavando, secando y luego besando los pies, de
modo que exprese bien la lección que nos dio el Señor Jesús: el
amor fraterno, el servicio para con todos, la reconciliación.

6. En la procesión de dones, se destacan hoy más que nunca, el pan y


el vino que la comunidad aporta y que constituyen la materia para el
sacramento de la eucaristía. Además es altamente recomendable
que se puedan llevar «los donativos para los pobres, especialmente
aquéllos que se han podido reunir durante la Cuaresma como fruto
de la penitencia, mientras se canta "Ubi cháritas et amor"» .

7. La Plegaria Eucarística más indicada para hoy es la primera, el


Canon Romano, por la rica expresividad de sus textos. Asimismo el
prefacio que se recomienda usar es el I de la Eucaristía.

8. Hoy es un día muy adecuado para enviar la comunión a los


enfermos, expresivamente tomándola del altar, delante de todos,
en el momento de la comunión de Eucaristía comunitaria: «así
pueden unirse los enfermos de un modo más intenso a la Iglesia que
celebra» .

9. Una vez concluida la Misa del Jueves Santo se procede a


reservar el Santísimo Sacramento. Si en la iglesia hay capilla del
Santísimo, es lógico hacer allí la reserva, o sea, donde se hace
siempre. Esto ayuda a recordar a la comunidad que siempre existe
la reserva del Santísimo, que la Eucaristía es también el sacramento
de la presencia real del Señor Jesús, y que por amor a nosotros se
queda para ser el Dios con nosotros cumpliendo así con su promesa:
"Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (mt
28,20). La capilla deberá estar adornada con flores y cirios. Si en la
iglesia no hubiese una capilla del Santísimo entonces se deberá
preparar en un lugar adecuado, el lugar de la reserva, el que estará
convenientemente adornado para que invite a la adoración, a la
meditación y a la oración de los fieles

Al respecto las normas litúrgicas dicen lo siguiente:

«Terminada la oración después de la comunión, comienza la


procesión, presidida por la cruz en medio de cirios e incienso, en la
que se lleva el Santísimo Sacramento por la iglesia hacia el lugar de
la reserva. Mientras tanto se canta el himno "Pange lingua" u otro
canto eucarístico ... El Sacramento ha de ser reservado en un
sagrario o en una urna. No ha de hacerse nunca una exposición con
la custodia u ostensorio. El sagrario o la urna no han de tener la
forma de un sepulcro. Evítese la misma expresión "sepulcro": la
capilla de la reserva no se prepara para representar "la sepultura
del Señor" sino para conservar el pan eucarístico destinado a la
comunión del viernes de la Pasión del Señor. Invítese a los fieles a
una adoración prolongada durante la noche del Santísimo
Sacramento en la reserva solemne, después de la Misa en la Cena
del Señor. En esta ocasión es oportuno leer una parte del Evangelio
de San Juan (capítulos 13-17). Pasada la media noche, la adoración
debe hacerse sin solemnidad, dado que ha comenzado ya el día de la
Pasión del Señor» .

10. Terminada la Santa Misa se despoja el altar en el cual se ha


celebrado. Conviene que las cruces que haya en la iglesia se cubran
con un velo de color oscuro o morado. No se deben encender velas o
lámparas ante las imágenes de los santos.
VIERNES SANTO

Qué celebramos los católicos el VIERNES


SANTO?

En este día la Iglesia celebra la gloriosa Pasión de


Jesús, Su Muerte victoriosa. Destaca como símbolo
de salvación la Cruz del señor.

El Señor está firmemente clavado en la Cruz. Había


esperado muchos años y en aquel día se cumplía un
deseo de redimir a los hombres. Lo que había sido un
instrumento infame y deshonroso, se convertía en el
árbol de la vida y escalera de la Gloria. Una honda
alegría le llenaba el extender los brazos sobre la
Cruz, para que supiéramos los hombres que así
tendría siempre los brazos para los pecadores que se
acercaran a Él: abiertos.

Liturgia y Tradición de la Iglesia

Según una antiquísima tradición, la Iglesia no celebra


los sacramentos en este día ni el siguiente. El altar
debe estar desnudo por completo: sin cruz, sin
candelabros, sin manteles.

Ayuno y abstinencia se incluyen como precepto a


obedecer, como lo dice el Código de Derecho
Canónico en el número 1251, 1252 y 1253, en el cual
los días de guardar ayuno y abstinencia son el
Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo. Las edades
son de 14 a 59 años.

El ornamento sacerdotal para esta solemnidad es


color rojo.

La primera parte es la Liturgia de la Palabra y la


Oración Universal. Se lee la Pasión del Señor según
el Evangelio de San Juan.

La segunda parte es la Adoración de la Cruz: el leño


del Calvario no es sólo un suplicio, sino sobre todo la
cruz exaltada. El celebrante, los ministros y los
fieles van a postrarse sucesivamente delante del
crucifijo en señal de adoración de Cristo, triunfante
por la Cruz.

La tercera parte es la Sagrada Comunión se


distribuye únicamente a los fieles dentro de la
celebración de la Pasión del Señor; a los enfermos,
que no pueden participar en dicha celebración, se les
puede llevar a cualquier hora del día.

Devoción

El Vía Crucis es la devoción propagada sobre todo por


los franciscanos a partir del s. XV y s. XVI; que
consiste en recorrer un itinerario de
representaciones, llamadas estaciones, de las etapas
del camino que va del palacio de Pilato al Calvario,
deteniéndose a meditar y a rezar en cada una de las
estaciones.
Otra devoción muy frecuente es el Sermón de las
Siete Palabras.

Tradiciones Populares 

Se encuentra la Procesión del Silencio y la compañía


de la virgen vestida de luto. Existen muchas
tradiciones populares según el lugar y la
inculturación. 

Tal vez una de las tradiciones populares que ha


tomado mucha fuerza es la representación en vivo
del Vía Crucis. Sin embargo, esta tradición no
substituye la liturgia del Día, pues es un
mandamiento de la Iglesia que todos debemos
cumplir.

SABADO SANTO

¿Qué celebramos los católicos el Sábado Santo?

Durante el Sábado Santo la Iglesia permanece junto al sepulcro del


Señor, meditando su pasión y su muerte, su descenso a los infiernos
y esperando en oración y ayuno su resurrección. 

Es el día del silencio: la comunidad cristiana vela junto al


sepulcro. Callan las campanas y los instrumentos. Se ensaya el
aleluya, pero en voz baja. Es día para profundizar. Para contemplar.
El altar está despojado. El sagrario, abierto y vacío.

La Cruz sigue entronizada desde ayer. Central, iluminada, con un


paño rojo, con un laurel de victoria. Dios ha muerto. Ha querido
vencer con su propio dolor el mal de la humanidad. 

Es el día de la ausencia. El Esposo nos ha sido arrebatado. Día de


dolor, de reposo, de esperanza, de soledad. El mismo Cristo está
callado. Él, que es el Verbo, la Palabra, está callado. Después de su
último grito de la cruz "¿por qué me has abandonado"?- ahora él
calla en el [Link]: "consummatum est", "todo se ha
cumplido". 

Pero este silencio se puede llamar plenitud de la palabra. El


anonadamiento, es elocuente. "Fulget crucis mysterium":
"resplandece el misterio de la Cruz." 

El Sábado es el día en que experimentamos el vacío. Si la fe, ungida


de esperanza, no viera el horizonte último de esta realidad,
caeríamos en el desaliento: "nosotros esperábamos... ", decían los
discípulos de Emaús. 

Es un día de meditación y silencio. Algo parecido a la escena que nos


describe el libro de Job, cuando los amigos que fueron a visitarlo, al
ver su estado, se quedaron mudos, atónitos ante su inmenso dolor:
"se sentaron en el suelo junto a él, durante siete días y siete
noches. Y ninguno le dijo una palabra, porque veían que el dolor era
muy grande" (Job. 2, 13).

Eso sí, no es un día vacío en el que "no pasa nada". Ni un duplicado


del Viernes. La gran lección es ésta: Cristo está en el sepulcro, ha
bajado al lugar de los muertos, a lo más profundo a donde puede
bajar una persona. Y junto a Él, como su Madre María, está la
Iglesia, la esposa. Callada, como él.

El Sábado está en el corazón mismo del Triduo Pascual. Entre la


muerte del Viernes y la resurrección del Domingo nos detenemos en
el sepulcro. Un día puente, pero con personalidad. Son tres aspectos
- no tanto momentos cronológicos - de un mismo y único misterio, el
misterio de la Pascua de Jesús: muerto, sepultado, resucitado:

"...se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo...se rebajó


hasta someterse incluso a la muerte, es decir conociese el estado
de muerte, el estado de separación entre su alma y su cuerpo,
durante el tiempo comprendido entre el momento en que Él expiró
en la cruz y el momento en que resucitó. Este estado de Cristo
muerto es el misterio del sepulcro y del descenso a los infiernos. Es
el misterio del Sábado Santo en el que Cristo depositado en la
tumba manifiesta el gran reposo sabático de Dios después de
realizar la salvación de los hombres, que establece en la paz al
universo entero".

VIGILIA PASCUAL

La celebración es el sábado por la noche, es una Vigilia en honor del


Señor, según una antiquísima tradición (Ex. 12, 42), de manera que
los fieles, siguiendo la exhortación del Evangelio (Lc. 12, 35 ss),
tengan encendidas las lámparas como los que aguardan a su Señor
cuando vuelva, para que, al llegar, los encuentre en vela y los haga
sentar a su mesa. 

La Vigilia Pascual se desarrolla en este orden:


Breve Lucernario

Se bendice el fuego. Se prepara el cirio en el cual el sacerdote con


un punzón traza una cruz. Luego marca en la parte superior la letra
Alfa y en la inferior omega, entre los brazos de la cruz marca las
cifras del año en curso. A continuación se anuncia el Pregón Pascual.

Liturgia de la Palabra

En ella la Iglesia confiada en la Palabra y la promesa del Señor,


media las maravillas que desde los comienzos realizó Dios con su
pueblo.

Liturgia Bautismal

Se llama a los catecúmenos, quienes son presentados ante el pueblo


por sus padrinos: si son niños serán llevados por sus padres y
padrinos. Se hace la renovación de los compromisos bautismales.

Liturgia de la Eucaristía

Al acercarse ya el día de la Resurrección, la Iglesia es invitada a


participar en el banquete eucarístico, que por su Muerte y
Resurrección, el Señor preparó para su pueblo. En él participan por
primera vez los neófitos.

Toda la celebración de la Vigilia pascual se realiza durante la noche,


de tal manera que no se vaya a comenzar antes de iniciarse la
noche, o se termine la aurora del Domingo.

La Misa, aunque se celebre antes de la media noche, es la Misa


Pascual del Domingo de Resurrección. Los que participan en esta
misa, pueden volver a comulgar en la segunda Misa de Pascua.

El sacerdote y los ministros se revisten de blanco para Misa.


Prepárense cirios para todos los que participan en la Vigilia.

El Domingo de Resurrección, es el día en que Jesucristo resucita


después de la crucifixión, va al encuentro con sus apóstoles y luego
sube hacia los cielos, también es la finalización de la Semana Santa.

El Domingo de Resurrección o de Pascua es importante para los


católicos, ya que con la Resurrección es cuando adquiere sentido
toda su religión.

DOMINGO DE PASCUA

En la Misa dominical este pasaje se recuerda de una manera


especial. Se enciende el Cirio Pascual que representa la luz de
Cristo resucitado y que permanecerá prendido hasta el día de la
Ascensión, cuando Jesús sube al Cielo.

Este día de resurrección es alegre pero triste para los Cofrades,


alegre por la manifestación de la resurrección que sustenta la
religión y triste porque la Semana Santa finaliza.

Es un día agridulce para multitud de fieles, por un lado celebran su


fé y por otro dan por concluidas unas fiestas de gran emoción. La
manera de celebrar esta despedida difiere mucho de una comunidad
a [Link] general, suelen reunirse todos los cofrades que han
desfilado a lo largo de estos días, y las muestras son de alegría por
un Cristo resucitado.
Se realizan diversas procesiones religiosas, en muchas ciudades
como coloflón de las fiestas desfilan representaciones de todas las
cofradías, las procesiones de este día están llenas de color y
alegria. Se mezclaran en los pasos capirotes de todos los colores
que han desfilado a lo largo de la semana. 

En algunas ciudades los nazarenos van vestidos de blanco hoy y


reparten chocolatinas a los niños, como hemos podido comprobar a
lo largo de la semana, cada comunidad tiene su propio toque en las
procesiones, que les hace diferentes y únicas.

Hay pocas procesiones en el día de hoy...tampoco suele congregarse


mucha gente porque en muchas ciudades comienzan a preparar las
calles para volver a la rutina diaria, se recogen las sillas que se
utilizaban para ver los pasos, se arreglan los balcones...las
procesiones que hay suelen hacerse por la mañana y tienen el sabor
de despedida de las fiestas y la vuelta a la tranquilidad.

Tras las últimas procesiones es habitual ir a disfrutar de la


gastronomía propia de la ciudad en la que nos encontramos, y de las
últimas torrijas hasta el año siguiente. Lo mismo sucede con la
tradición de los huevos de Pascua, desde el jueves es habitual
comprarlos. 

Uno de los aspectos interesentes de esta festividad, es el


gatronómico, ya que dependiendo de la comunidad en la que nos
encontremos podemos probar distintas especialidades culinarias
que sólo se elaboran en estas fechas y tienen un sentido para con la
festividad. Una de estas tradiciones es la elaboración de los Huevos
de Pascua.
La tradición de los huevos de Pascua va asociada a la imagen del
conejo de Pascua que también tiene su peculiar leyenda: Ésta cuenta
la historia de una mujer que pintaba huevos para sus hijos en la
Pascua. Una vez decidió esconderlos en el jardín en distintos nidos.
Cuando los niños encontraron los huevos, un conejo saltó del nido.
Entonces, ellos pensaron que el conejo les había traído los huevos y
así comenzó la historia.

Esta imagen se transmitió a los Estados Unidos por los inmigrantes


alemanes que llegaron al Pennsylvania Dutch Country durante el
siglo XVIII. Los niños creían que si se portaban bien, el
OschterHaws, que era el nombre que daban al conejito, pondría
huevos de colores. Construían nidos en lugares apartados o
escondidos de la casa, el granero o el jardín, para que éste pusiera
sus huevos. Más tarde empezaría la tradición de construir
elaboradas cestas para poner los huevos.
Sea o no verdad, los huevos, en todas las culturas, han
representado el nacimiento de la nueva vida, la alegría, el renacer.
De ahí que se adecúan perfectamente al sentido que este día tiene
para los católicos. 

Además, todo esto no es nuevo, la imagen del conejo tiene su origen


en las celebraciones anglosajonas pre-cristianas... El conejo, un
animal muy fértil, era el símbolo terrenal de la diosa Eastre, a quien
se le dedicaba el mes de abril.
Esto unido al significado de los huevos, y el hecho de que se
utilizaban éstos como moneda de pago en la Edad Medieval en estas
fechas, es lo que ha dado lugar a la extraña conjunción del conejo
de Pascua.

El Domingo de Resurrección es el causante que el domingo sea


precisamente el día escogido como de descanso.
Como curiosidad comentar que el Domingo de Resurrección es el
culpable de que los domingos sean los que se consideran festivos y
de descanso en la semana, ya que como es una fiesta clave del
calendario litúrgico, en los primeros siglos del cristianismo, gracias
a ella se cambió el día dedicado al descanso y a la alabanza a Dios
nuestro creador, del Sábado al Domingo. En la religión judía en
cambio, como no se reconoce la resurrección de Cristo, el día
festivo sigue siendo el Sabbath o sábado.

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