CASALS Neoliberalismo en Chile
CASALS Neoliberalismo en Chile
Marcelo Casals1
[email protected]
ORCID: https://orcid.org/0000-0001-6746-4473
Andrés Estefane2
[email protected]
ORCID: https://orcid.org/0000-0002-8216-4652
Este é um artigo de acesso aberto, licenciado por Creative Commons Atribuição 4.0 Internacional (CC BY 4.0), sendo permitidas reprodução, adaptação e distribuição desde que
o autor e a fonte originais sejam creditados.
El “experimento chileno”. Las reformas económicas y la emergencia conceptual del neoliberalismo en la
dictadura de Pinochet, 1975-1983
that between 1981 and 1982 the category “neoliberalism” was used for the first time to
describe and criticize the re-founding project of the dictatorship, precisely when that said
model was entering a deep crisis. The relevance of this concept as the articulating axis of
a heterogeneous political and intellectual opposition is explained by the very effects of the
dictatorship’s economic reforms. The closure and contraction of the State as part of the
demands for radical economic liberalization imposed by the “Chicago Boys” produced
important disaffections that ended up breaking the counterrevolutionary social alliance
that initially supported the regime. It is not by chance, then, that the use of the concept
“neoliberalism” to criticize the dictatorship’s model had gathered Conservative, Social
Christians and “renewed” Socialist thinkers.
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Marcelo Casals e Andrés Estefane
Dados, 2014), el neoliberalismo se ha entendido como luego en otras partes del mundo. Dicho proceso encierra
una elaboración doctrinaria realizada en el norte global al menos dos paradojas. En primer lugar, estas reformas
que habría sido trasplantada a la periferia del sistema económicas no fueron entendidas como parte de un
capitalista, como Chile, y de ahí impuesta en países cen- proyecto “neoliberal” sino hasta principios de los años
trales, como el Reino Unido de Margaret Thatcher y los 1980, precisamente cuando su aplicación ortodoxa se vio
Estados Unidos de Ronald Reagan. Sin desconocer la ge- enfrentada a una profunda crisis. De ese modo, podría
nealogía clásica de las así llamadas doctrinas neoliberales, decirse que no fue la “ideología neoliberal” la que inspiró
atadas a pensadores europeos y norteamericanos desde las reformas económicas de los “Chicago Boys”, sino que
la década de 1930, aquí proponemos que la experiencia fueron esas reformas las que crearon el “neoliberalismo”
chilena fue decisiva en la definición de la comprensión en su acepción contemporánea.
global del neoliberalismo, y que ello fue resultado de las En segundo lugar, en este proceso intervinieron
elaboraciones intelectuales realizadas en el contexto de actores que habían apoyado al régimen desde sus prime-
consolidación del autoritarismo militar en Chile, sobre ros días, en virtud de la radicalización contrarrevolucio-
todo a partir de las resistencias políticas e intelectuales naria de segmentos significativos de la sociedad chilena
al proyecto refundacional del régimen. durante la Unidad Popular. De ahí que los primeros en
Es por ello que este artículo adopta un ángulo articular el concepto “neoliberalismo” fuesen intelectuales
escasamente explorado en el estudio de las reformas eco- conservadores y de filiación socialcristiana, enfrentados al
nómicas realizadas en dictadura: la elaboración histórica dogmatismo e inflexibilidad de las políticas económicas
e intelectual del concepto “neoliberalismo”, y las condi- del régimen militar. A ese primer esfuerzo se sumaron
ciones que lo hicieron posible. Un conjunto creciente de también cientistas sociales de izquierda, muchos de
estudios de distintas filiaciones políticas ha cuestionado ellos en el inicio de procesos de “renovación” de sus
el rendimiento analítico de la categoría neoliberalismo en convicciones marxistas, como parte de una transición
virtud tanto de su problemática expansión a un conjunto que tendrá hondas consecuencias en los años siguientes.
diverso de fenómenos, como el hecho de que casi no hay En ese sentido, fueron las acciones del régimen de cara a
fuerzas políticas o grupos intelectuales que la adopten para su propia base social contrarrevolucionaria las que con-
sí. Algunos han llegado incluso a recomendar el desahucio tribuyeron decisivamente a la construcción conceptual
de esa noción para así recuperar precisión conceptual del neoliberalismo.
(Ghersi, 2004; Hartwich, 2019; James, 2020; Rodgers,
2018). Salvo algunas excepciones (Boas & Gans-Morse, La alianza contrarrevolucionaria
2009; Venugopal, 2015), esos análisis no han estudiado
la dimensión histórica del concepto neoliberalismo ni la La llegada de Allende y la Unidad Popular al
centralidad del proceso político chileno en ese proceso. En poder en noviembre de 1970 implicó varias novedades.
otras palabras, no se ha entendido la categoría en tanto Era la primera vez que la izquierda marxista llegaba al
concepto, es decir, un término con la capacidad semántica poder unida y sin estar subordinada a partidos de centro,
suficiente para encapsular experiencias sociopolíticas y sus cuestión que les permitió articular un proyecto revolu-
conflictos inherentes. Los conceptos no son meros reflejos cionario de corte socialista, a la vez que respetuoso de la
de realidades materiales subyacentes, sino que inciden y institucionalidad estatal y los mecanismos democráticos
organizan espacios de experiencias y expectativas colec- de resolución de conflictos. Al ser un proyecto revolu-
tivas fundamentales para la comprensión de conflictos cionario marxista, junto a la apelación a las mayorías
políticos. De allí su carácter polisémico y disputado, que hubo también un fuerte énfasis retórico y político en el
lejos de ser carencias, son parte integrante de su condición protagonismo de la clase obrera por sobre otros sectores
histórica (Koselleck, 1993). sociales. Por lo mismo, las primeras políticas expropiadoras
En este trabajo argumentamos que la desestruc- y redistributivas estuvieron directamente orientadas a
turación de la relación Estado-sociedad civil derivada de mejorar las condiciones de vida de los sectores populares,
las reformas económicas de la dictadura chilena produjo comprometiéndolos con el proceso de cambios. Al mismo
el espacio político e intelectual propicio para una resig- tiempo, la Unidad Popular buscó ampliar su base social
nificación radical del concepto “neoliberalismo”. Hasta hacia sectores medios de profesionales, empleados y pe-
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ese momento, dicho concepto era marginal y de poca queños empresarios, ofreciendo alzas salariales, créditos
relevancia en debates políticos e investigación económica y orientados hacia la producción y garantizando que la
social. Será a partir de la elaboración intelectual realizada pequeña propiedad y el status social mesocrático no se
en Chile desde 1981 en adelante que la recurrencia del verían afectados por el proceso revolucionario. A pesar de
término se multiplicaría primero en América Latina y los temores e incertidumbres generados por la victoria de
un candidato marxista, la apuesta pareció funcionar en los garon organizaciones políticas y sociales de oposición de
primeros meses de gobierno (Winn, 2014). distinto tipo. Fue el momento de consolidación de una
Los grupos de clase media organizada -colegios alianza contrarrevolucionaria que hizo suyo el lenguaje
profesionales, asociaciones de comerciantes, transportistas, antimarxista bipolar amplificado por la mayoritaria prensa
empleados públicos y particulares, pequeños y medianos de oposición. El “Paro de Octubre”, como fue conocido,
empresarios, entre otros- habían construido una tupida puso en jaque al gobierno. En ese escenario, las bases
red legal, institucional y política con los distintos go- obreras de izquierda crearon las primeras expresiones de
biernos desde los años 1940 en adelante. En la época de “poder popular” en las fábricas expropiadas, dándole mayor
hegemonía del centrista Partido Radical, entre 1938 y realce a la retórica ultraizquierdista que desconfiaba del
1952, la “clase media” adquirió prestigio como categoría e camino institucional de Allende. Esta conjunción aceleró
identidad social, erigiéndose como grupo virtuoso donde el proceso de radicalización y polarización política general
descansaban la moralidad cívica y privada, el esfuerzo (Gaudichaud, 2016).
individual y la estabilidad democrática. Buena parte de las El último año de la Unidad Popular fue de con-
políticas estatales de seguridad social y laboral estuvieron frontación directa y total entre esta heterogénea alianza
dirigidas hacia estos sectores, impactando decisivamente contrarrevolucionaria y una izquierda cada vez más dividida
en sus condiciones de vida (Pinto Santa Cruz, 1996). Esta entre quienes se mantenían leales a la estrategia institucional
suerte de hegemonía mesocrática se nutría de -y reforzaba- de Allende y quienes desconfiaban de las posibilidades del
la capacidad de los grupos de clases medias para acceder “Estado burgués”. La elección parlamentaria de marzo de
directamente a instancias de decisión estatal en los poderes 1973 fue la última oportunidad de resolución institucio-
Ejecutivo y Legislativo. Existieron entonces canales de nal del conflicto. Una vez cerrado el camino institucional
negociación y participación formales e informales de -dado el sorprendente desempeño electoral de la izquierda
peso en la formulación de políticas públicas sectoriales y en las elecciones parlamentarias de 1973- la movilización
en la redacción de legislación específica. Cuando Allende contrarrevolucionaria fue constante, masiva y violenta. El
llegó al poder en 1970, estos grupos recibieron a la nueva movimiento Patria y Libertad asumió una estrategia abier-
administración con la expectativa de mantener e incluso tamente terrorista, mientras la derecha y el centro político
incrementar su nivel de influencia en el Estado, aun bloqueaban toda iniciativa del gobierno en el Congreso
cuando el eje ahora estuviese puesto en las condiciones (Valdivia Ortiz de Zárate, 2008). Las organizaciones de
materiales del mundo popular. clase media intensificaron la movilización callejera y los
Sin embargo, esas relaciones comenzaron a frac- paros sectoriales. En julio de 1973, los transportistas ini-
turarse tempranamente. Los profesionales y empleados ciaron un nuevo paro, al que nuevamente se sumaron todas
resintieron lo que entendían era una intolerable pérdida las organizaciones de la alianza contrarrevolucionaria. En
de status en el aparato estatal ante la llegada de las nue- ese contexto, la conspiración golpista pudo comprometer a
vas autoridades. Transportistas, comerciantes y pequeños buena parte de la alta oficialidad de las Fuerzas Armadas,
empresarios comenzaron a rechazar cada vez con más sobre todo luego de la renuncia bajo presión del Comandan-
vehemencia la política de expropiaciones del gobierno y la te en Jefe del Ejército, Carlos Prats, y el ascenso de Augusto
radicalización obrera, que amenazaba su propia condición Pinochet en su lugar, quien a último momento se sumó a
de propietarios de su fuerza de trabajo. Mientras tanto, los preparativos. El golpe de Estado se llevó finalmente a
la derecha política y el empresariado organizado pasaron cabo el 11 de septiembre de 1973. En cuestión de horas,
a la ofensiva de la mano de un discurso fuertemente an- los militares controlaron el país.
timarxista. A finales de 1971, las mujeres del derechista Las organizaciones de clase media recibieron con
Partido Nacional organizaron la “Marcha de las cacerolas algarabía el cambio de régimen. Mientras la dictadura
vacías” con el objeto de denunciar el incipiente desabas- militar desplegaba un inmenso esfuerzo represivo contra
tecimiento en clave de género. Durante la primera mitad las orgánicas de izquierda y sus bases sociales, los dirigen-
de 1972, las manifestaciones continuaron. El asesinato tes mesocráticos se reunían con las nuevas autoridades,
del ex ministro Edmundo Pérez Zujovic el 8 de junio de restableciendo los canales de participación y negociación
ese año por parte de un grupo de ultraizquierda empujó a con el Estado, prescindiendo ahora de la mediación de los
la Democracia Cristiana más cerca del Partido Nacional partidos políticos. Haciendo suya la retórica antimarxista
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y de orgánicas de ultraderecha, como Patria y Libertad, de “salvación”, estas organizaciones participaron activa-
quienes ya por entonces se habían inclinado por la agita- mente en la formulación de políticas sectoriales orientadas
ción y la violencia callejera (Amorós, 2020; Casals, 2021). a la estabilización económica y la regresión acelerada de
En octubre, los gremios de clase media liderados por los las políticas expropiatorias y redistributivas de la Unidad
transportistas iniciaron un paro nacional al cual se ple- Popular (Stern, 2006).
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Esta expedita incorporación de organizaciones a contactos con oficiales de la Marina, estos economistas
sociales contrarrevolucionarias a las tareas de gobierno prepararon un documento conocido informalmente como
fue posible gracias a que durante los primeros años de “El Ladrillo”, un plan de transformación económica
la dictadura no existía un proyecto político claro. En la inspirado en principios monetaristas y librecambistas
“Declaración de Principios” de marzo de 1974 ya se había ortodoxos (Valdés, 1995).
delineado la ambición “refundacional” del régimen a través La oportunidad para aplicar estas medidas llegó
de una crítica no solo a la Unidad Popular, sino también gracias a la conjunción de varios factores. Hacia 1975 la
al desarrollo político y económico de Chile desde los economía seguía sumida en una profunda crisis con altí-
años 1930. Los contenidos de ese proyecto, sin embargo, simo desempleo e inflación. Pinochet, por su parte, había
aún estaban en disputa. Fracciones relevantes de la alta logrado en poco tiempo concentrar buena parte del poder
oficialidad abrigaban esperanzas de tipo corporativista, en de la dictadura. En junio de 1974 se hizo nombrar “Jefe
las que contemplaban mecanismos de participación social Supremo de la Nación”, asumiendo el Poder Ejecutivo, y
despolitizada de organizaciones afines al ideario contra- a la vez controlaba la Dirección de Inteligencia Nacional
rrevolucionario del régimen. Gustavo Leigh, Comandante (DINA), una poderosa policía política secreta que cum-
en Jefe de la Fuerza Aérea y miembro de la Junta militar, plió el doble propósito de centralizar la labor represiva y
fue el representante más visible de esta tendencia. Entre apuntalar su poder personal. En ese contexto, la elección
otras cosas, intentó impulsar el llamado “Estatuto Social de un proyecto económico propio era una forma efectiva
de la Empresa” que incluía participación de los trabaja- para diferenciarse de los sectores militares corporativistas
dores en la dirección y en las ganancias de cada unidad (Valenzuela, 1991). Dicha opción, además, era posible
productiva (Valdivia Ortiz de Zárate, 2003). Fue a través dadas las afinidades doctrinarias entre los “Chicago Boys”
de estas autoridades que la clase media organizada intentó y los militares en el poder: ambos aspiraban a la atomiza-
hacer valer sus credenciales de fuerza social protagónica ción de las relaciones sociales, la despolitización general
en la desestabilización de la Unidad Popular. Desde la y un desarrollo económico ajeno a la tutela estatal, con
perspectiva de estas organizaciones, por un momento el objetivo ulterior de consolidar la obra refundacional
pareció posible restablecer los canales de participación del régimen más por consenso que coacción. Además,
y negociación con el Estado en condiciones incluso el énfasis ideológico en la “libertad”, reducida ahora a
más favorables que las del período anterior a 1970. A la la libre elección en el mercado, se entroncaba de buena
sincronización ideológica con el discurso legitimador del manera con la acepción antimarxista de Guerra Fría del
régimen se sumaron oportunidades concretas de influir término, en la que la lucha contra la “amenaza roja” era al
en el nuevo orden autoritario. mismo tiempo la defensa del “mundo libre” (Estefane &
Thielemann, 2020; Meller, 2016).
La adopción de la “política de shock” y la hege-
Las reformas económicas y la monía de los “Chicago Boys” fue, entonces, un fenómeno
clausura del Estado contingente asociado al proceso de instalación y consoli-
dación del autoritarismo chileno. Sus consecuencias, sin
La influencia de las organizaciones de clase media embargo, serían profundas y duraderas. En lo inmediato,
en la dictadura militar no duraría mucho. En 1975, el el “shock” agudizó la crisis económica: el PIB cayó en un
régimen se inclinaría por iniciar una “política de shock” 28% en 1975 y la cifra oficial de desempleo se empinó
con el objetivo explícito de estabilizar la economía y sentar por sobre el 20%. Sólo hacia 1977 comenzaron a eviden-
las bases para una reestructuración general del país. La ciarse cifras positivas: ese año el PIB creció un 7,8% y la
decisión se tomó luego de que un grupo de economistas inflación logró ser controlada en el rango del 30 al 40%
de la Universidad Católica, con estudios de postgrado en (Stern, 2006, p. 168). Tras esas cifras se escondían enormes
la Universidad de Chicago, asumieran con plenos poderes cambios estructurales que impactaron en el entramado
la gestión económica y optaran por un plan radical de de redes e instituciones estatales que habían sostenido
contracción del gasto público y liberalización de controles y consolidado la hegemonía mesocrática de las décadas
de precios y arancelarios con el fin de disminuir la inflación previas. Entre otras cosas, el empleo público se contrajo
y fomentar la reactivación. Los llamados “Chicago Boys” abruptamente. Entre 1973 y 1978 el Estado se deshizo de
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habían participado activamente de la movilización contra- 100.000 funcionarios, cuestión que afectó particularmente
rrevolucionaria contra la Unidad Popular en alianza con a las agencias de fomento, los servicios sociales y las em-
el movimiento gremialista de Jaime Guzmán, de matriz presas públicas, que a su vez eran las grandes prestadoras
franquista y tradicionalista, también proveniente de la de servicios para las clases medias y trabajadoras (Faletto,
Universidad Católica. Antes del golpe militar, y gracias 2008, p. 269). Al mismo tiempo, la influencia del Estado
en la economía se redujo drásticamente. A la reversión de Los profesionales resintieron el alto desempleo, la ace-
las expropiaciones en el campo y la ciudad se sumó una lerada mercantilización de sus áreas de acción y la falta
primera oleada de privatizaciones de empresas fundadas de sensibilidad de las autoridades militares para con sus
por el Estado. En el ámbito privado la situación no era necesidades especiales. El Colegio Médico, por ejemplo, se
mejor. La caída de la demanda interna, la abrupta baja de opuso a la privatización de la salud mediante la fundación
aranceles y el encarecimiento del crédito hizo que muchas de las Instituciones de Salud Previsional (ISAPREs), a
ramas de la pequeña y mediana industria pasaran a ser la vez que siguió reclamando por lo que consideraban
económicamente inviables. Entre 1974 y 1983 el valor eran sueldos insuficientes para la posición social de sus
de la producción industrial cayó en un 25%, lo que signi- agremiados, sin resultados concretos (Castiglioni, 2001).
ficó la pérdida de 150.000 empleos. Según CONUPIA, Cuando finalmente el Ministro de Salud, Fernando Mat-
organización de pequeños y medianos industriales, para thei, visitó el Colegio Médico en junio de 1977 para tratar
1977 había desaparecido el 20% de los establecimientos estos temas, su respuesta fue parca y tajante. La “política
existentes en 1974 (Campero, 1984, p. 166 y 178). social de mercado que rige el campo económico”, señaló,
El equipo económico del gobierno profundizó tenía todo el apoyo de Pinochet, por lo que sus medidas
la extensión de las medidas hacia finales de los años “no son negociables” (Vida Médica, 1977). Comerciantes,
1970 y principios de los 1980 con las llamadas “siete transportistas, empleados y pequeños empresarios sufrie-
modernizaciones”. El objetivo de este nuevo paquete de ron una suerte similar. La aplicación dogmática del “shock”
reformas fue la creación de nuevos mercados a partir de y las “modernizaciones” por parte de los “Chicago Boys”
prestaciones y servicios antes entendidos como derechos no admitieron espacios de negociación.
sociales en áreas fundamentales para la reproducción de La hegemonía del equipo económico al interior del
las condiciones materiales e identitarias de la clase media, régimen se consolidó gracias a dos procesos. Por una parte,
como salud, educación, trabajo y seguridad social (Gárate, los supuestos doctrinarios de los “Chicago Boys” fueron
2012; Meller, 2016). Por ejemplo, las escuelas primarias absorbidos e integrados a un esquema ideológico más
y secundarias estatales pasaron a depender de los gobier- amplio por parte de intelectuales del régimen, como Jaime
nos locales municipales, mientras que las universidades Guzmán. Si bien la alianza entre gremialistas y “Chicago
públicas se fraccionaron y desfinanciaron, fomentando a Boys” se remontaba al horizonte contrarrevolucionario
la vez la proliferación de universidades privadas. Lomnitz común de los años 1960 en la Universidad Católica, no
y Melnick (1998) estudiaron en profundidad el impacto existía entre ellos una compatibilidad doctrinaria consis-
de estas reformas en los profesores escolares, antes or- tente. Sin embargo, hacia finales de los años 1970 Jaime
gullosos y respetados agentes estatales con la misión de Guzmán encontró la manera de armonizar los principios
educar a las nuevas generaciones de ciudadanos, devenidos individualistas y de subsidiariedad del Estado sostenidos
funcionarios municipales precarizados, con bajos salarios por los “Chicago Boys”, por un lado, con el tradicionalis-
y sometidos a un fuerte control ideológico por parte de mo católico, la defensa de la autonomía de los “cuerpos
las autoridades locales. En las universidades sucedió otro intermedios” y la primacía de los derechos naturales, en
tanto: además de los cambios institucionales generales, las especial el de propiedad, por otro (Cristi & Ruiz, 1992).
autoridades designadas por el régimen iniciaron procesos Paralelamente, a medida que las reformas económicas
de purga ideológica entre estudiantes, funcionarios y mostraban ciertos resultados, los sectores oficialistas
académicos, anulando el rol señero que esas instituciones discrepantes de la nueva ortodoxia económica quedaron
habían tenido en la investigación científica y el pensa- fuera del ámbito de decisiones del Estado. Gustavo Leigh,
miento político en las décadas previas (Póo, 2016). Fue así uno de los principales instigadores del golpe de Estado
como el prestigio mesocrático derivado de las credenciales y representante del corporativismo militar en la Junta,
técnicas e intelectuales se vio fuertemente erosionado. fue despojado de su puesto y obligado a pasar a retiro
Todos estos cambios estructurales afectaron las en 1978 luego de expresar públicamente diferencias con
posibilidades de las organizaciones mesocráticas para in- Pinochet. En una larga entrevista publicada como libro
cidir en decisiones de gobierno. Según la nueva ortodoxia el año siguiente, Leigh dejó en claro que su poder real
económica, los individuos debían insertarse y participar en el régimen se había diluido mucho antes de su salida,
autónomamente en el mercado, sin obstáculos ni media- limitándose sólo a recibir las quejas y lamentos de orga-
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ciones de ningún tipo. En ese registro, toda exención o nizaciones y gremios mesocráticos ante el dogmatismo e
prerrogativa especial era entendida como una deformación inflexibilidad del equipo económico. Para Leigh, uno de
inaceptable del mercado a manos de “grupos de presión”. los grandes errores de las autoridades había sido “el aban-
Bajo esas nuevas directrices, los canales de participación dono de nuestra valiosa clase media”, que estaría “pagando
y negociación comenzaron rápidamente a fracturarse. todas las consecuencias, habidas y por haber, en lo social
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y en lo económico” (Varas, 1979, p. 46 y 75). Con todo, la experiencia chilena. Lo que para algunos autores (Gher-
en medio de la retórica exitista del “milagro chileno” y la si, 2004; Brennetot, 2014; Hartwich, 2019; James, 2020)
fortaleza institucional de la dictadura, la postura disidente es reflejo de la tergiversación que ha sufrido el concepto
de Leigh no produjo efectos concretos. a manos de sus “enemigos”, es en realidad parte de una
Del mismo modo, las organizaciones de clase me- trayectoria histórica atravesada por tensiones ideológicas
dia no pudieron articular un discurso opositor coherente y y experiencias concretas disímiles que se remontan a los
efectivo. Por una parte, sus reclamos ante las consecuencias años 1930. La historia de sus orígenes es bien conocida: en
desestructuradoras de las reformas económicas no implica- Alemania, durante la crisis global del capitalismo iniciada
ron en ningún caso una ruptura completa con el régimen. en 1929, el ambiente político general en la República de
Aún seguía en pie el relato épico contrarrevolucionario Weimar era reacio a aceptar medidas económicas liberales,
centrado en la “salvación” de la nación ante la amenaza primando opciones colectivistas como la comunista, la
marxista. Por otro lado, las reformas económicas pudieron socialdemócrata y la nacional-socialista. Uno de los pocos
legitimarse ante sectores de medios y altos recursos gracias intelectuales que abrigaba simpatías hacia fórmulas libe-
al “boom” de las importaciones y consumo. Por entonces rales era Alexander Rüstow, quien por entonces trabajaba
comenzaron a masificarse nuevas herramientas y espacios en la formulación de un proyecto político-económico de
dedicados al consumo, como las tarjetas de crédito, las “fi- corte liberal bajo el principio de “economía libre, Estado
nancieras”, los “caracoles” y, ya en los 1980, los “malls”. El fuerte”. En términos esquemáticos, Rüstow abogaba por
propio régimen y los medios de comunicación oficialistas un orden económico diseñado con reglas clásicas e imper-
socializaron los nuevos principios individualistas asociados sonales que evitasen todo monopolio o presión indebida
al consumo de bienes importados como los nuevos meca- sobre el mercado o el Estado, sin por ello caer en lo que
nismos de integración simbólica y marcadores de clase. Por consideraba habían sido excesos del liberalismo decimonó-
mucho que las organizaciones mesocráticas resintieran la nico de “laissez faire” (que el propio Rüstow llamaba con
contracción del Estado y la mercantilización de derechos indisimulado desprecio “paleo-liberalismo”). El Estado,
sociales, no pudieron cuestionar el atractivo del nuevo tipo entonces, tenía un rol fundamental en la construcción
de consumo (Angelcos et al., 2006). y regulación del mercado y la administración de bienes
En 1980 la dictadura chilena logró consolidar las comunes como los transportes. Además, debía evitar a
reformas de libre mercado y el orden político autoritario toda costa la formación de grandes monopolios a través
gracias a la dictación de una nueva Constitución con la de altos impuestos a las compañías, entre otras medidas.
que pudo radicalizar su embestida contra todo aquello que Rüstow y sus colegas, quienes ya entonces habían abrazado
no calzara en el nuevo modelo económico, sin considera- el nombre de “ordoliberales”, fueron invitados al Coloquio
ciones por quienes habían sido parte de su base social. A Walter Lippmann en 1938, identificado en varios estudios
principios de 1981, por ejemplo, decretó la disolución de como el momento fundacional de la doctrina neoliberal
los Colegios Profesionales al no avenirse con las nuevas (Escalante, 2016; Mirowski & Plehwe, 2016, entre otros).
disposiciones constitucionales sobre libertad de trabajo. Allí, en las agitadas discusiones con economistas austríacos
Sus dirigentes -en su mayoría firmes partidarios de la como Ludwig von Mises y Friedrich von Hayek, entre
dictadura- no fueron capaces de reaccionar a tiempo, y otros invitados, se llegó al consenso temporal de utilizar
en cuestión de meses todas esas organizaciones pasaron a un término común para el proyecto de restitución liberal
ser simples asociaciones gremiales (Hoy, 1981). Con estas en marcha: neoliberalismo (Brennetot, 2014).
y otras medidas quedaba claro que el equipo económico El estallido de la II Guerra Mundial suspendió
había logrado imponer sus principios y expandirlo hacia estas discusiones, y cuando en 1947 se convocó a la primera
todas las esferas del Estado y la sociedad. Fue en ese con- reunión de lo que sería la Sociedad Mont Pèlerin (con
texto, y cuando comenzaban a evidenciarse las primeras muchos de los invitados al Coloquio de 1938, incluyendo
señales de la crisis económica que estallaría en 1982 y al propio Rüstow y a Hayek, entre otros), el término había
1983, que se construiría la noción de “neoliberalismo” caído en desuso. Hayek siempre había desconfiado de esa
para dar cuenta del carácter disruptivo, radical y reñido categoría y del proyecto de los ordoliberales ya que creía
con la tradición histórica nacional del proyecto económico que los mercados eran órdenes espontáneos que no debía
del gobierno. ser regulado desde el Estado. Además, los propios ordo-
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liberales se habían inclinado por un nuevo concepto, la
La creación del neoliberalismo “economía social de mercado”, para describir las políticas
que entonces estaban llevando con éxito en la República
La acepción original del término neoliberalismo Federal Alemana (Escalante, 2016; Hartwich, 2019; Hoe-
distaba mucho de los significados que adquirió a partir de vel, 2014). Por su parte, Milton Friedman, uno de los más
destacados representantes de la Escuela de Chicago en la contracciones de salarios y ayudas estatales que habrían
Sociedad Mont Pèlerin, intentó hacer suyo el concepto llegado al límite de generar hambre y malnutrición en sec-
neoliberalismo en un artículo de 1951, sugiriendo que el tores populares (Frank, 1975; 1976). En esa misma línea,
contexto político y cultural ya era propicio para la aplica- Orlando Letelier, ex-ministro de Salvador Allende y por
ción de fórmulas económicas que incentivaran la compe- entonces una de las principales figuras de la solidaridad
tencia y el mercado libre, aunque sin olvidar corregir los con Chile en Estados Unidos, publicó un ensayo en varios
excesos del liberalismo decimonónico. El Estado, en línea medios internacionales en el que vinculaba a la Escuela
con la acepción original del término, debía preocuparse por de Chicago, el “shock”, la represión generalizada y los
las condiciones generales del mercado, proveyendo entre desastrosos resultados sociales y económicos que entonces
otras cosas un ambiente monetario estable y una fuerte se evidenciaban en Chile (Letelier, 1977). Su crítica y su
política antimonopólica (Friedman, 1951). Con todo, el figura cobrarían aún más visibilidad global a partir de su
término no logró popularizarse ni tampoco identificar a asesinato en septiembre de 1976, pocas semanas después
dicha corriente económica. No sería sino hasta los años de publicar su ensayo, a manos de la DINA en Washington
1970, a partir de la experiencia autoritaria latinoamericana, D.C. A pesar de la circulación y contundencia de ambas
y chilena en particular, que el término fue reinstalado, críticas, lo cierto es que ninguna de ellas fue realizada en
modificando y ampliando su radio de alcance semántico. torno a la noción de “neoliberalismo”, aún en desuso, sino
Cuando la dictadura chilena se inclinó por la más bien en base a la denuncia de los efectos económicos
propuesta de los “Chicago Boys” en 1975, el término neo- concretos de las medidas impuestas en Chile bajo inspi-
liberalismo era prácticamente desconocido. De hecho, los ración directa de la Escuela de Chicago.
propagandistas del régimen intentaron legitimar el nuevo Al mismo tiempo, al interior de Chile se organiza-
modelo económico apelando al referente del llamado ban algunos espacios de crítica relativamente toleradas por
“milagro alemán” de postguerra y su “economía social de el régimen a las políticas económicas de los Chicago Boys.
mercado”. El propio Milton Friedman utilizaría dicha Un hito a este respecto fue la organización en 1976 de la
noción para caracterizar el “remedio” a la “enfermedad” Corporación de Investigaciones Económicas para Amé-
económica del país en su primer viaje a Chile en 1975 rica Latina (CIEPLAN), dirigido por Alejandro Foxley
(Edwards & Montes, 2020). El uso del término, sin y compuesto en su mayoría por economistas afines a la
embargo, era problemático. Para muchos analistas e inte- Democracia Cristiana. CIEPLAN fue producto directo de
lectuales que no compartían la radicalidad y dogmatismo los hostigamientos de los gremialistas y los Chicago Boys
del nuevo credo económico, la experiencia chilena distaba hacia los economistas disidentes de la línea ortodoxa en la
mucho del liberalismo moderado, regulado y de bienestar Universidad Católica, quienes ante la oleada de despidos
de Alemania Federal. En agosto de 1976, por ejemplo, entre 1975 y 1976 decidieron retirarse en masa de dicha
un grupo de intelectuales vinculados a la Compañía de universidad y fundar un centro privado de investigación.
Jesús y la Democracia Cristiana organizaron un seminario Algo similar sucedería pocos años después en el Instituto
junto a empresarios cristianos alemanes en Santiago, en de Economía de la Universidad de Chile. Buena parte de
el que se hicieron ver una y otra vez las diferencias en las las críticas hacia las políticas económicas del régimen en
experiencias de ambos países (Zañartu, 1976). los años del “shock” y el “boom” provendrían de econo-
A partir de esas constataciones, de los efectos mistas desplazados de las principales universidades del
desestructuradores de la política económica, y también país como consecuencia de recortes presupuestarios y
gracias a las acciones de la propia dictadura, comenzó a persecuciones políticas. (Arellano et al., 1982; Huneeus,
construirse un espacio de crítica a la política económica 2000, p. 383-388).
dentro y fuera de Chile, aun cuando no eran identificadas Fue en ese escenario que algunos analistas de la
con el apelativo “neoliberal”. Ya en 1974 -es decir, incluso política chilena y latinoamericana empezaron a emplear
antes del “shock”- Andre Gunder Frank, economista de el concepto neoliberalismo para referirse a las nuevas
origen alemán y actor principal en las elaboraciones de la realidades que emergían de la conjugación entre reformas
“teoría de la dependencia” en el Chile de la Unidad Po- económicas de libre mercado y autoritarismo. El primero
pular, publicó una “carta abierta” dirigida a quienes habían en hacerlo fue el economista canadiense Michel Chossu-
sido sus maestros en la Universidad de Chicago, Arnold dovsky en un artículo escrito en 1974 y publicado en 1975.
225
Harberger y Milton Friedman, a raíz de la colaboración Chossudovsky había sido profesor del Departamento de
de ellos y sus estudiantes chilenos con la dictadura de Economía de la Universidad Católica, siendo uno de los
Pinochet. En una segunda carta, fechada en 1976, Frank pocos académicos disidentes de la línea ortodoxa de los
acusó a los dos economistas norteamericanos de promover “Chicago Boys”. Antes de dejar Chile para asumir una
un “genocidio económico” en Chile, dadas las enormes plaza de investigador en Perú, escribió un texto crítico de
História Unisinos
Marcelo Casals e Andrés Estefane
las reformas económicas implementadas en los primeros planteó en este texto que la institución más dinámica en la
meses de la dictadura militar, denunciando el desplome creación y consolidación de la nacionalidad chilena había
de la capacidad de compra de la mayoría de los chilenos, sido el Estado, sobre todo aquel que, como en el siglo XIX,
incluso por debajo de las necesidades mínimas de ali- se había forjado a través de guerras de diferente intensidad
mentación (Chossudovsky, 1975). En esa crítica utilizó (Góngora, 1981). La lucha contrarrevolucionaria contra
el término “neoliberal” en el título y solo una vez más, la Unidad Popular, el golpe de Estado y la dictadura
hacia el final del texto, para caracterizar con esa categoría militar habrían sido, desde esa perspectiva, momentos de
la “escuela de pensamiento” (es decir, Chicago) en la que revitalización de un espíritu nacional colectivo, cuestión
se inspiraban los economistas de la dictadura militar. Es que explicaba el entusiasmo del propio Góngora por la
probable, como indica Brennetot (2014), que esa referencia “Declaración de Principios” de 1974 y sus fundamentos
se debiera a la incipiente y no muy sistemática tendencia de conservadores y tradicionalistas (Cristi & Ruiz, 1992).
algunos académicos norteamericanos de utilizar el adjetivo Sin embargo, la hegemonía de los “Chicago Boys” habría
neoliberal para referirse a Friedman y los economistas de venido a pervertir aquel desarrollo nacional al convertirse
la Universidad de Chicago en términos críticos. Con todo, en una tendencia antiestatal e intentar una reingeniería
el uso del concepto no prosperó, a pesar de que los datos total de la sociedad chilena con prescindencia de todo
reunidos y los contenidos de la denuncia de Chossudovsky principio tradicionalista. Expresión de eso serían las
circularan en otros textos de ese mismo tenor, como la reformas elevadas a rango constitucional en 1980, como
primera carta de Andre Gunder Frank ya mencionada. aquella que suprimía la obligación estatal ante la educación
Por otro lado, en 1979, el politólogo Roberto pública o la que derogaba la existencia legal de los colegios
Calvo publicó en Venezuela el libro La doctrina militar profesionales, medidas entendidas como atentados a la
de la Seguridad Nacional: autoritarismo político y neolibera- tradición histórica. Es precisamente en este punto que
lismo económico en el Cono Sur, en el que planteaba que las Góngora esgrime el término neoliberalismo. El objetivo
dictaduras chilena y brasileña, más allá de sus diferencias, era equiparar ese proyecto con las “planificaciones globa-
habrían creado un nuevo modelo de desarrollo inspirado les” tanto de la Democracia Cristiana como de la Unidad
“en los grandes postulados del liberalismo que reformula- Popular, a la vez que acusarlo de no ser “un fruto propio
ron Walter Lippmann, von Hayek, von Mises y otros, y que de nuestra sociedad […] sino una ‘revolución desde arriba’,
han dado origen al neoliberalismo” (Calvo, 1979, p. 173). paradójicamente antiestatal, en una nación formada por
A diferencia del mejor tratado concepto de Seguridad el Estado” (Góngora, 1981, p. 136). El problema central,
Nacional, la noción de neoliberalismo no recibió aquí un y el rasgo que reuniría a todos estos proyectos, sería el
estudio sistemático. Calvo, de hecho, se basó en un texto espíritu utópico antitético a la tradición, cuyas raíces últi-
del intelectual socialcristiano francés Joseph Folliet de mas estarían en el pensamiento revolucionario europeo de
1956, cuya versión en español apareció en Buenos Aires finales del siglo XVIII. A pesar del ímpetu antimarxista y
en 1957, en el que el neoliberalismo era definido como contrarrevolucionario de la dictadura militar, entonces, el
aquella doctrina liberal que emerge del Coloquio Walter neoliberalismo habría trastocado su espíritu nacionalista
Lippmann basada en la crítica al colectivismo como a los para volver a caer en un constructivismo contrario a la tra-
excesos del laissez faire decimonónico, y que buscaba la dición nacional y la fortaleza histórica del Estado chileno.
creación de mercados mediante normas y regulaciones La crítica conservadora de Góngora tuvo un
estatales justas e impersonales (Folliet et al., 1957, p. 25). particular y circunstancial aliado: el propio Friedrich von
Es decir, para Folliet y otros, el neoliberalismo seguía Hayek. En efecto, Góngora tomó prestado explícitamente
estando identificado con el ordoliberalismo, y no necesa- el término neoliberalismo de una entrevista a Hayek
riamente con Friedman y la Escuela de Chicago. Calvo realizada por la historiadora liberal Lucía Santa Cruz y
recogió esa definición y la aplicó al caso latinoamericano publicada en El Mercurio el 19 de abril de 1981 (Góngora,
sin realizar esas distinciones, aunque reconociendo la 1981, p. 143). Hayek, al igual que Friedman, había apo-
particular articulación entre reformas económicas de libre yado con vehemencia el experimento chileno, a pesar de
mercado y autoritarismo. las críticas recibidas ante la masividad de las violaciones
No será sino hasta 1981 cuando el término neoli- a los Derechos Humanos por parte de la dictadura. En
beralismo comience a utilizarse de modo más específico 1981, Hayek se encontraba realizando su segunda visita al
226
y elaborado. Ese año, el reputado historiador nacionalista país, orientada sobre todo a asesorar y apoyar la fundación
y conservador chileno Mario Góngora publicó su Ensayo del Centro de Estudios Públicos (CEP), un muy bien
sobre la noción de Estado en Chile en los siglos XIX y XX, financiado think tank liberal (Caldwell & Montes, 2015).
probablemente la crítica intelectual más contundente a En la entrevista a Santa Cruz, Hayek llenó de elogios al
la política económica de los “Chicago Boys”. Góngora manejo macroeconómico chileno, a la vez que celebraba
la expansión de la “libertad” económica sin cuestionar el izquierda tomarían el concepto de neoliberalismo esgrimido
autoritarismo político. Sin embargo, también hubo espacio por Góngora con el fin de darle mayor peso a la crítica
para críticas hacia algunos de sus pares. Preguntado por contra el equipo económico de gobierno. En algunos luga-
Santa Cruz por las tensiones entre la tradición flexible y res ese trabajo ya tenía algunos años. CIEPLAN, como se
pragmática del liberalismo clásico con el más coherente mencionó, fue fundado en 1976 por economistas ligados a la
y estructurado “neoliberalismo”, Hayek respondió con Democracia Cristiana, y desde entonces habían desarrollado
un desafiante “no somos neoliberales”, quizás haciendo una crítica sistemática a las medidas de los “Chicago Boys”
alusión al intento de Friedman de hacerse con el término y en especial sus profundos costos sociales. Hasta 1982, sin
a principios de los 1950. De hecho, la explicación poste- embargo, esa crítica no se hizo contra el “neoliberalismo”.
rior de Hayek apuntó explícitamente a diferenciarse del Por ejemplo, en un trabajo de 1980, Alejandro Foxley usó
“constructivismo” de Friedman y la Escuela de Chicago, a indistintamente las categorías “experimento de Chicago”,
valorizar el liberalismo clásico, y a defender los “procesos “enfoque monetarista” y “modelo chileno” para referirse al
culturales evolutivos” antes que la planificación racional. conjunto de medidas económicas criticadas por sus efectos
Santa Cruz identificó el potencial de la crítica y la qui- en el empleo, los salarios y la deuda externa (Foxley, 1980).
so llevar al caso chileno, ante lo cual Hayek se limitó a Sólo dos años después, ante el estallido de la crisis, el mismo
decir “no conozco lo suficiente para opinar. Sé que los Foxley renovaría su arsenal conceptual en su trabajo Expe-
economistas son sólidos” (Caldwell & Montes, 2015, p. rimentos neoliberales en América Latina. La integración del
121-122). A pesar de ello, la idea de aplicar el término término tanto en el título como en el análisis no fue casua-
“neoliberalismo” a la Escuela de Chicago para resaltar su lidad. Para Foxley, el neoliberalismo no se remitía solamente
condición de proyecto de transformación radical coincidía a políticas económicas monetaristas, que América Latina
plenamente con la crítica histórica de Góngora. había conocido desde los años 1950. La novedad recogida
El Ensayo generó impacto y discusiones en la por el concepto neoliberalismo radicaba en el énfasis en
controlada esfera pública chilena, sobre todo porque se “transformaciones estructurales y en cambios de carácter
trataba de una crítica al modelo económico desde posturas institucional” (Foxley, 1982, p. 6). El neoliberalismo, de
conservadoras, y, por tanto, mucho más difíciles de ignorar ese modo, daría coherencia al proyecto refundacional de la
por parte del régimen y sus defensores. Además, Góngora dictadura chilena, proveyendo no sólo de orientaciones eco-
readecuó el concepto de neoliberalismo para caracterizar nómicas sino de un discurso ideológico global. Su propósito,
el experimento de los “Chicago Boys” en un momento señalaba el autor, “consiste nada menos que en transformar
particularmente pertinente: hacia mediados de 1981 ya radicalmente el modo de funcionamiento de la economía y,
eran evidentes las primeras señales de la crisis provocada en su forma más extrema, la forma en que están organizadas
por cambios en las condiciones internacionales y la fra- la sociedad y las instituciones políticas” (Foxley, 1982, p.
gilidad de la economía chilena ante esos vaivenes. A los 149). El uso del concepto neoliberalismo, entonces, permitía
altos niveles de gasto interno, déficit de la cuenta corriente expandir los límites de la crítica desde la economía hacia
y deuda externa, se le sumó la quiebra de la Compañía de otras esferas, justo en el momento en que todo el esfuerzo
Refinería de Azúcar de Viña del Mar (CRAV), uno de refundacional del régimen parecía tambalear.
los referentes en cuanto a competitividad y eficiencia del El neoliberalismo en tanto concepto rápidamente
nuevo modelo económico. Los “Chicago Boys” recomen- saltó barreras políticas y disciplinares, llegando a cientistas
daron abstenerse de toda medida bajo el entendido de que sociales de izquierda organizados en centros de investi-
el mercado se autorregularía, pero la situación económica gación independientes. En estos lugares, la recepción del
no paró de empeorar. En 1982 la crisis estalló. Pinochet concepto neoliberalismo coincidió con la maduración de
decidió sacar a los “Chicago Boys”, devaluar la moneda e la “renovación socialista”, un proceso político, ideológico e
intervenir la banca, al tiempo que el PIB se contraía en un intelectual, tanto en Chile como en el exilio, de superación
14% y el desempleo superaba el 30%. En esas condiciones, del horizonte marxista-leninista y de revalorización de la
el “boom” del consumo, la principal fuente de legitimidad democracia representativa como arena legítima y desea-
social del modelo, llegó a un abrupto fin, dejando tras ble de resolución de conflictos (Arrate & Rojas, 2003).
de sí quiebras y deudas impagas. La crisis económica se Uno de los centros más destacados a este respecto era la
transformó en política en 1983 con el inicio de las Jor- Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLAC-
227
nadas de Protesta Nacional que ayudaron decisivamente SO), fundada en 1957 como organismo internacional,
a la reestructuración y masificación de la oposición a la pero que después de 1978, por presión de la dictadura,
dictadura (Meller, 2016). se vio obligado a funcionar como centro privado. Allí, el
Mientras la crisis se desarrollaba, un conjunto abogado y politólogo Ángel Flisfisch escribió y publicó
heterogéneo de intelectuales de oposición de centro y de en 1982 el ensayo El neoliberalismo chileno: las funciones
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Marcelo Casals e Andrés Estefane
del dogmatismo, en el que planteaba que el neoliberalismo es una tiranía recubierta apenas por el ropaje retórico de
estaba operando como una verdadera “concepción de la libertad” (Tironi, 1982, p. 16). El concepto neolibera-
mundo” al interior de la dictadura, con “proposiciones lismo servía aquí no sólo como herramienta de crítica,
y juicios acerca de la economía, el estado, la política, la sino también para comprender fenómenos políticos y
historiografía, etc.” (Flisfisch, 1982, p. 19). Haciendo uso culturales contemporáneos en los cuales los esfuerzos de
de un notorio lenguaje “gramsciano”, propio del proceso la “renovación” también se inscribían.
de “renovación” de entonces, Flisfisch entendía este fenó- Las elaboraciones teóricas y políticas en torno al
meno como parte de una reconstitución de la hegemonía concepto de neoliberalismo en Chile no fueron fenómenos
ideológica del capital a través de una doctrina inflexible aislados. La lucha contra la dictadura, la valorización de
y dogmática afín al pensamiento militar. Tal como para la democracia y la existencia de ciertos espacios de debate
Foxley, para Flisfisch el neoliberalismo no se limitaba al intelectual acercaron posiciones entre centros e intelectua-
monetarismo, sino que implicaba también un conjunto les socialcristianos y socialistas, entablándose relaciones
radical de transformaciones sociales, culturales y políticas de colaboración entre sus miembros (Puryear, 1994). La
inscritos en un proyecto de dominación de largo plazo. adopción y elaboración del concepto neoliberalismo fue
Esa misma línea de análisis estuvo en la base del trabajo un factor que ayudó a aunar posiciones entre quienes hasta
de Pilar Vergara, quien en 1984 publicó su Auge y caída hace no mucho tiempo atrás habían estado en campos dis-
del neoliberalismo en Chile. En ese texto, también realizado tintos en la confrontación revolución-contrarrevolución,
en FLACSO, Vergara definía al neoliberalismo como “el y continuaría con más fuerza por el resto de la década de
soporte ideológico de una propuesta global de refunda- 1980. A través de dicho concepto fue posible articular una
ción de la sociedad chilena”, gracias al cual se produjo crítica política e intelectual al proyecto global del régimen,
“la más profunda revolución nunca antes acometida en reuniendo en ese esfuerzo a conservadores, socialcristianos
la historia del país” (Vergara, 1984, p. 1-2). La potencia y socialistas renovados.
del neoliberalismo, según la autora, habría estado dado El impacto de la labor política e intelectual rea-
por constituir una “utopía capitalista” en torno al ideal lizada por estos centros de investigación independientes
del mercado competitivo en el que es posible realizar una no se limitó al marco de la esfera pública chilena. Estas
libertad sin límites, cuestión que explicaría el dogmatismo organizaciones estaban compuestas por académicos con
de sus cultores, la preferencia por el saber técnico antes que robustas redes transnacionales, tanto académicas como
la deliberación política, y el sentido mesiánico de buena políticas, que se expresaban entre otras cosas en los múl-
parte de su retórica (Vergara, 1984, p. 224-225). tiples canales de financiamiento desde Estados Unidos y
La relación entre renovación socialista y utilización Europa Occidental, y en la capacidad por difundir textos
del concepto de neoliberalismo no se limitó a la labor e ideas a través de redes de solidaridad, colaboración y
académica, sino que implicó también la acción política apoyo. Gracias a esas conexiones, y al impacto global de
directa. Eugenio Tironi, sociólogo e investigador del la experiencia chilena en general, el concepto político y
Centro de Estudios Sociales y Educación SUR intervino académico de neoliberalismo comenzó a ser mencionado
en la reunión realizada por las fracciones renovadas del con más recurrencia y en referencia mayoritaria a Chile
socialismo chileno en Chantilly, Francia, a principios de y América Latina desde principios de la década de 1980,
septiembre de 1982, alocución publicada meses después asumiendo los nuevos significados analizados en este ar-
como artículo en Proposiciones, la revista de SUR. Tironi tículo (Boas & Gans-Morse, 2009; Brennetot, 2014). Si
propuso allí que el éxito de renovación del pensamiento bien el punto requiere más investigación -sobre todo en
socialista dependía de “si éste logra superar el desafío relación a los mecanismos, actores y vínculos transnacio-
neoliberal”. Ello se debía a que tanto la “renovación” como nales específicos- es posible inferir ante el protagonismo
el neoliberalismo eran respuestas a la crisis del Estado de global de la causa chilena, la explosión del uso del concepto
bienestar y del Estado socialista, siendo Chile un “campo en las décadas siguientes y la sintonía entre las discusiones
de pruebas” global al respecto. La “renovación”, entonces, chilenas y la nueva acepción del término relativa a un
debía conciliar la crítica a los “socialismos reales” sin proyecto global de reformas radicales de libre mercado,
por ello plegarse a los supuestos principios libertarios que las resemantizaciones conceptuales chilenas han sido
del neoliberalismo, dado que ya contaban entonces con centrales en la acepción contemporánea de neoliberalismo.
228
experiencias de “neoliberalismo real”, particularmente en
Chile. Allí se habría evidenciado que el Estado, lejos de Conclusión
contraerse, se había expandido a todo el cuerpo social a
través de organismos represivos, imposibilitando toda A principios de los años 1980, cuando comenzaban
reacción ante las inequidades del mercado. “El resultado a evidenciarse las primeras señales de una profunda crisis
económica, un conjunto heterogéneo de intelectuales ANGELCOS, N.; PÉREZ, P. ; SÉMBLER, C. 2006. Los sectores
chilenos adoptó el casi olvidado concepto de neolibera- medios ante la era neoliberal: Transformaciones y contradicciones
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lismo para describir aquello que rechazaban: el conjunto
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tarse de un debate meramente técnico sobre la efectividad tive International Development, 44(2):137-–161. DOI 10.1007/
de determinadas medidas económicas, el “neoliberalismo” s12116-009-9040-5
sirvió para articular una crítica global al proyecto refunda- BRENNETOT, A. 2014. Geohistory of “Neoliberalism”: Rethinking
cional de la dictadura chilena, que para ese entonces tenía the Meanings of a Malleable and Shifting Intellectual Label.
CyberGeo: European Journal of Geography. Politique, Culture, Repré-
en el aparente éxito económico, graficado sobre todo en
sentations. Document 667:1-27. DOI : 10.4000/cybergeo.26324
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de los “Chicago Boys” había provocado graves desajus- 1990. Latin American Politics and Society, 43(4):37-66. DOI
tes institucionales, sociales y culturales en aquella red 10.2307/3177030
de prácticas, sentidos y organizaciones que se había CHRISTIAENS, K.; RODRÍGUEZ GARCÍA, M.; GODDEERIS,
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S1053837219000397
de “renovación”. En otras palabras, fue tanto la desarticu- ESCALANTE, F. 2016. Historia mínima del neoliberalismo. Ciudad de
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