PROYECTO INTEGRADOR
CONVERGENCIAS Y DIVERGENCIAS
EDUCACIÓN INTERCULTURAL
ANDREA CAROLINA CARRILLO MORALES
UNIVERSIDAD MINUTO DE DIOS
MAESTRÍA EN EDUCACIÓN INCLUSIVA E INTERCULTURAL
I SEMESTRE
INTERCULTURALIDAD Y EDUCACIÓN
1/FEBRERO/2022
Contenido
INTRODUCCIÓN.................................................................................................................................3
EDUCACIÓN LATINOAMERICANA.................................................................................................4
Fin sociopolítico-cultural: Transformar lo que le enajena o desapropia y determinar
desde sí mismo y por sí mismo en qué consiste la dignidad de su existencia..............4
Fácil de decir, pero difícil de asumir en cuanto al desafío político....................................5
¿Qué es la educación intercultural?...................................................................................................6
Intervenciones de índole intercultural en el ámbito escolar................................................6
CONCLUSIÓN.....................................................................................................................................8
BIBLIOGRAFÍA....................................................................................................................................9
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INTRODUCCIÓN
Lo intercultural, sus versiones y sus matices fueron adjetivando la educación y la
pedagogía. A finales del siglo XX, el pronunciamiento político de los movimientos
étnicos acentuó los problemas de una larga historia de colonialismo cultural y
lingüístico. En el mundo académico surgieron los debates sobre la interculturalidad y
la multiculturalidad, y vieron la luz enfoques que ahora propugnaban por la
"inclusión" de los diversos. La política educativa global del continente incorporó un
lenguaje a favor del reconocimiento a las diversidades.
La interculturalidad en nuestra región está estrechamente relacionada con la
problemática indígena latinoamericana, pues fue a partir del análisis de las
relaciones entre indígenas y no indígenas que la noción de interculturalidad y su
derivada de educación intercultural emergieron desde las ciencias sociales
latinoamericanas hace casi tres décadas. (2003, p. 00).
Por lo tanto, se hace necesario el reconocimiento de las divergencias y construir las
convergencias desde el pensamiento y la acción, para contribuir a los debates sobre
las críticas al desarrollo y sumar a las diversas formas de resistencia que se vienen
gestando en contra de la embestida depredadora del capitalismo globalizado actual.
Pero también nos pone en la dirección de enunciar esta perspectiva latinoamericana
de la Educación para el Desarrollo como una apuesta que intenta resquebrajar la
hegemonía de los modos de vida asociados al consumo desmedido y plantear
puntas de lanza hacia la construcción de perspectivas otras y diversas para vivir.
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EDUCACIÓN LATINOAMERICANA
Entiendo las dificultades que se han presentado en la educación intercultural se deben tener
en cuenta 2 núcleos fundamentales que nos llevan a reflexionar acerca del quehacer
pedagógico.
1. Otras educaciones para otros desarrollos: hacia la configuración del sujeto crítico-
transformador
2. Pensar la educación latinoamericana: retos y desafíos.
Ambos hacen referencia a la práctica educativa. Los seres humanos educan y se auto
educan, quizás, primeramente, porque son animales sociales que poseen la potencialidad
de individualizarse (devenir individuos singulares o personas/personalidades) y, también
primariamente, porque el ser humano es un animal cultural, o sea vive el mundo por medio
de su cultura (o cabeza o sensibilidad). Esto implica, para los seres humanos y su
continuidad, aceptar su cultura, transmitirla y renovarla (adaptarla, transformarla). La noción
de “cultura” incluye instituciones e institucionalizaciones con sus lógicas y tramas siempre
complejas. Todas estas instituciones, institucionalizaciones y sus lógicas, que incluyen a las
familias y al subsistema educativo formal, educan.
Fin sociopolítico-cultural: Transformar lo que le enajena o desapropia y determinar
desde sí mismo y por sí mismo en qué consiste la dignidad de su existencia.
Como no puede hacerlo sin vincularse con otros, la tarea incluye necesariamente su
articulación política constructiva con esos otros. Hemos introducido así las nociones de
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pueblo social (todos los sectores que sufren discriminación o explotación) y pueblo político:
todos los sectores del pueblo social (a los que se pueden añadir sectores no necesaria o
inmediatamente populares) que se organizan para asumir las determinaciones complejas de
su sometimiento y luchan para transformarlas y cancelarlas.
Políticamente, y corriendo por muchos atajos, puede decirse que las experiencias de
educación popular no alcanzan el carácter que desean expresar (por ello fracasan) porque el
sistema social es más eficaz en su función “educativa” que esas experiencias populares que
se desean liberadoras.
Fácil de decir, pero difícil de asumir en cuanto al desafío político
El aula escolar (con sus experiencias de “enseñanza” las peores, o de “aprendizaje” las
menos malas) constituye un apartado menor, y quizás cada vez menos significativo, excepto
como filtro social, de una sociedad que educa a adultos y a niños, desde su infancia y todos
los días con todos sus minutos. Estimo que esto se ha sabido de siempre, es la sociedad la
que educa. Se ha querido creer que la familia educa, que la escuela educa, que la iglesia
educa. Que la sociedad eduque, y no las universidades, por ejemplo, llama la atención sobre
un bloque de poder (capital, prestigio, armas, etcétera) que puede experimentar trizaduras y
contener conflictos, pero que determina el funcionamiento social y resuelve (atendiendo, con
brutalidad o hegemonía, sus disfunciones y desafíos, sus tensiones) las condiciones de su
reproducción.
Por ello, para que un aula, en sentido lato, pueda alcanzar estatura crítica la sociedad que
es su premisa debe potenciar y estimar necesaria, en el sentido de imprescindible, esta
estatura. La sociedad ha de reconocerse como aula que potencia o frustra producción de
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humanidad. Aula y sociedad hacen parte de un continuo. Avanzar hacia el reconocimiento
político de este continuo es condición de toda educación crítica, popular o liberadora. Nada
nuevo, pero que conviene remarcar cuando se habla en un espacio que podría resultar
académico.
¿Qué es la educación intercultural?
Por educación intercultural debemos entender la educación de todos para convivir dentro de
una sociedad multicultural. “La educación intercultural es, pues, un concepto construido
sobre ideales filosóficos de libertad, justicia, igualdad y dignidad humana que deben estar
contenidos en los documentos institucionales que rigen la vida de un centro. Igualmente, es
un proceso educativo que comprende todos los aspectos relativos al currículum. Así
entendida, la educación intercultural deberá ayudar a todos los estudiantes a desarrollar
autoconceptos positivos y a descubrir quienes son en tanto sí mismos y en términos de los
diferentes miembros del grupo, ofreciendo conocimiento sobre la historia, la cultura y las
contribuciones de los diversos grupos a través del estudio de las diferencias en el desarrollo,
la historia, la política y la cultura que los caracterizan” (Arnaiz, 1999).
Intervenciones de índole intercultural en el ámbito escolar
De manera general, las intervenciones de índole intercultural desde el ámbito escolar deben
tener en cuenta:
Partir de un análisis contextual. El análisis sociocultural tiene la finalidad de superar una
concepción de la diversidad centrada en la detección de minorías étnicas y culturales visibles:
gitanos, emigrantes, extranjeros, (evitando las “etiquetas” y categorización) para pasar a la
consideración de otros factores, por ejemplo, la pertenencia a contexto rural o urbano, las
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clases sociales, el nivel cultural y académico. También se analizará el grado de conciencia de
las identidades culturales, su grado de expresión y de presencia (en qué lugares, de qué
manera) y el grado de conocimiento y valoración de los mimos por parte de la comunidad
educativa, identificando situaciones de discriminación y conflictos.
Analizar las relaciones entre cultura vivencial de los estudiantes con la cultura
escolar. Han de considerarse aspectos tales como: la contextualización del currículo, la
adecuación de la metodología, la organización escolar, el conocimiento del contexto
sociofamiliar, las motivaciones, intereses y expectativas.
Impulsar en los centros actividades de formación sobre educación intercultural a través
de los temas transversales. La interculturalidad se puede plantear como un eje transversal
mediante la utilización sistemática de la cultura experiencial de los estudiantes en los
aprendizajes; el análisis del currículo ordinario para evidenciar los aspectos culturales que
subyacen en los contenidos; el cuestionamiento y análisis de los estereotipos; la contrastación
de los contenidos con la realidad del entorno; y la diversificación de los materiales que los
explican.
Plantearse la pertinencia de la educación intercultural en una gran diversidad de
contextos. La educación intercultural es necesaria en los centros con o sin presencia de
inmigrantes extranjeros, con o sin estudiantes gitano, en los centros urbanos y rurales, en los
centros de barrios obreros y de clase media-alta, centros públicos y privados, concertados,
puesto que vivimos en una sociedad multicultural.
Asesoramiento y formación en materia intercultural a través de intervenciones que pueden
ser de carácter divulgativo o de carácter específico.
Además de todas estas intervenciones, en muchas ocasiones, se pueden generar nuevas
ideas y propuestas para hacer de un aula un lugar de convivencia.
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CONCLUSIÓN
La interculturalidad, como idea en tránsito, recorre, desde finales del siglo pasado
congresos, investigaciones, estados de la cuestión, programas de posgrado, publicaciones y
declaratorias internacionales. Surgen voces a favor y en contra de su significado e
implicaciones para la educación, a través de ellas, esencialmente, esta noción ha tenido
mayor desarrollo teórico y práctico. En torno al enfoque de la educación intercultural y la
interculturalidad han surgido programas, proyectos y políticas muy importantes en nuestro
continente, que exigen una rigurosa y crítica lectura sobre sus alcances en casi tres décadas
de vigencia.
Los aspectos que hemos mencionado fueron, en su conjunto, una gran motivación para
convocar una reflexión colectiva sobre el devenir de la interculturalidad en este milenio de
cambios y continuidades en la historia educativa global.
En conclusión, la Educación Intercultural debe desarrollar toda una serie de supuestos
teóricos y de organización del sistema educativo, para que sea adaptativo y flexible. Por
ejemplo, debe dejar de ofrecer una visión etnocéntrica de la historia para abrirse a una visión
más amplia en donde se afirmen las mejores aportaciones de “lo propio”, al mismo tiempo
que integren las mejores actuaciones de “los demás” y debe promover y estimular la
diversidad étnico-cultural en todo tipo de instituciones educativas, tanto formales como no
formales y en las diferentes etapas educativas.
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BIBLIOGRAFÍA
Gutiérrez, T., y Neira, A. (Eds.) (2017). Convergencias y divergencias: hacia educaciones y
desarrollos "otros". [versión electrónica]. Bogotá, D. C.: Uniminuto. 41-53.
Fernández, I. (2020). Paulo Freire y los aportes anticoloniales de Frantz Fanon, Albert
Memmi y Amílcar Cabral. Revista del IICE, (48), 77-90.
López, L. E. (2003). La cuestión de la interculturalidad y la educación latinoamericana. En R.
Sumalavia (Ed.), Ante el espejo trizado. Actas del Coloquio Internacional Diálogo entre
Culturas (pp. 35-64). Lima: Fondo Editorial, Pontificia Universidad Católica del Perú