DELEITAR APROVECHANDO: EL BICHITO MALO -Y OTROS CUENTOS-
Llena de luz, iluminada por la magia de los cuentos y fuertemente
comprometida con la salvaguarda de la creación1 y con unos fines
comunes de paz, alegría y amor para la humanidad, Loli Manchado publica
un nuevo libro, El bichito malo -y otros cuentos- (Cuatro Hojas, Cáceres,
2021, 50 págs.), en que incluye tres nuevos relatos bellamente ilustrados
por ella misma: “El bichito malo”, muy actual, con la pandemia del
coronavirus de fondo; “Doña Regañona”, protagonizado por animales
que saben ir a contracorriente en sus alianzas, y, el más poético, mágico y
cristológico, “La estrella prisionera”, cuya “bella luz”, cósmica y
ecológica, alumbra, embellece y transforma la realidad toda, especialmente la “hermosa tierra de
Extremadura”.
Cobra especial relieve el testimonio literario de Loli Manchado recogido en la primera
solapa del libro, donde expresa el proceso creador de su poética narrativa:
“Ya con algunos pocos años la lectura de los cuentos me apasionaba y así empecé a
llenar mi imaginación de relatos maravillosos que contaba a mis amigas. Pasado el
tiempo, mi vida se llenó de historias y personajes que, como en los cuentos, me han
hecho vivir una vida excepcional de la que solo puedo dar gracias”.
Asimismo, destaca sobremanera que haya mantenido escrito en la contraportada de esta
segunda obra el origen y el recorrido de su vocación literaria, cuya trayectoria espiritual, no solo
artística, viene jalonada por la necesidad de contar y de hacer más felices y más sabios a los
demás:
“Desde muy niña sentí una especial predilección por los cuentos de hadas. Con los años
empecé a imaginar algunos inventados por mí, y sentí que así hacía feliz a los niños que
los escuchaban.
Años después pude investigar sobre las bondades de estas narraciones en libros como
La sabiduría de los cuentos de hadas, de Rudolf Steiner, siempre ahondando en las
entrañas de los cuentos clásicos que, entre otras bondades, pueden ayudar a los niños
en el difícil tránsito hacia la adolescencia. Todos ellos tienen un significado profundo
que emana de nuestra propia alma y del sentir de la historia de la humanidad.
Contar un cuento a nuestros niños es uno de los mejores regalos que podemos
hacerles”.
La nueva obra supone una continuidad creativa con su anterior publicación, Cuentos de
Lilo (Cuatro hojas, Cáceres, 2019: 50 páginas), muy ligada a la anterior, asimismo compuesta por
tres cuentos ilustrados por la propia artista: “La piedra dorada”, “La rosa y la golondrina” y “El
suspiro del dragón”, en los que la autora trataba entonces, respectivamente, el mal que entra en el
mundo cuando se magnifica el afán de poseer; los dones de la alegría, la bondad y la belleza; y el
poder del amor y la fuerza de la naturaleza.
1
Cfr. los artículos de Loli Manchado publicados en Familia en Misión: n.º 27 (“Salir del yo para unirse al hermano”, págs. 9-
10); n.º 28 (“¿Qué puedo hacer yo por el planeta? Piensa global y actúa local”, pág.33); n.º 29 (“¿Qué puedo hacer yo por el
planeta? El cuidado de la creación”, pág. 39).
Dos años después de Cuentos de Lilo (2019), en pleno tiempo de pandemia y con una
mirada sólida, nada líquida, siempre creyente y afirmativa, Loli Manchado sigue atenta a los
signos de los tiempos y da respuestas de hoy, desde la pintura y la palabra literaria, a los problemas
más actuales de la sociedad en este nuevo libro, El bichito malo -y otros cuentos-, dedicado
además de a su entrañable nieta Alba -ya reconocida en el proceso de escritura de Cuentos de
Lilo-, y a sus queridos Candela y Julianín, también “a todos los niños con gran alegría y respeto”
con el propósito de que “a través de los cuentos se inicien en la lectura y esta sea fuente de
sabiduría en su existencia”.
Página a página, cuento a cuento, el lector asiste conmovido en cada tesela narrativa a una
fiesta literaria del color a través del uso recurrente del imperfecto de indicativo (“solían,
“asistían”, “cogían”) y, sobre todo, por medio de las recurrentes modalidades discursivas
descriptivas de enorme poder pictórico y visual (“barquitas pintadas de rojo, amarillo, blanco,
azul…”, pág.6; “color blanquecino más cercano al tono ceniza”, pág. 22; “firmamento teñido de
un profundo azul oscuro”, pág. 34) -Loli pinta con palabras- complementadas con certeras
ilustraciones -unas combinadas con fotografías análogas; otras, sabiamente focalizadas y
adaptadas a la maquetación de la página- que entran en diálogo con el texto y se van alternando
con secuencias dialógicas en estilo directo y narrativas en tercera persona (narrador externo:
“llegaron a unas rocas”, p.14) que dotan cada cuento de una polifonía creativa interpelante tal
que atrapan la atenta lectura del lector y le van haciendo cómplice, en un nosotros incluyente, del
proyecto didáctico y artístico de Loli Manchado, cuya voz narrativa va interpelando al narratario
con marcas de subjetividad recurrentes en primera persona (“Nuestra amiga Karen”, pág. 7) o con
epístolas entrañables en una botella, como la de César, el hermano de Karen al marinero Domi,
pág. 13, que propician a la par el monólogo interior de los personajes (“¡Nunca hemos
contemplado tan hermoso espectáculo!”, pág. 34) y la cercanía al lector común de estos relatos.
Los personajes se escuchan a sí mismos y van evolucionando a lo largo del cuento hasta
individualizarse mediante un dinamismo creativo que no dejará indiferente al lector de estos textos
literarios bien meditados por la autora antes de ser publicados felizmente por la editorial Cuatro
Hojas en una cuidada edición excelentemente maquetada con páginas laminadas y a todo color,
olor y sabor.
La belleza sensorial y artística de la prosa literaria de estos cuentos -de corte clásico, con
sus fórmulas de apertura espacial y de cierre; con toques mágicos como el de la botella con
mensaje hacia el alta mar o el poder transfigurador de la Bella Luz- no se aleja, sin embargo,
del dolor también presente en la realidad de sus historias ni de las trágicas heridas, incluso
mortales, que deja ese “bichito malo”, ladrón invisible, que corona la actual pandemia y se torna
protagonista indeseado en el primer cuento de la obra problematizando la existencia diaria de los
personajes; o de la sangre derramada de un valiente gatito protector de su “pequeña amiga” Rati...
El uso del afijo derivativo sufijo apreciativo (casita, gatito, bichito, Pardín, hijita, mininos,
calentito, animalitos, orejitas…) y del acortamiento léxico con valor coloquial (Rati), potencia el
carácter afectivo y cordial de estos cuentos de la obra, habitados también en la casa familiar por
animales (gatos y ratones), que cual capuletos y montescos enemistados alcanzan una justa y
necesaria reconciliación. En suma, Loli Manchado nos sigue deleitando con este nuevo libro que
aprovecha y que seduce al lector, hoy muy necesitado de una poética narrativa del cuidado, como
la suya, para poder enfrentar los desafíos del mundo en esta época excepcional de pandemia.
Ceferino Aguilera Ochoa (asociado laico)