Thomas Hobbes
De la condición natural del género humano en lo que concierne a su felicidad y miseria
La naturaleza ha hecho a los hombres tan iguales en que los hombres también viven sin otra seguridad que
sus facultades corporales y mentales que, aunque la que les suministra su propia fuerza e inventiva.
pueda encontrarse a veces un hombre
Puede resultar extraño para un hombre que no haya
manifiestamente más fuerte de cuerpo, o más rápido
sopesado bien estas cosas que la naturaleza disocie de
de mente que otro, aun así, cuando todo se toma en
tal manera a los hombres y les haga capaces de
cuenta en conjunto, la diferencia entre hombre y
invadirse y destruirse mutuamente. Y es posible que,
hombre no es lo bastante considerable como para que
en consecuencia, desee, no confiando en esta
uno de ellos pueda reclamar para sí beneficio alguno
inducción derivada de las pasiones, confirmar la
que no pueda el otro pretender tanto como él. (...)
misma por experiencia. Medite entonces él, que se
encontramos tres causas principales de riña en la
arma y trata de ir bien acompañado cuando viaja, que
naturaleza del hombre. Primero, competición;
atranca sus puertas cuando se va a dormir, que echa el
segundo, inseguridad; tercero, gloria.
cerrojo a sus arcones incluso en su casa, y esto
Lo primero hace que los hombres invadan por sabiendo que hay leyes y empleados públicos armados
ganancia; lo segundo, por seguridad; y lo tercero, por para vengar todo daño que se le haya hecho, qué
reputación. Los primeros usan de la violencia para opinión tiene de su prójimo cuando cabalga armado,
hacerse dueños de las personas, esposas, hijos y de sus conciudadanos cuando atranca sus puertas, y de
ganado de otros hombres; los segundos para sus hijos y servidores cuando echa el cerrojo a sus
defenderlos; los terceros, por pequeñeces, como una arcones. ¿No acusa así a la humanidad con sus
palabra, una sonrisa, una opinión distinta, y cualquier acciones como lo hago yo con mis palabras? Pero
otro signo de subvaloración, ya sea directamente de su ninguno de nosotros acusa por ello a la naturaleza del
persona, o por reflejo en su prole, sus amigos, su hombre. Los deseos, y otras pasiones del hombre, no
nación, su profesión o su nombre. son en sí mismos pecado. No lo son tampoco las
acciones que proceden de esas pasiones, hasta que
Es por ello manifiesto que durante el tiempo en que
conocen una ley que las prohíbe. Lo que no pueden
los hombres viven sin un poder común que les obligue
saber hasta qué leyes. Ni puede hacerse ley alguna
a todos al respeto, están en aquella condición que se
hasta que hayan acordado la persona que lo hará.
llama guerra; y una guerra como de todo hombre
contra todo hombre. Pues la GUERRA no consiste De esta guerra de todo hombre contra todo hombre, es
sólo en batallas, o en el acto de luchar; sino en un también consecuencia que nada puede ser injusto. Las
espacio de tiempo donde la voluntad de disputar en nociones de bien y mal, justicia e injusticia, no tienen
batalla es suficientemente conocida y, por tanto, la allí lugar. Donde no hay poder común, no hay ley.
noción de tiempo debe considerarse en la naturaleza Leviatán, Cap. XIII. Buenos Aires, Losada, 2004 pp. 127-132
de la guerra; como está en la naturaleza del tiempo
atmosférico. Pues, así como la naturaleza del mal
tiempo no está en un chaparrón o dos, sino en una
inclinación hacia la lluvia de muchos días en
conjunto, así la naturaleza de la guerra no consiste en
el hecho de la lucha, sino en la disposición conocida
hacia ella, durante todo el tiempo en que no hay
seguridad de lo contrario. Todo otro tiempo es PAZ.
Lo que puede en consecuencia atribuirse al tiempo de
guerra, en el que todo hombre es enemigo de todo
hombre, puede igualmente atribuirse al tiempo en el