Revista Judicial. Órgano del Tribunal Superior.
Fecha: 31 de mayp de 1922.
Año: XV
Número: 328 y 329.
(p. 907)
SENTENCIA
Tribunal Superior del Distrito Judicial. -Manizales, diez y seis de mayo de mil novecientos veintidós.
SALA DE DECISIÓN
VISTOS. -El Juez 1° Superior de este Distrito Judicial por auto de veintitrés de febrero de mil
novecientos veinte, declaró con lugar a seguimiento de causa con intervención del Jurado, contra Abel
Zapata por el delio genérico de homicidio de que trata el capítulo primero, título primero, libro tercero
del Código Penal, perpetrado en la persona de Rafael Gómez por medio de heridas que la causó el diez
y nueve de septiembre de mil novecientos diez y nueve y que le produjeron la muerte la noche del
veinte al veintiuno del mismo mes, delito cometido en la hacienda denominada «La Providencia»,
perteneciente al Municipio de Pereira.
Consentido el enjuiciamiento se siguió la causa por los trámites legales hasta que sorteado y reunido el
Jurado que debía decidir de ella el catorce de julio de mil novecientos veinte, el señor Juez de la causa
sometió a su decisión el cuestionario siguiente:
«El acusado Abel Zapata es responsable de haber dado muerte voluntariamente a Rafael Gómez,
mediante varias heridas causadas con arma cortante y contundente, hecho ocurrido en la hacienda de
«La Providencia» jurisdicción del Municipio de Pereira, el diez y nueve de septiembre del mil
novecientos diez y nueve «y el Jurado contestó: «Sí, pero por haber recibido golpes en el acto mismo».
El Juez consecuente con esa resolución, que no estimó contraria a la evidencia de los hechos,
manifestando que el artículo violado por Zapata era el 605 del Código Penal y calificando el delito en
segundo grado, condenó el expresado reo Zapato a sufrir la pena de seis meses de prisión en la cárcel
de este Circuito, a pagar a los herederos de Rafael Gómez como indemnización de perjuicios la suma
de mil pesos y a las demás penas incorporales de rigor.
Como las partes se conformaron con esa sentencia, el señor Juez la consulta con esta Superioridad,
para que se declare si el juicio adolece de nulidad, si el veredicto del Jurado es notoriamente injusto y si
la ley penal ha sido rectamente aplicada, como lo ordena la Ley 40 de 1907 en su artículo 163, y para
resolver lo que sea legal, una vez que se ha sustanciado la segunda instancia con arreglo a la ley, se
anticipan las siguientes consideraciones.
El señor Juez de la causa para decretar el enjuiciamiento relacionó sintéticamente, pero con acierto, los
hechos generadores de la causa en términos siguientes, que el Tribunal acepta y reproduce como
fundamento de esta providencia.
«Hacia algún tiempo que Rafael Gómez se hallaba resentido o disgusto con Abel Zapata, debido a las
relaciones estrechas y sospechosas que según se decía, este venía, cultivando con Zoila Rosa
Gutiérrez, la esposa de Gómez, por cuyo motivo éste le había prohibido frecuentarle su casa.
«Así las cosas, cuando el diez y nueve de septiembre pasado, como a las diez de la mañana, se apareció
Zapata a la casa que Gómez habitaba con su familia en la hacienda llamada «La Providencia», en
jurisdicción del Municipio de Pereira a preguntarle si ya tenía amarrados los cerdos que desde días
anteriores había mandado a decirle retirara por que le estaban causado daño a su sementera. A esto
contestó Gómez sí y que podía verlos; pero antes de partir o retirarse Zapata, le llamó la atención para
advertirle o recordarle que hacía unos tres meses que le había prohibido volver a frecuentarle su casa.
A esta reconvención contestó Zapata, sin duda enojado o contrariado, diciendo que vendría cada vez
que le diera la gana por la razón de que todavía no estaba mocho de las piernas, dando principio con
esto a un fuerte altercado durante el cual Zapata injuriaba (p. 908) de palabras a Gómez y lo
desafiaban, retándolo a que saliera de las casa a pelear, lo que dió motivo para que Goméz saliera al fin
con un palo o garrote y se prendiera con Zapata en riña, en la cual éste entró armado de peinilla,
instrumentos con que recíprocamente se agredieron, habiendo quedado uno y otros heridos al fin de la
refriega, lo que terminó por que Gómez viéndose gravemente herido, cesó en el combate y se entró de
nuevo a su casa.
«Esta es, en síntesis la relación que hizo el ofendido, tendido en su lecho de muerte y ya a las puertas
del sepulcro el mismo día de los acontecimientos.
«Reconocido Gómez el día siguiente del suceso, por peritos, éstos a folio 5, expusieron:
«Rafael Gómez tiene seis heridas hechos con arma cortante y contundente situadas, tres de ellas en el
miembro superior izquierdo, una en el antebrazo derecho; una en la cabeza y una en la espalda del lado
izquierdo. La de la cabeza tiene diez centímetros de larga, penetra hasta el hueso frontal del cual sacó
una astilla de bastantes consideraciones. La del antebrazo derecho fue en el borde interno, seccionó casi
todos los músculos de la región hasta el hueso, cortó la arteria cubital cuyo desangre ha producido una
anemia aguda probablemente mortal en muy poco tiempo. Las otras heridas son menos importantes,
pero siempre la de la mano derecha que cortó la región palmar completamente y dio mucha sangre. La
de la espalda no es penetrante puesto que apenas pasó el hueso omoplato y se detuvo en las costillas.
Una pequeña en el codo y otra en el antebrazo. Estas heridas son mortales y en el caso improbable de
que escape tendría treinta días de incapacidad y quedaría con lesión y deformidad.
«En la noche del mismo día del reconocimiento, murió el herido y la mañana siguiente se práctico la
autopsia según la respectiva diligencia extendida a folio 10 que a la letra dice:
«Hemos practicado la autopsia correspondiente en el cadáver de Rafael Gómez y se le encontró la
siguiente: De las heridas descritas en el reconocimiento anterior se examinaron todas y se encontró que
la del antebrazo derecho partía, la arteria cubital y produjo una hemorragia mortal. La de la espalda
apenas penetró hasta romper el hueso escapular. Las otras heridas no eran tan graves. La muerte fue
producida por las heridas antes descritas, pues en sus órganos no se encontró indicio de enfermedad,
antes por el contrario se le encontraron órganos demasiado sano y una constitución inmejorable.
«Con las exposiciones que se dejan transcritas y con la partida de sepelio copiada a folio 21, ha
quedado establecido el cuerpo del delito al tenor del artículo 157 de la Ley 40 de 1907.
«La culpabilidad del sindicado la demuestran las siguientes pruebas e indicios que en seguida se
expresan.
«La culpabilidad del sindicado la demuestran las siguientes pruebas e indicios que en seguida se
expresan.
«1° La insfructiva del ofendido y la declaración de su esposa Zolia Rosa Gutiérrez (folio 1 a 3) que
señalan a Zapata de manera expresa y terminante como autor del delito.
2° La indagatoria que rindió Zapata de folio 6 a 8, donde confiesa haber estado en casa de Gómez el día
y a la hora en que ocurrieron los sucesos, haber sido desafiado por éste, aunque niega en absoluto haber
reñido y herido a Gómez.
3° La confesión que hizo de su culpabilidad a Nicolás y Eusebio Gómez (folio 21 a 22 y 31) al decirles
que él también le había tenido que tirar más duro (a Gómez) hasta que había logrado tumbarlo.
4° Las estrechas y sospechosas relaciones que en el tiempo de los sucesos existían entre el sindicado y
la esposa del occiso como se comprende de los testigos de Antonio de Jesús Ramírez (folio 14 vuelta y
15), Octaviana y Cenón Trujillo (16 y 17).
5° Haber resultado la peinilla hallada en casa del sindicado la noche del día de los sucesos con manchas
de sangre y ser dicha arma la del uso de éste. Diligencia pericial de folio 9 certificado de folio 20 y
declaración de Eusebio Gómez folio 31.
Además el señor Juez de primera instancia en la sentencia que se examina y como fundamento de ella
expuso lo siguiente:
«Este veredicto no es contrario a la evidencia de los hechos por la razón de que el cuerpo del delito está
comprobado en el proceso de manera eficiente y legal, y la responsabilidad del acusado es también
evidente no sólo porque así lo dicen las constancias del informativo, sino también porque así lo confeso
aquel mismo en la audiencia, diciendo espontáneamente, ser el autor de las heridas que le produjeron la
muerte a Rafael Gómez aunque con la modificación de que aquello sucedió por que éste lo hirió
primero».
«Aceptado, pues, el veredicto se hace necesario graduar la responsabilidad del reo; para esto es preciso
tener en cuenta que Zapata fue imprudentemente a la casa de Gómez a pesar de tenerlo prohibido por
las probables relaciones íntimas que existían entre el acusado y la esposa del occiso; que le aceptó riña
dentro de las posesiones de éste, cosa que pudo evitar, hallándose como se hallaba de acaballo, fuera de
los otros indicios relatados en el enjuiciamiento, y que según parece echó de menos el Jurado. Por otra
parte la buena conducta anterior del reo fue cosa que se comprobó con toda suficiencia «y sin embargo
concluye el señor Juez con que el artículo violado por Zapata es el 605 del Código Penal que dice: «El
que, siendo provocado por golpes, heridas u otras violencias contra su persona o la de alguna de las
expresadas en el artículo 587, mate en el acto mismo al provocador, no siendo en alguno de los casos
exceptuados en el artículo 591, sufrirá una prisión de cuatro a ocho meses».
Examinado atentamente el procedimiento empleado en esta causa, el Tribunal no encuentra que en él se
haya incurrido en alguna causal de nulidad de las especificidades en los artículos 264 y 265 de la Ley
57 de 1887.
El veredicto del Jurado no adolece de injusticia notoria, por el contrario se ajusta en lo principal a las
constancias del proceso y en cuanto a si la ley penal ha sido rectamente aplicada, para ello entra en las
consideraciones siguientes el Tribunal.
Es indudablemente que el hecho materia de la presente causa se cometió en riña o pelea; así lo
confesaron aunque no de una manera expresa, categoría y usando de las expresiones propias, el
ofendido y el procesado Zapata; así mismo lo estimó el señor Juez, tanto en el auto de proceder como
en la sentencia condenatoria, aunque en ésta no haya tenido en cuenta esa circunstancia para imponer la
pena correspondiente; y sobre todo, así lo resolvió el Jurado al declarar que Zapata era responsable,
pero por haber recibido golpes en el mismo, pues bien se sabe que conforme al artículo 667 del Código
Penal, «es riña o pelea un combate singular entre dos o más personas, bien sea que entren en él por
mutuo consentimiento o a virtud de provocación de alguna de ellas, o por cualquier accidente fortuito»
y dadas las circunstancias que precedieron y las que observó el señor Juez en la sentencia, al combate
singular, en el cual Zapata hizo (p. 909) uso de armas más ventajosa de la que esgrimió Gómez, no es
aventurado sostener, sino más bien natural y justo, que Zapata fue el provocador de la riña.
Así lo considera el señor Fiscal colaborador en su anterior dictamen, dice:
«La imprudente entrada de Zapata a la casa del occiso Rafael Gómez, entrada que le estaba vedada por
las relaciones íntimas que existían entre la mujer de Gómez y Zapata y que ponían en celos a Gómez, la
aceptación de la riña en las posesiones de este último, son circunstancias que deben considerarse como
verdaderas provocaciones por parte del procesado Zapata». El artículo 668 del expresado Código dice
que «provoca o promueve riña o pelea el que excita, reta o desafía a otra u otras personas a reñir a reñir
con él de obra, bien sea de palabra, por escrito, señales o signos, o por interpuesta persona, bien
infiriendo algún últraje a ella o algunas de las que expresa el artículo 587 número 1° de las que causan
afrenta, deshonra o vilipendio en el que lo recibe etc. Basta lo dicho para comprender, que dadas las
circunstancias en que se hallaban colocados desde mucho antes los contendores, el papel que
desempeñó Zapata en la riña con Gómez, fue el de provocador.
Todo lo dicho demuestra que no es es caso de aplicar al reo la pena que establece el artículo 605 del
Código Penal, puesto que los golpes que recibe el homicida no debe ser en riña o pelea y que en el acto
mismo mate al provocador, circunstancia que no acaeció en el hecho de que se trata.
Dice el artículo 621 del expresado Código, artículo perteneciente al capítulo que trata del «Homicidio»,
lo siguiente: «En el caso de que dentro de los sesenta días, o después de ellos, muera el herido o
maltratado, constando que no fueron mortales los golpes o las heridas, y que la muerte no fue efecto de
ellos sino de la impericia de los cirujanos, de algún exceso del herido, o de otro accidente casual o
inconexo con el delito, no será castigado el reo como homicida, sino como autor de heridas o golpes,
según la incapacidad que debiera producir las que infirió con arreglo al capítulo 6°».
Concurrieron por llamamiento expreso al acto de la celebración del juicio, los doctores Ramón
González y Gonzalo Hoyos Robledo, médicos, cirujanos con diploma, para que declararan acerca de la
naturaleza y gravedad de las heridas que le produjeron a Gómez la muerte, y juramentados, el doctor
González expuso, que disentía de las exposiciones de los peritos del sumario e hizo explicaciones para
fundar su dictamen, y terminó diciendo que el individuo herido parece haber muerto por la hemorragia
que le fue descuidada, porque las heridas no fueron mortales, y que la incapacidad habría sido de veinte
a veinticinco días.
El doctor Gonzalo Hoyos Robledo, dijo: que se refería únicamente a dos heridas, por que las otras no
tenían para la importancia; se refirió pues a la del antebrazo y a la de la cabeza. De estas heridas dijo
que no eran mortales, y explicó los motivos que tiene para opinar así, y agregó que quedaría con dos
lesiones de por vida, y que la incapacidad en ningún caso sería, o habría sido menos de treinta días y así
lo pronosticaron los peritos del sumario doctor Santiago Londoño y Jesús María Henao cuando dijeron
al final del reconocimiento. Estas heridas son mortales, y en el caso improbable de que escape tendría
treinta días de incapacidad y quedaría con lesión y deformidad.
De suerte que aceptado, como es lo prudente en casos de duda, el dictamen de los peritos, que dicen
que las heridas que sufrió Gómez por naturaleza no eran mortales y que caso de no haber fallecido, la
incapacidad que hubiera sufrido no hubiera excedido de treinta días quedando con lesión y deformidad
física vitalicia, y aunque no expresaron si esta sería grave, leve o levísima, el Tribunal la estima como
leve, en atención a la duda que a ese respecto se ocurre y teniendo en cuenta que los peritos dicen que
fue cortada completamente la región palmar de la mano derecha.
De suerte que, teniendo en consideración todo lo expuesto, las disposiciones de los artículos 645 inciso
segundo, 661, 621 y 672 del Código Penal, que el procesado Zapata fue el provocador de la riña, y que
su culpabilidad debe calificarse en tercer grado, la pena que le corresponde a éste, es la de diez y ocho
meses de presidio y no la de seis meses de prisión que le impuso la sentencia de primera instancia
apoyándose en la disposición del artículo 605 del Código Penal por cuanto el Tribunal de Antioquia
resolvió en un caso análogo según el número 2552 de la Jurisprudencia, que dice: «En el espíritu de la
disposición del artículo 605 del Código Penal entra indudablemente la condición de que al golpe o
herida en que consistía la ofensa se conteste inmediatamente, sin deliberación de ninguna especie, con
el golpe o acto que causa la muerte al ofensor, y sin que se consume una verdadera riña».
Como es natural que en casos de riña o pelea entre dos individuos, como la que ocurrió entre Zapata y
el occiso Rafael Gómez, reciban golpes uno y otro combatiente, el veredicto del Jurado en el presente
caso puede justamente interpretarse en el sentido en que lo interpreta el Tribunal y no como lo ha
interpretado el señor Juez Superior, pues que de otro modo y en el supuesto de que el Jurado hubiera
citado expresamente el artículo 605 del Código Penal, su veredicto necesariamente habría que
declararlo notoriamente injusto.
Por todo lo expuesto, el Tribunal, de acuerdo en parte con la opinión del señor Fiscal, previa
calificación del delito en tercer grado, y administrando justicia en nombre de la República y por
autoridad de la ley, confirma la sentencia de primera instancia con la reforma de que la pena que debe
sufrir el reo Abel Zapata es la de diez y ocho meses de presidio en el respectivo establecimiento del
Departamento.
Notifíquese, cópiese y devuélvase.
ADOLFO VÉLEZ
ALEJANDRO ARANGO B.
FRANCISCO ROBLEDO G.
Juan de Jesús Gómez, Secretario.