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Alí Lameda: Comunista en Corea del Norte

El documento habla sobre Alí Lameda, un comunista venezolano que fue detenido en Corea del Norte en 1967 durante 7 años. Lameda había viajado a Corea del Norte atraído por la revolución pero fue acusado de espionaje y enviado a un campo de trabajos forzados debido a críticas sobre el culto a la personalidad. Tras una campaña internacional fue liberado en 1974 y dio testimonio sobre las duras condiciones en los campamentos norcoreanos.

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Alí Lameda: Comunista en Corea del Norte

El documento habla sobre Alí Lameda, un comunista venezolano que fue detenido en Corea del Norte en 1967 durante 7 años. Lameda había viajado a Corea del Norte atraído por la revolución pero fue acusado de espionaje y enviado a un campo de trabajos forzados debido a críticas sobre el culto a la personalidad. Tras una campaña internacional fue liberado en 1974 y dio testimonio sobre las duras condiciones en los campamentos norcoreanos.

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Tiempo de áspera ceniza:

Alí Lameda, un comunista preso en Corea del Norte

Rafael Uzcátegui

El 8 de julio del año 2019 el Partido Comunista de Venezuela convocó, en Caracas, a lo que
denominó “Un acto en homenaje a la memoria del camarada Gran Líder Kim Il Sung”. El
evento, en el que el discurso central estaba a cargo de Oscar Figuera, Secretario General del
PCV, ocurría poco después de la apertura de la embajada venezolana en Pyongyang, capital
de Corea del Norte. Caracas es una de las cuatro capitales latinoamericanas que cuenta con
representación diplomática de uno de los peores totalitarismos del mundo, cuyo curioso nombre
oficial es República Popular Democrática de Corea.
Uno pudiera calificar aquel evento del partido del gallo rojo como la tradicional muestra de
solidaridad de los PC con sus homólogos del mundo. Sin embargo, para quienes no sufren de
memoria selectiva la iniciativa de los comunistas venezolanos era un agravio a su propia
historia. En 1967, bajo el gobierno del propio Kim Il Sung se ordenó la detención de un
miembro del PCV venezolano, Alí Lameda, quien estuvo 7 años detenido en un campo de
trabajos forzados en Corea del Norte tras ser acusado de espionaje y actos en contra de la
revolución.
Alí Lameda había nacido en el año 1924 en Carora, estado Lara. Luego de su regreso de
Colombia, donde había estado estudiando medicina, se incorpora al Partido Comunista de
Venezuela, donde destaca por su interés en la literatura. En 1940 viaja a Checoslovaquia,
donde permanece 5 años, aprendiendo el idioma y traduciendo al español a diferentes autores
checoslovacos y poetas franceses. De regreso a Venezuela trabaja en los periódicos El
Nacional y Contrapunto, escribiendo sus primeros libros. En 1957 es enviado como delegado
político a Berlín, donde recibe la noticia del premio Casa de las Américas de Cuba por su libro
“El gran cacique”.

En los círculos diplomáticos y culturales de Berlín Oriental era conocido como escritor y
miembro distinguido de uno de los partidos comunistas sudamericanos. Es allí cuando, en
1965, entra en contacto con funcionarios del gobierno de Corea del Norte. Según el propio
Lameda en ese momento pensaba que “era una de las vanguardias de la revolución mundial,
que estaba avanzando rápidamente progresando en reformas fundamentales en su propia
sociedad”. En ese momento el régimen de Kim Il Sung buscaba fortalecer su política exterior,
buscando traductores y editores competentes tanto en francés como en español. Un año
después Lameda llega a Pyongyang, haciéndose cargo de la sección española del
Departamento de Publicaciones Extranjeras, la cual estaba bajo el control directo del Ministerio
de Asuntos Exteriores. En ese puesto conoció a diferentes altos funcionarios del gobierno,
incluyendo al propio Kim Il Sung. La realidad no tardaría en estallarle en el rostro.

Luego de compartir algunas críticas sobre el culto a la personalidad con su colega Jacques
Sedillot (quien traducía las obras norcoreanas al idioma galo), ambos fueron detenidos en
septiembre de 1967. Lameda es interrogado y encarcelado durante 12 meses. Es liberado y
vuelto a detener para ser llevado a juicio y sentenciado a 20 años de cárcel, supuestamente,
por “haber intentado sabotear, espiar e introducir infiltrados” en el país.
En 1974 el venezolano fue adoptado por Amnistía Internacional como preso de conciencia y
luego de varios meses de una campaña internacional, gestiones del Partido Comunista, el
gobierno venezolano y, especialmente, del presidente Nicolae Ceausescu de Rumanía, fue
liberado ese mismo año. Sus declaraciones posteriores a Amnistía Internacional
([Link] son uno de los pocos testimonios
conocidos sobre las duras condiciones de vida dentro de los campamentos de trabajo forzado
en Corea del Norte. Por sus conversaciones con sus carceleros, Lameda calculó que en ese
momento había 150.000 personas detenidas en todo el país, distribuidos en unos 20 sitios de
reclusión similares al suyo.

Luego de su liberación trabajó durante varios años como funcionario diplomático, ejerciendo
como agregado cultural en las embajadas de Venezuela en Praga, La Asunción y Atenas.
Finalmente falleció el 30 de noviembre de 1995, a la edad de 71 años. Dicha suerte no la tuvo
Sedillot, un veterano combatiente de la Guerra Civil Española, quien sería liberado en 1975
gravemente enfermo por sus condiciones de reclusión. No tuvo oportunidad de regresar a
París, falleciendo en Pyongyang el 6 de enero de 1976.

Los detalles aportados por el poeta en su testimonio ejemplifican el funcionamiento de la


sociedad norcoreana:
“Un día, cuando estaba en la celda de castigo, en aislamiento, observé que un grupo de unas
200 mujeres llegaba al campamento. Más tarde supe que algunos de ellos estaban presas por
robo, por ejemplo, y uno de ellas, me dijeron, estaba presa por su hábito de fumar cigarrillos. Al
parecer era la esposa de un empleado del Ministerio de Comercio, de unos 33 años más o
menos, y tenía dos hijas. La mujer había tenido que ocultar el hecho que fumaba a escondidas,
y solo fumaba en el baño de su apartamento. Un colega la acusó de fumar, ya que podía oler el
humo del cigarrillo. La mujer fue convocada por la célula partidaria a la que pertenecía y fue
enviada a trabajar en la industria del hierro. Pasó dos años haciendo este duro trabajo,
separada de su esposo y su familia. Sin embargo, había seguido fumando cigarrillos allí y un
día la descubrieron. Nuevamente, fue convocada ante la célula de su partido y esta vez fue
sentenciada a una pena de prisión en el campo de concentración, para librarla del vicio de
fumar cigarrillos”.

La experiencia hizo que Lameda no fuera el mismo: “Mataron todo excepto mi memoria” dijo a
un periodista. El escribano compuso, de memoria, 400 poemas y 300 sonetos durante sus siete
años de prisión. Algunos de ellos se publicaron posteriormente en el libro “Sonetos del viajero
enlutado” (Monte Avila Editores, 1975). En ellos se evidencia la aprehensión por sus
circunstancias y su destino, donde su internacionalismo le pagó con la peor moneda:

El extraño abismo

Hoy, saliendo del pecho de mi mismo,


vi arriba mi mañana ya difunta,
vivo mi ayer, y así de punta a punta
juntóse todo en un extraño abismo.

Lepra suntuosa, ondeante paroxismo


la vida viene y va con su pregunta
frís y brutal, y así nos descoyunta,
se vuelve así gangrena y espejismo.

Hoy vi en mi harapo vestidura de oro,


y un momento vibrré feliz, sonoro,
pues comprendí, del cielo a mi garganta,
por qué en el tiempo de áspera ceniza
cuando mi corazón se conleriza
se me hace rosa el pensamiento y canta.

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