SEMANA 8- EL DON DEL ESPÍRITU SANTO
PRESENTACIÓN DE LA SEMANA
La espiritualidad cristiana es “Vida en el Espíritu”; de ahí la palabra espiritualidad. Quiere
decir que el Espíritu Santo es quien anima, fortalece y lleva a plenitud nuestro ser de
bautizados, discípulos de Jesús.
Esta semana vamos a rezar teniéndole en cuenta; sabiendo que su presencia en nosotros,
en el mundo y en la Iglesia es un regalo de Jesús: “Yo enviaré al Consolador que os lo
enseñará todo y os recordará todo lo que he dicho” (Juan 14).
Vamos a orar al Padre en el nombre de Jesús, y lo vamos a hacer con el propio Espíritu que
el Padre y el Hijo nos mandaron desde la casa de la Trinidad. Dios reconoce los gemidos
inefables que el Espíritu pronuncia desde dentro de nosotros a favor nuestro. Y el Padre,
escuchando al Espíritu, se apresta a escucharlo. Asimismo, la acción del Espíritu va
haciendo en nosotros la misma obra que hizo en Jesús; hacernos Hijos y testigos de Dios
en el mundo.
AL INICIO DEL DÍA
Seguro que vas logrando la rutina de dedicar estos 5 minutos de tranquilidad por la
mañana. La repetición hace el hábito, por eso es bueno repetir un día y otro.
Si te va bien hacer un poco de relajación con la respiración sigue haciéndolo. Puede
ayudarte también, el visualizar las tareas del día, y los encuentros que tendrás. No los
prejuzgues ni catalogues en buenos-malos; fáciles-difíciles. Sitúalos en el día y cuando
llegue el momento dedícales la mejor de tus atenciones a todos esos asuntos y personas.
Esta semana reza este breve oración de manera continuada a lo largo del día:
“ Envía, Señor, tu Espíritu.
Que renueve la faz de la Tierra”
AL ACABAR EL DÍA
Recuerda el esquema de nuestra oración.
1. Ponerse en presencia de Dios e invocar al Espíritu Santo de manera
breve y cordial.
2. Centrarse en el momento actual cerrando los ojos y haciendo un
ejercicio de percepción corporal o espacial (notar ruidos, percepciones,
escuchar con atención).
3. Hacer examen de conciencia acerca del día (visualizarlo, percibiendo
lo hecho y valorándolo).
4. Entrar en la Oración, con la propuesta que se sugiere para cada día.
5. Acabar el momento con un gesto (señal de la cruz por ej) u oración
conclusiva.
LUNES- “JESÚS, HOMBRE POR OBRA DEL ESPÍRITU SANTO”
La fe cristiana nos habla de la acción del Espíritu
Santo en ese momento en que Jesús se encarnaba
como Hombre. El texto nos suena mucho; es el
célebre texto de la Anunciación del Ángel a María.
En dicho texto el ángel (signo de la presencia de
Dios) dialoga con María, la llama dichosa por haber
encontrado gracia ante Dios, y le anuncia el Santo
que nacerá de ella. En ese anuncio se le indica que
el que va a nacer será obra del Espíritu Santo. Sin
padre carnal, Dios mismo cubrirá con su sombra a
María para que su Unigénito tome condición
humana.
El Espíritu irrumpe de manera inusitada en la
historia, como nunca antes lo había hecho. Algunos
hablan de una “nueva creación”, una creación
diversa a la primera, en donde el “nuevo adán”
(Jesús) será el origen de una nueva extirpe de
hombres y mujeres, que nacerán no de la carne sino
según el Espíritu.
LEE- Lucas 1, 26-38.
Hazlo despacio, degustando el texto y fijándote en sus detalles. Aprecia de manera
especial la relación de María con el Espíritu; la delicadeza de trato del ángel (Dios), que le
pide permiso para intervenir, que le toca el corazón, que le ofrece el regalo de su propio
Hijo para la salvación del mundo.
CONTEMPLA- (Haz pausa y mira desde el silencio la escena).
Recrea la escena como un espectador y maravíllate de lo que escuchas y ves. El Espíritu
hace nuevas todas las cosas; y hace surgir la vida de manera insospechada. Siente con
María, el desbordamiento de Gracia que se produce. Un sí humano pone en movimiento la
capacidad creadora de Dios. Un sí humano hace que Dios mismo se haga tiempo, historia y
tenga rostro como uno de nosotros.
ORA- Siéntete privilegiado porque la escena que has contemplado tiene que ver contigo.
Todo es por ti y para tu salvación. Tú estabas en el plan salvador de Dios: por ti se produjo
la intervención de Dios en María; por ti María dio su placet. Tú has sido el beneficiario de
tanta generosidad.
Deja que el silencio y la paz de la noche te envuelva. Deja que el Espíritu hable en tu
interior y te presente ante el Padre, como un hijo querido en el Hijo. Dale gracias,
bendícele según tu sentimiento y fuerza.
Acaba recitando esta oración final:
Oh Dios,
que llenaste los corazones de tus
fieles con la luz del Espíritu
Santo; concédenos que,
guiados por el mismo Espíritu,
sintamos con rectitud y
gocemos siempre de tu consuelo.
Por Jesucristo Nuestro Señor.
Amén.
Sal de la oración con paz, y haciendo la señal de la cruz.
MARTES- “EL ESPÍRITU DA TESTIMONIO DE JESUS EN SU BAUTISMO”
Hoy contemplamos el Bautismo de Jesús. Como otros muchos, se acerca al Jordán en
donde Juan bautizaba. Como todos, él también quiere estar preparado para cuando Dios
venga. Esa venida inminente de Dios generó un interés creciente entre la gente del Pueblo.
Jesús es uno más; se siente del Pueblo y es un creyente honrado.
La escena recoge una tremenda sorpresa. Y es que Jesús adquiere una conciencia de
quién es en realidad. La escena es deliciosa pero fuerte. Tras salir del agua, el cielo se
rompe y Dios mismo lo declara Hijo suyo; y el Espíritu se posa sobre Él y da testimonio de
quién es Jesús. Muchas veces hemos creído que Jesús tuvo una conciencia de sí y de su
misión por carácter infuso. No es cierto. Jesús fue ahondando en sí mismo y descubriendo
su identidad y vocación. Jesús por fin se siente Hijo del Padre; y eso alentará lo que de ahí
en adelante vendrá y hará.
LEE Mateo 3, 13-17.
Después de leer con calma, céntrate en lo que sucede tras salir del agua. Habla el Padre y
obra el Espíritu Santo. Aprende estas palabras de memoria: “Este es mi Hijo Amado,
escuchadle”
MEDITA. Recuerda que meditar es llevar al corazón.
Recuerda tu bautismo y el gran don que supuso. Como no tuvimos conciencia de aquello
solemos minimizarlo y restarle importancia. Ahí está también tu “nuevo nacimiento” y la
adopción filial que hizo el Padre contigo.
El Espíritu Santo tuvo que ver en todo ello: desde aquel día vives habitado por El y nada
te podrá apartar del amor de Dios. Absolutamente nada: ni la enfermedad, ni el pecado
personal, ni los enemigos que puedas tener, ni la desesperación o la depresión cruel. Vives
en su presencia.
ORA. Orar es abrir tu corazón a Dios.
Ø Repite desde el corazón repetidamente: “Este es mi hijo querido”.
Ø Da gracias a Dios por su plan de salvación.
Ø Da gracias a Jesús por su docilidad y obediencia al plan amoroso del Padre.
Ø Da gracias al Espíritu por obrar en tu vida y pídele para que siempre te conduzca y
te ayude a descubrir la voz del Padre en los acontecimientos de tu vida.
ACABA REZANDO:
Espíritu Santo, Tu que me aclaras todo,
que iluminas todos los caminos para que yo alcance mi plenitud.
Tu que me das el don Divino de perdonar y olvidar el mal que me hacen y que
en todos los instantes de mi vida estás conmigo.
Quiero en este corto diálogo agradecerte por todo y confirmar que nunca
quiero separarme de Ti, por mayor que sea la ilusión material.
Deseo estar contigo y todos mis seres queridos en la gloria perpetua.
Gracias por tu misericordia para conmigo y los míos.
Gracias Dios mío.
MIÉRCOLES- “JESUS ES CONDUCIDO AL DESIERTO POR EL ESPÍRITU”
Después de la escena del Bautismo, el Espíritu lleva a
Jesús al desierto. Advierte que es el desierto: no le lleva
donde está la gente, ni siquiera le lleva ante las
autoridades judías para presentarlo en “sociedad”.
El desierto es el lugar en donde Israel vivió 40 años (los
mismos son los días de Jesús en él, 40). Es el lugar del
encuentro con Dios en soledad, el lugar en donde se
aquilatan tantas opciones; también es el lugar para la
prueba.
Este episodio tiene que ver con un detalle determinante
en la vida de Jesús. Aquí toma conciencia de su Misión
y de cómo es su Padre, al que llamará Abba.
LEE- Lucas 4, 1-13. (Jesús es tentado por el diablo)
Como siempre lee despacio y dejando que la lectura te
haga subrayados en el corazón. Fíjate y párate en
aquellas palabras que te resulten especialmente
curiosas, alentadoras.
Intenta comprender el texto.
Son tres tentaciones las que se enuncian. Jesús es seducido bajo la “forma de bien”: se le
propone algo bueno (dar de comer, hacer el bien y salvar el mundo, ser reconocido por
todos como salvador). Detrás de todo ello está la tentación: “Buscarse a sí mismo sin
obedecer a Dios”.
Fíjate en las palabras de Jesús para rechazarlas una a una:
• “No solo de pan vive el hombre” (sino de toda palabra que sale de la boca de Dios)
• “Solo a Dios adorarás y darás culto”
• “No tentarás al Señor tu Dios”
Jesús está centrado en el Padre. Sabe que su obra es de El, y además la deberá realizar
según su plan. El plan del Hijo es solamente “hacer la voluntad del que le ha enviado”.
Esta actitud le va a dar un rostro determinado, y va a vivir desde la voluntad de llevar a
plenitud lo que el Padre ha propuesto. El Hijo vivirá desde la providencia y la confianza en
Dios.
MEDITA. Meditar es llevar la Palabra al Corazón.
Piensa en ti mismo. ¿Desde donde vives y actúas? ¿Desde tus cualidades y recursos
personales o dando protagonismo a Dios?
Piensa en tus actitudes: ¿te sientes tentado en que te vean después de una buena
acción? ¿hablas demasiado de ti? ¿atribuyes tus éxitos a Dios? ¿Haces todo para su
Gloria y la salvación de las personas?
Seguramente que te has visto muy limitado y superado por este mini-test. Si no es así,
felicidades.
La mayoría de los cristianos, nos vemos superados en nuestras fuerzas y nos cuesta vivir
centrados en Dios. Necesitamos del éxito y de que nos alaben. Antes de cada milagro,
Jesús invocaba a Dios para que se hiciese todo según su voluntad. Después de cada
milagro de Jesús la gente alababa a Dios, que estaba presente en la vida del Pueblo.
ORA- Orar es abrir el corazón a Dios.
• Pide a Dios para que sea El quien actúe en ti, lo mismo que actuaba en Jesús.
• Pide a Dios que te regale el estilo pastoral de Jesús: discreto, confiado en Dios,
amante de cada persona.
• Piensa en tus hijos, familia o destinatarios: ora por ellos.
Acaba recitando esta oración
Oh Espíritu Santo,
Amor del Padre, y del Hijo,
Inspírame siempre
lo que debo pensar,
lo que debo decir,
cómo debo decirlo,
lo que debo callar,
cómo debo actuar,
lo que debo hacer,
para gloria de Dios,
y bien de las almas.
Espíritu Santo,
Dame agudeza para entender,
capacidad para retener,
método y facultad para aprender,
sutileza para interpretar,
gracia y eficacia para hablar.
JUEVES- “LA VENIDA DEL ESPÍRITU SANTO EN PENTECOSTÉS”
Estos días estamos centrando la atención en algunos episodios de la vida de Jesús, que
nos ayuden a descubrir su misterio.
El camino de Jesús culminó gracias a la acción del Espíritu. Siendo un hombre como
nosotros, menos en el pecado, tuvo que aprender a confiar, a obedecer y así fue llevado a
Plenitud. El Espíritu mismo le fue moldeando en el fuego de la oración diaria. Así nos lo
refieren muchos textos del evangelio.
Dios mismo culminó la obra que tenía dispuesta en su Hijo, rescatándolo de la tumba el
día de la resurrección. “Este es el día que hizo el Señor: sea nuestra alegría y nuestro
gozo”, solemos cantar. En verdad, es el día de la creación definitiva; el día sin final que
anticipa la vida eterna ya desde ahora. Ahora nos regala el don del Espíritu Santo para
que nos acompañe y nos lleve a la Plenitud de nuestra vida cristiana.
LEE Hechos 2, 1-4.
Como siempre, hazlo con calma y metiéndote en la escena.
Es el tiempo de la espera. El último encargo de Jesús es que esperaran el don del Espíritu
Santo antes de ir a comunicar a todos el evangelio.
Cae en la cuenta de que oran en comunidad: están con María y con fe. Saben que el
Maestro y Señor no se hará esperar. Lo que les ha prometido se cumplirá, porque Dios
siempre es fiel y nunca abandona a quienes quiere.
Mira la fuerza con la que irrumpe el Espíritu Santo y cómo santifica uno por uno a
todos. Desde ese momento, esos hombres se convierten en “nuevas criaturas”, y son
capacitados para conocer y discernir; para anunciar el evangelio; y ser testigos ante todo
el pueblo.
Detente en aquella palabra, situación que más te llegue e interiorízala.
MEDITA- Meditar es llevar la Palabra al corazón.
Lleva esta palabra al corazón. Es la única que puede hacer de ti un creyente verdadero.
Considera tu vida:
Ø Discernir- ¿Cómo haces para orientarte en tus asuntos y decisiones? ¿Sueles orar
antes de decidir?
Ø Ser testigo- ¿Se percibe en tu vida el “buen olor” de Cristo? (Sencillez, alegría,
pertenencia a Dios, perdón, acogida incondicional, esperanza…)
Ø Anunciar- ¿Te da vergüenza mostrarte como cristiano? ¿Sueles expresarlo?
¿Comunicas a tu familia, compañeros y alumnos lo que sientes y vives en relación
con la fe?
ORA- Orar es abrir el corazón.
Escucha esta canción con corazón orante y reza.
[Link]
VIERNES- “EL ESPIRITU ABOGA POR NOSOTROS Y NOS DEFIENDE”
Esta noche San Pablo nos ayuda a comprender el misterio de Dios en nosotros.
Pablo fue contado como apóstol, si bien no lo conoció personalmente ni vivió con Jesús.
Lo descubrió camino de Damasco y mientras profería amenazas de muerte hacia los
creyentes. Por eso mismo, se avergüenza de su pasado y se gloría en la gran misericordia
que Dios tuvo con él. Pablo se convertirá en el “apóstol” de los gentiles (de los que no
conocían al Dios de Israel) por todo el mediterráneo, fundando comunidades cristianas.
Pablo elabora una primera teología cristiana predicando el evangelio de la GRACIA y de la
LIBERTAD. Gracias a Jesucristo, Dios nos ha bendecido y nos ha hecho Hijos.
En este contexto se sitúa el texto que hoy te ofrezco.
LEE Romanos 8, 26-27.
Haz una lectura tranquila de este texto tan breve. Se habla de cómo trabaja el Espíritu en
nosotros. Llegado del regazo de Dios, y Dios mismo como es, se asienta en nosotros y
desde nuestro interior implora a Dios. Le cuenta de nosotros e intercede. No es uno
cualquiera el que ora por nosotros sino Dios mismo. El se ha convertido en nuestro mejor
abogado.
El fin de esa súplica infinita del Espíritu es llevarnos a plenitud. ¿cuál es nuestra plenitud?
Hacernos de la misma pasta que el HIJO, Jesucristo. Llevarnos a la culminación, tal como
Jesús fue culminado. El Espíritu tuvo que aprender en Jesús a acompañar la naturaleza
humana, a hacerla dócil, a tener paciencia, a fortalecerla. Después de este aprendizaje
mayor ahora emprende su acción con nosotros. El sabe que no somos el HIJO por eso
tendrá más paciencia si cabe y pondrá más empeño.
El Padre reconoce en estos gritos silenciosos su propia voz; y la acoge y la ama. Gracias a
la oración del Espíritu somos amados y reconocidos por el Padre como hijos suyos.
MEDITA- Meditar es llevar la Palabra al corazón.
Te propongo un gesto esta noche. Coge una tinaja o si no un puchero o jarra. Imagina que
esa jarra eres tú: vacía aunque con capacidad para acoger. Vas a pensar en ti con los ojos
cerrados mientras acoges el cuenco y lo tienes entre las manos.
Ø ¿Qué le pedirías al Espíritu esta noche? Elige algunas cosas.
Ø Después las escribes y las depositas en el interior.
ORA- Orar es abrir el corazón.
Preséntate ante el Espíritu y deja que se haga cargo de tus cosas. Pídele sobre todo, el
don de descubrir la voluntad de Dios en tu vida. Pídele también coraje para llevarlo a cabo.