03 Mulheres Usam Substâncias Psicoativas - Pt.es
03 Mulheres Usam Substâncias Psicoativas - Pt.es
com
¿Las mujeres consumen sustancias psicoactivas? Cruces de Género en la Política de Reducción de Daños en Brasil
Mabel Jansen*
[email protected]
Dagmar E. Estermann Meyer**
[email protected]
Juana Félix***
[email protected]
Resumen
* Maestría en Educación PPGEDU/
Este artículo se desarrolla a partir de una investigación vinculada a UFRGS. Estudiante de doctorado en el
un proyecto de investigación multifocal e interinstitucional más Programa de Posgrado del Centro de
Estudios Interdisciplinarios sobre
amplio, que problematiza las interfaces entre género y políticas Mujer, Género y Feminismo
públicas para la inclusión social en Brasil, considerando la PPGNEIM/UFBA/2018.
propuesta de transversalización de género emprendida por el * Doctora
* en educación, profesora
gobierno brasileño desde 2004. también de una maestría tesis colaboradora invitada del Programa de
Posgrado de la Universidad Federal de
defendida en 2016, que tuvo como objetivo analizar las posiciones Rio Grande do Sul y coordinadora de la
del sujeto usuario (re)producidas por los documentos que investigación "Políticas públicas de
componen algunas políticas de drogas en Brasil. Se inscribe en la inclusión social y transversalización de
género: énfasis, tensiones y desafíos
perspectiva de los Estudios de Género y Estudios Culturales actuales", financiada con recursos del
posestructuralistas y examina la propuesta de Reducción de Daños Programa PQ y de la Convocatoria
Universal 2014 del CNPQ.
(RD) implementada en Brasil, tomando como referencia un conjunto
de documentos oficiales que la definen y regulan. Operando con el Doctora en Educación PPGEDU/
***
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proceso devigilancia del cuerpo de las mujeres (especialmente en lo que se refiere al ejercicio de la
sexualidad y la salud reproductiva) que sustentan dichas representaciones.
Resumen
resumen
Este artículo forma parte de un estudio vinculado a un proyecto de investigación multifocal e interinstitucional más amplio, que problematiza las interfaces entre género y
políticas públicas para la inclusión social en Brasil, considerando la propuesta de transversalidad de género emprendida por el gobierno brasileño desde 2004. También es
resultado de una tesis de maestría defendida en 2016, cuyo objetivo es analizar las posiciones del sujeto usuario reproducidas en los documentos que componen algunas de
las políticas de drogas en Brasil. El artículo se inscribe en la perspectiva de los Estudios de Género y Estudios Culturales posestructuralistas y examina la propuesta de
Reducción de Daños (RD) implementada en Brasil, a partir de un conjunto de documentos oficiales que la definen y normalizan. Trabajando con el análisis cultural, ha sido
posible describir y problematizar los modos por los que se atraviesa el género y dimensionar lo que, en los documentos analizados, se representa como sujeto consumidor de
sustancias psicoactivas (SPA) y lo que se recomienda como atención a estos sujetos en el área de la salud mental, más concretamente el alcohol y otras drogas. El artículo
aborda las dimensiones del análisis realizado: la esencialización de género (biológica y cultural) que subsiste en las representaciones del usuario del SPA y el proceso de
“vigilancia” de los cuerpos de las mujeres (especialmente en lo que se refiere a la ejercicio de la sexualidad y de la salud reproductiva) que sustentan las representaciones de
los cuentos. se representa como sujeto consumidor de sustancias psicoactivas (SPA) y lo que se recomienda como atención a esos sujetos en el área de salud mental, más
específicamente alcohol y otras drogas. El artículo aborda las dimensiones del análisis realizado: la esencialización de género (biológica y cultural) que subsiste en las
representaciones del usuario del SPA y el proceso de “vigilancia” de los cuerpos de las mujeres (especialmente en lo que se refiere a la ejercicio de la sexualidad y de la salud
reproductiva) que sustentan las representaciones de los cuentos. se representa como sujeto consumidor de sustancias psicoactivas (SPA) y lo que se recomienda como
atención a esos sujetos en el área de salud mental, más específicamente alcohol y otras drogas. El artículo aborda las dimensiones del análisis realizado: la esencialización de
género (biológica y cultural) que subsiste en las representaciones del usuario del SPA y el proceso de “vigilancia” de los cuerpos de las mujeres (especialmente en lo que se
refiere a la ejercicio de la sexualidad y de la salud reproductiva) que sustentan las representaciones de los cuentos.
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¿Las mujeres consumen sustancias psicoactivas? Cruces de Género en la Política de Reducción de Daños en Brasil
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Cet article s'articulate autour d'un project de recherche multifocale et interinstitutionnelle plus large qui porte sur les interfaces between le gender et les politiques d'inclusion sociale au Brésil, compte tenu de la
promposition d'integration transversale du gender Prize par le gouvernement brésilien depuis 2004. El presente artículo es un artículo sobre el tema de maîtrise defendue en 2016 ayant para el análisis de objeto
de las posiciones de sujet consammateur/trice (re)produites par les documentos que constituyen ciertas des politiques en matière de drogue au Brésil et s 'encrit dans la perspectiva des études de género et des
études post-structurelles. Por otro lado, para examinar la réduction des risques (DR) propuesta por Brésil, en presencia conmigo référence un conjunto de documentos oficiales qui la définissent et la normalisent.
De l'analyse culturelle, il a été possible de décrire et de définir la problématique des modes que le gender traverse et de donner l'échelle de ce que, dans les documents analysés, represente le sujet consommateur
de sustancias psicoactivas (SPA) ainsi that les soins recommandés à ces sujets dans le domaine de la santé mentale, plus particulièrement concernant l'alcool et les autres drogues. Ici, dos dimensiones de l'analyse
sont abordées, à savoir : esencialization of sex (biologique et culturelle) qui persiste dans les representaciones du sujet consommateur/trice de SPA et le processus de vigilancia du corps des femmes (notamment
en ce qui concerne la practica sexuelle et de la santé repro- ductiva ) que de cuenta las representaciones soutiennent. il a été possible de décrire et de définir la problématique des modes que le gender traverse et
de donner l'échelle de ce que, dans les documents analysés, représente le sujet consommateur de sustancias psicoactivas (SPA) ainsi que les soins recommandés à ces sujets dans le domaine de la santé mentale,
plus particulièrement concernant l'alcool et les autres drogues. Ici, dos dimensiones de l'analyse sont abordées, à savoir : esencialization of sex (biologique et culturelle) qui persiste dans les representaciones du
sujet consommateur/trice de SPA et le processus de vigilancia du corps des femmes (notamment en ce qui concerne la practica sexuelle et de la santé repro- ductiva ) que de cuenta las representaciones
soutiennent. il a été possible de décrire et de définir la problématique des modes que le gender traverse et de donner l'échelle de ce que, dans les documents analysés, représente le sujet consommateur de
sustancias psicoactivas (SPA) ainsi que les soins recommandés à ces sujets dans le domaine de la santé mentale, plus particulièrement concernant l'alcool et les autres drogues. Ici, dos dimensiones de l'analyse
sont abordées, à savoir : esencialization of sex (biologique et culturelle) qui persiste dans les representaciones du sujet consommateur/trice de SPA et le processus de vigilancia du corps des femmes (notamment
en ce qui concerne la practica sexuelle et de la santé repro- ductiva ) que de cuenta las representaciones soutiennent. representa la sustancia consumidora de sustancias psicoactivas (SPA) ainsi que les soins
recommandés à ces sujets dans le domaine de la santé mentale, plus particulièrement Concerning l'alcool et les autres drogues. Ici, dos dimensiones de l'analyse sont abordées, à savoir : esencialization of sex
(biologique et culturelle) qui persiste dans les representaciones du sujet consommateur/trice de SPA et le processus de vigilancia du corps des femmes (notamment en ce qui concerne la practica sexuelle et de la santé repro- ductiva ) que de cuenta
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La articulación entre el campo de alcohol y otras drogas y las políticas de salud en el Sistema Único de
Salud (SUS), particularmente en el campo de la salud mental, se considera un hecho histórico reciente. Desde el
punto de vista de género, Emmanuela Lins (2007) señala que cuando se estableció la Política de Atención
Integral a Usuarios de Alcohol y Otras Drogas en 2003, el Ministerio de Salud reconoció que había un retraso por
parte del SUS en asumiendo la responsabilidad de enfrentar este problema de los problemas asociados al
consumo de alcohol y otras drogas, mientras que este retraso también acompaña a la falta de interés en temas
relacionados con el género y el uso de SPA.
El material empírico analizado estuvo compuesto por documentos normativos de la política y sus
desarrollos. Para este artículo, utilizamos la Política para Usuarios de Alcohol y otras Drogas del Ministerio
de Salud (Ministerio de Salud [MS], 2003) y un folleto de Reducción de Daños, dirigido a profesionales de la
salud (2008), producido por la Universidad Federal de São Paulo. Paulo (Niel & Silveira, 2008), ambos
propuestos por el Ministerio de Salud (MINSA).
Para examinar el corpus de investigación se utilizó el análisis cultural (Andrade, 2004), en combinación
con la investigación documental, operando con los conceptos de posición de sujeto, norma, poder y género. El
proceso de esencialización (biológica y cultural) del género parece persistir en las representaciones del sujeto
usuario del PAS, así como un proceso de vigilancia de los cuerpos de las mujeres.
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(especialmente en lo que se refiere al ejercicio de la sexualidad y la salud reproductiva) que sustentan tales
representaciones.
Los análisis que exploramos en este artículo argumentan que las representaciones naturalizadas de
la relación entre el uso de SPA y la masculinidad y de una feminidad que no consume drogas siguen
activas en la política y que contribuyen a dificultar la dimensión de una demanda de cuidado. Cabe señalar
la naturalización de la secuencia sexo-género-sexualidad, de la cual mujer es sinónimo de femenino,
hombre de masculino y que partimos de la desnaturalización de esta secuencia en el sentido de entender
que la masculinidad no siempre es sinónimo de hombre y feminidad de la mujer.
Inscripción Teórico-Metodológica
Es posible afirmar que los significados atribuidos a los PAS, a sus usos y usuarios, a lo largo del
tiempo, tomaron nuevos contornos en distintas instancias de la cultura. De esta forma, la Política de
Reducción de Daños puede ubicarse como uno de los lugares donde se (re)producen y actualizan
estos significados como resultado provisorio de la disputa por las inversiones de una sociedad, tanto
en cuanto al sentido de lo que constituye mismo como un SPA respecto a lo que sería el cuidado de
la salud de las personas que lo utilizan. Los documentos que delinean y constituyen las políticas de
salud – entre ellos, la Política de DDHH – son instancias producidas en el ámbito político, que
atribuyen significados y valores, definen comportamientos y formas de vivir de los sujetos,
incluyendo lo que estas culturas definen como hombres y mujeres. .mujeres, masculinidades y
feminidades,
Así, el concepto de género permite suponer que estos parámetros de comprensión sobre mujeres y
hombres son aprehendidos en la cultura desde diferentes discursos –de la iglesia, la ciencia, el derecho, las
normas estéticas, la salud, entre otros– y hacen de los cuerpos “socialmente marcados”. ” (p. , histórica y
materialmente – por el propio sujeto y por otros” (Louro, Neckel & Goellner, 2003, p. 4). El uso del término
género es un logro de las feministas contemporáneas, que buscan espacios para señalar la insuficiencia de las
explicaciones sobre las desigualdades entre hombres y mujeres, principalmente relacionadas con el
determinismo biológico (Scott, 1995).
Dagmar Meyer (2003) indica que nos constituimos como hombres y mujeres, insertos en una
multiplicidad de instituciones y prácticas sociales, a través de un proceso de aprendizaje incompleto y
discontinuo. En este proceso, inserto en el ámbito de los grupos y sociedades, los sujetos aprenden a
reconocerse como hombres y mujeres a partir de expectativas sociales que normalizan, por ejemplo,
determinadas actitudes hacia hombres y mujeres. Michel Foucault define la normalización como una
tecnología de poder sustentada en “[...] la evaluación, comparación y clasificación de los individuos entre
sí, que se produce no sólo a través de una normatividad científica de carácter corpóreo, orgánico,
biológico, sino también de carácter psicológico .y social que distingue a los individuos en sociedad
[…].” (Foucault, 2010, p. 57).
Así, la consolidación de la política de DDHH en el ámbito de las prácticas cotidianas en los servicios
de salud es a la vez producto de estas relaciones de poder y su constituyente y, en ese sentido, las
proposiciones de política tienen efectos en la constitución del sujeto usuario. Aquí se entiende que el
sujeto se produce de forma dispersa, pues, dependiendo del lugar donde se sitúe, es posible posicionarlo
de diferentes maneras.
La posición de sujeto se define por su tránsito en los discursos: es posible, por tanto, ocupar
varias posiciones, varios lugares de sujeto. En el sentido foucaultiano, el sujeto se constituye
históricamente a partir de juegos de verdad, de entrelazamiento entre saber y poder, ejercidos en
diferentes dimensiones. Así como el sujeto loco lo constituyeron quienes lo declararon loco, también
lo son los usuarios del SPA. En esta dirección, existe, tanto en el imaginario social como entre los
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profesionales e instituciones que brindan atención a los usuarios del PAS, una construcción sobre estos
sujetos que los ubica en lugares sociales indeseables, articulados a sentimientos como lástima, culpa,
asco, entre otros. Esto quiere decir que este sujeto se construye en medio de los discursos, el poder y
ciertas formas de subjetivar los usos y usuarios de las SPA.
Como nos ubicamos en el campo de la educación, privilegiamos los documentos normativos y sus
desarrollos en materiales educativos, todos ellos vinculados a la Secretaría de Salud, ya que la política
estudiada se encuentra en esta carpeta del Gobierno Federal. Para este artículo, se utilizó la Política de
Usuarios de Alcohol y otras Drogas del Ministerio de Salud (Ministerio de Salud [MS], 2003) y una cartilla
de Reducción de Daños, dirigida a los profesionales de la salud (2008), producida por la UNIFESP, que trata
sobre estrategias para la Reducción de Daños. La elección de la investigación documental como
procedimiento de investigación permitió la selección de documentos oficiales de las políticas públicas
escogidas, en la medida en que tuvieran algún tipo de vinculación con la temática relacionada con el
género, las sustancias psicoactivas y la reducción de daños.
El material empírico seleccionado, analizado desde la perspectiva del análisis cultural, pretendía
problematizar la política como lenguaje y como artefacto cultural. Tomar la concepción de la cultura como
histórica, provisional, inestable y múltiple, a su vez, significó declarar los límites del análisis cultural, así
como asumir el carácter contingente, provisional y particular de los resultados del análisis (Andrade,
2004).
Si bien el consumo de drogas está históricamente relacionado con los hombres, Prado y Queiroz
(2012) presentan datos sobre el aumento del número de mujeres usuarias de drogas dentro de un
contingente que, en 2005, registró un crecimiento global de 15 millones de personas, en el rango de 15 a
64 años, involucrado con el abuso de drogas. Dentro de este contingente, se identificó un aumento en el
número de mujeres en comparación con los hombres para algunos tipos de sustancias, especialmente las
ilícitas (Oliveira, Paiva & Valente, 2006 citado por Prado & Queiroz, 2012). Para los autores, una posible
explicación del aumento del número de mujeres usuarias de SAP puede ser el hecho de que hayan sido
invisibilizadas en estudios previos sobre el tema.
También Lima et al. (2011) indican, en investigaciones sobre el uso de PAS por parte de las mujeres, cómo los
documentos normativos de políticas públicas, especialmente en el campo del alcohol y otras drogas, aún
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tienen a los hombres como su foco central. De hecho, según estos autores, existe una casi
ausencia de políticas públicas dirigidas a revertir el creciente consumo de alcohol y otras drogas
entre las mujeres.
Al alinearnos con las perspectivas teóricas posestructuralistas para discutir este silencio y/o
supuesta neutralidad con respecto a los documentos analizados, no estamos diciendo que las políticas
existentes estén intencionalmente enfocadas en los hombres y excluyendo a las mujeres. Asumiendo la
dimensión productiva del lenguaje, buscamos problematizar este carácter universalizador/masculinizador
del lenguaje en los documentos examinados. Lo cual, creemos, nos permite argumentar que el género, al
atravesar la política de DDHH, reitera y actualiza una cierta relación naturalizada entre uso de PAS y
masculinidades que sólo será borrada, en el texto normativo, en circunstancias específicas que buscamos
describir a continuación. .
El folleto Reducción de Daños, dirigido a profesionales de la salud (Niel & Silveira, 2008), destaca
diferencias orgánicas entre hombres y mujeres relacionadas con el consumo de alcohol:
Las mujeres se intoxican más rápidamente y con dosis más pequeñas de alcohol y son más vulnerables a las
complicaciones del consumo crónico de alcohol. El metabolismo del alcohol es diferente entre hombres y
mujeres, estas diferencias hacen que las mujeres sean más vulnerables a las complicaciones derivadas del
consumo crónico de alcohol. Tales diferencias ocurren porque, en promedio, las mujeres tienen una menor
proporción de agua corporal que los hombres [...] (Niel & Silveira, 2008, p. 38).
Es posible observar, en este pasaje, una forma de abordar las diferencias resultantes del uso del
alcohol y sus efectos en el cuerpo de hombres y mujeres, en un tono que universaliza y fija lo masculino/
masculino y lo femenino/mujer en determinados procesos biológicos. . Al poner en evidencia esta
estrategia discursiva, no pretendemos negar el valor de verdad de la ciencia biomédica que se sustenta y
materializa en prácticas de salud centradas en el cuerpo-organismo, también porque reconocemos que
tienen efectos en el cuidado de los usuarios que asisten. .
Desde la perspectiva de género, en los términos aquí propuestos, es necesario admitir que
este saber, caracterizado como científico y, por tanto, tomado como verdadero, está implicado en la
producción de género. El discurso biologicista subyace a las ciencias biológicas y de la salud, y
continúa siendo muy movilizado, especialmente en las llamadas ciencias de la vida. Así, funciona
como un discurso que ocupa una posición privilegiada en los procesos de significación epistémica
del cuerpo, confiriendo un aura de verdad innegable a su materialidad biológica. La biología, con
todas sus ramificaciones, ha sido considerada la teoría que proporciona la base conceptual y la
legitimidad para definir qué es el cuerpo, describir cómo funciona y, en el caso de esta investigación,
explicar cómo reacciona este cuerpo ante el uso de PAS. ,
Al constituir estas representaciones del cuerpo, tales saberes contribuyen a justificar y naturalizar,
en el contexto de la cultura, cierta relación entre el consumo de alcohol y los individuos sexuales (hombres
y mujeres) y generizados (masculino y femenino), constituyendo allí una polaridad. Por lo tanto, es
necesario cuestionarse: ¿cuáles son los obstáculos que promueve esta esencialización biológica cuando se
trata de la relación entre los usos de SAP y el género? ¿Qué deja fuera o imposibilita pensar?
Deborah Britzman (1996) señala que los discursos científicos hegemónicos producen sus propios
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propio conjunto de ignorancias. En esta perspectiva, la ignorancia -lo que no se sabe- se toma como
un efecto del poder de ciertos tipos de conocimiento, no como una ausencia de conocimiento. Es
decir, cada conocimiento mantiene, al proyectar una luz de comprensión sobre un hecho, elementos
en la sombra, permitiéndonos así ver sólo una parte. Este punto de vista nos anima, en el caso de las
visiones esencialistas movilizadas en el campo del PAS, a investigar qué viene con esta comprensión
biologizante.
Cuando se trata de cultura, se puede decir que enseña modos de ser hombres y mujeres en una
perspectiva dicotómica y universalizadora, en un tiempo histórico dado, y esto se materializa en sus
cuerpos. Louro (1997, p. 32) señala que el cuerpo es “dicho y hecho en la cultura; descrito, nombrado y
reconocido en el lenguaje, a través de signos, dispositivos, convenciones y tecnología”. Así, es necesario
señalar, cuando nos referimos a un cuerpo “dicho y hecho en la cultura”, que estas acciones están
cargadas de poder, son estrategias a través de las cuales las culturas fabrican sus cuerpos.
Así, el binarismo naturaleza/cultura establece límites entre lo que se define como la naturaleza o
biología del cuerpo de hombres y mujeres y lo que la cultura define como masculinidad y feminidad con
respecto a los usos de SPA. En otras palabras, la construcción biológica del cuerpo está inmersa en la
cultura. Poniendo en suspenso esta oposición, es posible comprender cómo opera el poder en la
constitución de estas fronteras que oponen dos polos supuestamente homogéneos y, al hacerlo, permite
descalificar, estigmatizar y criminalizar, dentro de la población, a ciertos grupos y sobrestimar a otros. .
El extracto del documento anterior (Niel & Silveira, 2008), al comparar los efectos del uso de PAS entre
hombres y mujeres, tomando como referencia la acción de las sustancias sobre sus cuerpos, (re)produce una
comprensión esencializada que permite asumir una homogeneización entre todos y cada uno de los cuerpos de
los hombres y cualquier cuerpo de las mujeres, cuerpos que responderían, de la misma manera, al uso de
determinadas sustancias, considerando únicamente las diferencias de género y no las diferencias de usos y
efectos entre un mismo género. Esta comprensión puede llevar a inferir que toda mujer que consume alcohol,
por ejemplo, tendrá problemas hepáticos, o que todas sufrirán intoxicaciones con pequeñas dosis de alcohol.
De esta forma, los sujetos se fijan en determinadas posiciones que llevan marcas/características.
También hay una fijeza, cuando el extracto trae una noción dicotómica de la diferencia entre hombres y
mujeres basada en la distinción corporal. Esta comprensión parece eclipsar los procesos sociales y
culturales en los que están inmersos los individuos, lo que limita algunas comprensiones, como las
variaciones sociales en la distinción hombre/mujer. Tampoco logra comprender la forma en que cada
cultura concibe el cuerpo, entre otras cosas. También vale la pena señalar que el significado de los usos de
algunas sustancias varía según las diferentes culturas y épocas históricas.
Así, esta descripción del fragmento sobre la mayor fragilidad biológica a los efectos del alcohol y
otras drogas contribuye a alimentar redes de vigilancia sanitaria e incluso social más estrictas respecto al
uso de SPA por parte de las mujeres. Estas redes (re)constituyen modos de acción de poder sobre los
cuerpos para controlarlos, y aparecen de diferentes formas: en los acercamientos a los servicios de salud,
en la vida social y familiar, en los medios de comunicación, en las revistas dirigidas a las mujeres, entre
otros. otros mecanismos. Como el poder circula, o mejor, funciona en red, toda esta acción sobre los
cuerpos se fortalece al enredarse en discursos morales, en el sentido de prohibir conductas de las mujeres
usuarias del PAS, colocándolas en una situación de estigmatización. Las causas, los efectos y las formas de
monitorearlos cambian a lo largo del contexto histórico/cultural, (re)construyendo, entre otras cosas, un
lugar desfavorable para las mujeres. De esta discusión se desprende otro aspecto que describiremos a
continuación, con respecto a la salud sexual y reproductiva de las mujeres usuarias de SPA.
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La Política de Atención Integral a Usuarios de Alcohol y otras Drogas del Ministerio de Salud
(2003) aborda la “morbilidad entre sexos” y la “salud sexual y reproductiva” de las mujeres: “[...] [a] La
morbilidad entre sexos es diferente y en las mujeres la vulnerabilidad está en la salud sexual y
reproductiva, mientras que en los hombres están más expuestos a las causas de accidentes y
violencia donde la mayoría son varones, con edades entre 15 y 29 años. (MS, 2003, pág. 16).
La morbilidad se define en salud pública como una variable, referida al conjunto de individuos,
dentro de una misma población, que adquieren enfermedades (o una enfermedad específica) en un
período de tiempo, y sirve para mostrar el funcionamiento de las enfermedades y condiciones de
salud en la población (Pereira, 2004). El modelo explicativo de la enfermedad para el consumo de
PAS se sustenta en un discurso moralista proveniente del prohibicionismo y sigue siendo
predominante en los servicios de salud mental. Este modelo configura los usos del SPA y la
dependencia como una patología biológicamente determinada, que debe ser abordada con la
provisión de tratamiento y rehabilitación (Marlatt, 1999). Cuando el uso de SAP se entiende como
una enfermedad, el sujeto se posiciona como enfermo y, por lo tanto,
Con respecto a la salud reproductiva, la Organización Mundial de la Salud adopta la siguiente definición:
perro:
La salud reproductiva es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de
afecciones o enfermedades, en todos los aspectos relacionados con el sistema reproductivo y sus funciones y
procesos. La salud reproductiva implica que una persona pueda tener una vida sexual segura y satisfactoria,
tener la capacidad de reproducirse y la libertad de decidir cuándo y con qué frecuencia hacerlo [...] (Ventura,
2009, p. 77).
Desde esta perspectiva, invertir en salud reproductiva también debe promover posibilidades de
tener una vida sexual segura y satisfactoria, con autonomía en relación a las elecciones involucradas. En
este sentido, la expresión vida sexual es más amplia y compleja, no sólo incluyendo aspectos relacionados
con la vida reproductiva; la salud sexual “[...] se refiere a las diversas posibilidades de pensar, sentir y vivir
la sexualidad”. (Meyer, 2005, pág. 7).
Si bien la sección de la política apunta a la salud sexual relacionada con la salud reproductiva, es
importante señalar que cada término tiene su propia definición, y puede funcionar de manera relacionada,
pero también de manera independiente, siendo posible ejercer la “función reproductiva sin relaciones
sexuales, con el uso de técnicas reproductivas y otras técnicas, así como la actividad sexual sin fines
reproductivos” (Ventura, 2009, p. 77). El abordaje conjunto de la salud sexual y la salud reproductiva, en
general, también es de género, en la medida en que las acciones de salud sexual se dirigen a los hombres
y las acciones de salud reproductiva a las mujeres.
La problematización de estos dos términos apunta para la posible ampliación de la forma de pensar
los enfoques de atención en relación a la salud sexual y reproductiva. No se trata de negar que las
vulnerabilidades sexuales y reproductivas sean un problema en el contexto del uso de SPA, sino de
relacionar estos aspectos con otros que involucran la cultura - por ejemplo, ampliando el espacio para la
forma en que cada usuario/el de SPA se constituye y entiende la experiencia de la sexualidad de una
manera y no de otra.
Toda discusión sobre el esencialismo presupone la noción de preconceptos sobre los sujetos para
hacerlos fijos, universales e inmutables, y apunta a otra dimensión importante: la maternidad en el
contexto de los usos del PAS, ya que es fuerte en este contexto la noción preexistente de que estas
mujeres son incapaces de cuidar de sí mismos y de los demás.
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el análisis que sigue no estará respaldado por material empírico. Sin embargo, la relevancia de esta
discusión radica precisamente en que permanece en la sombra de los documentos analizados.
Sacarlo a la luz es necesario en el contexto actual en el que varios servicios públicos de salud/salud
mental y social vienen experimentando obstáculos en torno al tema, especialmente en lo que se
refiere a la extracción de bebés de las usuarias.
En el contexto del discurso actual sobre la maternidad, Meyer (2005) señala que, a lo largo de los
siglos XIX y XX, se multiplicaron los discursos sobre los cuidados a los cuerpos de las mujeres, los cuerpos
femeninos. Especialmente al referirse a los cuerpos de las mujeres-madres, se recurre a un sentido
específico sobre el modelo de madre cuidadora, al restringir los modos de ser madre a una determinada
forma fija de maternidad (Meyer, 2005). Este modelo de madre cariñosa acaba creando un referente
naturalizado de lo que se espera de la mujer en el ejercicio de la maternidad, especialmente de la mujer
que ya tiene hijos, de la mujer embarazada o de la que quiere quedarse embarazada. Cabe suponer que
esta expectativa social delimita una frontera entre las mujeres que se consideran capaces de cumplirlas y
las que, por diferentes motivos, no lo son.
Al respecto, se puede decir que, para ocupar el puesto de madre cuidadora, se requerirán
preparativos que se inicien en un momento anterior a la concepción, pues,
[...] se espera que la futura madre se abstenga de café, té, alcohol, tabaco (incluido el tabaquismo pasivo),
ciertos tipos de alimentos procesados, estrés, ejercicio excesivo [...] Durante el embarazo, el desarrollo
del bebé y todos los aspectos de su comportamiento son monitoreados de cerca por los servicios de
salud. [...] Para bien o para mal, hoy, las responsabilidades de la madre se han duplicado: la estabilidad
emocional y el desarrollo cognitivo y psicológico de sus hijos también están a su cargo. [...] Las madres
son bombardeadas con más información de la que pueden absorber y el consejo siempre se presenta
como "lo mejor para su bebé", pero involucra varios otros intereses [o problemas] sociales, políticos y
culturales (Forna, 1999) ., pág. 15).
Estas inversiones apuntan a educar y, en cierto modo, constituyen una red de poder-
saber invertida en la regulación de los significados de la relación madre-hijo, involucrando el
cuerpo materno “en un poderoso régimen de vigilancia y regulación” (Meyer , 2005, pág. 83). En
esa dirección, es razonable suponer que los cuerpos de las usuarias de drogas embarazadas
entren aún más incisivamente en este registro de vigilancia, con el fin de monitorear la salud
del feto y, también, su capacidad para gestionar o mantener el cuidado de/a los hijos. Aquí hay
dos cuestiones: una es que algunas investigaciones indican que el consumo, incluso ocasional,
de alcohol, tabaco y otras SPA afecta el desarrollo del feto, hasta la edad adulta. El otro tema se
refiere a la capacidad de estas mujeres usuarias de PAS para brindar un cuidado adecuado a
sus hijos.
Diversos estudios (Silva & Tocci, 2002; Silva, 2014; Siat, 2016) confirman los efectos nocivos que
producen las sustancias psicoactivas en el organismo de las mujeres embarazadas y, especialmente, en el
feto. Hay una alerta, en general, sobre los efectos de todas las sustancias psicoactivas, especialmente las
legales, y junto a ello, varias recomendaciones que involucran aspectos como el cuidado con la
alimentación, reducción de ejercicios físicos, entre otros, apuntando a la necesidad de una total
abstinencia de usos. Pero en relación con las mujeres que no pueden o no quieren responder a estas
indicaciones, ¿los usos/abusos de SPA las incapacitan para cuidar de sí mismas y de los demás?
Dada la poca producción teórica sobre el tema, abordamos aquí dos noticias publicadas en
periódicos sobre las trabas de los servicios públicos, en lo que se refiere al manejo de los casos de
usuarias de PAS embarazadas por parte de los profesionales de la salud en estos espacios.
En 2012 se publicó un artículo que evidenciaba el aumento de nacimientos por usuarios de crack,
hecho señalado en el artículo como relevante para la salud pública. Según la misma noticia, los indicios de
que la embarazada utiliza SPA no siempre son evidentes, pero la sospecha comienza cuando la
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las mujeres reportan vivir en la calle, no tener lazos familiares y no haber tenido control
prenatal. Ante esta información, se hace presente la asociación con el consumo de drogas, y
junto a ello se suma una serie de juicios que, entre otras cosas, constituyen un campo de
imposibilidades que inhabilitan a las mujeres para cuidar de sus hijos. Así, la mayoría de estas
mujeres (80%) salen de las maternidades sin sus hijos, quienes son enviados a albergues
(Bedinelli, 2012).
En otro artículo, se informa que, en 2015, las maternidades y las unidades básicas de salud de
Minas Gerais recibieron recomendaciones de la 23ª Fiscalía Civil de la Niñez y la Juventud de Belo
Horizonte, indicando a los psicólogos y trabajadores sociales en estos campos, la presentación de
informes sobre los casos de recién nacidos de consumidores de drogas al Juzgado de la Niñez y la
Adolescencia, para que sean derivados a la atención institucional (Oficina de Imagens, 2014).
La promotora de Justicia Civil Juvenil e Infancia de Belo Horizonte avala la recomendación, al mismo
tiempo que garantiza el derecho del niño a vivir con la familia de origen, durante el período en que se
encuentra abrigado; mientras tanto, el juez referiría a la madre para su tratamiento (Oficina de Imagens,
2014). Cabe señalar que este documento indica que el diagnóstico de estas situaciones es elaborado por
los técnicos del albergue y por profesionales del ayuntamiento.
En cierta medida, este tema se ubica en el contexto de un conflicto entre dos sujetos de derecho, el
feto/niño y la mujer. La protección del feto/niño está garantizada por el Código Civil de 1916, en su
artículo 4, cuando considera que “la personalidad civil de la persona comienza al nacer con la vida; pero la
ley protege [sus] derechos desde la concepción” (Brasil, 2008, p. 143).
En cuanto a los derechos de las mujeres embarazadas, cuentan con leyes (UFF, 2016) que las respaldan
durante la atención prenatal, parto y posparto, y garantizan derechos sociales como las colas preferenciales,
derechos laborales como la licencia por maternidad, y derechos sanitarios que garantizan la disponibilidad. de
las pruebas y procedimientos necesarios. Todos estos derechos suelen no ser ejercidos por las mujeres que
viven en la calle, algunas de las cuales son usuarias de SPA.
Destaco aquí que los Derechos Reproductivos (Adolescencia, 2016, p. 1) comprenden el derecho
básico de toda persona a decidir libre y “responsablemente sobre el número, espaciamiento y
oportunidad de tener hijos y a tener información y medios para hacerlo”. También garantizan el derecho
“a tomar decisiones sobre la reproducción, libres de discriminación, coacción o violencia” (Adolescencia,
2016, p. 1). Estas protecciones legales a las que tienen derecho estos dos sujetos de derechos – feto/niño y
mujer – apuntan a la complejidad que envuelve a estos sujetos y sus derechos en relación a la discusión de
las mujeres embarazadas usuarias de SPA.
Los estudios mostrados anteriormente (Silva & Tocci, 2002; Silva, 2014; Siat, 2016) prueban los
efectos nocivos de las sustancias en los cuerpos, especialmente en el feto, infiriendo una comprensión de
que las mujeres, al optar por continuar usando SPA durante el embarazo, están atestiguando a su
incapacidad para decidir sobre el embarazo y/o su mantenimiento y/o incluso a su incapacidad para
hacerse cargo del niño después del nacimiento. Lo que parece legitimado por estos estudios son acciones
similares a las presentadas en los dos casos descritos anteriormente, publicados en artículos periodísticos,
en los que sus hijos/hijas son sustraídos inmediatamente después del nacimiento.
En ese sentido, los derechos están más dirigidos al propio feto y, en consecuencia, existe una
preocupación por la promoción de la salud fetal, que involucra principalmente el ejercicio responsable de
la maternidad. Esta responsabilidad, en relación a la mujer usuaria del PAS, puede enredar aún más estos
órganos en los sistemas de vigilancia y regulación (sanitaria, social y moral).
De esta forma, esta red podrá centrarse de forma intensiva en las mujeres embarazadas usuarias
de PAS consideradas no aptas para ejercer la maternidad. En otras palabras, si a las mujeres embarazadas
en general ya se les da un menú de recetas sobre lo que deben hacer y cómo deben cuidarse
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entrega de sí y de sus hijos, a las mujeres embarazadas usuarias de las SPA, este cuidado se amplía, en la
medida en que parecen estar bajo sospecha y vigilancia todo el tiempo. En el límite, sus cuerpos adictos
atestiguan de antemano la incapacidad para seguir tales prescripciones, expresan la incapacidad para
atenderla.
Silveira (2013) señala que gran parte de las embarazadas usuarias de PAS consideradas
no aptas viven en la calle (cuerpos adictos sin domicilio fijo, cuerpos fuera de los bancos de
crédito). El autor argumenta que la incapacidad de estas mujeres para ejercer la maternidad
está mucho más relacionada con la situación de pobreza que con el uso de PAS. Según el
psiquiatra, se suele separar al niño de la madre porque ella vive en la calle. El autor dice que se
utiliza el argumento de que el problema es la droga para justificar la retirada del niño, pero que
eso se hace porque es pobre: “Atiendo a gente de clase media, de clase media-alta, con la
misma adicción y esto no sucede entre ellos” (Silveira, 2013, p. 1). Con el pretexto del uso de PAS
se criminaliza la pobreza, se penaliza a la mujer, pobre, usuaria de PAS,
Al analizar la posición de sujeto que se (re)produce en este contexto, como mujer embarazada/
pobre que utiliza SPA, se puede pensar que el factor discapacitante asociado al mismo parece no tener
relación con las definiciones de uso abusivo o dependencia porque , según el informe anterior, aunque no
existan parámetros para este diagnóstico, o incluso antes de identificar si realmente existe un uso
(abusivo o dependiente), la mujer ya está fijada en la condición de no poder ejercer la maternidad. En
otras palabras, parece haber una superposición entre la noción de pobreza y la noción de incapacidad,
marcando así la imposibilidad de ejercer la maternidad.
Los estudios a los que tuvimos acceso (Hochgraf, Zilberman & Brasiliano, 1999; Henderson,
Boyd & Mieczkowski, 1994), sobre los perjuicios derivados del uso de SPA por parte de las mujeres,
no tienen un carácter investigativo más profundo en cuanto a la y procesos culturales en los que
estas mujeres son incluidas. Otras perspectivas que abordan estos procesos podrían, por ejemplo,
apoyar a los servicios públicos de salud/salud mental y de asistencia social con otro abordaje de
estas mujeres, considerando sus historias de vida, sus formas de situarse en el mundo, la
comprensión de sus elecciones, etc. De esta forma, también contribuirían a una visión no
esencializada de la pobreza y el consumo de drogas.
Mirar el contexto de las mujeres usuarias del PAS apunta a la necesidad de pensar el
género en la articulación con otros marcadores sociales, como raza, clase, generación,
entre otros, entendidos y organizados en medio de relaciones de poder (Scott, 1995) . Se
puede suponer, por tanto, que la posición de sujeto “mujeres embarazadas usuarias de
PAS” está ligada al marcador de pobreza, al hecho de que posiblemente sean negras y
juzgadas incapaces de tener hijos. Cabe mencionar que atribuir una discapacidad a estas
mujeres también puede fortalecer la vulneración de algunos de sus derechos, ya que la
discapacidad borra la condición de sujeto de derechos de estas mujeres. Por lo tanto, la
tendencia a subsumir el uso de PAS a los hombres no fue suficiente, invisibilizando a las
mujeres con necesidades derivadas del uso de PAS,
Cierres Provisionales
Los análisis que exploramos en este artículo permitieron reflexionar sobre el proceso de esencialización
(biológica y cultural) de género que persiste en las representaciones de un sujeto usuario del PAS y el proceso de
vigilancia de los cuerpos de las mujeres, especialmente en lo que se refiere al ejercicio de género, sexualidad y
salud reproductiva que sustentan dichas representaciones. Argumentamos, a través de algunos
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discusiones, que las representaciones naturalizadas de la relación entre el uso de SPA y la masculinidad y
de una feminidad que no usa drogas todavía están activas en la política y que estas contribuyen a
dificultar el dimensionamiento de una demanda de cuidado que tenga en cuenta sus singularidades.
Uno de los procesos de esencialización señalados en los análisis parte de las diferencias resultantes
del uso del alcohol y sus efectos sobre el cuerpo de hombres y mujeres por un tono que universaliza y fija
lo masculino/masculino y lo femenino/mujer en determinados procesos biológicos. Esta comprensión nos
permite suponer que los cuerpos responden, de la misma manera, al uso de ciertas sustancias,
prescindiendo de sus diferencias orgánicas al responder a la cantidad, frecuencia de uso, etc. También se
ignoran los significados específicos que llevan a cada persona a realizar estos usos y, de esta forma, se
fijan sujetos en determinadas posiciones que conllevan marcas/características, como las categorías
dicotómicas y homogeneizadas de hombres o mujeres.
En este sentido, con respecto a los usos por parte de las mujeres, argumentamos que este entendimiento
contribuye a alimentar redes de vigilancia sanitaria y social más estrictas. Estas redes (re)constituyen modos de
acción de poder sobre los cuerpos para controlarlos, y aparecen de diferentes formas: en los acercamientos a los
servicios de salud, en la vida social y familiar, en los medios de comunicación, en las revistas dirigidas a las
mujeres, entre otros. otros mecanismos. Esta acción sobre los cuerpos se fortalece cuando se enreda en
discursos morales con el fin de prohibir el comportamiento de las mujeres usuarias de SAP, colocándolas en una
situación de estigmatización.
Las causas, efectos y formas de velar por las mujeres cambian a lo largo del contexto histórico/
cultural, (re)construyendo, entre otras cosas, un lugar desfavorable para ellas, especialmente para las
mujeres usuarias de SPA, embarazadas, negras, en situación de pobreza. Con respecto a esta discusión, la
pregunta que nos acompañó durante este escrito y que permanece abierta se refiere a la posibilidad de
hablar de reducción de daños en el contexto de las usuarias embarazadas.
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