El aprendizaje profundo consiste dotar de significado una nueva información (Biggs y Tang, 2007), es decir,
se trata de una estrategia que tiene como finalidad incorporar una perspectiva crítica sobre un determinado
aprendizaje y, al hacerlo, favorecer su comprensión y permitir su retención a largo plazo y con la posibilidad
de que dicho aprendizaje sirva más adelante para la resolución de un determinado problema en un contexto
determinado.
J. Hattie afirmar que: «Necesitas tener aprendizaje profundo y aprendizaje superficial» (Hattie, 2013).
Esta afirmación de Hattie supone que ambos aprendizajes, el superficial y el profundo, no se contraponen,
sino que se complementan. Esto quiere decir que ambos son necesarios. Así, el aprendizaje profundo no
supone una alternativa al aprendizaje superficial, sino un complemento.
Estas son algunas de las estrategias más relevantes que facilitan dicho aprendizaje:
Aprender para comprender.
Fijar unos objetivos claros, asumibles y realistas.
Flexibilizar el proceso de aprendizaje.
Priorizar el aprendizaje útil y significativo.
Entender la figura del docente como un facilitador del conocimiento en lugar de un transmisor de
información.
Promover metodologías activas que promuevan la cooperación, el pensamiento crítico, la ayuda
muta o la inclusión, como, por ejemplo, aprendizaje cooperativo o el ABP.
Enfocar el aprendizaje desde una perspectiva competencial, descubriendo y fomentando las
habilidades y destrezas del alumnado.
Centrarse en una evaluación formativa y lo calificadora.
Entender el error como parte fundamental de cualquier aprendizaje.
Promover el feedback o la retroalimentación.
Promover estrategias de pensamiento que permitan evaluar, precisamente, la profundidad de
dicho pensamiento y la precisión en sus conclusiones.