ALFA
Filete
Yo no veía sangré, el cuchillo estaba impecable y lo escuchaba gritar aún cuando mi
primer intento fue cerca de la manzana. Los oficiales no me entienden, supongo que
despertaré por la mañana beberé café, escucharé las quejas de mi esposa, esperaré a que
nadie se hospede en el hotel y la llegada del representante del banco. Alguien de
vestimenta blanca se me acerca estoy somnoliento pero veo la iridiscencia. Está no es
mi casa, el cuarto es blanco al igual que mi vestimenta, no tengo acceso a alguna
ventana, está cama es incómoda como la del viejo hospital del poblado, no imaginaba
que fuese así de raro pero no importa iré a buscarlo y le pediré perdón seguro me
entenderá en algún momento, aquí no importa el tiempo. Mostraré mi mejor cara,
escucho pasos y el sonido de una puerta vieja sin lubricar, una persona vestida de blanco
está entrando, «¿Cómo se encuentra Sr. Smith?» ¿Qué hace él aquí?, ¡Mierda!, Aún no
podré pedirte perdón, ¡No tiene que estar aquí! «enfermeros traigan tranquilizantes y
sosténganlo» se está acercando; no quiero dormir otra vez «todavía no lo suelten
esperen –dijo el psiquiatra– a qué pasé el sopor» Mis ojos están húmedos. No sé si es de
noche solo escucho los relámpagos repentinos, apenas se distingue el ruido de la lluvia,
me siento somnoliento, el molesto sonido de la puerta al abrir es acompañado del
llamado del enfermero diciendo que es hora de que vaya a la oficina del doctor Brown,
nunca confíe en su negocio de locos pero fue buen cliente antes de la guerra contra ese
maldito austriaco. El camino es eterno, aún más, mi paso es lento me cuesta sostenerme
tanto como ver algo en un pasillo tan oscuro aunque parece estamos cerca o eso dice el
enfermero, ¿Qué espera de mi el doctor?, yo espero una hora de persuasión barata o
mejor quizás silencio, por fin llegué:
– Doctor Brown: tome asiento señor Smith, lo veo más tranquilo.
– Señor Smith: no podría ser de otra forma.
– Doctor Brown: ¿Cómo se siente?.
– Señor Smith: somnoliento.
– Doctor Brown: se acostumbrará al efecto, pero lo que me interesa saber es que
pasa por su mente.
Espera a qué hablé una hora, ¿Ése es el gran método?, Solo mira su libreta escribe y a
ratos me observa, es tan estúpido como lo pensé. Tal vez encuentre algo aquí que me
ayude a irme como esas lapiceras, parecen tener buen filo, tal vez si corro hacia la
ventana tendré la suerte de que esté sea un piso alto, puede funcionar, el doctor se ve
apretado en su escritorio seguro tardará en reaccionar, es arriesgado si no es un piso
alto.
– Doctor Brown: señor Smith su renuencia a contestar mis preguntas alarga su
tratamiento, necesito de su ayuda para que pueda salir de aquí.
– Señor Smith: no sé que contestar, siempre amé a mí esposa y mi hijo pero no sé
que más decir.
– Doctor Brown: es un avance, se nos termino el tiempo, le darán papel y pluma
para que escriba lo que siente y piensa bajo supervisión de los enfermeros a las
4:00 PM aunque si así lo quiere puede pedírselos cuando guste y sea pertinente.
– Señor Smith: claro.
– Doctor Brown: nos vemos la próxima semana.
Llevo ya dos semanas aquí o eso me dicen mi rutina es la de siempre solo en eso se
parece a antes de la llegada de este agosto tan lluvioso me siento tan vacío y pesado ya
no por el medicamento. En dos días es mi aniversario de bodas, agosto 21. He
descartado las pocas opciones para salir de aquí al ser todas tan dolorosas como lentas,
puedo soportar el dolor mientras no tarde en dejar de sentir, no sé si es por cobardía lo
que tengo claro es que le pediremos perdón, primero la encuentro a ella y después juntos
pedimos perdón. Para no matar también a la costumbre le escribiré una carta que con
cada año perdió sazón:
Hola preciosa, espero que estés bien; te fuiste repentinamente, lo comprendo yo
también me quiero ir pero no me lo han permitido té pido esperes a que los alcance
aunque sé que nunca te ha gustado hacerlo, prometo no tardar. Extraño tus quejas, tu
amargura con las empleadas a la mínima equivocación, tu codicia, tu exasperación ante
nuestra ruina, tus ojos llenos de irá, tu cabello castaño hermoso, tu buen gusto al vestir
arruinado por la ropa vieja que usaste siete años, adoré tu piel blanca, el lunar cerca de
tu labio, tus dientes horribles, sé que te gustaban mis celos, disfrutabas de mi
explosividad provocada por ti. La miseria era insoportable para ambos, ya viejos qué
más da hacer lo que hicimos, tranquila, si de algo sirve yo seré el culpable de todo para
no manchar tu honor ante los que viven y fueron horrorizados por nuestro acto. Egoísta
como siempre me gustaste, aunque hoy me tiene aquí, tomaste la última salida que daba
la escopeta. Amo lo observadora que eras, aquel raro neoyorquino y su amigo, como los
describiste, tenían seis mil dólares en su maletín qué no pudimos disfrutar, ni siquiera
me dio tiempo de comprar balas a la escopeta, el representante del banco venía con un
par de policías; el disparo con el que te volaste la cabeza fue suficiente para alertar pero
no para prepararlos, no era tan desconocido el amigo del neoyorquino, yo terminé aquí,
el representante del banco se vengo por los malos tratos que le dimos y de paso obtuvo
por fin el hotel. Imagino la sonrisa en su rostro de camino a embargarnos para después
presenciar el horror que cometimos al ver los rostros pálidos de los policías, mi
chaqueta recién manchada con una rara pintura oscura, mi camisa era más bien como
llena con salsa de tomate aunque ya seca y al ver una rara mezcla de pequeñas
lombrices, trozos de carne perfectos para los guisados que les gustaban a las empleadas
y seguro el hígado lo cocinarían con cebolla; todo esto bañado en la salsa de tomate que
mancho mi camisa pero aunque parezca delicioso el gran banquete para los empleados
eran las vísceras repletas de sangre en el vientre de nuestro hijo…
¿Por qué tuviste que volver?, ¡¿Por qué mentiste diciendo que no nos visitarías pronto?!,
Un poblado vacío, sin chiste, ruinoso, sin entretenimiento alguno, sin mujeres ni
amigos, ¿Qué había aquí?, Tu vida estaba en Wall Street, ¡¿Por qué Dios mío?!,
¡Espera, te pediré perdón!, Tú eres bueno, hiciste bien en alejarte de nosotros. Tengo
que morir pronto «¡No quiero sus putas inyecciones, suéltenme!» no lo soporto más.
Mi habitación cambio, no tengo cama solo un colchón, un enfermero me da de comer,
aumentaron la dosis de mi tratamiento aunque realmente mis ganas de morir son las que
pesan en mi cuerpo, apenas puedo articular palabras, afortunadamente pude destruir la
carta que te hice Mia, ya no me importa si no me esperas para pedirle perdón, sé que
están juntos solo les pido me reciban. Espero la visita de mañana del Doctor Brown,
bajarán un poco la dosis para poder hablar un poco. Quiero ver la brisa de la que hablan
las voces de afuera, le preguntaré al Doctor Brown sobre ésta ya escucho como abre la
puerta.
– Doctor Brown: parece estar mejor señor Smith.
– Señor Smith: usted sabe lo que paso no entiendo porque preguntar estupideces,
¿Por qué no estoy pidiendo mi último banquete?.
– Doctor Brown: primero tendría que ser alguien sano, un asesino despiadado y no
una persona perturbada, no alguien que solloza en el suelo, no alguien que
necesita medicamento para ser controlado. El protocolo indica que a gente como
usted, que “no controla lo que hace”, sería injusto sentenciarles a muerte.
– Señor Smith: estoy lúcido. Puedo demostrarlo.
– Doctor Brown: a nadie le interesa tener un asesino como usted en la sociedad
pero tengo que atenderlo hasta dejar satisfechas a las autoridades así como a las
organizaciones de derechos humanos.
– Señor Smith: si usted quiere mostrar un acto humano deje que se me de
sentencia de muerte. Después de asesinar a mi hijo de la forma más cruel posible
necesito reunirme con él, si lo quiere ver así, yo no merezco estar aquí, soy un
peligro para la sociedad.
– Doctor Brown: para dar el alta tendría que demostrar tener mínima lucidez y
nulo arrepentimiento. Cuénteme que pasó aquel día.
– Señor Smith: estábamos en bancarrota, un representante del banco nos visitaría
junto con dos policías pues se llevó un par de golpes de mi parte en su última
visita el mes pasado cuando nos amenazó con quitarnos el hotel. Ese maldito
lugar era lo único que nos quedaba, un viejo hotel rodeado de robles americanos
a cinco minutos de la zona central, lo hipotecamos en el último año del conflicto
contra los alemanes, tras tres años de hacerlo estábamos en la absoluta
bancarrota, era el último día de Romina nuestra última empleada,
sorpresivamente dos sujetos de barba larga y cabello largo llegaron desde Nueva
York. Eran extraños pues nada atractivo había en el poblado, la mayoría de
jóvenes se enlistaron, algunos otros fueron a disfrutar el bullicio de las grandes
ciudades que aún con la guerra cualquier cosa superaba a este aburrido poblado,
solo había pocos viejos pues con el pasar de los años fueron muriendo y también
algunas mujeres no tan jóvenes pero que nunca pudieron salir de la casa de sus
padres. No había ferias, no había dinero, no había nada. Mia me comentó sobre
el maletín que tenían, qué quizás querían comprar el hotel, pagaron con billetes
de cien, su cambio fue todo el dinero que teníamos, 80 dólares, sin vivienda, sin
dinero y sin comida comencé a pensar en como obtener su dinero, era ingenuo
creer que un lugar como esté fuese atractivo incluso los banqueros tendrían
dificultades para sacarle provecho. Mi estómago crujiente interrumpió, me
invadió el deseo por un filete, observé a mí esposa dormida que estaba muy
flaca, canosa y harapienta; vi la foto de nuestra boda dónde estaba bien vestida,
hermosa, con mucha carne en su cuerpo e invadida por la felicidad. Necesitaba
el dinero, no me importaba como iba a quitárselo solo pensaba en comprarle un
buen vestido a Mía y comer un buen filete. Salí de nuestro cuarto hacía el 21 en
el que se hospedaba, una vez afuera de su puerta con la llave de repuesto a punto
de ser colocada, mi revolver con sus tres últimos tiros en la cintura y el cuchillo
más filoso que encontré en la cocina en mi mano izquierda; entré tratando de
hacer el menor ruido pero me fue imposible, al parecer las apuñaladas en la
garganta y corazón son bastante ruidosas o el tipo de lentes tenía un crujido
natural, su amigo salió corriendo, yo lo escuchaba gritar pidiendo ayuda pero no
sé si fue eso o el primer disparo que falle tratando de calmar al otro sujeto el que
levanto a mi esposa que recibió el segundo disparo o el tercero o el cuarto, no lo
recuerdo pero un disparo fue para ella y otro para el extraño que seguía gritando,
lo apuñale en la garganta cerca de la manzana de Adán pero el cuchillo estaba
limpio, seguía gritando, lo apuñale en el corazón, en el vientre cuanto pude pero
el cuchillo siempre salió impecable, sus gritos eran cada vez más fuertes hasta
que vi la sopa de entrañas que hice en su vientre fue que se callo. Fui a ver a mi
esposa que estaba muerta, todo era lento, ¿Cómo le diría a mi hijo que su madre
estaba muerta?, Pensé. Estaba como aturdido, fui a la habitación con lágrimas en
los ojos a ver qué fue lo que obtuve por lo perdido y encontré el asco en mi, era
irreal; entre las identificaciones de los extraños estaba la de mi hijo, su amigo
tenía dos puñaladas también un poco desarreglados sus lentes. Jamás sentí tanta
desesperación y decepción por no encontrar un tiro. Soy demasiado cobarde para
sentir el dolor que le provoque a mi hijo. Es inhumano que esté vivo, ¡Se lo
suplico, déjeme morir!.
– Doctor Brown: esperé el alta Señor Smith. Manténgase tranquilo.
La pesadez disminuyó un poco, tardo una semana pero mañana es mi juicio y parece
que todo es favorable, pronto moriré, creo que estoy sonriendo. La sentencia fue
favorable, confesé tres asesinatos sin arrepentimiento cometidos porque quería un filete
justo lo que será mi última cena antes de la silla eléctrica. El día está soleado no me
sentía feliz hace mucho hoy por fin me reuniré con ustedes.
El señor Smith tuvo 1 hora para disfrutar de su comida, nadie había estado tan feliz por
morir, era extraño para los guardias, ¿Qué habrá pensado?, ¿Cómo se sintió?; Murió de
asfixia, fue encontrado 40 minutos después.