El desarrollo
psicoevolutivo del
niño II
[2ª Edición]
Asela Sánchez Aneas
GPS - GUÍAS DE PSICOLOGÍA Y SALUD 12
Coordinadores colección:
Marta ZAMORA PASADAS (enfermera),
Asela SÁNCHEZ ANEAS (psicóloga),
Rafael CEBALLOS ATIENZA (médico puericultor)
Reservados todos los derechos.
Queda prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio, sin la autoriza-
ción previa, expresa por escrito, de la Editorial. Diríjase a CEDRO (Centro Español de
Derechos Reprográficos, [Link] si necesita fotocopiar o escanear
algún fragmento de esta obra.
Se terminó de imprimir en los talleres gráficos de Editorial Zumaque en Polígono
Industrial El Retamal, calle olivo 6, Alcalá la Real (Jaén) en julio de dos mil dieciocho.
Su opinión es importante. En futuras ediciones, estaremos encantados de recoger
sus comentarios sobre este libro. Por favor, háganosla llegar a través de la web:
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©Editorial: FORMACIÓN ALCALÁ.
Pol. Ind. El Retamal. Calle olivo 6.
23680 ALCALÁ LA REAL (JAÉN)
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[Link] / [Link]
Tel. 953 58 53 30
1ª Edición: Mayo 2011
2ª Edición: Julio 2018
ISBN: 978-84-1301-211-7
DL: J-288-2018
Imp.: Editorial Zumaque
Para todos los padres, abuelos, tíos, amigos, educadores,...
que están implicados, de una u otra manera,
en la crianza y educación de los niños.
Muchas veces basta una palabra, una mirada,
para llenar el corazón de un niño.
Madre Teresa de Calcuta
ÍNDICE
Desarrollo psicoevolutivo del niño I
2 La
inteligencia
en los niños:
el desarrollo 4 Inteligencia
cognitivo. emocional:
Pág. 33 desarrollo
y evolución
3 Desarrollo de de las
la conducta emociones.
1 El desarrollo
integral del afectivo-social. Pág. 97
niño durante Pág. 57
su infancia.
Pág. 15
5 Bibliografía.
Pág. 125
ÍNDICE
Desarrollo psicoevolutivo del niño II
1 El desarrollo
de la
personalidad
en el niño.
Pág. 15 3 Desarrollo
psicomotor.
Pág. 87
4 Desarrollo del
lenguaje.
2 El desarrollo Pág. 119
y aprendizaje
de la
conducta.
Pág. 39
5 Bibliografía.
Pág. 139
Autora
Asela SÁNCHEZ ANEAS, Psicóloga y Logopeda. Posee
una amplia trayectoria en la intervención clínica. Ha desa-
rrollado su trabajo en el área de la clínica infantil y juvenil,
realizando labores de asesoramiento y mediación familiar,
diagnóstico e intervención. Es autora del libro Niños y Ado-
lescentes Difíciles. Evaluación, Diagnóstico, Tratamiento y
Prevención (2008); Acoso Escolar y Convivencia en las aulas.
Manual de Prevención e Intervención (2ª Ed, 2017); El Valor
de la Inteligencia Emocional. Ser emocionalmente inteligen-
te para hallar la felicidad y mejorar la calidad de vida (2009),
Problemas de Comportamiento en Niños y Adolescentes. So-
luciones prácticas para resolverlos (2011), Hijos Maltratado-
res. Estrategias de Afrontamiento (2011), Pataletas y Rabietas
en los niños (2011), La adopción. Un camino para ser padres
(2011), Altas capacidades intelectuales: sobredotación y ta-
lentos (2013) y Trastornos del espectro autista (2017).
Presentación
Estas guías de psicología y salud (GPS) son unas de las
obras más ambiciosas que puede crear un profesional de
estos ámbitos científicos. Y tal vez uno de los trabajos
más difíciles.
Por una parte va dirigida a todas aquellas personas
que quieran saber un poco más sobre las enfermedades
que les afecten a ellos, a sus familias o lo que es más
importante, a sus propias hijas o hijos, sus nietas nietos.
A veces, solo se trata de situaciones banales porque son
novedosas para quien tiene que ejercer de cuidador/a,
o vienen contaminadas de mitos erróneos, y es más un
desconocimiento o falta de hábito, subsanable con una
buena dosis de información didáctica práctica.
Pero las guías también van dirigidas a todos los pro-
fesionales de la salud y/o psicología que deseen completar
la información que ofrecen en la consulta a sus pacientes
en un lenguaje asequible no exento por ello de eviden-
cia. Por tanto, se trata de un trabajo que aúna el rigor
científico y la independencia que exige el sanitario con la
claridad y la concisión necesarias para que la información
que se proporcione sea entendida por cualquier persona
que nada tenga que ver con esta profesión.
En definitiva, estas guías pretenden ser un medio
que favorezca la comunicación entre el profesional de la
salud y/o psicología y su paciente. Se trata de conseguir
que cada persona actúe con la mejor información objetiva
posible y con la tranquilidad de contar con los mismos
datos que podría facilitarle su médico, enfermera o psi-
cólogo, para orientarle sobre los pasos que debe seguir
para resolver los problemas derivados de encontrarse
enfermo o ante una situación que desconoce. Cada una
de las guías se convierte en una herramienta que facilita
la relación entre el profesional y el padre, tutor, cuidador
o familiar del paciente.
Coordinadores
GUÍAS DE PSICOLOGÍA Y SALUD
Abril 2011
Introducción
Desde que nace, el niño está en continuo proceso de desa-
rrollo en el que va construyendo, poco a poco, su inteligencia
y toda su estructura psicológica. En cada etapa de la vida,
como sucede en la infancia y adolescencia, se dan una se-
rie de características más o menos comunes en la evolución
de todo ser humano. El desarrollo psicoevolutivo le lleva a
experimentar, durante toda su existencia, una serie de cam-
bios individuales producidos, por un lado, por el crecimiento
del organismo y, por otro lado, por los aprendizajes adqui-
ridos. Estos cambios son cognitivos, emocionales, sociales,
de personalidad, conductuales, motores, del lenguaje y la
comunicación. El desarrollo afectivo y el control adecuado de
las emociones favorecerán su Inteligencia Emocional, que
será igual o más importante que su Inteligencia Cognitiva.
Existen diversas teorías del desarrollo psicoevolutivo
que intentan explicar el proceso de desarrollo que trans-
curre desde el nacimiento hasta la vida adulta en todos los
aspectos del ser humano, y que terminan por conformar la
personalidad de este. Tal proceso de maduración no está
totalmente determinado por el crecimiento cronológico,
sino que existen una serie de factores que influirán en su
desarrollo. Es muy importante que los padres conozcan y
comprendan las características básicas que determinarán
el desarrollo normalizado de su hijo en cada uno de los ám-
bitos del crecimiento. Este libro proporciona una visión de
la evolución del niño en todas sus facetas; cómo y cuándo
se produce el desarrollo del pensamiento, de los afectos y
de las emociones, de las relaciones sociales, de la persona-
lidad, de la conducta, de su capacidad motriz gruesa y fina,
del lenguaje y de la comunicación... y qué factores favore-
cen o perjudican su evolución. Al final de cada capítulo se
proporcionan una serie de orientaciones para estimular y
favorecer el desarrollo de todas esas áreas.
La autora
Capítulo 1
El desarrollo de la
personalidad en el niño
La personalidad caracteriza la individualidad de la persona
y es lo que la diferencia de las demás. La personalidad
se conforma como resultado de la interacción entre la
herencia y los factores ambientales. Entre las características
de la personalidad que parecen vinculadas a la herencia
genética, al menos parcialmente, están la inteligencia y
el temperamento. Diversas teorías e investigaciones han
tratado de explicar cómo cada persona desarrolla su per-
sonalidad diferenciándola del resto (teorías del aprendizaje,
teorías psicoanalistas, teorías humanistas y las de tipos y
rasgos). El ser humano pasa por una serie de etapas a lo
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
largo de su vida que son explicadas de manera diferente
según los diversos autores. Las experiencias de un niño,
especialmente la satisfacción de sus necesidades básicas,
el modelo de educación recibido en su entorno familiar
y las distintas situaciones que experimenta y a las que se
enfrenta, son cruciales para el desarrollo de su personalidad.
Desde su concepción, el niño cuenta con una carga
genética que hereda de sus progenitores. Estos factores
genéticos hacen que cada niño reaccione de forma distinta
en su contacto con el ambiente que le rodea. Dispone de
su propio temperamento, carácter, actitudes...
La personalidad futura será el resultado del tempera-
mento y las acciones educativas que reciba de los adultos
que lo rodean (padres, profesores, hermanos, abuelos), y
de las relaciones que establezca.
El niño irá creando una conducta en función de las
reacciones que los adultos tengan ante su comportamien-
to, y de las diferentes experiencias que vaya acumulando
El desarrollo de la personalidad en el niño
La personalidad es el término con el que se suele
designar la individualidad de la persona, es decir, las carac-
terísticas que la diferencian de los demás. Conociéndola,
podremos prever con más facilidad cómo actuará y cómo
16
El desarrollo de la personalidad en el niño
reaccionará una persona bajo diferentes circunstancias.
Existen diversas teorías psicológicas y cada una de ellas
recalca determinados aspectos de la personalidad, discre-
pando unas de otras sobre el modo en que se organiza,
desarrolla y manifiesta en el comportamiento. Intentan
describir de qué forma se comportan las personas para
satisfacer sus necesidades físicas y fisiológicas. Lo que sí
parecen tener claro todas ellas es que la personalidad
del ser humano juega un papel muy importante en
los comportamientos que manifiesta. De este modo,
si la herencia ha dejado huella en el niño dotándole de
ausencia de empatía, de mal genio, de impulsividad...,
podemos modificar esos aspectos a través de los factores
ambientales que influyen en él y, así, modificar su com-
17
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
portamiento hacia una dirección más adecuada. Durante
la infancia, los adultos podemos intervenir para modificar
rasgos de personalidad en el niño, antes de que estos
sean más estables. La diferenciación entre individuos
puede deberse a que existen diversos factores que in-
fluyen en el desarrollo de la personalidad, pues tanto la
herencia como el ambiente interactúan para la formación
de cada individuo. Ya desde los primeros años de vida,
los niños difieren unos de otros, ya sea por su herencia
genética como por variables ambientales dependientes
de las condiciones de su vida intrauterina, así como de
su nacimiento y posterior desarrollo. A lo largo de toda
su vida, el ser humano va experimentando cambios en
su personalidad fruto de su madurez y de las influencias
y experiencias que recibe del contexto ambiental en el
que vive (figura 1.1).
La herencia proporciona una constitución física y una
dotación genética, mediante las cuales se va a captar el
mundo y a responder ante él.
El ambiente proporciona elementos de interpretación,
pautas para dar significado a los estímulos, y determinar
formas de respuesta. El nivel sociocultural y el clima afec-
tivo ocupan un lugar destacado en el desarrollo infantil.
18
El desarrollo de la personalidad en el niño
Indicadores de la personalidad
En el comportamiento confluyen varios elementos
que se convierten en los indicadores de la personalidad
de las personas. Estos indicadores son los siguientes:
Las actitudes, que son las predisposiciones
positivas o negativas hacia algo o alguien, y se
compone de tres partes: lo afectivo, cognitivo
y lo conductual.
El temperamento, es la peculiaridad e intensi-
dad individual de los afectos psíquicos y de la
estructura dominante de humor y motivación.
El carácter, constituido por el conjunto de cua-
lidades psíquicas y afectivas que condicionan la
conducta de cada individuo.
La voluntad, facultad de hacer o no hacer una
cosa, es la facultad de perseverar en la tarea y
superar las dificultades a través de la constancia
y del esfuerzo.
La motivación, que promueve a actuar o no de
una determinada manera.
El desarrollo socio-afectivo del niño radica en los
vínculos afectivos que establece con los padres, hermanos,
familiares y amigos. Los dos primeros años de vida son
fundamentales para el desarrollo socio-afectivo del niño.
El apego y la amistad son los vínculos afectivos básicos.
En el apego, la unión afectiva que establece el bebé con
las personas que interactúan con él se caracteriza, funda-
19
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
mentalmente, porque manifiesta conductas con las que
intenta conseguir o mantener la proximidad con la persona
a la que está apegado (lloros, gestos, miradas...), por la
existencia de un modelo mental de cómo es su relación
con las figuras de apego, así como unos sentimientos
presentes en el ambiente, tanto los agradables (seguridad,
bienestar,...), asociados a la presencia del adulto querido,
como desagradables (ansiedad, miedos...), cuando tienen
lugar las ausencias de ese ser querido.
Durante la adolescencia, el menor busca su iden-
tidad e intenta resolver quién es él en la realidad; una
pregunta que intentará resolver a lo largo de toda su
vida. Los jóvenes bien preparados para el futuro asumirán
gustosamente las responsabilidades de los adultos. Sin
embargo, los que se sienten abrumados y mal preparados
para tratar con las nuevas tecnologías y con los nuevos
roles son, por el contrario, más propensos a defender sus
vidas (Erikson, A. 1968).
20
El desarrollo de la personalidad en el niño
El apego y la amistad son los
Infancia vínculos afectivos básicos que es-
tablece con los padres, hermanos,
familiares y amigos
Busca su identidad e intenta re-
Adolescencia solver quién es él
Es una etapa de estabilidad y
Vida adulta cambio, piensan más en sí mismos,
analizan su vida y el por qué de
su comportamiento en toda ella
Figura 1.1. Cambios en la personalidad a lo largo de la vida.
En la edad adulta, observamos que existen dos ten-
dencias en el desarrollo de la personalidad: la estabilidad y
el cambio, las cuales se producen a lo largo de toda la
vida. Los cambios habituales que se dan en la madurez
tienen lugar por la tendencia a expresar aspectos de su
personalidad. Esos cambios han estado, durante mucho
tiempo, ocultos y reprimidos como consecuencia del
aumento de confianza en uno mismo y la placidez que
acompaña a la edad. Muchas mujeres pasan a ser más
enérgicas, competitivas e independientes, mientras que
muchos varones pasan a ser más pasivos y dependientes.
Se da la tendencia a la introspección que acompaña al
envejecimiento, y es que los jóvenes emplean gran parte
de su energía en la acción más que en el pensamiento;
sin embargo, las personas maduras tienden a pensar más
sobre sí mismos, analizando lo que han hecho en la vida
21
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
y por qué lo han hecho. Las personas inician la búsqueda
de su identidad en la adolescencia y continúan en la edad
adulta. El joven está ahora preparado para comprometerse
en una relación más íntima con otra persona (matrimonio,
noviazgo...), arriesgándose a una pérdida temporal del yo
en situaciones que requieren abandonarse (Hall, E. 1983).
22
El desarrollo de la personalidad en el niño
Teorías del desarrollo de la personalidad
¿Qué determina o condiciona las diferencias indivi-
duales entre las personas? Si observamos a la gente, con
la que convivimos y nos relacionamos habitualmente, nos
podríamos preguntar: ¿qué hace que Alicia sea tan gene-
rosa con todo lo que tiene y Verónica sea tan egoísta?,
¿por qué Pedro es muy nervioso y Luis es tan tranquilo?,
¿a qué es debido que Marcos tenga un comportamiento
responsable y adecuado con respecto a las normas socia-
les y Alberto tenga una forma de actuar desadaptada?...
Existen numerosas teorías e investigaciones que intentan
explicar cómo cada persona desarrolla su personalidad
diferenciándola del resto. Todas ellas se agrupan en cuatro
categorías: las teorías del aprendizaje, las psicoanalistas,
las humanistas y las de tipos y rasgos (tabla 1.1). Para las
teorías del aprendizaje, el desarrollo de la personalidad
es un producto de la estimulación externa, es decir, sería
fruto de las experiencias obtenidas del ambiente. Las
otras tres categorías colocan su causa en el interior de la
persona, es decir, la personalidad surgiría como producto
de características innatas, de necesidades, impulsos...
23
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
Tabla 1.1. Teorías explicativas del desarrollo de la personalidad
Teorías del desarrollo de la personalidad
Teorías psicoanalistas
Teoría La personalidad humana está constituida
psicoanalítica, por tres estructuras con diferentes funciones
S. Freud desarrolladas en distintas épocas: Id o Ello,
(1856-1939) Ego o Yo, Súper Ego o Súper Yo .
La personalidad está en continuo creci-
Psicología miento durante toda la vida. La mente
analítica, está formada por: yo (mente consciente),
Carl Jung inconsciente personal (material reprimido/
(1875-1961) olvidado) e inconsciente colectivo (derivado
de los recuerdos ancestrales).
Psicología del La conciencia es el centro de la persona-
individuo de lidad. Crea el concepto sí mismo creador.
A. Adler Enfatiza la unidad de la persona, formada
(1870-1937) por motivos, rasgos, intereses y valores.
La perturbación de la seguridad del niño en
Teoría de Ka-
relación con sus padres, le produce ansiedad
ren Horney
y despliega estrategias para enfrentarse a
(1885-1952)
su soledad y desamparo.
Teoría La maduración del individuo se realiza a
psico-social, través de 8 etapas sucedidas a lo largo de
Erik Erikson la vida. En la personalidad se da el conflicto
(1902-1986) entre instintos innatos y demandas sociales.
24
El desarrollo de la personalidad en el niño
Teorías Ahumanistas
Teoría centrada Las personas necesitamos encontrar nuestro
en la persona, yo real para aceptarnos como personas y
valorarnos como somos. El auto-conoci-
Carl Rogers miento y la auto-observación comienzan
(1902-1987) con nuestras experiencias.
Maslow muestra una serie de necesidades
organizadas en estructura piramidal. En la
Teoría de la parte baja, se sitúan las necesidades más
auto- prioritarias y en la superior las de menos
actualización prioridad. Al ser satisfechas las necesida-
des de un determinado nivel, el individuo
A.H. Maslow
busca en las necesidades del siguiente nivel
(1908-1970) su meta próxima de satisfacción. El punto
ideal sería aquel en el cual el hombre se
siente autorrealizado, menos del 1% de las
personas lo consiguen (figura 1.2. Jerarquía
de necesidades, Maslow).
JERARQUÍA DE NECESIDADES
Auto Factores
superación Motivadores
Factores
Reconocimiento Higiénicos
Sociales
Seguridad
Fisiológicas
Figura 1.2 Jerarquía de necesidades de Maslow
25
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
Teorías del aprendizaje o ambientalista
La personalidad (motivación inconsciente,
Conductismo aspectos subyacentes de tipo moral y rasgos
radical, emocionales), no existe. La conducta humana
B.F. Skinner es aprendida, por tanto, es el resultado del
(1904-1990) encadenamiento de una serie de secuencias
de estímulos y respuestas.
Teoría Los principios del aprendizaje explican el
aprendizaje desarrollo de la personalidad. El contexto
social, Bandura social es muy importante en el desarrollo
(1925) de la personalidad del ser humano.
26
El desarrollo de la personalidad en el niño
Teorías de tipos y rasgos
Establece la relación entre la estructura corporal
de la persona o somatotipo y su personalidad.
Teoría constitucionalista de Willian H. Sheldon (1898-1977).
Los somatotipos descritos son el endomorfo
(gran peso, huesos y músculos poco desarrolla-
dos), mesomorfo (musculoso, fuerte y atlético)
y ectomorfo (delgado y frágil) (figura 1.3). Estos
somatotipos los relaciona con tres categorías de
rasgos de personalidad:
Viscerotonía (amante del bienestar, orientado
a la comida, sociable y relajado).
Somatotonía (agresivo, amante de la aventura
y con ganas de correr riesgos).
Cerebrotonía (retraído, auto-consciente e in-
trovertido).
Sheldon estudió su correlación y fue bastante alta,
otros autores no creen que haya esa causalidad.
Endomorfo Mesomorfo Ectomorfo
Figura 1.3. Somatotipos descritos por Sheldon.
individualidad, G.W.
Allport (1897-1967)
La personalidad sería la organización dinámica
Psicología de la
de los rasgos (rasgos cardinales, rasgos centrales
y rasgos secundarios) de una persona y determina
cuál va a ser su comportamiento.
27
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
Erikson contribuyó a la teoría de la personalidad
subrayando el conflicto entre los instintos innatos y las
demandas sociales. Por tanto, la cultura concreta, en la
cual la persona crece, determina cuáles serán los conflictos,
incorporando, además, aspectos psíquicos y sociales. La
maduración del individuo se realiza a través de 8 etapas
que se van sucediendo a lo largo de la vida (tabla 1.2). En
cada una de ellas se enfrenta con una crisis que, cuando
se resuelve, puede tener un resultado positivo o negativo
y, en función de ello, obtener el equilibrio o no.
28
Tabla 1.2. Las 8 etapas de Erikson.
Estadio Crisis Relaciones Modalidades Virtudes Maladaptaciones
(edad) psicosocial significativas psicosociales psicosociales y malignidades
I (0-1) Confianza vs. Coger y dar Distorsión sensorial
infante desconfianza Madre respuesta Esperanza, fe y
desvanecimiento
II (2-3) Autonomía vs. Mantener y Voluntad, Impulsividad y
bebé vergüenza y Padres dejar ir determinación compulsión
duda
III (3-6) pres- Iniciativa vs. Familia Ir más allá de jugar Propósito, coraje Crueldad e inhi-
colar culpa bición
IV (7-12) Laboriosidad Vecindario Completar Competencia Virtuosidad
escolar vs. inferioridad y escuela Hacer cosas juntos Unilateral e inercia
V (12-18 o Identidad yoica Grupos, Ser uno mismo. Fidelidad, Fanatismo y
más) vs. confusión modelos de Compartir ser uno lealtad repudio
adolescencia de roles roles mismo
VI (los 20) Intimidad vs. Colegas, Perderse y hallarse Promiscuidad y
adulto joven aislamiento uno mismo en
amigos aotro Amor exclusividad
VII Hogar,
(20 tardíos Generabilidad ser, cuidar Sobrextensión y
a 50) vs. compañeros Lograr Cuidado rechazo
adulto medio Autoabsorción de trabajo de
VIII vs. Los humanos Ser, a través de ha- Presunción y
(más de 50) Integridad
desesperación o los míos ber sido. Enfrentar Sabiduría desesperanza
adulto viejo el no ser
29
El desarrollo de la personalidad en el niño
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
Etapas de desarrollo de la personalidad:
infancia y segunda infancia, adolescencia
y juventud
El ser humano pasa por una serie de etapas a lo
largo de su vida que son explicadas de diferentes formas
según los autores.
La infancia, aunque se refiere a los primeros meses
y años de la vida, y parece que lo olvidamos, es muy
importante tanto en el desarrollo emocional como en la
experiencia psicológica posterior:
La primera relación que tiene el niño es con
su madre, lo que influirá profundamente en su
personalidad, puesto que es el momento en
que empieza a relacionarse con otra persona,
comenzando a desarrollar sus capacidades de
amor y a constituirse como ser social.
Es el periodo en el que se producen muchos y
variados cambios, así como aprendizajes, debi-
do fundamentalmente a la intervención de la
madre o a la figura que representa este papel
para el niño. Después, continúa el proceso de
socialización con la familia.
Inicialmente muestra poco interés por los iguales.
30
El desarrollo de la personalidad en el niño
La segunda infancia o edad escolar, que abarca
aproximadamente desde los seis o siete años hasta los
once o doce:
Está marcada por el progreso en la socialización
con los iguales. Se encuentra inmerso en el grupo
de amigos y compañeros de colegio, lo que le
lleva a cambios en su conciencia moral.
Hasta este momento, lo bueno y lo malo era
lo que los padres exigían de él o le prohibían,
mientras que, a partir de ahora, piensan que lo
bueno es lo que favorece al grupo.
En esta etapa empieza a incorporarse a la
disciplina escolar, exigiéndosele determinados
aprendizajes académicos.
31
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
La adolescencia comprende el periodo entre los
doce y los veinte años:
Se trata de una época crítica con grandes trans-
formaciones físicas y emocionales.
Se producen cambios en el cuerpo, en las ca-
pacidades intelectuales y en el control de las
emociones. Sobreviene el despertar a la sexua-
lidad adulta, a los ideales, a la ideología y al
descubrimiento del amor.
Durante la juventud, los principales sucesos que
marcan la personalidad del adulto joven son el encon-
trar una ocupación laboral y la formación de una nueva
familia. Ambos son compromisos de larga duración que
restringirán el número de actividades características de
la adolescencia en las que estaba inmerso. Conseguir una
elección adecuada del empleo redundará en un buen
ajuste de la personalidad, y ello es debido, por un lado,
a que la elección depende del conocimiento de sí mismo,
de lo que le gusta y de lo que satisface sus necesidades;
por otro lado, al aprendizaje del trabajo que realice, a las
relaciones humanas que probablemente encontrará y al
camino del ascenso profesional.
32
El desarrollo de la personalidad en el niño
Factores que influyen en el desarrollo de
la personalidad: herencia y ambiente
La herencia y el ambiente interactúan para formar la
personalidad de cada sujeto. Ya desde el momento del
nacimiento, siendo más evidente aún en los primeros años
de vida, los niños difieren ampliamente unos de otros,
bien sea debido a su herencia genética como a otras
variables. Algunos niños, por ejemplo, son más atentos o
más activos que otros, y estas diferencias pueden influir
posteriormente en el comportamiento que sus padres
adopten con ellos, lo que demuestra cómo las variables
congénitas influyen en las ambientales. Entre las carac-
terísticas de la personalidad que parecen determinadas
por la herencia genética, al menos parcialmente, están la
inteligencia y el temperamento, así como la predisposición
a sufrir algunos tipos de trastornos mentales.
33
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
Cuando estudiamos las influencias ambientales, hemos
de tener muy en cuenta que no solo es importante el hecho
de que se produzcan, sino también en qué momento se
dan, ya que existen periodos críticos en el desarrollo de
la personalidad en los que el individuo es más sensible a
un tipo determinado de influencia ambiental. Por ejemplo,
durante uno de estos periodos la capacidad de manejar el
lenguaje cambia muy rápidamente, mientras que en otras
etapas es la capacidad de comprender y culpabilizarse.
Las experiencias de un niño en su entorno familiar
son cruciales, especialmente la forma en que sean satis-
34
El desarrollo de la personalidad en el niño
fechas sus necesidades básicas o el modelo de educación
que reciban. Ambos aspectos pueden dejar una huella
duradera en la personalidad. Los niños aprenden el com-
portamiento típico de su sexo por identificación con el
progenitor de igual sexo; aunque, también aprenden el
comportamiento de los hermanos y/o hermanas, espe-
cialmente los de mayor edad, todo lo cual influye en su
personalidad. Tradicionalmente los psicólogos sostenían
que los rasgos de la personalidad de un individuo se
mantenían estables a lo largo del tiempo; pero actual-
mente eso es algo que se cuestiona, señalando que los
rasgos existen solo para la óptica del observador y que,
en realidad, la personalidad de un individuo varía según
las distintas situaciones a las que se enfrenta.
Orientaciones para favorecer el desarrollo
de la personalidad del niño
Algunos consejos que pueden poner en práctica los
padres en su relación con los hijos, con el fin de favorecer
el desarrollo de la personalidad del niño, son:
Se debe alabar y premiar a los niños solo cuando
realmente muestren conductas que le supongan
un esfuerzo. Es necesaria la supervisión del com-
portamiento de los niños para prestar atención,
premiar y elogiar las conductas positivas.
Compartir actividades gratificantes para for-
talecer vínculos positivos entre padres-hijos.
35
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
No debemos dejar pasar aquellos comporta-
mientos que supongan dejadez o falta de res-
peto hacia las personas y cosas. Evitar ceder a
sus caprichos y ser rigurosos a la hora de poner
límites a sus comportamientos inapropiados. Si
los padres tienen una actitud de tolerancia total
ante todo lo que haga o disponga su hijo, esto
tendrá consecuencias negativas en el desarrollo
de su identidad personal. Se deben establecer
expectativas, reglas y límites adecuados a la
edad y a las características del niño.
Hay que afrontar los problemas y conflictos y
no dejarlos pasar sin más.
Debe aprender a asumir responsabilidades y ser
autónomo, para ello, todo lo que sea capaz de
36
El desarrollo de la personalidad en el niño
realizar solo, debemos animarlo a que lo haga.
Cuando se logra cierto grado de responsabilidad
y autonomía, el niño adquiere a su vez una
mayor seguridad y autoestima. Sus pequeños
esfuerzos deben destacarse, haciéndole saber lo
orgullosos que estamos de sus progresos. Es muy
conveniente comentar con otros adultos, en su
presencia, sobre los éxitos que va consiguiendo,
para animarle a seguir en esa línea.
Fomentar valores morales, a través de su par-
ticipación en actos altruistas, como campañas
solidarias, ayuda a los más desfavorecidos,...
Felicitarle por sus actos solidarios, morales y
empáticos hacia los demás.
Los padres deben mostrarse como modelos de
comportamiento moralmente adecuados, para
favorecer que sus hijos les imiten. Tienen que
manejar las conductas problemáticas a través de
sistemas disciplinarios razonables y consistentes,
ejerciendo un adecuado auto-control emocional
ante los conflictos que se dan dentro del ámbito
familiar.
Los padres deben implicarse y apoyar el pro-
greso académico de los hijos y fortalecer la
vinculación entre la familia-escuela.
37
Capítulo 2
El desarrollo y aprendizaje
de la conducta
El aprendizaje se produce en el ser humano desde el mismo
momento que nace y continúa a lo largo de toda su vida;
durante todo ese tiempo se ve influido por la herencia
genética, el ambiente familiar y social y la interacción entre
ambos factores. La genética nos determina biológicamente
y nos predispone para ciertos aspectos, pero es el am-
biente que rodea al niño lo que tiene la última palabra.
Los padres deben implicarse y participar en el proceso
educativo, utilizando un estilo que les lleve a conocerlo
y valorarlo para reconocer cuáles son sus posibilidades.
La modificación de conducta es una técnica terapéutica
muy utilizada para resolver gran variedad de problemas
psicológicos. Del modelo de aprendizaje cognoscitivo social
de Bandura se extrae la técnica de modelado, muy utili-
zada también en la terapia de conducta. En general, de
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
los diversos estudios se extrae la idea de que el castigo
en sus diferentes formas no funciona tan bien como el
refuerzo en el aprendizaje conductual.
Cómo se produce el aprendizaje del
comportamiento
Una vez iniciada la vida, el aprendizaje se va constru-
yendo sobre las capacidades potenciales con que nacen
los niños, tales como los reflejos innatos y las habilidades
sensoriales básicas. La capacidad de aprendizaje del individuo
es prácticamente ilimitada; más aún, teniendo en cuenta
que su cerebro va madurando y la plasticidad cerebral
permitiendo la adquisición de nueva información. La
40
El desarrollo y aprendizaje de la conducta
forma de comportarse de los niños se ve influida por la
herencia, el ambiente y la interacción de ambos factores.
Debemos destacar la importancia del comportamiento de
los padres, amigos y adultos en general, hacia los niños;
ellos son quienes con sus actos, a modo de ejemplo,
van a ir moldeando su forma de actuar a lo largo de su
vida. Por tanto, el uso incorrecto de las consecuencias
aplicadas a su comportamiento puede tener repercusiones
importantes en el futuro. Las alteraciones de la conducta
que son, a veces, diagnosticadas en la infancia, se carac-
terizarían por un comportamiento antisocial que reflejaría
los fallos en los procesos de socialización, en el desarrollo
de habilidades socio-cognitivas y de capacidad de toma
de perspectiva en la evolución del desarrollo moral y
del área afectiva. Cuando hablamos de los procesos de
socialización, hacemos referencia a la internalización de
normas y reglas de comportamiento que tienen lugar
en los niños desde los primeros momentos de sus vidas.
Estrategias de socialización familiar
Llamamos estrategias de socialización al conjunto
de conductas que los padres valoran como apropiadas y
deseables para sus hijos, tanto para su desarrollo como
para su integración social.
41
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
Podemos clasificar estas estrategias en función del
tono de las siguientes variables:
Tono de la relación Afecto-Honestidad
Nivel de comunicación Aceptación-Rechazo
Calor- Frialdad
Proximidad- Distanciamiento
Conducta para encauzar el Autonomía –Control
comportamiento Flexibilidad- Rigidez
Permisividad- Restricción
La combinación de estas variables dará lugar a los
diferentes estilos educativos.
El desarrollo lo podemos considerar como el producto
de la correlación entre maduración y aprendizaje. Por
tanto, las conductas se dan en función de las experiencias
del individuo con el medio en el que vive. Las experiencias
por las que pasan las personas modifican y moldean sus
conductas, pudiendo así cambiar la manera de percibir
su mundo, sus pensamientos, sus sentimientos, su forma
de relacionarse con los demás, su manera de actuar... El
aprendizaje es un cambio duradero en los mecanismos
de conducta que implica estímulos y/o respuestas espe-
cíficas, siendo el resultado de la experiencia previa con
42
El desarrollo y aprendizaje de la conducta
esos estímulos y otros similares hacia los que también
se responde (Domjan, M. 2003). Los padres le dicen a
su hijo lo que debe o no debe hacer; sin embargo el
niño, normalmente, o no lo hará o lo dejará de hacer
a la primera, por lo que los progenitores deben seguir
enseñándole y repitiéndole a menudo lo mismo hasta
que lo asimile y lo integre dentro de su aprendizaje y se
convierta en un hábito.
Cómo influye la herencia genética y el ambiente
familiar y social en el aprendizaje
La herencia genética y los factores ambientales in-
fluyen en la evolución y desarrollo de la persona durante
toda su vida, iniciándose en el momento del nacimiento y
pasando por la infancia, adolescencia, vida adulta y vejez.
La influencia genética nos determina biológicamente y
predispone para ciertos aspectos. El hallazgo de las in-
teracciones entre herencia y ambiente, ha relativizado y
complicado el papel del contexto, poniendo de relieve la
imposibilidad de estudiar las influencias ambientales con
independencia de las características internas del sujeto,
puesto que, mientras unas mismas experiencias pueden
resultar positivas para un individuo determinado, para
otros puede tener un efecto negativo, resultando difícil
la generalización.
43
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
El ambiente tiene un importante papel en la ex-
presión de las características hereditarias. Un animal
bien alimentado, frente a otro desnutrido, tendrá una
mayor talla corporal; o un niño que recibió durante su
niñez mayor estimulación, posee un cociente intelectual
superior al de un niño que, durante la misma etapa de
desarrollo, no la recibió. Es difícil determinar cuáles son
las contribuciones de la herencia al desarrollo y cuáles
las del medio ambiente, aunque sí se entiende que son
ambas quienes determinan al individuo en sí mismo.
Los rasgos físicos y mentales, así como la conducta y la
inteligencia que reciben de la influencia hereditaria, se
complementan con el ambiente donde se desenvuelven.
Las conclusiones obtenidas de diversos estudios indican
que, prácticamente todas las características psicológicas
44
El desarrollo y aprendizaje de la conducta
y todos los rasgos personales están sujetos a influencias
genéticas, quedando afectadas, a lo largo de la vida, por
el ambiente en el que vive cada persona.
Los rasgos físicos están sujetos a influencias genéticas
pero, por ejemplo, la estatura también estaría beneficiada
o perjudicada dependiendo de los factores ambientales
(ayudará la alimentación sana y la buena salud y, al con-
trario, no lo hará la desnutrición o el estrés). Los efectos
de la interacción de las influencias ambientales sobre los
rasgos psicológicos son más difíciles de evidenciar. Un niño
tímido, debido a su dotación genética, puede perder la
timidez dependiendo de la actuación del ambiente hacia
él; es decir, en función de las interacciones con los padres,
el apoyo cultural, el medio escolar, la consciencia cognitiva,
la auto-comprensión y las experiencias, así evolucionará.
Influencias educativas y ambientales en el
aprendizaje de la conducta
Tenemos que destacar la influencia que, en gene-
ral, tiene en el desarrollo del niño el ambiente que le
envuelve, así como la importancia y repercusión que
tendrá en etapas posteriores de su vida. El contexto que
rodea a una persona abarca, según la etapa de la vida
en la que se encuentre, a diferentes ámbitos y cada uno
de ellos tendrá, a su vez, distinto peso en su desarrollo.
Así, las etapas de la infancia y la adolescencia se verán
afectadas por la educación dada por los padres, familia,
45
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
escuela y amigos. En la infancia, los padres tendrán mayor
importancia, mientras que en la adolescencia la tendrá el
grupo de amigos. La determinación genética -inteligencia,
predisposición a trastornos mentales...,- no es modificable
en los individuos, pero sí lo son la educación, la forma
de actuar con ellos, los factores sociales... En definitiva,
los adultos somos responsables, en cierta forma, del
comportamiento que han aprendido, especialmente en
la infancia.
Desde que el niño nace, se va moldeando por la
influencia ambiental y por la educación recibida. Depen-
diendo de la cultura, barrio, familia,... en el que nazca y
se desarrolle, así será él. El ser humano, además de estar
expuesto a elementos ambientales, también es educado,
lo cual lleva consigo la adquisición y desarrollo de nuevos
patrones de conducta por los niños y los jóvenes (habili-
dades, creencias y actitudes), además de cambios en los
patrones ya establecidos por los grupos de mayor edad.
A través de la educación se transmiten y se comparten
modos de comportamiento comunes y particulares. La
educación pretende preparar a las personas para participar
activamente en la vida en sociedad y, tanto niños como
jóvenes, aprenden hábitos, destrezas, creencias, costum-
bres y actitudes (Cáceres, J.A. 1997). La educación es un
proceso continuo, en el que todas las personas tienen
la responsabilidad de educar a niños y jóvenes, además
de enseñarle los patrones de conducta esperados. Todos
los miembros de la sociedad son modelos para el niño,
46
El desarrollo y aprendizaje de la conducta
todos son como maestros. La educación tiene lugar en
la relación con otras personas y cumple varias funciones:
asimilación de la tradición, desarrollo de nuevos patrones
sociales y papel constructivo de la educación. La edu-
cación se trasmite de manera formal o informal según
haya sido creada, más o menos deliberadamente, con el
fin de educar. En general, la evolución de un niño tiene
lugar en el contexto de la familia, la escuela, el grupo de
amigos y los medios de comunicación.
La familia y el aprendizaje. La familia es trans-
misora informal de la educación y es la que tiene mayor
responsabilidad en la socialización del niño. Su labor
educativa empieza a partir del nacimiento. En el hogar,
el niño aprende el lenguaje de los padres, los hábitos de
47
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
alimentación y de limpieza, las actitudes, los prejuicios y un
concepto de disciplina; y no deja de ejercer su influencia
a pesar de que el niño empiece a asistir a la escuela. Es
una institución social universal que ejerce más funciones
sociales que ninguna otra entidad. Entre esas funciones
se encuentran: la económica, la recreativa, la religiosa, la
educativa y la protectora. No obstante, debido a los cam-
bios que están ocurriendo en las sociedades complejas, la
familia de hoy comparte con otras instituciones muchas
de sus funciones. Los padres serán los encargados, princi-
palmente, de contribuir a esa labor a través de su amor y
cuidados, ya que son las figuras de identificación para los
niños. Es decir, la vida familiar será la primera escuela de
aprendizaje emocional. También van a influir en el mayor
número de experiencias del niño, repercutiendo estas en
el desarrollo de su personalidad. De esta forma, al con-
trolar la mayor parte de las experiencias de los niños, los
padres contribuyen al desarrollo de la cognición social.
La escuela y el aprendizaje. Es la institución a la
cual le corresponde, prioritariamente, la educación formal
de niños y jóvenes, y que debe ser regida por una persona
competente y bien preparada (figura del maestro/profesor).
La escuela tiene la responsabilidad de transmitir destrezas
tales como la lectura, escritura y aritmética, imprescindi-
bles para futuros y mayores aprendizajes; aun cuando no
puede limitarse, únicamente, a promover el desarrollo
intelectual del educando. Su función ha de ser fomentar
el desarrollo integral de los menores, actuando no solo
sobre los aspectos intelectuales sino, también, sobre los
48
El desarrollo y aprendizaje de la conducta
aspectos sociales, físicos y emocionales; además, ejerce
una importante función de socialización. El maestro es
un agente socializador y en la escuela el estudiante se
relaciona socialmente con otros estudiantes.
El grupo de amigos y de juego, y el aprendizaje.
En el juego, el niño aprende a desenvolverse en grupo
fuera de su familia y a participar con otros compañeros
de su misma edad. Aprende la cultura de su sociedad y
adquiere mucha información que no recibe en la fami-
lia. Este grupo tiene, además, la importante función de
ayudar a cultivar el sentido de independencia del niño,
algo tan necesario para el desarrollo de su personalidad;
me refiero a todas aquellas relaciones sociales que se
establecen en campamentos, excursiones,... que, además
de ofrecer oportunidades lúdicas, también satisfacen las
necesidades de relaciones sociales de los jóvenes. En el
entorno del grupo suele producirse la unificación de la
conducta, ya que todos tienden a actuar en una misma
dirección y hacer las mismas cosas, puesto que a esa edad
es necesaria la fuerza que dan los amigos, dado que los
jóvenes, por sí solos, son algo inestables. Si alguno de
los amigos destaca por una personalidad más fuerte, el
resto de compañeros lo sigue e imita.
Medios de interacción pasiva. Se denominan
medios educativos de interacción pasiva porque en ellos
falta esa relación recíproca. Sin embargo, también ejercen su
influencia en la conducta de la persona (prensa, cine, radio,
televisión, videojuegos...). Los niños, hasta que no llegan a
49
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
una edad en la que han desarrollado su capacidad crítica
y selectiva, absorberán la información de esos medios tal
y como aparecen, llegando a acostumbrarse a ellos de tal
manera que, cuando hayan desarrollado dicha capacidad,
estarán tan acostumbrados a lo que ven y a lo que oyen
que no serán capaces de plantearse un análisis crítico. Por
ejemplo, la televisión va creando hábitos incorrectos en los
niños y en las personas, ya que nos muestra una realidad
diferente de la que hemos de vivir, más esa realidad ficticia
es la que aprendemos, asumimos e imitamos. Los padres
deberían dedicar más tiempo a reflexionar sobre este
asunto, pues la televisión abre un mundo violento ante los
ojos de los niños que, en muchas ocasiones, resulta irreal.
No pretendo afirmar que los niños no tienen derecho a
ver la televisión, sino que los padres han de ayudarles a
despertar su espíritu crítico y selectivo y, de esta forma,
hacer de la televisión un medio de aprendizaje positivo.
50
El desarrollo y aprendizaje de la conducta
Errores en las pautas educativas de los
padres: La permisividad
En la sociedad actual, vivimos en un estado demo-
crático y de derecho. Hace unos años, nadie cuestionaba
que el adulto estuviera, o no, en posesión de la autoridad.
Ahora el estado de cosas ha cambiado; de aquel sistema
autoritario de relaciones entre el hombre y la mujer, entre
el maestro y el alumno, entre los padres y sus hijos, se
ha pasado a un sistema democrático. La nueva forma de
vivir ha hecho que los padres comiencen erróneamente
a cuestionarse la posibilidad de dar a sus hijos todo lo
que desearan... hasta acabar considerando que han de
educarlos en la libertad de dejar hacer y que deben ser
51
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
sus amigos.
Muchos padres se sienten culpables por trabajar
demasiado y no poder dedicar a sus hijos el tiempo su-
ficiente, por lo que los premian con regalos materiales
para suplir sus ausencias; ceden a sus caprichos y algunos
defienden los comportamientos de sus hijos en la escuela
y los apoyan, contribuyendo, con ese comportamiento, a
la pérdida de autoridad de los profesores... Esta forma de
educar desde la permisividad, con la idea equivocada de
que así mejorarán su imagen como padres, puede llevar
a que pataletas y rabietas de escasa importancia vayan
incrementándose en intensidad y frecuencia y a que los
progenitores, poco a poco, pierdan la autoridad. Educar
desde la democracia no implica permisividad, ya que es
fundamental que los padres sepan decir un no, tajante y
a tiempo, a sus hijos; han de poner límites, saber sobre
sus amistades, conocer lo que les motiva y lo que les
preocupa, saber cómo y qué se sienten, interesarse por
su estudios…
Cuando en una familia los padres poseen un estilo
educativo permisivo, estamos entendiendo que la educa-
ción que dan a sus hijos se basa en la falta de normas y
límites. Le dejan total libertad al niño para realizar aquello
que quiera y en el momento que desee; no ejercen el rol
de autoridad que como padres deberían manifestar y,
sucediendo todo lo contrario, es el hijo el que va adop-
tando esa posición de poder. Dejan que sus hijos tomen
sus propias decisiones, establezcan sus propias normas y
52
El desarrollo y aprendizaje de la conducta
manifiesten y controlen su propio comportamiento. Esto
puede llegar a sonar bien y parecer lo más deseable en
la sociedad actual, pero el problema se plantea cuando
el niño, que no conoce normas ni pautas, debe tomar
adecuadamente sus propias decisiones, ¿qué criterio sigue
para decidir?, ¿cómo sabe si es lo correcto?; si no se limita
su comportamiento, entonces... ¿todo vale?.
El estilo permisivo o sobreprotector lleva a la labilidad
emocional o alteración en la expresión de las emociones,
generando una baja habilidad para empatizar con los
sentimientos de los demás. En este caso, los menores
poseen poca motivación para la acción, es decir, esca-
sos hábitos de esfuerzo para emprender la realización
de un proyecto personal. Además, genera en ellos una
baja capacidad de autocontrol emocional. Los padres
permisivos, para controlar el comportamiento del niño,
imponen castigos que suelen ser excesivamente flexibles
y acaban no siendo cumplidos por el menor. De tal forma
que, cuando los padres tratan de imponerse, el niño no
es capaz de tolerar frustraciones y reacciona con ira e,
incluso, se muestra agresivo. El menor tiene la idea de
que es él quien tiene el poder en casa y que sus padres
no pueden arrebatárselo. La falta de normas y límites en
el hogar, contribuye a la creación de una personalidad
caprichosa, egoísta y tensa, en la cual el niño se relaciona
53
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
con la exigencia y la falta de autocontrol y de tolerancia
a la frustración.
Desarrollo de la conducta: Las rabietas y
pataletas
A partir del día de su nacimiento, el niño entra en
un proceso constante de aprendizaje en el que recibe la
influencia del medio social y afectivo que le rodea. Desde
ese momento y sin necesidad de que nadie le enseñe, el
bebé aprende que si tiene hambre, si tiene sueño, si se
encuentra mal, si está molesto... debe quejarse y llorar con
el fin de lograr captar la atención del adulto para que le
ayude a paliar su malestar. Se trata de las necesidades
básicas (hambre, sueño, sed...), aunque más adelante
54
El desarrollo y aprendizaje de la conducta
empiezan a aparecer otras nuevas llamadas de atención
orientadas a satisfacer sus caprichos; como, por ejemplo,
cuando el bebé se queja porque quiere estar más tiempo
cogido en brazos, o quiere dormir con sus padres,... La
conducta expresiva es un medio de comunicación y esa
expresión emocional de los niños se observa a través
de los rasgos visibles de su conducta. Estos indicadores
externos nos permiten conocer sus sentimientos a nivel
interno (Gesell, A.; Ilg, F.L. y Ames, L.B., 1998).
Es entre los dos y los tres años, cuando los niños
entran en un periodo de contradicción en el que quieren
poner a prueba a sus padres. Ellos quieren tomar sus
propias decisiones y tienen una actitud egocéntrica con
la que asumen que los adultos deben cumplir sus deseos
aquí y ahora. A esa edad, el niño se siente seguro cuando
diariamente sigue sus rutinas y esto le hace estar tranquilo,
por ejemplo, se pone el pijama, cena y duerme siempre
a la misma hora y sigue idéntico orden al hacerlo; tal es
así que los cambios en su ritmo cotidiano le hacen sen-
tirse inseguro e inquieto. En muchas ocasiones, el niño a
esta edad se vuelve controlador, mandón y terco, quiere
saber todo lo que sucederá después y los planes que le
esperan. Unas veces, protesta por la ropa que quiere po-
nerse o, bien, no quiere vestirse; otras, se niega a comer
o selecciona los alimentos que más le apetecen; impone
qué ver en la tele, qué quiere que le compren y cuándo
salir a la calle; rehúsa ir a dormir a la hora adecuada o
quiere ser él quien establezca cuál es el momento para
irse a la cama... Su tolerancia a la frustración es muy baja,
55
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
lo que conlleva que se altere fácilmente y descargue su
ira o rabia a través de una pataleta o rabieta cuando las
cosas no son como él espera o desea. Pretende que la
satisfacción de sus necesidades y deseos sea inmediata,
y todavía no ha aprendido a posponer el cumplimiento
de sus demandas para más tarde.
Hace poco caso de las prohibiciones debido a que es
en esos momentos cuando pone a prueba a sus padres, así
va asimilando lo que se puede y no se puede hacer a través
de las limitaciones que le ponen sus padres. En algunos
momentos y en ciertas circunstancias es muy dependiente
de sus progenitores pero, en otras, quiere hacer las cosas
por sí mismo. Poco a poco va aprendiendo y asumiendo
las normas y hábitos de comportamiento en su familia,
56
El desarrollo y aprendizaje de la conducta
con sus amigos, en la escuela... Se muestra egocéntrico
en su comportamiento, peleando por la posesión de un
determinado juguete u objeto. Manifiesta sus primeros
signos de orgullo, de celos,... Todavía le cuesta asumir
el que no le den la razón los adultos y otros niños y, en
muchos casos, reacciona con agresividad o ira.
Teniendo en cuenta las características evolutivas,
podemos afirmar que las rabietas son conductas totalmen-
te normales a esta edad, por este motivo, no debemos
preocuparnos en exceso. Con más o menos intensidad y
con mayor o menor frecuencia, las rabietas y pataletas
siempre aparecen en algún momento en la infancia del
niño. Aprenden que por medio del llanto y otras formas
de protesta llaman la atención de sus padres de forma
sencilla, tal como hicieron desde el momento en que
nacieron. Es un poderoso recurso con el que cuentan los
niños. Durante los primeros meses de vida lo utilizaban por
necesidad y como medio para trasmitir sus demandas, el
problema se presenta cuando su uso se vuelve intencional
y desmesurado para conseguir de forma caprichosa todo
lo que desea. En estos casos ya no se trata de una nece-
sidad real, sino una manera de conseguir algo. Algunas
características evolutivas más significativas de los niños
de 2 y 3 años son:
Reacciona con agresividad cuando no le dan la
razón los adultos u otros niños.
Hace poco caso de las prohibiciones que le ponen
los adultos pero, poco a poco, va asimilando las
57
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
normas que le inculcan.
Le gusta hacer las cosas solo.
Se muestra egocéntrico en su comportamiento.
Manifiesta sus primeros signos de orgullo, de
celos,... Le cuesta asumir el que no le den la
razón los adultos y otros niños y, en muchos
casos, reacciona con agresividad o ira.
Comienza a establecer relaciones sociales con
los niños de su edad y se dan las circunstancias
apropiadas para aprender a compartir.
Imita lo que realizan los adultos (aseo, labores do-
mésticas,...). Se puede aprovechar esta situación
para hacer juegos en los que se incite y oriente
al niño a hacer esas acciones que queremos
58
El desarrollo y aprendizaje de la conducta
que aprenda, tales como recoger sus juguetes,
colaborar en quitar y poner la mesa...
El niño comienza a participar en juegos de es-
cenificación representando papeles de adulto.
Le gusta imitar la forma de comportarse de sus
padres, hace el papel de su maestra y regaña
a sus muñecos, se convierte en un bombero
que apaga incendios o en el médico que pone
inyecciones a los enfermos.
Habla de sí mismo en primera persona (yo, mi,
me), en lugar de usar su nombre.
Quiere controlar su mundo y, frecuentemente,
se vuelve mandón, tenso y rígido. En estas oca-
siones, muestra su deseo de ser él quien manda
en su hogar.
Cuando es bebé, aprende que sus necesidades
son atendidas si llama la atención a sus padres
con el llanto y la protesta; más tarde, puede usar
este tipo de conductas para conseguir caprichos.
Su lenguaje se está desarrollando y cada vez tiene
más curiosidad y es capaz de hacer más cosas
por sí mismo. Todavía no tiene los suficientes
recursos para expresarse con su lenguaje oral, si
quiere algo y no lo consigue se siente frustrado
y muestra sentimientos de enfado y rabia que
manifiesta a través de una pataleta.
Muestra una gran variabilidad en su comporta-
miento, así puede mostrarse sumiso en un mo-
mento y, unos minutos más tarde, independiente.
Tiene baja tolerancia a la frustración, cosa que
59
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
demuestra a través de pataletas y rabietas. Esa
tolerancia a la frustración es algo que se va apren-
diendo; por lo tanto, debe entender que no siempre
se saldrá con la suya y que tiene que obedecer
cuando le dicen no. El aprendizaje se produce de
manera gradual, a través de la experimentación
de diversas situaciones en las que aprende, paso
a paso, a superar el fracaso el error.
Limites para el comportamiento inadecuado
Debemos actuar sobre el comportamiento inadecuado
y acotarlo. Los padres pueden mostrarse flexibles y plantear
opciones diferentes, pero aun así, el niño querrá poner a
60
El desarrollo y aprendizaje de la conducta
prueba los límites que le imponen. Como ya hemos visto,
esto forma parte de la normalidad dentro del desarrollo,
siendo lo más difícil ser persistente y constante en los límites
que se establecen y aun cuando, en más de una ocasión,
uno se vea tentado a ceder ante las presiones. La idea de
establecer acotaciones, supone inculcar un aprendizaje sobre
qué es aceptable y qué no lo es. Se trata de enseñar y no
solo poner barreras a un comportamiento. Con la disciplina,
los niños aprenden a comportarse adecuadamente, a auto-
controlarse, a tolerar frustraciones… Por eso es primordial
que nos mantengamos firmes frente a determinados límites
de gran importancia para nosotros, ya que están en relación
con los valores que queremos transmitir. Cada vez que ce-
demos en los límites establecidos por nosotros mismos, le
estamos dando al niño una nueva oportunidad para seguir
poniendo a prueba esos límites. Sin embargo, nunca se
ha de olvidar que todo esto se debe realizar dentro de un
marco flexible, puesto que habrá momentos en los que es
mejor negociar con el niño, o hacer la vista gorda, lo cual
contribuirá también a que el niño desarrolle su autonomía
y sea capaz de superar sus propias frustraciones.
Aprendizaje y modificación de la conducta
La modificación de conducta es una técnica terapéutica,
que ha sido, y sigue siendo, muy utilizada para resolver
gran variedad de problemas psicológicos (trastornos de
comportamiento, adicciones, neurosis, timidez..), siendo
61
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
particularmente útil en niños. Se pueden utilizar Programas
de Economía de Fichas en los que se establecen una serie
de reglas que hay que respetar; y si estas se cumplen, por
parte del niño, se le van concediendo fichas o puntos que
irá acumulando para después intercambiarlos por salidas
al cine, un helado, un juego de la consola que desea... Por
el contrario, si no se cumplen esas normas se le pueden
retirar fichas conseguidas. Los elementos que se pueden
aplicar en la modificación de conductas se recogen en la
Tabla 2.1.
Tabla 2.1. Elementos de las técnicas de modificación de
conducta
Elementos Definición
Refuerzo Cuando se presenta una recompensa ante una
situación aumentan la probabilidad de que ocurra
positivo o una respuesta. Las respuestas que son recom-
recompensa pensadas tienen alta probabilidad de repetirse.
Basado en estímulos desagradables, cuya
supresión aumenta la probabilidad de que
Refuerzo tenga lugar la respuesta. Por ejemplo, tienen
negativo alta probabilidad de repetirse las respuestas
que reflejan actitudes de escape al dolor o de
situaciones no deseables.
Extinción o Las respuestas que no son o dejan de ser re-
ausencia de forzadas, disminuyen la probabilidad de que
refuerzo se repitan.
62
El desarrollo y aprendizaje de la conducta
Las respuestas que son castigadas con conse-
cuencias no deseables cambian la probabilidad
de que ocurran. El refuerzo negativo no es lo
mismo que castigo, puesto que el reforzamiento
Castigo (positivo y negativo) aumenta la probabilidad
de que un comportamiento dado ocurra más a
menudo (presentando o retirando el reforzador);
en cambio, el castigo es administrado para
lograr que un comportamiento ocurra menos
frecuentemente.
El Modelo de Aprendizaje Cognoscitivo Social de Ban-
dura (1925), que da más valor a los pensamientos que
intervienen en el aprendizaje, se puede ejemplificar a
través de un estudio basado en una película de una de
sus alumnas. En este estudio se grabó un vídeo en el que
una estudiante pegaba a un muñeco, se sentaba encima
de él y le golpeaba con un martillo, gritándole frases
agresivas. Después, les enseñó la película a un grupo de
niños de una guardería y, posteriormente, se les dejó
jugar a ellos con otro muñeco de similares característi-
cas. Los observadores vieron cómo los niños golpeaban,
63
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
gritaban, insultaban, pegaban y pateaban al muñeco.
De este estudio podemos concluir claramente que los
niños imitaron a la joven de la película de una manera
bastante precisa, lo cual es importante, ya que los niños
cambiaron su comportamiento sin que se les presentara
inicialmente un refuerzo que incrementara la probabilidad
del comportamiento que queríamos que imitaran. Los
niños aprenden muchas veces por imitación. Por eso, los
padres son un modelo muy importante. Los resultados no
encajaban con las teorías conductuales que rechazaban
la existencia de cualquier tipo de cognición. Bandura
llamó a este fenómeno aprendizaje por observación o
modelado, y su teoría se conoce como teoría social del
aprendizaje. Se hicieron numerosas variaciones del estudio
(se cambió el muñeco, se introdujeron refuerzos...) y, a
raíz de los resultados obtenidos, estableció los pasos que
se dan en el proceso de modelado:
Atención. Para aprender algo necesitamos prestar
atención y todo aquello que lo impida (tener
sueño, estar nervioso, enfermo, estar distraído...)
perjudicará el aprendizaje. También influyen
las propiedades del modelo; así, si el modelo
es atractivo prestaremos más atención, o si se
parece más a nosotros también incrementaremos
la atención.
Recordar el comportamiento. Para ser capaces
de retener y recordar aquello a lo que le hemos
prestado atención tenemos que hacer uso de la
imaginación y del lenguaje.
Reproducción. Debemos traducir las imágenes
mentales o descripciones verbales a comporta-
64
El desarrollo y aprendizaje de la conducta
miento, reproduciendo lo aprendido.
Motivación. Es importante la motivación para
imitar el comportamiento. Los motivos pueden
ser premios o refuerzos pasados, refuerzos
prometidos... Además, hay que tener en cuenta
las motivaciones negativas que nos llevan a no
imitar (el castigo pasado, las amenazas...).
El castigo en sus diferentes formas no funciona tan
bien como el refuerzo en el aprendizaje y, de hecho,
tiene la tendencia a volverse contra nosotros. Los tera-
peutas recomiendan el uso de reforzadores y evitar
los castigos, siempre que sea posible, en la resolución
de los problemas conductuales en niños, ya que se ha
demostrado su mayor efectividad en la práctica.
¿Cómo podemos modificar la conducta de
los niños?
Ejercen un papel importante en el comportamiento de
los niños los premios o recompensas que tales conductas
obtienen en el ambiente donde viven. Los niños aprenden
y adquieren conductas que producen mayor estimulación
y atención social por parte de los padres, compañeros,
amigos, profesores y demás personas. Es razonable pensar
que si la atención social es una consecuencia infalible y
reforzadora de la conducta anómala del niño, un cambio
sistemático de estas contingencias sociales debe tener
valor terapéutico. Si se pudiera entrenar a las personas que
65
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
forman parte de su ambiente social para que no hiciesen
caso de su conducta anómala y respondiesen, en cambio,
al comportamiento más normal y adecuado, aumentaría
la probabilidad de que esta última ocurriera y llegaría a
ser un rasgo característico del niño. Además, las conductas
anómalas, al no ser reforzadas, irían disminuyendo hasta
llegar a desaparecer. La conducta anómala se produce
porque recibe apoyo de contingencias de reforzamiento
establecidas por el ambiente social del niño. El tratamiento
e intervención conductual debería ir dirigido a cambiar las
contingencias, es decir, las consecuencias de su conducta.
Los miembros de su ambiente social deberían prestar aten-
ción preferencial a su conducta no anómala (por ejemplo,
felicitarle cuando está en silencio y tranquilo, esto aumentará
las probabilidades de que esta conducta positiva vuelva a
suceder). Sin embargo, hay que tener en cuenta que en la
realidad el proceso no es tan sencillo.
66
El desarrollo y aprendizaje de la conducta
Conducta Recompensarla, felicitarle y prestarle
adecuada atención cuando la manifiesta.
Conducta No prestarle atención,
inadecuada siempre y cuando sea posible.
Pautas educativas que deben aplicar los
padres
Las pautas educativas que establecen los padres con
sus hijos determinan el desarrollo de su comportamiento
y guían su vida diaria. Por este motivo, los progenitores
deben hacer uso de un estilo educativo óptimo para lo-
grar el adecuado desarrollo socio-afectivo y conductual.
La familia constituye el lugar principal para promover el
desarrollo y el aprendizaje de los hijos. Los padres tienen
un papel fundamental en la adaptación personal, escolar
y social del niño, siempre y cuando le garanticen un ade-
cuado ambiente de afecto, apoyo, seguridad, confianza y
comunicación. Deben inculcar valores y normas de con-
ducta acordes con las situaciones y los comportamientos
socialmente apropiados, y estimular el aprendizaje y la
motivación de logro.
Los padres deben implicarse y participar en el pro-
ceso educativo, tanto en el hogar como en la escuela,
así como en el ocio y en la promoción de estilos de vida
67
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
saludables. Los programas de educación para padres
contemplan como objetivo primordial que ellos sean
capaces de reflexionar sobre su filosofía educativa para
poder especificar lo que hacen, por qué lo hacen y para
qué lo hacen (Márquez, M.L.; Rodrigo, M.J.; Capote, C. y
Vermaes, I. 2001). Analizando y reflexionando sobre sus
errores educativos a partir de las vivencias experimentadas,
estarán apercibidos sobre los posibles cambios a introducir.
Esos aspectos son los deseables para la educación
adecuada de un niño, sin embargo, esto no siempre
es posible. Algunos padres ponen en práctica pautas
educativas perjudiciales para el adecuado desarrollo
psicológico, emocional y conductual del menor; y, en
la mayoría de las ocasiones, no son conscientes de qué
les lleva a actuar de una manera u otra con sus hijos,
no tomando conciencia del tipo de interacciones que se
producen dentro del contexto familiar. Todo ello puede
ser fruto de la ignorancia, de la dejadez, del estrés, de
la escasez de tiempo,... En estos casos se puede dar falta
68
El desarrollo y aprendizaje de la conducta
de supervisión, abandono físico o psicológico de los hijos
(carencia de afecto, escasa estimulación social o lúdica...),
incoherencia parental en la educación (confundiendo a
los niños acerca del comportamiento que los adultos
esperan de él), falta de autocontrol emocional de los
progenitores ante las transgresiones de las normas de
los menores, descargando su frustración en los hijos a
través de la violencia física y/o psicológica...
¿Cuál es el estilo educativo adecuado para el
desarrollo óptimo de los hijos? Los padres deben conocer
y valorar a su hijo que, a veces, no sabe cuáles son sus
posibilidades. Si exploran y definen sus limitaciones sabrán
hasta dónde pueden exigirle. Les podrán responsabilizar
de todo aquello que son capaces de hacer. Por ejemplo,
si el niño sabe y es capaz de vestirse, se le pedirá que lo
haga por sí solo y no se negociará si le visten los padres
o no. Si el niño comprende que no se le puede comprar
todo lo que desea, los padres no deben ceder cuando
este protesta porque quiere que le compren un juguete.
En la actualidad, las opiniones acerca de los estilos
educativos son muy diversas. Hay estudios que señalan
que, en familias recién formadas después de una separa-
ción, el estilo que más favorece la autoestima de hijos e
hijas es el permisivo. Sin embargo, otros trabajos ponen
de manifiesto que, en familias asiáticas y afro-americanas
residentes en Estados Unidos, los hijos de padres au-
toritarios son los mejor adaptados. Existe una relación,
suficientemente probada, entre estilo democrático y
69
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
ajuste adolescente, pero la fuerza de esta relación varía
en función de las muestras y los contextos, así como de
las variables de ajuste tomadas en cada estudio. Resulta
evidente que los adolescentes se benefician de un estilo
democrático que combina afecto, firmeza y autonomía
psicológica; no obstante, existen elementos externos a la
familia (el apoyo de su contexto social, las características
socio-económicas del entorno o el grupo de iguales) que,
en unos casos, acentúan o, en otros, limitan el impacto
del estilo educativo sobre el bienestar adolescente. En
las sociedades industrializadas actuales, las características
que promueven el estilo democrático (auto-confianza,
motivación de logro, autocontrol, desarrollo moral o
percepción de competencia) son las más deseables y las
que facilitan una mejor adaptación (Steinberg, L. 2001).
Clasificación de los estilos educativos
parentales
En función de lo anteriormente desarrollado, podemos
establecer diferentes estilos parentales, siempre teniendo
en cuenta que estos estilos educativos suelen ser mixtos,
que varían con el paso del tiempo y el desarrollo del
niño. Además, también están influidos por el sexo del
70
El desarrollo y aprendizaje de la conducta
niño, su posición en el número de hermanos... Se podría
decir que son tendencias globales de comportamientos.
No podemos olvidar que las relaciones entre padres e
hijos son bidireccionales, y que los hijos influyen sobre
el comportamiento de los padres de forma decisiva.
Se incluye también los efectos educativos que estos
rasgos de conducta suelen tener sobre los hijos.
Tipología de Rasgos de con- Consecuencias educa-
socialización ducta tivas
familiar parental sobre los hijos
71
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
Afecto manifiesto. Competencia social.
Sensibilidad ante Autocontrol.
Democrático las necesidades Motivación.
o autoritario del niño: respon- Iniciativa.
sabilidad. Moral autónoma.
Explicaciones. Alta autoestima.
Promoción de la Alegres y espontáneos.
conducta desea- Autoconcepto realista.
ble. Responsabilidad y
Disciplina induc- fidelidad a compromisos
tiva o técnicas personales.
punitivas razona- Prosociabilidad dentro y
das (privaciones, fuera de la casa (altruis-
reprimendas). mo, solidaridad).
Promueven el Elevado motivo de logro.
intercambio y la Disminución en fre-
comunicación cuencia e intensidad de
abierta. conflictos padres-hijos.
Hogar con calor
afectivo y clima
democrático.
72
El desarrollo y aprendizaje de la conducta
Autoritario Normas minucio- Baja autonomía y auto-
sas y rígidas confianza.
Recurren a los Baja autonomía personal
castigos y muy y creatividad.
poco a las alaban- Escasa competencia
zas social.
No responsabili- Agresividad e impulsivi-
dad paterna dad.
Comunicación Moral heterónoma (evita-
cerrada o unidirec- ción de castigos)
cional (ausencia Menos alegres y espon-
de diálogo) táneos.
Afirmación de
poder
Hogar caracteriza-
do por un clima
autocrático.
73
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
Indulgente o Indiferencia ante Baja competencia social.
Permisivo sus actitudes y Pobre autocontrol y hete-
conductas tanto rocontrol.
positivas como Escasa motivación.
negativas. Escaso respeto a normas
Responden y y personas.
atienden las Baja autoestima, insegu-
necesidades de los ridad.
niños. Inestabilidad emocional.
Permisividad. Debilidad en la propia
Pasividad. identidad.
Evitan la afirma- Autoconcepto negativo.
ción de Graves carencias en
autoridad y la autoconfianza y autorres-
imposición ponsabilidad.
de restricciones Bajos logros escolares.
Escaso uso de
castigos, toleran
todos los impulsos
de los niños.
Especial flexibili-
dad en el estable-
cimiento de reglas.
Acceden fácilmen-
te a los deseos de
los hijos.
74
El desarrollo y aprendizaje de la conducta
Negligente No implicación Escasa competencia
afectiva en los social.
asuntos de los Bajo control de impulsos
hijos. y agresividad.
Dimisión en la Escasa motivación y
tarea educativa, capacidad de esfuerzo.
invierten en los Inmadurez.
hijos el menor Alegres y vitales.
tiempo posible.
Escasa motivación
y capacidad de
esfuerzo.
Inmadurez.
Alegres y vitales.
Fuente: Torío López,S. Y alt. (2008)
¿Qué determina la forma en que unos padres edu-
can a sus hijos?, ¿qué hace que, como padres, tengamos
un estilo educativo u otro? Parece que las causas que
determinan el estilo parental se basan en una serie de
variables sociológicas, ambientales y psicológicas. Entre
los factores psicológicos de la vida de los padres que
se correlacionan con los estilos educativos están los
siguientes: la satisfacción marital, las creencias sobre la
disciplina, la historia de abuso, la depresión y el nivel
de apoyo parental, el estado emocional negativo, la
edad y la educación de la madre, el estrés económico
familiar, la estabilidad a lo largo de la vida y los rasgos
de personalidad. Los resultados indican que las variables
mencionadas correlacionan, entre moderado y alto, con
los estilos parentales, por lo que todas ellas repercuten
75
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
directamente en el comportamiento de los hijos (Metsa-
pelto, R.L., Pulkkinen, L. y Poikkeus, A.M., 2001).
En general, la mejor forma de educar a nuestros
hijos e hijas es hacerlo desde la responsabilidad, no de-
jándolo como algo casual. Debemos reflexionar sobre la
educación que en su día recibimos de nuestros padres
para comprobar si, de alguna manera, estamos repitiendo
idéntico patrón sin darnos cuenta, rememorando, así,
las cosas que no nos gustaron y que consideramos que
hicieron mal en nosotros, todo ello con el fin de intentar
mejorarlo con nuestros hijos.
El mejor estilo educativo es, como comentaba ante-
riormente, aquel que ha sido precedido de una reflexión
sobre lo adecuado e inadecuado de la relación con el
hijo. El estilo parental que se correlaciona con un buen
funcionamiento psicológico en los menores es el asertivo-
convincente o centrado en el niño. Por supuesto que
76
El desarrollo y aprendizaje de la conducta
cada estilo tiene sus consecuencias positivas y negativas,
pero el proceder adecuado es acercarse lo más posible
al estilo democrático. Este modelo de educación facilita la
adaptación social, la autonomía, las habilidades sociales,
el autocontrol, el desarrollo de las competencias sociales,
la autoestima personal y escolar, mayor tolerancia a la
frustración y la inteligencia emocional. También se ha
correlacionado con la creatividad, con un compromiso
efectivo con el estudio y con las estrategias de aprendi-
zaje; también, con el buen desempeño académico y la
madurez psicológica, la motivación intrínseca, capacidad
de relación y autorregulación del comportamiento...
Lo conveniente es que nos fijemos unos objetivos a
conseguir en nuestros hijos y, en función de esto, adecuar
nuestro estilo de educación para alcanzar esos fines. Por
77
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
ejemplo, una meta ideal puede ser que nuestros hijos
crean en sí mismos y en sus capacidades, que se aprecien
como personas y se sientan más valorados que criticados,
que sepan tolerar las frustraciones diarias, que fijen sus
objetivos en la vida y se esfuercen por cumplirlos, que
sean extrovertidos mostrando su alegría y su felicidad,
que crean en sus padres y en su amor incondicional,
que sepan aceptar sus propios errores sin resentimientos,
que asuman sus responsabilidades y se hagan cargo de
ellas, que respeten a los demás y sepan convivir y coo-
perar, que se sientan a gusto en casa y fuera de ella y
expresen sentimientos positivos y negativos de manera
emocionalmente coherente. En definitiva, se trata de dis-
frutar plenamente de ser padre o madre y no caer en la
dinámica de aparcar a los hijos dejando que se eduquen
solos o que les eduquen los demás.
Los adultos somos modelos de conducta para los
niños (padres, familiares, educadores...)
Cuando queremos que nuestros hijos aprendan a
comportarse apropiadamente, debemos tener en cuenta
que no solo le enseñamos a hacerlo de forma directa con
la educación que le inculcamos, si no que también juega
un papel importante el aprendizaje que tiene lugar de
forma indirecta, es decir, aquel que no se produce de
manera intencional si no a través de lo que sus sentidos
perciben en las situaciones y circunstancias que constitu-
yen sus vivencias. Por este motivo, los adultos debemos
78
El desarrollo y aprendizaje de la conducta
cuidar nuestra forma de comportarnos cuando estemos
en su presencia, ya que:
1. Los adultos somos modelos de comportamiento.
La educación no se trata de decir: Haz lo que yo
digo, pero no hagas lo que yo hago. Debemos
tener una actitud dialogante en el hogar, evi-
tando gritar y perder el control,... No podemos
pedirle a nuestro hijo que no grite o que no se
enfurezca, cuando nosotros mismos tenemos
pataletas en casa y él las presencia.
2. Los niños imitan el comportamiento adulto.
Hemos de comportarnos tal como queremos
que se comporten nuestros hijos, teniendo
siempre presente que los menores imitan los
comportamientos de sus adultos y aprenden de
ellos. Debemos ser ejemplo de cómo se afrontan
responsabilidades, de cómo se toleran frustra-
ciones, de cómo se superan contratiempos, de
cómo se expresan desacuerdos y quejas...
Los padres deben ser persistentes y
coherentes en su forma de actuar
Los cambios que queremos que se den en nuestro
hijo, como consecuencia de las modificaciones que intro-
duzcamos en nuestro estilo educativo, no se producen
de inmediato. Para conseguir resultados satisfactorios,
es absolutamente necesario ser persistentes en el tiempo.
79
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
El niño no aprende a comportarse adecuadamente de
la noche al día, si no que hay que ir modelando poco
a poco su personalidad, lo cual requiere paciencia y
constancia. Además, es bien cierto que las mejoras que
se van a producir se darán, en mayor o menor tiempo,
en función de lo instauradas que estén las pataletas en
el niño. Si el niño ha aprendido a comportarse así hace
años, tardaremos más en obtener beneficios, pero, si por
el contrario, empezamos a actuar así desde las primeras
pataletas, nos resultará mucho más fácil obtener resultados
positivos a corto plazo.
Otro factor importante, a tener siempre muy en
cuenta, es la coherencia que por parte de los progenitores
se exteriorice a la hora de educar; puesto que si existen
80
El desarrollo y aprendizaje de la conducta
contradicciones entre ellos es posible que el niño se sienta
confundido acerca de su forma de actuar, por lo que o
no obtendremos mejoras, o estas se producirán a largo
plazo, o el comportamiento del niño variará en función
del progenitor que esté presente.
Orientaciones para favorecer la conducta del niño:
establecer normas y poner límites
Ser firmes y consistentes, explicar el por qué de
nuestra actitud, acentuar lo positivo y ofrecer opciones,
son algunos consejos para aprender a poner límites con
cariño a nuestros hijos. Aunque las pataletas sean algo
normal dentro del desarrollo evolutivo del niño, eso no
justifica que las permitamos. Es entonces cuando empieza
81
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
la tarea de los padres, su función es generar confianza
en sus hijos para que ellos, ya desde pequeños, sean
capaces de expresarles y confiarles sus pensamientos y
sentimientos; aunque, por otro lado, tienen que saber
poner límites y establecer la disciplina necesaria.
Para que los padres aprendan a fijar límites y establecer
disciplina con respeto y cariño deben tener en cuenta que:
Han de ser concretos y objetivos. Hay que evitar
hablar en términos generales, utilizando expre-
siones como eres muy malo, siempre te portas
mal, eres muy nervioso... Los niños entienden
mejor las cosas cuando se les especifican los
límites concretos: eso que has hecho no está
bien, ahora estás un poco cansado...
Tienen que rechazar la conducta inapropiada,
pero nunca al niño. Evitar calificar al niño como
malo, travieso, nervioso... es la conducta que
ha realizado la que hay que valorar (eso que
has hecho está mal, tienes que cuidar de tus
juguetes...).
Deben ofrecer opciones para no limitar las con-
versaciones con ellos a órdenes sucesivas. Si les
ofrecen una única opción, sienten que se les está
dando una orden; en cambio, si se les ofrecen
dos opciones, sienten la libertad de elección y
el poder de ser ellos quienes deciden. Tal es el
caso de que, al llegar la hora de vestirse, se le
82
El desarrollo y aprendizaje de la conducta
puede decir, ¿quieres ponerte la camiseta roja
o la azul?. Las elecciones frecuentes en cosas de
poca importancia, le hacen al niño sentir que él
también puede tomar decisiones en lo que quiere
en su vida; por ejemplo, ¿quieres merendar un
bocadillo o un trozo de bizcocho?.
Es necesario que sean firmes en sus decisiones.
Cuando hayan decidido limitar una conducta
deben hacerlo siempre, y no cambiar la deci-
sión en función de su estado de ánimo o de
cansancio,...
Deben ser coherentes. Los progenitores deben
estar de acuerdo entre ellos con el estilo de
educación que desean inculcar a su hijo y no
mostrar desacuerdos en su presencia.
Han de centrar la atención en lo positivo. Sin
ser plenamente conscientes, muchas veces, limi-
tan la relación con los niños a una sucesión de
comentarios del tipo: no toques eso, no grites,
83
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
no hagas eso, no comas de aquello..., obtenien-
do como respuesta justo el comportamiento
contrario al esperado; es decir, el niño sigue
tocando, gritando, haciendo, comiendo... El niño
sabe que no queremos que actúe así, pero no le
ofrecemos una alternativa a su comportamiento
o una manera mejor de hacerlo. Deberíamos,
pues, centrarnos en lo positivo, en aquello que
realmente queremos que haga el niño, evitando
dar mensajes en sentido negativo; por ejemplo,
tendríamos que decirle: tócalo con cuidado, habla
más flojito, hazlo de esta manera mejor, come
esto que te gustará más...
Sus órdenes serán dadas de forma impersonal.
No se deben fomentar las luchas de poder porque,
84
El desarrollo y aprendizaje de la conducta
si fuera así, el niño no se centraría en el mensaje
que se le da sino en ganar. Por ejemplo, si le
decimos: quiero que te comas todo lo que hay
en el plato ahora mismo, estamos enfrentándonos
con el niño; sin embargo, si le decimos: vamos
a comer que es la hora, estamos dirigiendo la
atención del niño al hecho de comer.
Deberán explicar los motivos de los límites que se
establecen. Al explicar los motivos por los cuales
se establecen los límites, están favoreciendo el
hecho de que el niño comprenda los motivos de
las órdenes, creando así la predisposición a que
las cumpla en más ocasiones. Por ejemplo, si sabe
que no puede tocar un enchufe porque puede
hacerse daño, o que si trata mal sus juguetes se
romperán e irán a la basura... conocerá entonces
los motivos que le deben llevar a no actuar así.
Es primordial que controlen sus emociones. Con
frecuencia, cuando están enfadados imponen
castigos, se enfurecen y dicen y hacen cosas
de las que después se arrepienten. Los padres,
aplicando la disciplina necesaria, deben enseñar
al niño a comportarse adecuadamente; pues, si
no mantienen la calma y no actúan de manera
coherente, no lograrán el objetivo y estarán en-
señando formas de comportamiento justamente
contrarias a las deseadas.
85
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
Han de prevenir y anticiparse a las situaciones
en las que el niño puede tener cambios de su
estado de ánimo. Sabiendo que un niño puede
cambiar de humor cuando está cansado, tiene
hambre, sueño..., hay que evitar estas situaciones.
86
El desarrollo y aprendizaje de la conducta
Deben decorar la casa a prueba de niños. Si tene-
mos figuras, jarrones, o cualquier otro objeto al
alcance de su mano, corremos el riesgo de que
en un determinado momento pueda romperlos
con un movimiento brusco propio de su edad;
por lo tanto, si los quitamos de en medio, aun
cuando sea por un tiempo, nos evitamos muchos
noes (esto no se toca, esto no lo cojas...), que
pueden ser fuente de frustración y que propician
el que se den nuevas pataletas y rabietas.
Cuando los padres dicen que no, debe ser no.
No deben de ceder cuando el niño protesta
exageradamente porque, si lo hicieran, estarían
recompensando con ello la rabieta. Es por eso
que las normas y límites de los padres deben
ser razonables. Suele darse el caso de que los
padres, en un momento de enfado, pueden llegar
a imponer al niño un castigo desproporcionado
que, a la hora de aplicarlo, se den cuenta de la
imposibilidad o dificultad de su cumplimiento,
por eso es conveniente pensárselo dos veces
antes de asignar una sanción. Por ejemplo, al
decir cosas como: estás castigado un mes sin ver
la tele, no te vuelvo a llevar al parque..., están
hablando de castigos que de forma evidente no
van a cumplir y, de cara al niño, se desautorizan
ellos mismos al no llevar a cabo la sanción que
habían impuesto. Cuando hayan establecido un
límite a una conducta no deben echarse atrás. Las
normas deben ser siempre las mismas y deben
hacerlas respetar tanto el padre como la madre.
87
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
La corrección a una conducta inapropiada debe
realizarse en el momento. Debe hacerse uso de
la autoridad de forma inmediata a la conducta
inapropiada, pero sin prestar atención a la pa-
taleta del niño y sin causarle daño.
88
Capítulo 3
El desarrollo psicomotor
El desarrollo de la conducta motora es un proceso secuen-
cial, progresivo y coordinado a lo largo del cual el niño
adquiere las habilidades que le permitirán la interacción
con el medio que le rodea. La evolución de la motricidad
tiene lugar a través de una serie de etapas por las que
suelen pasar todos los niños a una determinada edad
cronológica, y que puede variar según las características
individuales de cada individuo, es decir, en función de
su grado de maduración cerebral, de la práctica y de la
experiencia. Existen una serie de factores que pueden
influir en su evolución tanto en la etapa prenatal, como en
el momento del parto y después de este. La organización
de los movimientos sucede siguiendo la ley céfalo-caudal
y ley próximo-distal. El desarrollo motor evoluciona desde
los actos reflejos hasta aquellos que son coordinados, vo-
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
luntarios y precisos. Al final de este capítulo, recojo una
serie de orientaciones para llevar a la práctica y favorecer
el desarrollo de la motricidad gruesa y fina.
El desarrollo psicomotor
El desarrollo de la conducta motora, que se manifiesta
a través de la función motriz, es el proceso continuo a lo
largo del cual el niño va adquiriendo progresivamente las
habilidades que le permitirán la interacción con su entorno.
Se produce la evolución de las capacidades para realizar
movimientos corporales y acciones, y las representará
mentalmente y de modo consciente. El movimiento ten-
drá un papel muy importante en el desarrollo del bebé
desde su nacimiento y en su vida futura. El desarrollo en
esta área se produce de manera:
Secuencial: Las capacidades se adquieren siguien-
do un orden determinado, y cada una ayuda y
es necesaria para lograr la siguiente.
Progresiva: Los movimientos y funciones, en
proporción al desarrollo, se vuelven cada vez
más complejos.
Coordinada: Para alcanzar una mayor precisión
y ser más habilidoso, tiene lugar la interacción
de distintas áreas.
90
Desarrollo psicomotor
Dentro del desarrollo motor podemos diferenciar dos
tipos de motricidad en función de las áreas del cuerpo
implicadas:
Motricidad fina. Hace referencia a los movimien-
tos de precisión que realizamos, en especial con
las manos y los dedos, así como a la prensión y
a los movimientos derivados de ello.
Motricidad gruesa. En este caso, se trata de
los movimientos corporales producidos por la
coordinación de grandes grupos musculares
que intervienen en los mecanismos del control
postural, del equilibrio y de los desplazamientos.
91
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
Desarrollo de la conducta motora
La actividad motora del niño, gracias a la cual ex-
plora, conoce y reorganiza el medio, es fundamental
para su desarrollo. El niño descubre el mundo a través
de su contacto y las experiencias que mantiene con él.
El desarrollo motor se produce de manera progresiva,
siguiendo una serie de etapas por las que suelen pasar
todos los niños a una edad cronológica que puede variar
según las características individuales de cada uno de ellos.
El desarrollo de las funciones motoras se correlaciona
con un mayor grado de maduración cerebral. Ese grado de
maduración viene determinado por el nivel de mielinización
cerebral, es decir, por el recubrimiento de las conexiones
entre las neuronas con una membrana especializada que
permite una adecuada transmisión de los impulsos nerviosos.
A lo largo del embarazo, y sobre todo en los últimos meses
de gestación y en los primeros años de vida, se produce
el proceso de mielinización que se inicia unos tres meses
después de la fertilización, aunque, al nacer, hay unas pocas
áreas del cerebro que ya han completado ese proceso, al
igual que los centros del tallo cerebral que controlan los
reflejos de los que depende la supervivencia. Una vez que
se mielinizan los axones (prolongaciones de las células ner-
viosas), las neuronas pueden funcionar de forma completa.
Kolb y Fantie (1997) describen una clara correlación
entre el desarrollo de las conductas motrices y lingüísticas
y el grado de mielinización cerebral, que tiene lugar en
un proceso paralelo al desarrollo de las funciones de las
92
Desarrollo psicomotor
neuronas. A los doce meses, existe una buena mieliniza-
ción del tracto piramidal, mientras que es escasa en las
áreas de asociación, lo que hace que la conducta motriz
del niño le permita caminar de la mano, lanzar y coger
objetos. Poco a poco se va perfeccionando el sistema
nervioso y se mieliniza el córtex, lo que permite al niño
ejercer el control de sus propios movimientos y consigue
tener un comportamiento motor más preciso y fino, como
ocurre cuando llega a la edad de cinco años.
93
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
Factores que influyen en el desarrollo motor
El desarrollo motor se produce de forma natural y
secuencial en todos los seres humanos, sin embargo,
existen una serie de factores que influyen en la etapa
prenatal, en el momento del parto y después de que este
tenga lugar (Figura 3.1).
En la etapa prenatal, conviene tener en cuenta los
cuidados que proporciona la madre, la edad de esta, la
alimentación que recibe, las enfermedades que pueda
padecer, los factores de tipo hereditario, la exposición a
radiaciones o medicamentos… todo esto puede afectar,
en mayor o menor medida, al crecimiento y desarrollo
del feto. En el momento del parto, es posible que ten-
gan lugar una serie de complicaciones que pueden ser
determinantes en el desarrollo posterior de la criatura,
como la anoxia o una lesión cerebral. Después del naci-
miento, los factores que pueden influir sobre el desarrollo
motor del niño serán la maduración física y neurológica,
la estimulación recibida, las experiencias y la calidad de
estas y, en general, las condiciones genéticas y ambien-
tales. Durante el proceso de desarrollo es fundamental
la calidad que va a tener en su vida, es decir, que posea
una alimentación equilibrada, un clima afectivo apropiado
que le proporcione seguridad pero, a su vez, favorezca
la experimentación y exploración como base de su au-
tonomía, independencia y seguridad.
94
Desarrollo psicomotor
En el parto: Complicaciones que
puedan surgir (posible anoxia,
lesión cerebral...), maduración
física y neurológica, la estimulación
recibida...
En el proceso de desarrollo: Tipo de
alimentación, clima afectivo que le
proporcione seguridad pero, que
Desarrollo favorezca su autonomía, indepen-
Psicomotor dencia y seguridad, condiciones
ambientales...
Etapa prenatal: Cuidados que le
proporciona su madre y la edad
de esta, alimentación que recibe,
enfermedades que pueda pade-
cer, factores de tipo hereditario,
exposición a radiaciones o medi-
camentos…
Figura 3.1. Factores que influyen en el desarrollo psicomotor.
La maduración del sistema nervioso determina las
primeras conductas motrices, las cuales se perfeccionarán
y aumentarán en complejidad con el tiempo como con-
secuencia de un mayor desarrollo fruto del crecimiento,
la práctica y la experiencia. El desarrollo motor está muy
relacionado con el desarrollo físico, mental y emocional,
tal como demuestra el hecho de que algunos niños con
bajo nivel intelectual presentan, con frecuencia, retraso
en su motricidad.
95
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
Las leyes del desarrollo motor
Cuando el niño tiene pocas semanas de vida mani-
fiesta movimientos incontrolados y descoordinados en
los brazos y en las piernas. El recién nacido no controla
su cabeza y esta cae hacia los lados si no está sujeta
o apoyada, no puede mantenerse sentado... A los dos
años sus movimientos sí son voluntarios y coordinados,
controla la posición de su cuerpo (piernas, brazos y tron-
co) y es capaz de andar). A lo largo del crecimiento se
produce un desarrollo progresivo de la organización de
los movimientos que tienen lugar siguiendo dos grandes
leyes fundamentales (Figura 3.2):
Ley céfalo-caudal. Esta ley establece que la or-
ganización de las respuestas motrices se efectúa
en orden descendente desde la cabeza hacia los
pies. Se irán controlando antes las partes del
cuerpo más próximas a la cabeza, extendiéndose
luego, progresivamente, el control hacia abajo,
hacia la pelvis. El control de los músculos del
cuello se adquiere antes que el control de los
músculos del tronco, por ese motivo, el niño
mueve la cabeza y el cuello antes de sentarse y
es capaz de utilizar hábilmente sus extremidades
superiores antes que las inferiores.
Ley próximo-distal. Esta ley indica que la organi-
zación de las respuestas motrices se efectúa desde
la parte más próxima del eje del cuerpo a la parte
más alejada. El niño controla antes aquellas partes
96
Desarrollo psicomotor
más próximas al eje corporal. Este eje imaginario
dividiría el cuerpo de arriba abajo en dos partes
similares. Podemos observar como el niño domina
la articulación del hombro antes que la del codo
y, esta antes que la de la muñeca, y antes que los
movimientos finos de los dedos.
Cabeza
Pies Eje corporal
Ley céfalo-caudal Ley próximo-distal
Figura 3.2. Dirección del desarrollo motriz.
La ley próximo-distal permite explicar por qué
el dominio de la psicomotricidad gruesa es an-
terior al dominio de la psicomotricidad fina. El
niño va integrando poco a poco el movimiento
voluntario de cada vez mayor número de grupos
musculares, lo que le permite ir adquiriendo una
mayor precisión, además de la incorporación de
movimientos motores cada vez más complejos.
97
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
Fases en el desarrollo motor
El desarrollo motor evoluciona desde los actos reflejos
y los movimientos no coordinados a aquellos otros que
son coordinados, voluntarios y precisos. Existen diferentes
tipos de movimientos:
Movimientos reflejos: Son respuestas innatas, es
decir, no aprendidas, de carácter automático e
involuntario que se dan ante una estimulación.
Son la base de los movimientos voluntarios. Cuan-
do desaparecen dejan paso a los movimientos
controlados, como ocurre con ciertos reflejos
primarios, tales como el reflejo de prensión y el
de marcha, que deben desaparecer antes de la
adquisición de los movimientos correspondientes.
98
Desarrollo psicomotor
Movimientos voluntarios: Se producen de
manera voluntaria e intencionada. Ante una
determinada situación, se interpreta y se ejecuta
una acción. Por ejemplo, encender la luz, cogerse
de la mano de su madre,...
Movimientos automáticos: Cuando se repiten los
movimientos voluntarios terminan convirtiéndose
en integrados, entonces se realizan de forma
automática y se convierten en hábitos. Ya no es
necesario, en muchas de las ocasiones, analizar
e interpretar la situación, ya que de forma au-
tomática se responde a ella. Son movimientos
automáticos, por ejemplo, conducir un coche,
montar en bicicleta,...
Movimientos Movimientos Movimientos
reflejos voluntarios automáticos
(Hábitos)
Los movimientos reflejos
Los primeros movimientos que realiza el niño al nacer
son los movimientos reflejos, cuya manifestación indica
que el niño está sano y que no tiene lesiones neurológicas.
Son movimientos automáticos e involuntarios, estándares
del recién nacido, que se producen ante una estimulación
determinada en los primeros meses de vida. A esta edad,
los actos motores son reflejos, debido a que la mieliniza-
ción o conexiones neurales solo se han producido en los
99
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
centros subcorticales y no ha tenido lugar en las zonas
cerebrales encargadas de los movimientos voluntarios,
lo que conlleva que todavía reaccione con movimientos
que aún no puede controlar. Esto es consecuencia de la
inmadurez cerebral que todavía tiene el bebé. Algunos
de estos reflejos son:
Reflejo de succión. Los labios del recién nacido
al contacto con un objeto, reaccionan con un
movimiento rítmico de succión. De este modo
tiene lugar el amamantamiento.
Reflejo de gasping o prensión palmar. El contacto
de la palma de la mano con un objeto provoca
la flexión de los dedos sobre el mismo.
Reflejo de Babinski. Cuando se estimula la planta
del pie, se produce la flexión de los dedos del pie.
Reflejo de los puntos cardinales. Si se estimula la
comisura de los labios, tiene lugar el reflejo de
rotar la cabeza en la dirección en la que se ha
producido la estimulación.
Reflejo de enderezamiento estático. En este caso,
los miembros inferiores se extienden cuando se
ejerce una presión sobre la planta del pie. Este
reflejo desaparece aproximadamente hacia el
décimo mes.
Reflejo de la marcha automática. Si se estimulan
las plantas de los pies sobre una superficie
horizontal, mientras se sujeta al bebé por las
axilas, se produce un movimiento en las piernas
parecido al de la marcha.
100
Desarrollo psicomotor
Reflejo de moro o del abrazo. Cuando tiene lugar
un estímulo sonoro, como una palmada o un
cambio brusco de posición, tiende a separar los
brazos para luego recogerlos sobre el pecho.
Reflejo parpebral. Ante un estímulo luminoso
o de aproximación de un objeto a los ojos del
bebé, este tiende a cerrar los párpados.
Reflejo del estornudo. Este reflejo supone una
protección del aparato respiratorio, ya que, ante
la presencia de un agente extraño en el aparato
respiratorio, el cuerpo se protege estornudando
y eliminando así ese agente extraño.
Reflejo del bostezo. Este reflejo informa del can-
sancio que tiene el niño recién nacido.
Reflejo de deglución. Es un reflejo que permite al
niño alimentarse, al tener alimentos en la boca,
el bebé realiza movimientos de deglución.
Se ha de supervisar su presencia en el nacimiento, así
101
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
como su persistencia en el tiempo, pues la no desaparición
de algunos de ellos, a lo largo del crecimiento, puede ser
signo de que existe una patología, por ejemplo, lesiones
cerebrales o algunas enfermedades genéticas. Ciertos
reflejos pueden permanecer de manera inalterable a lo
largo de la vida o, bien, pueden desaparecer o reaparecer
como conductas aprendidas o, incluso, convertirse en
conductas voluntarias (tabla 3.1).
102
Desarrollo psicomotor
Tabla 3.1. Evolución de los movimientos reflejos.
Reflejo de Babinski. Se extienden los dedos del
pie en abanico cuando se estimula la planta.
Reflejo de moro. Ante un susto extiende y
Reflejos
flexiona los brazos rápidamente.
arcaicos
Reflejo de los puntos cardinales. Al estimular
las comisuras de la boca gira la cabeza para
chupar el estímulo.
Reflejos que
Algunos reflejos fisiológicos: Estornudo, tos,
permanecen a lo
pupilar, rotuliano y de eliminación de sus-
largo de toda la
tancias de desecho (micción y defecación).
vida
Reflejo de la marcha. Si colocamos al bebé en
posición vertical sostenido por las axilas y sobre
una superficie dura efectuará un movimiento
similar a la marcha.
Reflejo de subida de escalón. Si sostenemos al
Reflejos que bebé por las axilas y estimulamos el empeine
reaparecen como con una superficie dura y fría efectuará un
conductas movimiento similar a la subida de escalón.
aprendidas Reflejos de reptación. Si colocamos al bebé
decúbito prono sobre una superficie dura y
horizontal tiende a reptar.
Reflejo de natación. Si introducimos al bebé
en un medio acuático realiza un movimiento
rítmico y coordinado semejante al de nadar.
Reflejo de succión. Al contacto con un objeto,
Reflejos que los labios del bebé reaccionan con un movi-
se convierten miento rítmico de succión.
en conductas Reflejo de prensión. Si estimulamos la palma
voluntarias del bebé con un objeto cerrará la mano y, si
estimulamos el dorso, la abrirá.
103
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
Se pueden detectar otros muchos reflejos en el recién
nacido. La evolución de cada uno de ellos es diferente ya
que, como vemos, algunos permanecen a lo largo de la
vida, como el del estornudo, el bostezo o el parpebral.
Otros desaparecen al cabo de unos meses, dependien-
do de las mayores conexiones que se producen entre
las neuronas a nivel de la corteza cerebral; así el reflejo
de moro desaparece a los tres meses y el de Babinski
aproximadamente entre el sexto y el noveno mes. Re-
flejos como el de succión y el de presión se convierten
en conductas voluntarias que pueden manifestarse en el
momento que deseen.
Movimientos automáticos
Los movimientos automáticos son actos intenciona-
dos complejos que se producen al convertir en hábito los
movimientos voluntarios. Se convierten en automáticos
por medio de su práctica hasta que se realizan de forma
coordinada sin necesidad de que intervenga la atención, y
se automatizan a través de la ejercitación. Un ejemplo claro
de movimientos automáticos, lo encontramos en los adultos
que, con la experiencia, son capaces de conducir de manera
automática. En los niños, podemos encontrar dos automa-
tismos básicos en el desarrollo: la presión y la locomoción.
A continuación, expongo el desarrollo motor de los
niños en orden secuencial, teniendo en cuenta que las
edades mostradas son aproximadas y que es normal que
104
Desarrollo psicomotor
estas varíen en algunos meses teniendo en cuenta las
diferencias individuales. Las características motrices de los
niños según Gassier (1990), son las siguientes:
De 1 a 2 meses
A esta edad mantiene los reflejos arcaicos (reflejo de
Babinski, reflejo de moro y reflejo de los puntos cardinales).
Cuando está en posición ventral, el tono del tronco y la
cabeza son débiles, por lo que no puede mantener las
posturas, además, en posición dorsal sigue mantenién-
dose flexionado. Presenta cierta hipertonía, conserva la
posición fetal y mueve los brazos y piernas a la vez. Con
dos meses empieza a disminuir el reflejo de prensión, las
manos ya no están tan cerradas y son capaces de levantar
la cabeza por sí mismos.
El reflejo de Babinski es un reflejo normal en los bebés.
El reflejo de Babinski se presenta después de que se ha
frotado firmemente la planta del pie. El dedo gordo del
pie entonces se mueve hacia arriba o hacia la superficie
superior del pie. Los otros dedos se abren en abanico.
Este reflejo es
normal en niños
hasta los 2 años de
edad. Desaparece a
medida que el niño
crece. Puede desa-
parecer ya a los 12
meses.
105
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
De 3 a 4 meses
Debido al incremento de la madurez cerebral desapa-
recen los reflejos primarios. Los movimientos de brazos y
piernas van disminuyendo dando paso al control voluntario.
En la posición de sentado, es capaz de mantener la cabeza
erguida y tiene un mayor tono muscular en el tronco, aunque
en la región lumbar necesita todavía apoyo. En posición
ventral puede levantar la cabeza sosteniéndose sobre los
antebrazos, mientras que en posición dorsal juega a poner
el pie sobre la rodilla opuesta. La prensión es más precisa
y tiene más habilidad para utilizar las manos, aunque usa
indistintamente la izquierda y la derecha. Desaparece el
reflejo de prensión palmar. La presión no es aún un mo-
vimiento voluntario. Muestra interés por los objetos, pero
todavía no puede sujetarlos; solo abre y cierra las manos y
las mantiene así unos segundos. A los 3 meses puede girar
sobre su cuerpo y, a los 4 meses, ya se lleva un objeto a
la boca y se sienta apoyado sin caerse.
De 5 a 6 meses
En posición ventral y apoyándose en los antebra-
zos, puede levantar la cabeza y parte del tronco. A los 6
meses se sostiene ya sobre las manos. Desde la posición
ventral puede intentar pasar a la dorsal. Si se apoya en
el tórax mueve brazos y piernas como si fuera un avión.
Desde la posición dorsal puede conseguir sentarse si lo-
gra sujetarse mínimamente, y puede mantenerse en esta
postura si tiene un mínimo apoyo. A los 5 meses aparece
106
Desarrollo psicomotor
la prensión voluntaria, aun cuando es muy imprecisa (se
ayuda con la palma de la mano), coge objetos y se los
lleva a la boca. A los 6 meses la prensión ya está más
adquirida e, incluso, puede sentarse derecho sin ayuda.
De 7 a 8 meses
Tiene más facilidad en el giro de una posición a otra
(ventral-dorsal). Se mantiene sentado sin apoyo sujetándo-
se en las manos para no caerse y, ya a los 8 meses, tiene
mayor equilibrio y lo hace sin ninguna sujeción. A los 7
meses comienza a estar de pie mientras se agarra a algo
para apoyarse y, de pie, le gusta saltar y agacharse. En la
prensión, coge objetos con la pinza pulgar-meñique (pinza
inferior). A los 8 meses es capaz de mantener un objeto
107
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
en la mano cuando se le ofrece otro, pasárselo de una
a otra y golpearlo. Adquiere la capacidad de relajar los
flexores, pudiendo coger y soltar objetos voluntariamente.
Le encanta tirar y hacer ruido con los objetos.
De 9 a 10 meses
Con 9 meses se desplaza arrastrándose y, a veces, le
cuesta avanzar. Con 10 meses ya gatea y disfruta con ello.
Desde la posición de sentado, puede inclinarse hacia delante
sin perder el equilibrio y, también, hacia a ambos lados,
pero con más dificultad. Con esa edad está más cerca de
comenzar a andar. A los 9 meses ya puede mantenerse
de pie sujetándose a un mueble o con ayuda y, cuando
alcanza los 10, puede dar pasos apoyándose y quedarse
de pie momentáneamente sin ayuda. Su prensión sigue
adquiriendo precisión, utiliza la pinza pulgar-índice (pinza
superior), por este motivo ya puede entretenerse en coger
objetos pequeños e introducirlos o sacarlos de una caja.
108
Desarrollo psicomotor
De 11 a 14 meses
A los 11 meses puede estar de pie con más confian-
za y sin ayuda; entre los 12 y los 15 meses empezará a
caminar solo. A los 14 meses puede andar hacia atrás sin
ayuda. Gatea con mayor rapidez y camina agarrándose
a los muebles o cogiéndose de la mano del adulto. Su
marcha cada vez es más segura y, poco a poco, irá ne-
cesitando apoyarse menos hasta conseguir tener una
marcha estable y equilibrada en torno a los 15 meses.
Con el tiempo, su mayor equilibrio le permite agacharse
para coger un juguete o chutar un balón. Respecto a la
prensión con los dedos, la pinza es más precisa. A los
11 meses señala, explora, e introduce y saca objetos.
Con 12 meses es capaz de realizar sus primeros encajes
y garabatos al ver al adulto hacerlos.
De 15 a los 17 meses
En locomoción, anda con más seguridad y le gusta
desplazarse apoyado y empujando objetos. Sube escaleras
gateando, no obstante, al ponerse en pie puede perder
el equilibrio con facilidad. Su motricidad fina se ha de-
sarrollado mucho y su prensión cada vez es más precisa,
lo que hace que se entretenga en habilidades manuales:
mete una bolita en una botella, pasa las hojas de un libro
(aunque se salta páginas), garabatea, construye torres,...
109
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
De 18 a los 23 meses
En motricidad gruesa, sube escaleras agarrado de la
mano y, a los 21 meses, ya puede bajarlas con ayuda. Su
equilibrio sigue mejorando, puede saltar con los dos pies,
agacharse para coger cosas, caminar con juguetes en la
mano, correr... Todavía se cae con facilidad, sobre todo
ante pequeños obstáculos. En motricidad fina, se observa
que su prensión mejora hasta el punto de poder lanzar
una pelota sin caerse, o garabatear, o quitarse los zapatos
y algunas prendas de ropa (todavía no desabrocha boto-
nes, ni cremalleras ni cordones). Puede coger la cuchara y
utilizarla con una mayor habilidad, aunque manchándose
todavía. Sus movimientos son impulsivos, rápidos y sin
control, mueve todo el brazo y no hay coordinación visual
y manual. Alrededor de los 20 meses comienza a articular
el codo, produciendo así un garabato de vaivén (barrido)
en el que el niño no observa lo que hace. Más adelante,
el garabateo consiste en movimientos circulares.
A los 2 años
A nivel motor se producen una serie de cambios muy
importantes en su locomoción, como saltar, correr, saltar
sobre un pie, subir y bajar solo las escaleras apoyando los
dos pies en cada escalón (todavía no alterna los pies)...
Su equilibrio y coordinación de piernas y brazos son
mayores lo que le permite correr más rápido y con más
agilidad, saltar, trepar e inclinarse para coger cosas. A partir
de los 2 años y medio adquiere un mayor control de la
110
Desarrollo psicomotor
muñeca y el movimiento de pinza. Realiza trazos, pero
el actor motor es independiente aún del acto visual. La
coordinación de los movimientos motores finos también
ha mejorado, su prensión es más precisa y puede construir
torres de más de tres cubos, o coger la taza para beber
solo, colaborar en su alimentación y en el vestido, hacer
garabatos, pasar las hojas de un libro una a una, abrir y
cerrar puertas, lavarse y secarse las manos solo...
A los 3 años
A esta edad, alcanza el equilibrio total, lo que le
permite caminar de puntillas, sostenerse sobre un pie,
saltar a la pata coja, andar en triciclo, subir las escaleras
alternando los pies (aunque para bajar todavía apoya
111
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
los dos pies en el escalón)... Mejora notablemente su
prensión y su coordinación óculo-manual, entrando en
juego la percepción; maneja la cuchara adecuadamente,
construye torres de más de ocho cubos, hace puentes y
trenes con piezas de construcción, enhebra cuentas de
gran tamaño y agujero grande, dibuja círculos, coloca
piezas en un encajable... Mira lo que dibuja y trata de
controlar y dirigir el movimiento de la mano. Muestra
mayor interés y atención en sus producciones, y comienza
a respetar los límites del espacio evitando salirse del papel,
trata de cerrar las líneas,... A partir de los tres años llega
un momento en el que el niño, de forma espontánea, da
nombre al dibujo que realiza, aunque en principio no hay
una relación de semejanza entre el dibujo y el nombre
asignado pero, posteriormente, si existirá cierta relación.
Le gusta e imita acciones y papeles de adulto, se lava
y se seca las manos, va al baño con cierta autonomía,
ayuda a poner la mesa, colabora en el vestido e incluso
comienza a hacerlo solo y se pone los zapatos sin ayuda.
112
Desarrollo psicomotor
A los 4 años
En cuanto a la coordinación de su motricidad
gruesa, sigue adquiriendo un mayor control del aparato
locomotor, corre con mayor coordinación y controla la
parada. Salta sobre un único pie (a la pata coja) y con
los dos pies juntos, y brinca. En motricidad fina, no ha
alcanzado la capacidad para disociar los movimientos
de la parte izquierda y derecha de su cuerpo. Por este
motivo, presenta sincinesias (movimientos asociados que
se ejecutan al realizar otro movimiento), por ejemplo, la
mano izquierda tiende a seguir la dirección de la derecha
el escribir. Coge el lápiz adecuadamente, pero todavía
muestra torpeza en el trazado de las grafías. El niño
dice previamente lo que va a dibujar. Coge los cubiertos
adecuadamente para comer, a excepción del cuchillo,
ya que todavía no disocia los movimientos. Es capaz de
desvestirse con más facilidad que vestirse. Realiza juegos
de construcción más complejos.
A partir de los 5 años
Sigue adquiriendo el control motor general de su
cuerpo. Se define su lateralidad, es decir, la preferencia
motora por un lado de su cuerpo. A nivel motor fino, tiene
un mayor dominio en los gestos finos (recorta, pica, pega...).
A lo largo de los 5 y 6 años irá adquiriendo la precisión
en el control del uso del lápiz y la grafía. El niño ya está
preparado para realizar actividades de preescritura a través
de la ejecución de trazos de distintos sentidos y direcciones.
113
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
Orientaciones para favorecer el desarrollo
motor
El desarrollo psicomotor del niño sigue su propio
ritmo, no hay que forzar la sedestación, o posición de
sentado, ni la marcha, ya que se debe esperar a que la
madurez del menor lo permita. Algunos ejercicios para
actuar sobre los reflejos tónicos de hipertensión de los
miembros e hipotensión del tronco podrían ser: frotar los
brazos desde los hombros hasta las manos, y las piernas
desde los muslos a los pies, y moverlos en dirección arriba-
abajo, dentro-fuera, flexionar codos y rodillas... ¿Cómo
ayudarle a sostener la cabeza? Es la primera capacidad
que debe desarrollar. Para conseguirlo, la postura ideal
es con el niño boca abajo, apoyando su cuerpo en los
brazos y enderezando la cabeza y la parte superior del
tronco. Se pueden usar expresiones de la cara, objetos
sonoros o llamativos para motivarle a que voltee la cabeza
y a enderezarse.
¿Cómo aprender a dar vueltas? Para favorecer los
movimientos de gateo y el caminar se le puede enseñar
a dar vueltas. Para ello, se coloca al niño de espaldas en
una superficie firme y se le llama la atención para que
gire la cabeza hacia un lado, entonces le ayudamos a
que levante el brazo hacia el cual mira por encima de su
cabeza, doble la pierna contraria y se le coge del hombro
para completar el movimiento de rotación.
114
Desarrollo psicomotor
¿Cómo enseñarle a sentarse? Una vez que aprenda
a darse la vuelta solo, ya puede aprender a sentarse.
Sentamos al niño en una superficie firme y le ayudamos
a que se apoye hacia el frente sobre sus manos, si lo
empujamos hacia adelante y ligeramente hacia los lados
mejorará su equilibrio.
¿Cómo favorecer el gateo? Cuando tiene la posición
de apoyo, ya puede aprender a gatear. Cuando está sen-
tado, le ayudamos a que apoye las manos hacia adelante,
doble las rodillas y dirija los pies hacia atrás, así quedará
apoyado en posición de gateo. Normalmente, empiezan a
usar las manos para desplazarse, podemos, pues, dirigirle
sus piernas para que haga el movimiento sincrónico con
el de las manos. Al gatear, mejora la fuerza y coordina-
ción de la musculatura del cuello, de los hombros y del
tronco. Cuando maneja bien el gateo ya está listo para
aprender a andar.
115
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
Orientaciones para el desarrollo motor grueso y fino
en los niños de 2 y 3 años: Se pueden utilizar diversos
materiales como cajas, sillas bajas, pelotas, cuerdas, aros,
cestas, tacos de plástico, saquitos de arena, cordones de
plástico, cuentas, botones, papeles grandes, triciclos, libros
de imágenes, encajables...
Motricidad gruesa y locomoción
Debe subir y bajar la escalera sin apoyo, trepar
sobre cojines, y subirse a bancos y sillas bajitos.
Jugar a hacer equilibrios, colocando tacos, cuer-
das,... por el suelo y caminando sobre ellos. Se
pueden utilizar desniveles, poniendo el pie sobre
los tacos y también sobre el suelo.
Lanzar y coger la pelota, esta debe ser grande.
Jugar a saltar desde el último escalón, desde un
banco bajito, por un camino...
Jugar a hacer carreras como si fuéramos anima-
les, como serpientes, perritos, tortugas y otros
animales y pararse sobre un pie.
Utilizar el triciclo.
116
Desarrollo psicomotor
Motricidad fina y manipulativa
Hacer collares, enhebrando bolas de plástico en
cordones gruesos, para pasar luego a otros más finos.
Juegos de construcción con tacos de plástico y
madera (hacer torres, trenes, puentes...).
Pintar, podemos pintar trazos, círculos o garabatos
en un papel de gran tamaño o pizarra para que
el niño los imite.
Jugar a tirar una pelota dentro de un cesto.
Mirar cuentos infantiles con páginas gruesas para
que intente pasar las páginas y así estimular la
destreza manipulativa.
Orientaciones para el desarrollo motor grueso y fino en
los niños de 3 a 6 años: Para la motricidad gruesa se pueden
utilizar cuerdas, pelotas, tacos,... y, para la habilidad motora
fina podemos emplear pinturas, tijeras, papel, plastilina,...
117
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
Motricidad gruesa y locomoción
Para ponerse de puntillas y agacharse, podemos
jugar a los enanos y gigantes. Nos inventamos
una historia en la que nos imaginamos que
estamos en un país de gigantes y después nos
trasladamos a otro país que es el de los enanitos.
Jugamos a caminar como los animales y utiliza-
mos diversas formas de desplazamiento: Gusanos,
serpientes, osos, perros, tortugas,...
Saltar como canguros, con los pies juntos sin
caernos y sin apoyarnos en nadie.
Trepar en columpios de barras.
Podemos jugar a introducirnos por la selva,
inventado una historia en la que el niño tenga
que utilizar diferentes formas para desplazarse
y mantener el equilibrio; por ejemplo, tenemos
que saltar por un río que hemos encontrado en
nuestro camino, pasar por un puente estrecho
118
Desarrollo psicomotor
con cuidado para no caer encima de los coco-
drilos, andar despacio para no despertar a los
animales, protegerse para que no nos llueva,...
Saltar obstáculos. Le colocamos objetos y tacos
para hacer un recorrido saltando obstáculos.
Motricidad fina y manipulativa
A esta edad, es conveniente desarrollar activida-
des que favorezcan la presión (picar con punzón,
moldear barro o plastilina,...), la coordinación
visomanual (pintar, encajar, ensartar, colorear,
pintar, recortar,...) y otras, como lanzar, recoger
y botar una pelota.
Introducir garbanzos, lentejas o arroz en una bo-
tella realizando la pinza con corrección. Realizar
dibujos, letras, etc. pegando garbanzos, lentejas
o arroz en una lámina.
Moldear plastilina: Amasar plastilina con ambas
manos sobre la mesa, realizar churros de plastilina
presionando con la mano abierta sobre la mesa,
hacer bolas, formas simples, figuras...
Rasgar papel: Rasgar trozos de periódico de di-
ferentes tamaños con los dedos, rasgar tiras de
papel, hacer bolitas de papel, rellenar la superficie
de una figura con bolitas de papel de seda,...
Cortar con tijeras papeles, tiras de papel de
pocos centímetros, recortar el interior de una
línea recta o de una línea quebrada, figuras con
líneas rectas y curvas, círculos, flecos de papel,...
119
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
Cortar con los dedos figuras de gran tamaño.
Doblar un folio por la mitad presionando con
los dedos cada doblez, doblar una cuartilla un
mínimo de cuatro dobleces, hacer un sombrero
de papel de periódico según las instrucciones
del adulto...
Picar con punzón sobre plastilina, en el interior de
una figura dibujada en un folio, en los márgenes
de un dibujo sin salirse, en figuras geométricas,...
Puzzles/rompecabezas: hacer figuras con un
mínimo de cinco trozos recortados, construir
puzzles de pequeño tamaño, encajar piezas,...
Uso de la cuerda: Enroscar un hilo grueso alrede-
dor de un carrete, ensartar bolas en un cordón,
hace un nudo o un lazo con una cuerda, anudar
dos cordones...
Sacar punta al lápiz con el sacapuntas.
120
Capítulo 4
El desarrollo del lenguaje
Dentro del desarrollo normalizado del lenguaje, existen
una serie de etapas secuenciales por las que pasa el niño,
iniciándose con el balbuceo y continuando con la emisión
de sonidos, palabras, oraciones... El desarrollo normal
del lenguaje verbal se produce de manera correlativa
al desarrollo integral del niño, es decir, en relación a la
maduración de su sistema nervioso y a los desarrollos
cognoscitivo y socio-emocional. Se puede delimitar una
primera etapa llamada pre-lingüística o pre-verbal, que
va desde el nacimiento hasta el inicio del lenguaje. En
ella, emite sonidos onomatopéyicos o emisiones buco-
fonatorias que todavía tienen poco valor comunicativo.
Posteriormente, tiene lugar la etapa lingüística o verbal, que
comienza alrededor del año de vida, aunque esta edad
puede variar. En este periodo, el niño produce sonidos
como consecuencia de los aprendizajes articulatorios y
por la maduración de las áreas corticales.
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
El desarrollo del lenguaje verbal
El niño que tiene un desarrollo normal de su lenguaje,
por lo general, sigue una serie de etapas secuenciales y
estándares en su evolución. La edad en la que comienza
a hablar un niño suele coincidir en todos ellos, aunque
existen variaciones individuales en función del desarrollo
psicológico, anatómico y del sistema nervioso, de las con-
diciones de educación y de la estimulación del lenguaje
que recibe del contexto social en el que vive y crece. En
este proceso, el bebé pasa por cada una de las diferentes
fases que conforman el lenguaje.
Unos niños empiezan a hablar más temprano y con
soltura mientras que otros lo hacen algo más tarde y,
algunos, llegan a preocupar a sus padres porque lo hacen
122
Desarrollo del lenguaje
excesivamente tarde. ¿A qué puede deberse la variabilidad
individual entre unos niños y otros en la evolución de
su lenguaje? La herencia tiene un papel importante, ya
que hay familias donde sus niños, en general, empiezan
a hablar más tarde que en otras. Si es insuficiente la
estimulación recibida desde el ámbito familiar, los niños
tendrán una adquisición y desarrollo tardíos del habla. Los
padres pueden pensar que es suficiente con reducir las
conversaciones con su hijo a aquello que exclusivamente
necesitan, esto sucede en las familias en las que los pa-
dres tienen poco tiempo para estar con sus hijos, pues
tienen otras preocupaciones... Si la familia es conflictiva
e indiferente con el menor, la evolución del lenguaje se
verá retarda.
Si el niño crece rodeado y estimulado lingüísticamen-
te por sus hermanos y por sus padres, comprenderán el
significado de las palabras y aprenderán a hablar antes y
más fluidamente. La familia posee una función importante
en la aparición y desarrollo del lenguaje verbal del niño. Si
este se encuentra emocionalmente seguro y verbalmente
estimulado, tendrá un desarrollo lingüístico adecuado y
seguirá las etapas normalizadas del desarrollo.
Lenguaje y desarrollo cerebral
El desarrollo del lenguaje verbal tiene lugar de ma-
nera gradual, aunque ya desde el año emiten algunas
palabras y existe cierto nivel de comprensión verbal; entre
123
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
los dos y tres años de vida es, especialmente, cuando se
adquiere cerca del 50% del lenguaje que tendrá en la
vida adulta. Resulta evidente que se necesita de un de-
terminado desarrollo motor de la lengua y de los labios
para hablar; sin embargo, el proceso de adquisición del
vocabulario es más complejo y necesita no solo de la
estimulación ambiental sino, también, de un proceso de
maduración cerebral.
Se puede delimitar una etapa llamada pre-verbal en
el niño, que va desde el nacimiento hasta el inicio del
lenguaje, en la cuál podemos observar:
En los primeros tres meses el llanto es la forma de
expresar desagrado. Las señales que se producen
antes del llanto, pasan algo desapercibidas y no
suelen ser atendidas.
De los tres a los doce meses tiene lugar la eta-
pa de balbuceo, caracterizada por la aparición
de sonidos que repite. Se produce entonces la
maduración de estructuras subcorticales y vías
auditivas corticales.
A partir del año de vida el niño comienza la etapa
verbal, en la que se producen sonidos como consecuencia
de los aprendizajes articulatorios y por la maduración de
las áreas corticales.
124
Desarrollo del lenguaje
Entre los 12 y los 24 meses, el niño comienza a
emitir sus primeras palabras. Es entre 18 y los
36 meses cuando comienza a estructurar frases.
Desde ese momento, el lenguaje del niño se
desarrolla rápidamente y se convierte en la he-
rramienta indispensable para la comunicación.
La representación de los sonidos se asocia con la
maduración del hemisferio derecho, que tiene lugar de
manera más temprana que el hemisferio izquierdo (Joseph,
R. 1985). Con la iniciación del lenguaje se produce un
cambio cortical consistente en el aumento del número de
interconexiones neuronales, que va desde el segundo año
de vida hasta los 12 años de edad en la que se produce la
125
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
adquisición completa del repertorio lingüístico (fonología,
léxico, gramática). Progresivamente, se va reduciendo el
número de conexiones entre neuronas pero se incrementa
la complejidad de dichas conexiones lo que demuestra
que se está produciendo una mayor maduración a nivel
cerebral y una mayor especialización en el lenguaje (Kolb,
B. & Fantie, B. 1997).
El lenguaje verbal como parte del desarro-
llo del niño
El desarrollo del lenguaje no tiene lugar como un
proceso aislado sino que se encuentra estrechamente
relacionado con la evolución física, psicológica y social
del niño. El hecho de que se produzcan interrupciones o
retrasos en este proceso puede tener importantes conse-
cuencias en su maduración intelectual y psicológica. Así,
por ejemplo, si detectamos que a los 3 años hay ausencia
de lenguaje en el niño, esto puede ser un signo de que
existe una alteración del desarrollo neurológico y se debe
intervenir en ello. Sin embargo, resulta más habitual en-
contrar que existen problemas de pronunciación y fluidez
a estas edades, ya que hasta los 6 años no se dan por
finalizadas las etapas de adquisición de los fonemas. Por
ejemplo, la pronunciación del fonema /r/ es adquirido por
algunos niños a edades tempranas, en cambio, evolutiva
y logopédicamente hablando, tiene como edad tope para
su adquisición los 5 años de edad.
126
Desarrollo del lenguaje
El desarrollo normal del lenguaje verbal, se produce de
manera correlativa al desarrollo integral del niño y,
por tanto, se relaciona con los siguientes aspectos:
La maduración del sistema nervioso, tanto el
central como el periférico, se correlaciona
con los cambios progresivos en el desarrollo
motor, en general, y en el aparato fonador,
en particular.
El desarrollo cognoscitivo, que va desde la
discriminación del lenguaje hablado hasta
los procesos de simbolización y el pensa-
miento.
El desarrollo socio-emocional, que es fruto
de la influencia del medio sociocultural (por
las interacciones que tiene con su medio y
por las influencias que recibe de este).
127
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
Etapas en el desarrollo del lenguaje
Etapa Del nacimiento a los 2 meses de edad:
pre-verbal Llanto.
De los 3 a 6 meses de edad: Balbuceo,
o sonidos guturales y vocálicos.
pre-lingüística De los 7 a los 8 meses de edad: Proto-
conversaciones.
De los 9 a los 10 meses de edad: Imita
palabras que escucha a los demás y
comprende algunas de ellas.
De los 11 a 12 meses de edad: Articula
sus primeras palabras de dos sílabas
directas.
Etapa De los 12 a los 14 meses de edad: Ex-
verbal presión oral próxima a las palabras y,
poco a poco, va incrementando su vo-
o cabulario expresivo y el comprensivo.
lingüística De los 15 a los 18 meses de edad: Vo-
cabulario más amplio (15 ó 20 pala-
bras).
De los 18 a 24 meses de edad: Voca-
bulario de más de 50 palabras y, a los
2 años, es de aproximadamente 300.
De los 2 a los 3 años de edad: Vocabu-
lario promedio de 896 palabras y, a los
tres años y medio, aproximadamente
1222 palabras.
De los 4 a los 5 años de edad: El voca-
bulario a los 4 años es de aproxima-
damente 1500 palabras y, a los 5 años,
de 2300.
De los 6 a los 7 años de edad: Llega
al periodo del pensamiento lógico-
concreto y adquiere un lenguaje cada
vez más abstracto.
Figura 4.1. Etapas en el desarrollo del lenguaje.
128
Desarrollo del lenguaje
El desarrollo del lenguaje se produce de manera
progresiva a través de dos etapas diferenciadas (figura
4.1), la etapa pre-lingüística y lingüística, a través de las
cuales van apareciendo y se van desarrollando aspectos
fonéticos, sintácticos y semánticos.
Etapa pre-lingüística o pre-verbal. Esta etapa abarca
el primer año de vida y hace referencia a las emisiones
buco-fonatorias, es decir, a los sonidos onomatopéyicos que
realiza el niño, aunque tienen poco valor comunicativo. El
niño establece una comunicación afectiva y gestual con el
medio con el que tiene contacto, generalmente su medio
familiar y, especialmente, con su madre. En un principio
no se dio mucho valor a esta etapa, más hoy día se ha
comprobado su gran importancia en la configuración de
las bases del desarrollo lingüístico, y ello es debido a que
tanto las expresiones vocales como las verbales influyen
de forma decisiva en el desarrollo posterior de la comu-
nicación lingüística del niño. Dentro de ella podemos
diferenciar varias sub-etapas secuenciales.
Del nacimiento a los 2 meses de edad
A esta edad, la única expresión del bebé es el llanto
y, con él, pone en funcionamiento el aparato fonador para
oxigenar la sangre y restablecer la respiración normal. Es
la primera manifestación sonora que emite y es indife-
renciada con respeto a la razón que la provoca. Al inicio
del segundo mes el llanto ya no indiferenciado y el tono
del sonido cambia según sea el sentido de su queja, es
129
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
decir, varía con el estado de bienestar o malestar del bebé
(dolor, hambre, sueño u otra molestia). El bebé utiliza el
llanto como medio para comunicar sus necesidades a
la gente de su alrededor. Poco a poco, va percibiendo
que gracias a ese llanto son satisfechas sus necesidades,
así que aprenderá a usarlo de manera voluntaria como
medio de comunicación con su entorno y en especial
con su madre.
De los 3 a 4 meses de edad
Durante el tercer mes el bebé produce sonidos gu-
turales y vocálicos que duran unos segundos y responde
a sonidos humanos mediante la sonrisa. Los gritos del
bebé pueden ser una llamada de atención por tener una
necesidad o estar incómodo. Ya distingue entre algunos
sonidos (/pa/, /ma/, /ba/, /ga/). Con sus vocalizaciones
puede mostrar alegría con sonidos guturales ([Link], [Link],
[Link]...), mientras que la incomodidad la exterioriza me-
diante consonantes nasalizadas (nga, ngu...). Distingue el
tono afectivo, reaccionando con alegría, sorpresa o temor
ante el tono de voz, especialmente al de sus padres que
son los más familiares para él. A los tres meses aparece el
balbuceo que consiste en la emisión de sonidos repetidos
(ma...ma, ta...ta...).
El niño muestra interés y afecto no solo por las
personas, también comienza a hacerlo por los objetos.
Toma conciencia de que los sonidos que realiza le sirven
para comunicarse con la gente de su alrededor. Al mismo
130
Desarrollo del lenguaje
tiempo va progresando y aumentando sus vocalizacio-
nes, cada vez más cercanas a la palabra, utilizándolas
todas ellas con intención comunicativa, sobre todo con
su madre. La madre, a su vez, atiende e interpreta esos
sonidos vocálicos y contesta a ellos, de esta manera está
estimulando la comunicación verbal y afectiva con su hijo,
favoreciendo el intercambio de información lingüística y
gestual, lo que repercute en el desarrollo de su inteligencia
cognoscitiva y emocional.
De 5 a 6 meses de edad
Aunque el balbuceo apareció alrededor de los tres
meses de edad, se prolonga al quinto y sexto mes. Imita
sonidos e intenta repetir los que el adulto u otro niño
emite. El orden en las emisiones vocálicas es muy similar en
todos los casos: la /a/ es la primera vocal que se adquiere
y la /i/, /u/ son las últimas. Las primeras consonantes que
aparecen son: /p/, /m/ y /b/, y las últimas que se adquieren
suelen ser las laterales /l/ y las vibrantes /r/. La aparición
de los sonidos consonánticos siguen este orden:
Labiales: p (pa-pa), m (ma-ma) y b (ba-ba)
Dentales: d (da-da), t (ta-ta)
Velopalatales: g (ga-ga), j (ja-ja)
Al sexto mes emite los primeros elementos vocá-
licos y consonánticos, poco a poco irá sustituyendo la
comunicación gestual por el lenguaje verbal. Durante los
primeros seis meses de vida es muy importante el len-
131
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
guaje materno, por ello la madre y demás familia deben
intentar aumentar las vocalizaciones, gestos, sonrisas...
para favorecer la comunicación verbal del bebé.
De los 7 a los 8 meses de edad
A esta edad, como consecuencia del desarrollo de
sus habilidades motoras, se muestra más autónomo res-
pecto del adulto y tiene una mayor capacidad e intención
exploratoria de su propio cuerpo y de los objetos y ele-
mentos de su entorno. Entre la madre y el niño se dan
intercambios vocales que se llaman proto-conversaciones
(Bateson, G. 1975) y permiten mantener el contacto social
acercándose, poco a poco, a lo que es una verdadera con-
versación, comenzando con las primeras palabras. Tanto
por medio del contacto ocular, como el intercambio de
objetos y el nombrar cada uno de ellos, se produce la
acción comunicativa entre la madre y el hijo.
De los 9 a los 10 meses de edad
El niño imita palabras que escucha a los demás y
ya comprende algunas de ellas. Con la masticación de
sólidos adquiere un mayor control y movilidad de los
órganos buco-fonatorios, aumentando así las destrezas de
la lengua y de los labios, lo cual favorece la articulación.
Su comportamiento es más intencional, muestra mayor
interés por imitar gestos y sonidos y por comunicarse.
Emite palabras o parte de ellas con el sentido de una frase
entera. Los padres, al imitar sus expresiones y prestarle
atención, fomentan el que el niño las vuelva a repetir.
132
Desarrollo del lenguaje
De los 11 a 12 meses de edad
Articula sus primeras palabras de dos sílabas direc-
tas: mamá, papá, tete, caca,... Realiza simplificaciones del
lenguaje adulto al intentar reproducir sus palabras, por
ejemplo, dice una parte de la palabra: pan para decir mamá,
quiero pan, realiza sustituciones u omisiones y dice tama
o ama, en lugar de cama. Sustituye progresivamente el
lenguaje gestual y la simplificación del lenguaje adulto
abriendo paso a la etapa lingüística o verbal. Su vocabu-
lario expresivo es de más de cinco palabras, aunque su
comprensión es mayor.
Etapa lingüística. Cuando el niño tiene un año de
vida se inicia la etapa lingüística, aunque esa edad puede
variar según la persona. Es un periodo que se inicia cuando
emite la primera palabra con intención de comunicarse.
133
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
Se va perfeccionando la articulación, la semántica y la
sintaxis a medida que va creciendo. Las niñas suelen
empezar a hablar un poco antes que los niños, y la va-
riabilidad individual entre ellos hace que sean diferentes
las edades en las que pasan por esta etapa. Podemos
definir una serie de sub-etapas dentro de este periodo:
De los 12 a los 14 meses de edad
Al año de edad, o antes, pronuncia secuencias de
sonidos parecidas a las palabras que tienen significado.
Poco a poco va incrementando su vocabulario expresivo y
el comprensivo. Comprende algunos adjetivos calificativos
(bueno-malo, bien-mal...), y comprende la negación y la
interrogación. Partiendo de las palabras que ya pronun-
cia en la etapa pre-verbal, pasa a construir la holofrase
(palabra-frase), en la que emite frases de una sola palabra.
Por ejemplo, la palabra ame (del verbo dar), la utiliza
para expresar diversas frases que indican acciones: dame
la mano, dame el pan,... Llama la atención al adulto con
expresiones del tipo: ía, ía o mía, mía (mira, mira). Emite
palabras para designar el objeto, la acción o la persona
que la realiza, ayudándose todavía en los gestos. Los
padres pueden estimular al niño por medio del uso de
su propia expresión oral, hablándoles mucho, utilizando
un lenguaje rico con sustantivos, adjetivos y acciones
que formen parte de la vida cotidiana del niño; siendo
conveniente enseñarle a asociar la palabra con el objeto
para que aprenda, comprenda e integre el significado.
134
Desarrollo del lenguaje
De los 15 a los 18 meses de edad
Su vocabulario se va ampliando, llegando a unas 15
ó 20 palabras. Aprende a cambiar su tono de voz cuando
quiere identificar algo. Lo normal es que emplee una sola
palabra para referirse a muchos objetos, lo cual desapa-
recerá conforme vaya evolucionando su habla. Cuando
los niños están más adelantados, pueden utilizar frases
de dos palabras (sustantivo y verbo, a veces, incluso
adjetivo). Se recomienda a los padres que, a esta edad,
trabajen con el niño en la identificación y denominación
de objetos, figuras y diferentes partes del propio cuerpo
para el desarrollo del lenguaje verbal.
De los 18 a 24 meses de edad
En esta franja de edad, la mayoría de los niños poseen
un vocabulario de más de 50 palabras y, a los dos años,
ya es de aproximadamente 300. Continúa desarrollando
su sintaxis construyendo frases simples formadas por 2
ó 3 palabras, sustantivos (nombres), verbos (acciones) y
calificadores (adjetivos y adverbios). Por ejemplo, nene
dormir, abre puerta,... Comienza a utilizar los pronombres
personales: yo y tú y los posesivos mi y mío. A esta edad
aparece la función simbólica, es decir, la capacidad de
representar mentalmente las cosas y evocarlas sin necesi-
dad de que estas estén presentes. Juega con los muñecos
a darles de comer, mecerlos para dormir... Cada vez su
expresión verbal es más fluida y su capacidad simbólica y
gestual le permiten conseguir cierto nivel de abstracción
135
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
y, en el futuro, favorecerá su expresión emocional y lle-
gará a hablar sobre lo que ya pasó y lo que va a pasar...
De los 2 a los 3 años de edad
El contenido verbal aumenta enormemente hasta
llegar a un promedio de 896 palabras y, a los tres años y
medio, aproximadamente a 1222 palabras (Smith, F. 1980).
Utiliza los verbos auxiliares haber y ser y el artículo de-
terminado. Su pronunciación ha mejorado notablemente,
lo que hace que normalmente resulte comprensible para
las personas que se relacionan con él, tanto familiares
como las que no lo son.
136
Desarrollo del lenguaje
De 4 a los 5 años de edad
Su vocabulario, a los cuatro años, es de aproximada-
mente 1500 palabras y, a los cinco años, de 2300. Mejora
en el conocimiento y uso de la gramática. Empieza a utilizar
los pronombres personales, siguiendo el siguiente orden:
Yo, Tú, Él, Ella, Nosotros-as, Ustedes. Sigue mejorando
su capacidad simbólica, representando mentalmente las
cosas, acciones y situaciones.
De los 6 a los 7 años de edad
A los seis años se inicia la etapa escolar ya que a esta
edad, generalmente el niño ya tiene madurez neuropsi-
cológica para adquirir los aprendizajes; aprende a leer, a
escribir... Ya no es tan egocéntrico y pasa de hablar en
primera persona para alcanzar el periodo del pensamien-
to lógico-concreto. Adquiere un lenguaje cada vez más
abstracto. Se torna más sensible a los comentarios que le
hacen los demás, lo que va construyendo su autoestima
al tomar una mayor conciencia de sí mismo.
137
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
Orientaciones para favorecer el desarrollo
del lenguaje
Para estimular y favorecer el desarrollo del lenguaje
en el niño se recomienda poner en práctica las siguientes
orientaciones:
Favorecer la comunicación con el niño desde
los primeros momentos de su vida. Con inde-
pendencia de que comprenda o no las palabras,
debemos ser expresivos y favorecer el uso del
lenguaje en nuestra relación con él, usando
también el lenguaje no verbal, manifestado me-
diante muestras de afecto, expresiones faciales
emocionales, de contacto,...
Cuando es bebé, prestar atención a sus gritos y
llantos, ya que así aprende que, ante la emisión
de sonidos, obtiene respuesta (nuestra atención)
y favoreceremos la comunicación.
Conforme vaya creciendo, mantener el contacto
ocular al dirigiros a él y, si no nos mira, hemos
de cogerle de su carita y colocarnos frente a él.
138
Desarrollo del lenguaje
Hablarle mucho e imitar sus vocalizaciones,
cadenas silábicas y aproximaciones verbales
a las palabras para favorecer que las vuelva
a repetir.
Vocalizar y acentuar la entonación y expresivi-
dad facial, así seréis modelos a los que él imite.
Aprovechar siempre los sucesos de la vida coti-
diana que compartáis con el niño para hablarle
de lo que sucede a su alrededor (el nombre de
las cosas, características, para qué sirven...). Esti-
mular la comprensión de las palabras familiares
y de uso cotidiano (mamá, papá, pan, niño...)
para que progresivamente el niño las relacione
con el objeto o persona que representan. En
las acciones de la vida familiar, verbalizar en
voz alta lo que vamos haciendo, por ejemplo,
voy a lavarme la cara, pongo la mesa, limpio la
casa... Empezar por aquello familiar y cotidiano
en el niño. Ejemplo:
- En el momento del baño le podemos decir
el nombre de las cosas que utilizamos como
el jabón, la esponja, la toalla... y su uso.
- Cuando guardemos la compra, le mostra-
remos las cosas y le enseñaremos a decir
el nombre de las frutas, verduras,...
Dejarle terminar y no interrumpirle, darle su
tiempo para expresarse y explicarse, a fin de no
generar frustración ni perjudicar el progreso de
su fluidez. La corrección debe efectuarse poco
139
El desarrollo psicoevolutivo del niño II
a poco y reconocerle sus mejoras y progresos,
por mínimos que estos sean.
Dejar al niño mirar catálogos de juguetes y
libros de imágenes de páginas finas o gruesas
para que los vea, e ir llamándole la atención y
señalando todo aquellos dibujos que puedan
ser de su interés.
Cantarle canciones infantiles acompañadas de
gestos: lunnis, pin-pon, en el coche de papá...
Para facilitar la comprensión de instrucciones
utilizar gestos y aumentar la expresividad facial.
Potenciar los juegos relacionales, siguiendo
turnos de toma-dame la pelota, bailes por pa-
rejas, esconder juguetes por turnos que hay que
buscar cuando se dice su nombre, pilla-pilla...
140
Capítulo 5
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145
Títulos de la
colección GPS
Guías prácticas de salud y psicología
1. Alimentación del niño durante el primer año
2. Nuestro hijo es alérgico al huevo
3. Mi hijo se hace pis en la cama ¿hay solución?
4. Lactancia artificial. Las fórmulas adaptadas
5. La fiebre en el niño ¿qué debo hacer?
6. Desarrollo psicomotor ¿es el mismo para todos?
7. Síndrome de muerte súbita del lactante
8. Lactancia materna (I). Si lo que quieres es dar lo mejor
9. Lactancia materna (II). Lo mejor para el/la mejor
10. Autismo ¿por qué?
11. Desarrollo psicoevolutivo del niño I
12. Desarrollo psicoevolutivo del niño II
13. Asma. ¿por qué el niño no respira bien?
14. Intolerancia al gluten. Celiaquía
15. Vacunas
16. Pataletas y rabietas
17. Anorexia y bulimia
18. El llanto en el niño. Cólico del lactante
19. Urgencias en pediatría
20. Obesidad infantil
21. Intolerancia a las proteínas de la leche de vaca
22. Intolerancia a la lactosa
23. Hijos maltratadores
24. Niños y adolescentes difíciles
25. Estimulación precoz
26. Gastroenteritis aguda y deshidratación en el niño
27. Drogodependencias
28. Desarrollo psicomotor del bebé
29. Mi hijo ha sido prematuro
30. Intervenciones quirúrgicas más frecuentes
31. Convulsiones en el niño
32. Hiperactividad en el niño
33. Salud bucodental
34. Educación maternal
35. Enfermedades típicas infantiles que cursan con erup-
ciones en la piel
36. Dermatitis atópica en el niño
37. Problemas respiratorios en el niño
38. Violencia escolar
39. Adopciones
40. Habla de sexo con tus hijos
41. Enfermedades raras
42. Creación de hábitos saludables.
43. Niños trasplantados.
44. Cáncer infantil.
45. Discapacidad.
46. Mis padres no viven juntos.
47. Mis padres son del mismo sexo.
48. Mis padres no son del mismo color.
49. Celos
50. Timidez
51. Diabetes
52. Hábitos saludables
Se terminó de imprimir este libro en los Talleres Grá-
ficos de Editorial Zumaque en Polígono Industrial El
Retamal, calle olivo, 6. Alcalá la Real (Jaén).
Julio 2018.
Su opinión es importante. En futuras ediciones, estare-
mos encantados de recoger sus comentarios sobre este
libro. Por favor, háganoslas llegar a través de la web:
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