UNIVERSIDAD NACIONAL DE TRUJILLO
FACULTAD DE FARMACIA Y BIOQUÍMICA
ÉTICA, CONVIVENCIA HUMANA
Y CIUDADANÍA
RESUMEN DE LOS CAPÍTULOS 3 Y 4
LIBRO: “POLÍTICA PARA AMADOR”
Docente:
Duclos, Santiago
Integrantes:
Castro Yangali, Josué Zair
Herrera Mejía, Leydi Graciela
Iman Iman, Cristhian Eduardo
Jauregui Saavedra, Jimena
Ciclo:
Sección:
“A”
TRUJILLO – PERÚ
2022
INTRODUCCIÓN
TERCER CAPÍTULO
A ver Quién Manda Aquí
El autor en este capítulo busca responder a las preguntas ¿por qué los miembros de cada sociedad,
que son muchos, obedecen a uno? ¿Por qué aguantan sus órdenes, en lugar de tirarle por la ventana si se
pone demasiado pesado? Pues recordemos que, en el capítulo anterior, hemos visto que renunciar a una
parte de la libertad personal y tratar de obedecer a otros nunca nos ha parecido a los humanos mala idea,
por más de los obvios inconvenientes que surgen con el paso del tiempo.
Del mismo modo, Nietzsche creía que las sociedades consisten en una variedad de promesas
implícitas o explicitas, que se hacen entre sus miembros. Sin embargo, en la misma sociedad debe
existir alguien con la suficiente autoridad para que las promesas se cumplan a cabalidad. Hobbes por su
parte pensaba que los hombres eligen un jefe porque temen por sí mismos, y que la vida de las personas
requiere permanentemente estar sometida a un gobernante.
Por consiguiente, las primeras formas de autoridad social debieron parecerse mucho a la
autoridad familiar, pues los padres son los primeros “jefes” a los que todos los humanos hemos tenido
que obedecer. Esto debido a que, gracias a su fuerza y su sabiduría puestas a nuestro favor logramos
sobrevivir a nuestros peligrosamente débiles inicios, para empezar a vivir bajo la coraza comunitaria de
símbolos, leyes y juegos. Asimismo, el ser humano adulto identificará la fuerza y la sabiduría como los
fundamentales motivos para prestar obediencia a quienes se ofrezcan al grupo como una especie de
“padres” de la colectividad.
De modo que la fuerza muscular, la capacidad de cazar o de buscar buenos asentamientos para el
grupo, la experiencia que da la edad y su memoria… tales debieron ser los primeros criterios que
establecieron el derecho a mandar y la posibilidad justificada de ser obedecido. Hasta aquí venimos
hablando de grupos muy simples, pero, cuando los grupos se hicieron mayores en número y más diversos
en ocupaciones, el asunto político se hizo más complejo. El jefe mejor ya no era el que más guerras
ganaba, sino el más capaz de lograr mantener una paz provechosa con los vecinos para poder comerciar
con ellos.
Por otro lado, a los modernos, todo lo que es muy arcaico nos parece sospechoso y poco fiable:
estamos acostumbrados a que la verdad más verdadera sea novedad, descubrimiento, hallazgo de última
hora. En cambio, las sociedades primitivas creían todo lo contrario: que sólo podía uno fiarse de lo ya
muy probado a lo largo de los años, de lo que habían establecido los seres del pasado, más sabios y
semidivinos. La lógica primitiva creía que los padres de los padres de los padres debieron ser aún más
fuertes y sabios que los padres actuales, parientes casi y colegas de los dioses. De modo que, nadie podía
esgrimir derechos ni hacer valer su opinión ante el poder absoluto de los que mandaban apoyados en la
ley de la sangre, en la tradición y en los clérigos que hacían oír los dictados divinos en la tierra.
Así pudo quedar resuelta de una vez por todas la cuestión política en las sociedades humanas.
Como entre las abejas y las hormigas, unos nacían para mandar y otros para obedecer. Y entonces
llegaron los griegos y con ellos, con sus ideas impías y revolucionarias, todo empezó a cambiar.
CUARTO CAPÍTULO
La Gran Invención Griega
En el canto segundo de la Ilíada, Aquiles abandona el combate, combate en la cual los griegos
llevaban ya diez años sitiando la amurallada de la ciudad de Troya. Ahora las tropas deben deliberar ante
la situación: quedarse y seguir batallando o abandonar el asedio. Mientras tanto, los guerreros y el pueblo
presentaban la conmoción de rebelión, entre ellos, Tersites, que se oponía en seguir la batalla. Pero Ulises
hace callar, ya que como decía “… los que han nacido para obedecer no deben entrometerse en a las
deliberaciones de los nacieron para mandar”. Esta escena contada por Homero muestra los problemas de
la democracia en aquella época, en la cual los jefes aqueos se consideraban iguales para hablar, discutir y
decidir. ¿Y los soldados? ¿Y el pueblo? Pues esos, no tenían participación.
Ahora, sabemos que no hay nada evidente que los hombres son iguales, sino lo contrario, ya que
poseemos distinciones como: raza, lengua, cultura, etc. Lo cual fue base para las primeras organizaciones
sociales: las distinciones entre humanos. Partiendo desde las aptitudes del individuo: como el mejor
cazador, el más fuerte, el de mayor experiencia, y así, de modo que sea lo más eficaz posible. Más
adelante ya no dependían de lo que “eran” ahora también por lo que “tenían”, en otras palabras, las
desigualdades se hicieron hereditarias. Pero a los griegos, tuvieron otra visión: los individuos se parecen
entre sí más allá de sus diferencias, porque todos hablan, piensan y tienen las mismas capacidades de
razonar, discutir, de elegir, etc. Es por eso, como hoy conocemos ese invento griego que ha revolucionado
en la política: La democracia.
Esta democracia se regía que “… nadie estaba en la ciudad por encima de la ley y la ley tenía que
ser obedecida por todos”. Pero esta ley provenía de la decisión de la asamblea de los ciudadanos y era
aprobado o rechazado por la población, agregando que, no podían negarse de sus obligaciones políticas
(la participación ciudadana y la obtención de un puesto de autoridad), lo malo de esto, que a pesar de que
proponían la igualdad, tanto esclavos como mujeres no participaban en la vida política.
Desde el comienzo, la invención democrática tuvo serios adversarios. Pues la verdad esta se basa
en una paradoja que resulta evidente: “todos conocemos más personas ignorantes que sabias y más
personas malas que buenas…, luego, lo lógico es suponer que las decisiones tomadas por la mayoría
tendrán más de ignorancia y de maldad que lo contrario. Entonces, ¿Cómo van a ser capaces de establecer
lo que es verdaderamente bueno para la ciudad? Lo único garantizado es que habrá más conflictos y
menos tranquilidad, pero el griego más prefería discutir con sus iguales que someterse a los amos, o sea ,
prefería la libertad.
CONCLUSIONES
Con respecto a lo anterior dicho, los líderes han venido obteniendo nuevas responsabilidades al
pasar de los años, además respondiendo a las preguntas, el hombre siempre ha tenido la necesidad de
tener quien lo mande, para así suprimir los conflictos individualistas. Además, que la democracia fue un
hecho que marcó un gran cambio en el mundo, en el cual los plebeyos se convirtieron en ciudadanos y
empezaron a participar de las decisiones que los afectasen. Aunque cabe destacar que la democracia no
sirvió para acabar con los conflictos, incluso fue la promotora para aumentarlos. A mayor libertad, se ha
hecho más complicado tomar una decisión entre varios que tomarla uno sólo imponiendo caprichos
individuales y autónomos.
REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS