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Bazant, J (1992) Independencia

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Jan BAZANT breve historia de mexico DE HIDALGO A CARDENAS (1805-1940) gq EV AZCAPOTZELE! LN MO res ory 234465 premia lared de jonas 1992 ea son hi te ‘tulo original: A concise history of | Bibduceién: Héctor Acosta 7 Disefio de la coleccién: Pedro Tanagra R. Primera edicién 1980 Sexta edicion 1992, © Cambridge University Press oe © PREMIA editora de libros, s.a. para la edicién en lengua castellana. RESERVADOS ‘TODOS LOS DERECHOS ISBN 968—434—137—7 ISBN 0—521—29173—9 de la edicién original publicada por Cambridge University Press Premié editora de libros, S. A. Tlahuapan, Puebla. (Apartado Postal 12-672 03020 México, D. F.). Impreso y hecho en México Printed and made in Mexico I EL NACIMIENTO DE LA INDEPENDENCIA MEXICANA 1805 — 1821 Toda colonia que es bien tratada honra a su madre patria, pero se aparta de ella por la injusticia. Porque Jos colonizadores no son enviados en la inteligencia de que han de ser esclavos de los que quedaron atras, sino que han de ser sus pares. He Tucidides, “‘Causas de la Guerra”, Historia de la Guerra del Peloponeso. Las revoluciones frecuentemente son promovidas por segmentos de la clase superior, que ve sus intereses en peligro por sucesos politicos 0 econdmicos y como resultado se vuelven criticos de las condiciones, En este capitulo iostraré cémo sucedié esto en la Nueva Espajia, c6mo este descontento aicanz6 y después rebas6 el punto sin regreso y cudles fueron sus consecuencias finales. Cuando estallé la guerra entre la Gran Bretafia y Espafia el 12 de diciembre de 1804, el gobierno de Madrid se vio sujeto a una severa tensién financiera. Bajo estas circunstancias, dos semanas después decreté el rescate obligatorio de hipotecas que pertenecfan a capellanias y a obras pias en Hispanoamérica y las Filipinas, asf como la venta de sus predios; e! producto se enviaria a la tesoreria real en Madrid para rescatar o “‘consolidar” el papel moneda que circulaba en Espafia. Habia sido costumbre en la Nueva Espafia que los ricos instituyeran en su testamento una capellania, hipote- cando su propiedad por cierta cantidad al cinco por ciento de rédito anual. Este interés mantendria a un capellan que a cambio tenfa la obligacién de decir un cierto nimero de misas cada aio por el alma del benefactor. De manera similar las obras pias eran sumas cedidas que servian para formar una fundacién caritativa. Otra causa comtin de endeudamiento eran las dotes de hijas y her- manas que entraban al convento, lo que generalmente se efectuaba hipotecando la propiedad a perpetuidad por una suma especifica- da de interés anual que se pagarfa al convento. En teorfa el rescate 0 consolidacién, como llegé a ser conocida medida, era un préstamo forzoso: el gobiemo metropolitano Pedirfa prestados fondos calculados en la enorme suma de ms de 40 millones de pesos de las fundaciones. Pero éstas no poseian el TO, sino que tenia que cobrarse a los deudores; como éstos {ampoco gozaban de él, y el gobierno sdlo se contentaba con efec- 'vo, la propiedad del deudor era vendida en subasta publica, En 13 realidad la consolidacién, disfrazada de préstamo inofensivo, am nazaba convertirse en una expropiacion al mayoreo de los terrate. nientes mexicanos. Una tormenta de protestas se levanté por tode el pais, hasta entonces pacifico; hacendados, comerciantes, mine. ros y ayuntamientos, enviaron peticiones a las autoridades solic, tando que no se aplicara el decreto y advirtiéndoles sobre lag consecuencias. El rescate obligatorio empezé a aplicarse en la Nueva Espafia el 6 de septiembre de 1805. Las autoridades aceptaban algunos pagos a cuenta de sumas mayores. Pero muchas personas sencilla. mente no podian reunir fondos suficientes; en 1807 y 1808 los periédicos de la capital estaban Menos de avisos concernientes a subastas pitblicas de casas, haciendas grandes y pequefias, ganado y negocios de toda clase. Pero en general los mayores deudores, que al mismo tiempo resultaban ser los terratenientes mas ricos, no su- frieron tanto; una docena de casos estudiados revelan que sus pro- piedades no tuvieron que ser subastadas. Si los terratenientes mas ricos no podian o no querian pagar, las autoridades amenazaban con vender una de sus haciendas y después de un regateo conside- rable se legaba a un nuevo acuerdo. . . y asi continu hasta finales de 1808. En total, Espafia logré extraer de su colonia alrededor de 12 millones de pesos, aproximadamente la cuarta parte de la deuda total a las capellanias y obras pias. Fue suficiente para malquistar ala élite terrateniente con la madre patria! . También estaban presentes los motivos religiosos. Espafia era en ese tiempo satélite de Francia y se encontraba extendida la creen- cia de que las grandes sumas no eran utilizadas para la guerra contra la Gran Bretafia sino que se transferian a Paris. Cualquiera que ha- ya sido la verdad, esta creencia influyé en la opinion publica de México y fortalecié la oposicién local a la extraccién de dinero. En la mente del terrateniente mexicano, Francia era el simbolo, la encarnacin del odioso atefsmo. Como consecuencia de varias re- formas de los borbones espafioles, el poder, la influencia y la riqueza de la iglesia en las colonias se habia reducido considerable- mente, Muchos espafioles trajeron consigo un espiritu mas liberal a su nueva patria. Pero los hacendados mexicanos, especialmente los residentes de poblaciones provincianas, retuvieron su mentali- dad conservadora; algunos recordaban la brutal expulsién de los jesuitas por el gobierno espafol. La ya décil iglesia de la Nueva Espajia apenas si protest6 contra la redencién aunque ésta afectaba la seguridad de sus inane los fondos ya no estarian garantizados por bienes raices sino S010 por el insolvente gobierno espafiol. La jerarquia eclesidstica ae obispos y los cabildos eclesidsticos— vivian de los diezmos y Por tanto no fueron afectados por la redencién. Los curas de pare “4 quias ricas vivian principalmente de los derecho: mientras que los clérigos y sacerdotes de Parroquias ids pobres sin prebendas fijas, que representaban la mayoria del clero secular me- xicano, dependian parcial 0 completamente del ingreso de ins capellanias. Esto también se aplicaba a muchos frailes2. Como Espana pronto fue incapaz de pagar los intereses, el bajo clero se empobreci6 drasticamente. Sus intereses convergian con los de los hacendados y cuando llegé la hora, el bajo clero prontamente les. proporcioné una ideologia, No tuvieron que esperar mucho, En junio de 1808, Hegaron noticias a México sobre cambios revolucionarios en Espana: la caida del favorito real, Godoy, y de Carlos IV, la sucesion de Fer- nando VII, el levantamiento popular en Madrid contra el ejército francés de ocupacién y finalmente el arresto de Fernando VII por Napoleén, que lo obligé a abdicar. Espaiia estaba sumergida en una guerra civil y al mismo tiempo peleando una guerra de libera- cién nacional contra la invasién extranjera. La autoridad virreinal en México descansaba en la de la corona de Espafia. Pero ahora el rey habia caido en cautiverio y nadie en la colonia consideré reco- nocer al usurpador. La soberania habia recaido sobre el pueblo, En Espafia estaban brotando juntas en nombre de Femando VII3, y en la Ciudad de México el ayuntamiento dio pasos hacia la inde- pendencia bajo la direcsién de dos abogados criollos, Primo de Verdad y Francisco Azcdrate. El fraile Melchor de Talamantes proporcioné el programa que demandaba la terminacion del rescate forzoso, la indemnizacién por dafios y restitucién de las condicio- nes a su estado original. Obviamente éste era el vocero de los hacendados y del bajo ciero. Parecia iogico esperar que el virrey apoyaria la autoridad de Espafia. Por una de las curiosas inversiones de la historia, ocurrié lo contrario. El virrey Iturrigaray desesperé de la causa espafiola en la colonia que él presidia, puesto que Espafia era incapaz de pres- tarle apoyo militar, Tal vez estaba influido por sus contactos con los mineros del pais, pues posteriormente se revel6 que su distri- bucién del mercurio importado para amalgamar el mineral de plata no habia sido una empresa desinteresada y que, en los pocos afios de su gobierno, habia amasado una enorme fortuna, desde luego no en bienes races, sino en moneda, metales preciosos y joyas. Entonces el partido criollo, que representaba a los espafioles nacidos en México, ofrecié nombrarlo capitan general de la colonia. Los funcionarios debian ser confirmados en sus puestos, ey todas las vacantes civiles y eclesidsticas debian llenarse con criol os. Estos Ultimos, que posefan haciendas pero no estaban interesa = en administrarlas, que habian adquirido cultura y ep ara estaban privados de la oportunidad de ejercitar sus conocim! 15 8 parroquiales, SSeS area excepto en la pequefia escala de los ayuntamientos municipale, finalmente alcanzarian el poder politico. Las reformas borbanic, habian ayudado a crear un grupo opulento que se dirigié despuss a las profesiones y finalmente a la politica; si al principio benefi, ciaron a Espaifia, a la larga socavaron al régimen. Los abogados criollos de la Ciudad de México contemplaban una revolucion pacifica. Pero no habria de ser tal. Una de las prime. ras decisiones del virrey fue suspender la redencién obligatoria, lo que hizo el 9 de agosto con el propésito de tranquilizar a los ele. mentos influyentes del pais. Pero era demasiado tarde. Ahora se asomaban problemas mayores sobre el horizonte. Los comercian- tes peninsulares de la capital percibieron el peligro para su posicién monopolizadora. Se hizo aparente una hendidura entre los intere- ses de los espafioles importadores de productos de Espafiao a tra- vés de Espajia y los hacendados criollos que como consumidores, deseaban bienes mds baratos importados directamente de Inglate- rra 0 de otros paises; y ésto sélo podria lograrse haciendo indepen- diente a México. De este modo los peninsulares se vieron empuja- dos a la lealtad con su madre patria, aunque muchos estaban casa- dos con las hijas de los hacendados mexicanos. Decidieron actuar y bajo la direccién del comerciante vasco Yermo organizaron una conspiracién para deponer al virrey. El golpe tuvo éxito gracias ala perfecta planeaci6n y ejecucion por parte de una fuerza de volun- tarios compuesta por 300 empleados de comercios espafioles. Generalmente estos eran inmigrantes pobres que trabajaban dia y noche como vendedores y sirvientes para sus patrones, algunas ve- ces sus parientes, con la esperanza de convertirse con el tiempo en socios 0 yernos o de ahorrar suficiente dinero para establecer sus propios negocios. Su moral era estricta pero sus modales mas visibles eran bruscos y ordinarios. Estos individuos, detrés de los mostra- dores de las tiendas, estaban en contacto diario con los mexicanos y no es sorprendente que fueran blanco de bromas y del odio popu- lar. Estos hombres tenian todo que perder en caso de la indepen- dencia mexicana, ciertamente mas que sus patrones que ya tenian propiedades y relaciones con los criollos. Demostraron ser dignos de confianza; la brumosa noche del 15 de septiembre de 1808 estas tropas de asalto, dirigidas por Yermo, asaltaron el palacio virreinal apresando al virrey y a los criollos conocidos como dirigentes del movimiento de independencia. Un nuevo virrey fue designado inraediatamente. ee Este acto empujé a la Nueva Espajia hacia una revolucion vio- lenta. Durante siglos, el principio de la sucesion legitima habia sido observado rigurosamente. Ahora el encanto se habia roto. Si los espafioles violaron la ley y el orden existente, reflexionazon los criollos, era su deber ahora restaurarlo. Si un pufiado de euro" 16 peos habia tenido éxito gpor qué no los americanos, como empeza- ron a llamarse los criollos con un orgullo detras del que apenas se escondia el resentimiento por habérseles privado el acceso a los més altos puestos en su propio pais? Después de 1808 fue mas facil organizar conspiraciones en las provincias porque la capital estaba bajo estricto control de las fuerzas espaiiolas. El poder espafiol también era fuerte al oriente de México, Puebla y Vera- cruz; desde la conquista, ésta habia sido la ruta a lo largo de la cual los inmigrantes europeos se establecieron antes de extenderse desde 1a capital a todo el pais. Los inmigrantes eran numerosos alli y por lo tanto podfan ayudar a mantener abierta esta Iinea vital. Por otro lado, habia menos espaiioles nacidos en Europa en otras provincias, especialmente en el Bajfo. El Bajfo era un ancho valle fértil que se extendia aproximada- mente desde Querétaro al oriente, casi hasta el Lago de Chapala en el oeste, y desde la ciudad de Leon y el pueblo de Dolores, al norte hasta el Lago de Cuitzeo en el sur, cerca de la importante ciudad de Valladolid, hoy Morelia. A causa de su clima drido, el Bajfo tenia poca poblacién sedentaria en la época de la conquis- ta. Los espafioles introdujeron alli un nuevo tipo de agricultura: el maiz se cultivaria durante la estacion de luvias, ocasionalmente con ayuda de irrigacion, y el trigo durante la teinporada de secas, siempre con las aguas del rio Lerma y de sus tributarios para la irrigacion, Se trajeron jornaleros indios o éstos inmigraron del sur. A principios del siglo XIX, el Bajio era la regién més prdspera del pafs. Comprendia la mds rica comunidad de minas de plata, Guanajuato; se producian tejidos de lana en Querétaro y San Mi- guel el Grande (posteriormente rebautizado San Miguel Allende), y en Leén se fabricaban productos de cuero. Tenia la més alta densidad de poblacién de toda la Nueva Espafia. Comparada con otras regiones, ten’a muchas ciudades que eran centros comerciales para las haciendas circundantes con su poblacién de peones indios, muchas fincas pequefias llamadas ranchos que eran cultivadas por sus propietarios o eran rentados por mestizos en su mayoria, y en contraste con los valles de Toluca, México y Puebla, habia sorpren- dentemente pocos pueblos indigenas. En el Bajio, cuando menos en la Intendencia de Guanajuato, los indios estaban integrados culturalmente, pues la mayoria vivia como peones en las haciendas © ranchos y como jomaleros en las ciudades. Esto es evidente por el hecho de que la mayoria de ellos pagaban su tributo a través de una hacienda o directamente ellos mismos; una minoria pagaba a través de los pueblos en que vivian. La integracion de los indios, la creciente proporcién de mestizos y el naciente sentimiento nacional de los criollos, se mostré en el culto de la Virgen morena a Guadalupe que se convirtié en patrona de la Nueva Espana en 46. 17 ceo Casi todos los criollos del Bajfo eran hacendados y la mayor, de los hacendados eran criollos. Se puede suponer que eran menos espafioles en su manera de ser que, digamos, los criollos de Méxicg y Puebla; 0, poniéndolo de manera mds comprensible, eran may mexicanos. Porque ciertas caracteristicas nacionales empezaron a desarrollarse en el Bajio como resultado de la mezcla de razas. gj los indios en un extremo del espectro estaban mas integrados cu), turalmente que en el centro del pais, también puede decirse que los espafioles, al otro extremo del mismo espectro, también se habian asimilado mas por la interaccién de las mismas fuerzas, Mu. chos indios y criollos del Bajio eran en realidad mestizos. Por lo tanto no deberia sorprender que la revuelta contra el do- minio colonial estallara entre los criollos del Bajio. El mismo cau. dillo Miguel Hidalgo y Costilla, venia de una antigua familia criolla, Sus antepasados paternos ya estaban en el pais para principios del siglo XVII y sus ancestros, por parte de su madre, habian estado en suelo mexicano desde antes de mediados del siglo XVI, Miguel Hidalgo nacié en 1753 en la gran hacienda de Corralejo, en. la parte occidental del Bajio; su padre era el administrador. Aunque los propietarios de las grandes haciendas eran criollos en la mayoria de los casos, frecuentemente ten{an como administradores a inmi- grantes espaioles. Siguiendo el patron tradicional, estos inmigrantes trabajaban duro y como sus necesidades bésicas estaban satisfechas en especie por las haciendas, podian ahorrar la mayor parte de sus ganancias. A su debido tiempo —después de diez anos cuando me- nos— se casaban y adquirfan propiedades para ellos, fincas grandes © pequefias. El padre de Hidalgo, sin embargo, no estaba interesa- do en convertirse en hacendado; consideraba su posicién como permanente, Ilamé a su hijo menor de la escuela de medicina para que lo ayudara en su trabajo y posteriormente el hijo lo sucedié como administrador. Sus otros tres hijos terminaron sus estudios, dos como sacerdotes y uno como abogado. El principal legado que el padre podia ofrecerles era educacién. Sin embargo no era pobre. De acuerdo con un inventario de 1764, tenia 338 cabezas de gana- do, cuatro caballos, cinco esclavos negros y mulatos y, como indi- cio de sus inclinaciones culturales, un clavicordio, ciertamente un objeto que no era muy comin en una lejana hacienda4, En 1765 Hidalgo ingres6 al colegio jesuita de Valladolid. Dos aiios después, a los catorce aiios, presencié el arresto y la expulsion de sus maestros; entonces se inscribié en el colegio diocesano de San Nicols en la misma ciudad. Su carrera fue brillante y en 179 llegé a ser rector de esta institucion. Situada en la misma margen meridional del Bajfo, Valladolid era la capital eclesidstica de este rico distrito; era la sede del obispado de Michoacan y de grandes provincias agustinas y franciscanas. Estas jurisdicciones eclesidsti- 18 cas cubrian la mayor parte del Bajio, si no es que todo. Como resultado, Valladolid era el centro cultural del Bajio, junto con Guanajuato, préspera ciudad minera productora de plata. Parte de la riqueza del Bajio flufa en diezmos y otros pagos hacia Vallado- lid, donde se reflejaba en el alto nivel de vida de los clérigos. Con su salario, Hidalgo pronto pudo comprar tres fincas. Valladolid también tenia la fortuna de contar con dos obispos ilustrados, am- bos espafioles de Asturias: Antonio de San Miguel y su pariente més joven, Manuel Abad y Queipo, que después se harfa famoso por sus propuestas de reforma y su amistad con Hidalgo. Este ul- timo parecia destinado a desempehar un papel importante. Inespe- radamente, en 1792, renuncié a todos sus puestos y acepté un cu- rato en un pueblo distante cerca de la costa del Pacifico. Cualquie- ra que haya sido la causa de este cambio, le dio una direccion dife- rente a su vida, pues los curas de parroquia, por la naturaleza de su puesto, estan mas estrechamente relacionados con la gente comin. En 1803 Hidalgo sucedié a su hermano en la parroquia de Dolores, un pueblo préspero cercano a Guanajuato. Pronto se convirtié en amigo de Juan Antonio Riano, el ilustrado gobernador de la Inten- dencia de Guanajuato, casado con una rica criolla de Luisiana. Su casa de Guanajuato era el centro desde donde se extendia la cultu- ra francesa; fue aqui donde Hidalgo continué encontrandose con su viejo amigo Abad y Queipo, que ahora era obispo electo de Mi- choacan. Estos dos hombres tenian un interés comun en introducir teformas que se necesitaban urgentemente. Pero el destino pronto habria de separarlos. Los otros conspiradores compafieros de Hidalgo también eran criollos, Témese por ejemplo a los tres de San Miguel el Grande: Ignacio Allende, Juan Aldarna y Mariano Abasolo. Todos eran hijos de comerciantes vascos. Sus fortunas variaban, siendo Abaso- lo el mas rico, porque ademés de su propia herencia manejaba propiedades considerables que pertenecfan a su esposa, Ninguno mostraba inclinacién alguna para el comercio; todos llegaron a ser capitanes en el pequefio ejército colonial, la Hamada milicia5. Como terratenientes, algunos fueron afectados por la redencién obligatoria: la familia Allende tuvo que pagar abonos anuales; el Propio Hidalgo no pudo rescatar su deuda y por lo tanto su ha- cienda fue embargada6. La redencién no aumento su simpatia por 'spafia. La conspiracién en que estos hombres tomaron parte fue orga- nizada en Querétaro, la importante ciudad a la entrada del Bajio, con la participacién del mismo gobernador local, Miguel Domin- fuez, nativo de Guanajuato y especialmente de su esposa, Dona Maria Josefa Ortiz. La composicion social del grupo era un patron Ya conocido: criollos ricos, oficiales de la milicia y clérigos forma- 19 ncia. El programa era bastante simple: encarcelamiento de los espafioles ricos, confiscacion de sus propiedades para finan. iar la revolucién y, por supuesto, derrocamiento de cualquier autoridad que pudiese oponérsele. La meta era la independencia nacional, disfrazada como una lucha para salvar a la Nueva Espafia de Bonaparte, ese monstruo ateo, para el rey legitimo, Fernando VII. Estas intenciones aparecen claramente en una carta escrita a Hidalgo por Allende el 3 de agosto de 1810, informandole de las iltimas discusiones del grupo de Querétaro. “Se decidié trabajar con nuestras intenciones cuidadosamente ocultas”, escribié Allen- de, “puesto que si el movimiento fuera abiertamente revoluciona- rio no seria secundado por la masa del pueblo; el alférez Don Pedro Septién” (descendiente de una familia opulenta) “‘fortale- cid su posicién diciendo que si la revolucion era inevitable como los indios eran indiferentes a la palabra libertad, era necesario ha- cerlos creer que la insurreccién se esté lievando a cabo sélo para ayudar al Rey Fernando”7. E] levantamiento estaba preparado para principios de octubre de 1810. Sin embargo, el gobierno logré enterarse de esto y el 13 de septiembre puso a los miembros del grupo de Querétaro bajo arresto o vigilancia. De alli en adelante, esta cuna de la independen- cia mexicana iba a ser tan estrechamente vigilada por las autorida- des espafolas que nunca habria de desempefiar un papel en el futu- Yo movimiento de independencia. Desafortunadamente para Espa- ia, la valiente esposa del gobernador se las arreglé para enviar en secreto un mensajero a los conspiradores en San Miguel el Grande. Advertidos a tiempo, éstos se apresuraron a dirigirse al pacifico pueblo de Dolores para consultar con Hidalgo. Como no deseaban pasar el resto de su vida en un calabozo realista, aceptaron la deci- sién de Hidalgo de sublevarse con la firme creencia de que la justi- cia estaba de su parte, porque sdlo querian restablecer la ley derro- cada dos afios antes por los espafioles. No habia tiempo que perder. En las primeras horas del 16 de septiembre de 1810, Hidalgo reunié a sus feligreses y proclamé la revolucién, Las rejas de la prisién se abrieron, se arrestaron a los espanoles locales y sus tiendas y casas fueron saqueadas. Todavia nadie habia sido muerto. Con una multitud que ascendia a varios cientos, Hidalgo y sus compafieros iniciaron el movimiento ese mismo dia hacia San Miguel el Grande. En el camino, Hidalgo tomé de la iglesia de Atotonilco la imagen de la Virgen morena de Guadalupe para utilizarla como estandarte revolucionario. Las haciendas que pertenecian a los espafoles fueron saqueadas a lo largo de la ruta, incluyendo los campos donde el maiz estaba casi listo para cosecharse. Las haciendas de los “americanos”, al prin- cipio fueron respetadas, pero en el curso de la guerra todas fueron 20 ban su ese! tratadas de la misma manera. Como no se ofrecfan reformas socia- Jes precisas para los pobres, que estaban sufriendo hambre como resultado de la mala cosecha de 1809, la rebelién los atraia princi. almente como una oportunidad para saquear. Sin embargo se Mitento organizar el ejército; Hidalgo se convirtié en capitan general de América; Allende en lugarteniente de Hidalgo, y el hermano de Hidalgo fue nombrado tesorero, pero no pudo introducirse mucho orden. La insurreccién se extendié por el Bajfo como un incendio en Ja pradera. El ejército revolucionario, compuesto en ese momento de 25,000 hombres, se acercé a Guanajuato. El intendente Riafo lo veia con aprensién. Habia fortificado la impresionante alhondiga municipal, erigida por él recientemente a un costo considerable y se encerré alli con los espafiles locales y un batallén de la milicia. Llevaban con ellos el contenido de la caja real asf como sus reser- vas personales de metal precioso. Todos estaban bien armados y esperaban refuerzos. E] 28 de septiembre Riafio rechaz6 confiada- mente el ultimatum de Hidalgo para que se rindiera. Horas mas tarde, el mismo dia, la masa de insurgentes casi sin armas tomo por asalto la alhéndiga, sacrificando a sus defensores y levandose barras de plata y monedas por valor de 3 millones de pesos8. Parte de esto Ilegé al tesoro revolucionario de Hidalgo. La alhéndiga to- davia esta alli, testigo silencioso de la violencia. Si hubo alguna perspectiva de una solucién pacffica para el conflicto, el bafio de sangre de Guanajuato la liquidé. También se hizo evidente que las masas indisciplinadas estaban saqueando no sdlo las propiedades de los espafioles peninsulares, sino también las de los americanos; después de todo, era imposible distinguir entre una tienda, casa o hacienda propiedad de espafioles o propiedad de americanos. Los criollos ricos tanto en las ciudades como en el campo titubearon en su apoyoa la revolucion y finalmente se alinearon con el gobier- nod. Después de nombrar nuevas autoridades en Guanajuato, Hidalgo se volvié al sur. El siguiente objetivo era Valladolid, la ciudad donde habfa pasado sus dias de estudiante, donde después fue pro- fesor y rector de la universidad y donde habia renunciado a su puesto para convertirse en un simple cura de parroquia. Tal vez ahi habrfa una oportunidad de humillar a los orgullosos canénigos del cabildo, Sabia que ya no encontraria alli a su viejo amigo Abad y Queipo. Ya para el 24 de septiembre, antes de Ja entrada de los in- surgentes a Guanajuato, el obispo electo de Michoacan lanzé su excomunién contra los cuatro principales dirigentes de la insurrec- cion y dejé su sede para dirigirse a la Ciudad de México. Durante afios habia proclamado la necesidad de una profunda reforma a las condiciones sociales y econémicas del pais, incluyendo la abolici6n 21 del tributo a que se sometia a los indigenas y la distribucign tierras a los campesinos sin ellas, cuyo numero crecia, Abad Queipo sabia que si pronto no se llevaba a cabo una reforma, tensiones acumuladas durante siglos explotarian. El se nombrap, “americano por adopeién voluntaria”. Por lo tanto puede pares sorprendente que hubiera reaccionado tan violentamente contra la insurreccién!. Como él mismo admitia en el decreto de exeom. nin, Hidalgo “habia merecido mi confianza y amistad hasta hoy" Al igual que muchos otros residentes espanoles de la colonia, tenia buenos sentimientos hacia los criollos, pero como los dems, cuan- do lleg6 el momento de elegir, escogio al virrey, al rey, a Espaha, 4 la iglesia, en una palabra, a la autoridad. Si Espafia estaba moment téneamente en dificultades se recuperaria; desde el principio debe de haber sido claro para él que la declaracién de Hidalgo acerca de la inexistencia del rey de Espaiia era una justificacion para una revolucién en la que las victimas serfan los espafoles. ¥ finalmente, predijo que la revoluci6n significaria ruina y destruccién; las gue. tras, especialmente las guerras civiles, generalmente causan extensa ruina y destruccién, por lo que no era diffcil vaticinar correcta- mente esto. Asi, cuando las pasiones se apoderaron de la nacion y nadie escuchaba a la raz6n de cualquier modo, Abad y Queipo se puso vehementemente del lado del gobierno y se convirtié en el més virulento propagandista en contra de la insurgencia Valladolid habia sido el centro de una conspiracién en 1809 ~de la cual se derivé posiblemente Ja de Querétaro— y la ciudad, inclinada desde entonces a la independencia, se rindié al ejército rebelde sin resistencia el 16 de octubre. Hidalgo pidié répidarente al Conde de Sierra Gorda, el candnigo encargado de la didcesis en lugar de Abad y Queipo, que levantara la excomunién, y asi lo hizol1. Tales cambios, que dependian de quien tuviera el control de la ciudad, los realistas o los revolucionarios, se hicieron fre- cuentes y consecuentemente las excomuniones no se tomaban en serio. Habiendo capturado la mayoria de las ciudades del Bajfo —aun- que no siempre podia retenerlas mucho tiempo— Hidalgo ya esta- ba listo para el gran salto a la Ciudad de México. Marchando ala cabeza de 80,000 hombres, llegé a las montaiias que separaban él Valle de México del de Toluca y all{ derroté a un ejército peninsu- lar mas pequefio. Pero después de unos cuantos dias, inexplicable- mente Hidalgo se dio la vuelta, imponiéndose a Allende que queria - atacar la capital. Las razones que fundamentaron la decision de Hidalgo son desconocidas. Puede suponerse, sin embargo, qe estaba desilusionado porque el pueblo de la Ciudad de México no se alz6 contra las autoridades y desanimado por los informes de que un ejército bien organizado se acercaba para socorrer a la capi: 22 tall2. De modo que los insurgentes marcharon hacia el oeste a Guadalajara, junto con Puebla, una de las mds importantes ciuda- Ges del pais después de la capital, Entraron a Guadalajara el 26 de noviembre. ‘Guadalajara se convirtié en el cuartel general de los insurgentes durante mas de mes y medio; era una de las tnicas cuatro ciudades mexicanas que contaba con imprenta; las otras tres, México, Puebla y Veracruz estaban en manos del gobierno y sus imprentas se utili- Zaban profusamente para propaganda de guerra. Hidalgo tenia aho- ra la oportunidad de aclarar sus ideas y dar a conocer su programa al pais; hasta entonces sus discursos no habian sido impresos y por Jo tanto no esta claro si Hidalgo habfa proclamado la abolicién del tributo de los indios desde el principio o posteriormente en el curso de su campafia, por ejemplo en Valladolid, donde el 19 de octubre se expidid tal proclama en su nombre 13. A juzgar por la masa de indios —tanto los que vivian en pueblos como en las ciu- dades, asi como en las haciendas en calidad de peones y pequefios arrendatarios—, que habian seguido a Hidalgo desde el principio, pareceria bastante obvio que se le unieron con la esperanza de que este odioso impuesto fuera abolido. Ahora que ten‘a una imprenta a su disposicién se disiparon todas las dudas acerca de su programa, pues no solo se imprimieron manifiestos sino que también apare- cié un periédico, El Despertador Americano. Todos estos divulga- ban la abolicién del tributo, de los impuestos sobre bebidas alco- hdlicas que las habia hecho demasiado caras para los pobres, del monopolio gubernamental del tabaco para ofrecer cigarros baratos a los pobres y, por supuesto, la abolicién de la esclavitud, aunque en esa época ya no quedaban muchos esclavos en la Nueva Espaiia. Finalmente Hidalgo se enfrento al delicado asunto de la reforma agraria, En la region de Guadalajara los pueblos indigenas lograron conservar sus tierras no sdlo hasta fines del siglo XVI14, sino hasta el mismo principio del XIX, en contraste con el centro de México, donde muchos pueblos las habfan perdido por repetidas ventas de sus porciones. Sin embargo, los campesinos de la regién de Guada- lajara tenian la costumbre de rentar la tierra a las haciendas cerca- nas por un precio muy bajo. Como los arrendamientos se renova- ban automaticamente, parecia que las haciendas podrian apropiar- se de las tierras con el tiempo. Con objeto de salvaguardarlas para los campesinos, Hidalgo decretd el 5 de diciembre que deberian Pagarse todas las rentas vencidas y que en lo futuro las tierras no debersan rentarse sino que los indios deberfan disfrutar de ellas15. La recuperacién demografica que precedié a 1810, con un aumento en la presién sobre la tierra como resultado, debe haber contribui- do a crear el problema agrario. Mientras tanto, el adversario no habia permanecido ocioso. Va- 2B re é sublevacion de Hidalgo en Do! vios dias después 3° go en San Luis Potosi, Felix Calleja et Conol casado con una rica criolla de la localidad, tomé el asinto en sus manos sin esperar instrucciones de México. Con fondos config. cados a la tesoreria del gobierno local, organiz6 un ejército que de. bia derrotar a Hidalgo. Algunos oficiales adiestrados por él, como ‘Armijo, Barragin, Bustamante y Gomez Pedraza, legaron a se prominentes mucho tiempo después en el México independiente 16, ‘Algunos hacendados de San Luis le facilitaron sus empleados guardias o sirvientes, con los que formé una unidad eficiente 17, Con su pequefio pero bien equipado ejército, Calleja recapturé las ciudades en poder de los insurgentes, donde se repitieron las carnicerias feroces en mayor escala y el 17 de enero de 1811 de- rrot6 al ejército mucho mas numeroso pero mal equipado, indisci- plinado y desorganizado de Hidalgo en el Puente de Calderén, cerca de Guadalajara, El suefio de independencia habia durado sélo cuatro meses. Hidalgo y su compaiifa se dieron a la fuga, pero en camino a los Estados Unidos fueron capturados en el polvoriento desierto del norte, en un lugar irénicamente llamado Nuestra Sefiora de Guada- lupe de Bajan y Ilevados a la lejana Chihuahua. Primero ejecutaron a los legos —Ailende, Aldama, Mariano el hermano de Hidalgo que era tesorero del ejército revolucionario y Mariano Jiménez, un antiguo ingeniero de minas en Guanajuato. El cura parroco de i Dolores fue ejecutado el 30 de julio de 1811, después de un proce- so humillante. Sus ultimos dias deben haber sido bastante tristes; \ sus compafieros ya habian muerto. La causa de la independencia } i parecia irrecuperablemente perdida y tenia pocas razones para s0s- pechar que diez afios después su sueiio se harfa realidad. Cuatro Jaulas de fierro fueron colocadas entonces en las esquinas de la { cuadrangular alhndiga de Guanajuato y en ellas se colgaron las ca- bezas de Hidalgo, Allende, Aldama y Jiménez. Alli permanecieron | hasta después de la independencia. i Hidalgo no era ni un pensador sistemdtico ni hombre de costum- bres ordenadas; sin embargo, estaba bien dotado para dirigir la primera etapa cadtica y revolucionaria de la guerra. Fue su destino tragico Uevar la destruccién a una parte de México, Aunque sus defectos eran muchos, se le recuerda justamente como el padre de la independencia mexicana, porque fue el primero en desafiar al regimen establecido. A su muerte, la Nueva Espafa no era la misma nacién que antes de la noche del 16 de septiembre de 1810. Después de la muerte de Hidalgo, la insurreceién reaparecié e" ¢ Sur bajo la direccién de otro cura. El 20 de octubre de 1810, oe Morelos habia buscado al capitan general de América, ‘ababa de salir de Valladolid para marchar sobre la Ciudad de a wow VioNsawasaaxt aa vunano sot 9 aueyowora yan veverivavan v siftat BoMN i Vana norte amaysier 1 ovens { vaevnonta v noua 20 Corwen oa Vase + svrivave X México. Morelos habia estudiado en el Colegio de San Nicolés cuando Hidalgo era rector. Abad y Queipo le habia ordenado re. cientemente que publicara en su lejana parroquia tropical de Caré- cuaro el edicto que excomulgaba a su admirado maestro y el preo- cupado Morelos, que ya estaba interesado en el movimiento, deci- did ver a Hidalgo personalmente. En sus platicas, el capitan general justific6 la revolucion desde un punto de vista religioso y el mismo dia comisiond a Morelos para que reclutara tropas e hiciera la guerra en el sur de México. La entrevista result6 ser de trascenden- tales consecuencias para el curso futuro de la insurreccién. Hasta entonces el movimiento se habia restringido al Bajio o a los altiplanos centrales en general. Ahora aparecia un nuevo comandante que, ademas de un talento nato para el mando que Hidalgo debe haber reconocido instanténeamente, tenia un conoci- miento profundo de la “tierra caliente”, el drea situada entre la costa del Pacifico y los altiplanos centrales, un area con pocos ca- minos, algunas veces inaccesible, con montahas escarpadas y fér- tiles planicies, con un clita insalubre en el que pocas personas criadas en regiones més frescas querrian vivir, con un sol tan abra- sador que sélo podian trabajarse los campos en la mafiana tempra- no, en la tarde o en noches de luna y donde la vida no era tenida en mucho valor por los habitantes mulatos, mestizos e indios, Por sus antecedentes, Morelos era diferente de los cornandantes criollos del ejército revolucionario. Habia nacido en Valladolid (posteriormente rebautizada Morelia) en 1765, hijo de una familia pobre y honrada. Su padre era carpintero y su madre hija de un maestro de escuela que habia estado relacionado con la iglesia. El acta de nacimiento describia a los padres como espafioles, pero esto no tendria que ser asi necesariamente; por lo general se pien- sa que Morelos era mestizo. Su madre le enseiié a leer y escribir, Pero a la muerte de su padre el muchacho de catorce afios fue en- viado a la hacienda de su tio cerca de Apatzingdn, una pequefa ciudad en tierra caliente. Alli paso diez afios como agricultor y arriero 18, Pero no habia de permanecer ahi. Tal vez en parte para compla- cer a su madre, a la edad de 25 afios entré al Colegio de San Nico- las y después de varios afios de trabajo duro fue admitido al sacer- docio, Su madre orgullosa lo acompaiié a su primer puesto en un Pueblo de tierra caliente; el nuevo cura, pobre y ya no joven, no Podia esperar conseguir una parroquia en un clima més agradable. El calor resulté ser fatal para la salud de su madre, que murio en menos de un aiio, dejando a José Maria en duelo y quizds también en amarga reflexion sobre la dificil situacién de los curas y la grata Condicién del obispo y los canénigos en Valladolid. Su vida no Mejoré mucho cuando obtuvo una capellania, pero con sus cono- 27 cimientos practicos pudo convertirse en prospero ganadero suplementar asi sus escasos ingresos de los derechos parroquiales pocos de los cuales se pagaban en efectivo o en mercancias. Nadie deberia sorprenderse de que cuando menos 400 clérigos seculares y regulares —-més del cinco por ciento de la poblacion del clero— hayan participado en el movimiento insurgente 19, 7 De manera que Morelos partié hacia el sur. Aun cuando los dias de Hidalgo estaban contados y el Bajio pacificado por la espada realista, la revolucién se extendia como mancha de aceite a otras partes del pais. Le tocé a Calleja combatir a Morelos que, después de la muerte de Hidalgo, se convirtié en la cabeza del ejército revo- lucionario hasta su captura en noviembre de 1815. Casi desde el principio, Morelos tuvo la suerte de encontrar excelentes coman- dantes en Galeana y los hermanos Bravo, hijos de familias de hacendados de la tierra caliente, asi como en Vicente Guerrero, también nacido allf pero de origen mas humilde. Con el tiempo, Morelos pudo organizar un ejército eficiente, desde luego compara- tivamente pequeiio, pero un ejército disciplinado al que no se le permitia el saqueo ni la matanza indiscriminada. Su comprensién de la psicologia humana bisica y su conocimiento singular de la geografia local, permitieron a Morelos superar su falta de entrena- miento militar; pudo retener zonas de la tierra caliente durante varios aiios y esto les dio tiempo a él y a sus colaboradores para aclarar sus ideas y hallar una estrategia politica. En su aislamiento, los insurgentes gradualmente se alejaron de Espafia y finalmente declararon la independencia del pais. Los acontecimientos de Europa también hab{an intluido en este proce- so. Las fuerzas francesas estaban siendo derrotadas en todos los frentes y se estaban retirando tanto de Rusia como de Espaiia. Se estaba volviendo obvio que Napoléon llegaba a su fin. La liberacion de Espafia del yugo extranjero significaria, por supuesto, la restau- racion del gobierno legitimo y de la iglesia con todos sus privilegios. El argumento de que los mexicanos tenian que resguardar a su pais de los espafioles ateos para la verdadera religion ya no seria valido. Afortunadamente, la idea de la independencia nacional que habia sido discretamente infiltrada al publico, primero por Hidal- go y después por Morelos, estaba arraigando. Por consiguiente era el momento adecuado para proclamarla, antes de que Fernando VII recobrara el poder. De esta manera pudo haber reflexionado Morelos precisamente antes de decidirse a convocar a un congre- so nacional de representantes provincianos. El Congreso —se utiliz6 la terminologfa constitucional norte- americana, no la francesa~ se reunié en septiembre de 1813 en Chilpancingo, ciudad en el camino a Acapulco. Morelos habia preparado para su consideracién un programa que llamé modesta- 3B are mente Sentimientos de la Nacién: América debia ser libre e inde- Zondiente de Espana y de cualquier otra nacién, gobierno o mo- Porquia. La religion catolica debia ser la nica religion, sin toleran. tia de otra; sus ministros deberian sostenerse solo con los diezmos y las primicias y el dogma deberia ser defendido por una jerarquia Zonsistente en el Papa, los obispos y los curas, “porque se debe arrancar toda planta que Dios no plant”, probablemente una refe- rencia a la impopular inquisicién. Morelos no aclaraba si en su opi- nidn la iglesia debersa poser bienes. Se hizo evidente que la forma de gobierno deberia ser republicana; la esclavitud, el tributo y todas las distinciones étnicas debian ser abolidas y todos los mexi- canos ‘llamados “americanos”— serian iguales. Sus propiedades debjan respetarse y las leyes controlarian la miseria y aumentarian los salarios de los pobres. Las propiedades de los espaiioles, “euro- peos”, una vez confiscadas serfan administradas cuidadosamente con miras a financiar la guerra. El Congreso actué con rapidez sobre la primera recomendacién de Morelos y el 6 de noviembre declaré que “por las presentes cir- cunstancias de la Europa. . . queda disuelta la dependencia del trono espafiol”. El Congreso celebrarfa tratados con la Santa Sede; reconocia tinicamente Ia religion catdlica y prohibia la practica de cualquier otra en publico o en secreto y protegeria con todos sus poderes la pureza de la fe y la conservacin de las ordenes monas- ticas. A pesar de que la alta jerarquia eclesidstica no tenfa muy buena opinién de los insurgentes mexicanos, estos iltimos no abri- gaban ningin resentimiento contra la iglesia y todo lo que anhela- ban es que se les tomara en cuenta. Es una ironia que la iglesia les diera la espalda a estos curas pobres y devotos de pueblos y diera pleno apoyo a una Espafia que habia de volverse liberal. La Decla- racién de Independencia fue seguida el mismo dia por un decreto que restablecia a la Compaiiia de Jestis, aparentemente segun la iniciativa del propio Morelos?®. No habia habido jesuitas en Mé- xico para dirigir, o cuando menos para inspirar a los rebeldes, pero su recuerdo era estimado y puede decirse que recibieron una ven- ganza tardia por su expulsién no tanto con el decreto, sino con el establecimiento mismo de la independencia mexicana. EI 7 de noviembre Morelos y sus fuerzas partieron para Vallado- lid, El intento de conquistar esa ciudad fue un error, porque alli los insurgentes fueron decisivamente derrotados por otro nativo de Valladolid, Agustin de Iturbide. De allf en adelante la estrella de Morelos empezé a declinar; su ejército perdi6 terreno bajo los ata- Ques sistemdticos de Calleja, comandante general y virrey virtual, aunque de acuerdo con la constitucién espaiiola de 1812 sélo era un jefe politico21. El Congreso huy6 de Chilpancingo y se refugié en Apatzingdn en el corazon de la tierra caliente; alli trabajo en la 29 ccién de una constitucion, sin ser molestado pero tambig weempleto aislamiento mientras que Morelos estaba lejos cont remanente de sus fuerzas. La constitucion, proclamada el 27'1 octubre de 1814, incorporaba més 0 menos las ideas expresaday anteriormente en Chilpancingo, nunca habia de ser aplicada en |, practica, porque bajo la ofensiva realista, siempre en aumento, ¢| Congreso se dispers6. El propio Morelos fue capturado y ejecutado el 22 de diciembre de 1815. : En la lucha por la independencia mexicana, Morelos ocupa un lugar s6lo inferior al de Hidalgo. Sin duda Morelos poseia cualida. des de las que Hidalgo carecia; se revel6 como soldado y organiza. dor; sobre todo, era un hombre de caracter. Leal y modesto, More. los rehusé aceptar el pomposo titulo que le ofrecia el Congreso y prefirié llamarse el siervo de la nacién. Si Hidalgo era un huracén, Morelos era la Iluvia constante que alimenté el terreno. Morelos desarrollé el movimiento iniciado por Hidalgo y le dio forma coherente. Muchos habitantes de Ja Nueva Espafia que se habian dispersado por la violencia de las masas de Hidalgo, comenzaron a ver la independencia a una luz mds favorable como resultado de los esfuerzos de Morelos. Asi, cuando el momento propicio se presen. t6 algunos ajios después, la opinién publica no sélo no se opuso, sino que recibié con regocijo a la independencia. El gobiemo espaiiol consider6 que el fin de Morelos significaba la aniquilacién del movimiento de independencia; unos cuantos grupos de insurgentes resistiendo aqui y alld no eran peligrosos. De manera que en 1816 retité a Calicja y el nuevo virrey, Apodaca, conde de Venadito, intent6 la pacificacién ofreciendo la rendicion condicional a los insurgentes restantes. Muchos aceptaron, otros se ocultaron. Para 1820, el pais estaba aparentemente tranquilo, ex- cepto por una pequefia zona surena, donde Vicente Guerrero rehu- saba rendirse. Probablemente hubiera muerto coino cabecilla de guerrillas si un acontecimiento en Espafia no le hubiera dado un distinto giro a los acontecimientos. El 1o. de enero de 1820, un grupo de oficiales del ejército pro- clamé la constitucién liberal que habia sido aprobada por las Cortes en 1812, pero que fue anulada por Fernando VII a su reere- so a Espafia en mayo de 1814. La ola revolucionaria se sobrepuso al rey, de modo que este se vio obligado a aceptar el régimen cons- titucional. Los resultados pronto se presentaron. Después de me- diados de afio, Espafia comenzé a presenciar una serie de medidas anticlericales incluyendo la supresién de la Compafita de Jestis y Clertas otras drdenes religiosas. A las demas drdenes no se les peF- mitia tener mas de un n:onasterio en un distrito y no podian esta- blecerse nuevos monasterios o conventos, Fueron decretadas otras medidas que afectaban la inmunidad personal del clero y el dere- 30 cho de la iglesia para adquirir propiedades. La iglesia estaba enca- yando un ataque mds serio sobre sus privilegios y posesiones que cualquier liberalizacion intentada por gobiernos anteriores. En los altos circulos eclesidsticos de la Nueva Espafia surgié la jdea de que la iglesia podria salvarse estableciendo un México inde- pendiente. El obispo de Puebla, Antonio Pérez, y el rector de la Universidad de México y canénigo de la catedral metropolitana, Matias Monteagudo —el primero mexicano, el segundo espafiol— promovieron la idea®. Obviamente no estaban solos en esta empresa; deben haber actuado con la aquiescencia de algunos de sus colegas y superiores. El alto clero naturalmente deseaba evitar una repeticion del levantamiento popular de Hidalgo; buscaba un cambio de gobiemo sin derramamiento de sangre. Para lograrlo necesitaban la ayuda del brazo secular, una alianza con el ejército o parte de él —-desde luego con los niveles més altos, no con los soldados cuya obediencia se tomaba por un hecho. Pronto se pre- sent una oportunidad con el nombramiento del coronel Agustin de Iturbide como comandante militar del sur de México. Iturbide nacié en Valladclid, hijo de un acaudalado comercian- te vasco y de madre criolla. Sus antecedentes eran aproximadamen- te los mismos que de los rebeldes de San Miguel el Grande; pero a diferencia de ellos, al recibir noticias de la insurreccién de Hidalgo, ofrecié sus servicios a la corona. No era el tinico criollo en el ejér- cito realista; la guerra civil habia dividido verticalmente ala nacion, de modo que miembros de todos los estratos sociales y étnicos combatieron en ambos bandos. En la guerra, Iturbide llegé a ser conocido como un militar despiadado y sanguinario que ejecutaba a los curas insurgentes sin ningtin proceso judicial 23. _ En 1815 fue acusado de falta de escriipulos en cuestiones finan- cieras y un aio después se retiré del ejército, problamente abrigan- do resentimientos contra las autoridades virreinales que lo perse- guian ahora que ya no lo necesitaban. Si no hubiera sido por la revolucién de 1820 en Espana, habria pasado el resto de sus dias como hacendado. Por todo esto parece extrafio que en 1820 (en noviembre), el virrey le hubiera ofrecido un nombramiento para un importante mando en el ejército y que él hubiese aceptado; de hecho se sugirié que los conspiradores del clero habfan persuadido a Apodaca que lo hiciera como parte de su plan?. Una explicacion mis simple es que Iturbide fue elegido como el mejor oficial realista disponible Para entendérselas con las guerrillas que operaban en el sur ahora que el coronel Armijo habia renunciado al puesto por motivos de salud. Cualquiera que haya sido la raz6n, ésta era una oportunidad Para Iturbide y cuando acepté tal vez ya habia decidido qué hacer. Poco después del inicio de su misién oficial, Iturbide traté de ganar- 31 se la buena voluntad y la confianza de sus antiguos adversariog Vicente Guerrero y Nicolds Bravo, los dos més distinguidos lucha. dores de la independencia que atin vivian. Bravo habia sido libera. do recientemente de una prisin realista y Guerrero continuaba resistiendo en el sur25, Naturalmente, Guerrero descontfiaba; las proposiciones escritas de Iturbide parecian tipicas intenciones de atraerlo a una celada. Las sospechas de Guerrero, sin embargo, fue- ron vencidas cuando el 24 de febrero de 1821 Iturbide hizo publi. co su programa para la independencia mexicana en Iguala, en la profundidad de las tierras del sur, no lejos de donde Guerrero se encontraba operando. En un documento (que entré ala historia como el Plan de Iguala), que Iturbide pudo haber traido de México, cuando menos en esbo- zo 0 anteproyecto, invitaba a todos los “americanos, bajo cuyo nombre comprendo no solo a los nacidos en América, sino a los europeos, africanos y asidticos que en ella residen”, a unirse en un esfuerzo comtin teniendo como meta la independencia26, Todos los grandes paises habian sido gobernados alguna vez por otras naciones; todos con el tiempo habian sobrepasado a la madre patria. Este momento habia Megado ahora para México. ‘jEspafoles europeos!”, continuaba el manifiesto en un tono més emotivo, “yuestra patria es la América, porque en ella vivis, en ella tenéis a ‘vwuestras amadas mujeres, a vuestros tiernos hijos, vuestras hacien- das, comercio y bienes. jAmericanos! ;(uién de vosotros puede decir que no desciende de espaiiol? Ved la cadena dulcisima que nos une; afiadid los otros lazos de la amistad, la dependencia de intereses, la educacién e idioma y la conformidad de sentimientos. Es legado el momento. . . de que nuestra union sea la mano pode- rosa que emancipe a la América sin necesidad de auxilios extrafios. Al frente de un ejército valiente y resuelto, he proclamado la Inde- pendencia de la América Septentrional”. En resumen, un México independiente cuyos habitantes todos, sin importar el lugar de nacimiento, serian iguales. Esta proposicién parecia bastante ra- zonable, pues la hostilidad entre peninsulares y criollos deberia haberse gastado con el curso de los afios; ni los rebeldes habian logrado desplazar a los espafioles ni éstos someter a sus “primos” criollos. Otros problemas sui ahora ante el pais; por lo tanto era el momento de la reconciliacién. Era necesario defender la fe catélica. Con este postulado, el autor del manifiesto —quienquiera que haya sido27 encontré el comin denominador para espafioles Y mexicanos, para terratenientes y desprovistos de tierras, pata blancos, mestizos e indios, para el alto y el bajo clero. A los espa- Holes que estaban preocupados por sus vidas y haciendas, le ofre- cla garantias de que vivirian tranquilos en la nueva nacion y a los mexicanos les ofrecia la tan esperada independencia, especialmen- 32 a“ al Eel te a los insurgentes que para entonces habjan perdido la esperanza de que su suefio algiin dia se hiciera realidad. Al unir ala nacion neutralizando a las fuerzas espafiolas y aislando al pufiado de oft ciales realistas, proponia llevar a cabo la transferencia del poder sin derramamiento de sangre. Su Iamado result6 ser todo un éxito. Iturbide ahora estaba comprometido con una causa que se juzgaba como traicién a los ojos de los realistas. Todas las dudas acerca de sus intenciones se desvanecieron. Dos semanas después Guerrero le envié un mensaje a Iturbide en el que se ponia a sus érdenes?8. La sospecha entre los soldados de Guerrero, por supuesto, no habia sido completa- mente superada, pero los dos ejércitos se encontraron —uno de los espectaculos mas extrafios posibles de imaginar. Oficiales bien ves- tidos y tropas bien alimentadas por un lado y guerrilleros monta- iieses tipicos por el otro se examinaban mutuamente con descon- fianza; se habian encontrado en los campos de batalla como enemi- gos en el curso de la diltima década, Pero funcioné. Los insurgentes en otras partes de México siguieron el ejemplo de Guerrero, dando su apoyo a Iturbide. Los oficiales realistas que como Iturbide ha- bian luchado contra la insurreccién, se unieron al movimiento, incluyendo a Anastasio Bustamante, comandante en el importante Bajio. El poder virreinal se desintegré lentamente y el propio conde de Venadito fue obligado a renunciar el 5 de julio. Era prudente, si no es que necesario, persuadir a Espaiia a aceptar la independencia de México mediante un tratado formal. Un nuevo virrey, Juan O’Donoji, nominalmente sdlo un jefe poli- tico, estaba en camino a México y era con él que Iturbide se pro- ponia conferenciar. Se reunieron en Cordoba, centro de un fértil distrito tabaquero al pie del voledn Citlaltépetl, y el 24 de agosto firmaron el Tratado de Iguala como base del futuro estado independiente, con varias modificaciones, una de las cuales no parecié importante en el momento. Segtin el documento original, México serfa una monarquia constitucional bajo el reinado de Fernando VII 0, en caso de que éste rehusara, de otro principe es- pafiol o de cualquier otra dinastia reinante. El Tratado de Cérdo- ba, sin embargo, no especificaba que el futuro emperador mexica- no —el término resonaba con la memoria tanto de Napoleén como de Moctezuma— debia ser escogido de alguna dinastia europea; en caso de que los candidatos nombrados en el texto no se dignaran aceptar la corona, el monarca seria elegido por el Congreso mexi- cano29, O’Donojiti no percibid la omision30, . 2 Iturbide entré en la Ciudad de México como liberador del pais el 27 de septiembre, su trigésimo octavo cumpleafios. Después de una lucha que habia empezado quince afios antes, los hacendados mexicanos —herederos espirituales, si no reales, de los conquista- 234465 cae lores-- alcanzaron el poder politico. En 1810, los mexi, sf mismos no fueron lo suficientemente fuertes pa Por \ poder de Espafa y de la iglesia. Aprovechando una constant! inusitada de circunstancias favorables, Iturbide triunfo conde dalgo habia fracasado, teniendo el apoyo del ejército realist, Ai como el de la iglesia. De esta manera logré la independencig @"! diante, hablando comparativamente, una revolucién corta y pad sin derramar sangre. Sin embargo, irénicamente, Iturbide es el menos admirado de | todos los involucrados en la lucha por la independencia mexicana, Primero luché contra sus compafieros criollos; después enfrenta Espafa. Los oportunistas nunca han sido amados por el pueble Esto explica por qué México tiene monumentos para Hidalgo, Mo, relos y Guerrero, pero ninguno para Iturbide. Cada uno de los hé. toes tiene igualmente una provincia nombrada en su memoria; el estado de Guerrero cubre la misma region donde Guerrero pass diez afios luchando por la independencia. Valladolid fue rebau. tizada con el nombre de Morelos, no el de Iturbide, que también era nativo de alli. Uno preferirfa que Guerrero, que se habia sacri. ficado durante una década, hubiera sido el libertador en vez de Iturbide, que coseché los frutos de los esfuerzos de otros, Sin em- bargo, a final de cuentas, los logros de Iturbide no pueden negarse. 34

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