Didácticas para Evaluación en Filosofía
Didácticas para Evaluación en Filosofía
1. PLANTEAMIENTO GLOBAL
Comenzaremos por decir que compete a todo el currículo del bachillerato proporcionar al
alumnado competencia intelectual y humana, así como los conocimientos y habilidades
que les permitan desempeñar sus funciones sociales y competencia. Ello quizá se vea
potenciado especialmente al enfrentamos a una asignatura como la Filosofía, sobre todo
desde el planteamiento que aquí proponemos, por las razones que a continuación vamos
a examinar. Si añadimos lo que expone documentos lineamientos curriculares del MEN,
se verá aun mejor como la enseñanza de la Filosofía en el bachillerato pasa por ser un
hito muy significativo en el desarrollo del currículo: La metodología didáctica del
bachillerato debe favorecer la capacidad del alumnado para aprender por sí mismo, para
trabajar en equipo y para aplicar los métodos apropiados de investigación. He aquí, pues,
tres principios metodológicos que deberían atravesar toda la didáctica de la asignatura.
Estimamos que la propuesta que aquí se presenta los recoge y estimula en todo
momento.
Dejando por ahora de lado el tópico kantiano, tantas veces citado, acerca de la
enseñanza de la filosofía y la actividad de filosofar, preferimos utilizar como «inspiración»
de nuestro planteamiento, en primer lugar, las lúcidas apreciaciones de Ortega, al
comienzo de Unas lecciones de metafísica, donde habla de la falsedad del estudiar
cuando dicho estudio no parte de la reconstrucción de una necesidad (cuando no de su
efectiva «vivenciación», si se nos permite el término). Apostar por una enseñanza activa
supone comprometerse a aceptar dos principios: la tarea de nuestra enseñanza tiene
como finalidad que el alumnado aprenda de manera autónoma y colaborativa (y ello
conduce inevitablemente a una pérdida del protagonismo por parte del profesorado,
especialmente del protagonismo que suele ir unido al clásico magíster dixit); y, en
segundo lugar, la enseñanza debe partir de un primer paso motivador, que trabaje en el
ámbito de lo afectivo, para que el alumnado trate de hacer suyos los problemas,
preguntas y respuestas que la cultura ha ido produciendo y promoviendo a través de la
historia. Sólo de esa manera cobra sentido la afirmación kantiana a la que hacíamos
referencia más arriba, de que «nunca puede aprenderse... la filosofía (...); se puede, a lo
más, aprender a filosofar.»
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Orientaciones didácticas para la evaluación por competencias
Hablamos de un proceso que mucho tiene que ver con la denominada empatía. La
alumna o el alumno que es capaz de reproducir las condiciones en que surge un estilo de
pensamiento está en realidad «aprendiendo» ese pensamiento. Quien siente la necesidad
que generó las respuestas culturales que se pueden estudiar a lo largo de la historia,
estará realizando un aprendizaje significativo, el otro pilar de nuestro enfoque.
Hay y ha habido muchas otras maneras de intentar llevar a cabo esta tarea que
escondían más o menos explícitamente sus planteamientos didácticos respectivos. No
pretendemos hacer una crítica global de todos ellos, pero sí advertir que, si se adopta la
premisa de que el aprendizaje debe ser activo y significativo, resulta complicado entender
cómo puede hacerse desde una enseñanza más tradicional, más «descendente». Quien
pueda y sepa hacerlo, ¡adelante! La experiencia parece mostrar que, en general, cuando
se recurre a esos procedimientos que ponen el énfasis en las explicaciones del
profesorado, en la toma de apuntes por el alumnado y en la constatación del nivel de
retención de lo explicado, lo que se produce es un aprendizaje pasivo y en pocos casos
competentes.
Nuestra forma de ver las cosas consiste precisamente en facilitamos la labor tanto como
sea posible, atendiendo a fines educativos que estimamos prioritarios. Si a esos fines
puede llegarse por diversos métodos, es algo que la práctica docente demostrará, aunque
ya hemos comentado que nos parece poco probable. SÍ, en cambio, lo que se persigue
son fines distintos de los señalados arriba, entonces la controversia no se situará en las
didácticas sino en el fondo de lo que entendemos por educación. Sin ánimo de teorizar
excesivamente sobre el asunto, conviene hacer alusión a la propuesta pedagógica y la
didáctica que late en nuestro planteamiento.
2. UN APRENDIZAJE COMPETENTE
Partimos del hecho de que trabajamos con un grupo y como tal aprendizaje comunitario
hay que enfocar la enseñanza de la filosofía. La enseñanza «tradicional», si se nos
permite caricaturizar el ejemplo, utilizaba una metodología que ha quedado superada por
la propia pedagogía tradicional. En efecto, dicha metodología estaba centrada en un mero
impartir contenidos conceptuales, con pautas metodológicas como: «ir de lo general a lo
particular (deducción)», «ir de lo lejano a lo próximo», etc.
Cabe entender que los grupos pueden pasar por tres momentos y, de ese modo,
clasificarse en:
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Cuando hablamos de nuestra clase, nos enfrentamos a un grupo que pasa por esas tres
fases, con predominio de alguno de esos tres ámbitos, en sucesión cronológica: 1.
afectivo; 2. conceptual; 3. operativo. Gráficamente representado:
A cada una de esas fases le corresponde, claro está. un conjunto de actividades por parte
del / la profesor / a, de tal manera que el gráfico completo queda:
Supuesto que esos tres ámbitos (lo afectivo, lo conceptual y lo operativo) son tres planos
generales, subsistentes, independientes de lo que pretenda el / la educador /a, nuestra
estrategia didáctica pasa por articularlos para que se programen y utilicen las actividades
(y pasen después a ejecutarse) siguiendo el orden lógico de desarrollo de la vida del
grupo.
Los tres ámbitos que se hallan presentes en las tres frases pero en distinta proporción
muestran que, en realidad, este esquema es que podría aplicarse a una sola sesión, que
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De este modo nos planteamos que cada unidad didáctica comience trabajando
fundamentalmente los aspectos afectivos, es decir, programando actividades
motivadoras, para pasar después a una segunda fase en la que decrecen este tipo de
actividades, cobrando protagonismo las de formación (estamos en la fase en la que prima
el ámbito de lo conceptual), complementadas con algunas de aplicación, para llegar a la
tercera y última fase, en la que hay una dedicación casi exclusiva (en detrimento de las
anteriores) a la organización y aplicación de lo aprendido. En el apartado dedicado a la
programación de la asignatura pueden verse con algo más de detalle cómo se van
configurando esas tres fases y las posibles actividades que planteamos en cada una de
ellas, por lo que no es necesario decir mucho más en este momento.
Hay algo, no obstante, en lo que queremos insistir una vez más. Esta propuesta de
trabajo no puede en ningún caso entenderse de-una manera rígida. La secuencia de
fases se aplica a toda unidad didáctica, pero debe aplicarse también a cualquier sesión
hasta convertirse en un principio fundamental de toda actividad pedagógica que pretende
ser activa y significativa. El repertorio de actividades que ofrecemos en cada unidad
didáctica no debe entenderse como algo que hay que realizar íntegramente en el aula,
sino como un conjunto de recursos didácticos a los que se puede acudir en todo momento
para ir alcanzando los objetivos propuestos.
Otra manera de trabajar, que aquí ofrecemos a menudo, es partir de una actividad menos
«académica» en sentido estricto, como son las películas, las audiciones, las diapositivas,
la lectura de textos literarios... Con respecto a estas actividades habría que tener en
cuenta dos cuestiones: a) siempre se acompañarán de algún guión o presentación que
permita convertirlas en materiales útiles para la clase de filosofía; b) generalmente habrá
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Orientaciones didácticas para la evaluación por competencias
que optar por alguna/s de ellas, y es la experiencia del profesorado la que mejor puede
decidir, en función del tiempo real de que se disponga o de otras variables, cuál/es son las
más apropiadas.
2. Cuando el profesorado estime que ha alcanzado un nivel de motivación y
familiarización suficiente (nosotros generalmente proponemos 3 ó 4 sesiones, pero puede
variar), se habría de abordar el trabajo más duro, por más extenso y conceptual. Una
posibilidad, utilizada por nosotros a menudo, consiste en presentar el texto narrativo
correspondiente al período que se esté trabajando en una sesión y repartirlo después al
alumnado (si no lo tiene ya previamente), para que le sirva de marco general de
referencia a partir del cual, en las siguientes sesiones, sea posible: a) plantear preguntas
el alumnado; b) realizar alguno/s ejercicios de los propuestos; c) llevar a cabo planes de
discusión; d) pasar a profundizar en el autor y texto escogido; e) leer y comentar otros
textos breves complementarios; f)...
En este sentido vuelve a ser beneficioso recordar que las actividades que proponemos
para este segundo momento en el que prima lo «formativo» deben ser utilizadas de una
manera racional, por lo que el profesorado debe escoger aquellas que crea más útiles,
más significativas, más ajustables a tiempos y necesidades, etc. La introducción de un
ejercicio u otro, de alguna actividad específica o de otras que la profesora o el profesor
puedan encontrar relevantes en un momento determinado, sólo está guiada por el criterio
de que favorezca el crecimiento del alumnado, el desarrollo de su capacidad de ir
pensando de forma autónoma y creativa, así como los objetivos más específicos que se
señalan en las orientaciones de la asignatura.
3. Quizás el máximo tiempo y esfuerzo haya que dedicarlo, en esta segunda fase, a
bucear en el autor y el texto escogido, pero ello siempre debería tratar de hacerse a partir
de las múltiples referencias que vayamos suministrando o que vaya obteniendo el
alumnado. En la unidad didáctica dedicada al despertar de Europa, por ejemplo, Tomás
de Aquino y su texto, La monarquía, pueden ser abordados a partir de una reflexión sobre
los poderes políticos, temporales y/o espirituales, tal y como se deducen de un
pensamiento cristiano, y ello es «fácil» si hemos partido en la anterior fase de la película
El nombre de la rosa o Tomás Becket, cuyas tramas pertenecen cronológicamente a
épocas diferentes, pero muestran claramente los problemas y contradicciones que definen
todo este período histórico.
5. Por lo que se refiere al modo más concreto de trabajar, nuestra experiencia personal y
nuestro propio planteamiento teórico nos aconsejan optar por algunas indicaciones que,
naturalmente, son sólo eso:
a) ausencia de libro de texto único, utilizando más bien varios que podrían encontrarse en
el aula, formando una biblioteca en la que deberían estar, por ejemplo, los libros que en la
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Orientaciones didácticas para la evaluación por competencias
bibliografía aparecen con un asterisco inicial, u otros parecidos según las posibilidades de
cada centro.
c) El trabajo puede ser muchas veces colectivo, en grupos que deberían ir variando
durante el curso. Es importante que el alumnado comprenda que no es lo mismo trabajar
individualmente que en equipo, y se dé cuenta de que hay tareas de investigación que
sólo pueden hacerse cooperativamente.
6. No habría por qué proponer pruebas específicas de evaluación, puesto que estamos
evaluando desde todas y cada una de las actividades en todo momento. Pero parece que
la prudencia y la experiencia avalan el recurso a algún tipo de verificación final que
contemple toda la unidad y su proceso de aprendizaje. A la hora de pensar en pruebas o
actividades que permitan evaluar, podría recurrirse a alguna de las ya realizada.:, o
alguna de las desechadas por falta de tiempo en su momento. Sigue resultando válido el
proporcionar un fragmento del texto escogido para su comentario y/o análisis, siempre
que se tenga claro que no se trata tanto de medir lo que el alumnado "sabe" sobre un
autor o su filosofía, sino su capacidad para interpretar un texto, contextualizándolo
históricamente y relacionándolo con la cultura de la que emerge y a la que representa.
También puede tener un gran valor proponer la producción de textos creativos, pero
rigurosos en su exposición y argumentación. Consideramos que estas sugerencias sobre
la evaluación deberían ser tenidas en cuenta en las pruebas de acceso a la universidad
que se propongan al alumnado; en caso contrario, la posibilidad de introducir modos
alternativos de aprendizaje de la historia de las ideas están condenados a hacer frente a
grandes dificultades.
Todas las sugerencias que acabamos de mencionar, así como todos los materiales que
se enuncian en la programación o se especifican con algún detalle en cada guía deben
ser entendidos, por tanto, tan sólo como un repertorio, un andamiaje (por utilizar la
terminología de Brumer) que le sirve al profesorado y al alumnado para ir construyendo su
propio edificio. Se puede encontrar otras películas, otros textos literarios y filosóficos,
otros planes de discusión y otros ejercicios, y sería bueno que así ocurriera. Es más, esto
abre enormes posibilidades para adaptar la asignatura cuando se oferte como operativa
en otros bachilleratos. Pero tanto los que proponemos como los que se vayan añadiendo
al aire del proceso de investigación-acción que todo profesor debiera llevar en el aula
tendrán que pasar el mismo listón evaluador: su capacidad de ayudar al alumnado.
3. EVALUACIÓN
Parece claro que el proceso de evaluación debe inscribirse en este esquema general del
que venimos hablando como un elemento de verificación, de corrección y de
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Este último escalón, en realidad, se engrana perfectamente con los anteriores, puesto que
una vez que llevamos a cabo (ejecución) las distintas actividades motivadoras, formativas
y de aplicación, que informan nuestra específica forma de trabajo pedagógico, es preciso
evaluar los resultados y el propio proceso, en un constante ejercicio de revisión y
retroalimentación, o mejor aún de investigación-acción, siguiendo las líneas propuestas
Kemmis y Stenhouse; es decir, se trata de convertirse en profesionales creativos que
proponen hipótesis para poder alcanzar las metas propuestas, las ponen en práctica y
revisan esa misma práctica, descubriendo los problemas y los aciertos, para así poder
reelaborar la hipótesis y diseñar nuevas prácticas, un proceso que hemos intentado
esquematizar un poco más adelante.
En este sentido, la evaluación no debería ser considerada como algo que sólo se efectúa
al final del proceso, sino también al final de cada fase y durante éstas, porque del análisis
del grupo en cada uno de esos momentos podremos obtener valiosísima información que
nos permitirá reprogramar, adaptar, diversificar... De este modo, la evaluación es la
auténtica piedra de toque de toda nuestra actividad docente, como clave de bóveda y
criterio para la toma de decisiones, reajustes.
Pretendemos alejarnos así de un error muy habitual en el sistema educativo que consiste
en reducir la evaluación a las calificaciones del alumnado. El hecho de que en el
bachillerato se vuelva a proponer la calificación numérica puede tener la consecuencia no
deseable de reforzar esos reduccionismos. La incorporación a nuestra actividad con un
grupo de alumnos de procesos de socio-evaluación, de la observación cualitativa de lo
que ocurre en el aula, recurriendo a algunas plantillas de observación en las que se
especifiquen variables concretas tanto afectivas como cognitivas, de la elaboración de un
breve diario de clase del profesor o profesora y de algunos otros recursos de evaluación
que no podemos mencionar ni muchos menos detallar aquí, se convierten en
componentes irrenunciables del proceso de evaluación. Aunque tengamos tendencia a
centrarnos excesivamente en la comprobación del nivel de adquisición de competencias y
conocimientos por el alumnado, debe quedar muy claro que se trata de hacer algo más tal
y como estamos proponiendo aquí.
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Orientaciones didácticas para la evaluación por competencias
GRUPO PROFESORA
INVESTIGACIÓN
1 1’
EJECUCIÓN M FA
LUA CIÓN
EVA PROGRAMACIÓN
INVESTIGACIÓN
2 2’ M F A
EJECUCIÓN CIÓN
LUA PROGRAMACIÓN
EVA
3 INVESTIGACIÓN
3’
M FA
EJECUCIÓN
4. BIBLIOGRAFÍA
Recogemos aquí una bibliografía mínima que puede ayudar a profundizar en los
planteamientos pedagógicos que hemos desarrollado en esta programación.
DOMÍNGUEZ REBOIRAS, M.L., y ORIO DE MIGUEL, B.: Método activo: una prepuesta
filosófica, Madrid, M.E.C., 1985.
Uno de los textos clásicos de la didáctica de la filosofía en nuestro país, que apuesta
decididamente por un aprendizaje significativo y un proceso abierto en el que se parte de
los intereses del alumnado.
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Orientaciones didácticas para la evaluación por competencias
No sería posible entender nuestra propuesta sin ver en ella un serio esfuerzo por aplicar
las ideas fundamentales sobre la enseñanza de la filosofía desarrolladas en el ámbito del
proyecto iniciado por Matthew Lipman. En este manual se incluyen numerosos ejercicios
sacados de sus manuales y se puede entender nuestro trabajo como el esfuerzo de
realizar unos materiales con el programa general de Filosofía para Niños para poder
enseñar Historia de la Filosofía.
NOVAK, Joseph D.: Teoría y práctica de la educación, Madrid, Alianza, 1988 (2.a reimp).
Otro de los textos clásicos del aprendizaje significativo. Puede considerarse casi
imprescindible para entender el planteamiento de fondo.
Quizá se trate de Ulises, o Agamenón o cualquier otro. Quién sabe sí, después de tantas
hazañas, su heroicidad los aupó sobre su perfil de individuos, transcendiéndolos para
poder llegar a ser uno de esos modelos que sus compatriotas tratarán de imitar por los
siglos de los siglos. Y es que estamos en Grecia, un nombre geográfico que, en sí mismo,
no pasa de ser una abstracción, pues tras él se esconde una realidad múltiple. Un mundo
guerrero -no se olvide-, en constante estado de alerta, de vigilia frente a un hipotético o
real enemigo exterior, también internamente sufre las convulsiones de enfrentamientos
«civiles». Pero es además un mundo que ha conseguido dejarse empapar, sobre todo
desde finales del siglo VI a.C, por las raíces dispersas de múltiples culturas más o menos
limítrofes, construyendo una imagen del mundo y una mentalidad que orientarán
definitivamente el rumbo del mundo occidental. No está de más insistir en el hecho de que
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Orientaciones didácticas para la evaluación por competencias
los griegos beben en civilizaciones preexistentes, de las que se nutren y respecto de las
cuales son eternos deudores, como su ciencia, literatura, arte atestiguan. Pero parece
evidente que son ellos los que, por vez primera, establecen conexiones originales,
revolucionarias incluso, entre elementos fragmentarios, desvinculados, procedentes de
otros pueblos.
En los siglos de que nos ocupamos, desde finales del siglo VI a.C. hasta el IV a.C., la
llamada época clásica, nuestro guerrero se transformará de héroe épico, capaz de
enfrentarse casi a los dioses, en individuo con rostro más humano, luchando contra
persas, o contra atenienses -si se era lacedemonío- o contra espartanos, si era al revés.
También irán variando sus escalas de valores, desde aquellos de una moral aristocrática,
deportiva, agonal, donde hay que destacar compitiendo y vencer a toda costa, hasta una
moral ciudadana democrática, en el caso de Atenas, participativa, igualitaria -con todos
los matices que estos términos tienen en la Grecia del siglo V a.C., como veremos.
Este incesante ir y venir bien pudo haber avivado las comunicaciones Ínter e
intraculturales; también debió de ser decisivo el hecho de que se generalizara el uso de la
moneda como vehículo de intercambio, en la consolidación de un espíritu dotado de
mayor capacidad para la abstracción; pero en cualquier caso el ser humano se fue viendo
paulatinamente obligado a tomar precauciones frente a un mundo que era cada vez
menos cotidiano y familiar, más vasto y, por lo mismo, más necesitado de dominio, desde
el mar hasta el interior. Volcanes, terremotos, inundaciones, eclipses, sequías, mareas...
todos estos fenómenos sorprendentes (Thaumasia) pudieron despertar el interés
especulativo de los griegos, más allá incluso de la mera curiosidad del ocioso. Desde
siglos atrás los poetas habían construido una imagen del mundo, que le diera coherencia
aun a riesgo de tener que dejar volar la imaginación para que las piezas de este
rompecabezas encajaran. Pero algunos de ellos ya se dieron cuenta de la necesidad de
exigir, como individuos, explicaciones más objetivas. Así Hesíodo, frente a Hornero y, por
tanto, frente a la tradición sustentada por la colectividad, reclama para sí, al comienzo de
su teogonía, una voluntad de verdad en las explicaciones, en las narraciones, en los
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Orientaciones didácticas para la evaluación por competencias
Pero será en Jonia, en el Asia menor, en el encabalgamiento entre ese período arcaico y
el clásico, donde comenzará propiamente esa cosa llamada filosofía. Primero más como
una actitud, un estilo, una «moda» que como un producto acabado. Y comienza al hilo de
lo que, utilizando un término cronológicamente posterior, los helenistas han llamado
ilustración. En efecto, también Grecia tuvo su Ilustración; y la filosofía y la ciencia griegas
(de las que proceden las actuales filosofía y ciencia occidentales) son hijas de ella.
Hay una palabra griega que nos ayuda a entender este giro: historie (de donde procede
nuestra voz «historia»). Con ella designaban los griegos la investigación, en el sentido
empírico, esto es, referida a los hechos y, al mismo tiempo, los resultados, el producto de
dicha actividad investigadora. O lo que es lo mismo, la búsqueda de la verdad como
opuesta a la tradición, o la constatación del hecho como opuesta a la ficción o al recurso
imaginativo. Si la tradición y la ficción pertenecían al campo expresivo de la poesía (así la
Ilíada o la Odisea), esta nueva y radical actitud, cifrada en la historie (que aparece en
Jonia en el siglo VI a.C.) encontrará su estilo y su expresión propios en la prosa. En
prosa, por ejemplo, dice Hecateo de Mileto que escribe «según me parece que es verdad.
Pues los escritos de los griegos son muchos y en mi opinión ridículos». Actitud un tanto
iconoclasta que contribuye a desacralizar aún más la sociedad (no se olvide la ausencia
de una religión vinculada a textos sagrados o a castas sacerdotales investidas de
autoridad), a perderle el respeto a la tradición como transmisora única de verdades
eternas e incuestionables.
La propia noción de historia entendida como un recuento de lo que ha pasado por causa
directa de los seres humanos, añadiría un factor decisivo para el surgimiento de la
ideología ilustrada y democrática: la responsabilidad de los individuos en el acontecer
socio-político.
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Orientaciones didácticas para la evaluación por competencias
¿De dónde se nutrió ese deseo de información objetiva para la vida práctica? Mileto, por
su ubicación geográfica y por el tipo de actividad comercial en ella desarrollada, se
situaba en medió de una corriente de pensamiento oriental. 'Los milesios probablemente
viajaron por tierra a toda Mesopotamia, por mar a Egipto... Fueron, por tanto, dinámicos,
emprendedores, prácticos. Su experiencia y la de otros pueblos los situó frente al
asombro con una actitud nueva: si el mundo natural fuera susceptible de ser sometido a
un orden racional, no sólo lo entenderíamos y nos gozaríamos ante la contemplación
(theoría) de un cosmos ordenado y bello, sino que además podríamos saber a qué
atenernos, cómo orientarnos, prever, etc. en ese aparente laberinto que era el mundo tal y
como lo narraban las fábulas y los mitos.
Nuestra historia, así, pudo haber comenzado cuando uno de estos ciudadanos de Mileto
pusiera entre paréntesis lo que Hornero había dicho sobre algún punto que le preocupara
y al que no acababa de encontrar respuesta. Y es que Ulises bien pudo perderse en el
mar, de vuelta a Itaca; tropezarse con la bella Calipso o con la pérfida Circe, que a punto
estuvo de convertirlo, como a sus compañeros, en cerdo de por vida; o casi doblegarse al
atractivo, aunque luctuoso a la postre, canto de las sirenas. Pero Tales de Mileto
sospecha que, de embarcarse en las costas de su amada pólis, rumbo quizás a Egipto, el
peligro radicará más bien en perderse, hundirse en medio de la tempestad de olas o ser
arrastrado por vientos y corrientes hacia un rumbo ignorado. Con Poseidón y sus
periódicos ataques de ira bien puede jugarse a componer cantos épicos, o a sacrificar
animales, pero ante el prosaísmo furioso de un temporal sólo caben el conocimiento, la
razón, la técnica y la voluntad de encontrar respuestas y soluciones objetivas, eficaces,
convincentes... o perecer.
Ya se sabe que, después de Tales, otros también se atrevieron a seguir la moda ilustrada
de no hacer excesivo caso de esa tradición fabulosa de la épica. La crítica se fue
extendiendo por otras ciudades jonias, donde otros individuos se sintieron incapaces de
resistirse al noble juego de querer saber más sobre más cosas.
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Orientaciones didácticas para la evaluación por competencias
Nuestro guerrero del principio se ha convertido en filósofo; aunque aún hay, en el fondo
de su alma, algo de aquél. En un mundo beligerante» competitivo, de constante tensión
entre valores de dominación, lucha e incluso soberbia altanera y colérica (hybris), y
valores restrictivos de esas actitudes, la baza del saber y el conocimiento se moverá
también en esa ambivalencia. El conocimiento teórico, contemplativo, máxima aspiración
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Orientaciones didácticas para la evaluación por competencias
Mucho se ha hablado del afán especulativo, teórico, de los griegos, dotado de un enorme
grado de abstracción (afán presente, por cierto, en una clase de ciudadanos liberados de
otras premuras materiales gracias a la esclavitud, que sustentaba la economía de las
ciudades); pero ello no ha de hacernos caer en la tentación de creer que estos primeros
teorizadores del saber vivieron ajenos a las necesidades y carencias que su civilización
demandaba satisfacer. Si, en definitiva, comenzó a haber «teoría» en Occidente no sólo
fue porque las circunstancias lo permitieron sino sobre todo porque lo exigieron.
Será, sin embargo, en Atenas, donde la historia de Grecia alcance su punto álgido para la
historia de las ideas, cuando, en torno al siglo V a.Q, la organización de la vida política y
social cobre un protagonismo extremo con la llegada de las reformas democráticas y la
llamada era de Pericles. El ciudadano pasa ya a ser auténtico protagonista de la vida
pública. El ateniense proclama orgulloso su pertenencia a una comunidad que lo reconoce
como igual ante la ley (isonomía), con los mismos derechos y deberes, con la posibilidad
y necesidad de tomar la palabra y ser escuchado (isegoría) en público. El ciudadano se
enfrenta al hecho insoslayable de la participación en la vida pública. Para ello necesitará
desarrollar unas destrezas, unos hábitos que lo conviertan en buen ciudadano (ya no se
nace con esas aptitudes, como pensara la nobleza aristocrática).
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Orientaciones didácticas para la evaluación por competencias
Frente a la moral aristocrática, nobiliaria, guerrera, para la que la virtud {arete), la dignidad
o excelencia, es innata, patrimonio sanguíneo de una casta que, precisamente por eso,
tiene derecho a mandar (aristocracia es el gobierno de los aristoi-, de los mejores), la
moral democrática, auténtica conquista de la Ilustración griega, trasladada a la Atenas de
Pericles, cree que la virtud se adquiere, que es enseñable y que todos (los ciudadanos, no
lo olvidemos) tienen acceso a ella. Si para un aristócrata de viejo cuño la prueba de la
posesión de la excelencia eran los rasgos exteriores que la acompañan,
fundamentalmente el éxito o la eficacia, ahora cualquiera debería poder triunfar, al menos
políticamente, si consiguiera adiestrarse correctamente.
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Orientaciones didácticas para la evaluación por competencias
Por aquel entonces han comenzado a aparecer en la vida pública ateniense unos
personajes, orgullosos creyentes en el poder de la razón humana. Se autoproclaman
sabios, aunque habrá quien acabe llamándolos, entre irónico y peyorativo, sofistas (frente
al sophós, que es el auténtico sabio), creídos tal vez de su propio saber. Son viajeros
impenitentes, conocedores, por tanto, de los usos y costumbres de muchos pueblos y
ciudades diferentes. Enseñan a los ciudadanos, a cambio de unos honoraríos, el arte de
discutir, de hablar en público, de argumentar... Preparan, por tanto, para ser buenos
ciudadanos. Profundos demócratas, hacen del ser humano el gozne sobre el que toda la
realidad ha de girar, independientemente de qué tipo de ser humano se sea. Desarrollan
un pensamiento ilustrado, antropocentrista y, sobre todo, relativista («no es posible
afirmar nada con carácter absoluto, fuera del contexto en que se ha originado»), lo que
hará clamar contra ellos a Sócrates, su eterno antagonista filosófico.
Menos pragmático que los sofistas -y probablemente con menos expectativas respecto de
la democracia- Sócrates se presenta como el ilustrado comprometido en la reforma de las
conciencias tanto públicas como, sobre todo, privadas. Se le conocía como «el tábano»,
que aguijoneaba y avivaba la conciencia adormecida de sus conciudadanos, haciendo
preguntas insidiosas -jamás «predicó» en el sentido habitual del moralista al uso, ni
escribió absolutamente nada—. Sócrates pensaba que los valores sociales, morales,
políticos -ámbitos que en la mente de un griego se superponían- podían y debían
fundamenterse en valores universales y necesarios, independientes de la época, cultura,
convenciones sociales... «Sólo sé que no sé nada», solía decir, entre humilde e irónico,
frente a los que él juzgaba detentadores del poder y del saber. Tampoco, para él, la virtud
es, sin más, el privilegio de una clase social. La virtud es, sobre todo, cuestión de
conocimiento. Quien hace el mal no es porque sea intrínsecamente malo, sino porque es
ignorante (respecto de qué sea el bien). Pero la ciencia de la virtud no se puede enseñar
a la manera de los sofistas, transmitiendo un saber teórico. Más bien es una destreza que
debe ser «despertada» en cada uno de los humanos dotados de razón. El maestro no
puede enseñar (transmitir) nada al aprendiz sino, en todo caso, dirigir el proceso de
aprendizaje, provocarlo, suscitar el saber que ha de ser, en definitiva, autoconocimiento
(al igual que la comadrona no tiene los hijos, sino que ayuda a tenerlos a otras mujeres,
que son quienes han de pasar, personalmente, por el trance).
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Orientaciones didácticas para la evaluación por competencias
Tanto Sócrates como los sofistas forman parte de esa cultura apolínea, confiada en un
modelo de razón que es capaz en todo momento de juzgar lo conveniente para la salud
de la ciudad o del alma; y aunque con fines quizá distintos, todos pretenden hacer de esa
razón el instrumento de convivencia en la vida política, en la vida social, en la vida moral
—recuérdese de nuevo la continuidad de estos ámbitos para los griegos.
Algunos de los atenienses cultos de principios del siglo IV a.C. podrían haber tenido la
sensación de que algo no había marchado bien, después de todo, cuando el sistema
político comenzaba a ser más nominal que real, incapaz de asumir sus propias
contradicciones por vía de la crítica. La democracia parecía haberse corrompido. Lejos
quedaban las confianzas optimistas de los sofistas, de Sófocles, de Pendes.... La nueva
época está marcada por la crisis, que produce un género literario nuevo, la comedia. En
este espacio escénico caben la sátira, la crítica, la caricatura y el escepticismo político y
ciudadano. Aristófanes, en algunas de sus obras, nos sugiere ese ambiente de
desconfianza frente a los usos —y, según él, abusos- políticos y civiles, en general,
haciendo burla a costa de ellos.
Pero mayores motivos para el escepticismo, frente a la política reinante, debieron de tener
los amigos y discípulos del ejecutado Sócrates. Entre éstos se encontraba un joven, de
origen noble, a quien se conocía como Platón por lo ancho de sus espaldas; este
discípulo aventajado representa perfectamente la distancia que hay entre un ateniense
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Orientaciones didácticas para la evaluación por competencias
ilustrado y demócrata, de mediados del siglo V a.C., y un ateniense culto de principios del
IV.-No sólo la procedencia nobiliaria explica el recelo platónico hacía la democracia.
Probablemente el sentimiento de injusticia y humillación que supuso todo el proceso y
posterior ejecución de Sócrates despertara en él la conciencia de que, a menudo, la razón
no basta. Ese sentimiento debió de ser común entre algunos círculos ciudadanos
«desencantados» con el retorno de una democracia tal vez corrupta. La propia situación
socio-política de Atenas mostraba, a juicio de Platón, cómo el ser humano es el escenario
de un conflicto de intereses y fines entre la razón y las pasiones. Aquélla, para él, es lo
más noble, lo que más nos asemeja a la divinidad; pero nuestra triste condición de
humanos obnubila la razón mediante pulsiones y pasiones que nos animalizan. Es, tal
vez, desde estas claves desde donde puede entenderse el distanciamiento platónico
respecto de la democracia, más que desde un conflicto de intereses entre clases nobles y
pueblo o desde una añoranza de regímenes autoritarios como los de Esparta. Porque tal
vez sea en Platón en quien mejor comencemos a notar que la cultura helena del
racionalismo, del optimismo frente al ser humano y sus posibilidades, si bien continúa
vigente en su época, está empezando a agotarse, a experimentar un cansancio que hace
distanciarse a algunos atenienses. Él hueco abierto, la distancia con que se contempla
esos valores que habían compartido Pericíes, los sofistas, Sófocles o, incluso, el propio
Sócrates, durante los cincuenta años anteriores a la muerte de éste, va a ser cubierta y
suplida con elementos que, aunque ya estaban presentes en el mundo griego, eran
ajenos, originalmente, a él. Provenían sobre todo de Oriente y tenían que ver más con lo
religioso y místico, que con lo racionalista y filosófico. Resulta interesante observar que el
primer gran filósofo occidental, Platón, es ya el resultado de una fusión de culturas, de
una mezcla de elementos griegos y elementos orientales llegados a Grecia a través de los
llamados cultos órneos, que incorporaron en el siglo VI a.C., por ejemplo, los pitagóricos -
verdadera correa de transmisión de esta concepción religiosa del mundo, orientalizante,
hacia Platón y, por lo mismo, hacia Occidente entero-. De este modo, el ser humano va a
ser considerado como una amalgama de componentes irreductibles, antagónicos incluso.
Sólo la necesidad de purificar nuestro espíritu (uno de los componentes) ha hecho que
éste se aloje, sucesivamente, en diversos cuerpos (el otro componente) que se convierten
en ocasión temporal para auténticas pruebas de vida. «El cuerpo es la cárcel del alma»,
dicen los creyentes órficos, repitiéndolo los pitagóricos y el propio Platón, para quien la
razón ocupa sólo la parte más elevada y digna de nuestra alma, de nuestro espíritu.
Sin embargo. Platón afila aún más el perfil de esta tesis antropológica. El conflicto no se
da sólo —o tanto— entre un cuerpo que nos ata a la Tierra y sus servidumbres, y un alma
que nos sueña razón pura, espíritu puro, sino sobre todo se da dentro de la propia psique
(fsyché llamaban ellos al alma), de lo que los modernos hemos acabado llamando
«mente», entre las pasiones y la razón. Nuestra vida mental, anímica, parece estar
diciendo Platón, es el resultado de un equilibrio precario (raras veces logrado) entre
nuestras tendencias instintivas y nuestras tendencias racionales: Ulises quisiera acudir a
la llamada de las sirenas, su canto es irresistible, aunque su razón le dice que si
condesciende a su impulso natural, perecerá. Hay que tratar de buscar y encontrar alguna
transacción. Hornero nos pinta un ingenioso Ulises tapando los oídos de sus hombres con
cera y haciéndose atar él al mástil de su nave. Platón imagina un carro tirado por dos
caballos y conducido por un auriga. Sólo la razón debe conducir el brioso e incluso
irracional impulso de los caballos, si de lo que se trata es de conducir el carro a algún
lugar.
19
Orientaciones didácticas para la evaluación por competencias
Será Platón, por lo demás, quien lleve a sus últimas consecuencias algunas de las ideas
apuntadas por Sócrates; y lo hace escribiendo diálogos, porque todo pensar es siempre
una actividad frente a o contra algo o alguien. A la verdad se llega dialógicamente,
dialécticamente. Pero esa verdad así descubierta no es un artificio, ni siquiera una
convención producto del consenso o de las circunstancias. La verdad es anterior al ser
humano que la encuentra, es ahistórica. Hasta aquí Sócrates ha iluminado el camino de
su discípulo: mediante un correcto uso de la razón, dirigiendo la investigación (o el
aprendizaje) estratégicamente, todos los humanos deberían ser capaces de descubrir
estas verdades que, de hecho, ya anidan en el interior de sus almas.
Sin embargo, Platón se ve en la necesidad de matizar este «optimismo». Sólo quien sepa
qué es lo bueno en sí mismo, podrá actuar bien; tiene razón Sócrates. Pero no todos los
seres humanos pueden llegar a saber qué es el bien. Ya hemos visto cómo Platón hace
intervenir las pasiones, los impulsos, los intereses no estrictamente racionales, en la
conducta humana. Hay por tanto factores de distorsión que interfieren e impiden el
ejercicio «puro» de la razón y aunque, paradójicamente, la mejor medicina en estos casos
fuera la propia razón, no todos estamos en disposición de servirnos de ella. Hay
tendencias que nos marcan de por vida, trazando el mapa de nuestras posibilidades.
Organicemos, entonces, la vida pública y privada de manera que sólo puedan servirnos
de guías, legisladores, árbitros de la justicia, aquellas personas capaces de utilizar única,
exclusiva y exhaustivamente su razón (por encima de intereses, pasiones, impulsos...)
para conocer esas verdades; porque de hecho esas verdades subsistentes son el único
modelo digno de crédito a la hora de pensar y actuar.
Una de las maneras que tiene Platón de contarnos todo esto es a través de la llamada
«alegoría de la caverna», al comienzo del libro VII de su República. Nuestra existencia
mundana se asemeja a la de unos prisioneros que se hallaran desde siempre en el
interior de una caverna. Ante ellos, proyectándose sobre el fondo de la cueva,
aparecerían toda una serie de sombras y figuraciones, como las proyecciones
cinematográficas de nuestros días. Los prisioneros, encadenados desde su nacimiento,
no conocerían otra realidad que aquella pantomima y para ellos, por tanto, no sería tal
pantomima. ¿Qué sucedería, nos hace pensar Platón, sí uno de los prisioneros fuera
liberado? Tras enormes dificultades, tentativas, desconcierto, iría cobrando conciencia de
su condición de engañado, conciencia que se haría plena al salir al exterior y comprobar
la existencia de un mundo auténticamente real, del que las sombras del interior de la
cueva no eran sino vaga imitación. Hasta aquí Platón nos ha intentado aleccionar sobre el
compromiso personal, moral y arriesgado que toda aventura del conocimiento supone. No
vemos, generalmente, «más allá de nuestras narices» porque estamos deslumhrados,
cegados por un mundo al que nos sentimos atados por intereses y deseos. Sólo con
mucho esfuerzo, con mucha disciplina podríamos llegar a comprender la realidad que hay
más allá, la que sirve de modelo a ésta de aquí. No es fundamentalmente un problema de
atención o estudio sino, sobre todo, de reconversión moral del individuo. El auriga ha
conseguido dominar la vehemencia y empuje de su caballo blanco, los instintos de su
caballo negro.
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Orientaciones didácticas para la evaluación por competencias
de la caverna sólo la trata de imitar (y muy mal, por cierto). El ex prisionero regresa a la
caverna. Quien ha visto la luz ha adquirido de inmediato un compromiso con el resto de
los seres humanos. La amargura de Platón, sin embargo, nacida de su escepticismo
frente a su propia sociedad y de la
experiencia traumática de la muerte del amado maestro, le hace no concebir grandes
esperanzas. Los prisioneros no darán crédito a su antiguo compañero, lo tomarán por
loco, no se dejarán contagiar por el ímpetu de su revelación, no querrán ser liberados,
llegando incluso a matarlo si insiste en tal empeño: ¡nadie es profeta en su tierra!
Parece que, en efecto, el «profeta Platón» trató de serlo en otras latitudes y acudió hasta
Italia, para intentar llevar a cabo sus ideas sociales, políticas, morales. Pero fracasó; y no
sólo una vez. ¿Qué sistema era éste que, frente a la democracia de su tiempo, pretendía
instaurar Platón? Un sistema en el que, conocidas las reales aptitudes de cada hombre o
mujer, desde el punto de vista de las antes mencionadas tendencias «anímicas», se
organizara la sociedad orgánicamente, dividiéndola en tres grupos humanos según ese
criterio antropológico: personas con predominio de lo racional, que tras larguísimos años
de preparación, estarían dedicadas al gobierno (sin recompensa, sin más Interés que la
salud de la República); personas con predominio de lo pasional en su más noble sentido
(ira, empuje, coraje, agresividad...), que estarían al servicio de la comunidad para su
protección y defensa; por último, aquellas personas en las que predominara lo pasional en
su sentido más material, más apegado a lo corporal, físico, animal, a lo instintivo, en
suma, estarían dedicadas a producir bienes para el sustento de la comunidad. No es
posible, en este sistema, el cambio social. Ni se asciende ni se desciende. Es más, la
salud de la república, expresada por la virtud de la justicia, consiste en el «ajuste» de
estas tres partes para que cada una cumpla bien su cometido. Así el todo, el Estado,
funcionará. Si los gobernantes utilizan bien su razón (prudencia), los guardianes ponen su
empuje al servicio del gobierno (fortaleza) y sí los trabajadores moderan sus instintivas
tendencias (templanza)., tal ajuste (justicia) será posible y el Estado marchará sobre
ruedas.
Se ha dicho muchas veces que semejante sociedad excluye una auténtica libertad, que se
trata de una sociedad «cerrada», antidemocrática. Ha habido quienes incluso han
reprochado a Platón el haber podido tener en mente el modelo de sociedad espartano a la
hora de idear su reforma política. Pero sólo desde la motivación histórica, religiosa y
antropológica del propio filósofo ateniense puede llegar a entenderse esta propuesta.
Porque, en definitiva, la filosofía de Platón se presenta como un proyecto sociopolítico-
moral, que alcanza su justificación y fundamentación en una determinada teoría acerca de
la realidad (una metafísica), la teoría de las Ideas, y en una antropología (que, a su vez,
se apoya en esta teoría de las Ideas y en las creencias religiosas antes reseñadas). Pero
el cuadro de la filosofía platónica exige, además, para su efectivo cumplimiento, es decir,
para la reforma de la sociedad y su correspondiente mentalidad, un modelo educativo,
una pedagogía que, como ha señalado Ortega, ha de ser sobre todo social, porque para
educar al ciudadano hay que educar a la ciudad. Así, desde nuestra moderna concepción
de individuo y de libertad seguimos creyendo que el modelo platónico es esencialmente
injusto, perverso, inhumano, sin darnos cuenta de que, por ejemplo, la democracia
ateniense fundamenta y legitima su libertad a costa de negársela sistemáticamente a los
esclavos, a las mujeres, a los desposeídos...
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Orientaciones didácticas para la evaluación por competencias
Una discusión, como se ve, eternamente abierta y que vuelve a reproducirse cuando nos
enfrentamos al segundo gran coloso de la filosofía griega, Aristóteles, por cuanto es él el
más firme defensor y teorizador del sistema político ateniense. Y es que, si Platón supone
un cierto distanciamiento de la herencia ilustrada, su principal discípulo, Aristóteles, que
vive ya en una época plenamente distinta (él mismo será preceptor de Alejandro Magno) a
la de los ideales y esperanzas democráticos de Atenas, vuelve, sin embargo, a añorar los
valores que pusieran a la ciudad a la cabeza de la civilización en el siglo V a.C.; aquellos
valores que hicieron a Feríeles entonar la oración fúnebre que Tucídides nos ha
transmitido, para ensalzar la polis ateniense, en la que se refleja el orgullo de ser y
saberse ateniense, bajo el único imperio de una ley.
Con Aristóteles triunfa un modelo explicativo de la realidad al que cabe adjetivar como
ideológico o finalista. En realidad este modelo ya venía sugerido por la filosofía platónica:
el mundo material, en el que vivimos, se encuentra en constante tensión hacia aquél del
cual es copia; la reproducción, la copia, busca su perfección, su perfeccionamiento,
intentando llegar hasta el modelo original. O, como cree en realidad Platón, ese modelo
original, auténticamente real, la Forma o Idea perfecta, tira de cada ser para que se
produzca ese reencuentro. Es la teoría platónica del amor (éros), del impulso ascensional
(o de la atracción) hacia aquello que consideramos perfecto y que nos perfeccionará, a su
vez. En el modelo platónico, la suma de perfecciones, la Idea de Ideas, la Forma
primordial, equiparable a la Divinidad, es el bien (lo más real, lo más verdadero, lo más
bello...), y hacia ese bien tenderíamos todas las cosas de este mundo, como imanes hacia
su polo norte magnético, de no cruzarse en nuestro camino obstáculos Irracionales. La
teleología («los procesos se explican por su finalidad, por el término o cumplimiento
buscado») ya estaba en Platón, pero el mago de las realidades geométricamente
perfectas pone el término de todos los procesos en un más allá transcendente, casi
insalvable, ante el que cabría decir con el Tenorio: «¡ Cuan largo me lo fiáis!» El hallazgo
aristotélico va a estar en traer el lelos ( en griego, «fin», pero también «perfección»:
cuando algo llega a su fin, ha llegado a su estado perfecto), desde el más allá platónico a
la propia naturaleza, a la physis. Y de paso podrá explicar algo que desde los primeros
filósofos había sido causa de controversia y paradoja: el movimiento y el cambio.
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Orientaciones didácticas para la evaluación por competencias
La intuición, parece claro, le viene sugerida a Aristóteles por sus intereses científicos
como biólogo. Efectivamente, si se observan los procesos vitales parece que una ley de
finalidad los preside, los dirige. Desde las plantas a los mamíferos superiores, el
desarrollo de un organismo supone la paulatina complicación en aras de una finalidad,
alcanzar un estado de madurez, de perfección orgánica, tras de la cual se producirá la
corrupción orgánica y la muerte. «¿Por qué hay cambio?», se pregunta Aristóteles. Y él
mismo se da cuenta de lo erróneo de la pregunta. Más bien hay que preguntar «¿para
qué hay cambio?», como parecen indicarnos los procesos vitales. Cada vez que algo
cambia (o se mueve) se avanza un paso en el cumplimiento de un plan. Somos (toda la
realidad) una materia que va adquiriendo sucesivas formas: perdemos unas para ganar
otras nuevas que nos vayan aproximando a esa «forma final», perfecta. En cada
momento somos ya algo, pero estamos en disposición, a la expectativa, de ser otras
muchas cosas que aún no somos. El cambio, el movimiento, no son sino el paso desde lo
que es una mera posibilidad hasta su realización efectiva. Y todo ello guiado por una
espontánea e internalizada búsqueda de nuestra perfectibilidad (tanto en una piedra como
en un ser humano). La consecución del bien no es, por tanto, tarea que nos supere, por
cuanto su cumplimiento está previsto en el orden natural. De hecho, decir «naturaleza» es
estar ya hablando de ese principio de actividad que hace que los seres estén siempre en
tensión hacia su perfección final.
Pero Aristóteles no ha dejado de ser platónico del todo. En el ser humano coinciden dos
dimensiones. Somos seres biológicos, pero lo que nos hace humanos es la racionalidad,
que se expresa en la capacidad para la convivencia política y en la comunicación. Y como
seres racionales, nuestro fin propio, nuestra meta, nuestra perfección es alcanzar un
estado peculiar. La felicidad de un pollo consiste en desarrollarse para llegar a ser ave
madura, cumpliendo así con su funcionalidad propia, con su «tarea», con su plan. La
felicidad humana, aquello a lo que, según Aristóteles, todos tendemos, consiste en poder
cumplir nuestra función específica, nuestra tarea de humanos, que no es otra que la de
dirigir nuestra conducta, nuestra vida, desde la razón. Cuanto más «racionales» seamos -
o nos dejen ser—, tanto más felices seremos. No se trata, claro, de una razón teórica,
sino del cálculo sabio, prudente, acerca de las decisiones que tenemos que ir tomando,
para que éstas se ajusten siempre a un ideal de moderación y mesura.
También su política vuelve a ser una exaltada apología de los valores democráticos. La
tarea de la racionalidad -y felicidad- humana sólo puede llevarse a cabo con posibilidades
de éxito en una comunidad como la fólis, la ciudad-estado, el organismo autosuficiente. El
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Orientaciones didácticas para la evaluación por competencias
Pero no hay retorno, esta vez, a Itaca. Ese mundo al que parece mirar con nostalgia y
añoranza Aristóteles ya hace tiempo que se está muriendo.
De hecho, desde la batalla de Queronea (338 a.C.) Grecia había comenzado a ser nada
más que otro nombre que se habría de añadir a las piezas de un enorme mosaico llamado
Imperio macedonio. Es significativo que el final definitivo de los afanes hegemónicos
atenienses y, por extensión, griegos, en el Mediterráneo, sea responsabilidad de la
victoria en la mencionada batalla de Queronea, posibilitada por una carga de caballería
comandada por un Joven de dieciocho años, de nombre Alejandro, que helenizaría los
confines del mundo y daría nombre a rodo un Imperio y una época, la crepuscular, de la
civilización griega.
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Orientaciones didácticas para la evaluación por competencias
— Si tuvieras que describir un suceso (en general), ¿lo harías en poesía o en prosa?
¿Por qué?
NOTA. Sería interesante que tras esta discusión el alumnado fuera capaz de elaborar, por
escrito, una breve conclusión que respondiera al epígrafe de esta actividad.
Se puede ver la película y discutir, a partir de ella, sobre la vida política de la ciudad, la
discusión pública como vehículo de participación, la democracia, la tiranía... Sería
interesante completar la película con fragmentos del drama de Shakespeare, cuyo texto
sigue fielmente el guión de la película.
Se puede ver la película y discutir, a partir de ella, sobre la situación social en los
regímenes políticos de la antigüedad, especialmente en lo tocante al problema de la
esclavitud, su papel para la sustentación de la democracia ateniense, incluso para el
mantenimiento de una clase social capaz de atender a cuestiones más teóricas y
especulativas, más abstractas, al carecer de urgencias materiales.
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Orientaciones didácticas para la evaluación por competencias
sociedad, el Estado o las leyes. También puede servir para mostrar el carácter didáctico,
moralizante, «político» que tuvo el teatro griego, especialmente la tragedia de la época
clásica.
A partir del vídeo Ulises, mostrar la funcionalidad de determinados cultos griegos, el valor
simbólico de las divinidades como exponentes de valores, actitudes y comportamientos
socialmente válidos, así como la manera en que esos valores y actitudes se encuentran
presentes en otros elementos de la cultura clásica. Es fundamental, tras esta actividad,
que el alumnado tenga claros los conceptos de apolíneo y dionisiaco.
— DELFOS, santuario de Apolo. Allí se encuentra inscrito el lema «Conócete a ti mismo».
¿Qué querrá decir ese mandato? El elemento apolíneo en la cultura griega aporta la
armonía, el equilibrio, la moderación... Busca ejemplos en alguna historia del arte,
láminas, diapositivas... en la arquitectura y la escultura, relacionándolos con ese ideal de
serenidad, autocontrol, moderación (sofrosyne) como huida de lo excesivo, desmesurado,
soberbio, altanero (hybris).
— Los santuarios eran centros de peregrinación y, como tales, siguen siéndolo hoy en día
en todo el mundo. ¿Conoces alguno? Señálalo en un mapa, indicando a qué religión
pertenece, a qué o a quién se rinde culto en él y si aún sigue siendo lugar de
peregrinación. ¿Han sido estos lugares (los pasados y los que aún perviven) importantes
para el desarrollo de un país, desde el punto de vista cultural, político, económico...? ¿Por
qué?
— ¿No crees que tuvo algo de «osadía», de hazaña, en medio de este clima de religiones
y cultos, a menudo teñido de superstición, al que se alude en el vídeo, decir por ejemplo
que el Sol (objeto que se asimilaba con la divinidad de Apolo) era una piedra
(Anaxágoras), o que «si los bueyes, caballos y leones pudieran tener manos, pintar con
esas manos y realizar obras de arte, como los hombres, entonces pintarían las figuras de
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Orientaciones didácticas para la evaluación por competencias
sus dioses como caballos, como bueyes...» (Jenófanes)? ¿Hubiera eso sido posible, se
hubiera tolerado en otras épocas, o en otras culturas? ¿Por qué? ¿Qué factor o factores
de la civilización griega hicieron posible la convivencia entre religión y especulación
racional?
A partir del vídeo Edipo Rey, mostrar el carácter didáctico, moralizante, propagandístico
de determinados valores, actitudes y formas de comportamiento que tuvo el teatro griego,
especialmente la tragedia de la época clásica.
— Los actores griegos llevaban una máscara, que hacía imposible identificar al individuo
que representaba el papel. ¿Qué finalidad, ante el público, puede tener esta «des-
personalización»? ¿Esta relacionado con la paideía y con la sociedad? Justifica tu
respuesta. Busca la etimología de la palabra castellano-latina persona.
¿No resulta, después de todo, paradójica?
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Orientaciones didácticas para la evaluación por competencias
cultura que luego habrán de confrontar con los de otros grupos y culturas. En cualquier
caso, la refundición y puesta en común puede permitir que el profesorado asuma un
protagonismo dirigido a introducir algunos de los interrogantes filosóficos de los primeros
pensadores.
— Comparar los «hechos» narrados en el libro del Génesis, con los acontecidos en el
poema de Gilgamesh (por ejemplo, temas recurrentes como la serpiente, el diluvio...).
Buscar similitudes y diferencias con los poemas helénicos de Hornero y Hesíodo. Por
ejemplo, en la épica siempre aparecen esforzados héroes que luchan contra adversidades
prefiguradas por el destino o los dioses (al modo de los trabajos de Hércules). La Casa
del Hades a la que se desciende, en la Odisea, también parece tener su hueco en el
poema de Gilgamesh.
— Texto de Aristóteles:
Comentar la oposición, efectuada aquí sobre un juego de palabras, entre mythos (mito) y
sophia (sabiduría): quien ama el mito es filomythos (filómito) y quien ama el saber es
filosophos (filósofo). ¿En qué se parecerán? ¿En qué se diferencian? ¿Qué quiere decir
en griego la palabra mythos? ¿Crees que sigue habiendo hoy personas que aman los
mitos? ¿Qué crees que se quiere decir cuando se habla de un mito del cine, de la
música? ¿Tiene razón entonces Aristóteles, cuando dice que quien ama los mitos también
lo hace desde la admiración que despierta la contemplación de lo maravilloso, lo
sorprendente, lo asombroso?
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Orientaciones didácticas para la evaluación por competencias
C., es una cuestión, sobre todo, de «estilo», de lenguaje, incluso de medios; quizá se trate
de una toma de conciencia, más que de un hallazgo efectivo).
Los temas filosóficos que este autor cree hallar en estas obras (Gilgamesh, liada/Odisea,
Cosmogonía, Los trabajos y los días) son los siguientes:
a) ser humano y Naturaleza: conciencia del dominio y control sobre el mundo, plasmado
en la téchne;
2. Como consecuencia de ello, el ser humano cree situarse en una posición intermedia y
mediadora entre ambos órdenes, el sometido (naturaleza) y el sometedor (divinidad).
4. Todo lo anterior lleva al ser humano a plantear la gran cuestión del conocimiento:
c) ¿Es la totalidad de lo que hay inteligible, o nuestro conocimiento está limitado total o
parcialmente por un misterio insuperable?
d) ¿Es correcto, conveniente, bueno, buscar el conocimiento? Por tanto, ¿debe el ser
humano buscarlo?
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Orientaciones didácticas para la evaluación por competencias
UNIDAD / MULTIPLICIDAD
por ejemplo:
ESTABILIDAD / CAMBIO
(Resumen de algunas ideas de Hyland, D.A.: Los orígenes de la filosofía en el mito y los
Presocráticos, Buenos Aires, El Ateneo Editorial, 1975).
Por fin, vencen al monstruo. La diosa Ishtar se siente atraída por Gilgamesh, pero éste la
rechaza. La diosa consigue vengarse mediante su padre, Am, que envía el Toro Celeste
para devastar la ciudad. Gilgamesh y Enkidu, sin embargo, vencen al Toro, lo que
despierta las ansias vengativas de los dioses. Enkidu sueña su condena a muerte.
Finalmente morirá y Gilgamesh sentirá un inmenso dolor, y después la melancolía y la
sospecha de que a él acabará por sucederle lo mismo.
Opta, entonces, por buscar el sentido de la vida, visitando al único hombre que ha logrado
ser inmortal: Ut-Napishtim. Tras muchos trabajos llega hasta él. Éste le intenta disuadir de
su afán de inmortalidad, con unos versos que nos hablan del eterno devenir: «¿Acaso
construimos casas para siempre?»
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Orientaciones didácticas para la evaluación por competencias
Por fin accede a narrarle su secreto: él se salvó del diluvio provocado por el dios Enlil,
construyendo una nave por indicación del dios En. Como Enlil viera que se había salvado,
le concedió la inmortalidad, ordenándole vivir lejos de los hombres.
Gilgamesh desiste de su afán, intenta rejuvenecerse por medio de una planta pero
fracasa igualmente. Sólo conseguirá ya invocar el espíritu del amigo perdido y que éste,
llegado del reino de los muertos, ponga un amargo colofón al poema.
Puede que los micénicos conocieran el poema, pero parece innegable que, varios siglos
después. Hornero escribe su Iliada y su Odisea, en las que aparecen algo más que
coincidencias. En la Iliada, Aquiles y Patroclo forman una pareja semejante a Gilgamesh y
Enkidu, reforzado este paralelismo con la muerte de Patroclo y el llanto de Aquiles.
Por lo que se refiere al mundo hebreo, también encontramos la historia del Diluvio, la
creación de Enkidu con arcilla, como luego lo será Adán, las luchas heroicas (Sansón y su
relación con Dalila...).
a) Si vas por el campo y tienes sed, ¿qué harías al encontrarte con un manantial?
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Orientaciones didácticas para la evaluación por competencias
¿Cómo harías para beber, si no tienes ningún recipiente ni utensilio? ¿Te parecerías, en
ese sentido, a cualquier otro animal?
b) La mano de que te puedes ayudar para coger el agua, ¿es natural? ¿Y una cuchara?
c) ¿Es natural un pino? ¿Y un armario de pino? ¿Y un armario de plástico?
d) ¿Es natural la hierba que comen las vacas en la montaña? ¿Y las hierbas medicinales
que puedes tomar cuando te duele el estómago? ¿Y el tabaco que (aunque sabes que te
acabará matando) te empeñas en fumar?
e) ¿Es natural la energía cinética de un salto de agua? ¿Y una central que aprovecha
dicha energía?
f) ¿Es natural la energía nuclear? ¿Y una central nuclear?
g) ¿Es natural la inteligencia humana? ¿Y la inteligencia de una computadora?
NOTA. El conflicto entre el individuo y el colectivo (la sociedad, el Estado, las leyes...) es
uno de los problemas fundamentales de la moral en su dimensión social o política. Los
griegos fueron conscientes muy pronto de la importancia de esta cuestión; de ahí que la
plantearan en diversos ámbitos de discusión. Los poetas (y luego los sofistas y los
filósofos) intentaron inculcar unos elementos básicos para el debate. Prueba de ello es la
tragedia griega (véase el caso de la Antígona de Sófocles, tratada más arriba) o la
controversia, en pleno desarrollo democrático, entre Sócrates y la Sofística.
Este plan de discusión puede utilizarse, por tanto, en cualquiera de los mencionados
ámbitos o, al margen de ellos, desde un punto de vista genérico, como un problema
teórico de cualquier cultura política.
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Orientaciones didácticas para la evaluación por competencias
NOTA. El profesorado protagoniza esta actividad, puesto que actúa como un mago que
habla a su público. No olvidar que, dada la fase en que esta actividad se realiza, debería
«vivirse» como un juego, con mucho de «teatralización».
2. Llevar a cabo, sin encender la luz y sin que nadie se mueva, se gire, etc., un plan de
discusión (podría valer el mismo que se incluye en la actividad propuesta más arriba).
Después de discutir qué es lo real y cómo podemos saberlo, volver a la oscuridad
absoluta.
7. Tratar de sacar alguna conclusión de carácter general en torno al asunto que daba
título a la actividad.
8. Como colofón de esta actividad se podría leer y comentar entre todos el brevísimo
relato de Augusto Monterroso: El espejo que no podía dormir:
Había una vez un Espejo de mano que cuando se quedaba solo y nadie se veía en él se
sentía de lo peor, como que no existía, y quizá tenía razón; pero los otros espejos se
burlaban de él, y cuando por las noches los guardaban en el mismo cajón del tocador
dormían a pierna suelta satisfechos, ajenos a la preocupación del neurótico.
Se trata de presentar las filosofías de Platón y Aristóteles como dos visiones acerca de la
realidad, del mundo, del ser humano que se siguen de dos mentalidades arquetípicas.
ASÍ, Platón y Aristóteles responderían a dos tipos humanos que, al hacer filosofía,
trasladan su «mentalidad» a su discurso: frente al discurso «geometricista» de Platón, se
levanta el discurso naturalista, empirista, biologista de Aristóteles. Para apoyar esta idea y
trabajar en el ámbito de lo afectivo propio de esta primera fase, puede leerse y
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Orientaciones didácticas para la evaluación por competencias
Observa Coleridge que todos los hombres nacen aristotélicos o platónicos. Los últimos
intuyen que las ideas son realidades; los primeros, que son generalizaciones; para éstos,
el lenguaje no es otra cosa que un sistema de símbolos arbitrarios; para aquellos, es el
mapa del universo. El platónico sabe que el universo es de algún modo un cosmos, un
orden; ese orden, para el aristotélico, puede ser un error o una ficción de nuestro
conocimiento parcial. A través de las latitudes y de las épocas, los dos antagonistas
inmortales cambian de dialecto y de nombre: uno es Parménides, Platón, Spinoza, Kant,
Francis Bradley; el otro, Heráclito, Aristóteles, Locke, Hume, William James. En las arduas
escuelas de la Edad Media todos invocan a Aristóteles, maestro de la humana razón
(Convivio, IV, 2), pero los nominalistas son Aristóteles; los realistas, Platón. George Henry
Lewes ha opinado que el único debate medieval que tiene algún valor filosófico es el de
nominalismo y realismo; el juicio es temerario, pero destaca la importancia de esa
controversia tenaz que una sentencia de Porfirio, vertida y comentada por Boecio,
provocó a principios del siglo XI, que Anselmo y Roscelino mantuvieron a fines del siglo XI
y que Guillermo de Ockham reanimó en el siglo XIV.
Como es de suponer, tantos años multiplicaron hacia lo infinito las posiciones intermedias
y los distingos; cabe, sin embargo, afirmar que para el realismo lo primordial eran los
universales (Platón diría las ideas, las formas; nosotros, los conceptos abstractos), y para
el nominalismo, los individuos. La historia de la filosofía no es un vano museo de
distracciones y de vanos juegos verbales; verosímilmente, las dos tesis corresponden a
dos maneras de intuir la realidad.
NOTA. Con este mismo título puede desarrollarse una actividad en la 3.a fase, una vez
estudiadas las filosofías platónica y aristotélica, en la que se aprovecharía el trabajo de
esta 1.a fase. La actividad de aplicación consistiría en reconstruir un diálogo imaginario
entre Platón y Aristóteles, sobre cualquier asunto (filosófico o no), o llevarlo a nuestros
días y tratar de imaginar un debate entre dos o más personas sobre algún asunto de los
que se definen como «de actualidad», tratando de presentar en dicho debate
(preferentemente por escrito) al menos las dos posturas de las que venimos hablando.
Otra manera de enfocar la actividad consiste en buscar noticias en los periódicos, en
debates radiados o televisados sobre asuntos «candentes» (aborto, drogas, corrupción...),
tratando de identificar ambas actitudes, ambas mentalidades. Puede resultar muy
revelador y gratificante encontrarlas en las posiciones que se adoptan ante determinadas
cuestiones más o menos cruciales para la vida cotidiana.
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Orientaciones didácticas para la evaluación por competencias
3. ¿Por qué maldice Aquiles a un tal Zenón? Investiga acerca de este personaje en la
biblioteca. ¿Se ocupó en algún momento del caso narrado en el cuento? ¿Por qué?
Buscar en algún repertorio de Fragmentos presocráticos lo relativo a este caso.
4. Una vez recogidos datos y fragmentos de Zenón de Elea se hace necesaria una
clarificación por parte del profesorado sobre la escuela de Elea. Parménides y su
«ontología de la permanencia».
6. Con afán ya más de distensión que de profundizar en este asunto (que por otro lado no
trata directamente), puede leerse Lo que la Tortuga le dijo a Aquiles, de Lewis Carroll.
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Orientaciones didácticas para la evaluación por competencias
— «isegoría»
— «isonomía»
— otros.
6. La necesidad de educar al pueblo (demos) para que gobierne: los sofistas. ¿Quiénes
son? ¿Qué piensan? ¿Qué pretenden?
9. Consecuencias que pueden ser extraídas, tanto para la historia de Grecia como para la
filosofía, del auge y decadencia de la democracia.
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a) Acontecimientos históricos significativos (bastará con consultar más de una fuente para
ver que hay algunos datos que todos los libros repiten),
b) Arte y literatura, con mención expresa a los cambios apreciables en estilos, géneros...
(Por ejemplo, es significativo el hecho de que en la «Atenas de Pericles» cobre especial
relevancia la estatuaria; o que haya siempre un autor trágico en el transfondo del
desarrollo cultural ateniense: primero Esquilo, luego Sófocles y al final Eurípides; o, ¿en
qué contexto aparece la comedia, de la mano de Aristófanes?)
c) Política, muy importante: no consiste sólo en señalar nombres y fechas, sino en advertir
qué evolución de formas de organizar lo social se va produciendo, aparición de
«constituciones»..., con referencia a algunos índices económicos básicos.
PASO 3. Análisis y comentario, entre todos, del cuadro. Se pedirá a cada grupo que
extraiga un guión con las conclusiones. Este guión puede consistir en un mero esquema o
un mapa conceptual, que habrán de explicar al resto de la clase.
Elaborar un mapa de la Grecia clásica, con mención de los lugares significativos para la
filosofía, la ciencia, la religión (santuarios, por ejemplo) y la política. El trabajo puede
realizarse en grupos de cuatro personas (las mismas, quizá, que en la anterior actividad.
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a) Las etapas del pensamiento filosófico griego desde sus orígenes hasta el siglo IV a. de
C., con arreglo a un sencillo esquema cronológico, como por ejemplo:
— presocráticos...
Jonia
Italia
Atenas
— Atenas y la democracia
Ilustración y sofística
Sócrates
Platón
Aristóteles
PASO 2. Una vez elaborado el mapa, ha de cotejarse con la actividad anterior («Hechos e
ideas») de manera que adquieran pleno sentido, por ejemplo:
b) la división del período de auge ateniense, según conflictos y circunstancias que van
más allá de la biografía personal de cada filósofo, pues forman parte de una evolución
socio-política;
d) otros.
PASO 3. Las conclusiones de este análisis comparativo debe formularlas con todo detalle
y por escrito el grupo.
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Muchas son las maravillas del mundo, pero la mayor maravilla es el hombre. Es el ser de
mil recursos. El porvenir nunca le sorprende. Sabe el arte de escapar a males sin
remedio. Sólo la tierra de los muertos detiene su carrera.
El otro fragmento, la célebre afirmación del sofista Protágoras: «El hombre es la medida
de todas las cosas.»
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PASO 2. Lectura comprensiva de los mismos (bien en la clase, bien particularmente, con
posterior puesta en común de resultados y dificultades, en la clase).
a) Pitagorismo
— matematicismocomo modelo de la realidad;
— mística del orden, armonía...;
— metempsicosis o reencarnación.
b) Orfismo
— doctrina del alma (reencarnada y preexistente al cuerpo);
— concepto de culpa / pecado;
— el cuerpo como cárcel del alma.
c) Eleatismo (Parménides)
— lógica de la identidad;
— ontología de la permanencia;
— rechazo de la sensibilidad como vía de conocimiento;
— apuesta por la vía de la alétheia (verdad).
d) Sócrates
— intelectualismo moral;
— rechazo del relativismo sofista;
— concepción de la actividad filosófica y del papel del filósofo en la sociedad;
— método dialéctico.
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PASO 8. Alusión a la tensión existente en la filosofía platónica (en sus diálogos Fedón y
República, por ejemplo), entre una concepción despreciativa y ascética respecto del
cuerpo, verdadero enemigo del alma (soma-sema), y un posterior reconocimiento de que
el conflicto es psíquico, se da dentro del alma entre sus distintas partes. Distinción de
niveles o partes del alma (mito del carro alado). Alusión al psicoanálisis freudiano y a su
noción de conflicto mental, neurosis... Aviso sobre una interpretación excesivamente
apresurada o cristianizada de Platón (o a la inversa).
PASO 10. Lectura y comentario del libro VII de la República. Textos de apoyo: mito del
carro alado en Fedro y la presentación de la obra realizada por C. García
Gual en un antiguo catálogo de novedades de Alianza Editorial: Politeia, que es el titulo
griego de la obra, significa constitución, sistema de gobierno, régimen político, y la
traducción del término por República, como bien apunta en su prólogo M. Fernández
Galiano, desorienta un tanto al lector, pero es la palabra que tradicionalmente se ha
usado, por influencia del título en latín, República, para presentar en castellano tan
famoso diálogo. Un diálogo muy extenso, complejo, rebosante de temas, ideas, apuntes y
críticas, que significa la culminación del teorizar platónico sobre la vida comunitaria y la
formación del Estado, bajo su forma helénica de Estado-ciudad, o polis.
No es una inquisición histórica, sino una reflexión y una propuesta sobre el mejor Estado
constituido para la justicia y la felicidad del hombre, tal como lo concibe el filósofo
idealista. No es un proyecto basado en el análisis de lo existente, sino un proyecto
utópico, hecho desde una teoría propia de raíces metafísicas y éticas. Es, en gran
medida, un alegato contra la democracia ateniense, contra ese régimen injustamente
demagógico y caóticamente igualitario, desde la perspectiva del filósofo que cree que, por
encima de esa imperfecta realidad, está el orden de las Ideas y el luminoso y divino Bien,
que los filósofos verdaderos pueden, tras una ardua ascesis y riguroso estudio, llegar a
conocer. Sólo los filósofos saben orientarse idealmente, y para ellos reclama Platón el
poder, por el bien de todos.
Son los expertos quienes hacen bien las cosas. Sócrates, aficionado a poner a los
diversos artesanos como modelos de conocedores y, por tanto, de buenos artífices, se
muestra aquí partidario de un gobierno tecnocrático, proponiendo a los filósofos como los
verdaderos capacitados para timonear la nave del Estado hacia un puerto digno y seguro
para todos. Olvida la distinción que Protágoras, ideólogo contra la democracia, había
expuesto en el diálogo de su nombre, entre materias técnicas y asuntos políticos, en los
que todos podían opinar por igual, por participar todos en e] sentido moral y en la justicia.
Imbuido de ideas pitagóricas y con una experiencia importante sobre sus espaldas.
Platón, que ha viajado a Sicilia y que acaba de fundar la Academia, utiliza a su maestro, el
gran conversador, como portavoz de sus teorías, muy avanzadas y al margen de lo
histórico, para exponer en este brillante coloquio toda una concepción utópica del Estado
perfecto. (No el mejor posible, cosa que hará en Las Leyes, mucho después, sino el ideal,
de acuerdo con las razones expuestas.) La propuesta es revolucionaria: división de la
población en tres clases, comunidad de bienes para los guardianes y filósofos, censura
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Pero la República es mucho más que un tratado de política. Comprende una visión crítica
de la sociedad griega, una radical programación educativa — que encuentra su nota más
significativa en la expulsión de los poetas, hasta entonces educadores del pueblo por
excelencia—, una nueva sociología y una psicología que se ponen de acuerdo en la
construcción de una polis que refleja las estructuras del alma humana, tripartita y
ordenada. El antiguo subtítulo «Sobre la Justicia», especialmente adaptado al libro I, más
antiguo que los otros nueve, define el objetivo de la politeia, tanto de esta utópica
teorización, como de las diversas constituciones políticas helénicas. La concepción de
Platón se opone a las visiones igualitarias; él piensa que la verdadera justicia es aquella
que ofrece a cada uno de los ciudadanos el puesto y el premio a que su naturaleza, su
inteligencia y su educación le han hecho acreedor, sin igualar a todos con un bárbaro
rasero. «Enemigo de la sociedad abierta» fue Platón, pero con tremendas razones y
claros argumentos. Veinticuatro siglos después de escrita, su Politeia no ha perdido vigor
como utopía, una utopía de admirable factura y expuesta muy sagazmente por el
dialogante Sócrates.
Los ideales son las cosas según estimamos que deberían ser. Los arquetipos son las
cosas según su ineluctable realidad.
La pedagogía de Platón parte de que hay que educar la ciudad para educar al
individuo. Su pedagogía es pedagogía social.
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PASO 2. ¿Podrías identificar a uno y a otro? ¿Por qué? Señala rasgos en la iconografía
de los personajes que te permitan decidir quién es quién.
PASO 4. Investiga cuál era la situación de la Academia, por los años en que
Aristóteles llegó a ella y permaneció durante veinte años:
a) datación;
b) diálogos que compuso Platón en esa época;
c) asuntos que centraban el interés y la investigación en esa época en la Academia...
d) otros.
Esta actividad podría utilizarse para una primera fase de motivación, al comenzar la
presentación de Aristóteles, o ya en la 2.a, como complemento de la anterior.
PASO 2. Diapositiva con el grupo escultórico Laoconte y sus hijos. Comentario siguiendo
el mismo guión que en la anterior diapositiva.
PASO 3. Datación de cada una de las obras contempladas, utilizando una historia del arte
o los cuadros que se hayan podido realizar en actividades anteriores (véanse). Analizar la
contraposición entre «clásico» y «barroco», en arte en general
—en la historia del arte griego, en particular— y como formas de pensar, estilos,
mentalidades.
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Aristóteles fue el primer pensador que se forjó al mismo tiempo que su filosofía un
concepto de su propia posición en la historia; con ello fue el creador de un nuevo género
de conciencia filosófica, más responsable e íntimamente complejo.
Como apoyo a esta actividad se podría leer y comentar el siguiente texto de Manuel
García Morente:
La labor propia de Aristóteles en la filosofía se puede definir de un solo rasgo general con
estas palabras: un esfuerzo titánico por traer las ideas platónicas del lugar celeste en que
Platón las había puesto, y fundirlas dentro de la misma realidad sensible y de las cosas.
Ese esfuerzo por deshacer la dualidad del mundo sensible y el mundo inteligible; por
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introducir en el mundo sensible la inteligibilidad; por fundir la idea intuida por la intuición
intelectual con la cosa percibida por los sentidos, en una sola unidad existencial y
consistencial; ese esfuerzo caracteriza supremamente la filosofía de Aristóteles, la
metafísica de Aristóteles.
Esta actividad puede realizarse tanto en pequeño grupo como con toda la clase. o incluso
de manera individual. Así mismo, podría utilizarse en la 2.a fase, relacionada con la
actividad sobre la democracia (véase), en cuyo caso se convertiría en la aplicación
práctica de lo allí investigado.
a) ¿Quién es Aristófanes?
3. Desde esta reflexión sobre la crisis y «degeneración» del ideal democrático, analizar la
muerte de Sócrates (puede leerse todo o parte del «diálogo» de Platón Apología, o de los
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5. Redactar unas conclusiones cuyo título bien podría ser La situación político-social en
Atenas a lo largo de la segunda mitad del siglo v a. de C, haciendo hincapié en su
repercusión para el pensamiento político.
Se puede realizar por grupos, utilizando una serie de textos que se proponen.
a) el surgimiento de la ciencia;
b) el surgimiento de la teoría empirista del conocimiento.
— Texto sobre la Escuela hipocrática tomado de Taton y otros. Historia general de las
Ciencias, tomo II, Barcelona, Orbis, 1988.
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Documentos: Textos de Platón en Leyes y República, citados por J. M. López Piñepio, op.
cit. Texto de Diocles de Caristo, citado por López Pinero, op. cit.,
a) «Ars longa, vita brevis». Téngase presente que el concepto latino ars equivaldría al
griego téchne.
b) «Donde hay amor al hombre, hay amor al arte.» Nuevamente aparece el concepto de
«arte», en el mismo sentido que antes. Trata de responder a estas cuestiones;
El fin de esta actividad es mostrar cómo el deporte era —y quizás, en el fondo, siga
siéndolo— algo «muy serio». Muchos de los llamados logros de la civilización griega
tienen un origen «deportivo», competitivo, agonal, guerrero —o de preparación o
sustitución de la guerra—, propio de la mentalidad arcaica griega, pero vinculado a toda
su cultura. Para un griego, al contrario que para el célebre barón de Coubertin, lo
importante es ganar, destacar, ser el mejor aristas y gozar de la marca exterior de esta
superioridad que es el éxito, la eficacia, el triunfo, la gloria. Podría resultar de interés leer
el poema en que Jenófanes se queja de la importancia y sobre valoración que se da a los
vencedores en los juegos frente a otras actividades.
Esta actividad puede realizarse siempre, cada vez que se haya acabado el estudio de un
autor o de una época. En cada caso, el filósofo de moda será uno distinto. Puede
realizarse de muchas maneras posibles: dando un cuestionario fijo a todo el grupo, o
dejando que cada cual lo enfoque a su gusto. Es más. esta actividad da buenos
resultados (sorprendentemente buenos, por cierto) si la hacen aquellas personas a las
que realmente les guste el trabajo periodístico de entrevistar, adoptando una actitud lo
más realista posible. La entrevista puede versar sobre distintos aspectos biográficos,
filosóficos, culturales... mezclados con elementos imaginarios; así, Platón o Aristóteles
podrían vivir en nuestros días, visitar nuestro instituto, recibir el premio Nobel... dando
todo ello pie a una labor periodística por parte del alumnado.
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NOTA. Esta actividad puede realizarse igualmente en el caso del Liceo aristotélico, así
como, más adelante, con las enseñanzas en las Escuelas monacales o en las
Universidades medievales. La originalidad, creatividad y ganas del alumnado son
fundamentales. No se trata tanto de hacer buenas obras literarias, cuanto de tratar de
reproducir las bases de ciertos modelos educativos y de sus enseñanzas fundamentales.
Un grupo de alumnas ideó, por ejemplo, mostrarnos el progresivo distanciamiento de
Aristóteles respecto del platonismo y de la Academia precisamente a través de una
fantasía narrativa en la que Aristóteles (que no se llama así en realidad) se presenta como
candidato a digan o en unas elecciones en el colegio, perdiendo dichas elecciones a
causa del fuerte grupo piatómico de oposición.
— Por supuesto, existe ya una cierta bibliografía de calidad al respecto, que podría
permitir un estudio más académico del problema (obras de Sarah Pomeroy o de Ana
Iriarte, por ejemplo).
Guión para una posible visita al Museo de Reproducciones Artísticas de Madrid, o a otro
museo equivalente.
a) El arte griego.
Observa las diferentes esculturas que se exhiben en el museo. Teniendo en cuenta los
datos que puedes encontrar en un libro de Historia del Arte y en otro de
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Historia de la Filosofía:
b) Orden y medida.
1. ¿Cuál es la escultura que más te ha gustado? ¿Por qué? Si habéis ido en grupo,
¿habéis coincidido en vuestra apreciación?
2. ¿Nos gustan las cosas porque son bellas o son bellas porque nos gustan?
3. ¿Por qué los artistas griegos estaban tan interesados en definir un canon de belleza?
c) Apolo y Dionisos.
Fíjate en la gráficas que recogen escenas del culto a Dionisos: en una cara se recoge la
armonía y serenidad dionisíaca, y en la otra la desbordante locura. Lee también el tablón
que habla de la religión dionisíaca. En el arte griego se dan, según Nietzsche, dos
tendencias: la apolínea y la dionisíaca. Mientras ésta es una exaltación de la vida, aquélla
supone el triunfo de la razón y la mesura, propiciado por los que no tenían fuerza
suficiente para vivir. Cuando se está en la necesidad de hacer de la razón un tirano,
como lo hizo Sócrates, es que existe por supuesto un grave peligro de que otra cosa las
eche de tirano. En aquel entonces, se adivinaba la racionalidad como la instancia
salvadora; ni Sócrates ni sus «enfermos» tenían libertad para ser o no racionalistas; la
racionalidad era para ellos de rigor su último recurso. El fanatismo con que a la sazón
todo el pensamiento griego se abalanzaba sobre ella revela un apremio; se estaba en
peligro, colocando ante el dilema de sucumbir o ser absurdamente racionalista... El
moralismo de los filósofos griegos a partir de Platón está determinado patológicamente lo
mismo que su culto de la dialéctica. Razón igual a virtud, igual a felicidad, quiere decir
simplemente: que hay que imitar el ejemplo de Sócrates y establecer frente a las
tenebrosas apetencias una claridad permanente, la claridad de la razón. Hay que ser
cuerdo, claro, lúcido a toda costa; toda transigencia con los instintos, con lo inconsciente,
hunde.
1. ¿Crees que puede estar en lo cierto Nietzsche, que la razón es un recurso para hacer
frente al miedo que nos da la vida?
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2. ¿Crees que la felicidad nos hace virtuosos o que la virtud nos hace felices?
3. ¿Crees que habría alguna relación entre la búsqueda de la armonía en el arte griego,
por ejemplo en el Partenón o en los cánones escultóricos de belleza, y esa búsqueda de
la armonía personal y social a través de la razón y la justicia, como proponía Platón?
Para hacer esta última parte, debes consultar en el libro de Historia de la Filosofía la
crítica de Nietzsche a la filosofía platónica
Selecciona una de las obras de arte que más te hayan gustado y contesta las siguientes
preguntas:
1. Tipo de obra.
2. Material empleado.
3. Época.
4. Estilo.
5. Autor.
6. Función.
7. Características.
4. BIBLIOGRAFÍA
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