HOMENAJE
SAN JUAN DE L A CRUZ
§ Diputa c i ó ü 7
C*3
ALA
S.JUAN DE LA CRUZ
IROEN C A R M E L I T A N A
1S91
6. 6
HOMENAJE
SAN JUAN DE L A CRUZ
SERAFÍN DEL CARMELO
DOCTOU MÍSTICO
R E F O R M A D O R D E LA O R D E N C A R M E L I T A N A
POETA Y PROSISTA CLÁSICO
en el tercer centenario de la subida de su alma
á la gloria eterna
1591
0. %
í l e o n (Satl^oncto tj S j í ' ,
Director de LA QKUZ.
Diputación
Provincia!
CAPÍTULO PRIMERO.
DOCUMENTOS RELATIVOS Á LA CELEBRACIÓN DEL CENTENARIO
DE SAN JUAN DE LA CRUZ.
Sumarlo: I . Preces del Procurador General de los Carmelitas Descalzos i m -
plorando de S u Santidad gracias para e l C e n t e n a r i o . — I I . Decreto de Su
Santidad L e ó n X I I I accediendo á las preces anteriores.—III. B r e v e de S u
Santidad para l a c e l e b r a c i ó n del C e n t e n a r i o . — I V . C i r c u l a r del G e n e r a l de
los Carmelitas D e s c a l z o s . — V , C i r c u l a r y P a s t o r a l del Obispo de A v i l a . —
V I . C o m i s i ó n para disponer las fiestas del C e n t e n a r i o . — V I I . A c u e r d o de
los Superiores de l a O r d e n . — V I H . Aprobaciones del Episcopado espa-
ñ o l . — I X . E n t u s i a s m o para l a c e l e b r a c i ó n del C e n t e n a r i o . — X . C e r t á m e -
n e s . — X I . Funciones religiosas que se preparan en ambos M u n d o s .
I.
Preces del Procurador General de los Carmelitas Descalzos pnra
que Su Santidad se dig^ae otorgar varias gracias con motivo del
Centenario de San «Juan de la Cruz,
BEATÍSIMO PADRE :
E l P. Procurador General de los Carmelitas Descalzos, postrado
á los sagrados pies de Vuestra Santidad, expone: que el día 14 del
mes de Diciembre del corriente año de 1891 se cumple el año
tricentésimo desde que San Juan de la Cruz, primer Maestro
y segundo Padre de la Orden de los Carmelitas Descalzos, voló
á l a patria celestial. Y queriendo sus hijos los Carmelitas Des-
calzos celebrar este fausto acontecimiento con especial pompa y
solemnidad, el que suscribe, al presentar los deseos de toda l a
Orden, suplica humildemente á Vuestra Santidad se digne con-
ceder benignamente que desde el día 22 de Noviembre, dos días
antes de la fiesta de dicho Santo, hasta el 14 de Diciembre de
este año, en todas las iglesias de Religiosos, Religiosas y Ter-
ciarios de la Orden de Carmelitas Descalzos pueda celebrarse
u n triduo solemne, con facultad de rezar misa propia del Santo
como en el día de la ñesta en cada uno del mismo triduo, para con-
memorar dicho tercer Centenario de la gloriosa muerte de su Padre
San Juan de la Cruz.
Y en gracia, etc.
II.
Decreto de Su Santidad L e ó n X I I I accediendo a las preces
anteriores de la Orden de Carmelitas Descalzos.
Nuestro Santísimo Padre León Papa XJ1I, después de haber sido
informado por mí, el infrascrito Cardenal Prefecto de l a Sagrada
Congregación de Ritos, benignamente se ha dignado conceder que
desde el día 22 de Noviembre al día 14 de Diciembre del año co-
rriente puedan hacerse por los Religiosos de dicha Orden triduos
solemnes en honor de San Juan de la Cruz, confesor, con misas, ya
solemnes, ya rezadas, propias del mismo Santo confesor, siempre
que en los calendarios de los respectivos conventos no ocurran
fiesta doble de primera clase ó primer domingo del santo Adviento
en cuanto á la solemne, y doble también de segunda clase ú otro
domingo del santo Adviento en cuanto á las rezadas; no omitiendo
tampoco la misa conventual correspondiente al Oficio del día siem-
pre que haya obligación de celebrarla; observándose las Rúbricas
sin que obste cosa alguna en contrario. Día 10 de Enero de 1891.
— L . ^ S . — ^ CAY. CAR. LUIS MASELLA, Prefecto.—Vov el R. P. don
VICENTE NUSSI, Secretario, JUAN PONZI, Substituto. — Concuerda
con el original.—Roma, 15 de Enero de 1891.—L. • p S . ~ F R . BER-
NARDINO DE SANTA TERESA, Procurador General.
5—
III.
Breve ele Su Santidad para la c e l e b r a c i ó n del Centenario
de San Juan de la Cruz.
LEÓN PAPA X I I I .
Á todos losfielescristianos que vieren las presentes Letras,
salud y bendición apostólica.
Nos ha sido, en verdad, grata y consoladora la noticia de las so-
lemnidades que con singular entusiasmo prepara toda la Orden de
Carmelitas Descalzos para conmemorar el tercer Centenario del fe-
liz tránsito á la gloria de San Juan de l a Cruz, su primer Maestro,
llamado con razón segundo Padre de dicha Orden. Es ciertamente
oportuno, y no menos conforme á la razón y l a piedad, que por
ellos se tributen singulares honores al varón santísimo que con sus
trabajos, doctrina y asiduidad laboriosa prestó tan insignes servi-
cios á la Orden y la ilustró con el esplendor de sus esclarecidas vir-
tudes. Después de la solemnidad secular celebrada en memoria de
Santa Teresa, madre y maestra de la familia de Carmelitas Descal-
zos, oportuna es, por cierto, la ocasión que se presenta de celebrar
poco después la fiesta centenaria de San Juan de la Cruz. Pues así
como fué Coadjutor de la Santa virgen legífera, y como ella
instruido divinamente en explicar por escrito los arcanos de la
Teología mística, así también, con corto intervalo de tiempo, se
hace acreedor á los mismos honores. Nos, por tanto, alimentamos
gran esperanza de que no carecerán de fruto estas solemnidades para
todos los fieles, y sobre todo para los Carmelitas, quienes, al tribu-
tar estas honras al Santo, serán llevados fácilmente á meditar en
las esclarecidas virtudes que en vida le hicieron resplandecer entre
los otros para su ejemplo. Entre estas virtudes, digna es de recuerdo
la admirable paciencia de San Juan de la Cruz, unida á su invicta
constancia, sobre todo en estos tiempos tan adversos para l a Iglesia
y las familias religiosas. Pues molestado con muy ásperos trabajos
fué tan continuamente maltratado y afligido, que mereció en ver-
— 6—
dad tener el sobrenombre de la Cruz, y pareció llevar sobre sí todo
su peso. Llevó estos trabajos con tanta paciencia y buena voluntad,
que por único premio de ellas pidió padecer y ser despreciado por
Cristo. Por lo tanto, como estas solemnidades seculares aprovecha-
rán sobremanera, con el favor divino, á todos los cristianos, y prin-
cipalmente á las familias carmelitanas, concedemos gustosamente,
para aumentar la celebridad de estas fiestas, las gracias que del te-
soro de la Iglesia nos han sido pedidas. Accediendo, pues, benig-
namente á los deseos y súplicas del Procurador General de los Car-
melitas Descalzos, á Nos recientemente presentadas, á todos y cada
uno de los fieles cristianos de ambos sexos que asistieren devota-
mente al triduo que ha de efectuarse con nuestro consentimiento
en las iglesias de los Carmelitas Descalzos, desde el día 22 del mes
de Noviembre hasta el 14 del mes de Diciembre inclusive, y en al-
guno de los tres días, que cada cual podrá escoger á su arbitrio, es-
tando verdaderamente arrepentidos, confesados y comulgados, vi-
sitaren devotamente la iglesia donde se celebre la fiesta y en ella
rogaren piadosamente á Dios por la concordia entre los Príncipes
cristianos, extirpación de las herejías, conversión de los pecadores
y exaltación de la Santa Madre Iglesia, en el día de los antedichos
que esto hicieren concedemos misericordiosamente en el Señor in-
dulgencia plenaria y remisión de todos los pecados. Además, á los
líeles cristianos que á lo menos con ánimo contrito en cualquier
día del sagrado ternario oraren devotamente por algún tiempo en
cualquiera de dichas iglesias, concedemos indulgencia de siete años
y siete cuarentenas en la forma usada por la Iglesia. Permitimos
que todas y cada una de estas indulgencias, remisiones de pecados
y relajación de penitencias puedan aplicarse por vía de sufragio á
las almas del purgatorio. Las presentes Letras valdrán solamente
para este año. Dado en Roma en San Pedro, bajo el anillo del Pes-
cador, el día 4 de Marzo de 1891. De nuestro pontificado el décimo-
cuarto.—L. ^ S.—M. CARD. LEDOCHOWSKI,—Concuerda con el ori-
ginal.—Roma, 7 de Marzo de 1891.—L. ^ S.—Fu. BERNAEDINO DE
SANTA TERESA, Procurador General.
- 7 -
IV.
Circular del Rmo. I*. General de los Carmelitas Descalzos re-
comendando la c e l e b r a c i ó n del Centenario de San Juan de la
Cruz.
I. ^ M .
FR. JERÓNIMO MARÍA D E L A I N M A C U L A D A CONCEPCIÓN,
PREPÓSITO GENERAL DE LOS RELIGIOSOS DESCALZOS DE LA ORDEN
DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA DEL MONTE CARMELO Y
PRIOR DEL MISMO SANTO MONTE.
A mis amados en Cristo, Bvdos. P P . Provinciales, Priores, Vicarios,
Religiosos y Religiosas de la Orden de los Descalzos de la Bien-
aventurada Virgen María del Monte Carmelo.
SALUD EN EL SEÑOR.
Nuestro benignísimo Dios, que á pesar de nuestra insuficiencia
quiso darnos de nuevo el gobierno de toda la Orden, se ha dignado
animar nuestra pequeñez con gozo y ayuda doblados.
Y a en el año 1882 os anunciábamos las solemnidades del tercer
Centenario de la legífera y Madre nuestra Santa Teresa de Jesús.
Vióse entonces por toda la redondez de la tierra u n general entu-
siasmo en preparar fiestas y tributar honores á la Seráfica virgen;
entonces nos congratulamos de la protección dispensada por los
Prelados eclesiásticos y de l a brillantez de las ceremonias pontifica-
les ; entonces fueron celebradas las grandezas de nuestra heroína en
innumerables lenguas por los oradores sagrados; entonces sonaron
en prosa y en verso los conciertos armoniosos de sus alabanzas, y
prestaron rico tributo todas las artes, según lo indican los recuerdos
que en mudo lenguaje transmitirán á la posteridad estas grandezas;
entonces, por fin, y esto es en verdad lo m á s grato y consolador,
se aumentó grandemente l a piedad de los hijos é hijas de la
triple Orden del reformado Carmelo, no menos que la devoción de
los cristianos.
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Pues bien; ahora nos toca conmemorar en el presente año el
tercer Centenario del faustísimo día en que el ínclito San Juan de
la Cruz subió de la tierra á los alcázares celestiales. Y he aquí nues-
tra alegría y gozo doblados al correspondemos nuevamente el deber
gratísimo de anunciaros las solemnidades del próximo tercer Cen-
tenario, recomendándoos al mismo tiempo que dispenséis al-Padre
los honores tributados á la Madre.
No son ciertamente necesarias muchas recomendaciones para
excitar vuestro entusiasmo, pues conocéis y recordáis muy de grado^
como es propio de hijos, que San Juan de la Cruz fué concedido
por Dios como compañero á Santa Teresa, para que él pusiera por
obra entre los varones lo que ella con consejo y maravillosa dispo-
sición había establecido entre las mujeres. Por lo tanto, fué el pri-
mero que, comenzando en sí mismo, renovó las austeridades del
primitivo Carmelo; el primero que en hábito y virtudes, profesión
y magisterio, fué constituido por Dios fundador y segundo Padre
de nuestra Orden, para que, mirándose en él sus hijos, obraran
según el modelo.
Mas ¿quién podrá ponderar los trabajos que padeció, las discor-
dias que apaciguó, las molestias que sobrellevó hasta terminar su
ardua y maravillosa empresa? Es en verdad conveniente que cele-
bremos con m á s solemne culto y singular devoción el tercer Cente-
nario de su preciosa muerte los que por deber amamos y reve-
renciamos siempre á tal Padre y le dedicamos anualmente solemne
fiesta.
Por tanto, exhortamos á todos aquellos á quienes se dirigen estas
Letras que en todas las iglesias de nuestra Orden se celebre u n
solemne triduo en honor de nuestro Padre San Juan de la Cruz con
el mayor ornato y brillantez posibles, y principalmente con piado-
sas preces, administración de Sacramentos y frecuente celebración
del santo sacrificio de la misa, en el plazo señalado benignamente
por la Autoridad apostólica, esto es, desde el día 22 de Noviembre
hasta el 14 inclusive de Diciembre del presente año.
Con las presentes, seguros como estamos que los habéis de recibir
con ánimo grato y alegre, os enviamos los rescriptos apostólicos que
se ha dignado conceder graciosamente nuestro S. P. el Papa
León X1IJ, á quien Dios conserve largos años.
_ o -
Mas al regocijarnos y dar las debidas gracias por habérsenos
otorgado favores tan insignes y abierto los tesoros de la Iglesia con
la concesión de las indulgencias, consideremos atenta y religiosa-
mente la esperanza y los deseos que abriga el Supremo Pastor, y
son que las solemnidades de este Centenario lian de aprovechar no poco,
con la ayuda de Dios, ya á todos los cristianos, ya principalmente á
las familias carmelitanas.
Y ciertamente serán de mucho provecho estas fíestas á nuestras
familias religiosas si, al celebrar con mayor solemnidad los méritos
de nuestro ínclito Padre, procuramos con ardiente deseo ser imita-
dores de aquel cuyo modo de vivir profesamos.
Porque en verdad nos causa admiración, y no podemos menos
de admirar en nuestro Padre la profesión de la m á s severa disci-
plina, la fuga de las vanidades y costumbres mundanas, l a guarda
de la soledad, el deseo de la vida interior, el continuo ejercicio de
la meditación en la ley del Señor, el espíritu de abnegación, en una
palabra, el ejemplar completo de la perfección carmelitana. Pro-
curemos seguir cada día más perfectamente los ejemplos de aquel
que así nos admira, y de aquí habrá de resultar que esta solemne
celebración del Centenario sea muy acepta á nuestro Santo Padre,
y sirva grandemente para aumento de la perfección y las virtudes.
Y será altamente provechosa si, usando de tan grata oportunidad,
les proponemos los insignes ejemplos de nuestro santo Padre para
que los conozcan y se esfuercen en imitarlos.
Difundamos, pues, los escritos sucintos ó circunstanciados de su
vida y virtudes; escojamos oradores sagrados que en este solemne
triduo pongan de relieve los sobresalientes ejemplos y virtudes que
resplandecen en San Juan de la Cruz, para que de esta manera
exciten á los tibios al deseo de una saludable imitación y confir-
men á los fervorosos. Comprendan los ricos l a vanidad de las como-
didades y regalos, para que no sean por ellos engañados; compren-
dan los pobres, contemplando á San Juan destituido de bienes
terrenos, de qué manera pueden proporcionarse las verdaderas
riquezas de méritos y un trono eterno en el cielo.
Aprendan fortaleza los que son afligidos con persecuciones, y
paciencia los atribulados con dolores. Los inocentes estimen este
ejemplar de candor inmaculado; los pecadores admiren é imiten
2
- l o -
en Juan la austera penitencia hermanada con la inocencia; y todos,
por fin, cobren fuerzas para llevar cada uno la cruz, mientras con-
templan á Juan, que, abrazado á la suya, pidió padecer y ser des-
preciado por Cristo, y con él mismo reina ahora y se alegra eter-
namente.
Mas nosotros, Revdos. Padres, estudiemos con mayor cuidado
noche y día los preclaros libros que, divinamente inspirados, escri-
bió nuestro santo Padre; primeramente, para que se ilustre nuestra
mente, se fortalezca la voluntad, y nuestro espíritu adquiera cada
día nueva fuerza para llegar á la cumbre de la santidad; y en se-
gundo lugar, para comunicar á los otros las fuentes de la celestial
sabiduría del Santo y dirigir por los caminos de la perfección las
almas de los fieles cristianos con paso recto y seguro.
Por esta razón, instituidas con tal espíritu las solemnidades del
Centenal io, redundarán en gloria de Dios y verdadera alabanza de
nuestro santo Padre, y además han de aprovechar ciertamente á
nuestra Orden y á todo el pueblo cristiano, de modo que se cum-
plan los deseos de nuestro Santísimo Padre León X I I I , por cuyas
intenciones pedimos encarecidamente que reguéis con empeño y
perseverancia.
Nuestro Santo legislador os bendiga para que caminéis de vir-
tud en virtud, y la bendición del Padre afirme las casas de los hijos
(Eccli., 3-11).
Dado en Roma, en el convento de Santa Teresa y San Juan de la
Cruz, el día 19 de Marzo de 1891. — FR. JERÓNIMO MARÍA DE LA
INMACULADA CONCEPCIÓN, Prepósito general.
Circular del Sr. Obispo de A v i l a pr.ra la c e l e b r a c i ó n del
Centenario de San Juan de la Cruz.
L a presente festividad del místico doctor San Juan de la Cruz nos
trae á la memoria un suceso importante en cuya celebración cabe
muy principal parte á nuestra amada diócesis: el tercer Centenario
de l a gloriosa muerte de este insigne Padre de la descalcez carme-
litana.
— 11 -
Sabido es que la diócesis de Ávila fué destinada por l a Divina
Providencia para ser el suelo natal de este hombre, por tantos con-
ceptos maravilloso; que la villa de Fonti veros tuvo la suerte deque
en ella se meciese la humilde cuna de este portentoso niño, que,
hijo de Gonzalo de Yepes y de Catalina Alvarez^ nació en 24 de
Junio de 1542; que en ella se conservan restos de aquella dichosí-
sima casa en que moró por algún tiempo el héroe cuyo Centenario
vamos á celebrar; que en esta región de la hidalga tierra castellana
parecen resonar a ú n los profundos acentos del célebre autor de L a
noche obscura, y se perciben los espirituales aromas que se despren-
dían de su inspirada pluma, en la Subida al Monte Carmelo.
Avila^ pues, debe tomar parte muy principal en la celebración
de este glorioso Centenario. Grande ha sido nuestro júbilo cuando
hemos visto aparecer en la vecina ciudad de Segovia la Revista car-
melitano-teresiana, titulada San Juan de la Cruz, dirigida por los re-
verendos Padres Carmelitas descalzos, y cuyo principal blanco, como
aseguran sus ilustrados redactores, es el tercer Centenario de la di-
chosa muerte de nuestro incomparable Padre y doctor místico San Juan
de la Cruz, y declaramos estar dispuestos á cooperar con todo nues-
tro celo, con toda nuestra solicitud á la celebración de este gran
suceso, en cuyo programa figurará sin duda nuestra amada villa de
Fontiveros.
Oportunamente y con más extensión volveremos á hablar á nues-
tros diocesanos sobre este asunto, respecto al cual hemos depo-
nernos de acuerdo principalmente con nuestro Venerable Hermano
el Excmo. é limo. Sr. Obispo de Segovia, y con los Reverendísimos
Superiores de la Orden carmelitana; mas hoy hemos querido diri-
gir esta primera palabra sobre ello á nuestro amado clero y fieles,
y encargamos á nuestros celosos párrocos que nos comuniquen de-
talladamente cuantos datos, documentos y noticias resulten ó en-
cuentren en sus feligresías, que sean conducentes á l a celebración
de este Centenario: que lo pongan en conocimiento de sus feligre-
ses, inclinándolos á tomar parte en ella según les sea dado, y que
les anuncien que por decreto de este día hemos concedido cuarenta
días de indulgencia á los fieles de nuestra jurisdicción que coope-
ren á la celebración del tercer Centenario de San Juan de la Cruz,
y otros cuarenta por la lectura de cada uno délos artículos que con
— 12 —
la competente autorización eclesiástica publique la mencionada
Revista San Juan de la Cruz.
A v i l a , 24 de Noviembre de 1890.—)$( E L OBISPO. —Por mandado
de S. S. I. el Obispo m i Señor, DR. ENRIQUE BERMEJO, Secretario.
Pastoral del Sr. Obispo de Avila.
NOS EL DOCTOR DON JUAN MUÑOZ HERRERA, POR LA GRACIA DE DIOS
Y DE LA SANTA SEDE APOSTÓLICA OBISPO DE ÁVILA.
A nuestro venerable Clero y á los fieles todos de esta Nuestra amada
diócesis, salud y hendición en Nuestro SeTior Jesucristo.
A ttendentes quasi lucernce lucenti
in caliginoso loco.
2 PET., I, 19.
Bien os consta, A . H . N . , y recordaréis que jsx en los primeros
días de nuestro pontificado os dirigimos nuestra voz paternal, pre-
viniéndoos y anunciando con cuanta anticipación podíamos el gran
suceso que es j-a boy el objeto de nuestro entusiasmo, porque se
acerca el día de su realización, y ella producirá ciertamente en nos-
otros los sentimientos de la m á s pura alegría: os hablamos, hijos
queridos, del Tercer Centenario del místico DOCTOR SAN JUAN DE LA
CRUZ; Centenario en el que á la diócesis de Ávila corresponde to-
mar una muy principal parte, porque ella fué la destinada por la
Divina Provindencia para ser el suelo natal de este hombre, por
tantos conceptos maravilloso, porque en la antigua é ilustre villa de
Fontiveros apareció este esclarecido luminar, cuyos resplandores
irradian vigorosamente por entre las obscuridades pasmosas de su
vida, y en medio de los suaves arcanos de su profunda ciencia: á
contemplar este astro singularísimo os invitamos, con motivo del
suceso que recordamos, y de las fiestas con que nos proponemos
celebrarle; á que fijéis en él vuestra vista os exhortamos, por eso os
dirigimos cariñoso saludo con las indicadas palabras del Príncipe
de los Apóstoles; sí, haréis bien, haréis lo que debéis dirigiendo
vuestra mirada al héroe de nuestra patria, al héroe de nuestra dió-
— 13 —
cesis, al héroe de nuestro Centenario; haréis bien de atender á él
como una antorcha que luce en un lugar tenebroso: quasi lucernce
lucenii in caliginoso loco.
U n gran movimiento de simpatía impulsa cada día m á s vehe-
mentemente á la celebración de este Centenario, y vemos converger
hacia la patria, hacia el sepulcro, hacia la vida, hacia las obras i n -
mortales de este singular héroe, las miradas de los espíritus pensa-
dores, de las almas sinceramente religiosas; y en nuestra católica
España, y aun fuera de ella, resuena y es oído con veneración y
respeto el nombre del Doctor de los éxtasis, del que con inspirado
acento entonaba las celestiales melodías del Cántico espiritual; del
que con sublime dirección trazaba los caminos de la Subida al Monte
Carmelo; del que con divina penetración introduce al espíritu en
las misteriosas profundidades de la Noche escura del alma. Y es, sin
duda, A . H . N . , porque este tercer Centenario reúne especiales ca-
racteres; es el Centenario de la obscuridad profunda, celebrado
en el período de las m á s decantadas claridades: es que existen an-
títesis que, sin embargo, atraen; diversos, contrarios modos de ser
que, sin embargo, constituyen puntos de contacto. ¡San Juan de l a
Cruzl ¡El siglo x i x !
¡La obscuridad! he aquí la nota característica de la vida, de los
escritos de nuestro Santo Doctor: todo espiritual, sumido sin tre-
gua en la contemplación de lo absoluto, predispuesto siempre á
la abstracción, al arrobamiento, imprimió en todas sus obras el
sello de su especialísimo carácter; se separó de l a senda trillada
por otros; rompió, al escribir, los lazos que sujetan al cuerpo y le-
- vanta al espíritu hacia Dios, trasladándolo á otro mundo donde
brilla otra luz y rigen otras leyes é imperan otros sentimientos.
Sus poesías tienen una novedad sorprendente: hay en ellas una
suavidad de expresión que atrae, un misterio profundo que eleva,
una riqueza de imágenes que encanta: sus palabras, aun las m á s
vulgares, toman en él una significación peculiar; sus frases ad-
quieren un especial colorido; sus tropos y sus figuras parecen to-
madas de un mundo inexplorado, de regiones completamente des-
conocidas.
«Dos son, dice, explicando bellísimamente estas sublimes y diá-
fanas obscuridades de la doctrina de San Juan de la Cruz, un su
— 14 —
ilustradísimo hijo (1); dos son las partes principales que abarcan
los sublimes escritos de nuestro Padre San Juan de la Cruz. L a pri-
mera es el estado activo de las almas, y lo que pueden y deben
hacer, con la ayuda de Dios, para ser perfectas; y la segunda es el
estado pasivo, así en las especiales purgaciones de las potencias
como en las divinas comunicaciones y celestiales favores de Dios
en la divina unión, desposorio espiritual y transformación. Toda
la mística celestial de nuestro Santo Padre conspira á que las almas
se funden bien en la universal negación de todos sus particulares
apetitos, en que cada uno tome su cruz y en todo procure seguir á
Nuestro Señor Jesucristo. Á esto se encaminan aquellas diez nadas
que pone con admirable maestría en la Subida al Monte Carmelo, y
las explica en sus Avisos y sentencias espirituales, conteniendo un
abismo de doctrina sagrada, clara como el agua cristalina, para que
las almas lleguen sin estorbo á la cumbre del monte santo de l a
perfección.»
¡Quiera Dios que nuestro siglo, el siglo de las luces, cuya fascina-
ción son sus pretendidas claridades, cuyos ideales son sus siempre
soñados progresos, al dirigir hoy su mirada hacia el ínclito Doctor
del Carmelo, vea en él su remedio; y en la obscuridad de su doc-
trina entienda que está el correctivo de sus luces seductoras, y en
esa ciencia que eleva el alma á las tinieblas de la fe, vea la doc-
trina, ante la que ha de inclinar su razón orgullosa! ¡Oh, cuán bien
hará este mundo de nuestra época, esta sociedad, deslumbrada con
sus propias iluminaciones, si encamina su mirada hacia ese faro
salvador, si dirige sus ojos hacia esa lucerna que se destaca en pro-
fundidades tan salvadoras como caliginosas! Atfendentes
Otra nota característica del alma agigantada de Juan de la Cruz
es el espíritu de humillación, de sufrimiento, el afán de anonadarse
y de mortificarse hasta el heroísmo: todos los pasos de su vida fue-
ron para recorrer esta senda, en seguimiento del celestial Maestro
Jesucristo; todas sus acciones aparecen con el tinte de la humildad,
con el bello colorido de la mortificación; humildes fueron los prin-
cipios de su vida; prodigio de mortificación aparece en el claustro
( 1 ) F r . E u l o g i o de San J o s é , director de l a i í e m í a Carmelitano-Teresiana.
«íSan J u a n de l a C r u z » ; F e b r e r o 18 de 1891, p á g . 217.
- 1 5 -
cle Carmelitas de Medina del Campo; heroicos son sus trabajos para
ayudar á nuestra grande Teresa en la obra de la Reforma
¡Ay, A . H . N.! Aquí tenéis una de las razones, y no ciertamente la
de menos estimar, para que el pueblo y la diócesis de Santa Teresa
celebren con entusiasmo las fiestas del presente Centenario; sí, que
los hijos amantes de la Doctora Mística, no pueden permanecer i n -
diferentes ante las glorias del Doctor Extático. Miradles: los dos
tenían gran talento, gigantes corazones; no tardaron en compren-
derse: al punto se identificaron. «Salgamos al campo, diría nuestra
Teresa á Juan de la Cruz, como la Esposa de los Cantares á su
Amado: salgamos al campo; moremos en las granjas: Egrediamur
in agrum, commoremur in viüis; levantémonos muy de m a ñ a n a , co-
rramos, impulsados por nuestro común amor, á visitar y hacer que
ñorezcan las viñas de nuestro Dios: mane sur gamus ad vincas videa-
mus si floruit vinea; hagamos que las místicas ñores de los amado-
res del Señor produzcan frutos de amor, de castidad, de mortifica-
ción: si Jíoruerunt mala imnica» (1).
Amados hijos: ¿queréis un documento, el más fehaciente de ese
espíritu de abnegación, de sufrimiento, que animaba al héroe de
nuestro Centenario ? Escuchad una palabra suya; ¡ ah, es todo un
poema: era un día en que el mismo Dios le hablaba con ternura
paternal, le hacia participante de su amor, y abriéndole los senos
de su misericordia, le decía: «¿Quid vis pro labor¿busf Soldado vietc-
rioso, ¿qué premio quieres para tus esfuerzos? ¡Ah, Señor, responde:
Pati at contemnipro Te: padecer y ser despreciado por Ti». Hermosa
palabra es ésta para ser dirigida á presencia de este nuestro siglo,
siglo por excelencia sensualista, siglo que para nada se cuida de los
intereses morales del corazón. ¡Ay, A , H . N . ! Cuando vemos á nues-
tra empobrecida sociedad, teatro de un fausto que los reyes de Per-
sia hubieran quizá admirado; afanada tras codicias que acaso Es-
parta habría reputado por ambición; victimado soberbia que la
antigua Grecia tendría sin duda por orgullo; rindiendo á los place-
res apoteosis vergonzosas que la impúdica Roma acaso no miraría
sin rubor, es del caso resuene esta voz de nuestro héroe: Fati et con-
teinni; resuene esta voz amiga, que, cual dique poderoso, ataje las
( 1 ) Cant. Cant., v n , 12.
— lü -
inundaciones de ese diluvio devastador; dirijamos nuestra mirada
á la antorcha que luce entre las tinieblas de la mortificación: Átfen-
dentes
Notad, por fin, que nuestro Santo es por excelencia el hombre de
la oración, de los éxtasis, de los arrobamientos; desasido completa-
mente de las cosas terrenales, vivía absorto en las grandezas divi-
nas, en tal grado, que nuestra Seráfica Madre Teresa solía decir:
«Con el P. F r . Juan de la Cruz no se puede hablar de Dios, n i de
cosas espirituales: al punto se arroba.» ¿Quién podrá describir los
subidos caracteres de ese espíritu de oración y de íntima unión con
Dios? ¡Ah! leed sus obras, que ese hade ser, A . H . N . , uno de los más
principales frutos de este Centenario; leed sus obras, escuchad sus
cánticos: son el acento del alma enamorada, del alma que se lanza
hacia Dios, del alma que no aspira á otra vida que aquella que
anhelaba el Apóstol cuando decía (1): «Vivo yo, mas no yo: es
Cristo el que vive en m í » ; del alma cuyo amor es insaciable; del
alma que exclama con este acento de irresistible inspiración y ve-
hemencia:
Gocémonos, Amado,
Y vamonos á v e r en t u hermosura,
A l monte y a l collado,
Do m a n a el agua p u r a :
E n t r e m o s m á s a d e n t r o , en l a espesura ( 2 ) .
No hemos podido tampoco resistir el deseo de trasladaros esta
sublime poesía de nuestro Santo. ¡Ojalá nuestro siglo supiera beber
en esta fuente de dulcísima inspiración! Mas he aquí su gran des-
gracia y l a postrera antítesis que Nos encontramos entre él y nues-
tro Santo Doctor: Juan de la Cruz, el hombre de l a oración; nuestro
siglo, el siglo de la disipación. No insistimos sobre este punto, por-
que á todas luces aparece perfectamente demostrado: nuestro siglo
se aleja de Dios, olvida la oración, y está perfectamente represen-
tado en el joven inconsiderado del Evangelio (3), que, separándose
( 1 ) A d G o l , II, '20.
( 2 ) S. J . de l a C r u z , Cántico espiritual, n ú m . 36.
( 3 ) L u c , xv, 13.
- 17 —
de su padre, marchó á una región muy lejana, y allí disipó toda
su hacienda: esa es la suerte que cabe al alma que se separa de su
Dios, que no aspira á unirse á E l ; ¡desgraciada! ve destruirse poco
á poco toda la riqueza, todos los elementos de su vida y bienestar
espiritual. Hay, pues, que rogar mucho á Dios, por estas tan gran-
des necesidades que nos rodean; hay que suplicarle que este Cen-
tenario, á cuya celebración nos preparamos, sea como el llama-
miento que nos lleve á considerar lo que frecuentemente olvida-
mos, y á que todos contemplen las radiosas manifestaciones de esa
antorcha que brilla oculta en las maravillas de su obscuridad, de
su anonadamiento, de sus elevaciones: Attendentes quasi lucernce lu-
centi in caliginoso loco.
He aquí por qué deseamos con ardor celebrar y solemnizar cuanto
podamos este glorioso Centenario; deseamos, s í , celebrarlo y solem-
nizarlo en nuestra amada villa de Fontiveros, allí, allí donde na-
ció nuestro héroe, allí deben i r á glorificarle los que han de tener
á gran honra el ser sus inmediatos compatricios: allí donde se con-
servan los restos de su casa natalicia, y la pila bautismal en que
fué regenerado á la gracia esta criatura privilegiada, y la Iglesia y
el Monasterio erigido en su honor, y los sepulcros de sus mayores,
y señaladas reliquias de su cuerpo sacrosanto: y la dulzura de su
memoria, y el aroma de sus virtudes, allí debemos i r , y allí iremos
Nos el primero, dándoos con nuestro ejemplo aliento para esta pe-
regrinación diocesana á la cual convocamos á todos nuestros ama-
dos Hijos: advirtiéndoles que hemos elevado preces á l a Santa
Sede pidiendo indulgencias para los que en ella tomen parte.
Respetable Clero, venerables Sacerdotes, Autoridades de todo
orden y jerarquía, religiosos Institutos, Congregaciones piadosas,
fieles todos, hijos nuestros amadísimos, ¡vamos á Fontiveros!, va-
mos á orar ante la cuna de nuestro glorioso Santo: querida dióce-
sis de A v i l a , pueblo mío amadísimo, manifiesta á l a faz de España
y del mundo, que sabes apreciar la honra insigne que la Providen-
cia hiciera, ordenando que fueses la patria de este gran Santo, no
te hagas, indigno de ella con tu indiferencia, ó con una frialdad
que sería vergonzosa en la ocasión presente. N o , no puede ser así,
no lo será: de los ángulos todos de nuestro obispado, y muy espe-
cialmente de los pueblos comarcanos, afluirán á Fontiveros en pia-
3
- 18 -
dosas muchedumbres los fieles á pagar el tributo de amor y devo-
ción al gran Santo, que hace tres siglos mora glorioso en el seno de
nuestro Dios. Cúmplenos ahora para terminar esta Exhortación
Pastoral, que más adelante procuraremos ampliar, y para con ella
mover m á s y m á s vuestros espíritus, indicaros los pormenores de
las fiestas que proyectamos (aunque de ellas se publicará un mi-
nucioso programa) y los medios para llevarlas á cabo. E n nuestra
mencionada villa de Fontiveros comenzará el día 1G del próximo
Noviembre solemne Novenario en honor de San Juan de la Cruz,
el cual revestirá m á s especial solemnidad en los 22, 23 y 24, que
serán propiamente los de la Peregrinación. Contando con el favor
divino, Nos tomaremos parte en ésta, trasladándonos á Fon ti veros
el día 21, é invitamos á que nos acompañen á nuestros amados h i -
jos de esta piadosísima ciudad de A v i l a : asistiremos á todos los
actos religiosos del Centenario, y el día 24 celebraremos solemne
Misa Pontificia!, predicando en ella el Panegírico de la fiesta y
dando la Bendición Papal, con Indulgencia Plenaria; en los demás
días habrá asimismo Sermón. Para facilitar las peregrinaciones, el
ilustre Ayuntamiento de Fonti veros, que toma principalísima parte
en estas fiestas, tendrá dispuesto vehículos en Chaherrero durante
los días 21, 22, 23 y 24, en combinación con los coches que salen
de esta ciudad con dirección á Peñaranda. A l digno Sr. Cura y A l -
calde de dicha villa pueden acudir los peregrinos para cualquier
dato y noticia que se les ocurra.
Y como sea notoria y evidente la falta de recursos para sufragar
los gastos de estas solemnidades, Nos exhortamos á todos á que
contribuyan, cada cual en la medida de sus circunstancias; y al
efecto abrimos una suscripción en nuestra Secretaría de Cámara y
Gobierno, cuyos donativos se publicarán en este Boletín.
Haga el Señor que para su mayor gloria y salvación de las al-
mas, estas fiestas puedan celebrarse según es nuestro deseo, y según
se lo rogamos en nuestras humildes oraciones. Y ahora, amados her-
manos nuestros, en testimonio de nuestro paternal amor os bende-
cimos en el nombre del f Padre y f del Hijo y del Espíritu f Santo.
Dada en nuestro Palacio episcopal de A v i l a á 9 de Octubre
de 1891.—^ JUAN, Obispo de Avila.—Foi mandado de S. E . I. el
Obispo m i Señor, Dr.. ENRIQUE BERMEJO, Secretario.
— 19 —
VI.
Juntas y Subcomisiones para preparar la c e l e b r a c i ó n
del Centenario.
Reunidas en el Palacio episcopal de Segovia las Autoridades y
representantes de Corporaciones invitadas por el dignísimo Prelado,
para promover las festividades religiosas que han de celebrarse con
motivo del Centenario de San Juan de la Cruz, cuyo cuerpo se
venera en el convento del Carmen de dicha ciudad, trataron de lo
más conveniente al objeto.
De desear es que fecha tan memorable se celebre tal como me-
rece el eximio doctor y maestro del habla castellana, que, unido
santamente á la gran doctora Santa Teresa, tan alto pusieron el
nombre de España por su santidad y su ciencia.
L a Comisión ejecutiva para dicho Centenario esta compuesta de
las personas siguienses:
D . Miguel López de Mendoza, provisor y vicario general del
obispado.
Edo. P. Eulogio de San José, carmelita descalzo.
D. Ramón Lorente, registrador de l a propiedad.
I). Ensebio Sanz, jefe de estudios de la Academia de Artillería.
D . Manuel Pascual t párroco de Santa Bárbara.
D. Epifanio Ralero, director del Instituto.
D. Joaquín Oriozola, arquitecto municipal.
D. Miguel Arévalo, canónigo de l a Santa iglesia catedral.
Secretarios: D. Remigio Antón Redondo, abogado, y D . Juan
Becerril, profesor de la Academia de Artillería.
Uno de los primeros y m á s acertados acuerdos de la junta fué
nombrar subcomisiones para facilitarlos trabajos, y se constitu-
yeron las de fiestas religiosas, fiestas literarias, fiestas populares,
compuestas de personas ilustres por su edad, ciencia y actividad.
Con grande animación y entusiasmo, dice la Revista San Juan
de la Cruz (1.° de Septiembre de 1891), se están celebrando en el
palacio episcopal y Seminario Conciliar de esta ciudad las reunio-
nes de las Juntas y Subcomisiones encargadas de preparar los fes-
— 20 —
tejos que han de celebrarse en la conmemoración del tercer Cente-
nario de nuestro extático Padre San Juan de la Cruz.
Aquí se ve, una vez m á s , el amor patrio y sentimiento religioso
tan arraigados en los corazones de los segó víanos, que, si ha sido
siempre digna y de respetable reputación, hoy m á s que nunca
muestra su acendrado amor patriótico y religioso en las dignísimas
personas que le representan en dichas reuniones, revestidas de
tanto celo que, en verdad, nos causa sumó placer v e r l a animación
que despliegan para el mayor esplendor y suntuosidad en dicho
Centenario.
No es menor el santo entusiasmo con que se prepara en Europa
y en todo el mundo la celebración del Centenario de San Juan de
la Cruz.
VII.
Acuerdo de los Superiores de la Orden para la c e l e b r a c i ó n
del Centenario.
Los Superiores de l a Orden de Carmelitas Descalzos residentes
en Roma han dispuesto que todas las fiestas que han de tener l u -
gar para solemnizar el tercer Centenario de San Juan de la Cruz
han de celebrarse precisamente en el espacio de tiempo que hay
desde el 22 de Noviembre hasta el 14 de Diciembre del presente
año y no antes, con arreglo á lo dispuesto por la Sagrada Congrega-
ción (1). E l Rvdo. P. Provincial ha dispuesto que las fiestas del
Centenario se celebren en España con triduo solemne en los días
22, 23 y 24 de Noviembre, y se concluya la novena en los seis
días siguientes.
E n los conventos de religiosos y religiosas se puede celebrar el
triduo solemne con los privilegios é indulgencias concedidos por
León X I I I , ya acomodándose á este convento de Segovia, ya en los
días que median del 22 de Noviembre al 14 de Diciembre.
( 1 ) V é a s e el Decreto Pontificio en el n ú m . n de este c a p í t u l o .
— 21 —
VIII.
Aprobaciones del Episcopado e s p a ñ o l .
Los Excmos. é limos. Sres. Arzobispos de Burgos, Obispos de
Zamora, Lérida, Oviedo, y otros, no solamente han aprobado y ben-
decido el pensamiento de celebrar el Centenario de San Juan de l a
Cruz, iniciado por los ilustrados Carmelitas redactores de la Revista
que lleva tan glorioso nombre, sino que han concedido indulgencias
para los que se asocien al Centenario y se aprovechen de la lectura
edificantísima de aquella ya célebre publicación. {San Juan de la
Cruz, Revista Carmelitano-Teresiana, 1.1, pág. 82.)
IX.
Entusiasmo para la c e l e b r a c i ó n del Centenario de San Juan
de la Cruz.
Grandioso y halagüeño es, á la verdad, el espectáculo que está
dando estos días l a ciudad de Segovia. Como movidos de u n
resorte común que no les deja parar, se les ve i r y venir acá y
allá á los hombres pudientes, á todas las personas de significación
de esta piadosa ciudad de San Frutos. Se forman comisiones y
subcomisiones, se disponen certámenes y veladas, se ordenan
triduos solemnes, se preparan novenas, se proyectan concursos^
cabalgatas, fogatas en distintos puntos de l a cordillera del Guada-
rrama, iluminación del acueducto, elevación de inusitados globos,
exhibiciones de productos regionales, etc., y todos se desviven por
festejar la memoria de un hombre que murió hace tres siglos.
E l Obispo y el Gobernador, el sacerdote y el militar, el diputado
y el concejal, el abogado, el artista y el comerciante, el noble y el
plebeyo, en una palabra, las autoridades eclesiásticas, civiles y m i -
litares, se aunan en amigable compañía y celebran juntas, reunio-
nes y conferencias para tomar parte y preparar con piadoso entu-
siasmo las solemnidades que han de servir para obsequiar á u n
hombre que murió en el rincón de una celda después de largos años
— 22 —
de haberse retirado del mundo á las obscuridades del claustro.
L a Junta de celebración del Centenario acordó en 9 de Septiembre
último someter á la aprobación del Sr. Obispo de Segovia:
] .0 Que se digne su autoridad invitar por medio de circular á los
arciprestazgos de l a diócesis para que concurran en peregrinaciones
religiosas á visitar el sepulcro del esclarecido San Juan de la Cruz
en cualquiera de los días que á este fin se designarán.
2. ° Organizar una procesión que partiendo de la santa iglesia ca-
tedral, y con asistencia del limo. Cabildo, clero parroquial y auto-
ridades, corporaciones, etc., etc., concurra en un determinado día á
dicho convento de P P . Carmelitas á prestar veneración á las vene-
randas reliquias del glorioso Santo.
3. ° Formular un programa de caridad para que se distribuyan
limosnas en los días del triduo, etc.; y por último fomentar la sus-
cripción ya abierta para restaurar la destruida ermita de San Juan
de l a Cruz en Segovia. {San Juan de la Cruz, .Revista Carmelitana.)
X.
Certámenes.
DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA.
Este Cuerpo literario, accediendo con í n t i m a complacencia á los
deseos de l a Junta religioso-patriótica encargada de organizar las
fiestas con que en Segovia ha de celebrarse el tercer Centenario de
San Juan de la Cruz, abre un certamen de poesías en alabanza de
varón tan insigne.
E l premio y las condiciones de este certamen serán las siguientes:
PREMIÓ.
' Medalla de oro, 1.000 pesetas y 500 ejemplares de l a edición que
la Academia hará á sus expensas de la obra laureada.
CONDICIONES.
Podrán presentarse al certamen poesías de cualquiera clase y ex-
tensión, con tal que sean dignas del objeto á que han de estar de-
dicadas.
— 23 —
(Siguen las disposiciones ordinarias para todos los certámenes
literarios.)
Madrid, 2 de Octubre de 1891—£7 Secretario, MANUEL TAMAYO
Y BAUS.
DE LA SUBCOMISIÓN DE FIESTAS EN SEGOVIA.
L a Subcomisión literaria de la Junta organizadora de las fiestas
con que ha de celebrarse en Segovia el tercer centenario del doctor
extático San Juan de la Cruz, abre otro certamen de escritos en
prosa ó en verso en alabanza de San Juan de la Cruz.
Los premios y las condiciones de este certamen serán los si-
guientes:
PREMIOS.
I.0 De S. M . l a Reina Regente, en nombre de su Augusto Hijo
el Rey D . Alfonso X I I I (Q. D . G): Pluma de oro con diamantes.—
Para el autor que mejor describa en verso «Una visión extática del
Santo».
2. ° Uno de S. A . l a Infanta D.a Isabel para el autor de la mejor
Oda en elogio del Santo.
3. ° De la Excma. Diputación provincial de Segovia: Un objeto de
arte.—Para el autor del mejor Soneto en elogio del Santo.
4. ° Del Excmo. Ayuntamiento de Segovia: Pluma de oro con las
armas de Segovia y la impresión de doscientos ejemplares del tra-
bajo premiado, no pudiendo exceder de cuatro pliegos de impre-
sión, en octavo mayor, con letra del número ocho.—Para el autor
en prosa que mejor desarrolle el siguiente tema: «Influencia d é l a s
relaciones místicas de San Juan de la Cruz con Santa Teresa de
Jesús en los hechos y escritos de esta mujer ilustre.»
5. ° Del Excmo. é l i m o . Sr. Obispo de Segovia: Quinientas pese-
tas.— Para el autor que mejor desarrolle el siguiente tema: «ideal
y beneficios de la Reforma del Carmelo por San Juan de la Cruz.»
6. ° De la Sociedad Económica de Segovia de Amigos del País:
Un objeto artístico.—Para el autor de l a mejor Memoria que des-
arrolle el siguiente tema: «Estado religioso-social de Segovia en el
siglo x v i é influencia ejercida en él por San Juan de la Cruz.»
— 24 —
7. ° De la Academia de Artillería: Un objeto de arfe.—Para el autor
del mejor trabajo que describa, en prosa ó en verso, algún «Episo-
dio histórico militar, poco conocido, de las guerras religiosas del
siglo x v i durante la vida de San Juan de la Cruz».
8. ° Del Instituto provincial de segunda enseñanza de Segovia:
Un objeto de arte.—Para el autor de la mejor composición en prosa
ó verso sobre «San Juan de la Cruz considerado como poeta liríco».
9. ° Del Revdo. P. Provincial de los Carmelitas Descalzos: Un
ejemplar lujosamente encuadernado de las obras de San Juan de la Cruz
y una estatua del Santo.—Para el autor que mejor desarrolle en
prosa ó verso el tema siguiente: «En San Juan de la Cruz se en-
cuentran todos los requisitos necesarios para ser declarado Doctor
de la Iglesia.» ':
10. Del Excmo, Sr. Marqués del Arco: Un ejemplar de la Vida de
Jesucristo de Luis Veuillot, edición ilustrada.—Para el autor que con
m á s acierto desarrolle: «.Examen crítico de las obras de San Juan
de la Cruz bajo el concepto religioso.»
11. Del Excmo. Sr. Conde de Alpuente: Un objeto artístico.—Para
el autor que con m á s acierto desarrolle: «Examen crítico de las
obras de San Juan de la Cruz bajo el concepto literario.»
12. Del Excmo. Sr. Marqués de Quintanar: Un objeto artístico.—
Para el autor de la mejor Leyenda en elogio del Santo.
13. D e l Excmo Sr. D, Manuel Llórente Vázquez: Dos cuadros con
pinturas al óleo.—Para premiar el trabajo en prosa que con más
lucidez y brevedad determine las «Ventajas, bajo el punto de vista
humano, que tuvo l a reforma realizada por San Juan de l a Cruz,
influido por Santa Teresa, en la Orden del Carmen».
(Siguen las condiciones ordinarias de estos certámenes.)
XI.
Funciones religiosas que se preparan en ambos mundos.
Muchos son los pueblos del antiguo y nuevo mundo, y principal-
mente España, en que se preparan funciones religiosas, literarias
y artísticas para solemnizar el Centenario de San Juan tde la Cruz.
Grande es, dice l a Revista San Juan de la Cruz (1.° de Julio
- 25 -
de 1891), el entusiasmo que hay en toda la Orden'carmelitana para
celebrar con extraordinaria solemnidad el tercer Centenario de
nuestro P. San Juan de la Cruz. De Alemania, Francia, Austria, y
muy en particular de todos los conventos religiosos y religiosas de
nuestra descalcez carmelitana en España, nos están dando detalla-
das noticias de los preparativos que están haciendo para celebrar
con grande pompa l a fiesta del tercer Centenario.
Distínguense entre todas Segovia, que tiene la dicha de poseer el
cuerpo del Santo; Baeza, donde tuvo su sepulcro; Fonüveros, donde
nació; Ávila, Alba de Termes y todos aquellos conventos que fueron
fundados por Santa Teresa y su coadjutor en la Reforma de la Or-
den del Carmelo. Prelados Prebendados insignes, y célebres como
oradores sagrados, se han encargado de los panegíricos, y estas
voces de la elocuencia sagrada resonarán en las iglesias donde se
agota toda la belleza de las artes y de la exornación para los es-
plendores del culto.
Se hacen, en fin; grandes preparativos en Roma para solemnizar
este Centenario en las iglesias de Santa María della Scala, de Tras-
tevere, de Santa María de la Victoria, y otras, según dice L a Semana
Católica de Madrid del día 18 de Octubre de 1891.
CAPÍTULO II.
VIDA DEL EXTÁTICO PADRE SAN JUAN DE LA CRUZ (1).
S u m a r i o : I . D e l a n i ñ e z y entrada en r e l i g i ó n de San J u a n de l a C r u z . —
I I . San J u a n de l a Cruz hace l a f u n d a c i ó n del p r i m e r convento de l a R e -
f o r m a en D u r u e l o . — I I I . V i e n e San J u a n de l a C r u z de confesor a l monas-
terio de l a E n c a r n a c i ó n de A v i l a , y D i o s p u b l i c a su santidad con grandes
m a r a v i l l a s . — I V . E s nombrado San J u a n de l a Cruz vicario del Calvario,
d e s p u é s rector de B a e z a , y ú l t i m a m e n t e p r i o r de G r a n a d a . D í c e n s e los
milagros con que Dios publicaba su s a n t i d a d . — V . H a c e San J u a n de l a C r u z
las fundaciones de C ó r d o b a y Segovia para religiosos, y entiende en l a f u n -
d a c i ó n de M a d r i d para r e l i g i o s a s . — V I . M u e r t e de San J u a n de l a C r u z ;
sepultura, y m i l a g r o s que se obraron d e s p u é s de su m u e r t e . — V I I . E x t r a c t o
c r o n o l ó g i c o de l a v i d a de San J u a n de l a Cruz.
I.
De la n i ñ e z y entrada en r e l i g i ó n de San Juan de la Cruz.
San Juan de la Cruz, Padre y reformador, con l a Santa Madre
Teresa de Jesús, de la Orden de Nuestra Señora del Carmen, nació
en la villa de Fontiveros (2), en el obispado y provincia de Avila,
( 1 ) E s c r i t a como p r e p a r a c i ó n para celebrar su tercer Centenario por el
R . P . F r . G r e g o r i o de Santa S a l o m é , carmelita descalzo en el convento de
Avila.
( 2 ) S e g ú n l a C o n s t i t u c i ó n de Benedicto X I I I , relativa a l culto de San J u a n
de l a C r u z , este pueblo se l l a m a F o n s T i b e r i i , Fuente de T i b e r i o . Subsiste l a
casa en que n a c i ó . E n ella se f u n d ó u n convento de Padres C a r m e l i t a s ; hoy
sirve para las escuelas de i n s t r u c c i ó n p r i m a r i a . Tres obispos, entre ellos los
de A v i l a y Salamanca, consagraron l a iglesia. L a mesa del altar mayor co-
r r e s p o n d í a al sitio en que estuvo l a alcoba en que n a c i ó e l Santo.
en España. Fueron sus padres Gonzalo de Yepes y Catalina Álva-
rez, naturales, el primero de l a noble villa de Yepes, y la segunda
de Toledo (1). Gonzalo, aunque descendiente de una familia noble
y bien acomodada, se enlazó con los vínculos del santo matrimonio
con D.a Catalina, doncella pobre sí, pero honesta y muy virtuosa.
Desamparado D . Gonzalo de sus deudos por la desigualdad, se
vió en la precisión de aprender el oficio de D.a Catalina, que sus-
tentaba su pobreza con un telar de sedas. Providencia admirable del
Señor, que los destinaba para ser padres de un Santo que debía
imitar en un todo al Divino modelo. Tres hijos varones les dió el
Señor, y tales como se podía esperar de aquel virtuoso vínculo. E l
primero fué Francisco de Yepes, que en vida y en muerte dió prue-
bas de verdadero amigo de Dios. Luis, que primero gozó de la vida
E n e l bautisterio de l a parroquial se lee l a siguiente i n s c r i p c i ó n :
EN ESTA PILA SE BAUTIZÓ E L MYSTICG DOR. S. J . DE L A CRUZ
PRIMER CARMELITA DESCALZO
LUSTRE Y HONRA DE ESTA NOBILÍSIMA VILLA
POR AVER SIDO NATURAL DE ELLA
NACIÓ E L AÑO DE 1542 Á 24 DE JUNIO
e
MURIÓ E L DE 1591 Á CATORCE D E —
X
HÍZOSE SIENDO CURA E L LDO. JOSEPH VELADO
AfíO DE 1680.
E n medio de l a m a g n í f i c a nave de l a iglesia parroquial de F o n t i v e r o s e s t á
enterrado el padre de San J u a n de l a C r u z . E n l a l á p i d a h a y esta i n s c r i p c i ó n
casi b o r r a d a :
HIC JACET GUNDISALVO DE T E P E S .
(1) D o ñ a Catalina A l v a r e z , madre de San J u a n de l a Cruz, falleció en M e -
d i n a del C a m p o , y f u é enterrada en el claustro del convento de Carmelitas
Descalzas, donde hay u n arco que f o r m a un a l t a r , d e p ó s i t o de los restos de
varias Venerables trasladadas del antiguo claustro donde fueron enterradas.
A l pie de este altar e s t á l a sepultura de l a V e n e r a b l e Catalina A l v a r e z , algo
m á s levantada que las d e m á s . E s t a sepultura e s t á cubierta con una hermosa
l á p i d a que tiene en l a parte superior e l escudo del Carmen, y debajo l a s i -
guiente i n s c r i p c i ó n :
AQUÍ YACE L A V . SEÑORA CATALINA ALVAREZ,
MADRE DE NUESTRO PADRE SAN JUAN DE L A CRUZ.
— 28 —
eterna qne conociese l a temporal, fué el segundo. Juan, el tercero,
y objeto de esta obrita, nació el año de 1542: se ignora si fué el día
de San Juan Bautista ó Evangelista. Criábanle sus virtuosos padres
en mucha religión y piedad, á las que respondía él con una docili-
dad tal, que mostraba bien haber sido prevenido con las más dulces
bendiciones del Cielo.
Siendo a ú n nuestro Santo muy niño perdió á su virtuoso padre,
quedando la afligida madre reducida á l a mayor orfandad, sin más
recursos que el trabajo de sus manos. Esto la obligó á pasar á Me-
dina del Campo; lugar mayor y de m á s comodidades en aquel
tiempo, donde creyó encontrar con más facilidad que en Fontiveros
medio de sustentarse y sustentar á sus tres hijos; pero antes quiso
el Señor con u n milagro dar á conocer á los habitantes de aquel
lugar que tuvo la dicha de ver nacer á nuestro Santo cuán de su
agrado era aquel niño.
Jugaba un día con otros niños en tirar varitas á una laguna, las
cuales introducían en el agua para volverlas á coger. Sucedió que,
queriendo el bendito niño cogerla que había introducido, se venció
su cuerpecito hacia el agua y cayó en la profundidad de la balsa.
Aunque se hundió, vió que le sacaba una mano misteriosa, y des-
pués que se le acercaba una bellísima señora para sacarle de entre
el lodo y cieno de la laguna; instaba l a señora, pero rehusaba el
niño por no mancillar con el lodo tanta belleza. Esto dió ocasión á
otro prodigio; á saber: á que el castísimo Esposo de la celestial Se-
ñora se acercase en traje de labrador para vencer la piadosa corte-
sía del bendito niño y saliese del peligro que corría su vida.
Esta maravilla conñrmó m á s y más en los vecinos de Fontiveros
la idea que habían formado de nuestro Santo, de que Dios le tenía
destinado para fines altos de su gloria.
Después de tan admirable suceso salió aquella desamparada fa-
milia de Fontiveros y llegaron á Medina del Campo, donde, ha-
hiendo ensayado algunos oficios para mantenerse, observó la buena
c l o r a que su hijo Juan, aunque mostraba tener buen entendi-
miento, apenas se acomodaba á los oficios mecánicos. Así se deter-
minó á mandarle á un Seminario donde pudiese dedicarse á los es-
tudios. Animábale m á s y m á s á proseguir en este designio una
visión extraordinaria. Venía un día con sus hijos de cierta aldea á
— 29 —
Medina, y vio que un espantable monstruo se llegaba á su hijo Juan
con la boca abierta para tragarle; mas el bendito niño, sin turbarse,
hace l a señal de l a cruz, poniendo al dragón infernal en vergonzosa
fuga.
Dedicado ya á los estudios, presto fué la admiración de todos por
su aplicación, pero sobre todo por su virtud nada común en los de
su edad. Prendado D . Alonso Alvarez de Toledo, persona principal
y administrador de un insigne hospital en aquella villa, de la mo-
destia, dulzura y candor del niño Juan, pidiósele á su madre, cuando
sólo contaba doce años, para servicio de los pobres enfermos. Aquí
nos quiso dar la Madre de Dios una segunda prueba de la predi-
lección hacia este su fidelísimo siervo. Había en medio del patio del
hospital un pozo hondo, abundante de agua, sin brocal. Cayó en él
nuestro Juan, inadvertido del peligro, á vista de muchos. Convócese
la gente de la casa y vecindad, y llegando algunos á l a boca del pozo
vieron á Juan sentado sobre las aguas. Echáronle una soga, y él se
la ciñó al cuerpo y salió muy alegre.
Preguntáronle cómo, habiéndose hundido, no se ahogó. A lo que
contestó con el candor propio de su virtud, que una hermosísima
señora le había recibido en su manto al caer para que no se lasti-
mase y le había sostenido sobre las aguas. Admirados los circuns-
tantes, crecieron en la estima'del Santo joven; y con nueva atención
le miraban, viendo que la mano del Señor era con él, porque ade-
m á s de las maravillas que el Cielo obraba á su favor, no podían
menos de reconocer el dedo de Dios en la fervorosa caridad y santa
diligencia con que asistía á los enfermos que se le habían enco-
mendado.
Mientras el Santo se ocupaba en estos caritativos ejercicios, dióle
Nuestro Señor á entender ser su voluntad divina tratase de ingresar
en alguna Orden religiosa. Conocida por nuestro Santo la voluntad
de Dios, luego pensó ponerlo en práctica, por lo cual pedía sin cesar
se dignase mostrarle la religión que debía abrazar. Estando un día
muy encendido en su santa oración, oyó una voz que le decía:
Servirme has en una religión cuy a perfección antigua ayudarás á levantar.
Poco tiempo hacía que los Padres Carmelitas de la Observancia
habían fundado su monasterio de Santa A n a en aquella villa. Luego
se esparció la fama de que aquella religión era antiquísima, y fun-
— So-
dada bajo la especial protección de la Virgen del Carmen, á cuyo
culto está consagrada.
L a devoción de esta Señora y la antigüedad de la Orden presto
le ganaron l a inclinación, y huyendo de los lazos del siglo pidió el
santo hábito en aquel monasterio.
No dilataron el dársele, porque la fama de su mucha virtud y
sus buenas obras le tenían bastantemente acreditado. Tomóle, pues,
año de 1563 (1), á los veintiuno de su edad.
Desde el noviciado comenzó de nuevo á trabajar en el ejercicio
santo de la oración y demás virtudes de la religión con tal fervor,
que á él, que era a ú n novicio, se le consideraba como muy anciano
y experimentado en todos los caminos de la vida espiritual y reli-
giosa. E n su presencia se componían y moderaban sus hermanos;
tal era la veneración que inspiraba el fervoroso novicio.
Pasado con estos fervores y aprovechamiento el año de noviciado,
profesó en el de 1564 (2) en el mismo convento de Santa Ana, siendo
General de l a Orden el M . Rvdo. P. F r . Juan Bautista Eubeo de
Rávena, y Provincial de Castilla el M . Rvdo. P. F r . Angel de Sala-
zar, en cuyas manos hizo la profesión. Viéndose ya nuestro Santo
unido con su Dios en virtud de la profesión religiosa, después de
dar al Señor las m á s humildes y rendidas gracias por tan insigne
beneficio, ya no pensó en otra cosa sino en conformar su vida á la
del divino modelo Jesucristo crucificado, guardando además con
toda la perfección posible y con licencia de sus Prelados la regla
de l a Orden, que había sido mitigada por el Santo Pontífice Euge-
nio I V . Aunque en lo exterior se conformaba con los demás, en lo
secreto guardaba exactamente la regla primitiva declarada por Ino-
cencio I V . Verdad es que nada conocían sus hermanos de las pri-
vaciones y austeridades que hacía ocultamente el bendito Santo;
(1) E n e l d í a 24 de Febrero, s e g ú n l a revista San Juan de la Cruz, p á g . 14.
(2) E n el libro de las profesiones de los R R . P P . Carmelitas Calzados de
Santa A n a de M e d i n a del Campo se encuentra la p r o f e s i ó n del Santo; es l a
sexta en orden de profesiones, y dice a s í :
« E g o , F r a t e r Joannes a Santo M a t h i a , filius promitto obedientiam, cas-
t i t a t e m et paupertatem Deo et beatse Marise de Monte-Carmelo, et Reverendo
P a t r i F r a t r i Joarlni Baptistse R ú b e o de R a v e n n a , P r i o r i G e n e r a l i Ordinis
Carraelitarum u s q u e a d m o r t e m ; t e s ü b u s — F r . Joannes a Santo M a t h i a . í
— 31 -
pero es la vida interior del religioso una luz que, por más que se
quiera ocultar, esparce tales resplandores, que el Señor quiere se
dejen ver para edificación de los demás: TJt videant opera vestra bona,
et glorificent Patrem vestrum qui in coelis est.
Los Prelados de la Orden, comprendiendo el mérito de nuestro
Santo, para que fuera lucidísima antorcha, no sólo á la Orden de
María, sino á toda la Iglesia Santa, le enviaron al colegio de Sa-
lamanca á estudiar Teología. E n aquella ciudad, centro del saber,
donde los más eminentes religiosos habían hallado el inestimable
secreto de juntar la m á s vasta erudición con la práctica de la ora-
ción y de todas las virtudes religiosas, aprendió San Juan de la Cruz
aquellas ciencias con que se forman los sacerdotes de la Ley de Gra-
cia. No descuidaba el Santo de imitar al Angélico Maestro, el cual
solía decir que más aprendió en la oración que con todas las fuerzas
de su superior ingenio. Sin faltar á los deberes de buen colegial, fué
tanto lo que se dió en este colegio á l a lectura de libros místicos y
á la oración, que causó admiración á cuantos le contemplaban.
Dicen testigos de vista que atendidos, ora su modo de vida, ora su
aprovechamiento en las ciencias, aquella alma era sin duda un
tesoro de pureza, sagrario de santidad, arca de joyas celestiales, á
quien el Señor se complacía en enseñar aquella ciencia toda celes-
tial y divina, de la que no dudó afirmar el Kdo. P. Fray Juan Ponce
de León: «Que nuestro Santo, por el estudio de las Sagradas Escri-
turas, despedía en sus exposiciones tales rayos de amor de Dios que
ilustraba los entendimientos de los hombres y abrasaba sus corazo-
nes en el fuego de la caridad.» E n tan santas disposiciones se en-
contraba San Juan de l a Cruz cuando los Superiores de la Orden
pensaron elevarle á la dignidad de los Sagrados Ordenes.
Corría el año de 1567 cuando el Santo cumplió su curso de Teo-
logía, á los veinticinco de su edad, y ya era tiempo que se ordenase
de misa. No trataba de ello el siervo de Dios, reconociendo su i n -
dignidad; pero como los Prelados lo mandaron, se ordenó ese año.
Volvió luego á Medina del Campo por mandato de sus superiores á
cantar la primera misa, para dar este consuelo á su virtuosa madre.
Preparóse para recibir tan alta misericordia con tan largas vigi-
lias, con tan fervientes deseos y con tan profunda humildad, que
mereció el favor de ser confirmado en gracia. Deseaba que, pues
- 32 -
debía ejercer en la tierra tan alto ministerio, su alma estuviese
desde aquel dichoso día tan íntimamente unida con su Dios que
nunca se apartase de É l , al menos con ofensa alguna grave. Esta
era su ansia, esta su continua súplica á Jesús y á su Madre Santí-
sima; súplica que fué tan fervorosa el día que dijo su primera misa,
que dijo al Señor: «¡Oh Dios y Señor m í o , yo no me apartaré del
altar hasta merecer la dicha de ser confirmado en gracia!» Cuando
así oraba, oyó que el Señor le decía: «Yo te concedo lo que me
pides.» Quedó el devotísimo Padre bañado en gozo, lleno de humil-
dad y colmado de reconocimiento á tan soberano beneficio, y sintió
en su alma una espiritual renovación por modo tan delicado, que
nunca supo explicar. Después de este don tan raro y admirable, se
creyó el bendito Santo mucho más obligado para con Dios; así es
que se dió á una vida de más oración, de más recogimiento, morti-
ficación y retiro; y pareciéndole que en su Orden no encontraba
aquello por lo que tanto ansiaba su espíritu, determinó en su cora-
zón pasarse á los Cartujos.
Mientras que nuestro Santo revolvía en su mente estos deseos de
vida más áspera y retirada, la santa Madre Teresa de Jesús se en-
contraba en Medina haciendo la segunda fundación de la Reforma,
que dió principio en San José de Ávila entre las personas de su
sexo el año de 15G2. Mucho deseaba la gloriosa Santa que gozasen
los religiosos de este bien de que gozaban ya por la bondad divina
las religiosas; tenía para procurarlo licencias de nuestro Rmo. Padre
General, pero le faltaban sujetos que se determinasen á abrazar la
nueva reforma; no sabía á quién comunicar los secretos de su cora-
zón , pero no por eso desmayaba su m a g n á n i m a esperanza. Hallán-
dose , pues, en l a fundación de sus monjas en Medina, ayudóle
mucho en aquella fundación un padre venerable de la Orden lla-
mado Fray Antonio de Heredia, Prior que era á l a sazón del mo-
nasterio de Santa Ana, y que después se llamó en la Reforma Fray
Antonio de Jesús. Determinóse la gloriosa Santa á desahogar los
secretos de su corazón con este religiosísimo Padre, al cual le pare-
cieron tan bien que se ofreció de muy buena voluntad á ser el pri-
mero que se descalzase.
Mucho alegraron á l a Santa en un hombre de casi cincuenta años
de edad tan santas resoluciones; sin embargo, como dice la misma
- 33 —
Santa, «yo lo tuve por cosa de burla (son palabras suyas) y ansí se
lo dije; porque, aunque siempre fué buen fraile, para principio se-
mejante no me pareció sería n i tendría espíritu, n i llevaría adelante
el rigor que era menester, por ser delicado». Por lo cual la Santa le
agradeció mucho su buena voluntad, pero le aconsejó que dejase su
resolución para más adelante y que entretanto se ejercitase en las
cosas que debía prometer. Continuaba la Santa sus diligencias; no
cesaba de suplicar á la Virgen Santísima le diese á entender quién
era el destinado á dar principio á la santa Reforma entre los reli-
giosos.
Antes que saliese de Medina se ofreció venir de Salamanca un
Padre grave de la Orden, llamado F r . Pedro Orozco, y llevó en su
compañía á nuestro Santo, el cual venía con alegría al ver que en
Medina tendría más proporción para negociar su tránsito á la Car-
• tuja. Llegados á Medina, habló el P. F r . Pedro con nuestra gloriosa
Madre sobre asuntos graves de l a Orden, y en particular sobre el
asunto de la Reforma. Con esta ocasión la Santa, sin decirle nada
de lo tratado con el P. F r . Antonio, le descubrió el pensamiento de
buscar frailes que diesen principio. A este propósito le dijo el Padre
cómo tenía uno en su compañía, aunque mozo, de rara virtud y
aventajado espíritu, y tal cual para el intento se podía desear. Pren-
dadísima quedó la Santa Fundadora con esta relación; pero mucho
m á s prendada y satisfecha quedó así que logró la ocasión de ha-
blarle y penetrar por especial don del cielo los grandes fondos de
aquel celestial diamante. «Mi hijo—le dijo la Santa cuando le hizo
saber sus intentos de ir á la Cartuja—tenga paciencia y no se vaya
á la Cartuja, que ahora tratamos de hacer una Reforma de Descal-
zos de nuestra Orden, y sé yo que se consolará con el aparejo que
tendrá en ella para cumplir todos sus deseos de recogimiento, retiro
de cosas de acá, oración y penitencia, y hará un gran servicio á
Dios y á su Madre.»
Mucho agradaron al Santo las palabras de la santa Madre, y con-
vino, en efecto, en ser uno de los religiosos de la Reforma si no se
dilataba mucho la ejecución de aquella empresa tan admirable.
Gozosísima quedó con esto la valerosa fundadora, viéndose con
dos frailes para dar principio á esta obra en el Cielo. Resueltos ya
asi el P. F r . Antonio de Jesús, como el santo Padre, á ser los pri-
5
— 31 —
meros Descalzos, dispuso l a santa Madre que el P. F r . Antonio se
quedase en Medina para disponer lo necesario, dar cuenta al Pro-
vincial de su persona y oficio, renunciarlo en sus manos y prome-
ter l a Regla primitiva. Mientras que el P. F r . Antonio disponía los
asuntos de su prelacia, nuestro Santo pasó con la Santa á l a funda-
ción de l a casa de religiosas de Valladolid. Quería l a Santa que
viera la manera de vida de las religiosas^ y aprendiera el orden de
la vida regular que debían observar los religiosos. Con esto tuvo
ocasión de estudiar l a uniformidad de vida que debían tener hijos
é hijas de l a Reforma carmelitana.
Entretanto, no descuidaba la santa Madre procurar las licencias
necesarias para establecer á sus religiosos en l a diócesis de Ávila.
U n caballero de esta ciudad había ofrecido á l a Santa una casa de
labranza que poseía en Duruelo, aldea pequeña entre Fontiveros y
Peñaranda. Gozosa l a Santa de tener en donde poder comenzar su
santa empresa, envió allá desde Valladolid á nuestro glorioso Santo
con u n albañil, para arreglar algo la casa, y con algunas cosas, po-
cas y pobres, para el altar. ¡Ved aquí cómo principió l a Reforma de
la antiquísima Orden de Nuestra Señora del Carmen! ¡Principio
despreciable á los ojos de los hombres, pero apreciable y glorioso á
los ojos de Dios! ¡Principio que, cual insignificante grano de mos-
taza, fué paulatinamente creciendo y se extendió por toda l a tierra!
II.
San Juan de la Cruz hace la f u n d a c i ó n del primer convento
de la Reforma en Duruelo.
Á últimos de Septiembre, teniendo nuestro Santo veintiséis años
de edad, después de sacadas las licencias necesarias del Ilustrísimo
Sr. Obispo de Ávila, se fué á tomar posesión de la pobre casita de
Duruelo. E r a ella tan reducida y descompuesta, que bien necesitaba
el bendito Santo de todo su fervor para exclamar lleno de júbilo
cuando la vió: Ucee requies mea i n sceculum, Me hahitaho quoniam elegi
eam. Llegado á aquel portalico de Belén, como le llamaba l a santa
Madre, se postró en tierra, regó su pavimento con dulces lágrimas,
y comenzó á hacer las convenientes distribuciones de las pobres
- 35 —
piezas de la casa. Del establo hizo iglesia, del desván coro, y de al-
gunas habitaciones contiguas hizo celdas y cocina. L a iglesia l a
adornó con cruces y calaveras; el coro y las celdas adornó del
mismo modo, no ofreciendo á su consideración y á la de los que
habían de seguirle m á s que cruz y muerte, A l día siguiente de su
llegada, dicha la santa misa, poniendo el nuevo hábito de Carme-
lita Descalzo, cosido por nuestra santa Madre, sobre el altar, lo
bendijo, y se lo vistió, llevando los pies descalzos con las plantas
por el suelo, é hizo profesión de guardar sin mitigación hasta la
muerte la Regla primitiva de Nuestra Señora del Carmen.
. Ayunaba á pan y agua todos los días; no pocos llegaba la noche
y aun no se había desayunado, n i tenía muchos días con q u é , n i
recursos para procurárselo, y además de esto los habitantes del
lugar ignoraban que aquel á quien veneraban por Santo se hallase
en necesidad. Pero el Señor, que tanto se complacía en aquella pu-
rísima alma, le confortaba y suplía con abundancia de bienes ce-
lestiales lo que faltaba de los de la tierra.
Era tal el fuego santo en que sentía abrasarse su seráñca alma,
que le acaecía amanecer con los hábitos blancos de la nieve que
por lo mal acondicionado de la casa caía sobre el lugar mismo
donde oraba, sin haberlo él notado con ser tanto el frío. Decía
Prima al amanecer, y celebrada la sania misa, iba después á las
aldeas inmediatas, en las que se ocupaba en predicar y confesar á
sus vecinos, viniendo después á su pobre casita sin haberse a ú n
desayunado, diciendo con el Divino Maestro: « M i comida es hacer
la voluntad de m i Padre celestial.»
E l celo de nuestro Santo, acompañado de aquel su aspecto tan
penitente, aquellas palabras que salían de su boca tan abrasadas
en el fuego santo de su amor hacia Dios y por l a salvación de las
almas, no podían menos de producir frutos abundantes de bendi-
ción en los pueblos que le escuchaban.
Pero veamos cómo resume la gloriosa Madre Santa Teresa de Je-
sús los prodigios de santidad que se renovaban en la nueva Tebaida
de Duruelo:
«Nunca—decía l a santa Madre—se me olvidará la devoción que
infundía aquel lugar. Tenían una cruz pequeña de palo para el
agua bendita, que tenía en ella pegada una imagen de papel coa
— 30 —
un Cristo, qué parecía ponía más devoción que si fuera de cosa
muy bien labrada Supe que después que acababan Maitines
hasta Prima no se tornaban á ir, sino allí se quedaban en ora-
ción, que la tenían tan grande que les acaecía i r con harta nieve
en los hábitos cuando iban á Prima y no lo haber sentido. Iban á
predicar legua y media y dos leguas descalzos, y con harta nieve y
frío, y después que habían predicado y confesado, se tornaban bien
tarde á comer á su casa.»
Son palabras de la Santa, cuyo testimonio dice lo bastante, ya
de la vida penitente, ya del celo santo de nuestro bendito Padre
por l a gloria de Dios y por la salvación de las almas. Si aquí quisié-
ramos detenernos á ponderar la dicha de l a diócesis toda de Ávila,
podríamos con razón decir que ha sido la distinguida, y que se ha
visto claro que la oración de San Segundo y de sus ínclitos protec-
tores ha obtenido del cielo en su favor que toda la gloria y her-
mosura del Carmelo les pertenezca: Gloria Libani data est d, decor
Carmeli et Saron.
Este fué el tenor de vida que observó nuestro glorioso P. San
Juan de la Cruz desde Septiembre hasta que el venerable Padre
Fray Antonio de Jesús, después de arreglados todos los compromi-
sos, se vino con el hermano F r . José de Cristo, corista, á unirse en
Duruelo con nuestro glorioso Santo. Reunidos los tres dichosos va-
rones escogidos por Dios para dar principio á la santa reforma, d i -
cha l a misa renovaron su profesión y prometieron vivir según la
regla primitiva de la Orden, sin mitigación hasta la muerte. Acae-
ció este fausto acontecimiento el primer domingo de Adviento, día
28 de Noviembre del año de 1568. .Después quedó por Prelado pri-
mero de la Reforma nuestro P. F r . Antonio de J e s ú s , y por maes-
tro de novicios nuestro Santo; elección tan acertada, provechosa y
excelente, como se vió después por sus copiosos frutos, pues que,
dotado el bendito Padre de un talento privilegiado, enriquecido
con ciencia celestial, y ansioso de ser una copia viva de Jesús cru-
cificado, era el m á s á propósito para formar en el verdadero espí-
ritu á los nuevos hijos del Carmelo.
Ejercitó este oficio primero en Duruelo, después en Mancera, y
ú l t i m a m e n t e en Pastrana, y en todas partes iba dejando el suaví-
simo olor de sus heroicas virtudes. Por medio de este celo comuni'
~ 37 —
caba su espíritu á las primicias de su Orden, y hacia de ellas ánge-
les por su pureza, anacoretas por la mortificación y la soledad, y
por su oración y trato íntimo con Dios, perpetuos adoradores de la
soberana Majestad.
Poco tiempo pudieron permanecer en la pobre casita de Duruelo,
pues por lo malsano del lugar se vieron en la precisión de trasla-
darse á una villa poco distante, llamada Mancera, donde una pia-
dosa familia les ofrecía una casa. L a fama de santidad, el buen
olor de las virtudes y de la doctrina de los hijos de la nueva Re-
forma, se fué poco á poco extendiendo por muchas provincias de
España: por lo cual, movidos muchos, venían á solicitar ser admi-
tidos en un instituto en donde tanta perfección se profesaba. Con
un maestro tan santo como el bendito Padre salieron los novicios
muy bien ejercitados en oración y penitencia, y tan aventajados
varones apostólicos, que honraron la casa de María y realizaron
aquella promesa que el mismo Cristo hizo á su Esposa predilecta
Santa Teresa de Jesús: «Espera, h i j a , y verás grandes cosas.»
Con la bendición de Dios hizo tan rápidos progresos l a naciente
Reforma, que en breve tiempo se extendió por las provincias de
España, con cuyo motivo dispusieron los Prelados que nuestro
Santo pasase á Pastrana en clase de Vicario de la nueva fundación
para plantear la observancia regular en aquella casa y formar con
su aventajado espíritu el de catorce novicios que allí tenían. A d -
mirable fué el modo con que cumplió la delicada misión que se le
había encomendado, como lo prueban el fervor, retiro, penitencia
y oración de los primitivos religiosos de l a santa Reforma, que
todos fueron hijos del espíritu de nuestro glorioso Santo. Gozoso es-
taba San Juan de la Cruz en aquella amable soledad y en medio de
almas tan espirituales; pero el Señor, que no quiere se oculten bajo
el celemín las luces santas evangélicas, sino que se pongan en parte
donde luzcan para todos, inspiró á los superiores le trasladasen á
Alcalá para formar con sus ejemplos admirables el primer convento-
colegio que tuvo la Reforma en aquella célebre Universidad.
No tenía l a Religión al principio lectores para sus jóvenes, por
lo que fué preciso mandarles á estudiar á la Universidad. L a mo-
destia, la humildad, la mortificación y compostura de los estudian-
tes Carmelitas fué tal, que llamaban l a atención de los catedráticos
- 38 —
y escolares de aquella ilustre escuela. Les admiraba el modo con
que hermanaban tanta austeridad de vida con una asidua aplica-
ción al estudio. Mucho sintieron los virtuosos profesores perder tal
ejemplo, con ocasión de la disposición tomada por los Prelados de
la Orden, de formar lectores y colegio dentro de la misma Religión,
donde se educasen con m á s retiro sus jóvenes estudiantes; instaron
á los superiores para que no les privaran de tanto bien, y aun de-
searon con buen fin se moderase la austeridad de aquella naciente
Reforma. Con las importantes lecciones de nuestro Santo, sus reli-
giosos salieron tan aventajados aun en las ciencias filosóficas, que
pudieron escribir la célebre obra de Filosofía llamada Complutense,
la cual es la mejor exposición de la doctrina del Angélico Maestro
Santo Tomás. E n este colegio de Alcalá permaneció el bendito Pa-
dre formando á los jóvenes religiosos en ciencia y virtud, hasta que
la santa obediencia le ordenó pasase á la ciudad de Ávila.
III.
Viene S.m Juan de la Cruz de confesor al monasterio de la E n -
c a r n a c i ó n de A v i l a , y Dios publica su santidad con grandes ma-
ravillas.
E n Octubre del año 1572 nombraron á nuestra santa Madre
Priora de la Encarnación, la cual, viendo las necesidades espiritua-
les de su comunidad, pidió al P. Visitador F r . Pedro Fernández,
dominico, nombrase confesores de aquellas religiosas á nuestro
Santo y á otro Padre, descalzo también, llamado F r . Germán.
Vino en ello con gusto el Padre Visitador, y fueron tales los fru-
tos de salvación que recogió aquella comunidad con el ejemplo y
celestial doctrina de los religiosísimos Padres, que nuestra gloriosa
Madre no hacía sino bendecir al Señor viendo la perfección de sus
hijas, debida al celo santo del bendito Padre. J a m á s le veían fuera
de su pobre celda si no era cuando lo exigían las necesidades de la
comunidad y de la ciudad.
Trataba á las religiosas con humildad, gravedad y amor; no reci-
bía regalos n i agasajos, y se contentaba con la comida pobre que le
preparaban. Ninguna religiosa hallaba en él motivo de queja, por-
que á todas las trataba sin particular afecto. Hacíales con frecuen-
— 39 —
cia fervorosas pláticas espirituales, y explicábales los grados de l a
oración; les daba á conocer las dulzuras del divino amor, y la ne-
cesidad que tenía el mundo de las casas religiosas para detener las
justas iras del Señor. Tan bien supieron aprovecharse aquellas fer-
vorosas siervas de Dios así de los ejemplos como de la doctrina de
nuestro seráfico Padre, que en breve quedó aquella comunidad
transformada en un paraíso.
Mucho honró el Señor á su siervo en el tiempo que permaneció
en Avila, y mucho le acreditó con las maravillas que por él obró.
Cayó enferma D.a María de Yera, religiosa grave y de toda estima;
fué tal la enfermedad que luego la privó de los sentidos, y murió
sin haber dado tiempo para administrarle los Santos Sacramentos.
Avisaron al venerable Padre, pero cuando llegó ya era tarde; turbadas
y llorosas las religiosas, dijeron al bendito Padre: «Buena cuenta
ha dado V . R , Padre nuestro, de su hija; ¿cómo es esto que la ha
dejado morir sin Sacramentofc?»
Calló el siervo de Dios, y retirándose en silencio, se fué al coro
á pedir al Señor le restituyera la vida. Estando el Santo en oración,
comenzó la difunta á mudar de semblante y dar señales de haber
oído el Señor la súplica de su siervo; al punto, con la admiración
que se deja comprender, avisaron las religiosas al bendito Padre,
quien acudió á la celda para proporcionarle todos los socorros con
que acostumbra la Iglesia nuestra madre aliviar las agonías de l a
ú l t i m a hora ¡ después de lo cual, animándola á la santa resigna-
ción en la voluntad de Dios, volvió á entregar su espíritu en las
manos de su Criador. No menos maravilladas quedaron las religio-
sas de lo raro del suceso, que de l a santidad del bendito Padre y
eficacia de su oración. Por otro nuevo modo las quiso el Señor con-
firmar en su opinión.
Estando un día dé la Santísima Trinidad hablando de tan sobe-
rano como regalado misterio con nuestra santa Madre, el venerable
varón, sentado en una silla por la parte de fuera, y la Santa en un
banco por dentro del locutorio, después de haber discurrido alta y
suavemente del inefable misterio, tanto se engolfó su bendita alma
en aquel inmenso océano, tanto se encendió su fervoroso espíritu,
que no pudiendo resistir la flaqueza de los sentidos, se rindieron á
la fuerza divina, y el Santo, asiendo con las manos la silla que ocu-
— 40 —
paba, voló hasta dar en el techo. L a Santa, que estaba atenta á las
palabras del divino varón, recibiendo en sí los mismos efectos, ex-
perimentó la misma violencia y quedó arrobada. Por esto, y por
otras muchas ocasiones en que la Santa contempló las continuas
suspensiones de este fiel siervo, solía decir: «Que no se podía ha-
blar de Dios con el P. F r . Juan, porque luego se transponía y hacía
transponer.»
Consoló un día el Señor á su amigo, estando orando y en pro-
funda meditación sobre los dolores que Jesucristo nuestro amante
Redentor había padecido en la cruz. Kepresentósele á los ojos cor-
porales llagado, descoyuntado, sangriento y tan afeado como sus
enemigos lo dejaron. L o que causó en su alma tan lastimera figura
no es posible decirlo; pero quedóle tan impresa, que pasada la v i -
sión, pudo dibujarla en un papel que con religiosa veneración con-
servan las monjas de la Encarnación de Ávila.
Mercedes semejantes dieron tanto crédito al venerable Padre,
que ya no sólo en su convento, sino en todos los de Ávila, y aun en
muchas personas seglares, causaron admiración y fruto. Corría ya
por la ciudad la fama de su santidad y poder para con Dios, y an-
siosos los fieles de gozar de su doctrina y dirección acudían al con-
fesionario para curar de sus enfermedades espirituales. Reconci-
liaba á los pecadores con Dios; dábales lecciones y consejos saluda-
bles, con que les alentaba para la virtud, y todos admiraban en
aquel pobre Descalzo un varón á quien el Señor había hecho pode-
roso en palabras y obras.
E n diversas ocasiones quiso Dios atestiguar con sucesos maravi-
llosos esta verdad. Había en un monasterio de la ciudad una reli-
giosa de mucha perfección, á quien el demonio, envidioso, principió
á inquietar con grandes tentaciones contra la pureza, contra l a fe,
y no pocas de blasfemia. Comunicó la sierva de Dios su trabajo con
el bendito Padre, el cual la consoló mucho y animó para la pelea;
mas no desconfiando el demonio de ganar aquella alma para sí, to-
maba algunas veces figura del venerable Padre; llamábala al con-
fesonario , y la volvía á poner en un estado tristísimo de pena y
aflicción, y cuando el verdadero confesor venía, conociendo los ar-
dides del tentador, determinó pedir al Señor, con ayunos y fervo-
rosa oración, librase á su sierva de aquel peligro, con lo cual, y con
- 41 —
conjuros y exorcismos, consiguió vencer al enemigo y volver la de-
seada paz á aquella alma.
E n otro convento había una monja que, seducida por el demonio
desde la edad de seis años, en un billete firmado con su sangre, de-
claraba tomarle por esposo. Entró después la desdichada joven en
Religión, porque las disposiciones de su casa la obligaron á ello.
Aquí le cumplió su fingido consorte la promesa de que pudiera ha-
blar todas las lenguas, entender todas las artes y declarar la divina
Escritura con extraordinaria propiedad.
E n mucho cuidado puso á los Prelados de aquella Orden caso tan
poco acostumbrado, por lo cual, así que tuvieron noticia de la ad-
mirable vida del venerable P. San Juan de la Cruz, y de l a discre-
ción de espíritus de que el Señor le había dotado, le rogaron que
examinara su espíritu y dijese lo que se debía hacer. Luego cono-
ció el Santo la procedencia de aquella desacostumbrada ciencia, y
para luchar con acierto acudió á la oración y penitencia, siguiendo
el consejo del Divino Maestro. Euése el santo al convento, llamó á
la religiosa, y la que poco antes acostumbraba con su erudición á
dejar admirados á los hombres m á s eminentes, enmudeció en pre-
sencia del venerable Padre.
Dió cuenta al Prelado de su comisión, á quien manifestó ser todo
obra del demonio, y que era necesario conjurarla; rogóle el mismo
Prelado se encargase del conjuro, lo que el Santo se vió como obli-
gado á aceptar. Encargado ya de esta empresa, se previno con mu-
cha oración y penitencia, y después se fué al convento, y en el pri-
mer examen conoció toda l a enfermedad; supo, por confesión del
mismo demonio, el tiempo que hacía que poseía aquella alma; ave-
riguó el pacto de l a cédula y el número de demonios que habían
acudido; mandó á Lucifer se presentase, y al instante ¡caso admi-
rable! se presentó con una figura tan espantable, que las religiosas
huyeron, y aun el compañero del Santo quería hacer lo mismo. L a
infeliz religiosa quedó privada de los sentidos todo el tiempo que
duró el conjuro; mas volvía en sí luego que cesaba, cuyo tiempo
aprovechaba el caritativo Padre para animarla á tener una gran
confianza en la divina misericordia y proponerla los medios de ob-
tenerla. Con las razones que de aquella boca celestial salieron, co-
menzó l a religiosa á conocer su engaño y desear su remedio; pero
6
— 42 -
el enemigo, viendo qne se le arrebataba l a presa, redobló sns infer-
nales astucias, y tomando nn día la forma del Santo Padre, se fué
al convento, simulando venir á confesar á la religiosa. Como ella
vió una figura tan semejante al santo P. Fray J u a n , dió lugar á la
plática.
E l demonio entonces, trocando la doctrina, le dijo tantas cosas
de la gravedad de sus culpas, de la imposibilidad de obtener el
perdón, de la obligación de cumplir el pacto que ella misma había
firmado con su sangre, y que obraba en su poder, que la infeliz
deshacíase en lágrimas, y estuvo muy cerca de dar en una obstina-
ción pertinaz, viendo tan grave mudanza en el que antes tanto l a
había alentado. Por inspiración divina conoció el Santo desde su
celdita lo que pasaba. F u é al convento, preguntó por la religiosa, y
respondió la tornera que no podía hablarle porque estaba con el
P. F r . Juan de la Cruz; contestó el Padre que no podía ser, porque
él era Fr. Juan de la Cruz, y no el que estaba dentro. Atónita
quedó la tornera; envióle al locutorio, y en entrando, desapareció
el demonio, y el Santo halló á la religiosa casi desesperada. To-
mando de aquí ocasión para hacerle ver la flaqueza del demonio,
por una parte, puesto que huía de un pobre fraile, y por otra l a
bondad y misericordia inefables del Señor, que tan visiblemente
acudía á su remedio, comenzó á alentar á aquella infeliz alma y
ponerla en esperanza de su cura. Conjuró al demonio, y le m a n d ó
que dejara libre aquella alma y entregara visiblemente la cédula
que le había dado, y no volviera jamás á sugerir temores á la que
Dios quería para sí. E n el acto obedeció, bien á su pesar, el demo-
nio ; entregó la cédula, y dando horribles alaridos desapareció, de-
jando á la religiosa muy mejorada, así en lo corporal como en lo
espiritual.
E l que era fuerte contra los demonios, no lo fué menos contra
los vicios. H a b í a en la ciudad una joven demasiado desenvuelta,
que, con sus galas y maneras, era un verdadero lazo de pecado á
los incautos. Sus parientes lamentaban su modo de proceder, y de-
seando sacarla de aquel estado, le aconsejaron se confesara con el
descalzo Carmelita.
Resistiólo al principio; pero vencida por los impulsos de la gracia,
vino á sus pies, y en breve se la vió con edificación mudar de vida.
— 43 —
Otra que después de haber consagrado su vida al Señor con voto
la empleaba en deleites torpes, con el trato y comunicación del
bendito Padre dejó la ocasión y reparó el escándalo con una vida
santa.
Estas conversiones tan ruidosas excitaron contra él el furor del
infierno, y aun de los cómplices á quienes arrebataba sus crimina-
les presas, por lo que le daban continuos golpes, malos tratamien-
tos y otras persecuciones penosas; pero en medio de todo resplan-
decía admirablemente su heroica resignación y paciencia.
Buena ocasión le deparaba el Señor para practicar estas tan
admirables virtudes. Habiéndose celebrado en Plasencia (Italia)
Capítulo general de la Orden, se decretó que los Descalzos vol-
vieran á la observancia. E n este tiempo pasó nuestro Padre á la
primera Junta que los Descalzos celebraron en Almodóvar.
Grandes fueron los trabajos y penas de espíritu y cuerpo que su-
frió este varón esclarecido, cuando, permitiéndolo así Dios para sa-
ciar la sed de trabajos que el Santo tenía, y para ser m á s glorifi-
cado el Señor en su siervo, fué llevado de Ávila á Toledo, donde
por espacio de nueve meses sólo Dios y los Angeles sáben lo que
con una asombrosa humildad y paciencia padeció, mereciendo que
el mismo Señor y l a Reina del Cielo le consolaran y animaran de
varios modos.
De Toledo pasó nuestro Santo al convento del Calvario en Anda-
lucía. A l pasar por l a villa de Veas, nuestras religiosas le suplica-
ron pasase en su compañía unos días mientras descansaba algún
tanto y se reponía su salud, tan quebrantada. Ansiosas aquellas
sus amadas hijas por consolarle después de tantas angustias, le
cantaron una devota letrilla que para las Pascuas habían compuesto,
la cual decía así:
Quien no sabe de penas
E n este triste v a l l e de dolores
N o sabe de buenas.
N i ha gustado de amores.
P u e s penas es traje de amadores.
Esta letrilla tan tierna y significativa, de tal modo conmovió al
enamorado de la Cruz de Jesucristo, que por espacio de una hora
quedó su bendita alma en dulce suspensión en presencia de la co-
— 44 —
munidad. ¡Caso extraordinario! E l nombre sólo de trabajos le hace
salir fuera de sí, y le arrebata hasta hacerle gozar de las dulzuras
inefables del amor divino. A muchos santos ha acaecido salir fuera
de gí al considerar la bondad del Señor y la gloria de los bienaven-
turados en el cielo; pero que el oir loar los trabajos suspenda y sa-
que fuera de s í , parece que sólo lo ha concedido el Señor á este
gran amador de l a Cruz.
IV.
E s nombrado San Juan de la Cruz vicario del Calvario, d e s p u é s
rector de Baeza, y ú l t i m a m e n t e prior de Granada.—Dicense los
milagros con que Dios publicaba su santidad.
Cuando San Juan de l a Cruz había ya asentado con tanta perfec-
ción la observancia regular en l a Encarnación de Avila, durante los
cinco años que dirigió aquella religiosísima comunidad, ya se ha
dicho que el Señor, por adorables fines de su Providencia, per-
mitió que nuestro Santo fuese atribulado y estuviese lleno de
penas y disgustos durante aquellos nueve meses que pasó en To-
ledo.
Después de tan lamentables sucesos, pasó á Andalucía para go-
bernar, con título de vicario, nuestro monasterio del Calvario.
Desde luego comenzó á asentar en aquella casa la vida eremí-
tica. L a comida ordinaria de los religiosos era de hierbas, con-
dimentadas con un poco de ajo; no usaban de aceite m á s que en
los días festivos, n i bebían vino. Las disciplinas, cilicios y todo
género de mortificaciones eran sus continuos ejercicios, con los
cuales aquellos siervos de Dios pretendían renovar en el refor-
mado Carmelo los rigores del Egipto y l a Tebaida.
Cuando tan olvidados vivían de si mismos y tan consagrados
á Dios, el Señor cuidaba de proveerles de lo necesario. U n día
no tenían pan para comer; sabedor nuestro santo Padre de la
falta, ordenó, sin embargo, que se hiciera señal para el refecto-
rio, como de costumbre. E l santo, ya que faltaba el pan material,
dió á sus hijos el espiritual, haciéndoles al propósito una tan fer-
vorosa plática, que los religiosos volvieron á sus celdas m á s satis-
fechos y gozosos que si hubieran gustado los mejores manjares de
- 4o —
la tierra. Pero no consintió el Señor que sus fieles siervos pasaran
sin el pan de cada día; así es que, apenas se hubieron recogido en
sus celdas, llamó un hombre á la portería, que traía de limosna una
carga de pan y otros manjares. Nuestro Santo, viendo cuán pronto
les había acudido el Señor con el socorro, comenzó á derramar lá-
grimas, pues que se echaba de ver, decía él, que no fiaba mucho el
Señor de la tolerancia de aquellos religiosos. ¡Ay, qué reprensión
para los que con tanta inquietud buscan los regalos de la tierra, ol-
vidados de que, según l a doctrina del divino Maestro, debemos
buscar primero el reino de Dios y su justicia, dejando para el Señor
el proveernos de las cosas terrenas!
Con otra maravilla quiso manifestar Su Majestad la virtud del
bendito Santo, haciendo que el padre de l a mentira diera testimo-
nio de ella. Había en la villa de Ignatorafe un infeliz endemoniado,
en quien el enemigo estaba tan encastillado que resistía á los mismos
exorcismos de l a Iglesia. Rogaron al Santo viniese á conjurarlo y
tomar por su cuenta el remedio de aquella alma. Apenas se pre-
sentó el Santo á la vista del triste hombre, exclamó el demonio:
«Ya tenemos otro Basilio en la tierra que nos persiga.» Conjuró al
poseído, é inmediatamente salió el demonio, y el hombre quedó
sano. Quiso Satanás vengarse de esta afrenta, y como en Avila,
instigó á una mujer para que le provocase á acciones menos ho-
nestas. Pero el venerable Padre, conociendo l a ponzoña y al autor
de ella, le afeó su inteiito, y la atrevida mujer enmudeció, no atre-
viéndose á llevar adelante su mal propósito. E n estos ejercicios de
virtud y en la dirección de las religiosas de Veas se ocupó el santo
Padre, hasta que se ofreció encargarle la obediencia l a fundación
del colegio de Baeza, profetizada por él tiempo antes.
Hecha la fundación del colegio de Baeza, fué el Santo nombrado
rector de aquella nueva casa, el cual ordenó de tal manera y con
tania perfección sus observancias, así monásticas como escolares,
que era la admiración de toda aquella nobilísima ciudad. ¿Qué más?
Según deposición de acreditados testigos, más era aquél yermo que
colegio: era la escuela de donde salieron los m á s aventajados teólo-
gos y predicadores de aquella religiosa provincia.
¡Y cómo no habían de darse estos gloriosos resultados en lo reli-
gioso y en lo científico, siendo el santo Rector, cuya vida m á s era
— 40 —
de serafín que de hombre terreno, el que les alcanzaba con su ora-
ción las luces del Espíritu Santo! E n la meditación del misterio de
la Santísima Trinidad vió aquí aquellos bienes inefables de la glo-
ria que nos esperan en el Cielo, y de que haciendo plática dos veces
á las religiosas, se sintió interiormente tan inflamado en el amor de
Dios que quedó en dulce suspensión por largo rato.
«¿No ven, las decía después, qué sueño me ha cargado?» ¡Humano
serafín, que así se le enajenaban los sentidos con sueños celestiales!
Celebraba un día la memoria del nacimiento del Niño Jesús, y des-
pués de representar las fatigas de la Virgen y San José buscando
posada en Belén, tomó en sus brazos una imagen del Divino Niño,
y abrazándose con ella, exclamó fuera de sí:
M i dulce y tierno J e s ú s :
S i amores me han de matar,
A h o r a tienen l u g a r .
Estas palabras, tan llenas de devoción, le hicieron quedar absorto
por mucho tiempo. Mientras que el Santo vivía en esta santa casa,
el Sumo Pontífice Gregorio X I I I m a n d ó por un Breve hacer pro-
vincia aparte de Descalzos Carmelitas. Juntáronse los Padres en
Alcalá á 4 de Marzo de 1581; en dicha Junta ó Capítulo, primero
d é l a santa Reforma, salió nuestro Santo electo tercer definidor,
encomendándosele poco después el priorato de Granada. Del punto
de perfección en que el Santo puso al priorato de Granada, dicen
mucho los historiadores, y habiendo dado noticias de lo que en las
demás prelacias sucedió, no es necesario repetirlo aquí. L o que
nunca se acabará de admirar es aquella invisible y secreta fuerza
con que se insinuaba en los corazones de todos, ganándolos para
Dios, quien á su vez manifestaba muchas veces cuánto se complacía
en su siervo. «Padre nuestro, le dice un día el Procurador, no tiene
m a ñ a n a la comunidad que comer»; á lo cual el santo Prior respon-
dió: «Aún tiene Dios tiempo para proveernos.» ¡Caso admirable!
Cuando estaban los religiosos en Prima, llegó un hombre pregun-
tando con afán: «¿Qué necesidad hay en esta casa? No he podido
dormir en toda l a noche, porque una voz interior me decía: T ú estás
regalado, y con gran necesidad los frailes de los Mártires.»
No acabaríamos si hubiéramos de decir por extenso las providen-
- 47- —
cías de Dios para con esta casa y su Prelado. Fueron tantos los fa-
vores del Cielo, que los religiosos le miraban y oían como á un pro-
digio de la gracia; sus pláticas eran saetas inflamadas que herían
de amor el corazón de sus hijos. Así es que dejó el Santo tan bien
asentado el fervor en aquella casa, que Granada ha sido una de las
poblaciones de Andalucía más favorecidas del Cielo y que m á s
amor han profesado á nuestro Santo glorioso. E n esta ciudad ma-
nifestó el Señor su santidad con repetidas maravillas, entre otras
la de haber el Santo socorrido á los pobres. de la ciudad en una
gran carestía que hubo, viendo todos con asombro que; cuanto m á s
daba, más trigo se encontraba en la panera: en otra ocasión libró
de la posesión del demonio á un pobre desgraciado.
Tiene además este convento la dicha de haberse escrito en él casi
todas las obras espirituales que, inspirado por Dios, escribió este
aventajado maestro de la mística Teología; á saber:
L a exposición del cántico: ¿ A dónde te escondiste?—La subida del
Monte Carmelo.—La noche obscura. L a declaración del cántico espi-
ritual: ¡Oh llama de amor vivo!, y además: Cautelas, Avisos y Cartas
espirituales, obras sublimes que revelan los profundos conocimientos
de nuestro Padre, su extraordinaria inteligencia en las sentencias
de la Sagrada Escritura, y sobre todo el modo admirable de expli-
car los arcanos divinos, para lo cual, según el sentir de la Iglesia,
fué instruido por una sabiduría celestial. E n estas obras se eclia de
ver que la poesía sagrada tiene conceptos más sublimes y tiernos
que los que expresaron las ingeniosas pinturas de los m á s ilustres
poetas griegos y latinos. F u é San Juan de la Cruz en su siglo tan
aventajado en la composición de canciones espirituales, que con
razón confesaban ser el primer poeta de su época.
Cuando San Juan de la Cruz dejaba en pos de sí tan esclarecida
fama de santidad y milagros, el Señor le destinaba para desempe-
ñar los principales oñcios en aquella Orden de quien era fundador
y Padre.
E l año de 1585, á 11 de Mayo, asistió en Lisboa al Capítulo pro-
vincial, en que quedó electo segundo definidor. Comprendiendo los
Padres del Capítulo la necesidad que había de dividir en distritos
la provincia, señalaron á nuestro Santo el de Andalucía, con título
de Vicaría provincial. Admirable era el fruto que sus santas visitas
- 48 -
producían en los conventos, y el amor que su santidad granjeaba
en todas partes, así de religiosos, como de eclesiásticos y seglares.
Apenas llegaba de visita á los conventos, cuando se le veía asistir
el primero á los actos de comunidad y mortificación, sin que le sir-
vieran de excusa el cansancio y fatigas del camino. A todos conso-
laba y daba avisos de más perfección y santidad, alentándolos á l a
observancia de la santa Regla y Constituciones. Ayudaba á esto el
ver los prodigios con que por doquiera iba atestiguando el Señor
la santidad de su siervo. A l hermano que en los caminos le acom-
pañaba curó milagrosamente la rotura de una pierna; en otra oca-
sión atravesó un caudaloso río para asistir á un moribundo. F u é
este acontecimiento muy ruidoso, porque al llegar á la orilla del
río quiso pasarlo en su jumentillo; mas no pudiendo el animal sos-
tenerse por la fuerza de la corriente, fué arrastrado por las aguas,
dejando al Santo en el mayor peligro, del cual le sacó la Virgen
Santísima asiéndole de l a capa. Pasado milagrosamente á la otra
parte del río, se apresuró el Santo para llegar á tiempo á una venta
donde se hallaba el moribundo, y en llegando halló que el infeliz
acababa de ser herido de muerte en una riña; consolóle y después
le confesó; asistióle por espacio de dos horas, después de las cuales
murió reconciliado con Dios y arrepentido de sus pasados desórdes
nes. L a noticia de estas maravillas le hacía ser venerado en todos
los pueblos por donde pasaba.
V.
Hace San Juan de la Cruz las fundaciones de C ó r d o b a y Sepovia
para religiosos, y entiende en la f u n d a c i ó n de Madrid para re-
li^iosas.
E l 18 de Agosto de 1586 fundó nuestro Santo en Córdoba el con-
vento de religiosos bajo la advocación del glorioso San Roque. Para
realizar el plano del arquitecto, hubo necesidad de tirar una pared
vieja contigua á la celda del Santo; pero al venirse la pared á tierra
dió sobre su celda y la arruinó. Todos le juzgaron muerto bajo los
escombros; le fueron á buscar, y le hallaron felizmente sin lesión
alguna. «La Virgen María, les dijo, me ha librado.»
E n Septiembre del mismo año vino á Madrid en compañía de la
— 49 —
venerable A n a de Jesús á fundar el convento de Sahta Ana, qne se
hizo como nuestra gloriosa Madre Santa Teresa de Jesús lo había
deseado. A l regresar el Santo á su provincia de Andalucía, se con-
certó en Octubre la fundación de un convento de religiosos, dos
leguas de Jaén, y al año siguiente otro en Caravaca, Tantas fatigas
y trabajos iban ya debilitando sus fuerzas, y se conocía que el Señor
iba abreviando los días de su destierro. E l Santo suplicaba á su
Divina Majestad que antes de morir le concediese tres gracias: la
primera, que muriese siendo subdito y ejercitado de su Prelado; la se-
gunda, que le diesen en qué padecer por su amor, y la tercera, que mu-
riese donde no fuera conocido.
¡Admirables peticiones que el Señor oyó y despachó como lo
deseaba!!! E l año de 1587 terminó su oñcio de Vicario provincial
de Andalucía^ y fué nombrado después prior de Granada, oficio que
no tuvo más que por un mes. E n este tiempo se resolvió en la Junta
de Consiliarios la fundación del convento de religiosos de Segovia;
y como los fundadores lo tenían tratado antes con nuestro Santo
Padre, dispusieron los Prelados se encargara de llevar á cabo.
No le pareció bien al Santo lo que llevaban ya obrado para la
nueva fundación ¡ así es que m u d ó de sitio, y él mismo con sus
benditas manos trabajaba con los peones, y era el que más se apre-
suraba á dar cima á aquel convento, que debía ser devoto relicario
de su santo cuerpo.
¡ Oh ciudad, la más dichosa entre las en que tienen casa los hijos
del Carmelo! Tú tienes la felicidad inestimable de poseer los restos
venerandos de aquel glorioso Santo que, habiendo heredado el doble
espíritu de su santo Padre Elias, es en la presencia de Dios un po-
deroso mediador y abogado para el remedio de todas tus necesida-
des, así espirituales como temporales! Considera aquella cueva en
que empleaba largo tiempo en santa oración ¡ mira aquella estrecha
celda en que vivía, y no apartes tu vista de esa humilde y reducida
caja que encierra su incorrupto y sagrado cuerpo. Todo esto te
ofrece el Señor para que veas que la memoria del justo es eterna.
E n este santo convento se conserva también un lienzo que repre-
senta la dolorosa figura de Nuestro Señor Jesucristo llevando la
cruz, que es el mismo ante el cual, haciendo oración nuestro Santo,
oyó hasta tres veces estas consoladoras palabras: « J u a n , ¿qué pre-
7
— 50 -
mió quieres por todo lo que has hecho y padecido por m i amor?»
«¡Oh Señor! ¡Vos estáis coronado de espinas, despreciado y entre
dolores, y me preguntáis qué premio quiero!!! Pues, Señor, escojo
para m í lo que Vos habéis escogido por m í ; quiero, respondió el
Santo, padecer y ser despreciado por ti.» ¡Oh respuesta digna de l a
admiración de los ángeles y de todos los hombres, en la que nos
maniñesta el Señor á qué grado de transformación divina en Cristo
había elevado á este extraordinario amador de la cruz santa de su
amantísimo Hijo! E r a tal, en efecto, su transformación, que su vida
era en un éxtasis habitual, de modo que no se daba á sí mismo
cuenta de lo que le ponían para comer, y en sus pláticas espiritua-
les eran tales los conceptos que su lengua expresaba, que no parecía
sino que su alma había penetrado los más secretos velos de la D i -
vinidad. Cuando por necesidad tenía que entender como Prelado
en las cosas de la Comunidad, tropezaba con las paredes; y cuando
administraba el Santo Sacramento de la Penitencia á las religiosas
de Segovia, le era preciso, para no transponerse, picarse con alfi -
leres, apretar más el cilicio ó dar con los nudillos de los dedos en
las paredes hasta sacarse sangre. E l fuego del amor divino derretía
su corazón de tal modo, que se echaba de ver en su semblante.
Quien así trataba con su Dios, ¿qué és de admirar registrara los
sucesos futuros y descubriera el secreto de los corazones humanos?
Dos religiosos de Segovia trataban de pasar á la Cartuja, y llamando
el Santo á uno le dijo que dejase la compañía del otro, el cual
acabaría mal, como sucedió. Á un señor canónigo de Segovia que
le consultaba si aceptaría un obispado, le contestó que no hiciese
tal, porque pasaría muchos trabajos, como le sucedió (pues no
siguió el consejo del Santo). Á un piadoso barbero de Segovia que
rasuraba á los religiosos por caridad, m a n d ó dar un abrigo que ne-
cesitaba y que él tenía intención de comprar. Á una religiosa de
Segovia, que no hacía memoria de una falta que había cometido,
le dijo: «Hija, acuérdese de esto y esto que ha hecho » E n ñ n , no
terminaríamos si hubiéramos de referir los repetidos casos en que
manifestó el Señor haber descubierto á su siervo los secretos de
los corazones.
Cuando así publicaba el Señor el mérito del Santo, los Prelados
de la Orden, sin querer, iban preparando el camino para que tu-
- 51 —
viesen su efecto las peticiones del venerable Padre, esto es, que
muriese siendo súbdito, que sufriera trabajos y que muriese donde
no fuera conocido. Con la forma de gobierno que se había introdu-
cido en la Orden, á la que dieron el nombre de Consulta, no vinie-
ron bien las monjas, por algunas razones que ellas creyeron justas;
así es que pidieron á Su Santidad un Breve para eximirse de l a
Consulta, y en su lugar se les diese un Comisario que las go-
bernara.
Ofendidos los Prelados de la Consulta de la conducta de las mon-
jas, pensaron desentenderse enteramente de su dirección y gobier-
no. Mucho sintió nuestra gloriosa Madre Santa Teresa de Jesús, que
estaba ya en el cielo, que pensasen los Prelados abandonar y sepa-
rar de la Orden á sus hijas, y así se le quejó á su predilecta hija l a
venerable Ana de San Bartolomé: Ayúdame, hija, que se me van ¡as
monjas de la Orden. Nuestro glorioso Padre San Juan de la Cruz,
que era uno de los Consultores, defendía por su parte la inocencia
de las monjas y rogaba á los demás Padres que las perdonasen,
porque las habían aconsejado mal.
E l celo que mostró el santo Padre por conservar á sus hijas bajo
el gobierno y dirección de la Orden, dió ocasión para que quedase
en clase de súbdito y libre de toda prelacia. Cuando los Padres
reflexionaron sobre el resultado de las votaciones, quisieron repa-
rar su proceder, y rogaron al Santo fuese á continuar el gobierno
de la casa de Segovia; pero el Santo resistió absolutamente y pidió
le dejasen ir á las Indias. Mas no habiéndolo consentido los Padres,
que eran á l a vez sus hijos, se volvió á Segovia para despedirse de
los fundadores de aquella casa, que eran sus hijos de confesión, y
de las religiosas, y desde allí se retiró á su amada soledad del santo
desierto de la Peñuela. Aquí dió rienda suelta á los fervores santos
de su seráfico pecho; y á pesar de sus pocas fuerzas, era modelo de
todos y como el alma de aquella nueva Tebaida. Aquí también
manifestó el Señor con repetidos prodigios la santidad de su siervo,
el cual serenó una deshecha tempestad haciendo cuatro cruces en
el aire. E n la huerta apagó un grande incendio que por un descuido
se había producido y amenazaba abrasar el convento. ¿Qué más?
De entre las llamas se vió salir una liebre que se fué á acoger al
Santo para defenderse del fuego.
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E u este mismo desierto de la Peñuela acabó y perfeccionó sus
escritos espirituales, en los cuales se echa de ver la ciencia divina
de que el Señor le había admirablemente dotado para que encami-
nase á las almas á la m á s alta perfección; y en ellos dejó consig-
nada á sus hijos su última voluntad de que trabajasen por imitar
en todo al divino ejemplar de predestinados, Jesucristo Nuestro
Señor.
VI.
Muerte de San Juan de la Cruz.—S epultura y milagros
que se obraron d e s p u é s de su muerte.
Queriendo ya el Señor llevar para sí á su amado siervo, comenzó
á disponerle con penosas enfermedades de fuertes calenturas, de
las que le resultó una grande inflamación en una pierna.
Con este motivo ordenaron los Prelados que se fuese á curar á un
convento en poblado, y el Santo escogió el de Úbeda, en el cual le
esperaban de parte del Prelado, que le era desafecto, muchos ejer-
cicios de paciencia, y por otra parte, era una población donde no
era conocido. Puesto en camino, fué tan grande la fatiga y tan
extremada la debilidad, que el hermano que le acompañaba quiso
que tomara algún alimento; pero el Santo nada apetecía. Sin em-
bargo, el hermano le preguntó qué cosa tomaría con mas gusto, y
el Santo le respondió que tomaría espárragos, pero que ya veía que
en el mes de Septiembre no era posible tenerlos. Mas el Señor, que
quería consolar á este justo, fué servido de que al mirar hacia el
arroyo viesen sobre una piedra un gran manojo de ellos, con que
el Señor regalaba á su siervo. Dieron los dos las gracias á Nuestro
Señor, y acusándose el Santo de poco mortiñcado, no quiso gustar
aquel pequeño alivio que el mismo Dios le proporcionaba.
Llegó por fin á Úbeda tan fatigado del viaje y con tal inflama-
ción en la pierna, que abierta por cinco partes en forma de cruz,
arrojaba-en gran cantidad el humor. Así que llegó, exclamó: Hcec
requies mea. Sí, allí fué donde el Señor le debía llamar para sí des-
pués de purificarle con pruebas tan amargas como la muerte misma;
pero el Señor, que así purificaba á su siervo, no se olvidaba de con-
- r3 -
solar al que sufría por su amor. Las familias más principales man-
daban paños y vendas para las heridas, y otras tomaban á su cargo
lavar la ropa que servía al siervo de Dios, y todos á porfía se dispu-
taban el honor de servir en algo á aquel humilde religioso, cuya
alma era de tanto agrado en la presencia de Dios. E n este estado
pasó el venerable Padre dos meses y medio, hasta que llegada l a
víspera de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen, vién-
dole el médico muy grave, dispuso se le administrara el Santo
Viático. Así que oyó el Santo las disposiciones del facultativo, ex-
clamó: Lcetatus sum in his qnm dicta sunf mihi; in domum Domini ibi-
mus. Recibió el Santo Viático con una devoción tan tierna y amo-
rosa cual se puede creer de un alma tan pura- después, viendo sus
afligidos hijos que se acababa ya la vida de su venerado Padre, ba*
ñados todos en tiernas lágrimas le suplicaron les diese su bendición
antes de morir; y dándosela él según lo deseaban, les rogó le leye-
ran el libro de los Cantares. Poco antes de las doce se compuso el
cuerpo con gran modestia en su pobre tarima, y tomando en sus
manos un devoto Crucifijo, se quedó con aquel divino Señor en
contemplación dulcísima: rodeóle un globo de clarísima luz, el cual
recibió aquella seráfica alma y la trasladó al paraíso de la gloria.
Así expiró nuestro glorioso Santo el sábado 14 de Diciembre del año
del Señor de 1591, á la edad de cuarenta y nueve años.
Quedó su rostro sonrosado, hermoso y encendido, y todo su santo
cuerpo despidiendo una suavísima fragancia.
Luego que se divulgó en Úbeda l a noticia de l a muerte del Santo,
al punto acudieron los vecinos al convento, suplicando se les per-
mitiera venerar aquellas santas reliquias, con especialidad un car-
pintero á quien avisó el Santo que se libertara con la fuga de l a
muerte con que le amenazaban sus enemigos. Llegó éste al con-
vento llorando su mala vida y dando gracias á su bienhechor. E n
fin, fué tal el concurso, que se vieron los religiosos en la precisión
de exponer el santo cuerpo en la iglesia y defender las santas reli-
quias, porque todos querían llevar alguna para satisfacer su devo-
ción. Se distinguió entre los demás un Padre de la Orden del glo-
rioso Santo Domingo, quien, para hacer con disimulo el piadoso
hurto que meditaba, se echó sobre el Santo para cortar con los dien-
tes un dedo; pero vió con asombro que el Santo retiró su mano.
— 54 —
Señalada la hora del funeral, acudieron todos los vecinos de
Úbeda y todas las comunidades religiosas. Celebrada la santa misa
y dicho el sermón de honras, todos querían tomar parte en colocar
en el sepulcro su bendito cuerpo. Después de su santa muerte ma-
nifestó el Señor de muchas maneras la santidad de su fiel siervo,
ya con apariciones, ya con curaciones milagrosas, y ya también con
admirables conversiones de grandes pecadores. E n vista de lo cual
los Prelados de la Orden se movieron á suplicar á la Santa Sede se
dignara conceder la gracia de comenzar las causas de beatificación
y canonización del venerable siervo de Dios. E l cuerpo del Santo
quedó sepultado en la iglesia de la Orden, de Úbeda; mas á los diez
y ocho meses, con las licencias necesarias, se le trasladó á Segovia.
Allí se le dió sepultura al principio en tierra, hasta que después,
en vista de los milagros que el Señor obraba por su intercesión, se
dispuso se levantara de la tierra y se le colocara en una magnífica
urna que se construyó para el efecto. Los habitantes de Úbeda,
cuando supieron que se les había despojado de su santo tesoro, en-
viaron comisionados al Papa Clemente V I I I reclamando el cuerpo
del Santo, el cual, accediendo á sus piadosos deseos, ordenó se les
devolviera; mas los Prelados de la Orden, para evitar divisiones
entre las dos nobles ciudades de Segovia y Úbeda, procuraron con-
certarlas: dieron á Úbeda una pierna y un brazo, dejando en Se-
govia lo restante del cuerpo. Tanto en una como en otra ciudad se
veneran sus reliquias en suntuosas capillas.
He a q u í , cristiano lector, en pocas páginas compendiada una
vida digna por cierto de l a consideración del pueblo fiel. Nada se
ha dicho de sus obras espirituales, llenas de instrucciones suma-
mente útiles y provechosas para las almas que caminan á la per-
fección. ¡Ojalá que se conocieran sus escritos, y que, aleccionado en
ellos, se levantara ya el mundo del letargo fatal del pecado y de la
indiferencia religiosa á que le han conducido la Prensa y las cari-
caturas inmorales! A m é n .
LAUS DEO
B . M A R I ^ VIRGINI ET ÓMNIBUS SANCTIS.
- 55 -
VII.
Extracto c r o n o l ó g i c o de la vida de San Juan de la Cruz.
1542. Nació San Juan de la Cruz en 23 de Junio, gobernando la
Iglesia Paulo III, y reinando en España el emperador Carlos L
Fueron sus padres Gonzalo de Yepes y Catalina Álvarez, y pasó la
niñez en Fontiveros, su pueblo natal, cuyo lugar pertenece al obis-
pado de Ávila y provincia de Castilla la Vieja.
1549. Viviendo el niño Juan del Campo con su hermano, una
especie de dragón que salió de una laguna les acometió de impro-
viso, el cual fué puesto en fuga con sola la señal de la cruz que
hizo el santo niño,
1550. F u é admitido en un colegio de niños, del cual le sacó un
caballero, llamado Alonso Alvarez de Toledo; púsole éste en el hos-
pital general de Medina del Campo, en donde estudió gramática,
retórica y curso de artes. Cayóse en un pozo, que a.'lí había, del cual
fué librado milagrosamente por la Virgen Nuestra Señora.
1551. F u é el santo mancebo sorprendido por su madre, en una
noche, encontrándole recostado sobre unos sarmientos.
1562. Oyó del cielo una voz, que le llamaba al estado religioso
con estas palabras: Tú me has de servir en una Religión, cuya primi-
tiva observancia restalle:erás.
1563. Á la edad de veintiún años, en 24 de Febrero, entró Reli-
gioso en Medina, en el convento de Santa A n a , de la Orden de
Nuestra Señora del Carmen, con el nombre de Fr. Juan de San
Matías.
1564. Hizo su profesión en manos del venerable P. F r . Angel de
Salazar: fué luego trasladado al colegio de San Andrés, en Sala-
manca, donde adelantó mucho en la virtud, y allí estudió Sagrada
Teología.
1567. Ordenado de sacerdote, en su primera misa, que celebró en
el convento de Medina del Campo á los veinticinco años, alcanzó
del Señor ser restituido á la pureza infantil y confirmado en la divina
gracia.
1568. F u n d ó en 30 de Septiembre, bajo la dirección de Santa
- 56 —
Teresa, el primer convento de l a descalcez del Carmen, en una mi-
serable casa, que tenía en Duruelo D . Rafael Mejía Velázquez: era
Duruelo una alquería situada entre Ávila y Salamanca, á dos leguas
de Mancera, Á los 28 de Noviembre del mismo a ñ o , uniósele por
compañero F r . Antonio de Jesús.
1570. Por ser incapaz el convento de Duruelo, trasladóse en 11
de Junio á otro de nuevo, que en Mancera de Abajo había hecho
labrar D . Luis de Toledo. E n el próximo mes de Octubre tuvo que
marchar á Pastrana, para moderar las excesivas penitencias de los
frailes que allí había.
1571. Á los primeros del año fué nombrado rector del colegio
de Alcalá.
1572. Á principios del año vióse precisado á volver á Pastrana y
destituir del cargo de maestro de novicios á F r . Angel de San Ga-
briel. E n este mismo año fué cuando por su oración volvió á la vida
á D.a María de Y e r a , carmelita de la Encarnación, la cual había
muerto sin Sacramentos: luego que se los hubo administrado expiró.
Entonces principió á descubrirse la virtud maravillosa que Nuestro
Señor le había comunicado para hacer milagros.
1574. Las Carmelitas de Pastrana, á causa de los caprichos de la
princesa de Éboli, son trasladadas á la ciudad de Segovia, donde
celebró nuestro Juan la primera misa, en 19 de Marzo.
1576. Reunidos los Descalzos en Almudóvar, á 8 de Agosto, re-
solvieron pedir al Papa prelado de su misma profesión. E n esta Ca-
pítulo habló San Juan explicando con mucha oportunidad en q u é
consistía el principal objeto de l a nueva institución.
1577. E n la noche del 4 de Diciembre fué preso en A v i l a y
conducido á Toledo, en donde fué metido en la cárcel de una es-
trecha celda, en la que permaneció nueve meses. Durante este
tiempo compuso el Cántico entre el alma y Cristo su esposo.
1578. Reunidos otra vez los Descalzos en Capítulo en Almudóvar
del Campo, el 9 de Octubre, San Juan se opuso al nombramiento
ilegal de provincial que allí se hizo. F u é en él nombrado prior del
convento de Monte Calvario.
1579. E n el 15 de Junio fundó nuestro Santo el convento de Baeza.
1581. A los 3 de Febrero asistió San Juan al Capítulo de Alcalá
de Henares, en el cual se fijó definitivamente la diferencia entre
- 57 -
los antiguos y modernos Carmelitas; fué elegido definidor, se for-
maron las Constituciones para Religiosos y Religiosas, y en 14 de
Junio se le nombró Prior del convento de Granada.
1582, E n 20 de Enero con el auxilio de la Venerable A n a de Jesús
fundó en Granada un convento de Carmelitas descalzas. Estando
en esta ciudad recibió la triste noticia de la muerte de Santa Teresa.
1583. A primeros de Mayo, como prior del convento de Gra-
nada, asistió al tercer Capítulo de Almudóvar, en el cual se trata-
ron asuntos sumamente interesantes.
1585. A los 17 de Febrero fundó un convento de Religiosas car-
melitas en Málaga, después de haber curado milagrosamente á la
madre Isabel de la Encarnación. E n este mismo año asistió al Ca-
pitulo provincial de Lisboa, celebrado en 10 de Mayo: quedó este
Capítulo en suspenso, y se terminó en Pastrana. Determinóse en
él dividir la provincia en cuatro distritos, y se nombró Vicario
provincial del de Andalucía á nuestro Santo.
1586. Por mandato de su Provincial se dirige á Córdoba, reco-
noce allí la iglesia de San Roque, y según el mandato que había
recibido, estableció un monasterio en 18 de Mayo. E n este mismo
a ñ o , dirigiéndose á Madrid para asistir á una reunión, dispuesta
por el provincial Doria, cayó enfermo en Toledo, y restablecido de
su salud, por disposición del mismo Padre Doria fundó, con el au-
xilio de la Madre A n a de Jesús, un convento de Religiosas en el
mismo Madrid. Además dos de Religiosos, uno en la Mancha Real
y otro en Caravaca: en el Oñcio que se cantó en el día de la toma
de posesión del primero, hizo de subdiácono el mismo Santo.
1587. Celebróse un Capítulo en Valladolid, presidido por el Pa-
dre Doria, asistiendo más de cincuenta Carmelitas, entre ellos nues-
tro Santo, el cual fué relevado del vicariato de Andalucía, y se le
nombró de nuevo prior del convento de Granada. Memorable es
una carta que desde este último punto escribió, y en la cual nos
dejó retratado al vivo su espíritu. Dice así: «Para guardar el espí-
ritu no hay mejor medio que padecer, y callar, y cerrar los senti-
dos, con uso é inclinación de soledad, y olvido de toda criatura, y
de todos los acaecimientos (1).
(1) C a r t a á los Eeligiosos de V e a s , 22 de N o v i e m b r e de 1587.
— 58 —
1588. E n otra carta, con fecha del 8 de Febrero, nos dió tam-
bién otro fiel retrato de su espíritu, diciendo: «El Religioso, de tal
manera quiere Dios que sea religioso, que haya acabado con todo,
y que todo se haya acabado para él » E n el 18 de Junio de este
mismo año reunióse en Madrid el primer Capítulo general de la
descalcez, asistió nuestro Santo, fué elegido definidor general y
miembro de la Consulta, cuya residencia, á su propuesta, se esta-
bleció en Segovia. Muchos de los reglamentos ordenados en este
Capítulo no merecieron la aprobación de nuestro Carmelita, lo
cual le ocasionó inmensos trabajos y persecuciones, que sufrió hasta
la muerte con resignación.
1591. E n 6 de Julio celebróse segundo Capítulo general en M a -
drid, en el cual asistió nuestro Santo como primer Definidor y
primer Consultor, de cuyos cargos se le destituyó en este mismo
Capítulo, y fué nombrado Provincial de Méjico; pero también fué
excusado por el Padre Doria de este cargo, y quedó sin oficio n i
prelacia alguna.
1591. Retirado en el desierto de la Peñuela, recibió una orden
del definitorio, dada en 25 de Junio, por la cual se le mandaba que
buscase doce Religiosos, para irse con ellos á Méjico. Estaba ya
preparado nuestro Santo cuando fué atacado de su ú l t i m a enfer-
medad, que muy pronto le llevó al sepulcro.
1591. E n 21 de Septiembre escribió desde Peñuela, teniendo ya
las calenturas, una carta á D.a A n a de Peñalosa, en la cual, entre
otras cosas, le decía: « Que cierto que en esta santa soledad me
hallo muy bien.» Su espíritu tuvo siempre una tendencia irresis-
tible al retiro.
1591. A los 12 de Diciembre recibió los Santos Sacramentos.
1591. A l 13 del mismo Diciembre, viernes, á las cinco d é l a
tarde, recibió la Extremaunción.
1591. A los 14 de Diciembre y á los cuarenta y nueve años de
edad murió nuestro Santo, después de haber rodeado su cabeza un
muy resplandeciente globo de luz.
1592. Unos comisionados de Segovia se presentaron á Ubeda re-
clamando con autorización del Consejo Real y del Vicario General
el cuerpo del Santo, el cual fué hallado entero y fresco, con los
tres dedos que escribía transparentes y todavía con sangre.
— 59 —
1593. Juan de Medina Cevallos, alguacil de la corte, se llevó de-
finitivamente el cuerpo del Santo, estando presentes el Prior y dos
Religiosos.
1596. L a ciudad de Úbeda, á los 9 de Febrero, comisionó á don
Perafán de Rivera y á D. Diego Ortega para que gestionasen l a de-
volución del cuerpo del Santo á su ciudad, los cuales lo lograron por
un Breve de Clemente V I H expedido el 15 de Septiembre del
mismo año.
1607. No habiendo permitido los segovianos dejar extraer el
cuerpo, al 8 de Agosto de este año se vino á vías de arreglo, por el
cual se dió á Úbeda un brazo y pierna de nuestro Santo.
1617. E l Obispo de J a é n , D, Francisco Martínez Ceniceros,
m a n d ó hacer informaciones de su vida y milagros.
1618. E l carmelita F r . Jerónimo de San José, en el siglo Jeró-
nimo Esquerra de Rosas, fué el primer biógrafo de nuestro Santo,
escribiendo un libro titulado: Dibujo del venerable P . F r . Juan de la
Cruz.
1627. L a Sagrada Congregación de Ritos nombró jueces para la
información de la vida, santidad y milagros del venerable Juan al
Sr. Vicario general del obispado de Jaén y á los Sres. Arcipreste,
Tesorero y Chantre de su catedral.
1651. Dióse á luz en Zaragoza el libro del carmelita aragonés
F r . Jerónimo de San José.
1674. E l Papa Clemente X aprobó los milagros de nuestro Santo,
y á los 6 de Octubre m a n d ó expedir el decreto de su beatificación.
1675. A 25 de Enero fué definitivamente expedido por el mismo
Clemente el decreto de su beatificación.
1677. Tomando cada día m á s incremento l a devoción á nuestro
Santo, Venecia formó su provincia carmelita bajo su advocación.
1693. Publicáronse las obras de San Juan de l a Cruz.
1705. E n Neuf-Chateau, obispado de T o u l ; l a religiosa A n a
Francisca Jeaugeon curó milagrosamente, después de haber invo-
cado al Santo. Éste con otros milagros dió ocasión para que se ac-
tivase su canonización.
1726. Benedicto X I I I en una Bula datada del 27 de Diciembre
expidió el decreto de canonización.
1732. Se aprobó por Su Santidad el Oficio y Misa propios del
— co —
Santo, y señaló su íiesta para el 24 de Noviembre, por no poderse
celebrar con octava si se hubiese fijado en el día que murió.
1735. Rigiendo l a Iglesia Clemente X I I fué aprobado con rito
doble mayor el rezo y misa de la traslación de nuestro Santo para
las Congregaciones de Italia y España.
1747. Extendido m á s y m á s el entusiasmo á favor de nuestro
Carmelita, Ñápeles quiso fundar un monasterio bajo su nombre y
el de Santa Teresa. Estos mismos titulares tiene en Roma la casa
generalicia.
1890. Para honrar el tercer Centenario de nuestro Santo, los Car-
melitas descalzos de E s p a ñ a fundaron en Segovia una Revista
con el nombre de San Juan de la Cruz.—(La Revista Carmelitana,
año 1891.)
CAPÍTULO in.
GENEALOGÍA DE SAN JUAN DE LA CRUZ (1).
S u m a r i o : I . F u e n t e autorizada de esta g e n e a l o g í a . — I I . Origen del linaje de
San J u a n de l a C r u z . — I I I . Padres de San J u a n de la Cruz, descendientes
de F r a n c i s c o G a r c í a de Yepes, tronco de esta f a m i l i a . — I V . I n f o r m a c i ó n j u -
d i c i a l sobre e l linaje de San J u a n de la C r u z . — V . L o s á r b o l e s g e n e a l ó -
gicos.
Fuente autorizada de esta g e n e a l o g í a .
Fray Juan del Espíritu S.t0 General de la Orden de los Descalzos
de Nra. Señora del Carmen. Deseando saber de raiz y de sus prin-
cipios la descendencia de Ntro. Venerable y S.t0 P.e Fray Juan de
la Cruz; y llegando á la insigne y noble V i l l a de Yepes, de donde
antes de ahora habia entendido traia su descendencia, hallé q.e'
el Doctor García del Casti lio Clérigo Presbítero y Pronotario
Apostólico de su Sant.d y Comisario del S.t0 offi.0 de la Inquisi-
ción de Toledo y Patrón del Convento de Nras. Religiosas de la d i -
cha V i l l a y Ger.no déla Señora Doña Catalina del Castillo funda-
dora dél, tenía averiguado dicha descendencia como natural de la
dicha V i l l a , y pariente muy cercano de Scro. S.t0 P.e y también de
la buena memoria del Santo Obispo de Tarazona D. F r . Diego de
Yepes; L a cual es en l a forma siguiente; que la hice trasladar y
poner en forma autentica á nuestro Secretario el P. Fr. Josep déla
Madre de Dios, para que dello aga perpetua memoria, y se ponga
en las crónicas de la Religión, que al presente se están escrivíendo.
(1) E s copia del documento i n é d i t o que se conserva en el a r c h i v o de l a Or«
den en Segovia. N o hemos alterado l a o r t o g r a f í a del o r i g i n a l .
— 02 —
II.
Origen del linaje de San Juan de la Cruz.
E l principio que se halla de su linaje y descendencia es desde el
muy noble Hidalgo Fran.co Garcia de Yepes, hombre de Armas del
Rey D.n Juan el 2.° el año 1448, el qnal consta haber sido tal hom-
bre de Armás por un papel de quentas, q.e yo mismo hallé en po-
der del dicho Fr, Doctor Garcia del Castillo de letra antigua, q.e era
del noble caballero Juan Davila Gaitan criado del di.0 Rey Don
Juan el 2.° y su Alcayde en el castillo de Monrreal, q.e dista de la
dicha V i l l a legua y media; y como tal conduela gente para el ser-
vicio del Rey; dice pues el papel de esta suerte: Aviniose conmigo
Fran.co Garcia de Yepes desde el dia de la Navidad de quarenta y ocho
años, y se le ha de dar mil y quinientos maravedís cada año, y ha de ser-
vir con su caballo y Armas, y que se los he de pagar en esta guisa &.
Pues de este noble Hidalgo Franco. Garcia de Yepes, y de su
descendencia, tiene el dicho S.r Doctor Garcia del Castillo un árbol,
que yo y el dicho nuestro Secretario vimos y leymos; del qual de-
jando los ramos colaterales, q.e no nos tocan siguiendo la recta d i -
recta de consanguinidad hasta llegar al dicho Nos.to P.e F . Juan de
la Cruz ordené y m a n d é al dicho nro. Secretario sacar l a descen-
dencia siguiente:
III.
Padres de San Juan de la Cruz, descendientes de Francisco
Garcia de Ifepes, tronco de esta familia.
E l dicho Franco. Garcia de Yepes, hombre de Armas del Rey
D. Juan el 2.°, tubo un hijo llamado Pedro Garcia de Yepes; este
Pedro Garcia de Yepes entre otros hijos tubo uno llamado Gonzalo
de Yepes el primero, y este tubo otro hijo llamado también Gon-
zalo de Yepes el 2.°; y este segundo Gonzalo de Yepes, tubo entre
otros hijos otro llamado t a m b i é n Gonzalo de Yepes el 3.°, el cua-
casandose en Ontiveros pueblo del Obispado de A v i l a con Catalina
— 63 —
Albarez una doncella natural de Toledo, tubo tres hijos al Venera-
ble Francisco de Yepes, que se casó con A n a Izquierda, y murió en
Medina del Campo, y á Luys de Yepes, que murió de poca edad; y
á .Nro. Santo P.e F . Juan de la Cruz; lo cual de mas de constar ansi
por el dicho árbol del dicho Señor Dotor Garcia del Castillo, consta
ansimismo por el dicho y deposición de u n Venerable Sacerdote
llamado el licenciado Diego de Yepes, hombre calificado, ansi por
su edad y letras, como por su muchas virtudes y loables ejercicios,
con que ha gastado lo mas y mejor de su vida escriviendo algunas
cosas de historia y traducion de Paulo Orosio, y los libros de l a
Ciudad de Dios de S.n Agustín en urs. castellano; y también escri-
viendo la historia de la Isla de Malta y' orden de San Juan, y* dis-
cursos de varia historia q.e saco á luz; quedándose lo demás sin
estampar por no haberlo podido acabar á causa de haber cegado,
habrá seys años.
IV.
I n f o r m a c i ó n judicial sobre el linaje de San Juan de la Cruz.
Del cual Licenciado Diego de Yepes, teniendo noticia del dicho
Doctor Carbillo de que vivia en E l biso, V i l l a que dista dicha de
Yepes siete leguas, y esta cerca de lllescas, y sabiendo ser primo
Germano del dicho Nro. Santo P. F . Juan de la Cruz, y deseando
informarse dél, fué á la dicha V i l l a de Elbiso el primero dia del
mes de sep.e del año 1614 y haciendo un pedimento ante Diego de
Balmaseda Gobernador de la dicha V i l l a pidió que el dicho L i -
cen.d0 Diego de Yepes ante u n escribano de la dicha V i l l a de E l -
biso llamado Juan Alonso, declarase lo que sabia en lo tocante á la
Progenie y linaje del dicho S.t0 P. F r . Juan de la Cruz, y habiendo
el dicho Gobernador proveído que asi se hiciese, el dicho Licen.d0
Diego de Yepes debajo de juramento, que hizo in verbo sacerdotis,
dijo y declaró como el dicho Santo P. Fr. Juan de la Cruz y sus her-
manos hablan sido hijos del dicho Gonzalo de Yepes el 3.° y de la
dicha Catalina Albarez su mujer, y que el dicho Gonzalo de Yepes
el 3.° había sido hijo de otro Gonzalo de Yepes el 2.°, cuyo hijo tam-
bién fué el Doctor Juan de Yepes medico, padre del dicho Licen-
- 64 —
ciado Diego de Yepes declarante, y que el dicho Gonzalo de Yepes
el 2.° había sido hijo de otro Gonzalo de Yepes, el 1.° y hasta a q u í
llegó con la dicha genealogía; y que el dicho Gonzalo de Yepes el 1.°
había tenido un hermano llamado el Bachiller de Yepes y era Inqui-
sidor de Toledo en el tiempo de las comunidades: el cual dicho
Gonzalo de Yepes el 1.° por el árbol del dicho Doctor Castillo, pa-
rece haber sido hijo del dicho Pedro García de Yepes arriba refe-
rido, el cual Pedro García de Yepes demás del dicho Gonzalo de
Yepes, tuvo por hijo á un Alonso García de Yepes, y este tuvo dos
hijos, uno de los cuales se llama Alonso de Yepes el Coro, y este
entre otros hijos tuvo una hija que se llamó Catalina García de Ye-
pes q.e fué Agüela materna del dicho Doctor García del Castillo, y
tras la dicha Catalina García de Yepes tuvo otro hijo llamado
Alonso de Yepes, cuyo hijo fué el Rmo. Sor. D . Fray Diego de Y e -
pes Obispo de Tarazona. De forma, que su Ilustrisima é Isabel M a -
thías de Chaves, madre del dicho Doctor García del Castillo, esta-
ban en cuarto grado de consanguinidad con el dicho Santo P. Fray
Juan de la Cruz.
V.
Los árboles g e u c a l ó g i c o s .
Ansimísmo por arboles de differentes linages que el dicho Doc-
tor Castillo tiene en su poder, parece haber habido Prebendados en
la santa Iglesia de Toledo algunos naturales de Yepes en el tiempo
que se casó el dicho Gonzalo de Yepes el 3.° en la V i l l a de Ontive-
ros con la dicha Catalina Albarez, cuyo hijo fué nuestro S.t0 Padre
F r . Juan de la Cruz, de los cuales uno se llamó el Lícen.d0 Fran-
cisco Fernandez de Yepes que fué Canónigo en l a dicha santa
iglesia y Arcipreste, y otro fué Pedro de Robles, Canónigo asimismo
en la dicha santa Iglesia, y otro fué Sebastian de Soto, Canónigo
t a m b i é n en la misma santa Iglesia, y todos estos fueron parientes
entre si, y demás de ellos el primer capellán mayor que hubo en
la capilla de los Mozárabes, era de esta misma parentela, y se llamó
Alonso Martínez de Yepes. E n la casa de uno de estos Prebendados
vivia y se criava el dicho Gonzalo de Yepes el 3.°, padre de Ntro.
- 65 -
g to pí Yr. Juan de l a Cruz, cuando se casó con su madre, como
consta de la historia del santo, todo lo sobredicho consta de los pa-
peles historiales y del árbol de consanguinidad que el dicho Doc •
tor Garcia del Castillo tiene en su poder, y nosotros viraos y leimos.
E n fe de lo cual m a n d é hacer esta declaración y testimonio que va
firmado de nuestro nombre, sellado con el sello de nuestro Oficio y
refrendado por el dicho ntro, secretario, en este ntro. Convento de
la Ciudad de Segovia á trece de Julio de m i l y seiscientos y veinte
y ocho años.—Fa. JUAN DEL ESPIR. S.™, General.—Hay un sello.—
¥ r . JOSEF DE LA M.E DE DIOS, Secretario,
CAPÍTULO IV.
RETRATO DE SAN JUAN DE LA CRUZ.
S u m a r i o : I . Resistencia d e l Santo á retratarse.— I I . Retrato que hace e l
R v d o . P . F r . E l í s e o de los M á r t i r e s , a m i g o d e l S a n t o . — I I I . Retrato que
hace el P . F r . J e r ó n i m o de San J o s é en e l Compendio de la Vida de ¡San
J u a n de la C r u z . — I V . N o t i c i a s que sobre e l retrato do S a n J u a n de l a
C r u z da el S r . M u ñ o z y G a r n i c a . — V . Retrato en verso publicado por l a
R e v i s t a San Juan de la Cruz.
I.
Que San Juan de la Cruz rehusó siempre retratarse, lo afirma el
Sr. Muñoz y Garnica {San Juan de la Cruz, pág. 233). L a admi-
ración y l a gratitud de sus devotos se manifestó en constantes oca-
siones y de diferentes maneras para vencer la resistencia del Santo,
siendo siempre imposible conseguir que se prestara á retratarse.
«Aprovecharon, añade el autor citado, una de las frecuentes oca-
siones en que estaba en éxtasis para trasladar su imagen al lienzo.»
E l Sr. Garnica no expresa quién hizo el retrato n i quién le conservó,
n i dónde existe.
Hizo F r . Juan de la Miseria el retrato de Santa Teresa de Jesús;
pero no consta que hiciera el de San Juan de la Cruz, n i tampoco
aparece en las diferentes vidas del Santo que algún otro artista nos
dejara los rasgos de su fisonomía.
Esta es la razón por qué son tan diferentes todas las obras del arte
que le representan.
Para formar una idea aproximada de las cualidades físicas del
Santo, vamos á reproducir los retratos que hacen varones insignes.
— 67
II.
Las primeras noticias que hay sobre las cualidades personales y
morales de San Juan de la Cruz, nos las da un varón esclarecido
que trató y conoció á San Juan de la Cruz. Constan en la declara-
ción que el V , P. F r . Eliseo de los Mártires, Carmelita Descalzo en
Nueva España, dió en los procesos apostólicos para la beatificación
de dicho Doctor extático. Estas noticias están tomadas del manus-
crito que con el título de E l Carmelo Mejicano existía en el Colegio
de Carmelitas de Salamanca.
Dice así dicho Venerable Padre:
«Conocí al P. F r . Juan de la Cruz, y le traté, y le comuniqué mu-
chas y diversas veces. F u é hombre de mediano cuerpo, de rostro
grave y venerable, algo moreno, y de buena fisonomía: su trato y
conversación apacible, muy espiritual y provechosa para los que le
oían y comunicaban. Y en esto fué tan singular y profundo, que los
que le trataban, hombres ó mujeres, salían espiritualizados, devotos
y aficionados á la virtud. Supo y sintió altamente de l a oración y
trato con Dios; y á todas las dudas que le proponían acerca de es-
tos puntos, respondía con alteza de sabiduría, dejando á los que le
consultaban muy satisfechos y aprovechados. F u é amigo de recogi-
miento, y de hablar poco: su risa, poca y muy compuesta. Cuando
reprendía como superior (que lo fué muchas veces) era con dulce
severidad, exhortando con amor fraternal, y todo con admirable
serenidad y gravedad.»
111.
E l P. F r . Jerónimo de San José, Carmelita Descalzo, en su Com-
pendio de la Vida de San Juan de la Cruz (1) hace de éste el siguiente
retrato:
«Era nuestro Beato Padre de estatura entre mediana y pequeña,
(1) Historia del V. P . F r . Juan de la Cruz, p r i m e r Descalzo C a r m e l i t a ,
p o r F r . J e r ó n i m o de San J o s é , impresa e l a ñ o 1641 en M a d r i d , l i b . v i l , ca-
p í t u l o x n , n ú m . 9, p á g . 786.
— 68 —
bien trabado y proporcionado el cuerpo, aunque flaco por la mucha
y rigurosa penitencia que hacía. E l rostro de color trigueño, algo
macilento, más redondo que largo; calva venerable, con un poco de
cabello delante. L a frente ancha y espaciosa, los ojos negros con
mirar suave, cejas bien distintas y formadas, nariz igual que tiraba
un poco á aguileña, la boca y labios con todo lo demás del rostro y
cuerpo en su debida proporción. Era todo un aspecto grave, apaci-
ble y sobremanera modesto, en tanto grado, que sola su presencia
componía á los que le miraban, y representaba en el semblante una
cierta vislumbre de soberanía celestial que movía á venerarle y
amarle juntamente.»
IV.
E l Sr. Muñoz y Garnica en su obra San Juan de la Cruz, pág. 349,
da las siguientes noticias sobre su retrato:
«En Granada, un artista desconocido, trazó la figura de San Juan
de l a Cruz arrebatado en éxtasis, y en 1630, el P. Rolando Otracius
(van Overstracten) divulgaba por toda la Alemania una lámina en
que aparecían grabadas estas tres grandes figuras de la Reforma.»
V.
Bajo de cuerpo, delgado.
H u m i l d e en su compostura,
E l ojo a l suelo c l a v a d o ,
D i g n o de ser despreciado
P o r quien m i r a su estatura.
Pero de un ingenio t a l ,
D e ciencia tan relevante,
Que no se encuentra otro i g u a l ;
E n cuanto á lo e s p i r i t u a l
E s verdadero gigante.
V e d a q u í en dos pinceladas
A un trasunto de J e s ú s ,
Quien fije en él su m i r a d a
T e n d r á el a l m a enamorada.
E s t e es S a n J u a n de l a C r u z ,
FB. P. M. D.
CAPÍTULO V.
IMAGENES DE SAN JUAN DE LA CRUZ.
S u m a r i o : I . D i b u j o a n t i g u o . — I I . I m á g e n e s en m a d e r a . — I I I . Cuadros a l
ó l e o . — I V . Grabados, l i t o g r a f í a s y f o t o g r a f í a s .
L a escultura, la pintura al óleo, en grabado, en litografía, en fo-
tografía y demás procedimientos modernos, á falta de retrato au-
téntico de San Juan de la Cruz, han reproducido su imagen en
diferentes tamaños y actitudes, pero siempre abrazado á la Cruz, ó
adorándola.
Dibujo antiguo.
Fr. Jerónimo de San José, en el siglo Jerónimo Ezquerra, escolar
de Mallent en Aragón, muy amigo de Cervantes, y autor de E l Ge-
nio de la historia, impreso en Zaragoza en 1651, hizo un dibujo de
la imagen de San Juan de l a Cruz, que fué aprobado por el Reve-
rendísimo General de los Carmelitas Descalzos en 1618; pero nos-
otros ignoramos su paradero, n i si ha servido para hacer alguna
reproducción artística.
n.
I m á g e n e s en madera.
Apenas hay convento de Carmelitas en que no se venere l a ima-
gen del Reformador, pudiendo citar como de mayor mérito la del
convento de San Alberto de Valencia, de la que, con motivo del
Centenario, se ha sacado una bellísima fotografía; la del convento
— 70 —
de Segovia, la de l a capilla de Ú b e d a , la del suprimido convento
del Carmen Descalzo, hoy parroquia de San José en Madrid, etc.
De mérito singular es la que poseía don J . H . , presbítero, residente
hoy en Úbeda, y que ha cedido para que se rife, y subvenir con el
producto á los gastos del Centenario, en dicha ciudad. E n l a cueva
llamada de San Juan de la Cruz, que existe en Pastrana, antes
convento de Carmelitas, y hoy de frailes de San Francisco, se ve-
nera una estatua de talla de medio cuerpo.
III.
Cuadros al ó l e o .
Pocos son los cuadros al óleo que representan á San Juan de la
Cruz, pero es notable el en que aparece el Santo en actitud de pre-
dicar una plática A d Sórores, que Santa Teresa de Jesús oye en es-
tado de éxtasis. Este cuadro, que mide ocho pies de altura, se con-
serva en el colegio de Misioneros de Pastrana, y así se lee en el
opúsculo Recuerdos Teresianos en Pastrana, por don M . P. y C . , M a -
drid, 1871, pág. 31. ¿Será este cuadro el que, según Muñoz y Car-
nica, se hizo en Granada, del que antes hemos hablado?
E l Compendio histórico de la vida y novena de San Juan de la Cruz,
escrito por D. Francisco M . Martínez María, Cuenca 1875, ha pu-
blicado en dicho Compendio una imagen de San Juan de la Cruz,
debajo de la cual se lee: «Verdadero retrato de San Juan de la Cruz,
fundador de los Carmelitas Descalzos, TOMADO DEL ORIGINAL DEL
SANTO.»
E l autor no dice de qué cuadro está tomado; y como á pesar de
nuestras investigaciones no conocemos retrato auténtico, opinamos
que carece de fundamento el epígrafe Verdadero retrato, como todos
cuantos lleven este epígrafe.
IV.
Grabados, l i t o g r a f í a s y fotografías.
L a Revista carmelitana de Barcelona ha publicado un grabado
en madera, en que aparece San Juan de la Cruz arrodillado y abra-
zado á la Cruz, con esta inscripción: «Pa/t et contemni.»
- 71 —
E n litografía se hizo una imagen del Santo, y está firmada por I.
H a y además otra litografía firmada por Nesi, Dih. y L ü .
L a Revista carmelitana de Barcelona ha publicado el anuncio de
€ Piadosa estampa nueva de San Juan de la Cruz, doctor y maestro de
mística y sublime teología. Está hecha al fotograbado, con motivo
de l a celebración del tercer Centenario de la subida al Cielo de tan
gran Santo, habiéndose tenido por modelo un precioso dibujo an-
tiguo.»
L a fotografía de la magnífica estatua de San Juan de la Cruz,
que se venera en el convento de San Alberto, de Valencia. Esta fo-
tografía se ha sacado en celebridad del Centenario.
L a misma Revista carmelitana de Barcelona ha publicado un gra-
bado especial y un cromo de San Juan de la Cruz, en solemnidad
del Centenario,
Por ú l t i m o , los PP. Carmelitas Descalzos de Segovia han publi-
cado una magnífica imagen de San Juan de l a Cruz, en fotografía,
y en diferentes tamaños.
CAPÍTULO VI.
DOCUMENTOS CIENTIFICOS RELATIVOS A LA BEATIFICACIÓN, CANONIZACIÓN
Y CULTO DE SAN JUAN DE LA CRUZ.
S u m a r i o : I . B u l a de b e a t i f i c a c i ó n de San J u a n de l a C r u z . — I I . Decreto
Pontificio aprobando los milagros obrados por i n t e r c e s i ó n de San J u a n de
l a C r u z d e s p u é s de su b e a t i f i c a c i ó n . — I I I . Decreto de c a n o n i z a c i ó n de S a n
J u a n de l a C r u z . — I V . B u l a de Benedicto X I I I con m o t i v o de l a canoni-
z a c i ó n de San J u a n de l a C r u z . — V . Decretos Pontificios sobre oficio y rezo
de San J u a n de l a C r u z . — V I . Fiestas en celebridad de su beatificación y
canonización.
I.
B u l a de b e a t i f i c a c i ó n de San Juan de la Cruz.
CLEMENS PAPA X .
AD P E R P E T U A M REI MEMORIAM.
Spiritus Domini, qui triumphantem i n Coelis Ecclesiam ex suis
capillis secnndum ineffabilis Sapientise bonitatisque suee divitias
sedificare non cessat, prsecipuorum quorumdam Servorum atque
Electorum suorum, quos a constitutione mundi i n opus suum prse-
destinatos, multiformis gratise suse charismatibns instruxit et exor-
navit, Sanctitatem interdum signis atque portentis testatam facit;
ut quibus immarcesibilis glorise corona i n Coelis a justo Judice
donata est, debitse queque venerationis cultus i n terris impendatur.
Inter hos cum multipliciter claruerit Servus Dei Joannes de Cruce
primus Religionis Eratrum Beatse Marise de Monte Carmelo Excal-
ceatorum nuncupatorum Profesor, qui sanctissimse Virginis The-
resise eiusdem Religionis Institutricis vestigiis studiose insistens,
- 73 ~
et preeclaros retulit de carne i n carne trinmphos, et non solum so-
ciis suis magisterio exemploque summa cum laude prsebuit, sed
etiam Ecclesiam universam spiritualium aromatum, quibus eum
Divina benignitas largiter imbuerat, odore perfudit; dignum arbi-
tramur, et congruum, ut Apostolicse servitutis nostraB ministerio,
quod Nos, meritis licet, et viribus longe impares, gerere voluit D i -
vina dignatio, illius honori, ad gloriam Omnipotentis Dei, addecus
Catholicse Ecclesise, Fideliumque sedificationem opportune consu-
latur. Cum itaque summa maturitate, diligentiaque discussis, atque
perpensis per Congregationem Veuerabilium Fratrum nostrornm
S. K . E . Cardinalium ¡Sacris Ritibus Prsepositorum processibus de
Apostolicse Sedis licentia confectis super vita, sanctitate et virtuti-
bus tam Theologicis, quam moralibus i n gradu heroico, quibus
prajfatus Dei Servus Joannes de Cruce, multipliciter claruisse,
necnon miraculis, quse ad eius intercessionem, ac ad manifestan-
dam mundo illius Sanctitatem, a Deo patrata fuisse afferebantur^
eadem Congregatio, auditis etiam Consultorum suffragiis coram
Nobis constituta unanimitér censuerit, posse quandocumque Nobis
videretur ad solemnem eiusdem Servi Dei Canonizationem tuto
devenire, interim vero indulgeri ut i n toto terrarum Orbe Beatus
nuncupetur. H i n c est, quod Nos piis, adque enixis charissimi i n
Christo filii nostri Caroli Hispaniarum Regís Catholici, ac charis-
simse i n Christo filia3 nostrse Mañanee, earundem Hispaniarum Re-
ginse Catholicse Viduse ejus genitricis, necnon totius Congregationis
Hispanice Fratrum Excalceatorum ordinis Beatse Maria3 de Monte
Carmelo supplicationibus Nobis super hoc humiliter porrectis benig-
no inclinati, de prssfatorum Cardinalium consilio, et unanimi assen-
su, auctoritate Apostólica tenore prsesentium indulgemus, ut me-
moratus Dei Servus Joannes de Cruce i n posterum Beati nomine
nuncupetur, eiusque Corpus, etReliquise venerationi Fidelium (non
autem i n processionibus circumferenda) exponantur. Imagines
queque radiis, seu splendoribus exornentur, ac de eo quotannis die
anniversario felicis eius obitus recitetur Officium, et Missa celebre-
tur de Confessore non Pontífice, juxta rubricas Breviarii, etMissalis
Romani. Porro recitationem Officii, et Missse celebrationem huius-
modi fieri concedimus i n loéis dumtaxat infrascriptis, videlicet, i n
loco de Hontiveros, ubi dictus Servus Dei natus est, i n loco de
10
-74 —
Ubeda, i n qno spiritum Creatori reddidít, et i n Civitate Segoviensí,
ubi venerabile eius corpus requiescit, ab ómnibus utriusque sexus
Christi fidelibus, tam ssecularibus, quam regularibus, qui ad horas
Canónicas tenentur, ac i n tota Religione pra)facta Carmelitarum
Excalceotorum universoque Ordine supradicto Beatse Marías de
Monte Carmelo tam Fratrum, quam Monialium, et quantum ad
Missas attinet, etiam a Sacerdotibus ad Eeclesias Religionis et
Ordinis huismodi respective constituentibus. Proterea primo dum-
taxat anno a datis hisce Litteris, et quoad Indias a die quo eadem
Litterse illuc pervenerint, inchoando i n Ecclesiis locorum, ac Civi-
tatis, Religionis, et Ordinis praeftorum respective solemnia Beati-
ficationis eiusdem ¡Servi Dei cum Of ficio et Missa sub ritu duplici
maiori die ab Ordinariis respective constituta, et intra sex menses
promulganda, postquam tamen i n Basílica Principis Apostolorum
de Urbe celébrala fuerint eadem solemnia, quam ad rem diem x x i
Aprilis próximo venturi asignamus, pariter celebrandi facimus po-
testatem. Non obstantibus Constitutionibus, et Ordinationibus Apos-
tolicis, ac Decretis de non culto editis, cíeterisque contrariis quibns-
cumque. Volumus autem, ut earundem prassentium Litterarum
transumptis seu exemplis, etiam impressis, manu Secretarii prse-
dictce Congregationis Cardinalium subscriptis, et sigillo Praífecti
eiusdem Congregationis munitis, eadem prorsus fides ab ómnibus,
et ubique tam i n judicio quam extra illus habeatur, quse ipsis
prsesentibus haberetur si forentexhibita) vel ostensa). Datum Romae
aput Sanctam Mariam Majorem sub Annulo Piscatoris die x x v
.Januarii M D C L X X V . Pontificatus Nostri Anno Quinto.—J. G .
SLUSIUS.—Hay u n sello.
—15
II.
Uecreto de a p r o b a c i ó n de milagros obrados por la i u t e r e e s i ó n de
San Juan de la Cruz d e s p u é s de su b e a t i G c a e í o n .
SEGOBIEN.
Canonizationis Beati Joannis a Cruce, Ordinis Carmelitarum
Ezcalceatorum.
Cum i n Congregatione Generali Sacror. Ritunm habita coram sa:
me: Clemente Papa X I , die 28 Januarii 1721, per R m u m . D n u m .
Cardinalem Paulutium, loco Reverendissimi D . Cardinalis Orighi
absentis, propositum fuerit D u b m m super sex Miraculis a Deo
B . Joannis a Cruce Ordinis Carmelitarum Excalceatorum interce-
sione patratis, post ipsi indultam a Sancta Sede venerationem,
idemque Summus Pontifex, auditis tum Consultorum, tum Reve-
rendissimorum DD. Cardinalium votis, ad effiectum implorandi pe-
culiare Spiritus Sancti lumen eo die resolutionem distulerit, nec
multo post ipso é vi vis summo omnium luctu sublato, illam edere
non potuerit: Cumque interim Postulatores huiusmodi Causee no-
titiam habuerint alterius Miraculi i n Civitate Neocastrensi Dioeoesis
Tullen, non multis abhinc annis secuti, impetratisque a Sacra Con-
gregatione litteris remissorialibus, et compulsorialibus Processum
super eodem efformari, et subinde approbari curaverint, aliaque
gesserint, quse ad Causse proseentionem pertinere videbantur: H a -
bita t á n d e m fuit, die 30 Januarii 1725, coram Sanctissimo Domino
Nostro Benedicto Papa X I I I . Congregatio Generalis Sac. Rituum,
i n eaque tam supradicta Miracula, super quibus declaratio non
emanaverat, quam alterum, supramemoratum novo examini fuere
expósita, proposito per Reverendissimum D . Cardinalem Origum
Ponentem iterum Dubio: An, et de quibus Miraculis constet post in-
dultum a Sancta Sede Apostólica eidem Beato Venerationem, in casu,
et ad ef/ectum de quo agitur. Verum Sanctissimus Dominus Noster,
auditis omnium qui interfuere, suffragiis; eo die resolutionem dif-
ferre voluit, ut quid i n hac re agendum esset, implorato prius su-
— 76 -
perno auxilio, fnsisque ad Deum precibus, exploraret. Qnibns jam
impletis, Sanctitas Sna, accitis infrascripta die coram se R . P. D .
Prospero de Lambertinis (1) Archiepiscopo Theodosien, Fidei Pro-
motore, et me Sacrse Congregationis Secretario, ex septem jam pro-
positis Miraculis, Tria tamqnam Tertii Generis approbavit, n i m i -
r u m : Primum instantanecB sanationis Sororis Annce Theresice a S. Be-
nedicto Monialis in Monasterio Sanctce Theresice Civitatis Baren, a
Paralysi, necnon septimum instantanece item sanationis Sororis Annce
Franciscce Jaujeon Monialis in Monasterio Sanctissimce Annuntiatce Ci-
vitatis Neocastri in Lotharingia pariter a Paralysi. Secundum vero sci-
licet Hberationis Albertce Marice de Alpharo in oppido Nóblexas in His-
pania a difficillismo et peliculoso partu tamquam snpra numernm
approbavit; E t ita, etc., die 5 Februarii 1725.—F. CARDINALISPAU-
LUTIUS PÍI.EP.—Loco ^ SIQILLT.—N. M . TEDESCHI ARCHIEP. A F A -
MEN. SAO. RIT. CONGREG. SECR.
m.
Decreto de c a n o n i z a c i ó n de San Juan de In Cruz.
SEGOBIEN.
Canonizationis S. Joannis a Cruce, Ordinis Carmelitarum
Excalceatorum.
Proposita die 30 Januarii 1725. A n n i príeteriti per Reveren-
dissimum Dominum Cardinalem Orignm Ponentem i n Congrega-
tione Generali Sac, Rituum coram SS. D . N . Benedicto X I I I . Causa
Segobien. Canonizationis B . Joannis a Cruce, Ordinis Carmelitarum
Excalceatorum super dubio: A n , et de quibus miraculis constet
post indultam a S. Sede Apostólica eidem Beato Venerationem, ex
usque a Sanctitate Sua die v Februarii ejusdem anni tribus Mira-
culis i n tertio genere approbatis, n i m i r u m : P r i m u m Instantanese
sanationis Sororis Annse Theresse a S. Benedicto Monialis i n Mo_
nasterio S. Theresse Civitatis Beren a Paralysi: Septimum Instan-
(1) P r ó s p e r o de L a m b e r t i n i f u é d e s p u é s P a p a Benedicto X I V ,
— 77 -
tañese item sanationis Sororis Annse Franciscse Jaujeon Monialis i n
Monasterio SanctissimEe Annunciationis Civitatis Neocastri i n L o -
tharingia pariter a Paralysi: et Secundum Liberationis Albertse
Marise de Alpharo i n Oppido Noblexas i n Hispania a difficillimo
et periculoso parta tanquam snpra numeram: T á n d e m die 18 De-
cembris prseteriti anni 1725 per eundem Reverendissimum Domi-
num Cardinalem Origum facta juxta Decretum prsescriptum i n
Generali Congregatiane Sacr. Rituum coram Sanctitate Sua om-
n i u m i n hac Causa huiusque gestorum plena, et distincta relatione,
propositaque dubio: A n , stante approbatione supradictorum Mira-
culorum tuto procedi possit ad solemnem ejusdem Beati Cononiza-
tionem: omnibusque afñrmative respondentibus, Sanctitas Sua
resolutionem eo die differre voluit, ut effusis prius ad Deum pre-
cibus, Ca^lestis luminis opem i n tam gravi deliberatione imploraret.
Quibus impletis, idem Sanctissimus Dominns Nostri, infrascripta
die presens Canonizationis B . Joannis a Cruce quandocumque fa-
ciendse Decretum expediri, et publican mandavit. Die 12 Januarii
1726.—F. CARDINALIS PAULUTIUS PEÍEFECTUS.-—Loco •f* SIGILLI.—
N . M . TEDESCHI ARCHIEP. APAMENUS SAO. RIT. GONG. ÍSECRET.
IV.
Bula de Benedicto X I I I con motivo de la c a n o n i z a c i ó n de San Juan
de la Cruz.
BENEDICTUS,
Episcopus Servus servorum Dei, ad perpetuam rei memoriam.
P i a mater Ecclesia pnecipius universalis honorificentise prseconiis
illos ornari decernit, qui olim sanctissimis disciplinis et moribns
i l l a m illustrantes, divini nominis gloriam et Deo famulantium
numerum dictis et factis augere, perqué viam salutis ducere summa
cura studuerunt. Hujusmodi v i r u m , Christianis virtutibus, coelesti
doctrina jugi poenitentia, multisque signis probatum Ecclesise ca-
tholicíe dedit ea pars Hispanise Tarraconensis, cui Castellse Veteris
nomen est nosque i l l u m hac die, i n honorem Beati Joannis Apos-
toli et Evangelistas Deo sacra, sanctorum confessorum non ponti-
- 78 —
ficnm canoni, solemni sanctaj Romanae Ecclesise Cíeremonia adnu-
merare decrevimns.
Is est Beatus Joannes á Cruce, Ordinis Fratrum Beatas Mariíe
Virginis k Monte Carmelo, qui Excalceati apellantnr, primns pro-
fessor, et parens, qui auno Christi Domini M D X L I I ex perhonesta
Jepesia familia ortus est i n opido, quod dicitur Fons Tiberii i n
Episcopatu Abulensi. A primis annis egregise animi dotis i n eo,
pie christianeque edúcate, plurimum emicuerunt; quamque dilec-
tus et carus esset Deipane Virgini, i n cujus patrocúnium confugerat,
inde patuit, quod aquam e puteo hausturus, i n i l l u m prolapsus,
patronee manu sublatus, incolumis prodiit. Adolescens, eximise
pietatis ductu Metymníe Campi hospitalera domum ingressns,
agrotantium et pauperum famulatio se addixit, m á x i m a cbaritati
diu noctuque languentibus assistens nec modo spiritualia, sed ne
vilissima quidera quidem officia i n iis juvandis obite detrectans;
unde factura, ut cseteri i n nosocomio Christiana Joannis acta de-
rairati egrotorum corporibus animisqui curandis certatis ejus
exeraplo alacrera et solicitara operara darent. Quidquid interira
tara pió ministerio supererat, prseclarus juvenus assidtiis precibus,
vigiliis, lacryrais, et Dorainicíe Pasioni religiosissirao animo reco-
lende irapendebant; qiiíe tandera ipse ad Fratrum ordinis Beatse
Maria? Virginis a Monte Carmelo institutura ineundura, jucandis-
siraara viara aperuerunt. Hoc ita araplexus est, ut vota eraissa
prurioris disciplinae studio accurate observaret, ad priraitivi ordinis
normara se oranino conforraans, nec nisi cura tiraore et treraore,
ac jussu majorura ob suraraara rei divinte prsestantiara, ad sacra-
tissimura presbyteratus gradura evectus.
Cura vero ü e i Virgo Teresia, quíe postea excelsis ejus virtutibus,
signisque flagitantibus, per felicis raeraoriae antecessorera nostrura
Gregoriura Papara X V i n sanctorura virginura cañonera relata est
inter sórores jara dieti ordinis beatse Mariae Virginis á Monte Car-
melo primevi instituti regulara felici restituisset, ideraque pro
Fratribus ejuradera farailiee animo volutaret, Dei ancillíe magni
operis comes Joannes á Cruce, strictioris discipliníe promovendíe
ardore, veheraenter accenssus plañe coelitus datus est. Quare tanta?
rei negotio inter sacrara virginera et Dei faraulura agitato, ordo
Fratrura Carraelitarura comrauni oraniura bonorura plausu, licet
- 79 —
fremente humani generis hoste, mirifice instanratus, et per univer»
satn Europam non sine ingenti Dei gloria difussus est, plurimis
Teresas virginis cura, per totam Hispaniam erectis atque optime
institutis cenobiis, qnse ipse, nullis vitíe incomodis et periculis
territus singula perlustravit.
U b i vero admiranda inocentia asidua rerum divinarnm contem-
platione, asperrimo vitse rigore, summisque virtutibus inclytus,
suorum corda i n perfecto Dei cultu indequaque firmaverat, diro
morbo et i n crure quinqué plagis, sanie manantibus, patientissime
toleratis, totus i n Deo, quem semper i n corde atque ore habuerat,
fixus, sanctissimis Ecclesia3 sacramenti summa fide et religione
susceptis, inter sodalium collacocrymatmm amplexus, Davidici
psalmi versiculo, In manus tuas, Domine, commendo spiritum meum,
piissime pronunciato, die et hora á se pra3dictis i n übedse cseno-
bio, x x i x kal. Januarias anno salutis M . D X C I , íetatis XLIX vitse
cenobitiaj x i x purissimam eflavit animam vir, Deo percarus, dse-
moni formidatus, animi lenitate constantia i n adversis, miraculo-
rum, ac prophetioe dono per totam Hispaniam illustris, inque mys-
ticae theologise arcanis scripto explicandis, seque ac Teresa, divinitus
instructus, quam, decreto S. R. E . nondum beatis adnumeratum,
ipse sodali suo, inter sanctas Dei virginis, et superstite referendam
pronuntiavit.
A d servi Dei exuvias, quasi odore perfusas, et postea corruptio-
nis exportes, eundem veluti placido somno sopitum referentes, po-
p u l i cas osculantis multitudo copiosa turmatim confluxit, vestium,
et ipsius etiam corpusculi partículas, venerationis instinctu, auferre
cenata. Tanti viri, quem Teresa, ut sanctum suspexerat, sanctique
elogio compluries ornaverat, virtutum et prodigiorum fama in dies
percrebescente, gesta ejus maturo judicio venerabilium fratrum
S. li. E . Cardinalium, sedente pice recordationis decessore nostro
Alexandro Papse V I I ad canónicos ritus discussa et probata fue-
runt, unde per similis memoriae Clementis Papse X Apostólicas lit-
teras, inter beatos relatus est.
Nobis deinde miraculis post solemnem beatificationem, ob ejus
merita á Deo patratis, jussu Dei servi Innocentii Papse X I undique
conquisitis, et coram nobis ipsis per venerabiles fratres nostros i n
examen adductis, ac veteri disciplinse et majorum constitutionibus
— 80 —
responderé per omnía compertis, inqtie tribus consistoriis et plena-
rio conventu eorundem venerabilinm fratrum nostrorum 8. R. E .
Cardinalium, atque etiam Patriarcharum, Archiepiscoporum, et
Episcopornm nobiscum i n Urbe prsesentium conventu, riteperpen-
sis, unanimi eorundem sententia per Sedis Apostolice Notarios
corara nobis excepta, Regnmqne ac Principura Christianorum,
atque ipsius Ordinis Fratrum Excalceatorum Beatas Marise Virgi-
nis a Monte Carmelo, escixis precibus pro Beato Joanne á Cruce i n
sanctorura confessorum non pontificura cañonera referendo Apos-
tolicíe Sedi porrectis, post tantíe rei perficiendse solemnera dietn
indictara, perqué orationes, jejunia et eleemosynas Oranipotentis
Dei opera ferventissirae iinploratam, demura universis, quse ex
antecessorum nostrorum Romanorura Pontificum constitutionibus,
et Sanctse Romanee Ecclesise disciplina agenda erant, omni reli-
gione peractis, ac ipsa die i n honorem Beati Joannis Apostoli et
Evangelista; Deo sacra, una cura iisdera venerabilibus fratribus
nostris S. R. E . Cardinalibus, Patriarchis, Archiepiscopis et Episco-
pis, ac utriusque cleri et populi frecuencia, i n sacrosanctam Bisili-
cara Principis Apostolorura Deo supplicantes conveniraus, ubi se-
mel, iterura et tertio pro viro Dei i n sanctorura confessorum non
pontificura cañonera referendo precibus repetitis per venerabilem
fratrera nostrum Laurentium S. R. E Episcopura Cardinalera Tus-
culanum, Corsinura nuncupatura, post decantatas sacras orationes
et Spiritus Sancti gratiara huraillime invocatara, ad honorera
sanctse et individuse Trinitatis, fidei catholicaj exaltationem, et
christiani nominis incrementum, auctorite oranipotentis Dei, Pa-
tris, F i l i i et Spiritus Sancti, et Beatorum Apostolorum Petri et
Pauli, ac nostra, de eorundem venerabilinm fratrum nostrorum
Sanctse Romanee Ecclesise Cardinalium, Patriarcharum, Archiepis-
coporum et Episcopornm, nobiscum i n plenario conventu Basilicae
Vaticanse prsesentium, consilio, et unanimi consensu, Beatum Joan-
ñera á Cruce Hispanura ex Ordine Fratrum Excalceatorum Beatse
Marise Virginis á Monte Carmelo, de cujus sanctitate, ñdei sinceri-
tate, et cseterarum virtutura ac rairaculorura excellentia plene
constabat et constat, una cura beatis perinde confessoribus non
Pontificibus, Peregrino á Foro-Livii ordinis fratrum Servorum
Beatse Mariso Virginis, et Francisco Solano, ordinis fratrum Mino-
— 81 —
rum, q u i á regulari observantia nuncupatur, sanctum esse definí-
vimus, Sanctorum confessorum non pontifícum canoni adscriben-
dum decrevimus, pront prsesentium tenore definimus, decernimus
et adscribimus, eundemque per universos Christi fideles, tanquam
veré Sanctum, honorari mandavimus et mandamus, statuentes, ut
ab universa Ecclesia i n ejus honorem sedes sacrse et altaría, i n qui-
bus íncruentum sacríficium Deo offeratur, eedificari et consecrari, et
quotannis x i x K a l . Januarias, quo die ad ccelestem patriam evola-
vít, ejus natalis, ut sancti confessoris non Pontíficís, festa solemnía,
celebrari possint.
Insuper eadem auctoritate ómnibus Christi Fidelibus veré poeni-
tentibus, et confessis qui ejusdem diei natalis festo i n memoriam
beati Joannis á Cruce quotannis ad sacras ejus exuvías venerandas
accesserint, annum et quadragenam; íis vero, qui i n octava ejus-
dem festi, quadraginta dies de injunctis seu quomodolíbet eis de-
bitis poenitentiis misericordíter i n Domino relaxavimus et rela-
xamus.
Postremo gratis Deo actis, quod Ecclesiam suam insigni hoc,
novoque luminari illustrare voluisset, cantata i n honorem Sancto-
rum Joannis á Cruce, Peregrini á Foro-Livii et Francisci Solani,
oratione solemni, i n ara m á x i m a supra confessionem Principis
Apostolorum sacrosanctum misse sacríficium celebravimus cum
ejusdem confessoris non pontíficís, et cseterorum commemoratione,
omníbusque Christi fidelibus tune presentibus plenariam omnium
peccatorum indulgentiam concessimus.
Decet igitur ut pro tam peculiari magnoque beneficio coelitus
nobis concesio omnes benedicamus et glorificemus Deum Patrem,
bonorum omnium auctorem, cui est honor et gloria i n ssecula, así-
duis precibus ab eo flagitantes, ut per intercessionem electi sui
Joannis á Cruce indignationem suam á nostris peccatis avertens,
ostendat nobis faciem misericordise suse, í m m i t t a t q u e timorem sui
super gentes, quse non cognoverunt eum, ut t á n d e m cognoscant,
quia non est alius Deus, nisi Deus noster.
Cseterum quia difficile foret, praesentes nostras litteras ad sin-
gula loca, ad quse opus esset, adferri, volumus est earum exemplis,
etiam ímpressis, manu publící Notarii suscriptis, et sigillo, alicu-
3 us personse i n dignitate ecclesiastica constítutse munitis, eadem
11
— 82 —
ubique fides habeatur, quse ipsis prsesentibus haberetur, si essent
exhibitee vel ostensae.
N u l l i ergo omnino hominum liceat hau paginam nostrse defini-
tionis, decreti, adscriptionis, relationis, mandati, statuti, relaxatio-
nis et voluntatis infringere, vel ei ausu temerario contraire. S i quis
autem hoc attentare prsesumserit, indignationem omnipotentis Dei,
ac beatorum Petri et Pauli Apostolorum ejus se noverit incur-
surus.
Datum Romee apud Sanctum Petrum anno Incarnationis Domi-
nicas millesimo septingentésimo vigésimo sexto, v i Kalendas Ja-
nuarias, Pontificatus nostri anno tertio.—f Ego Benedictus, Catho-
licee Ecclesia Episcopus.—Hay un sello.—f Ego Franciscus,
Episcopus I, Ostiensis Cardinalis Barberinus.—f Ego Petrus, Epis-
copus Sabinensis Cardinalis Otthobonus S. R. E . Vicecancella-
rius.—f Ego Laurentius, Episcopus Tusculanus Cardinalis Corsi-
nus.—f Ego Joseph Renatus, Tit. Sancti Laurentii i n Lucina
Presbyter Cardinalis Imperialis.—f Ego Philippus Antonius,
Tit. Sanct. Práxedis Presbyter Cardinalis Gualterius.—f Ego Aní-
bal, Tit. Sancti Clementis Presbyter Cardinalis Sancti Clementis
Albanus S. R. E . Camerarius—f Ego Ludovicus, Tit. Santi S y l -
vestri i n Capite Presbyter Cardinalis Picus de Mirandula.—f Ego
Joannes Antonius, Tit. Sancti Calixti Presbyter Cardinalis de V i a . —
•[• Ego Antonius Félix, Tit. S á n e t e Balbinse Presbyter Cardinalis
Z o n d a r i u s . — E g o Petrus, Tit. Sancti Joannis Ante-Portam-Lati-
nam Presbyter Cardinalis Corradinus.—f Ego Curtius, Tit. Sancti
Eustachii Presbyter Cardinalis Origus.—f Ego Melchior, Tit. Sanctse
Marite Angelorum Presbyter Cardinalis de Polignac.—f Ego Nico-
laus, T i t . Sanctorum Nerei et Achillei Presbyter Cardinalis S p i -
nula.—f Ego Georgius, Tit. S á n e t e Agnetis Presbyter Cardinalis
Spinula.—f Ego Cornelius, Tit. Sancti Hieronymi Illiricorum
Presbyter Cardinalis Bentivolus de Aragonia,—-¡- Ego Ludovicus,
Tit. Sant. Priscae Presbyter Cardinalis Belluga et Moneada.—
f" Ego Alvarus, Tit. Sancti Bartholomaei i n Insula Presbyter Car-
dinalis Cienfuegos.—f Ego Bernardns Maria, Tit. Sancti Bernardi
ad Thermas Presbyter Cardinalis de Comitibus, major Poenitentia-
rius.—f Ego Joannes Baptista, Tit. Sancti Matthsei i n Merulana,
Presbyter Cardinalis de Alteriis.—f Ego Vincentius, Tit. Sancti
— 83 -
Onuphrii Presbyter Cardinalis Petra.—f Ego Prosper, Tit, Sancti
Chrysogoni Presbyter Cardinalis Marefuscus.—f Ego Mcolans,
Tit. Sanetse Marise i n Dominica Presbyter Cardinalis Coscia.—
f Ego Nicolans Maria, Tit. Sanctornm Joannis et Pauli Presbyter
Cardinalis L e r c a r i u s . — E g o Frater Laurentius, Tit. Sancti L a u -
rentii i n Pane et Perna Presbyter Cardinalis Cozza.—f Ego Bene-
dictus Sanetse Marise i n V i a lata, Diaconns Cardinalis Pamphi-
lius.—f Ego Laurentius Sanetse Agatse ad Montes, Diaconus
Cardinalis de Alteriis.—f ^S0 Carolus Sancti Angeli i n Foro Pis-
cinm, Diaconus Cardinalis Columna.—f Ego Julius Sancti H a -
driani, Diaconus Cardinalis Alberonus.—t Ego Alexander Sanetse
Marise i n Cosmedin, Diaconus Cardinalis Albanus.—f Ego Alexan-
der Sanetse Marise de Scala, Diaconus Cardinalis Falconerius.—
t Ego Nicolaus Sanetse Marise ad Martyres, Diaconus Cardinalis
Judice.—P. Cardinalis Prodatarius—Pro D . Cardinal! Oliverio,
C. Archiepiscopus Emissenus.— VISA. De Curia J . Archiepiscopus
Ancytanus, L . Martinettus.—Registrata i n Secretaria Brevium.
V.
Decretos Pontificios sobre oficio y rezo de San Juan de la Cruz,
Beatificado nuestro glorioso Santo en 1675 por Clemente X , con-
cedió este Pontífice Oficio doble mayor para las ciudades de Sego-
via, Ubeda y Fontiveros, lo mismo que para todos los Religiosos y
Religiosas de la Orden.
E l día 22 de Marzo de 1732, Su Santidad Clemente X I I concedió
para nuestro Padre San Juan de l a Cruz rezo propio de primera
clase, con oración, antífonas, himnos, lecciones y responsorios pro-
pios, y misa también propia correspondiente al Oficio; y habiendo
concedido Octava, trasladó la fiesta del Santo, por razón de l a
misma, á 24 de Noviembre, siendo así que antes se celebraba á 14
de Diciembre, día de su glorioso tránsito (1).
Á 19 de Mayo de 1733 concedió Su Santidad rezo con Oficio doble
( l ) L a Octava de l a C o n c e p c i ó n e x c l u y e toda otra O c t a v a , y é s t a es l a
r a z ó n por q u é l a fiesta y O c t a v a del Santo se t r a s l a d ó a l 24 de N o v i e m b r e .
— 84 —
á nuestro Padre San Juan de la Cruz para todos los reinos y domi-
nios de E s p a ñ a : ab ómnibus utrinsque sexus tam secularibus, quam re-
gularibus recitandum.
E n 26 de Noviembre de 1735 concedió Su Santidad rezo de l a
Traslación del cuerpo de nuestro Padre San Juan de l a Cruz, con
Oficio de doble mayor para todos los Religiosos y Religiosas de
la Orden.
Á 20 de Septiembre de 1738 se concedió por Su Santidad rezo
de nuestro Padre San Juan de la Cruz para toda la Iglesia con
Oficio semidoble, y de precepto para todos los eclesiásticos, así secu-
lares como regulares, siendo elevado á rito doble en 9 de Diciembre
de 1769.
Por fin, en 31 de Mayo de 1883, á petición de varios Obispos, el
rezo de nuestro Padre San Juan de la Cruz fué elevado á doble de
segunda clase para España.
VI.
1 "i es tas en celebridad de la b e a t i f i c a c i ó n y c a n o n i z a c i ó n
de San Juan de la Cruz.
L a beatificación de San Juan de la Cruz fué acogida con la entu-
siasta alegría de que dan numerosos detalles el P. F r . Francisco de
la Presentación en su obra Aclamación festiva de España en la beatifi-
cación de N , P . S. Juan de la Cruz, y F r . Lucas de la Madre de Dios
en su opúsculo Toledo en las fiestas de la beatificación de N . P . S. Juan
de la Cruz.
Ubeda y Segovia, J a é n y Fontiveros fueron las primeras pobla-
ciones en que se celebró l a primera misa en honor de San Juan de
la Cruz, De confesore non Pontifice.
Dignas de especial mención fueron las fiestas de la catedral de
J a é n y en toda la diócesis en el día 7 de Julio y siguientes de 1675,
y así resulta del edicto del limo. Sr. Campo, que se conserva en el
archivo de la la catedral, gaveta 19, n ú m . 17.
E l júbilo espiritual con que fué acogida esta beatificación se re-
produjo con mayores y m á s generales demostraciones al publicarse
el Decreto Pontificio de la canonización. Italia, Francia, Alemania,
- 85 —
Portugal, América, y España á l a cabeza de todas esas naciones,
solemnizaron este gran acontecimiento, el mayor y m á s glorioso de
cuantos pueden ocurrir en la Iglesia y en el mundo, porque no hay
gloria mayor que ver asociada la tierra á la alegría de los cielos en
glorificación de la santidad.
Como era natural, Castilla y Andalucía se distinguieron en las
fiestas que consagraron al nuevo canonizado, ofreciendo en sus al-
tares, como dice el Dr. M i r a de Amescua,
« C u a n t a s hermosas flores
Desata entre sus faldas el C a r m e l o . »
E n gran número, y algunas de relevante mérito, fueron las ins-
piraciones de los poetas de aquella época, y modelos de elocuencia
los panegíricos pronunciados, muchos de los cuales fueron impresos,
como el del P. Manuel de Hojas en las fiestas de J a é n , que vió l a
luz pública en Granada en 1730. E n Granada se imprimió también
en el mismo año el sermón que, con el título E l verdadero fénix
carmelita SAN JUAN DE LA CRUZ, predicó el Dr. D . Gaspar de los
Cobos, catedrático y canciller de aquella Universidad.
F r . Antonio Saura, Dominico, predicó en el convento de San
Hermenegildo de Madrid una Oración panegírica á la canonización
del extático y admirable SAN JUAN DE LA CRUZ.
Fuera de España (1), los predicadores divulgaron desde el púl-
pito entusiastas panegíricos del primer Carmelita descalzo, desde
su beatificación. Sirva de muestra el que predicó en Lisboa F r , L o -
renzo Rivero, impreso en 1693 por Manuel López Ferreira, dedicado
al Sr, F e r n á n Téllez y Silva, conde de Villamayor.
Los panegíricos, las poesías y las descripciones de las funciones
se compilaron en un tomo que conserva l a librería del Sacro Monte
de Granada, seccián 5.a, n ú m . 421.
(1) M u ñ o z y Garnica, San Juan de la Cruz.
CAPÍTULO VIL
CATÁLOGO DE LOS PRINCIPALES AUTORES QUE HAN ESCRITO LA VIDA
DE SAN JUAN DE LA CRUZ (1).
Apenas bajó al sepulcro el humilde Reformador del Carmelo, sus
hijos se esforzaron en inmortalizarle, conservando l a memoria de
sus virtudes y milagros y de las obras que escribió.
Entre otros muchos que han escrito relaciones más ó menos ex-
tensas de la vida del Santo, hemos podido recoger los siguientes:
I. E l R, P. F r . Alonso de la Madre de Dios, Procurador general,
en las informaciones para la canonización del Santo, escribió una
Vida del V. P . S. Juan de la Cruz, que se conserva manuscrita en
la Biblioteca Nacional de Madrid: además, este mismo Padre dejó
manuscrito un breve compendio de la vida del Santo.
II. E l R. P. F r . Diego de Jesús (Salablanca), natural de Granada,
después de haber escrito una hermosa Explicación de las locuciones
místicas de San Juan de la Cruz, impresa en Barcelona, en 1619 dió
á la estampa u n compendio de l a vida del Santo. Estas obras
fueron traducidas al francés por el jurisconsulto Renato Gautier,
impresas en París en 1621, y reimpresas en 1665 por el R. P. F r . C i -
priano de la Natividad.
III. Los P P . del convento de Carmelitas Descalzos de Amberes
hicieron imprimir en español una Vida de San Juan de la Cruz, sa-
cada de las informaciones hechas para su canonización (1625).
Esta misma Vida, traducida al idioma germánico, se imprimió
en Colonia.
( 1 ) V é a s e l a Bihliotheca Scriptorum utriusque Congregattonis et sexm Car-
melitarum excalceatorum, per Petrum Martialem á S. Joanne Baptittta. B u r -
digalae, 1730, p á g . 228 y siguientes.
— 87 —
I V . E l R. P. Fr. José de Jesús María (Asturiano) escribió en es-
pañol una extensa Vida de N . P . S. Juan de la Cruz, que fué tradu-
cida al francés é impresa en París en 1628, y en 1663 fué traducida
al alemán é impresa en Colonia por un autor anónimo. E l mismo
autor escribió una relación de los milagros obrados por Dios en una
partícula de carne del glorioso Santo, impresa en Madrid en 1615.
V . E l R. P. Fr. Jerónimo de San José, natural de Aragón, escri-
bió un compendio de la Vida de N . P . S. Juan de la Cruz, primer
Carmelita Descalzo, impreso por primera vez en Madrid en 1629.
Este breve compendio de la vida del Santo es el que suele preceder
á las obras del mismo en las repetidas ediciones que se han he-
cho de ellas, y así aparece en la edición última de Madrid, año
1872. Este mismo Padre escribió otra vida del Santo mucho m á s
extensa que l a anterior é impresa por vez primera en Madrid,
año 1641.
V I . Colmenares, en su Historia de Segovia, cap. XLVI, pág. 580,
hace mención de una Vida inédita, escrita por F r . Alonso de l a
Madre de Dios, que falleció en 1635.
V I I . E l R. P. F r . Cipriano de la Natividad de l a Virgen, natural
de París, escribió en francés una Vida de San Juan de la Cruz, i m -
presa por el R. P. F r . José de Jesús, la que, corregida y enmendada
por el R. P. F r . Elíseo de San Bernardo, se reimprimió de nuevo
por dos veces en París los años 1639 y 1642.
VIII. Por los años de 1641 escribió una Relación de las virtudes
de N . P . S. Juan de. la Cruz la M . Isabel de la Encarnación, priora
que fué de Jaén, Sevilla y Baeza.
I X . Otra Vida del Santo Padre fué escrita por el R. P . F r . Fran-
cisco de Santa María, natural de P a r í s , y dada á la estampa en
Bruselas en 1674.
X . E l R. P. F r . Pablo de Todos los Santos escribió en latín una
Vida de N . P . S. Juan de la Cruz, impresa en 1675.
X I . E n 1675, el R. P. F r . Marcos de San Francisco, belga de na-
ción, escrbió en español un compendio de l a vida del Santo, que se
i m p r i m i ó en Lovaina.
X I I . E l Carmelita Descalzo francés, F r . Pedro de San Andrés,
imprimió en Aquisgrán en 1675 una Vida de N . P . S. J u á n de la
Crun.
X I I I . E l R. P. F r . Juan Pablo de l a Epifanía imprimió en Pa-
lefmo (1675), y en lengua italiana, una Vida de San Juan de la
Cruz.
X I V . E l R. P. F r . Rafael de San José, bávaro, escribió un com-
pendio de la Vida de N . P . S. Juan de la Cruz, impresa por dos veces
en Munich en los años 1676 y 1705.
XV". E l R. P. F r . Gaspar de l a Anunciación, natural de Bruselas,
escribió en español una Vida del Santo Padre, que imprimió en
la misma ciudad en 1678.
X V I . E l R. P. F r . Modesto de San Amable, natural de Auvernia,
en Francia, escribió en francés la Vida y sublimidad de doctrina
de N . P . S. Juan de la Cruz, cuya tercera edición se dió á luz en
Clermont, año 1682.
X V I I . Otra relación de las virtudes y santidad del Santo se es-
cribió en 1690 por el R. P. F r . Juan de Santa María, religioso del
convento de Toledo. También escribió una Relación de las virtudes
y santidad de San Juan de la Cruz el R. P. F r . Angelo de San Pablo,
Carmelita Descalzo español.
X V I I I . E n 1691, el R. P. F r . Blas de la Purificación, natural de
Roma, escribió un compendio de la Vida del Santo.
X I X . E l P. Pedro de San Andrés publicó en la Provenza, en el
siglo x v n , otra Vida del Santo.
X X . E n 1710 se imprimió en Venecia un compendio de la Vida
de N . P . San Juan de la Cruz, escrito por el R. P. F r . Vicente Ferrer
de San Jerónimo, natural de Milán.
X X I . E n 1717 se imprimió en Roma, por el R. P*. F r . Eustaquio
de Santa María, u n compendio de la Vida del Santo, y en 1726 otra
Vida mucho m á s extensa del mismo Santo.
X X I I . E n 1717, Juan Vázquez Piédrola hizo una edición de la
Vida de San Juan de la Cruz, que escribió F r . José de Jesús María
con arreglo á la impresa en Bruselas en 1627.
X X I I I . Honorato de Santa María"escribió una Vida del Santo con
motivo de su canonización, y se imprimió en Tornai en 1727.
X X I V . E l R. P. F r . Dositeo de San Alejo, natural de París, en
castizo lenguaje francés escribió una Vida de N . P . S. Juan de la
Cruz, en la que se encuentran muchas noticias sobre las fundacio-
nes de Carmelitas Descalzos y Descalzas de Francia, y en especial
- 89 —
de París, la que distribuida en dos tomos en 4.° fué impresa en
París en 1727.
X X V . E l R. P. F r . Miguel Francisco de San Juan Bautista dejó
escrita á su muerte^ acaecida en 1727, otra Vida de San Juan de la
Cruz.
X X V I . Dositeo de San Alejo publicó en París en 1728 l a Vida de
San Juan de la Cruz. Esta obra ha sido reimpresa en París en 1872.
X X V I I . E n 1729 escribió en italiano una Vida del Solitario de
Duruelo el R, P. F r . Juan Federico de Santa Rosa.
X X V I I I . F r . Alberto de San Cayetano publicó otra Vida del Se-
ráfico Doctor en Venecia en 1758.
X X I X . E l Abate Collet publicó otra en 1796.
X X X . E n 1837 se publicó en Treviso una Vita del Místico Dottore,
ilustrada con láminas.
X X X I . F r . Domingo de Jesús María escribió en Gratz la Vida del
Santo y la publicó en Viena en 1852.
X X X I I . E l Benedictino Lechner publicó otra Vida del Santo en
Ratisbona en 1872.
X X X I I I . E n 1875 se publicó en Cuenca el Compendio histó)ico
de la vida y novena del esclarecido Doctor místico San Juan de la
Cruz, primer Carmelita Descalzo y compañero de la seráfica Madre
Santa Teresa de Jesús en la reforma de la profética Orden de Nues-
tra Señora del Monte Carmelo, con un resumen de los avisos del
Santo, entresacados de su Sentenciario espiritual, y algunas de sus
célebres poesías, por D. Francisco María Martínez Marín, presbítero,
vicario de la parroquia de San Juan Bautista de Cuenca y catedrá-
tico de su Seminario.
X X X I V . E n 1879 se publicó en J a é n San Juan de la Cruz. E n -
sayo histórico, por el muy ilustre Sr. Dr. D . Juan Muñoz Garnica,
canónigo Lectoral de Jaén. Esta obra es de mucho mérito, y mere-
ció gran concepto entre los Padres Barnabitas de Italia y los Padres
Bolandos.
X X X V . E l R. P. F r . Jerónimo María de la Inmaculada Concep-
ción, actual General de Nuestra Orden, escribió en italiano un
Compendio de la Vida de N . P . S. Juan de la Cruz.
X X X V I . A ésta siguió, en 1882, otro compendio en español de la
Vida del Santo.
12
— 90 —
X X X V I I . E n 1891, el R. P. F r . Gregorio de Santa Salomé pu-
blicó el extracto que reproducimos en el cap. n de este Homenaje.
X X X V I I I . E n 1891, el presbítero D . Salvador M i r publicó en la
Bevista Carmelitana, pág. 46 y siguientes, un extracto cronológico
de la vida de San Juan de l a Cruz.
X X X I X . L a Bevista Carmelitana, de Barcelona, ha publicado en
1891 u n compendio de la Vida de San Juan de la Cruz.
X L . E n 1891. Compendio de la Vida del extático San Juan de la
Cruz, coadjutor de Santa Teresa de Jesús y fundador de la des-
calcez carmelitana. L a redacción de la Revista Carmelitana (Bar-
celona), con motivo del tercer Centenario de dicho santo, publica
en sus columnas la indicada Vida, compuesta por el Rvdo. Padre
Fr. Jerónimo de San José, carmelita descalzo. De la misma se ha
hecho otra edición suelta, que va adornada con siete preciosas es-
tampas.
X L I . Otra relación de las virtudes y santidad del siervo de Dios
fué escrita por la madre Bernardina de J e s ú s , religiosa del con-
vento de Veas.
X L I I . E l Rvdo. P. F r . Diego de l a Concepción, natural de Ca-
ravaca y fundador del convento de Carmelitas Descalzos de l a
m i s m á ciudad, escribió una Vida del Santo Padre.
X L I I I . E l doctor Alban Stolz publicó en Friburgo las Vidas de los
Santos, entre las que está la de San Juan de la Cruz, que contiene
algunos errores materiales, como el decir que la ciudad de Úbeda,
en donde murió el Santo, está situada en la América del Sur.
X L I V . Según l a revista San Juan de la Cruz, tomo i , pág. 739,
acaba de publicarse en lengua italiana una hermosa Vida de San
Juan de la Cruz, con motivo de su tercer Centenario, por el Rvdo. Pa-
dre Alfonso María de J e s ú s , carmelita descalzo, é inmediatamente
ha sido traducida al francés por el abate Feige.
X L V . Saint Jean de la Croix, traducción del italiano. Escrita esta
obra en italiano por el Rvdo. P. Alfonso María de Jesús, Carmelita
descalzo, en recuerdo del tercer Centenario de su glorioso tránsito, la
tradujo al francés el abate H . Feige, profesor del pequeño Semina-
rio de Melan (Alto Saboya), valiéndose de la segunda edición no-
tablemente aumentada, cuya traducción imprimió la acreditada
casa de Manuel Vitte, director de la Librería general católica y
— 91 —
clásica é impresor del Arzobispado y de las facultades católicas de
Lyon. Adorna este libro una interesante lámina al acero en que
se representa á nuestro San Juan como protector de las almas afli-
gidas. A l principio lleva una bella homilía aprobatoria de monse-
ñor el Obispo de Annecy, y una nota en que se expresa que este
libro no es más que un extracto del rico y precioso compendio de
la Vida del mismo San Juan de la Cruz, compuesto por un carme-
lita de Savona en 1857.
X L V I . H a n escrito también breves relaciones de la Vida de San
Juan de la Cruz, según dicen algunos escritores y cronistas de l a
Orden:
L a R. M . María A n a de Jesús (Herrera Meneses), priora del con-
vento de Carmelitas de Veas.
Sor Lucrecia de la Encarnación María de Jesús (De Sandoval y
Godinero), hermana de la V . Catalina de Jesús.
Sor María de la Encarcanación, priora que fué del convento de
Segovia,
Sor María de San Pedro, religiosa Carmelita del convento de
Granada.
Sor María del Espíritu Santo, del convento de Carmelitas Des-
calzas de Córdoba y una de las primeras religiosas que asistieron á
l a fundación.
Todas las ediciones castellanas y todas las versiones á otros idio-
mas, van precedidos de la Vida de San Juan de la Cruz.
X L V I I . Los Bollandos, Acta Sanctorum; Nicolás Antonio, Biblio-
techia Nova; Baillet, Vies des Sants; Croisset, Año Cristiano, y todos
los diccionarios y enciclopedias m á s notables, se han ocupado con
mayor ó menor extensión de la vida y obras de San Juan de l a
Cruz.
CAPÍTULO VIII.
OBRAS DE SAN JUAN DE LA CRUZ (1).
S u m a r i o : L Obras escritas por S a n J u a n de l a C r u z . — I I . N o t i c i a s sobre las
c a r t a s . — I I I . L a obra Espinas del e s p í r i t u . — I Y . Obras que e s c r i b i ó y se
han perdido.
t
Obras escritas por San Juan de la Cruz.
Las obras admirables que el Místico Doctor escribió, son las si-
guientes:
I. Subida al Monte dármelo por la obscura noche de la fe.—En este
libro trata qué se entiende por noche obscura y su necesidad para
pasar á la divina unión, particularmente de l a noche obscura, del
sentido y apetito y los daños que éstos causan al alma.
II. Subida al Monte Carmelo por medio de la fe en la noche obscura
del espíritu—Dice en él que la fe es el medio próximo para llegar
á la unión con Dios, y trata de l a noche segunda del espíritu conte-
nidas en la segunda canción.
III. Purgación y noche activa de la memoria y voluntad—T>Q cómo
se ha de haber el alma respecto de estas dos potencias para llegar
á unirse con Dios.
E n estos tres libros pone el Santo de m a n i f e s t ó l a necesidad de
la mortificación, no sólo de las pasiones, sino t a m b i é n de los afec-
tos de nuestra alma y sus operaciones intelectivas, á ñ n de merecer
la unión divina; qué reglas deben observarse en las visiones, revé-
( 1 ) E s t e c a t á l o g o es copia d e l p u b l i c a d o por San J u a n de la Cruz, r e v i s t a
C a r m e l i t a n o - T e r e s i a n a , d i r i g i d a por los Padres C a r m e l i t a s Descalzos.
- 93 -
laciones y otros favores de esta clase, y especialmente cómo deben
portarse los Directores espirituales al probarlos.
I V . De la noche obscura del alma con l a declaración de las cancio-
nes que encierran el camino de la perfecta unión.
V . De la noche obscura de la más íntima purgación del espíritu.—En
estos dos libros declara las tinieblas y aprietos interiores con que
Dios suele purgar las almas, más eficaz y vivamente que las propias
diligencias, lo hacen para subirla á la más alta perfección.
V I . Cántico espiritual entre el alma y Cristo, su Esposo.—Se inclu-
yen cuarenta canciones en este cántico, y al declararlas, toca los
tres estados ó vías del ejercicio espiritual , á saber: l a purgativa ó
de los principiantes, la iluminativa ó de los aprovechados, y la uni-
tiva ó de los perfectos, por los cuales pasa el alma hasta llegar al
estado beatífico.
V I I . Llama de amor viva y declaración de las canciones que tratan
de la más intima unión y transformación del alma con Dios.—Aunque
en las canciones arriba declaradas habla el Santo del grado m á s
subido de perfección que en esta vida se puede alcanzar; es decir,
l a transformación en Dios ¡ todavía trata en estas canciones del
amor m á s calificado y perfeccionado en este mismo estado de trans-
formación.
V I H . Instrucción y cautelas para ser verdadero religioso.—Es decir,
para que el religioso pueda llegar en breve al santo recogimiento,
silencio espiritual, desnudez y pobreza de espíritu, con los cuales
se goza del pacífico refrigerio del alma y se alcanza unidad con Dios.
I X . Avisos y sentencias espirituales.—Estas máximas, dice el Santo,
darán discreción al caminante, le alumbrarán en su camino y le
proveerán de motivos de amor para su viaje.
X . Poesías.—Los diferentes asuntos que en verso trató el Santo
Padre, se encierran en los títulos que siguen: 1.° «Coplas del alma
que pena por ver á Dios.» 2.° «Coplas sobre un éxtasis de alta con-
templación.» 3.° «Canción de Cristo y el alma; esta canción repre-
senta á Jesús bajo la figura de pastor.» 4.° «Sobre el Evangelio In
principio erat Verhum.» 5.° «De los deseos de los Santos Padres.»
«6.° Sobre el salmo Super flumina Bahylonis.»
X I . Cartas espirituales.—Estas fueron escritas á diferentes perso-
nas que procuraron aprovecharse de sus consejos coJestiales.
— 94 —
X I I . Son también de San Juan de la Cruz la adición y corrección
que hizo de la Primera instrucción de novicios, escrita por F r . Blas
de San Alberto. (Muñoz y Garnica, San Juan de la Cruz, pág. 281.)
II.
IVoticias sobre las cartas.
Los importantes cargos que San Juan de la Cruz obtuvo en la
Orden, l a fama de su santidad, ciencia y don de consejo, y sobre
todo la gran obra de la Reforma, que acometió con éxito feliz y
glorioso en u n i ó n de Santa Teresa de Jesús, le obligaron á sostener
una correspondencia importante y frecuente, no sólo con los reli-
giosos de su Orden, sino con otras muchas personas eclesiásticas y
civiles de diferentes categorías. Sin embargo, sólo se han podido
reunir y se han impreso diez y ocho; diez y siete en l a mayor parte
de las ediciones de las obras del Santo, y la diez y ocho ha perma-
necido inédita hasta que la dió á luz el Sr. Muñoz y Garnica {San
Juan de la Cruz, apéndice n ú m . I.0, pág. 411). F u é escrita á las re-
ligiosas de Veas y se conserva en el relicario de la suprimida cole-
giata de Pastrana.
Estas diez y ocho cartas autógrafas del Santo fueron escritas:
una en Baeza, cuatro en Granada, una en Sevilla, siete en Segovia,
tres en Madrid, una en la Peñuela y la ú l t i m a en Málaga.
III.
L.a obra ccJEspinas del espíritu».
H a sido y aun es controvertido si fué San Juan de l a Cruz el
autor de esta obra.
Vamos á exponer las opiniones emitidas en contra, así como la
afirmativa de los R R . P P . Carmelitas descalzos, á que nosotros nos
adherimos.
Muñoz y Garnica (¿fon Juan de la Cruz, pág, 397) dice:
«Ahora conviene tratar de otro escrito que algunos atribuyeron
al Santo, y que no figura en l a colección de sus obras, n i j a m á s se
- 95 —
publicó con su nombre. Me refiero al opúsculo Espinas del espiritu,
que, según antiguas noticias, escribió San Juan de la Cruz en la
soledad del Monte Calvario. Hablan de este opúsculo F r . Jerónimo
de San José (lib. i v , cap. v m ) , F r . José de Santa María, historiador
de l a Reforma, y F r . Pablo de los Santos, historiador de la Congre-
gación de Italia. Relatando este último los escritos de San Juan de
la Cruz, dice así: «Item, aluid cujus titulus Spince spiritus.»
»Ha llegado á mis manos este opúsculo, que se imprimió en 1637
sin nombre de autor, al fin de algunas sumas espirituales. Se com-
pone de ocho coloquios entre el Esposo y la Esposa; y cuando se
trabajó en l a edición sevillana de las obras del Santo, hacíase al
mismo tiempo una impresión de las Espinas; pero los colectores de
Sevilla no le dieron cabida: prueba de que no le creyeron del Santo.
»E1 ejemplar que poseo está impreso en Barcelona por Francisco
Lufdael; l a licencia para la impresión se dió á 28 de Octubre
de 1724. Hizo el impresor sus averiguaciones con el deseo de cercio-
rarse si correspondía ó no á San Juan de l a Cruz. Averiguó que se
hallaban manuscritos antiguos en los conventos de Andalucía. U n
carmelita tenía noticia de ocho y poseía dos, uno de los cuales
pertenecía al desierto de las Nieves (Serranía de Ronda), y era del
año 1600. Para el anónimo carmelita ésta es la mejor copia del
opúsculo que escribió San Juan de la Cruz, y supone que lo escribió á
petición de la Venerable A n a de Jesús, y que sólo á ella y á las car-
melitas puede referirse el coloquio i v . Para mostrarse imparcial da
sus razones en pro y en contra ¡ pero á lo último alega la conformidad
del estilo con el de otros escritos ciertos del Santo, y esta razón es
la que principalmente milita contra él, pues el estilo es diferente,
como de quien quiso imitarle y no pudo. L o probable es que, con-
servándose la noticia de que San Juan de la Cruz escribió un tra-
tado con el título de Espinas del espíritu, algún religioso carmelita
lo escribiese, trasladando al papel la doctrina del Santo, ó lo que él
hubiera aprendido en los libros de tan sabio maestro, tomando del
Cántico espiritual la idea de esos coloquios entre el Esposo y la Es-
posa, y tramando un diálogo sin gracia, impropio de la elevación
y magnificencia de San Juan de la Cruz. Se imprimió en Cádiz,
Sevilla y Barcelona; sesenta años corrió sin nombre de autor, y sólo
cuando se perdió la esperanza de hallar el que según antiguas no-
— 96 —
ticias lo escribiría, á un carmelita (que no le nombra) se le antojó
decir: «Ese fué probablemente el tratado que escribió el Santo, y
»aquí tengo la mejor copia, l a m á s antigua y correcta.» Entrado el
siglo XVIII defendió tan mala causa el historiador general Fr. M a -
nuel de San Jerónimo. Y pudiera, di9e, haberse impreso con las
demás obras, pues tengo yo comprobado en apología aparte que
es dicho tratado obra del Santo» (1).
E n la nota primera de la pág. 400 dice el Sr. Muñoz y Garnica:
«Díceme el sabio P. Piantoní, Superior de los Barnabitas en Fran-
cia, que hallándose en París en 1865, y habiendo de predicar de
San Juan de la Cruz, buscó sus obras, y dió con la versión italiana
en Venecia de 1748 (sería la de 1747), dedicada á un Arzobispo de
Florencia, de la familia de San Andrés Corsini. Allí vió y copió
el Dialogo delle Spine (creduto in quella edizione opera del Santo).»
Es cuanto pudo decir sobre el asunto, con aplomo y cordura, el
ilustre escritor, m i respetable amigo. N i el sabio barnabita cree que
este opúsculo sea el que escribió San Juan de la Cruz, n i el ilustre
Doctor G . Cosso atribuye gran mérito á las versiones italianas de
las obras del Santo. D i mió senno (son sus palabras) duhito assai se
abhiamo pur una pregerole.
Una de las razones en que se funda el Sr. Garnica es la diferen-
cia de estilo, presentando como muestra el principio del primer
coloquio, y añade: «Basta la muestra para conocer la afectación y vul-
garidad de todo el opúsculo.-»
Dicho sea con el respeto á que es acreedor por su ciencia y labo
riosidad el Sr. Garnica: nuestro antiguo amigo, no está en lo cierto
en las caliñcaciones que hace de la diferencia de estilo. E l espíritu
y el estilo de Espinas es en nuestro concepto igual al de las obras
del Santo, y así lo expusimos al examinar sus obras en los años
que tuvimos á nuestro cargo la cátedra de literatura en la Univer-
sidad de Sevilla, y con arreglo á los apuntes manuscritos originales
nuestros que perdimos en el período de l a revolución.
H o y volveríamos con gusto á hacer este estudio crítico y compa-
rativo, pero
Nec mens, neo spatium sunt satis apta paranti.
(1) Reforma de los Descalzos, t. v i , p á g . 765.
- 97 -
A los críticos y literatos apelamos para que hagan ese cotejo aná-
litico, y seguros estamos que su dictamen no podrá menos de ser
favorable y conforme al nuestro.
E l Licenciado D . Toribio de Arenas, citado por Muñoz y Cár-
nica (pág. 399, nota), no vaciló en calificar libro de oro al opúsculo
Espinas, y el mismo Arenas dice «que se extasiaba leyendo los ocho
coloquios de que consta, dudando, añade, si serán obra de un hom-
bre docto y justo, ó más bien inspiración del cielo.»
Y pues muestras de la diversidad de estilo alega el Sr. Muñoz y
Garnica para su propósito, en esas mismas muestras encontramos
l a inexactitud de lo que dice, porque si bien el primer período que
cita puede ser calificado de Mmemhre, no sucede lo mismo en el pe-
ríodo de contestación del Esposo á la Esposa. Tampoco es exacto
que el estilo sea amanerado, y mucho menos que predominen las
antítesis y los dilemas.
Los ilustrados redactores de l a revista Carmelitano-Teresiana de
San Juan de la Cruz, al final del catálogo de obras de este Santo
antes copiado, hacen la siguiente observación sobre el Tratado de
las Espinas:
«Imprimióse también en el año 1701 el Tratado de las Espinas del
espíritu en diálogos; pero varios autores, y entre ellos el Sr. Muñoz
Garnica, niegan que sea del Santo; esto no obsta para que la Orden
Carmelitana lo crea escrito por San Juan de l a Cruz».»
Nos adherimos á la opinión de los P P . Carmelitas, y como éstos
creemos que el Tratado de las Espinas es original de San Juan de
la Cruz.
L a Bihliotecha Scriptorum Carmelitarum (véase el párrafo n del
capítulo v n de este Homenaje) dice que Espinas es obra de San Juan
de l a Cruz porque vexitate delacta Sancto Doctori ad scribendum est.
IV.
Obras que e s c r i b i ó San Juan de la Cruz y se han perdido.
E l Pájaro solitario. Que San Juan de la Cruz escribió una obra, ó
m á s bien un tratadito con dicho título, lo afirma bajo juramento un
testigo de vista, la madre Isabel de la Encarnación, contestando á
13
— C8 —
la pregunta 35, en las informaciones hechas en Jaén para la bea-
tificación de San Juan de l a Cruz. H e aquí copia de la contestación
de l a madre Isabel:
«Á la pregunta 35, digo: que sé que el Santo F r . Juan de l a Cruz
compuso los libros que dice la pregunta, de los cuales tuve yo al-
gunos de sus cuadernos originales en Granada, y sé que son suyos;
y asimesmo v i otro tratadillo suyo que se intitula Propiedades del
pájaro solitario, en donde, á lo espiritual, explicaba la soledad y aten-
ción que el alma, en el camino de la perfección, ha de tener al
cielo.»
Reglas para discernir los milagros verdaderos de los falsos. Entre
otros autores, dice Muñoz y Garnica que San Juan de la Cruz es-
cribió esta obra, y añade que lo hizo en la Peñuela.
CAPÍTULO IX.
NOTICIAS DE LOS AUTÓGRAFOS DEL SANTO, LUGARES EN QUE
ESCRIBIÓ, Y DÓNDE SE CONSERVAN.
S u m a r i o : I . A u t ó g r a f o de l a obra Subida al Monte Carmelo.—II. í d e m del
Cántico espiritual.—III. í d e m de las Declaraciones del C á n t i c o . — I V . í d e m
de otras obras del S a n t o . — V . í d e m de las Sentencias espirituales.—VI. Re-
glas para discernir los milagros verdaderos de los f a l s o s , — V I I , A u t ó g r a f o
de l a O r a c i ó n de la V i r g e n . — V I I I . Cartas.
t
Subida al Monte Carmelo.
San Juan de la Crnz escribió esta obra en el Calvario, según dice
F r . José de Jesús María en la Vida del Santo. E n este mismo lugar,
añade Muñoz y Garnica {San Juan de la Cruz, pág. 281), emprendió
otros Tratados, que adelantó y acabó en el convento de los Már-
tires.
II.
C á n t i c o espiritual entre el alma y Cristo, su esposo.
Escribió esta obra estando preso en Toledo, sobre cuya prisión
da importantes detalles Muñoz y Garnica {San Juan de la Cruz, pá-
gina 146 y siguientes).
L a revista Carmelitana-Teresiana &in Juan de la Cruz (1890),
hablando de los trabajos del doctor místico sufridos en Toledo,
dice:
«Jamás se separó de su Amado ausente en aquella amarga aflic-
— 100 —
ción, y con elevadísimo espíritu, superior á todos los trabajos, com-
puso aquella célebre canción: ¿A dónde te escondiste, Amado? Que
por carecer de tinta entonces, no pudo escribir hasta después de
haber salido milagrosamente de la cárcel, estampándola en el pa-
pel cuando era Vicario del Calvario.
San Juan de la Cruz comentó el (Mntico espiritual en Granada, y
lo corrigió ó retocó en la Peñuela, según dice Muñoz y Garnica.
{San Juan de la Cruz, pág. 281.)
III.
Declaraciones del C á n t i c o espiritual.
Escribió esta obra en la Alhambra de Granada, á instancia de la
V. M . A n a de Jesús y de otras personas piadosas, según aparece del
Códice que conservan las monjas Carmelitas de Jaén.
L a portada de este precioso autógrafo dice a s í : Declaración de las
canciones que tratan del exercicio de amor entre el alma y el esposo
Cristo, en la qual se tocan y declaran algunos puntos y effectos de ora-
ción , á petición de la madre Ana de Jesús, priora de las Descalzas de
Sant Joseph de Granada, año 1584 años.
Muñoz y Garnica (San Juan de la Cruz, pág. 282), dice que en la
biblioteca del Excmo. Sr. D. Eduardo Fernández de San Román, se
conserva un M S . contemporáneo del autógrafo de San Juan de la
Cruz, que contiene el Cántico espiritual y sus Declaraciones.
IV.
Otras obras del Santo.
Las obras IJama de amor viva (sin glosas), Las canciones del alma,
unas Coplas hechas sohre un éxtasis de harta contemplación, otras D e l
alma que pena por ver á Dios; Coplas y glosas á lo divino; un Cantar
del alma que se goza de conocer á Dios por fe, y todos los Romances,
forman el precioso Códice autógrafo del Santo, escrito de su p u ñ o
en letra pequeña, redonda, clara, y de buena forma.
Estas obras formaban un libro en cuadernos sueltos, que
— 101 -
la V . A n a de Jesús donó á Sor Isabel de la Encarnación, novicia
en el convento de Carmelitas de Granada. Luego que profesó, fué
trasladada al convento de Baeza, donde permaneció once años. De
JBaeza pasó á Jaén para fundar aquel convento, del que fué Priora,
y en esta ciudad reunió los cuadernos autógrafos del Santo en u n
volumen en 8.°, que hizo encuadernar con tapas de terciopelo car-
mesí y cortes dorados, sujetos con manecillas de plata, tal y como
le custodian con veneración las religiosas de Jaén.
A i frente de este Códice se leen las noticias anteriores escritas
por F r . Salvador de la Cruz, fechadas en Jaén á 3 de Febrero
de 1670.
Sentencias espirituales.
Los Sres. Marqueses del Contadero, D . Jerónimo Pérez de Var-
gas y Zambrana, y D.a María Justa Cañábate, conservan u n pre-
cioso fragmento autógrafo de doce folios en 8.°, cuyo fragmento
tuvo presente F r . Andrés de Jesús María para la edición de las
obras del Santo, hecho en 1702.
Los Piédrolas de A n d ú j a r , los Excmos. Sres. D. Jerónimo Pérez
de Vargas y Zambrana, y D.a María Justa de Cañábate y Piédrola,
Marqueses del Contadero, poseen un fragmento de las Sentencias es-
pirituales de San Juan de la Cruz.
VI.
Reglas para discernir los milagros verdaderos de los falsos.
Este Opúsculo, que es una de las obras que se han perdido, lo
escribió en l a P e ñ u e l a , según dice Muñoz y Garnica {San Juan de
la Cruz, pág. 280).
— 102 —
VII.
O r a c i ó n á la S a n t í s i m a Virgen.
E l libro de las profesiones de las Carmelitas de Veas contiene, de
puño y letra de San .luán de la Cruz, una Oración á la Santísima
Virgen, y varias partidas y notas marginales del tiempo en que el
Santo fué Vicario de Andalucía.
L a Oración á la Santísima Virgen dice así:
«JESÚS, MARÍA, JOSEPH.
SANCTISSIMA MARÍA, VIRGEN DE VÍRGENES, SAGRARIO DE LA SANC-
TISSIMA TBINIDAD, ESPEJO DE LOS ANGELES, REFUGIO SEGURO DE LOS
PECADORES, APIÁDATE DE NUESTROS TRAVAJOS, RECIBE CON CLEMEN-
CIA NUESTROS SUSPIROS, Y APLACA LA IRA DE TU HIJO SANCTISSIMO.»
VIII.
Cartas.
E n el relicario de la ex colegiala de Pastrana se conserva la Carta
del Santo, publicada como inédita por Muñoz y Garnica.
E n l a Peñuela dió San Juan de l a Cruz la última mano á sus
obras. Por ú l t i m o , corrigió y adicionó la primera Instrucción de no-
vicios, escrita por F r . Blas de San Alberto.
CAPÍTULO X .
EDICIONES DE LAS OBRAS DE SAN JUAN DE LA CRUZ.
S u m a r i o : I . A d v e r t e n c i a i m p o r t a n t e . — I I , C a t á l o g o d é l a s ediciones e s p a ñ o l a s .
1.
Advertencia sobre las ediciones.
Antes de enumerar estas ediciones vamos á reproducir lo que so-
bre los manuscritos de San Juan de la Cruz y su impresión dice en
una advertencia preliminar el autor de l a Vida del Doctor extático,
ú l t i m a edición. Madrid, 1872.
«Anduvieron estas obras ocultas (viviendo el beato Padre) en
manos de personas espirituales; y después de su dichoso falleci-
miento se comenzaron á divulgar y correr por varias tierras y pro-
vincias, con tanto aplauso y estima, cuanto peligro de viciarse en
la multiplicidad de manuscritos, donde se vinieron finalmente á
mutilar y corromper. Cebado con todo esto el gusto con l a expe-
riencia del provecho que l a gente espiritual hallaba en su lectura,
comenzaron á clamar por su impresión; y era tan impaciente la
instancia que á la Religión se hacía en este caso, que amenazaban
algunos los imprimirían en su nombre; y otros, indignados, ó agra-
decidos á esta detención, se valieron de ella para vender por suyos
fragmentos de estos libros. Hubo la Religión de apresurar el paso
viendo el peligro; y ajlistando y examinando los más fieles manus-
critos que por entonces se hallaron, acordó sacarlo á luz, como se
hizo el año de 1618 en Alcalá, y el siguiente en Barcelona. Publi-
cados y esparcidos en brevísimo tiempo por España y otras provin-
cias estos libros, se tradujeron é imprimieron en varias lenguas, y
— 104 —
especialmente en la italiana, en la cual salió añadido á los demás
un libro que faltaba del mismo autor. Sirvieron todas estas impre-
siones y diligencias no tanto de satisfacer, cuanto de aumentar el
deseo de infinitos devotos que pedían y cada día piden estos libros.
Y así, viendo l a falta que había de ellos, y la ardiente devoción con
que en todas partes se buscaban, fué necesario acudir con la tercera
impresión, que se hizo en Madrid año de 1G30, en la cual se añadió
un nuevo libro á los demás ya impresos en E s p a ñ a , que es el de
las canciones que comienzan: «Á dónde te escondiste.»
E l Sr. Muñoz y Garnica en su obra San Juan de la Cruz, ««Ensayo
histórico», dice:
«El P. Vicuña, rector del colegio de la Compañía de Jesús en
Übeda, j u n t ó los originales del Santo, los copió y remitió á doña
Teresa de Zúñiga, Duquesa de Arcos, estimándolos por un gran
tesoro.»
Hablando este autor de las ediciones de los escritos de San Juan
de la Cruz, dice lo siguiente:
«Pero transcurrido mucho tiempo, agotadas las antiguas edicio-
nes, estragada la vida del espíritu, faltas las almas de certera di-
rección, extinguidas tantas luces, apenas hay quien conozca los
admirables escritos de San J u a n de l a Cruz, n i se imagine l a ga-
nancia que reportaría guiándose por ellos. Muchas ediciones se
han hecho después m á s ó menos correctas, m á s ó menos completas,
aunque ninguna comprende una Oración á la Santísima Virgen,
que copié del libro de las profesiones de religiosas carmelitas de
Veas, n i una Carta que se guarda en el relicario de la suprimida
iglesia colegial de Pastrana, escrita en Málaga á 18 de Noviembre
de 1856.»
II.
C a t á l o g o de las ediciones e s p a ñ o l a s .
L L a primera edición de las obras de San J u á n de la Cruz se
hizo en Alcalá de Henares en 1618 con arreglo á los manuscritos
que hasta entonces se encontraron.
II. E n 1619 se hizo la segunda edición en Barcelona.
• Estas dos ediciones fueron acogidas con tan entusiasta admira-
— 105 —
ción que de ellas se hicieron y publicaron traducciones en francés
y en italiano.
III. E n 1630 se hizo en Madrid la tercera edición adicionada con
las canciones que empiezan <A dónde te escondiste d , que no estaban
impresas en las ediciones anteriores.
I V . E n 1635 se hizo otra edición en Barcelona.
V . E n los años 1649,1671 y 1679 se hicieron otras tres ediciones
en Madrid.
V I . E n 1693 se publicó otra edición en Barcelona.
V I I . E n 1694 se hizo otra en Madrid.
V I I I . E n 1700 se publicó otra en Madrid.
I X . E n 1702 se hizo la undécima edición en Sevilla. E n la in-
troducción y advertencia general de esta nueva edición se expre-
san las ediciones anteriores.
Esta edición es l a mejor de todas las anteriormente publicadas
y la m á s conforme á los autógrafos.
L a hizo el Rvdo. P. F r . Andrés de Jesús María, Prior del Con-
vento de Carmelitas de Sevilla, á expensas del limo. Sr, D . San-
tiago Palafox y Mendoza, Arzobispo de aquella ciudad y diócesis.
V a ilustrada con notas escritas por F r . Diego de J e s ú s , Prior del
Convento de Carmelitas de Toledo.
X . E n 1701 se hizo en Sevilla, en 8.°, una edición de los Consejos
y advertencias espirituales extractados de las obras de San Juan de la
Cruz, así como de algunos de sus cánticos y composiciones poéti-
cas y del titulado Espinas, que, según el Sr. Muñoz y Garnica en
su Ensayo histórico sobre la vida de San Juan de la Cruz, no es obra
auténtica de este Santo.
X I . E n 1883 se hizo en Barcelona otra edición de las obras com-
pletas de San Juan de l a Cruz, con su prodigiosa vida y milagros y
copiosos índices y aclaraciones. Edición económica por la empresa
titulada L a Verdadera ciencia española. Cuatro tomos en 8.° mayor,
á 1;25 pesetas tomo ó 5 pesetas todas las obras.
X I I . E n 1883, Subida al Monte Carmelo, por el mismo doctor San
Juan de la Cruz. L a Tipografía Española, de Barcelona, en 1883 dió
á la prensa la principal de las obras de San Juan de la Cruz, al
objeto despopularizarla entre los fieles. Forma un volumen de 326
páginas en 8.°, encuadernado , al precio de 1,50 pesetas.
14
106
X I I I . L a Biblioteca de Autores Españoles, publicada por el editor
D. M . Rivadeneyra, contiene, en el tomo x x v n , impreso en 1853,
una nueva edición de las obras de San Juan de la Cruz, precedida
de su Vida y de un juicio critico digno de censura.
X I V . E n 1872 la Compañía de impresores y libreros del reino
hizo otra edición precedida de un prólogo, escrito por el esclare-
cido filósofo cristiano D . Juan Manuel Ortí y Lara, catedrático de
la Universidad Central.
X V . L a revista San Juan de la Cruz y la Carmelitana, de Bar-
celona, han publicado en diferentes números las Sentencias espiri-
tuales y algunas poesías de S^n Juan de la Cruz.
CAPÍTULO XI.
TEADUCCIONES DE LA VIDA Y ESCRITOS DE SAN JUAN
DE LA CRUZ (1).
S t J M A R i O : I . Versiones á varios i d i o m a s . — I I . L a s ediciones y versiones s e g ú n
la Biblioteca de Escritores Carmelitas.
Versiones á varios idiomas.
H a n traducido la vida y escritos del Santo Padre:
L E l Rvdo. P. F r . Alejandro de San Francisco, del español al
italiano.
II. E l Rvdo, P. F r . Amable de San José tradujo del italiano al
francés la vida del Santo.
III. E l Rvdo. P. F r . Andrés de Jesús, polaco de nación, hizo una
hermosa traducción en latín de las obras místicas de nuestro Pa-
dre San Juan de la Cruz.
I V . E l Rvdo. P. F r . Andrés de Jesús María puso notas á las no-
tas del Santo en las últimas ediciones hechas en Sevilla. E l Reve-
rendo P. Fr. Angel de San José distribuyó las sentencias de nues-
tro P. San Juan de la Cruz y de nuestra Madre Santa Teresa para
todos los días del año.
V . E l Rvdo. P. F r . Antonio de Jesús, belga de nación, impri-
mió por los años 1637 una traducción hecha por él mismo de las
obras espirituales de nuestro P. San Juan de la Cruz.
V I . E l Rvdo. P. F r . Dionisio de la Madre de Dios, natural de Bur-
(1) E l ilustre D r . G . Cossa no atribuye g r a n m é r i t o á las versiones italianas
de las obras del Santo. « D i m i ó senno, dice, dubito assai se ne abbiamo pur
una p r e g e r o l e . »
— 108 —
deop, tradujo al francés los Cánticos espirituales de nuestro P. San
Juan de l a Cruz, la Subida del Monte Carmelo, l a Noche obscura del
alma y la Llama de amor viva.
V I I . También tradujo al francés la vida de nuestro P. San Juan
de la Cruz el Rvdo. P. F r . Elíseo de San Bernardo.
V I I I . E l Rvdo. P. F r . Manuel de San Jerónimo publicó una obra
intitulada Crisis mística contra los corruptores de la doctrina de nuestro
Padre San Juan de la Cruz.
I X . E l Rvdo. P. F r . Ernesto de Santa María tradujo al alemán
las Sentencias espirituales de nuestro P . San Juan de la Cruz.
X . E l Rvdo. P. F r . Francisco de Santa María puso comentarios
á las poesías del Santo; y el Rvdo. P . F r . Francisco de la Presenta-
ción, imprimió en dos tomos las oraciones panegíricas y sermones
predicados con motivo de la beatiñcación del Santo.
X I . E l Rvdo. P. F r . Gaspar de la Madre de Dios, después de ha-
ber traducido del alemán al latín las sentencias espirituales de
Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, las acomodó á los
días y festividades del año.
- X I I . E l Rvdo. P. F r . Gregorio Nazianceno de San Basilio puso
en verso francés los tres cánticos místicos de nuestro P. San Juan
de la Cruz. E l P. F r . Guillermo de San José, alemán de nación,
tradujo del español á su propio idioma la vida del Santo.
X I I I . E l Rvdo. P. F r . Isidoro de Santo Domingo, belga de na-
ción, tradujo del español al latín las canciones místicas del primer
Carmelita Descalzo.
X I V . E l Rvdo. P. F r . Lorenzo de San Cayetano puso en ita-
liano las sentencias entresacadas de las obras de San Juan de l a
Cruz.
X V . E l Rvdo. P . F r . Lorenzo de l a Visitación puso en verso
francés el cántico de amor divino del mismo Santo.
X V I . Otra versión al francés del cántico de amor divino y otros
cánticos espirituales del mismo Santo fué hecha, á mediados del
siglo XVII, por el Rvdo. P. F r . Luciano de Santa María.
X V I I . E l Rvdo. P. F r . Marcos de San Francisco tradujo al ita-
liano las obras de San Juan de la Cruz, añadiendo á ellas l a vida
del Santo.
X V I I I . E l año 1699, junto con la traducción al alemán de las
-------
— 109 —
obras de nuestro P. San Juan de la Cruz, se hizo la de un compen-
dio de la vida del mismo por el Rvdo. P. Fr. Modesto de San Juan
Evangelista.
X I X . E l Rvdo. P. Fr. Paulino de San José tradujo al belga las
Sentencias espirituales de nuestra Madre Santa Teresa de Jesús y de
nuestro P. San Juan de la Cruz.
X X . E l Rvdo. P. F r . Servasio de San Pedro, belga de nación,
tradujo á esta lengua las obras de nuestro P. San Juan de la Cruz.
X X I . E l Rvdo. P. Fr. Vicente de la Cruz hizo una versión en la-
tín de la vida de nuestro P. San Juan de la Cruz.
X X I I . E l mismo Padre imprimió una Explicación de los cánticos
espirituales del Santo.
X X I I I . E l Rvdo. P. F r . Carlos María del Sagrado Corazón de Je-
sús, francés de nación, tradujo á este idioma las obras de nuestro
Padre San Juan de la Cruz ¡ pero sólo imprimió la Subida del Monte
Carmelo, dejando manuscritos en hermosos versos franceses la ^ o -
che obscura y el Cántico espiritual.
X X I V . Gallus Schieab, párroco de Gobembach (Baviera), pu-
blicó una traducción de las obras de San Juan de la Cruz en Sulz-
bach en 1830. Se reimprimió en Ratisbona en 1858 por el doctor
Magnus Jocham.
X X V . E n 1864 se publicó en Londres Complete Works of S. John
of tlie Gros of the Order of our Lady of Mount Carmel, translated
from the original spanish by David hervís,
X X V I . E l P. Maillard, de la Compañía de Jesús publicó la tra-
ducción de las obras de San Juan de la Cruz en 1695, y fueron
reimpresas en 1864.
X X V I I . E l Abate Godescar publicó preciosas advertencias á la
Vida de San Juan de la Cruz, escritas por el inglés Butler.
II.
Hdiciones y versiones s e g ú n la « B i b l i o t e c a de Escritores
Carinelitasx>.
Para mayor ilustración de esta materia, copiamos lo siguiente
que, sobre las ediciones y versiones de las obras de San Juan de la
Cruz, leemos en las páginas 228 y siguientes de la Bibliotheca Scrip-
— 110 -
torum utriusque Congregationis et sexus Carmelitarum excálceatorum per
P . Martialem a Sí Joan. Baptísta, Budugaliíe, 1730:
« Scripta Sancti Doctoris, per totum orbem divulgata, edita snnt
Compluti armo 1618. Barcinone, 1619. Matriti, 1630. Barcinone,
1635. Matriti, 1649, 1671, 1679. Barcinone, 1693. M a t r i t i , 1694
et 1700. H i s p a l i , 1702, qnse editio omnium qníe hnjnsque prtelo
subjecta erant, sno autographo conformior evasit. Curam illius
editionis suscepit R. P. Andrceas a Jesu Maria, Prior Hispalensis,
sumptus snppeditavit Illustrissimus Dominns Jacobus de Palafox
et Mendoza, illius Civitatis Archiepiscopus, cujus vitam seripsit
Emanuel noster a S. Hieronimo. Adjunguntur i n fine illius volumi-
nis, i n magno folio redactis, ad faciliorem phrasium Mysticarum
intelligentiam, notce Didaci a Jesu, Toletani Prioris.
^Insuper i n quodam volumine separato Hispali etiam edito
auno 1701 i n 8.° prodiere i n lucem, mónita spiritualia, cui accessere
alise sententise, ex ómnibus illius operibus extracta;, et suis locis
cum opportunis citationibus inductse. I b i etiam legitur illa Egloga
d i v i n a , et spiritualis, quam stylo dramático S. Pater composuit,
incipiens: Ubi latitasti, etc., ad eruendos Mystici hujus Canticisen-
sus, qusedam breves annotationes ad calcem cujus cumque strophce
appositse sunt, quibus quidquid i n corpore obscurum, vel ambi-
guum est perstrictim dissolvitur. In eadem editione insertum
fuit quoddam opusculum prcenotatum Hispanice: Espinas, seu octo
Cántica inter Sponsum D i v i n u m , et Sponsam complectens; quod
olim ambiguum fuit, an esset illius legitimus fce tus, sed veritate
detecta Sancto Doctori adscribendum est.
» Q U 0 D SPECTAT AD VERSIONES E X H l S P A N O IN ALIA IDIOMATA
PACTA, antiquior, qua3 ad meam cognitionem pervenit, est.
»I. Galilea D . Renati Gaultier, Consiliarii Regii, de nostra refor-
matione optime meriti, qui multum desudavit, ut eam ex Hispanise
et Gallicam traduceret. Prodiit hsec editio Parisiis anno 1621, tomis
duobus i n 8.°
»!!. Hanc subsecuta est alia á Cypriano h Nativitafe, Parisiis, 1641;
i n 4.° illius exemplaribus distractis aliam adortus est aecuratissi-
mam, i n qua príecedentis methodum, i n quibusdam inmutavit.
E u m autem secutus est ordinem, príemisso prsemiali discursu Hie-
ronimi a S. Joseph, circa eorundem librorum et lectionem, et com-
— 111 —
mendationem, ac quibusdam eruditorum virorum elogiis ¡ incipit
á tabella ajnigmatica, Summam doctrinse S. Patris reprsesentante,
post seqiuintur libri tres de Ascensu Montis Carmeli ¡ libri dúo de
nocte obscura; explicatio Canticorum inter Christum et animam;
V i v a amoris flamma; Cautelse adversus mundum, diabolum et
carnem; Sententise spirituales, epistolse et Índices copiosissimi. H i s
accedunt Tractatus Theologicus de unione divina, per Ludovicum a
S. Teresio,. Elucidatio phrasium Mysticarum S. Patris per Nicolaum
h Jesu M a r i a , et discursus i n eadem opera, -pev Jacobum a Jesu,
Priorem Toletanum, ex versione Gallica D . Benati Gaultier, de quo
Bupra.
Cum autem hujus editionis exemplaria, vix venalia apud
Typographos íeperirentur, novam adorsus est versionem R . P. Joari-
nes Maillard, Societatis Jesu, quse prodiit Parisiis i n 4.°, anno 1694,
sed ud verum fateamur, quamvis eleganssit hujus modi versio multis
tamen deficere certum est; nam 1.° Cántica idiomate Hispano á
S. Patre versibus conscripta, non versus Gallicos, sed i n solutam
orationem i n qua multo minus est energise, et succi, transtulit.
»TV. Quamvis non adeo arduum est ea i n versus Gallicos ver-
tere, ut videntur i n versione P. Cypriani satis feliciter, et i n ejus-
dem Sancti vita Gallice edita per Dositheum a S. Alexio, anno 1727.
Secundo, textum interdum mutavit, propositiones quasdam emo-
Uiit, alias temperavit, omisit, ut sine ulla offensione á quibus-
cumqne Lectoribus percurri possent, sicque elucidationibus alias
factis non indigerent. Laudendum sane motivum, nec contra v i -
rum p i u m et doctum succedendum, attamen si suas explicationes
charactere Itálico, aut i n margine reposuisset non facite decipe-
rentur Lectores eas pro textu Santi Doctoris sumendo, satiusque
fuisset notas quasdam marginales apponere distincto charactere, ut
cognosceretur, quid Sancti Doctoris, quid Interpretis esset; aut
saltem relinquere elucidationes quse i n prsecedenti versione Cy-
priani h Nativitate repositse sunt. Sane optandum esset, ut aliquis
novam eorundem operum versionem Gallicam aggrederetur, con-
formiter ad Hispanam Hispalensem anni 1702, cum notis textus
difficiles, aliisdistinctischaracteribus, elucidantibus, etpseudo Mys-
ticorum errores evertentibus claris et evidentibus Sancti Doctoris
authoritatibus. H i s adjungi deberem, saltem elucidationes phrasium
— 112 —
Mysticarum á R. P . Nicolai a Jesu María elaboratce, qua) prseter sum-
mam eruditionem, nullam i n textu difñcutatem relinquunt.
»V. Primam versionem Gallicam, subsecuta est ítala anni 1627
jussu et impensis Eminentissimi Cardinalis Bóberti Vhaldini, alia-
rum Cardinalium, ac piorum et eruditorum virorum plasu ex-
cepta.
> V I . Item alia per V . P. Alexandum h S. Francisco, eo jam mortuo
Romse edita anno 1637.
»VII. In latinum eadem transtulit, cum elucidationibus Nico-
lai h Jesu María, R. P. Andrceas h Jesu, Polonus. Colonia) edita
anno 1639.
»VIII. I n Belgicum Servatius h S. Petro Gandavi anno 1693. I n
Germanicum, Modestus h S. Joanne Baptista, Pragse, anno 1697,
i n 4.o
»Locus hic esset, quasdam hic recensere propositiones, quibus
Molinosius, ejus discipuli aliique pseudo Mystici abusi snnt, i n sua-
rnm illusionum patrocinium. Adeo docte eas elucidaverunt, sepa)
citatus Nicolaus a Jesu María, Didacus h Jesu, Ludovicus a S. Teresia
i n suo Tractatu Theologico de unione Divina, S. S. Agustini et Thomce
authoritatibus. D . Nicole i n suo opere de Oratione, Illustrissimns
Bossuetius, Meldensis Episcopis, tnm i n opere Gallico de statibus,
Orationis, Parisiis edito anno 1697. T u m i n nova) quccstionis trac-
tatibus, ibidem editis anno 1698, ac novissime Dosiihceus noster
h S. Alexio i n Dissert. Theologia) Mysticie ad calcem tomi 2, vita)
Sancti Patris, i n quibus docte proecipue hujusmodi errores, doctrina
S. Doctoris evertunt, ut esset actum agere, amplius hicmorari.»
CAPÍTULO XII.
ELOGIOS TRIBUTADOS Á SAN JUAN DE LA CRUZ POR LA IGLESIA, POR
LOS PAPAS Y POR ESCRITORES INSIGNES EN SANTIDAD, EN CIENCIA
Y EN LETRAS (1).
Sumario : I. D e nuestra Santa M a d r e l a I g l e s i a . — I I . De Santa Teresa de J e .
s ú a . — I I I . D e l P a p a Clemente X . — I V . D e l Papa B e n e d i c t o X I I I . — V . D e
L e ó n X I I I . — V I . D e l C a r d e n a l T o r r e . — V I I . D e l Cardenal G i n n e t i . —
V I I I . D e l Cardenal W i s e m a n . — I X . D e l a U n i v e r s i d a d de A l c a l á de H e -
n a r e s . — X . D e l a U n i v e r s i d a d de Baeza. — X I . D e l l i m o . P é r e z , Obispo de
U r g e l . — X I I . D e l l i m o . A n t o l i n e z , A r z o b i s p o de S a n t i a g o . — X I I I . D e l
U u s t r i s i m o Contreras, Presidente d e l Consejo de C a s t i l l a . — X I V . D e l D o c -
tor M i r a v e t e , Decano de l a Corte del J u s t i c i a de A r a g ó n . — X V . D e T a m a y o
de V a r g a s , Cronista de S. M . — X V I . D e l R . P . V i c u ñ a , S. J . en el Colegio
de Ú b e d a . — X V I I . D e l R v m o . P o n c e de L e ó n , Calificador de l a I n q u i s i -
c i ó n . — X V I I I . D e l R v r n o . Daolz, Calificador de l a I n q u i s i c i ó n . — X I X . D e l
R e v e r e n d í s i m o Campos, Calificador de l a I n q u i s i c i ó n . — X X . D e l R e v e r e n d í -
simo J u a n E v a n g e l i s t a . — X X I . D e autores c o n t e m p o r á n e o s nacionales y
extranjeros.
i
De nuestra Santa Aladre la Iglesia.
I n divinis explicandis arcanis « q u e ac Sancta Teresia^ Aposto-
licse Sedis judicio, divinitus instructus, libros de mystica Theologia
coelesti sapientia referios conscripsit.
E n el Oficio propio de San Juan de la Cruz aprobado por la Iglesia.
E n el mismo Oficio se leen los siguientes
(1) V é a s e el c a p í t u l o siguiente, que aunque relativo á los juicios c r í t i c o - l i -
terarios, contiene elogios de l a santidad de San J u a n de l a C r u z .
15
- 114 -
Himnos.
í.
R e g í s fetérni g e n e r ó s e M i l e s ,
O r d i u i s nostri c ó l u m e n J o á n n e s ,
Quos tuis laeti m é r i t i s d i c á m u s ,
S ú s c i p e plausus.
P r ó s p e r é m i r a m t é n e r i s ab annis
V i r g i n i a matris, p e r e ú n t e v i t a ,
Bis manum s e n t í s : pía jam d i c á t u m
Servat a l ú m n u m .
P r i m a t u no8tra9 s ó b o l e s P a r é n t i s ,
Quem t i b í c r e d í t p ó p u l u t n r e f ó r m a s ;
I n n ó v a s t e n i p l u m , réficis v e t ú s t a m
V í r g i n i s aedem.
Sic R e d e m p t ó r i s fimilándo gesta,
P e r crucern p r i m u m r e p á r a s d e c ó r e m ,
Ipse qua m u n d i r e p a r á v i t olira
Damna ruéntis.
C á n t i c u m laudis T r í a d i c a n á r a u s .
C u i sacrurn p r i m ó c e l é b r a n s J o á n n e s ,
Certa s p e r á t a s retulisse gaudet
Signa ealútis.
Amén.
II.
Diem Joánnes advéhit,
Crucis m i c á n t e m glória,
C u i fixus haesit s p í r i t u ,
F i x á m q u e gessit c ó r p o r i .
N o n proba, nec l u d í b r i a ,
P a m e s , flagélla, v i n c u l a .
Sedare j a m valent s i t i m ,
Qua dura fortis á p p e t i t .
Haec poscit ille gaudia,
Haec v u l t l a b ó r i s praemia,
Haec v o t a , c o n f i x i d u c i s
Y i v a m reférre imáginem.
Noctem vólutans mysticam
I n nocte lucem p é r c i p i t .
De luce flammam s ú s c i p i t ,
C a r m é l i ut a g m e n instruat.
— 115 -
T e , Christe, laudent coelites,
T i b í q u e corda d é d i t a
C u r r a n t , J o á n n e prasvio,
A d vera vitas gaudia.
Amén.
III.
D u m crucem gestat D ó m i n u s , J o á n n i ,
A l l ó q u e n s , offert m é r i t a s c o r ó n a s .
Is crucis t a n t ú m cálices a m á r o s
S ú m e r e poscit.
Sunt pati, ac sperni, sua vota, merces;
A t satis n ú m q u a m c ú m u l o d o l ó r u m ,
E m ó r i n u l l i sub h o n ó r e notus
Instat, h a b é t q u e .
P e r graves t á n d e m crucis hos l a b ó r e s
M o r t e c o n c l ñ d i t , m e r i t ú m q u e pandit
F i n i s e x t r é m i globus igne flagrans,
Lapsus Olympo.
F i t micans sether, r á d i i s cubile,
L á m p a d u m l u m e n t e n e b r é s c i t omne;
Testis est f ragrans odor ipse vitse
C ó r p o r e sparsus.
S u m m a laus P a t r i , g e n i t ó q u e Verbo,
E t t i b i compar u t r i ú s q u e F l a m e n ,
Quo b e a t ó r u m p i a turba semper
Páscitur igne.
Amén.
IV.
O satis f e l í x ! S p e c u l á t o r a l t i
N ú m i n i s , votis, a n i m ó q u e m a r t y r ,
Poenitens v i r g o , m e m o r á n d e vates,
Mystice Ductor,
Saspé c u m Christo, G e n i t r í c e casta
V e r b a commisces, superisque, v i v e n s ;
l u d e doctrina tu a scripta f u l g e n t
L u m i n e tanto.
M e n t e p e r f ú s a r á d i i s ab alto,
M o n t i s a s c é n s u m , tenebrasque noctis,
E t f a c e m v i v a m recolens amoris,
A l t a revélas.
T e sacri v e r b i r e s e r v á n t e sensus,
— 116 —
D é s e r i t nostras á n i m a s c a l í g o ,
Dura f a c í s l u m e n r ú t i l a n s o r i r i
Noctis ab u m b r i s .
P é r s o n e t laudes T r i a d i Joannes,
C u i pater l u m e n , t r i b u i t q u e dona
S p í r i t u s , vitas riserat v o l u m e n
Coelicus A g n u s .
Amén.
II.
De Santa Teresa de J e s ú s .
«Fr. Juan de l a Cruz es un hombre celestial y divino No he
hallado en toda Castilla otro como él n i que tanto afervore en el
camino del cielo. No creerá la soledad que me causa su falta; miren
que es un gran tesoro el que tienen allá en ese Santo: y todas las
de esa casa traten y comuniquen sus almas, y verán cuán aprove-
chadas están, y se hallarán muy adelante en todo lo que es espíritu
y perfección, porque le ha dado el Señor para todo esto particular
gracia.»
(Carta de Santa Teresa de Jesús á la V. Ana de Jesús, Priora del
convento de Carmelitas Descalzas de Veas.)
También solía decir Santa Teresa que el P. F r . Juan de la Cruz
era una de las almas m á s puras y santas que Dios tenía en su Igle-
sia, y que le había infundido Nuestro Señor grandes tesoros de luz
y de sabiduría del cielo.
L a misma Santa Teresa de Jesús en carta á Felipe I I en 1577,
decía: «Que San Juan de l a Cruz era Santo, y que en su opinión
siempre lo había sido.»
UL
Del Papa Clemente X .
«ínter hos cum multipliciter claruerit Servus Dei Joannes de
Cruce primus Religionis Fratrum Beatse Mariíe de Monte Carmelo
Excalceatorum nuncupatorum Professor, qui sanctissimae Virginis
Theresise ejusdem Religionis Institutricis vestigiis studiose insis-
- 117 —
tens, et prseclaros retulit de carne i n carne triumphos, et non solum
sociis suis magisterio exemploque summa cum laude prseluxit, sed
etiam Ecclesiam nniversam spiritualium aromatum, quibus eum
D i v i n a benignitas largiter imbuerat, odore perfudit: dignum arbi-
tramur, et congruum, ut Apostolicse servitutis nostrse ministerio,
quod, Nos, meritis licet, et viribüs longe impares gerere voluit D i -
vina dignatio, illius honori ad gloriam omnipotentis Dei ad decus
Catholicse Ecclesise, Fideliumque eedificationem opportune con-
sulatur.»
{Bula de beatificación)
IV.
Del Papa Benedicto X I I I .
Toda la Constitución Apostólica de Benedicto X I I I que puede verse
en l a pág. 581 de este homenaje, contiene grandes elogios de San
Juan de la Cruz.
V.
De Xuestro S a n t í s i m o Padre L e ó n XIII.
«San Juan de la Cruz es llamado con razón segundo Padre de la
Orden de Carmelitas, varón santísimo, que con sus trabajos, doc-
trinas y asiduidad laboriosa prestó insignes servicios á la Orden y
la ilustró con el esplendor de sus esclarecidas virtudes.
»Como Santa Teresa, fué instruido divinamente en explicar por
escrito los arcanos de la teología mística.»
{Breve para la celebración del Centenario de San Juan de la Cruz.)
Véase en la pág 509.
118
VI.
Del Enimo. Cardenal Torre.
«Escribió libros de teología mística llenos de celestial sabiduría,
los cuales andan divulgados en diversos reinos, con tan sublime y
admirable estilo, que juzgan todos no ser ciencia adquirida con i n -
genio humano, sino revelada é infundida del cielo. Es su lección
muy provechosa para discernir las revelaciones verdaderas de las
falsas, y esforzar las almas en el camino y vida de l a perfección.
Por lo cual los que leen estos libros comparan su doctrina con l a
de San Dionisio Areopagita.»
{En la causa de beatificación.)
Vil.
Del Cardenal Ginneti.
«Los opúsculos del siervo de Dios Juan de la Cruz contienen doc-
trina tan altamente sublime, que apenas se podrá hallar otra m á s
levantada, si no es en los códices sagrados.»
{Citado por Garnica, SAN JUAN DE LA CRUZ, Jaén, 1875, pág. 354.)
VIII.
Del Cardenal Wiseman.
Hablando el Cardenal Wiseman en Munich con el filósofo Goe-
rres, convinieron en que los Santos m á s distinguidos en la cien-
cia mística fueron mal retratados. Sus figuras no tienen la energía
y firmeza que nos revelan sus escritos, y nos cita el sabio Cardenal
el retrato de Santa Teresa, que vió en Koma en el monasterio de
San Silvestre. Refiriendo esta conservación en el prefacio que es-
cribió para la traducción inglesa de las obras de San Juan de la
Cruz, a ñ a d e :
«Tomando al azar algunos de sus libros, ¿se podría creer que
Mi
- 119 -
proceden de l a pluma de un varón ascético que ha pasado su vida
en la obscura contemplación de cosas sobrenaturales é impractica-
bles? Nada más falso. Santa Teresa y su coadjutor sufrieron mu-
chas penas y trabajos, y desplegaron una actividad asombrosa en
la reforma del Carmelo, restableciendo en toda España la austera
regla primitiva Nosotros no poseemos ninguna autobiografía de
San Juan de la Cruz, como la tenemos de Santa Teresa, donde á la
primera ojeada pudiéramos descubrir la actividad de su carácter.
No llegan á veinte las cartas que tenemos del Santo, pero en ellas
encontramos una prueba irrefragable de la actividad de su vida. E l
escribe así á las religiosas de Yeas, fundación predilecta: «Lo que
yfalta {si algo falta) no es el escribir ó el hablar (que esto antes ordinaria-
emente sobra), sino el callar y obrar. Porque el hablar'distrae, y el ca-
pilar y obrar da fuerza al espíritu Es imposible i r aprovechando sino
•» haciendo y padeciendo virtuosamente » No era una vida de visiona-
rias, tejida de meditaciones ó especulaciones, la que San Juan de
l a Cruz quería que hiciesen las religiosas, sino una vida activa y
de constantes quehaceres. Y de esta manera vivía el Santo, como
se entiende por otra de sus cartas.»
IX. .
De la Universidad de A l c a l á de Henares.
« Y verdaderamente, cualquiera que con atención los leyere,
echará de ver que el autor los hizo con particular espíritu de Dios
y singular favor suyo, para declarar tan delgadamente la materia
que trata y explicar á propósito de ella las autoridades de la Sa-
grada Escritura. Y así por todas las dichas causas, y particular-
mente por ser la doctrina tan segura y tan á propósito para los Pa-
dres que hacen oficios de maestros de las almas espirituales, nos
parece que se deben tener continuamente delante de los ojos.»
(En el examen que hizo de las obras de San Juan de la Cruz.)
- 120 -
X.
De la Universidad de Baeza.
Más que elogio, porque fué al mismo tiempo proclamación de la
ciencia de San Juan de la Cruz, fué el acto realizado por la U n i -
versidad de Baeza confiriendo el grado de Doctor á San Juan de l a
Cruz en el día 3 de Enero de 1730.
XI.
Del limo. Sr. F r . Antonio P é r e z , Obispo de Urgel.
«Vuestra Reverencia puede estimar por cosa del cielo este tesoro,
y m á s con el ejercicio de tan saludables documentos, en que (á m i
ver) resplandecía el que así los dictaba.»
{Carta dirigida á la V. M . Ana de Jesús, Fundadora de las Carmeli-
tas Descalzas en Francia y Flandes.)
XII.
Del limo. Sr. F r . A g u s t í n Antolinez, de la Orden de San A g u s t í n ,
Arzobispo de Santiago.
«El libro del siervo de Dios y Venerable Padre F r . Juan de l a
Cruz enseña la desnudez del alma de todo lo que no es Dios, y ab-
negación de sí misma de que habla el Evangelio. Pónela en prác-
tica, dala desleída y aficiona á ella. Usa por excelencia de la Sa-
grada Escritura que trae á su propósito. Muestra bien el espíritu y
luz del cielo que tuvo cuando escribió; pudiendo decir de su doc-
trina con el Señor: Mea doctrina non est mea sed ejus qui misit me
Patris. M i doctrina no es mía, sino del Señor, que me envió y ha-
bló en m í . F u é gran bien que saliese á luz para las almas que tra-
tan de oración y maestros que las guían.»
{Extracto de los elogios de San Juan de la Cruz, que van al frente de
casi todas las ediciones.)
- 121 -
XIII.
Del limo. Sr. D. Francisco de Contreras, Presidente del Real
y Supremo Consejo de Castilla.
«Llegando ' á mis manos los admirables escritos del Venera-
ble Varón F r . Juan de la Cruz, primer Padre de los Descalzos
Carmelitas, admirado de su celestial doctrina, me pareció ser toda
ella sólido sustento de perfectos. Y no solamente de los ya perfec-
tos, sino también de los que procuran serlo, porque en ella, aun
los pequeñuelos y recién engendrados en el espíritu buscan y ha-
llan leche, por estar más llena de jugo espiritual que de curiosidad
y afeite vano. Son las palabras del autor vivas y eficaces, su doc-
trina sana, entera, provechosa; el orden y disposición de ella con-
veniente; el estilo fácil, consecuente y muy acomodado á lo mismo
que trata; finalmente, se hallará toda la obra tan llena de celestial
sabiduría y erudición, que ora se mire la doctrina mística, ora la
propiedad del estilo con que la trata, parece que se ha descubierto
á la Iglesia un nuevo (esto es, español) Dionisio, que sólo difiere
del Areopagita en la mayor facilidad y suavidad del estilo con que
le excede el nuestro.»
(Elogios en las ediciones de la vida del Santo ya citadas.)
XIV.
Del Dr. D. Francisco Mira vete, Decano de la corte del Justicia
de A r a g ó n .
«Ellos (los libros de San Juan de la Cruz) descubren clara y abier-
tamente la santidad de su autor, sus excelentes virtudes, de que
alcanzó en esta vida mortal, mediante la oración y ejercicios de
mortificación y penitencia, la unión con Dios en grado de transfor-
mación. Estuvo abrasado en amor Divino, fué Serafín en carne.
Contienen los susodichos libros enseñanza maravillosa de las sen-
das y caminos que nos llevan á conseguir esta Divina unión y
transformación: manifestando asimismo los embarazos y tropiezos
1G
— 122 —
que impiden y estorban el alcanzar tan dichoso fin y feliz puesto.
Á lo que con m i corto y pobre juicio puedo colegir, mucha parte de
aquella doctrina fué infusa y revelada.»
{Elogios en ¡as adiciones citadas.)
XV.
De D. T o m á s Tamayo de Vareas, Cronista de S. M .
«Medios eficacísimos para encaminar las almas á la perfecta
unión con Dios; en que al juicio de los doctos y piadosos hay m á s
misterios que palabras: y no es maravilla, habiendo sido lo que escri-
bió (como de San Dionisio Areopagita decía Nicéforo) admirable en
la levantada Contemplación de las cosas Divinas, en las Sentencias, en el
estilo, y muy diferente de lo que los hombres pueden alcanzar. De aquí
ha nacido la comparación que de ordinario se hace de la remontada
doctrina de este nuevo escudriñador de las cosas sagradas, con aquel
antiquísimo y santísimo teólogo. Pues sin duda (si se mira con
atención) el Venerable P. F r . Juan dió á entender que imitó al gran
Dionisio, no solamente con la materia de sus libros, sino con sus
títulos. E l uno escribió de la Secreta ó Mística Teología, el otro ha
conseguido el renombre de Doctor Místico por los misterios encerrar
dos en sus escritos. De aquél se sabe que publicó Himnos Divinos,
de éste también gozamos los Divinos Cánticos: siendo la alteza de lo
que uno y otro escribió tan grande, bien se le pueden aplicar á éste
los atributos de aquél, llamándole nuestro afecto y su merecimiento
de aquí adelante: Ave de vuelo tan encumbrado, que penetra el cielo:
poderoso en misterios, como ilustrado con virtud de la Fe.»
(Elogios en las ediciones ya citadas.)
XVL
Del R. P. Maestro Juan de "Vicuña, Rector del Colegio
de la C o m p a ñ í a de J e s ú s de Cbeda.
«Porque la ternura y afectos que muestra en sus libros, es cosa
evidente que habla de ellos como de ciencia experimental, y que
experimentaba en sí aquella desnudez de todos los gustos, y el ín-
— 123 —
timo amor de Dios, como el que los leyera lo verá: porque sólo el
leerlo pega calor al alma, que es indicio de que tenía en la suya
grande caridad y amor de nuestro Señor. Y o he leído todos los es
critos de este santo varón una y muchas veces: y me parece la doc-
trina de ellos una teología mística, llena de sabiduría del cielo: y
claramente muestran la levantada y eminente luz que en su alma
tenía su autor, y cuán unida la traía á Dios; porque las cosas que
allí descubre, lo muestran muy claro. Y con haber leído yo muchos
autores que han escrito de teología mística, me parece no he en-
contrado doctrina más sólida n i levantada que la que escribió el
dicho Santo Padre F r . Juan de la Cruz.»
{Elogios en las ediciones citadas.)
XVII.
Del Revmo. P . F r . Juan Ponce de L e ó n , Lector de T e o l o g í a de
los Mínimos de San Franetsuo de Paula', Consultor Calificador
de la Suprema General I n q u i s i c i ó n .
«El que hubiere de obtener legítimamente el nombre de Maestro,
debe haber tratado de tal modo la Escritura, que la haya embebido
y transformado en sí, hablando de ella con la aptitud que de sí
mismo, como lo dijo San Anastasio Niceno, q. 78, explicando el
capítulo x m de San Mateo, diciendo, que el que escribe para otros,
debe tener singular conocimiento del Viejo y Nuevo Testamento:
Per laboriosam Divinarum Scripturarum lectionem sibi recondit Thesau-
rum veterís, et novi Testamenta et ex eo expromit tempore disputationis.
L o cual cumple maravillosamente el místico Doctor y santo Padre
F r . Juan de la Cruz, en las misteriosas Canciones de sus libros; de
las cuales salen tales rayos del Divino amor, que en estos y en otros
tiempos se puede decir de ellos lo que el gran Isidoro de Pelusio,
libro i v , Epistolarum, dijo de otras, que de un santísimo varón leía:
Quemadmodum enim fax in illumini nocte apparens sua sponte oculos
allicit: sic virtus omnes homines illuminare apta nata est.»
{Elogios en las ediciones citadas.)
— 124
XV11I.
Del M . R. P . Presentado F r . T o m á s Dnoiz, Lector de T e o l o g í a
eu S a n i o T o m á s de Madrid y Calificador de la I n q u i s i c i ó n .
«Las obras espirituales de San Juan de la Cruz contienen doc-
trina, no solamente santa y muy católica, m á s de l a grave, erudita
y provechosa que hay escrita en materia de encaminar una alma á
la perfecta unión con Dios. Donde se enseña con mucha claridad y
altamente la purgación y purificación de las potencias sensitivas é
intelectuales, y los medios que se han de poner para alcanzar y
venir á la perfecta unión y contemplación. Y como la doctrina es
tan alta y extraordinaria, trae algunos modos de hablar, en los cua-
les el lector podía reparar; pero con la consecuencia de la misma
doctrina se declara la significación de los modos de hablar según la
frasis mística, de suerte que se echa de ver ser la dicha doctrina
santa y católica, y muy conforme á la teología escolástica.»
{Elogios en los lugares antes citados.)
XIX.
Del R. P. F r . Diego del Campo, de la Orden de San A g u s t í n ,
Calificador de la Inquisícrón.
«Las canciones del alma con Jesucristo Nuestro Señor, en que el
religiosísimo Padre Fr. Juan de la Cruz con l a fuerza de su espíritu
quiso imprimir en el nuestro la comunicación con Nuestro Señor,
es obra digna de tal razón, y que bastará á calentar la frialdad de
este siglo.»
(Lugar ya citado.)
XX.
D e l R. P. F r . Juan Evangelista.
«Yo he vivido y andado con nuestro Santo Padre F r . Juan de la
Cruz por m á s de nueve años en su compañía: y doy fe que le v i
escribir en Granada casi todos los libros que compuso
— 125 —
»Sería nunca acabar tratar de esto: porque no se puede declarar
el don tan conocido de Sabiduría que Nuestro Señor le había comu-
nicado, y la experiencia que él tenía de todas aquellas altezas de
oración y perfección que enseñaba, como se manifiesta en sus libros,
que se echa bien de ver que todo lo que allí dice es experiencia y
ejercicio que pasaba por su alma.»
{Lugar antes citado.)
XXI.
De escritores c o n t e m p o r á n e o s nacionales y extranjeros.
Entre los muchos escritores contemporáneos de justa y universal
celebridad que han prodigado sus elogios á San Juan de la Cruz,
podemos citar á los Sres. Menéndez Pelayo, Sánchez de Castro,
Ortí y Lara, Garnica y otros, según puede verse en el capítulo si-
guiente, Juicios críticos.
No es menor el número de hombres insignes en virtud y ciencia
que en todas las naciones extranjeras han rendido entusiastas ho-
menajes de veneración y admiración á San Juan de la Cruz, en los
prólogos y advertencias de las diferentes traducciones de las obras
del Santo, y en otros documentos. Y pues ya hemos copiado el de
un esclarecido purpurado en Inglaterra, natural de Sevilla (1), con-
signemos ahora la opinión de los dos mayores Prelados y oradores
sagrados de Francia, Fenelón, Arzobispo de Coimbra, y Bossuet,
Obispo de Meaux.
E n la polémica que sobre cuestiones místicas sostenían ambos, á
pesar de no estar conformes en muchos puntos, lo estaban en lo si-
guiente: «La doctrina de San Juan de la Cruz debe ser la norma y regla
cierta para resolver todas las controversias que se susciten en el terreno
místico y ascético.'»
Como compilación de los elogios á San Juan de la Cruz, repro-
ducimos las siguientes palabras de Muñoz y Garnica (San Juan de la
Cruz, pág. 355):
c E l papa Alejandro V I I leía una y otra vez las obras del doctor
(1) V é a s e l a b i o g r a f í a del Cardenal W i s e m a n , publicada en LA CRUZ.
— 126 —
extático; F r . L u i s de León imitaba su paráfrasis del Salterio; todos
los escritores ascéticos y oradores sagrados del gran siglo, al que
dieron nombre los venerables Ávila y Granada, leían con devoción
los escritos del Santo carmelita, y los poetas cristianos, discípulos
ó admiradores de León, Garcilaso y Herrera, repetían con entu-
siasmo sus églogas divinas, bebían l a inspiración en sus remonta-
dos conceptos, recogían con amor las flores olorosas del Carmelo y
ponían en las nubes al sublime cantor de los místicos epitalamios.
«Y nadie debe tener por nuevos ó por ajenos de la Sagrada Escri-
»tura los versos, dice F r . Luis de L e ó n , porque antes le son muy
»propios, y tan antiguos, que desde el principio de la Iglesia hasta
»hoy los han usado en ella muchos hombres grandes en letras y en
»santidad, que nombrara aquí si no temiera ser prolijo.»
»¿Cómo no consagrar á los admirables escritos de San Juan de la
Cruz un libro por separado, cuando en tiempos m á s cercanos á,
nosotros, y en nuestros mismos días, hallamos su doctrina en los
libros de San Francisco de Sales y San Alfonso María Ligorio, en
los de Bossuet, como en los de Balmes, y en las cartas ó doctos
preámbulos que pusieron á sus obras innumerables traductores
alemanes, italianos, ingleses y franceses? ¿Cómo no repetir los
nombres de Maillard, Berthier, Butler, Godescard, Bonoso de San
Marcos, Dositeo de San Alejo, Alberto de San Cayetano, Collet,
Alban Stobr y otros cien panegiristas ó traductores de las obras del
Doctor extático? ¿Cómo no añadir el nombre del santo Arcediano de
Evreux, Enrique María Boudon, en su obra L a llama de amor viva
en el Beato Juan de la Cruzf ¿Cómo pasar en silencio el testimonio
del Cardenal Wiseman, Arzobispo de Westminster? E l riquísimo
Directorio Místico del P. Scaramelli contiene toda l a doctrina de
San Juan de la Cruz; el nombre del Santo se lee en casi todos sus
capítulos; en muchos se encuentran algunos pasajes de sus Obras
Espirituales; en todas las páginas se bebe su doctrina» (1).
(1) V é a s e el c a p í t u l o siguiente.
CAPÍTULO XIII.
JUICIOS CRÍTICOS DE LAJ3 OBRAS DE SAN JUAN DE LA CRUZ.
Sumario: I. Sobre l a crítica de las obras m í s t i c a s . — T I . De G i l y Z á r a t e . —
H I . De M e n é n d e z Pelayo.— I V . D e Ortí y L a r a . — V . De S á n c h e z de Cas-
t r o . — V I . De C a n o . — V I L De C a p m a n y . — V I I I . De la Biblioteca de Autores
clásicos españoles, por R i v a d e n e y r a . — I X . De M u ñ o z y G a r n i c a . — X . D e l
Conde de C h e s t e . — X I . De V i l l a r y M a c í a s . — X I I . Censores racionalistas de
las obras de San J u a n de l a C r u z . — X I I 1 . Protesta de los Carmelitas contra
el juicio crítico de l a Biblioteca de Autores E s p a ñ o l e s .
1.
Critica de las obpa.s m í s t i c a s
Las obras místicas, que son el lenguaje de las almas en su co-
municación con Dios, no pueden estar sujetas al criterio profano
ni á las reglas de la estética, ni de la didáctica á que se han de so-
meter las obras del hombre en su comunicación con el hombre, en
las que se propone, ó debe proponerse los ünes de la recreación
honesta y de la enseñanza provechosa.
E l Rvdo. P. Fr. Diego de Jesús en sus Apuniamientos y adverten-
cias para la mejor inteligencia de las obras de San Juan de la Cruz, es-
cribió un discurso con este título: «De como cada arte, facultad á
ciencia tiene sus nombres, términos y frases. Y como en la profesión de
Teología escolástica, moral, positiva, y mucho más en la mística, hay lo
mismo, y como en la verdad se convenga que se ha de dejar á los profe-
sores de las facultades libertad para que puedan usar de sus frases y tér-
minos.»
Hablando dicho autor de esta libertad, dice en el párrafo pri-
mero lo siguiente:
«Esta licencia de usar de términos particulares y fuera de lo
— 128 -
Común, la tiene con m á s fuerza la teología mística: porque trata de
cosas altísimas, sacratísimas y secretísimas, y que tocan en expe-
riencia más que en especulación: en gusto y en sabor divino, m á s
que en saber, y esto en el alto estado de unión sobrenatural y amo-
rosa con Dios, Para lo cual, son cortos los términos y frases de que
usa la especulación, que en estas materias tan sin materia queda
de la experiencia extraordinariamente vencida.»
E l autor prueba su tesis con autoridades irrecusables y con ad-
mirable lógica. E n su apoyo podemos citar, entre otros escritores
insignes, á nuestros contemporáneos el ¡3r. Ortí y Lara, gloria de
la filosofía cristiana ¡ al Sr. Menéndez Pelayo, gloria de la ciencia
española; al Sr. Sánchez de Castro, gloria de nuestra literatura, y
al ilustrado Sr, Muñoz y Garnica, en su obra San Juan de la Cruz,
cuyos testimonios son irrecusables en l a esfera crítico-científico-
literaria.
H a habido críticos, m á s bien que profanos, paganos, que han cen-
surado el estilo, la falta de propiedad de algunas palabras, las
formas literarias, y por ú l t i m o , que han abusado sacrilegamente
del espíritu de las obras de San Juan de la Cruz, como lo hizo el
autor del juicio crítico que precede á la edición de la Biblioteca de
Autores Españoles, de Rivadeneyra.
Quien no se consagra á la meditación y á la oración no puede
comprender el lenguaje de l a estética por excelencia, la belleza i n -
finita de Dios, de que proceden toda belleza, toda verdad y toda
bondad, quien no ha sentido las aspiraciones del alma á unirse con
Dios, quien no se ha enardecido contemplando las perfecciones
divinas, quien no ha llorado abrasado en su amor, mal puede com-
prender el valor de esas obras que son el llanto de las almas que se
refrigeran en Dios, que gozan en Dios y que sienten en sus com-
placencias goces anticipados de la unión real con Dios.
H a y en las revelaciones de Dios y en l a comunicación con Dios
una belleza especial é indefinible, porque es superior á la humana
inteligencia y á todo género de impresiones y sensaciones. E l veiv
dadero amor á Dios es sencillo como Dios, es uno como Dios, y tan
exclusivo, que excluye todo lo que no sea Dios, aunque los medios
de comunicación sean diferentes, á semejanza de la luz, que siendo
una, pura y simple (y por lo mismo es la imagen natural de Dios),
— 129 —
puesta en contacto con el prisma se descompone en diferentes co-
lores, todos á cual más hermosos, todos irradiación del foco divino,
todos en relación con él y todos superiores á cuanto existe en la
Naturaleza. E l alma que con esos colores divinos se reviste, se trans-
forma en una grandeza tal, que, como dice San Gregorio Magno:
«.AnimcB videnti creatorem augusta est omnis creatura», y hasta se de-
rrite como la cera, según dice el libro sagrado: «Cor meumtamquam
cera liquescens* Esto mismo expresó San Juan de la Cruz en su
Llama de amor viva, canción i , v. 2: «Cuando esta llama de vida
divina hiere al alma con ternura de vida de Dios, tan entrañable-
mente la hiere y enternece, que la derrite en amor.»
Con razón podemos exclamar con el autor del Ensayo histórico de
San Juan de la Cruz: «Dios mío, ¡qué poco, qué nada sabe del mis-
terio de la vida el que no te ama!»
San Juan de la Cruz, como San Benito, vió un solo rayo de esa
luz divina, y lo despreció todo. Pati et contetuni fué l a regla de su
vida. Esas irradiaciones ó colores en que se transforma el alma,
como prisma en contacto con l a luz de toda luz, se llaman San
Agustín y San Benito, Santo Domingo y San Francisco de Asís, San
Ignacio de Loyola, San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Jesús, etc.
Las obras místicas no han de ser criticadas, han de ser leídas y
meditadas, han de ser practicadas é imitadas con el auxilio de l a
divina gracia; y de este modo, estímulo y medio serán para que,
identificándonos con sus autores, como ellos podamos ser elevados
á la comunicación con Dios.
No, no están sujetas á las reglas del estilo n i de ninguna clase de
crítica literaria las obras místicas; y aun cuando á esta crítica se
sometieran las de San Juan de la Cruz, siempre resultaría que,
siendo la condición principal del estilo la claridad, porque no se ha
de escribir sólo para sí y para las Musas, la claridad es lo que más
brilla en San Juan de la Cruz, y esa facilidad difícil, tan rara en las
obras literarias, hijas más bien del estudio que del sentimiento. L o
dice el texto sagrado: «Ex ahundantia cordis loquitur os», y lo tradujo
Boileau en estos términos: «Ce qu'on sent on dit aisement.»
Nadie negará que la claridad es la condición esencial de toda
obra literaria; ¿y cómo no había de tenerla el que derramaba su
alma en Dios, contemplando á Dios y aspirando á unirse con Dios?
17
— 130 —
Rayo de luz divina fué San Juan de la Cruz, rayo que al mismo
tiempo que procedía del infinito foco, en él reververaba, verificán-
dose una comunicación recíproca.
San Juan de l a Cruz escribía de tal modo, que su pensamiento,
sin necesidad de reñexión obraba sobre nuestro pensamiento, con
tal eficacia que sólo puede compararse á la acción de la luz del sol
en nuestros ojos. Verificándose lo que dice Quintiliano en las si-
guientes palabras:
«Z7í in animum ratio tanquam sol in oculos occurrat.T)
L a sabiduría del austero carmelita, dice Muñoz y Garnica {San
Juan de la Cruz, pág. 29), no ha sido comprendida; lo impide esta
incurable pedantería que reduce á sistemas el estudio de la religión
y de la filosofía, y que hace tan varias exposiciones del misticismo
para desfigurarlo, si es que no lo condena como una enfermedad
de la razón. F r . Juan de la Cruz penetró en el océano de la Teolo-
gía como penetrara en el santuario, anonadándose en la presencia
de Dios, venerando las Santas Escrituras, abismándose en las subli-
mes tinieblas de la fe, que para él eran la claridad del día, absorto
y recogido, como en una nube de incienso, ante la majestad del
Santo de los Santos. Con los ojos clavados en la tierra y el corazón
puesto en el cielo, atravesaba los patios, entraba en las aulas, to-
maba parte en los certámenes literarios, y volvíase á la quietud de
su retiro, dejando los tránsitos embalsamados con la fragancia de
su celestial modestia y el perfume de suavísimas virtudes. «En él
estaban encerrados ios tesoros de l a sabiduría». ( L u c , n , 40.)
Veamos ahora los
JUICIOS CRÍTICOS DE LOS MÁS INSIGNES LITERATOS.
II.
De D. Antonio G i l y Zarate, antiguo Director general
de I n s t r u c c i ó n p ú b l i c a .
Después de hacer una ligera reseña biográfica de San Juan de la
Cruz, dice {Manual de Literatura, t. n , páginas 256 y 257):
«Pocas son las poesías que se conocen de este autor: l a más nota-
— 131 —
ble es un Diálogo entre el alma y Cristo, su Esposo, imitación del Cantar
de los Cantares, en la que, bajo la alusión de unos amores profanos,
y con expresión de la mayor ternura, canta el amor divino. A la
manera de F r . Luis de León, hay en su versificación cierto aban-
dono y descuido, que manifiesta muy bien que el poeta se ha de-
jado arrastrar de la inspiración, cuidándose más bien de dar salida
á los sentimientos de su alma, que de adornarlos con un lenguaje
castigado y pretencioso: hay, sin embargo, tal suavidad en este
lenguaje, corre tan fácilmente, las expresiones son tan felices, las
imágenes tan bellas, que toda la composición arrebatan
III.
De D. Marcelino M e n é n d e z P e í ; » y o , de la Real Academia
Española.
Con la privilegiada inteligencia con que Dios le ha favorecido;
con el criterio filosófico y literario de que tiene dadas tan relevan-
tes pruebas, dotes que, unidas á su erudición, le han dado el título
de uno de nuestros primeros sabios, escribió y leyó en el acto so-
lemne de su recepción en l a Real Academia Española un discurso
sobre L a poesía mística en EspañU, sus caracteres y vicisitudes y sus
principales autores (1).
F r . Luis de León y San Juan de la Cruz son objeto de preferente
estudio.
Antes de hablar de F r . Luis de León, haciendo entre éste y San
Juan de la Cruz una especie de paralelo, pronunció estas palabras:
«¿Quién me dará palabras para ensalzar ahora como yo quisiera
á F r . Luis de León? S i yo os dijese que, fuera de las canciones de
San Juan de la Cruz, que no parecen ya de hombre, sino de ángel,
no hay lírico castellano que se compare con él, aun me parecería
haberos dicho poco.»
Concretándose á la poesía mística de San Juan de la Cruz, des-
pués de haber elogiado las odas de Fr. Luis de León Noche serena,
A Salinas, Á Felipe Buiz y Á la vida del cielo, que son las que tienen
(1) Se publicó en LA CRUZ de 1881,1.1, p á g . 38L
— 132 —
sabor místico m á s pronunciado, consagró al Serafín del Carmelo
las siguientes palabras:
«Pero aun hay una poesía más angélica, celestial y divina, que
ya no parece de este mundo, n i es posible medirla con criterios
literarios, y eso que es m á s ardiente de pasión que ninguna poesía
profana, y tan elegante y exquisita en la forma, y tan plástica y
figurativa como los m á s sabrosos frutos del Kenacimiento. Son las
Canciones Espirituales de San Juan de la Cruz, l a Subida del Monte
Carmelo, l a Noche obscura del alma. Confieso que me infunden reli-
gioso terror al tocarlas. Por allí ha pasado el espíritu de Dios, her-
moseándolo y santificándolo todo.
«Mil gracias derramando,
P a s ó por estos sotos c o n presura,
Y yéndolos mirando,
C o n sola su figura
V e s t i d o s los d e j ó de su hermosura.^
> Juzgar tales arrobamientos, no ya con el criterio retórico y mez-
quino de los rebuscadores de ápices, sino con la admiración respe-
tuosa con que analizamos una oda de Píndaro ó de Horacio, parece
irreverencia y profanación. Y , sin embargo, el autor era tan artista,
aun mirado con los ojos de l a carne, y tan sublime y perfecto en
su arte, que tolera y resiste este análisis, y nos convida á exponer
y desarrollar su sistema literario, vestidura riquísima de su extático
pensamiento.
»La materia de sus canciones es toda de la m á s ardorosa devo-
ción y de la m á s profunda teología mística. E n ellas se canta l a
dichosa ventura que tuvo el alma en pasar por l a obscura noche de
la fe, en desnudez y purificación suya, á l a unión del Amado; l a
perfecta unión de amor con Dios cual se puede en esta vida, y las
propiedades admirables de que el alma se reviste cuando llega á
esta unión, y los varios y tiernos afectos que engendra la interior
comunicación con Dios. Y todo esto se desarrolla, no en forma dia-
léctica, n i aun en la pura forma lírica de arranques y efusiones,
sino en metáfora del amor terreno, y con velos y alegorías tomados
de aquel divino epitalamio en que Salomón prefiguró los místicos
desposorios de Cristo y su Iglesia. Poesía misteriosa y solemne, y
sin embargo, lozana y pródiga y llena de color y de vida; ascética,
— 133 —
pero calentada por el sol meridional; poesía que envuelve las abs-
tracciones y los conceptos puros en lluvia de perlas y de flores, y
que en vez de abismarse en el centro del alma, pide imágenes á
todo lo sensible, para reproducir, aunque en sombras y lejos, la
inefable hermosura del Amado. Poesía espiritual, contemplativa é
idealista, y que con todo eso nos comunica el sentido más arcano y
la más penetrante impresión de la Naturaleza, en el silencio y en
los miedos veladores de aquella noche, amable más que el alborada; en
el ventalle de cedros, y el aire del almena que orea los cabellos del
Esposo:
« M i amado, las m o n t a ñ a s ,
L o s valles solitarios nemorosos,
L a s Ínsulas e x t r a ñ a s ,
L o s ríos sonorosos.
E l silbo de los aires amorosos.
L a noche sosegada
E n p o » de los levantes de l a aurora,
L a m ú s i c a rallada,
L a soledad sonora.
Detente cierzo muerto.
V e n , A u s t r o que recuerdas los amores.
A s p i r a por m i huerto,
Y corran tus olores,
Y p a c e r á m i amado entre las flores.
G o c é m o n o s , amado,
Y v é m o n o s á ver en su hermosura
E l monte, el collado,
D o mana el agua p u r a :
Entremos m á s adentro en l a espesura.
Y luego á las subidas
Cavernas de las piedras nos iremos
Que pstán bien escondidas,
Y allí nos entraremos,
Y e l mosto de granadas gustaremos.
Nuestro lecho florido
D e cueros de leones enlazados.
De púrpura teñido,
E n paz edificado,
D e m i l escudos de oro coronado.
A zaga de t u huella.
L o s j ó v e n e s descorren el camino,
— 134 -
A l toque de centella,
A l adobado v i n o .
Emisiones del b á l s a m o d i v i n o .
»Por toda esta poesía oriental, trasplantada de la cumbre del
Carmelo y de los floridos valles de Siona, corre una llama de afec-
tos y u n encendimiento amoroso capaz de derretir el mármol.
»Hielo parecen las ternezas de los poetas profanos al lado de esta
vehemencia de deseos y de este fervor en la posesión que siente el
alma después que bebió el vino de la bodega del Esposo:
3)Apaga mis enojos,
Pues que ninguno basta á deshacellos,
Y v é a n t e m i s ojos,
P u e s eres l u m b r e de ellos,
Y sólo para t i quiero tenellos.
Quedóme y olvídeme,
E l rostro r e c l i n é sobre el amado,
Cesó todo y d e j é m e .
Dejando m i cuidado
E n t r e las azucenas o l v i d a d o .
»¿Y aquel otro rasgo que no está en el Cantar de los Cantares y que
no obstante es admirable de verdad y de sentimiento :
^Cuando t ú me mirabas,
S u g r a c i a en m í tus ojos i m p r i m í a n ?
»Y todo esto es l a corteza y la sobrehaz, porque penetrando en
el fondo se halla l a m á s alta y generosa filosofía que los hombres
imaginaron (como de Santa Teresa escribió F r . Luis), y tal que no
es lícito dudar que el Espíritu Santo regía y gobernaba la pluma
del escritor.»
(Discurso leído ante l a Real Academia Española por el Dr. don
Marcelino Menéndez Pelayo en el día de su recepción pública el 6
de Marzo de 1881.)
— 135 -
De D. Juan Manuel Orti y L.ara, C a t e d r á t i c o de la facultad
de filosofía de la Universidad de Madrid.
«Otro aspecto ofrecen los escritos de San Juan de la Cruz, de gran
regalo para los amigos de las letras; conviene, á saber: las bellezas
de estilo que brillan en medio de la santa obscuridad de su teolo-
gía, sublime como las estrellas en medio de la noche, pues aunque
este insigne maestro de espíritu no cultivase la poesía como ordi-
nariamente se cultiva, esto es, como un arte que se termina de una
manera próxima en el deleite causado por la más alta expresión
oral de la belleza, sino como una forma rítmica en que encerraba
mucho sentido doctrinal; todavía hay en sus versos un estilo tan
delicado, unos conceptos tan profundos y sublimes, y tal expresión
de amor divino, que bien se declara en ellos el peregrino ingenio
que así supo encerrar en pocos números toda la sustancia de sus
obras, asemejándose muy mucho al inspirado autor del Cantar de los
Cantares, del cual hizo una hermosísima explicación después de
haberlo traducido en excelente verso castellano. Pero tampoco hemos
querido tocar á estas flores tan bellas y de tan pura y suave fragan-
cia, sino juntas; tales como en estos tomos están reunidas, se las pre-
sentamos al lector para que se goce en ellas, aunque no de suerte
que el placer le impida pasar á lo más precioso de ellas, que es el
jugo exquisito de la doctrina, la cual forma la belleza del alma
interior ilustrada, transformada, deificada por las influencias que
recibe del cielo subiendo la escala mística de la oración.» (Prólogo
de la edición de Otras de San Juan de la Cruz, Madrid, 1872.)
V.
De D . Francisco S á n c h e z de Castro, C a t e d r á t i c o de literatura
de la Universidad Central.
Este ilustre literato católico consagra dos partes de sus lecciones
35 y 61 {Literatura Española) á San Juan de la Cruz como escritor
en verso y en prosa.
— 136 —
E n l a lección 35 dice: «San Juan de la Cruz, conocido por el
Doctor extático, es autor de bellísimas poesías que sirven de asunto
á sus tratados en prosa. Inspirábase en el Cantar de los Cantares, de
Salomón, pintando el temor y la dulzura que produce el amor di-
vino mediante el símbolo de amores humanos, pero por tan her-
mosa manera, con tanta delicadeza y suavidad, que su lenguaje,
como se ha dicho con razón, más parece de ángel que de hombre.
San Juan de l a Cruz emplea en sus composiciones la estrofa de
F r . Luis de León, adaptándola perfectamente al estilo pintoresco y
brillante, verdaderamente oriental, con que escribe. E n n i n g ú n otro
autor se encuentran frases tan felices, n i descripciones tan poéticas,
n i arranques tan apasionados y dulces.»
He aquí algunas estrofas del Diálogo entre él alma y su esposo:
« A p a g a mis enojos,
P u e s que ninguno basta á deshacellos,
Y v é a n t e m i s ojos,
Pues eres l u m b r e de ellos,
Y sólo para t i quiero tenellos.
Descubre t u presencia,
Y m á t e m e t u v i s t a y hermosura;
M i r a que es l a dolencia
D e amor, que no se cura
Sino con l a presencia y l a figura.
¡Oh cristalina fuente,
Sí en esos tus semblantes plateados
Formases de repente
L o s ojos deseados
Que tengo en mis e n t r a ñ a s dibujados!
A las aves ligeras,
Leones, ciervos, gamos saltadores,
M o n t e s , valles, riberas.
A g u a s , aires, ardores,
Y miedos, de las noches veladores,
P o r las amenas liras
Y cantos de sirena os conjuro
Que cesen vuestras iras,
Y no t o q u é i s a l m u r o ,
P o r q u e l a esposa duerma m á s seguro
L a blanca p a l o m i c a
A l arca con el ramo se ha tornado
Y y a la tortolica
A l socio deseado
E n las riberas verdes ha hallado »
- !37 -
Y en la lección 61 dice lo siguiente:
«Entre los escritores místicos ocupa eminente lugar San Juan de
la Cruz. Este hombre, también extraordinario, conocido con el nom-
bre de Doctor extático, fué llamado en el siglo Juan de Yepes.
»San Juan de la Cruz es el más original y obscuro de los místi-
cos por lo mismo que es el más elevado. Su lenguaje no parece de
la tierra y tiene algo de sobrehumano y misterioso. E n general no
va discurriendo por grados, sino que rápidamente y de una vez
llega á las más altas verdades; su doctrina consiste en proclamar
que en la unión con Dios, aun en esta vida, está la perfección, pero
que es preciso que el alma se purifique y desuna de todos sus afec-
tos y aun de sus potencias, pues el alma es como «quebrados,
»V. S. S., que no se ganan menos que con el infinito.» A l explicar
en qué consiste esa unión, no hallando términos propios en el len-
guaje del hombre, acude á las metáforas y parafraseo y comenta
los más sublimes conceptos del Cantar de los Cantares.
»Su primer libro es el intitulado Subida al monte Carmelo, precioso
tratado de mística, sobre el modo de llegar á profesar y subir á la
unión del alma con Dios. Empieza con una canción bellísima, en que
el alma dice la ventura que tuvo en pasar por la noche escura de la
fe en desnudez y purgación suya á la unión del Amado. V a luego
glosando algunas estrofas de la canción, en capítulos que explican
por qué noche escura ha de pasar el alma para ir á Dios. Es noche
escura, porque ha de ir careciendo de todos los gustos y apetitos del*
mundo; porque ha de vivir en la fe, que es escura al entendimiento;
porque el mismo Dios que excita al entendimiento humano, es no-
che escura en esta vida. Explica después largamente lo que domi-
nan los apetitos, y habla de los beneficios de la fe, de la purifica-
ción, de la memoria, de la voluntad para que el alma se una
con Dios.
vNoche escura del alma es continuación del tratado anterior y em-
pieza con los mismos versos, que luego va comentando y declaran-
do. Explica que l a noche del sentido es vencer los vicios y pecados
(soberbia, avaricia, etc.), y es lo primero que hay que hacer en el
camino de la perfección. Viene luego la noche escura del espíritu,
que es el vencimiento de la constancia del alma y sus fuerzas é i n -
clinaciones naturales, para que el alma salga de sí y viva en Dios,
18
~ 138 -
y explica los tormentos que en este estado siente el alma viendo
claro sus miserias y la grandeza de Dios, pero así es como se
purifica.
»El Cántico espiritual entre el alma y Cristo es una paráfrasis y ex-
plicación de su hermosísima poesía, imitada del Cantar de bs
Cantares:
» ¿ A d o n d e te escondiste,
A m a d o , y me dejaste con g e m i d o ?
y se refiere ya á la interior comunicación con Dios; y , por último,
en L a llama de amar viva, que empieza también con cuatro estrofas,
que va explicando, trata ya de la unión íntima con Dios y trans-
formación del alma.
- »E1 lenguaje y estilo de San Juan de la Cruz se resiste al análi-
sis : el Doctor extático es á veces lánguido, generalmente descuidado;
>pero tiene una delicadeza de sentimiento, una ternura de expresión
y arranques tan hermosos y sublimes que, realmente, no hay con
quien compararle.»
Como muestra, véase el siguiente trozo, tomado de la Noche es-
cura del alma:
«Y por qué el alma ha de venir á tener un sentido y noticia d i -
vina muy generosa y sabrosa acerca de todas las cosas divinas y
humanas que no caen en el común sentir y saber natural del alma
(porque las mira con ojos tan diferentes que antes, como difiere la
luz y gracia del Espíritu Santo del sentido, y lo divino de lo hu-
mano), conviene al espíritu adelgazarse y curtirse acerca del común
y natural sentir, poniéndole por medio de esta purgativa contem-
plación en grande angustia y aprieto, y á la memoria remota de
toda amigable y pacífica noticia con sentido muy inferior y tem-
ple de peregrinación y extrañeza de todas las cosas, en que le pa-
rece que todas son extrañas y de otra manera que lo solían ser,
porque en esto va sacando esta noche el espíritu de su ordinario y
común sentir de las cosas para traerle al sentido divino, el cual es
extraño y ajeno de toda manera humana »
139 -
VI.
De D. Rafael Cano, Profesor Auxiliar de F i l o s o f í a y Letras
en la Universidad de Vulladolid.
«La poesía sagrada, como no podía menos de suceder, fué en Es-
paña cultivada con gran fortuna en todos tiempos. Hubo muchos
á quienes podemos llamar poetas exclusivamente sagrados. Tal fué
San Juan de la Cruz, que escribió un Diálogo entre el alma y Cristo
su esposo, imitación del Cantar de los Cantares. E l mérito de San
Juan de la Cruz, bajo este concepto, consiste en el candor, en l a
suavidad y ternura y en la belleza de imágenes; pero descuida la
forma aun más que Fr. Luis de León.» {Lecciones de literatura.)
VII.
De Capmany.
Este literato, en su Teatro histórico-crítico de la elocuencia espaTwla,
dice que San Juan de la Cruz fué descuidado en el aliño (sic) y es-
cribió períodos desiguales sin guardar número oratorio.
Este reparo, dice Múñoz y Garnica (San Juan de la Cruz, página
396), no debe rebajar las cualidades principales del estilo, pues en
las obras del Santo se encuentran frases magníñcas y armoniosas
como éstas: «Aquella noche encubridora de las esperanzas de la luz del
día.—¿Quién dirá lo que tú sientes, oh dichosa alnia, viéndote así amada,
y con tal estimación engrandecida?—Las comunicaciones divinas no
aprietan y fatigan al alma; mas la ensanchan, deleitan, enriquecen y cla-
rifican.1» También abundan en frases delicadas y dulcísimas, como
éstas: «Los actos del amor con que se adquieren las virtudes, son á Dios
más agradables que á los hombres las frescas mañanas.—Es el esposo
para el alma fortaleza y dulzura, en que está guarecida de todos los ma^
les, y saboreada de todos los bienes.» Finalmente, abundan las expre-
siones enérgicas, como « L a afición que se pone en alguna cosa fuera
de Dios, entenebrece y anubla la inteligencia del juicio.—El amw peí*'
fecto de Dios es fuego que arde en el alma suavemente, endiosándola á
medida de la fuerza.» . . 4
— 140 —
VIII.
De la « B i b l i o t e c a de Autores c l á s i c o s e s p a ñ o l e s » ,
por Kivadeneyra.
Aunque no es para nosotros crítico de autoridad el autor del jui-
cio que sobre las obras y vida de San Juan de la Cruz va al frente
de la edición de Rivadeneyra, la circunstancia de convenir en al-
gunos puntos respecto del juicio comparativo de San Juan de la
Cruz y F r . Luis de León, que, aunque lacónico, hace el Sr. Menén-
dez Pelayo, vamos á reproducir lo que escribe aquel desventurado
autor. E n elogio de las devotas poesías de nuestro Santo, escribe:
«¡Qué suavidad de expresión en cada verso! ¡Qué misterio, qué
abstraimiento en cada composición, en cada canto! Ideas, imáge-
nes, frases, palabras, todo guarda l a mayor armonía con la natura-
leza del asunto en estos sencillos poemas. Las palabras m á s vulga-
res toman en ellos una significación peculiar , un sentido emi-
nentemente místico ; las imágenes, aunque copiadas todas del
mundo aparente , cobran un aspecto que las eleva m á s allá del
idealismo estético; los tropos parecen sacados de lugares no conoci-
dos; tal y tanta es la fuerza de ingenio con que están concebidos é
intercalados en aquellas líneas tan animadas por la exaltación de
la fe y de l a caridad cristianas.»
Y luego, entrando en algunas comparaciones, dice:
«Es León uno de los poetas en cuyas obras más vivamente está
encendido el fuego del amor divino; mas es también para nosotros
indudable que media entre él y Juan de la Cruz una distancia i n -
mensa Léase á León, y se encontrarán hasta en las poesías, en
que más se revela su talento, reminiscencias de otros poetas, ya
cristianos, ya paganos: léase á l a L a Cruz y no se hallará una sola
reminiscencia, n i de las ideas de sus coetáneos, n i de las de
sus mayores. Se revela en las odas de F r . L u i s de León el deseo
de rendir culto al arte; léase á L a Cruz, y se atribuirán sus poesías
al desborde de sus sentimientos E r a el tipo, el bello ideal de
esas almas encendidas en el fuego de la caridad divina Escribió
también San J u a n de la Cruz en buena y muy castiza prosa....i
— 141 —
¡ Qué bella y animada no es su expresión en l a pintura de las cosas
celestiales! ¡ Qué delicado en esos rasgos de amor con que retrató su
incesante aspiración al cielo!» (1).
IX.
De D. Manuel Muñoz y Garnica, C a n ó n i g o Lectoral
de la Catedral de J a é n .
«No juntamos testimonios ni esforzamos paralelos (2), ansiosos de
levantar las Devotas poesías de San Juan de la Cruz por encima de
otras famosas composiciones de los poetas más ilustres del siglo x v i .
E l inspirado autor del Cántico espiritual no se cuidaba de las reglas
del arte; él escribía las inspiraciones de su alma ó las del cielo, sin
buscar la gloria de los poetas laureados, sino el camino más derecho
para llegar á las almas. Los escritores más correctos no pudieron
alcanzar tamaño triunfo; los imitadores de griegos y latinos, los pe-
trarquistas ó imitadores de los italianos no tuvieron la unción, la
sencillez, la ternura, el espíritu de San Juan de la Cruz; y así no es
maravilla, que aun siendo más conocidos ó más populares que el
Santo reformador del Carmelo, el uno se muestre en la cumbre, los
otros en las vertientes de la santa montaña. Hacen más bulto las
figuras que están m á s cerca de nosotros; se hallan en la tierra, y las
percibimos mucho mejor, aun por tener con ellas alguna semejanza:
la figura de San Juan de la Cruz se distingue sobre un alto pedes-
tal, medio envuelto entre nubes, y su hermosa cabeza, cercada por
el resplandeciente nimbo de los santos, se pierde en el cielo. Alaba
Rioja la sencillez de Aurias March y de Boscan: ¡Cuánto más sencillo
aparece San Juan de la Cruz! Á Herrera le llaman el divino: ¡Cuánto
más lo merece San Juan de la Cruz!» {San Juan de la Cruz, «Ensayo
histórico», pág. 404.)
(1) J u i c i o crítico d e l venerable P . San J u a n de l a C r u z : Biblioteca de A u -
tores E s p a ñ o l e s , t. x x v n .
(2) Se refiere a l de San J u a n de l a Cruz con F r . L u i s de L e ó n .
— 142 —
Del rz.vcmo, Sr. Conde de Cheste, Presidente de la R e a l
Academia E s p a ñ o l a .
E n el discurso que este esclarecido procer y literato pronunció en
la primera sesión de la Subcomisión literaria para la celebración
del Centenario en Segovia, hizo una comparación oportuna de Santa
Teresa de Jesús y San Juan de l a Cruz bajo el concepto literario,
defendiendo que este último es con justísima razón considerado en
el mundo de las letras como el primer poeta místico conocido (1).
XI.
De D. Manuel Villar y Alacias.
Firmado por este literato, publicó L a Semana Católica, de Sala-
manca, del 27 de Noviembre de 1887, el siguiente juicio crítico:
«Los poetas son los m á s dignos representantes de la sociedad en
que viven, y la expresión m á s ideal de sus creencias y aspiraciones;
por eso cuando veamos que la poesía desplega sus espléndidas alas
por las fecundas y serenas regiones de l a fe ¡ cuando la veamos en-
galanarse con todas las flores de la tierra y todas las magnificencias
de los cielos, afirmaremos con una afirmación absoluta, que la so-
ciedad vive animada por el espíritu religioso, torrente inextingui-
ble de divinas inspiraciones y armonías inmortales. Volved los ojos
á nuestra historia, y en ella hallaréis confirmados nuestros asertos.
Ved á Berceo en sus sencillas narraciones, rudo como l a sociedad
que refleja, Cándido como la fe que le anima; con los ojos fijos en
el cielo y balbuceando ardientes y místicas plegarias, y decid si no
es un retrato fidelísimo de aquellos varones de firmes, creencias y
ánimo levantado, que, agrupados en torno de la Cruz, reconquista-
ban la patria y perpetuaban sus victorias, erigiendo al Dios de los
ejércitos esas fortísimas basílicas bizantinas y esas incomparables
(1) V é a s e San Juan de la Cruz, R e v i s t a carmelitana, t. i , p á g . 712.
- 143 -
Catedrales, que aun hoy son maravilla del arte y pasmo del mundo,
Y si venimos á tiempos más dichosos para l a sociedad española,
cuando su bandera no encontraba horizontes que limitasen la i n -
mensidad de su gloria; cuando abatiendo la Media Luna en Gra-
nada, arrojaba al árabe de su último baluarte en Occidente; cuando
rescataba entre las olas un mundo desconocido para iluminarle con
los santos resplandores del Evangelio, y cuando servía de barrera
á la cristiandad en Oriente, desbaratando al turco en Lepante, en
esta época portentosa elevaba su voz soberana uno de los más es-
clarecidos de nuestros poetas: el insigne Fernando de Herrera.
¿Quién en sus magníficas galas no admira toda la magnificencia
del ingenio español? ¿Quién en su fe inquebrantable no ve aquella
fe que asombró al mundo levantando la octava maravilla en la re-
cóndita y áspera fragosidad de los montes? ¿Quién en su cántico
resonante, lleno de vigorosa vida y rápido movimiento, no ve el
animado movimiento y la robusta vida de aquella potentísima raza
ibérica, que llevaba á feliz término y venturoso remate tan heroicas
empresas?
»Pero si Fernando de Herrera fué la expresión genuina del cato-
licismo en acción, San Juan de .la Cruz lo fué de la idea católica,
como espíritu vivificador de la sociedad en que brillaba la luz de
su clarísimo ingenio y el resplandor inefable de sus cristianas vir-
tudes. No se crea que le vamos á juzgar con el frío análisis de la
crítica, porque, aun considerado sólo como poeta, se halla colocado
á tan inaccesible altura, que en vano querrá el entendimiento IIUT
mano someterle á las reglas de sus artificiosas combinaciones, pues
aquí se cumple la profunda sentencia del Apóstol: Spiritualis autem
judicat omnia: et ipse a nemine judicatur; s í , él lo ve todo, lo juzga
todo, hasta lo profundo de Dios: omnia scrutatur etiam profunda Dei;
mientras ninguno tiene capacidad bastante para abarcar con su i n -
teligencia la plenitud de su entendimiento. Porque ¿cómo el hom-
bre ligado con los torpes lazos de la materia, podría percibir estas
cosas de Dios, si para él sólo son vanidad y locura? Animalis autem
homo non percipit ea qua sunt Spiritus Dei: stultitia enim est i l l i , et non
potest intelligere.
»Se ha dicho que San Juan de la Cruz se encuentra en la historia
de nuestra poesía sin antecesores, sin descendientes y sin rivales
— 144 —
confirmándolo hast.i con el ejemplo de Fr. Luís de León, que es
quien á primera vista parece tener con él alguna semejanza, pero
que en realidad no es así, si lo consideramos detenidamente. Fray
Luis de León, aun en las ocasiones que se muestra más original, es
casi siempre imitador (1), mientras San Juan de l a Cruz, aun
cuando imite, parece siempre profundamente original (2); ¡ de tal
manera marca el sello de su personalidad á cuanto toca en los fer-
vientes transportes de sus éxtasis celestiales! E n Fr. L u i s de León,
siempre se ve al sabio, siempre al retórico eminente, mientras en
San Juan de la Cruz, de tal manera se ve la inspiración divina, que
todas sus bellezas son naturalísimas, como nacidas sin artificio n i
esfuerzo alguno. Se ha dicho t a m b i é n , y esto es evidente, que Fray
Luis de León está sumergido sólo en la creencia, mientras San Juan
de la Cruz lo está en el más profundo misticismo, de que se sigue:
que en el primero vemos al hombre, mientras en el segundo sólo
vemos lo m á s espiritual del hombre: el alma.
»¿Qué sediento no llega á esa fuente de aguas vivas, que no se
sienta súbitamente refrigerado? ¿Qué corazón no se acerca á ese en-
cendido volcán de caridad, que no se abrase en sus lumbres celes-
tiales? ¿ Q u i é n , si él remonta el vuelo, no le sigue con extática ad-
miración, con los ojos arrasados de lágrimas, y cayendo de hinojos
en místico y reverente acatamiento? Porque, ¿quién si no Dios puso
en sus labios aquellas armonías inmortales, en su corazón aquellos
santos sentimientos, y en su inteligencia aquellas concepciones que
de tal manera le alejan del mundo, que m á s que á un mortal, nos
parece oir á un ángel? ¿Queréis saber algo de los amores del cielo?
Pues oidle en las canciones entre el A l m a y el Esposo. ¡Ah! Sí, ved
al alma desalada buscando á su Amado, yendo por esos montes y
riberas, atravesando las fronteras y los fuertes; n i las fieras le po-
nen espanto, n i le deleitan las flores que halla en el camino, porque
ella adolece, pena y muere por su amor; por él pregunta á los pas-
tores, por él pregunta á las criaturas todas:
j)¡Oh bosques y espesuras
(1) S i r v a de ejemplo l a oda A Felipe Ruiz, donde, en l a d e s c r i p c i ó n de l a
tempestad, recuerda á V i r g i l i o .
(2) V é a n s e las canciones entre el A l m a y el Esposo.
— U5 —
Plantados por l a mano de m i A m a d o !
¡Oh prado de verduras,
D e flores esmaltado!
¡Decid si por vosotros ha pasado!
— M i l gracias derramando
P a s ó por estos sotos con presura,
Y yéndolos mirando,
C o n sólo su figura
Vestidos los dejó de su hermosura.
»Ella les contesta con un gemido:
i>¡Ay, q u i é n p o d r á sanarme!
»Y al recordar que las criaturas dicen que por allí pasó, glorifi-
cándolo todo con su hermosísima presencia, pero que no le dan no-
ticia de dónde se halla, apostrofa al Esposo, rogándole que llegue
él, él mismo, sin enviarle más mensajeros
» Q u e no saben decirme lo que quiero.
»Todos los que le hablan de su Amado, se extreman haciendo el
retrato de sus incomparables perfecciones, con lo que agravan el
dolor intolerable de su ausencia; todos le traspasan el corazón, to-
dos la dejan muriendo, con
3>üno no sé q u é , que quedan balbuciendo;
y pues de su Amado recibió la herida, de él espera la salud: la sa-
lud que sólo recobrará con su presencia.
»Oidla cómo se deleita imaginando que ve á su Amado en las
aguas de una fuente:
DjOh cristalina fuente;
S i en esos tus semblantes plateados
Formases de repente
L o s ojos deseados
Que tengo en mis e n t r a ñ a s dibujados!
»Pero el Esposo llega, y ella, que con ansia tal deseaba encen-
derse en la luz de sus ojos, no puede soportar su resplandor, y ex-
clama:
^Apártalos, Amado,
Que voy de v u e l o .
19
- U6 —
ESPOSO,
V u é l v e t e , paloma,
Que el c i e r v o vulnerado
P o r el otero asoma;
A l aire de t u vuelo fresco toma.
ESPOSA.
M i A m a d o , las m o n t a ñ a s ,
L o s valles solitarios, nemorosos,
Las ínsulas e x t r a ñ a s .
Loe r í o s sonorosos,
E l silbo de los aires amorosos.
L a noche sosegada,
E n par de los levantes de l a aurora.
L a m ú s i c a callada,
L a soledad sonora,
L a cena que recrea y enamora.
»¡Oh, sil Su Amado es para ella el universo todo; él se asemeja en
hermosura á los elevados montes, á los solitarios valles, á las extra-
ñas islas, á los bulliciosos ríos, á los amorosos aires, á la sosegada
noche, al levantar de la aurora, á la sonora soledad, á la música
callada; de él es, en fin, acabadísima y perfectísima copia la crea-
ción entera.
»Dícese que la soledad es la escuela de los fuertes; en ella se en-
cienden las almas de temple elevado; en ella se dan las grandes
batallas del espíritu; en sus dilatados horizontes desplega libre-
mente la inteligencia sus poderosas alas; en ella se vigorizaron
aquellos humildes cenobitas que fueron espejo y luz del género
humano por el candidísimo resplandor de sus virtudes y por lo
vasto y profundo de su entendimiento ¡ en la soledad sonora parece
que hasta los más leves rumores nos hablaron un lenguaje desco-
nocido, que contiene algo de los misterios de los cielos. S i alguna
vez os habéis hallado en esa íntima soledad, ¿no se ha estremecido
vuestro corazón de religioso temor, sintiendo como una voz que
murmuraba á vuestro oído: ¡Dios se acerca: silencio! Pues ved al
A l m a y al Esposo abstraídos de cuanto les rodea, entregados á
aquella pacífica y augusta soledad:
j>En soledad v i v í a ,
Y en soledad ha puesto y a su nido,
— 147 —
Y en soledad l a g u í a
A solas su querido,
T a m b i é n en soledad de amor herido.
»Pero donde San Juan de la Cruz parece que se remonta en alas
de los serafines, es en L a llama de amor viva (1); y ya que á nuestro
entendimiento le sea imposible seguirle á tan encumbradas altu-
ras, copiaremos íntegro este cántico celestial:
I.
»¡Oh llama de amor v i v a ,
Que tiernamente hieres
De m i a l m a en el m á s profundo centro!
Pues y a no eres esquiva,
A c a b a y a s i quieres,
K o m p e la tela de este dulce encuentro,
II.
D¡Oh cauterio suave!
¡ O h regalada llaga !
¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado,
Que á v i d a eterna sabe,
Y toda deuda p a g a ,
Matando, muerte en v i d a l a has trocado!
III.
Di Oh l á m p a r a s de fuego.
E n cuyos resplandores
L a s profundas cavernas del sentido,
Que estaba escuro y c i e g o ,
Con e x t r a ñ o s primores,
Calor y l u z dan junto á su querido.
IV.
B¡Cuán manso y amoroso
Recuerdas en m i seno,
( 1 ) E l l a y otras dos odas de San J u a n sirven de fundamento á sus obras
m í s t i c a s , siendo é s t a s como a c l a r a c i ó n y comentario.
— 148 —
Donde secretamente solo moras !
Y en t u aspirar sabroso,
De bien y gloria lleno,
¡ C u á n delicadamente me enamoras !
»Las poesías de San Juan de la Cruz son altamente alegóricas, y
este es uno de sus mayores encantos. Aparecen ceñidas de relám-
pagos divinos, coronadas de flores y envueltas entre aromáticas nu-
bes de incienso. Aquella luz que las alumbra; aquella sombra que
las vela; aquellas imágenes que las adornan; aquellas armonías que
exhalan y llegan al alma; aquellos sentimientos que parten del co-
razón ó inundan el corazón; aquellos toques divinos; aquellas ráfa-
gas celestiales; aquellos santos desmayos de amor, y aquel aparta-
miento del mundo, de tal manera enajenan nuestro espíritu, que
no hallamos palabras con que expresar nuestra admiración por
aquel varón incomparable, que ha colocado Dios en el cielo, la
Iglesia en los altares, y el mundo en el templo de la inmorta-
lidad^
xa
Censores racionalistas de las obras de San Juan de la Cruz.
Además de los censores puramente crítico-literarios, tenemos que
hablar de los censores pseudo-filosóficos, mejor dicho, de los racio-
nalistas que han examinado las obras de San Juan de la Cruz
con el criterio volteriano de la enciclopedia de Renán, en su Vida
de Jesús y de los sectarios del espiritismo, del hipnotismo y del
panteísmo antiguo y moderno. Sobre estos críticos dice el eminen-
tísimo Dom Pitra en sus Eludes sur les Bollandistes, pág. 158:
«Hace algún tiempo que profesores del colegio de Francia, bachilleres de
nuestro Instituto, laureados universitarios, aristarcos de nuestras Revis.
tas, de nuestros Diccionarios y de nuestras Enciclopedias en boga, hacían
de Santa Teresa (y esto mismo se hace con San Juan de l a Cruz) una
sibila ó una Safo, ó graciosamente, ateniéndose á una monomanía melan-
cólica atribuían sus éxtasis á la fiebre, las visiones místicas á efectos ner-
viosos, y al magnetismo animal tan divinos prodigios.»
Muñoz y Cárnica, en /Ston Juan de la Cruz, pág. 392, se ocupa
— 149 —
de estos delirios de los racionalistas en los términos siguientes:
«No faltará quien desdeñe unos libros tan llenos de doctrina, al-
gunos de ellos preciosos y raros como las perlas, en que brillan to-
das las bellezas de la literatura: compadezcamos la ignorancia de
los que desdeñan tan bellas margaritas. Se dirá que expusieron al
peligro de nocivos errores, como el quietismo; mas ¿no se descubre
en el cielo de la Iglesia la áurea cadena de la tradición mística,
en manos de los santos y de los sabios, formando virtuosos monas-
terios, ricas bibliotecas, siglos de fe? Se recordará la agitación reli-
giosa que padeció la Francia en el siglo x v n , mas ya hemos des-
cendido de las altas cumbres del misticismo cristiano; ¿quién se
acuerda de las ilusiones de Mad. de Guyon, n i siquiera de la rui-
dosa disputa entre Fenelón y Bossuet, y mucho menos de las mal-
dades ó travesuras de los alumbrados de Andalucía?
»Lo que nos quedaba por ver, y ya lo estamos viendo en nues-
tros días, es á los racionalistas mismos, tan enemigos de la mística
teología, metidos á expositores é intérpretes de los santos, extra-
viados por el idealismo unos, por el sensualismo otros, leyendo
libros devotos, dando sus puntadas de mística hasta en los roman-
ces, y esforzándose por contener á sus adeptos que se escapan por
la tangente y se deslizan por la elipse y la parábola en el materia-
lismo y positivismo más grosero. Facilitan esta mala obra los que
viven, como decía Pedroso: «ensartando frases y calculando efectos
»retóricos para embozar con ridículos velos de misticismo y ternura
»todas sus concupiscencias.» Los mismos racionalistas (¡quién lo
diría!) están haciéndose, á su manera, los panegiristas y encomia-
dores de la ciencia divina que resplandece en los admirables escri-
tos de Santa Teresa y de San Juan de la Cruz.»
Ortí y Lara, en su prólogo á las Obras espirituales de San Juan
de la Cruz, dice lo siguiente en las páginas v m , i x y X:
«Ya antes de ahora, en el tomo x x v n de la Biblioteca de Autores
Españoles, que viene publicando el conocido editor D . M , Rivade-
neyra, se incluyeron las obras de nuestro Santo; pero mucho duda-
mos que esta publicación, ni por su forma, n i por otros accidentes
de mayor momento, sea digna de su asunto sublime, ni útil al co-
m ú n de los lectores; antes es de temer que alguno leyendo la Vida
y juicio del venerable P . Han Juan de la Cruz, que va delante de sus
— 150 —
tratados, sea miserablemente seducido con las palabras de la per-
versa sabiduría, que bajo l a falaz apariencia de alabar á tan grande
siervo de Dios é insigne escritor místico, ha inoculado en ese escrito
los conceptos m á s impíos. ¿Quién pudiera creer, á no verlo por sus
propios ojos, que al frente de la teología mística del m á s clásico
doctor y maestro de la vida espiritual en los tiempos modernos, del
autor venerado al lado de Santa Teresa de Jesús por todo el uni-
verso cristiano como lumbrera de la vida interior, habían de pare-
cer y ser glorificados los delirios y pestilencias m á s repugnantes de
esta época; y que en el mismo prólogo destinado á celebrar la glo-
riosa vida de San Juan de la Cruz y la singular excelencia de sus
escritos, habían de ponerse sombras con que obscurecerlas, si fuera
posible, á los ojos del profano vulgo? Pero tal es la condición de los
tiempos que corren, en los cuales, no solamente dominan los erro-
res m á s perversos, sino además, no contentos sus defensores con
impugnar la santa verdad católica, pretenden en cierto modo de-
gradarla, haciéndola cómplice de sus extravíos, tomando de ella el
prestigio que necesitan para seducir los entendimientos. Pretensión
inicua, y por consiguiente, moralmente absurda, pero cierta; que
no siempre deja de ser real lo inverosímil.
»En prueba de lo cual citaremos, por m á s violencia que en ello
hagamos al piadoso lector, las palabras mismas del crítico. Compa-
rando éste á San Juan de la Cruz con la santa doctora de A v i l a ,
asegura que «tenía Santa Teresa m á s filosofía, era de más talento;
»pero estuvo por la misma razón m á s en la tierra, menos en las altas
»regiones celestiales. Hemos manifestado que los dos entraban fá-
»cilmente en éxtasis, ¿cuál de los dos era, sin embargo, el que los
s>provocaha? ¿Cuál de los dos reunía, por decirlo así, una mayor
»fuerza magnética?» E n otro lugar dice el crítico que San Juan de
la Cruz «no tuvo n i pudo tener en su género discípulos n i maestros»,
y así «no tuvo que recurrir m á s que á sí mismo» para escribir, para
mostrarse magnífico, elevado en «esos parajes donde pretende des-
c u b r i r esa misteriosa relación que hay entre nuestra alma y el alma
^universal, el Dios del mundo.»
»Digna del autor que así atenta contra el Santo Doctor místico en
los lugares mismos donde parece ensalzarle, es la nueva doctrina
estética, conforme á cuyos cánones, l a poesía debe cantar en núes-
- 151 -
tra época «la corrupción que la devora, el escepticismo que la con*
»sume, la misma impudencia sarcástica con que mira la virtud su-
cumbiendo bajo el crimen.» Hasta los cantos que hoy dedica á
nuestro Señor Jesucristo han de contener, según esta escuela, un
espíritu nuevo: el espíritu propio de estos tiempos, en los que «la
.Religión va cediendo el paso á la ciencia, disipadas las creencias
por el soplo de la filosofía»; hoy, que «no vacilamos en llevar el
»hacha á las más sagradas instituciones ; hoy, que dispuestos á
»sacudir todo yugo, queremos que sólo en la voluntad individual de
»las sociedades tengan su fuerza los poderes públicos ; hoy, que
»nos rebelamos contra toda autoridad, y creemos que sólo en nues-
»tro yo existe la fuente de toda certidumbre y todo derecho; hoy,
*que suspiramos por una síntesis que venga á armonizar todos los
»antagonismos que nos han empeñado hasta ahora en una fuerte é
»incesante lucha »
>Nada más distante de nuestro ánimo que la idea de detenernos
á combatir delirios y blasfemias, que por sí mismos caen visible-
mente, sin necesidad de ajeno impulso, al abismo de donde pare-
cen haber salido. Los hemos citado tan sólo para mostrar, de una
parte, la índole de los tiempos que corren, y la de ciertas empresas
literarias que pretenden juntar la luz con las tinieblas, la impiedad
con la fe, íáan Juan de la Cruz con el autor del prólogo mencionado,
y de otra la alta conveniencia de publicar las obras de tan venera-
ble Doctor, libres de toda mezcla impura de perversa y aun diabó-
lica malicia; porque de esta suerte, quien se llegue á la fuente cris-
talina de aguas vivas que corre por sus obras místico-teológicas, no
beba el veneno que ha sabido poner en ella el espíritu del siglo, n i
se abrase con el fuego de la concupiscencia, quien únicamente de-
see encender en su corazón la llama de amor divino que promue-
ven, con tanta suavidad como eficacia, los conceptos divinos de tan
gran maestro espiritur.l.
»Hay, sin embargo, entre las torpes y rarísimas especies que he-
mos puesto antes, dos, que, por ser común cantinela de los racio-
nalistas contemporáneos, no ya precisamente contra San Juan de
la Cruz, sino contra todo el misticismo cristiano y contra la doc-
trina teológica de que procede la vida interior, nos parece bien re-
futar en este discurso; así como otros varios capítulos falsísimos en
— 152 —
que l a moderna filosofía incrédula ha osado acusarle para impedir
que por esa escondida vía de las comunicaciones del alma con Dios
se conserve en el mundo en su punto m á s alto y perfecto la fe y
el amor de Jesucristo Nuestro Señor. L a idea á que aludimos es
que, según el escritor encargado por Rivadeneyra de hacer el elogio
de las obras de San Juan de la Cruz, este Santo, como su insigne
madre espiritual Santa Teresa de J e s ú s , «reunía, por decirlo así,
»cierta cantidad, mayor ó menor, de f uerza magnética, que le hada en-
e r a r en éxtasis.'» Donde se echa de ver el error profesado por los sec-
tarios del llamado magnetismo animal, los cuales dicen que Moisés,
Samuel, los Profetas, los Apóstoles, y los Santos todos ilustrados
con dones espirituales, y hasta el mismo Salvador Jesucristo cuando
sanaba los enfermos, no fueron sino magnetizadores, y que las re-
velaciones , raptos, éxtasis, vaticinios y otros carismos de que fue-
ron enriquecidos muchos siervos de Dios, según refiere la historia
eclesiástica, fueron realmente, y deben ser tenidos de hoy m á s por
la ciencia moderna como obra exclusiva del magnetismo (1).
»No es éste, á la verdad, el solo terreno en que ha sido combatido
en nuestro siglo el misticismo católico, cuya defensa nos propone-
mos hacer en este escrito. Persuadidos como estamos de que el
error y la mentira con que ha sido impugnado, no pueden resistir
á los rayos de l a sabiduría que resplandece en las obras de escrito-
res como San Juan de la Cruz, no menos eminentes por su ciencia
que por su santidad, ó mejor dicho, en quienes la santidad y la
ciencia forman una aureola, cuya radiante belleza sólo puede ser
superada por la que los corona en el cielo, vamos, lo primero, á
extractar aquí el acta de acusación levantada por algunos filósofos
racionalistas contra la doctrina mística en general, y á probar, lo
segundo, con l a del Santo, cuyos escritos salen ahora á luz, que nin-
guno de los cargos que en dicha acta aparecen tienen fuerza n i n -
guna contra el verdadero misticismo; antes desvaneciéndose por sí
mismos ante l a claridad con que se explica este insigne maestro.
(1) V é a s e l a d i s e r t a c i ó n del bolandista Vandermoeren, que v a al frente de
la Vida de Santa Teresa de J e s ú s , B r u s e l a s , 1854. T a m b i é n puede consul-
tarse l a obra del insigne J . Perrone, De mesmerismi, somnambulismi et spi-
ritismi recentiori superstitione, T u r í n , 1867, p á r . 2.°, sect, 11, cap. V l l i , donde
se lee l a v i c t o r i o s í s i m a r e f u t a c i ó n de t a m a ñ o error.
— 153 —
sólo sirven para realzar, por vía de contraste, el esplendor de la
verdad en la presente materia.»
E l Sr. Ortí y Lara, que de ser filósofo cristiano profundo ha dado,
y continúa dando, pruebas muy relevantes, continúa examinando
en su Prólogo la doctrina del misticismo, refutando gloriosamente
las preocupaciones y errores contemporáneos de la secta liberal,
cualquiera que sea el nombre filosófico ó político con que se en-
mascara.
XIII.
Protesta de los Cnrmelitas contra el juicio critico de la
« B i b l i o t e c a de Autores c l á s i c o s e s p a ñ o l e s » .
Los ilustres hijos de San Juan de la Cruz no podían dejar de pro-
testar contra el juicio crítico de la edición de Rivadeneyra, y así lo
han hecho en la revista San Juan de la Cruz, donde se lee lo si-
guiente:
«Á propósito de la vida de San Juan de la Cruz. No podemos
menos de expresar aquí el disgusto que nos causó uno de estos días
la lectura de un periódico que tributaba no merecida apología á la
biografía del Santo publicada en la Biblioteca de Autores clásiccs es-
pañoles, que, según el autor de dicho escrito, se apartan de las chaba-
canerías y de las exageraciones de algunos devotos fanáticos que, con afán
de hacer apologéticos juicios, empañan muchas veces la pura y hermosa
historia del más grande de nuestros místicos. Bonitamente se expecto-
ran palabrotadas de esta clase, que tienen visos de gran bocado, y
al analizarlas, se reducen á la nada entre dos platos. Estas pompo-
sas palabras halagan en una conferencia, y seducen á los que las
leen en un periódico; pero ¿tendría su autor la amabilidad de in-
dicarnos cuáles son esas chabacanerías y exageraciones de devotos
fanáticos? ¿Tendría la bondad de decirnos en qué consiste la sensa-
tez de los biógrafos que publicaron la Vida y juicio del venerable Pa-
dre San Juan de la Cruz en el tomo x x v n de la Biblioteca de Autores
clásicos españoles, editada por el Sr. Rivadeneyra?
»E1 Sr. Muñoz Garnica escribió en todos sentidos mejor la vida
del Santo que los poco acertados biógrafos de la citada Biblioteca;
20
— 154 —
lo mismo diremos de nuestro F r , Jerónimo de San José, etc., etc.
Porque, francamente, ¿dónde está el mérito de la encomiada bio-
grafía de la Biblioteca de los Autores clásicos españoles? ¿Qué grandezas
contiene? Se lo diremos nosotros. E n el mismo prólogo destinado
á celebrar la gloriosa vida de San Juan de la Cruz, han inven-
tado, consciente ó inconscientemente, los conceptos m á s impíos,
encubiertos con las palabras de la perversa sabiduría, bajo l a falaz
apariencia de alabar á tan gran místico doctor, glorificando los de-
lirios y pestilencias m á s repugnantes de nuestra época. Esto es lo
que da de sí l a mal elogiada biografía de autores clásicos espa-
ñoles.
«Podíamos citar proposiciones de este escrito, que nada tienen
de sensatas n i tampoco de católicas.»
Unimos nuestra protesta á l a anterior de los PP. Carmelitas, y
nos adherimos á lo que en defensa de San Juan de la Cruz han
dicho nuestros esclarecidos sabios y literatos Conde de Cheste, Me-
néndez Pelayo, Ortí y Lara, Cárnica, etc., etc., permitiéndonos aña-
dir lo siguiente:
E l crítico de la Biblioteca de Autores clásicos españoles, al ocuparse
de San Juan de la Cruz, no ha comprendido el misticismo propia-
mente dicho, y pues debe estar familiarizado con las obras del i m -
pío Proudhon, pudiera haber tenido presente lo que escribió con
motivo de un sermón de Bossuet, eminentemente místico. Son
aplicables al erróneo juicio crítico sobre las obras de San Juan de
la Cruz, las siguientes palabras de Proudhon en su obra De la
Justice dans la Revolution et dans VEglise: «¿Quién pudiera escanda-
lizarse de semejante lenguaje? Bossuet es tan casto como sublime
cuando habla de amor y de todo lo que le pertenece: solamente
Milton se le asemeja. ¿No es una cosa muy bella y muy noble el
haberse valido de la fuerza del misticismo para hacernos olvidar el
sentido material de las palabras, y que no pensemos sino en el
valor y significación que tienen? Nuestros romanceros y novelistas
hacen justamente todo lo contrario: bajo palabras honradas y de-
centes, su intento es hacernos pensar en cosas que no lo son.»
L a Biblioteca de Autores Españoles de Kivadeneyra, m á s que un fin
literario, fué u n negocio mercantil. Su Editor, ó por indiferen-
tismo ó por falta de criterio, ó por otras causas, confió las biogra-
— 155 -
fias y juicios críticos á escritores más ó menos competentes, de d i -
ferentes opiniones políticas, casi todos liberales, y aun algunos
conocidos por la impiedad de sus escritos. U n Gobierno liberal fué
el gran protector de la edición de Rivadeneyra, y sin los previos
informes de la Real Academia Española concedió subvenciones
cuantiosas para la compra de ejemplares con destino á las Biblio-
tecas públicas.
CAPÍTULO XIV.
EL RACIONALISMO Y LA MÍSTICA DE SAN JUAN DE LA CRUZ.
J.
No se puede negar que la filosofía moderna entra en su período
de reacción, y que hace supremos esfuerzos para levantarse de la
postración en que la hundiera la impía escuela del pasado siglo
con su sensualismo en las costumbres y su orgullo satánico en los
entendimientos m á s rectos y elevados. Así nos lo demuestran las
obras filosóficas publicadas en la segunda mitad del presente siglo,
ya sean magistrales, ya discursos de recepción en las Academias,
ya modestos prólogos de libros, en los cuales á l a simple vista de
sus páginas encontramos las palabras infinito, ideal, absoluto, libertad,
moral, espíritu, y hasta misticismo.
Y con efecto, hay una razón para que así sea, porque la herejía,
cualquiera que sea su naturaleza y su forma, no es la negación ab-
soluta de l a verdad, sino que, afirmando por lo general la existen-
cia de Dios, necesita creer en E l á su modo, formando con É l tam-
bién su sistema de relaciones m á s ó menos intimas, que son el
origen del falso misticismo, y por consiguiente, de las herejías
místicas que han afligido á l a Iglesia y á las almas santas en d i -
versas épocas. N i se ha podido librar de tan saludable y consola-
dora reacción el racionalismo contemporáneo, á pesar de ser l a
herejía m á s radical y m á s anticristiana, pues si bien es cierto que
no admite u n Dios inteligente, libre y distinto del universo, verdad
es también que este ateísmo disfrazado de los racionalistas moder-
nos es un ateísmo que se avergüenza de sí mismo, y que perdido
entre sombras de muerte, busca las regiones de l a luz, y cuando
habla de Dios, siquiera sea en el concepto panteístico, manifiesta
— 157 —
deseos de rendirle homenaje á su modo, y poco falta si en cambio
de tan buenos oficios no le pide un tributo de gratitud por haber
principiado á restaurar su trono.
Pues bien: este racionalismo, con sus puntas de beato y sus ribe-
tes de místico, es el que juntando la luz con las tinieblas, acusó al
incomparable doctor San Juan de la Cruz, no hace muchos años,
de confundir á Dios con la Naturaleza, reduciéndole á una simple
abstracción (1), de aniquilar el alma humana por el éxtasis místico,
hasta confundirla con la sustancia divina, privándola de su liber-
tad moral, y por ú l t i m o , que los éxtasis de nuestro sublime doctor
místico fueron causados por el mayor ó menor grado de fuerza
magnética. Disparates todos de grueso calibre, que nuestros racio-
nalistas modernos hubieran podido evitar leyendo un poquito más
nuestros autores místicos, y sobre todo, al gran reformador del
Carmelo, personificación sublime de nuestra teología mística, la
más pura y radiante que brilló en el cielo de la Iglesia católica, y
cuyo Centenario esperamos que sea el principio de una restaura-
ción mística, porque la publicación de sus obras, el elogio de sus
virtudes, las alabanzas á su santidad heroica, serán remedios heroi-
cos también á las dos grandes llagas morales que devoran á nues-
tra sociedad, esto es, la corrupción producida por el sensualismo
de nuestras costumbres y el orgullo de la razón.
Deseando poner nuestro granito de arena en esa obra de repara-
ción, que en nuestro juicio se inicia con el Centenario del mas su-
blime de nuestros autores místicos, disiparemos en la medida de
nuestras pocas fuerzas las tinieblas con que la flaca razón humana
osó empañar el sol de nuestra mística, truncando la clara y galana
frase de nuestro santo y clásico escritor, que tanto contribuyó en
el siglo de oro á enriquecer la hermosa lengua castellana.
S í , santo glorioso, alcánzame del espíritu divino un rayo de luz
y una chispa del fuego celestial que abrasaba tu corazón, para que
dignamente pueda yo cantar tus glorias y exponer la hermosura
de tu doctrina, que convidando á las almas al amor de Dios, con
(1) Véase á Cousin y otros racionalistas franceses, como Saint-Hilaire, s i n
olvidar el autor e s p a ñ o l del p r ó l o g o á las obras del Santo en la edición de
Rivudeneyra.
— 158 —
ansias en amores inflamadas, salen sin ser notadas, cantando en
esta vida la ventura de servirle, para después gozarle por toda una
eternidad.
II.
A ninguno de nuestros autores místicos, ya sean doctos ó indoc-
tos, frailes ó monjas, clérigos ó seglares, ocurrióseles j a m á s la es-
trambótica idea de concebir á Dios según la doctrina panteísta, y
mucho menos al extático doctor San Juan de la Cruz, que habiendo
estudiado la Filosofía y Teología para comprender mejor á Dios y el
trato de oración y contemplación á que él era muy aficionado, y cuyo
magisterio pende tanto de esta vía, como nos dice su biógrafo fray
Jerónimo de San José, no podía ser víctima de semejante aberración.
Con efecto ¡ basta sólo abrir sus libros celestiales para entender
que el Dios á quien el santo doctor carmelita y todos nuestros mís-
ticos han elevado sus almas en l a oración es el Dios de la fe cató-
lica, el Dios á quien se aprende á conocer en el Catecismo de la
doctrina cristiana, cuando se nos enseña que es un Ser infinita-
mente bueno, poderoso, principio y fin de todas las cosas. Es decir,
el Dios vivo y personal del Cristianismo, eterno, anterior é inde-
pendiente de su propia creación, de cuyas admirables perfecciones
están llenas las divinas Escrituras, que le proclaman con la Iglesia,
con la razón y el sentido común. Criador del cielo y de la tierra y
de todas las cosas visibles é invisibles. E l mismo de quien ha-
blando el insigne doctor y maestro, con el alma que aspira á la
perfecta unión con É l en la oración, dice así: «La fe es próximo y
proporcionado medio para que el alma se una con Dios, pues no
hay otra diferencia entre ser visto Dios, ó creído; porque así como
Dios es infinito, así ella nos lo propone infinito, y así como es trino
y uno, lo propone trino y uno; y así, por este solo medio se mani-
fiesta Dios al alma en divina l u z , que excede todo entendimiento,
y por lo tanto, cuanto m á s fe tiene u n alma, m á s unida está con
Dios, que esto es lo que dijo San Pablo. A l que se hade juntar con
Dios, conviénele creer, esto es, que vaya por fe caminando á Él» (1).
(1) Subida del Monte Carmelo, cap. i x .
— 159 -
De todas estas palabras y de otras muchas que de las mismas
obras del Santo pudiéramos alegar si el tiempo nos lo permitiera,
se deduce que el Dios amado y servido por él, así como por todas
las almas contemplativas, es el mismo Dios trino y uno que ven los
bienaventurados en el cielo, con una sola diferencia, que allí le ve-
remos en el claro día de la visión beatífica, y aquí en enigma, como
dice San Pablo, ó como enseña nuestro extático Doctor en la Noche
obscura de la fe; y esta diferencia, entiéndase bien, se limita en
cuanto al modo de la contemplación, y nunca respecto al objeto,
que es Dios mismo, autor y consumador de nuestra fe, Ser sobre
todo ser, Esencia sobrejtoda esencia, Luz sobre toda luz, ante la cual
todo es tinieblas, y Hermosura sobre toda hermosura, en cwya. pre-
sencia todo es fealdad.
Tal es el Dios de San Juan de la Cruz y el de todos los místicos
y monjas de su tiempo, cuyos escritos nos demuestran cuán lejos
estuvieron de confundir al Criador con su creación, al Hacedor con
su hechura y al Artífice con su obra, creyendo y confesando, sin
embargo, que es conservador de todas las cosas, y que las rige y
gobierna con número, peso y medida, de tal modo, que tiene con-
tados nuestros cabellos, y no cae la hoja del árbol sin su consenti-
miento. S i el racionalismo no reconoce una verdad tan clara y evi-
dente, no ya sólo para las humildes monjas, en cuyos escritos la
encontramos expuesta con tanta lucidez y profundidad, sino aun
para muchos niños de la escuela, que con el Catecismo en la mano
se la demuestran, cúlpese á sí mismo, que, ciego voluntario, no
quiere ver la luz que ilumina á todo hombre que viene á este
mundo. Y demostrado que el Dios de San Juan de la Cruz no es el
de los panteístas, sino el de todos los católicos, á quien han con-
templado, servido y amado todas las almas espirituales y perfectas
de todos los tiempos, veamos de combatir la segunda objeción que
se hace por el racionalismo contra su celestial doctrina.
111.
Sea en buen hora, dicen los racionalistas, que el Dios de los mís-
ticos católicos haya de ser perfectísimo, eterno, increado é indepen-
diente de la creación; pero si al contemplarle no le quitan ni su
— 160 —
ser n i sus atributos, el alma que le contempla como ellos dicen se
destruye y aniquila asimismo en el éxtasis, «desapareciendo como
substancia personal, distinta del mismo Dios».
N i Dios es distinto de sus atributos, porque es un ser simplicí-
simo y l a bondad que admiramos en Dios es Dios mismo; n i el
cuerpo n i el alma del místico cristiano pierden nada en esa unión
sublime, sobrenatural, íntima y divina que la Teología mística nos
designa con los nombres de rapto, arrobamiento, vuelo de espíritu
ó éxtasis, y que todo es una misma cosa en l a substancia, pues sólo
se diferencian en la forma ó modo de tenerlos. Excusado parece
advertir que vamos hablando del éxtasis místico, sobrenatural y
verdadero, que procede de Dios, y no del natural, ó diabólico, por-
que de todo puede haber en l a viña del Señor, como veremos luego.
Que así entendido el éxtasis, no es la muerte del cuerpo, y que n i
siquiera le desampara el alma, nos lo enseñan á una todos nuestros
autores místicos, y muy particularmente los dos grandes doctores
de nuestra gran escuela, Santa Teresa y San Juan de l a Cruz. Oiga-
mos á nuestro Santo: «Para que entendamos qué vuelo sea éste,
dice, nótese que, como habemos dicho, en aquella visitación del
Espíritu divino, es arrebatado con gran fuerza el del alma, á comu-
nicarse con el divino, y destituirse al cuerpo, y dejar de sentir en
él y de tener en él sus acciones, porque las tiene en Dios, como dijo
el Apóstol en aquel rapto suyo, que no sabía si estaba su alma reci-
biéndole en el cuerpo, ó falta de él; y no por eso se ha de entender que
destituye el alma al cuerpo y le desampara de su vida natural, sino que
no tiene sus acciones en él, y ésta es la causa por que en estos rap-
tos ó vuelos queda el cuerpo sin sentido, y aunque le hagan gran-
dísimo daño no siente, porque no es como otros traspasos ó desma-
yos naturales, que con el dolor vuelven en sí» (1). Luego es falso
que en el éxtasis el cuerpo muera n i padezca detrimento, aun tem-
poralmente, porque el alma no le desampara sino en cuanto á la
virtud sensitiva, y no siempre n i del todo, según lo prueba el ejem-
plo de algunos santos, como Santa Magdalena de Pazzis, que extá-
tica amasaba el pan, y oyendo la campana bajaba á comulgar con
las manos llenas de masa; la V . Antonia Jacinta de Navarra, oyendo
( 1 ) D e c l a r a c i ó n del Cántico Espiritual, c a n c i ó n x m .
— 161 —
la voz de su Prelada, iba extática á Capítulo, y alguna vez se la vió
ir sin poner los pies en el suelo; por último, m i extático Padre San
Miguel de los Santos, cogía extasiado un religioso de gran peso y
lo levantaba en alto, como si fuera una paja.
Estos ejemplos demuestran, no sólo que el cuerpo no muere por
el éxtasis, n i que sea cierto que padezca detrimento, sino más bien
que saca grandes ventajas aun en lo físico, y que algunas veces
participa en cuanto es posible en esta vida, de la impasibilidad y
agilidad propias de los cuerpos gloriosos. Santa Teresa confirma
esta doctrina, cuando dice: «Esta oración no hace daño, por larga
que sea: al menos á m í nunca me lo hizo, n i me acuerdo hacerme
el Señor esta merced, por mala que estuviese, que sintiese m^il,
antes quedaba con gran mejoría.» Y si no es verdad que el alma
desampare al cuerpo, n i que padezca detrimento, sino que, por el
contrario, queda con gran mejoría en expresión de nuestra gran
Doctora mística, veamos ahora si efectivamente cesa la vida del
alma misma, cesando sus potencias de obrar, ó que se aniquile,
como dicen los racionalistas.
E l éxtasis místico, según la doctrina católica, es la unión m á s
íntima y sublime que el alma humana puede tener con Dios en
esta vida, y una participación gratuita y transeúnte de su vida d i -
vina, ó, como la llama San Juan de la Cruz, «una influencia de
Dios en el alma, que la purga de sus ignorancias é imperfecciones
naturales y habituales, que llaman los contemplativos, contempla-
ción infusa ó mística Teología, en que de secreto enseña Dios al
alma, y la instruye en perfección de amor, sin ella hacer nada más
que atender amorosamente á Dios, oirle y recibir su luz, sin enten-
der cómo es esta contemplación infusa» (1). Tenemos aquí al alma
recibiendo una influencia de Dios, que la purga de sus ignorancias
é imperfecciones naturales y habituales; luego el alma está viva y
en actitud de recibir enseñanzas sublimes, porque atiende á Dios
amorosamente, y el atender es acto de entendimiento, más elevado
por cierto que el discurso, el cual es un recurso de los entendi-
mientos limitados; tenemos también acto de voluntad, porque
atiende amorosamente y recibe gozosa la luz que se la comunica; y
(1) Noche obscura, cap. v .
21
— 162 —
si el Santo Doctor no hace mención de la memoria, es porque tiene
presente su objeto y queda como perdida, en expresión de Santa Te-
resa, porque nadie necesita recordar lo que tiene presente.
No es cierto, pues, que en el éxtasis, aun en su grado m á s ele-
vado, que es el rapto, el alma deje de existir, n i que sus potencias
dejen de obrar, y mucho menos que se aniquile. Todo lo contrario,
ee elevan y transfiguran; de humanas, se hacen divinas, y desnudas
de las especies de criaturas, vuelan hacia su Criador, cuyo Ser
mismo llegan á ver algunas veces á través de las tinieblas en que
la pobre alma tiene que andar envuelta mientras dura esta vida, y
porque el estado de éxtasis es un estado intermedio entre la visión
beatífica de los bienaventurados y el de fe que tenemos aquí los
simples viadores.
N o ; el alma extática vive una vida celestial y divina; si es peca-
dora, se convierte, como San Pablo en el camino de Damasco, y si
es imperfecta, como el Bto. Enrique de Suson, se hace santa y se
transforma en un ángel en carne mortal. Estos son los verdaderos
efectos del éxtasis: mejorar el alma, haciéndola humilde sobre
todo; convertirla si está en pecado, y perfeccionarla si está en gra-
cia; lo cual recuerda á todas las personas espirituales una verdad
terrible, á saber: que el éxtasis no es una señal evidente de santi-
dad, porque en el cielo hay muchos santos que no estuvieron jamás
extáticos, como el mayor de los nacidos de mujer, San Juan Bau-
tista, y porque, como dice Santo Tomás, la santidad consiste sólo
en l a práctica de todas las virtudes en un grado heroico.
Veamos ahora cómo el alma, n i se aniquila, n i se confunde con
Dios, n i pierde su libertad por el éxtasis ó unión mística.
IV.
Santo Tomás enseña que ninguna criatura es jamás aniquilada,
y que lo único destructible en ellas es su modo de ser, y tratándose
del alma, claro está que lo del aniquilamiento es un absurdo, por-
que nuestra alma es inmortal, una, idéntica y activa.
E n la Naturaleza, dice Augusto Nicolás (1), no hay ejemplo de
(1) Estudios Filosóficos, t.
— 163 —
aniquilación de ningún ser, y n i aun concebir podemos, n i nuestra
razón alcanza, que algo pueda ser aniquilado, porque para reducir
un ser á la nada sería necesaria la acción del poder infinito, y u n
milagro mayor, si cabe, que la misma creación; y además, añade
el ilustre filósofo francés, tendría contra sí la existencia misma del
ser que había de aniquilarse, y Dios infinitamente bondadoso y
fecundo, tiende á crear y á conservar. Sin embargo, la palabra ani-
quilación se halla con frecuencia en nuestros autores místicos, y esta
es la razón de que los racionalistas hayan oído campanas, pero sin
saber dónde suenan, porque si es verdad que la usan, de n i n g ú n
modo es en el sentido que la toman ellos.
Cuando San Juan de la Cruz, y los demás autores hablan de ani-
quilación, no se refieren al alma, sino á sus apetitos, vicios, pasio-
nes y afectos desordenados, por leves que sean, que han de ser des-
truidos ó aniquilados, para que la unión mística del alma con Dios
sea perfecta en esta vida, pues como advierte nuestro extático Doc-
tor, «lo que digo y hace al caso es, que cualquier apetito, aunque
sea de la más m í n i m a imperfección mancha, obscurece é impide la
unión del alma con Dios» (1).
Pero aun cuando esta destrucción ó aniquilación de los apetitos
desordenados del alma la une tan íntimamente con Dios, y sea esta
unión tan perfecta como es posible en esta vida, no es cierto que
pierda el alma su ser, n i que se confunda en Dios, y mucho menos
que se transforme ó transubstancie en el ser divino, pues como dice
muy graciosamente el autor de los Apuntamientos que van al fin
de las obras de nuestro Santo: Esto no puede caber, no digo en los en-
tendimientos ilustrados, pero ni en los muy bozales y rudos.
Es cierto, y yo añado, que nuestros racionalistas tendrían mucho
que aprender de la m á s ínfima leguita de cualquier convento de
monjas descalzas. Todos los autores místicos han explicado esta
unión con una comparación tan hermosa y exacta cual es la del
hierro encendido, donde claramente se ve la unión m á s í n t i m a , y
aun cuando el hierro toma todas las propiedades del fuego, se queda
en su naturaleza de hierro, y el fuego en su ser de fuego; así el alma
unida con Dios en este grado de oración toma las condiciones de
(1) C a p . IX, l i b . i de l a Subida del Monte Carmelo.
— 164 —
Dios, y piensa y obra según Dios al modo que dijo San Pablo: Vivo
yo, mas no yo, sino Cristo es quien vive en mí; pero no se le ocurrió al
Apóstol decir que Pablo era Cristo, n i mucho menos que Cristo era
Pablo, n i tampoco á ninguno de nuestros místicos el decir que Dios
es el alma ó que el alma se confunde con Dios, sino que hablan
siempre de la unión sin confusión.
. Veamos ahora si en tan dichoso estado el alma pierde su libertad.
E l alma está en el pleno uso de su libertad moral cuando tiene m á s
y m á s expedita la facultad de obrar el bien, que es en lo que real-
mente consiste la libertad ¡ en el rapto ó éxtasis de que vamos ha-
blando la violencia se hace al entendimiento, pero j a m á s á l a vo-
luntad, que es donde radica nuestra libertad, y como en el rapto ó
éxtasis queda limpia de todas sus imperfecciones y vicios y purifi-
cada como el oro en el crisol, claro está que entonces es precisa-
mente cuando tiene m á s expedita la facultad de obrar bien, y obra
en realidad haciendo actos heroicos de amor de Dios, que es l a vir-
tud por excelencia y con los que adquiere grandes méritos (1). Esta
es la razón de que los Santos al salir del éxtasis, y algunos en el
mismo éxtasis, hayan practicado las obras m á s heroicas. E n el
ejemplo de Santa Magdalena de Pazzis tenemos tres actos de virtud
heroica: de obediencia al toque de la campana, de religión ai acu-
dir á un acto de comunidad y de amor y deseo al recibir la Comu-
nión (2). Y con esto me parece haber demostrado suficientemente,
cuanto lo consienten los estrechos límites de un artículo, que n i
el alma se aniquila n i pierde su libertad por el éxtasis místico.
Veamos ahora si los de San Juan de l a Cruz fueron un efecto de su
fuerza magnética.
( 1 ) V é a n s e sobre tan delicada c u e s t i ó n á F r . J u a n de los Á n g e l e s en su
precioso l i b r o Triunfos del Amor de Dios; á V i l l a l b a , franciscano, Antorcha
Espiritual, y a l carmelita descalzo F r . F r a n c i s c o de Santo T o m á s en su M é -
dula M í s t i c a , libros todos p r e c i o s í s i m o s , pero h o y por desgracia m u y raros y
poco ó nada l e í d o s .
(2) Y y a dejo dicho que obraba en completo estado de é x t a s i s .
— 165 -
V.
Tres causas, dice F r . Francisco de Santo Tomás en su Médula
Mística (1), señala Santo Tomás y casi todos los autores místicos
para que se produzca el éxtasis, que son: Dios, la Naturaleza y el
demonio. De los que proceden de Dios hemos dicho ya lo suficiente;
digamos cuatro palabras de los que proceden de la Naturaleza y del
demonio. Por causas puramente naturales, como la catalepsia, la
anemia cerebral, la epilepsia, la jaqueca neurálgica, las excesivas
vigilias, las afecciones nerviosas en general y, en fin, por otras mu-
chas enfermedades á que está sujeta nuestra humana flaqueza, suele
quedar el cuerpo sin sentido y en un estado muy parecido al éxta-
sis verdadero, por lo que particularmente, cuando los padecen per-
sonas espirituales y de virtud notoria, es necesario un examen de-
tenido y riguroso. S i se contienen en sus justos límites y no alteran
el modo de ser moral de la persona que los padece, haciéndola
mejor ó peor, claro está que no pasan de accidentes naturales, con
los cuales nada tiene que ver la teología mística n i los confesores,
sino la medicina y los médicos.
Tampoco en estos casos existe la llamada fuerza magnética, n i
el hipnotismo, n i ninguno de esos fenómenos fisiológicos ó semi-
diahólicos, á que jamás he podido dar valor científico alguno, y
cuyas ruidosas manifestaciones he oído como quien oye llover. S i n
embargo, sería temeridad negar la existencia de esos fenómenos
mesméricos, magnéticof- é hipnóticos, cuando escritores católicos
muy acreditados y aun Prelados ilustres (2) afirman que revelan
la existencia de una fuerza extranatural y horriblemente maligna,
que no puede ser otra que el demonio mismo en persona.
Ee cierto, y la existencia de esa fuerza maligna confirma la ter-
cera causa del éxtasis que señalan los autores místicos, esto es, l a
intervención diabólica, que puede ser de muchos modos y en mu-
chas formas, como nos lo enseña la experiencia y los dichos docto-
(1) T r a t . v i , cap. v .
(2) V é a s e l a m a g n í f i c a Pastoral de nuestro a m a d í s i m o Prelado sobre el
Hipnotismo, dada en 19 de M a r z o de 1888.
— 166 —
res místicos. ¿Pero fueron así los éxtasis de nuestro gran doctor San
Juan de la Cruz? No podemos n i debemos entrar en esa horrible y
hasta impía comparación.
Se trata de un Santo canonizado solemnemente por la Iglesia,
cuyos milagros y éxtasis maravillosos han pasado, no por el crisol
de la necia crítica racionalista, sino por el juicio infalible de nues-
tra Maestra y Madre a m a n t í s i m a l a Iglesia Católica Apostólica Ro-
mana en el proceso de su canonización, en las lecciones de su rezo (1)
y en la declaración de la Sagrada Congregación de Ritos, dada
en 1672, es decir, cuando ya se principiaba á acusar al Santo de
quietista y otros excesos. Dice así esta declaración: «Escribió libros
de teología mística llenos de celestial sabiduría, los cuales andan
divulgados en diversos reinos, con tan sublime y admirable estilo
que juzgan todos no ser ciencia adquirida con ingenio humano, sino
revelada del cielo. Es su lección muy provechosa para discernir las
verdaderas ilustraciones que el alma recibe de Dios de las falsas, y
para esforzar las almas en el camino y vida de la perfección.
»Por lo cual, los que leen estos libros comparan su doctrina con
la de San Dionisio Areopagita» (2). Y ante las decisiones de la Igle-
sia, el católico, y m á s aun la religiosa, no discute, sino que postrada
humildemente ante el altar del gran Santo español, en cuyos lumi-
nosos escritos tantas veces empapó su espíritu y regaló su alma,
cree firmemente que sus éxtasis divinos proceden de Dios, porque
así lo dice l a Iglesia, y le pide una bendición para su desventurada
patria, esperando que su glorioso Centenario sea un principio de
restauración mística para bien y consuelo de las almas.
¡Oh Santo glorioso! que así sea. U n a glacial indiferencia es hoy
la enfermedad mortal que aflige á nuestra pobre sociedad, y que
presa del orgullo y del sensualismo no tiene relaciones con Dios n i
quiere levantar su corazón para reconocerle como supremo Señor y
Criador de todo el universo por medio de la oración. ¡Oh Santo mío!
E n estos tiempos no se ora, en estos tiempos no se medita, en estos
(1) Que dicen a s í : « E s c r i b i ó libros de m í s t i c a t e o l ó g i c a , y á juicio de todos
verdaderamente admirables, porque f u é poderoso en obras y palabras.*
(2) E s t a d e c l a r a c i ó n l a trae el P . F r . F r a n c i s c o de Santo T o m á s , carmelita
descalzo, en su M é d u l a M í s t i c a ; trat. n i , cap. v m .
— 167 —
tiempos no se ama, y t ú lo sabes , por falta de luz y de calor está
desolada esta pobre sociedad.
Para levantarla es preciso la luz de la fe, que tanto recomiendas,
y el calor de ese amor divino, cuyo fuego brota en cada hora de las
páginas de tus obras inmortales. Nos hace falta restaurar esa escuela
del amor divino, llamada teología mística ortodoxa española, de la
que t ú eres la más alta personificación ¡Ruega por nosotros!
¡Ruega por tu desventurada patria! y pide á Dios que tus libros
celestiales y los de la Santa Madre Teresa de Jesús sean el alimento
cuotidiano de nuestras familias, así como lo son de nuestras mon-
jas, que conservan en el silencio y quietud de sus claustros las glo-
riosas tradiciones de nuestra gran escuela mística, porque viven la
vida substancial de l a Iglesia, que es la vida contemplativa, y
Buscando sus amores
Se v a n por esos montes y riberas,
Y no cogen las flores
N i t e m e r á n las fieras
Pasando por los fuertes y fronteras.
Para llegar á otra vida mejor, donde con el Santo Doctor místico
alabemos á la Santísima Trinidad, de quien solía decir que era el
Santo m á s grande que había en el. cielo.
Alabada sea la Santísima Trinidad, por todos los siglos de los siglos.
Así sea.
UNA RELIGIOSA CLAUSTRAL.
CAPÍTULO X V .
INFLUENCIA DE SAN JUAN DE LA CRUZ EN EL DESARROLLO
DE LA LITERATURA ESPAÑOLA.
« S a n J u a n de l a Cruz, como prosista,
hizo é p o c a en aquella tan gloriosa para
E s p a ñ a que ola hablar en dos mundos,
y en l a E u r o p a sobre todo, admirada
de su poder, e l sin i g u a l i d i o m a de
Cervantes.»
( D . Casimiro de E r r o en su Ojeada
literaria sobre los Santos Padres y es-
critores de l a Iglesia en E s p a ñ a . )
¡San Juan de la Cruz! Nombre á cuyo eco he sentido vibrar más
de una vez las fibras del corazón y despertádose en m i alma senti-
mientos los más tiernos, recuerdos dulces, impresiones que un hijo
sólo sabe sentir, mas no expresar.
Cuando por vez primera tuve l a dicha de llamarme hijo suyo,
no pude sofocar entre las estrechas paredes de m i corazón el senti-
miento que me embargaba, y fuéme preciso derramar unas lágrimas
para poder dar satisfacción á m i alegría. Más tarde leí sus escritos,
viví y hablé con sus hijos, besé m á s de una vez las huellas que sus
pies santificaron, y siempre una dulce emoción impedía acordarme
de muchas miserias á las cuales vive sujeto el hombre en medio
del mundo, hasta que llegado el d í a , por m í muy deseado, de pos-
trarme ante las venerandas reliquias de su cuerpo y habitar entre
paredes por él santificadas, resolví agradecer tamaño beneficio de-
dicándole estos mal pergeñados renglones, sin otro fin que el de
pagar un tributo anejo al deber filial y ayudar á que sa memoria
sea ensalzada y sus escritos sean objeto de estudio por parte de los
amantes, no sólo de la hermosa lengua de Cervantes, sino de los
— 169 ~
que, siendo amigos y servidores de las m u s á s , ven con harto dolor
la profanación del sagrado templo de la Poesía.
Aunque reconozco y declaro m i insuficiencia para tratar asunto
tan delicado, permítase imitar á l a laboriosa abeja, que, entresa-
cando de diversas flores el néctar suave que encierran en sus cáli-
ces, llega á formar un panal en donde puede el hombre recrearse
después de haber sacado provecho y utilidad.
Esta será m i tarea; lo demás quede á cargo de superior capaci-
dad é iniciada^ no sólo en la literatura general, si que también en
una de sus partes, en l a estética. Y o , con mis pocas fuerzas, procu-
raré presentar al coadjutor de Santa Teresa de Jesús como modelo
entre los hablistas de nuestro siglo de oro, y como poeta el más su-
blime de aquella época, puesto que «cantó en versos admirables y
superiores á cuantos hay en castellano, las delicias de la unión ex-
tática»,
t
Influencia de San Juan ele la Cruz en la literatura (prosa).
Á nadie se oculta el cambio que vienen experimentando las le-
tras en nuestra patria desde que el racionalismo, en sus manifesta-
ciones naturalista ó realista, ha invadido todas las esferas sociales,
sin perdonar, no ya los muros del antiguo tradicionalismo, eino
hasta bregar en empeñada lucha con el moderno escolasticismo, á
pesar de venir purgado por la cruel diatriba de seis siglos de espio-
naje. L a Teología y l a Filosofía tienen límites bien marcados, y aun
las ciencias naturales, si bien están basadas sobre principios fijos,
caminan hacia el mismo fin; ortodoxos y heterodoxos tienen cerra-
das las fronteras; sólo veo á la literatura sujeta á cualquier embate y
domeñada por m i l obstáculos cuando intenta fijar límites ó esta-
blecer con la debida libertad sus reglas. Y o creo que la estética ha
sido y es la parte de la literatura que m á s ha tenido que resistir y
luchar para aparecer tal cual hoy aparece, á pesar de que aun le
falta depurar no pocas especies extrañas, según parecer del Sr. Me-
néndez Pelayo.
E n el campo de la literatura se ve que ha logrado el raciona-
22
— 170 —
lismo mayores y m á s seguras victorias que en el de la filosofía,
hasta tanto que nadie negará ser el espíritu que anima y distingue
á la literatura, el mismo que desgraciadamente anima y distingue
las costumbres de nuestra época. Aquel espíritu que á la literatura
española imprimieron los genios de los dos Luises, de Santa Teresa
de Jesús, con sus celestiales escritos^ y de San Juan de la Cruz, con
su ternura inimitable, es hoy despreciado y sustituido por el mal-
dito naturalismo, que, después de haber sido desenmascarado en el
terreno filosófico con el nombre de materialismo, se ha revestido de
formas mundanas y sensuales, m á s ó menos encubiertas, para aca-
bar hasta con la pureza de l a fábla con que Cervantes se hizo ad-
mirar de dos mundos, arrancando del seno de la inmortalidad una
corona que n i la envidia de sus émulos ha podido aniquilar, n i
hablista alguno ha podido obscurecer.
Es una triste verdad que las importaciones extranjeras han es-
tragado el gusto literario en nuestra España, la cual, no contenta
con alimentar á su juventud con las producciones de Paul de Kock
por espacio de muchos años, acaba de abrir sus puertas á Zola, y
hasta se regocijan no pocos contando entre nuestros literatos á
López Bago, Pérez Galdós y otros que no cito esperanzado de su
enmienda. E n l a patria de Teresa y Juan de la Cruz no ha faltado
quien batiera palmas, no al oir el himno de Riego, porque esto,
para baldón de presentes y venideros, es cosa comente, sino al leer
ú oir el himno que el infeliz Carducci ha dedicado, al fin y al cabo
de una manera consecuente, al padre de todos los errores antiguos
y modernos, á Satanás. Tampoco han faltado imitadores de la es-
cuela stequettiana, y aun de la de Guerrini, que después de llamar
á su madre patria sensitiva de torpezas, definen el amor diciendo ser
un cálculo del egoísmo. Guerrini ha ido m á s allá, diciendo que el
amor no es amor si no es lascivo y deshonesto.
¡ Hasta ese extremo se ha llegado, no sólo en Italia, sino en Es-
paña!
Llegado a q u í , jcuán grato me fuera no pasar m á s adelante, por
no encontrarme con los escritores « neo-realistas, que sin hallar l a
belleza, se revuelcan en el fango del burdel m á s repugnante!» (1).
( 1 ) L u i s A l b e r t i en su c a n c i ó n á los poetas realistas.
— 171 —
Prosigamos, empero, nuestra tarea.
Si recorremos los vastos límites de la literatura, apenas encon-
tramos género alguno que no haya sido profanado y servido á la
vez de esclavo al vandalismo racionalista para excitar las pasiones
m á s impuras. L a tragedia, la comedia y toda composición literaria
representada sobre las tablas del teatro moderno, respiran un algo
eternamente opuesto á los preceptos de la estética. De Francia ha
importado nuestro teatro operetas, que por lo inmorales merecen el
desprecio de los encargados de velar por las glorias patrias; pero
no se ha contentado con eso nuestro teatro, ha ido más allá, y hoy
no repara en presentarnos en escena la justificación de los más re-
pugnantes delitos contra las leyes natural, eclesiástica ó civil. «En
el teatro, dice un crítico de nuestros días, impera cierto vandalismo
romántico y efectivista, con pretensiones de trascendental, arte tu-
multuoso, convulsivo y epiléptico, reñido con toda serenidad y pu-
reza» (1).
¿Qué es hoy el teatro? L o de siempre: escuela de costumbres
contemporáneas. Desde las tablas del escenario, y pretendiendo go-
bernar al mundo, e m p u ñ a su cetro la corrupción m á s v i l y degra-
dante; en ellas tiene su trono, y los estragos que causa día y noche
pasman y horrorizan al que atentamente considere la influencia de
ese género de espectáculo ante un público sediento de ver legaliza-
dos los más extravagantes delitos y ofuscado por el oropel de ri-
madas dicciones envueltas por ademanes ilícitos y escandalosos.
Ese es nuestro Teatro, con rarísimas excepciones. No haré men-
ción de Cano en su Pasionaria, n i del autor de su parodia L a Adelfa,
( 1 ) Heterodoxos españoles, tomo l í l , p á g . 814, por D . M . M e n e n d e z P e l a y o .
E n el lugar citado, hablando de las composiciones d r a m á t i c a s de D . J . E c h e -
garay, dice que le « p a r e c e n tan m a l bajo el aspecto literario, tan llenas de
falsedad i n t r í n s e c a y repugnante, tan desbaratadamente escritas, tan pedre-
gosamente versificadas, tan henchidas de l i r i s m o culterano, y finalmente, tan
negras y tan l ó b r e g a s , que nunca me he e m p e ñ a d o en averiguar cuál es su
doctrina esotérica, n i el fin á que se endereza su autor, n i me ha preocupado
el modo c ó m o plantea y resuelve ( a l decir de sus admiradores) los grandes
problemas sociales. L o ú n i c o que veo en ese teatro son conflictos i l ó g i c o s y
contra naturaleza, seres que no pertenecen á este mundo y hablan como d e l i -
rantes, y c e r n i é n d o s e , sobre todo, l a f a t a l i d a d m á s i m p í a y m á s ciegamente
atormentadora de sus v i c t i m a s . »
— 172 —
pues ya fueron juzgadas por la prensa del modo que merecían
tampoco haré mención de un sinnúmero de composiciones en las
que no se sabe qué rechazar más, el mal gusto literario, ó lo inmo-
ral de sus dicciones; y si hubiésemos de recorrer una á una las pro-
ducciones del Teatro moderno, apenas encontraríamos una que,
teniendo mal fondo, fuese de forma castiza, y sobre todo si la poesía
es el ropaje elegido para cubrir esa falsedad intrínseca y repugnante.
Si del Teatro pasamos á la novela, todavía encontramos abismos
insondables donde peligran, no sólo los preceptos más secundarios
de la Estética, sino la misma verdad, el bien, la virtud y hasta el
honor.
Pasemos por alto este género literario, tan adulterado en nues-
tros días, y del que tanto se vale el racionalismo para llevar á cabo
su execrable é inicua empresa, porque hoy ya no es Ayguals de
Izco, n i Ceferino Traserra, n i siquiera los serviles imitadores que
en número tan crecido tuvieron Voltaire, Diderot y otros corifeos
de l a Enciclopedia, los encargados de proporcionar pasto á esa mu-
chedumbre ansiosa de encontrar pábulo á sus pasiones; tampoco es
Paul de Kock, con ser tan pésimo en muchas de sus producciones,
n i Víctor Hugo con sus Miserables, sino E m i l i o Zola con sus tan
flamantes como corrompidas composiciones realistas, y el autor de
Gloria y de L a familia de León Roch (1).
A l llegar aquí no puedo menos de exclamar: ¡cuánta verdad no
encierra la proposición que hemos de desarrollar en este trabajo, al
decir que la honestidad, el amor puro y santo, la virtud y la reli-
gión, son condiciones sin las cuales, ó mejor dicho, contra las cua-
les apenas se concibe el reinado de la Estética! Allí donde la reli-
( 1 ) A é s t e pregunta el S r . M e n é n d e z P e l a y o : «¿Cree de buena fe el s e ñ o r
P é r e z G a l d ó s que sirve á ese e s p í r i t u religioso é independiente de que blaso-
n a n él y sus c r í t i c o s zahiriendo s a ñ u d a m e n t e l a ú n i c a r e l i g i ó n de su p a í s , pre-
conizando abstracciones que a q u í nunca se traducen m á s que en u t i l i t a r i s m o
b r u t a l é i n m o r a l i d a d grosera, y presentando, acalorado por la lectura de nove-
las extranjeras, conflictos religiosos tan i n v e r o s í m i l e s en E s p a ñ a como en los
montes de l a luna? ¡Oh, y c u á n triste cosa es no ver m á s mundo que el que
se v e desde el ahumado recinto del Ateneo, y ponerse á hacer novelas de c a -
r á c t e r y de costumbres con personajes de l a Minuta de un testamento, como
s i F i c ó b r i g a fuese un p a í s de Salmerones ó de A z c á r a t e s b (Heterodoxos es-
pañoles, t. n i , p á g . 813.)
- na —
gión presida, allí veremos belleza, hermosura, conceptos sublimes,
y hasta la experiencia nos enseña que la sencillez en el decir, l a
elegancia y pureza, suelen ser anejas condiciones de la literatura
que abraza los sentimientos religiosos, y particularmente de la as-
cética y de la mística; ejemplo de ello tenemos, no sólo en Santa
Teresa de Jesús, F r . Luis de León y de Granada, Malón de Chaide,
etcétera, sino en aquel hablista que «hizo época en aquella tan glo-
riosa para España», en aquel seráfico coadjutor de la ínclita Teresa
de Jesús, en San Juan de l a Cruz.
No se crea por lo dicho que somos de los que no conceden ele-
gancia y pureza de lenguaje en los que no participan de religiosos
sentimientos, n i tampoco negamos las ideas estéticas en entendi-
mientos no católicos; lo que sí decimos, apoyados en la historia de
l a literatura contemporánea, es que desde que se han querido arro-
jar al ostracismo los ideales místicos y abstractos, desde que el ra-
cionalismo sustituye al Catolicismo en el terreno de las bellas letras,
han perdido éstas no poco de su esplendor, de tal modo, que ape-
nas encontramos en muchas composiciones una idea que merezca
el dictado de estética; y esto, no sólo por los galicismos y demás,
sino porque nuestro idioma, nacido entre los sentimientos de un
pueblo que lo mismo pelea y vence en las Navas como en Bailén,
lo mismo en Lepanto que en Granada, se halla tan relacionado con
nuestra fe, es tan católico por naturaleza, si me permitís la frase'
que apenas veremos un incrédulo español que pueda gloriarse como
nuestro Cervantes, León, Granada y Juan de la Cruz, no sólo de
haber enriquecido nuestro idioma, sino honrádole, según sentir de
los mejores filólogos contemporáneos, en presenciado todos los idio-
mas europeos.
a
Cualidades de sus e s e r í t o s cu prosa.
Hemos visto hasta aquí, aunque muy á la ligera, el estado actual
de nuestra literatura (prosa) en dos ó tres de sus principales géne-
ros; veamos ahora las cualidades que hacen recomendables los es-
critos del Doctor extático, para que pueda el lector tener un nuevo
— 174 —
dato antes de emitir el fallo, no sólo sobre l a influencia que han
ejercido estos admirables escritos en el desarrollo de nuestra lite-
ratura, sino de la que en nuestros días están llamados á ejercer.
Apenas había entregado nuestro clásico su alma á Aquel que era
su centro, empezaron á divulgarse sus escritos en aquellos tiempos
tan críticos para cuestiones místicas, y en los que el quietismo m á s
refinado lograba internarse en los claustros. E l Santo Oficio, cual
avanzado vigía, los examina, y á poco reconoce en ellos estar escri-
tos por inspiración divina y por pluma de genio singular, del Sol
de la mística teología, según expresión de uno de mis hermanos.
Los sabios, tanto en materias teológicas como filosóficas, de los si-
glos x v i y x v n , hicieron de estos escritos un aprecio digno de en-
comio, no sólo por ser provechosos para el perfeccionamiento en la
virtud, sino como joyas literarias de un mérito inestimable, y dig-
nas de figurar al lado de nuestros primeros hablistas. Y es que
«San Juan de la Cruz era tan artista, aun mirado con los ojos de
la carne, y tan sublime y perfecto en su arte , que nos convida á
exponer y desarrollar su sistema literario, vestidura riquísima de
su extático pensamiento». Y como éste hallábase pendiente, mejor
dicho, unido á la Belleza suprema, de ahí la riqueza y variedad en
las expresiones, á la par que la solidez y alta significación que en-
trañan.
¿Qué cualidades concurren en los escritos de nuestro clásico y
que los hacen dignos de imitación? «En ellos se ven voces y locu-
ciones apartadas de la significación común, y aplicadas á la expre-
sión de afectos los más tiernos ó encendidos, y de pensamientos los
m á s santos y elevados; imágenes risueñas, graciosas y vivas, llenas
todas de esa divina fragancia con que el Señor se digna revestir á
veces las reliquias de los justos, como si el olor sabrosísimo de san-
tidad en que vivió y murió el extático Carmelita se hubiese derra-
mado en las obras con que quería edificar á las generaciones futu-
ras. San Juan de la Cruz, en unión con el V . M . Juan de Ávila, con
quien tiene m á s de una semejanza, es el creador de ese lenguaje
místico que retocó y perfeccionó el V . Granada.» Así se explica el
Sr. Rubió Ors, en cuyas palabras vemos confirmado nuestro pensa-
miento al conceder para nuestro clásico el honroso título de padre
de l a literatura místico-española, y por ende independiente de
— 175 —
cualquier escuela (1). Los escritos de San Juan de la Cruz, no sólo
se apartan, sino que son opuestos, tanto en la forma como en el
fondo, á los de los yoguis indostánicos, á los de la escuela rabínico-
española, y apenas tienen comparación con los de la escuela ascé-
tica, aun cuando sea cultivada por varones eminentes en santidad.
De manera que la escuela místico española, si así podemos lla-
marla, cuyo creador es San Juan de la Cruz, tiene, no sólo origen,
sino caracteres y vicisitudes propias, y no emanadas de Ekart, Tau-
ler. Suso, etc.
L a influencia de la mística alemana en España se echa de ver en
los escritos de Molinos y de otros sectarios del quietismo, pero no
en los de San Juan de la Cruz n i en los que fielmente le imitaron.
De entre éstos «es verdad que abundan algunos en conceptos atre-
vidos , y mucho más en aquel siglo y rodeados de errores místicos;
pero cuando parecen llegar al borde de la sima del panteísmo, allí
se detienen; su humilde sumisión á la Iglesia y el vivo sentimiento
del ser individual los salva.»
Los escritos de nuestro Santo han sido calificados de muy dis-
tintas maneras, ya para eclipsar l a gloria que este Sol irradia, ya
por la ignorancia de muchos que los censuran; pero todo eso no ha
servido sino para que ilustres genios enristraran la pluma en esta
odiosa contienda, hasta dejar tendidos en la arena del desprecio á
todos y á cada uno de los detractores.
Feller ha calificado, sin dañada intención, las obras de San Juan
de la Cruz diciendo estar escritas «en un estilo obscuro y , por de-
cirlo así, misterioso.» No refutaremos estas ideas; pero justo nos es
trasladar las palabras de un crítico digno de mención. «Es verdad,
dice, que el estilo de San Juan de l a Cruz es difuso; pero estúdiense
sus obras del modo que se debe, y se hallará en todas ellas un gran
tesoro de amor y caridad, una inteligencia superior en las cosas
santas y un deseo vivo y animado hacia el bien y la gloria celes-
tial. Ignoramos las m á s veces el mérito de estos escritos, no porque
carezcan de él, sino porque no es fácil que los comprendan aquellos
que no han seguido la vía de San Juan de la Cruz; pero á lo menos
deberán confesar, en lo poco que comprenden, que todo lo de este
(1) M á s adelante, y en este trabajo, lo probaremos con m á s e x t e n s i ó n .
— 176 —
Santo es admirable» (1). Y no es extraño para el que medite sobre
las tres condiciones que el ilustrado P. Berthier encuentra en estos
escritos. «La primera es, dice, una lógica sumamente precisa; la
segunda, u n espíritu esclarecido en las luces divinas, y la tercera, un
don de sabiduría que jamás se desmiente.» Así lo creyeron el Abate
Godescard, el P. José del Espíritu Santo, los Sres. Ürtí y Lara,
Menéndez Pelayo, Valora, Erro y el malogrado Muñoz Garnica.
E l estilo de San Juan de l a Cruz lo censuran algunos diciendo
ser obscuro, difuso, etc., y precisamente en esa misteriosa obscuri-
dad se halla uno de los mayores méritos por los cuales aprecia la
sana literatura las obras de nuestro clásico. Gracioso fuera que la
mística teología, ciencia la m á s sublime, y comparada por el Santo
á una noche obscura, se amoldara en su lenguaje al que l a novela ó
la historia emplean en sus descripciones ó narraciones. L a litera-
tura mística requiere terminología propia, así como las Matemáti-
cas tienen nomenclatura propia, y distinta de la que l a Jurispru-
dencia ó l a Moral emplean.
Para juzgar bien el estilo que San Juan de la Cruz empleó en sus
escritos en prosa, sería necesario, no sólo estar iniciados en la teo-
logía mística, sino que la experiencia estuviera sobre l a ciencia, y
esto «en el alto estado de unión sobrenatural y amoroso con Dios».
Por tanto, no se debe reparar con demasiada ahinco en que nues-
tro clásico no empleara las reglas de retórica ó elegancia que De-
móstenes entre los griegos. Cicerón entre los latinos y Cervantes
entre nosotros tan magistralmente emplearon, porque l a materia
que trató San Juan de la Cruz era muy distinta, y no se encami-
naba á regalar el oído ó avivar l a imaginación ajena, sino á decla-
rar los misterios de l a Noche obscura, y que se diese noticia de ella
á los hijos del Carmelo y á cuantos por obligación ó sin ella vivían
sin otro deseo que el «poseer á Dios por unión de amor».
Usa el Santo de algunos términos que á primera vista parecen
impropios, y hasta si se quiere bárbaros; pero si nos fijamos, á
poco conocemos que no podía decir otra cosa que mejor pudiera
servir para el logro de sus santos fines: emplea comparaciones que
alguno las juzgaría por bruscas; pero entiéndase que sirven éstas
(1) B i o g r a f í a eclesiástica completa, edición de M a d r i d , t. i v , p á g . 386.
— 177 —
mejor para decirnos lo que no es y llevarnos en desnudez y vacío
de criaturas al lleno del que sobrexcede á todo, sin dejarnos repo-
sar n i hacer pie sobre objeto alguno material.
«No hallando San Juan de la Cruz en la lengua castellana voces
á propósito para expresar el objeto de sus obras, que no es otro que
la purificación de las potencias sensitivas ó intelectuales, y los me-
dios que ha de emplear el alma para llegar á la perfecta contem-
plación y alto estado de unión sobrenatural y amorosa con Dios,
da á los vocablos comunes una acepción distinta de la que les es
propia^ amontona sin tasa n i orden todos los que cree necesarios
para declarar cosas que indudablemente no están al alcance de
nuestros pobres y bajos idiomas, sin detenerse ante la considera-
ción, demasiado mundana para el que intenta expresar conceptos
y sentimientos tan divinos, de que su locución pecase ó no por re-
dundante ó difusa y saliese desabrida ó armoniosa; por manera que
estos defectos, si tal nombre merecen, son tan inherentes á los
asuntos tratados por el Santo, que los tenemos, si no por imposible,
por muy difícil de evitar; y aun algunos de ellos; tales como esa
obscuridad moderada y la incoherencia que dejamos apuntadas en
la significación de los vocablos, engendran cierta belleza acomodada
á esa elocuencia espiritual, comunicándole aquel sabor poético que
nos atrae y seduce.»
Termina estas consideraciones el Sr. JRubió y Ors, observando
con Capmany que, si se examina con ojos de carne, « e n estos es-
critos, llenos de jugo espiritual y vacíos de todo adorno y afeite
vano, brillan también de cuando en cuando expresiones animadas
de vivísimas figuras y hermosas imágenes que compensan la negli-
gencia y languidez de estilo, que es, sin embargo, siempre fluido,
castizo y fácil. Algunas veces es vehemente y sublime, aunque
nunca arrebatado n i impetuoso. Abunda en muchos lugares de be-
llezas originales de la lengua castellana, ya en la suavidad de las
dicciones, ya en lo magnífico y elevado de las ideas, donde hay
más misterios que palabras, y por ú l t i m o , su expresión es grande
en la pintura de las cosas celestiales, y en los afectos amorosos de-
licadísima» (1).
(1) Manual de elocuencia sagrada, por R u b i ó y Ors, p á g i n a s 100 y 101.
23
— 178 —
H e ahí ponderados los defectos que contienen los escritos de San
Juan de la Cruz, según el juicio del humano criterio. A u n pudié-
ramos suprimir varios de ellos y refutar las palabras de los referi-
dos críticos con otras de los Sres. Menéndez Pelayo, Valora y del
malogrado Muñoz Garnica; pero dejemos á un lado esa tarea, ya
que no es m i propósito elevar á San Juan de la Cruz sobre otros
escritores del siglo x v i , sino demostrar que es uno de los clásicos
de aquel siglo de oro, y de cuya imitación pudiera servirse no poco
nuestra moderna literatura. Además, no existe composición litera-
ria exenta de algún defecto, por pequeño que sea; las de los m á s
grandes escritores los han tenido de tal modo, que Cervantes, Lope
de Vega, Calderón y otros han servido harto de materia para que
se escribiesen varios libros en pro y en contra de sus defectos lite-
rarios.
Muchos han sido los que han apreciado por valor inestimable la
viveza y energía de nuestro Santo al describir los afectos celestia-
les, y no sólo entre católicos, sino entre los mismos racionalistas,
deslumhrados y como aterrados ante el resplandor vivísimo que
irradian los celestiales escritos del Sol de la teología mística. De
él dijo un buen talento, pero extraviado, «que había escrito en
buena y muy castiza prosa ¡ Qué bella y animada no es su ex-
presión en la pintura de cosas celestiales! ¡Qué delicado en esos
rasgos de amor con que retrata su incesante aspiración al cielo!»
A pesar de lo dicho, aun habrá quien, habiendo leído los escritos
del Santo, abrigue algún recelo de que la verdad en materia de
amor la presenta de una manera tan escueta y desnuda, compara-
ble con la del inspirado autor del Cantar de los Cantares; si sólo lle-
gase hasta ahí el recelo, ¡ santos recelos! Pero se va más allá: se
quiere encontrar algún peligro, y por eso, sin hacerme eco de estos
infundados recelos, creo muy del caso reproducir las frases de un
autor, nada sospechoso, hablando de Bossuet: v¿Quién pudiera,
dice, escandalizarse de semejante lenguaje? Bossuet es tan casto
como sublime cuando habla del amor y de todo lo que le pertenece;
solamente Milton se le asemeja. ¿No es una cosa muy bella y muy
noble el haberse valido de la fuerza del misticismo para hacernos
olvidar el sentido material de las palabras, y que no pensemos sino
en el valor y significación que tienen? Nuestros romanceros y no-
— 179 —
velistas hacen justamente todo lo contrario: bajo palabras honra-
das y decentes, su intento es hacernos pensar en cosas que no lo
son» (1).
m.
Prosa.—Reflexiones.
Vistas algunas cualidades de los escritos en prosa salidos de l a
pluma del místico doctor San Juan de l a Cruz, y reservando para
tratar luego con más extensión otras varias, creo muy del caso po-
ner á la consideración del lector algunas reflexiones antes de llegar
al objeto principal del tema que desarrollamos. L a decadencia de
nuestro hermoso idioma parece hallarse en relación directa con l a
introducción en nuestra patria de los ideales que el racionalismo
ostenta desde su pendón nefando; y tanto m á s se deja ver esta re-
lación desde el momento en que l a enseñanza oficial dobló su cer-
viz ante el ídolo adorado por los discípulos de l a Enciclopedia. H o y
no es Voltaire el que con sarcástica sonrisa se mofa del Crucificado,
n i es Krause el que con su filosofía (2) envilece nuestro idioma,
sino Emilio Zola, que, osado por no decir furioso , nos ofrece con
sus producciones el triste reflejo de lo que intenta poner por obra
el realismo literario.
¿Quién ignora l a influencia perniciosa que esas doctrinas ejercen
sobre el espíritu que animó y ennobleció siempre á nuestra litera-
tura? Se ha querido apartar la inspiración religiosa de toda obra y
de toda arte bella, que si algo llegó á valer ó servir fué merced á
aquella inspiración santa, y por ende sublime, á cuya influencia
veía el alma horizontes sin límites y descubría hasta los m á s gran-
des y maravillosos secretos del arte. ¡ Hoy tocamos el resultado!
No sólo la literatura, sino l a misma ciencia, y auh el arte en ge-
neral, caminan por l a senda trazada al entendimiento por la es-
cuela naturalista ó realista, que á su vez se halla fundada «en un
(1) De lajvstice dans la Révolution y dans VEglise, por P r o u d h o n .
(2) M e j o r p u d i é r a m o s l l a m a r olla de grillos, s e g ú n l a e x p r e s i ó n de i l u s t r a -
dos escritores
— 180 —
determinismo insensato y en un concepto equivocado, á la vez que
rastrero, de l a humanidad» (1).
¿Qué viene á ser el realismo literario sino indicio cierto de es-
pantosa decadencia, traducción fiel de las costumbres contemporá-
neas , y por ende prueba irrefragable de la maldad que inspira á
tal escuela? Así se comprende el desvío hecho por l a literatura mo-
derna de aquellos ideales sublimes que inspiraron producciones
inmortales á los genios de F r . Luis de León y F r . Luis de Grana-
da, á Santa Teresa de J e s ú s , Lope de Vega, Calderón de l a Barca,
F r . J . de los Angeles y tantos otros que nos recuerdan lo que fué
la España cuando se cobijaba al amparo de la Religión que hoy
escarnece; sólo esos ideales que el realismo rechaza fueron, son y
serán siempre capaces de inspirar aquella «prosa admirable y
aquellos versos m á s admirables que la prosa, y de fijo superiores á
todos los que hay en castellano» (al cantar las delicias de l a unión
extática), en donde se ven fielmente retratados la nobleza y eleva-
ción de espíritu, á la par que el afecto por el idioma patrio, de
aquel Serafín del Carmelo, conocido en los anales de la Iglesia, L i -
ratura é Historia con el nombre de San Juan de la Cruz. Esto,
claro está, no puede ser oído por los que, ignorando el verdadero
concepto de la belleza, y guiando al arte por darte, separado por
supuesto de la moral, y si no calificado, ó mejor dicho, motejado
de platonismo, intentan descubrir los secretos que ciarte entraña,
ayudando así al realismo en su satánica empresa.
E l sensualismo es, sin duda alguna, el dios adorado por el rea-
(1) A s í se e x p l i c a l a conducta de F r a n c i s c o D e - S a n c t i s , M i n i s t r o que f u é
de I n s t r u c c i ó n p ú b l i c a en I t a l i a , al dar u n a conferencia en N á p o l e s sobre el
Assommoir de Z o l a . Q u e r í a dar á conocer el realismo de esta avanzada escuela
m á s á f o n d o de lo que l a I t a l i a lo conocía, y dedujo en consecuencia, « q u e l a
parte a n i m a l del hombre es l a que merece todas las atenciones; m á s a ú n : e l
h o m b r e , d i j o , por acariciar al hombre h a descuidado demasiado sus fuerzas
naturales y a n i m a l e s » .
Zola e s c r i b i ó m á s tarde su c o r r o m p i d a n o v e l a i n t i t u l a d a T m r a , y traducida
al castellano, á pesar de haberla p r o h i b i d o y hasta quemado algunos G o b i e r -
nos extranjeros. Poco ha presentaba E m i l i o Zola su c a n d i d a t u r a para ocupar
una vocante en l a A c a d e m i a de P a r í s , y c r e í a s e segura l a v i c t o r i a . ¡Qué ho
rror! A h o r a acaba de e r i g i r un m o n u m e n t o a l dios del siglo con su novela i n -
titulada V A r g m t .
— 181 —
lismo, y bajo su férula militan, no sólo una gran parte de los que
cultivan las bellas artes, si que también las bellas letras. ¡Qué
triste es para un corazón español oir de labios autorizados que
nuestra amada literatura, salvo honrosas excepciones, camina de-
salada hacia la realización de las inmundas teorías de Epicuro!
H a y quien toma la pluma creyéndose convencido de que no
tiene alma, ¡infeliz! y dice que siente; pero ¡cómo escribe! E n
sus escritos siembra una frialdad, en la que hasta l a misma imagi-
nación queda envilecida; coarta los sentimientos más nobles, y todo
su empeño se fija en presentar á l a inspiración artística ó literaria
el ideal, si tal nombre merece, de la desnudez, del materialismo
grosero ó de l a corrupción desenfrenada.
Y o , á fuer de español, hablo á los amantes todos de las glorias
literarias para que nos dirijamos hacia el bien, ya que en esto,
teóricamente al menos, buenos y malos convenimos, pero que nos
dirijamos al bien por el mismo bien, y no por el m a l , como pre-
tende l a escuela naturalista; hagamos ver que la belleza no consiste
en el deseo y gusto de lo carnal, sino que, como atributo de Dios,
existe separada de los carnales apetitos, y que «el arte es el reflejo
en el hombre de la Belleza suprema que se identifica en Dios con
l a verdad y l a bondad, y en tanto será el arte m á s perfecto en
cuanto se acerque á esta Belleza. Siendo^ pues, el tipo de la belleza
artística la belleza divina, personificada en el Verbo, ó sea en Je-
sucristo, resulta que lo bello en el arte es, como en Dios, insepara-
ble de lo verdadero y lo bueno, y en consecuencia, que la morali-
dad es, no sólo obligación del escritor, sino exigencia de los prin-
cipios estéticos» (1).
Reconozco por muy justa la petición y los deseos de aquellos
que claman sin cesar contra los absurdos ideales del naturalismo y
realismo; dicen que las bellas letras, y aun el arte en general, no
pueden eximirse de fatal y desastrosa decadencia, y hasta l a ruina,
si se acata la fórmula del arte por el arte, y que sólo los ideales que
proporciona tan sólo la religión de un judío crucificado enseñán-
donos abierto su corazón, podrán proporcionar días de felicidad al
(1) A s í lo siente el ilustrado D . R a f a e l Cano en su Memoria sobre el Arte
y la Moral.
— 182 —
arte en todas sus esferas, y llegar así al término del progreso que
en este mundo limitado puede alcanzarse; hora es, por tanto, de
recordar un medio en la necesidad imperiosa de salvar el arte en
sus manifestaciones literarias, sobre todo de esa corriente que con-
duce al abismo; ese medio es el que se nos ofrece hoy con motivo
del tercer Centenario de aquel escritor que si hizo época por su ma-
nera de escribir en prosa, cantó en verso, superiores de fijo á todos los
que hay en castellano, las delicias de la unión extática.
Imitemos aquellas sublimes producciones del Serafín coadjutor
de Teresa de Jesús, y lograremos que nuestra literatura rompa el
yugo férreo y l a servil dependencia que le impone el sensua-
lismo (1). Así veríamos cómo la mística, en el terreno literario, en-
gendraría composiciones como las de Teresa de J e s ú s , Fr. Luis de
L e ó n , F r . Luis de Granada, F r . Juan de los Ángeles, Malón de
Chaide, etc., etc.; esto sin contar l a mejora de costumbres en pre-
sencia de tales ejemplos, la utilidad que reportaría á muchos direc-
tores espirituales, y por ende, á no pocas almas consagradas á Dios
dentro ó fuera del claustro ¡ el impulso poderoso sobre la Teología,
y aun sobre el mismo escolasticismo; la moral, las ciencias filosófi-
cas, y sobre todo la Lógica y la Psicología, enriquecerían no poco
algunas de sus partes con los escritos de aquel que admirablemente
dijo que en esta vida «sólo comunica Dios ciertos visos entre obs-
curos de su divina hermosura, que hacen codiciar y desfallecer al
alma con el deseo de lo restante». Sólo por estas palabras no pu-
diéramos llamarle despreciador y enemigo de la razón humana,
como algún infeliz ha intentado; pero es m á s ; á pesar de aconse-
jarnos la desnudez del propio entender para llegar á la cima del
Monte Carmelo, ó sea de la perfección, nos ha dejado escrito que
«más vale un pensamiento del hombre que todo el mundo» (2).
¡Ese es San Juan de la Cruz! Propaguemos sus escritos, y satis-
faremos no pequeña parte de nuestras constantes y legítimas aspi-
raciones en pro de los intereses de l a literatura; vulgaricemos sus
( 1 ) E s v e r d a d que no soy optimista en el asunto; pero m á s adelante adu-
c i r é pruebas para que se vea que rechazo e l p e s i m i s m o , á pesar de m i s esca-
sos conocimientos.
(2) Sentencias espirituales, 29.a
— 183 —
m á x i m a s preciosas, hagamos aplicación de ellas al arte, y mostre-
mos al escritor, sea sagrado, sea profano, los vastos límites en que
puede vaguear la imaginación más activa, sin que estos ideales lle-
guen á confundirle ó hacer monótonas sus producciones.
jCuán dulcemente nos enseña San Juan de la Cruz á describir
escenas, las más tiernas y delicadas del amor! ¡Con cuánta precisión
explica
A q u e l l o que m i alma p r e t e n d í a
A q u e l l o que me diste el otro d í a ! ( 1 ) .
¡Cómo conduce al lector, no sólo al desprecio de las cosas terre-
nas en lo que tienen de terreno, sino al amor de una vida que, aun
cuando no existiera, debería el corazón del hombre suspirar por
quedar preso entre los lazos del amor que tiende el corazón del
Amado en aquel sabroso
.aspirar del aire
E l canto de l a dulce filomena,
entre
E l soto y su donaire,
E n l a noche serena
Con l l a m a que consume y no da pena! (2).
¡ Cuántos bellos ideales! ¡ Qué dulzuras tan celestiales contienen
los escritos del Doctor extático!
Imitémosle y sigamos sus huellas, siquier sea por honrar el nom-
bre y la literatura de nuestra patria.
¡ Cómo no renacer de esa imitación aquella hermosa literatura
mística que, cual preciada joya, se halla engarzada en la corona
española del siglo x v i ! Entonces, en aquel siglo de oro, á nadie pa-
(1) Cántico espiritual, canción x x x v m .
(2) Cántico espiritual, c a n c i ó n x x x i x .
— 184 —
recieron refractarios al progreso los escritos de nuestro clásico; ejer-
cieron notable influencia en el desarrollo de la literatura, dando
origen á muchos libros místicos del siglo x v n , y todos los sabios
los admiraban. ¿Por q u é , pues, no han de ejercer en nuestros días
i g u a l ó m á s notable influencia? ¿Por qué no podremos encauzar
por las vías del progreso los destinos de la moderna literatura ?
.Reconozco con el Sr, Menéndez Pelaj^o que «no suelen venir dos
siglos de oro sobre una misma nación»; pero me complazco en verle
atírmar que, «mientras sus elementos esenciales permanezcan los
mismos, por lo menos en las últimas esferas sociales; mientras sea
capaz de creer, amar y esperar; mientras su espíritu no se aridezca
de tal modo que rechace el rocío de los cielos; mientras guarde al-
guna memoria de lo antiguo y se contemple solidaria con las ge-
neraciones que l a precedieron, aun puede esperarse su regenera-
ción; aun puede esperarse que, juntas las almas por la caridad, torne
á brillar para E s p a ñ a la gloria del Señor, y acudan las gentes á su
lumbre y los pueblos al resplandor de su Oriente-».
M i querida España se encuentra todavía en ese estado; aun no
ha perdido la fe; sólo resta que trabajemos unidos en consocio i n -
disoluble todos los católicos, y l a España de Teresa dará muestras
de vigor, fuerza é hidalguía al celebrar l a memoria de San Juan de
la Cruz en su tercer Centenario. ¡Manos á la obra! L o que resta, fá-
cilmente se consigue; mejor dicho, está hecho.
IV.
Decíamos en nuestro anterior artículo que imitando las sublimes
producciones de San Juan de la Cruz lograríamos romper el yugo
férreo y la servil dependencia que el sensualismo impone á nuestra
literatura.
No pretendo por ello que las producciones todas de ésta tengan
por objeto asuntos místicos ó ascéticos, n i siquiera persigan un fin
altamente moral, pues claro está que cada uno de los diferentes
géneros literarios tienen caracteres propios, y si bien la escuela
católica tiene límites bien marcados, no por eso quedan coartados
los derechos de la humana inteligencia cuando, acompañada del
— 185 —
genio é inspiración, lánzase desalada en busca del ideal que sólo
ella divisa en las regiones de lo sublime.
No pretendo encerrar entre los límites de la mística literatura el
objeto y las aspiraciones de la literatura en general, porque preten-
sión fuera ésta, más que hipotética, absurda; pero sí me atrevo á
decir que los escritores en todo género de prosa pueden aprender
en San Juan de la Cruz la pureza de lenguaje, aquella ternura i n -
imitable á l a par que recta severidad de estilo, aquella uniformidad
de plan sin degenerar en monótono; aquella concisión en l a frase
y en l a cláusula, aquella sublimidad en los pensamientos y aquella
lógica que desde los primeros instantes lleva la convicción al en-
tendimiento.
De este modo podríamos evitar la ruina con que nos amenaza
esa espantosa corriente de ideas que la moderna filosofía ha lan-
zado en el terreno de las bellas letras, haríamos frente al error
protegido por la libertad de cátedra, y hasta acabaríamos con la
multitud de textos vivos que tanto abundan en nuestros Institutos
y Universidades.
Quizás parezca optimista; pero téngase en cuenta que las cuali-
dades antes mencionadas nunca ó rara vez se encuentran unidas
en un entendimiento enemigo de la verdad, de la luz, y por ende
de l a ciencia é ilustración. Además hay que convenir en que l a
escuela católica, hasta hoy tan vejada y oprimida desde fines del
pasado siglo, empieza hoy á renacer con tal exuberancia de vida
que si recordamos tan sólo los nombres de Pereda, Coloma, Verda-
guer y Zorrilla, desaparecen de nuestro pensamiento muchas ideas
pesimistas que hasta hoy nos desconsolaban.
Es una verdad innegable que l a unión constituye la fuerza, y si
bien luchas personales ó de partido nos hacen derramar lágrimas,
es indudable que l a escuela católica se halla conteste en hacer
frente en todo terreno lícito á los enemigos de la verdadera belleza,
que si bien se hallan divididos en parcialidades según sus creencias
religiosas, políticas ó filosóficas, convienen, aunque por distintos
medios, en u n mismo fin, cual es ridiculizar l a virtud, mancillar l a
honra y perdonando hasta ensalzar el vicio. Amigos éstos de nove-
dad desechan á Walter Scott por la producción m á s reciente de
Zola, buscan ansiosos la última novela de Pérez Galdós ó el último
24
— 186 —
verso de Carducci, y esperan que la señora Pardo Bazán acentúe
sus tendencias realistas para que no merezca una nueva reprensión
del sucesor de M r . Hause (1). Y si comparamos este proceder con
la superficialidad del carácter español en nuestros días llegaremos
á tocar l a necesidad de unión cada día mayor entre los escritores
católicos para velar por los ideales que con razón sobrada pudiéra-
mos llamar patrios, ya que á su sombra adquirió España la honra
de ser, no sólo admirada, si que también estimada de las demás
naciones, que á su vez envidiaban el sin igual idioma de Cervantes
y el espíritu que lo animaba.
Dejémonos de falsas exigencias de la época. Siempre ha sido el
idealismo la nota característica del pueblo español, sin que fuese
obstáculo para contar entre nosotros matemáticos insignes, físicos
y naturalistas eminentes; pero aun hoy, á pesar del inaudito es-
fuerzo que las sectas prestan al realismo en el terreno literario, no
pueden permanecer en olvido, no ya los católicos antes nombrados,
pero n i tampoco los nombres de Fernán-Caballero, Selgas, Hart-
zenbusch, Navarro Villoslada y tantos otros.
¡ Cuán dulces y simpáticos son nuestros escritores cuando la Re-
ligión católica es el ambiente en donde extienden las alas de su
fogosa imaginación! E n cambio los que de ellos se apartan se ad-
hieren por lo general en nuestros días á la escuela francesa de Zola,
representada en España por Pérez Galdós, y no hacen sino levantar
las manos al cielo quejándose y criticando las Nubes de estío, de Pe-
reda, ó Pequeneces , del P. Coloma, por la sencilla razón de que
no participan de sus ideas y hacen frente al realismo m á s degra-
dante. ¡Con cuánta razón cantó Zorrilla,
« L o s poetas de ayer é r a m o s p á j a r o s :
H o y filósofos son, casi profetas;
Y o e m b e l e s é á m i pueblo con gorjeos,
L o s de h o y e l sol d e l p o r v e n i r le muestran.
V e r d a d es por su m a l , ¡y es el castigo
Que da D i o s á l a a l t i v a i n t e l i g e n c i a !
Que v a u n t u r b i ó n de audaces rapsodistas
D e t r á s del genio que descubre y crea;
(1) Presidente que f u é de l a Sociedad literaria de P a r í s , en cuyo cargo le
ha sustituido E m i l i o Z o l a .
— 187 -
Y a l v i c i a r y enlodar sus creaciones,
Va haciendo, a l convertirlas en escuela,
D e l a antorcha del genio lamparillas,
D e l almo sol del porvenir linternas! D
M i ánimo al sentar l a primera proposición de este artículo se
reduce, no sólo á la imitación de las cualidades literarias que los
escritos del Doctor extático encierran, si que también aquellos mís-
ticos ideales de que están saturados sirvan á los escritores que por
la índole del género que cultivan debían ponerlos en práctica, f,
sin embargo, los olvidan y hasta rechazan.
¡Con qué bellas composiciones se enriqueció nuestro Parnaso
imitando los ideales que movían la pluma de Santa Teresal
S i en su tercer Centenario tal sucedió, ¿por qué hoy en el de San
Juan de la Cruz, cuya doctrina é ideales son idénticos, no hacemos
lo mismo promoviendo certámenes y veladas literarias para propa-
gar tan celestiales y clásicos escritos? (1).
Á nadie se oculta el mal de que adolece la moderna literatura,
y no podemos menos de convenir con el insigne Zorrilla al demos-
trar en el Senado litwario que el
<c r i d i c u l i z a r todo lo bello.
D e todos los respetos hacer befa
Y caricaturarlo todo, haciendo
Oposición á todo por sistema,
E s traer a l lodazal el blanco a r m i ñ o ;
E s á quien nacen alas tirar piedras;
N a d a , en fin, respetar y osar á todo,
N o es progreso social, es desvergüenza.^)
Nuestra moderna literatura no respira aquel ambiente puro en
que vivía durante los siglos x v i y x v n , y casi pudiéramos decir
que la literatura que reina generalmente en España no es espa-
ñola; será italiana á lo Guerrini, Ktequekti ó Carducci, francesa á
(1) B i e n sé que los hijos de Teresa desaparecieron en el v e n d a v a l r e v o l u -
cionario del 35, y que s i h o y existen unos pocos, dedican todos sus afanes á l a
c o n v e r s i ó n del p r ó j i m o allende los mares ; y no pudiendo organizar solemnes
c e r t á m e n e s , v e r í a n con gusto que las Corporaciones encargadas de apreciar los
escritos de San J u a n do l a C r u z organizaran c e r t á m e n e s y veladas literarias
para ensalzar l a m e m o r i a de nuestro clásico en su tercer Centenario.
— 188 —
lo Zola, inglesa á lo Walter Scott, ó alemana, pero no española,
puesto que en todo ó en parte se opone á los ideales del abrasado
serafín del Carmelo, de su coadjutor insigne, de los dos Luises, de
Cervantes, Lope de Vega, Calderón de la Barca, Tirso de Molina,
Herrera y tantos otros.
Estos sublimes ideales, singularmente los de San Juan de la Cruz,
son los únicos que h a r á n renacer la vida de la inteligencia y la vida
del corazón, porque la fe en una grande idea y el amor á una causa
justa y santa, cual es la que defiende el Doctor extático, son los
ejes sobre que giran nuestra inteligencia y corazón; así lo reconoce
u n talento extraviado de nuestros días, así nos lo refiere la Historia
en cada una de sus páginas.
E l empeño principal del realismo literario hemos visto que no
es otro que el de arrojar al ostracismo los ideales del Cristianismo,
cuando precisamente, después de impugnar esta tendencia muchos
de los que entre sus corrientes arrastra aquella escuela, tolera el
Sr. Castelar el Cristianismo á título de «ideal necesario al pensa-
miento, inspiración necesaria al arte luz de l a inteligencia, calor
del corazón, alma de la vida» (1). Y no sólo esto, sino que en escrito
reciente ha manifestado que la Cruz divina es para la poesía «el
nacimiento de aquel amor purísimo no tocado por el lado de la
tierra; amor tan casto como el pensamiento, esencia inmortal de
nuestra alma, amor que no cabe en el tiempo y en el espacio, y que
se dilata en la eternidad como el ensueño místico de Petrarca, como
el culto espiritual del Dante á su Beatrice. Para todas las artes el
Cristianismo señala el nacimiento de un ideal divino que el artista
no podrá encerrar en las formas; ideal que hará rebosar la inspira-
ción en l a mente del poeta, que i n u n d a r á de una luz vivísima las
tablas y los lienzos, que levantará en las alturas, tan etérea como
una oración, la calada cúpula de las catedrales góticas> (2).
¡Cuánta verdad es que el idealismo es l a nota característica del
pueblo español! Podrá un genio apartarse del Catolicismo y arro-
jarse en brazos de un pietismo soñoliento ó de u n cristianismo pan-
(1) Citado por D. M . M e n é n d e z P e l a y o , Heterodoxos españoles, t. m, p á -
g i n a 808.
( 2 ) E l Globo, p e r i ó d i c o p o l í t i c o , 27 de M a r z o de 1891.
— 189 -
teísta; pero no tardará en reconocer su estado y ver con claridad su
miseria, aun cuando se halle rodeado de una atmósfera raciona-
lista. Por este motivo suspiramos nosotros por la reivindicación del
ideal místico y abstracto, del ideal más sublime, del ideal católico
en una palabra. Y esto, no sólo en el terreno de las bellas letras,
sino en el de las bellas artes.
Ahora se comprenderá lo noble de nuestros intentos al renovar
la memoria del místico Doctor y clásico poeta San Juan de la Cruz,
deseando la propagación de sus doctrinas y la imitación de su len-
guaje é ideales. Kesta que los católicos unamos nuestras fuerzas y
presten cooperación al pensamiento, no sólo las Ordenes religiosas
existentes hoy en España, no sólo los centros de enseñanza católica,
no sólo las Juventudes, Círculos y Centros católicos, si que también
la Eeal Academia de la Lengua, por tratarse de un clásico español,
y todos cuantos sientan algún afecto por la patria, ya que gloria
española es contar l a Iglesia con u n Santo español, con una antor-
cha brillante en el siglo x v i , la Historia y la Literatura con *una
verdadera individualidad en l a historia literaria de aquel siglo de oro,
en que la Teología desplegó todas sus fuerzas y la Poesía tendió
todas sus alas; en aquel siglo en que España hacía oir sobre el es-
truendo de sus armas vencedoras l a poderosa voz de sus filósofos y
el eco de sus cantos; en aquel siglo de esplendor y de gloria en que
abundan á la vez los ilustres capitanes y los m á s grandes escrito-
res.» Entonces fué San Juan de la Cruz un tipo aparte, una verda-
dera individualidad.—FB. J . BERCHMANS DEL S. C. DE JESÚS, Carme-
lita Descalzo.
CAPÍTULO XVI.
DICTÁMENES INÉDITOS DE SAN JUAN DE LA CRUZ.
S u m a r i o : I . A u t e n t i c i d a d d e l testimonio.—II. T e x t o del testimonio y d i c t á -
menes i n é d i t o s de San J u a n de l a C r u z . — I I I . A d v e r t e n c i a y nota d e l co-
piante d e l testimonio y d i c t á m e n e s anteriores,
I.
Autenticidad del testimonio.
TESTIMONIO INÉDITO EXPRESIVO PRINCIPALMENTE DE VARIOS Dic-
támenes DE SAN JUAN DE LA CRUZ , TANTO ASCÉTICOS Y MONÁSTICOS,
COMO RELIGIOSAMENTE POLÍTICOS, QUE EN ORDEN Á LA CAUSA DE
SU CANONIZACIÓN DIÓ EN LA NUEVA ESPAÑA EL V . INSIGNE PRI-
MITIVO P. N . FR. ELÍSEO DE LOS MÁRTIRES, DE QUIEN HABLAN
LAS Crónicas de la Orden EN LOS LUGARES QUE SE CITAN ABAJO,
Y POR LO RESPECTIVO Á ESTE Documento EL TOMO VII DE LAS MIS-
MAS, LIB. XXVIII, CAP. XLIX, NÚM, 13.
Trasladado en el colegio de Carmelitas, en Salamanca, de la obra ma-
nuscrita Carmelo Mexicano {del castellano viejo F r . Diego del Espíritu
Santo, autor de las demás obras inéditas que abajo insinuaremos), lib. n ,
capítulo x x .
n.
Texto del testimonio y d i c t á m e n e s i n é d i t o s .
E n virtud del precepto que se me ha intimado, dice el venera-
ble P . F r . Elíseo de los Mártires: «Digo y declaro lo siguiente: co-
nocí al P. F r . Juan de l a Cruz, y le traté y le comuniqué muchas
— 191 — •
veces y de diversas maneras.» Después de hacer el retrato del
Santo, que puede verse en el cap. i v de este homenaje, dice: «Supo
y sintió altamente de la oración y trato con Dios, y á todas las du-
das que se le proponían acerca de estos puntos, respondía con al-
teza de sabiduría, dejando á los que le consultaban muy satisfechos
y aprovechados. F u é amigo de recogimiento y de hablar poco; su
risa, poca y muy compuesta. Cuando reprendía como Superior (que
lo fué muchas veces), era con dulce severidad, exhortando con amor
fraternal, y todo con admirable serenidad y gravedad.
^Dictamen primero.—Fué enemigo de que los Superiores de reli-
giosos, y más reformados, mandasen con imperio; y así repetía:
«Que en ninguna cosa muestra uno ser indigno de mandar, como
»mandar con imperio; antes han de procurar que los súbditos
»nunca salgan de su presencia tristes.» Nunca hablaba con artificio
ni doblez (de que era inimicísimo), porque decía él
^Dictamen segundo.—Que los artificios violaban la sinceridad y
limpieza de la Orden, y eran los que mucho la dañaban, enseñando
prudencias humanas con que las almas enferman.
^Dictamen tercero.—Decía del vicio de la ambición que en gente
reformada es casi incurable, por ser el vicio más envicionero de
todos, porque colorean y matizan su gobierno y proceder con apa-
riencias de virtud y de mayor perfección, con que la guerra se hace
más cruda y la enfermedad espiritual m á s incurable. Y decía de este
vicio ser tan poderoso y pestilente, que hace á los que posee tales
pecadores, que de sus vidas y enredos viene á hacer el demonio una
argamasa que pone en confusión á los confesores, aunque sean muy
sabios, porque pican en todos los vicios. (De hoc redit sermo 15, 16,
17, 18 y 19.) Tenía constante perseverancia en la oración y pre-
sencia de Dios y en los actos y movimientos anagógicos y jacula-
torias oraciones.
»Dictamen cuarto.—Decía que la vida de un religioso era toda un
sermón (ó había de serlo) doctrinal, que tuviese por tema estas pa-
labras repetidas algunas veces al día: Antes morir y reventar, que
pecar. Que dichas de voluntad, limpian y modifican el alma, y le
hacen crecer en amor de Dios, y dolor de haberle ofendido y pro-
pósito firme de no ofenderle más.
^Dictamen quinto.—Decía que hay dos maneras de resistir vicios y
— 192 —
adquirir virtudes. L a una es común y menos perfecta, y es cuando
vos queréis resistir á algún vicio y pecado ó tentación por medio
de los actos de la virtud que contrasta y destruye el tal vicio, pe-
cado ó tentación. Como si el vicio ó tentación de la impaciencia, ó
del espíritu de venganza que siento en m i alma por algún daño
recibido, ó palabras injuriosas, entonces resisto con algunas buenas
consideraciones, como de la Pasión del Señor {qui cum mole tradare-
tur, non aperuit os suum), ó considerando los bienes que se adquie-
ren del sufrimiento y de vencerse el hombre á sí mismo, ó pen-
sando que Dios m a n d ó que sufriésemos, por ser estas nuestras
mejoras, etc. Por las cuales consideraciones me muevo á sufrir y
querer y aceptar la dicha injuria, afrenta ó daño, y esto á honra y
gloria de Dios. Esta manera de resistir y contrastar l a tal tenta-
ción, vicio ó pecado, engendra la virtud de la paciencia, y es buen
modo de resistir, aunque dificultoso y menos perfecto.
«Hay otra manera de vencer vicios y tentaciones y adquirir y
ganar virtudes, m á s fácil y m á s provechosa y perfecta, que es
cuando el alma por solos los actos y movimientos anagógicos y
amorosos, sin otros ejercicios extraños, resiste y destruye todas las
tentaciones de nuestro adversario, y alcanza las virtudes en grado
perfectísimo. L o cual decía ser posible en esta manera. Cuando
sintiéremos el primer movimiento ó acometimiento de algún vicio
como la lujuria, ira, impaciencia ó espíritu de venganza por agra-
vio recibido, etc., no le habemos de resistir con acto de la virtud
contraria, como se ha referido, sino que luego en sintiéndole acu-
damos con un acto ó movimiento de amor anagógico contra el tal
vicio, levantando nuestro afecto á l a unión de Dios, porque con el
tal levantamiento, como el alma se ausenta de allí y se presenta á
su Dios y se junta con Él, queda el vicio ó tentación, y el enemigo
defraudado de su intento, y no halla á quien herir, porque el
alma, como está más donde ama que donde anima, divinamente
hurtó el cuerpo á la tentación, y no halíó el enemigo donde hacer
golpe n i presa, porque el alma ya no está allí donde la tentación ó
enemigo l a quería herir y lastimar. Y entonces (¡cosa maravillosa!)
el alma, como olvidada del movimiento vicioso, y junta y unida
con su amado, n i n g ú n movimiento siente del tal vicio con que el
demonio quería tentarla, y lo procuró: lo uno porque hurtó el
— 193 —
cuerpo, como está dicho, y no está allí, y si así puede decirse, es
casi como tentar un cuerpo muerto, pelear con lo que no es, con lo
que no siente, n i es capaz por entonces de ser tentado.
»Y de esta manera se engendra en el alma una virtud heroica y
admirable, que el angélico Doctor Santo Tomás llama virtud de
alma pefectamente purgada. L a cual virtud (dice el Santo) viene á
tener el alma cuando la trae Dios á tal estado, que no siente los
movimientos de los vicios, n i sus asaltos n i acometimientos ó ten-
taciones, por la alteza de l a virtud que en la tal alma mora. Y de
aquí le nace y viene una perfección altísima que no se le da nada
que la injurien, ó que la alaben ó ensalcen, ó que la humillen, ó
que digan mal de ella n i bien. Porque como los tales movimientos
anagógicos y amorosos lleven al alma á tal alto y sublime estado,
el m á s propio efecto de ellos en la dicha alma es que la hacen ol-
vidar todas las cosas que son fuera de su Amado, que es Jesucristo.
Y de aquí le viene, como queda dicho, que estando el alma junta
con su Dios y entretenida con Él, no hallan las tentaciones á quien
herir, porque no pueden subir adonde el alma se subió ó la subió
Dios: Non accedet ad te malum.
»Aquí dixo el V . P. F r , Juan de la Cruz, que se le advierta á los
nuevos cuyos actos amorosos ó anagógicos no son tan prestos n i
ligeros, n i tan fervorosos que puedan con su alto ausentarse de
allí del todo, y unirse con el Esposo, y que si por el tal acto y mo-
vimiento anagógico vieren que no se olvida del todo el movimiento
vicioso de la tentación, no dejen de aprovecharse para su resisten-
cia de todas las armas y consideraciones que pudieren, hasta que
del todo venzan la tentación. Y su manera de resistir y vencer ha
de ser ésta: Que primero resistan con los m á s fervorosos movi-
mientos anagógicos que pudieren, y los obren y exerciten muchas
veces; y cuando con ellos no bastare (porque l a tentación es fuerte
y ellos flacos), aprovéchense entonces de todas las armas de buenas
meditaciones y ejercicios que para la tal resistencia y victoria vie-
ren ser necesarios. Y que crean que este modo de resistir es exce-
lente y cierto, porque incluye en sí todos los ardides de guerra ne-
cesarios é importantes.
y>Dictamen sexto.—Y decía que las palabras del Psalmo 118 Me-
ntor esto verbt tui servo tuo, in 'quo mihi spem dedisti, son tan pode-
25
— 194 —
rosas y eficaces, que con ellas se acaba, con Dios, cualquier cosa.
^Dictamen séptimo.—Y diciendo con devoción las palabras del
Santo Evangelio: Nesciabatis, quia in Ms quce Patris mei sunt oportet
me esse? aseguraba que se reviste el alma de un deseo de hacer la
voluntad de Dios á imitación de Cristo Señor Nuestro con arden-
tísimo deseo de padecer por su amor y del bien de las almas.
y>Dictamen octavo.—Y que queriendo la Magestad Divina por me-
dio de una crudelísima tempestad destruir y acabar la ciudad de
Constantinopla, oyeron á los ángeles repetir tres veces estas pala-
bras: Sandus Deus, Sandus Fortis, Deus Immortalis, miserere nóbis,
Con las cuales súplicas luego se aplacó Dios, y cesó la tempestad
que había hecho mucho daño y le amenazaba mayor. Y así decía
que son estas palabras poderosas para con Dios en necesidades par-
ticulares de fuego, agua, vientos, tempestades, guerras y otras de
alma y cuerpo, honra, hacienda, etc.
•»Didamen noveno.—Decía asimismo que el amor del bien de los
próximos nace de l a vida espiritual y contemplativa, y que como
ésta se nos encarga por regla, es visto encargarnos y mandarnos
este bien y celo del aprovechamiento de nuestros próximos. Porque
quiso la regla hacer observantes de vida mixta y compuesta por
incluir en sí y abrazar las dos, activa y contemplativa. L a cual es-
cogió el Señor para sí por ser m á s perfecta. Y los modos de vida y
estados de religiosos que las abrazan, son los m á s perfectos de suyo,
salvo que entonces, cuando decía y enseñaba esto, no convenía
publicarlo por los pocos religiosos que había, y porque no se i n -
quienten; antes convenia insinuar lo contrario hasta que hubiese
gran n ú m e r o de frailes.
»Didamen dédmo (ampliativo del 7.° y 9.°).—Y declarando las
palabras de Cristo Señor Nuestro ya referidas: Nesdabatis, quia in
Ms quoe Patris mei sunt oportet me esse? dijo; que lo que es del Padre
Eterno aquí no se ha de entender otra cosa que la redención del
mundo, el bien de las almas poniendo Cristo Señor Nuestro los
medios preordinados del Padre Eterno. Y que San Dionisio Areo-
pagita, en confirmación de esta verdad, había escrito aquella ma-
ravillosa sentencia que dice: Omnium Divinorum Divinissimum est
cooperan Deo in salutem animarum. Esto es, que l a suprema perfec-
ción de qualesquiera sujetos en su jerarquía y en su grado, es su-
— 195 —
bir y crecer, según su talento y caudal, á la imitación de Dios, y lo
que es más admirable y divino, ser cooperador suyo en la con-
versión y reducción de las almas. Porque en esto resplandecen las
obras propias de Dios, en que es grandísima gloria imitarle. Y por
eso las llamó Cristo Señor Nuestro obras de su Padre, cuidados de
su Padre. Y que es evidente verdad que la compasión de los pró-
jimos tanto más crece, cuanto m á s el alma se junta con Dios por
amor. Porque cuanto más ama, tanto más desea que ese mismo Dios
sea de todos amado y honrado. Y quanto más lo desea, tanto m á s
trabaja por ello, así en la oración como en todos los otros ejerci-
cios necesarios y á E l posibles. Y es tanto el fervor y fuerza de su
caridad, que los tales poseídos de Dios no se pueden estrechar n i
contentar con su propia y sola ganancia; antes pareciéndoles poco
el ir solos al cielo, procuran con ansias y celestiales afectos y d i l i -
gencias exquisitas llevar muchos al cielo consigo. L o qual nace del
grande amor que tiene á su Dios, y es propio fruto y afecto éste de
la perfecta oración y contemplación.
»Dicfanien undécimo. — Decía que dos cosas sirven al alma de alas
para subir á la unión con Dios, que son la compasión afectiva de
la muerte de Cristo, y la de los Próximos; y que cuando el alma
estuviere detenida en la compasión de la Cruz y Pasión del Señor,
se acordase que en ella estuvo sólo obrando nuestra redención. De
donde sacará y se le ofrecerán provechosísima^ consideraciones y
pensamientos.
^Dictamen duodécimo.—Y tratando de l a Soledad en cierta plática
que hizo en el convento de Almodóvar del Campo, refirió las pala-
bras del Papa Pío segundo, de buena memoria, el qual decía que el
Frayle andariego era peor que el Demonio. Y que los religiosos, si v i -
sitasen, fuesen casas honradas, donde se habla con recato y com-
postura.
-^Dictamen décimotercero.—Y declarando las palabras de San Pa-
blo : Signa Apostolatus nostri facta sunt super vos in omni patientia, in
signis, et prodigiis, et virtutihus, donde reparaba anteponer el Após-
tol la paciencia á los milagros. De modo que la paciencia es m á s
cierta señal del varón apostólico que el resucitar muertos. E n la
cual virtud certifico yo haber sido el P. F r . Juan de l a Cruz varón
apostólico por haber sufrido con singular paciencia y tolerancia los
— 196 —
trabajos que se le ofrecieron, que fueron muy sensibles, y que á
los cedros del monte Líbano derribaran.
•t>Dictamen décimocuarto.—Y tratando de los confesores de muje-
res, como experimentado decía que fuesen algo secos con ellas,
porque blanduras con mujeres no sirven m á s que de trocar la afi-
ción y salir desaprovechadas. Y que á él le castigó Dios por esto
con ocultarle un gravísimo pecado de una mujer, l a cual le había
traído engañado mucho tiempo, y no fió de él el remedio por serle
blando; aunque trazándolo así el Señor lo descubrió por otro ca-
mino en nuestra misma religión, de que yo tengo harta noticia.
nDictamen décimoquznto.—Díjome en cierta ocasión que cuando
viésemos en la Orden perdida l a urbanidad, parte de l a Policía
Cristiana y Monástica, y que en lugar suyo entrase la agrestidad
y ferocidad en los Superiores (que es propio vicio de bárbaros), la
llorásemos como perdida. Porque ¿quién jamás ha visto que las
virtudes y cosas de Dios se persuadan á palos y con bronquedad?
Traxo para esto lo de Ezequiel, cap. x x x i v : Cum austeritate impera-
tis eos {imperábatis eis) et cum potentia.
»Dictamen décimosexto.—Y que cuando crian á los religiosos con
estos rigores tan irracionales, vienen á quedar pusilánimes para
emprender cosas grandes de virtud, como si se hubieran criado
entre fieras, según lo qne significó Santo Tomás en el opúsculo 20
De Regimine Principis, cap. n i , diciendo: «Naturale est enim, ut Ho-
omines sub timore nutriti in servilem degenerent animum, etpusillanimes
vfiant ad omne virile opus et strenmm.* Y traía lo de San Pablo:
«Patres nolite ad iracundiam provocare filios vestros, ne pusillanimes
•»fiant.» {Ad Ephesios, cap. v i y iv.)
•»Dictamen décimoséptimo. — Y decía que se podía temer ser traza
del Demonio el criar los religiosos de esta manera, porque criados
con este temor no tengan los Superiores quien los ose avisar n i
contradecir quando erraren. Y si por este cámino ó por otro llegare
la Orden á tal estado, que los que por las leyes de caridad y jus-
ticia (esto es los Graves de ella) en los Capítulos y Juntas, y en
otras ocasiones no osaren decir lo que conviene por flaqueza ó pu-
silanimidad, ó por miedo de no enojar al Superior, y por esto no
salir con oficio (que es manifiesta ambición) tengan l a Orden por
perdida y del todo relajada.
— 197 —
^Dictamen décimooctavo.—Y tanto, que afirmaba el buen Padre
F r . Juan de la Cruz que tendría por mejor que no profesasen en
ella, porque l a gobernará entonces el vicio de la ambición, y no l a
virtud de la caridad y justicia. Y que se cebará ver claramente
cuando en los Capítulos nadie replica, sino que todo se concede y
pasan por ello, atendiendo á sólo sacar cada uno su bocado. Con lo
cual gravemente padece el bien común y se cría el vicio de la am-
bición.
* Dictamen décimonoveno.—Que se había de denunciar sin correc-
ción por ser vicio pernicioso y opuesto al bien universal. Y siem-
pre que decía estas cosas, era habiendo tenido grandes ratos de
oración y coloquios con Nuestro Señor.
^Dictamen vigésimo.—Decía que los Prelados habían de suplicar
á menudo á Dios les diese prudencia religiosa para acertar en su
gobierno y guiar las almas de su cuidado al cielo. Alababa mucho
al P. F r . Agustín de los Reyes de esta virtud, que l a tenía con ex-
celencia,
•» Dictamen vigésimoprimero.—Algunas veces le oí decir que no
hay mentira tan afectada y compuesta, que si se repara en ella, por
un camino ó por otro no se conozca que es mentira.
^Dictamen vigésimosegundo.—Ni hay demonio transfigurado en
Angel de luz, que bien mirado no se eche de ver quién es.
»Dictamen vigésimotercero.—^i hay hipócrita tan artificioso y disi-
mulado y fingido, que á pocas vueltas y miradas no le descu-
bráis.
^Dictamen vigésimocuarto.—Con ocasión de u n castigo severo que
hizo un superior, dijo una divina sentencia: «Que los Christianos,
»y m á s Religiosos, siempre tienen cuenta de castigar los cuerpos
»de los delinqüentes, de manera que no peligren las almas, no
»usando de extraordinarias crueldades, de que suelen usar los Ty-
»ranos, y los que se rigen por pereza. Y que debían leer las pala-
b r a s de Isaías, cap. XLII, y á San Pablo, i Corith., i x , los Prelados
»á menudo.»
^Dictamen último.—Habiéndole propuesto un pretendiente al há-
bito, y hablándole algunas veces, dijo: «Que no le recibiesen, por-
»que le olía mal la boca. E l q u a l olor procedía de tener las entrañas
»dañadas; y que de ordinario los tales son mal inclinados, crueles,
— 198 —
»mentirosos, medrosos, murmuradores, etc., etc. Y que es Reglado
»Philosophia, que las costumbres del alma siguen el temple y com-
»plexión del cuerpo.»
»Esto es lo que por ahora me acuerdo. S i m á s me acordare, lo
avisaré á nuestro Padre General en cumplimiento de su precepto.
y> Fecho en México á veynte y seys de Marzo de mili seyscientos y diez
y ocho.—FR. ELÍSEO DE LOS MÁRTIRES.»
Hasta aquí llegó (prosigue ahora el autor citado arriba) aqueste
testimonio en todo fidelísimo. E l cual, por haberse quedado en
los Archivos de Méjico (y así no haberse escrito en la vida del ve-
nerable (Santo) Padre, n i estar tampoco en sus obras), quise tras-
ladarlo aquí, Y bien sé que el que entiende de materias religiosas,
y desea aprovechar en perfección de vida, me ha de dar gracias por
ello. Dos años después de haber escrito el papel susodicho, acabó
sus días este venerable religioso, según se halla en un monumento
de aquel tiempo, que dice lo siguiente:
«El P. F r . Elíseo de los Mártires, Extremeño, profesó la Regla
primitiva en Granada. Fue Varón de grandes virtudes, y de pren-
das muy relevantes: el primer Visitador general que paso á las
Indias: el primer Provincial Carmelita Descalzo de este Reyno de
México: y el primero que en la Nueva España enseño con su ejem-
plo á huir á los Carmelitas de los palacios de los Principes: retirán-
dose á este Convento de México, sin admitir Prelacia alguna; siendo
para toda la Descalzez un espejo clarissimo de Humildad, de Abs-
tracción y de todas las Virtudes monásticas. Porque entregado todo
á su exercicio, y á l a observancia puntual de los rigores primitivos,
persevero en ellos hasta el ultimo haliento, con que entrego áDios
su espíritu en esta Casa el año de m i l i seyscientos y veynte, quando
cumplía de edad setenta, y de habito quarenta y nueve.»
m.
Advertencia y nota del copiante del testimonio y d i c t á m e n e s
anteriores.
r Y a dixe en la Eofulata, donde se halla este documento, á sa-
ber, en el Tomo MSS., con titulo de Carmelo Mexicano, que con
otros cinco, llamados en su proporción Carmelo Castellano Viejo,
— 199 —
Nuevo, Andaluz, Aragonés, etc., con mas otros tantos, hasta el nu-
mero doce (todos de folio decentemente encuadernados), dejó por
muerte suya en N . Colegio de Salamanca á principios de este siglo
(1702 ó 1703) el incansable religioso P. F r . Diego del Espíritu Santo
N . de la V i l l a del Puerto de Santoña, no lexos de Bilbao, Prof. de
Valladolid, teniendo sesenta y seis años de edad, y quarenta y cua-
tro de habito. Coplelo al hacer la colección de nuevas Cartas de
N . S. M . de orden de N . V . Definitorio General desde 1757 hasta
1763 para N . general Archivo de Madrid. De lo que habiéndome
quedado entonces con un tanto para m i uso, doy de él aquí esta
copia fiel en gracia de los que sucedan en este Colegio, donde por
verdad lo firmo á 13 de Septiembre de 1780.—FB. MANUEL DE
SANTA MARÍA » (1).
(1) V é a s e l a Crónica del P. E l í s e o de los M á r t i r e s , en el l i b . v, cap. x m
n ú m e r o 2, l i b . v i , cap. XLVII, n ú m , 4 y l i b . i x , cap. i , n ú m . 6.
CAPÍTULO XVII.
OBRAS Y ESTUDIOS ESPECIALES SOBRE SAN JUAN DE LA CRUZ (1).
S u m a r i o : I . O b r a s . — I I . E s t u d i o s especiales publicados en las Revistas car-
melitanas e s p a ñ o l a s . — I I I . I d e m en las Revistas extranjeras.
Obras sobre San Juan de la Cruz y su e s p í r i t u .
I. E l P. F r . Felipe de l a Santísima Trinidad publicó en Francia
(Lyon, 1656) su grande obra Summa Theologice Mysticce, según l a
mente de Santa Teresa, San Juan de la Cruz y otros angélicos doc-
tores. H o y se reimprime en Bruselas á instancias del Sr. Arzobispo
de Malinas, dirigiendo los trabajos el Rvdo. P. Ignacio de Santa
Ana.
II. Mística fundamental de Cristo Señor Nuestro, explicada por el
glorioso y beato P . San Juan de la Cruz.
III. E l Doctor místico y el Meligioso perfecto, conforme á los cien
avisos y sentencias espirituales que el mismo Beato dejó escritas. Libro
que ofrece F r . Antonio Arbiol de la Regular observancia. Barce-
lona. Por Josef Altés, 1748, n ú m . 556.
I V . Paralelo entre Nuestro Señor Jesucristo y San Juan de la Cruz,
por F r . Pedro de San Andrés.
V . Carta del P . BertMer á la Marquesa de Erequi sobre los escritos
de San Juan de la Cruz.
(1) N o s i é n d o n o s posible dar u n c a t á l o g o completo citamos los trabaj(
m á s importantes de que tenemos noticia.
— 201 —
V I . Prólogo del Sr. Ortí y Lara sobre el misticismo. Edición de
las obras de San Juan de la Cruz. Madrid, 1872.
V I I . Mr. Enrique María Buodon, escribió en francés una Obra
importantísima con el título de L a llama de amor divino en San Juan
de la Cruz.
V I I I . D. ¡Salvador Mir, presbítero, ha publicado en la Revista
carmelitana de Barcelona un extenso é importantísimo estudio so-
bre el espíritu de San Juan de la Cruz.
n.
Estudios publicados cu las Revistas carmelitanas e s p a ñ o l a s .
L a revista carmelitana San Juan de la Cruz, desde su aparición
en 1.° de Noviembre de 1890; ha publicado los siguientes trabajos
científicos literarios:
1. ° Enseñanzas de San Juan de la Cruz.
2 . ° Analogías del siglo de San Juan de la Cruz con el nuestro.
3. ° Santo Tomás de Aquino y San Juan de la Cruz.
4. ° Santa Teresa de Jesús y el Doctor místico.
5. ° Teología mística de San Juan de la Cruz.
6. ° Influencia de San Juan de la Cruz en el desarrollo de la literatura
española.
7. ° San Juan de la Cruz confirmado en gracia.
m.
Estudios publicados en las Revistas carmelitanas extranjeras.
L a prensa carmelitana extranjera ha enriquecido sus Revistas
con trabajos literarios especiales sobre San Juan de la Cruz.
Dignos son de consultarse sobre esta materia:
1. ° L a Stella del Carmelo, que se publicó en Siena, Gran Ducado
de Toscana.
2. ° L'Etoile du Carmel, que se publicaba en la misma ciudad.
3. ° Le Eiori del Carmelo, de Bolonia.
4. ° Les Anuales du Carmel, publicados por los Carmelitas descal-
zos de París.
26
— 202 —
5. ° Les Chroniques du Carmel, que en Mayo de 1889 empezaron á
publicar los Carmelitas de Bruselas.
6. ° L a Estrella de Alba, que se imprimió en Salamanca con mo-
tivo del Centenario de Santa Teresa.
7. ° San Giovanni delta Croce, que se imprime en Parma (Italia).
L a Revista Popular de Barcelona ha publicado en los números de
Octubre y siguientes de este año una serie de artículos, suscritos
por su director D . Félix Sardá y Salvany, sobre los puntos si-
guientes:
«¿Qué significaba l a Reforma del Carmelo? ¿Por qué medios y
con qué raras vicisitudes llevóla á cabo el esclarecido Descalzo?
¿Qué nos enseñan á los antiprotestantes ó antiliberales verdaderos
de la época actual, l a conducta y paciencia ejemplar de este que
no sin razón hemos de considerar como nuestro modelo y maes-
tro?»
8. ° L a Revista Santa Teresa de Jesús, publicada en Barcelona, dió
á luz algunos estudios y noticias importantes sobre San Juan de la
Cruz,
CAPÍTULO x v i n .
SEPULCRO EN QUE FUÉ ENTERRADO SAN JUAN DE LA CRUZ.
Sumario : I . L u g a r de su sepulcro y s o l i c i t u d para poseer su cuerpo y tener
reliquias. — I I . C o n s t r u c c i ó n de u n oratorio en el l u g a r en que f u é sepul-
t a d o . — I I I . Inscripciones. — I V . L a celda de San J u a n de l a C r u z . — V . L a
d e v o c i ó n de Ú b e d a y obras en e l oratorio para celebrar e l Centenario.
I.
Lugar de su sepulcro, y solicitud para poseer su cuerpo
y tener reliquias.
San Juan de la Cruz, amortajado en el hábito de su Orden, y
puesto en pobre a t a ú d , recibió cristiana sepultura en una capilla
pequeña y excusada del convento de Carmelitas Descalzos de
Úbeda (1).
E l cuerpo de San Juan de la Cruz es acaso entre todos los de los
santos uno cuya posesión ha sido m á s solicitada, que más reconoci-
mientos ha sufrido, y del que se han separado mayor número de
reliquias, algunas de las cuales se ignora, por desgracia, en poder
de quiénes están.
Úbeda y Baeza se disputaron con celo santo la posesión del
cuerpo venerando del Serafín del Carmelo. L a cuestión se resolvió
por autoridad competente en favor de Segovia, á donde se hizo la
traslación de los restos mortales de San Juan de la Cruz; pero re-
conociendo los títulos gloriosos que alegaba Úbeda, se remitieron á
esta ciudad un brazo y una pierna del Santo (2).
(1) M u ñ o z y G a r n i c a , San Juan de la Cruz, p á g . 318.
(2) M u ñ o z y G a r n i c a ha publicado noticias sobre l a contienda entre Ú b e d a
y Baeza, sobre l a posesión del cuerpo de San J u a n de l a Cruz. V é a s e el A p é n -
dice de este homenaje, que contiene copia de i m p o r t a n t í s i m o s documentos au-
t é n t i c o s i n é d i t o s que se conservan en los archivos de Segovia y de Baeza.
— 204 —
n.
C o n s t r u c c i ó n de un oratorio en el lugar en que fué sepultado.
L a devoción fervorosa que Úbeda tenía á San Juan de l a Cruz,
la inspiraba el deseo de que se erigiese una iglesia propia y espe-
cial sobre el área del recinto en que fué enterrado. E l M . R. P. Fray
Juan del Espíritu Santo, General de los Carmelitas Descalzos, ac-
cedió á los deseos de los fieles, dando principio en 1627 á la cons-
trucción del oratorio, felizmente terminado.
Este oratorio, que describe Muñoz y Garnica (San Juan de la
Cruz, pág. 319), está unido al que fué convento de Carmelitas de
Ú b e d a , constituyendo con él una sola manzana, y teniendo cada
uno puerta separada.
III.
Inscripciones
E l oratorio contiene en el centro, delante de las tres gradas de
m á r m o l negro, por las que se sube al Altar mayor, y debajo de la
media naranja, el lugar en que fué enterrado San Juan de l a Cruz,
y sobre él hay una losa de m á r m o l con las siguientes inscrip-
ciones:
Primera (1).
«INMORARE TDMÜLO
VlATOR.
HOC QOIEVERE IN LOCO
B. JOANNTS A CRUCE
EXÜBIÍE VENERANDA
ORDINIS CARM. EXCALCEATORÜM HÜMILIS PARENS
ERUMNIS AC LABORIBUS CONFECTUS
ARDUAS VIT^E SEMITAS VIRTÜTIBUS LUCULENTER
ET SCRIPTIS SAPIENTISIMA PERLUSTRABIT
OCELO PROPINQUUS VITAM DUXIT CELESTEM
ÚBETJE VITA CESSIT.
GLORIOSUS MERITIS RAPTUS AD SIDERA.
VETERUM PIETAS HOC SACELLUM EXTBUXIT.»
(1) La e s c r i b i ó D . M a n u e l M u ñ o z y G a r n i c a .
- 205 —
Segunda.
«ILLMUS D.D. XABERTOS PALACIO COMKS. ORD. EQ.
S. JACOBI , GIEN PR^EFECTUS LAPIDEM HÜM
PROPIIS SDMPTIBÜS OB MEMORIAM TANTI VIRI
ET IN HONOREM CIVITATIS ÚBETENSIS
LLBENTER ET DEVOTISIMA DICABIT.
ANNO D0M1NI MDCCCLXXV.»
T r a d u c c i ó n de l a p r i m e r a i n s c r i p c i ó n ( 1 ) .
«Mortal, detente ante esta tumba. E n este lugar descansaron los
venerandos restos de San Juan de la Cruz, humildísimo Padre de
los Carmelitas Descalzos. Debilitado por las penas y trabajos que
sufrió, ilustró los escabrosos senderos de la vida con sus heroicas
virtudes y sapientísimos escritos. Próximo á la muerte, hacía una
vida celestial, falleciendo en la ciudad de Úbeda, donde, glorioso
por sus méritos, subió á los cielos. L a devoción de nuestros ante-
pasados le edificaron este oratorio.»
T r a d u c c i ó n de l a segunda i n s c r i p c i ó n .
«El limo. Sr. D . Javier Palacio, Conde de las Almenas, Caballero
de la Orden de Santiago y Gobernador de Jaén, á sus expensas, de-
dicó generoso y devotamente esta lápida para memoria de tan gran
Santo, y honor de l a ciudad de Úbeda. Año de 1875.»
Después de la exclaustración se vendió y derribó el convento,
pero se salvó del robo sacrilego el oratorio, gracias á l a religiosidad
y celo del Ayuntamiento de Ú b e d a , que alegó y probó el derecho
de patronato, y l a gloria de haber sido la ciudad que edificó el pri-
mer templo al Doctor extático (2).
(1) L a t r a d u c c i ó n es de D . J o s é H e r r e r o , actual c a p e l l á n de la capilla del
Santo en Ú b e d a .
(2) M u ñ o z y G a r n i c a , San Juan de la Cruz, p á g . 327.
— 206 —
IV.
L a celda de San Juan de la Cruz.
E l coro alto de este oratorio es el mismo lugar en que estuvo l a
celda donde vivió y murió San Juan de la Cruz, según la siguiente
inscripción:
«EN ESTE LÜQAR ESTUVO LA CELDA
DONDE MURIÓ NUESTRO P. SAN JÜAN DE LA CRUZ.
AÑO MDCCCXCI.»
L a d e v o c i ó n de Ubeda, y obras en el oratorio para celebrar
el Centenario.
A pesar del transcurso de tres siglos, y del indiferentismo, que
es la nota característica del presente, se sostiene, gloria á Dios, la
devoción de Ubeda al Santo, que tanto la edificó con sus virtudes,
con sus milagros, y á cuya invocación debe tantos y señalados fa-
vores. H o y , que se preparan fiestas para celebrar el Centenario
del reformador del Carmelo, Ubeda viene en auxilio de los promo-
vedores de esta solemnidad. E n efecto; se están haciendo impor-
tantísimas y costosas obras de reparación en dicho oratorio, de que
es promovedor su dignísimo capellán D. José Herrera. Además de
las reparaciones que exigía el estado del edificio, se están haciendo
en él pinturas al fresco, á imitación de las que adornan la iglesia
de San Francisco el Grande de M a d r i d ; se están poniendo en las
ventanas cristales de colores, como las de nuestras antiguas cate-
drales ; se está reformando el púlpito, dorando á fuego su balaus-
trada y rejas de la Iglesia; se están, en fin, haciendo decoraciones
costosas con las limosnas de los hijos de Úbeda, siempre dignos de
elogio por su religiosidad, y muy principalmente con los donati-
vos con que contribuye el esclarecido prócer, Conde de las Alme-
nas, tan cristiano como caballero, hoy residente en Madrid.
Confiamos en Dios que las funciones religiosas para solemnizar
el Centenario han de ser dignas de Ubeda.
CAPÍTULO XIX.
TRASLACION DEL CUERPO DE SAN JUAN DE LA CRUZ A SEGOVIA
Y CAPILLA EN QUE SE VENERA.
S u m a r i o : I. T r a s l a c i ó n d e l cuerpo de San J u a n de l a Cruz á S e g ó v í a . —
I I . L l e g a d a del cuerpo á S e g o v i a y e r e c c i ó n de s a r c ó f a g o . — I I I . T r a s l a -
c i ó n d e l cuerpo al suelo, y d e s p u é s de l a b e a t i f i c a c i ó n , al a l t a r . — I V . Reco-
nocimientos del c u e r p o . — V . U r n a en que e s t á n h o y depositados los restos.
1.
T r a s l a c i ó n del cuerpo ele San Juan ele la Cruz á Segovia.
Desde el día en que el alma de San Juan de la Cruz subió á la
gloria eterna para recibir el premio de sus heroicas virtudes, los
Carmelitas de Segovia se propusieron llevar á su convento los res-
tos mortales del Doctor extático. Secundados por la influencia de
doña A n a del Mercado y Peñalosa, fundadora con su hermano don
Luis del convento de Carmelitas Descalzos de Segovia, y por el V i -
cario General de la Orden, consiguieron que el Real y Supremo
Consejo de Castilla autorizara, con intervención de la autoridad
eclesiástica, la exhumación y traslación á Segovia del cuerpo de San
Juan de la Cruz, enterrado en el de Úbeda. Para realizarlo dieron
comisión al alguacil de Corte Juan de Medina Ceballos y á otras
varias personas, que se trasladaron á Úbeda en 1592 para evacuar
su cometido. A su llegada procedieron á la ejecución de lo man-
dado; pero hecho el reconocimiento del venerando cuerpo, creyeron
conveniente aplazar su traslación.
E n 1593, y con propósito de realizarla, los comisionados volvieron
á Úbeda, y á presencia del Rector y otros religiosos del convento
sacaron el cuerpo del Santo y le condujeron á Segovia. A la llegada
— 208 —
á Madrid en dirección á la anterior ciudad le depositaron en la casa
de doña A n a Peñalosa, en donde esta señora, con auxilio del A l -
guacil de Corte, separó un brazo del cuerpo y otras reliquias. Remi-
tió el brazo á las Monjas Carmelitas Descalzas de Medina del Campo,
realizado lo cual cubrieron el cuerpo con hojas de laurel y ñores, y
metido en una urna fué conducido á Segovia (1).
II.
Llegada del cuerpo á Segovia y e r e c c i ó u de s a r c ó f a g o .
Esta ciudad le recibió con entusiasta devoción. Los P P . Carmeli-
tas revistieron el santo cuerpo con nuevo hábito de l a Orden, y así
estuvo expuesto por espacio de ocho días, durante los cuales acudió
el pueblo á rendirle homenajes de veneración.
Tan precioso depósito exigía para su conservación un lugar digno,
y se acordó construir un sarcófago; pero la rigidez carmelitana, vis-
tos los decretos de Urbano VIII, que prohiben dar culto á personas
no beatizadas ó canonizadas, trasladó en 1647 los restos mortales al
suelo de la capilla, donde permanecieron hasta 1675 en que San
Juan de la Cruz fué beatificado.
Digno ya de culto público, el cuerpo de San Juan fué trasladado
al antiguo sarcófago que ocupaba. A la construcción de este sarcó-
fago contribuyeron los Guzmanes, señores de Montealegre, el Mar-
qués de Peñaranda y los Condes de Benavente, que le embellecieron
con sedas de China, terciopelo, brocados de oro y damascos. No fué
menos espléndido Felipe III en contribuir con liberalidad á la mag-
nífica obra.
III.
T r a s l a c i ó n del cuerpo al suelo, y d e s p u é s de la b e a t i f i c a c i ó n ,
, al altar.
E n virtud del Decreto de beatificación, se erigió altar á San Juan
de la Cruz en capilla propia unida al convento, y en él fueron de-
(1) V é a n s e en el A p é n d i c e de esta obra los documentos i n é d i t o s relativos
á esta t r a s l a c i ó n
— 209 —
positadas las reliquias del Santo, donde han permanecido hasta el
año de 1808, en que los conatos de profanación iniciados por algu-
nos soldados del ejército invasor francés, hicieron necesaria la tras-
lación al convento de Monjas Carmelitas de Segovia, que fueron
piadosas depositarías hasta el 18 de Noviembre de 1818, en que
San Juan de la Cruz fué trasladado á la antigua capilla del Convento
de PP. Carmelitas, donde hasta hoy ha continuado y continúa con
creciente devoción (1).
IV.
Reconocimientos del cuerpo.
A 21 de Mayo de 1(575, á las cinco de la tarde, se descubrió el
santo cuerpo, con motivo de haberse quejado la ciudad de Segovia
de que había sido trasladado de tierra el altar por l a Beatificación
sin avisarla, por lo cual temían se hubiese hurtado, y que así, se
identificase.
E n este descubrimiento se encontró que le faltaban las piernas,
brazos, algunas costillas del lado izquierdo, l a punta de la nariz
destrozada, el labio superior y algunos dientes: se conservaba flexi-
ble, y el notario que da fe de lo que sucedió, afirma que él mismo
puso l a mano en las caderas y vientre, y que se hundía cuando
apretaba, y volvía á levantarse cuando lo dejaba; de todo lo cual da
fe dicho Sr. Rodrigo Díaz de Cabanzo, Notario público Apostólico,
á 6 de Junio del mismo año de 1675.
E l testimonio auténtico se conserva en el archivo.
A 30 de Agosto de 1833 descubrióse el santo cuerpo delante
de S. M . el Rey y de S. A . A . D. Francisco de Paula y otros perso-
najes de la corte. Se extrajo el sudario de lino que se había puesto
el año 1818, y se puso otro regalado por S. M . , según costumbre de
los Reyes siempre que se descubre. También se quitó una mano
de papel vasto que había por reliquia, y se puso otra en largo y
unos cuantos cuadernillos de papel recortado.
E l día 11 de Septiembre de 1859 se volvió á descubrir el sepul-
( 1 ) V é a n s e los documentos i n é d i t o s del A p é n d i c e .
27
— 210 —
ero de San Juan de la Cruz en Segovia á presencia de D.a Isabel II
y su esposo, de varios señores Prelados y personajes de la corte y de
las Autoridades eclesiásticas, civiles y militares.
De este reconocimiento, practicado con entusiasta devoción, se
publicó relación circunstanciada con fecha 8 de Noviembre del
mismo áño en el Boletín Oficial Eclesiástico de Segovia, resultando
que dentro de l a urna de mármol hay otra de nogal. E l cuerpo está
cubierto con u n paño de raso encarnado y una toalla de lino, y
debajo de ellos se ve l a cabeza del Santo, que tiene u n solideo de
seda bordado de plata. E l tronco del cuerpo hasta las rodillas está
todo cubierto de piel. E n la cabeza se ven las facciones, la punta de
la nariz que está algo destrozada, tiene las mandíbulas juntas y la
dentadura casi completa. E l sagrado cuerpo, que permanece inco-
rrupto y exhala un olor suavísimo, yace sobre un colchoncillo y
almohada de raso azul bordados de seda.
V.
Urna en que e s t á n hoy depositados los restos.
Los restos mortales que se veneran en Segovia están encerrados
en una urna de nogal dentro de otra de mármol. Levantando una
cubierta de raso encarnado y una toalla de lino, se descubre la ca-
beza del Santo, que tiene un solideo de seda con trencillas y labo-
res de plata, y el tronco del cuerpo, hasta las rodillas, todo cubierto
de piel. Se perciben las facciones: la punta de la nariz, destrozada;
las m a n d í b u l a s , juntas; la dentadura, casi completa. L a incorrup-
ción del sagrado cuerpo es admirable'; exhala un olor suavísimo.
E n esta capilla del Santo se conserva el sepulcro vacío en el suelo
adonde se le trasladó, como antes hemos dicho. Este sepulcro está
cerrado con madera, y sólo se distingue por una argolla ó anillo,
porque es de la misma madera que el pavimento.
CAPÍTULO XX.
RESENA DEL CONVENTO DE CARMELITAS DESCALZOS DE SEGO VIA EN
QUE SE VENERA EL CUERPO DE SAN JUAN DE LA CRUZ (1).
S u m a r i o : I , F u n d a c i ó n del convento.—II. D e algunas cosas memorables re-
lativas á San J u a n de l a C r u z que tiene este convento.
De c ó m o se d i ó priueipio á este convento.
«Este colegio de Descalzos del Orden de Nuestra Señora del Car-
men de esta ciudad de Segovia, se fundó el año de 1586 en 3 de
Mayo. Fundáronle para sí, y para los sucesores de su casa mayorazgo
D. Luis de Mercado, Oidor del Consejo Real é Inquisidor general de
la Suprema, y D.a Anade Mercado y Peñalosa, su hermana, viuda de
Juan de Guevara, naturales de Segovia. Nació el hacer estos seño-
res esta fundación, de que siendo Oidor de Granada D . Luis de
Mercado, y teniendo en su compañía á su hermana, conociendo y
estimando ambos la admirable vida y santidad del venerable Pa-
dre Fr. Juan de la Cruz, comunicaban mucho sus almas y negocios
con él, el cual les puso como hiciesen esta obra, como la hicieron,
según la traza que el Santo les dió, dando ellos para esto de su ha-
cienda y de la de Juan de Guevara, difunto, alguna parte de renta,
y lo demás llenándolo la larga mano en limosnas de esta ciudad de
Segovia.
»(1588). A l principio entraron los religiosos á vivir en un antiguo
y pequeño convento que había sido del Orden de la Santísima T r i -
(1) E s t a r e s e ñ a e s t á tomada de u a manustrito d e l archivo de los Padres
Carmelitas de S e g o v i a .
— 212 —
nidad. Después, á cosa de veinte pies de este convento, en el año
de 1588, viniendo aquí por Prelado el Santo P. F r . Juan de l a
Cruz, en una parte m á s levantada del campo del mismo sitio,
plantó allí la traza del colegio. Levantó y dejó acabados en su
tiempo dos cuartos de él y gran parte de la iglesia, y de la demás
obra que hoy se ve, andando el Santo echándole su bendición, y con
deseos de que creciese y se acabase, pronosticando lo que aquí se
había Dios de servir.
JI.
De algunas cosas del Santo P . F r . Juan de la Cruz que tiene
este colegio.
Primera. Tiene este colegio algunas cosas memorables del Santo
Padre F r . Juan de la Cruz, las cuales le adornan, y él se tiene muy
favorecido con ellas.
L a primera, es el haberle él dado principio y sido su Prelado, y
con su presencia, penitencia, retiro, oración y los demás ejercicios
santos, haber santificado y vestido de devoción los lugares de este
convento y peñascos de su sitio.
»La segunda cosa que honra y adorna este colegio, es una imagen
de Nuestro Salvador Jesucristo, pintada de pincel, en que se mues-
tra Su Magestad cuando iba con la cruz á cuestas al Calvario. Es-
tando el Santo P. F r . J u a n , por el año de 1590, orando ante esta
imagen de Nuestro Redentor (1); habló á su siervo, y le dijo: «Fray
» J u a n , ¿qué quieres te conceda por lo que por m í has hecho?» Él,
con encendidos deseos de caridad, respondió: «Concededme, Se-
»ñor, que padezca yo trabajos y sea menospreciado por Vos.-» - Petición
de un alma labrada y sazonada á gusto de Dios y crucificada al
mundo y á sí misma. Esta imagen tiene este colegio puesta al pre-
sente en el asiento prioral del coro, con decencia, bien adornada,
debajo de un dosel y dos velos. Y en la parte de abajo escrita en
compendio esta historia.
( 1 ) E s t a santa i m a g e n de Cristo se b a j ó del coro á u n nuevo retablito de
la capilla d e l m i s m o Santo, a ñ o de 1780.
— 213 —
»La tercera que venera también este colegio, es una cueva poco
mayor que lo que ocupa un hombre estando recostado, la cual la-
bró Naturaleza en unos altos peñascos que están dentro del cercado
de este convento, descubriéndose desde ella mucho cielo, la ciudad,
sus alcázares, templos y torres, las altas sierras y sus campos que
corren de Segovia á Avila, y una hermosa vista de una ensenada,
y vuelta con sus tablas que hace el río que pasa debajo de esta
cueva, la cual cueva es venerada de este colegio por la memoria de
su Padre el Santo Pr. Juan de l a Cruz, el cual gastaba aquí en so-
ledad y oración mucho tiempo. De donde cuando bajaba y se vol-
vía al convento parecía otro Moisés, tan encendido traía no sólo el
corazón, sino su aspecto, porque muchas veces se veía en él echaba
gran resplandor de su rostro. Vélasele bajaba tan embriagado del
amor divino, que se le abrasaba el alma en amor de su Dios, y que
no podía atender á lo que le decían, y para atender á los que le
iban á comunicar, algunas veces á lo disimulado usaba el darse re-
cio con los artejos de las manos en las paredes que acertaban estar
cerca de sí, para con el dolor distraerse, y así los traía heridos.
Aquí fué visto muchas veces en éxtasis, y arrobado, y levantado
del suelo en el aire con las manos puestas y los ojos fijos en el cielo.
Aquí le reveló Dios muchas cosas, y con su santidad y vida trajo
muchas almas á Dios (1).
L a cuarta; honra á este colegio, y no poco, el tener dentro de sí el
mausoleo y sepulcro en que está el cuerpo y reliquias de este
Santo, grande padre en la Iglesia de Dios, fundador de esta Re-
forma de carmelitas descalzos y de este convento, el cual gobernó
hasta el año de 1591. A este tiempo, partido de Segovia, hallóse en
el Capítulo General que se celebró en Madrid, en el cual le hicie-
ron Provincial de Indias; mas como se acercase ya su muerte, y
Dios quisiese condescender con los ruegos de su siervo, que mu-
chos días había le suplicaba no muriese teniendo oficio de Prelado,
ordenó de que se le admitiese la renuncia de Provincial y quedase
( 1 ) E s t a cueva puso en m á s v e n e r a c i ó n el P . F r . J u a n de l a E n c a r n a c i ó n
de Segovia, poniendo en ella una imagen del Santo, y alcanzando cuarenta d í a s
de i n d u l g e n c i a para los que l a v i s i t e n , para todas las personas así religiosos
como seglares. C o n c e d i ó esta i n d u l g e n c i a e l Sr. Obispo M o r a t i n o s , a ñ o
de 1676.
— 214 —
sin oficio, tan alegre que no cabía en BÍ; no obstante que esto le
fué vislumbre de su cercano fin. Con esto retiróse al convento de
la Peñuela, que está en soledad para vacar allí del todo á Dios, á
donde pasados dos meses enfermó, y de aquí fué llevado á curar á
su convento de la ciudad de Úbeda, donde pasados dos meses y
medio murió santamente en 14 de Diciembre de 1591. Y con acla-
mación y veneración de Santo fué su santo cuerpo allí ente-
rrado» (1).
( 1 ) E s copia d e l manuscrito que se conserva en el a r c h i v o de los Carmeli-
tas de Segovia.
CAPÍTULO XXI.
NOTA DE LAS RELIQUIAS EXTRAÍDAS DEL CUERPO DE SAN JUAN DE LA
CRUZ Y DE LOS OBJETOS Y LUGARES DIGNOS DE VENERACIÓN REFE-
RENTES AL MISMO (1).
S u m a r i o : I . Reliquias e x t r a í d a s del cuerpo de San J u a n de l a C r u z . — I I . L u -
gares y objetos dignos de v e n e r a c i ó n referentes a l mismo.
Reliquias e x t r a í d a s del cuerpo de San Juan de la Cruz.
L a piadosa solicitud con que, desde la muerte del Santo Refor-
mador del Carmelo, todas las clases sociales más distinguidas anhe-
laban tener reliquias (que no podían negarse ó por servicios emi-
nentes prestados á la Orden ó por otros títulos), es, al mismo tiempo
que prueba de la general veneración en que siempre se tuvo á San
Juan de la Cruz, causa del gran número de reliquias, muchas insig-
nes, que se extrajeron de su cuerpo.
Las vicisitudes, ya religiosas, ya políticas, ocurridas en España en
los últimos tre scientos años, y las que por fallecimiento han su-
frido las personas y familias á quienes se concedieron reliquias del
Santo, nos impiden dar un catálogo completo y designar las perso-
nas en cuyo poder se encuentran algunas. Refiriéndonos á escrito-
res antiguos y modernos, á las crónicas de la Orden y á los docu-
mentos inéditos que se conservan en sus archivos, escribimos el
siguiente incompleto
(1) E s t a nota e s t á f o r m a d a con v i s t a de los documentos oficiales del L i b r o
Becerro y de los testimonios que se quedan en el archivo de l a Orden, y pue-
den verse en el A p é n d i c e que v a a l final de este Homenaje.
216 —
C a t á l o g o de las reliquias m á s insignes de S a n J u a n de l a Cruz.
I. UN BRAZO Y UNA PIERNA remitidos por ios PP. Carmelitas de Se-
govia á los de Ubeda (1), Luego que estas reliquias llegaron á Úbeda
en una caja de pino, fueron metidas en otra de nogal forrada de
damasquino morado y amarillo, y se depositaron en el grueso de l a
capilla mayor al lado del Evangelio de la iglesia de Carmelitas
Descalzos en el día 8 de Septiembre de 1607, poniendo por delante
una reja dorada con paño y cortinas de damasco.
Siendo cada día mayor la devoción y concurrencia de los fieles
para venerar las reliquias de San Juan de la Cruz, fué necesario am-
pliar el lugar, y se acordó erigir una capilla propia á la que, con-
cluida, se trasladaron las reliquias (2).
E n dicho convento, pero expuestas á l a veneración pública des-
pués del Decreto de beatificación, permanecieron las reliquias hasta
el año de 1835, en que por efecto de la exclaustración fueron tras-
ladadas al convento de monjas Carmelitas de la misma ciudad, donde
hoy se veneran. Hace unos doce años se practicó un reconocimiento
de estas reliquias y apareció que solamente existían las canillas del
brazo y de la pierna.
Las reliquias que hoy existen en Úbeda están depositadas en una
preciosa caja de terciopelo carmesí bordado de oro, con cerradura,
clavazón y adornos de metal dorado á fuego.
E l P. Fr. Gaspar de Jesús y Nava, en las apuntaciones que sacó
del Libro de la fundación del Convento de Úbeda, y que obraban en su
poder como Custodio de la Orden, dice que un brazo de San Juan de
la Cruz se quemó en la iglesia de Santo Tomás, de Madrid, según
informes que á dicho P. F r . Gaspar se le dieron como capellán que
(1) M u ñ o z y G a r n i c a en su obra Sati Juan de la Cruz, p á g . 306, p u b l i c ó e l
acta del A y u n t a m i e n t o de Ú b e d a , sobre l a r e m i s i ó n y r e c e p c i ó n de estas r e l i -
quias. E n el Apéndice publicamos copia í n t e g r a de los documentos i n é d i t o s
que se conservan en el archivo de l a Orden de Segovia, referentes á dichas
reliquias.
(2) V é a s e á M u ñ o z y G a r n i c a , San Juan de la Cruz, p á g . 319.
- 217 —
fué hace algunos años de la capilla de San Juan de la Cruz en
Úbeda (1).
Creemos que el reverendo P. F r . Gaspar de Jesús, dicho sea con
respeto, incurrió en un error involuntario, porque consta de una
manera indudable y auténtica que un brazo fué remitido á Úbeda
y otro á los Carmelitas de Medina del Campo, donde hoy se ve-
neran.
II. E L PIE del que enfermó San Juan de la Cruz, fué cortado
en casa de doña A n a del Mercado al trasladar el cuerpo de Úbeda
á Segovia y envuelto en seda bordada de aljófar, fué metido en una
caja con llave y entregado al P . F r . Francisco de Jesús Indigno,
para que lo llevara á los P P . Carmelitas de Úbeda.
Según noticias particulares que se nos han comunicado por per-
sona eclesiástica que nos merece entero crédito, esta reliquia estaba
guardada en un relicario de oro en forma de serafín. E l relicario y
pie han desaparecido del convento de las Carmelitas de Úbeda hace
ya bastantes años, y en época posterior á l a exclaustración y de-
cretos sobre Religiosas.
III. UNA MUELA. L a poseían las monjas Carmelitas de Úbeda,
hasta hace pocos años que se la regalaron á un Obispo carmelita de
América, que fué expresamente á Úbeda para visitar el sepulcro del
Santo.
I V . E L DEDO ÍNDICE DE LA MANO DERECHA que cortaron en el
primer reconocimiento, para trasladar el cuerpo del Santo á Sego-
via. Este dedo fué cortado por F r . Juan de la Madre de Dios Cue-
llar, para entregarlo á doña A n a Benavides, bienhechora de la
Orden.
V . OTRO DEDO que el mismo Padre, y en el mismo reconocimiento,
cortó para entregarlo á doña Clara Benavides, mujer de D . Barto-
lomé de Ortega, á l a que también se regalaron la correa y Breviario
que usaba el Santo.
V I . QTROS DOS DEDOS que con parte de la mano, y antes de la
beatificación del Santo, entregó F r . Juan de la Madre de Dios á su
cuñado Bartolomé Sánchez.
(1) Estos documentos se publicaron en LA CRUZ de 1884, tom. i , pági-
nas 96 y siguientes.
28
— 218 —
V i l . E L DEDO MÁS PEQUEÑO DE LA MANO DERECHA fué cortado
antes de la beatificación y entregado á un señor llamado M o -
lina.
V I H . OTRO DEDO TAMBIÉN DE UNA DE LAS MANOS que se veneraba
en el Colegio de PP. Carmelitas de Baeza.
I X . OTRO DEDO TAMBIÉN DE LAS MANOS remitido á Málaga al
K . P. F r . Juan Evangelista, compañero del Santo. Este Padre, á su
llegada á Málaga, entregó la mitad del dedo á las monjas Carmeli-
tas. L a mitad del dedo que conservaba el Padre Evangelista, fué
entregado á Fr. Diego de Yepes, confesor de Felipe 11, quien se lo
regaló después á este rey cediendo á sus instancias, y debe existir
en el Escorial ó en el Relicario de la Capilla Real.
X . OTRO DEDO DE UN PIE que Francisco del Castillo y su mujer
guardaron en su oratorio.
X í . U N BRAZO que se venera en el convento de monjas Carmeli-
tas de Medina del Campo. Este brazo es el que cortó doña A n a del
Mercado cuando fué depositado en su casa de Madrid el cuerpo del
Santo en su traslación de Úbeda á Segovia, y fué llevado á las
monjas Carmelitas de Medina del Campo, por el venerable Fran-
cisco de Yepes, hermano de San Juan de la Cruz.
X I I . Dos HUESOS, uno de una pierna y otro de un brazo, que
cortó el P. Provincial, entregando uno á los PP. Carmelitas Descal-
zos, de Madrid, y otro que dividió para los P P . Descalzos y monjas
de Valladolid y de Segovia.
X I I I . UNA CANILLA ENTERA DE UNA PIERNA Y UN HUESO DE UN
BRAZO que se cortaron para poner en un relicario grande en la
iglesia del convento de Carmelitas de Segovia.
X I V . UN PEDAZO DE CARNE que doña A n a de Peñalosa entregó
al venerable D . Francisco de Yepes, hermano de San Juan de la
Cruz(l).
X V . UNA RELIQUIA (2) para el Papa Clemente X , que beatificó á
San Juan de la Cruz.
(1) V é a s e l a r e v i s t a San Juan de la Cruz. p á g . 109. Estas reliquias y las
siguientes hasta e l n ú m e r o X X , fueron e x t r a í d a s d e s p u é s del Decreto de bea-
tificación.
(2) V é a n s e los documentos del A p é n d i c e , donde no se expresa q u é clase
de reliquia es n i las que siguen.
— 219 —
X V I . OTRA para el Cardenal Nepoti, protector de la Orden Car-
melitana.
X V I I . OTRA para el Cardenal ponente de la causa de San Juan
de l a Cruz.
X V I I I . OTRAS para los P P . General y Definidor de la Orden.
X I X . OTRA para el que edificó una capilla á San Juan de la
Cruz en el convento de l a Victoria de Carmelitas Descalzos de
Roma.
X X . OTRA para las religiosas Descalzas de la provincia de
Flandes.
X X I . OTRA RELIQUIA para S. S. el Papa Clemente X I I I , que ca-
nonizó á San Juan de la Cruz (1).
X X I I . OTRA para el Cardenal ponente de la causa.
X X I I I . OTRA para la Reina viuda de España, residente en
Francia.
X X I V . OTRA para l a Duquesa de Toscana, que las solicitaron
con instancia.
X X V . OTRA que se entregó al P. F r . Esteban de San Pablo, para
la Provincia de Carmelitas de Venecia.
X X V I . Dos COSTILLAS, UN PEDAZO DE NERVIO Y CARNE, entrega-
dos al Provisor de Segovia, que los distribuyó entre los comisarios,
notarios, pajes y testigos, quedándose el Provisor con una parte
principal, y entregando la otra á la iglesia catedral de Segovia.
X X V I I y último. UN HUESO PEQUEÑO del Santo, encerrado en el
centro de los brazos de una hermosa cruz de ébano guarnecida de
plata, que el actual Arzobispo de Valencia, Cardenal Monescillo,
siendo Obispo de Jaén, regaló á D . Manuel Carbonero y Sol y Me-
rás, hijo del autor de este Homenaje, quien con su familia lo
guarda con veneración.
( 1 ) E s t a reliquia y las siguientes hasta el n ú m . X X V , no constan á q u é
parte del cuerpo p e r t e n e c í a n . F u e r o n remitidas á R o m a d e s p u é s del Decreto
de c a n o n i z a c i ó n .
220
II.
Lugares y objetos dignos de v e n e r a c i ó n referentes
á San Juan de la Cruz.
L a extinción de las Órdenes religiosas en España y l a venta de los
bienes eclesiásticos, en virtud de las leyes de desamortización, fue-
ron causa de que nuestros conventos é iglesias fueran en gran
parte, unos destruidos, otros convertidos en cuarteles, no pocos en
teatros y usos profanos.
L a Orden de Carmelitas se vió privada de muchas de sus anti-
guas casas y ve con dolor los atentados de aquella legislación.
Concretándonos á recuerdos venerados de San Juan de la Cruz,
vamos á dar noticia de algunos de los lugares que hasta hoy se han
salvado, y que con algunos objetos pertenecientes al Santo se vene-
ran en diferentes lugares.
I. L a casa en que nació San Juan de la Cruz, y en cuya área se
fundó un convento de Carmelitas Descalzos, que está hoy destinado
á escuelas de instrucción primaria de Fontiveros. E l altar mayor
del antiguo convento se edificó en el lugar correspondiente á l a al-
coba en que nació el Santo.
II. L a pila en que fué bautizado San Juan de la Cruz, se con-
serva en la iglesia parroquial de Fontineros, y en el Baptisterio se
lee la inscripción, copiada en nota del cap. n de este Homenaje.
III. L a iglesia y altar en que San Juan de l a Cruz dijo l a pri-
mera misa.
E l periódico liberal. E l Iniparcial, en su n ú m e r o del 31 de Oc-
tubre de este año se ocupa de este lugar. E l redactor con el pseudó-
nimo de Guimeran, al dar cuenta de la visita que acaba de hacer á
Medina del Campo, publicó lo siguiente:
«A la puerta de un menos que mediano edificio vimos agolpada
gente en devota actitud. Dióse m i cicerone una palmada en la
frente y exclamó: «Gracias á l a casualidad va usted á oir parte de
»la misa de consagración de esta panera, que tal ha sido hasta hoy
»lo que allá por el año 1567 era capilla del convento del Carmen,
»en la que cantó su primera misa San Juan de la Cruz.» Pero
— 221 —
como chist; ahora oigamos lo que queda de misa, y luego sabrá
todo lo que quiera saber.
»Una vez desalojado el nuevo templo, entramos en él; v i un rec-
tángulo de anos doce metros de larga por seis de ancho, en el tes-
tero un sencillo altar, una colgadura de sarga encarnada cubría
como un tercio de los muros laterales y el suelo una estera de es-
parto. Frente al altar, en un escudo pintado sobre el enlucido, se
leía con dificultad esta inscripción:
EN ESTA CAPILLA, QUE FUÉ LA IGLESIA ANTIGUA
DEL CONVENTO , CELEBRÓ LA PRIMERA MISA SAN JUAN DE LA ÜRUZ
Y FUÉ EN ELLA CONFIRMADO
EN GRACIA, Y DESPUÉS SALIÓ DE AQUÍ Á
FUNDAR LA ÜESCALZEZ CON SANTA TERESA DE JESÚS.
»De la autenticidad de la inscripción y de lo que ella reza, está
convencido hace años M . Le Rebours, párroco de la Magdalena de
París, y que el 27 de Octubre de 1891, tras no escasos esfuerzos y
gestiones en que le ayudó un medinés, D. Ruperto Pérez, tuvo l a
satisfacción de consagrar nuevamente al culto aquel almacén, pro-
piedad hasta hace poco del Conde de Adanero, y hoy de su hermano
el Marqués de Castro-Serna. Pero la alegría del sacerdote francés,
devoto entusiasta del místico español, no es aun completa; la pa-
nera sigue siendo panera en el registro de la propiedad, y legal-
mente sólo es templo por un a ñ o , que es el plazo por que la ha
arrendado el Marqués propietario.
»Para los españoles católicos, por tratarse de u n santo compa-
triota, y para los españoles todos por haber sido San Juan eximio
poeta de nuestro siglo de oro, existe un verdadero interés en que
se averigüe la verdad; y si ella es como cree el inteligente cura de
la Magdalena, ¿quién duda que la piedad ó la ilustración del Mar-
qués de Castro-Serna, ó ambas circunstancias, bastarán para dar
sólido remate á la conmemoración emprendida por un extranjero?
»Y esta ligera excitación sirva como debido pago, si de algo
sirve, á los devotos de San Juan, que tuvieron la paciencia de po-
nerme al corriente de aquél para Medina fausto suceso.»
I V . L a mesa en que escribía San Juan de la Cruz y que usó en
Ubeda. Era dueña de este precioso mueble la familia de los Ortegas
— 222 —
de Úbeda, que fueron grandes bienhechores de la Orden. Sobre esta
mesa fué colocado el cuerpo de San Juan de la Cruz después de su
fallecimiento. H o y pertenece á D . Francisco Ispízua, viudo de doña
F . Ortega.
E l Sr. Muñoz y Garnica solicitó con grandes instancias adquirir
dicha mesa y sólo pudo conseguir l a oferta de que sería donada á
los P P . Carmelitas si consiguieran su restablecimiento en Úbeda.
V . L a cueva llamada de San Juan de la Cruz en el antiguo Con-
vento de Carmelitas Descalzos de Pastrana, hoy Colegio de Francis-
canos para Filipinas.
Enfrente de la ermita llamada de las Calaveras, porque toda está
incrustada de calaveras y huesos, está la entrada á la escalera que
baja á la cueva de San Juan de la Cruz, y á los treinta y cuatro pa-
sos se baja por una escalera en forma de caracol con diez y ocho
escalones. Á l a derecha hay una tosca piedra que le servía de cama,
rodeada de una balaustrada, que fué necesario poner, porque l a de-
voción quitaba de ella tantos pedazos, que hoy tiene una gran con-
cavidad. E n lo interior de la cueva hay una mesa de altar con la
imagen del Santo, que es de talla de medio cuerpo, con dos ángeles
á los lados y las siguientes inscripciones (1):
Primera.
HOCCINE ANTRUM HABITAVIT JOANNES,
HANC SUFRA PETRAM RECLINAVIT HEMBRA:
DIGNUM HOC LOCUM VENEREMUR OMNES,
TANTA MEMORIA.
Segunda.
JOANNES A CRUCE—FONTIVERI NATUS—VIXIT IN HOC ANTRO—
UBEDiE VITA CESSIT—SEGOVIiE CORPUS EIUS—IN PACE REQUIESCIT.
Muñoz y Garnica dice {San Juan de la Cruz, pág. 332) que esta
( 1 ) V é a s e LA CRUZ, r e v i s t a religiosa, tomo n de 1882, Centenario de Santa
Teresa de J e s ú s , y e l o p ú s c u l o Recuerdos de Santa Teresa de J e s ú s en F a s -
rana.
— 223 -
inscripción parece imitación de la que pusieron al célebre Arzobispo
de Toledo, D. Rodrigo Jiménez de Rada, que dice así:
MATEE NAVARRA—NUTRIX CASTELLA,
SCHOLA PARISIUS—SEDES TOLETÜM,
HORTA MAUSEOLUM—REQÜIES GCELUM.
L o cual era también imitación de las de Virgilio y Lucano.
V I . L a cueva de San Juan de la Cruz en Segovia. Véanse los de-
talles que sobre esta cueva publicamos en el Capítulo Reseña del
Convento de Carmelitas Descalzos de Segovia.
V I I . L a correa del hábito de San Juan de la Cruz. Según Muñoz
y Garnica, el Prior de Carmelitas Descalzos de Úbeda, poco después
del fallecimiento del Santo, entregó esta correa á doña Clara de Be-
navides, mujer de D . Bartolomé de Ortega, á cuya familia pertenece
el actual Cardenal Benavides. Arzobispo de Zaragoza.
V I I I . L a camándula con que rezaba el Santo la conservan, según
nuestras noticias, las monjas Carmelitas de Ubeda.
I X . E l Breviario. F u é entregado á D . Bartolomé Ortega (1).
(1) M u ñ o z y G a r n i c a , San Juan de la Cruz, p á g . 297.
CAPÍTULO XXII.
ESTADÍSTICA CARMELITANA (1).
Su tnario: I . C o n v e n t o s de Carmelitas Descalzos suprimidos. Resumen de con-
ventos suprimidos y n ú m e r o de r e l i g i o s o s . — I I . Conventos de Carmelitas
Descalzos restablecidos h o y . — I I I . Varones insignes de l a O r d e n . — I V . S a n .
tos, escritores y P r e l a d o s . — V . R e s u m e n de los escritores.
J.
Catálog'o de los conventos de Carmelitas Descalzos suprimidos
en E s p a ñ a por los Decretos de e x c l a u s t r a c i ó n .
CASTILLA LA VIEJA.
Provincia de N . P . S. Elias.
1, Duruelo. 2, Avila. 3, Valladolid. 4, Salamanca. 5, Segovia. 6,
Kioseco. 7, Toro. 8, Bañeza. 9, Falencia. 10, Batuecas. 11, Medina.
12, Alba. 13, Fontiveros. 14, Padrón.
CASTILLA LA NUEVA.
Provincia del Espíritu Santo.
1, Pastrana. 2, Alcalá. 3, Almodóvar. 4, Madrid. 5, Toledo. 6, Co-
golludo. 7, Bolarque. 8, Ocaña. 9, Ciudad Real. 10, Guadalajara.
11, Talayera. 12; Budía.
(1) N o comprendemos en este c a p í t u l o el n ú m e r o de conventos de C a r m e -
litas Descalzos que h a y en varias naciones de E u r o p a y de las otras partes
del m u n d o , n i e l de las monjas Carmelitas. V é a s e nuestro Homenaje á Santa
Teresa de J e s ú s en su C e n t e n a r i o , publicado en LA CBÜZ de 1882, tomo U,
p á g i n a s 477 á 700.
— 225 —
ANDALUCÍA ALTA.
Provincia de N . P . S. Angelo.
1, Granada, 2, Baeza. 3, Málaga. 4, Úbeda. 5, Mancha Real.
6, Jaén. 7, Alcaudete. 8, Antequera. 9, Vélez. 10, Nieves. 11, Ca-
zorla. 12, Benamejí. 13, Gaucín.
CATALUÑA.
Provincia de N . P . S. José.
1, Barcelona. 2, Mataró. 3, Lérida. 4, Tortosa. 5, Gerona. 6, Ta-
rragona. 7, Reus. 8, Cardó. 9, Gracia. 10, Selva. 11, Vich. 12, Bala-
guer. 13, Villanueva.
ARAGÓN.
Provincia de N . M . S. Teresa.
1, Valencia. 2, Tamarite. 3, Zaragoza. 4, Calatayud. 5, Huesca.
6, Enguera. 7, Boltaña. 8, Tarazona. 9, Nules. 10, Sos. 11, L a
Torre. 12, Palmas. 13, Teruel.
ANDALUCÍA BAJA.
Provincia de N . P . S. Juan de la Cruz.
1, Sevilla. 2, Guadalcázar. 3, Córdoba. 4, Bujalance. 5, Ángel.
6, Aguilar. 7, Andújar. 8, Ecija. 9, Lucena. 10, Barrameda. 11, Isla
de León. 12, Carmena. 13, Coronil. 14, Paterna. 15, Montero.
16, Valle. 17, Sanlúcar la Mayor. 18, Espejo. 19, Cádiz. 20, Cuervo,
NAVARRA.
Provincia de N . P . S. Joaquín.
1, Pamplona. 2, Osma. 3, Corella. 4, Tudela. 5, Peñaranda. 6, Ca-
lahorra. 7, Burgos. 8, Lerma. 9, Logroño. 10, Larcano. 11, Marquina.
12, Desierto. 13, Larrea. 14, Villafranca.
29
— 226 —
MURCIA.
Provincia de Santa Ana.
1, Daimiel. 2, Manzanares. 3, Carayaca. 4, L a Jara. 5, Vélez.
6, Criptana. 7, Cuenca. 8, San Clemente. 9, Líctor. 10, Murcia.
11, Cartagena. 12, Cambrón. 13, Lorca.
Resumen de conventos suprimidos por los Decretos de 8
de M a r z o de 1836 y 29 de J u H o de 1837.
Provincias, 8.—Conventos, 112.—Religiosos Carmelitas Descalzos
en ellas existentes: Sacerdotes, 1.071. — Diáconos y Subdiáconos,
142.—Estudiantes profesos, 342.—Legos, 478.—Novicios, 91.—To-
tal 2.124 religiosos.
II.
Conventos de Carmelitas Descalzos actualmente
abiertos en E s p a ñ a , y restablecidos d e s p u é s de la e x c l a u s t r a c i ó n .
PERTENECIENTES Á L A PROVINCIA D E CASTILLA L A VIEJA
BAJO L A ADVOCACIÓN D E SAN ELÍAS.
I.0 Santo Desierto de las Palmas, Noviciado (provincia de Cas-
tellón).
2. ° Colegio de Filosofía en Valencia.
3. ° Colegio de Teología en A l b a de Termes.
4. ° Colegio de Teología moral en Segovia.
5.° Colegio preparatorio en A v i l a .
6. ° Vicariato de Medina del Campo.
7.° Residencia oficial en Madrid.
8. ° Convento-misión de l a Habana.
— 227 —
PERTENECIENTES Á LA PROVINCIA DE NAVARRA BAJO LA ADVOCACIÓN
DE SAN JOAQUÍN.
I.0 Santo Noviciado de Larrea en Amorevieta (Vizcaya).
2. ° Colegio de Filosofía en Burgos.
3. ° Colegio de Teología en Begoña (Bilbao).
4. ° Colegio de Teología moral y Derecho Canónico en Vitoria.
5. ° Vicariato en Burgo de Osma.
6. ° Casa de Profesorado en Marquina.
7. ° Convento-misión en Puerto Príncipe (Cuba).
m.
Varones insignes en la Orden de Carmelitas Descalzos.
Los esplendores de l a gloria del Carmelo se acrecentaron con el
gran número de varones insignes en santidad, en ciencias y en le-
tras divinas y humanas, que florecieron en l a Orden de los Carme-
litas Descalzos.
Santos.
E l catálogo de los Santos canonizados y beatificados pertenecien-
tes á la Orden Reformada por Santa Teresa y San Juan de l a Cruz
consta en el Santuario español, publicado por D . Manuel Silva, ha-
biendo sido los últimos beatificados, por Pío V I , l a V . M . María de
la Encarnación, fundadora en Francia; por Pío I X , l a V . M . María
de los Angeles, y por León X I I I lo ha sido ú l t i m a m e n t e Bautista
Mantuano.
Entre los venerables cuya causa de beatificación está pendiente,
podemos citar:
L a V . M . ANA DE JESÚS, compañera de Santa Teresa y funda-
dora en España, en Francia y en Bélgica, donde murió en el con-
vento de Bruselas.
E l V . P . FR. JUAN DE JESÚS MARÍA, cuyo cuerpo se conserva
incorrupto.
— 228 —
E l V . P. F B . DOMINGO DE JESÚS MARÍA (Rúzola).
E l V . P. F u . FKANCISCO DEL NIÑO JESÚS.
L a V . M . ANA DE SAN BARTOLOMÉ, secretaria de Santa Teresa
de Jesús, y también fundadora en Francia.
E s c r i t o r e s y Prelados insignes.
E n todos los ramos del saber humano brillaron los Carmelitas
Descalzos en el gran número que aparecen en las dos siguientes
obras:
Bibliotheca scriptorum utriusque Congregationis et sexus CarmeUtarum
Excalceatorum, Collecta et digesta, per P . Martialem a S. Joanne Bap-
tista, ejusdem Ordinis in Provincia Aquitanm, Theologice Professorom, et
Definitorem Provineialem. Burdigálm.
M . D C G X X X . E x tgpographia Petri Sejourne, via Jacóbea.
Collectio Scriptorum Ordinis CarmeUtarum Excalceatorum utriusque
Congregationis et sexus. P . F . Bartholomei a S. Angelo Provincice Lon
gobardicce opera et solertia exarata qui accedit suplementum Scriptorum
Ordinis qui aut óbliti fuerunt aut recentius vixerunt Auctore et Collec-
tore.
P . F . Heurico M . a SS. Sacramento, Alumno Provincice Genuensis.
Accedunt insuper.
Catalogus Episcoporum, index Prceposiforum Generalium et prospectus
Provinciarum et ccenobiorum Ordinis.
Savonce ex tgpographia A . Mices, M D C C C L X X X I V .
IV.
Hesumen de los escritores de la Orden.
Hasta el año de 1884, en que se publicó la obra anterior, cuenta
la Orden 1.059 escritores.
CLASIFICACIÓN DE LOS PRINCIPALES.
Sobre Comentarios de la Sagrada Escritura, 56.
Sobre Polémica, 27.
Sobre Teología escolástica, 40.
— 229 —
Sobre Teología moral, 40.
Sobre Teología mística, 43.
Sobre Derecho canónico y civil, 27.
Sobre Historia eclesiástica ó civil, 64.
Vidas de Santos ó Venerables, 96.
Colecciones de Sermones, Homilías, etc., 103 .
Obras ascéticas, 61.
Obras espirituales, 139.
De Filosofía, de Astronomía y Matemáticas, 30.
Retóricos y poetas, 31.
De Miscelánea, etc., 58.
APENDICE PRIMERO.
DOCUMENTOS I N É D I T O S R E F E R E N T E S Á LAS TRASLACIONES D E L CUERPO
DE SAN J U A N DE LA CRUZ, RECONOCIMIENTOS Y EXTRACCIÓN DE
RELIQUIAS.
S u m a r i o : I . De c ó m o el cuerpo de San J u a n de l a C r u z f u é sacado de Ú b e d a
para llevarle á S e g o v i a . — I I . Reliquias que se separaron del santo cuerpo
en este a c t o . — I I I . D e c ó m o e l cuerpo del Beato Padre l l e g ó á M a d r i d y
f u é llevado á S e g o v i a . — I V . D e c ó m o el santo cuerpo f u é puesto m á s en
p ú b l i c o . — V . C ó m o f u é llevado u n brazo del Santo á M e d i n a del C a m p o . —
V I . D e las diligencias que hizo Ú b e d a para que se le restituyese el cuerpo
del santo p a d r e . — V I I , D e c ó m o el santo cuerpo f u é trasladado á l a i g l e -
sia n u e v a . — V I I I . D e c ó m o se trasladaron de íáegovia á Ú b e d a una pierna
y un brazo del S a n t o , — I X . D e c ó m o se t r a t ó de hacer una nueva capilla y
mausoleo en S e g o v i a . — X . D e c ó m o durante l a c o n s t r u c c i ó n de la capilla
se t r a s l a d ó el cuerpo a l p r e s b i t e r i o . — X í . D e c ó m o acabada la obra de l a
capilla y sepulcro se t r a s l a d ó á ellos el cuerpo del S a n t o . — X I I . T e s t i m o -
nio de l a reliquia que se venera en el relicario grande,— X I I I . Otro testi-
m o n i o . — X I V . D e c ó m o se puso u n hueso de San J u a n de l a C r u z en u n
r e l i c a r i o , — X V . T e s t i m o n i o de l a e x t r a c c i ó n de reliquias para llevarlas á
Ú b e d a , — X V I . Otro testimonio sobre e x t r a c c i ó n de reliquias para el P a p a ,
Cardenales, N u n c i o , e t c . — X V I I , Estado de los restos mortales en el reco-
nocimiento de 1 6 7 5 . — X V I I T . T r a s l a c i ó n d e l cuerpo de San J u a n de l a
C r u z a l convento de Carmelitas de S e g o v i a . — X I X . Decreto prohibiendo
extraer reliquias del Santo.
I.
De c ó m o oí cuerpo del Santo Padre F r . Juan de la Cruz f u é
sacado de Ubeda para traerle á Segovia.
P o r l a g r a n d e e s t i m a que de l a s a n t i d a d d e l b i e n a v e n t u r a d o P a d r e
F r . J u a n de l a C r u z t e n í a n D . L u i s de M e r c a d o y D . a A n a de M e r c a d o
y P e ñ a l o s a , s u h e r m a n a , fundadores d e l c o n v e n t o de S e g o v i a , p o r esta
d e v o c i ó n ( v i v i e n d o a ú n el siervo de D i o s ) a l c a n z a r o n d e l P . F r . N i c o l á s
de J e s ú s M a r í a , v i c a r i o g e n e r a l , y S u p e r i o r e s de l a O r d e n , que se les
diese e l cuerpo d e l S a n t o , d o n d e q u i e r a que muriese, p a r a que se le diese
e n t i e r r o en s u c o n v e n t o de S e g o v i a ; pues a h o r a e n e l a ñ o de 1 5 9 2 , v i e n -
d o era m u e r t o , y que D i o s N u e s t r o S e ñ o r l o m a g n i f i c a b a c o n m i l a g r o s
que p o r é l o b r a b a , deseando h o n r a r su c o n v e n t o c o n l a s preciosas r e l i -
- 231 —
q u i a s de s u santo c u e r p o , s u p l i c a r o n a l m i s m o P . V i c a r i o g e n e r a l se les
concediese e l santo cuerpo j l i c e n c i a p a r a t r a s l a d a r l e de l a c i u d a d de
U b e d a , donde e s t a b a , á l a de S e g o v i a . D i o e l P . V i c a r i o g e n e r a l l a l i -
c e n c i a s e g ú n se le p e d í a , y sus m a n d a t o s p a r a que e l P . P r i o r d e l c o n -
v e n t o de U b e d a , F r . F r a n c i s c o C r i s ó s t o m o , y e l s a c r i s t á n d e l c o n v e n t o ,
l l a m a d o F r . M i g u e l de J e s ú s , y o t r o P a d r e , l l a m a d o F r . M a t e o d e l S a -
c r a m e n t o , c o n t o d o secreto desenterrasen e l cuerpo d e l siervo d e l S e ñ o r
y l o e n t r e g a s e n á l a s personas que presentasen aquellas l e t r a s .
D o n L u i s de M e r c a d o , c o m o o i d o r d e l C o n s e j o E e a l , c o m e t i ó l a eje-
c u c i ó n de esto á u n h o m b r e de s u c a s a , l l a m a d o J u a n de M e d i n a , p e r s o -
n a de c u i d a d o , el c u a l , c o n t í t u l o de a l g u a c i l de c o r t e , p a r t i ó de M a d r i d ,
y l l e g a d o á U b e d a , h a b i e n d o c o n todo secreto aparejado u n b a ú l e n q u e
m e t e r e l santo cuerpo, p r e s e n t ó a l P . P r i o r l o s recaudos y censuras q u e
l l e v a b a p a r a que c o n secreto se l e e n t r e g a s e n las s a n t a s r e l i q u i a s . E l
P . P r i o r l a s o b e d e c i ó , y s e ñ a l a n d o h o r a , que f u é entre once y doce de l a
n o c h e , en a q u e l l a h o r a , J u a n de M e d i n a y o t r a s dos personas que t e n í a n
e n s u c o m p a ñ í a , c o n e l P . P r i o r y l o s dos r e l i g i o s o s n o m b r a d o s , encerra-
dos e n l a i g l e s i a , c o n e l m a y o r silencio y p r i e s a que p u d i e r o n , a b r i e r o n e l
s e p u l c r o y s a c a r o n e l santo cuerpo, e l c u a l h a l l a r o n estaba entero y fresco
( d e s p u é s de nueve meses) e n l a m a n e r a que l o h a b í a n e n t e r r a d o , y que
d e s p e d í a de sí c o m o ó l e o , y que l a s l l a g a s de s u p i e r n a m a n a b a n s a n g r e
y u n licor como agua ó m a t e r i a , como cuando aun él vivía.
V i s t o p o r J u a n de M e d i n a estaba a s í e l santo c u e r p o , y que n o se p o -
d í a l l e v a r o c u l t a m e n t e c o m o t r a í a o r d e n , t o m a r o n p o r acuerdo echarle
m u c h a c a l y v o l v e r l e a l sepulcro p a r a que se c o n s u m i e s e , y esperar m á s
t i e m p o p a r a l l e v a r l o . V o l v i e r o n de n u e v o á s e p u l t a r l o e c h á n d o l e d o s h a -
n e g a s de c a l . E n esta o c a s i ó n l e c o r t a r o n a l s i e r v o d e l S e ñ o r e l dedo í n -
d i c e de l a m a n o d e r e c h a p a r a l l e v a r l o p o r r e l i q u i a á D . a A n a de M e r c a -
d o ; y c u a n d o l e c o r t a r o n c o r r i ó de l a c o r t a d u r a sangre, de l a que r e c o g i e -
r o n en algunos p a ñ o s : « u n o destos, así sangriento—depone u n testigo,
— l l e v ó p o r r e l i q u i a u n P a d r e que d e s p u é s p a s ó á l a s I n d i a s . » E s t e dedo
r e c i b i ó y t u v o esta s e ñ o r a p o r p r e c i o s a r e l i q u i a , y le t r a í a s i e m p r e con-#
s i g o e n u n a c a j i t a de p l a t a , e l c u a l d e s p e d í a de s í ó l e o y g r a n d e o l o r
C u a n d o a s í d e s e n t e r r a r o n e l cuerpo d e l S a n t o n o t a r o n que t e n í a l o s t r e s
dedos c o n que t o m a b a l a p l u m a m á s h e r m o s o s que l o s o t r o s , y c o m o de
alabastro transparentes.
E l a ñ o s i g u i e n t e de 1 5 9 3 , p a r e c i é n d o l e s á D . L u i s de M e r c a d o y á
D . a A n a de M e r c a d o , s u h e r m a n a , que e l s a n t o cuerpo e s t a r í a c o n s u -
m i d o y p a r a l e poder traer, deseando n o p e r d e r o c a s i ó n y v e r c u m p l i d o
s u deseo, v o l v i e r o n á e n v i a r á U b e d a l a m i s m a p e r s o n a c o n l o s recaudos
y aparejo necesario p a r a t r a e r e l santo c u e r p o . L l e g a d o á U b e d a J u a n
de M e d i n a , y m o s t r a d o sus recaudos a l P . F r . F e r n a n d o de l a M a d r e de
D i o s , S u p e r i o r y V i c a r i o d e l c o n v e n t o , h a b i é n d o l o s obedecido y s e ñ a l a d o
e l t i e m p o p a r a desenterrar e l santo c u e r p o , que f u é d a d a s l a s once de l a
n o c h e , á a q u e l l a h o r a , e l P . S u p e r i o r , y e l P . J u a n de l a M a d r e de D i o s
C u é l l a r , y e l h e r m a n o F r . P e d r o de S a n J o s é C a z o r l a , de l a v i d a a c t i v a ,
e n c o m p a ñ í a de J u a n de M e d i n a , y de o t r a s dos personas que le a c o m -
p a ñ a b a n , v o l v i e n d o á a b r i r e l sepulcro, f u é t a m b i é n h a l l a d o e l santo c u e r -
po entero, y que l a c a l en m u c h a s p a r t e s estaba t a n u n i d a c o n é l , que n o
— 232 —
l o p o d í a n despegar, p o r q u e c o n e l ó l e o que d e s p e d í a c u a n d o se l a e c h a r o n
h a b í a s e pegado y u n i d o . Y a s í , c o n v i n a g r e y otros m e d i o s que p u s i e r o n ,
l o fueron d e s p e g a n d o l o m e j o r que p u d i e r o n , d e s p i d i e n d o de s í e l s a n t o
cuerpo u n olor s u a v í s i m o desde l u e g o que c o m e n z a r o n á a p a r t a r l a t i e -
r r a d e l s e p u l c r o ; c o n t o d o e l c u i d a d o que se p u s o , p o r ser t o d o h e c h o
a p r i e s a , m u c h a s p a r t e c i t a s de l a s a n t a carne c o n l a f u e r z a d e l t i r a r q u e -
d a b a n d e s n u d a s de s u pellejo, l l e v á n d o l e t r a s s í l a c a l . L i m p i o e l s a n t o
cuerpo de l a c a l y t i e r r a , entero, i n c o r r u p t o , c o n s u carne, pellejo, i n t e s t i -
n o s c o m o l o h a b í a n e n t e r r a d o l a p r i m e r a v e z , a u n q u e a h o r a enjuto, l o s
r e l i g i o s o s p r e s e n t e s , c o n h a r t o s e n t i m i e n t o , l o e n t r e g a r o n c o m o les era
m a n d a d o a l d i c h o a l g u a c i l , y é l le a c o m o d ó e n u n a caja ó b a ú l que t e n í a
a p r e s t a d o , e n c o g i é n d o l e l a s p i e r n a s p a r a que fuese m á s d i s i m u l a d o ; c o n
que p a r t i ó de U b e d a c o n e l s a n t o cuerpo e n 2 8 de A b r i l de este a ñ o 1 5 9 3 .
A l t i e m p o q u e e s t a b a n d e s e n t e r r a n d o y c o m p o n i e n d o e l santo cuerpo,
s u c e d i ó que e s t a n d o d u r m i e n d o á este p u n t o en e l m i s m o c o n v e n t o e l
P . F r . B a r t o l o m é de S a n B a s i l i o , l e d e s p e r t a r o n c o n u n a s voces que le
d e c í a n : « C o r r e a p r i e s a , v e r á s que se l l e v a n e l cuerpo d e l santo P a d r e
F r . J u a n de l a C r u z . » Y estas voces n o f u e r o n de p e r s o n a h u m a n a . A s í
como las oyó y d e s p e r t ó , medio vestido, abiiendo l a celda, corrió á l a
i g l e s i a , h a l l ó que e s t a b a n a c o m o d a n d o e l santo cuerpo, y a l P r e l a d o , que
a l r u i d o que é l h i z o estaba á l a p u e r t a que d e l c o n v e n t o e n t r a b a á l a
iglesia, el cual le i m p i d i ó el paso, p r e g u n t á n d o l e d ó n d e i b a , y é l respon-
d i ó que « á v e r e l c u e r p o d e l s a n t o P a d r e , pues l o l l e v a b a n . » P r e g u n t ó l e
c ó m o l o s a b i a , q u i é n se l o h a b í a d i c h o ; é l r e s p o n d i ó c ó m o e s t a n d o d u r -
m i e n d o se l o h a b í a n d i c h o , y l e h a b í a n despertado. E l P r e l a d o n o le d e j ó
entrar en l a iglesia.
C a s i l o m i s m o l e s u c e d i ó a l P . F r . A l o n s o de l a T r i n i d a d , e l c u a l es-
t a b a e n e l m i s m o c o n v e n t o , e n l a c a m a , m u y m a l o de u n a e r i s i p e l a , y
estando é l á e s t a h o r a que d e s e n t e r r a b a n e l santo cuerpo esperando a l
enfermero p a r a c i e r t o m e d i c a m e n t o que se h a b í a de hacer e n a q u e l l a
h o r a (era enfermero e l h e r m a n o F r . P e d r o de S a n J o s é , y d i c h o es que
e r a u n o de l o s r e l i g i o s o s que e s t a b a n e n t r e g a n d o e l s a n t o cuerpo), c o m o
n o v e n í a á hacerle e l m e d i c a m e n t o , a s e n t ó s e l e p o r c o s a c i e r t a , que pues é l
n o v e n í a , era p o r q u e d e s e n t e r r a b a n e l S a n t o y se l o l l e v a b a n á a q u e l l a
h o r a ; c o s a que é l n o s a b í a , antes é l m i s m o se m a r a v i l l a b a de que u n a
c o s a t a l se le asentase p o r t a n c i e r t a ; y a s í , e n t r a n d o á l a s doce e l enfer-
m e r o e n s u c e l d a , se l o dijo. « C a t a , que n o s h a n l l e v a d o el cuerpo de
n u e s t r o santo P a d r e . » E l enfermero, p o r tener m a n d a d o de que n o . l o d i -
jese , le c o m e n z ó á d i s t r a e r c o n decirle que c o m o l e h a b í a crecido l a c a -
l e n t u r a estaba e n a q u e l p e n s a m i e n t o ; m a s é l se a f i r m a b a m á s en e l l o , y
c o m o á l a m a ñ a n a p r e g u n t a s e á o t r o s r e l i g i o s o s , n i n g u n o se l o supo d e -
c i r , a u n q u e e n breve se h i z o e l caso p ú b l i c o .
A l m i s m o m o d o se h i z o s a b i d o r a d e esto D / C l a r a d e B e n a v i d e s , de l a
c a s a d e l C o n d e de S a n E s t e b a n , m u j e r de D . B a r t o l o m é de O r t e g a C a -
b r i o , persona m u y devota del Santo, l a c u a l , acostumbrando i r á oir
m i s a á l a i g l e s i a d e l C a r m e n d e s c a l z o , y p o r e l c o n s u e l o que r e c i b í a s u
a l m a , t o m a r siempre asiento j u n t o a l sepulcro d e l S a n t o , n u n c a se atre-
v i e n d o á ponerse de r o d i l l a s sobre l a s e p u l t u r a , p o r l a g r a n d e r e v e r e n c i a
que le t e n í a ; a n t e s , c u a n d o otras s e ñ o r a s l l e g a b a n á t o m a r a l l í a s i e n t o ,
— 233 —
ó pasar por e n c i m a , l a s a c o r d a b a estaba a l l í sepultado e l S a n t o , p a r a q u e
t u v i e s e n respeto á t a l l u g a r , j todns le reverenciaban. Despue's que s a -
c a r o n e l s a n t o c u e r p o , l a p r i m e r a v e z que esta s e ñ o r a a c u d i ó a l l í , y se
puso de r o d i l l a s j u n t o á l a s e p u l t u r a d e l S a n t o , e n c o m e n d á n d o s e á é l de
r e p e n t e , s i n t i ó e n sí u n a soledad y desconsuelo g r a n d e , y p e n s a n d o q u é
p o d r í a causar en e l l a esta n o v e d a d t a n c o n t r a r i a a l consuelo que o t r a s
veces a l l í r e c i b í a , a s e n t ó s e l e que h a b í a n sacado de a l l í e l santo cuerpo;
l l a m ó a l P . V i c a r i o d e l convento, que era s u c u ñ a d o , y d i j ó l e que e l cuerpo
d e l S a n t o n o estaba e n l a s e p u l t u r a por l o que e l l a se s a b í a , que d ó n d e l e
h a b í a n p u e s t o ; e l P . ' V i c a r i o l a dijo m i r a s e l o que d e c í a . M a s v i e n d o se
c o n f i r m a b a m á s en s u p e n s a m i e n t o , l a d e c l a r ó l o que p a s a b a , y c ó m o c o n
o r d e n de l o s S u p e r i o r e s i b a c a m i n o de M a d r i d . S i n t i ó e l l a m u c h o e s t o , y
c o n o c i ó l o s favores que h a s t a entonces e l S a n t o a l l í le h a c í a .
II.
E x t r a c c i ó n de reliquias en la e x h u m a c i ó n anterior.
C u a n d o d e s e n t e r r a r o n e l santo cuerpo esta p o s t r e r a v e z , l o s tres r e l i -
g i o s o s que se h a l l a r o n presentes h u r t a r o n m u c h a s de sus s a n t a s r e l i q u i a s ;
entre ellos, u n o l l a m a d o P r . J u a n de l a M a d r e de D i o s C u é l l a r t o m ó u n a
m a n o , de e l l a c o r t ó u n dedo, que t r a í a s i e m p r e c o n s i g o , y otro d i ó á d o ñ a
C l a r a de B e n a v i d e s , d e v o t a d e l S a n t o , y p o r é s t e o b r ó N u e s t r o S e ñ o r a l -
g u n o s m i l a g r o s , y l o m i s m o por l a c i n t a d e l S a n t o , l a c u a l c o n s u b r e v i a -
r i o , l u e g o que e l v a r ó n d e l S e ñ o r m u r i ó , les p r e s e n t ó e l P . P r i o r á esta
s e ñ o r a y á s u m a r i d o , en g r a t i f i c a c i ó n de l o que h a b í a n hecho p o r e l
S a n t o e n s u e n f e r m e d a d . L a c u a l c i n t a h a s t a h o y h a s i d o y es m e d i c i n a
p a r a m u c h a s enfermedades, y c o n p a r t i c u l a r es e l socorro que t i e n e n r e -
cios partos. Y esta c o r r e a , b r e v i a r i o y dedo e s t a b a n e l a ñ o de 1 6 1 8 e n
Ú b e d a en poder de D . B a r t o l o m é de O r t e g a , m a r i d o de esta s e ñ o r a , te-
n i d o t o d o en g r a n d e e s t i m a y c o n p e n s a m i e n t o de l o anejar á s u m a -
yorazgo.
O t r o s dos dedos c o n p a r t e de l a m i s m a m a n o , t e n i d o t o d o e n g r a n d e
e s t i m a , estaba a l m i s m o t i e m p o ( e s t a n d o h a c i e n d o l a s i n f o r m a c i o n e s e n
o r d e n á s u b e a t i f i c a c i ó n ) e n l a m i s m a c i u d a d , e n poder de u n c i u d a d a n o
de e l l a , c o r d o b é s , l l a m a d o B a r t o l o m é S á n c h e z de M e s a , c u ñ a d o d e l s o -
b r e d i c h o P . F r . J u a n de l a M a d r e de D i o s , que f u é e l que se l a d i ó .
E l dedo m á s p e q u e ñ o de l a o t r a m a n o e s t a b a a l m i s m o t i e m p o en G i -
m e n a ( X i m e n a ) p u e b l o d e l O b i s p a d o de J a é n , e n poder d e l G o b e r n a d o r
de a q u e l l a v i l l a , l l a m a d o M o l i n a , r a c i o n e r o de J a é n , y de u n a h e r m a n a
s u y a l l a m a d a D . a A u n a de Z a b a l l o s , e l c u a l les d i ó e l P . F r . M a t e o d e l
S a n t í s i m o S a c r a m e n t o , que se le c o r t ó e n l a p r i m e r a v e z que le desente-
r r a r o n . L o s dos h e r m a n o s le t e n í a n en m u c h a v e n e r a c i ó n e n u n a r i c a
b o l s a , p a r a p o n e r l e e n u n r e l i c a r i o e n u n a c a p i l l a que p a r a s í l a b r a b a n .
E s t a b a este dedo d e s p u é s de v e i n t i s é i s a ñ o s i n c o r r u p t o , m u y v i s t o s o c o n
su carne y u ñ a .
O t r o dedo t a m b i é n de l a s m a n o s e s t á e n n u e s t r o C o l e g i o de B a e z a ,
e n g a s t a d o e n u n m e d i o cuerpo d e l S a n t o ; e l c u a l dedo les d i e r o n F r a n -
30
— 234 —
cisco d e l C a s t i l l o y D . a J u s t a de Daz, s u mujer, y e n su o r a t o r i o estos
s e ñ o r e s t i e n e n otro dedo de u n pie d e l S a n t o , e n g a s t a d o e n otro m e d i o
cuerpo d e l S a n t o : h a b í a n s e l o s d a d o c o m o á bienhechores de a q u e l l a s
casas.
O t r o dedo tambie'n de l a s m a n o s e n l a p r i m e r a v e z que d e s e n t e r r a r o n
e l santo cuerpo, habie'ndosele cortado, l e e n v i a r o n á M á l a g a a l P . F r . J u a n
E v a n g e l i s t a , c o m p a ñ e r o d e l S a n t o , y l l e g a n d o este P a d r e á G r a n a d a , l a s
m o n j a s de a l l í le o b l i g a r o n á que les diese l a m i t a d de é l : p o r este p e d a z o
que a l l í d e j ó , h a N u e s t r o S e ñ o r obrado a l g u n o s m i l a g r o s .
L o r e s t a n t e de este dedo t r a í a e l P . F r . J u a n E v a n g e l i s t a p o r g r a n d e
r e l i q u i a ; despue's, pasados a l g u n o s a ñ o s , v i s i t a n d o este P a d r e e n M a d r i d
á D . F r . D i e g o de Y e p e s , confesor d e l rey F e l i p e II, d e s p u é s O b i s p o de
T a r a z o n a ' , t r a t a n d o e n l a p l á t i c a cosas de l a v i r g e n S a n t a T e r e s a , d i j o
D . F r . D i e g o de Y e p e s : « A h o r a v a n s a l i e n d o cosas m i l a g r o s a s de u n
S a n t o de s u o r d e n , q u e c o r r e n á l a s parejas c o n l a s de l a S a n t a M a d r e . t )
P r e g u n t á n d o l e e l P a d r e q u i é n era e l t a l S a n t o , r e s p o n d i ó l e que e l S a n t o
P . F r . J u a n de l a C r u z ; y h a b i é n d o l e d i c h o e l P a d r e como le c o n o c í a m u -
c h o p o r haber m u c h o s a ñ o s a c o m p a ñ á d o l e , h a b l a n d o de s u s a n t i d a d y de
c ó m o é l t e n í a l a m i t a d de u n dedo s u y o , p i d i ó l e D . F r . D i e g o de Y e p e s
se l o e n s e ñ a s e , y h a b i é n d o l o venerado c o m o r e l i q u i a de S a n t o , r o g ó l e se l o
dejase p a r a m o s t r a r l e a l rey F e l i p e I I ; é l se l o d e j ó . Y v o l v i e n d o á despe-
d i r s e de é l otro d í a , l e d i j o como e l R e y h a b í a g u s t a d o de quedarse c o n
é l p o r l e parecer cosa m a r a v i l l o s a y s a n t a .
III.
De c ó m o el cuerpo del beato Padre l l e g ó á Madrid y de allí fué
llevado á Segovia.
P a r t i d o c o n e l s a n t o cuerpo de U b e d a J u a n de M e d i n a , y n o se fiando
de las l i c e n c i a s y v a r a , n i d e l d i s i m u l o c o n que l o l l e v a b a , dejando e l c a -
m i n o de M a d r i d t o m ó e l de J a é n , y a p r o v e c h a n d o del s i l e n c i o de l a noche,
s a l i ó de l o s t é r m i n o s de U b e d a y B a e z a , c a m i n a n d o por los de J a é n c o n
a l g ú n t e m o r a ú n de que n o saliesen á q u i t a r l e l o que l l e v a b a ; e n d e r e z ó s u
c a m i n o á M o n t i l l a ; s u c e d i ó l e que u n poco a n t e s de M a r t o s , c a m i n a n d o á
m á s a n d a r , de u n cerro a l t o , a p a r t a d o a l g o d e l c a m i n o , u n h o m b r e que es-
t a b a e n l o a l t o l e c o m e n z ó á d a r voces y d e c i r p a r a q u é l l e v a b a e l cuerpo
d e l S a n t o , que l o dejase y n o l o l l e v a s e . A J u a n de M e d i n a se l e e s p e l u -
z a r o n los cabellos y e l cuerpo se l e l l e n ó de terror, a d m i r a d o de l a v o z , cre-
y e n d o que q u i e n a q u e l l o le d e c í a no era p e r s o n a de l a t i e r r a , porque a l l í
n a t u r a l m e n t e n a d i e l o p o d í a saber, a s í c o m o p o r e l m o d o c o n que se h a b í a
sacado e l s a n t o cuerpo, y d e l c ó m o l o l l e v a b a , y haber a n d a d o m u c h o a s í
e n l a noche, c o m o e n l o que c o r r í a y a de l a m a ñ a n a ; y a s í , no r e s p o n d i e n d o
c o s a a l g u n a , p r o s e g u í a s u c a m i n o d i c i e n d o á N u e s t r o S e ñ o r sus devociones,
n o cesando e l h o m b r e que le h a b l a b a de d e c i r l e de c u a n d o e n c u a n d o e n a l t a
v o z , que b i e n s a b í a l l e v a b a e l cuerpo d e l S a n t o , que l o dejase: é l s i n h a b l a r
p a l a b r a p r o s i g u i ó su c a m i n o y l l e g ó á M o n t i l l a , y de a l l í p o r C ó r d o b a
t o m ó e l c a m i n o de M a d r i d . C a m i n a n d o u n a n o c h e , c o m o h a c í a b u e n t i e m p o ,
— 235 —
dijo á sus c o m p a ñ e r o s se apartasen b u e n pedazo d e l c a m i n o , y se m e t i e s e n
e n u n a s haces de p a n que a l l í estaban p a r a que c o m i e s e n l a s m u í a s , y q u e
s i l l e g a s e n l o s d u e ñ o s de l a s haces les p a g a r í a n l o que les p i d i e s e n . H a -
b i e n d o y a d e s c a n s a d o , s i n t i e r o n c o m o r u i d o ; estando atentos a l r u i d o ,
l l e g ó á ellos u n perro t o d o b l a n c o , de b u e n t a m a ñ o , y c o m e n z ó á d a r v u e l -
tas entre ellos y alrededor, h a l a g á n d o s e c o n ellos c o m o s i l o s conociera, y
h a b i e n d o hecho esto p o r a l g u n a s veces, t o m ó s u c a m i n o p o r l a h a c e y n o
p a r e c i ó m á s . J u a n de M e d i n a , q u e v i v í a c o n c u i d a d o p o r l o que l l e v a b a ,
dijo á l o s c o m p a ñ e r o s p a r t i e s e n l u e g o , p o r q u e p a r e c í a que a q u e l perro e r a
cosa d e l santo P a d r e que les m a n d a b a p a r t i e s e n l u e g o de a l l í , y que a s í
saliesen l u e g o , p o r q u e t e m í a a l g ú n a l b o r o t o c o n achaque de l a e s t a n c i a
a l l í . Y a s í p o r l a parte que e l perro s a l i ó g u i a r o n y s a l i e r o n a l c a m i n o , e l
cual prosiguieron con quietud hasta llegar á M a d r i d .
L l e g a d o e l santo cuerpo á M a d r i d á sus casas de D . L u i s de M e r c a d o
y D . a A n a , su h e r m a n a , fué allí recibido con l a d e v o c i ó n debida á u n
cuerpo s a n t o , y puesto en s u o r a t o r i o , a l l í le d e s a l i j a r o n y v i e r o n l o s dos
h e r m a n o s y s u casa, n o s i n m u c h a s l á g r i m a s de d e v o c i ó n p o r ver á q u i e n
viviendo tanto amaban y veneraban por su gran santidad. A q u í vieron
c u m p l i d a l a p o s t r e r a p a l a b r a que a l l í h a b í a d i c h o e l S a n t o á D . a A n a de
M e r c a d o , c u a n d o d e s p i d i é n d o s e de e l l a l a d i j o : « H i j a , n o t e n g a p e n a p o r
m i p a r t i d a , que presto e n v i a r á a l l á p o r m í y m e v e r á . » L l e g a r o n todos á
venerarle como á S a n t o .
M a s p a r e c i é n d o l e s á l o s dos h e r m a n o s era m u c h o l o que h a b í a n q u i -
t a d o a l C o n v e n t o y c i u d a d de U b e d a , d e t e r m i n a r o n e n v i a r l e s u n pie; y a s í ,
c o r t a n d o d e l santo cuerpo e l pie de que h a b í a estado e n f e r m o , e n g a s t o -
n á n d o l e e n u n a r e d de h i l o de oro y u n a t r e n z a de l o m i s m o , t o d o e n l a -
z a d o c o n m u c h o a l j ó f a r y sedas e n c a r n a d a s , m e t i é n d o l e e n u n a a r q u i l l a
c o n s u l l a v e , l e e n t r e g a r o n a l santo P - F r . F r a n c i s c o de J e s ú s I n d i g n o ,
e l c u a l le l l e v ó á l a c i u d a d de U b e d a .
S u c e d i ó l e en e l c a m i n o que h a b i e n d o l l e g a d o á L a b i o t e , fuese á apear
a l C o n v e n t o de M o n j a s de s u O r d e n que h a y e n a q u e l l a v i l l a , donde é l
era m u y c o n o c i d o , y d i ó l a a r q u i l l a y l l a v e á l a M a d r e P r i o r a y á l a M a -
dre A n a de S a n J o s é p a r a que se l a g u a r d a s e n y v i e s e n ellas y l a s d e m á s
r e l i g i o s a s u n a r e l i q u i a que a l l í l l e v a b a de u n a a l m a v i r g e n , s i n d e c i r l e s
q u i é n fuese. L a s r e l i g i o s a s c u a n d o l e v i e r o n y v e n e r a r o n c o n o c i e r o n era
e l pie d e l santo P . F r . J u a n de l a C r u z , g r a n a m p a r o de a q u e l C o n v e n t o ,
y a s í se r e c r e a r o n y a l e g r a r o n m u c h o , porque v i v i e n d o l o t r a t a b a n c o m o
á s a n t o , p o r l o c u a l d e t e r m i n a r o n á quedarse c o n e l s a n t o p i e , de que e l
v a r ó n de D i o s F r . F r a n c i s c o t o m ó p e n a , p o r le haber fiado le v o l v e r í a l a
s a n t a r e l i q u i a ; m a s antes que se l a v o l v i e s e , e n c u a n t o estaba e n v í s p e r a s ,
e l l a se e n c e r r ó c o n o t r a m o n j a , l l a m a d a M a r í a de S a n J u a n , en u n a parte
a l t a d e l C o n v e n t o , y p o r l a h e r i d a m a y o r que t e n í a e l santo p i e , h a c i e n d o
f u e r z a , sacaron de é l dos huesos p e q u e ñ o s , s i n que se echase de ver, y
c u a n d o acababan de hacer este h u r t o l l e g a r o n a l l í otras r e l i g i o s a s , d i c i e n d o
que, l l e v a d a s d e l r a s t r o de l a s u a v i d a d d e l olor que h a b í a n s e n t i d o , h a b í a n
v e n i d o a l l í . V o l v i ó l a M a d r e P r i o r a e l pie a l P . F r . F r a n c i s c o , y q u e d á n -
dose e l l a c o n u n o de l o s h u e s o s , e n v i ó e l o t r o a l c o n v e n t o de G r a n a d a ,
d e l c u a l , d e s p u é s de haber dado a l g u n o s p e d a c i t o s á seglares, perseveraba
a l l í u n p e d a c i t o p o c o m a y o r que u n a a v e l l a n a , t e n i d o e n m u c h a e s t i m a
— 236 —
p o r l a s m u c l i a s mercedes que K u e s t r o S e ñ o r p o r él y p o r l a i n t e r c e s i ó n de
s u siervo a l l í h a h e c h o . E l s a n t o p i e l l e v ó y e n t r e g ó e l P a d r e a l C o n v e n t o
de U b e d a , donde son i n n u m e r a b l e s l o s m i l a g r o s que N u e s t r o S e ñ o r h a
hecho p o r este pie de s u s i e r v o y p o r s u i n t e r c e s i ó n .
C o r t ó t a m b i é n d e l m i s m o santo cuerpo D . " A n a de M e r c a d o u n b r a z o ,
y por entonces q u e d ó s e c o n é l , a u n q u e d e s p u é s , á i n s t a n c i a de ciertas per-
sonas de M e d i n a d e l C a m p o , v i n o á poder de l a s m o n j a s de a l l í (1), l l e -
v á n d o l e e l venerable F r a n c i s c o de Y e p e s , h e r m a n o d e l santo padre f r a y
J u a n . Q u i t ó l e t a m b i é n D . a A n a a l santo cuerpo e l h á b i t o y c i n t a de que
v e n í a v e s t i d o , y g u a r d ó l o p a r a sí c o n otro pedacito de c a r n e , de que h i z o
u n r e l i c a r i o , que d e s p u é s d i ó a l venerable F r a n c i s c o de Y e p e s , y en que
N u e s t r o S e ñ o r c o m e n z ó á m o s t r a r l a s m i l a g r o s a s apariciones que e n é l
c a d a d í a en M e d i n a se v e n .
V o l v i ó D . a A n a de M e r c a d o á p o n e r e l , s a n t o cuerpo e n s u b a ú l , y p o r
l a m i s m a p e r s o n a que l o h a b í a t r a í d o de U b e d a , y c o n el m i s m o o r d e n le
l l e v a r o n á S e g o v i a . D e s d e que e n t r ó e l santo cuerpo p o r S e g o v i a , c o m e n z ó
á despedir de s í g r a n d e olor y f r a g a n c i a , y fué t a n t o , que m u c h a s perso-
nas , l l e v a d a s d e l o l o r , v i n i e r o n s i g u i e n d o e l santo cuerpo h a s t a e l c o n -
v e n t o , c o n v e n i r h a r t o d i s i m u l a d o ; y f u é cosa de a d m i r a c i ó n que c u a n d o
l l e g ó a l c o n v e n t o , era y a t a n t a l a g e n t e que se h a b í a j u n t a d o , que n o d a -
b a n l u g a r á l o s que le t r a í a n p a r a se poder r e v o l v e r . L u e g o se d i v u l g ó p o r
l a c i u d a d s u l l e g a d a , y a s í f u é m u c h a l a a l e g r í a de t o d o s ; c o n m o v i ó s e
t o d a l a c i u d a d , c o n l o c u a l f u é g e n t e s i n n ú m e r o l a que a c u d i ó á verle y
venerarle, que n o sólo e n l a i g l e s i a y m o n a s t e r i o , s i n o a u n e n l a s calles
que á é l v i e n e n , n o se d a b a n l u g a r u n o s á otros, y p o r ser t a n t o e l c o n -
curso y d a r voces les e n s e ñ a s e n e l S a n t o , á i n s t a n c i a de l a j u s t i c i a y de
m u c h a gente n o b l e que estaba presente se s a c ó el santo cuerpo d e l a r c a
en que v e n í a , y se p u s o sobre u n bufete cubierto c o n u n tapete e n m e d i o
de l a c a p i l l a , d e s p i d i e n d o de s í u n suave o l o r , de que estaba l l e n a l a i g l e -
s i a , y e l m i s m o o l o r d e s p e d í a n de sí u n a s flores que a l g ú n devoto e c h ó y
v e n í a n d e n t r o d e l a r c a , y h a s t a u n c o r d e l c o n que v e n í a a c o m o d a d o e l
b a ú l en que se h a l l a b a e l cuerpo e c h a b a de sí este o l o r . A q u í descubierto,
f u é v i s t o de t o d o e l pueblo que estaba entero, i n c o r r u p t o , l l e g a n d o gente
i n n u m e r a b l e á v e n e r a r l e y besarle l o s pies, y t o c a r l e u n o s sus r o s a r i o s ,
o t r o s le t o c a b a n l i s t o n e s , o t r o s cruces é i m á g e n e s , y m u c h a s mujeres sus
tocas, e n c o m e n d á n d o s e todos á é l , y estando c o n g r a n d e g u a r d a p a r a que
n o se cortase d e l santo cuerpo n i de sus h á b i t o s cosa a l g u n a ; de l a s flores
y c o s i l l a s tales n o dejaron n a d a ; todo l o l l e v a r o n p o r r e l i q u i a s . T o r n ó s e
á meter e l santo cuerpo en e l a r c a , y cerrado c o n s u l l a v e , estuvo a s í e n
m e d i o de l a c a p i l l a cosa de ocho d í a s . M o s t r á n d o l e u n d í a de estos á unos
r e l i g i o s o s A g u s t i n o s , v i e r o n ellos, y r e l i g i o s o s C a r m e l i t a s que e s t a b a n
presentes, que de l a c o r o n a le m a n a b a u n l i c o r c o m o ó l e o .
A v i s ó s e a l P . F r . B l a s de S a n A l b e r t o , d e f i n i d o r p r i m e r o , que h a c í a
oficio de V i c a r i o g e n e r a l en a u s e n c i a d e l P . F r . N i c o l a o de J e s ú s M a r í a ,
q u e estaba e n e l C a p í t u l o g e n e r a l de C r e m o n a , de l o que h a b í a sucedido
y se h a b í a hecho en S e g o v i a e n l a l l e g a d a d e l s a n t o c u e r p o . E l c o n s u
(1) Quedóse a ú n D.* A n a con l a mitad del mismo brazo. ( Vida.')
— 237 —
definitorio o r d e n a r o n que e l santo cuerpo en s u a r c a fuese puesto e n l a
c a p i l l a m a y o r e n u n arco que estaba cerca d e l c o l a t e r a l de l a m a n o dere-
c h a , l e v a n t a d o d e l suelo cosa de dos varas, y que se echase u n t a b i q u e p o r
l a p a r t e de delante d e l arco, b l a n q u e a d o como l a d e m á s c a p i l l a , d o n d e
q u e d ó s i n s e ñ a l de que a l l í hubiese cosa a l g u n a , que s i n o era l o s que le
v i e r o n poner, n a d i e p o d í a saber estaba a l l í .
De c ó m o el santo cuerpo fué puesto m á s en público.
'No q u i s o N u e s t r o S e ñ o r que este tesoro estuviese a s í o c u l t o , p o r q u e
los g r a n d e s resplandores de su s a n t i d a d , esto es, l o s m u c h o s m i l a g r o s
que N u e s t r o S e ñ o r o b r a b a por é l , no d i e r o n l u g a r á esto; y a s í , pasados
pocos d í a s d e s p u é s que le p u s i e r o n c o m o q u e d a d i c h o e n S e g o v i a , u n a
m u j e r d e l t o d o sorda, que v i o encerrar a l l í e l santo cuerpo, d i ó l e d e v o c i ó n
de le a n d a r a l l í u n a n o v e n a , y pedirle en e l l a e l o i r ; a n d ú v o l a c o n d e v o -
c i ó n , y e l ú l t i m o d í a de e l l a c o b r ó perfectamente e l o i r , c o n f e s ó y c o m u l g ó
a q u e l d í a sana y b u e n a , d a n d o por ello m u c h a s g r a c i a s a l S e ñ o r .
A l m i s m o tiempo t a m b i é n a q u í en Segovia s a n ó el Santo á u n merca-
der, l l a m a d o F e r n a n d o de C a r r i ó n , de u n a p i e r n a en que le d i ó g r a n m a l
de u n a d e s g r a c i a en u n a t i n a de t e ñ i r p a ñ o s , y t e n i é n d o l a p a r a perder,
o f r e c i ó s e a l S a n t o , y p o n i é n d o l e sobre e l m a l u n a m a n g a de s u t ú n i c a ,
c o b r ó l u e g o s a l u d , y él c u m p l i ó s u v o t o , a c u d i e n d o á v i s i t a r e l s a n t o
cuerpo, o f r e c i é n d o l e u n a c o r t i n a de seda c a r m e s í p a r a s u s e p u l c r o . Y c o n
esta m a n g a de s u t ú n i c a , que á este t i e m p o se l l e v a b a á m u c h o s enfer-
m o s , c o r r í a f a m a c o m o m u c h o s c o b r a b a n s a l u d : era esta m a n g a de esta-
m e ñ a b l a n c a , y a n d a b a a p u n t a d a en u n d a m a s c o a z u l que l a c u b r í a .
A q u í en S e g o v i a c a y ó u n a d o n c e l l a de u n a v e n t a n a a l t a , pensando i b a
á caer por u n a p u e r t a d e l m i s m o aposento: a l caer e n c o m e n d ó s e a l S a n t o ,
de q u i e n era d e v o t a , y no se h i z o m a l a l g u n o ; antes a c u d i é n d o l e , p e n -
sando se h a b í a m u e r t o , l a h a l l a r o n sana, d a n d o g r a c i a s a l S a n t o .
E n J a é n , a l m i s m o t i e m p o , c o n su escapulario c h i c o d e l S a n t o , que
p u s i e r o n á u n a d o n c e l l a , l l a m a d a D . a M a r i a n a de F r e i l a s , c o b r ó s a l u d de
c i n c o bocas que se l e h a b í a n hecho desde u n pecho h a s t a e l b r a z o .
A u n q u e e l S a n t o h a c í a a l g u n o s m i l a g r o s en S e g o v i a y o t r a s partes,
m á s e n U b e d a : desde que m u r i ó , siempre se f u é c o n t i n u a n d o e l hacer
m u c h o s c o n sus r e l i q u i a s , a s í de s u carne como de sus v e s t i d o s é h i l a s de
l a s l l a g a s de su p i e r n a .
P o r lo c u a l e l P . F r . B l a s de S a n A l b e r t o , definidor p r i m e r o , p r e s i -
dente en t o d a l a C o n g r e g a c i ó n y s u D e f i n i t o r i o , sabidas l a s m a r a v i l l a s
que D i o s obraba p o r su siervo e n d i v e r s a s partes, e n v i ó o r d e n a l c o n -
v e n t o de S e g o v i a p a r a que l u e g o se q u i t a s e el t a b i q u e que estaba d e l a n t e
d e l a r c a d e l S a n t o y se pusiese decentemente en m a n e r a de s e p u l c r o , c o m o
se h i z o , p i n t a n d o en l a d e l a n t e r a d e l a r c a u n escudo de l a R e l i g i ó n , y e n
e l hueco que h a b í a d e l arco a l a r c a u n a c r u z . M a s como esta p a r t e d o n d e
h a b í a n puesto e l s a n t o cuerpo estuviese m u y h ú m e d a , á causa de estar l a
t i e r r a m á s a l t a p o r l a p a r t e de afuera de l a c a p i l l a , y c o n e l cerrarle es-
— 238 —
t u v i e s e e l hueco d e s t i l a n d o h u m e d a d , pasado u n a ñ o , abierto el t a b i q u e ,
f u é h a l l a d a e l a r c a m a l t r a t a d a de l a h u m e d a d , y e l h á b i t o y c a p a de que
e l S a n t o estaba v e s t i d o estaban a s i m i s m o p o d r i d o s y v u e l t o s e n g u s a -
nillos.
F u é cosa m a r a v i l l o s a que c o n estar cercado el venerable cuerpo de
estos pedazos p o d r i d o s y g u s a n i l l o s , n i n g ú n g u s a n i l l o l l e g a b a a l santo
cuerpo; antes q u i t a d o s estos pedazos p o d r i d o s , se v i ó e l santo cuerpo
l i m p i o y fresco; y a b r i é n d o l e p o r u n l a d o p a r a ver c ó m o estaba d e n t r o ,
v i ó s e c o m o estaban l a s e n t r a ñ a s é i n t e s t i n o s t o d o enjuto, s i n c o r r u p c i ó n
a l g u n a , y d e s p e d í a e l santo cuerpo de sí m u y suave o l o r . T a m b i é n se n o t ó
que e n m u c h o s t i e m p o s l a s l l a v e s d e l a r c a d e s p e d í a n de s í este m i s m o o l o r .
E n v o l v i ó s e entonces e l venerable cuerpo e n p a ñ o s de seda, y a s í q u e d ó
decentemente puesto.
V.
C ó m o fué llevado un brazo del Santo á Medina del Campo.
D e s p u é s que e l santo cuerpo fué t r a s l a d a d o de l a c i u d a d de U b e d a á
S e g o v i a , c o r r i ó l u e g o l a f a m a p o r m u c h a s partes, a s í de s u l l e g a d a c o m o
de l a s m a r a v i l l a s que D i o s o b r a b a por é l . S a b i é n d o l o e n M e d i n a d e l
C a m p o s u h e r m a n o e l venerable F r a n c i s c o de Y e p e s , v i n o á S e g o v i a c o n
deseo de v e r e l cuerpo de su santo h e r m a n o , y h a b l a n d o de esto c o n e l p a -
dre P r i o r d e l c o n v e n t o , r e s p o n d i ó l e c ó m o D . a A n a de M e r c a d o , f u n d a -
d o r a , se t e n í a l a l l a v e d e l a r c a . E l se f u é á M a d r i d , donde esta s e ñ o r a
v i v í a , y le d i j o s u deseo, y p i d i ó l a l l a v e . F u é de e l l a b i e n r e c i b i d o , p o r -
q u e le e s t i m a b a y a m a b a p o r su s a n t i d a d y p o r ser h e r m a n o d e l santo
P a d r e . D i ó l e e l l a e n esta o c a s i ó n p a r a s í u n a r e l i q u i a de carne d e l santo
padre F r . J u a n , m e t i d a e n u n cerco de b ú f a l o , c o n sus v i d r i o s , l a c u a l
e l l a s o l í a traer, p a r a que é l l a trajese c o n s i g o . Y a s i m i s m o l e e n t r e g ó u n
b r a z o d e l S a n t o que e l l a h a b í a cortado d e l venerable cuerpo, y q u e d ó s e
c o n él c u a n d o le e n v i ó á S e g o v i a , p a r a que le trajese, y que c u a n d o abriese
el a r c a e n que estaba el cuerpo d e l S a n t o , le m e t i e s e n e n e l l a y p u s i e s e n
j u n t o á s u s a n t o cuerpo; y p a r a esto l e d i o las l l a v e s d e l a r c a , q u e d á n d o s e
e l l a a ú n c o n l a m i t a d d e l m i s m o b r a z o y c o n u n dedo.
D e j a d a s de referir a q u í l a s m a r a v i l l a s que c o n e l santo b r a z o l e suce-
d i e r e n á F r a n c i s c o de Y e p e s e n e l c a m i n o que h a y de M a d r i d á S e g o v i a
y de S e g o v i a á M e d i n a , s i n o s ó l o c o n t a n d o s u j o r n a d a , é l l l e g ó c o n e l
s a n t o b r a z o á S e g o v i a , y t e m i e n d o l o que le s u c e d i ó , de que e l P . P r i o r
d e l c o n v e n t o n o h a b í a de querer a b r i r l e e l sepulcro d e l S a n t o , d e t e r m i n ó s e
á s i n o l o h a c í a , l l e v a r s e e l santo b r a z o á M e d i n a d e l C a m p o ; y en e l
e n t r e t a n t o que esto t e n t a b a , p ú s o l e en e l c o n v e n t o de l a s M o n j a s C a r m e -
l i t a s D e s c a l z a s , donde estuvo a q u e l l a noche, e n l a c u a l s u c e d i ó que, d á n -
dole u n accidente m u y apretado á l a M . A n a de S a n J o s é , que d e s p u é s
f u é P r i o r a de C o n s u e g r a , a c u d i é n d o l e l a s m o n j a s , le p u s i e r o n sobre e l
c o r a z ó n e l santo b r a z o , i n v o c a n d o a l S a n t o , y de repente l u e g o c e s ó e l
m a l y q u e d ó b u e n a . D i ó F r a n c i s c o de Y e p e s l a l l a v e a l P . P r i o r , p i d i é n -
dole le hiciese m e r c e d de a b r i r l e e l s e p u l c r o ; é l le d i ó a l g u n a s e x c u s a s , c o n
— 239 —
l o c u a l , v u e l t o F r a n c i s c o de Y e p e s á l a s m o n j a s , y a de c a m i n o , t o m ó de
a l l í e l santo brazo, y f u é á O l m e d o , y de a l l í á M e d i n a d e l C a m p o .
S a b i d o p o r D . a A n a de M e r c a d o l o que h a b í a p a s a d o , y que e l santo
b r a z o n o se h a b í a puesto e n e l sepulcro c o n e l c u e r p o , antes estaba e n
M e d i n a , c o m e n z ó á h a c e r d i l i g e n c i a s p a r a que l o v o l v i e s e n a l C o n v e n t o
de S e g o v i a ; m a s h a c i é n d o l e m u c h a i n s t a n c i a l o s venerables F r a n c i s c o
de Y e p e s , e l P . C r i s t ó b a l C a r o , de l a C o m p a ñ í a de J e s ú s , y otras p e r -
sonas p a r a que h o n r a s e a q u e l l a v i l l a c o n esta r e l i q u i a , pues e l S a n t o
v i v i e n d o a q u í mucbos a ñ o s l a h a b í a honrado con su presencia, condes-
c e n d i e n d o e l l a en e s t o , l a s a n t a r e l i q u i a se p u s o en e l C o n v e n t o de l a s
monjas C a r m e l i t a s descalzas de a q u e l l a v i l l a á d o n d e h a obrado N u e s t r o
S e ñ o r p o r s u siervo a l g u n o s m i l a g r o s .
VI.
De las diligencias que hizo Ubeda para que se le restituyese
el cuerpo del Santo.
E n e l a ñ o de 1596, p o n d e r a n d o l a c i u d a d de U b e d a c o m o l a h a b í a n
despojado d e l cuerpo d e l s a n t o P . F r . J u a n de l a C r u z p o r q u i e n N u e s t r o
S e ñ o r a l l í h a c í a d i v e r s o s m i l a g r o s , s e n t i d a de verse a s í d e s p o j a d a , r e s o l -
v i ó s e e n que p o r t o d a s v í a s se procurase se le restituyese e l venerable
c u e r p o ; y a s í n o m b r ó p a r a esto dos caballeros c o m i s a r i o s p a r a que c o n
t o d o esfuerzo p r o c u r a s e n se les v o l v i e s e . E s t o s dos c a b a l l e r o s , l l a m a d o s
D . P e d r o A f á n de R i b e r a (1) y D . D i e g o de O r t e g a C a b r i o , r e g i d o r e s
de a q u e l l a c i u d a d .
C o n s u p o d e r , c o m e n z a n d o este n e g o c i o p o r e l c a m i n o m á s o r d i n a r i o ,
h a b l a r o n sobre ello a l P . F r . N i c o l á s de S a n C i r i l o , p r o v i n c i a l de a q u e l l a
p r o v i n c i a , á q u i e n s i g n i f i c a r o n l a p e n a é i n t e n t o de s u c i u d a d , y que a s í
viese e l m o d o ó corte q u e en esto se d e b í a d a r . E l P . P r o v i n c i a l n o les
r e s p o n d i ó á su p r o p ó s i t o , y a s í considerando l a respuesta dada t a n en
d i s f a v o r d e l S a n t o y de s u c i u d a d , h i c i e r o n i n f o r m a c i ó n de l a m u e r t e y
e n t i e r r o d e l S a n t o e n U b e d a y de l a o p i n i ó n de santo c o n que m u r i ó , y
c ó m o de secreto les h a b í a n l l e v a d o e l santo cuerpo á S e g o v i a , y c o n
esta i n f o r m a c i ó n e n v i a n d o e n R o m a puso p l e i t o l a c i u d a d ante e l p a p a
C l e m e n t e V I I I , p i d i é n d o s e les r e s t i t u y e s e . H a b i é n d o l o s o í d o S u S a n t i -
d a d y v í s t e s e e l caso e n l a C o n g r e g a c i ó n de l o s C a r d e n a l e s super negotia
Episcoporum, m a n d ó (que e l s a n t o cuerpo se les r e s t i t u y e s e y fuese
v u e l t o á l a c i u d a d de U b e d a , a l M o n a s t e r i o de d o n d e h a b í a s i d o l l e v a d o ,
y sobre e l l o d i ó s u b u l a , c o m e t i e n d o s u e j e c u c i ó n a l O b i s p o de J a é n y
á D . L o p e de M o l i n a , p r o t o n o t a r i o A p o s t ó l i c o T e s o r e r o de l a C o l e g i a l
de U b e d a .
E x p e d i d o p o r S u S a n t i d a d este breve, y a l c a n z a d o e j e c u t o r i a l de é l
ante e l j u e z e j e c u t o r , a c u d i ó D . P e d r o de M o l i n a , n a t u r a l de U b e d a , y
(1) Muñoz Garnica le llama Perafán de Ribera, y en la carta auténtica que se
conserva en este convento también parece llamarse así. {Vida, pág. 65.)
— 240 —
h e r m a n o d e l T e s o r e r o referido á besar el pie a l P a p a , y d a r l e l a s g r a -
cias p o r l a merced que h a c í a á s u c i u d a d , y p e d i r l e s u b e n d i c i ó n p a r a
venirse á E s p a ñ a ; el P a p a , que conocía mucho á su h e r m a n o , le m a n d ó
se le r e c o m e n d a s e y l e dijese que fuese él e n p e r s o n a p o r el cuerpo d e l
B e a t o M o n a c h o ( a s í l e l l a m ó ) , d i c i é n d o l e e l m o d o que h a b í a de g u a r d a r
en s u l l e g a d a á S e g o v i a , y sacarle p o r q u e n o se alterase l a c i u d a d de S e -
g ó v i a ; y n o t ó este c a b a l l e r o que siempre que h a b í a l e n o m b r a r e l santo
le l l a m a b a e l B e a t o M o n a c h o . L l e g a d o el breve á U b e d a , p a r e c i ó á d o n
C r i s t ó b a l de R o j a s , c a r d e n a l de l a S a n t a I g l e s i a de R o m a y o b i s p o de
J a é n , á q u i e n e n p r i m e r l u g a r v e n í a c o m e t i d o , n o se llevase p o r r i g o r l a
e j e c u c i ó n de él n i d e l o t r o que e n v i ó e l A u d i t o r de R o m a e j e c u t o r i a l , p o r
h a l l a r d i f i c u l t a d e n ponerse c o n l a c i u d a d de S e g o v i a y c o n u n a r e l i g i ó n
q u e h a b í a t r a í d o a l l í e l S a n t o cuerpo. Y a s í p i d i ó á l o s caballeros c o m i -
s a r i o s de este negocio t r a t a s e n esto c o n l a R e l i g i ó n p a r a que esto se h i -
ciese de s e c r e t o , ó t e n t a s e n a l g ú n m e d i o ó p a r t i d o ; p a r e c i ó l e s b i e n , y a s í
t e n t a r o n d i v e r s o s m e d i o s , p a s á n d o s e m u c h o t i e m p o e n d e m a n d a s y res-
puestas.
VII.
De c ó m o el santo cuerpo fué trasladado á la Iglesia nueva.
H a b i é n d o s e p a s a d o e l S a n t í s i m o S a c r a m e n t o y altares e n este C o n -
v e n t o de S e g o v i a de l a i g l e s i a a n t i g u a á l a que de n u e v o se h a b í a l a b r a d o ,
q u e d ó s e e l cuerpo d e l B e a t o P a d r e en l a c a p i l l a de l a i g l e s i a a n t i g u a , p o r
c a u s a de n o se haber a ú n l a b r a d o en l a i g l e s i a n u e v a cosa a c o m o d a d a p a r a
p o n e r l e , y t a m b i é n p o r q u e entre D . a A n a de M e r c a d o y e l C o n v e n t o n o
se acababa de asentar e l l u g a r d o n d e l e p o n d r í a n . D e s p u é s de e s t o , e l
a ñ o de 1 6 0 4 , v i n i e n d o p o r p r i o r á este C o n v e n t o e l P . F r . A l o n s o de l a
M a d r e de D i o s , c o n s i d e r a n d o que el v e n e r a b l e c u e r p o estaba s o l o , s i n
p o d e r ser v i s i t a d o de l o s fieles, a u n q u e estaba c o n v e n e r a c i ó n e n e l pres-
b i t e r i o de l a i g l e s i a a n t i g u a debajo de u n d o s e l de s e d a . — V i s t o e s t o ,
t r a t ó p o r m u c h a s veces c o n l a s e ñ o r a f u n d a d o r a acerca d e l poner e n l a
i g l e s i a n u e v a e l s a n t o c u e r p o , cosa que e l l a d e s e a b a , a u n q u e p o r estar
a l t e r a d a de h a b e r l e p e d i d o e l P . P r i o r antecedente c i e r t a s u m a de d i n e r o
que d e b í a a l C o n v e n t o , y e n m a t e r i a de escudos de a r m a s d e s a v e n í d o s e
los d o s , n o se a c a b a b a de r e s o l v e r . Ú l t i m a m e n t e , h a b l a n d o l o s dos e n
ello se r e s o l v i ó ; q u e r í a ponerle e n s u c a p i l l a m a y o r l a b r á n d o l e sepulcro,
pero n o se l e h a b í a de p o n e r a l l í escudo a l g u n o de a r m a s de l a o r d e n :
c o n esto e l P . P r i o r le d i j o l e v a n t a s e l a m a n o de e l l o , p o r q u e era c o n -
v e n i e n t e q u e , d o n d e q u i e r a que se p u s i e s e , se fijase e l t a l e s c u d o , y de-
seaba esto e l P r i o r p o r q u e s a b í a b i e n c u á n de m a l a g a n a e n t r a g e n t e de
c o n s i d e r a c i ó n e n c a p i l l a s que t i e n e n d u e ñ o , á q u i e n , s i l l e g a e l t a l es-
t a n d o e l l o s d e n t r o , h a n de d a r v a s a l l a j e .
P o r e s t o , h a b i e n d o el d i c h o P r i o r a c o m o d a d o u n sepulcro a d o r n a d o
decentemente en l a c a p i l l a de N t r a . S r a . d e l C a r m e n , que es l a mejor d e l
C o n v e n t o , levantado del suelo c o s a de tres v a r a s , a q u í c o n decente
a c o m p a ñ a m i e n t o e n 3 de E n e r o de 1 6 0 6 se t r a n s l a d ó e l cuerpo d e l
— 241 -
B e a t o P a d r e , y m e t i d a e l a r c a e n s u n i c h o , se l e p u s o d e l a n t e u n a c o r -
t i n a de raso c a r m e s í , y l u e g o u n a fuerte reja de h i e r r o d o r a d a fijada e n
l a p a r e d , h e c h a de p r o p ó s i t o s i n l l a v e p o r e v i t a r e l q u e , a b r i é n d o s e , c o n
f a c i l i d a d le q u i t a s e n poco á poco m u c h a p a r t e d e l s a n t o c u e r p o . E n l o
bajo se puso entonces este e p i t a f i o :
BEATO, AO VITJE SANCTITATE CONSPICUO
PATBI FB. JOANNI Á CRUCE
PRIMO EREMITARUM CARMELI MONTIS
COLLAPS^E BEGULJE RESTAURATORI DICATÜM
OBIIT ANNO 1591 D1E 14 DECEMBRIS
CCELESTIS DOOTRINáE LIBRIS EDITIS M1RACÜL1S CLARUS.
YIII.
De c ó m o se trasladaron de Se^ovia á Ubeda una pierna
y un brazo del cuerpo del B. P . F r . Juan.
A u n q u e n o se ejecutaba el breve que l a c i u d a d de U b e d a t e n i a d e l
p a p a C l e m e n t e V I I I , p a r a que se le restituyese e l cuerpo d e l B . P . F r a y
J u a n de l a C r u z , n o dejaba l a c i u d a d y p a r t i c u l a r e s de i m p o r t u n a r á l o s
caballeros C o m i s a r i o s p a r a que n o se o l v i d a s e cosa que ellos t a n t o d e -
seaban. Á ellos no se les o l v i d a b a , m a s d e t e n í a l o s l a d i f i c u l t a d d e l n e g o -
cio l l e v á n d o l o p o r r i g o r , y a s í , esperaban o c a s i ó n ; o f r e c i ó s e l a D i o s á este
t i e m p o , y f u é q u e , l l e g a n d o á U b e d a N . P . G e n e r a l F r . F r a n c i s c o de l a
M a d r e de D i o s , v i s i t á n d o l e en a q u e l l a c i u d a d l o s C o m i s a r i o s , h a c i é n d o l e
r e l a c i ó n de t o d o e l caso, y de c ó m o t e n í a n breve de S . S . (el c u a l le m o s -
t r a r o n ) p a r a que se les diese el s a n t o cuerpo, y c ó m o p o r no se e n c o n t r a r
c o n l a O r d e n y c o n l a c i u d a d de S e g o v i a h a b í a n d e t e n i d o l a e j e c u c i ó n de
s u derecho, le s u p l i c a b a n , e n n o m b r e de a q u e l l a c i u d a d , les diese e l c u e r p o
d e l B e a t o P a d r e que a l l í h a b í a q u e r i d o m o r i r y r e c i b i r t i e r r a , y c o n s u
p r e s e n c i a , cuerpo y m i l a g r o s h o n r a r a q u e l l u g a r . E l P . G e n e r a l les d i ó
p o r r e s p u e s t a l a d i f i c u l t a d que esto t e n í a , p o r estar l a c i u d a d de S e g o v i a
y a e n p o s e s i ó n d e l s a n t o cuerpo; que se s i r v i e s e n de c o n t e n t a r s e c o n a l -
g u n a parte de é l , l a c u a l , c o n todo secreto, h a r í a se les trajese y e n t r e -
g a s e . E l l o s v i n i e r o n en e l l o , c o n que l a t a l p a r t e fuese n o t a b l e , y e n t r e
e l l o l a c a b e z a , a u n q u e e l P , G e n e r a l n o les s e ñ a l ó l o q u e d a r í a d e l s a n t o
cuerpo.
L l e g a d o á M a d r i d e l P . G e n e r a l , e s c r i b i ó a l P . F r . F e l i p e de J e s ú s ,
d e f i n i d o r g e n e r a l , que estaba en S e g o v i a , y a l P . F r . A l o n s o de l a M a -
d r e de D i o s , P r i o r d e l c o n v e n t o de S e g o v i a , l o que le h a b í a p a s a d o c o n
l a c i u d a d de U b e d a , r e m i t i é n d o l e s u n t a n t o d e l breve d e l P a p a C l e -
m e n t e V I I I , d i c i é n d o l e s abriesen e l sepulcro d e l S a n t o P . F r . J u a n de
l a C r u z , y c o r t a s e n de s u cuerpo u n a p i e r n a , y d e l u n b r a z o l o que h a y
d e l codo á l a m a n o . E l P . P r i o r , l l a m a n d o u n escribano r e a l d e l n ú m e r o
de l a c i u d a d , l l a m a d o A n t o n i o de R i o f r í o , p a r a que diese t e s t i m o n i o de
l o que se h i c i e s e acerca d e l sacar y c o r t a r l a s dos r e l i q u i a s , que m a n d a b a
e l P . G e n e r a l p a r a e n v i a r á l a c i u d a d de U b e d a , e s t a n d o e l d i c h o e s c r i -
31
— 242 —
b a ñ o presente y seis ú o c h o r e l i g i o s o s , h i z o que c o n u n a s b a r r a s de h i e -
r r o se arrancase l a reja de h i e r r o que estaba delante d e l a r c a , l a c u a l
q u i t a d a se b a j ó e l a r c a , y a b i e r t a , d e s t a p a n d o e l s a n t o c u e r p o , e'l m i s m o
c o r t ó l a u n a p i e r n a y d e l u n b r a z o l o que h a y d e l codo á l a m a n o , y
l u e g o se v o l v i ó á cerrar e l a r c a y p o n e r e l sepulcro c o n s u reja c o m o es-
t a b a de antes.
E n t o n c e s , t o m a n d o l a s d i c h a s d o s r e l i q u i a s , l a s e n v o l v i ó e n dos tafe-
tanes y l a s m e t i ó e n u n a a r q u i l l a d e l t a m a ñ o de e l l a s , aforrada p o r d e n -
t r o y fuera de seda c a r m e s í b i e n t a c h o n a d a , y m e t i e n d o c o n ellas e l tes-
t i m o n i o que d i ó e l escribano d e l a b r i r e l sepulcro y c o r t a r las d i c h a s
r e l i q u i a s , y otro t e s t i m o n i o de l o m i s m o que d i e r o n los d i c h o s D e f i n i -
dor general y Prior del convento.
M e t i d o todo en l a d i c h a a r q u i l l a , l a c e r r a r o n y s e l l a r o n c o n e l sello d e l
Definidor y del convento, y bien acomodada, l a remitieron á l a ciudad y
regidores v e i n t i c u a t r o s de U b e d a , l l e v á n d o l a s e l P . P r o v i n c i a l y sus socios
de l a p r o v i n c i a de G r a n a d a .
L l e g a d a s l a s santas r e l i q u i a s á U b e d a , fueron r e c i b i d a s c o n a l e g r í a y
m u c h a d e v o c i ó n ; y h a c i e n d o l a c i u d a d a u t o p ú b l i c o en sus l i b r o s , d i j o l a s
r e c i b í a , reservando salvo s u derecho que t e n í a á l o d e m á s d e l cuerpo.
D . L u i s P a c h e c o , c o r r e g i d o r de U b e d a , c o n los m á s r e g i d o r e s , h a b i é n d o -
l a s r e c i b i d o , abierto y v e n e r a d o , t o m a r o n de l a s a n t a carne c a d a u n o u n
p o q u i t o , y v o l v i é n d o l a s á cerrar en l a m i s m a a r q u i l l a , m e t i e r o n é s t a e n
o t r a m a y o r , que p a r a esto l a b r a r o n , y l a s p u s i e r o n en e l m i s m o c o n v e n t o
de S a n M i g u e l (donde e l S a n t o h a b í a m u e r t o ) , a l l a d o d e l E v a n g e l i o d e l
a l t a r m a y o r , l e v a n t a d a s d e l suelo cosa de tres v a r a s , p a r a que a l l í fuesen
veneradas.
F u é cosa m a r a v i l l o s a q u e , c u a n d o e n S e g o v i a se c o r t a r o n estas r e l i -
q u i a s p a r a e n v i a r á U b e d a , se s i n t i ó s a l i r de ellas y d e l santo cuerpo u n
o l o r s u a v í s i m o que d u r ó a l l í p o r m u c h o s d í a s , y p a r t i c u l a r m e n t e se sen-
t í a e n l a d i s t a n c i a que h a y desde l a c a p i l l a donde e s t á e l s a n t o cuerpo
h a s t a l a s a c r i s t í a donde e s t u v i e r o n las r e l i q u i a s , h a s t a que se d e s p a c h a -
r o n á U b e d a ; y p o r m á s de q u i n c e d í a s q u e d ó este o l o r e n las tijeras de
cercenar las h o s t i a s , p o r se haber c o r t a d o c o n ellas l o s n e r v i o s que h a y
e n l a s c o y u n t u r a s entre hueso y h u e s o .
F r a y A l o n s o de l a M a d r e de D i o s , r e l i g i o s o descalzo C a r m e l i t a , d o y
fe que l o que h a s t a a q u í v a escrito en estas ocho hojas (1) es todo v e r -
d a d , y c ó n s t a m e de ello e n l a f o r m a d i c h a , por haber yo v e n i d o á este
c o n v e n t o e n s u f u n d a c i ó n , y d e s p u é s haber v i v i d o e n é l m u c h o s a ñ o s , p o r
l o c u a l , m u c h o de l o referido h a pasado p o r m i s m a n o s , y l o d e m á s c ó n s -
t a m e ser a s í de l a s i n f o r m a c i o n e s de l o s O r d i n a r i o s acerca de l a s a n t i d a d
de n u e s t r o venerable P a d r e , á que y o , c o m o p r o c u r a d o r de l a O r d e n
a s i s t í , y a s í l o firmé e n 2 de A b r i l de 1 6 2 1 . — F r . Alonso de la Madre de
Dios.
(1) Todo lo escrito hasta a q u í está en los originales en ocho hojas folio.
- 243 —
IX.
De c ó m o se t r a t ó de hacer una nueva capilla en este convento,
y en ella labrar un ilustre sepulcro y mausoleo para el cuerpo
del l í . P . F r . Juan de la Cruz.
A l p r i n c i p i o d e l a ñ o d e l S e ñ o r de 1618, v i e n d o e l P . F r . J u a n d e l
E s p í r i t u S a n t o , p r i o r que era deste c o n v e n t o de S e g o v i a , y e l P , F r a y
A l o n s o de l a M a d r e de D i o s , p r i o r que h a b í a sido d e l m i s m o c o n v e n t o ,
g r a n devoto y aficionado h i j o de n u e s t r o B . P . F r . J u a n de l a C r u z , e l
c u a l , como c o n v e n t u a l que era de esta p r o v i n c i a , a s i s t í a en A n d a l u c í a p o r
p r o c u r a d o r en l a s i n f o r m a c i o n e s que p a r a l a b e a t i f i c a c i ó n d e l B e a t o P a -
dre se h a c í a n ante l o s O r d i n a r i o s , conferiendo los dos l a s g r a n d e s v i r t u -
des y e l g r a n d e n ú m e r o de m i l a g r o s que D i o s p o r e l B e a t o P a d r e h a b í a
hecho y h a c í a , como de sus i n f o r m a c i o n e s c o n s t a b a , y e l g r a n d e a p l a u s o
y v e n e r a c i ó n de s u s a n t i d a d , e l afecto y p a r t i c u l a r d e v o c i ó n c o n que
N . P . G e n e r a l F r . J o s é de J e s ú s M a r í a a l e n t a b a l a p r o s e c u c i ó n de sus
i n f o r m a c i o n e s , c o n deseos de a l c a n z a r e n su t i e m p o r e m i s o r i a l e s de l a
S a n t i d a d d e l S u m o P o n t í f i c e P a u l o V , y sacar á l u z sus obras. C o n f e -
r i e n d o a s i m i s m o q u e , a u n q u e e l sepulcro d e l B e a t o P a d r e e n S e g o v i a es-
t a b a c o n decencia y v e n e r a c i ó n en l a c a p i l l a de N u e s t r a S e ñ o r a d e l M o n t e
C a r m e l o , m a s que a t e n t o l o d i c h o , y que D i o s m a n i f e s t a b a t a n t o a l
m u n d o l a s a n t i d a d d e l B e a t o P a d r e , a q u e l l o estaba m u y a n g o s t o , y p e -
d í a m á s d i l a t a c i ó n y g r a v e d a d e n s u s e p u l c r o , y que p a r a esto s e r í a c o n -
v e n i e n t e e n s a n c h a r l a m i s m a c a p i l l a y h a c e r e n e l l a sepulcro perpetuo a l
v a r ó n d e l S e ñ o r , p o r l o d i c h o y d e v o c i ó n que t e n í a n a l S a n t o , s u p l i c a r o n
a l d i c h o P . G e n e r a l se s i r v i e s e se ensanchase l a d i c h a c a p i l l a , y e n e l l a
se labrase u n g r a v e y decente sepulcro a l v a r ó n d e l S e ñ o r . S . E . c o n
m u c h o gusto dió l a licencia para ello, y a y u d ó con cuatrocientos ducados
p a r a l a o b r a , ofreciendo p a r a ello s u favor y a y u d a . T a m b i é n M . el
rey F e l i p e Q I d i ó l i m o s n a p a r a l a f á b r i c a de l a d i c h a c a p i l l a y sepulcro
d e l B e a t o P a d r e q u i n i e n t o s ducados que se le p i d i e r o n , que n o se le p i -
d i ó m á s , los c u a l e s , e n v i r t u d de su c é d u l a E e a l , en que d e m o s t r a b a s u
d e v o c i ó n a l B e a t o P a d r e , l i b r ó S . M . e n l a casa de I n g e n i o de esta c i u -
d a d , y p a g ó F e r n a n d o de R i b e r o , s u tesorero.
P a r a l o m i s m o l o s c o n v e n t o s de n u e s t r a s r e l i g i o s a s descalzas de Y a -
l l a d o l i d y S e g o v i a d i e r o n c a d a u n o doscientos d u c a d o s ; l o s c o n v e n t o s de
n u e s t r o s r e l i g i o s o s de V a l l a d o l i d y P a m p l o n a d i e r o n c a d a u n o c i e n d u c a -
d o s , y otras personas de esta c i u d a d d i e r o n t a m b i é n sus l i m o s n a s c o n l a r -
g u e z a y b e n e v o l e n c i a que de a n t i g u o suelen.
244
X.
De c ó m o en cuanto se labraba la nueva capilla y sepulcro, se m u d ó
el cuerpo del Beato Padre al presbiterio
Por haberse de derribar la capilla para alargarla, y labrar en ella de
nuevo el sepulcro al Beato Padre, en el entretanto que la obra se hacía,
mudaron el altar de Nuestra Señora á otra capilla, y adornaron en el
presbiterio del altar mayor, en la pared que cae al lado del Evangelio
frontero de la ventana del Oratorio, un altar de una vara de alto y dos
de largo levantado del pavimento cosa de cuatro varas; tenía este altar
su frontal de tela blanca recamada y frontaleras bordadas; estaba debajo
de un dosel de damasco con goteras de terciopelo carmesí, y su fleco de
oro y seda con flores de mano y angelillos puestos sobre el altar, y por
los lados alrededor del dosel y por la parte de abajo unos cuadros de
pintura.
Trazóse la mudanza para el cuarto día de Pascua de "Resurrección, 18
del mes de Abril de 1618. L a víspera, que fueron 17 del mismo mes,
llegada la noche, juntóse todo este Convento, que serían cincuenta, y en
comunidad fueron á la capilla donde estaba el santo cuerpo; llegados allí,
hizo el P . Prior arrancar la reja de hierro, que estaba delante del arca
donde estaba el precioso tesoro del cuerpo del Beatro Padre. Arrancada,
bajóse el arca; luego leyó un precepto de nuestro P . General, en que man-
daba que nadie tomase reliquia alguna del dicho santo cuerpo; abrió el
arca, y quitada de sobre el santo cuerpo, una cubertura de carmesí, vie-
ron estaba metido entre dos lienzos: sacóle de allí, y guardando estos
lienzos para dividir en reliquias entre los fieles, quiso envolverle en un
paño de holanda nuevo, con su punta labrada para este efecto, y visto
estaba empapado en olores no le envolvió en él, antes le mandó quitar de
allí, y le envolvió en unos manteles de un altar sin olor alguno, y así
envuelto le metió en otra arca rica que para este efecto estaba preparada,
la cual tiene tumbado el tapador, aforrada dentro y fuera con terciopelo
carmesí con franjas de oro, cuya clavazón, cerraduras, aldabones, bisa-
gras y remates sobre que asienta, todo es dorado. Esta le ofrecieron don
Martín de Guzmán, caballero del hábito de Alcántara, y D.a Isabel de
Silva, su mujer, señores de Montalegre. Puesto allí el santo cuerpo
con singular devoción y espíritu, todos los religiosos veneraron y besaron
el santo cuerpo, y tocaron sus cruces y rosarios, y era tanta esta devo-
ción , que no podía el P . Prior apartarlos del arca. Sobre el lienzo que
cubría el cuerpo puso una cobertora de raso blanco prensado, aforrada en
otra seda carmesí con su punto de oro á la redonda, y luego cerró con
tres llaves el arca y cubrióla con un rico paño de brocado de tres altos,
al cual ofreció al SantoD.a Mencía de Eequesens, condesado Benavente.
Y tomando el arca en hombros seis padres, los más antiguos, cantando
todos el Te Deum, llegaron á la capilla mayor, donde le pusieron sobre un
altar que estaba preparado en medio de la capilla, hecho á cuatro haces
y levantado sobre gradas, cuatro varas del suelo, las gradas y todo élpo-
— 245 —
blado de flores y candelabros con sus velas, debajo de un rico dosel qué
estaba pendiente en el aire.
Llegado el día siguiente, con mucha música dijo la misa (que fué de la
Cruz) el P . Prior de nuestros P P . Calzados, con ministros de su casa;
asistieron algunos Prelados y religiosos graves de las órdenes, muchos
eclesiásticos, las justicias, caballeros y las señoras principales de la ciu-
dad, y tanta multitud de gente que ni cabían en la iglesia, ni coro, ni
delante de la iglesia. A la misa predicó en alabanza del Santo un padre
del convento, y en la tarde otro padre también de casa, y oró bien, sólo
le hizo daño la mucha gente que turbaba el oirle. Acabada la oración y
dichas completas y motetes del Santo con mucha música, levantando del
altar de la capilla el arca con el santo cuerpo, le pusieron en el altar
pequeño, que dije arriba le tenían preparado al lado del altar mayor de-
bajo de su dosel. Púsose delante del arca una lámpara de plata.
XI.
De c ó m o acabada la obra de la capilla y sepulcro se p a s ó á ella
el cuerpo de nuestro Beato Padre.
Derribada la capilla antigua de Ntra. Señora del Carmelo, y levan-
tada de nuevo y acabada en su perfección la nueva y el sepulcro de
N . B . Padre que en ella se fabricó, el P . Fr. Juan del Espíritu Santo,
que en la traslación pasada era Prior de este Convento y ahora Provin-
cial de esta Provincia, y particular devoto del santo Padre, con cuya in-
dustria y mano esta obra llegó á la perfección que hoy tiene, siendo avi-
sado como la capilla y el sepulcro estaban acabados, ordenó que Nuestra
Señora se volviese á su capilla, y así se volvió y puso en su altar en la
pared que cae á la capilla Mayor, en un curioso retablo que también á
este tiempo se le acabó: este altar tiene al lado derecho el sepulcro del
Beato Padre, que no tiene altar.
Pasado algún tiempo llegó á Segovia el P . Provincial con intento de
trasladar el santo cuerpo de secreto al nuevo sepulcro, y sin que lo enten-
diese persona Acular alguna, el día de los Reyes del año de 1621, ha-
biendo la comunidad acabado la oración de la tarde y dicho completas,
bajó á la capilla Mayor, á donde en las gradas del altar mayor estaba
levantado un curioso altar y sobre él puestas unas andas. Después de
hecha la oración, arrimaron dos escaleras á la parte donde estaba el
santo cuerpo, y habiendo subido por ellas dos religiosos vestidos con sus
roquetes (no hubo otro alguno vestido), bajaron el arca y pusiéronla en
las andas sobre el altar. Luego predicó un Padre una hora, y dijo bien
tocando muchas alabanzas del Santo; acabando él, se levantó el P . Fr. Do-
mingo de San Angelo, su secretario de N". P . Provincial, y leyó un pre-
cepto de N . P . General, en razón de que no se quitase reliquia
alguna del cuerpo del Santo; y fué necesario, porque sin remedio se
quitaran muchas: entonces acercándose todos al arca, el P . Provincial
con tres llaves doradas, pendientes cada una de un listón carmesí, llegó y
abrió las tres cerraduras del arca; abierta, quitó de sobre el santo cuerpo
— 246 —
la cobertura de raso blanco prensado, aforrada en carmesí, con su punta
de oro á la redonda; levantó la una extremidad del lienzo que cubría el
santo cuerpo, con que le descubrió la cabeza, y puesto luego de rodillas
ante el arca renovó su profesión, y levantándose veneró el Santo y dióle
paz en lo superior de la frente; siguiéronle haciendo lo mismo, y tocando
sus rosarios y cruces el P . F r . Pedro de los Santos definidor general de
esta Provincia, y el P. Prior de este Convento, y luego por su orden to-
dos los religiosos hasta el último donado, llegarían á número de cincuenta
y seis.
E n el tiempo que así estuvo el arca abierta, por diversas veces se sin-
tió en la iglesia donde estábamos un olor suavísimo; éste sintieron mu-
chos de los presentes diciéndolo á voces y alabando al Señor; no era
como olor seco de perfumes, ni de algalia, ni de olores semejantes, sino
de una cosa tan suave y dulce, que suavizaba el interior: al tiempo que
se sintió, ni en la iglesia, ni en el convento hubo cosa alguna natural ó
artificial que lo pudiese causar, porque ni hubo flores ni cazoleta, pebe-
tes ni pastillas ni incensario, ni cosa de lienzo rociada, porque sólo los
dos acólitos dichos se vistieron, y éstos, por causa del polvo y subir y
bajar, se pusieron dos roquetes usados, sin olor. Del lienzo en que estaba
envuelto el santo cuerpo no salió, porque, como está dicho, eran unos man-
teles sin olor alguno, y así el olor fue miraculoso, y pruébalo el no durar
siempre, sino que á tiempos salían del arca estas ondas de este olor, que-
riendo Dios honrar el cuerpo de su siervo y mostrar su misericordia con
los presentes, que celebraban la traslación de tal Padre y caudillo.
XII.
E n que se prosigue la misma t r a s l a c i ó n . .
Testimonio de la Reliquia que se venera en el Relicario grande de plata.
Quitó el P . Provincial del santo cuerpo dos huesos; el uno de una
pierna, el cual dejó fuera del arca en este Convento para dar á venerar á
á los fieles enfermos que se ofrecieren al beato Padre; el otro hueso era
de un brazo: sacólo para dividirlo entre el Convento de Madrid de nues-
tros Descalzos, y los de monjas nuestras de Valladolid y Segovia, y con
el Convento de P P . Calzados de Medina del Campo, donde el Santo
tomó el hábito, y de donde salió á dar principio á nuestra descalcez (1).
Acabada la renovación de los votos y sacadas estas dos reliquias, vol-
vióse á cubrir el santo cuerpo con su lienzo y con la cobertura de raso
blanco prensado aforrado de carmesí: cerróse el arca con sus tres llaves;
tomaron los Religiosos velas y hachas, y puestos en orden, tomando en
hombros las andas el P . Provincial, el P . Definidor, el P . Prior, y el
P . Prior de Peñaranda, cantando todos el Te Deum con regocijo y de-
voción, llegaron á la nueva capilla, en donde quitada el arca de las an-
(1) P a r a m á s noticias sobre lo mismo, véase Becerro, f o l . 310 y siguientes.
—rr-' • -
— 247 —
d a s , y s u b i d a p o r l o s a n d a m i o s á l o alto, se m e t i ó e n s u u r n a , p o n i e n d o
sobre e l a r c a l a cobertura de brocado d i c h a , y a l u n l a d o l o s t e s t i m o n i o s ,
y entre ellos e l ú l t i m o que se h i z o de este t r a s l a c i ó n , que dice a s í :
Hoc est verum testimonium translationis et collocationis N . Venerabi-
lis P . F r . Joannis á Cruce Carmeli Eeformati parenti.
A n n o á C h r i s t o n a t o m i l l e s i m o s e x c e n t i s i m o v i g e s s i m o p r i m o i n so-
l e m n i s s i m o festo E p i p h a n i í c D o m i n i h o r a s e x t a post m e r i d i é m . P a u l o V ,
P o n t i f . M a x . 0 E c c l e s i a m D e i gubernante, P h i l i p o Tertio R e g e C a t h o -
l i c o i n u t r a q u e H i s p a n i a R e g e n t e . Praesule D i g n i s s i m o h u j u s S e g o v i e n -
sis Dioecesis D . I l d e f o n s o M á r q u e z ; nostraeque Sacra? R e l i g i o n i s G e n e -
rali Prajposito R d o . admodum P . N . F r . Ildefonso á J e s u M a r í a exis-
t e n t i b u s . H o c s a n a t u m Corpus V e n e r a b i l i s P a t r i s n o s t r i J o a n n i s á C r u c e
i n h u n c l o c u m t r a n s l a t u m fuit, et i n h a c u r n a honorifice c o l l o c a t u m .
B r a c h i a , et m a n u s c r u r a , et pedes q u í e h i c d e s u n t Ubetas, S e g o b i í e , M a -
t r í t i et M e t i n e á C a m p o m a g n a p o p u l i c r i s t i a n i veneratione a s s e r v a n t u r .
praiter pauca, qua; i n t e r fideles ob m a g n a m i p s o r u m d e v o t i o n e m et affec-
t u m e r g o p i u m et s a n c t u m v i r u m m i n u t a t i m d i v i s s a s u n t . I n q u o r u m
fidem ego F r . J o a n n e s á S p i r i t u S a n c t o h u j u s P r o v i n c i a ? S . P . N . E l i t e
i n d i g n u s P r o v i n c i a l i s m a n u p r o p i a s u b s c r i p t u m , s i g i l i q u e n o s t r i oficii
impresisone m u n i t u m dedi. Presentibus ad hanc translationem, santique
d e v o t i c o r p o r i s i n s p e c t i o n e m et c o l l o c a t i o n e m P . N . F r . P e t r o á S a n c t i s
D e f i n i t o r e G e n e r a l ! et P r o t e c t o r e h u j u s riostra? P r o v i n c i a ? P . F r . M a r -
tino á M a t r e D e i , P r i o r e hujus conventus Segoviensis, P . F r . Joannes
á Sancto F i r m i n o , P r i o r e conventus oxomensis, P . F r . D i d a c o á P u r i f i -
carione, P r i o r e c o n v e n t u s P e ñ a r a n d a s . P . F r . I l d e f o n s o á M a t r e D e i ,
Procuratore Beatificationis nostri V e n e r a b i l i s P a t r i s nostraque Secreta-
r i u s . P . F r . D o m i n i c o á S t o . A n g e l o , q u i omnes m a n u e t i a m p r o p r i a
subscripsere. A s s i s t e n t i b u s a d praedicta o m n i a q u i n q u a g i n t a ejusdem
Conventus fratribus.
D a t u m Segobia?, a n n o , d i e , et h o r a s u p r a d i c t i s . — F K . JOANNES A SPI-
KITÜ SANCTO, Provincialis. — FR. PETRUS Á SANCTIS, Definitor.—
FR. MARTINÜS Á MATRE DEI. — FR. JOANNES i STO. FIRMINO.—
FR. DIDACÜS Á PÜRIFICATIONE. — FR. ILDEFONSUS k M . DEI. — D e
m a n d a t o R . P . E " . P r o v i n c i a l e , FR. DOMINICUS 1 STO. ANGELO, Secre-
tarius.
XIII.
Testimonio de la Reliquia que se venera en este Convento,
separada del santo cuerpo en el Relicario grande.
F r . J u a n d e l E s p í r i t u S a n t o , p r o v i n c i a l de l o s D e s c a l z o s C a r m e l i t a s
de C a s t i l l a l a V i e j a , d o y fe y verdadero t e s t i m o n i o c o m o h o y d i a de l o s
R e y e s d e l a ñ o de m i l y seicientos y v e i n t e y u n o , á las siete de l a n o c h e ,
e n p r e s e n c i a de l a C o m u n i d a d de este n u e s t r o C o n v e n t o de S e g o v i a y
de N t r o . P . F r . P e d r o de l o s S a n t o s , definidor g e n e r a l de N t r a . O r d e n
y P r o t e c t o r de n u e s t r a P r o v i n c i a , de N . P . S . E l i a s , y de l o s P a d r e s
P r i o r e s , de esta c a s a e l P . F r . M a r t í n de l a M . de D i o s , de l a de Osma
— 248 —
e l P . F r . J u a n de S a n F e r m í n , de l a de P e ñ a r a n d a e l P . F r . D i e g o de l a
P u r i f i c a c i ó n , y d e l P . F r . A l f o n s o de l a M . de D i o s , p r o c u r a d o r de l a
c a u s a de l a B e a t i f i c a c i ó n de N t r o . V e n e r a b l e P . F r . J u a n de l a C r u z , se
s a c a r o n d e l a r c a d o n d e e s t á s u s a n t o cuerpo dos huesos que estaban
s u e l t o s ; e l u n o es de u n a p i e r n a , y e l o t r o de u n b r a z o : e l p r i m e r o , que
es u n a c a n i l l a e n t e r a p a r a que quede e n este C o n v e n t o p e r p e t u a m e n t e ,
p a r a que le p u e d a n v e n e r a r l o s fieles y devotos d e l s a n t o ; e l o t r o , que es
c a n i l l a de u n b r a z o , es p a r a n u e s t r o C o n v e n t o de M a d r i d , p o r liabe'rselo a s í
ofrecido á N t r o . P . G e n e r a l F r . A l o n s o de J e s ú s M a r í a c u a n d o l e p e d í
l i c e n c i a p a r a sacar d i c h o s huesos. E n fe de l o c u a l d i l a presente, firmada
de m i n o m b r e , s e l l a d a c o n el sello de n u e s t r o o f i c i o , refrendada p o r nues-
t r o secretario e n n u e s t r o sobredicho c o n v e n t o de S e g o v i a á seis de E n e r o
de m i l y seicientos y v e i n t e y u n o . — F u . JUAN DEL ESPÍRITU SANTO,
Provincial. — F E . DOMINGO DE S.n ANGELO, Secretario.— ( H a y u n
sello.)
L u e g o sobre esto se c e r r ó l a u r n a c o n s u t a p a d o r , a s e g u r á n d o l a c o n
dos fuertes c a n d a d o s . C e r r a d o a s í c a n t ó s e a l B e a t o P a d r e u n a de sus c o n -
memoraciones que corren impresas. A c a b a d a é s t a u n R e l i g i o s o diestro
c o n u n i n s t r u m e n t o en s u a l a b a n z a c a n t ó u n R o m a n c e d e l m i s m o S a n t o .
E l d í a s i g u i e n t e se t u v i e r o n u n a s c o n c l u s i o n e s d e d i c a d a s a l S i e r v o de
Dios.
XIV.
De c ó m o se puso un hueso del Beato Padre F r . Juan de la Crur
en un Relicario.
C u a n d o se c o l o c ó e l cuerpo d e l B e a t o P a d r e en el n u e v o sepulcro y c a -
p i l l a , c o m o se dijo e n e l p á r r a f o x m , d e j ó s e fuera d e l s e p u l c r o , c o n o r d e n
d e l P . G e n e r a l F r . A l o n s o de J e s ú s M a r í a , u n hueso g r a n d e d e l S a n t o
p a r a l a v e n e r a c i ó n d e l p u e b l o y enfermos que p i d i e s e n s u r e l i q u i a , p o r l o
c u a l e l a ñ o de 1 6 2 2 el P . P r o v i n c i a l F r . J u a n d e l E s p í r i t u S a n t o h i z o
l a b r a r u n r e l i c a r i o de p l a t a c a l a d o y e n partes s o b r e d o r a d o , y d e n t r o d e l
se m e t i ó y c l a v ó e l d i c h o hueso p e g a n d o en e l u n a firma d e l m i s m o
S a n t o P a d r e que diee a s í : F r . J u a n de la Cruz; y p a r a mejor a d o r n o de
e s t a r e l i q u i a , e l P . F r . D i e g o de l a E n c a r n a c i ó n , r e l i g i o s o C a r m e l i t a
D e s c a l z o , v a r ó n ' c u r i o s o e n e s c u l t u r a y e n samblaje, p o r s u p e r s o n a y de-
v o c i ó n l a b r ó sobre u n a r i c a y c u r i o s a p i r á m i d e de m a d e r a de n o g a l e n
que se colocase e l d i c h o r e l i c a r i o de p l a t a , c o m o se c o l o c ó , y p a r a c u s t o d i a
de i o d o esto, e n l a p a r e d de l a m i s m a c a p i l l a se l a b r ó u n c u r i o s o n i c h o
a f o r r a d o de m a d e r a p i n t a d a de c o l o r de d i v e r s a s m a d e r a s , y e n l a p u e r t a
u n a i m a g e n d e l S a n t o p u e s t o de r o d i l l a s ante l a M a d r e de D i o s que
tiene e n sus brazos e l n i ñ o J e s ú s , e l c u a l m i r a n d o a l S a n t o le e s t á p o -
n i e n d o l a m a n o sobre l a c a b e z a , s e g ú n aparece e n s u carne d e l S a n t o , e l
c u a l d i c h o r e l i c a r i o , en 1 0 de A b r i l d e l d i c h o a ñ o , e l d i c h o P . P r o v i n c i a l ,
a c o m p a ñ a d o d e l c o n v e n t o , c o n v e n e r a c i ó n puso e n e l d i c h o l u g a r a s í d i s -
puesto p a r a s u c u s t o d i a .
— 249
XV.
Testimonio de la e x t r a c c i ó n de las reliquias que se llevaron
á Ubeda.
E n l a m u y noble c i u d a d de S e g o v i a , l u n e s v e i n t e y t r e s d í a s d e l mes
de A b r i l , a ñ o d e l n a c i m i e n t o de N t r o . S a l v a d o r J e s u c r i s t o de m i l y
seicientos y siete a ñ o s : E s t a n d o e n el m o n a s t e r i o de N t r a . S r a . de l o s
P P . C a r m e l i t a s d e s c a l z o s , e x t r a m u r o s de l a d i c h a c i u d a d de S e g o v i a ,
e n p r e s e n c i a y por a n t e m í A n t o n i o de R i o f r í o , secretario d e l R e y n u e s -
t r o S e ñ o r y p ú b l i c o d e l n ú m e r o de l a d i c h a c i u d a d de S e g o v i a y su t i e r r a
p o r s u majestad y t e s t i g o s , p a r e c i ó presentes e l P . F r . A l o n s o de l a
M a d r e de D i o s , p r i o r d e l d i c h o m o n a s t e r i o y e l P . F r . F e l i p e de J e s ú s ,
d e f i n i d o r , p i d i e r o n á m í e l d i c h o secretario me h a l l e presente y les d é
t e s t i m o n i o s i g n a d o c o m o h a g a fe de l o que en m i presencia pasare y se
h i c i e r e , l o c u a l se hace por o r d e n d e l P . F r . F r a n c i s c o de l a M . de D i o s ,
g e n e r a l de l a o r d e n de los C a r m e l i t a s d e s c a l z o s , e n v i r t u d de u n breve
de nuestro m u y S a n t o P a d r e C l e m e n t e o c t a v o , y l u e g o e l d i c h o P . P r i o r
e s t a n d o en l a i g l e s i a d e l d i c h o m o n a s t e r i o y d e n t r o e n l a c a p i l l a de
N u e s t r a S e ñ o r a , que e s t á j u n t o á l a c a p i l l a M a y o r á l a m a n o derecha,
m a n d ó l l a m a r á los P P . F r . F r a n c i s c o de l a A s u n c i ó n y F r . A n t o n i o de
l a E n c a r n a c i ó n y F r . J u a n B a u t i s t a y F r . P e d r o de S a n M a r c o s y F r a y
D o m i n g o de S a n A l b e r t o , r e l i g i o s o s d e l d i c h o m o n a s t e r i o , p a r a que se
h a l l e n presentes y sean testigos á t o d o e l l o , y l u e g o a l g u n o s de los d i -
chos r e l i g i o s o s c o n u n a escalera q u i t a r o n u n t a f e t á n n e g r o que estaba
c o l g a d o e n l a p a r e d a l l a d o derecho de l a d i c h a c a p i l l a , y d e t r á s d e l d i c h o
t a f e t á n e s t a b a n u n a s verjas de m a d e r a torneadas y h a b í a u n hueco donde
estaba u n a a r c a p i n t a d a de diferentes colores á l a r e d o n d a , cerrada c o n
u n a c e r r a d u r a d o r a d a , l a c u a l estaba de m a n e r a que p a r a l a bajar f u é
necesario con u n m a r t i l l o y b a r r a de h i e r r o r o m p e r á l a r e d o n d a , y se
bajó l a dicha arca, y el dicho P . P r i o r l a a b r i ó , y levantando el tapador,
estaba d e n t r o e n v u e l t o e n u n l i e n z o u n cuerpo d i f u n t o que e l d i c h o
P . P r i o r y l o s d i c h o s r e l i g i o s o s d i j e r o n es e l cuerpo d e l P . F r . J u a n de
l a C r u z , r e l i g i o s o de l a d i c h a o r d e n de K t r a . S r a . d e l C a r m e n , e l c u a l
m u r i ó e n l a c i u d a d de U b e d a y de a l l í f u é t r a í d o á este d i c h o C o n v e n t o ,
y e l d i c h o P . P r i o r q u i t ó d e l d i c h o cuerpo u n hueso de u n b r a z o que á l a
m a n o derecha estaba s u e l t o , y t a m b i é n q u i t ó y c o r t ó d e l d i c h o cuerpo
o t r o hueso y c a n i l l a de l a p i e r n a i z q u i e r d a , que l a u n a es u n poco m a y o r
q u e l a o t r a , l a s cuales r e l i q u i a s se s a c a r o n de l a d i c h a a r c a y se e n v o l -
v i e r o n e n u n p a ñ o p a r a efecto de que e l f d i c h o P . F r . F e l i p e de J e s ú s l a s
r e c i b a y se l l e v e n á l a d i c h a c i u d a d de U b e d a , e n c u m p l i m i e n t o d e l d i c h o
B r e v e de S u S a n t i d a d ; y e l d i c h o P . F r . F e l i p e de J e s ú s r e c i b i ó l a s
d i c h a s r e l i q u i a s y se e n c a r g ó de ellas p a r a que se l l e v a r a n c o n buena
g u a r d a y custodia, y el dicho P . P r i o r lo pidió por testimonio, y yo el
d i c h o secretario d o y fe que t o d o l o a r r i b a d i c h o es y p a s ó a s í c o m o a r r i b a
se d i c e , y d e l l o d i este t e s t i m o n i o e l d i c h o d í a mes y a ñ o a r r i b a d i c h o s ,
siendo á todo presentes p o r t e s t i g o s l o s d i c h o s P a d r e s y R e l i g i o s o s
32
— 250 —
arriba nombrados.—Va enmendado, PRIOR BAEZA.—El Secretario, A N -
TONIO DE KIOFRÍO, escribano público del número de la ciudad de Segovia
por el Key Nuestro Señor.—ANTONIO DE KIOFRÍO.
XVI.
Otro testimonio para extraer reliquias para el Papa,
Cardenales, IVuncio, etc.
Dicho dia (18 de Mayo de 1675) entre cinco y seis de la tarde juntos
á son de campana tañida como es de costumbre, todos los religiosos de
este convento de Ntra. S.R del Carmen de la ciudad de Segovia, el
P . Prior F r . Gerónimo de S. Josef, el P . Superior Fr. Domingo de la
M.e de Dios, P . Fr. Alonso de Sta. Maria, P . Fr. Martin de los Santos,
P . Fr. P.0 del SS™0 Sacramento, P . F r . Andrés de S. Anastasio,
P . Fr. Bernabé de Sta. Ana, P. F r . P.0 de los Santos, P . Fr. Antonio
de la Concepción, P. Fr. Nicolás de la Presentación, P . F r . Juan de la
Cruz, P . Fr. Gregorio de S. Alberto, P . Fr. Juan de Sta. Teresa,
P . F r . Juan de la Encarnación, P . Fr. Christobal de S. Josef, P . F r . Juan
de Sto. Domingo, P . Fr. Gregorio de Sta. Maria, P . Fr. Juan Bap-
tista, P . Fr. Gaspar de Sta. Maria, P . Fr. Juan de S. Josef, P . Fr. P.0
de S. Eliseo, P . Fr. Francisco del Espiritu Santo, P . Fr. P.0 del Espí-
ritu Santo, P . Fr. Phelipe de Jesús, P . Fr. Josef de la Concepción,
P . Fr. Juan de Sta. Theresa, P . Fr. Francisco de S. Anastasio,
P . F r . Josef de los Angeles, P . Fr. Gaspar de S. Elias, P . F r . Diego
de Sta. Theresa, P . F r . Juan del Espiritu Santo. Y o el sobredicho Prior
secretario, en presencia, y de orden de dicho ntro. P . Provincial, hice no-
toria y ley de Verbo ad verbum la comisión de suso referida á toda la
comunidad, para que precediendo su libre consentimiento se haga la ele-
vación y colocación mencionada en dicha comisión según el orden de
nuestro M . R. P . Fr. Diego de la Concepción, general: y ansi mismo
para sacar de la arca en que está el Sto. cuerpo de nuestro B . P.e S. Juan
de la Cruz las reliquias siguientes, es á saber: una para su santidad Cle-
mente por la divina gracia Papa décimo; otra para el Cardenal Nepote,
protector nuestro; otra para el Cardenal Ponente de la causa de nues-
tro Sto. Padre; otra para el Sr. Nuncio de España; otra para nuestros
Padres General y Difinidores; otra para cierto Monseñor que en nues-
tro convento de la Victoria de Roma ha labrado una ilustre capilla á
nuestro Sto. P.e y otra para la Provincia de nuestros religiosos de Flan-
des = y habiéndola oido todos obedecieron prontos á lo dispuesto para
dicha comisión, y por votos secretos dieron el permiso y consentimiento
que dicho nuestro P . Provincial les pidió para sacar del Sto. cuerpo las
reliquias referidas. Y para que de ello conste en todo tiempo, lo firmó di-
cho nuestro P. Provincial y los Padres Prior y Superior de suso referidos,
por sí y en nombre de toda la comunidad, ante mí el dicho Prior y secre-
tario. = Otrosí, en presencia de dicho nuestro P . Provincial y de orden
suyo, yo el sobredicho Prior secretario, leí y notifiqué el precepto infras-
cripto de nuestro P . General á todos los dichos, y á los Prelados y re-
— 251 —
l i g i o s o s que avajo se n o m b r a r á n , l o s quales todos le obedecieron c o n e l
debido acatamiento. D e q u e d o y fee.—FR. AGUSTÍN DE LA ANUNCIA-
CIÓN, Prov.—FR. DOMINGO DE LA M.e DE DIOS, Superior.—FR. GERÓ-
NIMO DE S. JOSEF, Prior.—FR. ALONSO DE LA M.e DE DIOS, Prior
secret.0
XVII.
£ s t a d o de los restos mortales.
E s t e m i s m o d í a (18 de M a y o de 1675), entre o c b o y nuebe de l a n o c h e ,
j u n t ó en l a c a p i l l a de B . y S t o . P . e F r . J u a n de l a C r u z , e n p r e s e n -
c i a de m í e l sobredicho P r i o r secretario de que d o y fe y v e r d a d e r o t e s t i -
m o n i o , á l o s P.e8 F r . G e r ó n i m o de S . J o s e f P r i o r de este c o n v e n t o ,
F r . J u a n de J e s ú s M a r i a P r i o r de e l de A v i l a , F r . M a n u e l de J e s ú s
R e c t o r de n u e s t r o c o l e g i o de S a l a m a n c a , F r . D i e g o de l a A s u m p c i o n
P r i o r d e l S t o . D e s i e r t o de B a t u e c a s , y a l P . F r . N i c o l á s de J e s ú s M a r i a
c o n v e n t u a l de d i c h o n u e s t r o c o n v e n t o de A v i l a , c o n v o c a d o s e s p e c i a l m e n t e
p a r a a s i s t i r á esta f u n c i ó n p o r d i c h o n u e s t r o P . P r o v i n c i a l , e n v i r t u d d e l
o r d e n espresado e n l a c o m i s i ó n de suso. Y en s u p r e s e n c i a m a n d ó á l o s
P.es F r . B e r n a b é de S t a . A n a , F r . P . 0 de l o s S a n t o s y F r . J u a n de l a
C r u z c o n v e n t u a l e s de este d i c h o c o n v e n t o que l e v a n t a s e n l a l á p i d a que
c u b r í a e l S t o . cuerpo e n e l p a v i m e n t o de l a C a p i l l a s o b r e d i c h a entre e l
c o r u n d e l E v a n g e l i o deel A l t a r que e s t á e n e l l a y l a p a r e d que d i v i d e esta
c a p i l l a y l a s e g u n d a . = L o s quales d i c h o s r e l i g i o s o s , obedeciendo e l m a n -
d a t o de d i c h o n u e s t r o P . P r o v i n c i a l , d e s c u b r i e r o n e l s e p u l c r o , d e n t r o d e e l
q u a l e n c o n t r a r o n u n a c a x a de p l o m o cerrada c o m o de v a r a y q u a r t a de
l a r g o , y t e r c i a de a l t o : y sacada p o r l o s d i c h o s a f u e r a , l a a b r i e r o n e n p r e -
s e n c i a de d i c h o u r o . P . P r o v i n c i a l , y d e m á s asistentes de suso referidos,
y de m í e l d i c h o P.or secret.0 D e n t r o de l a q u a l e n c o n t r a m o s e l S t o . cuerpo
de N . B . P . S . J u a n de l a C r u z enbuelto e n u n a s á b a n a de l i e n z o , sobre
l a q u a l estaban u n o s m a n t e l e s a l e m a n i s c o s , u n o , y o t r o t a n b l a n c o y
enjuto c o m o e l d i a e n que e n ellos f u é enbuelto d i c h o S.0 cuerpo. Y este
a s i c o m o estaba e n b u e l t o l e sacamos de d i c h a c a x a e l d i c h o P . e F r . M a -
n u e l de J e s ú s R . o r de S a l a m a n c a y y o e l d i c h o P.or secret.0 y le p u s i m o s
sobre u n bufete a d o r n a d o c o n u n a a l f o m b r a , m a n t e l e s , y l u c e s competen-
tes : y l u e g o le d e s e n b o l v i m o s c o n s u m o c o n s u e l o de t o d o s l o s c i r c u n s -
tantes, y con i g u a l v e n e r a c i ó n y reverencia, d i c h a l a a n t í f o n a y oración
competente a l S t o . , l e a d o r a m o s repetidas veces. = E s t a b a m u y enjuto, y
a v e l l a n a d o : entero, y c o n g e n e r a l t r a b a z ó n de guesos, y carne desde e l
juego de l a s r o d i l l a s h a s t a l a cabeza i n c l u s i v e , a u n q u e s i n b r a z o s : p o r
averie q u i t a d o estos e n o t r o t i e m p o ; c o m o t a m b i é n l o s pies, y p i e r n a s
h a s t a las r o d i l l a s . = Y c o n u n o l o r c e l e s t i a l . D i c h o u r o . P . P r o v l . m a n d ó
l l a m a r á t o d a l a c o m u n i d a d , que c o n v i v a s a n s i a s de v e r y a d o r a r d i c h o
S.t0 cuerpo estubo j u n t o á l a p u e r t a de l a I g l e s i a de l a parte de afuera
esperando aque se l e diese e n t r a d a a b i e r t a l a p u e r t a , h a s t a entonces ce-
r r a d a p o r a d e n t r o de o r d e n de d i c h o u r o . P . P r o v l . = Y a v i e n d o todos l o s
religiosos entrado adentro le vieron en l a forma d i c h a , y le adoraron c o n
— 252 —
la devoción y ternura que se deja bien considerar, aunque no se puede
explicar =
Y aviendo logrado la comunidad este deseo, se salió de orden de
dicho nro. P . Proyincial, quedando su rev.a y los asistentes arriba refe-
ridos especialmente convocados p.a esta función. Y p.a que deello conste lo
firmó dicho nro. P. Prov.1 Y por sí y demás asistentes dicho P . F r . Ge-
rónimo de S. Josef P.or deesta casa, ante mí el dicho P.or secret."—
FR. AGUSTÍN DE LA ANUNCIACIÓN, Prov.1—FR. GERÓNIMO DE S. JOSEF,
P r i o r . — F R . ALONSO DE LA M.e DE DIOS, P r i o r Secret*
Dicho dia y hora, por mandato de dicho nro. P . Prov.1 se embolvio
dicho S.0 cuerpo en una savana de olanda guarnecida de puntas, y asi
embuelto le trasladamos el dho. P . R.or de Salam.0* y yo el dicho
P.or secret.0 á un cofre de madera aforrado por dentro, y fuera de tercio-
pelo carmesí, guarnecido con galón de oro, y tachonado con clavazón
vistosa de hierro sobredorada, con cerradura de tres llabes, ansimesmo
sobredoradas y pabonadas. Y aviendole metido dentro embolvimos di-
cho Sto. cuerpo con segundo paño de terliz texido con varias labores
de seda y plata. Y luego aviendole vuelto á adorar los presentes, cerra-
mos con dichas tres llabes dicho cofre. Y dicho nro. P. Provincial ordenó
queestas tres llabes se repartiesen p.a maior custodia y seguridad de
dicho S.to cuerpo en la forma siguiente. Que la una se entregue
á nro. M . R. P . Fr. Diego de la Concep.on General, y se vaya comuni-
cando en nombre de toda la religión con los sellos deel oficio de General
á sus sucesores p.a siempre jamas. Con la segunda se quedo su rev.a en
nombre de la Provincia, como cabeza suya, y en quanto tal la ha de en-
tregar en la forma que la primera á su sucesor, y este al siguiente &c.
Y la tercera entregó al P . Fr. Gerónimo de S. Josef P.or deesta casa,
p.a que se ponga y guarde perpetuamente en el arca de tres llabes
deella.
Luego incontinente en presencia de dicho nuestro Padre Provincial y
demás asistentes referidos, subieron dicho santo cuerpo cerrado en la
forma dicha en dicho cofre al nicho y urna, preparados para este efecto
en el segundo cuerpo del retablo de dicha capilla, los padres Fr. Berna^
bé de Santa Ana y Fr. Juan de la Cruz, y le metieron en dicha urna,
que es de madera, ermosamente labrada, dorada y estofada de varios co-
lores que la hacen muy vistosa. L a qual dicha urna está cerrada con dos
cerraduras candados y llabes, todo sobredorado. De las quales llabes,
dicho nuestro Padre Provincial entregó la una á dicho P . Fr. Jerónimo
de San Josef, prior desta casa, para que junto con la precedente, se guar-
de en esta casa en la forma queella. Y la segunda entregó á mí el dicho
prior secretario, para que se guarde con la misma custodia en el arca de
tres llabes de nuestro convento de Valladolid, por ser ésta la casa matriz
capitular y archivo de la provincia.=Y ansimismo mandó su reverencia,
que en caso que nuestro P . General, por algún accidente ó razón par-
ticular, no admita la llabe que se le manda entregar, en tal caso ésta se
llebe á dicho nuestro convento de Valladolid, y se guarde en la forma
dicha con la llabe de la urna.=Lo qual, sabida la resolución de dicho
nuestro P . General, ordenó nuestro P . Provincial se anote al fin deeste
párrafo para que en todo tiempo conste y se sepa dónde y en cuio poder
— 253 —
p a r e n d i c h a s c i n c o Uabes. E n fee de l o q u a l , l o firmaron d i c h o E . P a d r e
P r o v i n c i a l y P r i o r desta c a s a , ante m í e l d i c h o P r i o r s e c r e t a r i o , de q u e
d o y f e e . = F R . AGUSTÍN DE LA ANUNCIACIÓN, P r o v i n c i a l . = F R . JKUÓ-
NIMO DK SAN JOSÉ, P n o r . = F R . ALONSO DE LA MADRE DE DIOS, P r i o r
secretario.
XVIII.
T r a s l a c i ó n del cuerpo de San Juan de la Cruz al convento
de Carmelitas Descalzos de Segovia en 1 H I H (1).
N o s D . Esidoro P é r e z de C e l i s , p o r l a g r a c i a de D i o s y de l a S a n t a
Sede A p o s t ó l i c a , obispo de S e g o v i a , S e ñ o r de l a v i l l a de T u r é g a n o y
M o j a d o s , d e l C o n s e j o de S . M . , e t c .
N o t o r i o y cierto sea á todos l o s que l a presente v i e r e n c o m o á c o n s e -
q u e n c i a de h a b é r s e n o s m a n i f e s t a d o p o r e l R . P . P r i o r de C a r m e l i t a s
D e s c a l z o s , F r . G a b r i e l d e l C a r m e l o , que p o r o r d e n de s u P r e l a d o e l
E m o . P . M r o . G e n e r a l de su O r d e n F r . A n t o n i o de l a S o l e d a d , deseaba
se t r a s l a d a s e d e l m o n a s t e r i o de S a n t a T e r e s a , sito entre l o s m u r o s do
esta c i u d a d , e l s a n t o cuerpo d e l g l o r i o s o S a n J u a n de l a C r u z á l a i g l e s i a
d e l c o n v e n t o de s u n o m b r e , sito fuera de l o s m u r o s , de donde f u é sacado,
y t r a í d o á l a c i u d a d , p o r l a i n v a s i ó n de l a s t r o p a s francesas y o c u p a c i ó n
d e l c o n v e n t o ; y N o s , accediendo g u s t o s o á a u t o r i z a r d i c h a t r a s l a c i ó n ,
p a r a que e n c u a l q u i e r a t i e m p o y o c a s i ó n conste de l a v e r d a d de este h e -
cho, y que se h i z o c o n l a a n u e n c i a y c o n o c i m i e n t o de n u e s t r a s facultades
o r d i n a r i a s , p r o c e d i m o s , a s i s t i d o s de n u e s t r o S e c r e t a r i o de c á m a r a y g o -
b i e r n o , e l D r . D . J o s é M a n u e l de E s c o v e d o , d e l C o n s e j o de S . M . , s u
p r e d i c a d o r , etc.; de D . V i c e n t e P é r e z de C e l i s , ambos c a n ó n i g o s de esta
s a n t a i g l e s i a c a t e d r a l , y de nuestro vicesecretario de c á m a r a , D . A l o n s o
F e r n á n d e z d e l C a m p o , prebendado de d i c h a s a n t a i g l e s i a ; d e l E . P a d r e
P r i o r F r . G a b r i e l d e l C a r m e l o , y d e l E , P . L e c t o r F r . J u a n de l a P a -
s i ó n , s u secretario, y e n t r a n d o e n e l c o n v e n t o de m o n j a s C a r m e l i t a s , se
nos h i z o presente u n a a r c a de u n a vara- y tres dedos de l a r g o , y poco
m á s de m e d i a de a n c h o y a l t o , f o r r a d a e n terciopelo c a r m e s í , que t e n í a
u n a sola llave, l a q u a l nos fué entregada por el dicho E . P . P r i o r , y
a b i e r t a l a a r c a p o r d i c h o n u e s t r o S e c r e t a r i o , d e s c u b r i ó debajo de u n p a ñ o
de brocado de c o l o r r o s a d o , y e n v u e l t o e n u n a s á b a n a e l s a n t o cuerpo d e l
g l o r i o s o S a n J u a n de l a C r u z , q u e a l presente se c o m p o n e de c a b e z a
(1) E l cuerpo de San Juan de la Cruz fué trasladado en 1808 de la capilla del
convento de P F . Carmelitas de Segovia al de las monjas Carmelitas de la misma
ciudad, para evitar las profanaciones de los soldados del ejército francés que ocu-
paban aquel convento.
E l General de los Carmelitas Descalzos de la Congregación de España é Indias
dió comisión para que se hiciera información judicial sobre la necesidad de tras-
ladar el cuerpo de San Juan de la Cruz al convento de monjas Carmelitas para
evitar las profanaciones del ejército francés. También se hizo información jurí-
dica sobre la identidad del cuerpo del Santo y de su estado, resultando plena-
mente comprobados todos los extremos de que hacemos mención en el cap. x i x .
— 254 —
descarnada y desprendida del tronco del cuello, con muelas y dientes,
m e n o s q u a t r o de l a m a n d í b u l a superior y dos de l a i n f e r i o r ; e l pecho
d e s c a r n a d o , c o n l o s huesos v i s i b l e s ; e l v i e n t r e l l e n o y l o d e m á s entero
h a s t a las r o d i l l a s , m e n o s e l hueso p r i n c i p a l de u n a p i e r n a , a m b a s c a n i -
l l a s y a m b o s b r a z o s , que t a m b i é n le f a l t a n . E l cuerpo se h a l l a d e s c a r n a -
do de v a r i a s p a r t e s , especialmente d e l pecho y de los h o m b r o s ; l a cabeza
e s t á sostenida de dos a l m o h a d a s de s e d a , y l a caja f o r r a d a p o r d e n t r o
d e l m i s m o terciopelo que por fuera. H e c h o este r e c o n o c i m i e n t o , f u é c e r r a -
da l a arca por dicho nuestro Secretario, y conducida á nuestra presencia
hasta l a puerta del monasterio; N o s mismo, con nuestro Secretario y
E . P . P r i o r , le l l e v a m o s e n coche h a s t a l a i g l e s i a de p a d r e s C a r m e l i t a s ,
y t r a s l a d a m o s de d i c h a caja f o r r a d a e n terciopelo á u n a u r n a de n o g a l ,
g u a r n e c i d a de c r i s t a l e s , que es l a p r e s e n t e , y é s t e se c o l o c ó e n l a a r c a de
m á r m o l que e s t á e n l a c a p i l l a d e l t í t u l o de S a n J u a n de l a C r u z , y antes
de proceder á c e r r a r l a m a n d a m o s poner esta a u t é n t i c a d e n t r o de l a u r n a
i n t e r i o r , j u n t o a l m i s m o santo c u e r p o , firmada de N o s , r e f r e n d a d a de
n u e s t r o S e c r e t a r i o de c á m a r a , e l S r . D . V i c e n t e P é r e z de C e l i s , c a n ó -
n i g o ; de n u e s t r o V i c e s e c r e t a r i o , d e l K . P . P r i o r , d e l S e c r e t a r i o d e l c o n -
v e n t o , y sellado c o n e l sello m a y o r de n u e s t r a s a r m a s y c o n e l d e l c o n -
v e n t o , siendo t e s t i g o s de v i s t a de l o que referido v a todos los que l a
presente firman, m a n d a n d o a s i m i m o dar u n t e s t i m o n i o e n i g u a l f o r m a y
s o l e m n i d a d a l R . P . P r i o r p a r a e l A r c h i v o de su convento, c o n l a e x p r e -
s i ó n de q u e d a r este presente cerrado e n esta a r c a , y otro a s i m i s m o e n l a
p r o p i a f o r m a que h a g a r e l a c i ó n de a m b o s , p a r a que quede a r c h i v a d o e n
n u e s t r a S e c r e t a r í a de c á m a r a ad perpetuam reí memoriam, todos r e g i s t r a -
dos p o r n u e s t r o S e c r e t a r i o de c á m a r a , y h e c h a r e l a c i ó n de t o d o l o que
v a d i c h o , m a n d a m o s c u b r i r y cerrar l a a r c a e x t e r i o r c o n sus q u a t r o d i s -
t i n t a s l l a v e s , q u e d a n d o N o s c o n u n a , o t r a d i m o s a l R . P . P r i o r , y dos de
ambas puertas s e r á n despachadas a l R m o . P . G e n e r a l del O r d e n . D a d o
e n n u e s t r o P a l a c i o e p i s c o p a l de S e g o v i a , á catorce de N o v i e m b r e de m i l
ochocientos d i e z y o c h o . = Y e n c o n f o r m i d a d de todo l o expresado, m a n -
d a m o s despachar esta a u t h é n t i c a conforme á l a que p u s i m o s d e n t r o de
l a arca e n e l d í a y f e c h a que v a c i t a d a , y o r d e n a m o s fuese e n t r e g a d a a l
R . P . P r i o r p a r a que sea puesta e n e l a r c h i v o de su c o n v e n t o . D a d a e n
n u e s t r o P a l a c i o e p i s c o p a l de S e g o v i a , firmada de n u e s t r a m a n o , s e l l a d a
c o n e l m a y o r de n u e s t r a s a r m a s , de n u e s t r o S e c r e t a r i o de c á m a r a y g o -
b i e r n o , y firmada p o r e l S r . D . V i c e n t e P é r e z de C e l i s , c a n ó n i g o , de
n u e s t r o V i c e s e c r e t a r i o , d e l R . P . P r i o r , sellado c o n e l sello del c o n v e n t o
y refrendado p o r e l P a d r e S e c r e t a r i o d e l m i s m o , á 21 de N o v i e m b r e
de 1818.—ISIDORO, Ob. de Segovia. - D . D . MANUEL DE ESCOVEDO.—
VICENTE PÉREZ DE CELIS.—FR. GABRIEL DEL CARMELO, P r i o r . —
FR. JUAN DE LA PASIÓN, Secretario de la Comunidad.—ALONSO FER-
NÁNDEZ DEL CAMPO.—(Sello d e l O b i s p o . ) — ( S e l l o d e l c o n v e n t o ) .
— 255 —
XIX.
Decreto prohibiendo extraer reliquias del Santo.
F r . M a n u e l de S a n J o a q u í n , p r o v i n c i a l de C a r m e l i t a s D e s c a l z o s y
D e s c a l z a s de l a p r o v i n c i a de nuestro P . S a n E l i a s .
A n o m b r e de nuestro M a y o r K . P . G e n e r a l F r . A n t o n i o de l a S o l e d a d ,
e n v i r t u d de l a f a c u l t a d que nos h a d a d o , m a n d o e n v i r t u d de E s p í r i t u
S a n t o , s a n t a obediencia y bajo de precepto f o r m a l , que n i n g ú n r e l i g i o s o
n i r e l i g i o s a de l a O r d e n , sujetos á l a j u r i s d i c c i ó n de d i c h o n u e s t r o M a -
y o r R . P . G e n e r a l , e x t r a h i g a , n i por sí n i por tercera p e r s o n a , parte a l -
g u n a d e l cuerpo de nuestro P. S a n J u a n de l a C r u z , n i l a p e r m i t a e x -
traer. E n fe de l o que l o f i r m o en este n u e s t r o convento de S e g o v i a , y
sello c o n el de nuestro oficio, y refrenda e l i n f r a s c r i t o nuestro S e c r e t a r i o ,
á p r i m e r o de A b r i l de m i l ochocientos d i e z y siete.—FR. MANÜEL DE
SJLN JOAQUÍN, Provincial.—FR. PEDRO DE SAN JOSÉ, Secretario.—
(Hay u n sello.)
Previe'nese que N . S m o . P a d r e I n o c e n c i o P a p a X I e x p i d i ó u n a B u l a
(que es l a tercera que e s t á e n e l B u l a r l o de l a O r d e n , á l a p á g . 466) e n
e l a ñ o de 1689, á 19 de F e b r e r o , e n que m a n d ó que n i n g u n o , n i a u n l a
C o m u n i d a d , p u e d a , absque e x p r e s a l i c e n c i a d e l C a p í t u l o g e n e r a l y de
nuestro R . IP. G e n e r a l , e x t r a e r r e l i q u i a a l g u n a d e l cuerpo de nuestro
P . S a n J u a n de l a C r u z .
APENDICE SEGUNDO (1)
Á m e d i d a que se a p r o x i m a n los d í a s en que h a n de celebrarse l a s fies-
tas acordadas c o n m o t i v o d e l C e n t e n a r i o de S a n J u a n de l a C r u z , se n o t a
mayor movimiento.
H a y g r a n e n t u s i a s m o r e l i g i o s o en S e g o v i a , y sobre t o d o , entre los
C a r m e l i t a s y devotos de l a O r d e n r e f o r m a d a p o r S a n J u a n de l a C r u z ,
el i l u s t r e c a m p e ó n de l a f e , el i n s i g n e poeta c a s t e l l a n o , cuyos h e r m o s o s
cantos se i n s p i r a b a n e n l a s g r a n d e z a s d e l c i e l o , e n l a s u b l i m e m a j e s t a d
del retiro, en el amor á l a V i r g e n d e l C a r m e n ,
E n e l c o n v e n t o , á c u y o s pies corre e l E r e s m a , d e s l i z á n d o s e á trechos
p o r a l g u n a p e q u e ñ a r o c a , l a m i e n d o los n u m e r o s o s y c o r p u l e n t o s á r b o l e s ,
que f o r m a n p r e c i o s a a l a m e d a frente á l a s e m i n e n c i a s que sostienen e l
m a g n í f i c o A l c á z a r que fue' m o r a d a de los K e y e s C a t ó l i c o s , se h a l l a h o s -
pedado e l P r o v i n c i a l de l a O r d e n d e l C a r m e n , v e n i d o á S e g o v i a p a r a l a s
fiestas d e l C e n t e n a r i o . Á e l l a s c o n c u r r i r á n t a m b i é n tres O b i s p o s -
E s t á y a r e s t a u r a d o e l a l t a r e n que d i j o l a p r i m e r a M i s a S a n J u a n de
la Cruz.
S e h a n f u n d i d o g r a n n ú m e r o de m e d a l l a s , recuerdos d e l C e n t e n a r i o ,
c o n l a fecha d e l m i s m o y l a v i s t a de l a u r n a en que se c o n s e r v a e l cuerpo
d e l S a n t o , p o r u n l a d o , y p o r o t r o , c o n e l r e f o r m a d o r de l a O r d e n d e l
C a r m e n asido á u n a g r a n c r u z .
S e ha- o r g a n i z a d o u n o r f e ó n i n f a n t i l .
L a f a c h a d a d e l c o n v e n t o se i l u m i n a r á t o d a p r o f u s a m e n t e , q u e m á n d o s e
e n l a e x p l a n a d a que se h a l l a e n frente fuegos a r t i f i c i a l e s a l e g ó r i c o s á l a
fiesta.
E n casa d e l C o n d e de C h e s t e , que h a l l e g a d o á S e g o v i a , se v e r i f i c a r á
u n a g r a n v e l a d a l i t e r a r i a , e n l a que se l e e r á n c o m p o s i c i o n e s e n p r o s a y
verso e n h o n o r de S a n J u a n de l a C r u z . A s i s t i r á n á e l l a v a r i o s acade'mi-
cos, y entre é s t o s , e l S e c r e t a r i o de a q u e l l a C o r p o r a c i ó n , D . M a n u e l T a -
mayo y Baus.
P a r a e l C e r t a m e n l i t e r a r i o que h a de celebrarse se h a n r e c i b i d o r i c o s y
b o n i t o s r e g a l o s de diferentes p e r s o n a l i d a d e s y C o r p o r a c i o n e s , e n n ú m e r o
de trece.
L o s m a n u s c r i t o s que n o r e s u l t e n p r e m i a d o s se c o n s e r v a r á n e n l a B i -
b l i o t e c a de l o s reverendos P a d r e s C a r m e l i t a s .
L o s p r e m i o s se e n t r e g a r á n solemnemente á l o s autores en e l p a l a c i o
de l a D i p u t a c i ó n p r o v i n c i a l .
(1) N o habiendo recibido el programa de las fiestas, damos las noticias que re-
cibimos a l entrar en piensa este ú l t i m o pliego del Homenaje.
— 257 —
E l Ayuntamiento ha presupuestado una cantidad para los festejos pú-
blicos que han de celebrarse con motivo del Centenario.
Se sabe que son muchas las personas que se disponen á ir de diferen-
tes puntos á presenciar las fiestas del Centenario, y especialmente de
Madrid.
L a procesión religiosa que se prepara será verdaderamente suntuosa y
notable por más de un concepto.
Se ha iniciado la idea de formar un tomo con todas las composiciones
en prosa y verso que en dichos días han de imprimirse 6 leerse, dedicadas
al Santo reformador de la Orden del Carmen.
Durante las fiestas podrá verse la morada en que hizo vida penitente
Santa Teresa de Jesús, y el huerto, cuyo terreno forma parte del que
tiene el convento de los Carmelitas.
Acerca de la bendita doctora de la Iglesia y de San Juan de la Cruz,
escribiré en números sucesivos algunos artículos con cuantos datos he po-
dido adquirir de la vida y trabajos de ambas ilustres lumbreras de la
Religión católica, que durante tanto tiempo esparcieron los beneficios de
sus virtudes y sus talentos por todo el orbe desde esta hermosa porción
de Castilla, en que el arte satura los monumentos de la Religión de su
sentimiento bello y grandioso.
33
ÍNDICE.
DEDICATORIA 1
CAPÍTULO I.—Documentos relativos á l a c e l e b r a c i ó n d e l Centenario de
San J u a n de l a C r u z 3
CAPÍTULO I I . — V i d a d e l e x t á t i c o P a d r e San J u a n de l a C r u z 26
CAPÍTULO I I I . — G e n e a l o g í a de San J u a n de l a Cruz 61
CAPÍTULO I V , — R e t r a t o de San J u a n de l a C r u z 66
CAPÍTULO V . — I m á g e n e s de S a n J u a n de l a C r u z 69
CAPÍTULO V I . — D o c u m e n t o s a u t é n t i c o s relativos á l a beatificación, ca-
n o n i z a c i ó n y culto de S a n J u a n de l a C r u z 72
CAPÍTULO V I I . — C a t á l o g o de los principales autores que h a n escrito l a
v i d a de S a n J u a n de l a C r u z 86
CAPÍTULO V I I I . — O b r a s de San J u a n de l a C r u z 92
CAPÍTULO I X . — N o t i c i a s de los a u t ó g r a f o s del S a n t o ; lugares en que
los escribió, y d ó n d e se conservan 99
CAPÍTULO X . — E d i c i o n e s de las obras de San J u a n de l a C r u z 103
CAPÍTULO X I . — T r a d u c c i o n e s de l a v i d a y escritos de S a n J u a n de l a
Cruz 107
CAPÍTULO X I I . — E l o g i o s tributados á San J u a n de l a C r u z . 113
CAPÍTULO X I I I . — J u i c i o s c r í t i c o s de las obras de San J u a n de l a C r u z . 127
CAPITULO X I V . — E l racionalismo y l a m í s t i c a de San J u a n de l a C r u z . 15o
CAPÍTULO X V . — I n f l u e n c i a de San J u a n de l a C r u z en e l desarrollo de
l a literatura e s p a ñ o l a 168
CAPÍTULO X V I . — D i c t á m e n e s i n é d i t o s de San J u a n de l a C r u z 190
CAPÍTULO X V I I . — O b r a s y estudios especiales sobre S a n J u a n de l a
Cruz 200
CAPÍTULO X V I I I . — S e p u l c r o en que f u é enterrado San J u a n de l a
Cruz 203
— 260 —
PÁOS.
CAPÍTULO X I X . — T r a s l a c i ó n d e l cuerpo de San J u a n de l a C r u z á Se-
g ó v i a , y capilla en que se venera 207
CAPÍTULO X X . — R e s e ñ a d e l convento de Carmelitas Descalzos de Se-
g o v i a , en que se venera e l cuerpo de San J u a n de l a C r u z 211
CAPÍTULO X X I . — N o t a de las reliquias e x t r a í d a s d e l cuerpo de S a n
J u a n de l a C r u z y de los objetos y lugares dignos de v e n e r a c i ó n re-
ferentes a l m i s m o 215
CAPÍTULO X X I I . — E s t a d í s t i c a carmelitana 224
APÉNDICE PBIMERO.—Documentos i n é d i t o s referentes á las traslaciones
del cuerpo de San J u a n de l a C r u z , reconocimientos y e x t r a c c i ó n de
reliquias 230
APÉNDICE SKGUNDO. E x t r a c t o del p r o g r a m a de funciones para e l C e n -
tenario 256
E R R A T A . E n el epígrafe del Capítulo V , donde dice Documentos
científicos, léase AUTÉNTICOS.
CENTENARIOS
PUBLICADOS POR DON LEÓN CARBONERO Y SOL E N «LA CRUZ»,
REVISTA RELIGIOSA.
I. Natividad de María Santísima.
II. Santo Tomás de Aquino.
III. San Buenaventura.
I V . San Francisco de Asís.
V . Santa Teresa de Jesús.
VI. San Agustín.
V I I . San Alfonso Ligorio.
V U I . Recaredo y la unidad católica.
I X . F r . Luis de Granada.
X . María Estuardo.
X I . Murillo.
X I I . Calderón de la Barca.
X I I I . San Luis Gonzaga.
X I V . San Gregorio el Grande.
X V . San Juan de la Cruz.
Además ha publicado estudios históricos, críticos y literarios con
motivo de los aniversarios
De Pío I X ,
De León X I I I ,
Y de los varones más insignes en virtud y ciencia que han falle-
cido en los últimos cuarenta años, y artículos religiosos, históricos,
críticos y doctrinales de los principales misterios de nuestra Santa
Religión, y de los acontecimientos más célebres en el mundo reli-
gioso.
L a compilación de estos trabajos, y especialmente todo lo rela-
tivo á la definición dogmática de la Inmaculada Concepción, ocu-
paría muchos volúmenes.
CRÓNICAS
PUBLICADAS EN «LA CRUZ» POR DON LEÓN CARBONERO Y SOL.
Crónica del Concilio Ecuménico del Vaticano.
Crónica de la primera peregrinación española á Roma.
Crónica del primer Congreso Católico nacional en Madrid.
Crónica del segundo Congreso Católico nacional en Zaragoza.
L A CRUZ, Revista Religiosa, se publica el 19 de cada mes en 128
páginas en 4.°, y cuesta:
27 rs. el semestre.
En la Península.
54 rs. el año.
r 60 rs. el semestre,
En Ultramar y Extranjero. ]1on .
^ii-U rs. el año.
D i r i g i r s e a l A d m i n i s t r a d o r de « L a C r u z » , S e i u a , 4, M a d r i d .