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Anáforas del Eucologio de Serapión

Este documento resume el contenido de dos anáforas antiguas: la del Eucologio de Serapión del siglo IV y la contenida en el Papiro Der-Balizeh del siglo VII. Resalta que la anáfora de Serapión ofrece un testimonio local más que universal, mientras que la de Der-Balizeh conserva elementos antiguos aunque refleja su época. Ambas siguen la tradición egipcia en la introducción al Sanctus y contienen las palabras de la institución eucarística.

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Anáforas del Eucologio de Serapión

Este documento resume el contenido de dos anáforas antiguas: la del Eucologio de Serapión del siglo IV y la contenida en el Papiro Der-Balizeh del siglo VII. Resalta que la anáfora de Serapión ofrece un testimonio local más que universal, mientras que la de Der-Balizeh conserva elementos antiguos aunque refleja su época. Ambas siguen la tradición egipcia en la introducción al Sanctus y contienen las palabras de la institución eucarística.

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LAS ANÁFORAS DEL EUCOLOGIO DE

SERAPION
    La actitud más indicada hoy ante la anáfora del eucologio de Serapión debe ser
la de prudencia. Tras el entusiasmo suscitado por su publicación a finales del siglo
pasado, estudios posteriores han ido situando este texto en su más justas
dimensiones. Dom B. Capelle, en un valioso estudio, ha puesto de relieve que nos
hallamos ante un texto cuyo margen de elaboración personal parece ser bastante
notable y últimamente dom B. Botte ha expresado serias dudas sobre su atribución
a Serapión, obispo de Thmuis en el siglo IV y gran amigo de San Atanasio. Por lo
que se refiere a la anáfora, ésta sigue siendo de gran interés; pero no como testigo
universal de la tradición egipcia en el siglo IV, sino, más bien, como testimonio de
la Eucaristía celebrada en una Iglesia local.

«Es digno y justo


a ti, Padre increado del unigénito Jesucristo,
alabarte, cantarte himnos, glorificarte
Te alabamos (ainoumen), Dios increado,
inescrutable, inefable, incomprensible a toda naturaleza creada.
Te alabamos a ti, que eres conocido por el Hijo unigénito,
por quien has sido expresado, interpretado, manifestado a la
naturaleza creada.
Te alabamos a ti, que conoces al Hijo
y revelas a los santos las glorias que le pertenecen;
a ti, que eres conocido por el Verbo que has engendrado;
a ti, que te revelas y das a conocer a los santos.
Te alabamos, Padre invisible, dador de la inmortalidad;
tú eres la fuente de vida, la fuente de la luz,
la fuente de toda gracia y verdad;
amigo de los hombres y amigo de los pobres,
que te has reconciliado con todos
y te ganaste a todos con la venida de tu Hijo bienamado.

Te suplicamos:
haznos hombres vivientes,
danos (el) Espíritu de la luz
para conocerte a ti, el Verdadero,
y a tu enviado Jesucristo.
Danos (el) Espíritu Santo
para que podamos narrar y exponer tus inefables misterios.
Hable en nosotros el Señor Jesús,
y (el) Espíritu Santo por nosotros te celebre en himnos.

Porque tú estás por encima de todo principado y potestad,


de toda fuerza y señorío,
de todo nombre que es nombrado
no sólo en este siglo,
sino también en el que viene,
Te asisten millares y millares, miríadas y miríadas
de ángeles y arcángeles, de tronos y dominaciones, de
principados y potestades.
En tu presencia están los dos venerabilísimos
serafines de seis alas,
que con dos alas se cubren el rostro,
con dos los pies y con otras dos vuelan,
y que proclaman tu santidad;
unidos a ellos, recibe también nuestra proclamación de
santidad mientras decimos:

'Santo, santo, santo,


Señor, Dios Sabaoth;
llenos están el cielo y la tierra de tu gloria'».

«Lleno está el cielo y la tierra está llena


de tu magnífica gloria, Señor de las potencias.
Llena también este sacrificio de tu potencia y comunicación,
pues a ti hemos ofrecido (prosenencamen)
este sacrificio viviente, oblación incruenta.
Te hemos ofrecido este pan, signo (omoisma) del cuerpo
de tu Unigénito.
Este pan es signo de su santo cuerpo,
porque (oti) el Señor Jesús, la noche en que era entregado,
tomó pan, y lo partió, y lo dio a sus discípulos, diciendo:
'Tomad y comed; esto es mi cuerpo,
partido por vosotros para perdón de los pecados'.
Por eso, también nosotros,
realizando el signo (omoisma, poiountes) de su muerte,
hemos ofrecido el pan y pedimos suplicantes:
por este sacrificio, vuélvete hacia nosotros
y sénos propicio, Dios de la verdad;
y así como este pan estaba antes disperso sobre las colinas
y después de recogerlo se hizo uno,
del mismo modo congrega también a tu santa Iglesia
de entre toda nación y país, de toda ciudad, aldea y casa,
y haz una sola Iglesia, viva y católica.
Te hemos ofrecido también el cáliz, que es signo de su
sangre porque el Señor Jesús, tomando un cáliz después de
cenar, dijo a sus discípulos:
'Tomad, bebed; ésta es la nueva alianza, que es mi sangre,
derramada por vosotros para el perdón de los pecados'.
Por eso te hemos ofrecido también nosotros este cáliz
presentando el signo de la sangre.
Venga, ¡oh Dios de la verdad! tu santo Verbo
sobre este pan para que el pan se convierta en cuerpo del
Verbo, y sobre este cáliz, para que el cáliz se convierta
en sangre de la Verdad.
Y haz que todos los que participan
obtengan el remedio de vida,
para curación de toda enfermedad
y consolidación de todo progreso y virtud,
y no para condenación, ¡oh Dios de la verdad!,
ni para afrenta y oprobio.
Te invocamos a ti, el Increado,
por mediación de tu Unigénito,
en (el) Espíritu Santo;
'ten piedad de este pueblo, hazle digno de progreso;
sean enviados ángeles que asistan al pueblo
para destrucción del maligno y edificación de la Iglesia.
Te rogamos también por todos los que se han dormido,
de los cuales hacemos memoria; (dice los nombres):
santifica estas almas, pues tú les conoces a todas;
santifica a todos los que se durmieron en el Señor
y cuéntalos entre tus santas potencias;
dales un lugar y una morada en tu Reino.

Recibe también la acción de gracias del pueblo,


bendice a cuantos te han presentado la oblación y la acción de
gracias, y concede salud, integridad, alegría y prosperidad
completa de alma y cuerpo
a todo este pueblo
por tu único Hijo Jesucristo
en el Espíritu Santo,
como era, y es, y será de generación en generación
y por todos los siglos de los siglos. Amén.

José Manuel SÁNCHEZ CARO.: Eucaristia e Historia de la Salvación


Madrid: B.A.C., 1983 pp. 152-156

Ritorno

LAS ANÁFORAS DEL


PAPIRO DER-BALIZEH
    Dirijamos ahora una breve mirada a la anáfora contenida en el papiro Der-
Balizeh. Según sus últimos editores, se trata de un texto que ha conservado
elementos antiguos, pero que en su conjunto no es testigo más que del tiempo en
el que el papiro fue escrito, es decir, hacia finales del Siglo VII. El texto que
poseemos comienza con la introducción al Sanctus, que se hace mediante el
procedimiento tradicional en Egipto de la cita literal de Ef 1,21:

    «... porque tú eres quien está sobre todo principado y


autoridad, sobre toda potencia y señorío,
sobre todo nombre nombrado
no sólo en este siglo, sino también en el que viene.
    Te asisten miríadas de santos ángeles
y ejércitos de ángeles sin número;
ante ti asisten los querubines de muchos ojos
y a tu alrededor están los serafines de seis alas,
que con dos se cubren el rostro, con dos los pies y con las
otras dos vuelan;
todos proclaman en todas partes tu santidad.
Con todos ellos, que proclaman tu santidad,
recibe también nuestra proclamación mientras decimos:
    'Santo, santo, santo,
Señor Sabaoth.
Lleno está el cielo y la tierra de tu gloria'.
    Llénanos también a nosotros de tu gloria
y dígnate enviar a tu Espíritu Santo sobre estas criaturas;
y haz de este pan el cuerpo de nuestro Señor y Salvador,
Jesucristo; y de este cáliz, la sangre de la nueva alianza
del mismo Señor nuestro, Dios y Salvador, Jesucristo.

    Y así como este pan,


disperso en otro tiempo por los montes, colinas y valles,
tras haber sido recogido, se ha convertido en un solo cuerpo;
así corno este vino, que manó de la santa viña de David,
y este agua, brotada del Cordero inmaculado,
tras haber sido mezclados, se han convertido en un único
misterio, del mismo modo, congrega a la Iglesia católica
de Jesucristo.

    El mismo Señor Jesucristo, en efecto,


la noche en que se entregaba a sí mismo,
tornando pan en sus santas manos,
bendiciendo, santificando, partiéndolo,
lo dio a sus discípulos y apóstoles, diciendo:

    'Tomad, comed todos de él;


esto es mi cuerpo,
entregado por vosotros para perdón de los pecados'.
Del mismo modo, después de cenar,
tomando un cáliz,
bendiciendo y bebiendo (de el),
se lo dio, diciendo:

    'Tomad, bebed todos de él;


ésta es mi sangre,
derramada por vosotros para perdón de los pecados.
Cuantas veces comáis este pan
y bebáis de este cáliz
anunciáis mi muerte,
(proclamáis mi resurreción),
hacéis mi memorial'.
Tu muerte anunciamos,
proclamamos tu resurrección
y rogamos .......
(Faltan de 15 a 20 linéas del papiro)

y concede (lo) a nosotros tus siervos,


para conseguimiento de (la) fuerza del Espíritu Santo,
confirmación y crecimiento de fe,
esperanza de la vida eterna futura,
por nuestro Señor Jesucristo,
con el cual a ti, Padre, la gloria,
junto con el Espíritu Santo,
por los siglos.
Amén.

    La introducción al Sanctus y éste siguen la línea tradicional de la Iglesia egipcia.


La epiclesis primera presenta, sin embargo, la doble peculiaridad de ser
consecratoria y de pedir la plenitud de gloria sobre los oferentes, con lo que se
pide la agregación de los participantes al cielo y la tierra que proclaman esta gloria.
Sigue la ya conocida cita de Did. 9,4, cuyo acento recae aquí más en el aspecto
eucarístico que en el eclesial, aun sin faltar éste. Según dom Capelle, este
desarrollo tendría el significado siguiente: si el pan se ha convertido en cuerpo, y el
vino, mezclado con agua, en un solo misterio, brotado de la santa viña y del
Cordero inmaculado, es porque el Señor, la noche en que se iba a entregar, dijo:
«Esto es mi cuerpo ... ». Sin embargo, esto exige que se considere la mención
sobre la reunión de la Iglesia como una intrusión, lo que no es fácil, dado que
pertenece al texto original de la Didajé. Teniendo en cuenta el modo de comenzar
el relato institucional, la referencia parece, más bien, dirigirse a la epiclesis I, y el
significado sería: haz de este pan el cuerpo de Cristo, y de este cáliz, la sangre del
mismo Señor Jesucristo, pues el mismo Señor Jesucristo, la noche de la traición,
tomando pan, dijo... No obstante, la interpretación no es segura, pues el en la
anáfora de San Marcos se refiere a la plegaria de ofertorio que sigue a la acción de
gracias, y que aquí no existe.

    Lo que sí parece cierto es que esta partícula es un reflejo del tradicional egipcio
y que el pan y el vino se convierten en cuerpo y sangre del Señor por el recuerdo y
la acción de las palabras de Jesús en la última cena; es decir, como acertadamente
nota J. Betz, todo el conjunto es equivalente al memorial de la muerte salvadora
del Señor, la cual, en consecuencia, se anuncia y proclama, siguiendo el estilo
kerígmático de la formulación de la anamnesis egipcia.

    Finalmente, el verbo que sigue a la proclamación de los misterios salvíficos del


Señor, parece introducir a una plegaria epiclética, lo cual, por otra parte, presenta
la dificultad de que nos encontramos ante una anáfora cuya epiclesis conocida ha
invocado ya al Espíritu sobre los dones y sobre los fieles. Queda también la
hipótesis de que se trate de una introducción a diversas intercesiones; de hecho,
las intercesiones de la anáfora de San Marcos son introducidas por un verbo
semejante. La dificultad proviene ahora de que también parecen haberse ya
presentado todas las peticiones antes del Sanctus en esta anáfora. No obstante,
tenemos el caso de la anáfora de Serapión, donde aparecen repartidas antes del
Sanctus y al final de la plegaria. La solución al interrogante de qué hay tras este
verbo podrá encontrarse únicamente en un nuevo documento que nos lo aclare.

José Manuel SÁNCHEZ CARO: Eucaristia e Historia de la Salvación


Madrid: BAC, 1983 - pp. 152-162

Ritorno

LAS ANÁFORAS DE
SAN MARCOS
    La estructura de la anáfora de San Marcos presenta varias particularidades, de
las cuales las dos más notables son la colocación de las intercesiones entre la
acción de gracias primera y la introducción al Sanctus y la presencia de dos
epiclesis, una inmediatamente anterior al relato institucional y otra tras la
anamnesis Todos sus elementos son ordenados de la siguiente manera: acción de
gracias - intercesiones - introducción al Sanctus - Sanctus - embolismo del Sanctus
y epiclesis I - relato institucional - anamnesis - epiclesis II - doxología.

     En cuatro grandes párrafos presentamos el texto y breve comentario a los


puntos que más interesan en esta anáfora desde nuestra perspectiva. La acción de
gracias, en primer lugar, es como sigue:

«En verdad es digno y justo, santo y noble,


y útil para nuestras almas,
el que eres, Dominador, Señor, Dios Padre todopoderoso,
cantarte, celebrarte en himnos, darte gracias, confesarte
de día y de noche,
con voz incesante y labios que no callan corazón que no enmudece;
a ti que hiciste el cielo y cuanto en el cielo hay,
a tierra y cuanto en la tierra se halla,
los mares y las fuentes, los ríos y los lagos y cuanto en ellos se
mueve;
a ti que hiciste al hombre a tu propia imagen y semejanza,
a quien diste en regalo las delicias del paraíso
y no despreciaste ni abandonaste cuando prevaricó,
antes bien, Dios bueno,
lo volviste a llamar por medio de la ley,
lo instruiste por medio de los profetas,
lo restauraste y renovaste por medio de este tremendo,
vivificante y celestial misterio.

Y todo lo hiciste por medio de tu Sabiduría, la luz


verdadera,
tu unigénito Hijo, Señor, Dios y Salvador nuestro Jesucristo;
por él, a ti, con él y el Espíritu Santo,
dando gracias, te ofrecemos
este culto espiritual e incruento,
que te ofrecen, Señor, todos los pueblos
desde el oriente hasta el ocaso, del septentrión al mediodía;
porque grande es tu nombre entre todos los pueblos
y en todo lugar se ofrece incienso a tu nombre y un sacrificio puro,
un sacrificio y una oblación.

    El estado fragmentario de los papiros en el comienzo no nos permite conocer


cómo empezaba la anáfora antigua. No obstante, Coquin cree poder afirmar con
seguridad que contenía, al menos, un verbo de alabanza y otro de acción gracias.
El motivo de la acción de gracias es único: la creación del mundo y del hombre por
Cristo, sabiduría de Dios y luz verdadera (cf. Sab 9,1; Jn 1,9). La anáfora de
Marcos no hablaba, por tanto, primitivamente, de la economía de salvación antes
del relato institucional. Esto explica el añadido de los manuscritos melquitas, texto
tomado, bastante libremente, de la anáfora griega de Santiago.
    Otra peculiaridad interesante es que la anáfora de S. Marcos formula explícita y
directamente en este lugar la ofrenda, y lo hace de una manera solemne. Es éste
un dato que puede considerarse clásico en Egipto. La modificación efectuada por el
texto melquita en este lugar es, por tanto intencionada, como se nota comparando
el texto S y Cirilo y se explica perfectamente por lo inhabitual de este hecho en
este lugar para quien estaba habituado a usar anáforas sirias. Por otro lado, la cita
de Mal 1,1 al final de la acción de gracias no quita fuerza al significado sacrificial de
este pasaje, pues a ella se añaden dos palabras finales que precisan muy bien
sentido: se trata de un sacrificio espiritual de alabanza y de una ofrenda incruenta:
el cuerpo y la sangre del Señor.

    A continuación siguen las intercesiones, que en los papiros de Estrasburgo y


Londres no están completas. Las de la anáfora de San Marcos presentan complejos
problemas, que ha estudiado, con su competencia habitual, dom Engberding. En
este trabajo prescindimos de esta parte de la anáfora, pues su aportación concreta
a la teología de la Historia de la Salvación es más bien escasa.

    La introducción al Sanctus, seguida de éste, nos ha sido transmitida solamente


por el texto melquita y el texto copto de San Cirilo:

Tú estás por encima de todo principado,


potestad, autoridad y señorío,
y de todo cuanto tiene nombre
no sólo en este siglo,
sino también en el que viene.
Te asisten millares y millares, miríadas y miríadas
de ejércitos de santos ángeles y arcángeles.
Ante ti están los dos venerabilisimos vivientes,
los querubines de muchos ojos
y los serafines de seis alas;
con dos se cubren el rostro,
con dos los pies
y con las otras dos vuelan;
unos a otros pregonan
con voces que no callan, con divinas palabras incesantes
el himno triunfal del trisagio,
cantando, clamando, glorificando,
pregonando y diciendo a tu magnífica gloria:
'Santo, santo, santo,
Señor Sabaoth;
llenos están el cielo y la tierra
de tu santa gloria'.

(En voz alta:)


Todos los seres proclaman incesantemente tu santidad;
con todos los que proclaman tu santidad
recibe también, soberano Señor, nuestra proclamación de
santidad, cantando y diciendo con ellos:

(Pueblo:)
'Santo, santo, santo,
Señor Sabaoth,
llenos están el cielo y la tierra de tu santa gloria'.

    Desde el punto de vista textual, una comparación de este texto con Serapión y
Der-Balizeh muestra que en esta sección de la anáfora tienen el mismo esquema y
muchas veces casi el mismo texto. El esquema está formado por tres partes: un
preámbulo con la cita literal de Ef 1,21; un centón de reminiscencias bíblicas que
describen la liturgia celeste de alabanza (cf.. Dan 7,10; Ez 1,5-18; Ap 4,6, Is 6,2) y
una frase no bíblica que expresa la asociación de la liturgia terrestre a la celeste,
pidiendo a Dios que acepte esta liturgia humana. Tal coincidencia nos lleva a
constatar que el esquema estaba ya en vigor al menos en el siglo v y que Marcos
parece ser el texto que ha conservado elementos más primitivos. La parte no
coincidente con Cirilo copto es una adición tomada de la anáfora de Santiago por
los manuscritos melquitas, que provocan así una inconveniente repetición del
Sanctus.

Este sigue literalmente a Is 6,3, sin añadir las frases comunes en otras anáforas:
«hosanna en las alturas, bendito el que viene en nombre del Señor». Este hecho,
tradicional en Egipto, confiere al Sanctus, en la anáfora de San Marcos, una
dimensión puramente latréutica. Por lo demás, el acento no recae en la «gloria»,
sino en la palabra «llenos», que sirve de transición y punto de apoyo para unir el
embolismo del sanctus y la epiclesis I que siguen, precediendo al relato
institucional y la anamnesis, como puede observarse a continuación:

«En verdad están llenos el cielo y la tierra


de tu santa gloria
por la manifestación (del Señor, Dios y Salvador
nuestro Jesucristo.
Llena también, ¡oh Dios!, este sacrificio
con la bendición que de ti procede
mediante la venida de tu santísimo Espíritu.

Porque el mismo Señor, y Dios, y Salvador,


y Rey nuestro absoluto Jesucristo,
la noche en que se entregaba a sí mismo por nuestros pecados
y soportaba la muerte en su carne por todos,
mientras estaba recostado con sus santos discípulos
y apóstoles,
tomando pan en sus santas, puras e irreprensibles manos,
elevando los ojos al cielo, hacia ti, Padre suyo,
Dios nuestro y Dios de todos los seres,
dando gracias, bendiciendo, santificando, partiéndolo,
lo dio a sus santos y bienaventurados
discípulos y apóstoles, diciendo:
'Tomad, comed;
esto es mi cuerpo,
partido por vosotros
y distribuido para el perdón de los pecados'.
Del mismo modo,
tomando el cáliz después de comer
y mezclando el vino con agua,
elevando los ojos al cielo, hacia ti, Padre suyo,
Dios nuestro y Dios de todos los seres,
dando gracias, bendiciendo, santificando, llenándolo del
Espíritu Santo,
lo pasó a sus santos
discípulos y apóstoles, diciendo:
Bebed todos de él;
ésta es mi sangre de la nueva alianza,
derramada por vosotros y por muchos
y distribuida¡ para el perdón de los pecados.
Haced esto en memorial mío,
pues cuantas veces comáis este pan
y bebáis de este cáliz
anunciáis mi muerte,
confesáis mi resurrección y ascensión
hasta que jo vuelva.

Anunciando, Soberano y Señor todopoderoso,


Rey celestial, la muerte de tu unigénito Hijo,
Señor, y Dios y Salvador nuestro Jesucristo,
y confesando su bienaventurada resurrección de los
muertos al tercer día,
y su ascensión a los cielos,
y la instauración en su trono a tu derecha Dios y Padre
y esperando su segunda venida,
estremecedora y terrible,
en que vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos con justicia
y a retribuir a cada uno según sus obras
- trátanos con miramiento, Señor, Dios nuestro -,
te hemos ofrecido en tu presencia,
de los tuyos, estos dones.

    El Post-Sanctus alejandrino, en contraposición al siro-antioqueno, se desarrolla a


partir del 'llenos' del Sanctus y no del 'Santo'; por otra parte, en las anáforas siro-
antioquenas, el Post-Sanctus suele referirse a las tres personas divinas e introduce
una conmemoración más o menos amplia de la Historia de la Salvación, cosa que
falta en las anáforas egipcias (Der-.Balizeh ni siquiera lo tiene), donde parece servir
nada más introducir la epiclesis I, que retoma el mismo tema: también, ¡oh Dios!...
Los manuscritos melquitas añaden, además, una referencia a la encarnación cf. 2
Tim 1,10; Tit 2,13), quizá en paralelo a la conmemoración de la creación de]
comienzo.

    Nótese la insistencia de esta anáfora en la mediación de Cristo: por él se realiza


la creación, por él se ofrece la oblación, por él están llenos los cielos y la tierra de
la gloria del Señor. Concretamente en el caso de la oblación, parece una real
manifestación de arcaísmo, que conviene poner en relación con la expresión de
Orígenes: "La oblación se hace a Dios todopoderoso siempre por Jesucristo" . En la
misma línea de mediación parece estar situado el Espíritu Santo en la epiclesis.
Como afirmábamos al hablar de la epiclesis de la anáfora de Hipólito, la epiclesis de
Marcos parece ser, más bien, un primer ensayo de expresar el papel del Espíritu
Santo en el misterio eucarístico.
    El relato institucional es introducido, como igualmente sucede en la anáfora de
Serapión, por una conjunción casual. La comparación con esta misma anáfora
indica que este 'porque' debe relacionarse con la ofrenda expresada en la acción de
gracias. R.-G. Coquin pone de relieve el significado de esta conexión con las
siguientes palabras: El recuerdo de los gestos y palabras de Jesús a lo largo de su
última cena es la justificación específica de la oblación hecha por la asamblea
cristiana; el relato de la institución adquiere así, en la anáfora de Marcos, un
relieve y una fuerza mucho más grandes que las otras anáforas, donde no
interviene más que como una parte de la conmemoración de los magnalia Dei ".

    La anamnesis, como en casi todas las anáforas, se desarrolla en un triple


movimiento: transición, conmemoración, ofrenda. La transición se hace aquí a base
de 1 Cor 11,25-26. Tiene particular interés la variante de Cirilo copto: «hacéis mi
memorial» (también en Der-Balizeh, Basilio y Gregorio coptos). La expresión, que
subraya el carácter de memorial de la Eucaristía en un contexto de proclamación,
parece propia de Egipto, aunque no primitiva, pues falta en los documentos más
antiguos. Este carácter de proclamación es el que predomina en la sección
conmemorativa de los hechos salvadores de Jesús. En efecto, el desarrollo de la
anamnesis no parte aquí del 'memorial', como en las anáforas siro-occidentales,
sino de un desarrollo de la frase paulina, con lo que la anamnesis se transforma en
proclamación y confesión de fe. Este aspecto se halla aún más subrayado en la
anáfora copta de San Cirilo, que antes de esta conmemoración incluye la siguiente
proclamación del pueblo:

«Tu muerte, Señor, anunciamos,


confesamos tu santa resurrección y ascensión.
Te cantamos, te bendecimos, te damos gracias, Señor,
y te rogamos suplicantes».

    La plegaria de oblación es también particular: no se trata aquí de hacer una


oblación propiamente dicha, como sucede, p.ej., en las anáforas bizantinas, sino
que, habiéndose ya formulado la ofrenda del «sacrificio espiritual» antes
del Sanctus, en Marcos no se hace más que una referencia a ella. Finalmente, la
expresión «de los tuyos, estos dones» plantea diversos problemas. No es
absolutamente seguro en primer lugar, que sea de origen egipcio estricto. En
segundo lugar, no está claro a qué dones se refiere. En el caso de que la epiclesis
II hubiese sido posteriormente introducida, cuestión que está en discusión, es
posible que no se refiriesen, exclusivamente al menos, a la oblación eucarística,
sino también a las ofrendas de los fieles. Una vez introducida esa epiclesis, siempre
en la hipótesis de que no fuese original, las palabras se refieren claramente a las
especies eucarísticas. Esto es lo que especifican con claridad algunas anáforas al
precisar que estos dones son el pan y el cáliz. L. Bouyer ha subrayado,
acertadamente que no se podría expresar más felizmente la naturaleza sacrificial
del memorial que con esta frase. En efecto, al presentar a Dios esos dones que
provienen de él, se los presentarnos como el don que Dios mismo nos hace,
prenda de su misterio salvador, para que nosotros se lo representemos en la
acción de gracias, y así recibamos el efecto permanente de este misterio, que
tiende a su propio cumplimiento: a la gloria de Dios.

    La anáfora concluye con una amplia epiclesis y una breve doxología:
«Y te rogamos y te suplicamos,
Amigo de los hombres, (Dios) bueno,
envía
desde tus santas alturas,
desde tu bien dispuesta morada,
desde tus interioridades sin límite,
al Paráclíto mismo, al Espíritu de la verdad,
al Santo, al Señor, al Dador de vida,
al que habló en la ley y en los profetas, y en los apóstoles;
al que está presente en todas partes y lo llena todo,
al que obra la santificación en los que quiere
no como ministro, sino por su propia virtud y según su beneplácito,
al que es simple en su naturaleza y multiforme en su actividad,
manantial de los divinos dones, consustancial contigo
al que de ti procede y contigo condivide el trono,
y con tu Unigénito, el Señor, Dios y Salvador nuestro Jesucristo;
mira sobre nosotros
y envía sobre estos panes y estos cálices
a tu Espíritu Santo
para que los santifique y perfeccione como Dios omnipotente
y haga de este pan el cuerpo
y de este cáliz, la sangre de la nueva alianza
del mismo Señor, Dios, y Salvador, y supremo Rey
nuestro Jesucristo que nos sean a todos los que de ellos participamos
para (conseguimiento de) fe, sobriedad,
salud, sabiduría, santificación,
renovación del alma, del cuerpo y del espíritu,
comunicación de felicidad, de vida eterna y de inmortalidad,
glorificación de tu santísimo Nombre,
remisión de los pecados.

Para que en esto como en todo


sea glorificado, celebrado en himnos y santificado
tu Nombre santísimo, precioso y glorioso,
con Jesucristo y el Espíritu Santo,
como era, y es, y será
de generación en generación y por los siglos de los siglos.
Amén.

    Las diferencias de redacción en este pasaje son muy notables en las fuentes que
podemos usar. El texto más sobrio nos lo dan el papiro de Manchester y la tablilla
sahídica; Cirilo copto es muy amplio, sobre todo al principio, que incluye una larga
plegaria del género apología; el texto melquita sigue un camino medio. La epiclesis
desarrolla, fundamentalmente, dos temas: una teología del Espíritu Santo y una
exposición de los efectos de su venida sobre los dones y los participantes; esta
última muy cercana al pasaje paralelo de la anáfora de Santiago. El tema más
antiguo, pues está ya presente en el papiro y en la tablilla, es el del realismo
eucarístico y los efectos eucarísticos sobre los participantes. Pero aún aquí estos
antiguos documentos parecen haber sufrido la influencia de la anáfora de Santiago,
si bien en una recensión más primitiva que la llegada hasta nosotros. La epiclesis
más primitiva de Marcos, teniendo en cuenta los datos dichos y tras una serie de
comparaciones, es reconstruida por Coquin aproximadamente:

«Y te rogamos y suplicamos
que envíes
al Espíritu Santo
sobre nosotros y sobre tus dones presentados
y los santifiques y transformes
para que nos sean a todos los que de ellos participamos
para conseguimiento de fe ... »

    En cuanto a la doxología, viene a ser la misma que se encuentra en las anáforas
alejandrinas de San Basilio y San Gregorio, sin nada común esta vez con la de
Santiago. En realidad, como opina Coquin, no solamente no parece ser ésta la
primitiva doxología de San Marcos, sino que ni siquiera es propiamente una
doxología, ya que se trata, más bien, de una plegaria que pide la glorificación del
nombre divino mediante la participación en la Eucaristía («en esto»). La doxología
de San Marcos en su redacción original debía de ser, más bien, del tipo de las
documentadas por Serapión y Der-Balizeh: «por nuestro Señor Jesucristo... en (o
con) el Espíritu Santo ... ».

José Manuel SÁNCHEZ CARO.: Eucaristia e Historia de la Salvación


Madrid: B.A.C., 1983 pp. 142-152

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ANÁFORA DE SAN BASILIO


VERSIÓN EGIPCIA

El hizo el cielo y la tierra y el mar


Y todo lo que hay en ellos.
El, Padre del Señor y Salvador nuestro, Jesucristo,
Que se sienta sobre el trono de gloria.
Ángeles, arcángeles, principados, potestades,
tronos, señoríos, virtudes
están en tu presencia, en círculo, a tu alrededor.
Los querubines de múltiples ojos y los serafines de seis alas
cantan himnos, claman y dicen continuamente:
Santo, Santo, Santo,
Santo eres en verdad, Señor Dios nuestro.
Nos formaste y nos pusiste en el paraíso de delicia,
Pero al violar tu precepto por el engaño de la serpiente
y ser arrojados de la vida eterna
y expulsados de ese paraíso delicioso,
no nos abandonaste del todo,
sino que continuamente tuviste cuidado de nosotros
a través de tus santos profetas.
Y en los últimos días
te manifestaste a nosotros por medio de tu Hijo unigénito,
que tomó carne de la santa Virgen
y, haciéndose hombre, nos reveló los caminos de la salvación.
De nosotros hizo su propio pueblo.
Nos santificó con el Santo Espíritu
y porque amaba a los suyos presentes en el mundo
se entregó a sí mismo a la muerte, nuestra dominadora,
nuestra opresora, secuela de nuestros pecados,
y marchó al Hades, después de pasar por la cruz.
Resucitó al tercer día de entre los muertos
y, subiendo a los cielos, está sentado a la derecha del Padre,
para retribuir a cada uno según sus obras.
Pero nos dejó este gran misterio de piedad ».

.............

«Porque decidió entregarse a la muerte para la vida del mundo,


tomó pan, lo bendijo, lo santificó, lo partió
y lo dio a sus santos discípulos y apóstoles, diciendo:
Tomad y comed todos, esto es mi cuerpo,
que se entrega por todos vosotros y por la muchedumbre
para el perdón de vuestros pecados.
Haced esto en memorial de mí.
Igualmente, tras la cena, bendijo la copa,
mezclando en ella agua y vino.
La santificó, dando gracias sobre ella, y se la entregó, diciendo:

Tomad y bebed todos, ésta es mi sangre,


que se derrama por vosotros y por la muchedumbre
para el perdón de vuestros pecados.
Haced esto en memorial de Mí.
Siempre que comáis de este pan y bebáis de esta copa,
anunciaréis mi muerte hasta que venga.
Nosotros, por lo tanto, celebrando el memorial de su Pasión,
su resurrección de entre los muertos,
su ascensión a los cielos,
su instauración a la derecha del Padre
y su venida a nosotros, gloriosa y terrible,
te presentamos ante tu presencia y de entre tus dones,
lo que es tuyo, este pan y esta copa.
Y te rogamos Dios nuestro nosotros pecadores, indignos, miserables,
sometiéndonos a la decisión de tu voluntad,
que descienda tu Espíritu Santo sobre nosotros
y sobre estos dones propuestos
y los santifique y los muestre como el santo de los santos.
Haznos dignos de participar en tus cosas santas
para la santificación de alma y cuerpo
de modo que seamos hechos un único cuerpo y espíritu
y seamos admitidos en compañía de tus santos,
los que te agradaron desde este siglo.
Acuérdate también de tu santa Iglesia, una, católica.
Dale la paz a la que salvaste por la sangre de Cristo.
Acuérdate de todos los obispos ortodoxos ... »

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