FACULTAD DE TEOLOGIA “SAN PABLO”
LA FE COMO CONOCIMIENTO RAZONABLE EN FIDES ET
RATIO DE SAN JUAN PABLO II
Trabajo escrito final del Bienio Filosófico
ESTUDIANTE: ORTIZ EDWIN
TUTOR: LIC. VACA LUIS ALBERTO
COCHABAMBA-BOLIVIA
NOVIEMBRE-2018
1
INTRODUCCIÓN
1. EL CAMPO DE LA FE
2. EL CAMPO DE LA RAZÓN
3. LAS FUENTES DEL CONOCIMIENTO COMO
EXPLICACIÓN UNITARIA DE LA VERDAD
4. RELACIONALIDAD Y COMPLEMENTARIEDAD ENTRE
FE Y RAZÓN
5. LA FE ES RAZONABLE
CONCLUSIÓN
BIBLIOGRAFÍA
2
INTRODUCCIÓN
El presente trabajo tiene por finalidad poner en relieve la importancia de conocer
con precisión la relación complementaria que existe entre las fuentes del
conocimiento, fe y razón, para lo cual tomaremos de referencia la encíclica Fides et
ratio, y otras fuentes que corroboren el tema tratado en el documento mencionado.
La urgencia de defender la fe nos obliga a buscar razones de nuestra fe, la fe cristiana
católica; en este sentido argumentaremos racionalmente sobre la existencia de la
conexión indisoluble entre la fe y la razón. Para tal propósito partiremos de algo muy
elemental, definiendo los términos fe y razón con mucha rigurosidad, aclarando que
la fe es razonable y no irracional, como muchos afirman. De estas definiciones
pasaremos a reflexionar sobre la pertinencia de la fe en el campo del conocimiento y
sobre la importancia que tiene para una persona la fe en la búsqueda del mismo, sea
creyente o no. Finalmente pondremos en claro la relación complementaria entre la fe
y la razón en la búsqueda de la verdad.
3
I. EL CAMPO DE LA FE
El hombre siendo un ser racional no puede conformarse con medias verdades, pues
la finalidad de complacer su curiosidad está en la verdad total, por lo tanto tiene el
deber de hallarla, porque su naturaleza misma lo exige. En ese sentido, todos
aquellos que nos complacemos en la verdad tenemos la obligación y el deber de
descender a las raíces de cada palabra que pronunciamos, y así poder expresar con
finura y rigurosidad nuestros juicios, con una exactitud justa y armónica conforme a
la verdad. En este sentido comenzamos por definir aquella palabra que nos mantiene
de pie en los momentos más críticos de la vida, nos referimos a la Fe, en específico a
la Fe cristiana. Ciertamente la Fe tiene que ver más con la acción que con el
concepto, pero a la hora de darle una definición exacta, gran parte de los creyentes y
no creyentes cometemos el gran error de desvirtuar su significado. Para no cometer
este error partiremos de una adecuada explicación sobre este término, dada por el
padre jesuita Manuel Carreira que presenta tres significados diferentes pero
inherentes entre sí; el primer significado es el siguiente:
la palabra “fe” se refiere a un modo de conocer que, en lugar de ser por experiencia propia
o por raciocinio propio, es conocimiento por testimonio. En este sentido la palabra fe no
tiene necesariamente conexión con nada de ámbito religioso […]. Casi todo lo que
conocemos lo conocemos por fe humana. […] [T]odo lo que es histórico sólo puede
conocerse por fe humana, pues no hay manera directa de comprobar lo que ya no existe. 1
Vemos que la Fe en su primer significado es una fuente de conocimiento cierto
incluso en materia de ciencias empíricas. El gran porcentaje de la magnitud de
nuestro conocimiento no ha sido adquirido por esfuerzo propio, sino por testimonio
de personas dignas de crédito. Para esclarecer más citaremos un pasaje de la
enciclopedia Para Salvarte del padre Jorge Loring, que dice “Fe es la aceptación de la
palabra de una persona fidedigna. Creer lo que no se ve porque nos lo asegura otro
que lo ve o que lo sabe”2. Con esta primera explicación quedaría en parte rebatido el
argumento cientificista atea; que presupone a la fe como un creer en algo sin prueba
ni evidencia. Aseverando además que la fe pertenece solamente al ámbito religioso,
1
M. CARREIRA, “ciencia y fe, ¿relaciones de complementariedad?”, en [Link]
(05.08.018). 2
2
J. LORING, Para Salvarte, San Pablo, Bogotá 2013, 204.
4
considerando de irracional a la fe cristiana. Los ateos pueden negar a la fe en teoría
pero no en la práctica, porque a la hora de proceder en su vida cotidiana no se
detienen a realizar previos experimentos para su seguridad, simplemente actúan sin
cuestionar. Quedaría rebatido también la concepción protestante sobre el significado
de la fe. “[A]firman los protestantes, en general, que la FE es un sentimiento”3;
excluyen a la razón de la fe, pero la fe en su primer significado es un contenido de
ideas depositada y recibido por la razón. Sabemos también por sentido común que
“la racionalidad es la búsqueda de la verdad” 4, en ese sentido “un sentimiento nunca
es una razón”5. En continuación al primer significado el segundo tiene que ver con la
voluntad libre de compromiso con el conocimiento recibido:
De modo que hay una base racional para la fe, y una vez que uno acepta que Cristo, como
Hijo de Dios, dio unas enseñanzas concretas, entonces entra en juego el segundo
significado de la palabra Fe, por el cual el acto de fe es meritorio. […] Esta fe consiste en
un acto libre de la voluntad: una decisión responsable basada en una confianza fundada en
razones adecuadas6.
Este segundo significado es un “acto de […] voluntad, que consiste en poner la vida
de acuerdo con esa verdad conocida” 7; es entonces cuando pasamos al tercer y más
importante significado, la Fe como don de Dios, que uno recibe en el bautismo.
Ciertamente “el bautismo no aumenta [el] conocimiento, ni es un acto meritorio de
[la] voluntad, sino que en él se recibe de Dios la Fe como virtud teologal”8. Con estas
aproximaciones ya se puede dejar en claro que “la Fe es regalo de Dios como virtud
teologal, pero es responsabilidad [del hombre] como conocimiento y como acto de
voluntad”9.
Teniendo en claro lo que es la fe en su sentido más original, podemos pasar a
desglosar la racionalidad de la Fe cristiana. Un análisis de las verdades nuevas en las
raíces del Evangelio. El padre Loring dice al respecto citando el concilio Vaticano I,
“la Iglesia Católica enseña infaliblemente que la fe es esencialmente un asentimiento
sobrenatural del entendimiento a las verdades reveladas por Dios”10. Pero sería muy
3
Cf. M. CARREIRA, “verdad, ciencia y fe”, en [Link]
[Link] (26.07.2018). 7
4
Ibid.
5
Cf. Ibid.
6
Ibíd., 9
7
Ibíd.,
8
Ibid.
9
Ibid.
10
J. LORING, Para Salvarte, San Pablo, Bogotá 2013, 205.
5
frio y pobre nuestra reflexión si nos quedamos solamente con la formulación de
palabras, es decir con la teoría; por ello es necesario añadir lo que expresa el padre
Loring, “la fe no es solo aceptar una verdad con el entendimiento, sino también con
el corazón. Es el compromiso de nuestra propia persona con la persona de Cristo […]
que lleva consigo exigencias a las que jamás ideología alguna será capaz de llegar” 11.
La Fe cristiana lleva un contenido de esperanza de salvación, que compromete al que
lo descubre a buscar sentido a sus acciones. El sentido último es la verdad de Cristo.
Dice San Juan Pablo II en su encíclica Fe y Razón: “El [hombre] nunca podría fundar
la propia vida sobre la duda, la incertidumbre o la mentira” (FR 28). Y en relación a
esto el padre Loring cita a Baldomero que dice: “Necesitamos afirmaciones, no
dudas. (…)”.“La duda no es para instalarse en ella, sino para superarla”. […] “Hay
que ser fieles a la verdad”12. Por lo tanto la dirección vital del hombre
necesariamente tiene que estar conectada a la verdad de la Fe cristiana, porque es la
más plausible y coherente con la historia; además está exenta de toda irracionalidad y
absurdidad.
II. EL CAMPO DE LA RAZÓN
Hablar de razón es elemental para comprender el mismo hecho de razonar
lógicamente. Se trata de un término análogo de la fe, pues del modo como se puede
hablar de la fe, también se puede entender de muchas maneras la razón. Como bien
sabemos, existen tres fuentes del conocimiento, la experiencia, la razón y la fe. En
ese sentido la razón lleva consigo una tarea sumamente importante; la de mantener
en un total equilibrio el proceder del intelecto. Pero qué se entiende por razón,
Martin F, Echavarría nos introduce en el asunto:
Por razón se puede entender la potencia o facultad por la cual nos hacemos capaces de
entender discursivamente, cosa que es propia del ser humano. En segundo lugar, el acto de
esta facultad. En tercer lugar, lo pronunciado en el interior de la mente por la potencia
racional en su acto, el verbo mental o razón, en la cual entendemos la verdad de las
cosas13.
11
Ibíd., 205.
12
Ibíd., 207
6
Con esta definición ya podemos empezar a desglosar el concepto de la razón. Razón
es aquella facultad humana que discierne lo correcto de lo erróneo, lo verdadero de
lo falso, para luego formular un juicio conforme a la verdad. Ya habíamos
mencionado que el alma humana sólo puede hallarse satisfecho con la verdad, como
nos recalca San Juan Pablo II en su encíclica Fe y Razón: “la razón está por
naturaleza orientada a la verdad y cuenta en sí misma con los medios necesarios para
alcanzarla” (FR 49). De modo que la razón es esencial y necesario para hallarse en la
verdad. Esta razón se encuentra en actividad desde el momento en que el hombre
dice su primera palabra. Pero esta actividad intelectiva debe estar regida
necesariamente por unos principios para proseguir de manera firme, segura y
correcta. Estos son los principios lógicos de la racionalidad, que nos brindan la
seguridad para alcanzar un conocimiento verdadero. El primero es el de identidad
que se entiende como “lo que es, es. Pero eso implica que las cosas son lo que son y
hacen lo que su naturaleza determina, permitiendo formular afirmaciones universales
de que un tipo de entidad tendrá una serie de propiedades concretas” 14. Un principio
que ya de entrada nos da a entender la identidad e inteligibilidad de las cosas. Por lo
que se puede afirmar la posibilidad del conocimiento, sin embargo, es menester
tomar en cuenta el principio de no-contradicción, que establece “no pueden aceptarse
nunca el sí y el no simultáneamente como respuestas para la misma pregunta hecha
desde el mismo punto de vista”15, sería absurdo afirmar y negar al mismo tiempo una
cosa, “por eso todo relativismo es irracional, porque va en contra de la realidad. La
realidad es lo que es y no puede no serlo cuando lo es” 16. El tercer principio es el de
razón suficiente que consiste en hallar una respuesta consistente, “que tenga una
conexión lógica con lo que [se está] preguntando17. En base a estos principios
lógicos, ya podemos dar por hecho que la razón es y será un guía fiable en la
búsqueda de verdad del conocimiento, ya sea en el ámbito científico o religioso. La
razón, con estos principios tiene la potestad de adentrarse, revisar y analizar
cualquier argumento de cualquier ámbito. Mas no podemos sentenciar que la razón
13
M. ECHAVARRÍA, “la analogía de fe y razón en Santo Tomas de Aquino”, en
[Link] (25.07.2018).
14
M. CARREIRA, “verdad, ciencia y fe”, en [Link]
[Link] (26.07.2018).
15
Ibíd.
16
Cf. Ibíd.
17
Ibíd.
7
es el culmen absoluto para explicar toda la realidad; puede solamente afirmar y
negar en función de las otras fuentes, como la fe y la experiencia; sin los cuales sería
absurdo hablar de los resultados de la razón; en otras palabras, a la hora de buscar la
verdad, estas tres fuentes son inseparables. La razón, tiene por tanto, el papel de
descifrar y descubrir la verdad en la inmensa burbuja de información, para
posteriormente expresar esa verdad por medio del lenguaje.
III. LAS FUENTES DEL CONOCIMIENTO COMO EXPLICACIÓN
UNITARIA DE LA VERDAD
Sabemos con certeza que el hombre en el fondo, tiene como principio de felicidad a
la verdad, y por eso la verdad es el norte de todo conocimiento del hombre, dice San
Juan Pablo II en relación a la verdad:
El hombre es el único ser en toda la creación visible que no solo es capaz de saber, sino
que sabe también que sabe, y por eso se interesa por la verdad real de lo que se le
presenta. Nadie puede permanecer sinceramente indiferente a la verdad de su saber. Si
descubre que es falso, lo rechaza; en cambio, si puede confirmar su verdad, se siente
satisfecho. Es la lección de San Agustín cuando escribe: “he encontrado muchos que
querían engañar, pero ninguno que quisiera dejarse engañar” (FR 25).
Ciertamente, el hombre quiere por naturaleza un lugar seguro donde cobijar su
felicidad; pero no se da el tiempo de escudriñar la realidad de los hechos en el tiempo
y espacio para hallar tal lugar. El hombre de hoy acepta con mucha pasividad lo que
le viene; le da igual si es falso o verdadero, de ahí que se deje manejar por los dichos
y opiniones, pensando estar seguro. “En efecto, el necio se engaña pensando que
conoce muchas cosas, pero en realidad no es capaz de fijar la mirada sobre las
esenciales” (FR 18). El día de hoy nos vemos muy satisfechos con conocer las causas
inmediatas, más no nos cuestionamos por las causas primeras y últimas, la finalidad
del hombre en la tierra por ejemplo, damos por obvio a muchas cuestiones sin tomar
en cuenta su importancia. El sentido crítico va desvaneciéndose de a poco. Si esto es
el caso, va a ser difícil que el hombre de hoy, experimente la fe, porque ya de entrada
lo niega o lo toma por obvio, sin sentido, sin antes haber atestiguado y profundizado
su verdad, quedando en conformidad con sus prejuicios. San juan Pablo II nos ayuda
a comprender que la experiencia de la fe no está en contra de la razón:
8
Esta verdad, que Dios nos revela en Jesucristo, no está en contraste con las verdades que
se alcanzan filosofando. Más bien los dos órdenes de conocimiento conducen a la verdad
en su plenitud. La unidad de la verdad es ya un postulado fundamental de la razón
humana, expresado en el principio de no contradicción. La revelación da la certeza de esta
unidad, mostrando que el Dios creador es también el Dios de la historia de la salvación
(FR 34).
Las verdades naturales alcanzadas por la razón no pueden contraponerse a las
sobrenaturales porque son de distinto orden. “Aunque fe y razón son dos fuentes
distintas de conocimiento, junto a la experiencia, están llamadas a converger en el
conocimiento humano de la verdad”18. Puede ser difícil aprobar la veracidad del
conocimiento del misterio de Dios, pero “[p]ara ayudar a la razón, que busca la
comprensión del misterio, están también los signos contenidos en la Revelación” (FR
13). Con un análisis crítico y profundo de aquellos signos en las sagradas escrituras
se puede llevar a cabo la búsqueda de verdad muy satisfactoriamente. Esta
posibilidad de descifrar los signos de la revelación con la razón nos conduce a
afirmar: la fe no es irracional, ni es una mera creencia radical centrada en el
sentimiento, “el fideísmo es morboso porque desprecia la razón, y el ser humano es
animal racional”19. Con estas aseveraciones podemos confirmar que la fe cristiana
está establecida sobre las tres fuentes del conocimiento, experiencia, fe y razón. De
modo que la unidad de estas fuentes explicita la verdad de la revelación cristiana.
IV. RELACIONALIDAD Y COMPLEMENTARIEDAD ENTRE LA FE
Y LA RAZÓN
En el transcurso de la historia han surgido distintas corrientes filosóficas; algunas
sujetas a la objetividad y universalidad en busca de la verdad, mientras que otras
cayeron en el relativismo y la alteridad del error, tomando lo que conviene pero
ignorando la parte esencial del conocimiento, la búsqueda de verdad. Varias de estas
corrientes han tomado una actitud excluyente sobre los otros modos de
conocimiento, entre estos se encuentra la fe, que en muchas ocasiones fue atacada y
18
JM. MAESTRE BARRIO, “circularidad fe-razón” en Joseph Ratzinger/Benedicto XVI, Pensamiento y
cultura, Madrid 2013. 171
19
Ibid., 179.
9
excluida del campo del conocimiento racional. Al respecto dice el Sumo Pontífice en
su encíclica:
En el primer Concilio Vaticano, los Padres habían puesto en evidencia el carácter
sobrenatural de la revelación de Dios. La crítica racionalista, que en aquel periodo atacaba
la fe sobre la base de tesis erróneas y muy difundidas, consistía en negar todo
conocimiento que no fuese fruto de las capacidades naturales de la razón. Este hecho
obligó al Concilio a sostener con fuerza que, además del conocimiento propio de la razón
humana, capaz por su naturaleza de llegar hasta el Creador, existe un conocimiento que es
peculiar de la fe. […] La fe, que se funda en el testimonio de Dios y cuenta con la ayuda
sobrenatural de la gracia, pertenece efectivamente a un orden diverso del conocimiento
filosófico (FR 8, 9).
Como ya vimos anteriormente es inadmisible e imposible separar la razón de la fe o
viceversa, porque ambas están sujetas a la primera fuente base, que es la experiencia,
sin la cual no habría conocimiento de ningún tipo. “No hay, pues, motivo de
competitividad alguna entre la razón y la fe: una está dentro de la otra, y cada una
tiene su propio espacio de realización” (FR 17). De modo que “[s]e establece una
especie de círculo hermenéutico en virtud del cual la razón necesita ser leída desde la
fe, y la fe desde la razón”20. Ahora si nos referimos a la realidad humana y su
finalidad de existencia, es difícil dar una respuesta exacta y correcta en términos
meramente racionalistas y cientificistas, por lo que es necesario acudir a una fuente
de orden superior que otorgue las razones suficientes a la cuestión del propósito de la
existencia humana. “En definitiva, el hombre con la razón alcanza la verdad, porque
iluminada por la fe descubre el sentido profundo de cada cosa y, en particular, de la
propia existencia” (FR 20). No hay pues contradicción alguna entre la fe y la razón,
porque la fe como fuente de orden superior está establecida para dirigir la acción
humana hacia lo trascendental e infinito, pero adherida siempre a la razón, “[l]a fe
mueve a la razón a salir de todo aislamiento y a apostar de buen grado por lo que es
bello, bueno y verdadero” (FR 56). La razón sin la fe puede encontrar muchas vías de
solución a los problemas del hombre, pero de manera muy parcial y relativa, sin
poder responder a las cuestiones últimas. De ahí, la necesidad de la fe para completar
el trabajo de la razón en la búsqueda de las verdades últimas. Tanto la fe como la
razón tienen la misma meta de buscar, hallar y dar a conocer la verdad; por tanto no
existe incompatibilidad alguna entre fe y razón. Si faltara algo a esto citaremos a San
Juan Pablo II que expresa:
20
JM. MAESTRE BARRIO , “circularidad fe-razón” en Joseph Ratzinger/Benedicto XVI, Pensamiento y
cultura, Madrid 2013, 169
10
Para el santo Arzobispo de Canterbury la prioridad de la fe no es incompatible con la
búsqueda propia de la razón. En efecto, esta no está llamada a expresar un juicio sobre los
contenidos de la fe, siendo incapaz de hacerlo por no ser idónea para ello. Su tarea, más
bien, es saber encontrar un sentido y descubrir las razones que permitan a todos entender
los contenidos de la fe (FR 42).
Los seres humanos, de alguna u otra manera encontramos una conexión lógica en lo
que conocemos a través de la razón, ya habíamos mencionado que la racionalidad es
la búsqueda de la verdad. De modo que si los contenidos de la fe traen consigo un
mensaje de orden superior, la razón tiene el deber de buscar medios que ayuden a
conocer aquellas verdades de revelación. Verdades que en si tienen el propósito de
responder a las inquietudes del espíritu humano. Está claro que tanto la fe como la
razón tienen un propósito común, el de presentar la verdad. José María Barrio, en su
artículo, circularidad fe y razón en Joseph Ratzinger, sobre la complementariedad de
fe y razón, toma en cuenta lo siguiente:
el ya emérito Papa argumentó que la razón sin la fe se automutila, se queda paticorta e
incapaz de dar satisfacción a las inquietudes fundamentales del espíritu humano.
Igualmente, una fe sin razón se halla expuesta al riesgo del fanatismo, el fundamentalismo
y la violencia. […] Por un lado, sin la vigilancia de la fe, la razón puede acabar
deshumanizando profundamente al hombre y por otro, la razón debe corregir a la fe para
prevenir sus posibles formas morbosas21.
El gran peligro que corre el hombre común actual es la pérdida del sentido crítico.
Esta pérdida ocasiona la desviación del alma humana por senderos que conducen a la
perdición y error. Hoy está muy de moda tomar solamente partes de la verdad, partes
que no incomoden el estado actual del hombre, el del pecado e ignorancia. El
acuerdo de justicia entre fe y razón no admiten tales posiciones del alma, porque la
verdad prima sobre cualquier subjetivismo y relativismo, y en ese sentido todo
hombre está en la necesidad y obligación de buscar la verdad y hallarla. Y la verdad
solo puede ser encontrada mediante la fe y la razón juntas en la experiencia. No cabe
duda pues, que el camino del hombre debe ser dirigida por la razón pero iluminada
por la fe.
V. LA FE ES RAZONABLE
21
JM. MAESTRE BARRIO, “circularidad fe-razón en Joseph Ratzinger/Benedicto XVI”, Pensamiento y
cultura, Madrid 2013, 178-179
11
Por último es muy importante dejar en claro que la Fe en su significado más
profundo es razonable. Muchos afirman que la Fe cristiana es ciega, que aceptarla es
ilógico, o que es inadmisible porque no es verificable ni constatable por la razón o
un experimento; y se puede mencionar todavía una decena de afirmaciones erróneas
sobre la fe. Esto sucede porque no se maneja el significado propio y correcto de la fe.
De entrada habíamos definido a la Fe en sus tres significados, aplicables y
entendibles en cualquier ámbito del conocimiento. Hemos tratado de esclarecer que
la Fe no es un asentir lo irracional, no es un sentimiento, mucho menos una
invención humana; sino un modo de conocer una realidad natural o sobrenatural por
testimonio de otro digno de crédito, basado siempre en la racionalidad lógica. Con lo
que respecta a la razonabilidad de la fe, podemos decir “que la fe humana es el modo
más amplio y valioso de conocer para avanzar en la cultura” 22; en su primer
significado resaltamos que es el conocimiento recibido de otros, que abarca casi el
total del saber que poseemos. Partiendo de algo muy elemental y necesario como este
modo de conocer, es decir, la fe humana, escalamos al grado de emitir que tenemos
razones suficientes históricas para confirmar la veracidad de la Fe cristiana. Esto en
base al testimonio que se ha ido transmitiendo a lo largo del tiempo por una Iglesia
docente. La razón exige pruebas de la fe cristiana. En el proceso de la búsqueda de
pruebas encuentra la base lógica entre el origen del testimonio real transmitido y el
hecho histórico de la revelación divina. Por tanto es coherente y racional afirmarse
en la aceptación y asentimiento del testimonio de la Iglesia Cristiana Católica. De
modo que la razón al hallar las huellas de la Fe, se fortifica y se complace en la
verdad, porque recibe un contenido de ideas de orden superior, que impulsa con
mayor rigor su proceder. Es entonces cuando pasamos al segundo nivel de la fe, que
consiste en el acto libre de la voluntad para poder ajustar nuestro modo de vida a las
enseñanzas recibidas, dentro del conocimiento por testimonio; por ello decimos que
la Fe como confianza viene después del previo conocimiento confirmado por la
razón, dicho de otro modo, el ser humano pone su confianza en algo que conoce no
en lo que no conece. El Sumo Pontífice citaba a santo Tomas en su encíclica:
En una época en la que los pensadores cristianos descubrieron los tesoros de la filosofía
antigua, y más concretamente aristotélica, tuvo el gran mérito de destacar la armonía que
22
M. CARREIRA, “ciencia y fe, ¿relaciones de complementariedad?”, en [Link]
(05.08.018). 2
12
existe entre la razón y la Fe. Argumentaba que la luz de la razón y la luz de la fe proceden
ambas de Dios, por tanto, no pueden contradecirse entre sí” […]. En efecto, la fe es de
algún modo “ejercicio del pensamiento”; la razón del hombre no queda anulada ni se
envilece dando su asentimiento a los contenidos de la fe, que en todo caso se alcanzan
mediante una opción libre y consciente (FR 43).
Del mismo modo como se puede apreciar el proceder de la razón dentro de la
ciencia, se puede constatar también dentro de la fe, esto porque en ambos campos
está regida por los principios lógicos. La fe cristiana tiene base sólida en los hechos
históricos, y todos concordamos por sentido común, que la simple idea de rechazar
un hecho histórico evidente es antiracional, porque se está subjetivando la verdad de
la realidad, lo cual es inadmisible. Pero ya tomando el contenido de la Fe con la
razón se puede encontrar la coherencia lógica que hay en el mensaje cristiano,
basado en la realidad de los hechos. “En la encíclica La Fe y la Razón el ya difunto
Papa deja muy claro que nuestra fe no se basa en cuentos ni en mitologías, ni siquiera
en un libro. Se basa en hechos históricos” 23. Por tanto hablar de fe cristiana es tomar
como fuente los hechos o sucesos del pasado en un tiempo determinado, que motivan
el accionar humano en la “búsqueda de Verdad, Belleza y Bien”24. No es por tanto
para nada irracional filosofar desde la fe. “El mismo acto de fe no es otra cosa que el
pensar con el asentimiento de la voluntad […] Todo el que cree, piensa; piensa
creyendo y cree pensando […] Porque la fe, si lo que se cree no se piensa, es nula”
(FR 79). Vemos entonces que la fe cristiana es racional; y no como muchos la
consideran como enemiga irreconciliable de la razón. La fe cristiana puede ser
razonada, es decir se puede dar razones de porque un cristiano cree en lo que cree.
Esto a su vez nos compromete a ser defensores de la fe, porque en ella hemos
descubierto la gran montaña de la verdad; y es allí donde la razón cobra mayor fuerza
porque se abre a las verdades ascendentes de orden sobrenatural.
CONCLUSIÓN
23
M. CARREIRA, “ciencia y fe, ¿relaciones de complementariedad?”, en [Link]
(05.08.018). 3
24
M. CARREIRA, “verdad, ciencia y fe”, en [Link]
[Link] (26.07.2018). 1
13
Después de haber desarrollado el tema de la fe como conocimiento razonable, con
rigor analítico reflexivo, podemos ya sustraer los resultados que hemos obtenido.
Nuestra preocupación por la búsqueda de la verdad nos llevó a sumergirnos en la
profundidad del significado de los términos fe y razón, y en ese descenso hemos
podido hallar la razonabilidad de la Fe conforme a las fuentes de distintos autores
muy doctos en la materia. En principio se ha buscado una definición propia y
autentica de la palabra Fe, y se ha puesto en claro que la Fe como tal posee tres
significados graduales complementarios e indisolubles, admisibles por la razón. A su
vez la razón, para ser digna de recibir y salvaguardar la Fe, se ha recalcado que tiene
que estar regida a los principios universales lógicos en su modo de proceder; con lo
cual se puso de manifiesto la relacionalidad y complementariedad entre la Fe y la
razón. Dando por entendido que la supuesta incompatibilidad entre fe y razón es
errónea y falsa; no quedando argumentos racionales que anulen la fe del campo del
conocimiento. Entre tanto se ha argumentado racionalmente que la Fe cristiana es la
máxima expresión de la verdad porque puede ser razonada y justificada sobre
razones suficientes históricas, además que compromete al hombre a tomar decisiones
trascendentales en la verdad. Dicho de otro modo, la Fe cristiana en su conjunto es
razonable, porque puede ser justificada sobre una base lógica histórica. Y con una
concepción exacta de la definición de los términos fe y razón, como se ha precisado
en los puntos trabajados, no tendremos ningún problema en dar razones de nuestra fe.
Por ello considero fundamental tener una definición exacta y precisa de cualquier
término que usemos en cualquier ámbito de conocimiento, para de este modo
arrancar de raíz toda falacia que ponga en duda a la verdad de la fe. Con esta síntesis
queda pues demostrada la importancia de mantener un sentido crítico frente a la
realidad histórica de la fe para complacerse en su verdad, y la continuidad de seguir
explorando las verdades reveladas.
BIBLIOGRAFIA
14
JUAN PABLO II, “Carta Encíclica fides et ratio” (24.06.2018), Paulinas, Perú 2002.
Texto original: AAS 91 (1999) 5-88
LORING Jorge, Para Salvarte, San Pablo, Bogotá 2013.
MAESTRE Barrio José maría, “circularidad fe-razón” en Joseph Ratzinger/Benedicto
XVI, pensamiento y cultura, Madrid 2013, 167 – 201.
ECHAVARRÍA Martin, la analogía de fe y razón en Santo Tomas de Aquino, en
[Link] (25.07.2018)
CARREIRA Manuel, ciencia y fe. ¿Relaciones de complementariedad? En
[Link](05.08.018).
CARREIRA Manuel, verdad, ciencia y fe, en
[Link]
15