Psicopatologia General
Psicopatologia General
&.
Editor:
Serafln Lemos Girákdez
Universidad de Oviedo
Colaboradores:
Elena García Vega
Universidad de Oviedo
la psiquiatría ha de definirse entonces o bien como una disciplina médica que estudia y
trata a las personas que exhiben conductas anómalas o trastornadas, o bien simplemente
como la tecnología -conjunto de conocimientos científicos y de recursos y medios técni-
cos- del tratamiento de dichos trastornos -la psico(pato)logía aplicada. Con la primera
opción, difundida sobre todo por los partidarios de una disciplina medicalizada, se inten-
tará defender la inclusión -harto dudosa- de la investigación psico(pato)lógica pura den-
tro del ámbito de la medicina y la En el segundo caso, se reduce la psiquiatría
al puesto real que ocupa: una tecnologia basada en una serie de conocimientos teóricos
proporcionados por diversas ciencias [...] y una serie de instrumentos y recursos técnicos
propios de otras ciencias aplicadas y tecnologías: quimica aplicada, física aplicada, etc.
Hemsley (1 984: 577) define la psicopatología como "el intento de explicar los fenó-
menos sobre la base de conceptos y teorías derivadas de la investigación científica de la con-
ducta animal y humana". Millon y Klerman (1986: ix) sostienen que "aunque el término
'psicopatología' fue utilizado en el pasado como sinónimo de sintomatología descriptiva,
ahora puede ser justamente utilizado para representar 'la ciencia de la conducta anormal y
de los trastornos mentales'. Sus métodos de estudio actualmente incluyen tanto procedi-
mientos clínicos como experimentales".
Resumiendo, a tenor de las puntualizaciones anteriores, la psicopatología es la ciencia
que estudia la conducta anormal centrándose en tres áreas:
Una definición de este tipo implica su caracterización como una disciplina básica, más
bien que aplicada, y que, además, se conforma de modo interdisciplinar por cuanto se nutre
de información convergente de otras disciplinas científicas como son la psicología, la neu-
rología, la genética, la fisiología, etc., en la medida en que ninguna de estas ciencias aisla-
damente logra explicar satisfactoriamente la conducta anormal.
Las aportaciones específicas de la psicología son fundamentales en una concepción
moderna de la psicopatología, tradicionalmente ajena al desarrollo de la psicología científi-
ca y ocupada de un descriptivismo vacío y especulativo, proporcionándole un marco refe-
rencial explicativo sobre las teorías de la conducta y de las cogniciones humanas.
Capítulo 1: Psicopatología: objeto y método
los conceptos [de salud y enfermedad] son ambiguos, y sirven como nociones tanto expli-
cativas como evaluativas. Describen el estado de cosas, las condiciones fácticas, al tiempo
que las juzgan como buenas y malas. La salud y la enfermedad son conceptos normativos
además de descriptivos [...] La salud -afirma más adelante- es más bien un termino esté-
tico que ético; es más belleza que virtud. Así, no se condena a nadie por no haber tenido
Psicopatología general
nunca buena salud, si bien se puede sentir simpatía hacia 41 tras la pérdida de un bien. Más
aún, no está claro qué es exactamente lo que se pierde cuando se pierde la salud.
a) Dolorosa o perturbadora para el propio sujeto y10 para las personas próximas.
6) Incapacitante para llevar a cabo otros comportamientos.
e) Dificultadora del contacto con la realidad.
d) Socialmente inapropiada en la subcultura del individuo.
Capítulo 1: Psicopatología: objeto y método
Diversos autores, de entre los cuales Szasz es el más representativo, han sostenido que el
concepto de trastorno mental es puramente evaluativo, como etiqueta justificada para man-
tener el poder médico y de las profesiones implicadas. En consonancia con este punto de vis-
ta, consideran ilegítimo el uso de diagnósticos basándose en razones éticas, epistemológicas
y prácticas, y razones que afectan a la propia natyraleza del trastorno. En relación con el pri-
mer aspecto, aducen las consecuencias de e~ti~matización social de las personas diagnosti-
cadas y el uso de los diagnósticos como medio de control social; sin embargo, parece dudo-
so que estos problemas puedan llevar a concluir que el concepto sea equivocado, sino más
bien que a veces puedan derivarse inconvenientes sociales del mismo. En cuanto al segundo
aspecto, Szasz sostiene que así como es legítimo
- hablar de trastorno físico, en la medida en
que existe lesión anatómica objetivable, el concepto de trastorno mental es puramente ana-
lógico o metafórico y se utiliza para calificar a aquellas personas que se desvían de las nor-
mas sociales, sin que se pueda demostrar la existencia de lesión orgánica alguna.
En opinión de Wakefield (1992), la debilidad del argumento de Szasz radica precisa-
mente en la exigencia de lesión para determinar la existencia de trastorno físico. Un argu- -
mento de este tipo contiene dos tesis: que una lesión sea simplemente una desviación esta-
dística de una estructura anatómica normal, y que el trastorno físico sea una simple lesión.
Los hechos demuestran, sin embargo, que existen desviaciones estadísticas desde el punto
de vista físico que no son consideradas trastornos, así como lesiones que pueden suponer
anormalidades que no son nocivas y que no son consideradas trastornos.
La apelación a lesiones físicas como criterio de enfermedad o trastorno puede resultar,
en sí misma, insuficiente y confusa. Podría suceder que, en un determinado momento del
desarrollo científico, algunos problemas no fuesen considerados trastornos o enfermedades
y algún tiempo más tarde fuesen calificados como tales una vez que hubiera sido identifi-
cada una patología demostrable; con lo cual, los trastornos variarían en función del estado
de los conocimientos. Además, la definición de enfermedad en función de las perturbacio-
nes biológicas subyacentes no resuelve plenamente el problema, mientras no se defina con
mayor precisión en qué consisten dichas perturbaciones.
Como exponente de las dificultades para la definición de las enfermedades somáticas,
Cooper y Cooper (1988b: 13) afirman que
ligencia, energía, etc.), podría añadirse el requisito de que la desviación fuese en dirección
negativa, como sucede con la estrategia seguida en las modernas clasificaciones psiquiátri-
cas; sin embargo, también sucede que hay muchas conductas que son estadísticamente des-
viadas e indeseables y que no suelen ser consideradas trastornos sino conductas criminales,
descorteses, moralmente repugnantes, etc. En términos de la valoración psicológica, no pue-
de considerarse trastorno a ser torpe o "patoso", desde el punto de vista del funcionamien-
to motor, o el tener tiempos de reacción anormalmente lentos. Para mayor dificultad, algu-
nos estados normales, dentro de un determinado contexto, se consideran trastornos. La
arteriosclerosis, muchos casos de alergias o la caries dental son algunos ejemplos de proble-
mas físicos frecuentes, por no referir enfermedades endémicas como la malaria, el bocio u
otras. Por ello, la desviación estadística no puede ser un componente esencial de lo que se
entiende por trastorno, aunque pueda estar también presente.
La sola utilización de criterios normativos'iesulta también insuficiente para definir la
anormalidad psicológica. Si bien los valores forman parte del concepto de trastorno, no son
su componente esencial. De hecho, existen diversos estados no deseables que son califica-
dos como trastornos, como son la pobreza, la ignorancia, el rechazo sexual. Precisamente,
el hecho de que los trastornos no se hndamentan en valores da lugar a que determinados
problemas no sean considerados unánimemente como tales por las personas que compar-
ten las normas y los valores sociales, existiendo importantes desacuerdos. Esto puede apli-
carse a los estados conocidos como síndrome premenstrual, hiperactividad o alcoholismo.
Resulta evidente que la valoración social de un problema nada tiene que ver con sus causas,
constituyendo solamente una explicación parcial del mismo. .
Las dificultades que se derivan tanto del concepto normativo como del estadístico ponen
en evidencia su inadecuación, al menos como único criterio para definir la normalidad o
anormalidad psicológica.
ligencia, energía, etc.), podría añadirse el requisito de que la desviación fuese en direccidn
negativa, como sucede con la estrategia seguida en las modernas clasificaciones psiquiátri-
cas; sin embargo, también sucede que hay muchas conductas que son estadísticamente des-
viadas e indeseables y que no suelen ser consideradas trastornos sino conductas criminales,
descorteses, moralmente repugnantes, etc. En términos de la valoración psicológica, no pue-
de considerarse trastorno a ser torpe o "patoso", desde el punto de vista del funcionamien-
to motor, o el tener tiempos de reacción anormalmente lentos. Para mayor dificultad, algu-
nos estados normales, dentro de un determinado contexto, se consideran trastornos. La
arteriosclerosis, muchos casos de alergias o la caries dental son algunos ejemplos de proble-
mas físicos frecuentes, por no referir enfermedades endémicas como la malaria, el bocio u
otras. Por ello, la desviación estadística no puede ser un componente esencial de lo que se
entiende por trastorno, aunque pueda estar también presente.
La sola utilización de criterios normativos'iesulta también insuficiente para definir la
anormalidad psicológica. Si bien los valores forman parte del concepto de trastorno, no son
su componente esencial. De hecho, existen diversos estados no deseables que son califica-
dos como trastornos, como son la pobreza, la ignorancia, el rechazo sexual. Precisamente,
el hecho de que los trastornos no se fundamentan en valores da lugar a que determinados
problemas no sean considerados unánimemente como tales por las personas que compar-
ten las normas y los valores sociales, existiendo importantes desacuerdos. Esto puede apli-
carse a los estados conocidos como síndrome premenstrual, hiperactividad o alcoholismo.
Resulta evidente que la valoración social de un problema nada tiene que ver con sus causas,
constituyendo solamente una explicación parcial del mismo. .
Las dificultades que se derivan tanto del concepto normativo como del estadístico ponen
en evidencia su inadecuación, al menos como único criterio para definir la normalidad o
anormalidad psicológica.
plantea bastantes objeciones, especialmente derivadas del hecho de que mientras que muchos
trastornos físicos pueden detectarse mediante síntomas que daramente se desvían de la nor-
malidad (fiebre, vómitos, elevación de la tasa de glóbulos blancos, inflamación, etc.), trau-
matismo~,agentes patógenos o tóxicos, en los trastornos mentales los síntomas suelen variar
en intensidad respecto a las conductas consideradas normales y son interpretados dentro de
una determinada teoria psicológica.
! De este modo, una definición que englobase los criterios anteriores vendría a determi-
'
: nar la existencia de anormalidad en aquellos casos en que un déficit o exceso conductual dé
lugar a que un individuo se juzgue a sí mismo infeliz y busque ayuda profesional, o bien
que su conducta represente un peligro para sí mismo o para las demás personas.
-
27
Psicopatoiogía general
Una definición integradora como la anterior es coincidente con la propuesta por la Ame-
rican Psychiatric Association (1995: 2 1) en el sistema clasificatorio DSM-IV:
una condición es un trastorno mental si y sólo si: a) dicha condición causa algún daño o
privación de beneficio a la persona, a juzgar por los estándares de la cultura a la que per-
tenece (criterio de valor); y b) la condición es el resultado de la incapacidad de algún meca-
nismo mental para llevar a cabo su función, siendo la función natural un efecto que for-
ma parte de la explicación evolutiva de la existencia y la estructura del mecanismo mental.
en los que la respuesta de temor sea similar en intensidad a la encontrada en muestras clí-
nicas. Por el contrario, los estudios de análogos sobre la depresión generalmente se reali-
zan sobre sujetos con niveles de depresión moderados; lo cual podría reflejar procesos dife-
rentes a los que operan en las muestras clínicas. Este problema, que está presente en el
estudio de las dimensiones básicas de la depresión, todavía es más acusado en los trastor-
nos esquizofrénicos.
La inducción experimental de la conducta anormal en el laboratorio también es una
estrategia para la investigación en psicopatología, en donde la conducta patológica podría
ser modelada y reproducida en el laboratorio con animales o humanos. Este procedimien-
to de investigación ofrece la ventaja, sobre los métodos de comparación de grupos, de lograr
una especificación precisa de la etiología de los fenómenos anorniales; sin embargo, el mode-
lo rara vez constituye una clara réplica de los trastornos de origen natural y su utilidad resi-
de solamente en la medida en que logre imitar el fenómeno o pueda sugerir posterior expe-
rimentación.
Los problemas comunes que plantean tanto los modelos animales como los humanos
son las limitaciones éticas y las derivadas del intento de duplicar los fenómenos clínicos.
Otra cuestión importante en la investigacibn psicopatológica es la limitación que se deriva
de centrarse en muestras clínicas, generalmente formadas por pacientes hospitalizados y tra-
tados para resolver sus problemas, en donde no siempre es posible el control experimental
del grupo o del problema. Esta limitación puede obligar al investigador a llevar a cabo dise-
ños cuasi-experimentales.
A pesar de las limitaciones existentes en la realización de investigaciones con diseños
experimentales en psicopatología, es posible obtener conclusiones válidas mediante estu-
dios correlacionales. Por ejemplo, en la investigación epidemiológica, varios criterios son
útiles para juzgar si existe una relación causal entre un factor de riesgo y un trastorno: la
fuerza de la asociación, la consistencia entre los estudios, la secuencia temporal, la especi-
ficidad del riesgo en relación con el trastorno y la congruencia del hallazgo con los conoci-
mientos ya existentes.
MUESTRE0 DE Se emplea la estrategia Identificar las patologías y los Estudio diferencial de sujetos La prioridad causal es la principal
CASO CONTROL de caso-control para la antecedentes de un trastorno. esqui~ofrénicosversus normales dificultad; es decir, la ambiguedad
selección de los sujetos, en una prueba para medir el en la dirección de la causalidad.
1. Evaluación siendo posteriormente nivel de vigilancia o atención A l tratarse de un diseño co-
transversal evaluados todos los su- sostenida. rrelacional, es difícil saber si una
jetos transversalmente. determinada observación refleja
una característica central del cua-
dro clínico, es un mero efecto
periférico del mismo o es el resul-
tado de una tercera variable no
específica. Cuando se emplea para
investigar los antecedentes de un
trastorno, este diseño plantea la
.. incertidumbre con respecto a la
información retrospectiva.
n
3
2. Evaluación Se emplea la estrategia identificar los antecedentes de Estudio de las características Dudas respecto a la calidad y fia- 5
retrospectiva de caso-control para la un trastorno, generalmente en tempranas de pacientes esqui- bilidad de las informaciones. Con u
"
selección de los sujetos, función de datos escolares o zofrénicos frente a depresivos u estos diseños se puede crear fal-
siendo luego evaluados sociales. otros controles; o bien estudio samente la ilusión de una predic-
en relación con el pe- del rol de los acontecimientos ción cierta sobrevalorando deter- o
riodo anterior a la selec- vitales con respecto a los inten- minados hallazgos. 5
ción. tos de suicidio en pacientes que
han manifestado esta conducta
8-
frente a los que no la han mani-
$,
O
festado. 0-
k.
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o
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(.../...) 3
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Cuadro 1.1. (continuación.) 2
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4. Seguimiento Los casos y los contro- Diseño adecuado para investi- Estudio de la "historia natural" Al igual que los demás diseños
prospectivo les se determinan y se gar la patología en sus carac- de la esquizofrenia u otras cate- longitudinales, que implican más
evalúan al principio del terísticas longitudinales (fase gorías diagnósticas; o de las de una valoración, este diseño es
estudio. Posteriores eva- aguda y periodos asintomáti- características diferenciales de vulnerable a los efectos perjudi-
luaciones se repiten a COS); en especial para determi- subtipos de la esquizofrenia (por ciales y sesgos derivados de las
intervalos fijados de an- nar si algunas características ejemplo, tipo I y tipo II) en fun- bajas de la muestra. Es muy impor-
temano, en un segui- patológicas potenciales refle- ción de los síntomas positivos y tante controlar en este diseño el
miento longitudinal. jan simplemente un estado negativos presentes en la fase número de contactos previos de
general de desorganización o inicial de hospitalización. tratamiento que hayan tenido los
algún rasgo más persistente. pacientes, siendo deseable incluir
el mayor número posible de pri-
meros ingresos. Es un diseño pro-
porcionalmente más caro y que
requiere mayor inversión de tiem-
po para obtener resultados.
Cuadro 1.1. (continuación.)
Di5 Procedimiento Objetivos y a/ Ejern itaciones
- -
DISEROS DE Evaluación longitudinal Aplicable para evaluar las con- Valoración de hipótesis de mar- Plantea los mismos inconvenien-
MUESTRA de una cohorte de suje- secuencias etiológicas poten- cadores de "vulnerabilidad" para tes que los diseños longitudina-
COHORTE tos que comparten una ciales de alguna experiencia o la esquizofrenia o depresión; o les, en cuanto a los efectos de la
determinada caracterís- característica particular, gene- bien de los efectos tardíos de atrición, el costo y demora en la
5. Criterios de tica, comparativamen- ralmente considerada como una experiencia infantil, como obtención de resultados, y al he-
selección te con un grupo con- "factor de riesgo" para una de- la pérdida temprana de los cho de ser un diseño correlacio-
teórica trol. terminada patología, de acuer- padres. nal y no experimental.
do con una predicción teórica.
6. Criterio En este diseño, las Aplicable a estudios que pre- Estudio de la influencia de los La generalización del diseño de
empírico de cohortes de sujetos tendan describir prospectiva- factores genéticos como deter- alto riesgo, ya que no siempre es
selección (considerados de "alto mente los antecedentes de un minantes de un alto riesgo para fácil evaluar si los antecedentes
riesgo") se seleccionan trastorno concreto y no evaluar padecer un determinado cua- manifestados por la cohorte son
de acuerdo con criterios los efectos potenciales del cri- dro clínico. La cohorte selec- representativos de la población que
prácticos, a la vez que terio de selección que son, de cionada estaría formada por manifiesta el trastorno. La necesi-
se forma un grupo con- hecho, conocidos. Los sujetos hijos de padres que padecen dad de esperar a que el grupo de
trol equiparado en las son valorados ampliamente a dicho trastorno. Los sujetos son alto riesgo haya pasado la mayor Q
variables principales. intervalos de varios años. estudiados longitudinalmente parte del periodo de riesgo. v
3
antes de la eventual aparición
de la sintomatología y hospita-
lización.
7. Muestra
representativa
Estudio prospectivo de
una cohorte represen-
El diseño intenta evitar los pro-
blemas de generalización del
Seguimiento a largo plazo de
una muestra urbana, geográfi-
El costo y las dificultades logísii-
cas que requiere un seguimiento
2E
tativa de la población estudio de alto riesgo y evaluar camente representativa, con de grandes muestras reduce la
general. la importancia de cualquier objeto de describir los antece- aplicabilidad del diseño a grupos $'
factor de riesgo que sea medi- dentes y evolución del alcoho- de diagnóstico frecuentes y que 0
do, tal como ocurre de mane- lismo. tienden a manifestar los proble-
ra natural en la población. mas clínicos relativamente pron- 8
v
to en la vida. 3
Cuadro 1.1. (continuación.)
Diseño Procedimiento ietivos y aF Ejem,plos Limi
DISENOSDE Evaluación longitudinal Aplicable para evaluar las con- Valoración de hipótesis de mar- Plantea los mismos inconvenien-
MUESTRA de una cohorte de suje- secuencias etiológicas poten- cadores de "vulnerabilidad" para tes que los diseños longitudina-
COHORTE tos que comparten una ciales de alguna experiencia o la esquizofrenia o depresión; o les, en cuanto a los efectos de la
determinada caracterís- característica particular, gene- bien de los efectos tardíos de atrición, el costo y demora en la
5 . Criterios de tica, comparativamen- ralmente considerada como una experiencia infantil, como obtención de resultados, y al he-
selección te con un grupo con- "factor de riesgo" para una de- la pérdida temprana de los cho de ser un diseño correlacio-
teórica trol. terminada patología, de acuer- padres. nal y no experimental.
do con una predicción teórica.
6. Criterio En este diseño, las Aplicable a estudios que pre- Estudio de la influencia de los La generalización del diseño de
empírico de cohortes de sujetos tendan describir prospectiva- factores genéticos como deter- alto riesgo, ya que no siempre es
selección (considerados de "alto mente los antecedentes de un minantes de un alto riesgo para fácil evaluar si los antecedentes
riesgo") se seleccionan trastorno concreto y no evaluar padecer un determinado cua- manifestados por la cohorte son
I
de acuerdo con criterios los efectos potenciales del cri- dro clínico. La cohorte selec- representativos de la población que
prácticos, a la vez que terio de selección que son, de cionada estaría formada por manifiesta el trastorno. La necesi-
se forma un grupo con- hecho, conocidos. Los sujetos hijos de padres que padecen dad de esperar a que el grupo de
trol equiparado en las son valorados ampliamente a dicho trastorno. Los sujetos son alto riesgo haya pasado la mayor
variables principales. intervalos de varios años. estudiados longitudinalmente parte del periodo de riesgo.
antes de la eventual aparición
de la sintomatología y hospita-
lización.
7. Muestra Estudio prospectivo de El diseño intenta evitar los pro- Seguimiento a largo plazo de €1 costo y las dificultades logísti-
representativa una cohorte represen- blemas de generalización del una muestra urbana, geográfi- cas que requiere un seguimiento
tativa de la población estudio de alto riesgo y evaluar camente representativa, con de grandes muestras reduce la
general. la importancia de cualquier objeto de describir los antece- aplicabilidad del diseño a grupos
factor de riesgo que sea medi- dentes y evolución del alcoho- de diagnóstico frecuentes y que
do, tal comoocu'rre de mane- lismo. tienden a manifestar los proble-
ra natural en la población. mas clínicos relativamente pron-
to en la vida.
Cuadro 1.1. (continuación.)
-.*-.<.- ' . . - , . % . , L . , . . .
Diseño Procec Objetívos y aplicaciones Ejemplos Limitacíones
DISENOSCON- Valoración de los fami- Método de historia familiar, Estudio de los distintos modelos Dificiiltad para diferenciar las rela-
SANGU~NEOS liares de los casos clí- que puede tener una orienta- de transmisión genética de los ciones genéticas de las ambienta-
nicos y los controles, ción genetista o ambientalista, trastorno2 afectivos; o bien de la les o el modo de interacción entre
8. Diseños sin conocer el status de para el estudio de la prevalen- influencia de la comunicación ambas. Es difícil inferir la relación
familiares cada sujeto. La entre- cia de determinados trastornos. familiar y de los estilos de inter- de causalidad en estos estudios,
vista familiar semies- En la orientación genetista se vención en la esquizofrenia. debido a la alta correlación entre
tructurada suele ser el plantea el objetivo de identifi- las relaciones genéticas y ambien-
método más utilizado. car el modo de transmisión, tales.
proporcionar información sobre
las relaciones entre el diag-
nóstico o investigar la hetero-
geneidad dentro de un grupo
diagnóstico. En la orientación
ambientalista se intentan inves-
tigar las características familia-
res hipotéticamente inductoras
del trastorno.
9. Diseños con Determinación de las Se han utilizado para estimar Estudio de las relaciones gené- Dificultades derivadas de la
gemelos tasas de concordancia la importancia de las influen- ticas entre grupos diagnósticos; ~ b t e n c i ó nde la muestra, debido
en un diagnóstico entre cias genéticas en la etiología o bien identificación de la hete- al hecho poco común de ser
gemelos MZ y DZ. Eva- de un trastorno. Estos estudios rogeneidad potencial dentro de gemelos (1 de cada 83 nacimien-
luación de las parejas buscan mantener constante el un grupo diagnóstico. tos) y de coincidir en un tipo con-
gemelares discordantes grado de relación ambiental, creto de diagnóstico.
en un diagnóstico, en mientras varía el grado de rela-
función de las diferen- ción genética.
cias potenciales de sus
experiencias.
Cuadro 1.1. (continuación.)
Diseño Procedimiento Objetivos y aplicacione Ejemplos Limitaciones
-
10. Diseños de Identificación de suje- Estos diseños intentan delimi- Estimación del riesgo de esqui- Los mismos que plantean los dise-
adopción tos adoptivos que tie- tar las relaciones genéticas y zofrenia u otro trastorno entre ños familiares en cuanto a dificul-
nen algún padre bioló- ambientales en la transmisión adoptivos con padres biológicos tad para controlar influencias
gico afectado por un de una psicopatología especí- afectados, como indicador de ambientales que pueden interac-
trastorno, separados al fica. influencias geneticas en la trans- cionar con las genéticas.
nacer de sus padres bio- misión del problema clínico.
*
lógicos. Posterior eva-
luación y diagnóstico a
ciegas de los sujetos ya
adultos, sin conocer el
status de sus padres bio-
lógicos, así como de un
grupo de adoptivos
controles.
Psicopatología general
Los diseños con análogos son especialmente útiles en psicopatología cuando la investi-
gación con muestras clínicas no permite hacer las manipulaciones experimentales deseadas,
tanto por razones éticas como de tipo práctico. Las muestras utilizadas en estos diseños no
pertenecen a la población clínica, si bien comparten alguna característica común con aque-
lla que se desea esclarecer. Tal es el caso de los trabajos realizados con estudiantes sobre la
depresión.
El punto crítico de la investigación con análogos es el de la validez externa o generali-
zación, puesto que la utilidad de estas investigaciones dependerá del hecho de que los resul-
tados puedan extenderse a una población determinada. Los cnálogos pueden diferenciarse
de las muestras clínicas en diversas dimensiones; una dimensión importante es la de la inten-
sidad de los síntomas, mostrando generalmente los primeros niveles de menor gravedad clí-
nica. Esta diferencia puede conllevar repercusiones importantes sobre los resultados de un
estudio, con el consiguiente efecto sobre la generalización de éstos. Otra diferencia entre
análogos y muestras clínicas reside en que aquéllos generalmente están compuestos por estu-
diantes, normalmente más jóvenes, más inteligentes y con mayor homogeneidad cultural.
Además, el reclutamiento y la investigación suelen hacerse en laboratorios o centros de estu-
dios en vez de hospitales, lo cual puede dar lugar a variaciones en el nivel de motivación que
posiblemente afecten a los resultados.
A pesar de las amenazas a la validez externa, las investigaciones con análogos poseen ven-
tajas potenciales si aquéllas pueden ser controladas. Mientras que en muestras clínicas no
siempre es posible diseñar el experimento óptimo, con los disefios de análogos es más fac-
tible neutralizar las amenazas a otros tipos de validez, especialmente a la validez interna y a
la validez de conclusión estadística. La solución ideal frente a las amenazas de la validez exter-
na podría obtenerse integrando estudios con análogos en amplios programas de investiga-
ción, de modo que se puedan contrastar los hallazgos obtenidos con análogos con los de
muestras clínicas.
Una última limitación a la investigación con análogos es el no ser una estrategia inves-
tigadora de aplicación universal en psicopatología. Por ejemplo, mientras que es relativa-
mente fácil encontrar análogos en el estudio de fenómenos del tipo de la depresión, las fobias
o la ansiedad, resultaría muy poco convincente un estudio con análogos en cuestiones del
tipo de los trastornos delirantes o de la hipomanía.
Historia de la psicopatología
Suele aceptarse sin excesivas discusiones la idea de que el concepto de trastorno mental
en los pueblos primitivos compartía las características generales de su visión del mundo: pen-
samiento animista y supersticioso, mítico y religioso. Determinados hallazgos son interpre-
tados como confirmaciones de esa visión de los pueblos primitivos; los cráneos trepanados
procedentes de la Edad de Piedra encontrados en Perú, por ejemplo, son atribuidos a prác-
ticas encaminadas a liberar a sujetos con trastornos mentales de supuestos espíritus malignos
contenidos en su cabeza. Tales hallazgos, no obstante, son también interpretables de manera
alternativa: su propósito podría habe; sido reducir la presión intracraned, o podrían ser sim-
plemente el resultado de fracturas producidas por armas de guerra (Carrobles, 1985).
Al parecer, la idea de que los pueblos primitivos utilizaban la trepanación de los cráneos
para permitir que los demonios malignos abandonaran la cabeza de sus víctimas se debe a
Paul Broca (Maher y Maher, 1995) y ha sido reflejada, desde que fuera formulada, en mul-
titud de trabajos posteriores (Mears y Gatchel, 1979; Sarason y Sarason, 1980; Vázquez,
1990). Pero otras muchas interpretaciones son igualmente posibles, desde las que sugieren
Psicopatología general
que eran intervenciones quirúrgicas tan "biologistas" como las actuales (resolver presión
intracraneal, por ejemplo), hasta las que, aun compartiendo los supuestos mágicos de las
interpretaciones demonológicas, se diferencian de ellas por la finalidad que atribuyen a tales
prácticas (podrían estar basadas en la neurofagia, es decir, en la creencia de que al ingerir el
cerebro de las víctimas se adquirían sus cualidades positivas).
La dificultad para obtener datos procedentes de épocas tan lejanas hace que se deba infe-
rir lo que ocurría, en gran parte, recurriendo a la ayuda de la comparación con pueblos actua-
les que (se supone) se encuentran en niveles de desarrollo cultural parecidos. A partir de
estas comparaciones se infiere que el hombre primitivo se enfrentaba a los fenómenos natu-
rales con un tipo de pensamiento prelógico o mágico. La figura,del chamán ejemplifica con
claridad esta manera de afrontar la realidad a través de ceremonias rituales. Como la demo-
nología, el chamanismo está basado por tanto en un pensamiento de tipo mágico; pero si
en la demonología el pensamiento mágico'adquiere connotaciones negativas, en el chama-
nismo en cambio tiene una función positiva para la sociedad. A la luz de los conocimientos
psicopatológicos actuales el chamán es una figura con características similares, si no idénti-
cas, a las de las personas afectadas por desórdenes psicóticos, pero en las sociedades a las que
pertenecía desarrollaba un papel positivo al atribuírsele poder curativo por su capacidad para
mediar entre el mundo material y el mundo espiritual.
Con mayor seguridad, puesto que se trata de culturas literarias que han legado docu-
mentos escritos, puede afirmarse que sociedades anteriores a la griega, como la mesopotá-
mica, la hindú, la china y la hebrea (Zilboorgy Henry, 1968) consideraban la conducta anor-
mal como el resultado de la posesión de una persona por espfritus malignos (Egipto puede
considerarse en parte una excepción, puesto que existen documentos escritos de aquella épo-
ca, como el papiro de Edwin Smith, que fue encontrado en Tebas y que data aproximada-
mente del afio 1500 a. C., en los que se constata la localización de las funciones mentales en
el cerebro). Incluso los primeros tiempos de la cultura griega se caracterizaron por este pen-
samiento demonológico. En mesopotamia se consideraba que la persona con una enferme-
dad o con un trastorno mental sufría un castigo divino proporcionado por espiritus malig-
nos que penalizaban así sus faltas (el demonio Idta, e n particular, era el responsable de la
locura). El hinduismo llega a especificar los siete demonios que producen distintos tipos
de locura, y en la China influida por el confucionismo se pensaba que la locura se producía
cuando no se respetaban las tradiciones de los antepasados, debiendo invocarles para volver
a la normalidad (Belloch, 1987). La concepción de la locura en la cultura hebrea puede dedu-
cirse a partir de escritos como el Antiguo y el Nuevo Testamento; de ellos se desprende que
el trastorno mental también era atribuido a un castigo divino. De manera similar a lo que se
supone que ocurría en los pueblos prehistóricos, en los que el chamán se responsabilizaba de
intermediar entre el loco y los demonios que lo habían poseído, entre los mesopotárnicos y
los hebreos la figura social encargada del tratamiento del loco debía mediar entre éste y la
divinidad, estando por tanto tal función reservada para los sacerdotes. La influencia de la
cultura hebrea sobre el mundo occidental a través del cristianismo, y la estrecha relación que
aquella establece entre locura y religión, van a marcar gran parte de la evolución que segui-
rá en Cpocas posteriores el tratamiento que el loco recibe de la sociedad.
Capítulo 2: Historia de la psicopatología
la expresión latina temperamentum, que significa mezcla proporcionada -de los humores
corporales- (Rothbart, 1989) o "complexión (krasis) para referirse a la constitución. Para
hablar del hábito corporal, una de las manifestaciones de la constitución, empleó el térmi-
no &s.
De acuerdo con la concepción hipocrática, Galeno distingue cuatro humores corpora-
les: sangre (fabricada por el corazón), bilis amarilla o cólera (debida al hígado), bilis negra
o melancolía (producida en el bazo) y pituita o flema (debida al cerebro). Son las actualiza-
ciones de dos enantiosis u oposiciones fundamentales: caliente-frío y húmedo-seco. La cons-
titución (el temperamento en la terminología galénica) es el resultado de la mezcla de las
cualidades fundamentales (caliente, frio, húmedo y seco), q w se manifiesta en la mezcla
temperada o intemperada de los humores corporales. Estas posibilidades (Pinillos et al.,
1976) de combinación son nueve según Galeno: una mezcla temperada, en la que ninguna
cualidad excede a las otras, y ocho intemp&adas, de las cuales cuatro son simples (húmedo,
frío, seco y cálido) y cuatro compuestas (húmedo y cálido, seco y cálido, frío y húmedo, y
frío y seco). De lo que se acaba de comentar se deriva que la atribución tradicional a Gale-
no de la cuádruple tipología temperamental compuesta por los tipos sanguíneo, colérico,
melancólico y flemático (por ejemplo Eysenck, H. J. y Eysenck, M. W., 1987) en realidad
es incorrecta (Rothbart, 1989). El origen de esa falsa atribución está en los escritos pseudo-
galénicos de la alta Edad Media (por ejemplo el Libro acerca de la naturaleza y el orden del
cuerpo, publicado en la edición de los Giunta de las obras completas de Galeno-Pinillos et
al., 1976). No se descubrirá el error hasta que las traducciones del árabe en el siglo XI per-
mitan leer los textos galénicos auténticos. En la obra de Galeno se encuentran, efectiva-
mente, los términos melancólico y flemático, en referencia a dos de los temperamentos
intemperados compuestos, pero los términos sanguíneo y colérico no se aplican a los dos
temperamentos intemperados compuestos restantes.
En cuanto a la relación entre constitución y rasgos psicológicos (incluyendo las caracte-
rísticas psicopatológicas), Galeno expresa la idea de que las costumbres (los rasgos) están direc-
tamente relacionadas con los temperamentos (la constitución) aunque, recogiendo también
aquí la tradición hipocrática, ello no quiere decir que se niegue la importancia de la influen-
cia de las circunstancias ambientales (especialmente el clima, la dieta y la educación), que pue-
den afectar a las costumbres a través de su influencia sobre el temperamento. La idea básica
abrazada por los seguidores de Galeno era que la enfermedad (tarnbitn la enfermedad men-
tal) era debida a un desequilibrio humoral; así, por ejemplo, la epilepsia era atribuida a un
exceso de flema y la excitación nerviosa era achacada a un sobrecalentamientode la sangre. En
consecuencia, muchas de las medidas terapéuticas que se tomaban consistían en intervencio-
nes físicas con las que se buscaba reducir o aumentar la cantidad de uno o varios humores.
Las ideas de Galeno referentes a la constitución se encuentran ordenadas y sistematiza-
das en cuatro escritos: Acerca de los temperamentos, Que las costumbres del alma son conse-
cuencia de los temperamentos de¿cuerpo, Acerca de la óptima constitucidn de nuestro cuerpo, y
Acerca del buen hábito corporal (Pinillos et a l , 1976).
Otro autor de la época romana destacado para la historia de la psicopatología fue Cel-
so (siglo I d. C.). Algunas de sus descripciones del comportamiento trastornado se ajustan
Capítulo 2: Historia de la psicopatología
bastante bien a las que se manejan en la actualidad. Así, por ejemplo, distinguía entre la
locura y el delirium, siendo éste un trastorno transitorio debido a la fiebre, mientras que en
la locuia la demencia se mantiene de forma prolongada en el tiempo. También hizo una dis-
tinción entre dos tipos de engaiíos perceptivos similares a lo que hoy se denominan ilusio-
nes y alucinaciones; y entre alteraciones del estado de ánimo de signo opuesto como la tris-
teza y la euforia.
El dualismo importado por la Grecia clásica desde Oriente no quedó anulado en abso-
luto por visiones materialistas de las cosas como la aportada por Galeno. La figura de Pla-
tón había construido un pilar sólido y duradero de las tesis dualistas.
Además, Platón explicitó una estructura jerárquica para describir la organización del
alma que se mantiene viva aun en la actualidad en las más variidas creencias populares y
doctrinas filosóficas, y que se trasladó a los presupuestos básicos de diversas teorías sobre los
trastornos mentales a través del puente histórico tendido por H. Jackson. En La República
Platón argumenta que las Formas son eternas e invariables. El conocimiento verdadero vie-
ne dado por ellas, que no son aprehensibles por los sentidos sino por el intelecto. En la mis-
ma obra, Platón expone su noción sobre la composición tripartita del alma: apetitiva, emo-
cional y racional; incorporando más tarde la parte apetitiva en la racional. La parte emocional
quedaba relegada a un nivel inferior. La organización jerárquica a que se hace referencia vie-
ne dada por la distinción de Platón entre un alma inmortal (la razón o el intelecto divinos),
que se alojaba en la cabeza, y un alma inferior mortal. A su vez en el alma mortal se distin-
guían dos niveles, uno cargado de coraje y pasión que se alojaba en el pecho, y otro encar-
gado de la nutrición y la reproducción que tenía su localización bajo el diafragma. Los nive-
les superiores del alma deben, según Platón, ejercer su control sobre los inferiores, dado que
si esto no ocurre aparece el trastorno mental.
Estas concepciones dualistas serán reavivadas en los últimos períodos de la época roma-
na por la influencia de las culturas orientales y, en particular, por la importación que hace
el cristianismo de las concepciones religiosas de la enfermedad mental presentes en el ju-
daísmo. El resultado será un progresivo oscurecimiento intelectual que conducirá hasta la
Edad Media.
Probablemente la característica fundamental de la Edad Media es la impregnación de
todos los ámbitos de la vida cotidiana por la religión. Se trata de una época en la que la orga-
nización de la sociedad está basada en grandes desigualdades, y en la que la religión es uti-
lizada por las clases acomodadas para intentar mantener su status privilegiado frente a la
inmensa mayoría de la población. La idea de un Dios todopoderoso que castiga implaca-
blemente cualquier desviación individual de la norma social y la esperanza de que una vida
posterior recompensará la miseria de la actual, son inculcadas prácticamente como únicos
contenidos educativos en la población.
Esta fuerte impregnación de la religión en todos los órdenes de la vida va a ser el factor
determinante de la concepción de la enfermedad mental que se tendrá en la época. Se tra-
ta, además, de una religión como el cristianismo que hereda del judaísmo la creencia de que
la locura es un castigo de Dios, y que recibe a través de la filosofía platónica una concep-
ción claramente dualista de la esencia humana.
Psicopatología general
para la Iglesia, incluyendo en esta clase a los locos. Tal persecución llega incluso a institu-
cionalizarse en la Santa Inquisición, creada por Inocencio 111en 1119. Herejes y brujas son
equiparados y acusados de prácticas satánicas, y su persecución se intensifica progresiva-
mente alcanzando su máxima expresión durante el siglo XV. Es entonces cuando se publica
la bula Summis Desiderantes Afectibw de Inocencio VIII, el Fomzicarius del dominico Nider,
y el Malleus Malleficamm de los también dominicos Sprenger y Kramer. De este Úitimo libro
se alcanzaron más de treinta ediciones durante los dos siglos siguientes; en él se detallan
minuciosamente algunas recomendaciones sobre los interrogatorios (tal vez las primeras
"entrevistas estructuradas" de la historia de la psicopatología -Spitzer, 1984-). Deutsch
(1949) estima que durante los siglos xv y x v fueron
~ ajusticiadas e? Europa más de 100.000
personas acusadas de brujería.
^
condría; aunque los tratamientos que recomendaba para otros enfermos mentales distaban
mucho de lo que cabría esperar que propusiera una persona con mentalidad científica. Para
los maníacos, por ejemplo, sugería la conveniencia de aplicar torturas dado que se recupe-
rarían antes así que si se les trataba mediante medicamentos (Zilboorg y Henry, 1968).
Durante el siglo XVIII se fortalece esta conceptualización de las enfermedades mentales
como enfermedades nerviosas. Cullen (17 10-1790), por ejemplo, califica como enfermeda-
des nerviosas o neurosis a todas las afecciones del sentido y del movimiento que no dependen
de una afección local de los órganos sino de una alteración más general del sistema nervioso.
Reil (1759-1813) define la enfermedad mental como una fiebre en la que están alteradas las
funciones nerviosas, y Whytt (1714-1766) se refiere a ella [Link] sensibilidad extrema del
sistema nervioso (Coto, Gómez-Fontanil y Belloch, 1995). Este concepto de la enfermedad
mental como alteración nerviosa funcional continuaría siendo defendido durante el siglo XE
por autores como Foville (1799-1878), sugiiiendo que se trata de enfermedades causadas por
un mal funcionamiento del sistema nervioso, sin que exista una alteración estructural.
No obstante, este concepto funcionalista de la enfermedad mental chocó pronto con
otra tendencia muy importante que buscaba el origen de la enfermedad mental en altera-
ciones anatómicas. A esta corriente anatomopatológica, que se desarrollaría principalmen-
te durante el siglo XX, pertenece Philippe Pinel (1715-1826).
En su Nosographie Philosophique distingue diferentes tipos de neurosis: de los sentidos,
de las funciones cerebrales, de los órganos de locomoción y la voz, de la nutrición y neuro-
sis afrodisiacas. Con respecto al problema de la localización anatómica de la neurosis, Pinel
afirma en el TraitP Médico-Philosophique sur Lhliénation Ment& ou la Manie (180 1) que no
ha encontrado evidencia de ninguna lesión orgánica en los 36 cadáveres de enfermos men-
tales analizados bajo su supervisión; al menos ninguna lesión específica que permita distin-
guir los diferentes tipos de enfermedad mental. Otros anatomopatólogos que tambikn bus-
caron la caracterización lesiona1negativa de las enfermedades mentales, como James Cowles
Prichard (1786-1848) fracasaron igualmente. El intento de correlacionar la locura con ano-
malías estructurales del cerebro parecía no conducir a buen puerto. Como consecuencia de
ello el enfoque fisiopatológico, funcionalista, fue ganando adeptos progresivamente. A las
aportaciones ya referidas de Cullen y Whytt en este campo hay que aríadir las de otros auto-
res como Brown (1735-1788), para quien la característica esencial de la vida es la excitabi-
lidad, es decir, la capacidad de reaccionar ante los estímulos. Toda enfermedad, también las
mentales, puede ser entendida como un exceso o un defecto de excitabilidad; en el primer
caso habla de estenia y en el segundo de astenia.
moral. Foucault (1964) señala que durante este período se hacía referencia a mecanismos
fisiológicos para dar cuenta de las causas próximas de los síntomas de la enfermedad men-
tal, pero se reconocía también otro tipo de causas, distales, referentes a la biografía (como
las pasiones del alma) y al entorno físico (como el clima) o social (como el ocio, las malas
compañías o la soledad). Ya en el siglo XVII se había escrito en esta línea, un ejemplo de ello
es la obra de Burton (1577-1640) titulada La anatomia de la meluncolía, una ambiciosa obra
enciclopédica en la que se resume todo lo que se habla estudiado sobre la locura desde la épo-
ca clásica, y donde se alude al desbordamiento de las pasiones como determinante de la me-
lancolía, proponiendo como tratamiento su rectificación mediante la diversión, la música o
la apertura ante un amigo de confianza (Coto et al., 1995). El tratamiento moral, en este
contexto, pretendía sustituir el ambiente carcelario de los hospitales mentales por otro en el
que se proporcionara un cuidado humanitario encaminado a corregir esa desviación de las
pasiones que provocaba la locura. Paralelamente a su introducción en Francia, a través de
Pinel, el tratamiento moral fue adoptado en Nueva Inglaterra por W. Tuke (1732-1819),
quien en 1792 abría una casa de retiro para enfermos mentales en la ciudad de York utili-
zando como técnicas terapéuticas la laborterapia, el descanso y la atención cuidadosa a los
enfermos. Otros centros similares fueron apareciendo en Estados Unidos durante la prime-
ra mitad del siglo m, de la mano de Benjamin Rush (1715- 1813) y de Dorothea Dix. Tam-
bién hay que destacar la figura de Vicenzo Chiarugi (1759-1820), director del hospital de
Bonifacio, en Italia. Su obra manifiesta la misma actitud de comprensión y tolerancia hacia
el enfermo mental que caracterizó al tratamiento moral. En Italia, asimismo, se promulgó la
primeraley de dementes por el Gran Duque Pietro Leopoldo de Toscana, en el año 1774,
obligando a tratar médicamente a los enfermos mentales. En ESpaiia la filosofía del trata-
miento moral llegará de la mano de Joan Gine i Partagas (1836-1903), profesor de la Uni-
versidad de Barcelona.
Los principios terapéuticos del tratamiento moral carecían de sistematización, estaban
basados únicamente en el sentido común y no tenían un sustento teórico adecuado. Los
pretendidos txitos que se prodamaban para esta forma de intervención han sido discutidos
posteriormente por carecer de datos objetivos que los respaldaran. Por otra parte, se han for-
mulado críticas (Szasz, 1974) que culpan a este movimiento de haber abierto las puertas a
una política represora institucional que internaba en estos centros tanto a enfermos menta-
les como a madres solteras, jóvenes desobedientes, etc. Su error consistiría en intentar hacer
entrar en razón al loco desde la perspectiva de los valores del médico, que serían los de un
entorno sociocultural determinado (Jarne y Requena, 1996).
Maher y Maher (1995) encuentran en el asociacionismoy el empirismo británicos fac-
tores contextuales determinantes para la gestación del tratamiento moral.
Locke (1632-1704) había sugerido que los trastornos mentales son básicamente el resul-
tado de una forma imperfecta de razonar. Asociaciones inapropiadas de ideas derivadas de
aprendizajes inadecuados darían como resultado el pensamiento ilógico característico de la
enfermedad mental. De ello se sigue- que- si la locura es resultado del aprendizaje, también
podría curarse por un proceso de reaprendizaje, o prevenirse configurando una sóciedad que
impidiese tales aprendizajes desadaptativos. Esta manera de ver las cosas atribuía por lo tan-
Psicopatología general
Tal como ocurría en todas las épocas históricas, también en los siglos XVIII y XIX coexis-
ten, junto con los intentos de descripción y explicación científicos, determinadas doctrinas
especulativas o incluso claramente esotéricas. Viena parece haber sido la cuna de múltiples
movimientos pseudocientíficos durante el siglo XIX. Dos ejemplos de tales doctrinas son el
mesmerismo y la frenología.
El médico vienés Franz Mesmer (1734-1815) estaba convencido de que el movimiento y
la situación de los astros influyen sobre el comportamiento y la fisiología de las personas. Su
tesis doctoral, titulada Sobre la infiencia de losplanetas, trató precisamente de ese tema. Así
mismo, defendía que las personas tienen una fuerza magnética que forma parte de un fluido
magnético universal, más tarde denominado magnetismo animal. La histeria y otras enferme-
dades mentales serían el resultado de una mala distribución de los fluidos magnéticos corpo-
rales, y podrían curarse a través de misteriosas sesiones magnéticas. La técnica de Mesmer, con-
sistente en pasar sus manos por el cuerpo del paciente en sentido descendente, tuvo gran éxito
durante unos años en París, y Braid (1795-1860) la rebautizaría como hipnotismo. El marqués
de Puyshgur (1751-1825) también aplicaría con devoción esta nueva técnica sugestiva. Es pro-
bable que el ambiente de la época, por lo que a descubrimientos científicos se refiere, influye-
ra en la gran aceptación que el mesmerismo tuvo entre las personas sin suficiente formación
científica. Eran aíios en que la gente estaba fascinada por las fuerzas gravitacionales invisibles
postuladas por Newton, así como por las demostraciones de la electricidad de Franklin.
Theofrasto Bombast von Hohenhaim, también conocido como Paracelso (1493-1541),
puede ser considerado como un antecedente histórico de estas creencias sobre el magnetis-
mo, dado que atribuía propiedades curativas a los imanes. Otros magnetizadores famosos
fueron Valentín Greatraks, Francisco Bagnone, Sebastián Wirdig y, en España, Baltasar Gra-
cián (Mackay, 1852; Maher y Maher, 1995).
Uno de los casos más conocidos de Mesmer fue una chica ciega a la que afirmó haber
curado. La familia y un oculista afirmaron, en cambio, que la chica seguía ciega, y Mes-
Capítulo 2: Historia de la psicopatología
mer argumentó que estaba fingiendo una recaída porque quería desacreditarle. Más tar-
de se defendió diciendo que si no se había curado era culpa de ella. En otras ocasiones,
ante fracasos similares, también argumentó que el hecho de que hubiera personas incré-
dulas en el lugar donde aplicaba sus pases magnéticos interfería negativamente con el tra-
tamiento quitándole efectividad (Maher y Maher, 1995). En 1784 las quejas sobre las
prácticas fraudulentas de los seguidores de Mesmer se habían multiplicado lo suficiente
como para que el rey Luis XVI ordenara crear una comisión compuesta por miembros
de la Facultad de Medicina de París y la Real Academia de la Ciencia. El presidente de
esta comisión fue Benjamin FranMin, y entre sus conclusiones se mostró cierta cautela a
la hora de rechazar los resultados de las prácticas de Mesmer, pero un rechazo absoluto a
la explicación que se daba de ellos. Los éxitos de Mesmer explicarse como efec-
tos de sugestión.
Jean Martín Charcot (1825-1 893) se propuso estudiar los efectos curativos de la hip-
nosis a través de la sugestión. Charcot sugería que la hipnosis puede entenderse como un
estado de histeria provocado artificialmente, en el que pueden distinguirse tres fases. Una
primera etapa de catalepsia, en la que se pierde la conciencia y los músculos quedan rígi-
dos; una segunda de letargia, caracterizada por el entumecimiento y la somnolencia; y una
tercera de sonambulismo, en la que la persona puede caminar en estado de trance. Char-
cot gustaba de hacer demostraciones de hipnosis casi teatrales en su clínica, y fue criticado
por ensayar previamente con sus pacientes el comportamiento a seguir durante el trance
hipnótico; incluso llegó a ser acusado de no haber hipnotizado realmente ni a una sola per-
sona. Una de sus pacientes, Blanche Wittman, confesó más tarde que durante el trance hip-
nótico era completamente consciente de lo que hacía (Maher y Maher, 1995). Entre las
personas que estudiaron algún tiempo con Charcot se encuentran Pierre Janet y Sigmund
Freud.
Franz Joseph Gall (1758-1828), también médico vienés, desarrolló una doctrina según
la cual las funciones psíquicas estaban localizadas en zonas bien delimitadas del cerebro.
Una función psíquica muy desarrollada sería el resultado del crecimiento anatómico de
la zona del cerebro en la que se localizaba, y esa morfología cerebral podría identificarse a
través del examen de las protuberancias craneales del individuo. Esta doctrina pseudocien-
tífica recibió el nombre defienologia. En España la frenología fue difundida principalmen-
te a través de Mariano Cubí y B. Comulada (Domenech, 1977). Las tesis frenológicas pue-
den ser resumidas en cinco puntos (Andrés Pueyo, 1993):
Las facultades mentales a que se referían los frenólogos no eran sólo capacidades, tam-
bién incluían rasgos temperamentales y actitudes. Su gran difusión popular hizo que se inten-
sificara el interés por el estudio de las estructuras y las funciones cerebrales.
Años más tarde, Paul Broca (1824-1880) defendió también la creencia de que existe una
relación directa entre el tamaño de determinadas regiones cerebrales y el grado de desarro-
llo de las facultades mentales, añadiendo la opinión muy extendida en su época de que las
razas humanas pueden ordenarse jerárquicamente en una escala de desarrollo intelectual:
El cerebro es más grande en los adultos que en los ancianos, en los hombres que en
las mujeres, en los hombres eminentes que en los de talento mediocre, en las razas supe-
riores que en las inferiores.
No obstante, más tarde estuvo a punto de abandonar el criterio del tamaño cerebral para
clasificar jerárquicamente las razas humanad'respecto al nivel de desarrollo que habían alcan-
zado, puesto que los pueblos orientales (considerados como razas inferiores) eran precisa-
mente aquellos en los que se encontraban los mayores tamaños craneales.
También Alfred Binet (1857-191 1) recurrió inicialmente a la medici6n de cráneos cuan-
do quiso estudiar las facultades mentales: "La relación entre la inteligencia de los sujetos y
el volumen de su cabeza [...] es muy real y ha sido confirmada por todos los investigadores
metódicos sin excepción".
Publicó un total de nueve articulas sobre craneometría en L AnnPepsychologique, pero
más tarde abandonó esa práctica y la creencia que la sustentaba puesto que los resultados
que encontraba en sus propias investigaciones resultaban inconsistentes con ella.
Es conveniente distinguir entre los supuestos plausibles de la frenología y aquellos otros
sin ninguna base científica. Pocas personas aceptarían en la actualidad la tesis de que existe
una relación lineal y positiva entre el tamaño de una región cerebral dada y el grado de desa-
rrollo de una facultad mental, pero pocos también pondrían objeciones a la posibilidad de
localizar funciones psicológicas en regiones del cerebro. N o obstante, se recurre en mayor
medida al concepto de red que al de localización estricta, tal como era entendido por los
frenólogos, o a relacionar las funciones psíquicas con el funcionamiento de áreas específicas
del cerebro. Ejemplo de esta última línea de investigación es la neuropsicología.
La frenología de Gall y la sucesión de hallazgos neuroanatómicos y patológicos relacio-
nados con diferentes funciones mentales crearon un clima propicio para el desarrollo de una
corriente organicista importante durante el siglo XIX.
Durante el siglo XIX hay tres focos principales de crecimiento de la psicopatología: Fran-
cia, Alemania e Inglaterra. Las principales aportaciones de la escuela francesa quedan reco-
gidas en el tratado De la makzdie mentale considhrée sous le raport médica4 higiénique et médi-
co-legal, de Jean Esquirol (1772-1840). Esquirol fue discípulo de Pinel y codirector de la
Salpetritre desde 1811. Destacó por sus críticas a las tendencias filosóficas de la psicopato-
logía, intentando promover como alternativa la observación rigurosa de los hechos y su cuan-
tificación. Esquirol se interesó más en la descripción y la clasificación de los trastornos men-
tales que en la indagación de sus patogenia y su etiología. Discípulos destacados suyos heron
Moreau de Tours, Baillaguer, Lasegue y Bayle (Obiols, 1986). Pero paralelamente a esta pers-
pectiva descriptiva se desarrollarían, en la escuela francesa y en otras, enfoques más intere-
sados por los determinantes de la enfermedad mental.
Otras figuras importantes de la escuela francesa de psicopatología durante el siglo xrx
fueron Morel, Magnan y Charcot.
Jean Martin Charcot (1825-1 893) destacó por sus estudios sobre las neurosis y su inte-
rés en la utilización terapéutica de la hipnosis. Benedict More1 (1809-1873) estuvo muy
interesado en el estudio del papel de la herencia en los trastornos mentales, trabajando en
la elaboración de una nosología fundamentada en la etiología de los trastornos y propo-
niendo su teoría de la degeneración. Sus trabajos serían continuados por Magnan (1835-
1916), quien establecería una cierta confrontación con la nosología propuesta por Kraepe-
lin desde la escuela alemana. Según la teoría de la degeneración, expuesta por More1 en su
Traité des dégénérescences Pkysiques, intellectuelles, et morales de l espPce humaine, las enferme-
dades mentales serían el resultado de una degeneración genética que iría desde las neurosis
hasta la deficiencia mental pasando por las psicosis; además esta tendencia a la degeneración
sería hereditaria, agravándose progresivamente.
La escuela psicopatológica alemana irá evolucionando durante el siglo xx para aban-
donar un inicial dualismo en la concepción de la enfermedad mental y decantarse progre-
sivamente en favor de un enfoque somaticista. Desde una vertiente académica, Wiehelm
Griesinger (18 17-1868) representa con fidelidad esta corriente. En 1845 Griesinger publi-
có su Die Pathologie und Therapie derpsychiscben Krankheiten, en el que se resta importan-
cia a los determinantes culturales de los trastornos mentales, afirmando que éstos son tras-
tornos del cerebro. Su influencia ha llegado hasta la actualidad, entre otras vías, a travds de
su discípulo Kraepelin.
Psicopatología general
Ningún psiquiatra experimentado negaria que existe un gran número de casos en los
que parece imposible diagnosticar con claridad una u otra [...] Cada vez parece más evi-
dente que no es posible distinguir claramente estas dos enfermedades, lo que nos hace sos-
pechar que nuestra formulación del problema puede ser incorrecta.
2.5.2. E~olu~ionismo
y psicopatología
Recogiendo la tradición platónica, y con una gran influencia posterior sobre la con-
ceptualización de los trastornos mentales, que sk mantiene hasta la actualidad, sir J. Hugh-
lings Jackson (1835-191 1) integró la idea de la localización cerebral de las funciones psí-
quicas con una interpretación incorrecta de la teoría de la evolución basada en la noción de
jerarquía.
Los modelos estructurales jerárquicos se aplican en psicología a multitud de construc-
tos. Se han aplicado a la descripción de la inteligencia, también se han utilizado en los estu-
dios sobre temperamento, personalidad y psicopatologfa. Se encuentran también modelos
de estructuras jerárquicas en todas las ciencias, sean éstas físicas, biológicas o sociales. Pro-
bablemente ello se deba a que los modelos jerárquicos estrictos, es decir, aquellos que es-
tablecen relaciones de control unidireccional desde los niveles superiores, se ajustan bas-
tante bien al concepto clásico de causalidad. En ese sentido, el establecimiento de estructuras
jerárquicas mediante el análisis factorial se parece bastante a la experimentación de labora-
torio, dado que ésta puede ser vista como una técnica para crear artificialmente un forma
simple de jerarquía entre variables. El tema puede complicarse si se entra en la discusión
acerca de lo apropiado que pueda ser considerar la relación de control entre niveles como
unidireccional o recíproca.
El significado de los modelos estructurales jerárquicos es doble. Por un lado hacen refe-
rencia a la organización de un sistema en un momento dado, incluyendo las relaciones de
multideterminación recíproca entre sus niveles; éste viene a ser su significado espacial. Así,
por ejemplo, los cuerpos celestes se organizan en sistemas, éstos en galaxias, etc.; y las célu-
las se organizan en tejidos, éstos en órganos y éstos en organismos, etc. Por otro lado, el sig-
nificado temporal de los modelos estructurales jerárquicos se refiere a la evolución de la
estructura, es decir, a la sucesión de las diferentes etapas de adquisición de niveles. En dife-
rentes campos científicos, las estructuras jerárquicas respectivas tienen sorprendentes simi-
litudes, puesto que se parte de un estado inicial de homogeneidad que, progresivamente, irá
sufriendo un proceso de diferenciación. Así, en cosmología se explica la evolución del Uni-
verso como un proceso de diferenciación de cuerpos celestes a partir de una singularidad
homogénea: el gran estampido que los anglófonos denominan big-bang. De manera simi-
lar, en biología se explica el desarrollo de un organismo como un proceso de división y dife-
renciación celular a partir de una célula inicial, y los modelos jerárquicos de la inteligencia
Psicopatología general
En cambio, para Spencer la evolución sí que respondía a ese principio teleológico meta-
físico (Mayr, 1991; Ruse, 1982). Spencer (1862) adoptó la ley de la organización ascendente
del Cosmos de von Baer, desde un estadb de homogeneidad inicial hacia una progresiva
heterogeneidad. Como la evolución del Universo, el desarrollo ontogenético progresa des-
de la homogeneidad hasta la heterogeneidad, así que la evolución filogenética debería poder
caracterizarse también como un proceso en virtud del cual la materia pasa de un estado de
homogeneidad indefinida hasta un estado de heterogeneidad definida y coherente.
En el campo de la psicopatología, la concepción de la evolución como progreso reafir-
mó la idea de que la enfermedad mental era el resultado de una degeneración. De hecho,
los estudios epidemiológicos revelaban la existencia de coincidencia en los mismos grupos
de individuos de diferentes signos de tal "degeneración", como la enfermedad o el retraso
mental, la tuberculosis, el alcoholismo, la criminalidad, altas tasas de mortalidad infantil,
pobreza y corta expectativa de vida, indicando que la naturaleza estaba actuando eliminan-
do los individuos genéticamente inferiores. Se argumentaba tambitn que el correlato en la
personalidad de esta clase de inferioridad era un Síndrome de deficiencia general del carác-
ter, con rasgos como la deshonestidad, incapacidad para esperar la gratificación, promis-
cuidad sexual, holgazanería y otros por el estilo. En quienes se daba este tipo de personali-
dad cabía esperar con cierta seguridad que se manifestaran tarde o temprano diferentes clases
de trastorno mental. Esta perspectiva se acompafiaba de la idea de que las razas podían ser
clasificadas en función de su supuesto grado de progreso evolutivo, con lo que algunas (en
particular la caucásica) se consideraban más avanzadas tanto cultural como biológicamente
que otras. El hecho de que los individuos con determinados tipos de deficiencia mental (sín-
drome de Down) tuvieran rasgos morfológicos semejantes a los de razas diferentes a la cau-
cásica se consideraba prueba de ello. Además de los idiotas mongólicos, Down (1866) dis-
tinguió también, a partir de sus rasgos morfológicos, entre los idiotas de la variedad etíope,
los de tipo malayo y otros semejantes a los habitantes primitivos de América.
Paul Broca fue uno de los científicos de mayor prestigio que abrazó en el siglo XK la creen-
cia sobre la existencia de una jerarquía de desarrollo entre las diferentes razas humanas. Sus
mttodos de cuantificación de variables eran extraordinariamente rigurosos, pero adolecía de
ciertos defectos a la hora de elaborar conclusiones con los datos que recogía. Era propenso,
por ejemplo, a escoger aquellos datos que ilustraban prejuicios previos, ignorando los que los
contradecían. Entre las características morfológicas que intentó establecer para fundamentar
Capítulo 2: Historia de la psicopatología
su afirmación respecto a la jerarquía existente entre las razas se encontraba la proporción entre
la longitud del radio y la del húmero; una mayor proporción indicaría un mayor tamaño rela-
tivo del antebrazo, algo característico de los monos. En los individuos de raza negra la pro-
porción era de 794, mientras que en los blancos era de 739; no obstante, en los esquimales era
de 703 y en los aborígenes australianos era de 709, así que concluyó que la elongación del ante-
brazo no era un indicador adecuado del grado de desarrollo racial (Gould, 1984). Otros inten-
tos de Broca para encontrar indicadoresde clasificación jerárquica racial, igualmente fallidos,
fueron el ángulo facial (la proyección anterior del rostro y la mandíbula), el índice craneano
(la proporción entre el ancho máximo y el largo máximo del cráneo), la situación delforamen
magnum (agujero situado en la base del cráneo, por el que pasa la médula espinal; los pueblos
inferiores debían tener un foramen mapum situado más atrás, como en los monos) y la pro-
porción de materia en las zonas anteriores del cerebro respecto a las posteriores.
La hipótesis de la degeneración contó en psicología con defensores tan relevantes como
H. H. Goddard (Andrés Pueyo, 1989), estudioso de la deficiencia mental e introductor de
los tests de Binet en EE. UU.
Goddard participó en el programa de selección y control de la inmigración masiva que
tenía lugar en EE. UU. a principios del siglo xx;aplicaba para ello pruebas de inteligencia y
es conocida la caracterización como débiles mentales que hacia de marginados, delincuentes
e individuos de clases bajas, explicando su situación social por su escasa inteligencia (Gould,
1984). De manera similar, Gámbara escribía en España, en un manuscrito no fechado:
tado de la disolución de los centros superiores, y ésta podía ser producida por causas como
las lesiones cerebrales, la vejez o la enfermedad. Esta idea establecía, como se ha comentado
anteriormente, un cierto paralelismo entre los trastornos neurológicos, la enfermedad men-
tal, la deficiencia mental, el comportamiento de los llamados pueblos primitivos, el de los
criminales y el de los organismos inferiores en la escala evolutiva; así Goddard escribía:
La inteligencia controla las emociones y las emociones están controladas según el gra-
do de inteligencia que se tenga [...], cuando la inteligencia es pequeña, las emociones no
están controladas [...] se traducirán en actos desordenados, descontrolados y generalmente
delictivos.
v
zación del sistema nervioso pasa a ser el de un conjunto de subsistemas distribuidos de for-
ma paralela. Cada área cortical tiene múltiples salidas; ello hace que los resultados de las
operaciones realizadas en una región determinada se transmitan a otras muchas áreas, sin
que ello signif que que se transmita la misma operación a todas ellas, puesto que cualquier
región puede emprender varias operaciones de manera simultánea, gracias al agrupamiento
de las cilulas con propiedades comunes (Goldman-Rakic, 1984), y distribuir los resultados
respectivos a varias zonas corticales distintas (Zeki, 1995). Los modelos jerárquicos secuen-
ciales van siendo, por tanto, sustituidos por modelos basados en los conceptos de paralelis-
mo, segregación-especialización funcional, y multiplicidad de áreas en cada modalidad sen-
sorial.
El esquema jerárquico de la organización del sistema nervioso propuesto por Jackson se
relaciona estrechamente con la noción de que los procesos sensoriales y perceptivos son
secuenciales (Dubrosky, 1988). Según esta 'i'dea, el reconocimiento y la identificación se lle-
van a cabo a través de una serie de etapas en diferentes niveles de complejidad. Por ejemplo,
los estímulos visuales son procesados inicialmente en la retina, a continuación en el tálamo,
luego en la corteza visual primaria y, por último, en las áreas corticales de asociación, don-
de tenía lugar la percepción consciente a través de la integración de las señales sensoriales
procedentes de áreas primarias adyacentes. De acuerdo con este modelo jerárquico secuen-
cial, se pensaba que las áreas de asociación no recibían proyecciones talámicas (Campbell,
1905). Sin embargo, algunos estudios comentados por Rose y Woolsey (Dubrosky, 1988)
demostraron que las zonas de asociación también reciben tales aferencias; por otro lado, los
estudios de Diamond (1983) con el mamífero insectívoro tupaia glis mostraron que la resec-
ción de la corteza estriada no impedía moverse por el entorno, evitar obstáculos, alcanzar el
alimento, seguir objetos en movimiento y aprender hábitos basados en discriminaciones
visuales; cuando las lesiones se extendieron a áreas adyacentes a las estriadas, los tupaia sufrie-
ron una pérdida acentuada de las discriminaciones visuales aprendidas. Estos resultados con-
firmaban que las zonas denominadas de asociación recibían señales que llegaban en parale-
lo desde el tálamo; es decir, no dependían en su totalidad de aferentes corticales provenientes
de las áreas corticales primarias.
;
A partir de éstos otros estudios relacionados con el procesamiento de otros tipos de
señales, como las hormonales, Dubrovsky (1988) plantea la hipótesis de que el procesa-
miento que el sistema nervioso hace de las señales no es característicamente secuencial (como
se derivaría de una organización jerárquica) sino en paralelo. En realidad el procesamiento
en paralelo no elimina sino que extiende el procesamiento en serie.
En psicopatología las propuestas de Jackson se han traducido en la presuposición de que
existe un continuo entre la normalidad y el trastorno mental. En palabras de Jackson, "la
enfermedad no crea, libera". Las funciones normales pueden así ser extrapoladas a partir de
las funciones patológicas, y viceversa. Esta concepción de las relaciones entre la normalidad
y la anormalidad es consistente con la tradición galénica que entendía la enfermedad y la
personalidad como el resultado de un balance determinado de los humores corporales, que
cuando están en equilibrio dan lugar a la personalidad normal. Una de las expresiones actua-
les de la doctrina de los humores es la investigación basada en el establecimiento de las rela-
Capítulo 2: Historia de la psicopatología
malmente no reaccionan ante él (Dubrosky, 1993). De manera general se puede decir que
el concurso de diferentes factores físicos, químicos y ambientales puede llevar a una red neu-
ronal concreta a colocarse en un "modo" determinado de funcionamiento (Bullock, 1993);
es decir, una tendencia a procesar la información o generar respuestas de determinada mane-
ra. Cada modo representa una organización de la red que da lugar a una función. La tran-
sición entre modos está determinada por las aferencias que se reciben o por cambios en el
sustrato químico que alteran las propiedades de los componentes elementales de la red
(Dubrosky, Filipini, Gijsbens y Birmingham, 1994). Por ejemplo, las entradas aferentes a
determinadas redes neuronales no sólo sirven para activarlas, también las configuran en uno
de diferentes circuitos funcionales posibles, como se ha comprobado en la tritonia.
Danvin representaría una revolución no sólo para la biología, también para la filosofía,
en la que el esencialismo platónico había sido predominante hasta entonces. Para el esen-
cialismo las variaciones individuales eran manifestaciones imperfectas de unas esencias cons-
tantes subyacentes; en cambio, la teoría de la evolución propone que la variación es intrín-
seca y fundamental y es gracias a la diversidad individual y grupal que las especias consiguen
adaptarse a los entornos cambiantes. El pensamiento de Spencer y derivaciones del mismo
como Jackson o McLean tienen muchos puntos en común con el esencialismo. También
Platón relegó la parte emocional a un nivel inferior al del intelecto. Su noción de la com-
posición tripartita de la mente: una parte apetitiva, una partiemocional y una parte racio-
nal, es tan semejante a la división tripartita del cerebro de McLean que ésta parece una tra-
ducción en términos neurobiológicos de aquélla. La dicotomía kraepeliniana que distingue
entre psicosis afectiva y demencia precoz también es básicamente esencialista (Blashfield,
1984), sin embargo, la investigación psicobiológica reciente ha planteado algunos proble-
mas de difícil resolución desde tal perspectiva (Dubrosky, 1993). Schacter (1975) postuló
que un estado general de aromal visceral incrementado era necesario, pero no suficiente,
para la experiencia de la emoción, dado que diferentes experiencias emocionales surgen a
partir del mismo estado de aromal visceral; el estado de aromal indiferenciado es interpre-
tado en función de los pensamientos, recuerdos o señales ambientales presentes. Aunque en
otros estudios (Ekman, Levenson y Friesen, 1983) se ha encontrado que es posible distin-
guir patrones de activación del sistema nervioso autónomo específicos en diferentes estados
emocionales, ello no elimina la necesidad del concurso de factores cognitivos para la apari-
ción de tales estados. De manera similar, otros estudios (Schmajuk, 1984; Squire, 1987)
muestran que la participación del cerebro emocional es a su vez necesaria para las funcio-
nes cognitivas. Está suficientemente demostrado que las lesiones en el hipocampo interfie-
ren de manera severa el correcto funcionamiento de la memoria, el aprendizaje y la aten-
ción (Milner, 1972; O'Keefe y Nadel, 1978).
En definitiva, las emociones, más que un lastre ancestral para las funciones cognitivas
adquiridas recientemente en el proceso evolutivo, son un componente necesario de cual-
Capítulo 2: Historia de la psicopatología
quier función psicológica. En la misma dirección apuntan datos que muestran que en los
primates no se ha detenido la evolución de las estructuras Iímbicas; también éstas y no sólo
el neocórtex han mantenido su escala en relación con el peso total del cerebro (Schmidt-
Nielsen, 1984). El tamaño del septum, la amígdala, el hipocampo, los cuerpos mamilares y
el núcleo anterior talámico en el Hombre se corresponde con el que cabría esperar en cual-
quier antropoide cuyo cerebro fuera escalado a las dimensiones humanas (Armstrong, 1990;
Pirlot, 1993; Stephan, Frahm y Baron, 1987), lo que ha sido interpretado como indicador
de que las funciones límbicas no son inhibidas sino que constituyen un componente nece-
sario para el simbolismo y la cultura; una noción diferente de la que se deriva de hipótesis
jerárquicas como la de Jackson.
Tomando en consideración estos datos procedentes de la invekigación básica, la difi-
cultad que se encuentra en muchas ocasiones para distinguir en la clínica entre los dos tipos
de Kraepelin (la enfermedad maniaco depresiv4.y la demencia precoz -denominada más tar-
de esquizofrenia por Bleuler-) aparece con una perspectiva diferente. Sheldrik, Jablonsky,
Sartorius y Shepherd (1977), por ejemplo, informaron que el curso de un grupo de pacien-
tes con esquizofrenia había evolucionado hacia episodios característicos de los trastornos afec-
tivos, y. que
- tambitn podía encontrarse con cierta frecuencia el curso inverso, es decir, enfer-
mos afectivos que evolucionaban hacia la e~~uizofrenia. En el nivel neuroanatómico tambitn
es frecuente encontrar informes de estudios que revelan la dificultad para encontrar anor-
malidades específicas en estos trastornos; por ejemplo, ambos grupos presentan diferencias
significativas respecto a controles normales en el tamaño de los ventrículos cerebrales, etc.
Estos y otros datos han llevado a recuperar en cierta medida en psiquiatría el interés por la
idea de la psicosis única (Crow, 1990), o de un continuo que coinprendería las diferentes
manifestaciones (afectivas o cognitivas) de un mismo trastorno (Freedman, 1975).
desarrollo van adquiriendo formas específicas y diferenciadas, y este proceso continúa tras
el nacimiento hasta llegar a la edad adulta. Pero von Baer era antievolucionista (pensaba que
las especies son formas fijas) y antirecapitulacionista.
Las tesis recapitulacionistas eran evolucionistas, puesto que planteaban que el orden evo-
lutivo existente entre las especies era recapitulado por el embrión a lo largo de su desarrollo.
El desarrollo filogenético de las especies estaría así representado en las formas que va adqui-
riendo el embrión a lo largo de su desarrollo ontogenético. Se establecía así una relación cau-
sal entre la filogénesis y la ontogénesis. El máximo defensor y divulgador de las ideas recapi-
tulacionistas fue el zoólogo Ernst Haeckel(1834- 1919), esforzándose por ver toda la realidad
sometida a leyes únicas que dan cuenta de un desarrollo unitario aplicable a toda la diversi-
dad de sus planos: individual, biológico, histórico, etc.
De esta manera, Haeckel ampliaba la idea de la recapitulación a todos los momentos
del desarrollo individual; el proceso completo del desarrollo del ser humano hasta llegar a
la edad adulta pasaba a ser entendido como una continuación de la embriogénesis. De ahí
hasta la propuesta de que las formas psicológicas que se suceden a lo largo del desarrollo
ontogenético son expresión tanto del orden evolutivo existente entre las especies biológicas
como de la secuencia de momentos históricos y culturales de la humanidad habría sólo un
paso. La popularidad de Haeckel en su época fue considerable, como lo prueba el hecho de
que se vendieran cientos de miles de ejemplares de su libro Weltrdtsel (Enigmas del Univer-
so), publicado en 1899 y traducido a más de 20 lenguas. El monismo radical de Haeckel es
expresado con claridad en sus propias palabras en el primer capítulo de Weltratsel:
Tal como proponen Fernández y Gil (1990), hay que diferenciar evolucionismo de dar-
winismo, el evolucionismo es anterior al danvinismo, puesto que tiene su origen, más que
en Darwin, en la filosofía natural alemana. Se sugiere ya en Kant y se expresa abiertamente
con Goethe y Herder. Las teorías de Danvin darían, a partir de mediados de siglo (El ori-
gen de lar especies sería publicado en 1858), un respaldo científico al evolucionismo, aunque
algunas tesis evolucionistas como las recapitulacionistas nada tenían que ver con las teorías
de Danvin.
De hecho las tesis recapitulacionistas buscaron su ampliación al campo psicológico apo-
yándose en explicaciones lamarckistas, puesto que la herencia de los carácteres adquiridos
por los individuos (en función del uso o desuso de los órganos) podía explicar cómo los
avances culturales de la humanidad pasaban a formar parte de las fases del desarrollo indi-
vidual. La unión teórica entre filogénesis y ontogénesis, entre biología y cultura que tan
armónica y estéticamente era alcanzada por la síntesis de las tesis evolucionistas, recapitula-
cionistas y lamarckistas, era, en cambio, imposible si entraba en juego el darwinismo. La
teoría danvinista de la selección natural sólo admitía la herencia de los rasgos conductuales
Capítulo 2: Historia de la psicopatología
instintivos, pero excluía todo lo adquirido por aprendizaje; habría sido necesario conside-
rar toda la actividad histórica humana como un producto de los instintos para que pudiera
expresarse en la herencia e influir en la ontogénesis:
Se defendía que las diferencias observables entre hombres y mujeres (mayor emotividad
y dependencia de éstas) eran debidas a que las mujeres alcanzaban u; nivel de madurez infe-
rior al de los hombres.
La tesis de la recapitulación se aplicó en diferentes campos: morfología comparada, embrio-
logía, paleontología. En psicopatología Freud fue uno de sus partidarios (Gould, 1977); en
Tdtemy tabú, por ejemplo, reconstruye la historia de la humanidad a partir del complejo de
Edipo, cuyo impulso parricida indicaba la existencia de un episodio real de tal índole en los
antepasados primitivos. Stanley Hall, por su parte, proponía que los individuos de razas infe-
riores son, psicológicamente, como los niños de raza blanca, y que las mujeres se encuentran
en un estadio evolutivo inferior al de los hombres debido a que su mayor frecuencia de sui-
cidios indica que prefieren entregarse al poder de fuerzas elementales, como la gravedad, cuan-
d o se arrojan desde las alturas. También el psiquiatra británico Henry Maudsley abrazó las
tesis recapitulacionistas, proponiendo que ciando se da una [Link] detención del desa-
rrollo, como ocurre en la enfermedad mental, se manifiestan a veces instintos animales; así,
un paciente puede enseñar los dientes, chillar y hacer ruidos igual que un mono (Maudsley,
1873: 48-52). Además, Maudsley sugería que si la locura es una inversión de la evolución,
una disolución, entonces no sólo podría heredarse el trastorno por la descendencia, sino la
misma tendencia a la disolución, con lo cual habría una tendencia a la degeneración que
aumentaría progresivamente en las generaciones siguientes.
enfoque antiexperimentalista acabó reduciendo el éxito en clínica más a la sagacidad del pro-
fesional que a los conocimientos objetivos, con lo que la práctica clínica y la investigación
básica quedaban disociadas. La aprehensión de los fenómenos anormales dependía más de
la intuición que del conocimiento, aunque no se definían los criterios de esa intuición. La
psiquiatría se "despsicologizó" antes de haber conseguido "psicologizarse" y, aunque esa situa-
ción parece estar cambiando en la actualidad, como muestra un análisis de los enfoques psi-
copatológicos actuales, todavía se mantiene una clara distinción entre los objetivos y los
mdtodos de quienes se interesan por la investigación básica de los procesos psicopatológi-
cos y los objetivos y los mdtodos de aquellos otros interesados por la práctica clínica. La
metódica de la investigación básica psicopatológica se diferencia ml?y poco de la metódica
científica que se aplica al estudio de los procesos psicológicos normales, aunque su objeto
de estudio requiere ciertas adaptaciones de tCcnicas y procedimientos. La metódica de la
práctica clínica procura evitar en la medida de lo posible modelos y factores etiológicos (al
menos explícitamente), y se interesa más por la depuración de las tkcnicas y procedimien-
tos de diagnóstico desde una perspectiva más cercana a las propuestas fenomenológicas.
Alteraciones de los procesos
psicológicos básicos
3. I. Nociones básicas
El estudio de los trastornos en los procesos psicológicos básicos, como base para esta-
blecer un diagnóstico clínico, se conoce generalmente como psicopatología descriptiva o
semiología. La presencia de síntomas aislados, que afectan a alguno de los procesos psico-
lógicos básicos, en ocasiones puede no ser relevante para establecer un diagnóstico psicopa-
tológico, por cuanto pueden tener carácter transitorio en una persona sana o no llegar a per-
turbar significativamente su funcionamiento cotidiano y la capacidad de adaptación. Lo que
suele ser relevante y dínicarnente significativo es la intensidad y la persistencia de los sínto-
mas y, más aún, la presencia de un síndrome o conjunto de síntomas que ocurren simultá-
neamente.
Si bien los conceptos de síntoma y de signo a veces se utilizan como sinónimos, en rigor
describen experiencias distintas. Los sintoma son experiencias subjetivas y, por ello, no sue-
len ser observados directamente, sino que acostumbran a ser referidos por la persona. A este
tipo de fenómenos pertenecen, por ejemplo, el dolor, la pérdida de apetito o el vértigo, en
el ámbito somático, y la ansiedad, las alucinaciones o el pensamiento paranoide, en el ámbi-
to psicológico. Los signos, en cambio, son fenómenos o experiencias observables y normal-
mente son susceptibles de medida o de objetivación. La pérdida de peso, la palidez, la inquie-
tud, la conducta fóbica o el lenguaje paranoide pertenecen a la categoría de los signos. En
consecuencia, el humor depresivo, la tristeza o el temor fóbico son síntomas; mientras que
el llanto o las conductas de evitación son signos. Frecuentemente, sin embargo, es posible
inferir la presencia de síntomas a partir de algunas conductas observables, íntimamente
conectadas con ellos; de ahí la tendencia a asociar ambos tipos de fenómenos.
Los signos y los síntomas pueden diferenciarse o asemejarse en lafoma y en el contenido.
Por ejemplo, una persona puede oír voces inexistentes que le insultan o le increpan con temas
sexuales; otra persona, en cambio, podría oír voces arnenazantes que le dicen que le van a matar.
En ambos casos se trata de experiencias que toman la forma de alucinaciones auditivas aun-
Psicopatoiogía general
que con contenidos daramente diferentes. Otro ejemplo puede ser el de la persona que expe-
rimenta la involuntaria imposición de pensamientos sexuales, por lo que hablaríamos, en este
caso, de ideas obsesivas que son, por tanto, diferentes en la forma a las alucinaciones experi-
mentadas por la persona anterior, aunque con idénticos contenidos. La diferencia en la forma
de las experiencias anómalas puede tener un gran significado clínico; de ahi el interés por su
estudio, que constituye el objeto de la psicopatología fenomenológica.
Se exponen a continuación las principales alteraciones de los procesos psicológicos básicos
observadas en los problemas clínicos, que sirven de base para establecer decisiones diagnósticas.
Las alucinaciones son percepciones de algo inexistente, que adquieren para el que las
experimenta las mismas cualidades que la percepción real. En este sentido, la experiencia
alucinatoria es concreta, tangible, objetiva y real, se localiza en el espacio externo objetivo,
tiene límites definidos, nitidez y claridad, e independencia de la ;oluntad del observador.
Contrastan con la imaginación o la fantasía, en donde la experiencia es una imagen subje-
tiva, localizada en el espacio interno, con detalles y elementos indefinidos, incompletos, apa-
gados y neutros, y que depende de la voluntad del observador para su existencia. En conse-
cuencia, la alucinación no es distinguible de laperccpción (en virtud de la apariencia de realidad);
es independiente de la voluntad (no pudiendo ser eliminada, evocada o modificada a placer);
y tiene relevancia conductual (produciendo emociones, necesidades o acciones).
Las alucinaciones, sin embargo, no siempre son experiencias claras y nítidas sino que
pueden variar en el grado de realidad atribuido a los estímulos percibidos, llegando la per-
sona que las experimenta a reconocer a veces que dichas percepciones no tienen un corre-
lato real. En estos casos se habla más bien de pseuúo-ahcinacione; pudiendo también cali-
ficarse como tales a imágenes mentales muy vividas, que no pueden voluntariamente cambiarse
de forma sustancial, a pesar de que la persona sabe que tienen lu& en la propia mente y no
en el espacio externo.
Las experiencias alucinatorias no siempre indican la existencia de un trastorno grave.
Ocasionalmente pueden estar presentes en personas sanas, sobre todo durante el tránsito de
los estados de vigilia al sueíío o a los efectos de la anestesia, o bien al despertarse o al salir
de la anestesia. Se denominan alucinaciones hipnagógicas e hipnopómpicas, respectivamen-
te. En estos casos normalmente revisten formas o contenidos muy simples, como figuras
geomdtricas y abstractas, paisajes de la naturaleza, ruidos de animales, música o voces (nom-
bres o frases sin sentido). Estas experiencias normalmente son manifestaciones del sueño
REM.
De acuerdo con su grado de complejidad, las alucinaciones pueden ser elementales o
complejas. Al primer grupo pertenecen experiencias del tipo de destellos de luz, silbidos,
pitidos o estallidos, y al segundo voces, melodías musicales, caras, personas o escenas. Aten-
diendo a la modalidad sensorial, pueden aparecer alucinaciones auditivas, visuales, gustati-
vas, olfativas y somáticas (tictiles y cenestésicas).
Las alucinaciones auditivas suelen experimentarse en forma de ruidos, música o voces.
Según sean sus caracterlsticas, las palabras o frases pueden percibirse en segundapersona, es
decir, a modo de órdenes o voces imperativas que se dirigen al individuo; o bien en tercera
persona, como conversaciones que aluden al sujeto en forma de "él" o "ella". Las voces pue-
den referir contenidos de pensamiento que poco antes ha tenido la persona, y se describen
Psicopatología general
Las alucinaciones son experiencias que frecuentemente pueden ser explicadas por diver-
sos factores, entre ellos los siguientes:
Los mecanismos subyacentes a las experiencias alucinatorias hán dado lugar a diversos
modelos explicativos, entre los [Link] las teorías basadas en errores en la discrimina-
ción de la realidad, en la metacognición y el sesgo cognitivo; teorías de condicionamiento;
teorías imaginativas;y teorías de la subvocalizacidn:
a) Bentall (1990) parte del supuesto de que la capacidad de clasificar los sucesos como
reales o imaginarios es una habilidad metacognitiva, que consiste en la discrimina-
ción de las percepciones como provenientes de fuentes de estimulación externa o
interna y la clasificación correcta de la fuente de estimulación. Las personas pro-
pensas a alucinar experimentarían un sesgo cognitivo o $rroí de juicio que daría lugar
a un tipo de error: el juzgar los estímulos autogenerados como emanados por h e n -
tes externas. La capacidad para reconocer el origen de un suceso percibido puede
denominarse "discriminación de I i realidad", cuyo notorio fallo daría lugar a esta
confusión, originando las alucinaciones. Frith (1992) alude también a un fallo en la
"monitorización central" de los pensamientos autogenerados, que conduce a expe-
rimentarlos como externos, dando lugar a las alucinaciones auditivas. A similares
conclusiones han llegado también Collicut y Hemsley (1981).
6) Aunque no existe clara evidencia de que las alucinaciones puedan mantenerse por
condicionamiento operante, diversos autores han propuesto que podrían establecerse
por condicionamiento clásico, sobre la base de algunos experimentos todavía no muy
concluyentes.
c) Las teorías imaginativas sugieren que las alucinaciones son el resultado de una ima-
ginación mental anormalmente vívida, si bien la investigación señala en estos casos
la posible influencia de otras variables, como la sugestión. Además, en algunos de
estos trabajos se intenta explicar más bien el origen de experiencias que son más
próximas a las pseudoalucinaciones que las alucinaciones (López Rodrigo, Paíno
Piñeiro, Martínez Suárez, Inda Caro y Lemos Giráldez, 1997).
d) Las teorías de la subvocalización parten del supuesto de que existe relación entre las
alucinaciones y el lenguaje interno. Han sido diversas las explicaciones de las aluci-
naciones auditivas sobre la base de la subvocalización, como consecuencia de algún
trastorno en la organización hemisférica. Se supone también que las personas que
experimentan alucinaciones presentan deterioro en los mecanismos neurológicos
implicados en el lenguaje interno, así como trastornos en la planificación del dis-
curso, que darían lugar a que percibiesen el lenguaje interno como no intencionado
y, por tanto, ajeno a sí mismos.
Los procesos del pensamiento, por tratarse de experiencias subjetivas, sólo es posible cono-
cerlos y valorarlos a través del lenguaje hablado y escrito, así como a travds de la conducta
manifestada por la persona. Las asociaciones de ideas observadas en el discurso verbal y la
Capítulo 3: Alteraciones de los procesos psicológicos básicos
conducta de una persona expresan indirectamente los procesos lógicos subyacentes. Las alte-
raciones apreciables en el pensamiento suelen clasificarse dentro de cuatro categorías: tras-
tornos del flujo del pensamiento, trastornos formales del pensamiento, delirios, y obsesiones.
Los trastornos del flujo del pensamiento hacen referencia al grado de rapidez y presión
o de lentitud de los procesos mentales. Cuando la forma de expresarse de una persona tra-
duce una infrecuente variedad y abundancia de ideas, que pasanqor su mente con suma
rapidez, se habla de taquijsiquia. El extremo opuesto vendría dado por lapobreza de ideas
y lentitud mental, fenómeno conocido como bradipsiquia.
En ocasiones, el flujo del pensamiento restilta súbitamente interrumpido, dando lugar
a la experiencia subjetiva de quedarse con la mente en blanco. Este fenómeno suele pro-
ducirse como consecuencia de la momentánea elevación del nivel de ansiedad o por agota-
miento; sin embargo, otras veces dichas interrupciones del discurso mental van asociadas a
la sensación de absoluto vacío y se expresa con mayor gravedad en la súbita interrupción
de la conversación, que no es causada por distracción, y cuya causa la persona no sabe expli-
car. A este fenómeno se le designa bloqueo del pensamiento. En ocasiones la explicación
ofrecida por algunos pacientes puede ser delirante, como es el robo del pensamiento.
lo cual, el discurso está lleno de paréntesis y frases subordinadas. La persona suele ser cons- .
ciente de las digresiones y puede pedir disculpas por ello, pero no acaba de dirigirse hacia el
objetivo final.
La disgregación o pérdida de las asociaciones denota la pérdida de la estructura normal
del pensamiento, siendo imposible clarificarla mediante nuevas preguntas. Estos fenóme-
nos no guardan relación con la pobreza intelectual ni con la pérdida de coherencia que
momentáneamente puede tener lugar bajo estados de elevada ansiedad. En ambos casos, la
simplificación de las preguntas por parte del entrevistador podría permitir aclarar los pen-
samientos del interlocutor. Por el contrario, cuando existe disgregación mental resulta impo-
sible aclarar los pensamientos del sujeto, resultando estos m á ~ ~ o n f u s cuanto
os mayor es el
esfuerzo del interlocutor por ponerlos en orden. Manifestaciones de estos fenómenos son el
pensamiento inconexo (también descrito como descammlamiento), es decir, el salto de un tema
a otro, sin relación aparente entre las oraciones; la ensalada depalabrm, cuando al discurso
inconexo se afiade la ausencia de una estructura gramatical dentro de las oraciones (fenó-
meno también conocido como incoherencia); y las pararrespuestas, cuando la persona con-
testa con temas completamente ajenos al sentido de las preguntas. La existencia de neolo-
gismos o invención de palabras no existentes en el entorno cultural puede expresar también
alteraciones formales del pensamiento.
Las ideas delirantes expresan también alteraciones en la lógica del pensamiento. Se defi-
ne como delirante a una idea que generalmente es falsa y que está basada en una inferencia
incorrecta de la realidad externa; que resulta prácticamente irrebatible por la argumentación
lógica; que se mantiene, por tanto, con una convicción inusual; y que se establece por una
vía patológica, diferenciándose así de creencias ancestrales, mágicas y religiosas, en las que
influyen los factores socio-culturales. Normalmente, la absurdidad y el carácter erróneo del
contenido de la idea delirante resulta evidente para las demás personas.
Oltmanns (1988) refirió las siguientes características de las creencias delirantes, indi-
cando que cualquiera de ellas, por sí sola, no es ni necesaria ni suficiente para su defini-
ción:
Un aspecto a resaltar, de entre los anteriores, es que todos los delirios pueden conside-
rarse autoreferentes, ya que su noción implica una relevancia para el individuo. Las creen-
cias anormales no se refieren a personas o cosas que no guardan relación con el delirante.
Suelen distinguirse las ideas delirantes de las ideas sobrevaloradas en cuanto que éstas son
también convicciones firmes aunque determinadas por deducciones lógicas erróneas o por
fuertes influencias culturales, pero que normalmente la persona suele modificar cuando
obtiene información más precisa, siendo capaz de aceptar que su creencia puede no ser cier-
ta. La presencia de ideas sobrevaloradas suele 'ier frecuente en muchos trastornos, como son
la hipocondriasis, la dismorfofobia, la anorexia o los celos.
En virtud del continuo existente en el grado de convicción que la persona tiene sobre deter-
minadas creencias, se constatan a veces ideas frecuentes pero que no llegan a sostenerse de for-
ma delirante. Generalmente se describen dichos estados como ideaciónparanoide (que alude
a sospechas de estar siendo perseguido, atormentado o tratado injustamente), e ideas de refe-
rencia (o sensaciones de que determinados acontecimientos tienen un significado particular
para el individuo, o bien que las demás personas se fijan de una manera especial en él).
Las ideas delirantes pueden aparecer gratuitamente y de forma súbita, con plena con-
vicción y sin aparente relación con los sucesos de la vida del individuo. Cuando esto ocu-
rre, suelen ser la expresión directa de un proceso psicopatológico subyacente, de tipo psi-
cótico, y se conocen como primarias. Sin embargo, a veces provienen de la necesidad subjetiva
de dar explicación a fenómenos o experiencias que tienen lugar en el propio individuo (por
ejemplo, una alucinación auditiva o un bloqueo del pensamiento pueden explicarse por la
convicción de que el vecino del piso de arriba deliberadamente intenta molestarle con la
radio, o que con su ordenador le quita sus pensamientos de la cabeza, respectivamente). En
este caso, se designan como ideas delirantes secundarias, por cuanto se derivan de una expe-
riencia anterior, a la que la persona intenta dar sentido.
La acumulación de ideas delirantes suele dar lugar a un complicado sistema delirante, en
donde resultan interconectadas, dando lugar al delirio. En función del grado de solidez del
sistema delirante, suele calificarse como sistematizado o no sistematizado.
Generalmente, cuando comienzan las primeras ideas delirantes, éstas suelen dar lugar a reac-
ciones emocionales y a la interpretación del entorno bajo una nueva perspectiva; así, las ideas
persecutorias suelen provocar en el paciente estados de temor. En otras ocasiones, sin embargo,
el proceso es inverso y las primeras experiencias son un cambio injustificado en el estado de áni-
mo, como es la preocupación por alguna desgracia que la persona cree que va a tener lugar. Esta
experiencias se designan como humor delirante. Dei mismo modo, la primera experiencia deli-
rante puede guardar relación con la interpretación injustificada y con un nuevo significado d í
una percepción familiar (por ejemplo, la carpeta roja que el compañero ha puesto sobre la m=
significa que a tl le van a matar). A este fenómeno se denominaperccpcidndelirante.
Psicopatología general
Finalmente, algunas ideas delirantes están relacionadas con sucesos pasados, que la per-
sona reinterpreta bajo una nueva óptica (por ejemplo, el desarrollo de la creencia de que le
quieren envenenar suele llevar al delirante a interpretar experiencias pasadas bajo este pris-
ma, atribuyendo molestias o enfermedades pasadas a esta razón que acaba de descubrir). Se
conocen estos fenómenos como recaerdos delirantes.
Los delirios versan sobre muy diversos temas, siendo los más frecuentes los delirios de
celos (por supuesta infidelidad de la pareja), persecutorios (relativos a conspiraciones o inten-
tos de perjudicar, dafiar, envenenar, o hacer enfermar al individuo, por parte de personas con-
cretas u organizaciones), de referencia (convicción de que objetos o sucesos guardan relación
o significado particular con la persona: por ejemplo, los artículos del periódico o las noticias
de la televisión), de grandeza (atribuyéndose el sujeto un origen ilustre o la posesión de habi-
lidades inusuales o de grandes recursos materiales), nihilistas (relativos a la percepción apo-
calfptica del mundo, de condena o fracasot'personalo social), hipocondríacos (convicción de
tener enfermedades incurables), sexuales (creencia de que la persona es estimulada sexual-
mente, por ejemplo, violada todas las noches mientras duerme u otros contenidos eróticos),
o somáticos (relativos a la propia apariencia física o al funcionamiento del propio cuerpo).
En algunos trastornos están presentes delirios que guardan relación con la propia per-
sona, generalmente su conducta y sus pensamientos. Los delirios de control se expresan
bajo la creencia de que las propias acciones, impulsos o pensamientos están controlados
por alguna agencia externa y no por la propia voluntad. Los delirios relativos a la pose-
sión de los propios pensamientos suelen adoptar la forma de delirios de insercidn delpen-
samiento (creencia de que desde fuera alguien le introduce pensamientos en la cabeza);
robo delpensamiento (creencia de que alguna persona u organización le quita los pensa-
mientos); y dzfisidn delpensamiento (creencia de que los pensamientos no expresados ver-
balmente son conocidos por los demás, a través de la telepatía, de la radio o los medios
de comunicación).
La investigación empírica ha demostrado que los delirios son experiencias multidi-
mensionales; de modo que la recuperación puede venir determinada por cambios en una de
las diversas dimensiones: convicción (por ejemplo, los niveles de convicción no son siem-
pre absolutos y pueden fluctuar), preocupación, malestar y acción; y probablemente no siem-
pre son tan inmodificables y refractarios a la evidencia o a la razón como se cree, de tal mane-
ra que algunas personas delirantes parecen ser capaces de razonar sobre los delirios y responder
ante las ideas o experiencias contradictorias.
La explicación de los delirios es objeto de tratamiento específico en el capítulo 11, dedi-
cado a los trastornos delirantes. No obstante, de forma sintética, se adelantan aquí los cua-
tro puntos de vista dominantes sobre las posibles causas que los determinan:
Sostiene, además, que el delirio se mantiene de la misma forma que otras arrai-
gadas creencias: del mismo modo que los científicos se muestran resistentes a des-
confirmar sus teorías, los delirantes harían lo mismo. Sugiere, por otra parte, que las
creencias delirantes se ven reforzadas por la reducción de la ansiedad que acompaña
al desarrollo de una explicación para experiencias perturbadoras y enigmáticas. Maher
fundamenta su punto de vista en dos fuentes: la primera es que los delirios aparecen
en gran número de alteraciones médicas y psicológicas, lo que haría pensar que tie-
nen una función adaptativa; la segunda es que pueden inducirse creencias irracio-
nales en la población general bajo ciertas condiciones ambientales anómalas, como
sucede con las ideas paranoides que surgen en personas c?n hipoacusia. La explica-
ción de Maher es un modelo explicativo de factor único, y probablemente incapaz
de explicar todos los delirios (Maher y Spitzer, 1993).
6) De5cit en Irr metarepresentación. Frith (1 992) propuso que los delirios de referencia
y persecutorios (así como las alucinaciones en tercera persona) surgen como conse-
cuencia de la incapacidad para representar las creencias, los pensamientos y las inten-
ciones de las demb personas; es decir, de un déficit en la "teoría de la mente".
Las investigaciones con este modelo demuestran que los déficit en "teoría de la
mente" (o las dificultades para representarse los puntos de vista de los demás) son
más importantes en pacientes con mayor gravedad sintomática, particularmente los
que presentan síntomas negativos y10 trastornos del lenguaje.
C) Sesgo en el razonamientoprobabilí[Link] ( 1 99 1) sugiere que los delirios no tie-
nen una única causa, sino que varios factores contribuyen a su formación y mante-
nimiento, jugando un papel importante la experiencia pasada, la afectividad, la auto-
estima y la motivación, en algunos casos, mientras que en otros destacan el sesgo en
la percepción y en el razonamiento. De este modo, entran en juego también otros
factores presentes en la formación y mantenimiento de creencias, como es la aten-
ción selectiva y el sesgo confirmatorio. Garety y Hemsley (1994) predicen que, ante
una tarea de inferencia bayesiana, los delirantes hacen juicios más rápidos y excesi-
vamente más confiados que la gente normal, demostrando una marcada tendencia
a "saltar hacia conclusiones", lo cual no depende de déficit mnésico o de impulsivi-
dad. Por otra parte, sugieren que dichos errores los cometen con mayor frecuencia
ante materiales con carga emocional que ante estímulos neutros.
La investigación reciente de estos autores demuestra que los delirantes tienen
tendencia a buscar menos información que las personas normales para tomar una
decisión, sin que ello suponga que dejen de utilizarla cuando está disponible. Modi-
ficando el punto de vista inicial, que suponía que los delirantes presentaban un ses-
go en el razonamiento probabilístico, sugieren que el fallo está en la obtención de
información. Los delirantes son propensos a abandonar hipótesis anteriores y for-
mar otras nuevas sobre bases muy débiles. Este defecto es particularmente más acen-
tuado al razonar ante contenidos emocionalmente importantes.
d) Los delirios como defensapsicológica. Bentall y colbs. propusieron la teoría de que los
delirios persecutorios se construyen para mantener la autoestima, evitando que Ue-
Psicopatoíogía general
Las ideas obsesivas son mucho más frecuentes que las delirantes y tienen un significado clí-
nico menos relevante. Se definen como pensamientos, imágenes o impulsos persistentes, que
se introducen en la mente, a pesar del esfuerzo que la persona hace para eliminarlos, y que
generan gran ansiedad y lucha interior. Suelen considerarse estas ideas como sin sentido, absur-
das e innecesarias; lo que constituye una importante diferencia de las ideas delirantes.
Generalmente, se presentan en forma de pensamientos o frases intrusivas, que perturban
por su contenido al individuo; como rumzaciones o preocupaciones sobre temas generai-
mente más complejos; como d u d a respecto a acciones llevadas a cabo; o como impulsos a
llevar a cabo actos agresivos, peligrosos o socialmente comprometedores. Con frecuencia,
los impulsos obsesivos inducen a la persona a huir de las situaciones en las que aparecen,
dando lugar a conductas de evitación que se describen comofobias obsesivas.
Los argumentos sobre los que versan las obsesiones son diversos, aunque frecuentemente
se agrupan en un número reducido de categorías: suciedad y contaminación (ideas de poder
contaminar a otros o de ser contaminado por alguna enfermedad); agresión (pensamientos rela-
tivos a la expresión verbal o física de la agresividad); orden (sobre la manera en que están colo-
cadas los objetos); sexo (generalmente conductas que la persona puede considerar vergonzan-
tes); o religión (debates internos sobre los fundamentos de la fe o escrúpulos de conciencia).
Las obsesiones con frecuencia se acompañan de conductas repetitivas y sin sentido, que
la persona ejecuta de forma estereotipada y con la imposibilidad de resistirse a su puesta en
práctica, a pesar de reconocerse como innecesarias. A estas conductas se denominan com-
pukiones o rituales obsesivos, y también pueden ser de diverso tipo, aunque típicamente sue-
len categorizarse como rituales de comprobación (asociados a la búsqueda de seguridad de
que algo se ha realizado bien); de limpieza (en forma de lavado de manos o limpieza domés-
tica); y de reczlento (conteo mental o en voz alta de la conducta llevada a cabo, que se repi-
te hasta alcanzar un determinado número mágico). Con menor frecuencia se observan tam-
Capítulo 3: Alteraciones de los procesos psicológicos básicos
bién rituales del vestir, que obligan a la persona a vestirse o desvestirse de modo ritualizado,
con un determinado orden. Uno de los resultados más evidentes de las compulsiones es el
acusado enlentecimiento que producen en la conducta.
El lenguaje puede resultar alterado por trastornos en los procesos del pensamiento, por
cambios emocionales o por otras razones de naturaleza orgánico-cerebral. Además de los
trastornos del pensamiento, a los que antes se ha aludido, los estados de ánimo tienen tam-
bién su expresión en cambios en el volumen y en la entonación del lenguaje, lo que se hace
muy evidente en los casos de manía o depresión.
También los cambios en el nivel de ansitdad suelen repercutir en la expresión verbal,
dando lugar frecuentemente al tartamudeo, fenómeno habitualmente más frecuente en los
niños que en las personas adultas y en el que participan sentimientos subjetivos de tensión,
ansiedad, inseguridad o vergüenza, y componentes cognitivos que suelen expresar cierto gra-
do de autoevaluación negativa. El mutismo suele estar también relacionado con estados de
ansiedad y conflicto psicológico, aunque en algunos casos pueden deberse a deficiencia men-
tal, daiío orgánico cerebral o psicosis (como es el caso de la catatonia). La afonía puede tener
también, eventualmente, un origen psicógeno.
Las causas orgánicas que dan lugar a trastornos del lenguaje son diversas. Se conoce
como disartria a la dificultad articulatoria o motora en la emisión de las palabras, siendo
manifestaciones más graves de esta función las diversas formas clínicas de afasia (expresiva
o motora), en cuyo caso el lenguaje puede ser ininteligible. En los casos extremos, las alte-
raciones de la construcción gramatical son conocidas como paragrammatismo. Se conoce
también como logoclonia a la repetición de sílabas o atasco en alguna palabra, que [Link],
por ejemplo, en la enfermedad de parkinson.
Otros fenómenos observados en algunas alteraciones psicopatológicas son la ecohlia (o
repetición literal de lo que el interlocutor dice, generalmente sin comprensión del signifi-
cado de las palabras), que guarda relación con síndromes orgánicos, como las demencias o
afasias; la alogza (o pobreza del habla espontánea y del contenido del lenguaje); o el habla
apremiante (es decir, habla excesiva en cantidad y aceleración, de forma espontánea a pesar
de la falta de atención del interlocutor o de reforzamiento social), que están presentes en
algunas psicosis.
Los estados de ánimo pueden verse alterados por causas psicopatológicas de tres mane-
ras: con la modificación de la naturaleza de las propias emociones, con la fluctuación inius-
tificada de las mismas, y con la inconsistencia respecto a los pensamientos, las acciones o !os
sucesos que tienen lugar:
Psicopatología general
Otros fenómenos relacionados con la afectividad y que están presentes en varias altera-
ciones psicopatológicas son la despersonalización y la desrealización. El primero alude a cam-
bios en la autoconciencia y autopercepción, de modo que la persona tiene la sensación de
carecer de existencia real, con la sensación de estar fuera del tiempo y del espacio, como flo-
tando y sin cuerpo, o como si el cuerpo se separase de la persona. La desrealización es un
cambio similar respecto al ambiente, que expresa con la sensación de que los objetos son
irreales, inanimados, como figuras en dos dimensiones. Es llamativo observar que ambos
fenómenos, que con frecuencia aparecen conjuntamente y producen quejas en la persona
Capítulo 3: Alteraciones de los procesos psicológicos básicos
que los experimenta de incapacidad para sentir emociones, son a la vez descritas por ellas
como experiencias altamente desagradables.
mento progresivo del tono muscular. A la presencia simultánea de algunos de estos trastor-
nos posturales se designa bajo el calificativo de comportamiento catatdnico.
Gran parte de los fenómenos antes referidos pueden observarse en los trastornos de ansie-
dad y en las psicosis; sin embargo, otros trastornos motores están particularmente asociados
a síndromes orgánicos. Entre ellos se describen diversas modalidades de apraxia, general-
mente determinadas por dificultades en la organización del esquema corporal y en la repre-
sentación espacial. Los estados de aguinesia, en donde no existen movimientos voluntarios,
van generalmente acompaiiados de mutismo y son expresión de una alteración neurológi-
ca. Tambidn tienen un origen orgánico los sintomas extrapiramidales observados en pacien-
tes sometidos a tratamiento con medicación neuroléptica. La 5catisia es un estado de inquie-
tud motora, incapacidad para permanecer sentado, necesidad de moverse, de estirar las
piernas y de dar pisadas fuertes. La discinesia tardía se expresa con movimientos repetitivos
y sin sentido en los músculos faciales, bdca y lengua. Después de tres anos de tratamiento
ininterrumpido con neurolCpticos, en torno a un 40% de los pacientes presentan estos sín-
tomas buco-faciales.
Finalmente, se conoce como agitacidn psicomotora la excesiva actividad física no pro-
ductiva y repetitiva, que es producida por sensación de tensión interna. Normalmente se
manifiesta mediante conductas como caminar velozmente, retorcer las manos, manosear la
ropa o incapacidad para mantenerse sentado.
Los trastornos de los hábitos y del control de impulsos, descritos en los sistemas de cla-
sificación psicopatológica se presentan en cuadro 3.2.
F63.9 Trastorno de los hábitos y del control 312.30 Trastorno de control de impulso
de los impulsos sin especificación no especificado
Capítulo 3: Alteraciones de los procesos psicológicos básicos
3 . S . Trastornos de la memoria
Estado de fuga
Situaciones específicas
Epilepsia (por ejemplo, tras un delito)
Laguna fblack-out) alcohólica
Post-terapia electroconvulsiva (TEC)
Hipoglucemia
Amnesia global transitoria
Psicógena
r-lPersistente
Los orígenes neuropatológicos de las arnnesias orgánicas guardan relación con lesiones h i p
cámpicas y diencefálicas de diversa etiología, siendo sus causas más frecuentes las siguientes:
término significa tanto capacidad para reconocer experiencias, capacidad para reaccionar
intencionadamente a determinados estímulos, como capacidad de autocomprensión. Del
mismo modo, el término inconsciente es utilizado de muy diferentes formas, que traducen
su carácter multidimensional. En la práctica, pueden establecerse tres dimensiones clara-
mente distintas en el significado de conciencia-inconsciente:
1 NREM representa el sueño ligero y se corresponde con el 5% del tiempo total de sueño
del adulto; el estadio 2 NREM se caracteriza por la presencia de ondas fusiformes y com-
plejos K, y tiene lugar durante el 50% del tiempo total del descanso nocturno; mientras
que los estadios 3 y 4 NREM ocupan el 20% del tiempo restante y se conocen como fases
de suefio delta.
El estadio de sueño REM se repite aproximadamente cada 90 minutos durante la noche
(y en intervalos de 60 minutos en los niños), en el que aparece la ensoñación, y se alterna
con fases del sueño NREM, dando así lugar a los ciclos del sueño. En una persona normal
suele haber de cuatro a seis ciclos durante la noche. El primer estadio REM tiene una dura-
ción corta, en torno a 5 minutos, el segundo sobre 10 minutos, incrementándose su du-
ración hasta alcanzar de 30 a 60 minutos el último estadio. El tiemps que transcurre desde
el momento de quedarse dormido y la primera aparición de un estadio REM se denomina
kztencia del szlen'o REM. 8i
Formas transitorias Breves descargas que interrumpen el patrón bioeléctrico subyacente (por
ejemplo, ondas puntiagudas -spikes-).
Beta Superior a 13 Hz. (característica del estado de vigilia y alerta, así como
bajo la influencia de diversas drogas psicotropas: sedantes e hipnóticos).
( ...l..,
.
Psicopatología general
Estadio 1 Las ondas theta (4-8 cps) sustituyen a las ondas alfa.
Estadio 2 Progresivamente, ondas más altas y más lentas en el rango theta, con acce-
sos de ondas fusiformes (sleep spindles) (12-14 cps) y complejos K (ondas
transitorias de gran amplitud).
Estadio 3 Aumento de la a&vidad delta (entre el 2040% del registro) con actividad
ocasional fusiforme y complejo K.
--
Estadio 4 Actividad delta de alto voltaje generalizada en más del 50% del registro.
Sedantes e hipnóticos Aumento de la actividad rápida (rango de 20-30 Hz), con importantes dife-
rencias en los cambios.
Se ha señalado que las ondas bioelkctricas lentas del sueño tienen una función de faci-
litación de la recuperación corporal, mientras que el sueño REM favorece fundamental-
Capítulo 3: Alteraciones de los procesos psicológicos básicos
3. I o. I. Disomnias
Disornnias:
347. Narcolepsia
F51.2 Trastorno no orgánico del 307.45 Trastorno del ritmo cir- Tipo fase del sueño retrasado.
sueño del ciclo sueño-vigilia cadiano (trastorno del ritmo Tipo desorganizado (jet lag).
sueño-vigilia) Tipo cambios de turno laboral.
No especificado.
Parasornnias:
F51.8 Otros trastornos no orgá- Otros trastornos del sueño 780.5 Trastorno del sueño debido
nicos del sueño a un estado médico general (tipo
insomnio, hipersomnio, parasom-
nia, mixto).
292.5 Trastorno del sueño induci-
do por sustancias (tipo insomnio,
hipersomnio, parasomnia, mixto)
Otros trastornos del sueño Trastornos del sueño relaciona- 307.42 lnsomnio relacionado con
dos con otro trastorno mental un trastorno del eje I o del eje II.
307.44 Hipersomnia relacionada con
un trastorno del eje I o del eje II
- - - -
3.10.2. Parasomnias
Durante el siglo XVIII la clasificación alcanzó su edad de oro en el ámbito de las ciencias
naturales. Cavendish, Priestley, Scheele y Lavoisier en la química y Linneo en la botánica
han sido las figuras más destacadas.
Carl von Linnaeus (Linneo; 1707-1778) intentó también trasladar su método dasificato-
rio descrito en sus obras Systema Natume y Genera Píuntarum al ámbito de la medicina en su
obra Genera Morborum, aparecida en 1763; sin embargo se atribuye a dos autores, Boissier de
Sauvages, profesor de botánica en la escuela de medicina de Montpellier, y Williarn Cullen
(1710-1790), profesor de química, fisiología y medicina en Edimburgo, el mérito de haber pro-
puesto las primeras nosologías psicopatológicas "naturales", trasladando a las conductas anor-
males las ideas y principios organizativos utilizados por los químicos y botánicos de la época.
El concepto de "enfermedad nerviosa" había sido introducido, no obstante, por Syden-
harn y Willis en 1682, en sustitución de la teoría de los humores. Cullen utilizó los meca-
nismos etiopatogénicos (es decir, los mecanismos subyacentes que alteran la estructura o
función cerebral y supuestamente dan lugar a los signos y síntomas) como criterio para la
clasificación, estableciendo la diferencia entre "enfermedades locales" y "enfermedades gene-
rales", siendo las primeras producidas por una lesión conocida y limitada. A las enfermeda-
des generales pertenecían las neurosis, término que utilizó en 1769, en referencia a la afec-
tación de las funciones del sistema nervioso y que subdividió en comas, adinarnias, espasmos
y vesanias, de acuerdo con la función afectada y los mecanismos de acción.
Philippe Pinel publicó en 1798 la Nosographie Philosophique, en donde propuso una cla-
sificación de todas las enfermedades conocidas, obra en la que se dejó sentir la influencia de
Psicopatología general
Cullen, del que había sido traductor; y en 1801 publicó su EaitkMPdico-Philosophiquesur 114-
liknation Mentale on la Manie, en donde describió varios tipos de alienación mental. Pichot
(1994) destaca tres aspectos de la obra de Pinel: el primero es su limitación de los trastornos
mentales a las llamadas vesania equivalentes a lo que hoy conocemos como psicosis, tal vez
por tratarse de las alteraciones que daban lugar al mayor número de ingresos en las institu-
ciones asilares de la época; el segundo hace referencia a los conceptos de histeria e hipocon-
dría, alteraciones formuladas por Cullen, que excluyó de su clasificación y dio lugar a la diso-
ciación entre la alienación mental y las neurosis, supuestamente determinadas por causas
diferentes, entre las que se apuntaron factores neurológicos, endocrinológicos o induso infec-
ciosos. Con posterioridad, otras entidades neuróticas fueron formuladas, como es el caso de
la neurastenia, la neurosis de ansiedad o la neurosis fóbica y o'bsesiva. Pinel dejó el estudio de
las neurosis para la medicina general y para la posterior especialidad de la neurología. El ter-
cer aspecto de la obra de Pinel fue el abandono de la etiopatogenia
- - como base de clasificación
para centrarse en el estudio de los síntomas; cuestión a la que contribuyó notablemente tam-
bién su discípulo Esquirol (1772-1840) con descripciones clínicas mucho más precisas.
4 . 1 . 2 . El enfoque organicista
Entre los autores que ofrecieron una explicación orgánica de los trastornos mentales se
encuentra Georget (1795-1828), quien propuso la distinción entre "delirio agudo", deter-
minado por causas cerebrales tóxicas o derivado de alguna enfermedad somática a modo de
síntoma, y "locura", que incluía cuatro especies formuladas por Pinel y una quinta catego-
ría: la "estupidez", considerada un estado confusional curable.
Bayle fue tambitn una figura clave en la revolución organicista de los problemas menta-
les. En 1822, cuando contaba tan sólo con 23 aiios, defendió su tesis doctoral Recherches sur
les maladies mentales, en la que sostenia que la locura podía ser un síntoma de la inflamación
crónica de la aracnoides. La descripción que hizo Bayle de la parálisis general progresiva (PGP)
fue un hito en la historia de la psiquiatría, en la medida en que por primera vez fue aislada
una entidad basada en una lesión bien definida del sistema nervioso central y caracterizada
clínicamente mediante síntomas específicos. Puede afirmarse que Bayle inauguró el periodo
anátomoc\ínico; Sin embargo, aunque su hd'iazgo reunía todas 'ias conáiciones he un nuevo
"paradigma científico", al que los investigadores volcaron esfuerzos y recursos económicos, el
modelo de la PGP abrió tantas expectativas como fracasos descubrió a la larga. Algunos anos
después, Esmarch en Alemania y Kjellberg en Suecia sugerirían que la enfermedad mental
era de naturaleza sifilítica, en medio del escepticismo general.
La obra de More1 (1809-1873) se insertó también en la búsqueda de la relación entre
los síntomas y las causas orgánicas subyacentes, bajo una perspectiva diferente: el punto de
vista de que la enfermedad mental era el resultado de cambios funcionales y lesionales del
sistema nervioso, producidos por un proceso de degeneración transmisible por vía heredi-
taria. Aunque el punto de vista de More1 no gozó de apoyo científico, se considera precur-
sor del concepto de endogeneidad, tan habitual en años posteriores.
Psicopatología general
había postulado que cada enfermedad debería tener una base biológica manifestada en for-
ma de estructura anatómica limitada o de mecanismo fisiológico en el cerebro. Este punto
de vista, desarrollado posteriormente por Kleist en 1934, ha sido elaborado más tarde por
Leonhard, hacia 1980, en forma de carácter hereditario específico para cada categoría diag-
nóstica y, de manera particular, la introducción de conceptos como trastornos unipolares y
bipolares, así como de las psicosis cicloide y esquizoafectiva. El segundo modelo fue elabo-
rado por Kurt Schneider, cuya aportación se centró en la referencia a los "síntomas de pri-
mer rango", en primer lugar, así como en la división de los trastornos en dos grandes cate-
gorías: las "enfermedades" y las "variaciones anormales", entre las cuales no existe transición
mutua. Al primer grupo pertenecían las manifestaciones patológicas $e origen biológico: las
psicosis orgánicas y las psicosis endógenas (la esquizofrenia y la PMD), siendo la etiología
biológica conocida en las primeras. El segundo grupo, las variaciones anormales, es consi-
derado como un conjunto de cambios cuantitativos del funcionamiento normal y al que
pertenecen los trastornos de la personalidad y las reacciones a la experiencia, que incluyen
las alteraciones neuróticas. Propuso Schneider un doble modelo, categorial para el primer
grupo y dimensional para el segundo. Una visión esquemática de los modelos teóricos segui-
dos en la investigación psicopatológica se sintetiza en el cuadro 4.1.
A pesar de las objeciones dirigidas hacia las clasificaciones clínicas descriptivas (no etio-
lógicas), se han seguido utilizando como la forma predominante de valoración. Las razones
que han fundamentado las críticas han sido diversas, entre las que destacan las siguientes:
-
IOO
Capítulo 4: La clasificación en psicopatología
Por el contrario, a través de las descripciones del caso individual sería mucho más proble-
mático alcanzar estos objetivos.
Es posible establecer un paralelismo entre los conceptos utilizados en las clasificaciones
modernas y los conceptos utilizados en la psicología conductual. En un primer nivel, el con-
cepto de síntoma en el argot clínico podría ser entendido como un determinado comporta-
miento observable, afecto, cognición o percepción. Desde el punto de vista conductual, el
síntoma se corresponde en gran medida con la conducta diana o el foco de la intervención.
En un segundo nivel, el slndrome, que en términos clínicos equivale a una constelación de
síntomas que tienen lugar conjuntamente y covarían en el tiempo, desde el punto de vista
conductual tendría su equivalencia con el concepto de covariación $e respuestas. En un ter-
cer nivel estaría el concepto de trastorno, que en la clínica se entiende como un síndrome
que posee ciertas peculiaridades, como una evolución natural determinada, una historia
familiar, posibles correlatos biológicos y una respuesta a un tratamiento. En terapia de con-
ducta no existe una equivalencia al concepto de trastorno, aunque algunos autores lo con-
sideran útil. En un cuarto y último nivel se sitúa el concepto de enfermedad, que se utiliza
en las ciencias médicas para un trastorno que tiene una etiologia conocida específica y un
proceso patofisiológico identificable. Este concepto tampoco está presente en la psicología
conductual.
En general, la mayoría de las clasificaciones psicopatológicas modernas se centran en los
síndromes y los trastornos, teniendo escasa utilidad el concepto de enfermedad. No obstan-
te, los terapeutas de conducta pueden encontrarse cómodos con los conceptos de síntoma y
síndrome, pero estiman que los conceptos de trastorno y de enfermedad son constructos
hipotéticos, excesivamente inferenciales e incompatibles con otros supuestos conductuales
(por ejemplo, el énfasis en las causas ambientales de los problemas de la conducta).
Tomando como referencia los tres objetivos del análisis conductual (la identificación de
las conductas diana, la selección de las estrategias de tratamiento y la evaluación de la efecti-
vidad del tratamiento), cualquier sistema de clasificación psicopatológica, de alguna mane-
ra, resulta útil para el primer objetivo, en la medida en que los criterios diagnósticos asumen
que las conductas tienden a covariar. Sin embargo, esta utilidad nomotética no reemplaza al
análisis conductual e idiográfico, o la identificación de las conductas problema de un indivi-
duo concreto, ni a la determinación de los parámetros cuantitativos de su ocurrencia (fre-
cuencia, duración e intensidad). En relación con el segundo objetivo, la selección del trata-
miento, la dasificación generalmente no proporciona datos que conduzcan al mismo. Aunque
las categorías diagnósticas puedan aportar información sobre algunas variables controlado-
ras, típicas de determinados patrones de respuesta (especialmente variables ambientales y
organísmicas), tampoco pueden sustituir el análisis funcional de la conducta, especialmente
en lo que concierne a la identificación de las variables ambientales. El diagnóstico clínico,
realizado a partir de información obtenida por entrevistas u observaciones hospitalarias, gene-
ralmente toma más en consideración los determinantes intraorganísmicos de la conducta que
los determinantes situacionales específicos, como pretende el análisis conductual. En relación
con el tercer objetivo, la evaluación de la eficacia del tratamiento, la clasificación diagnósti-
ca sólo puede servir a este objetivo en un sentido molar dicotómico; es decir, comprobar si
-
IOI
Psicopatología general
el tratamiento consigue hacer que el sujeto pase de un estado patológico a un estado normal,
en el supuesto de que se utilice un diseño pre-post. En cambio, no resulta útil el diagnósti-
co para obtener retroinformación periódica en la valoración del progreso del tratamiento, por
cuanto en estos casos se necesita efectuar un análisis molecular, mediante medidas más sen-
sibles, que es el objetivo del análisis conductual. En consecuencia, el diagnóstico clínico no
puede sustituir al análisis de conducta en ninguno de los tres objetivos de estudio.
Las clasificaciones psiquiátricas actuales son el resultado ae las diferentes corrientes teó-
ricas más arriba seíialadas, así como de influencias decisivas de diversos organismos e insti-
tuciones internacionales. ti
Psicosis.
Desórdenes psiconeuróticos.
Trastornos del carácter, del comportamiento y de la inteligencia.
Psicosis.
Desórdenes psiconeuróticos.
8 Trastornos del carácter, de la conducta y de la inteligencia.
Psicosis.
Neurosis, trastornos de la personalidad y otros trastornos mentales no psicóticos.
Psicosis orgánicas.
Otras psicosis.
Trastornos neuróticos, trastornos de la personalidad y otros trastornos mentales no psi-
cóticos.
Retraso mental.
Los trabajos para el desarrollo del DSM-111 (American Psychiatric Association, 1980)
comenzaron en 1974 promovidos por un grupo de autores que Klerman denominó "movi-
miento neo-kraepeliniano". Los primeros intentos clasificatorios de dicho grupo fueron la
elaboración de dos documentos: los llamados Criterios Feighner (Feighner etal,, 1972), que
definían operativamente las 16 categorías diagnósticas cuya validez había sido considerada
suficiente, y los Criterios para la Investigación Diagnóstica (Research Diagnostic Criteria,
RDC;Spitzer, Endicott y Robins, 1975), una veintena de trastornos definidos con idéntica
filosofía operacional.
El DSM-111 se caracterizó por diversas innovaciones metodológicas con respecto a las
versiones anteriores, como consecuencia del éxito alcanzad? por los Criterios Feighner y
RDC: la definición de criterios de inclusión y exclusión para cada categoría diagnóstica,
un sistema multiaxial para la organización de la información relativa a cada paciente, un
enfoque descriptivo y-una supuesta rehuncia a modelos teóricos de tipo e;iológico. El
DSM-111 triplicó su extensión, respecto a la versión anterior, pasando de las 134 páginas
del DSM-11 a 494 páginas, y modificando igualmente su perspectiva teórica (psicoanalí-
tica en el DSM-11 y de mayor aproximación conductual en el DSM-111). El DSM-111-R
significó una revisión ligera del documento anterior (American Psychiatric Association,
1987).
El DSM-IV (American Psychiatric Association, 1994) es el resultado de 13 grupos de
trabajo que revisaron los diagnósticos DSM-111 y DSM-111-R siguiendo un proceso empí-
rico en tres fases: revisiones amplias y sistemáticas de la literatura publicada, reanálisis de los
datos recopilados y ensayos de campo mediante criterios extensivos.
Las 150 revisiones de la literatura, llevadas a cabo por cada uno de los grupos de tra-
bajo, tuvieron por objeto obtener información de interés para la toma de decisiones res-
pecto a la utilidad clínica de cada diagnóstico, fiabilidad, validez descriptiva, caracterís-
ticas de cada criterio y diversas variables de validación. Los 40 reanálisis de datos han sido
otra opción para tomar decisiones cuando a partir de la revisión de la literatura no era
posible resolver alguna cuestión. Los principales temas de estudio fueron determinados
criterios diagnósticos ya incluidos en el DSM-111-R o nuevos criterios que se pretendí-
an afiadir, mediante estudios epidemiológicos, de tratamiento u otros aspectos clínicos.
Los 12 ensayos de campo también fueron realizados como complemento a problemas sur-
gidos en las revisiones de la literatura y permitieron comprobar empíricamente el posi-
ble impacto de los cambios diagnósticos sugeridos, en diferentes medios socio-cultura-
les, la generalización de resultados y la aplicación clínica de los hallazgos de la investi-
gación.
Finalmente, la décima revisión de la Clasificación Internacional de las Enfermedades
(CIE-10) contiene 21 capítulos que cubren todo el espectro médico. En el capitulo F se cla-
sifican los trastornos mentales y del comportamiento, incluidos los trastornos del desarro-
llo psicológico (Organización Mundial de la Salud, 1992). El texto básico de la CIE- 1O fue
aprobado en 1989 por la mayoría de los ministros de sanidad de los países miembros de la
OMS y en 1990 la Asamblea Mundial de la Salud acordó su aplicación en los Estados miem-
bros a partir del 1 de enero de 1993. A la versión CIE-10 se le augura un largo futuro, ya
Capítulo 4: L a clasificación en psicopatología
que la OMS tomó tambidn la decisión de no revisar el sistema CIE cada ddcada, como lo
había venido haciendo, habiendo influido en esta decisión razones económicas, por cuan-
to las investigaciones llevadas a cabo han supuesto una importante inversión de recursos no
productivos, en contraposición con las revisiones del sistema DSM, que han generado impor-
tantes beneficios a la APA (cuadro 4.3).
El capítulo F de la versión CIE- 10 fue el resultado de una lenta elaboración, que comen-
zó con un proyecto para mejorar la precisión y fiabilidad diagnóstica, y de la colaboración
de la OMS y la Administración para la Salud Mental y Abuso del Alcohol y Drogas (Uni-
ted States Alcohol, Drug Abuse, and Mental Health Administration, ADAMHA), así como
de diversos encuentros científicos internacionales. El primer borrador del capítulo V (F)
salió a la luz en 1986, tras la realización de diversos estudios de campo en numerosos pai-
ses. En dicho capítulo se acordó desarrollar los siguientes documentos:
8.
a) Un glosario breve o texto básico en el que se contienen los códigos numéricos, los
títulos y una escueta descripción de las categorías, y con el que deberían hacerse com-
patibles todos los glosarios nacionales, para su inclusión en los volúmenes generales
CIE-10 con el fin de servir de guía a los administradores y codificadores sin entre-
namiento clínico.
6) Una guía diagndstica cíínica (libro azul), diseñada para el uso diario de los especia-
listas, con la descripción de las características clínicas que sirven de base para el diag-
nóstico de cada trastorno.
c) Los criterios diagnósticospara la investigacidn (DCR-10) (libro verde), derivados del
documento anterior y formulados de forma más precisa y restrictiva.
d) Versionesabreviadds para su utilización en atención primaria y medicina general.
e) Un sistema multiaxial, con ejes principales de carácter físico, psiquiátrico y de per-
sonalidad, además de otros complementarios.
Retraso mental.
Síndromes cerebrales orgánicos.
Psicosis funcionales.
Neurosis.
Trastornos de la personalidad.
Trastornos psicofisiol6gicos.
Síntomas especiales.
Trastornos situacionales transitorios.
Trastornos de conducta en la infancia.
Otras condiciones sin trastornos psiquiátricos manifiestos.
Psicopatología general
Trastornos facticios.
Trastornos del control de impulsos no clasificados en otros apartados.
Trastornos adaptativos.
Factores psicológicos que afectan al estado físico.
Trastornos de la personalidad.
¿?S&
psicológicos Clasificaciones psiquidtricas
Información obtenida mediante escala de inter- Información obtenida mediante escala nomi-
valo. nal.
Modelo de medida aditivo, mediante la suma Modelo de medida de clase, por recuento del
de ítems. número de criterios correspondientes a un diag-
nóstico.
Aunque en las últimas versiones DSM se cree que la fiabilidad diagnóstica ha mejora-
do notablemente merced al uso de definiciones operativas, en realidad persisten razonables
dudas respecto a esta pretensión, no faltando autores que consideran que la fiabilidad de los
sistemas diagnósticos en psiquiatria ha mejorado muy poco en los últimos 30 años (Kirk y
Kutchins, 1994).
Las medidas psicométricas de los distintos tipos de validez (de contenido, de criterio y
de constructo) se han intentado trasladar también a las clasificaciones psiquiátricas con des-
iguales resultados, dependiendo de las categorías diagnósticas (cuadro 4.5). Sin embargo,
Psicopatología general
gran parte de los autores coinciden en sefialar que la validez de los diagnósticos es mucho
más importante que la fiabilidad inter-diagnosticadores, especialmente la validez de cons-
tructo.
Medida de la fiabilidad mediante acuerdo inter- Test-retest y consistencia interna son conside-
diagnosticadores (coeficientekappa), en donde rados medidas de validez descriptiva más bien
la información a obtener y la puntuación no que de fiabilidad.
dependen de procesos mecánicos sino inferen-
ciales del clínico.
La validez de criterio se basa en análisis correla- La validez de criterio suele valorarse a traves
cionales entre las puntuaciones de una escala y de un tratamiento específico. Cuando la vali-
las medidas de un resultado o criterio. dez de criterio de una categoría diagnóstica es
alta, los pacientes pertenecientes a dicha cate-
goría deberían responder de forma similar ante
una determinada terapia o tratamiento farma-
cológico.
Son varios los autores que piensan que los trastornos mentales no tienen existencia real
sino que son construcciones culturales, muy ligadas a la concepción del yo y de la p-ersona
protestante germánica, en donde el autocontrol constituye el eje central de la etnopsicolo-
gía noreuropea (Gaines, 1992). El control es necesario para, y es un signo de, la salud men-
tal y rectitud moral. Para Gaines, los estados existenciales indicativos de falta de control son
los que forman parte de los sistemas de clasificación oficiales DSM y CIE; ello explica por
qué estas nomenclaturas agrupan una mezda de problemas relativos a cuestiones muy diver-
sas como la edad, las sustancias tóxicas, la emoción, cognición, acción, ser, desarrollo, fun-
cionamiento y demás. Refiere Gaines que todos los síntomas clínicos pueden resumirse en
cuatro dominios fenomenológicos, que engloban la existencia y e:periencia humanas:
Con independencia del dominio al que pertenezcan, los síntomas siempre son indicativos
de trastornos mentales cuando se presentan por defecto o por exceso, según un patrón defi-
nido por el sentido común, que representa precisamente una construcción cultural; es decir,
los trastornos psíquicos representan la pérdida de control en cualquiera de los cuatro dominios
mencionados, pudiendo ser valorados, propiamente, como patologías de control.
Lewis-Fernández y Keinman (1994) coinciden también en señalar que la psicología y
psiquiatría occidental se asientan en ideologías ligadas a la cultura, sefialando en particular
tres aspectos: el egocentrismo del yo, el dualismo mente-cuerpo y la cultura como sobre-
imposición a una realidad biológica. El primer aspecto tiene que ver con la creencia de que
la conducta viene determinada fundamentalmente por atributos internos del sujeto, minus-
valorando la importancia del contexto social en el que se manifiestan; el segundo, que ha
servido de fundamento a la división de los trastornos orgánicos y los problemas psicológi-
cos en las clasificaciones modernas, supone dar la espalda a la creencia de la mayoría de la
gente sobre el origen psicosomático del sufrimiento humano. El tercer aspecto equivale a
considerar la cultura como un epifenórneno o conjunto de esquemas y creencias cognitivos,
generalmente poco fundamentados o supersticiosos, que se imponen aposteriori sobre una
inamovible realidad biológica.
En consecuencia, la mayoría de los constructos psiquiátricos parecen más bien concep-
tos difusos, de cuya naturaleza interna todavfa se sabe poco, debido a que se apoyan más en
observaciones clínicas que en modelos teóricos sólidamente cimentados, existiendo dificul-
tades de falsación de los propios modelos teóricos cuando han sido utilizados. Por ello. S b -
ner (1986) ha propuesto un paradigma integrado que se basa en los principios de la valida-
Psicopatología general
ción del constructo, a través de un constante intercambio entre el desarrollo teórico y aná-
lisis empíricos siguiendo tres fases:
A su vez, Millon (1991) cree importante para una clasificación clínica los requisitos de
relevancia clinica, amplia representación y robustez concurrente. Con la relevancia clínica y
simplicidad se pretende que un modelo teórico deba depender de un número mínimo de
supuestos, conceptos y categorías, evitando conceptos densos, ambiguos o difíciles de extraer.
Refiere el autor que uno de los objetivos principales de toda clasificación debe ser el inte-
grar las diversas observaciones, igualmente, con un número mínimo de términos (atributos
o categorías). No obstante, este es un requisito previo que no garantiza, por sí mismo, la
validez ni la utilidad clínica de una clasificación. Por amplia representación entiende un
extenso rango de problemas clínicos que debiera abarcar una clasificación. Finalmente, la
robustez concurrente se refiere al mantenimiento de las agrupaciones de sujetos que con-
forman las categorías clínicas ante nuevas condiciones o atributos diferentes a los iniciales,
respondiendo a un principio de generalización cruzada.
Cooper y Sartorius, 1974). Una mayor descripción de estos instrumentos puede encontrarse
en otro lugar (Lemos Giráldez, 1991).
Por otra parte, merced a la colaboración establecida entre la OMS y la ADAMHA se
desarrolló la Entrevista Diagndstica Internacional Compuesta (CompositeInternational Diag-
nostic Interview, CID2 World Health Organization, 1990a), destinada a ser usada por entre-
vistadores no profesionales en estudios comunitarios, los Cuestionariospara la Evaluacidn
Clinica en Néuropsiquiatda (SchedulesforClinicalAssessment in Neuropsychiatry, S W ; Orga-
nización Mundial de la Salud, 1993), y el Examen Internacional de los Trartornos de la Per-
sonalidad (InternacionalPersonality Disorder Examination, IPDE; Organización Mundial de
la Salud, 1996). Se trata, en todos los casos, de entrevistas estructuradas que pretenden faci-
litar la obtención de datos de forma operativa, para determinar los'criterios de inclusión o
exclusión definidos para cada trastorno en los sistemas de clasificación, mediante preguntas
estándar que permitan valorar la existencia de pperiencias subjetivas anormales y su signi-
ficación clínica. Los instrumentos requieren experiencia y entrenamiento específicos en cen-
tros acreditados por la OMS, siendo necesarios para la utilización del SCAN amplios cono-
cimientos de psicopatología. Dichos instrumentos han sido objeto, por otra parte, de diversos
ensayos de campo internacionales para comprobar su fiabilidad y posible aplicación trans-
cultural, a lo largo de un amplio periodo vital. En todos los casos se recomienda la utiliza-
ción de un programa informática para procesar los datos y generar los diagnósticos CIE-10
O DSM-111-R.
De los mttodos habitualmente utilizados para llegar a establecer una decisión diagnósti-
ca, los marcadores biológicos son procedimientos que conjugan muy bien las propiedades de
validez y fiabilidad, aunque no son técnicas frecuentes en los actuales sistemas de clasifica-
ción descriptivos y no etiológicos. Gran parte de los tests neuropsicológicos y de valoración
de las funciones cognitivas, así como los tests psicomttricos y las técnicas de imagen de alta
tecnología, alcanzan la máxima fiabilidad pero en general todavía tienen una validez diag-
nóstica muy limitada.
Las entrevistas no estructuradas son el procedimiento más utilizado en la práctica clí-
nica y, en manos de expertos, probablemente sean uno de los mttodos que permitan alcan-
zar diagnósticos más válidos, si bien generalmente poco objetivos, reproducibles y fiables.
Las entrevistas estructuradas y los manuales diagnósticos han logrado alcanzar altos índices
de fiabilidad, aunque con una validez más baja, al no atender a las características idiosin-
crásicas del sujeto a valorar.
Los cuestionarios de personalidad son bastante fiables en cuanto a estabilidad de la medi-
da, pero su validez es relativamente menor cuando se desean realizar diagnósticos específi-
cos. Las escalas clínicas, cuando son utilizadas por clínicos expertos, alcanzan niveles altos
tanto de validez como de fiabilidad, pero generalmente sólo en relación con determinados
signos o síndromes y no como herramientas diagnósticas de amplia utilización (cuadro 4.G).
Psicopatología general
Marcadores biológicos 1 2
Entrevistas estructuradas 2 7
Manuales diagnósticos 3 4
Cuestionarios de personalidad 4 5
Escalas clínicas 5 6
Tests neuropsicol6gicos y psicométricos 6 3
Pruebas de alta tecnologia y de neuroirnaen 7 1
Trastornos de la personalidad
zofrenia; lo cual ha tenido gran influencia en el punto de vista actual sobre los trastornos del
espectro esquizofrénico. En afios recientes ha predominado también la idea de continuidad
entre trastornos de la personalidad y trastornos mentales. Siever y Davis (1991), por ejem-
plo, sugieren la posibilidad de implementar el desarrollo de ambos tipos de trastornos en cua-
tro dimensiones.
En contraposición a este punto de vista, otros autores han mantenido la creencia de que
existen dos tipos de alteraciones diferenciadas. Jaspers había establecido la distinción entre
procesos de enfermedad y desarrollos de la personalidad. Mientras que los procesos de enfer-
medad serían cambios no predecibles desde la personalidad previa, los desarrollos serían
cambios que pueden ser comprendidos desde la personalidad premórbida. La neurosis fue
entendida por Jaspers como un desarrollo comprensible de la personalidad. El punto de vis-
ta de este autor tuvo gran influencia en los sistemas oficiales de clasificación actuales. En la
psiquiatría alemana, este punto de vista llevó a establecer la diferenciación entre la perso-
nalidad psicopática y la neurosis, por un lado, y la psicosis, por otro.
Kurt Schneider, en 1923, se ocupó de las personalidades psicopáticas como alteracio-
nes que dan lugar a sufrimiento del propio sujeto o de las demás personas y diferenció 10
variedades de personalidad anormal (entre ellas personalidades depresivas o inseguras), no
muy distantes de las que actualmente se conocen, entendiendo que el concepto "psicopáti-
co" tenía un significado mucho más amplio del utilizado por la psiquiatría angloamericana,
en donde el concepto de "neurosis" cobró un significado más abarcativo como consecuen-
cia de las influencias del psicoanálisis. De este modo, el término "psicopático" siguió utili-
zándose hasta hoy con doble significado: uno más amplio, de personalidad anormal, y otro
más restringido, de personalidad antisocial. Schneider no entendía estos trastornos como
precursores de otra patología más severa sino como entidades clínicas separadas y eventual-
mente coexistentes con diversos trastornos (por ejemplo, depresión, ansiedad, abuso de sus-
tancias o esquizofrenia). Este punto de vista es coincidente con las apreciaciones actuales
que han preferido ubicarlos en un eje diferenciado, y con las investigaciones epidemiológi-
cas, que indican la presencia de un trastorno de la personalidad en el 50% de los individuos
que buscan ayuda psicoterapéutica por otras causas, y una tasa de prevalencia vital del 10%
al 13% (Weissman, 1993).
La definición que hace el sistema de clasificación DSM-111 de las personalidades anor-
males no es muy distante del referido por Schneider, en la medida en que los considera ras-
gos inflexibles y desadaptativos que causan bien un deterioro funcional significativo, bien
malestar subjetivo; sin embargo, no se adoptó el punto de vista de este autor respecto a que
la personalidad anormal fuera una variante extrema de la personalidad normal, propo-
niendo en cambio categorías mutuamente excluyentes y diferentes de la personalidad nor-
mal. Por otra parte, y debido a la escasa fiabilidad diagnóstica de las categorías estableci-
das en el DSM-111, se introdujeron criterios conductuales más específicos en las ediciones
posteriores.
En todos los modelos, los trastornos de la personalidad generalmente representan una
patología menos grave que las psicosis, aunque suficientemente seria como para deteriorar
el funcionamiento profesional e intelectual.
Capítulo 5: Trastornos de la personalidad
Los trastornos de la personalidad han sido interpretados como los niveles extremos de
los rasgos temperamentales determinados genkticarnente y modelados por el ambiente duran-
te los años del desarrollo. No existe una línea divisoria clara entre la conducta normal y la
anormal, por lo que son conceptos relativos que representan puntos arbitrariamente esta-
blecidos en un gradiente o continuo de intensidad. La patología se considera el resultado de
las mismas fuerzas que están implicadas en el desarrollo normal. Cuando una persona mues-
tra la capacidad de hacer frente al ambiente de manera flexible, y cuando sus percepciones
y conductas típicas contribuyen a incrementar la satisfacció? personal, puede decirse que
posee una personalidad normal y saludable; por el contrario, cuando responde a las obliga-
ciones cotidianas de manera inflexible o defectuosa, o cuando sus percepciones y conduc-
tas aumentan la insatisfacción o disminuyen las oportunidades para aprender y desarrollar-
se, se puede hablar de un patrón patológico o desadaptativo (Millon, 1998).
La interacción de los sistemas interno y externo tiene especial importancia en las alte-
raciones de la personalidad. No sólo se expresa la personalidad en las interacciones cotidia-
nas en los ámbitos social y familiar, sino que las características que normalmente compo-
nen la personalidad producirán a su vez reacciones que retroalimentarán la evolución futura
de cualesquiera alteraciones que la persona pudiera presentar. De este modo, las conductas,
mecanismos y actitudes hacia sí mismo que manifiestan las personas con los demás evoca-
rán respuestas recíprocas que influirán sobre el hecho de si los problemas mejorarán, se esta-
bilizarán o se intensificarán.
La definición diagnóstica de trastorno de la personalidad se ha centrado en tres requi-
sitos:
La línea divisoria entre personalidad normal y anormal y los criterios de decisión no son
claros; no obstante, se han establecido habitualmente criterios de tipo estadístico y social.
El criterio estadístico supone una variación cuantitativa basada en un punto de corte, al igual
que en la inteligencia, mientras que el criterio social, aun siendo tambidn cuantitativo, se
basa en el hecho de que el sujeto experimente algún sufrimiento por su propia personalidad
o produzca sufrimiento a otras personas.
Es posible diferenciar cuatro tendencias en la clasificación actual de los trastornos de la
personalidad:
de la adolescencia, así como en la condición de que deben dar lugar a tensión o malestar
personal o deterioro social. Sin embargo, se diferencian en las subclasificaciones; mientras
que el CIE-10 sigue más bien el sistema psiquiátrico al basar los tipos en niveles extremos
de rasgos específicos, como paranoide o anancástico (de características paranoides u obsesi-
vas), desde el DSM-111 se presentan como el resultado de tres clusters de conductas:
F60. Trastornos Trastorno paranoide de la perso- 301. Trastornos Trastorno de la personalidad pa-
específicos de la nalidad
personalidad Trastorno esquizoide de la per- dad
sonal idad
.
de la personali- ranoide
Trastorno de la personalidad es-
quizoide
Trastorno disocial Trastorno de la personalidad es-
Trastorno de inestabilidad qmo- quizotípica
cional de la personalidad Trastorno de la personalidadanti-
Trastorno histriónico de la per- social
sonalidad Trastorno de la personalidad Ií-
Trastorno anancástico de la per- mite
sonalidad Trastorno de la personalidad his-
Trastorno ansioso (con conducta triónica
de evitación) de la personalidad Trastorno de la personalidad nar-
Trastorno dependiente de la per- cisista
sonalidad Trastorno de la personalidadevi-
Otros trastornos especlficos de la tativa
personalidad Trastorno de la personalidad de-
Trastorno de la personalidad sin pendiente
especificación Trastorno de la personalidad
obsesivo-compulsiva
Trastorno de la personalidad no
especificado
En relación con la validez de las agrupaciones del DSM-111-R, han sido muchos los estu-
dios destinados a identificar las dimensiones subyacentes a los 11 tipos descritos mediante
análisis factorial y escalamiento multidimensional, en los que obtuvo gran variabilidad de
resultados. Otros estudios que utilizaron análisis de cluster no confirmaron las agrupaciones
propuestas en el DSM-111-R. Las investigaciones sobre comorbilidad de los trastornos de la
personalidad también ofrecen datos de interés para el análisis de la validez; en particular un
solapamiento entre los trastornos de la y patrones de comorbilidad que no apo-
yan la distinción de los clusters, apareciendo la tasa de comorbilidad más alta entre los tras-
tornos de personalidad evitativa (cluster C) y esquizotípica (cluster A). Por otra parte, la hete-
rogeneidad encontrada en las características clínicas y demográficas de los sujetos pertenecientes
a cada agrupación del DSM-111-R ha sido bastante intensa. En Síntesis, la investigación
demuestra lo siguiente:
1,
La definición que las clasificaciones oficiales hacen de cada uno de los trastornos de la per-
sonalidad puede sintetizarse con los atributos que a continuación se describen. Cabe seiíalar,
no obstante, que en la versión DSM-IV los criterios correspondientes a cada trastorno han
sido definidos con mayor claridad, resultan más operativos y están menos ligados a modelos
teóricos específicos (por ejemplo, el psicoanálisis) que en versiones anteriores.
Se observa también cierto solapamiento de los criterios con la definición de los trastor-
nos de las personalidades esquizotípica, paranoide, evitativa y obsesivo-compulsiva.
Este trastorno representa un patrón de déficit cognitivos y sociales entre los que desta-
can la escasa capacidad por establecer relaciones interpersonales, incapacidad para experi-
mentar placer, distorsiones en la forma de pensar y conductas excéntricas. Se describen como
caracteristicas predominantes ideas de referencia; creencias extrañas y pensamiento mágico
que no están determinados por la pertenencia del sujeto a una determinada subcultura (por
ejemplo, superstición, creencia en la telepatía, clarividencia, sexto sentido o fantasías y pre-
ocupaciones extravagantes en niños o adolescentgs) experiencias perceptivas inusuales; pen-
samiento y lenguaje extraño (por ejemplo, vago, circunstancial, metafórico, sobreelaborado
o estereotipado); susceptibilidad o ideación paranoides; afectividad inapropiada; conducta
o apariencia extraña o peculiar; ausencia de amistades íntimas en quienes confiar; y excesi-
va ansiedad social.
La investigación ha demostrado que la esquizotipia es un concepto multidimensional,
en el que es posible diferenciar al menos tres factores. Analizando en conjunto los resulta-
dos, los análisis factoriales indican la existencia de al menos dos dimensiones claramente dis-
tintas: la primera puede denominarse de "distorsión de la realidad y parece relacionarse con
los aspectos positivos de la sintomatología esquizofrénica (es decir, experiencias inusuales o
extrahas); la segunda corresponde a los síntomas negativos, pudiendo considerarse la dimen-
sión de "anhedonia social" y otros déficit afectivos y conductuales. Una tercera dimensión,
que incluye características de no conformidad impulsiva, desorganización cognitiva y ansie-
dad social, no aparece de manera consistente, lo que podría deberse, en parte, a la natura-
leza y rango de las escalas de esquizotipia utilizadas en los diferentes estudios. También es
posible que dicha dimensión incorpore simultáneamente características tanto positivas como
negativas de la esquizotipia, pero que la utilización de diferentes medidas en los estudios
factoriales no haya permitido definirla de forma precisa (Lemos, 1999).
Aunque los resultados de la investigación sobre la medida y estructura de la esquizoti-
pia parecen confirmar el carácter multidimensional de este síndrome, se discute, sin embar-
go, sobre qué factor representa su componente esencial. Para un buen número de investi-
gadores, los síntomas negativos de la personalidad esquizotípica (el aislamiento social y la
restricción afectiva) son las características más importantes de este síndrome y los predicto-
res más importantes del riesgo de desarrollar esquizofrenia (Lemos Giráldez, Inda Caro,
López Rodrigo, Paíno Piñeiro y Besteiro González, 1999), y diversos autores han encon-
trado relación entre un circuito que liga el córtex prefrontal con estructuras subcorticales y
la presencia de síntomas negativos, objetivada por la reducción significativa de la actividad
metabólica de dichas áreas cerebrales. Curiosamente, en cambio, las anomalías perceptivas
y del pensamiento han sido especialmente subrayadas entre los criterios del DSM-IV para
la definición de la personalidad esquizotípica.
Psicopatología general
Se ha observado, por otra parte, que las mujeres puntúan más alto que los varones en
tests que valoran el factor positivo de la esquizotipia; mientras que éstos lo hacen en mayor
medida en la anhedonia física y social. Estas diferencias sintomáticas observadas en ambos
sexos (la presencia de más aberraciones perceptivas en las mujeres y de más déficit sociales
en los varones) se han observado también en la esquizofrenia. En la actualidad, los puntos
de vista sobre este trastorno se pueden resumir en lo siguiente:
También conocida como psicopatía o sociopatía, se caracteriza por cuatro rasgos bási-
cos: fracaso en las relaciones afectivas, actos impulsivos o reacciones en "corto-circuito"
(acting-outs), ausencia de culpabilidad, y no aprendizaje de las propias experiencias adver-
sas. El fracaso en las relaciones afectivas de estas personas se acompafia de egoísmo o exclu-
sivo interés por uno mismo y una actitud desalmada, que puede llegar a la crueldad. La
ausencia de sentimientos suele contrastar con un cierto encanto aparente, que posibilita a
estas personas una relación pasajera y superficial. La actividad sexual es llevada a cabo sin
evidencia de sentimientos' de ternura. La impulsividad se refleja en inestabilidad laboral, fre-
cuentes despidos, y en un tipo de vida sin planificación ni objetivos. La impulsividad, jun-
to con la ausencia de remordimiento, favorece la conducta delictiva y suele agravarse con el
consumo de alcohol y drogas. Otras consecuencias son la falta de interés por la familia, mal-
trato doméstico, así como incapacidad para organizar los gastos y otros aspectos de la vida
cotidiana.
Las versiones DSM distinguieron varios tipos de conductas antisociales, con categorías
para niños delincuentes que se incluyen dentro de los trastornos de conducta (con la dife-
renciación entre "socializado" y "agresivo"). La separación de la categoría adulta de perso-
Capítulo 5: Trastornos de la personalidad
patas parecen tener un defecto constitucional en el sistema de respuestas ante el castigo, que
implica haber aprendido a no responder ante determinadas circunstancias o a dar respues-
tas oposicionistas en otras y han perdido o nunca han adquirido la capacidad de responder al
feedback social (alabanza o condena social).
9 Desde el punto de vista etiológico, aunque gran parte de los psicópatas proceden de
ambientes socio-económicos bajos, con pobreza, hacinamiento, pobre estimulación, etc.,
no se consideran estas circunstancias las causantes de la delincuencia. Los aspectos más
significativos son las características familiares de estos sujetos, que no están relacionadas
con la clase social. Por ejemplo, entre los factores causales se describe un sistema de disci-
plina inconsistente o errático, con castigos crueles y aleatorios, así como lafalta de refier-
zo de conductas prosociales. El empleo de castigos duros e inconsistentes provoca que éstos
se conviertan fácilmente en ineficaces (por desensibilización), requiriendo la aplicación de
castigos de mayor intensidad. La inconsistencia implica una mezcla de permisividad y
dureza, o el constante empleo del castigo ante conductas irrelevantes, con lo cual pierde
su eficacia discriminativa como regulador de la conducta. La consecuencia final de este
sistema educativo es que el feedback social y físico de cualquier tipo será menos influyen-
te, haciendo que estos individuos tengan dificultad para responder adecuadamente a la
alabanza y afecto. La falta de feedback sería la consecuencia de una disciplina inconsisten-
te y severa. La conducta oposicionista podría ser una respuesta a este tipo de disciplina
inconsistente y severa de los padres, que más tarde se dirigirá también hacia la sociedad.
Un esquema interactivo de la conducta violenta se ofrece en la figura 5.1.
Cuatro posibles procesos para el desarrollo de las conductas antisociales han sido pro-
puestos:
Trastornos
profesores
1
I
1
delictivo
A
I
,
1
1
2. Supervisión
LOS PADRES 3. Solución de problemas
4. Disciplina constante y afecto
5. Paternidad positiva
o divorcio
a) Que el córtex prefrontal, como parte de un circuito neuronal, juega un papel central en
el condicionamiento al temor y en la respuesta al estrés (el pobre condicionamiento
guardaría relación con el pobre desarrollo de la conciencia moral; y la menor respuesta
autonómica ante estímulos aversivos durante la i n h c i a podría hacer a la persona menos
sensible frente a castigos socializantes, predisponiéndole a la conducta antisocial).
Capítulo 5: Trastornos de la personalidad
Se caracteriza este trastorno por la presencia casi simultánea de síntomas neuróticos, psi-
cóticos y psicopáticos, sin que el síndrome pueda clasificarse claramente en uno sólo de esos
grupos. Estos sujetos fueron tradicionalmente diagnosticados como esquizofrenia ambula-
toria o psiconeurótica, debido al fracaso que muestran en la integración de la vida emocio-
nal y la realidad. Se incluían en esta categoría a numerosos psicópatas, personas con desvia-
ciones sexuales, homicidas, etc. En la década de 1950 los psiquiatras americanos incluyeron
a &ias personas en el grupo de la patología del carácter, como entidad diferenciada, a pesar
de la escasa precisión de los síntomas. El infantilismo emocional es, tal vez, la única carac-
terística definida. Por lo regular, no presentan actividad delirante ni signos esquizofrénicos
permanentes. Son personas de contacto difícil, introvertidas, con marcadas actitudes poli-
valentes, con fuerte desadaptación laboral, social y familiar. MiLLon destaca también dos
características fundamentales: capacidad social deficiente, y crisis psicóíicas periódicas pero
reversibles (Millon, 1998). S\
Los rasgos caracterlsticos de las personas pertenecientes a esta categoría son la dramatiza-
ción, un comportamiento teatral, afán de llamar la atención y una relación social centrada en
uno mismo. Determinados rasgos más o menos normales, como el llanto o la risa, son exage-
rados, presentándose de manera desproporcionada ante nimiedades. Dependencia, sugestio-
nabilidad y actitudes seductoras, son tambidn características destacadas. En las relaciones socia-
les, estas personas muestran una capacidad limitada para experimentar afectos profundos y
para comunicarlos, por lo que suelen ser percibidas por los demás como poco genuinas, a pesar
de ser superficialmente encantadoras. Dicho encanto aparente les facilita conseguir, a corto
plazo, sus objetivos, pero son incapaces de mantener relaciones interpersonales duraderas.
Se definen también por una constante búsqueda de nuevas experiencias, perdiendo
consideración por los demás y pareciendo ocuparse sólo de sus intereses. Expresan fácil-
Capítulo 5: Trastornos de la personalidad
. , Se define por una necesidad excesiva de recibir cuidados, hasta el punto que provoca en
estos sujetos conductas de sumisión, apego excesivo y miedo de separación. Otros criterios
diagnósticos son la incapacidad para tomar decisiones, sin recibir consejo y apoyo de los
demás, por falta de voluntad y poca aserción; deseo de evitar responsabilidades; dificultad
para expresar desacuerdo con los demás por miedo a perder su aprobación y apoyo; dificul-
tad para iniciar proyectos o para hacer cosas, por escasa auto-confianza en las propias capa-
cidades y no por falta de motivación o energía; excesiva preocupación por recibir apoyos y
cuidados, hasta el punto de adaptarse pasivamente a los deseos de los demás y de aceptar
voluntariamente realizar cosas desagradables; sentimientos 8e desesperanza y malestar al
estar solos, así como temor a ser abandonados, por temor a no ser capaz de cuidarse uno
mismo; urgente necesidad de encontrar otsa relación como &ente de cuidado y apoyo cuan-
do finaliza una relación íntima. Cuando estas personas se casan o se vinculan sentimental-
mente con otras, suelen protegerse de su debilidad mediante una pareja a la que le gusta
tomar decisiones y llevar la iniciativa. Cuando se ven obligados a vivir solos, en cambio, sue-
len bajar en la escala social y llegar al desempleo, falta de hogar, etc., por falta de habilida-
des sociales y de seguridad en sí mismos.
Existe cierto solapamiento diagnóstico con los criterios de los trastornos de la persona-
lidad evitativa, límite y narcisista.
Determinados rasgos obsesivos que se presentan en personas normales y que suelen ser
bien valorados por la sociedad al guardar relación con el éxito individual (precisión, pun-
tualidad, perseverancia en las tareas pese a dificultades) se hacen más extremas en estos suje-
tos, destacando la falta de adaptación a nuevas situaciones. Estos individuos son rígidos en
sus puntos de vista, excesivamente minuciosos y hasta escrupulosos e inflexibles en las cues-
tiones de moralidad y valores, asi como en el acercamiento a los problemas; los cambios les
perturban y prefieren la rutina de lo conocido; les falta imaginación y dejan de aprovechar
las oportunidades. El perfeccionismo, rigidez, terquedad y orden excesivos en un aspecto de
la vida suele producir un caos en otro, pudiendo, además, convertir en una carga el trabajo
cotidiano. Suele existir poca conciencia del efecto que esta conducta tiene sobre las demás
personas. Les falta sentido del humor y tienden a ser moralistas en sus opiniones; son exce-
sivamente sensibles a la crítica, real o supuesta, por lo que suelen ser muy conformistas y
autocontrolados. No suelen disfrutar haciendo o recibiendo regalos.
La falta de confianza en sus capacidades es otro rasgo importante, buscando más y más
consejo, especialmente a la hora de tomar decisiones, deteniéndose demasiado en los pros
y contras de cualquier determinación. Encuentran muy difícil iniciar o terminar cualquier
actividad, estando siempre a medio camino; sin embargo dedican excesivo tiempo al traba-
jo y a las actividades productivas, en detrimento del ocio y vida social. Estos sujetos expre-
Psicopatología general
Por otra parte, algunos autores proponen no sustituir la personalidad histérica por la
histriónica, al considerarlas distintas, debiendo ser mantenidas ambas. La distinción radi-
caría en que la personalidad histérica se caracteriza por mostrar intacta la identidad del suje-
to, relaciones sociales estables, capacidad para tolerar la ambivalencia y un funcionamiento
moral normal. La inestabilidad emocional e impulsividad se hace más evidente sólo en rela-
ción con algunas personas con las que el individuo tiene intensos conflictos sexuales y de
competencia. Por otra parte, muestran una pseudo-hipersexualidad que se combina con
inhibición sexual. El sujeto con personalidad histriónica, en cambio, se definiría por una
incesante búsqueda de atención, deseo de excitación, reacción aumentada ante mínimos
sucesos, ataques de ira, falta de autenticidad y amenazas de suicidio manipuladoras; mos-
trando, por tanto, un espectro psicopatológico más intenso. Se les atribuye, además, una
identidad difusa, inestabilidad emocional generalizada, escasas inhibiciones sexuales, impul-
sividad, defecto moral y oscilaciones más sc-?eras en el humor. Algunos investigadores apun-
tan cierta relación con la personalidad antisocial.
La personalidad autoderrotante o pasivo-agresiva se deriva del concepto psicoanalítico
de "carácter masoquista", que algunos autores no reconocen como personalidad diferencia-
da; las personas que tienen mayor probabilidad de recibir este diagnóstico son las mujeres
maltratadas, siendo un diagnóstico culpabilizador. Además, esta condición de autoderrota y
masoquismo no suele ser admitida por algunos de estos pacientes. Mientras que algunos auto-
res consideran útil el diagnóstico, otros estiman que no existe validez suficiente para mante-
ner la supuesta alteración como categoría diferenciada. Hay, incluso, autores que creen ver
en estos pacientes síntomas característicos de los trastornos afectivos. En la nueva versión ofi-
cial de la APA, DSM-IV, finalmente se ha optado por suprimir esta categoría clínica.
von Knorring, Bodlund y Kullgren, 1993). Livesley (1995) informa al respecto que duran-
te la revisión que dio lugar al DSM-IV se intentó alcanzar un consenso sobre los rasgos que
permitieran describir y fundamentar los trastornos de la personalidad, siendo sugeridas sie-
te dimensiones (introversión, neuroticismo, inhibición, antagonismo, aproximación social,
dependencia de refuerzos y desorganización cognitiva), lo que finalmente se desechó al con-
siderar que dicho modelo carecía de una base empírica sólida.
H a habido intentos de utilizar un escalamiento multidimensional de los trastornos de
la personalidad, como es el caso de Gunderson et al. (1991), quienes propusieron la orga-
nización de los diferentes tipos de personalidad en torno a una dimensión de gravedad del
deterioro o disfunción. El procedimiento de síntesis permitiría udlizar un modelo catego-
rial para los pacientes que presentan fallos funcionales más graves y el modelo dimensional
para los pacientes con menor deterioro funcional, cuya patología se sitúa entre los márge-
nes de la normalidad. s.
Recientemente, los investigadores se han mostrado interesados en aplicar los modelos
de la personalidad normal a los trastornos de la personalidad; por ejemplo, han tenido gran
influencia los trabajos realizados por Costa y colbs. Mediante la utilización de cinco gran-
des factores o dimensiones, intentan explicar gran parte de las diferencias observadas en las
personas (Costa y Widiger, 1994). Las alteraciones de la personalidad se contemplan como
desviaciones cuantitativas, y posiblemente también cualitativas, en los rasgos y las dimen-
siones que están presentes &-todos los individuos. Diversos autores han tratado de tradu-
cir los diagnósticos categoriales del eje 11 del DSM-IV al modelo de los cinco factores de
personalidad (Widiger, Trull, Clarkin, Sanderson y Costa, 1994). Este modelo ha recibido
un fuerte apoyo empírico en los estudios que examinan su relevancia en los trastornos de la
personalidad, por lo que pretenden sustituir las clasificaciones propuestas en las versiones
DSM y CIE por un marco teórico dimensional.
Millon (1998) ha sugerido un modelo que pretende interpretar las categorías oficiales
bajo una nueva perspectiva basada en el aprendizaje biosocial. Propuso un sistema teórico,
que denominó "teoría biosocial-aprendizaje", basado en tres dimensiones o polaridades de
las que se derivan los trastornos categoriales descritos en el eje 11del DSM-111-R, en un
intento de conciliar el carácter dimensional de los rasgos con la descripción categorial de los
sistemas de clasificación oficiales: naturaleza del refierzo (si la persona normalmente expe-
rimenta refuerzos positivos, refuerzos negativos, ambos o ningiino),&ente del re&erzo (yo,
otros o ambivalente), y conducta instrumental (activa o pasiva).
En dichas dimensiones se parte del supuesto de que las estructuras y funciones de la per-
sonalidad están diseñadas fundamentalmente para maximizar el bienestar y minimizar el
malestar (placer-dolor). Además, tales estructuras y funciones revelan en dónde los indivi-
duos buscan alcanzar estos objetivos (yo-otros), y cómo se comportan al hacerlo (activo-
pasivo). Los d6ficit patológicos o desequilibrios que tienen lugar en la naturaleza de los
refuerzos (placer frente a dolor), la&ente (yo frente a los otros) o las conductas instmrner2rtí-
ks (activo frente a pasivo) que utilizan las personas, son la base del estudio de los ocho parre
nes básicos de la personalidad normal (cuadro 5.3) y de otros diez patrones clínicamcnrs
relevantes, así como de las tres variantes generalmente más graves.
Psicopatoiogía general
A partir del este modelo teórico, Millon ha elaborado una clasificación de las alteracio-
nes de la personalidad combinando las orientaciones: dependiente, independiente, ambi-
valente, discordante, aislado, con los polos de actividad-pasividad, en una matriz 5 x 2. A
partir de este esquema se pueden obtener 13 alteraciones de la personalidad; 10 de ellas bási-
cas y 3 variantes disfuncionales. Las 3 variantes más graves representan los extremos de un
modelo de continuidad sindrómica, a partir de trastornos menos graves. Difieren de las otras
10 configuraciones en varios aspectos, como importantes déficit en la competencia social y
frecuentes episodios psicóticos o de pCrdida del contacto con la realidad; menor integración
en la organización de la personalidad; menor eficacia en las habilidades de afrontamiento
de los y especial vulnerabilidad ante los estresores de la vida (cuadro 5.4).
m..=-=-
rduvrl
,-.A-- fe refuerzo
de conducta
instrurnental
Los trastornos de ansiedad pueden entenderse como formas exageradas de las reac-
ciones y conductas normales que tienen lugar ante diversos acontecimientos estresantes.
Los trastornos de ansiedad se definen por la presencia de manifestaciones psicofisiológi-
cas muy intensas y desproporcionadas de temor, preocupación, obsesión o depresión, ante
situaciones o experiencias vitales. Los trastornos de ansiedad, tradicionalmente conoci-
dos como neurosis, describen alteraciones nerviosas funcionales y sin base orgánica, entre
las que Freud incluyó a la histeria, la histeria de ansiedad (equivalente al concepto actual
de agorafobia) y la neurosis obsesiva. Las neurosis habían sido definidas en la CIE-9 como
alteraciones que:
F41. Otros trastornos de ansie- Trastorno de pánico. 300.01 Trastorno de pánico. Con agorafobia.
dad. Trastorno de ansiedad generali- r Sin agorafobia.
zada.
Trastorno mixto ansiosodepresivo. 300.2 Trastorno de ansiedad
generalizada.
F42. Trastorno obsesivo-compul- Con predominio de pensamien- 300.3 Trastorno obsesivo-com- Tipo de pobre insight.
sivo. tos o rumiaciones obsesivas. pulsivo.
Con predominio de actos com-
pulsivos.
Con mezcla de pensamientos y
actos obsesivos.
F68.1. Trastornos ficticios. 300. Trastornos facticios. Con predominio de signos y sín-
tomas psicológicos.
Con predominio de signos y sín-
tomas físicos.
Con combinación de signos y
síntomas psicológicos y físicos.
No especificados en otro lugar.
(...l...)
Capítulo 6: Trakornos de ansiedad
Psicopatología general
-Diag,
_ diagnósticos adicionales (Barlow, 1987).
:o primaric
adic
En general, las causas que determinan la experiencia clínica de la ansiedad podrían englo-
barse en tres apartados: factores precipitantes, factores predisponentes, factores de mante-
nimiento.
Entre los factores precipitantes de la ansiedad suelen considerarse las condiciones de vida
y de trabajo. Así, por ejemplo, la exposición a ruidos es un estresor que puede producir algu-
na alteración de ansiedad, aunque siempre en interacción con ciertos factores de la perso-
Capítulo 6: Trastornos de ansiedad
Total
-.
Obsesivo-
-
de pánico social simple Fob~as compulsivo