Fábulas
1- El ratón campesino y el ratón rico:
Un ratón campesino tenía un ratón amigo que pertenecía a la
nobleza, un día lo invito a comer al campo. Pero como no tenía
mucho para ofrecerle más que trigo y hierbas, el ratón rico le dijo:-
¿Sabes amigo que llevas una vida de hormiga? En cambio yo
poseo bienes en abundancia. Ven conmigo y podrás tenerlos a tu
disposición. Ambos se fueron a la corte y el ratón rico le mostró a su amigo trigo y
legumbres, higos y queso, frutas y miel. Maravillado el ratón campesino, bendecía
a su amigo de todo corazón y renegaba de su mala suerte.
Cuando se preparaban para el banquete, un hombre abrió la puerta y ambos
salieron espantados. Después de un rato volvieron a buscar los higos pero otra
persona volvió al lugar y tuvieron que esconderse nuevamente. Entonces el ratón
campesino, olvidándose de su hambre, suspiró y dijo al ratón de la corte: - Adiós
amigo, veo que comes hasta hartarte y que estás muy satisfecho; pero es al precio
de mil peligros y constantes temores. Yo, en cambio, soy un pobrete y vivo
mordisqueando la cebada y el trigo, pero sin temores ni preocupaciones hacia
nadie.
Moraleja; es mejor vivir con menos pero con más seguridad y serenidad.
2 - El águila, el cuervo y el pastor
El águila se lanzó desde una cima y cogió velozmente
un corderito. La vio un cuervo y tratando de imitar al
águila, se lanzó sobre un carnero, pero no teniendo
práctica ni conocimiento alguno, sus garras se
enredaron en la lana del carnero, y aunque aleteó
fuertemente no pudo soltarse. El pastor viendo lo que
estaba sucediendo, cogió al cuervo, y cortando las
puntas de sus alas, se lo llevó a sus niños. Ellos le
preguntaron que clase de ave era y el les respondió: - Para mí, sólo es un cuervo;
pero él, se cree águila.
Moraleja: Pon tu esfuerzo y dedicación en lo que realmente estás preparado, no
en lo que no te corresponde.
3. Fabula el Gato y el Reflejo
Había una vez un gato, que estaba cruzando un rio. Y mientras cruzaba llevaba
una presa bastante grande en su boca. Al pasar se vio a sí mismo en el reflejo del
agua. Creyendo que era otro gato y viendo la gran pieza que llevaba en la boca,
quiso quitársela y se tiró al agua. Quedó muy decepcionado cuando por buscar
quitarle la presa al reflejo, perdió la que el ya tenía. Y peor aún, no pudo obtener la
que deseaba.
Moraleja: El que envidia las cosas que tienen las demás personas, puede perder
lo que ya tiene.
4- El lobo con piel de oveja
Érase una vez un lobo que un día pensó en cambiar su
apariencia para poder obtener comida fácilmente. Se metió
entonces en una piel de oveja y se fue a pastar con el rebaño,
despistando totalmente al pastor. Al atardecer como todos los
días, el pastor llevo a todo el rebaño al corral incluyendo al nuevo
infiltrado, aseguro la puerta y se fue.
Pero en la noche, buscando el pastor su provisión de carne para
el día siguiente, tomó al lobo creyendo que era un cordero y lo
sacrificó al instante.
Moraleja: Según cómo engañamos, así recibiremos el daño.
5- Fabula del astrónomo
Había un astrónomo que le gustaba toda s las noches ir a ver los astros. Un día,
mientras caminaba por los campos mirando al cielo, cayó en un enorme [Link]
caer, comenzó a gritar y lamentarse. En esto pasó un hombre, quien le preguntó
cómo había sucedido. Al escucharlo respondió; - ¿quieres ver los astros que están
en el cielo, pero no ves todo lo que hay en la tierra?
Moraleja: Algunas personas muestran su ego asegurando poder hacer cosas
sorprendentes y maravillosas, cuando la realidad no dan atención a aprender las
cosas ordinarias de la vida.
6. Los dos gallos
Era una vez una granja en la que convivían muchos animales. En particular, había
dos que se consideraban grandes amigos. Se trataba de dos gallos que desde que
eran polluelos se llevaban muy bien. Se turnaban para cantar por las mañanas,
compartían la tarea de dirigir el corral y su relación era muy cordial.
Sucedió que un día llegó una gallina nueva, tan hermosa y de mirada tan
penetrante, que enamoró a los dos gallos a primera vista. Cada día, los gallos
intentaban llamar su atención y la colmaban de detalles. Si uno le lanzaba un
piropo, el otro le regalaba los mejores granos de maíz del comedero. Si uno
cantaba bien, su contrincante en el amor intentaba hacerlo más alto para
demostrarle la potencia de su voz. Lo que empezó como un juego acabó
convirtiéndose en una auténtica rivalidad. Los gallos empezaron a insultarse y a
ignorarse cuando la gallina estaba cerca de ellos. Su amistad se resintió tanto, que
un día decidieron que la única solución era organizar una pelea. Quien se alzara
vencedor, tendría el derecho de conquistar a la linda gallinita. Salieron al jardín y
se liaron a empujones y picotazos hasta que uno de ellos ganó la contienda. Muy
ufano, se subió al tejado mientras el otro se alejaba llorando de pena y con un ojo
morado. En vez de conmoverse por la tristeza de su amigo, el ganador, desde allí
arriba, comenzó a cantar y a vociferar a los cuatro vientos que era el más fuerte
del corral y que no había rival que pudiera derrotarle. Tanto gritó, que un buitre
que andaba por allí oyó todas esas tonterías y, a la velocidad del rayo, se lanzó
muy enfadado sobre él, derribándole de un golpe con su ala gigante. El gallo cayó
al suelo malherido y con su orgullo por los suelos. Todos en la granja se rieron de
él y, a partir de ese día, aprendió a ser más noble y respetuoso con los demás.
Moraleja: si alguna vez salimos triunfadores de alguna situación, debemos ser
humildes y modestos. Comportarnos de manera soberbia, creyéndonos mejores
que los demás, suele tener malas consecuencias.
7. El lobo y el cordero
“Había una vez un lobo que vió a un cordero en la orilla de un río y quiso
comérselo ofreciendo un pretexto simple pero verosímil. A pesar de estar río
arriba, le acusó de no dejarle beber al revolver el agua. El cordero contestó que al
estar el lobo río arriba y el más abajo no era posible que que así fuera.
Al ver el fracaso, el lobo acusó al cordero de haber insultado a sus padres el año
anterior, a lo que el cordero contestó que hacía un año el aún no había nacido. El
lobo dijo entonces que aunque el cordero se justificaba muy bien, no le dejaría ir y
no iba a dejar de comérselo".
Moraleja: Esta fábula nos enseña que a menudo aquellos que quieren
provocarnos daño no se van a detener independientemente de nuestros
argumentos o de que sea o no justo.
8. El murciélago y las comadrejas
“Cayó un murciélago a tierra y fue apresado por una comadreja. Viéndose próximo
a morir, imploró el murciélago por su vida. Le dijo la comadreja que no podía
soltarle porque de nacimiento era enemiga de los pájaros. El murciélago replicó
que no era pájaro sino un raton, librándose de este modo con gran astucia.
Tiempo después volvió a caer en manos de una sgunda comadreja, a la que
suplicó que no le devorara. La comadreja ñe dijo que odiaba a los ratones, de
manera que no podía dejarle marchar. El murciélago sin embargo le contestó que
él no era un ratón sino un pájaro, de manera que consiguió volver a librarse".
Moraleja. que debemos ser capaces de adaptarnos a las situaciones de manera
rápida y flexible, algo que sin duda es lo que nos va a permitir medrar y sobrevivir.
9. El asno y la zorra encuentran al león
“El asno y la zorra, habiéndose unido para su mutua protección, salieron un día de
caza. No anduvieron mucho cuando encontraron un león. La zorra, segura del
inmediato peligro, se acercó al león y le prometió a capturar al asno si le daba su
palabra de no dañarla a ella.
Entonces, afirmándole al asno que no sería maltratado, lo llevó a un profundo foso
diciéndole que se guareciera allí. El león, viendo que ya el asno estaba asegurado,
inmediatamente agarró a la zorra, y luego atacó al asno a su antojo”.
Moraleja que no debemos traicionar nunca a los amigos por temor a los
enemigos, ya que al final también saldrás traicionado.
10. La cierva tuerta
“Una cierva a la que le faltaba un ojo pacía a orillas del mar, volviendo su ojo
intacto hacia la tierra para observar la llegada de cazadores y dando al mar el lado
que carecía del ojo, pues de allí no esperaba ningún peligro.
Pero resulta que una gente navegaba por este lugar, y al ver a la cierva la
abatieron con sus dardos. Y la cierva agonizando se dijo para sí: - ¡Pobre de mí!
Vigilaba la tierra, que creía llena de peligros, y el mar al que consideraba un
refugio me ha sido mucho más funesto".
Moraleja: que nunca debemos infravalorar o sobrevalorar las cosas ni a darlas por
sentado, sino que debemos analizar todas las opciones y sus aspectos tanto
positivos como negativos de forma realista, sin dejarnos sesgar por la
subjetividad.