La ranita
Todo inició hace años en un bosque que tenía demasiada naturaleza era de
un estrecho grande sus dimensiones eran más de lo que podía ver los ojos de
cualquier persona, sus pinos grandes con un color verde jaspeado tan encantador
que cualquiera se podía perder en ese maravilloso bosque; en sus adentros se
encontraba un pantano, esté era todo lo contrario al bosque; pues era de un olor
similar a aguas negras las plantas que ahí habitaban eran café y de colores
pálidos existía un gran contraste por eso la mayoría de los animales habitaban
lejos del pantano, era muy raro el k llegaba a pasar siquiera por ahí, pues la
sensación que se percibía en él, era de temor y desagrado; sin embargo ahí en
medio de ese bosque , en ese lugar tan tenebroso era el lugar perfecto para una
simpática ranita que ya desde hace tiempo había hecho del pantano su hogar.
A la ranita le gustaba mucho su hogar; pues, aunque para los demás
animalitos era un lugar desagradable, ella lo veía muy acogedor; pero en su
corazón una gran tristeza le abarcaba pues muy a pesar de su soledad no le
quedo de otra que apartarse y vivir en ese lugar tan solitario. La ranita que era
muy bonita, por cierto, además de ser alegre pese a su tristeza era de un noble
corazón unos sentimientos tan puros que se veían cubiertos por un veneno en sus
manitas, este era un veneno que un hechicero malvado le había puesto en sus
venas; por esos mismo a pesar de ser tan bonita y agradable la ranita no podía
hacer amigos pues lo que menos quería era hacer daño a los demás animalitos.
Así que ella misma mantenía esa armadura de ser una rana mala, para que nadie
se le acercara y vivir en el pantano le favorecía, pues como ya les había
mencionado casi nadie pasaba por ahí.
En cierta ocasión por el pantano cruzo una linda tortuga que por sus
lentitudes a pesar del miedo que sentía en estar en ese lugar no podía avanzar
mucho gracias a sus cortas patitas, así que al ir muy despacio observo a sus
alrededores que ahí debajo de los matorrales cafés con olor a feo estaba una
ranita, muy sorprendida se acercó pues se le hacía demasiado raro ver una ranita
muy bonita en un lugar tan desagradable, al querer acercarse para cuestionarla la
ranita le ranita exaltada le grito no te acerques , pues no te quiero lastimar.
La tortuga muy sorprendida cuestiono a la ranita – Porque dices que no me
quieres lastimar- No entiendo de qué manera me podrías lastimar tú, si te vez tan
indefensa, de hecho, no comprendo que haces tan solita en un lugar como este.
La ranita con lágrimas en los ojos trato de explicarle, pero al mismo tiempo
estaba temerosa pues la tortuga con pasos lentos continuaba acercándose poco a
poco hacia la ranita, no te acerques continuaba diciendo, no vez que te puedo
lastimar pues en mi corre un veneno que cuando saludo a alguien o me acerco lo
daño.
La tortuga preocupada por la ranita le pidió que no llorase que todo
problema en este mundo tenía solución, solo había que pensar la manera para
salir de esa situación. La ranita poco a poco se fue tranquilizando y al mismo
tiempo que se iba calmando trataba de pensar y buscar una solución, en un tono
de resignación le contesto que había pasado toda una vida buscando una manera
de tener amigos, pero siempre había fracasado, probo curaciones, antídotos y
nada había que le quitase esa maldad que llevaba dentro sin querer, que esa
había sido la razón por la cual ella se había aislado en ese pantano pues el lugar
describía a la perfección como ella se sentía.
La tortuga vio tanta desesperación en la ranita k se le ocurrió una gran idea,
no te preocupes le dijo, se me acaba de ocurrir una gran idea, tu solo tendrás que
darme lo que te pediré, la ranita asentó sorprendida sin saber realmente de qué
manera la podría ayudar.
Ahuja, hilo, tela y unos bosquejos es lo que necesitamos, continuaba
pensando la tortuga sin embargo la ranita no pregunto el para qué, sino se
movilizo en llevarle todo lo que le pedía, al llevarle todo lo que había solicitado la
tortuga puso manos a la obra y le coció unos fantásticos guantes hechos a la
medida, miedosa la ranita de que el plan no hubiese funcionado se colocó los
guantes, al tenerlos puestos tenía sentimientos encontrados por un lado la alegría
de que al fin tendría amigos y podría explorar ese hermoso bosque y por otro que
no funcionara condenándose así a vivir una vida de soledad en ese pantano.
Ahora será la prueba tócame le dijo la tortuga, -como crees y sino funciona-
respondió la ranita –te envenenare- no pienses así piensa positivo y veras que
funcionara. La ranita con un gran miedo abrazo a la tortuga y la magia comenzó
pues el veneno no traspaso el guante, la ranita lloro, pero esta vez de emoción, no
podía creer que al fin tenía una amiga y que ya jamás estaría sola en ese pantano.
La ranita le dio las gracias y ambas decidieron recorrer ese hermoso
bosque, y fue así como esa ranita sola y triste pudo demostrar que con un amigo
se puede pensar mejor a cualquier problema.