UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE
CHIAPAS
FACULTAD DE MEDICINA HUMANA
“DR. MANUEL VELASCO SUÁREZ”
E N S A Y O
B I O É T I C A
HERNÁNDEZ LÓPEZ EDGAR ULISES
MATRICULA: E191063
DOCENTE: DR. CONRADO SOLÍS GÓMEZ
MODULO VIII
GRUPO D
TUXTLA GUTIÉRREZ, CHIAPAS. OCTUBRE DEL 2022.
INTRODUCCIÓN
A lo largo de la vida el ser humano como especie primordialmente social, ha tenido la
necesidad de reflexionar acerca de su modo de vivir, evolucionar, y relacionarse entre sí
para mejorar su probabilidad de supervivencia. A medida que ha transcurrido la historia, y
han sucedido hechos importantes tanto plausibles como catastróficos, siempre ha surgido
la necesidad de pensar en los actos hacia con nuestros semejantes y la vida misma, ya
no como un mero instinto de supervivencia, sino también para el mejor vivir, actuar y ser.
En este ensayo se abordan los fundamentos sobre la bioética con una perspectiva tanto
filosófica como médica, pues resulta interesante que estas dos materias no son
excluyentes si no, como se verá más adelante, se han ayudado mutuamente y están
intrínsecamente relacionadas con la ética.
Además, se expone en un análisis los hechos que a lo largo de la historia han hecho
repensar a la humanidad sobre las acciones que han tomado, experimentos y guerras que
han traído sufrir, pero que son tan importantes que es indispensable más que nunca
reforzar no sólo lo que implica el término bioética en las ciencias de la salud si no también
incentivar a su aplicación, cada vez, en cada generación venidera.
El debate sobre los principios de la bioética se inicia en el año 1974, cuando el Congreso
de los Estados Unidos crea la Comisión Nacional para la Protección de los Sujetos
Humanos de Investigación Biomédica j del Comportamiento, para identificar los principios
éticos básicos que deben regir la investigación con seres humanos en la medicina y las
ciencias de la conducta. En 1978 los comisionados publican el «Informe Belmont»1,
donde distinguen tres principios éticos básicos, por este orden: respeto por las personas,
beneficencia y justicia.
Pero el «Informe Belmont» sólo se refiere a las cuestiones éticas surgidas en el ámbito de
la investigación clínica, y más concretamente en la experimentación con seres humanos.
Tom L. Beauchamp, miembro de la Comisión Nacional, y James F. Childress, en su
famoso libro Principios de ética biomédica2—publicado por primera vez en 1979 y
revisado en cuatro ocasiones—, reformulan estos principios para ser aplicados a la ética
asistencial. Estos autores, al igual que la Comisión Nacional, al ordenar la exposición de
los principios, colocan en primer lugar el de autonomía, probablemente por las nefastas
consecuencias conocidas por no respetarlo, aunque, a nivel práctico, no establecen
ninguna jerarquía entre ellos. Beauchamp y Childress distinguen cuatro principios: no
maleficencia, beneficencia, autonomía y justicia.
FUNDAMENTACIÓN
Bioética es un término compuesto, derivado de las palabras bios (vida) y ethos (ETICA),
puede ser definida como el estudio sistemático de las dimensiones morales, las
decisiones, las conductas y las políticas de las ciencias de la vida y el cuidado de la salud
usando las diferentes metodologías en un marco interdisciplinario” (Warren Reinch,
Enciclopedia de la ética segunda edición)
La bioética como todo organismo vivo requiere para su gestación y posterior evolución un
sustento base. una materia inicial. Para ella existen estructuras previas aportadas desde
la filosofía. la historia de la medicina y el desarrollo político - social.
Los fundamentos de la bioética vienen desde tres tradiciones:
La tradición médica
La tradición normativa
La tradición política
En cada una de estas tradiciones aparecen entrecruzados elementos filosóficos, historia
de la medicina, aspectos morales, éticos y legales de la evolución humana.
Es imposible entender el sentido de la bioética médica si no es como una consecuencia
de los principios que forman la vida espiritual de los países occidentales desde hace más
de dos siglos. La medicina y la filosofía no se excluyen mutuamente. De los ciclos del
nacimiento, la vida, el sufrimiento, el dolor, la felicidad y la muerte surgen interrogantes
esenciales sobre la existencia humana.
El término bioética indica que los aspectos epistemológicos y morales de la prestación de
asistencia sanitaria se han adaptado a los actuales requerimientos y que las cuestiones
éticas – filosóficas involucradas se manifiestan bajo los temas: principios fundamentales,
relación terapéutica interpersonal, estilo de vida, calidad de muerte y valores humanos,
confidencialidad, consentimiento informado y otros.
De la tradición médica recogemos los antecedentes históricos y éticos aportados por la
medicina griega: textos Hipocráticos, como “El juramento” y “Los preceptos” nos traen en
el día a día los valores de solidaridad de la comunidad médica, el respeto por la persona
padeciente, el servicio individualizado y el desarrollo de la profesión de sanar como un
arte desde una apropiación estética; que fundamentado por el desarrollo de la ética de las
virtudes nos provee de los principios de: beneficencia y no maleficencia, este último
enriquecido por el precepto que antes de intervenir una noxa hay que cuidar de no causar
mayor daño ( primun non nocere).
De la tradición normativa, enmarcada en la ética del deber, nos genera la representación
habitual de los derechos de todos seres humanos al acceso a la salud y educación;
destacándose el respeto a la autonomía individual que conlleva una serie de acciones
como la confidencialidad, el consentimiento informado, la propiedad de defensa de la
privacidad representada en el principio de la: autonomía. El cual constituye la expresión
máxima del reconocimiento del otro como un interlocutor válido en diálogo moral.
Se basa en el fundamento de que el sujeto tiene la capacidad de darse a sí mismo su
actuar como persona, es decir, determinar su propia norma de comportamiento. En forma
autómata tiene la libertad de elegir, aplicando su propio razonamiento y de acuerdo al
análisis de los aspectos positivos y negativos determina cuál será su conducta frente a
una determinada situación. Según Kant, el hombre es persona por la capacidad que tiene
de darse a "si mismo el imperativo categórico de la ley moral", siendo fin en sí mismo que
le permite comportarse como sujeto moral autónomo. Señala que ser autónomo es ser
autodirigido, no influenciado por otras personas u otras circunstancias.
La autonomía se puede considerar operativamente como un acto de elección autónomo,
que - según Faden y Beauchamp- deben reunir tres condiciones: intencionalidad,
conocimiento y ausencia de control externo.
La intencionalidad se tiene o no, no tiene grados, existe cuando es requerida o deseada
de acuerdo a un plan constituyendo actos deseados.
El conocimiento se refiere al grado de entendimiento o comprensión de la acción, cuando
se entiende su naturaleza y se prevén sus consecuencias. La comprensión de los actos
debe ser adecuada y completa. Esta característica de la acción tendría grados.
La ausencia de control externo tiene grados, que son la coerción, la manipulación, y la
persuasión.
De la tradición política, se despliega el marco conceptual en que se desarrolla el amplio
ámbito de la justicia sanitaria. Desde los temas políticos emergen los criterios de
distribución de recursos que se manejan al momento de tomar decisiones en
administración y gestión de los medios que ofrecen salud. Los modelos de atención de los
servicios obedecen a las políticas económicas y en nuestra realidad muchos criterios se
aplican ellos derivan en formas de atención pública, privada, subvencionada, gestión
comunitaria; todas ellas siguiendo distintos criterios de distribución de recursos; para la
bioética se define el cuarto principio, el de justicia.
Principales teorías de referencia a la fundamentación.
Ley natural: es la ley divina inscrita en el corazón del hombre, suele definirse como la
“recta ley de la razón” por la que se conoce lo que debe hacer y evitarse.
Proviene de los estoicos quienes hablaron de una ley ínsita en la naturaleza humana
caracterizada por la racionalidad. Natural es conforme a la razón y anti natural lo que lo
contradice. Cicerón escribió: “la ley verdadera es la recta razón de conformidad con la
naturaleza” tiene una aplicación universal, inmutable y perenne, mediante sus
mandamientos nos insta a obrar debidamente y mediante sus prohibiciones nos evita
obrar mal. (Blasquez Carmona, colaboradores 1999).
La teoría KANTIANA del deber por el deber, constante especialmente en la “Critica de la
razón práctica” y la “Metafísica de las costumbres” donde se encuentran la formulación de
los imperativos categóricos. (Ferrater Mora, J Diccionario de filosofía, 2000):
Obra de tal manera que tu conducta pueda convertirse en ley universal
Los hombres son fines en sí mismos solo y no deben ser tratado como medios.
En el reino de los fines todo tiene un precio y una dignidad, las cosas tienen precio y el
ser humano dignidad.
Esta doctrina deontológica obligatoria o formal ha influido en los pensadores de la Europa
continental.
La otra teoría el utilitarismo J Bentham, y Stuart Mill representantes de la mentalidad
anglosajona y tiene como máxima: “hay que buscar el mayor bienestar del mayor número
de personas”, este pensamiento conocido como ética teleológica o consecuencialista,
pone más énfasis en la consecuencia de los actos morales, que en principios universales
y abstractos. Se ha desarrollado más en Inglaterra y Estados Unidos ya que es más afín a
la mentalidad protestante que destaca la autonomía y la beneficencia.
ANÁLISIS
La bioética es una nueva forma de ética caracterizada por la interdisciplinariedad,
pluralismo y la importancia que otorga a la opinión de la comunidad (paciente, familia,
sociedad, medios de comunicación colectiva, redes sociales). Hoy por hoy el ejercicio de
la medicina y de las ciencias de la vida no es solo privilegio de los que nos dedicamos a
ella, sino que nos incumbe y es examinada por toda la sociedad. La relación médico
paciente tradicional paternalista tiende a ser horizontal o deliberativa; en definitiva, se ha
cumplido la sentencia de Toulmin “de cómo la medicina salvo la vida de la ética” y la
admonición de Aranguren: “la ética debe bajar de los estantes de la biblioteca a las calles
y plazas”.
El siglo XX en su primera mitad se caracterizó por el desarrollo de la física y que culminó
con la fisión del átomo y su uso perverso en Hiroshima Nagasaki; en tanto que la segunda
mitad se caracterizó por los avances increíbles de la medicina que con el nombre de
investigación realizó experimentos en seres humanos que pisotearon la dignidad de los
mismos ,convirtiéndoles en objeto; estos hechos se explican por una supuesta neutralidad
de la ciencia, es decir por una ausencia total de valores humanos y la exaltación de una
ciencia que se creía omnipotente y se colocó más allá del bien y del mal. Lo dicho
anteriormente justifica la frase conocida: “la física perdió su inocencia en Hiroshima, así
como la medicina perdió su inocencia Aushwitz”
La bioética surge como una verdadera revolución del quehacer ético tal como había
funcionado en la ética clásica y según Pessina debe colocarse como “la conciencia crítica
de la civilización tecnológica” (Aramini. M, 2007).
Lo anterior no significa que deba o pueda desconectarse de las doctrinas anteriores que
en occidente se remontan a la Grecia clásica, con la ética naturalista que estaba impresa
en la conciencia de la humanidad, orientando su actitud hacia el bien. La trilogía magna
de la filosofía ateniense (Sócrates, Platón, Aristóteles), trajo la preocupación de los
presocráticos por el mundo exterior hacia el interior del espíritu humano.
Sócrates pensaba que los que obran mal lo hacen por desconocimiento del bien y por lo
tanto había que instruirles sobre la naturaleza del bien, Platón el discípulo más importante
de Sócrates sostenía la teoría de las ideas eternas que los hombres conocían en
encarnaciones anteriores y Aristóteles en su obra “Ética a Nicómaco” Y la ética Eudema
proclama las virtudes éticas y dianoéticas como la base del comportamiento moral.
La importancia de estos filósofos en los pensadores de los siglos subsiguientes ha sido y
seguirá siendo enorme. Es de sobre conocido que el cristianismo adoptó las doctrinas
platónicas a través de San Agustín y que en la alta Edad media Tomás de Aquino
“cristianizó a Aristóteles” si cabe el término; este influjo unido a las doctrinas estoicas
forman el núcleo central de la ética cristiana, la misma que se asentó en Europa luego de
la oficialización de esta religión por Constantino el Grande; a esto hay que agregar la
fusión de los poderes religioso y político encarnados en Carlo Magno y sus sucesores, lo
que determinó la existencia de un código moral único con fundamento en la religión
cristiana, que prevaleció durante el Medioevo, esto se conoce como la ética teónoma o
teocentrismo.
En el Renacimiento, con el retorno al pensamiento de las antiguas culturas (Helénica y
romana”, el código único del medieval, inicia un retroceso, por otra parte, la Reforma
protestante cuestiona los dogmas del catolicismo, Copérnico y Galileo decretan el fin del
geocentrismo con sus descubrimientos sobre el sistema solar. Con la suma de estos de
estos acontecimientos la ética geocéntrica se convierte en antropocéntrica; pero el punto
de inflexión lo marcó KANT con sus imperativos categóricos y su célebre frase “SAPERE
AUDE” (atrévete a pensar por ti mismo), de esta forma la ética heterónoma, se vuelve
autónoma.
Así llegamos al siglo XX en el cual el positivismo y el mecanicismo predominan en la
mente humana y el imperativo tecnológico “hay que hacer todo lo técnicamente posible”
llevan a la tiranía de la ciencia y de la técnica, especialmente esta última; ahora vivimos la
época del tecno centrismo y hasta de la tecnolatría, para el que no se avizora un final por
el momento. La reacción a este fenómeno es la bioética que exalta los valores morales, la
dignidad humana, proclama el pluralismo ideológico y la tolerancia a las costumbres
extrañas. Esta disciplina debe presidir la conducta de la humanidad en una época en la
que se ha abolido la unidad de la ética por los procesos migratorios a escala mundial.
En un mundo carente de sentido por la crisis de los valores morales, la ética clásica se
muestra insuficiente y la bioética ha asumido el papel de brújula de la humanidad para
orientarla a un futuro mejor.
CONCLUSION
Resulta imperante que los profesionales del sector sanitario, actualmente más que nunca
antes, lleven su actuar profesional al nivel de una sana y equilibrada dosis de respeto a
los Derechos Humanos, cuidado y dignificación de la vida y su calidad en los seres vivos,
una ética profesional vinculada a valores morales sólidos y consistentes con lo mejor que
el ser humano tiene que aportar desde su marco de acción profesional. Hoy más que
nunca es menester que los profesionales de la salud sean el parteaguas moral y
profesional que logre revalorar la valía de la vida humana.
La calidad de vida, su cuidado y dignificación son pilares necesarios en el presente y
futuro de la civilización frente al acelerado desarrollo científico y tecnológico que tantos
conflictos a nivel social y ético están acarreando. Y tampoco deben olvidarse los
fenómenos como el desplazamiento en el mundo, las ligeras jurisdicciones jurídicas, el
costo de los servicios de salud y los peligros que esto conlleva en una población pobre y
sin acceso a seguridad social básica o digna (Cuevas-Silva y MendietaIzquierdo, 2016).
El debate de la bioética en las Ciencias de la Salud debe enfatizar sus esfuerzos en
comprender y discutir los problemas y dilemas morales que enfrenta la sociedad
contemporánea. Debe promover la conciencia moral y la acción ética en el ejercicio
profesional del sector sanitario dada su vinculación con los seres humanos y con las
políticas de salud pública, donde es imprescindible cambiar las prácticas sociales en favor
de los nuevos determinantes sociales regionales, nacionales y globales, que hoy emergen
de la mano del acelerado desarrollo científico y tecnológico.
REFERENCIAS
Revista Conexxión de Salud, LA BIOETICA Y SU RELACIÓN CON CIENCIAS DE LA
SALUD Año 3, Número 7, (Mayo-Agosto 2017), pp. 15-21,, ISSN: 2448-5047.
BIOÉTICA: PRINCIPIOS Y FUNDAMENTOS. LAURA RUEDA. 2020.
FUNDAMENTACIÓN DE LA BIOETICA. Dr. Agustín Garcia Banderas.